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Los incentivos económicos

Tradicionalmente los responsables del ambiente y los grupos de presión con un interés especial en la protección del medio ambiente en los Estados Unidos veían al sistema de mercado como un poderoso y potencialmente peligroso adversario. No obstante, el clima para negociar entre ambas partes ha mejorado considerablemente en los últimos años. No sólo los promotores del desarrollo han aprendido que en muchos casos los proyectos de ganancias a corto plazo que perjudican al ambiente, a la larga, resultan contraproducen tes, sino que los grupos ambientalistas se han dado cuenta de que la pobreza en sí es una gran amenaza para la conservación del ambiente.

Una propuesta que está despertando un gran interés es la conocida como Reglamenta ción ambiental por medio de incentivos económicos. Grupos y responsables han llegado a la conclusión de que al poder del mercado le pueden ser aplicadas políticas de incentivos económicos para la consecución de metas ambientales.

Este cambio de actitud ha si do provocado por el reconocimiento de que su antiguo adversario, el mercado, puede ser convertido en un poderoso aliado. Entre otras ventajas, los acercamientos basados en incentivos económicos pueden reducir el conflicto entre protec-

¿De qué forma se pueden usar los incentivos económicos para facilitar un desarrollo aceptable desde el punto de vista ambiental? Quizá el mejor modo de responder a esta pregunta es mostrar cómo se ha llevado a cabo en la práctica.

Un ejemplo es el utilizado para reducir la presión ejercida sobre un recurso natural renovable que estaba siendo sobreexplotado. Debido a su atractivo, y al tradicional y fácil acceso a los bancos de pesca, diversas especies de peces estaban extinguiéndose en la costa de Nueva Zelanda. Si bien la necesidad de aliviar la presión ejercida sobre estas especies era obvia, cómo conseguirlo no estaba tan claro.

Aunque era relativamente fácil impedir la entrada a los bancos de pesca a nuevos pescadores, resultaba más difícil reducir la presencia de aquéllos que habían estado pescando en la zona durante años o incluso décadas. Como la economía de escala es una característica de la pesca, no tendría mucho sentido reducir el volumen de pesca de cada uno proporcionalmente. Lo único que se conseguiría así sería aumentar los costos individuales y des perdiciar una gran parte de la capacidad pesquera, pues los barcos individuales estarían inactivos durante bastante tiem po.

Claramente, una solución mejor sería tener menos barcos pescando. De este modo, cada barco podría ser usado casi en toda su capacidad sin peligro de extinción para ninguna especie. Pero, ¿a qué pescador se le podría pedir que abando nara su medio de vida?

El sistema de incentivos económicos encaró este problema imponiendo cuotas de captura transferibles en toda la pesca recogida en los bancos. Los ingresos derivados de los beneficios anuales asociados a esas cuotas, se usaron para comprar la parte de aquellos pescadores que estaban dispuestos a concluir su actividad pesquera. Esencialmente, cada pescador declaró la oferta más baja que aceptaría por abandonar el negocio; los reguladores escogieron a aquéllos que presentaron ofertas más razonables, pagaron la cantidad estipulada con el dinero de las cuotas y les retiraron sus licencias.

No pasó mucho tiempo hasta que se retiraran un número suficiente de licencias que aseguraba la protección de las especies en peligro. Como el programa era voluntario, los que abandonaron la industria sólo lo hicieron tras haber sido adecuadamente compensados. Mientras tanto, los que pagaron la cuota empezaban a darse cuenta de que su pequeña inversión les iba a suponer unos amplios beneficios tan pronto como la población empezara a recuperarse.

Los incentivos económicos se pueden usar no sólo para reducir el conflicto entre desarrollo económico y protección del ambiente; también pueden convertir al desarrollo económico en el instrumento necesario para alcanzar mayores éxitos en el campo de la protección del ambiente. A mediados de los años setenta, varias regiones geográficas de los Estados Unidos estaban violando la normativa de calidad del aire establecida para proteger la salud humana.

En ese momento, la ley impedía el establecimiento de nuevas industrias que emitiesen contaminantes que ya violaban los estándares. Incluso aquéllas que adoptasen los sistemas de control con tecnología más avanzada, añadirían algún elemento contaminador, y esto suponía un duro golpe para los ayuntamientos deseosos de aumentar la recaudación de los impuestos y de ofrecer más puestos de trabajo. ¿Cómo podrían fomentar el desarrollo económico y al mismo tiempo garantizar que la calidad del aire iba a ser mejorada gradualmente hasta alcanzar los niveles exigidos?

Los responsables del medio ambiente pusieron en marcha el método por incentivos económicos conocido como «sistema de compensación». Según este sistema, a las industrias ya establecidas en zonas contaminadas y que decidieran ejercer un control voluntario sobre sus emisiones, superior al requerido por las normativas, les sería reconocida toda reducción que hubieran conseguido, en forma de «créditos por reducción de la emisión. Una vez hecho esto, se reajustarían sus permisos para asegurar que las reducciones serían permanentes. Entonces, los créditos recibidos podrían venderse a industrias nuevas que estuviesen intere

El sistema de la burbuja

sadas en establecerse en la zona, estipulando que la firma compradora adquiriría 1,2 créditos de reducción de emisiones por cada crédito que añadiese. De este modo, la calidad del aire se mejora cada vez que una nueva industria se establece en el área, algunas estimaciones indican que entre 2.000 y 2.500 transacciones de compensación se han llevado a cabo. Además se ha contribuido a disminuir la confrontación entre crecimiento económico y protección del medio ambiente. Las nuevas industrias no sólo pudieron establecerse en ciudades contaminadas sino que se convirtieron en uno de los principales medios de mejorar la calidad del aire. Se puede decir que el desarrollo económico facilitó, en vez de perjudicar, la mejora de la calidad del aire. No mucho después de este episodio, se vio clara la necesidad de controles mucho más rigurosos sobre las fuentes de contaminación ya establecidas en zonas que violaban las normativas. ¿Cómo se distribuiría el mayor control entre las diversas fuentes contaminantes? Debido a que había gran número de emisores, diversas tecnologías, y a que el staff de la Administración era demasiado escaso, la tarea no era fácil. ¿Cómo se podría resolver este problema de manera efectiva cuando se disponía de tan poca información al respecto?

La solución adoptada fue poner a trabajar al mercado para ellos, mediante lo que es conocido como el «sistema de la burbuja». Para empezar se impusieron niveles de emisión para las fuentes ya establecidas del modo más razonable posible, aunque muchos en la práctica lo encontrarían ilógico. Posteriormente se animó a las fuentes ya establecidas a crear «créditos por la reducción de emisión» para reducciones mayores que las exigidas por la normativa. Una vez quedaran reconocidos, los créditos podrían acumularse para su futuro uso en caso de que la empresa quisiera expandirse o podrían ser transferidos a otra fuente.

Aquellas fuentes capaces de controlar sus emisiones a bajo costo generalmente crearon y vendieron sus créditos, y las que se enfrentaban a altos costos compraban esos créditos en vez de instalar nuevo material extraordinariamente caro. Como resultado, los costos que suponían el respeto de las normativas ambientales fueron considerablemente inferiores a lo que hubieran sido si no se hubieran permitido las transferencias de créditos.

La razón por la cual este comercio de créditos hace posible la flexibilidad discutida en párrafos anteriores, es su capacidad para diferenciar la cuestión del control de la cuestión de quién paga a última hora por él. Esta característica es muy importante no sólo en el ámbito de política ambiental nacional, sino también en el de política del ambiente a nivel internacional.

Aunque no he considerado este aspecto a fondo, permítanme dejar caer algunas ideas que puedan desencadenar vuestros propios pensamientos. Supongamos, por ejemplo, que finalmente se alcanzan acuerdos internacionales que exigen una reducción en las emisiones crecientes de anhídrido carbónico. Una de las propuestas para conseguir dicha reducción contempla una versión del sistema de compensación para conseguir mantener el nivel actual de emisiones de gases del efecto invernadero.

Según esta propuesta, las nuevas fuentes importantes de gases del efecto invernadero estarían obligadas a contrarrestar los niveles actuales, acudiendo al reciclaje o retirando plantas ya antiguas. En el caso concreto del anhídrido carbónico, los nuevos emisores podrían, por ejemplo, invertir en plantaciones de árboles que tenderían a absorber el exceso de gas. Al crear un nuevo mercado de compensaciones se estaría estimulando e incentivando las inversiones en actividades relativas a la compensación. Mientras tanto, los altos precios asociados a la emisión de gases, debido a la necesidad de adquirir compensaciones, estimularía la búsqueda de nuevos métodos para reducir sus emisiones. Por lo tanto, este sistema de compensaciones animaría simultáneamente a un mayor control de las fuentes y a la creación de estrategias de mitigación.

Como el problema de los gases del efecto invernadero es de carácter mundial, existe la posibilidad de un mercado de compensaciones a nivel internacional. Así se podrían conseguir mayores ahorros en los costos. Aún más, al vender sus compensaciones, los países del Tercer Mundo podrían acometer proyectos ambientales rentables (tales como repoblación forestal) que serían respaldados económicamente por los países desarrollados.

Incentivos para motivar la acción pública son tan importantes como los de la privada. El sistema actual de cuentas nacionales proporciona un ejemplo de incentivo económico perverso. Si bien estas ventas nunca fueron pensadas para que sirvieran de referencia sobre el bienestar de una nación, en la práctica así se hace. La renta per cápita es una medida usual para evaluar la riqueza de los habitantes de un país. Sin embargo, el sistema actual proporciona datos engañosos. Más que reconocer el derrame de Valdez de Exxon por lo que era, una caída del valor de los recursos naturales del área, es registrado como un aumento de la renta nacional. El vertido dio un empujón al PIB.

Todos los gastos de limpieza sirvieron para incrementar la renta nacional, pero no se tuvo en cuenta la consecuente depreciación del ambiente natural. Con este nuevo sistema, los informes no hacen distinción entre un crecimiento debido a que el país está «explotando» sus recursos naturales, causando un daño irreparable en los mismos, y un crecimiento sostenido donde se intenta mantener el valor de los recursos. Son necesarias ciertas correcciones en la elaboración de estas cuentas para que los gobiernos puedan ser evaluados según criterios adecuados.

Vivimos en una época donde la necesidad de controles ambientales más estrictos es cada vez mayor, especialmente ante el descubrimiento de nuevos daños que la sociedad moderna está infligiendo en el Planeta. Pero la resistencia a controles adicionales es también creciente debido a su elevado coste. Si bien los sistemas de control del medio ambiente que usan incentivos económicos no son ninguna panacea, sí ofrecen, con frecuencia, un modo práctico de conseguir metas ambientales con más flexibilidad y a menor costo que otros sistemas regulatorios tradicionales y esto es ya una ventaja sustancial.

Ecología y economía

Con frecuencia, cuando se habla de la conservación de la Naturaleza, de la protección del medio ambiente y de su posible incidencia sobre determinadas actividades de desarrollo y explotación de recursos, a las que impondrían ciertas limitaciones, una opinión muy generalizada es que todo esto «suena muy bien», está muy de moda, pero tiene un precio. Y se considera excesivamente alto lo que los economistas definen como coste de oportunidad de optar por la conservación, y es por tanto un lujo que difícilmente puede permitirse un país o, al menos, todos los países.

Esta opinión es ciertamente lo primero que se le ocurre a cualquiera; pero el problema está ya seriamente planteado y son muchos los puntos a debatir. En primer lugar, el modo de hacer las cuentas: con el sistema establecido no sólo no se toma en consideración la depreciación de los activos naturales que traen consigo muchas acciones que inciden sobre el medio ambiente, sino que se llegan a considerar como integrantes del producto nacional los costes de reparar los daños causados por un desastre ambiental, por ejemplo, una marea negra.

Por otra parte, hoy día está fuera de toda duda la necesidad de compatibilizar el desarrollo económico con el mantenimiento de procesos naturales de los que depende la vida del hombre en la Tierra. En el ámbito científico y también en el empresarial y en las Administraciones públicas se está prestando mucha atención a la búsqueda de fórmulas que permitan conciliar los intereses económicos con los ecológicos. En el artículo del profesor Tietenberg, en esta misma sección de NUEVA REVISTA, se describen algunos incentivos económicos que pueden contribuir a ello.

Aún más allá de estos esfuerzos compatibilizadores, cabe pensar en otras actividades, actualmente en inicio y que pueden suponer en un futuro próximo una fuente de ingresos que superará ampliamente este coste de oportunidad. Ejemplo de ellas es el llamado turismo ecológico.

Cada vez es mayor el número de personas que emplean su tiempo de ocio en estar en contacto con la Naturaleza, apreciando la belleza de un medio natural virgen. Se está desarrollando un turismo que busca regiones en las que se complemente el patrimonio cultural con un patrimonio natural inalterado, y muchos países están destinando amplias zonas de su territorio a la creación de parques y reservas naturales.

Entre los objetivos de la creación de parques, no sólo está preservar el medio natural, sino también garantizar la supervivencia de ciertas etnias y culturas que secularmente han usado los recursos de la naturaleza sin degradarla.

La conservación de la Naturaleza está muy de moda. Pero se considera que el precio a pagar es un lujo que difícilmente puede permitirse un país, o, al menos, todos los países.

Cierto es que la atención a este turismo necesita una infraestructura que puede entrañar algún impacto negativo sobre el medio, e igualmente las visitas incontroladas pueden dañar seriamente un ecosistema. En esto se basan algunos científicos y «puristas ecológicos» para oponerse a este tipo de turismo, y pretenden que la naturaleza sea un coto cerrado para sus investigaciones y actividades.

Estos problemas tienen solución, y un ejemplo a seguir es el de algunos países de Africa y Sudamérica que han planificado con rigor las visitas a sus parques y las construcciones dentro de éstos se integran perfectamente en el medio. En estos países en vías de desarrollo, el turismo constituye actualmente una importante fuente de ingresos: un estudio realizado por la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales), basado en el número de visitantes que recibe el parque nacional de Amboseli (Kenya), demostró que la presencia de un león macho adulto tiene para la economía de un país un valor de más de medio millón de dólares por león. En comparación, el valor de un león cazado por deporte es de 8.500 dólares, más unos 1.000 de la piel.

Además, a medida que aumenta el número de visitantes de todo el mundo a estos lugares, crece la conciencia de que los valores naturales han de ser conservados.

De estas consideraciones no se debe deducir que es suficiente crear una serie de espacios protegidos, como una pequeña muestra de lo que fue la Naturaleza, y abandonar a su suerte el resto del territorio. La conservación debe tener una dimensión conjunta. Lo que pretende resaltarse es la importancia de que un país mantenga en buen estado sus ecosistemas más característicos y se cree una red de parques naturales representativos de éstos; no sólo por los valores intrínsecos de estos ecosistemas, sino además porque estas acciones pueden tener una alta rentabilidad económica.

AIgunos países de Africa y Sudamérica que han planificado con rigor las visitas a sus parques y las construcciones dentro de éstos se integran perfectamente en el medio.

En esta línea, son ilustrativas las palabras de Mobutu, presidente de Zaire, un país que ha apostado por la conservación de su medio natural:

«Nuestro patrimonio no está formado por sólidas catedrales ni majestuosos edificios, sino por lo que nos han legado nuestros antepasados, es decir, por la Naturaleza. Queremos, por consiguiente, que cuando el mundo se haya transformado en un medio artificial, existan en nuestro país refugios donde la humanidad se encuentre en una naturaleza virgen».

Elecciones en el País Vasco

El Gobierno de coalición de la Comunidad Autónoma Vasca, PNV-PSOE ha sido un matrimonio de conveniencia. El PNV retenía el poder y aislaba a Eusko Alkartasuna, su principal enemigo político. El PSOE apoyaba al PNV y a cambio se incorporaba al Gobierno Vasco de modo que salíaa de la marginalidad política vasca, del «gheto»  al que había sido relegado por la mayoría nacionalista. Pero este matrimonio de conveniencia  ha resultado finalmente positivo para el País Vasco, por cuanto ha contribuido a la normalización política y ha facilitado el entendimiento entre todas las fuerzas del Bloque Democrático. Por el contrario, ETA y su entorno  están más aislados que nunca, en un proceso abierto, de crisis y, en algunos casos, de autoliquidación.

Las inminentes elecciones autonómicas, serán una buena oportunidad para medir el alcance y sentido de la normalización. A mi juicio, la violencia y la tensión política de los últimos años, ha distorsionado la representatividad del actual sistema de partidos en el País Vasco. Hoy, el electorado de Centro-Derecha vasquista, no nacionalista, se encuentra subrepresentado con tan solo cuatro diputados de los 75 que componen la Cámara autonómica, cuando la suma de votantes del PP y del CDS representan aproximadamente el 15 por 100. Y es que buen número de electores que en las Elecciones Generales votan al Centro-Derecha, prefieren votar al PNV con ocasión  de las elecciones autonómicas. Sin embargo, las propuestas de autodeterminación del PNV tensionaron inútilmente la convivencia política el pasado mes de enero. Las confusas alusiones del lehendakari Ardanza sobre su conocimiento de las consignas de ETA, con ocasión de los dramáticos acontecimientos de la Foz de Lumbiere y la reiterada negativa de Arzallus a aceptar la Constitución Española, sugieren que el PNV no puede moderar su proyecto nacionalista y por tanto representa, muy forzadamente, los intereses generales de los electores  vasquistas no nacionalistas.

La normalización y clarificación del mapa político del País Vasco, se producirá cuando finalice la necesidad del «Gobierno de emergencia» PNV-PSOE y sea posible contraponer y comparar los distintos proyectos políticos de nacionalistas, socialistas y del Centro-Derecha no nacionalistas, tal y como ocurre en Cataluña o en otros estados de la Comunidad Económica Europea con elecciones regionales.

Libertad y Filantropía

Doctor Friedman, ¿acepta usted la premisa de que la intervención gubernamental es necesaria para satisfacer las necesidades de aquellos individuos que son incapaces de cuidarse por sí mismos?

-Pensándolo bien, la intervención del Gobierno ha perjudicado a aquella gente que está más incapacitada para cuidarse de sí misma. ¿Por qué razón es que las escuelas del país están en aquellas zonas de las comunidades urbanas ocupadas por los más pobres? Porque el Gobierno dirige esas escuelas.

Lo que es necesario, lo que tendría una mayor efectividad para ayudar a la gente más pobre de este país, sería reducir el alcance de la intervención gubernamental. Desde un punto de vista a largo plazo, el paso más importante que se podría tomar para ayudar a los más pobres de este país, sería introducir un sistema que garantice la escolarización y que elimine el monopolio de los colegios públicos con respecto a estos jóvenes.

-Si el Gobierno se decidiera a abandonar este tipo de actividad, ¿cuál sería el resultado?

-Dependería en qué actividad. La actividad a la que se referiría la mayoría de la gente no es a la que yo me estaba refiriendo.

El tipo de actividad gubernamental que pienso que ha estado perjudicando a la gente pobre son las malas escuelas; el control de los alquileres, que ha llevado a la destrucción de los vecindarios; la ley del salario mínimo, que les ha denegado los trabajos; la legislación en materia de drogas, la cual ha conducido a un mercado negro enorme; y la corrupción. Generalmente, estos programas no están enfocados para eliminar la pobreza o para reducirla, pues son esos programas los que más han hecho para crear los terribles problemas que tenemos.

Esto no significa que se puedan eliminar de la noche al día. No se puede. Una vez que has emprendido un compromiso con la gente, tienes la obligación moral de no echarte atrás, a menos que ofrezcas una alternativa.

Durante muchos años he defendido que dado el actual sistema de programas «traperos» que supuestamente benefician a los pobres, sería mucho mejor sustituirlos con un simple impuesto negativo sobre la renta, que daría a la gente por debajo de unos ingresos estipulados, una concesión en dinero líquido igual a una fracción de la cantidad por la que estaban por debajo de esos ingresos.

-¿Piensa que la asistencia social del Gobierno y los programas de derecho tienen un efecto excluyente en los actos caritativos voluntarios?

-No hay duda que lo tienen. El efecto excluyente está mal interpretado, porque significa excluyente no necesariamente en el sentido de la cantidad conjunta de los actos voluntarios de caridad, sino en el carácter del desembolso voluntario.

Si mira a la historia de los Estados Unidos, el período de mayor actividad caritativa privada fue el siglo XIX, cuando el Gobierno tenía un gasto equivalente al 3 por ciento de la renta nacional. Los gastos federales, estatales y locales en conjunto estaban por debajo del 10 por ciento de la renta nacional. La mitad del gasto del Gobierno federal estaba destinado al ejército, y la mitad del gasto estatal y local estaba destinado a la educación.

«Si yo creo en una cierta religión o teng una opinión política concreta, no hay nada malo en gastar mi dinero para promover eso. Queremos que haya tanta competición en el mercado de ideas como en el mercado de productos, pero no queremos que las dos se mezclen»

Por Willa Johnson equivalente al 3 por ciento de la renta nacional. Los gastos federales, estatales y locales en conjunto estaban por debajo del 10 por ciento de la renta nacional. La mitad del gasto del Gobierno federal estaba destinado al ejército, y la mitad del gasto estatal y local estaba destinado a la educación.

¿Qué pasó en aquel período? Hubo un gran movimiento de hospitales privados no lucrativos, que sirvieron a los pobres lo mismo que a otras personas. Tiene la creación de la Cruz Roja, de los Boy Scouts, etc. Puede enumerar un acto caritativo detrás de otro. Fue también la época del establecimiento de muchos colegios mayores y universidades privadas, cuando habían organizaciones filantrópicas privadas, como el Ejército de la Salvación, tomando la responsabilidad de ayudar a los pobres.

Pero ahora, si usted mira a los actos privados de caridad, ¿a dónde van? A las orquestas sinfónicas, a los institutos de arte, a las universidades de élite, a los colegios privados de élite; y eso es comprensible. Si el Gobierno ha tomado la responsabilidad de ayudar a los pobres, hay muy poco incentivo para que yo haga tal cosa. En mi opinión, es un cambio desafortunado, ya que la actividad privada es mucho más efectiva y más significativa. Los individuos que ayudan a los pobres que conocen personalmente, harán un trabajo

infinitamente mejor que los burócratas que están sobrecargados.

-Dado este papel creciente del Gobierno federal en los programas de bienestar social, ¿cómo explica el hecho de que las contribuciones caritativas alcanzaran en 1987 su nivel más alto de la historia?

-Parcialmente es una cuestión de cómo se define la contribución caritativa. Un gasto en el bienestar social es una cosa; el efecto sobre el bienestar social es una cosa muy diferente. Al aumentar el número de gente pobre, al aumentar la miseria de los pobres, las actividades del Gobierno han aumentado la demanda de los gastos privados de caridad. Desafortunadamente, sin embargo, el crecimiento en los gastos caritativos privados no ha satisfecho esa demanda. A mi entender, el gran crecimiento se ha dirigido hacia donde yo mencioné anteriormente, hacia las orquestas sinfónicas, los museos, las universidades y cosas por el estilo. Si ése es el caso, no hay ninguna razón particular por la que afecte a la expansión de los gastos del Gobierno federal en programas denominados de bienestar social. La mayor parte de ellos no son programas de bienestar social.

«Una empresa que pierde dinero no está usando sus recursos en el mejor interés del público en general»

El auténtico desembolso social, lo que en realidad podrían llamarse programas de bienestar social, no estoy seguro que haya aumentado. E incluso si lo han hecho, e incluso si han creado una mayor necesidad del bienestar social al empeorar la condición de los pobres, no existe ninguna razón por la que deba disminuir la cantidad total de dinero que la gente quiera dar para otros propósitos.

¿Qué hay en el carácter o en la tradición americana que ha hecho que muchos observadores nos califiquen como el pueblo más generoso del mundo? Y, ¿es esto cierto?

-Muy probablemente sea cierto y no creo que sea difícil de entender. Fundamentalmente, los Estados Unidos de América siempre han sido una sociedad democrática. Casi todas las demás sociedades se han desarrollado como sociedades aristocráticas.

América fue un nuevo mundo en el que gente de todas clases vino a hacer fortuna, para tener una mejor vida bajo condiciones en las que no había una estructura feudal, ni una estructura aristocrática, y en la que había un gran sentido de igualdad, no en la noción actual de iguales resultados sino en el sentido de oportunidad igual y de ser amigo de tu prójimo y ayudarle, y, si era necesario, él te ayudaría a ti.

Creo que la base es esa tradición fundamentalmente democrática.

-¿Cuál considera usted que es el papel fundamental de la corporación en la sociedad?

-Crear productos y servicios que satisfagan las demandas del público. El papel de la corporación es servir como intermediaria entre los individuos en su capacidad de trabajadores, proveedores del capital, proveedores de la habilidad de organización, es decir, como recursos, y entre los individuos como consumidores. Las sociedades compran los servicios de los factores de producción, y utilizan éstos para crear productos y servicios, y finalmente venden esos productos y servicios a los consumidores para otras empresas. Esa es su misión. Cuando mejor desarrollan ese papel es cuando dirigen su atención a maximizar sus beneficios. Es un baremo de si están atendiendo las necesidades de los consumidores. Una empresa que pierde dinero no está usando sus recursos en el mejor interés del público en general.

Así que mientras su papel es actuar de intermediario, el objetivo inmediato de cualquier empresa es, si va a realizar ese papel, maximizar su devolución.

-Así que usted rechazaría la noción de una responsabilidad social por parte empresarial y la sugerencia de que las empresas deberían elaborar programas caritativos de concesión de ayudas.

-Existe una responsabilidad social muy real, y es el hacer tanto dinero como puedan, dentro de la ley y dentro de una norma ética apropiada. Sujetos a esos límites, su responsabilidad social es ganar tanto dinero como sea posible, porque es como mejor sirven a los consumidores.

Los actos de caridad pueden contribuir, en algunos casos, a que las sociedades ganen tanto dinero como sea posible. Puede ser que una empresa que necesita la buena voluntad de la comunidad, que quiera tener a sus trabajadores motivados para que consideren que merece la pena sacrificarse por la empresa, para la que vale la pena trabajar duramente, etc., pueda hallar que la forma más efectiva de promover este tipo de ambiente, sea el proporcionar asistencia caritativa en su comunidad.

En adición a esto, las leyes sobre impuestos, capacitan a los accionistas de una empresa a hacer contribuciones mayores a través de la corporación que por cuenta propia, ya que las contribuciones empresariales son deducibles para propósitos de impuestos de sociedades y los dividendos no lo son. Como resultado, la empresa puede servir a sus accionistas al actuar de conducto por el cual éstos puedan utilizar su dinero con mayor efectividad.

-Las empresas dedican un gran porcentaje de sus dólares caritativos a la educación. ¿Qué piensa que deben considerar al dar tales becas?

-Pienso que no deberían contribuir en absoluto, a menos que sea por su interés inmediato, directo y pecuniario, excepto cuando lo hacen por orden de sus accionistas.

He hablado a menudo con ejecutivos de las empresas sobre esto. He dicho, «Si vuestra empresa quiere comprar una válvula, no preguntáis, «¿Hay alguien que fue a la misma universidad que yo que produzca esta válvula?». Preguntáis: «¿Quién está fabricando la válvula que mejor servirá los intereses de mi compañía, que mejor se acoplará a mi producto?» ¿No debería hacer lo mismo cuando manda su dinero a los colegios? Me parece que debería preguntarse: «¿qué universidad está dando los resultados educacionales que más contribuirán al tipo de sociedad en la que mi compañía puede prosperar?».

Haría un llamamiento a los individuos, cuando éstos gastan su propio dinero, para que lo miren desde el punto de vista de apoyar la clase de ideas en las que creen. No hay nada malo en ello. Si yo creo en una cierta religión o tengo una opinión política concreta, no hay nada malo en gastar mi dinero para promover eso. Queremos que haya tanta competición en el mercado de ideas como en el mercado de productos, pero no queremos que las dos se mezclen.

«La empresa privada no tiene mayor derecho a tener un «puesto» en la Universidad que un socialista o un marxista. Una Universidad es un lugar para la difusión y la producción de conocimiento»

-¿Qué opina de la tendencia a dotar a los colegios mayores o a las universidades con puestos profesorales de la empresa privada?

-Me opongo a ella. Creo que la empresa privada no tiene mayor derecho a tener estos puestos que un socialista o un marxista. Una universidad es un lugar para la difusión y la producción del conocimiento. Para alcanzar ese objetivo, funciona mejor si la comunidad académica es libre de tolerar las ideas dondequiera que éstas vayan.

Ahora bien; en una universidad la gente debería ser nombrada únicamente por su competencia profesional. Si un hombre es un matemático de primera clase, merece un puesto en el profesorado de matemáticas, siendo indiferente que sea comunista, libertario, republicano o demócrata, etcétera.

También, debería ser parte de la norma ética académica que no utilice su tiempo de clase para hacer propaganda de estas ideas. Si fuera a violar su confianza al usar su tiempo de clase, a pesar de lo buen matemático que sea, para promover su doctrina comunista, o libertaria, o republicana, o demócrata, se debería arriesgar a ser despedido.

-Ha habido una proliferación de los llamados grupos de defensa de intereses especiales. ¿Qué impacto están teniendo en la sociedad?

-El problema que plantean, en mi opinión, es que la mayoría están financiados con dinero de los impuestos. Si la gente se quiere gastar su propio dinero promoviendo intereses especiales, es su problema. Si analiza a muchos de estos grupos de intereses especiales, y estudia realmente dónde consiguen su dinero, gran parte de éste procede del contribuyente a través del Gobierno. Si en cuanto particulares quieren defender intereses privados, es asunto suyo, pero las organizaciones no deben tener exenciones fiscales.

-Le ruego, pues, que me comente el reciente interés por parte del Congreso de los Estados Unidos en cambiar las restricciones sobre algunas de las actividades de presión de estos «think tank» educativos.

-Dado que estas organizaciones no pagan impuestos y que no existe una perspectiva inmediata de que esta exención fiscal sea retirada, ha de considerarse la cuestión de la segunda mejor, la tercera mejor, o la cuarta mejor solución.

En ambas áreas a las que usted se ha referido, creo que la exención de lo que son actividades estrictamente comerciales es una idea desafortunada, incluyendo los PXs (economatos) de las bases militares. Eso es una forma directa de competencia gubernamental con la empresa privada, que está exenta de pagar impuestos y que, de hecho, se gasta el dinero de los contribuyentes y en la que no debería estar involucrado. Similarmente, si una iglesia monta una fábrica de espaguetis, debe pagar impuestos por esa fábrica de espaguetis, tal y como las leyes son ahora.

De la misma manera, creo es desafortunado que el dinero del Gobierno se deba usar para presionar (lobbying). La dificultad estriba en que el ejemplo más atroz es la financiación de las campañas políticas por parte del Gobierno, fondos gubernamentales que se dan a candidatos primarios y presidenciales, las franquicias postales de los miembros del Congreso, etc. Pienso que eso es utilizar fondos gubernamentales para la propaganda y el lobbying.

-Un estudio del Capital Research Center sobre las tendencias de la filantropía empresarial, muestra que siete de cada diez dólares que las empresas se gastan para los asuntos públicos son para grupos que trabajan para que el Gobierno extienda su influencia en la sociedad. ¿Cómo explica este comportamiento?

-No es difícil de explicar. Simplemente, están tratando de comprar la influencia política del momento; y, otra vez, no les culpo si nosotros les dejamos hacerlo.

A menudo he mantenido que los hombres de negocios, mientras que fijan plazos muy largos con respecto a sus asuntos internos, mirando a cinco, diez, o quince años, tienen unos plazos muy cortos cuando se introducen en la política. Acaban haciendo cosas que, aunque les interesan a corto plazo, en el fondo son muy perjudiciales para sus negocios.

Déjeme darle un ejemplo: la industria del acero y su defensa de las tarifas y del proteccionismo del acero. ¿Es cierto que la protección de las tarifas y de las cuotas realmente ha permitido que la industria acerera funcione con mucha efectividad? Pregúntele a cualquier accionista de la industria del acero, y le dirá la respuesta.

Con respecto a los asuntos sobre los impuestos, los grupos empresariales todavía están haciendo propaganda para obtener mayores concesiones depreciativas, para obtener todo tipo de cosas. Solía recomendarles que les iría mucho mejor a ellos mismos, al tiempo que servirían mejor al interés público, si usaran su poder político para hacer campaña para impulsar el sistema de impuestos contra la inflación, tanto los impuestos de sociedades como los individuales. Nunca hicieron eso.

Finalmente conseguimos la «indización», pero a pesar suyo, y nunca la conseguimos donde en muchos aspectos hubiera sido más importante para ello, a saber: «indizar» la base para calcular la plusvalía, que se debe hacer y no se ha hecho. Les habría sido de interés a largo plazo el haber adoptado un programa diferente para eliminar el impuesto de sociedades en conjunto – estipulándose que los beneficios no distribuidos se deberían atribuir a los accionistas. Esto es, cada accionista recibiría con su cheque de dividendos una declaración que notificase que x dólares por acción se han reinvertido, y el accionista tendría que incluir eso en su declaración personal de la renta. Eso eliminaría la doble imposición y también la evasión de impuestos.

Déjeme subrayar algo. Siempre he creído que no se debería permitir a las sociedades que dedujeran gastos de caridad al calcular sus impuestos ya que precisamente la mayor parte de lo que estamos hablando son actividades de presión a un nivel diferente. No les culpo por hacerlo; la culpa es nuestra por dejar que se salgan con la suya. Estas actividades deben ser en su totalidad a costa suya. Creo que el Gobierno no debería subsidiar, directa o inmediatamente, tales actos.

-Muchas sociedades se niegan a revelar información sobre sus actividades de concesión de préstamos, incluso a sus accionistas. En este aspecto, ¿cuáles son sus responsabilidades hacia sus accionistas?

-La responsabilidad hacia sus accionistas es divulgar con claridad toda la información referente a la sociedad, no sólo acerca de las contribuciones caritativas.

-Existe un debate actual referente al impuesto sobre actividades no lucrativas.

-En mi opinión, no debería haber empresas no exentas de impuestos, lucrativas o no lucrativas. Déjeme extenderme en esto un poco, pues pienso que es un punto muy importante.

Para empezar, la distinción entre esas empresas que tienen derecho a la exención fiscal y aquellas que no tienen es puramente artificial. ¿Por qué una empresa que vende servicios recreativos no lo está? ¿Por qué está exenta una empresa que vende servicios educacionales y una que vende libros no lo está? Es absurdo.

Pero en segundo lugar, y mucho más importante, al tener instituciones libres de impuestos, se está creando un grupo que tiene un interés propio en promover el crecimiento del Gobierno. Las universidades y las iglesias no pagan impuestos. No les cuesta nada pedir impuestos más altos para el resto, así que su propio interés les lleva a favorecer un mayor control e intervención gubernamental.

Por ejemplo, se ha dado cuenta que todas las llamadas universidades privadas están a favor de un gasto mayor del Gobierno en ayudas escolares y becas, que, incidentalmente, son para las clases media y alta en general. Todas están a favor de que el Gobierno gaste más dinero en la educación superior, en cualquier tipo de educación.

Es comprensible. Estos costos los pagarán como individuos mediante sus impuestos indirectos, no a través de sus instituciones. Así que creo que el principio fundamental debería ser: ninguna exención fiscal para ningún tipo de institución.

El muro, otra vez

Cuando Maurice Blanchot publicó en 1964 sus reflexiones sobre «El nombre de Berlín», (publicado primero en italiano en «Il Menabo», N.º 1, Turín, 1964), la construcción y existencia de aquella fortaleza que llamábamos el «símbolo de la separación» (NR 2/90) era todavía muy reciente. Dos aspectos destacan en su artículo, y en la situación actual, después del 9 de noviembre del pasado año, me parecen dignos de ser recordados.

Para el crítico francés el muro es, más que un símbolo, un signo que designa -como todo signo- una ausencia: la ausencia del esplendor de la ciudad llena de vida de los tiempos anteriores a la división, es decir, la unidad. El muro es un signo que «logró concretizar abstractamente la división, hacerla visible y tangible». Y como «la abstracción es nuestro mundo, el mundo en que vivimos y pensamos día tras día», el muro como signo abstracto nos hizo posible el acceso al hecho concreto, la separación. Y, si vivimos en la abstracción, ésta sustituye lo que llamamos el «mundo concreto». Así, el muro sustituyó «la verdad sociológica de una situación»: El muro, el signo, se hizo la separación.

Recuerdo un cuento de niños que trata de dos amigos que, cada vez que surgía un conflicto entre ellos llenaban una botella con agua, se ponían a mirar durante un rato hacia la botella, hasta que estaban convencidos de que sus opiniones opuestas estaban sueltas en el agua, dentro de la botella, para tirarla en seguida al río que se la llevaba, y con ella llevaba también el conflicto.

¿Qué está pasando ahora que se está derrumbando el muro? Cuando desaparezca el signo que nos ha hecho conocer la separación, ¿no desaparecerá también la realidad designada? La realidad, si es que existe como tal, evoca los signos. Y si los signos desaparecen es que ya no hay qué o quién los evoque.

El segundo aspecto mencionado por Maurice Blanchot es el de la «existencia de dos lenguajes sin ningún contacto, dentro del mismo lenguaje», consecuencia de la separación por el muro. Cada cosa se define en un contexto de tiempo y lugar o espacio, y si éste es separado completamente, las cosas también se vuelven distintas. Los dos lenguajes separados por el muro parecen ser iguales, porque tienen la misma historia y el mismo aspecto, y sin embargo se han separado igual que los dos paisajes en que existían.

Ahora, que el muro se va, ¿volvemos a emplear el mismo lenguaje? ¿O es que sólo nos parece ser el mismo lenguaje, y en realidad son dos, y vivimos ese engaño, entendiéndonos mal continuamente?

La gran ilusión

Título: «El sueño de Einstein.»
Autor: Barry Parker.
Editorial: Cátedra, Madrid, 1990, 322 páginas.
Precio: 1.375 pesetas.


El libro presenta tres partes claramente diferenciadas. En la primera, se describe la teoría general de la relatividad y el macrocosmos. A continuación, se analiza el microcosmos, o sea, el mundo de las partículas. Finalmente, se estudian las recientes teorías sobre la unificación de campos. Precisamente, la gran ilusión de los físicos ha sido la de conseguir elaborar una teoría unitaria del Universo.

Hoy podemos afirmar que el sueño parece hacerse realidad, o, mejor dicho, que se hará realidad en una fecha no demasiado lejana. Una serie de teorías han aparecido, tales como la de la supergravedad, las supercuerdas, las teorías de gran unificación (TGUs) o la teoría de los Twistors. La supergravedad es capaz de predecir muchas de las partículas cuya existencia conocemos en estos momentos, como los quarks, pero predice otras que todavía no han sido observadas, como son los electrones y los winos. También las TGUs han conseguido, en los últimos años, determinados éxitos. Ahora cabe preguntarse: ¿cómo será el futuro?, ¿qué nuevos hechos experimentales podrán hacernos cambiar nuestra actual visión del Cosmos?, ¿se conseguirá, al fin, el gran sueño de una teoría unificada? Y de conseguirse, ¿cómo se llegará a esa teoría? Tal vez sea obra de una persona aislada, de un genio solitario. Se ha escrito que la verdad jamás ha salido de un congreso de científicos, que es obra del trabajo y del talento de un hombre solo.

Cuanto más complejo aparece el Universo, más resalta su inesperada armonía y su interna coherencia. Se muestra como evidente un orden y una unidad absolutamente inesperados. Y algunos físicos pretenden que esta unidad pueda extenderse a la propia vida. Y se especula con la posibilidad de que la vida se encuentre, de algún modo, vinculada a las constantes fundamentales del Universo.

Otro de los grandes acontecimientos que estamos viviendo y, cada vez con mayor intensidad, es el de la crisis del sentido común. El gran biólogo T. H. Huxley escribió que «la ciencia no es más que sentido común adiestrado y organizado». Hoy esta frase carece casi, por completo, de sentido. Las partículas subatómicas se rigen por modelos matemáticos y obedecen las leyes de una extraña lógica. En esos mundos, la intuición fracasa por completo. Las partículas se nos presentan con frecuencia como objetos fantasmales. Podríamos citar multitud de ejemplos. Por contar uno, nos referiremos a los neutrinos, que no poseen carga eléctrica y prescinden casi por completo de la materia sólida. Pueden pasar fácilmente a través de la Tierra y hasta atravesar una capa de plomo de varios años luz de espesor. Se encuentran muy próximos a ser la pura nada. Pero también en el fabuloso mundo de la Astrofísica, el sentido común parece no servir.

Naturalismo y técnica en la época de Carlos III

Título: «Difusión de la ciencia en la España Ilustrada.»
Autor: Juan Carrete Parrondo.
Editorial: C.S.I.C. Madrid, 1990, 396 páginas.
Precio: 8.000 pesetas.


Los Ilustrados españoles, como sus correspondientes europeos, sintieron un perceptible interés hacia todo lo que fueran intentos sistematizadores, clasificatorios, de las ciencias, de las artes y de las técnicas, en los albores de la revolución industrial. Es el tiempo de los naturalistas, botánicos, arquitectos, ingenieros, matemáticos y médicos, dispuestos a mostrar, con entusiasmo que hoy parece ingenuo, la seriedad, complicación y rigor de las ciencias en grados cada vez mayores de especialización. Se acabaron los tiempos de las Humanidades, las Bellas Artes y los conocimientos universales del hombre Renacentista.

Ciencia española en la Ilustración

Estas corrientes, impulsadas en España con particular pujanza en los tiempos del rey Carlos III, tuvieron muy notable auge a finales del siglo XVIII, aspecto muchas veces marginado, cuando no olvidado, por tratadistas e historiadores de la ciencia, dentro y fuera de nuestro país.

Obras como la publicada recientemente por el C. S. I. C., bajo la dirección de Juan Carrete Parrondo, suponen una muestra irrefutable de algo que tantas veces ha sido puesto en duda: en España hubo Ciencia y científicos, ingeniería y técnicos, arquitectura y obras hidráulicas, y la hubo en calidad comparable a la de cualquier otra nación europea. Aporta el encargado de la edición una amplia documentación gráfica, extraída de los grabados que se conservan en la Calcografía Nacional, heredera de la Real Calcografía, creada en 1789 por el conde de Floridablanca en la madrileña calle de Carretas.

Las láminas, de extraordinaria calidad y técnica precisa, permiten al curioso lector, incluso al no especializado, disponer de una historia de la ciencia ilustrada que abarca las manifestaciones más significativas de la época. Las láminas se agrupan de acuerdo con la materia a la que pertenecen, siguiendo el orden: Astronomía; Zoología; Botánica; Topografía; Arquitectura, e Ingeniería; Mecánica; Física; Química; Medicina y Anatomía.

El espíritu ilustrado

Naturalmente, los dibujos responden a los conocimientos de la época y las explicaciones también muestran el peculiar estilo propio de la Ilustración. Vistos los grabados con ojos de los años finales del siglo XX, llama la atención un artilugio, denominado por el artista «máquina para pulir piedras preciosas», compuesto de vástagos, ruedas, poleas y ejes, que sorprende por la sencillez, ingenio y valor pedagógico, puesto que sus piezas se disponen de modo que se distinguen contornos, posiciones y hasta la finalidad dentro del conjunto.

Mención aparte merece la parte dedicada a la colección de plantas dibujadas por el gran Cavanilles, con destino a su obra Hortus Regius matritensis con grabados de Tomás López Enguídanos, siguiendo la técnica del «cobre en agua dulce», verdadero tesoro para los aficionados a la botánica, puesto que son difícilmente superables, en claridad, rigor científico y sentido artístico.

Otro tanto ocurre con la serie de «Peces de los mares de España» («de ambos mares», según expresión de la época), dibujados con trazo magistral por Miguel Cros, con grabados de Juan Bautista Bru. Nuevamente denominaciones pintorescas, ingenuas, como la representación de «otro cabracho distinto», las «crías de lenguados de diferentes géneros» u «otra clase de salmonete».

Ciencias puras y técnicas aplicadas

Las ingenierías y las técnicas se encuentran ampliamente representadas en láminas donde alternan los esquemas y croquis de obras hidráulicas, en distintas fases de realización, con esclusas para dirigir el agua, canales y presas de retención, de formas y técnicas sorprendentes. Elementos geométricos, matemáticos, de física y química, acompañados por dibujos demostrativos de un estado rudimentario de estas ciencias, pero reveladores de unos métodos racionales, como se desprende de los diversos «aparatos e instrumentos para el análisis de las aguas» dibujados en viñetas que reproducen las fases de la operación.

La medicina y la anatomía cierran el volumen con series de láminas ilustrativas de las prácticas sobre fracturas de rótula, o escayolas, y abundantes dibujos sobre el esqueleto humano, con detalles de las partes fundamentales.

Un excelente repertorio gráfico, bien documentado y preciso, que permite reconstruir aspectos fundamentales de la ciencia española durante la Ilustración, pero que ofrece, además, varios cientos de dibujos que pueden ser considerados como auténticas obras de arte.

Beethoven y Mozart, grandes estrellas clásicas

Obras maestras de Mozart, El Mozart esencial

Varios intérpretes.
25 compact disc.
Deutsche Grammophon, 429 800-2 ADD.


Las circunstancias que rodearon las últimas horas en la vida de Mozart y la causa definitiva de su muerte siguen siendo un enigma. Aún se preguntan los estudiosos si el final de Mozart fue causado por una enfermedad o se trató de un crimen. Los casi 200 años transcurridos desde aquel 5 de diciembre de 1791 no han servido para esclarecerlo. La falta de datos sobre su vida cotidiana, la supuesta afición al juego de Mozart, su activa pertenencia a una logia masónica y la envidia suscitada por su genialidad entre algunos músicos contemporáneos son aspectos que envuelven el caso y que apoyan una u otra hipótesis. El hecho es que Mozart murió muy joven, a los 35 años, y al parecer tampoco excesivamente enfermo, aunque sí agobiado por las deudas que no alcanzaba a saldar nunca. Este era el precio que hubo de pagar al convertirse en uno de los primeros músicos libres de la historia, esto es, renunciando al trabajo seguro al servicio de algún aristócrata o autoridad eclesiástica, y en favor de un arte más personal e independiente. La penuria económica hizo que aceptara en sus últimos meses de vida el misterioso encargo de composición de una Misa de Réquiem, que no llegaría a terminar y que se convertiría en un presagio de su propio final.

El bicentenario de su muerte, que se conmemorará el próximo año, será motivo de multitud de monografías, ediciones especiales, publicaciones, festivales, conciertos, etc. Ya comienza a surgir de forma anticipada alguna de estas iniciativas: así, esta edición de Obras maestras de Mozart, o El Mozart esencial, en 25 discos compactos, uno de cuyos mayores atractivos se encuentra en el bajo precio. Se trata de grabaciones de catálogo reprocesadas por el sistema digital en las que intervienen importantes solistas y directores.

Como en toda amplia colección, encontramos discos más atractivos que otros, pero se trata de una selección cuidada, extraída de unos importantes fondos de catálogo, con buen sonido y calidad técnica. En suma, una buena colección para iniciarse en Mozart antes del aluvión del bicentenario.

Nueve Sinfonías

Ludwig van Beethoven.
Orchestre de la Société des Concerts du Conservatoire.
Carl Schuricht.
5 compact disc.
EMI-CZS 7 62910 2. MONO ADD.


El nombre de Carl Schuricht (1880-1967) ha sido casi olvidado entre los de la ilustre generación de grandes directores austro-alemanes nacidos en el último cuarto del siglo XIX (Furtwängler, Klemperer, Kleiber, Toscanini, Bruno Walter, Knappertsbusch, etc.). La razón estriba con toda probabilidad en que no ocupó nunca cargos musicales en los puestos más importantes. Calificado como director más bien clásico, en contraposición al aliento romántico de otros directores, sus versiones se distinguían por observar un mayor rigor y huir de la vehemencia y el apasionamiento.

El repertorio de Schuricht, por su amplitud, sedujo pronto al mundo musical. Abarcaba desde los autores barrocos y clásicos hasta los últimos románticos, y no solamente alemanes, ya que dedicó conciertos monográficos a autores como Grieg. Interpretaba con frecuencia a Bruckner, ya Mahler, y a otros menos habituales como Reger, Pfitzner o Delius. Dedicó gran atención, sobre todo en los primeros años de su carrera, a los compositores de su tiempo, como Strawinsky, Hindemith, Bartok y otros.

En los albores de la fonografía, desde los años veinte, grabó sus primeros discos con algunos conjuntos berlineses y repertorio clásico y romántico.

Nacido en Dantzig (la actual Gdansk) en julio de 1880, de padre constructor de órganos y de madre pianista y cantante de cierta reputación, encaminó su formación musical, en un principio, hacia la composición. Sus primeros maestros fueron Rudorff —que había sido alumno de Clara Schumann— y Humperdinck, autor de la célebre Hänsel y Gretel. Más tarde, continuó composición con Max Reger en Leipzig, y finalmente, se decidiría por la dirección, continuando sus estudios en Wiesbaden con Mannstädt.

Como otros muchos músicos se inició como director de coros y de pequeñas agrupaciones, hasta llegar en 1912 a Wiesbaden donde, con el cargo de Generalmusikdirektor, permaneció 32 años, hasta 1944.

No simpatizaba con el nazismo, y la tensa tolerancia de un principio, fue empeorando paulatinamente. En aquel periodo provocó en más de una ocasión al régimen del III Reich incluyendo en sus programas obras de autores prohibidos por la censura, como Prokofieff, Strawinsky o Mendelssohn. En sus actuaciones como director invitado de la Filarmónica de Berlín (1933-34) llevó a cabo numerosos estrenos, y dirigió como invitado a la Orquesta de la Radio de Frankfurt y la Filarmónica de Dresde, entre otras. Hasta que en 1944 abandonó todos sus cargos en Alemania y se instaló en Suiza bajo la protección de Ernest Ansermet.

A partir de entonces, llevó una carrera de intensa actividad como invitado con orquestas de Europa y Estados Unidos.

Hasta que decidió terminar su carrera profesional en 1965 tras su participación en el Festival de Salzburgo con un programa dedicado a Mozart. Dos años más tarde, con 87 años, moría en Suiza.

Esta reedición de las Nueve Sinfonías de Beethoven por Schuricht constituye un documento de gran valor, que recupera para el estudioso de hoy el placer de escuchar a una gran figura casi legendaria, y al tiempo un concepto singular en la interpretación de la música del genio de Bonn. Schuricht era la antítesis de la espectacularidad y, al igual que Klemperer, buscaba la mayor objetividad en sus versiones. Así, el Beethoven que aquí se escucha no es grandioso y monumental, sino directo, dinámico y especialmente cálido.