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Amartya Sen: cuando la economía se interesó por las personas

Jordi Sevilla. Economista. Presidente del Consejo Social de UNIR. Ha sido ministro de Administraciones Públicas. Autor de varios libros de economía y política, también ha hecho su incursión en la novela negra.


Avance

Ampliar el campo tradicional de la economía, humanizándola, ha sido el gran logro de Amartya Sen (Santiniketan, India, 1933), el factor decisivo a la hora de convertirlo en un prestigioso y premiado economista que tocó techo en el año 1998 con la concesión del Nobel. Por mucho que tocara techo, Sen nunca dejó de pisar el mismo suelo que sus compatriotas y tenerlos presentes: así aprendió que la economía tradicional, ortodoxa, partía de un ser humano artificial, inexistente, ajeno a la realidad de hechos y afectos que influyen sobre la toma de decisiones como pueden ser desde el lugar de nacimiento hasta los principios éticos. El autor de este texto, el economista y exministro, Jordi Sevilla lo recuerda y traza un perfil biográfico e intelectual de Amartya Sen al hilo de sus Memorias. Un hogar en el mundo, publicadas por Taurus.

Destaca, en su lectura, la importancia de algunas vivencias, como la hambruna bengalí de 1943, decisivas en su aprendizaje teórico y en su enfoque abierto y multiperspectivista de la economía. Hablando de la teoría, no ha de pasarse por alto la influencia de figuras como Kenneth Arrow y Karl Marx que Sen estudió y revisó con análisis innovadores y audaces.

Miembro de la élite intelectual de una India recién independizada, estudió en el Trinity de Cambrigde y en «el otro Cambridge» en Massachussets, Estados Unidos. Así es como conoció de primera mano las corrientes económicas del momento y a sus protagonistas. Y dio lugar a la suya: el enfoque basado en las capacidades «para que cada persona pueda convertir en libertad real, sus derechos y que se presenta a lo largo de su obra, como alternativa al utilitarismo de la economía del bienestar y al principio de bienes básicos de Rawls», explica Jordi Sevilla. El autor valora así la importancia de su aportación: «Sin alharacas, se entiende muy bien justificado su Premio Nobel, ya que se puede decir que el conocimiento económico de la sociedad, sus problemas y soluciones, tienen un antes y un después con Amartya Sen: sin renunciar a las matemáticas, supo incluir en esta disciplina aspectos sociales, políticos y culturales. En un momento, se pregunta: “¿Por qué a la economía dominante le interesaba tan poco la vida de los seres humanos?”». Su empeño fue trabajar en la dirección contraria y que a la economía le empezara a interesar la vida y las condiciones de vida de las personas reales. «Todo su análisis –prosigue Jordi Sevilla– concluye resaltando la necesidad de incorporar la lógica de lo público como distinta a la del mercado e introduciendo la filosofía moral en el análisis económico (como, por cierto, hizo Smith) ya que «la discusión y la persuasión forman parte de la elección social tanto como el voto». El autor concluye con una reflexión personal en forma de pregunta: «De ahí, añado yo, la importancia y actualidad de la publicidad, la propaganda, las fake news y el relato, ¿no?».


Artículo

Leyendo estas interesantes Memorias de quien fue, en 1998, Premio Nobel de Economía y en 2021 Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, se entiende que el corazón de sus preocupaciones y su manera de pensar se forjaron ya en su infancia en la India. De igual manera se entiende también el origen de las preocupaciones intelectuales de Amartya Sen: las mismas que le llevaron a ensanchar el campo de la economía al considerar que el análisis ortodoxo partía de un ser humano artificial, ajeno a la realidad de hechos y afectos que influyen sobre las decisiones de los mismos, como son la ética o el lugar de nacimiento.

Amartya Sen: Un hogar en el mundo. Memorias. Taurus 2021

Amartya, el inmortal

Nacido en 1933 en el seno de una familia de larga tradición intelectual, se educó en una escuela creada por su abuelo junto al también Premio Nobel de Literatura, Rabindranath Tagore, gran amigo de su familia hasta el punto de reconocer el autor que «tuvo una prolongada presencia en mi vida, desde mi niñez» (pág. 56). De hecho, fue Tagore quien propuso a sus padres cuando nació, el nombre de Amartya, que significa inmortal en sánscrito.

Se educó, pues, en un ambiente innovador para la época, donde «cualquier tipo de orientación hacia los exámenes y las calificaciones se desincentivaba con firmeza». Un entorno donde «se defendía la prioridad absoluta de la razón» (pág. 111) en un clima de libertad de opinión donde se podía criticar el nacionalismo, la religión o las castas. Una época, que le trae recuerdos de «los maravillosos años que pasé en la escuela». Allí estudió, sobre todo, matemáticas y sánscrito. Adquirió un profundo conocimiento de la literatura y los «relatos» tradicionales de la India, lo que llevó a reconocer la pluralidad de identidades que confluyen en el ser humano y a desconfiar de quienes se empeñan en reducirlas a una solo, sea la nación, la clase o la religión. Así dice: «La intuición de que la identidad humana no precisa de un ámbito específico me llegó con fuerza de los clásicos antiguos» (pág. 127). Años después, desarrolló estas «intuiciones» en su libro Identidad y violencia publicado en 2006.

La ambición de justicia, la realidad del hambre

En esta misma época, estudia con profundidad el mensaje de Buda (se proclamó budista durante un tiempo) del que resalta, sobre todo, su enfoque de la ética, en la medida en que defendía, a diferencia del planteamiento occidental del contrato social, que «hacer el bien no debe de ser un acto transaccional, que las personas tienen el deber de hacer lo que consideran bueno de forma unilateral, incluso cuando los demás no cumplen con sus correspondientes obligaciones» (pág. 123) en algo que recuerda a los estoicos e, incluso, al muy posterior imperativo categórico de Kant. Sobre estas tempranas ideas que afectan a la conducta aquí y ahora, publicó en 2009 su importante libro La idea de la justicia, discrepando del enfoque contractualista de Rawls.

Amartya Sen creció en un ambiente donde «se defendía la prioridad absoluta de la razón» y donde se podía criticar el nacionalismo, la religión o las castas

Viviendo en Bengala, Amartya tropezó con dos realidades que marcaron una parte de su trabajo académico posterior: «Fui testigo de la hambruna bengalí de 1943» (pág. 142) que provocó la muerte a en torno a tres millones de personas. Y, también vio cómo los efectos de esta hambruna se repartían de manera desigual según las clases sociales: «El hambre es una característica de la gente que no puede comprar comida suficiente en el mercado, no tiene que ver con la cantidad de comida que hay en el mercado» (pág. 145). Retomaría estos asuntos en sus libros Sobre la desigualdad económica (1973) y Poverty and Famine: An essay on entitlement and deprivation (1981).

Observando las fuertes tensiones religiosas de la época entre hindúes y musulmanes que condujeron, tras la independencia, a la división de la India y al surgimiento de Pakistán comprendió «la necesidad imperiosa de incluir la clase económica en la comprensión» tanto de la pobreza, como de la misma violencia religiosa ya que la pobreza «despoja a una persona de sus libertades» reales (pág. 153). Esta visión social de la libertad –no eres libre de elegir, si te mueres de hambre– la desarrollo en uno de sus más célebres ensayos: Development as Freedom (1999).

La influencia de Kenneth Arrow y Karl Marx

En 1951 se traslada a vivir a Calcula para estudiar en la Universidad. Y, continuando con su trayectoria intelectualmente elitista, lo hizo en el Presidency College cuyo largo historial «le dio un brillo académico que lo hacía único» (pág. 229). Se matriculó en matemáticas y economía porque «saber algo de economía seria vital en el trabajo de transformar la India» y trabajar por una India diferente ya formaba parte de sus inquietudes.

Su época universitaria en Calcuta está marcada por dos «descubrimientos» intelectuales que marcaron el futuro de su propio trabajo académico: en las aulas, «el estudio revolucionario de Kenneth Arrow sobre la teoría de la elección social», publicado en 1951 y fuera de las aulas, en las tertulias de los cafés, Marx, al que dedica un capítulo y del que dice: «en el corpus de los escritos de Marx hallé conceptos que me parecieron importantes y dignos de debate».

Arrow, con su teorema de la imposibilidad, demostró matemáticamente que era imposible encontrar una regla democrática para agregar, de forma eficiente, las preferencias individuales de las personas, con las reglas axiomáticas de comportamiento que se exige en el marco normativo de la economía dominante. Las implicaciones políticas y sociales de este teorema eran de largo alcance ya que se utilizó para cuestionar la democracia en el marco de una sociedad capitalista. Como esto era inaceptable para Sen, dijo que «no estaba convenido del todo de que no pudiéramos elegir otros axiomas que también fueran racionales y que permitieran una elección social no dictatorial» (pág. 246). Trabajó este asunto en Elección colectiva y bienestar social publicado en 1970.

Su época universitaria en Calcuta está marcada por dos «descubrimientos» intelectuales que marcaron el futuro de su propio trabajo académico: Kenneth Arrow y Karl Marx

Respecto a Marx, dice que, en su época estudiantil, aunque no se hablara de él en las clases de economía de la Universidad, «nadie podía competir con Marx en lo tocante a posición y estatura intelectual» (pág. 247). Hace un análisis muy interesante de lo «mucho que había que aprovechar de la obra de Marx» pero en un sentido muy alejado de las rutas del marxismo ortodoxo de la época. Porque «para obtener el máximo provecho de Marx, tenemos que ir mucho más allá de las prioridades reflejadas en su propia obra» (pág. 264).

Para su análisis posterior, se queda con dos ideas marxianas que Sen utilizó en su propia obra: la importancia de la libertad real de opciones para la riqueza de la vida de las personas y, sobre todo, el conflicto entre las necesidades humanas y las reglas sociales de reparto según las capacidades expresadas en el trabajo.

Las capacidades: el nacimiento de una teoría

De aquí surgirá una de las grandes aportaciones de Sen: el enfoque basado en las capacidades para que cada persona pueda convertir en libertad real, sus derechos y que se presenta a lo largo de su obra, como alternativa al utilitarismo de la economía del bienestar y al principio de bienes básicos de Rawls. (ver Commodities and Capabilities, 1985, y Capability and Well-being, 1993). En palabras del autor «en un tiempo me sentí profundamente impresionado por la magnitud intelectual del marxismo, pero sin sentir la tentación de convertirme en marxista» (pág. 262). Entonces, al parecer, esto era posible.

Miembro de la élite intelectual de una India recién independizada, cuando su padre le financia una estancia de tres años en Inglaterra, Amartya no lo duda: «O Trinity, o nada» (pág. 285). En aquellos años, el Trinity, en Cambridge, representaba el centro mundial donde se estaba desarrollando el nuevo pensamiento económico tras la deconstrucción sufrida como consecuencia de las doctrinas de Keynes, miembro de su claustro.

En los albores de la Guerra Fría, el nuevo enfoque de la economía que se estaba construyendo en Inglaterra, bebía sin problemas de los autores clásicos, sea Smith, Ricardo, o Marx. Para nuestro autor, era el caldo de cultivo perfecto. Al menos, hasta que se trasladó, más adelante, «al otro Cambridge» en Massachussets, Estados Unidos.

Miembro de la élite intelectual de una India recién independizada, estudió en el Trinity, en Cambridge, donde se desarrollaba el nuevo pensamiento económico

Del Cambridge inglés acabaría saliendo la corriente poskeynesiana mientras que, en duro debate intelectual, del Cambridge norteamericano saldría la economía neoclásica, con nuestro autor con el corazón más en el primero, donde estaban sus amigos Sraffa, Dobb, Robertson o Robinson, pero dispuesto, sin sectarismos, a aceptar lo positivo que encontraba también en el segundo, impulsado por autores con los que Sen trabajó como Paul Samuelson.

Humanizar la economía

En 1953 llega al Trinity y, pronto, se sumerge en el debate del momento: ¿Qué teoría económica era la adecuada? (a ello dedica el espléndido capítulo 18). Aunque más centrado en la narración de personas y anécdotas que reflejan muy bien el espíritu de la época tal y como se vivió en los centros universitarios y en una larga lista de personajes que tuvo ocasión de conocer y que fueron muy relevantes con posterioridad en distintos ámbitos, nuestro autor aprovecha para ir soltando con cuentagotas los principales problemas que han centrado su investigación académica, apuntando con un párrafo apenas, cuál ha sido su aportación, en la mayoría de ellos, determinante.

Sin alharacas, se entiende muy bien justificado su Premio Nobel, ya que se puede decir que el conocimiento económico de la sociedad, sus problemas y soluciones, tienen un antes y un después con Amartya Sen: sin renunciar a las matemáticas, supo incluir en esta disciplina aspectos sociales, políticos y culturales. En un momento, se pregunta: «¿Por qué a la economía dominante le interesaba tan poco la vida de los seres humanos?» (pág. 312). De este hilo extraerá un enfoque del desarrollo social que atiende, desde el principio, las privaciones reales, como el analfabetismo, la miseria o la ausencia de sanidad y educación públicas, sin dejarlo todo en manos del crecimiento económico y, por otro lado, el gran agujero que encuentra «sobre el lugar de la libertad personal en la teoría política de izquierdas» (pág. 441). En los 90, ayudará a implantar el Informe sobre Desarrollo Humano de la ONU.

Un socialdemócrata puro

Esto hace de Sen un socialdemócrata puro, que equipara la libertad a la equidad, elaborando una teoría de la justicia separada de la de Rawls y partiendo de otra de sus grandes aportaciones vinculada a «evaluar el bienestar colectivo de los individuos que participan en una sociedad (…) como principal problema de la teoría de elección social» (pág. 340), disciplina donde fue pionero.

Es decir, analiza cómo puede existir una «racionalidad colectiva», teniendo en cuenta la imposibilidad de Arrow (a la que nuestro autor ofreció una solución matemática, cambiando y mejorando los supuestos de partida) y «que una sociedad no puede involucrarse en reflexiones integradas del modo en que lo hace un individuo» (pág. 438).

Todo su análisis concluye resaltando la necesidad de incorporar la lógica de lo público como distinta a la del mercado e introduciendo la filosofía moral en el análisis económico (como, por cierto, hizo Smith) ya que «la discusión y la persuasión forman parte de la elección social tanto como el voto» (pág. 457). De ahí, añado yo, la importancia y actualidad de la publicidad, la propaganda, las fake news y el relato, ¿no?

Defensa a contracorriente de la salud pública

Bien sabido es: la salud pública se está convirtiendo en el tema de nuestro tiempo. Los datos y los avisos aparecen casi constantemente en la prensa. El catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Navarra Miguel Ángel Martínez González, premio nacional de Investigación, hace su particular aportación al debate con su reciente libro Salmones, hormonas y pantallas. Es una aportación militante y vehemente, no desprovista de sentido del humor y de un tono directo y coloquial, porque, como él mismo reconoce, para librar esta difícil batalla en un ambiente nada propicio, si es que no hostil (el libro no se dirige exclusivamente a los jóvenes, pero son ellos las principales víctimas de los males que señala el autor), se requiere emitir el mensaje de modo atractivo, fomentando el entretenimiento y sin aburrir, de modo que el mensaje (vital) enganche y cumpla su función entre sus destinatarios.

Salmones, hormonas y pantallas. Autor: Dr. Miguel Ángel Martínez-González. Editorial Planeta. 2023. 448 págs. 20 €.

El libro está escrito desde los presupuestos de la salud pública -a la que define como “un movimiento altruista, solidario, que persigue beneficios masivos y muchísima mayor felicidad para toda la población… es aquello que nosotros, como sociedad, hacemos colectivamente para asegurar las condiciones en que la población gozará de salud”- y de la ciencia. Pero también es evidente la defensa de unas ideas y valores concretos, especialmente en lo que respecta a la sexualidad, y acerca de lo cual da alguna pista el subtítulo: El gozo del amor auténtico, visto desde la salud pública. Si bien, como advierte el autor, no hay adicciones de izquierdas o derechas, y en lo que respecta a la salud pública no caben las alineaciones ideológicas, las ideas y valores que defiende el autor pueden calificarse de tradicionales o conservadores; en todo caso, si no queremos poner etiquetas, no son hoy los dominantes. De ahí la referencia a los salmones en el título, como una forma de animar a ir, como ellos, contracorriente. Las hormonas y las pantallas no requieren de mayor explicación.

La salud pública es “aquello que nosotros, como sociedad, hacemos colectivamente para asegurar las condiciones en que la población gozará de salud”

En todo caso, el doctor Martínez González empieza por dejar claro que “cada persona es libre -¡libérrima!- de elegir sus opciones”. Lo que no le impide a él sentirse obligado a dar datos y argumentos para que esas decisiones estén bien informadas. Y concreta, entrando en materia: “Cada vez somos más los profesionales de salud pública que pensamos que pueden ser muchas y graves las consecuencias del uso irresponsable de pantallas, pornografía y sexo comercial o despersonalizado”.

En un asunto tan complejo como este, hay motivos para el optimismo y para el pesimismo. Entre los primeros está el hecho de que sí se pueden cambiar conductas arraigadas socialmente con las políticas adecuadas. El ejemplo más evidente, citado por el propio autor es el del tabaco y su consumo en lugares públicos. Por otro lado, un dato que abona el optimismo es que los adolescentes que consumen alcohol son menos de los que tiende a pensarse y menos que hace unos años. Según un informe de la OMS, citado recientemente por El País, solo el 8% de los adolescentes toma alcohol cada semana, una tercera parte de los que lo hacían en 2006. El dato es mejor que la percepción social que se tiene del problema; lo malo es que es la percepción social (“la mayoría bebe”) la que empuja a los adolescentes a hacerlo para no sentirse raros y al margen.

Peligrosas pantallas

Junto al alcohol, señala el autor como grandes enemigos de la salud pública a la comida y bebida basura, el tabaco y otras drogas, las redes sociales, la pornografía y una sexualidad meramente física y despersonalizada; detrás de todos los cuales hay poderosas multinacionales haciendo grandes negocios. Además de los intereses económicos de esas multinacionales, el caldo de cultivo de los enemigos de la salud pública es “la combinación de consumismo, egocentrismo, materialismo, permisivismo, hedonismo y relativismo”.

Explica que “las pantallas fueron diseñadas para ser adictivas” y “están ingenierilmente pensadas para generar dependencia y compulsión”

Aunque el doctor Martínez González hace un recorrido minucioso por esas conductas insanas, quizá sean las pantallas y redes sociales de un lado, y la sexualidad y todo lo que implica o la rodea de otro, los asuntos en los que más se detiene. En cuanto a las primeras, no titubea al afirmar que “las redes sociales explotan lo peor de nosotros mismos”. Explica que “las pantallas fueron diseñadas para ser adictivas” y “están ingenierilmente pensadas para generar dependencia y compulsión”, de modo que han hecho a los jóvenes más vulnerables a la enfermedad mental y a la ideación suicida, hasta el punto de que ya se empieza a hablar de “enfermedad inducida por las redes sociales”.

Con el uso de los teléfonos móviles por los menores de edad se muestra beligerante: “Darles a los niños teléfonos móviles inteligentes fue la mayor afrenta a la inteligencia en el siglo XXI. Cuanto más se retrase ese regalo, mejor”. Sostiene que el abuso de los móviles y de la comunicación a través de ellos denota analfabetismo emocional; y cita un Informe para el Parlamento Europeo según el cual “el tiempo frente a las pantallas debe considerarse como un importante problema de salud pública”, por lo que reducir ese tiempo debe convertirse en la nueva prioridad para la salud infantil.

Cada vez son más los profesionales de salud pública que advierten las graves consecuencias del uso irresponsable de pantallas, pornografía y sexo comercial

Las alteraciones hormonales, el acúmulo de grasa corporal y obesidad, la hipertensión arterial, el sedentarismo y la pérdida de forma física, las conductas antisociales, los trastornos del sueño, los déficits de atención y de empatía, son algunos de los daños que los estudios epidemiológicos señalan como consecuencia de la excesiva exposición a pantallas en niños, adolescentes y jóvenes.

No está solo el autor en esa preocupación. Las señales de alarma abundan desde distintos ángulos. Acaba de aparecer el libro El individuo flotante (Deusto) en el que el psicólogo Marino Pérez Álvarez se ocupa de los malestares mentales que estas herramientas están fomentando, y señala cómo el teléfono móvil, concebido para hablar, está erradicando la conversación, y las redes sociales, concebidas para conectar, están aislando a la gente.

Una sociedad hipersexualizada

Como queda apuntado, el doctor Martínez González, por encima (o por debajo, ya que es su fundamento) de hábitos insanos y peligrosos, señala también la amenaza de una cultura basura, en la que predomina la obsesión de buscar placeres físicos y emociones instantáneas a corto plazo, sin miramientos y sin una perspectiva más allá del disfrute inmediato y efímero. Y no puede ser más claro a este respecto: “Estamos en una sociedad hipersexualizada, quizá la primera sociedad sexocéntrica de la historia”. Y, junto a la denuncia, la propuesta: “Este libro propone una revolución social frente a la cultura basura y la degradación de uno de los aspectos más nobles de la biología y la psicología humana, las relaciones afectivo-sexuales”. Frente a “la penosa revolución sexual global de hace más de cincuenta años” -cuando se invitó insistentemente a la población a considerar el sexo como un mero juego, sin responsabilidad, sin orientación a la familia, sin trascendencia alguna y disociado del amor-, el doctor Martínez González quiere proclamar una revolución de auténtico florecimiento humano, la del amor en serio, el compromiso y el respeto. Puede ser la revolución pendiente (y quizá también permanente) para los próximos años.

Porque “la sexualidad humana no es solo corporal o genital, sino que implica a toda la persona: intelecto, voluntad, afectividad, corporalidad y también el compromiso del presente, pasado y futuro… La sexualidad humana lleva realmente a la felicidad cuando cuenta con todos sus ingredientes (sentimentales, cognitivos, espirituales, socioculturales, procreativos, genitales y trascendentes)”. “El sexo está hecho para un amor comprometido, sincero, incondicional, permanente y trascendente, y se degrada cuando se usa para otra cosa”. El autor insiste en la necesidad de una sexualidad más profunda y un compromiso personal más serio como parte esencial de la revolución que él promueve para mejorar la vida de la gente.

El caldo de cultivo de los enemigos de la salud pública es “la combinación de consumismo, egocentrismo, materialismo, permisivismo, hedonismo y relativismo”

La sexualidad, además, tiene diversas implicaciones. La pornografía, por ejemplo, es, a la vez, causa y efecto de esa degeneración de la sexualidad. Si existen lucrativos negocios detrás de otras manifestaciones de la cultura basura, concentrados en corporaciones bautizadas como Big Pharma, Big Food o Big Soda, que promueven las adicciones correspondientes, Martínez González apunta a una Corporación Internacional de Pornografía Online (CIPO) que estaría detrás de su promoción.

Lo obsceno del porno, dice, citando al filósofo Byung-Chul Han, no consiste en un exceso de sexo, sino en que allí no hay sexo. A cambio, el porno crea patrones de conducta y da ideas para la violencia sexual. Pero más grave que todo eso es que la adicción a la pornografía tiene serias consecuencias, no ya culturales o de hábitos, sino físicas por su impacto en el cerebro. “La mejor ciencia médica –escribe- sabe que las imágenes pornográficas producen un efecto deformante a nivel cerebral. No es solo un efecto funcional. También actúan a nivel orgánico, de conformación estructural y física del cerebro. El adicto a la pornografía experimenta una reducción de su corteza cerebral prefrontal (la zona más relacionada con la capacidad intelectual)”.

La sexualidad irresponsable está, obviamente, detrás de otros problemas como son los de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) o el aborto, complejo problema que “necesita ser valorado en su totalidad, sin fundamentalismos de ningún tipo”. A la hora de rechazar el aborto, el doctor Martínez González despliega una variedad de argumentos. El primero, que apunta al corazón del asunto, es que el nasciturus no es parte del cuerpo de la madre ni un simple tejido materno, sino que tiene una identidad biológica definida por sus propios códigos personales e intransferibles y no por la persona que lo cobija o le proporciona alimento. “La ciencia dice que el embrión es humano y que, por tanto, el aborto mata”, subraya el autor, que denuncia el hecho de que la salud pública lo facilite. “La salud pública no parece que exista para destruir vidas humanas, sino más bien para todo lo contrario”. Consecuencia de lo anterior es que “la dignidad de un ser humano y el respeto a su existencia no deberían nunca depender de la etapa de la vida en que se encuentre ni de su nivel socioeconómico ni de su nacionalidad ni de la orientación sexual que tenga ni de la religión que profese, ni de la raza a la que pertenezca”. En definitiva, cuando se defienden y fomentan alternativas al aborto se defienden dos vidas, la de la madre y la del hijo. El aborto no es la única salida y los movimientos llamados provida ofrecen una ayuda más generosa y muchas más alternativas solidarias que nadie de apoyo a la embarazada en apuros, sostiene el autor. Pero también aquí, detrás de la promoción del aborto hay un rentable negocio.

Más de 300 millones de personas con depresión

El desenfado con que está escrito el libro no le impide a su autor llegar a una conclusión alarmante en lo que se refiere al aborto: “La situación actual afecta a la supervivencia de una cultura verdaderamente humana”. Igual que, en lo referente a la depresión y el suicidio, sostiene que la sociedad de estos años es una sociedad profundamente enferma, con más de trescientos millones de personas con depresión. En 2020, ninguna enfermedad superó al suicidio como causa de muerte en personas de entre quince y cuarenta y nueve años; y desde 2017, es la mayor causa de muerte para mujeres menores de treinta y cuatro años y varones menores de cuarenta y cuatro.

La vulnerabilidad de los jóvenes

Los jóvenes están en medio de una crisis de salud mental detrás de la cual están, dice el autor, los contenidos de las redes sociales y la distorsión total que se hace en ellas de la sexualidad. La prematuridad en las relaciones y la promiscuidad dañan tanto la salud física como la mental.

El doctor Martínez González hace una defensa clara y, como gusta de decirse ahora, sin complejos, de la monogamia y la castidad antes del matrimonio. Siempre desde el punto de vista de la salud pública. La monogamia mutua de la pareja es la mejor opción para evitar enfermedades de transmisión sexual. Lo básico es el estilo de vida, y la prevención fundamental es la que tiene que ver con los factores culturales y ambientales: “Una familia bien avenida es un seguro para la salud” y “sentirse querido es mucho mejor que cualquier relación sexual”.

En ese terreno, defiende el matrimonio, por el mayor compromiso que implica, frente a la idea de provisionalidad que suele estar detrás de las parejas de hecho. El matrimonio, dice el autor, aporta una mayor estabilidad y, consecuentemente, mejor salud mental y mayor resistencia a la depresión y otros problemas.

Recorrido del término «Tolerancia» con Ferrater Mora

José Ferrater Mora. Filósofo, ensayista y escritor, Ferrater Mora (1912-1991) es el autor de un monumental Diccionario de Filosofía. Uno de los términos que trata es la tolerancia. Damos cuenta aquí de su aportación.


Avance

Se ha llamado con frecuencia tolerancia a la actitud adoptada por algunos autores durante las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII para lograr una convivencia entre los católicos y los protestantes. La tolerancia se refiere en este caso al margen de libertad concedido a diversas sectas religiosas para hacer factible la vida de sus miembros en una misma comunidad. La tolerancia es considerada entonces por unos como un principio de disolución y por otros como el único medio de posible eliminación de las violencias. Posteriormente tolerancia ha significado: indulgencia respecto a ciertas doctrinas u obras (sentido teológico); respeto a los enunciados y prácticas políticas siempre que se hallen dentro del orden prescrito y aceptado libremente por la comunidad (sentido político); actitud de comprensión frente a las opiniones contrarias en las relaciones interindividuales, sin la cual se hacen imposibles dichas relaciones (sentido social). 

Las discusiones sobre la tolerancia abundaron en los siglos XVI y XVII. Fueron también muy vivas en el siglo XVIII (Voltaire escribió un tratado sobre la tolerancia) y en el XIX. En el siglo XIX se trató sobre todo de saber si la tolerancia y la intolerancia habían sido beneficiosas o nocivas para el desarrollo de la civilización europea.

Para los autores más «progresistas» del siglo XIX, la intolerancia fue perjudicial: impidió el florecimiento de las artes y de las ciencias; además, al limitar las condiciones del ejercicio del pensamiento, ahogó la originalidad y, con ello, la posibilidad de descubrir la verdad. Los autores más «tradicionalistas» del siglo XIX pusieron el acento en que la intolerancia no es más que el legítimo ejercicio de defensa de la verdad contra el error.

Para François Guizot, la tolerancia fue uno de los motores de la civilización europea. Al hacer posible la coexistencia de principios diversos, engendró un equilibrio dinámico que impulsó el progreso y evitó el estancamiento, el cual es propio de las sociedades regidas por un principio absoluto, sea secular o sea teocrático. Esta tolerancia no fue, al entender de Guizot, un producto de la reacción contra la Iglesia; el cristianismo mismo la ha llevado en su seno y sin él hubiese sido inconcebible.

Jaime Balmes, en El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, escribe que la idea de tolerancia anda siempre acompañada de la idea del mal: se toleran malas costumbres porque no hay por el momento remedio adecuado contra ellas. «Cuando la tolerancia es en el orden de las ideas, supone también —escribe Balmes— un mal del entendimiento: el error. Nadie dirá jamás que tolere la verdad». Este uso de tolerancia supone que la verdad es conocida. Cuando así no ocurre, la tolerancia puede admitirse como posibilidad de expresión de varias opiniones, todas las cuales pueden ser verdaderas. Frente al error, no puede haber tolerancia. La tolerancia universal es imposible, porque supone la inexistencia de la verdad o la equiparación de todas las opiniones a verdades. Pero como hay una verdad, cuando se presentan diversas opiniones hay que reconocer que una de ellas debe ser verdadera y la otra (u otras) falsas. Balmes niega, así, lo que él considera la típica tesis «protestante» o «irreligiosa»: la de que todos los errores son inocentes.


Artículo

José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, tomo II, 1964, pp. 803-5), recorre el concepto de tolerancia en la historia de la filosofía.

Se ha llamado con frecuencia tolerancia a la actitud adoptada por algunos autores durante las guerras religiosas de los siglos XVI y XVII para lograr una convivencia entre los católicos y los protestantes. La tolerancia se refiere aquí al margen de libertad concedido a diversas sectas religiosas para hacer factible la vida de sus miembros en una misma comunidad. La tolerancia es considerada entonces por unos como un principio de disolución y por otros como el único medio de posible eliminación de las violencias.

Posteriormente tolerancia ha significado: 
—Indulgencia respecto a ciertas doctrinas u obras (sentido teológico).
—Respeto a los enunciados y prácticas políticas siempre que se hallen dentro del orden prescrito y aceptado libremente por la comunidad (sentido político). 
—Actitud de comprensión frente a las opiniones contrarias en las relaciones interindividuales, sin cuya actitud se hacen imposibles dichas relaciones (sentido social). 

Las discusiones sobre la tolerancia abundaron en los siglos XVI y XVII. Fueron también muy vivas en el siglo XVIII (Voltaire escribió un tratado sobre la tolerancia) y en el XIX. En el siglo XIX se trató sobre todo de saber si la tolerancia y la intolerancia habían sido beneficiosas o nocivas para el desarrollo de la civilización europea.

Para los autores más «progresistas» del siglo XIX, la intolerancia fue perjudicial: impidió el florecimiento de las artes y de las ciencias; además, al limitar las condiciones del ejercicio del pensamiento, ahogó la originalidad y, con ello, la posibilidad de descubrir la verdad. Los autores más «tradicionalistas» del siglo XIX pusieron el acento en que la intolerancia no es más que el legítimo ejercicio de defensa de la verdad contra el error. Los «progresistas» solían ser protestantes, irreligiosos o indiferentes; los tradicionalistas, católicos. Pero también hubo entre los católicos tolerantes e intolerantes, como los hubo entre los no católicos. 

Hay opiniones intermedias y gran cantidad de matices en el siglo XIX:

Pierre-Joseph Proudhon defendió la tolerancia completa como paso necesario a una destrucción de todas las opiniones falsas y a una instauración del ideal de justicia universal.
Jeremy Bentham defendió una completa tolerancia en el sentido de una neutralización de ideales que hiciese posible una libertad verdadera.
Auguste Comte proclamó la necesidad de la tolerancia como momento necesario durante el proceso crítico, pero defendió la intolerancia como afirmación de los ideales de la nueva edad estable.

Las tesis de Bentham influyeron sobre algunos partidarios de la Constitución española de 1812; las de Comte ejercieron una gran influencia sobre políticos y escritores en el Brasil, México, Chile y otros países iberoamericanos.

Según François Guizot (Historia de la civilización en Europa, París, 1828, numerosas ediciones; trad. esp. por F. Vela, 1935), la tolerancia fue uno de los motores de la civilización europea. Al hacer posible la coexistencia de principios diversos, engendró un equilibrio dinámico que impulsó el progreso y evitó el estancamiento, el cual es propio de las sociedades regidas por un principio absoluto, sea secular o sea teocrático. Esta tolerancia no fue, al entender de Guizot, un producto de la reacción contra la Iglesia; el cristianismo mismo la ha llevado en su seno y sin él hubiese sido inconcebible. Si ha habido explosiones de intolerancia, se han debido a la caricatura de sí mismo que todo principio lleva en su seno. La sociedad oscila siempre entre el despotismo y la anarquía, y solo la tolerancia puede representar el punto central, equidistante, pero a la vez alimentado por los dos extremos que constantemente lo amenazan e impulsan.

La obra más emblemática de Balmes
La obra más emblemática de Balmes.

Según Jaime Balmes (El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, Barcelona, 4 vols. [1842-1844], especialmente el cap. XXXIV, numerosas ediciones), la idea de tolerancia anda siempre acompañada de la idea del mal: se toleran malas costumbres porque no hay por el momento remedio adecuado contra ellas. «Cuando la tolerancia es en el orden de las ideas, supone también —escribe Balmes— un mal del entendimiento: el error. Nadie dirá jamás que tolere la verdad». Este uso de tolerancia supone que la verdad es conocida. Cuando así no ocurre, la tolerancia puede admitirse como posibilidad de expresión de varias opiniones, todas las cuales pueden ser verdaderas. Frente al error, no puede haber tolerancia. La tolerancia universal (cap. XXXV) es imposible, porque supone la inexistencia de la verdad o la equiparación de todas las opiniones a verdades. Pero como hay una verdad, cuando se presentan diversas opiniones hay que reconocer que una de ellas debe ser verdadera y la otra (u otras) falsas. Balmes niega, así, lo que él considera la típica tesis «protestante» o «irreligiosa»: la de que todos los errores son inocentes.

Donoso Cortés plantea el problema bajo la cuestión de saber si la naturaleza humana es falible o infalible (Ensayo, libro I, cap. III). Si el entendimiento del hombre es infalible, la verdad está en todos los hombres, todas sus afirmaciones y todas sus negaciones son idénticas, la discusión es inconcebible y absurda. Si el entendimiento del hombre es falible, no puede estar nunca cierto de la verdad, todas sus afirmaciones y todas sus negaciones son una contradicción en los términos, porque han de ser forzosamente inciertas; la discusión es inconcebible y absurda. Concluye Donoso: la falibilidad viene de la ignorancia y de la infalibilidad procede lo absurdo de todas las discusiones. Lo único que respectivamente puede afirmarse y negarse es la verdad y el error. 

Bibliografía aportada por Ferrater Mora sobre tolerancia:

F. Puaux: Les précurseurs français de la tolérance au XVIIIe siècle, 1881 [sobre los debates en torno a Bayle a fines del siglo XVII].
F. Lezius: Der Toleranzbegriff Lockes und Pufendorfs, 1900.
A. Matagrin. Histoire de la tolérance religieuse, 1905.
A. A. Seaton: The Theory of Tolerance under the Later Stuarts, 1911.
A. Wulfius: Études sur l’histoire de la tolérance et de la liberté religieuse au dix-huitième, 1911.
Karl Völker: Toleranz und Intoleranz in Zeitalter der Reformation, 1912.
A. Wolff: Der Toleranzgedanke in der deutschen Literatur zur Zeit Mendelssohns, 1915.
R. H. Murray: Erasmus and Luther: Their Attitude to Toleration, 1920.
Johannes Kühn: Toleranz und Offenbarung, 1923.
M. Freud: Die Idee der Toleranz in England der großen Revolution, 1927.
W. K. Jordan: The Development of Religions Toleration in England, 4 vols., 1932-1940.
A. Chérel: «Histoire de l’idée de tolérance», en: Revue de l’Histoire de l’Église de France, 1941-1942.
J. Leclercq, Histoire de la tolérance au siècle de la Réforme, 2 vols., 1955.
Albert Hartmann, S. J.: Toleranz und christlicher Glaube, 1955.
G. Krusé, G. Calogero, José Ferrater Mora, Richard P. McKeon et al.: Tolérance: Its Foundations and Limits in Theory and Practice, 1963 [Vol. 2, edición especial de Pacific Philosophy Forum (Stockton, California), con reseña de los debates en Santa Bárbara (1961) auspiciados por el Instituto Internacional de Filosofía].

Andrés Rodríguez-Pose: “La universidad debe buscar el equilibrio entre la investigación y el compromiso local”

“La universidad debe buscar el equilibrio entre la excelencia investigadora y el compromiso local, con el territorio en el que se ubica, para maximizar sus beneficios para la sociedad” afirmó Andrés Rodríguez-Pose, catedrático Princesa de Asturias y catedrático de Geografía Económica de la London School of Economics  en una sesión sobre “El impacto de la universidad en el territorio y su desarrollo”, celebrada en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Destacó que ese “equilibrio es difícil, ya que la búsqueda de la excelencia en la investigación a nivel internacional crea, a menudo, un abismo entre la investigación producida y las necesidades de las empresas locales”. 

Se trataba de la segunda sesión del ciclo La dimensión social  de la universidad, dirigido por Rafael Puyol, presidente de UNIR. Intervinieron como panelistas la catedrática de Economía, Mari Jose Aranguren, directora general de Orkestra – Instituto Vasco de Competitividad; y la catedrática de organización de empresas Isabel Díez-Vial, vicerrectora de Desarrollo e Impacto Económico y Social en UNIR. 

Rafael Puyol.

Rafael Puyol introdujo la sesión señalando que “si bien es  importante la internacionalización de la universidad, eso no debe excluir la función de la universidad como motor de progreso del territorios y de las gentes”. En ese sentido, “el término glocal expresa muy bien esa doble función de las instituciones educativas superiores”. Y citó, entre otros ejemplos, el caso de la African Leadership University (ALU).

Rodríguez-Pose manifestó, en su exposición, que junto a las dos misiones tradicionales de la universidad, “la enseñanza -que transmite conocimiento- y la investigación -que crea nuevo conocimiento-”, hay una tercera que cada vez es más esencial: “la aplicación directa y explotación del conocimiento en beneficio del desarrollo social, cultural y económico de la sociedad, generando vínculos con la industria local para mejorar la competitividad de las empresas”.

“La misión investigadora pasa al primer plano en detrimento de las otras misiones” (…) y se debe, en parte, a que “los rankings dan prioridad a la excelencia investigadora”

Partió de la hipótesis de que, en teoría, “cuanto mayor sea la calidad de la investigación, mayor será la capacidad de generar desbordamientos de conocimiento”, transformando así la estructura productiva local y mejorando el empleo y el crecimiento.

Sin embargo, en la práctica, “la misión investigadora pasa al primer plano en detrimento de las otras misiones; lo cual puede obstaculizar la relación con la industria y el compromiso con la sociedad”. Esto se debe, en parte, a que “los rankings dan prioridad a la excelencia investigadora, al que suele ir ligado el prestigio del centro educativo” y “ninguna universidad quiere ser percibida como de segunda clase”. 

Estudio del sistema universitario de Noruega

Lo confirma un estudio exhaustivo del sistema universitario de Noruega (10 universidades y 23 escuelas universitarias), realizado por el ponente. Entre las conclusiones destaca Rodríguez-Pose que «la excelencia investigadora está ligada a menor colaboración universidad-industria local»; que “las universidades que logran éxitos en la calidad de la investigación tienden a debilitar sus vínculos con las universidades locales y nacionales”; y que “las universidades que persiguen la excelencia investigadora no ganan en mayor colaboración internacional con las empresas”. 

En suma, el catedrático de la LSE subrayó que “la búsqueda de la excelencia en la investigación, aunque deseable para la sociedad en su conjunto, puede ampliar la brecha entre la producción de conocimientos y las necesidades de las empresas locales”. Y que para cerrarla, “son necesarias empresas dinámicas, por un lado; y universidades que colaboren con el tejido productivo de la región, por otro”.

Teniendo en cuenta que “no todas las universidades están en la frontera de la investigación”. En este sentido, apuntó que “no tienen por qué reproducir el modelo de las grandes universidades a nivel mundial, porque no todas tienen la capacidad y los recursos para lograrlo”. Más bien, “deben preguntarse cuáles son sus campos de excelencia y si están vinculados al tejido productivo local o nacional”. Y actuar en consecuencia.

De esa forma es posible “lograr el compromiso de empresas e instituciones, llegando a nuevos actores y nuevas fuentes de financiación”.

Mari Jose Aranguren.

Mari Jose Aranguren: repensar el concepto de excelencia

A este respecto, Mari Jose Aranguren consideró quehabría que repensar el concepto de excelencia investigadora”; y explicó cómo desde Orkestra – Instituto Vasco de Competitividad, promovido por la Fundación de la Universidad de Deusto, “se impulsan proyectos específicos con empresas e instituciones públicas del territorio”. Eso requiere “un cambio en las capacidades de los investigadores” para conseguir mejores diagnósticos, y para  “adecuar métodos y hasta modos de gobernanza al trabajar con diversos actores sociales”.

Isabel Díez-Vial.

Isabel Díez-Vial: Modelo dual de investigación y transferencia

Isabel Díez – Vial, por su parte, puso dos ejemplos sobre el compromiso social y de transferencia de conocimiento de UNIR: por un lado, “las intervenciones de bienestar emocional en adolescentes”, a través de colegios, con proyectos de prevención y tratamiento; y por otro lado, “los proyectos de restauración del barroco andino”, en los que se dan la mano el arte, la educación, la cooperación y la defensa del patrimonio. Dos casos de “modelo dual, de investigación y de transferencia, a través de intervenciones con repercusión social”.

Los tres expertos coincidieron en subrayar que “interactuar con la sociedad es parte integral de la misión de la universidad. Y que hacerlo, nos hace mejores como universidad”. Por eso -puntualizó Rodríguez-Pose-, “no me gusta hablar de Responsabilidad Social, que parece una obra de caridad”. Isabel Díez-Vial recordó, en este sentido, que “la universidad tiene un compromiso de cocreación con la sociedad”.

Próximas sesiones del ciclo

En las siguientes sesiones del ciclo “La dimensión social de la universidad” se abordarán Los retos pendientes para la mujer, con Amaya Mendikoetxea, rectora de la Universidad Autónoma de Madrid; La función cultural y la extensión universitaria, con Ignacio Villaverde, rector de la Universidad de Oviedo; y finalmente, La colaboración público-privada en el ámbito universitario, con Antonio Abril, presidente de la Conferencia de Presidentes de los Consejos Sociales de España.

«El metaverso y cómo lo revolucionará todo», de Matthew Ball

El repaso tecnológico que hace Matthew Ball abarca desde la década de los 60, cuando se desarrolló un metaverso basado en comandos de teclado, hasta la actualidad con mundos 3D como Fornite, Roblox o Minecraft, haciendo una mención especial para el recordado Second Life que ya avanzaba conceptos que hoy consideramos imprescindibles para los mundos virtuales.

Ball, Matthew. «El metaverso. Y cómo lo revolucionará todo». Deusto. 2022. 400 págs. 22,95 € (papel) / 8,99 € (digital).

El autor reconoce la dificultad de dar una definición única, práctica y aceptada por todos e indica que los propios líderes tecnológicos dan definiciones completamente interesadas.

Finalmente proporciona una definición, en mi opinión demasiado extensa y confusa, del metaverso que paso reproducir aquí: “Una red masiva e interoperable de mundos virtuales 3D renderizados en tiempo real que pueden ser experimentados de forma sincrónica y persistente por un número efectivamente ilimitados de usuarios con un sentido de presencia individual y con continuidad de datos como identidad, historia, derechos, objetos, comunicaciones y pagos”.

La segunda parte del libro se centra en definir el estado actual de las tecnologías que harán posible satisfacer la definición anterior. Para ello toma la industria de los videojuegos como referencia explicando los muchos y diversos problemas a los que ya nos enfrentamos, así como las mejoras que deben sufrir las soluciones ya adoptadas.

Las primeras tecnologías analizadas son aquellas que afecta a las redes de comunicaciones centrando dicho análisis en dos conceptos: ancho de banda y latencia.

Problemas técnicos

Ambos presentan problemas técnicos por la cantidad de datos que llegan y velocidad a la que deben procesarse. Se revisan diversos mecanismos para darles solución y conseguir que todos los usuarios estén en el mismo espacio temporal o procesen las imágenes al mismo tiempo.

Otro de los factores tecnológicos clave para el desarrollo e implantación del metaverso es la capacidad de cómputo necesario para presentar con inmediatez los gráficos 3D en los dispositivos que lo requieran. Actualmente existe un debate sobre si la capacidad del cálculo debe radicar en ordenadores centralizados o de forma distribuida en los dispositivos. Ambas propuestas tienen sus pros y contras pero están surgiendo eficaces soluciones mixtas que parecen brindar experiencias esperanzadoras.

Una perspectiva interesante es la que se presenta con la capacidad de poder compartir la gran capacidad de cálculo sobrante, hasta ahora una utopía que empieza a dejar de serlo y con un giro inesperado: gracias a la tecnología blockchain se puede “alquilar” esa capacidad de cálculo sobrante y poder cobrar por su uso.

La creación de mundos virtuales requiere de herramientas específicas, son los llamados motores. Estos hunden sus raíces en los utilizados por el sector del videojuego para crear universos 3D compartiendo características comunes:

  • Fácil creación de mundos virtuales.
  • Enfocado hacia las funciones y no en la tecnología.
  • Crea un ecosistema de desarrolladores.

Dos son los motores que dominan el panorama –Roblox y Epic– pero no son los únicos y cada uno posee su propia tecnología que hace que los productos no sean intercambiables entre sí, lo que nos lleva a un nuevo obstáculo: el intercambio de objetos y avatares entre los distintos mundos virtuales (interoperabilidad).

¿Cómo usar los objetos adquiridos en un mundo virtual en otro distinto? ¿habrá que pagar una tasa?¿quién sería el propietario?

La interoperabilidad entre mundos virtuales tiene que ver mas con los derechos de propiedad y con cualidades comerciales que con un problema técnico: ¿cómo usar los objetos adquiridos en un mundo virtual en otro distinto? ¿habrá que pagar una tasa?¿quién sería el propietario? La respuesta a estas preguntas generará una economía de escala, factor clave para el despegue del metaverso.

Hay una idea instalada respecto a la absoluta necesidad de disponer de dispositivos propios de la ciencia ficción para acceder a los mundos virtuales -gafas de realidad virtual, por ejemplo- pero es una idea sin base pues, a día de hoy, se accede a ellos desde las pantallas de ordenadores o smartphones.

Es cierto que, en algún momento, la experiencia mejorará de forma considerable con el uso de estos dispositivos, pero el mayor reto tecnológico actual es encajar superordenadores en monturas de gafas con apariencia normal; reto que estamos muy lejos de conseguir.

Medios de pago

Otra cuestión que se necesita resolver de forma perentoria es la que hace referencia a los medios de pago tanto de los usuarios respecto al uso de los servicios como a los desarrolladores por su trabajo.

El autor refiere el acuerdo comercial suscrito en 1983 entre Nintendo y Namco, fabricante de máquinas recreativas, por el cual, este último, pagaría al primero un 30% por la fabricación y distribución de los cartuchos que contenían el correspondiente juego.

Las condiciones de este acuerdo comercial se instalaron en el sector de los videojuegos y ha llegado hasta nuestros días con muy pocos cambios. Todavía hoy las tiendas digitales de Apple y Google siguen manteniendo estas mismas comisiones que se han convertido en un corsé para el desarrollo de nuevos productos por los bajos beneficios que pueden llegar a obtener los propios desarrolladores.

Varios han sido los intentos de saltarse este muro de los pagos pero, de momento, ninguno ha tenido éxito hasta que se atisba la llegada de una ballena blanca llamada  blockchain para cuya caza ya se han puesto en marcha Apple y Google impidiendo la disponibilidad de juegos y aplicaciones que usen dicha tecnología.

Blockchain, ¿candidata ideal?

El impacto que la tecnología blockchain tendrá en el futuro del metaverso se analiza en el siguiente capítulo donde, tras una breve descripción de la tecnología, se abre un debate sobre si, realmente blockchain es la candidata ideal para resolver los problemas de interoperabilidad y medios de pago.

La barrera mas importante que frena la adopción de la tecnología es la lentitud a la hora de realizar las validaciones en todos los ordenadores implicados que, unido al uso intensivo que hará el metaverso hacen que llegue a ser, actualmente, una experiencia desesperante.

Otra de las aplicaciones actuales de esta tecnología son los NFT (Non Fungible Token) que permiten tener la propiedad de un activo digital y que podría ser una solución al problema de interoperabilidad pero que, a día de hoy, carece de cobertura legal en ningún país.

Los contratos inteligentes es otra de las utilidades que van ganando adeptos. Estos no dejan de ser programas desarrollados para que, en caso de cumplimiento o incumplimiento de determinadas condiciones, se realicen diversas acciones sin mas supervisión que las fuentes de datos de confianza previamente concertadas por las partes.

Cuatro son las tendencias que hay sobre la influencia del blockchain en el metaverso:

  • Será irrelevante y especulativo.
  • Creará un cambio cultural basado en los derechos sobre los datos, interoperabilidad y nuevos medios de pago.
  • Habrá un cambio en las plataformas.
  • Las mejoras en computación y algoritmia permitirán superar las limitaciones técnicas actuales.

La tercera parte del libro se dedica en su totalidad a analizar el impacto en el día a día que tendrá el metaverso, pero el autor no se atreve asomarse más allá del 2030 en ninguna de sus predicciones.

Si bien el metaverso ha avanzado de forma considerable el estado actual es bastante primitivo respecto las expectativas creadas. Para llegar al metaverso esperado deben confluir grandes avances en la solución de todos los problemas pendientes, un acceso más económico a los dispositivos y una serie de cambios profundos en los hábitos de trabajo y ocio de los consumidores.

La progresiva adopción del metaverso, sin duda, tendrá impacto en varios sectores económicos y en sus modelos de negocios siendo la educación el sector mas impactado y de forma más inmediata.

La educación, tradicionalmente, es un sector donde la productividad ha crecido poco debido al aumento de los salarios para mantener profesionales pero con un consumo de recursos todavía intensivo debido a la presencialidad.

No solo veremos cómo era Roma, para eso ya están los documentales, si no que el metaverso nos permitirá “crear” Roma y su Imperio como si de un videojuego se tratara

Dicha mejora en la productividad y en la experiencia virtual, ahora decepcionante, vendrá de la mano de los mundos virtuales y para explicarlo el autor se vale de un ejemplo: No solo veremos cómo era Roma, para eso ya están los documentales, si no que el metaverso nos permitirá “crear” Roma y su Imperio como si de un videojuego se tratara.

Dicho mundo virtual se creará una única vez y los alumnos podrán disfrutar de la experiencia tantas veces como deseen. Pero ¿y los profesores? Los profesores serán un personaje mas con el que los alumnos podrán interactuar, hacer consultas e, incluso, tener profesores invitados. ¿No nos gustaría que fuera la propia Mary Beard quien responda a nuestras dudas sobre el Imperio Romano?

En el sector de la publicidad ya no será necesario ver anunciado un coche cuando se podrá conducir su gemelo virtual o ver anuncios microsegmentados y ubicados como un restaurante en el navegador del coche virtual.

El sector de la moda tendrá un refuerzo bidireccional: las ventas de accesorios para avatares tendrán un reflejo en el mundo real donde el consumidor querrá parecerse a su avatar y viceversa.

La industria, beneficiada pero de forma más lenta

La industria en general se verá beneficiada, aunque de forma mas lenta, debido a la necesidad de fidelización absoluta de los procesos, en aspectos que proporcionan los gemelos virtuales tales como simulación, entrenamiento y aprendizaje, en los que ya se han obtenido notables éxitos.

Como toda batalla tecnológica esta también tendrá ganadores y perdedores entre las grandes tecnológicas. Quienes serán unos y otros es difícil de predecir (los procesos de compra y fusiones que a buen seguro habrá lo hace mas incierto todavía) pero sí podemos vislumbrar quienes están mejor y peor situados atendiendo a los siguientes criterios.

  • Capacidad de almacenamiento y procesamiento de la información.
  • Acceso a la información generada en los mundos virtuales.
  • Desarrollo y comercialización de dispositivos.
  • Motor de mundos virtuales o metaverso propio.

Atendiendo a estos criterios es NVIDIA -fabricante de tarjetas gráficas con gran capacidad de cómputo y con un mundo virtual propio ya desarrollado- quien se encuentra mejor situado para liderar la carrera. Por el contrario, es Google quien, a día de hoy, no tiene capacidad para capturar y analizar la información generada en estos mundos. Su modelo de negocio está peor situado.

Facebook, que sin duda parece liderar a nivel publicitario su interés por que tengamos una vida virtual, es el fabricante de las gafas con mayor cuota de mercado y dispone de un metaverso propio, aunque con bastantes carencias, pero también ocupa un lugar destacado aunque con ciertas sombras en su estrategia.

Asuntos éticos y legales

Quedan una serie de asuntos éticos y legales que el metaverso traerá consigo, tales  como el ciberacoso, los derechos de propiedad, existencia de negocios turbios amparados en la tecnología blockchain y criptomonedas y un largo etcétera al que, a día de hoy, ningún país u organización se han planteado abordar de forma seria.

Concluye el autor que el metaverso se irá imponiendo con avances y parones descartando los retrocesos y, de repente, nos daremos cuenta de que lo que antes era trivial se convierte en esencial, para lo que nos remite al ejemplo de los smartphones.

Nuccio Ordine: «Los alumnos deben estudiar aquello que amen»

¿Qué sentido tiene especializarse de forma prematura, enfocándose a objetivos concretísimos, abandonando una formación integral y humanística, máxime cuando todo apunta a que la evolución del conocimiento y la sociedad exigirá una formación continua, no limitada a un periodo de tiempo, sino ejercida como proyecto de vida? A esta respuesta, sobre estas cuestiones, hablaron Nuccio Ordine ‒autor y filósofo italiano, profesor de literatura en la Universidad de Calabria y uno de los mayores expertos mundiales en el Renacimiento‒ y Darío Villanueva ‒exdirector de la Real Academia de la Lengua y catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela‒ en la última sesión de las jornadas del seminario Rubén Darío Defensa de la Educación. Se celebró el pasado día 3 de febrero en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) que organiza y propicia los encuentros.

¿Qué estudiar? El sentido de la formación

Centró la cuestión, al inicio de la charla, Darío Villanueva al llamar la atención sobre la contradicción existente entre el avance del sistema educativo y sus recursos y, por otro, un fallo de rendimiento en términos sociales, al menos en lo que respecta a la consecución de una ciudadanía más culta, más consciente y más solidaria.

¿Qué está pasando? Nuccio Ordine lo tiene claro y lo expuso con vehemencia: «El objetivo de la educación en los últimos años es aprender una profesión con la que puedas ganar dinero y servir al mercado. Bueno, esto es una barbaridad. El objetivo de estudiar siempre ha sido intentar ser mejor persona, mejor ciudadano y aprender a vivir, en definitiva». Recordó a Kant, que defendía que la escuela no está para replicar sin más los valores de la sociedad, sino para criticar los valores de esta susceptibles de mejorar. «Si estudias para ganar dinero, si ese es tu objetivo, no vas a ser un buen médico, por ejemplo. Por eso, cuando los alumnos vienen a preguntarme qué deberían estudiar yo siempre les digo: ‘elige la disciplina que ames’, porque solo ese amor te permitirá ejercer lo que elijas con un sentido ético fuerte».

«El objetivo de estudiar siempre ha sido intentar ser mejor persona, mejor ciudadano y aprender a vivir, en definitiva», afirmó Nuccio Ordine

El escritor, autor de exitosos libros como La utilidad de lo inútil, criticó un sistema que coloca la dignidad únicamente en el dinero y reivindicó la dignidad de los valores que nos sacan de nosotros mismos y nos hacen vivir y crecer con los demás. Si la educación no permite esto último, si nos aísla y nos ensimisma, no se trata de una educación sino de una antieducación.

Darío Villanueva hizo hincapié en la contradicción de que una especialización temprana pueda resultar contraproducente o acabar borrando el sólido saber que aportan las humanidades en la formación de los estudiantes. Ordine enumeró dos fenómenos que traspasan las fronteras de las aulas, pues son auténticos problemas sociales tanto el énfasis en el corto plazo como el fomento de la cultura del déficit de atención. Sobre el primero, afirmó que hay que parar la «locura utilitarista que busca una máxima rentabilidad en el menor plazo», y hacerle frente con el conocimiento que proporciona el humanismo y las humanidades. Sobre el umbral de la atención destacó el hecho de que no se trata de un problema de la educación, sino de la sociedad en general «que nos acostumbra a hacer zapping a cambiar y a saltar rápida y constantemente de una cosa a otra». En este contexto la gran baza de leer a los clásicos ¿cuál es? «Tienen la capacidad de crear atención y provocar amor». En este punto Ordine se remitió a sus experiencias como profesor: «Un profesor ha de ser humilde. ¿Qué es un profesor? Un profesor es un lector, principalmente, hasta el punto de que antes se le denominaba así. La literatura sin lectores no tiene sentido; la enseñanza, tampoco».

El déficit de atención no es un problema solo de la educación, sino de la sociedad «que nos acostumbra a cambiar, a saltar rápida y constantemente de una cosa a otra»

Releer a los clásicos, predicar con el ejemplo

Nuccio Ordine ejerció en la sesión como profesor y como lector. Su conferencia consistió en releer El Principito, la obra clásica de Saint Exupéry, en términos contemporáneos y defendió enérgicamente que en sus páginas se encuentra la solución y la vacuna contra cuatro de los males contemporáneos:

  • La supremacía de los números
  • La hegemonía de la indiferencia
  • La dictadura de la velocidad
  • La banalidad de las relaciones humanas

Y todo ello lo acompañó de citas literales a las que iba dando paso, porque ¿cómo no sentirse concernido en estas líneas de suave denuncia del libro?:
A los mayores les gustan mucho las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan cosas esenciales como: «¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? o ¿Si le gusta o no coleccionar mariposas?». En cambio, preguntan: «¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?». Solamente con estos detalles creen conocerle.


Desde el principio, hasta los diálogos con el zorro alrededor del significado de la amistad, Nuccio Ordine fue recorriendo en un ejercicio de teoría y práctica las páginas de este clásico de la literatura y lo que nos enseña hoy día. «Crear lazos, vínculos», en palabras de Saint-Exúpery, es el sentido de la amistad, «no se trata de dar un clic y tener mil o dos mil amigos… La amistad es aprender a vivir para alguien, alguien que cambia la perspectiva de tu existencia, que convierte en rito y no en rutina una acción repetida, gozosa solo por compartida con esa persona. Así es como se vence a la indiferencia». En las sociedades contemporáneas, tan amenazadas por la prisa, hay que ser consciente, subrayó, de que «no tener tiempo es incompatible con cualquier relación afectiva».

Nuccio Ordine demostró la actualidad y vigencia de los clásicos leyendo uno de ellos: «El principito» de Saint-Exupéry, sobre el que giró gran parte de la sesión

Y de la misma manera en que una amistad exige tiempo y dedicación, el conocimiento, volviendo al tema central de la sesión, demanda igualmente esfuerzo, fatiga. Se trata, sin embargo de una fatiga de enorme recompensa, pues ese precio es el precio de la felicidad misma. «La felicidad se conquista», recordó Nuccio Ordine. Lo recuerda él, lo recuerdan los clásicos y lo recuerda la literatura, la forma más eficaz y más simple de «decir lo indecible y ver lo invisible» tal y como el autor se encargó de demostrar en una sesión singular dedicada a la educación.

¿Qué es la tolerancia?

Usada hoy en contexto político y en conversación sin ánimo polémico, la palabra tolerancia significa ‘respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas ajenas, o hacia sus sujetos’. En esa acepción, probablemente pocos hallen reparos para calificarla de auténtico valor. 

«Tolera que te lo diga: ‘Djokovic es mejor tenista que Nadal’», nos puede exponer un amigo. «Por supuesto», cabe contestar, aunque también añadir que para llegar al fondo de la cuestión, habría que aportar argumentos tenísticos objetivos y contrastables. Con ellos sobre la mesa dilucidaríamos quién de los dos es mejor en la pista.

Si el alcalde de un pueblo afirma: «Subiremos el impuesto municipal en 100 euros para financiar un centro de refugiados. Sean ustedes tolerantes». O si un empresario comunica: «Les tengo que bajar el sueldo, sean ustedes tolerantes», las cosas se complican, porque utilizamos la semántica de «tolerancia» de forma todavía más impropia, confusa y errónea que con la comparación de Djokovic y Nadal.

Ser tolerante es ser ‘sufrido’, ‘indulgente’, ‘paciente’, es ‘consentir’ … hasta cierto punto. Hay «dosis de tolerancia», «niveles de tolerancia», «límites de tolerancia», como cuando se oye la crítica: «Sus padres le toleran demasiado». Para el Brocense, la tolerancia puede convertirse incluso en «un hermoso género de venganza», como se verá si se sigue leyendo. ¿Hay que ser tolerante con escándalos en la vía pública? ¿Toleramos las casas de juego? ¿Los prostíbulos? El marco de la tolerancia no está por encima de lo justo y verdadero.

Sin más dilación, acudamos ahora a las fuentes para delimitar bien el concepto.

Tolerar, sufrirpermitir

José March (Pequeña colección de sinónimos de la lengua castellana, Barcelona, 1834), señala:

«Se toleran las cosas cuando, conociéndolas y teniendo uno por su parte el poder, no se impiden. Se sufren cuando uno no se opone a ellas, haciendo como que se ignoran o como que no se pueden impedir. Se permiten cuando se las autoriza por consentimiento formal. Tolerar y sufrir no se dice sino de las cosas malas o que se tienen por tales. Permitir, se dice tanto por el bien como por el mal»

(tomado de Samuel Gili Gaya: Diccionario de sinónimos. Biblograf, 1988, p. 337).

Origen de tolerar

El uso de la palabra tolerar se documenta en castellano a partir de 1440; intolerable y tolerable, a partir de 1515, lo mismo que las voces derivadas toleración, tolerante, tolerantismo y tolerancia. Tolerar posee el mismo origen etimológico que tullir. Ambos vienen del castellano antiguo toller, que significa ‘quitar’, y que a su vez procede del latín tollere: ‘levantar’, ‘quitar’, ‘sacar’ (Joan Corominas y José A. Pascual: Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Tomo V. Gredos, 1991, pp. 689-90).

Diccionario de Autoridades

El Diccionario de Autoridades (Madrid, Imprenta de la Real Academia Española, Vol. VI, 1739, p. 290) da al verbo tolerar dos sentidos:

Tolerar (verbo activo). 
1) Sufrir, llevar con paciencia. Es del latino tolerare, ferre. 
«Es gran prueba de paciencia tolerar con ella el verse del todo, y de repente empobrecido» (Fray Antonio Agustín: Vida de San Eustaquio, núm. 31).
2) Disimular, o permitir algunas cosas, que no son lícitas, sin castigo del delincuente; pero sin dispensarlas expresamente. Lat. Indulgere. Tolerare. 
«Por lo cual es también más sano consejo tolerarlas, que quitarlas» (Diego de Saavedra: Empresas políticas, 21).
«Teme perder copiosa mies de virtudes, y tolera cizaña de algunos, que experimenta rebeldes» (Francisco Núñez de Cepeda: Empresas sacras, 7).

Sobre la palabra tolerancia, el Diccionario de Autoridades escribe:

Tolerancia. Sustantivo femenino. 
1) Sufrimiento, paciencia, aguante. Es voz puramente latina. 
«La mayor prueba de su santidad fue la tolerancia grande con que llevó sus persecuciones y trabajos» (Luis Muñoz: Vida de fray Luis de Granada, lib. 2, cap. 6).
«Salga luego la tolerancia, y paciencia, y diga, que no hay más hermoso género de venganza, que no moverse el hombre por palabras, o hechos injuriosos» (Francisco Sánchez Brocense: Doctrina de Epicteto, cap. 12).
2) Permisión y disimulo de lo que no se debiera sufrir sin castigo del que lo ejecuta. Lat. Indulgentia.

María Moliner sobre tolerar y tolerancia

María Moliner: Diccionario del uso del español. Tomo II. Gredos, 1992, p. 1332:

A la voz tolerar, María Moliner le da dos acepciones principales: 
1) Consentir. No oponerse a cierta cosa quien tiene autoridad o poder para ello. 
«Tolerar los escándalos en la vía pública».
«No tolerará que le insulten».
«Tolerar las casas de juego».
Al significado 1) añade este matiz: 
1. a. No oponerse, por abandono, a las extralimitaciones de alguien: 
«Sus padres le toleran demasiado».
2) Aguantar o resistir.
«Este puente no tolera el paso de camiones».
«Mi estómago no tolera esas comidas».

Las sinónimos y familias semánticas de tolerar que acopia María Moliner son tanto de sentido positivo (‘benevolencia’, ‘comprensión’, ‘condescendencia’, ‘considerado’, ‘liberal’, ‘disculpar’, ‘disimular’, ‘exculpar’), como negativo (‘manga ancha’, ‘tragaderas’, ‘consentido’, ‘coladero’) y neutro (‘sobrellevar’, ‘admitir’, ‘aguantar’, ‘cargar con’, ‘comprender’, ‘conllevar’).

La voz tolerancia la trata María Moliner así:
1) Actitud de tolerar. Capacidad mayor o menor para tolerar:
«No todas las naturalezas tienen la misma tolerancia».
2) Diferencia con las condiciones establecidas que se consiente en la calidad o cantidad de las cosas contratadas. En cualquier cuestión técnica, diferencia tolerable en las medidas; por ejemplo, de dos piezas que se han de ajustar entre sí. En las monedas, diferencia máxima que se consiente entre su peso efectivo y el legal.
3) Cualidad o actitud del que respeta y consiente las opiniones ajenas.
Margen de tolerancia (es un sintagma frecuente).

El adverbio tolerablemente no significa solo ‘de manera tolerable’, sino también ‘no mal del todo’: ‘Toca el piano tolerablemente’.

Tolerar en el Diccionario del español actual

Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, en Diccionario del español actual (Vol. II. Aguilar, 1999, p. 4338), describen así las palabras objeto de esta reflexión:

Tolerar. transitivo.
1. Permitir [una persona algo que no es o no le parece bueno]. 
«Tenemos que organizarles las juergas y pagarlas de nuestro bolsillo. Y tolerar todas esas basuras que ahora se estilan entre los chicos» (Dolores Medio: Bibiana, 1967, p. 10).
«No sé por qué me parece que usted intenta tomarme algo el pelo, y eso no se lo tolero» (Alonso Zamora Vicente: A traque barraque, 1972, 65).
2. Resistir sin grave daño [una acción o una fuerza exterior, o aquello que la produce].
«La viscosa resiste la acción de los álcalis en frío y tolera el agua caliente» (Economía doméstica. 5º curso y 6º curso, 1961, p. 87). 
«La intervención fue bien tolerada, con esporádicas alteraciones electrocardiográficas severas, que fueron controladas satisfactoriamente por el grupo cardiológico que colaboró durante el acto quirúrgico» (Hoy 4.11.75, p. 1). 
2. b) Ser [alguien] capaz de recibir en su organismo [algo] sin sufrir trastorno.
«La leche en polvo debe utilizarse en aquellos casos de lactancia mixta o artificial en que el niño no tolera la leche de vaca» (Nociones de puericultura postnatal, 1962, p. 29).
3. Resistir sin gran fastidio o repugnancia la presencia o la existencia [de alguien o algo molesto (complemento directo)].
«No tolero a los hipócritas».
«No tolero los insectos en casa».

Tolerancia.
I. nombre femenino. 1. Acción de tolerar (en la acepción de ‘permitir’). 
«Le dirige unas palabras referentes al comportamiento sexual de su madre o el de su esposa y a la tolerancia del mismo por parte del inculpado» (José Luis López Aranguren: El marxismo como moral, 1968, p. 21).
1. b) Margen o diferencia que se consiente en la calidad, en la medida o en el tiempo.
«Técnico en Soldadura. Verificación y medición. Ajustes y Tolerancias» (As 7.12.70, p. 4). 
«Se suprimen los márgenes de tolerancia en el cierre de espectáculos» (Ya 3.12.77, p. 42).
2. Respeto o consideración hacia las opiniones o prácticas ajenas, o hacia sus sujetos.
«Sería absurdo empecinarse en una visión absolutamente tenebrosa del panorama de la tolerancia nacional» (Manuel Vázquez Montalbán: Triunfo (revista, Madrid), 11.4.70, p. 31).
3. Posibilidad de ser tolerado (en el sentido de ser capaz de recibir algo en el organismo sin sufrir trastorno).
«Han creado un material especialmente concebido para lograr la lente de contacto blanda perfecta y distinta… Tolerancia inmediata». (Abc 13.3.75, p. 17).
«Tolerancia. El Benzetacil es prácticamente atóxico y no tiene otra contraindicación que la que comprende a los pacientes alérgicos a la penicilina» (Prospecto 3.76).
II Locución adjetiva 4. [Casa] de tolerancia: prostíbulo.

Tolerante.
Adjetivo. 1. Que tolera (en el sentido 1 de tolerar, arriba) o tiene tolerancia (en el sentido 2 de tolerancia, arriba).
«Bibiana es comprensiva y tolerante» (Dolores Medio, Bibiana , 1967, p. 115).
«Este emperador fue al principio tolerante con los cristianos» (Mariano Villapún Sancha: Historia de la Iglesia. 3er. curso de Bachillerato, 1958, p. 35).
1. b) [Marido] que permite que su mujer le sea infiel. 
«Abundan los maridos tolerantes».
2. De (la) tolerancia (en el sentido 1 y 2 de tolerancia, arriba).
«Fraga anuncia la elaboración de una nueva ley de Prensa, y, mientras, se crea un interregno tolerante que permitirá a los periódicos informar puntualmente sobre el nuevo movimiento huelguístico que estalla en Asturias a mediados de agosto»(Suplemento del Abc 6.6.76, p. 26).

 

 

¿Identidad de género? La protección de los menores frente a la moda «trans»

El aumento exponencial de los casos de los llamados «niños trans» en todo el mundo occidental y las leyes —como en el caso español— que regulan un verdadero derecho de estos niños a avanzar desde edades muy tempranas en un proceso de socialización como integrantes de un sexo distinto del biológico (uso de nombres, vestido, participación en deportes, etc. conforme a su sexo sentido y no al biológico), de acceder a tratamientos hormonales inhibidores de la pubertad y progresivamente al cambio registral de nombre y de sexo (con o sin cirugías de reasignación) está generando un debate que implica a la medicina y a la política, pero que sobre todo interesa a las familias, pues de niños se trata.

Los postulados de la llamada ideología de género se basan en que el sexo como dato biológico no tiene nada que ver con la identidad personal que solo debería definirse a partir de la autodeterminación de cada persona, sin que esa autodefinición pueda ni deba ser condicionada por el propio cuerpo. Así se podría ser mujer u hombre con un cuerpo de varón o con uno de hembra, como suele decir Judith Butler; relegando así la condición sexual de la persona a un ámbito meramente subjetivo de autodeterminación que desprecia la realidad corporal como si fuese ajena a la propia personalidad. De este planteamiento ideológico surge la problemática actual de los «niños trans», niños que se autodefinen y se autodiagnostican como de un sexo distinto del biológico y exigen ser tratados conforme a su opción identitaria, percibiendo cualquier oposición (de sus padres, educadores, médicos, etc.) como un atentado a su derecho al libre desarrollo de su personalidad.

El aumento de los casos de los llamados «niños trans» en todo el mundo occidental está generando un debate que implica a la medicina y a la política  y que interesa, sobre todo, a las familias

La vuelta atrás de algunos países

Las legislaciones de algunos países están haciendo suya esta perspectiva —como es el caso de España—, pero estas decisiones legislativas están, como mínimo, carentes de un previo análisis y debate serio científico, médico y filosófico. Y lo que está en juego es algo muy serio: la salud de menores de edad, que quizá está siendo puesta en riesgo por opciones legislativas promovidas a impulso de ideologías discutibles y sin un fundamento científico contrastado. Por eso, se comprende que estén apareciendo libros que ponen de manifiesto la, como mínimo, ausencia de fundamento de estas concepciones ideológicas de género, sus peligros y la necesidad de un análisis crítico de este fenómeno. También es significativo que los primeros países que autorizaron los cambios de sexo de menores de edad como Suecia o Finlandia estén cambiando su normativa para prohibir estas intervenciones, a la par que Reino Unido, Francia y algún Estado norteamericano dictan normas en la misma dirección tras comprobar que se trata de terapias fallidas y nocivas.

Bibliografía destacada

En esta línea los libros de Abigail Shrier que estudia este fenómeno en Estados Unidos; el de Errasti y Pérez Álvarez en España; y, ahora, el de Céline Masson y Caroline Eliacheff en Francia, recientemente traducido al español y publicado —como los anteriores— en editorial Deusto, ayudan a tener elementos de juicio desde una perspectiva crítica sobre este fenómeno.

Abigail Shrier: Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras hijas. Deusto, 2021. 304 págs

Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras hijasde Abigail Shrier (299 págs.) es una investigación periodística sobre la «locura transgénero» de menores adolescentes en Estados Unidos, basada en entrevistas con las personas afectadas. Esta obra ha sido muy polémica: por un lado ha recibido peticiones de censura y prohibición y, por otro, también fue declarada «libro del año» por medios como Times o The Economist. Se entiende esta polémica pues pone sobre la mesa una de las pandemias de nuestra época: el creciente número de chicas que optan por el llamado cambio de sexo en la adolescencia, sin antecedentes de disforia en la infancia, adoctrinadas en internet por influencers y que, en muchos casos, tras someterse a tratamientos con testosterona y en su caso a cirugías varias, perciben como un error sus decisiones al respecto.

El libro de Shrier se centra en las chicas, pues son ya un 70% de los casos de cambio de sexo; y resalta los indicios existentes de cómo esta moda transgénero está inducida culturalmente y encubre otras patologías que no son tratadas, ya que el negocio del cambio de género ha secuestrado también la medicina. Los análisis de Shrier sobre el adoctrinamiento de género en las escuelas norteamericanas y la práctica habitual de admisión por los profesionales médicos del autodiagnóstico del menor que se declara trans sin revisión ni contraste objetivo alguno, son quizá los aspectos más preocupantes de este informe.

También resulta digna de reflexión la absoluta indefensión de los padres de esas menores (bien documentada por la autora) que se ven impotentes para intentar introducir sensatez y ciencia en las decisiones de sus hijas autodeclaradas trans; padres que se enfrentan a un muro ideológico y político que los trata como si fuesen enemigos declarados de sus propias hijas, aunque al final son los que están ahí para ayudar cuando sus hijas advierten su error.

La obra de Shrier tiene el valor añadido de estar escrita sin prejuicios a priori y sobre la base de entrevistas a los actores de este drama: niños y niñas trans, educadores, médicos y estudiosos y padres que han vivido esta experiencia.

El libro de Abigail Shrier se centra en la realidad norteamericana y en las menores, pues ellas suponen un 70% de los casos de cambio de sexo

José Errasti y Marino Pérez Álvarez: Nadie nace en un cuerpo equivocado. Deusto, 2002.

Nadie nace en un cuerpo equivocado. Éxito y miseria de la identidad de génerode José Erasti y Marino Pérez Álvarez, ambos profesores de psicología en la Universidad de Oviedo, es un análisis sobre la misma materia, también muy útil. Libro más teórico que el de Shrier, denuncia los mismos problemas con una gran claridad.

En los dos primeros capítulos (págs. 25 a 79) los autores ponen de manifiesto cómo el sexo tiene que ver ante todo con la reproducción y no solo en la especie humana; y que la sexualidad es binaria (masculino, femenino) porque los gametos lo son y «no hay un tercer tipo de gametos. No hay ni espermatóvulos ni ovulozoides. Los gametos no forman un espectro. La fecundación y la gestación no son los extremos de un continuo de funciones. La negación de esta evidencia biológica por intereses políticos o ideológicos espurios sólo puede traer confusión y problemas a la sociedad» (pág. 35). Y: «lo que determina el sexo de un individuo es la función que cumple en la reproducción sexual anisogámica, es decir el tipo de gameto que aporta a la reproducción» (pág. 40). Así de clara y de contundente es la refutación que hacen los autores de las teorías de la identidad de género.

En los siguientes capítulos analizan la matriz neoliberal de los mitos sobre los sentimientos y la identidad subjetiva como fuentes de la verdad sobre uno mismo, la difusión de esta ideología en la política, las leyes, la educación, la sanidad y los medios de comunicación y cómo es la sociedad quien influye en las personas con sus mitos culturales creando modas como la actual del transgenerismo. El capítulo 5 (págs. 131 a 161) se dedica al estudio del pensamiento de Judith Butler y Paul B. Preciado, dos de los ideólogos queer más influyentes en la actualidad; el capítulo 6 al análisis del activismo queer en los ambientes culturales y universitarios y el capítulo 7 (págs. 195 y ss.) al problema específico que denominan «infancia trans». En este capítulo y el siguiente documentan la afirmación que da título al libro (Nadie nace en un cuerpo equivocado) y defienden con pasión profesional que no hay nada más anticientífico y antiético que el dogma de que la transición al otro sexo es la única y universal salida aceptable para los problemas de identidad sexual en menores.

Los dos últimos capítulos del libro —con un estilo muy diferente, mucho más irónico y polémico— se acercan al fenómeno de la neolengua de género y a lo que llaman la Santa Inqueersición, es decir la tentación totalitaria que supone hoy esta moda cultural.

Si Schrier se aproximaba a la realidad de los menores trans desde el periodismos, los profesores José Erasti y Marino Pérez Álvarez lo hacen desde la ciencia

Céline Masson y Caroline Eliacheff. La fábrica de los niños transgénero. Ed. Deusto. 2023, 112 págs

La fábrica de los niños transgénero. Cómo proteger a nuestros menores de la moda trans, de Céline Masson y Caroline Eliacheff, psicoanalista la primera y doctora en medicina y psiquiatra la segunda, es una llamada de atención a la sociedad francesa sobre este mismo problema. Este libro, de muy reciente aparición, en la misma editorial que los anteriores, cuenta con un prólogo de Paula Fraga, jurista y miembro activo de la Alianza Contra el Borrado de las Mujeres, y de un epílogo escrito por José Errasti, coautor del libro al que nos hemos referido supra.

Las doctoras Masson y Eliacheff analizan en esta breve obra (108 págs., incluyendo el epílogo y prólogo citados) el mismo tema a partir de su experiencia clínica y por referencia a la actualidad francesa, poniendo de manifiesto, como las obras más arriba reseñadas, el carácter universal del fenómeno de la moda cultural del transgenerismo y su incidencia preocupante en los menores de edad. En el primer capítulo (págs. 29 a 42) las autoras denuncian la desinformación y manipulación con que este problema se plantea ante la opinión pública a partir de un documental, Petite Fille, difundido en Francia en 2020 que oculta gran parte de la información disponible al respecto presentando una transición de un menor de ocho años como algo razonable y lógico sin cuestionar la capacidad a esa edad de dar un consentimiento informado y responsable. Concluyen ese capítulo las autoras afirmando que Francia va retrasada en esta materia respecto a los países que empiezan a calibrar los riesgos del descontrol que supone para los niños esta moda y praxis acrítica favorable a la transición de género de los menores de edad.

En el capítulo segundo (págs. 43 a 60) estudian el fenómeno del contagio social de la moda trans entre menores y adolescentes, concluyendo que «los blogs protransición y los vídeos proporcionan a los jóvenes un prisma ideológico unívoco y falso para interpretar sus dificultades», resaltando el fenómeno de la captación en línea que induce el uso de una neolengua, el rechazo a la ciencia y la biología, el aislamiento social y familiar y la cultura de la victimización, que empuja a los niños a una dependencia de por vida de la industria farmacéutica. En el capítulo 3 (págs. 61 a 79) se analiza lo que las autoras llaman «un escándalo sanitario», denunciando la medicalización de por vida de esos niños, los efectos secundarios y riesgos a largo plazo de los tratamientos hormonales cruzados, el carácter experimental del uso de tales medicamentos aún no aprobados por las autoridades sanitarias con este fin y que la «cirugía llamada de reasignación es mutilante».

Las doctoras Masson y Eliacheff se centran en el caso francés. Su conclusión es que el transgenerismo actual es un engaño colectivo contemporáneo que fragmenta la sociedad

En la conclusión (págs. 89 a 98) las autoras presentan el transgenerismo ideológico actual centrado en los menores como un engaño colectivo contemporáneo que fragmenta la sociedad mediante el establecimiento de identidades diversas sin fundamento científico, promoviendo un individualismo total que sujeta a las personas a una mercantilización y un consumismo donde los cuerpos son claramente una mercancía. Resaltan asimismo cómo el transgenerismo manifiesta un preocupante odio al ser humano y especialmente a la feminidad: «Si ya no hay cuerpo, ni sexo, ni mujeres ni niños, ¿qué queda de lo humano?» (pág. 97). Y concluyen con esta invitación: «Es responsabilidad de todos hacer campaña para prohibir las intervenciones médicas y quirúrgicas en los cuerpos de los niños y adolescentes que no presentan ninguna enfermedad, puesto que la disforia de género no lo es. No dañar a los niños es una ley fundamental».

Las tres obras reseñadas pueden ayudar a reflexionar para formarse un criterio fundado sobre este tema de tanta trascendencia en el que está en juego algo tan importante como la salud de los niños y, a la par, libertades básicas como las de pensamiento sobre la sexualidad, práctica científica de la medicina sin condicionamientos ideológicos ni políticos, educación y ejercicio de la patria potestad sin cortapisas estatales y el mantenimiento de una sociedad libre de ciudadanos iguales y no parcelada en estatutos jurídicos diferenciados según la percepción subjetiva sobre la identidad personal.