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Ver productos1 de marzo de 1990 - 2min.
Título: Vicente Huidobro
Autor: Revista Poesía, coordinado por René de Costa.
Editorial: Ministerio de Cultura de España, Madrid, 1989.
La literatura española se ha visto fecundada en lo que va de siglo por (al menos) dos movimientos literarios de una alta marca poética. Los movimientos estuvieron encauzados bajo el marbete de ultrafascismo en el que estuvieron enrolados Gerardo Diego y Jorge Luis Borges. La marea poética, sin aparato serio, a pero paso de versos, correspondió a otro chileno, Pablo Neruda.
La revista Poesía ha dedicado un volumen de tres números a Vicente Huidobro, el introductor de la vanguardia en nuestra lengua. Este monográfico ha sido coordinado por René de Costa, autor de un interesante libro sobre el poeta de Altazor. La figura de Huidobro es contradictoria y rica. Como muchos otros de su continente, se caracterizó por su voluntad de entrar en contacto con la cultura francesa y la lengua inglesa con una naturalidad poco habitual.
Fue el trujamán de los signos en la cultura de entreguerras, el poeta que le quitó peso a la poesía y la hizo bailar sobre reflejos y volar sostenida por su propia imaginación. Por un lado, tal como él mismo definía al poeta, con ínfulas nietzscheanas, fue solitario como una paradoja; por el otro, un activo propagandista, defensor hasta la paranoia de la originalidad y propiedad de sus ocurrencias y descubrimientos, estaba en medio de París o Madrid y también en el aire.
Amante del juego con una delectación que sólo se da en la infancia, fundó el creacionismo, heredero del gran Apollinaire y paralelo controvertido con Pierre Reverdy. Escribió manifiestos y llenó páginas de poemas mostrando cómo aquello era posible. El creacionismo arrancó para Huidobro una potencia, un acto de creación semejante al de la propia naturaleza: escribir poemas como un árbol da hojas. No creía que la palabra poética fuera al mismo tiempo comunicación, comunión, símbolo, significado, sino algo mayor y ontológicamente imposible.
Un poema creado era para Huidobro el que muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, de ahí que Allezur se pierda por el aire, cosa entre las cosas, preferidamente igual al universo. Pero el lector es el mundo externo, y sus poemas, lejos de ser independientes del mundo, lo relaman, no podía ser de otra forma. Como en todo gran poeta, su poesía es superior a su robótica. Afirmando o dudando de sus conceptos y sugerencias, sus mejores versos son indiscutibles porque su fuerza fue la imaginación, aquella que enlaza, aunque sólo sea por un instante, nuestros fragmentos.