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Ver productos1 de marzo de 1990 - 4min.
En 1962, comentando un libro que acababa de publicar entonces Pedro Sainz Rodríguez, decía yo que la obra científica del autor se orientaba en tres direcciones principales incansablemente perseguidas a lo largo de 40 años de trabajo: la investigación bibliográfica, la historia de la crítica literaria y la de la espiritualidad religiosa en España. Ahora habría que añadir dos precisiones más: que ese trabajo de don Pedro se continuó hasta su fallecimiento en diciembre de 1986 y que durante los últimos lustros Sainz aportó, con buena técnica historiográfica, documentos y noticias sobre importantes capítulos de la política española del siglo XX.
La historia de la crítica literaria en España de Sainz Rodríguez se contiene en los miles de papeletas que llenaban cientos de gavetas de una biblioteca, que ahora pertenece a la Fundación Universitaria. En ellas está la base documental, técnicamente bien seleccionada, para una gigantesca obra en la que se combinarían los reflejos de las varias caras que ofrece una obra literaria, y el conjunto de la literatura, en un periodo de la historia o a lo largo de toda ella: creación poética, imaginativa o artística, objetivada en el texto, la expresión del propio poeta (u orador, dramaturgo, narrador de ficciones o de historias, etc.); la acogida del público; la impresión ejercida sobre su lugar dentro del género literario correspondiente; las tradiciones de éste, etc. Es decir, la proyección de las diversas funciones de la literatura, que es un lenguaje en el que, igual que en los naturales, se pueden distinguir tres funciones principales, o seis, o tal vez algunas más. La crítica literaria es el análisis racional de todos esos hechos o, si se quiere, una ordenación razonada que pretende convertir la jungla en bosque.
Este libro de Sainz, que manos piadosas han sacado a luz ahora, no es, por supuesto, esa vasta obra, que quizá sea de imposible realización. (Aunque, si se dispusiera de los medios necesarios para ello, no sería pequeño servicio a la cultura española publicar los inapreciables materiales para una historia de las letras españolas de las gavetas de Sainz.)
El libro de ahora es el tronco esencial de lo que hubiera podido ser aquella magna empresa. En once capítulos (del II al XII) se alinean, sabiamente ordenados por cronología y por contenidos, los intérpretes y los analistas de la literatura española, desde los primitivos (Villena, Santillana, Juan del Encina) hasta Marcelino Menéndez y Pelayo.
Pero quien quiera informarse de lo esencial y de su significación y alcance en la cultura europea y en especial en la española, debe empezar por leer a Sainz Rodríguez.
Los medievalistas, que no se hubieran reconocido a sí mismos por ese nombre, porque se trata de palabra que sólo a finales del XIX penetra en la lengua castellana, fueron para Sainz los Mohedanos y Flórez, pero, sobre todo, a efectos de la historia literaria castellana, el padre Sarmiento y Tomás Antonio Sánchez, aunque en ocasiones estuvieron enfrentados entre ellos, al menos Sánchez con Sarmiento, que había fallecido antes.
En esos medievalistas se descubren las raíces autóctonas de gran parte de la pujante vegetación romántica del siglo XIX. El Romanticismo español no viene de París como los niños de la fábula. Rivas, Hartzenbusch, García Gutiérrez, eran personalidades muy cultas que habían leído a los poetas medievales descubiertos o redescubiertos por el laborioso clérigo salmantino, académico de casi todo y bibliotecario del Rey, que fue don Tomás Antonio.
Son dignos de particular mención, por una razón o por otra, casi todos los capítulos. Hay dos, sin embargo, en que yo no querría dejar de detenerme por espacio de unas cuantas líneas más. Corresponden al siglo XVIII. Se trata del nacionalismo de los jesuitas expulsos y del que don Pedro denomina los medievalistas.
A los tres años de su fallecimiento, don Pedro sigue regalándonos algunos de los tesoros acumulados en sus incontables horas de trabajo. La variedad de sus saberes, lo atinado de sus juicios y el talento que exhalan sus obras enriquecen la cultura nacional. Quizá, de haberlo publicado en vida, habría titulado este libro con la palabra “introducción”, “estudios” o algo semejante como hizo otras veces. En realidad, es el libro de un maestro y un libro para maestros.
Autor: Pedro Sainz Rodríguez (Prólogo de Fernando Lázaro Carreter)
Editorial: Taurus, Madrid, 1989
Páginas: 367
Precio: 1.500 pts.