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El introductor de la vanguardia

Título: Vicente Huidobro
Autor: Revista Poesía, coordinado por René de Costa.
Editorial: Ministerio de Cultura de España, Madrid, 1989.


La literatura española se ha visto fecundada en lo que va de siglo por (al menos) dos movimientos literarios de una alta marca poética. Los movimientos estuvieron encauzados bajo el marbete de ultrafascismo en el que estuvieron enrolados Gerardo Diego y Jorge Luis Borges. La marea poética, sin aparato serio, a pero paso de versos, correspondió a otro chileno, Pablo Neruda.

La revista Poesía ha dedicado un volumen de tres números a Vicente Huidobro, el introductor de la vanguardia en nuestra lengua. Este monográfico ha sido coordinado por René de Costa, autor de un interesante libro sobre el poeta de Altazor. La figura de Huidobro es contradictoria y rica. Como muchos otros de su continente, se caracterizó por su voluntad de entrar en contacto con la cultura francesa y la lengua inglesa con una naturalidad poco habitual.

Fue el trujamán de los signos en la cultura de entreguerras, el poeta que le quitó peso a la poesía y la hizo bailar sobre reflejos y volar sostenida por su propia imaginación. Por un lado, tal como él mismo definía al poeta, con ínfulas nietzscheanas, fue solitario como una paradoja; por el otro, un activo propagandista, defensor hasta la paranoia de la originalidad y propiedad de sus ocurrencias y descubrimientos, estaba en medio de París o Madrid y también en el aire.

Amante del juego con una delectación que sólo se da en la infancia, fundó el creacionismo, heredero del gran Apollinaire y paralelo controvertido con Pierre Reverdy. Escribió manifiestos y llenó páginas de poemas mostrando cómo aquello era posible. El creacionismo arrancó para Huidobro una potencia, un acto de creación semejante al de la propia naturaleza: escribir poemas como un árbol da hojas. No creía que la palabra poética fuera al mismo tiempo comunicación, comunión, símbolo, significado, sino algo mayor y ontológicamente imposible.

Un poema creado era para Huidobro el que muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, de ahí que Allezur se pierda por el aire, cosa entre las cosas, preferidamente igual al universo. Pero el lector es el mundo externo, y sus poemas, lejos de ser independientes del mundo, lo relaman, no podía ser de otra forma. Como en todo gran poeta, su poesía es superior a su robótica. Afirmando o dudando de sus conceptos y sugerencias, sus mejores versos son indiscutibles porque su fuerza fue la imaginación, aquella que enlaza, aunque sólo sea por un instante, nuestros fragmentos.

Termodinámica de los procesos biológicos

Título: Introducción a la termodinámica de los procesos biológicos
Autores: David Jou y Josep Enric Ruta
Editorial: Labor, Barcelona, 1989, 164 páginas
Precio: 2.700 pesetas


articularmente sugerente es el último capítulo, que lleva por título: «Cuando el sistema se aleja del equilibrio, la complejidad de unas estructuras bien ordenadas en el tiempo o en el espacio, que han surgido, aumenta cada vez más hasta llegar a un punto en que es difícil reconocer estructura alguna y nos encontramos con una situación denominada caótica, una estructura caótica».

Los dos autores, profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona, pretenden exponer la termodinámica de los procesos irreversibles y sus relaciones con la biología. Las relaciones entre la física y la biología, en escala molecular, sino macroscópica. Es aquí donde los autores exponen el descubrimiento de ciertas regularidades, en lo que hace tan interesante el estudio del caos.

El caos es uno de los grandes hallazgos de los últimos tiempos. En los sistemas biológicos, el equilibrio significa la muerte, por lo cual la termodinámica de fuera del equilibrio adquiere aquí toda su importancia. Los fundamentos de la termodinámica fuera del equilibrio son explicados en esta obra con una total claridad, de manera que su contenido puede ser accesible a cualquier persona con una mínima formación científica y con alguna curiosidad por la física.

El libro se divide en dos partes: la primera, dedicada a la teoría lineal, y la segunda, a la teoría no lineal. Como aplicaciones de la teoría lineal se analizan los conceptos de difusión y sedimentación, de transporte activo, de transporte pasivo en membranas y de fosforilación oxidativa. En la segunda parte, bajo el epígrafe de teoría no lineal, se abordan la teoría de la estabilidad y la ordenación en el tiempo y en el espacio.

El problema de la compatibilidad de la evolución física ha sido abordado aquí teniendo en cuenta los últimos descubrimientos y las más modernas teorías científicas.

La entropía, que ya la propuso Boltzmann en 1872, con la aplicación de la mecánica estadística. Todos los procesos naturales generan entropía porque tienden a la uniformidad. De ahí el interés de esta magnitud física cuantificable, cuya definición sirve de base al segundo principio de la termodinámica.

Por su claridad, es la interpretación del desorden con la evolución biológica hacia el orden o el equilibrio.

Vida y milagros de la «Dama de Hierro»

Título: Margaret Thatcher
Autor: Hugo Young
Editorial: McMillan, Londres, la Manadoxture, París, 1980, 196 páginas
Precio: 149 francos franceses.


La importancia histórica del personaje y, sobre todo, su influencia y longevidad política, existen pocas biografías sobre Margaret Thatcher. Esta carencia resulta relativamente lógica si se tiene en cuenta que la llamada dama de hierro se mantiene en el poder todavía y su vida política para nada parece agotada. Cualquier esbozo biográfico, por tanto, debe ser, pues, provisional.

El ensayo biográfico de Hugo Young se encuentra a medio camino entre la síntesis documental y el análisis político. No es, desde luego, ni lo intenta, la obra definitiva aunque sea, eso sí, un meritorio y voluminoso estudio sobre la vida y milagros de la Thatcher.

Hace 10 años que la dirigente conservadora llegó a la presidencia del gobierno inglés. Estos años Thatcher han cambiado el país: el peso del sector público ha disminuido espectacularmente, lo mismo que el poder de los sindicatos, las clases medias han experimentado una clara mejoría mientras que las regiones industrializadas en declive se han hundido definitivamente para iniciar posteriormente un proceso de reconversión tan polémico como modélico, el peso internacional del Reino Unido (algo tuvo que ver en ello la guerra de las Malvinas) aumentó, y finalmente, la primera ministra inglesa se ha convertido en un punto de referencia para cualquier reflexión intelectual o política sobre el futuro de la sociedad postindustrial.

La llegada al poder de una opción conservadora que generó crisis iba a cambiar completamente el panorama. La señora hizo frente al corporativismo sindical, inició un ambicioso y discutido proceso de privatizaciones, aplicó, en suma, lo que en teoría liberales y conservadoras venían predicando desde hacía muchos años en el Reino Unido, aunque convencidos de que aquel proyecto era un sueño más ciego. Pero a nadie, ni en el Reino Unido ni en ninguna otra parte, le deja indiferente.

Apenas dos años después de haberse iniciado la experiencia, empezó a hablarse ya de «thatcherismo». Con toda razón. Estos diez años Thatcher han marcado no sólo la historia del Reino Unido, sino también la de Europa, y desde luego, la de las ideas liberales y conservadoras en el planeta. El país que la señora Thatcher encontró tras las huelgas de 1978, donde el omnipresente poder sindical había demostrado hasta qué punto era capaz de condicionar al gobierno de la nación e incluso neutralizar cualquier intento de reforma económica o política, atravesaba una crisis profunda.

La obra de Hugo Young (colaborador del Guardian y del Sunday Times, autor de una serie para la BBC sobre el fenómeno Thatcher) constituye una interesante aportación al conocimiento de la primera ministra, de su época y de sus colaboradores, aunque a veces el autor se pierde de vez en cuando en los detalles, de política doméstica, excesivamente minuciosa, y de relativa importancia y base de carácter categórico importante del «thatcherismo».

Pese a estos defectos, la obra se lee con facilidad y aporta un volumen considerable de información sobre el decenio, convirtiéndose así, obligatoriamente, en un libro de referencia. Otros vendrán, seguramente, con mayor capacidad de síntesis y más completos. Pero tal vez antes deberá desvelarse el final de esta experiencia singular que ha cambiado en escala mundial el sentido de la teoría y la práctica liberal-conservadora.

Los límites de la «Perestroika»

Título: Relaciones Este-Oeste
Autores: V. Giscard D’Estaing, Y. Nakasone y H. Kissinger (Prólogo de Miguel Herrero de Miñón).
Editorial: Tecnos. Centro de Estudios de Política Exterior, Madrid, 1989, 110 páginas
Precio: 500 pesetas.


El Centro de Estudios de Política Exterior, que dirige Santiago Mora-Figueroa, ha tenido el acierto de dar a conocer en España el Informe para la Comisión Trilateral sobre las Relaciones Este-Oeste, realizado en abril de 1989 por tres grandes hombres de Estado: Valéry Giscard D’Estaing, ex presidente de Francia; Yasuhiro Nakasone, ex primer ministro de Japón, y Henry Kissinger, ex secretario de Estado de los Estados Unidos. Para completar esta tarea ha contado con el brillante concurso de un prologuista como Miguel Herrero de Miñón, miembro distinguido de la propia Trilateral, cuyo preámbulo tiene valor en sí mismo, contribuyendo de manera sobresaliente a explicar qué es la Comisión Trilateral y cuál es el proceso de reflexión y práctica política en que el Informe se inserta. A este respecto, Herrero subraya, entre otras cosas, lo siguiente:

Trilateralización y Occidente

Norteamérica, Europa Occidental y Japón tienen intereses básicos comunes, pero también otros diferentes y aun opuestos, cuya coordinación es imprescindible para la eficacia de sus políticas y sólo puede ser obtenida mediante un permanente esfuerzo de consenso. Un consenso que, en este caso, como siempre, no es transacción, sino convicción y superación de lo conflictivo en algo que no lo resuelve, sino que lo disuelve en planos más elevados.

El Informe es un buen ejemplo de la trilateralización característica de las relaciones internacionales occidentales, desde los años setenta y cada día más. Segundo, el Informe responde a una opción política de la que penden las estrategias económicas. Tercero, el Informe merece una reinterpretación a la luz de los últimos acontecimientos.

¿A qué llamamos «trilateralización»?

Estas tres áreas tienen una homogeneidad básica fundada en el sistema constitucional y pluralista, tal como la definió en su día Raymond Aron, el desarrollo de alianzas concretas, como la OTAN, y el Tratado de Seguridad EE UU-Japón. De suerte que el concepto de Occidente, en palabras de Miguel Herrero, no es ya un concepto geográfico, sino político-cultural, en cuya virtud se trascienden pesimismo etimológicos de ente heideggeriano y se expresa una realidad histórico-existencial.

Motivaciones y reformas en la URSS

Entrando ya en el asunto crucial de la perestroika, Herrero señala que las motivaciones de la misma son económicas, debidas al fracaso rotundo del socialismo real para hacer progresar a la URSS… Pero es política la voluntad de mantenerla como superpotencia, así como la adopción de las medidas de reforma interior necesarias para ello, lo cual exige la normalización de las relaciones exteriores.

En este punto, el prólogo se transforma en epílogo. El autor se pregunta, en efecto, ¿qué ha variado tras la discusión en París de este Informe? La respuesta, abreviada, concluye que en la URSS la perestroika se enfrenta a dificultades apenas superables. Las reformas económicas no son viables sin reformas políticas cuyos efectos a corto plazo impiden aquellas. Simultáneamente, la liberalización política y social exigida por etc.

Afirmaciones significativas del Informe

  • Son las necesidades que afronta la Unión Soviética las que imponen tanto la necesidad de cambio como la dirección que éste ha tomado. Creemos que es probable que estos cambios ocurran con más rapidez si se mantiene la autoridad del señor Gorbachov que si la tuvieran sus rivales políticos conocidos.
  • La elevada prioridad concedida en la agenda soviética a la reforma interior es, en verdad, de mayor importancia para nuestros países que el hecho de que estas reformas tengan o no éxito en la realidad.
  • El programa económico del señor Gorbachov ha creado, a nuestro juicio, amplísima revuelta sin alcanzar muchos resultados de sustancia.
  • Las reformas económicas requieren la descentralización del poder. Pero, reduce la capacidad de los dirigentes de controlar la dirección del cambio.
  • Las democracias tienen un interés común en resistir la estrategia de hacer retroceder a los Estados Unidos al Hemisferio Occidental. Ciertos aspectos de la política soviética actual, especialmente en Europa, están en concordancia con este objetivo a largo plazo.
  • Las democracias deben aprender a entendérselas con el estilo de Gorbachov, que consiste en mudar el proceso de cursorio occidental con una rápida serie de movimientos unilaterales, algunos de los cuales contienen concesiones reales, mientras que otros se apoyan en gran parte en la guerra psicológica.

Una historia para la crítica

Autor: Pedro Sainz Rodríguez (Prólogo de Fernando Lázaro Carreter)
Editorial: Taurus, Madrid, 1989
Páginas: 367
Precio: 1.500 pts.


En 1962, comentando un libro que acababa de publicar entonces Pedro Sainz Rodríguez, decía yo que la obra científica del autor se orientaba en tres direcciones principales incansablemente perseguidas a lo largo de 40 años de trabajo: la investigación bibliográfica, la historia de la crítica literaria y la de la espiritualidad religiosa en España. Ahora habría que añadir dos precisiones más: que ese trabajo de don Pedro se continuó hasta su fallecimiento en diciembre de 1986 y que durante los últimos lustros Sainz aportó, con buena técnica historiográfica, documentos y noticias sobre importantes capítulos de la política española del siglo XX.

La historia de la crítica literaria en España de Sainz Rodríguez se contiene en los miles de papeletas que llenaban cientos de gavetas de una biblioteca, que ahora pertenece a la Fundación Universitaria. En ellas está la base documental, técnicamente bien seleccionada, para una gigantesca obra en la que se combinarían los reflejos de las varias caras que ofrece una obra literaria, y el conjunto de la literatura, en un periodo de la historia o a lo largo de toda ella: creación poética, imaginativa o artística, objetivada en el texto, la expresión del propio poeta (u orador, dramaturgo, narrador de ficciones o de historias, etc.); la acogida del público; la impresión ejercida sobre su lugar dentro del género literario correspondiente; las tradiciones de éste, etc. Es decir, la proyección de las diversas funciones de la literatura, que es un lenguaje en el que, igual que en los naturales, se pueden distinguir tres funciones principales, o seis, o tal vez algunas más. La crítica literaria es el análisis racional de todos esos hechos o, si se quiere, una ordenación razonada que pretende convertir la jungla en bosque.

Este libro de Sainz, que manos piadosas han sacado a luz ahora, no es, por supuesto, esa vasta obra, que quizá sea de imposible realización. (Aunque, si se dispusiera de los medios necesarios para ello, no sería pequeño servicio a la cultura española publicar los inapreciables materiales para una historia de las letras españolas de las gavetas de Sainz.)

El libro de ahora es el tronco esencial de lo que hubiera podido ser aquella magna empresa. En once capítulos (del II al XII) se alinean, sabiamente ordenados por cronología y por contenidos, los intérpretes y los analistas de la literatura española, desde los primitivos (Villena, Santillana, Juan del Encina) hasta Marcelino Menéndez y Pelayo.

Pero quien quiera informarse de lo esencial y de su significación y alcance en la cultura europea y en especial en la española, debe empezar por leer a Sainz Rodríguez.

Los medievalistas, que no se hubieran reconocido a sí mismos por ese nombre, porque se trata de palabra que sólo a finales del XIX penetra en la lengua castellana, fueron para Sainz los Mohedanos y Flórez, pero, sobre todo, a efectos de la historia literaria castellana, el padre Sarmiento y Tomás Antonio Sánchez, aunque en ocasiones estuvieron enfrentados entre ellos, al menos Sánchez con Sarmiento, que había fallecido antes.

En esos medievalistas se descubren las raíces autóctonas de gran parte de la pujante vegetación romántica del siglo XIX. El Romanticismo español no viene de París como los niños de la fábula. Rivas, Hartzenbusch, García Gutiérrez, eran personalidades muy cultas que habían leído a los poetas medievales descubiertos o redescubiertos por el laborioso clérigo salmantino, académico de casi todo y bibliotecario del Rey, que fue don Tomás Antonio.

Son dignos de particular mención, por una razón o por otra, casi todos los capítulos. Hay dos, sin embargo, en que yo no querría dejar de detenerme por espacio de unas cuantas líneas más. Corresponden al siglo XVIII. Se trata del nacionalismo de los jesuitas expulsos y del que don Pedro denomina los medievalistas.

A los tres años de su fallecimiento, don Pedro sigue regalándonos algunos de los tesoros acumulados en sus incontables horas de trabajo. La variedad de sus saberes, lo atinado de sus juicios y el talento que exhalan sus obras enriquecen la cultura nacional. Quizá, de haberlo publicado en vida, habría titulado este libro con la palabra “introducción”, “estudios” o algo semejante como hizo otras veces. En realidad, es el libro de un maestro y un libro para maestros.

El redescubrimiento de Korngold

Korngold ha sido fundamentalmente conocido por la música que durante 10 años escribió para el cine. En compañía de Max Steiner está considerado el compositor cinematográfico de mayor talento de la primera mitad del siglo. Trabajó para la Warner Brothers y a él pertenecen las partituras de El príncipe y el mendigoLas aventuras de Robin HoodEl halcón de los maresEl lobo de marLa ninfa constanteKings Row y Servidumbre humana, entre muchas otras.

Su viaje a Hollywood tuvo lugar en 1934, a raíz del ofrecimiento de Max Reinhardt para que adaptara la música de Mendelssohn a su película El sueño de una noche de verano. El éxito acompañó a la empresa y se hizo multitudinario unos meses después, tras componer en tres semanas la compleja banda sonora de El capitán Blood.

Los críticos musicales de los años cincuenta, y los aficionados de la época, coincidieron en afirmar que Hollywood destruyó su genio musical. Sin embargo, este comentario es difícil de sostener tras escuchar recientemente algunas composiciones de sus últimos años. En cualquier caso, lo cierto es que no volvió a tener éxito en las salas de conciertos tras su experiencia cinematográfica.

Prodigio

La recuperación actual de Korngold viene de la mano, fundamentalmente, de tres obras que se han reeditado en los últimos meses: el Concierto de Violín, los cuartetos para cuerdas 1 y 3, y la ópera Die tote Stadt (La ciudad muerta).

Hijo de Julius Korngold, crítico musical de Neue Freie Presse desde 1902 a 1934, a los cinco años tocaba el piano a cuatro manos con su padre y a los siete comenzó a componer. Aconsejado por Mahler se hizo alumno de Alexander Zemlinsky, cuya recuperación entre las jóvenes generaciones se está produciendo también hoy día con los discos compactos. Sus lieder, interpretados por Barbara Bonney, Anne Sofie von Otter, Hans Peter Bloschwitz y Andres Schmidt, acompañados al piano por Cord Garben, han sido destacados como una de las mejores grabaciones de 1989.

Debido a su precocidad, Korngold fue comparado con Mozart, del que llevaba con orgullo su nombre. De su segunda ópera en un acto, Violanta, existe una buena grabación en CD muy bien interpretada por Margaret Price. Esta obra obtuvo un notable éxito en su tiempo, y fue muy apreciada, como el resto de su composición operística, por Bruno Walter, que dirigió algunas de sus composiciones.

Durante su juventud, Korngold fue admirado por Strauss, Mahler y Puccini, cuya influencia sobre su obra es apreciable. Puccini llegó incluso a calificarle de genio.

La crítica de la época reconocía tanto la calidad musical de las obras como la madurez del autor. Apenas había cumplido 23 años cuando estrenó Die tote Stadt (La ciudad muerta), que sigue considerándose la mejor de sus óperas (Korngold prefería Das Wunder der Heliane, compuesta siete años más tarde). La versión que se ha reeditado en CD fue grabada en la década de los setenta y es excelente. Sus intérpretes son Carol Neblett, René Kollo y Hermann Prey, bajo la dirección de Erich Leinsdorf, de quien se ha escrito que su trabajo en esta ópera está por encima de su propia capacidad.

El primero de los cuartetos de cuerda fue estrenado en Viena en enero de 1924 por Arnold Rose, líder del Rose Quartet. La versión que existe actualmente en el mercado pertenece al Chilingirian Quartet.

El Chilingirian Quartet realiza también un magnífico trabajo en el tercero de los cuartetos —dedicado a Bruno Walter—, cuyo segundo movimiento se dice que es el más hermoso que compuso Korngold. La obra data de 1945 y supone la ruptura del silencio musical que el compositor se impuso durante la guerra. En este trabajo se advierte la inspiración directa de algunas obras escritas por el autor para el cine.

El Concierto de Violín en Re Mayor, dedicado a Heifetz (e interpretado por este violinista en la magnífica versión que ahora se ha desempolvado), consta de tres movimientos, de los cuales los dos primeros son extraordinarios en su romanticismo. Sorprende que no se haya incorporado a los repertorios tradicionales, por su facilidad para conectar con un público mayoritario. Al igual que el tercer cuarteto, está escrito robando temas musicales a las partituras que escribió para el cine.

Canciones

Junto a estos tres muy buenos discos compactos, también se han editado otras obras de Korngold de desigual relevancia. Así, su Sexteto de Cuerdas está muy influenciado por Brahms, mientras que el Piano Trío es la primera obra que publicó en su niñez.

Korngold estaba muy interesado en la voz humana, como lo demuestra su interés por la ópera, y algunas de sus canciones alcanzaron notoriedad a mediados de siglo. Compuso diferentes ciclos a lo largo de su vida, de los cuales se están dando a conocer algunas de las Canciones simples, otras Canciones del adiós, las composiciones con textos de Hans Kaltnecker, etcétera. Casi todas ellas merecen oírse (hay un par de joyas, como Liebesbriefchen y Sterbelied). Sin embargo, las interpretaciones de Polly Jo Baker y el barítono Steven Kimbrough no están a la altura de la partitura.

Otto Klemperer:

A lo largo de los últimos meses, la reedición en discos compactos de las grabaciones históricas de Otto Klemperer está despertando un enorme interés entre los melómanos.

Debido a su longevidad, Otto Klemperer (1885-1973) conoció la técnica estereofónica y gracias a ello, las obras grabadas por él al frente de la Orquesta Philharmonia, más tarde New Philharmonia, poseen una alta calidad técnica. Otto Klemperer ha sido sin duda uno de los mejores directores de este siglo. Formaba junto a Wilhelm Furtwängler, Bruno Walter y Arturo Toscanini, entre otros, la que ha venido en llamarse generación de los últimos directores románticos. Cada uno de ellos con personalidad absolutamente propia, tenían en común, esencialmente, un estilo en la forma de trabajar.

Fue alumno de Pfikaner y luego uno de los alumnos predilectos de Mahler, a quien admiraba profundamente. Su repertorio era muy amplio: desde la Misa o La Pasión según San Mateo de Bach, Haydn y los clásicos alemanes, hasta Richard Strauss, Mahler a quien se entregó siempre con fervor y los compositores alemanes de su tiempo.

Desde 1907, año en que dirigió teatros de ópera en Alemania, y muy especialmente en el de Berlín, dedicó gran atención a la Nueva Música, motivo por el cual no sólo fue cerrada la Ópera berlinesa en 1931, sino que fue perseguido por el nazismo. En 1933 tuvo que emigrar a los Estados Unidos donde dirigió durante largo tiempo a la Orquesta de Los Ángeles.

A partir de 1939 sufrió un tumor cerebral del que fue operado. A pesar de la importante merma física que le quedó como secuela, logró recuperarse y reanudar su carrera, que se prolongaría hasta un año antes de su muerte, cuando a los 87 años decidió retirarse.

Sus versiones son notables por el rigor y la grandiosidad, huyendo de los excesos románticos de algunos de sus contemporáneos. La Misa en Si menor de Bach recién publicada, fue grabada en 1967. La música de Bach alcanza aquí verdadera autenticidad. La versión de Klemperer es profunda y transmite un hondo fervor religioso. El grupo de solistas es de primera calidad, y Klemperer hace sonar a su orquesta y coro con gran maestría.

Silvia y Bruno

El reverendo Charles Lutwidge Dodgson, que ya había popularizado el pseudónimo de Lewis Carroll, publicó la primera parte de Sylvie and Bruno (Londres, Macmillan, 1889), la última, más extensa, compleja y ambiciosa de sus obras narrativas. La segunda parte de la obra, Sylvie and Bruno Concluded, no vería la luz hasta cuatro años después, en las navidades de 1893.

Para la mayoría de la gente culta, Lewis Carroll sigue siendo el autor de Alicia en el País de las Maravillas y de su secuela A través del espejo. De manera que Silvia y Bruno, con ser la obra favorita de su autor, como el Persiles y Segismundo lo fuera de Cervantes, se convirtió desde su nacimiento en uno de esos libros incomprendidos que nunca gozarán del fervor popular.

Hacia 1874, Carroll decidió escribir una novela que albergara a la vez situaciones fantásticas y realistas, fantasmagorías y hechos cotidianos, elementos absurdos y racionales. En carta fechada el 8 de enero de 1890, a raíz de la publicación de la primera parte de Silvia y Bruno, y dirigida a una prima de John Ruskin, Dodgson escribía: «Ruskin, hace años, expresó la esperanza de que mi próximo libro no fuera, como Alicia, un simple sueño inconexo, sino que tuviera una trama. Eso es lo que he intentado hacer en Silvia y Bruno». Sin embargo, la trama argumental de Silvia y Bruno consiste, lisa y llanamente, en la acumulación de materiales literarios de muy diversa índole: cuentos, poemas, canciones, juegos de palabras, paradojas científicas… que luego Carroll ordena y sitúa en la urdimbre de una narración tan inconexa al menos como la de su obra más famosa.

Las dos partes de Sylvie and Bruno fueron ilustradas por Harry Furniss (1854-1925), espléndido dibujante que ilustraría también la obra completa de Dickens y de Thackeray, además de colaborar asiduamente en Illustrated London News y en Punch. Desde 1886, año en que Carroll propone a Furniss la ilustración de Silvia y Bruno, novelista y dibujante estuvieron en estrecho contacto hasta la publicación de la segunda parte de la novela, a finales de 1893. Esta complicidad dio el fruto apetecido, pues los dos volúmenes de Silvia y Bruno se cuentan entre los libros ingleses mejor ilustrados del último tercio del siglo XIX.

Carroll participó, por lo demás, activamente en el proceso de gestación editorial de Silvia y Bruno: eligió el papel y los tipos de letra, supervisó la ubicación de las ilustraciones de Furniss (magníficamente grabadas por Joseph Swain), corrigió pruebas de imprenta y hasta fijó, de acuerdo con Macmillan, el precio del libro (7 chelines y 6 peniques) y su tirada (20.000 ejemplares, cifra basada en el impresionante éxito de Alicia y su continuación). La primera parte salió, por fin, de imprenta el 13 de diciembre de 1889. En un mes se vendieron 8.000 copias, pero las ventas fueron reduciéndose de manera implacable. A la muerte del reverendo Dodgson, en 1898, sólo se habían vendido 13 millares. Idéntico proceso conocería Sylvie and Bruno Concluded, que apareció oficialmente el 29 de diciembre de 1893, con el mismo precio que Sylvie and Bruno, pero con una tirada inicial de sólo 10.000 ejemplares.

En Silvia y Bruno coexisten dos universos: el real y el feérico. La trama realista es sencilla y convencional, una típica historia de amor aderezada con los condimentos al uso: dudas, arrebatos, decepciones, esperanzas, malentendidos, etc. Paralela a esta trama, e intercalándose constantemente en ella, se desgrana la narración fantástica, el cuento de hadas. Dos niños feéricos, Silvia y Bruno, hijos del regente de Exotilandia, se sienten obligados a abandonar su palacio por la actitud hostil de los nuevos soberanos: el Vicerregente, su esposa y su repulsivo hijo Ugguz. Carroll combina las dos tramas narrativas basándose en la disparatada teoría de que el ser humano puede entablar relaciones con lo sobrenatural a través de determinados estados anímicos. Por lo menos, el novelista consigue plenamente el objetivo de que el lector pueda cruzar a su antojo la frontera que separa el universo real del país de las hadas, lo que no es pequeño privilegio.

Pues bien, las dos partes de Silvia y Bruno acaban de aparecer, 100 años después, en castellano (Madrid, Anaya, diciembre de 1989, 496 páginas), extraordinariamente bien traducidas por el novelista Santiago R. Santerbás, autor de textos tan memorables como Tres pastiches victorianos (Madrid, Hiperión, 1980) o La vuelta al mundo en ochenta mundos (Madrid, Hiperión, 1982). La obra incluye las 92 ilustraciones originales de Harry Furniss y 12 láminas en color de J. Isaac. Asimismo, Santerbás ha redactado una introducción (de la que he tomado los datos arriba expuestos) y ha enriquecido el texto de la novela con numerosas notas exegéticas (glosas que el generoso tamaño del volumen permite situar al margen de cada pasaje glosado, como en los códices medievales), lo que convierte el libro en un auténtico The Annotated Sylvie and Bruno, al estilo de los annotated Sherlock Holmes de William S. Baring Gould, Shakespeare de A. L. Rowse o Dracula de Leonard Wolf.

No se trata tan sólo de una traducción castellana de Sylvie and Bruno maravillosamente ilustrada, sino de un minucioso trabajo de interpretación y análisis de la última y más enjundiosa novela de Lewis Carroll, llevado a cabo por un español, Santiago R. Santerbás, que demuestra conocer la obra del autor de Alicia, y, en general, el mundo victoriano, con una profundidad inédita en nuestro país, donde no abundan las personas dedicadas al estudio y exégesis de otras realidades que no sean las propias. Bienvenidos, pues, sean estos Silvia y Bruno de Carroll y de Santerbás a la nómina mayor de la bibliografía fantástica más reciente.