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El cambio en la TV

Decir que vivimos una época de profundos cambios resulta un lugar común. En ciencia, lo mismo que en política o en la vida social. Hace tan sólo un año, todavía existía el muro de Berlín. Los medios de comunicación social no podían permanecer ajenos a esta situación de cambio profundo.

Durante mucho tiempo, los estudiosos de la comunicación se han centrado, principalmente, en el estudio de los efectos de los medios, sobre todo la televisión, y en el papel cultural de los mismos. Basta citar los nombre de Halloran, Lasswell o Lazarsfeld. Pero he aquí que, a lo largo de la década de los ochenta, los medios se han convertido en uno de los sectores más dinámicos, por no decir más agresivos de la economía. Solamente en el sector audiovisual y en un espacio tan corto de tiempo, como es el que transcurre desde principios de 1988 hasta la mitad de 1989, se han realizado en Europa más de 100 operaciones de adquisición y fusión, que han representado un movimiento de capital de muchos miles de millones de pesetas.

En Europa, diversos grupos están tomando posiciones frente al mercado único europeo. Por ejemplo, el grupo alemán Bertelsmann, cuya principal actividad es la editorial, participa en la televisión como colaborador de la Compagnie Luxemburgoise de Television. Los grupos, Havas, francés, y Maxwell, inglés, cuyas actividades principales se centran, respectivamente, en los campos publicitario y editorial y en la prensa diaria, están participando en canales de televisión de otros países distintos de los suyos.

Es previsible que el mundo de la comunicación mantenga, en los próximos años, un crecimiento más rápido que la mayoría de otras actividades economicas.

Otro hecho a tener en cuenta es la presencia, en el sector de las comunicaciones, de empresarios relevantes en otros campos de la actividad económica. Tal es el caso de Bouygues o de grupos, como «General des Eaux», y «Lionnaise de Eaux». Esta presencia es debida a dos factores. En primer lugar, el atractivo que pueden ejercer los medios de comunicación ante cualquier financiero o empresario por el poder a que dan lugar. Y, por otra parte, a que, según muchos analistas económicos, es previsible que el mundo de la comunicación mantenga, en los próximos años, un crecimiento más rápido que la mayoría de otras actividades económicas.

El mundo de la publicidad está sufriendo, en consecuencia, profundos cambios. Una publicidad de un producto o de un servicio, a escala planetaria, asusta y preocupa a muchos. Por su parte, los profesionales de la publicidad hablan de la «libertad de expresión comercial» a la que comparan con la libertad de expresión sin otros calificativos. La nueva carta fundamental de Holanda, de 1981, ha excluido, de forma expresa, la publicidad comercial del artículo referido a la libertad de expresión. También, una posible regulación de la publicidad, a nivel de la Comunidad Europea está siendo considerada, aunque otros opinan que debe ser el mercado el que diga la última palabra.

La lucha por conseguir publicidad es, cada día, más acusada. Este año el mercado publicitario norteamericano asciende a 4.200 millones de dólares, a repartir entre ABC, NBC, CBS y Fox, la incipiente cadena de Murdoch. Los pronósticos establecen para ABC, 1.300 millones; para NBC, 1.500 millones; para CBS, 900 millones y 500 para Fox. Pero, la publicidad sólo se consigue con programas atractivos para la audiencia. En este sentido, la competencia es también feroz. Por ejemplo, Televisión Española que tenía la exclusiva del partido España-Corea del Mundial de Fútbol, consiguió que más de catorce millones de personas vieran este partido. En cambio, Tele 5 se había hecho con la exclusiva de las últimas actuaciones de los Rolling Stones en España, por lo que TVE ignoró informativamente la presencia de este conjunto.

En Inglaterra, el informe Calcutt ha levantado una encendida polémica. Mientras unos lo defienden, porque pretende garantizar, con mayor eficacia, el derecho a la intimidad, otros advierten de sus posibles peligros, porque podrían mermar, en algún sentido, la libertad de expresión. Así, el Financial Times escribe: «Las leyes propuestas marcarían una clara ruptura con el pasado y con una tradición británica, según la cual los periodistas no tienen más derechos que los demás ciudadanos… pero tampoco menos».

Observatorio. Septiembre 1990

EL HUMOR DE MENEM

El golpismo es una práctica tan metida en la piel de la vida política latinoamericana, que la historia suele interpretarse a veces sólo en clave militar, a base de golpes y derrocamientos. Así, Carlos Menem, el presidente argentino, en conversación con un grupo de periodistas españoles, resaltaba la necesidad de esforzarse, como ha hecho España, para salir de la crisis.

-Y España -comenta Menem- lo ha hecho en muy poco tiempo. Porque, a ver ¿cuándo cayó Franco?

Un coro de sonrisas comprensivas rodea al mandatario, al que se le recuerda que el general Franco no cayó, sino que murió en la cama.

-Bueno, es una forma de caer ¿no? -replica Menem en medio de una carcajada general, a la que el presidente, un hombre con sentido del humor y talante muy cordial, aunque sean proverbiales sus cambios de criterio, se suma también.

Sobre esta faceta de su personalidad, se cuenta en Argentina un chiste del que es protagonista el Menem gobernador de la provincia de la Rioja: un perro «dóberman» muerde un día al gobernador que, enfurecido, ordena que todos los «dóberman» sean sacrificados. Los perros salen huyendo en desbandada general hasta el límite de la provincia. Sorprendentemente, entre los perros corre también un gato blanco de Angora. Uno de los «dóberman» le pregunta:

-Pero tú, ¿qué haces aquí? La orden del gobernador es sólo para los perros…

-Sí -replica el gato-. Pero dados los cambios de criterio de Menem…

EL HUBBLE

El telescopio espacial Hubble ha nacido deforme. Superadas las primeras dificultades, lógicas en cualquier proyecto de tamaña envergadura, se ha identificado el motivo por el que hasta hoy no ha sido posible enfocar con claridad el telescopio. El problema radica en los espejos pulidos bajo control por ordenador. Se ha descubierto que el programa usado para el pulido de éstos tenía un error en el signo de una expresión matemática. Lo verdaderamente grave, sin embargo, es que no se haya detectado a tiempo de corregirse. Todo apunta a fallos en la dirección del proyecto que no llevó a cabo las pruebas necesarias para la comprobación óptica del telescopio cuando aún estaba en tierra.

Se están intentando todo tipo de soluciones; a corto plazo parece no existir ningún buen remedio, a medio plazo, sin embargo, se tratará de compensar el defecto del telescopio con la incorporación de correctores ópticos adecuados en la futura generación de instrumentos que se está construyendo ahora, y que serán llevados hasta el telescopio en unos 3 o 4 años. (También estas fechas se están tratando de acortar). Entretanto, y afortunadamente, el telescopio espacial Hubble aunque mutilado, aún superará en prestaciones a los grandes telescopios hoy día existentes sobre tierra firme.

Una investigación rigurosa de las causas deberá, sin duda, llevarse a cabo. La comunidad científica necesita explicaciones por parte de las grandes agencias (NASA en este caso) a quienes se les ha encomendado la gestión de estos grandes proyectos.

CLAVE PARA DETERMINAR LA LETRA DEL NIF

El NIF (Número de Identificación Fiscal) se compone del número del DNI seguido de una letra que actúa de factor de coherencia. Ello significa que a cada número del DNI le corresponde una única letra, de modo que si se comete un error al proporcionar el número del NIF, al no corresponderse con la letra correcta, este error queda inmediatamente detectado.

La operación aritmética a partir de la cual se determina la letra que corresponde a cada número del DNI y que, lógicamente, la Hacienda Pública mantiene en secreto es:

N.º del DNI

= x,yzr

Se desprecian los decimales (yzr) (no se redondea)

x · 23 = y

y – N.º del DNI = z

Según el valor de z prescindiendo del signo negativo se obtiene la letra del NIF de acuerdo con la siguiente clave:

0 T, 1 R, 2 W, 3 A, 4 G, 5 P, 9 D, 10 X, 11 B, 12 N, 13 16 Q, 17 V, 18 H, 19 L, 20 C, 21

Ejemplo

¿Qué letra corresponde al DNI, n.º 11.111.111?

= 483.091,78

11.111.111

483.091.23 11.111.093 11.111.093-11.111.111=-18 La letra es H, correspondiente al número 18. M, 6 Y, 7 = F, 8 J, 14 = Z, 15 = S, K, 22 = Ε.

LA LUCHA CONTRA LA DROGA

En un plazo de dos semanas dos países andinos (Colombia y Perú) han cambiado de presidente. Cambio en la continuidad para el caso colombiano en el que César Gaviria deberá seguir la misma política que su antecesor, el también liberal Virgilio Barco -de quien fue ministro de Economía y cambio a secas, sin adjetivos ni aditivos, el que protagonizará Alberto Fujimori, el «enigma japonés» que ganó a Vargas Llosa la elección, sin programa ni equipo visibles.

Los dos países concentran el potencial más importante del narcotráfico en América Latina. Perú es el principal productor de hoja de coca (un 70 por 100 de la producción mundial) y de «pasta base». Colombia es el principal refinador y distribuidor de cocaína. Cualquier política de lucha contra la droga debe, pues, tener muy en cuenta a estos dos países cuya estabilidad política es menos que precaria.

Será con los nuevos presidentes y con sus colaboradores con quienes deberá entenderse la Administración norteamericana a partir de ahora si desea mantener -y, sobre todo, mejorar la lucha contra el tráfico de estupefacientes. Con los presidentes Virgilio Barco y Alan García, el trato con los norteamericanos no fue en absoluto fácil, aunque justo es reconocer que en el presidente colombiano tuvo Bush un amigo y colaborador entusiasta, mientras que García fue, en el mejor de los casos, reticente. Ni siquiera en la importante reunión de Cartagena de Indias (Colombia) entre los jefes de Estado de los países «productores» (Perú, Bolivia, Colombia) y Estados Unidos pudieron superarse las desconfianzas mutuas y, de hecho, la lucha contra la droga en territorio peruano ha seguido un ritmo errático.

Con el relevo al más alto nivel en Colombia y Perú, la lucha contra el narcotráfico debería entrar en una nueva fase. Eso esperan al menos los responsables de la DEA (Agencia de lucha contra la droga de Estados Unidos) y el Departamento de Estado. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo.

En principio, el nuevo presidente colombiano ha sido claro sobre cuál será su política contra la droga. Podría sintetizarse en cuatro puntos:

-Involucración de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la producción, el refino y el tráfico. Lo que equivale a decir: beligerancia contra las mafias del narcotráfico y sus terminales (producción y transformación).

-Mantenimiento de la tensión represiva contra las mafias y sus sicarios sin eventuales transacciones o negociaciones secretas. «La fuerza de la ley debe caer sobre estos criminales» fue la respuesta tajante de Gaviria a una pregunta sobre una eventual negociación. Y añadió: «no aceptaremos siquiera la figura del arrepentido».

César Gaviria

-Modernización policial y protección a los jueces para evitar la impunidad y el chantaje.

-Utilización de la extradición de los «capos» a Estados Unidos con gran moderación. «Esta es una cuestión que divide a los colombianos -declaró también Gaviria- y que debe ser cuidadosamente sopesada. Por lo demás, la extradición a Estados Unidos no es la única forma de luchar contra el narcotráfico».

Es obvio que este último punto no alborozará a la Administración americana para quien el narcotráfico es una cuestión interna y no de política exterior. Pero siempre que la nueva estrategia de Gaviria dé resultados (lo que resulta a estas alturas más que dudoso) en Washington se aceptará.

Aunque cualquier previsión sobre el rumbo que tomará la gobernación de Alberto Fujimori en Perú resulta, como mínimo, arriesgada, todo indica que el nuevo presidente carece de un plan coherente para luchar contra la producción de hoja de coca y su conversión en «pasta básica». Durante su campaña electoral y posteriormente, Fujimori ha hecho declaraciones genéricas como «si no ayudamos al campesino cultivador de coca -y para eso necesitamos apoyo internacional- la miseria y el hambre lo seguirán empujando a ese negocio». El nuevo presidente peruano se opone radicalmente a la utilización de herbicidas (como el terrible «Spike») para acabar con la hoja mágica. Sólo la promoción campesina, y el fin de la represión contra quienes «no tienen más remedio» que vivir de la coca, puede resolver el problema a medio plazo. Cualquier operación de shock complicaría terriblemente las cosas. Por otra parte, la caótica economía peruana sufre de adicción a la droga. O dicho en otras palabras, el dinero de la droga es hoy imprescindible para que el país no caiga definitivamente en la crisis total. Prescindir de golpe de esta saneada fuente de ingresos -y, sobre todo, de divisas- resulta, hoy por hoy, un tanto quimérico.

Hasta el momento, la Administración norteamericana encontró en Bolivia y en su presidente Paz Zamora, el mejor interlocutor y colaborador para la lucha contra el narcotráfico. Ante los nuevos presidentes de Colombia y Perú se abren no pocos interrogantes. Uno y otro piden, además de comprensión y buenas palabras, dinero, recursos técnicos y apoyo financiero para llevar adelante sus proyectos. En el caso de Colombia, la economía funciona a todo gas pese al narcotráfico (4,5 por 100 de crecimiento anual) o, tal vez, gracias a él. En el caso peruano, la situación es de extrema gravedad y el «impasse» representado por el triunfo de Fujimori no ha servido para arreglar las cosas. Todo apunta a que Estados Unidos tendrá que elaborar nuevos planes -a poder ser de carácter civil- para afrontar los desafíos derivados por el cambio de guardia en la cúpula de los países andinos.

Observatorio

EL GRECO VUELVE A CRETA

Veintiún lienzos de «El Greco» se exhibirán a partir del primero de septiembre en la basílica de San Marcos de Heraklion, capital de la isla de Creta, patria del gran pintor. La gran exposición del pintor afincado en Toledo, ha costado varios cientos de millones de pesetas y contó con la colaboración de los Ministerios de Educación, Cultura y Exteriores de España, así como del Museo del Prado.

Al tiempo que en Heraklion se celebra esta exposición, en Atenas se presentará el tercer volumen de la gran obra sobre Domenico Theotocopulos titulada El Greco y España, también subvencionado por el Estado español y publicado en lengua griega, como los anteriores.

Exposición y libro constituyen un primer paso en un proyecto más amplio de cooperación cultural entre los dos países. Grecia había sido olvidada como país receptor de la cooperación cultural española.

LA PENA DE MUERTE

Amnistía Internacional, a través de Ediciones Cúbicas, acaba de publicar bajo el título Por un mundo sin ejecuciones, un fascículo de 60 páginas que recoge una serie de comentarios sobre el tema, acompañados de un cuadro alusivo donado por las más prestigiosas firmas de la pintura española actual. Tanto la calidad de las reproducciones, en color, como los textos y la cuidada edición, contribuyen a resaltar la gravedad de la pena de muerte y el rechazo que recibe hoy en las naciones civilizadas. Un libro que hará reflexionar sobre las torturas y penas de muerte en los regímenes que las sustentan.

ELECCIONES ANDALUZAS

El electorado de Andalucía ha sancionado la corrupción, ignorando la oportunidad de castigar electoralmente al PSOE. El voto del centro-derecha se ha estancado por medio de la abstención. Una pésima campaña y una cierta desorientación del PP, ha determinado que el «proyecto Aznar» no haya sido capaz de movilizar al electorado ilustrado de las ciudades, donde la abstención ha sido más abultada.

LIBRE CIRCULACION DE TRABAJADORES

Se calcula que hay unos 300 mil trabajadores del Magreb empleados en España en el sector de la construcción; en Andalucía, trabajadores temporeros marroquíes realizan, cada vez más ampliamente, las labores de recolección de la aceituna. La libertad de contratación es la base de la economía liberal. Lo que habrá que determinar es si es congruente con la economía de mercado y con los intereses de los contribuyentes, la política asistencial socialista que tiene como efecto trasladar a los trabajadores andaluces de los campos a las tabernas.

ETICA AMBIENTAL

Mijail Gorbachov ha declarado ante el «Fórum Global» de líderes parlamentarios y religiosos celebrado en Moscú, que las Naciones Unidas deberían preparar un código internacional de ética ambiental; este código sería un instrumento básico para promover el uso racional de los recursos y una conservación global en la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo prevista para 1992 en Brasil.

Las setas

Título: Setas (hongos): Guía ilustrada.
Autor: Francisco de Diego Calonge.
Editorial: Ediciones Mundi-Prensa. Madrid, 1990.
Precio: 3.500 pesetas.


Desde hace bastante tiempo se viene percibiendo en nuestro país un progresivo aumento del interés de la gente por nuestras riquezas naturales. Los que hace años nos veíamos comprometidos al tener que recomendar a nuestros alumnos obras referentes a estos temas (escritas en español, único idioma que podían leer la mayor parte de ellos), cuando en otros países europeos eran ya muy abundantes, nos encontramos sorprendidos, y al mismo tiempo satisfechos, por la abundancia de libros de esta clase.

Por razones climáticas y culturales, la mayor solera micológica reside, principalmente, en dos comunidades autónomas españolas: Cataluña y el País Vasco, donde abundan las sociedades de aficionados a las setas, integradas por buenos conocedores de ellas. A ello contribuye que, por su especial climatología, estas regiones presenten una riqueza específica bastante superior a otras de nuestro país. Sin embargo, al incrementarse la curiosidad por el conocimiento de los vegetales, en regiones hasta ahora de poca tradición micológica se van formando grupos interesados por esta apasionante especialidad botánica.

No obstante, esta afición, aparentemente inocente, presenta sus riesgos, al existir algunas especies con aspecto atractivo pero enormemente peligrosas por su elevada toxicidad. Por ello, es fundamental el conocimiento de los hongos y familiarizarse con ellos y, para ello, nada mejor que disponer de una guía que ilustre al usuario sobre las características de los mismos.

Del libro que comentamos aparece ahora una segunda edición notablemente mejorada que comprende 252 setas de las más frecuentes en la Península Ibérica. De todas ellas se presenta una buena fotografía en color, que no sería suficiente, como elemento diagnóstico, si no fuese acompañada de una descripción de caracteres macroscópicos y algunos microscópicos, datos ecológicos, distribución en España y algunas observaciones y consejos culinarios que agradecerán, sin duda, los aficionados a la gastronomía micológica. Se acompañan, también, además del nombre científico del hongo, los nombres vulgares en castellano, catalán y euskera.

El autor, Francisco de Diego, posee una larga experiencia como investigador que ha trabajado toda su vida en esta rama amable del saber. Por ello, sus extensos conocimientos avalan la utilidad de esta obra que en el otoño, la época más propicia para la aparición de las setas, deberán consultar cuidadosamente las personas que deseen ampliar sus conocimientos en esta rama del saber, evitando, al mismo tiempo, sufrir peligrosas intoxicaciones.

Hacia la educación integradora

Título: «Ética del quehacer educativo».
Autor: Carlos Cardona.
Editorial: Rialp. Madrid., 1990. 179 páginas.
Precio: 950 pesetas.


El hombre, como ser humano completo, necesita recibir una educación que le permita adquirir plenamente su capacidad de ser persona. Se trata de un largo proceso que se inicia con el nacimiento y se prolonga hasta el final de la vida. Nadie duda de la importancia de ese proceso, especialmente en las fases de infancia, adolescencia y juventud. Por tanto, parece importante estudiar cuáles son los contenidos de la educación, el sistema utilizado, los criterios generales de los educadores y los principios que los inspiran. Este es el propósito del filósofo, doctor Cardona, en su obra Etica del quehacer educativo, en el que somete a examen el enfoque general del problema, partiendo de la realidad presente, para luego exponer, a través de preguntas y respuestas, algunas conclusiones válidas en el intento de ofrecer elementos racionales sobre la cuestión.

Sentido unitario de la persona humana

El autor fija su posición en torno al concepto que tiene del individuo, al que llama «sujeto receptor» en ese proceso educativo: «Sujeto receptor, que es la persona que debe ser educada», destinataria de los conocimientos. Y esa persona es, para él, «radicalmente unitaria». Sobre algo tan obvio, de sentido común, va a girar el fundamento del análisis posterior. En efecto, si la persona humana -hombre o mujer- es radicalmente unitaria, necesita de acuerdo con su naturaleza recibir los conocimientos de forma integradora, coherente y no dispersa, unitaria y no fragmentada en compartimentos estanco.

Es decir, todo lo contrario de como se lleva a cabo hoy la tarea educadora, caracterizada por la especialización de los conocimientos científicos en parcelas aisladas, buscando la eficacia y el rendimiento inmediato antes que la formación global de la persona. Las consecuencias de este planteamiento educativo erróneo son éstas: la persona, ante la fragmentación inconexa de enseñanzas a la que habitualmente es sometida, se desorienta y paraliza intelectualmente, primero y prácticamente, después.

Una ética para educadores

Ante el fenómeno generalizado de la educación fragmentaria que produce en la persona unitaria que es el ser humano los efectos negativos expuestos, parecería razonable proponer un sistema integrador de los conocimientos. Sí, pero ¿cuál sería ese sistema? ¿Cómo lograr una visión orgánica y coherente de todo aquello que constituye el contenido de la educación?

Según el autor, el único modo radical y definitivamente válido para conseguir superar la fragmentación del proceso educativo sería «la recuperación de la metafísica, del saber del ser y acerca del ser: de su consistencia, de su origen, de su fin».

Dentro del panorama abiertamente antimetafísico que caracteriza el pensamiento moderno, el profesor Cardona reconoce que la tarea propuesta -considerada indispensable- no será fácil de llevar a la práctica: el daño es muy profundo y el filósofo debe ser realista. Ante la urgencia del problema, que no admite la demora, se propone ofrecer soluciones inmediatas. ¿Cuáles serían éstas? El desplazamiento de los fundamentos de la actividad educativa hacia el ámbito de la ética. Así, recomienda a los educadores -pero a todos, padres, maestros, profesores- que en su labor y dadas las circunstancias de la vida presente, no pueden «perder de vista que su meta es formar hombres íntegros, personas, restituyendo a la norma ética su primacía». Porque -continúa el autor- la actitud ética es la primera condición requerida para el buen conocer, y, por tanto, para el mismo conocimiento sapiencial integrador.

Esta preocupación, que late a lo largo del denso y elaborado trabajo del profesor Carlos Cardona, se resuelve finalmente en la exposición de una ética fundamental «ontológica y no puramente descriptiva en perfecta continuidad con la ética espontánea de la recta conciencia», y pensada en función de la libertad de la persona, rectamente entendida.

Pese a la precisión en el lenguaje y a la dificultad de ciertos conceptos filosóficos, Calos Cardona consigue exponer su tesis con meridiana claridad, mostrando las raíces del problema que tanto preocupa —con toda razón— a los teóricos de la educación, obcecados en conseguir soluciones «técnicas», parciales y sectoriales, en lugar de buscar la visión integradora de los conocimientos que van a coincidir en la personalidad, única e irrepetible, del sujeto receptor.

Responsabilidad de los educadores

Los diálogos, que constituyen la forma práctica de exponer sus teorías, permiten al autor sentar las bases de una ética especialmente concebida para educadores, desde los padres de familia, con derecho-deber de ser los primeros, frente al Estado y cualquier otra institución, pasando por los profesionales de la enseñanza.

Gran lucidez muestran las respuestas dadas a las preguntas sobre el modo de concebir la libertad. Los educadores adquieren la responsabilidad de hacerles comprender a los receptores el ámbito de la libertad verdadera, hecha de actitud generosa de servicio a los demás, fuera del egoísta: soy libre cuando hago lo que me da la gana. Esa no es la libertad, sino el descenso a lo no-racional, es decir, la animalización, la cesión a las apetencias, a los instintos.

El autor ha conseguido sintetizar, no un conjunto de fórmulas «eficaces», sino un amplio panorama de principios y actitudes basadas en la ética espontánea de la recta conciencia, con sólido anclaje en el sentido común.

Elliot y Olivares

Título: «El Conde Duque de Olivares. El político en una época de decadencia.»
Autor: John H. Elliot. Traducción de Teófilo de Lozoya.
Editorial: Crítica, Madrid, 1990, 714 páginas.
Precio: 4.980 pesetas.


Si el nombre de Elliot era ya familiar a muchos como entusiasta de la causa española en los estudios del siglo XVI-XVII europeo y autor de importantes ensayos (Imperial Spain. 1469-1716 (1963); Europe divided. 1559-1598 (1968); The Revolt of the Catalans (1963); Memoriales y cartas del Conde Duque de Olivares (1978-1980); A Palace for a King (1980); Richelieu and Olivares (1984)), la presentación de la versión española de su monumental biografía del Conde Duque de Olivares (1986) le ha valido un reciente homenaje como máxima figura del hispanismo internacional.

Culminan en este libro todos los anteriores y muchos años de larga documentación sobre el personaje. Elliot cuenta en los preliminares su estupor ante la negligencia y la poca generosidad con que la Historia ha tratado al que estuvo durante más de 20 años al mando de una España todavía predominante en el mundo, y el olvido de una figura tan imponente hasta que Cánovas del Castillo lo rescató del montón de condenas y de calumnias que lo habían sepultado tras su caída en 1643. Reconoce también el mérito fundamental de Gregorio Marañón en la recuperación histórica de Olivares, mediante su ya clásico ensayo sobre la personalidad del Conde Duque. Faltaba, sin embargo, una biografía política que presentase al personaje en el escenario nacional e internacional de su tiempo: Elliot subtitula su enorme estudio «El político en una época de decadencia» y emprende un análisis de su mandato que apunta siempre a las intenciones de Olivares, por lo que tienen de reveladoras sobre los problemas del poder y la política del siglo XVII europeo.

El libro se basa preferentemente en fuentes manuscritas de numerosos archivos españoles y extranjeros. Junto a los testimonios de los cronistas de la época y de los embajadores en la corte de Felipe IV, especial atención se presta a los escritos del propio Olivares. A partir de aquí, Elliot pasa revista a las grandes líneas de un proyecto de renovación nacional, acompañando, en cada caso, la exposición de los intentos de reforma con el examen de las causas que determinaron su fracaso. Del mismo modo, la prioridad otorgada por Olivares a la política exterior se corresponde con un minucioso análisis del desarrollo de los asuntos españoles fuera de la Península Ibérica. Elliot se mueve con lucidez en los distintos focos de conflicto, sobre un complejo panorama de guerras europeas contemporáneas que la didáctica histórica ha agrupado con la etiqueta de los Treinta Años.

El retrato del Conde Duque supera los límites de la actividad política mediante el interés por otros aspectos de la vida del personaje. Así, el autor subraya con particular insistencia la filiación intelectual de Olivares, sus amplias lecturas y su gusto por la compañía de hombres cultos. Frente a la imagen del tirano tosco que Marañón también combatió, aparece en estas páginas dibujado con trazo firme el protector de las letras que forma en torno de sí un círculo de adeptos a su causa, una familia intelectual que en diálogo con los clásicos discute los problemas de la política moderna: Alamos de Barrientos, el Conde de la Roca, Baltasar de Zúñiga, Virgilio Malvezzi, Francisco de Quevedo… Elliot reúne datos preciosos para los estudios literarios del siglo XVII español y sus correlaciones europeas, al advertir en la «Academia» de Olivares el parentesco de una generación antimaquiavélica, lectora de Séneca y de Tácito a través de Justo Lipsio, su editor moderno y padre del neoestoicismo europeo.

A la hora de hacer balance de su carrera, destaca el biógrafo lo estimable de su programa de reformas: frente a la escasa o nula previsión frecuente hasta entonces -y tantas veces luego-, estamos ante el primer político que piensa en términos globales. ¿Cómo se explica entonces tan estrepitoso fracaso? Si bien es cierto que las circunstancias le fueron adversas, Elliot atribuye una parte de las causas a sus insuficiencias como gobernante. A pesar de su enorme capacidad de trabajo, Olivares da con frecuencia la impresión de luchar contra lo imposible; junto a la conciencia de lo prioritario, revela una ingenuidad de fondo, como si no advirtiera el alcance y la complejidad de sus proyectos o decisiones: lo que puede implicar, por ejemplo, un bloqueo económico, o el despliegue de tropas y flotas en grandes espacios y poco tiempo. Peca, en fin, de falta de habilidad política en el tratamiento de algunos problemas como el grave levantamiento de Cataluña en 1640, capítulo en el que tanto Marañón como Elliot lo culpan de haber querido imponer a las regiones el modelo castellano como obligación.

No resulta, con todo, negativa la semblanza del valido de Felipe IV, sino que la lectura contagia la simpatía del historiador por el personaje. No por haber caído en desgracia se le debe negar su excepcional dimensión histórica. Elliot le hace justicia en los estudios del Siglo de Oro con una obra fundamental.

El teatro es cosa clásica

Hay que resignarse a concebir el teatro como un arte selectivo. Posiblemente lo haya sido toda manifestación artística (o estética), y no haya razón para reclamar para el teatro un pedestal más amplio que sea, a la vez, más alto. Lo que ocurre es que habitualmente se conjugan dos nociones contiguas, pero no idénticas: la condición de espectáculo que recae sobre determinadas clases de actividad artística, generalmente, aquéllas que requieren un escenario. No todo lo que tiene categoría y en muchos casos calidad de espectáculo puede ser clasificado como arte. Por ejemplo, no lo son los espectáculos deportivos. Tampoco todas las actividades artísticas reúnen la condición de espectáculo: por ejemplo, las exposiciones de pintura o escultura. Pero en la tradición literaria y cara al público, el teatro retuvo durante mucho tiempo el privilegio de ser un espectáculo artístico casi exclusivo. El arte de la escenificación teatral no tenía competencia, prácticamente, hasta el siglo XX. La danza y la ópera tenían una función más minoritaria y selectiva.

El cine, la industria del vídeo y la popularización de los espectáculos deportivos han contribuido a arrebatar ese privilegio. Por esta razón el teatro ha quedado arrinconado tanto en su condición de espectáculo como en la de vehículo de expresividad estética, y, más concretamente, literaria. Cuando ya se viene de vuelta del impulso de la modernidad, tiene poca utilidad concebir la actividad literaria, sea o no teatral, como una búsqueda experimental de nuevos modos de expresión. La expansión del postmodernismo significa, en el ámbito literario, la toma de conciencia de que ya es inútil intentar encontrar un valor expresivo en la novedad por el mero hecho de ser nueva. La vía experimental ya ha agotado sus senderos. Estamos en el ciclo del retorno, de la mirada hacia lo clásico, y de la administración de las formas ya experimentadas. Seguir buscando cuando se ha franqueado el horizonte de la búsqueda tiene poco sentido.

Un arte clásico

Con seguridad ésta es la razón por la que se extiende el sentimiento de que el teatro —como probablemente también la ópera— es una forma clásica del arte escenográfico, de contenido preferentemente literario —cosa que no es el cine, donde la palabra no suele conservar su función ornamental— y escénicamente formal y limitado —cosa en la que también se distingue del cine. Tales son las condiciones ambientales y de predisposición psicológica del espectador aficionado, al cual ya poco puede decirle el afán de novedad, o la intención de sorprenderle mediante el recurso a procedimientos inhabituales, o la mezcla experimental de pretensiones literarias y aficiones populistas. Lo importante no es, pues, la mezcla, ni el afán de sorpresa y novedad, ni la simbiosis de elementos discontinuos. A estas alturas lo importante es la obra bien hecha, el texto bien expresado, la coreografía estudiada y definida, el movimiento, la dicción de los personajes, en fin, la dirección, más o menos ascética o ampulosa del conjunto, y, por supuesto, la coordinada mesura de los elementos expresivos en juego. El mundo ya está de vuelta del valor de las fórmulas. La expresión corporal tiene sus límites. La ascética teatral puede ser tan útil y eficaz como la ampulosidad o el experimento.

Así, pues, no es que se imponga el clasicismo, sino que el teatro es ya un espectáculo artístico clásico. También lo nuevo se resuelve, en la imaginación creadora, conforme a patrones clásicos, incluso en los ejemplos en que puede hablarse de teatro moderno o experimental. Degustando las últimas manifestaciones teatrales del fin de temporada en la escena madrileña hubo oportunidad de comprobar cómo el paso del tiempo, 25 años para ser más exactos, ha contribuido a convertir en una manifestación clásica, literaria-mática en sí misma es ya clásica, lo que originalmente se concibió como un instrumento de novedad, experimentalismo y provocación de las conciencias. En la II Muestra de Teatro Madrileño volvió a comparecer ante el aficionado público, Ángel Facio, uno de los principales impulsores del «teatro independiente» durante el decenio de los sesenta, y director del antaño bien conocido grupo de Los Goliardos. Entonces la provocación experimental consistía en representar las obras del iconoclasta Arrabal, hoy convertidos ya, sus «arquitectos» y «emperadores asirios» o sus «ceremoniales para negros», asesinados o no, en auténticas piezas de museo. Y no es preciso interpretar lo de «pieza de museo» de modo despectivo, sino al modo que ha quedado antes expuesto y que retiene un valor específico: el sabor clásico se degusta en museos o se transmite y comunica mediante técnicas de conservación. Cuando Los Goliardos estaban en el vértice de su actividad, coincidiendo con el mayo del 68, Sartre conservaba todavía la frescura de servir de aliento al movimiento universitario. Casi un cuarto de siglo después, la puesta en escena de A puerta cerrada no resulta menos tradicional que una representación de Ibsen o de Anouilh. Fue Sartre, tal vez en homenaje a lo que el filósofo dramaturgo pudo representar entonces, lo que Facio presentó ahora en la II Muestra de Teatro Madrileño que se celebró durante el mes de junio en los teatros Albéniz, Olimpia y Centro Cultural Galileo.

Aciertos y fracasos

La escenificación del teatro clásico supone un problema para la concepción del espectáculo teatral. Tal vez la idea subyacente que el director no deba perder de vista es ésa que he venido defendiendo: no perder la sensación de que, bien clásico en el sentido dorado de la expresión, bien modernista o experimental, toda la actividad dramática en sí misma es ya clásica, al menos mientras conserve una intencionalidad literaria, que suele ser lo habitual.

El hecho es que el espectáculo teatral se sostiene, al menos, en España gracias al patrocinio público. No es algo que deba censurarse ni siquiera compartiendo un purismo liberal, porque la conservación del patrimonio cultural y estético no podría probablemente asegurarse sin regular de algún modo las competencias del mercado. Lo que vale para los inmuebles urbanos ¿por qué no habría de valer para las obras del espíritu?

Pero, puestos a la faena, hay que tener una idea clara y coherente del modo y las formas. En Madrid, el Ministerio de Cultura, la Comunidad y el Ayuntamiento contribuyeron durante la pasada temporada como lo harán en la que empieza ahora de manera desigual, con aciertos, más o menos felices, y con fracasos no disimulables. La distribución de aciertos y fracasos coincide, precisamente —y eso es lo que interesa puntualizar—, con la adecuación del concepto escenográfico de la representación a un criterio clásico o a un afán de modernista espectacularidad. Incluso piezas del recientemente fallecido dramaturgo francés Bernard-Marie Koltés, cuya obra es testimonio de un teatro que hace dos o tres decenios se hubiera considerado «vanguardista» —hoy esa expresión ha dejado de tener sentido—, superaron la prueba porque Miguel Narros concibió coherentemente en Combate de negros y perros, la adecuación de la escenificación a sus posibilidades literarias. Guillermo Heras también salió airoso con más dificultad en la representación de otra obra de Koltés, En la soledad de los campos de algodón. Otras representaciones, como la de El vergonzoso en palacio y Las mocedades del Cid, más exigente la primera y más aligerada la segunda, dejaron impronta de cómo el teatro clásico puede ser modernamente representado para mostrar que la actividad teatral es una experiencia uniforme y común.

Posiblemente el fracaso de La Orestíada, a pesar del despliegue de medios, se debió a que ni el autor de la versión, Álvaro del Amo, ni el director escénico, José Carlos Plaza, guardaron las debidas proporciones entre el concepto de teatro y el de espectáculo literario. La iniciativa de llevar ante el público de Atocha, en un solar de la Ronda, ocupado por un edificio ruinoso hasta que se decidió instalar allí un centro de teatro nacional, nada menos que una versión innovadora de La Orestíada de Esquilo, quedó en un deshilvanado intento de compaginar lo literario con lo popular, lo trágico con lo vistoso, lo trascendente con lo pretencioso, lo innovador con lo deformador. La simbiosis entre el arte dramático y el rock requeriría de un talento que no queda al alcance de la mera intención de deslumbrar al vecindario o atraer al público a base de números desvirtuados.

El mundo fantástico de Thomas Burnett Swann

No sé si todo el mundo conoce a Richard Dadd. Es uno de mis pintores favoritos. Vivió en Inglaterra, durante el período victoriano (1817-1886). Se pasó la vida internado en hospitales psiquiátricos. Su obra se reparte entre cuadros orientalistas, algún retrato delirante y, sobre todo, los lienzos dedicados a la «gente pequeña». ¿Y quiénes son la «gente pequeña»? Pues toda esa variopinta gama de hadas, elfos, duendes y geniecillos nocturnos que habita desde siempre en los bosques de Europa y, especialmente, en los británicos, la deliciosa fauna feérica que retratara Shakespeare en su comedia El sueño de una noche de verano (tan espléndidamente interpretada en imágenes por Füssli, otro de los pintores que prefiero). Un pueblo que el floklore céltico, desde sus orígenes más remotos hasta autores como Arthur Machen y J. R. R. Tolkien, se ha encargado de hacer famoso. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Oberón y Titania -los soberanos del bosque-, del simpático y travieso Puck y del sinfín de hadas aladas y sucintamente vestidas que alegran la noche silvestre con su aérea elegancia hecha de sueño arcaico? Parte de la frenética actividad de tan maravillosos personajes aparece reflejada en las pinturas de Dadd. Pueden admirarse algunas de las más célebres en la Tate Gallery de Londres. Muchos de los bocetos y dibujos previos a los lienzos se encuentran en los manicomios donde residiera el pintor, el Bethlem Royal Hospital y la casa de locos de Broadmoor (en cuyo cementerio está enterrado el artista). Existe sobre él una monografía escrita por Patricia Allderidge (Richard Dadd, Londres, Academy Editions, 1974), con numerosas ilustraciones y una selecta bibliografía.

Las hadas, elfos y duendes presentes en los cuadros de Dadd se identifican, en el ámbito cultural de griegos y latinos, con esa legión de divinidades secundarias que poblaban los bosques de la Europa meridional: las dríades, las náyades, las oréades, los centauros, los sátiros, las ninfas de toda índole. En este caso no son «gente pequeña», como en el Norte, porque ni a griegos ni a romanos les podía parecer bien que sus creaciones mitológicas más antiguas tuviesen el tamaño de un alfiler. Dioses itálicos de la vegetación como Vertumno y Pomona sustituyen en Roma a Oberón y a Titania en el trono del bosque secular.

Pues bien, acaban de aparecer en español dos novelas de Thomas Burnett Swann que refieren respectivamente su contenido al mundo de las hadas célticas (El mundo inexistente) y al de las ninfas mediterráneas (El Fénix verde), en su eterno conflicto con los humanos, quienes, en tanto que raza «reciente», suponen un peligro para los linajes antiguos de la selva europea.

De Swann conocíamos The Tournament of Thorns (edición ampliada de 1976), novela traducida al castellano por Enrique Hegewicz con el título de La mansión de las rosas (presentación de Carlo Frabetti, Barcelona, Bruguera, 1981). Un texto abreviado de esta novela, publicado en 1966 en The Magazine of Fantasy and Science Fiction (revista aparecida por vez primera en USA en otoño de 1949) fue traducido al español en la segunda selección de ciencia ficción editada por C. Frabetti (Barcelona, Bruguera, 1971), primera aparición, que yo sepa, de Swann en la lengua de Cervantes. La acción de la novela se sitúa en la Inglaterra inmediatamente posterior a Ricardo Corazón de León, cuando en los bosques todavía resuena el nombre de Robin Hood. Nos cuenta el sanguinario enfrentamiento de hombres y de mandrágoras (aquí son las mandrágoras las representantes del bosque antiguo), y las extraordinarias aventuras de dos muchachos y una joven que viajan a Londres con idea de dirigirse a Tierra Santa para tomar parte en las Cruzadas.

The Not-World data de 1975. Ha sido traducido a nuestra lengua como El mundo inexistente por César Vidal (Madrid, EDAF, 1990). Nos encontramos en Inglaterra, en el último tercio del siglo XVIII. Una novelista gótica, trasunto fantástico de las Clara Reeve y Anne Radcliffe que hicieron furor en la época, se dirige a Bristol con ánimo de vivir en el camino las emociones del bosque arcaico. Se llama Deirdre, tiene 30 años y unos psicosomáticos dolores en la espalda que mitiga con láudano; cojea al andar, aún es virgen y reprime sus pasiones a punta de pluma, como todos los escritores. El conductor del coche en que viaja Deirdre es un ex marinero sano, fuerte y dispuesto a solventar los problemas de su patrona. Su nombre es Dylan. Perdidos en el bosque, tropiezan con Thomas Chatterton (1752-1770), el poeta suicida que escribió versos de corte medieval en su nativa Bristol (sus antepasados fueron hereditariamente sacristanes de la iglesia de St. Mary Redcliffe, donde Thomas se apasionaría por el Medievo) y que se quitó la vida en Londres con arsénico al no obtener el éxito apetecido. ¿Quién no recuerda el drama Chatterton de Alfred de Vigny? Es el viaje de ida, pero habrá otro, el más importante, el de regreso a Londres. En él, que se efectuará a bordo de un globo avant la lettre, desempeñará un papel decisivo una tía de Deirdre, Adeline, gordísima cincuentona que come y come para olvidar un fracaso amoroso. Todos ellos (Chatterton ya está muerto, pero todo puede ocurrir en el bosque de las leyendas) coinciden en un bosque cercano a Bristol donde habitan enanos orgiásticos, peligrosísimas Desazones de la Noche y hasta la mismísima bruja Arachne, a quien quemaron hace años en la aldea de Dylan y que continúa post mortem enamorada de él. Adeline participa en una fiesta erótica con los enanos y, de ese modo, logra salvar a Dylan y Deirdre de las asechanzas de Arachne. La moraleja es que el cristianismo hizo muy mal aniquilando el paganismo (en este caso, es celtismo del que tanto y tan bueno ha escrito Javier Martin Lalanda, el autor de La canción de las espadas), porque, con él, aniquilaba el fundamental lado oscuro y dionisíaco de la vida. Vuelve, pues, en The Not-World la «gente pequeña» de Arthur Machen, pero en un contexto más feérico que terrorífico, amable siempre, tierno y un punto picante.

Green Phoenix se publicó por vez primera en 1972. El Fénix verde es el título con que ha aparecido en castellano (trad. César Vidal, Madrid, EDAF, 1990). Eneas y su hijo Ascanio (llamado Fénix por su padre) acaban de arribar a las bocas del Tíber. El Bosque Maravilloso es en esta ocasión el mediterráneo, con sus dríades, centauros y sátiros, y, como es natural, teme por su supervivencia ante la llegada de los troyanos. Melonia, una dríade, será la encargada de seducir y dar muerte a Eneas. Pero surge el ainor… Melonia se enamora de Eneas. De su encuentro amoroso nacerá un ser mitad moderno, mitad arcaico, llamado Halción o Cuco. Muerto Eneas, Ascanio coincide casualmente con su hermano Cuco en el bosque y, tras alguna peripecia, hereda como amante a Melonia (las dríades viven más de 500 años), a quien herederá a su vez Remo en Lady of the Bees, una continuación, no traducida aún al castellano, de la novela. Se funden así la raza «antigua» y el linaje de los hombres. «Sólo la noche cura», puede leerse hacia el final del libro. Se trata de una frase de H. D. que resume a la perfección el desamparo de Swann ante la luz precaria que nos rodea.

Thomas Burnett Swann (1928-1976) fue, además de novelista fantástico, poeta y profesor universitario. Nació en Florida, donde también enseñó Literatura Inglesa en la Florida Atlantic University, dedicándose de manera exclusiva a escribir ficción sólo a comienzos de la década de los sesenta. Murió de cáncer. Como erudito, publicó diversos trabajos sobre la poetisa norteamericana H. D. (Hilda Doolittle, 1886-1961, compañera de Joyce, D. H. Lawrence, Marianne Moore, Ezra Pound y William Carlos Williams en las filas del Imagism), entre ellos un libro: The Classical World of H. D. Su obra de ficción, inaugurada por «Winged Victory», relato publicado en 1958, está consagrada casi por entero a la reescritura del presunto conflicto entre prehumanos y humanos en la primitiva historia mítica de Europa.

Acerca de la Creta minoica versa su primera novela Day of the Minotaur (1966) y su secuela The Forest of Forever (1971). De la Roma mitológica trata Green Phoenix (1972) y su secuela Lady of the Bees (publicada en 1962 en Science Fantasy con el título de «Where is the Bird of Fire?», ampliada en 1976; la dríade Melonia se enamora de Remo y promete ayudarle a construir una «segunda Troya»). Swann desarrolla una narrativa de contraste entre las criaturas de la leyenda (ninfas, centauros, sátiros, hadas, elfos y duendes) y la insensible y triunfante Humanidad. El tono, elegíaco, ocasionalmente charmant y a veces sentimental, en el que son descritos semejantes encuentros, producía una cálida respuesta por parte de los lectores de fantasía y ciencia ficción de los sesenta y de los setenta, respuesta parecida a la que producen las obras de ciencia ficción de tipo ecológico en nuestros días. El tratamiento dispensado al género humano suscita en el lector una creciente inquietud ante la continua violación del orden natural del planeta por parte del hombre. Y esa inquietud ecológica presta interés y actualidad a la narrativa de Swann, 15 años después de la muerte del novelista.

Los incentivos económicos

Tradicionalmente los responsables del ambiente y los grupos de presión con un interés especial en la protección del medio ambiente en los Estados Unidos veían al sistema de mercado como un poderoso y potencialmente peligroso adversario. No obstante, el clima para negociar entre ambas partes ha mejorado considerablemente en los últimos años. No sólo los promotores del desarrollo han aprendido que en muchos casos los proyectos de ganancias a corto plazo que perjudican al ambiente, a la larga, resultan contraproducen tes, sino que los grupos ambientalistas se han dado cuenta de que la pobreza en sí es una gran amenaza para la conservación del ambiente.

Una propuesta que está despertando un gran interés es la conocida como Reglamenta ción ambiental por medio de incentivos económicos. Grupos y responsables han llegado a la conclusión de que al poder del mercado le pueden ser aplicadas políticas de incentivos económicos para la consecución de metas ambientales.

Este cambio de actitud ha si do provocado por el reconocimiento de que su antiguo adversario, el mercado, puede ser convertido en un poderoso aliado. Entre otras ventajas, los acercamientos basados en incentivos económicos pueden reducir el conflicto entre protec-

¿De qué forma se pueden usar los incentivos económicos para facilitar un desarrollo aceptable desde el punto de vista ambiental? Quizá el mejor modo de responder a esta pregunta es mostrar cómo se ha llevado a cabo en la práctica.

Un ejemplo es el utilizado para reducir la presión ejercida sobre un recurso natural renovable que estaba siendo sobreexplotado. Debido a su atractivo, y al tradicional y fácil acceso a los bancos de pesca, diversas especies de peces estaban extinguiéndose en la costa de Nueva Zelanda. Si bien la necesidad de aliviar la presión ejercida sobre estas especies era obvia, cómo conseguirlo no estaba tan claro.

Aunque era relativamente fácil impedir la entrada a los bancos de pesca a nuevos pescadores, resultaba más difícil reducir la presencia de aquéllos que habían estado pescando en la zona durante años o incluso décadas. Como la economía de escala es una característica de la pesca, no tendría mucho sentido reducir el volumen de pesca de cada uno proporcionalmente. Lo único que se conseguiría así sería aumentar los costos individuales y des perdiciar una gran parte de la capacidad pesquera, pues los barcos individuales estarían inactivos durante bastante tiem po.

Claramente, una solución mejor sería tener menos barcos pescando. De este modo, cada barco podría ser usado casi en toda su capacidad sin peligro de extinción para ninguna especie. Pero, ¿a qué pescador se le podría pedir que abando nara su medio de vida?

El sistema de incentivos económicos encaró este problema imponiendo cuotas de captura transferibles en toda la pesca recogida en los bancos. Los ingresos derivados de los beneficios anuales asociados a esas cuotas, se usaron para comprar la parte de aquellos pescadores que estaban dispuestos a concluir su actividad pesquera. Esencialmente, cada pescador declaró la oferta más baja que aceptaría por abandonar el negocio; los reguladores escogieron a aquéllos que presentaron ofertas más razonables, pagaron la cantidad estipulada con el dinero de las cuotas y les retiraron sus licencias.

No pasó mucho tiempo hasta que se retiraran un número suficiente de licencias que aseguraba la protección de las especies en peligro. Como el programa era voluntario, los que abandonaron la industria sólo lo hicieron tras haber sido adecuadamente compensados. Mientras tanto, los que pagaron la cuota empezaban a darse cuenta de que su pequeña inversión les iba a suponer unos amplios beneficios tan pronto como la población empezara a recuperarse.

Los incentivos económicos se pueden usar no sólo para reducir el conflicto entre desarrollo económico y protección del ambiente; también pueden convertir al desarrollo económico en el instrumento necesario para alcanzar mayores éxitos en el campo de la protección del ambiente. A mediados de los años setenta, varias regiones geográficas de los Estados Unidos estaban violando la normativa de calidad del aire establecida para proteger la salud humana.

En ese momento, la ley impedía el establecimiento de nuevas industrias que emitiesen contaminantes que ya violaban los estándares. Incluso aquéllas que adoptasen los sistemas de control con tecnología más avanzada, añadirían algún elemento contaminador, y esto suponía un duro golpe para los ayuntamientos deseosos de aumentar la recaudación de los impuestos y de ofrecer más puestos de trabajo. ¿Cómo podrían fomentar el desarrollo económico y al mismo tiempo garantizar que la calidad del aire iba a ser mejorada gradualmente hasta alcanzar los niveles exigidos?

Los responsables del medio ambiente pusieron en marcha el método por incentivos económicos conocido como «sistema de compensación». Según este sistema, a las industrias ya establecidas en zonas contaminadas y que decidieran ejercer un control voluntario sobre sus emisiones, superior al requerido por las normativas, les sería reconocida toda reducción que hubieran conseguido, en forma de «créditos por reducción de la emisión. Una vez hecho esto, se reajustarían sus permisos para asegurar que las reducciones serían permanentes. Entonces, los créditos recibidos podrían venderse a industrias nuevas que estuviesen intere

El sistema de la burbuja

sadas en establecerse en la zona, estipulando que la firma compradora adquiriría 1,2 créditos de reducción de emisiones por cada crédito que añadiese. De este modo, la calidad del aire se mejora cada vez que una nueva industria se establece en el área, algunas estimaciones indican que entre 2.000 y 2.500 transacciones de compensación se han llevado a cabo. Además se ha contribuido a disminuir la confrontación entre crecimiento económico y protección del medio ambiente. Las nuevas industrias no sólo pudieron establecerse en ciudades contaminadas sino que se convirtieron en uno de los principales medios de mejorar la calidad del aire. Se puede decir que el desarrollo económico facilitó, en vez de perjudicar, la mejora de la calidad del aire. No mucho después de este episodio, se vio clara la necesidad de controles mucho más rigurosos sobre las fuentes de contaminación ya establecidas en zonas que violaban las normativas. ¿Cómo se distribuiría el mayor control entre las diversas fuentes contaminantes? Debido a que había gran número de emisores, diversas tecnologías, y a que el staff de la Administración era demasiado escaso, la tarea no era fácil. ¿Cómo se podría resolver este problema de manera efectiva cuando se disponía de tan poca información al respecto?

La solución adoptada fue poner a trabajar al mercado para ellos, mediante lo que es conocido como el «sistema de la burbuja». Para empezar se impusieron niveles de emisión para las fuentes ya establecidas del modo más razonable posible, aunque muchos en la práctica lo encontrarían ilógico. Posteriormente se animó a las fuentes ya establecidas a crear «créditos por la reducción de emisión» para reducciones mayores que las exigidas por la normativa. Una vez quedaran reconocidos, los créditos podrían acumularse para su futuro uso en caso de que la empresa quisiera expandirse o podrían ser transferidos a otra fuente.

Aquellas fuentes capaces de controlar sus emisiones a bajo costo generalmente crearon y vendieron sus créditos, y las que se enfrentaban a altos costos compraban esos créditos en vez de instalar nuevo material extraordinariamente caro. Como resultado, los costos que suponían el respeto de las normativas ambientales fueron considerablemente inferiores a lo que hubieran sido si no se hubieran permitido las transferencias de créditos.

La razón por la cual este comercio de créditos hace posible la flexibilidad discutida en párrafos anteriores, es su capacidad para diferenciar la cuestión del control de la cuestión de quién paga a última hora por él. Esta característica es muy importante no sólo en el ámbito de política ambiental nacional, sino también en el de política del ambiente a nivel internacional.

Aunque no he considerado este aspecto a fondo, permítanme dejar caer algunas ideas que puedan desencadenar vuestros propios pensamientos. Supongamos, por ejemplo, que finalmente se alcanzan acuerdos internacionales que exigen una reducción en las emisiones crecientes de anhídrido carbónico. Una de las propuestas para conseguir dicha reducción contempla una versión del sistema de compensación para conseguir mantener el nivel actual de emisiones de gases del efecto invernadero.

Según esta propuesta, las nuevas fuentes importantes de gases del efecto invernadero estarían obligadas a contrarrestar los niveles actuales, acudiendo al reciclaje o retirando plantas ya antiguas. En el caso concreto del anhídrido carbónico, los nuevos emisores podrían, por ejemplo, invertir en plantaciones de árboles que tenderían a absorber el exceso de gas. Al crear un nuevo mercado de compensaciones se estaría estimulando e incentivando las inversiones en actividades relativas a la compensación. Mientras tanto, los altos precios asociados a la emisión de gases, debido a la necesidad de adquirir compensaciones, estimularía la búsqueda de nuevos métodos para reducir sus emisiones. Por lo tanto, este sistema de compensaciones animaría simultáneamente a un mayor control de las fuentes y a la creación de estrategias de mitigación.

Como el problema de los gases del efecto invernadero es de carácter mundial, existe la posibilidad de un mercado de compensaciones a nivel internacional. Así se podrían conseguir mayores ahorros en los costos. Aún más, al vender sus compensaciones, los países del Tercer Mundo podrían acometer proyectos ambientales rentables (tales como repoblación forestal) que serían respaldados económicamente por los países desarrollados.

Incentivos para motivar la acción pública son tan importantes como los de la privada. El sistema actual de cuentas nacionales proporciona un ejemplo de incentivo económico perverso. Si bien estas ventas nunca fueron pensadas para que sirvieran de referencia sobre el bienestar de una nación, en la práctica así se hace. La renta per cápita es una medida usual para evaluar la riqueza de los habitantes de un país. Sin embargo, el sistema actual proporciona datos engañosos. Más que reconocer el derrame de Valdez de Exxon por lo que era, una caída del valor de los recursos naturales del área, es registrado como un aumento de la renta nacional. El vertido dio un empujón al PIB.

Todos los gastos de limpieza sirvieron para incrementar la renta nacional, pero no se tuvo en cuenta la consecuente depreciación del ambiente natural. Con este nuevo sistema, los informes no hacen distinción entre un crecimiento debido a que el país está «explotando» sus recursos naturales, causando un daño irreparable en los mismos, y un crecimiento sostenido donde se intenta mantener el valor de los recursos. Son necesarias ciertas correcciones en la elaboración de estas cuentas para que los gobiernos puedan ser evaluados según criterios adecuados.

Vivimos en una época donde la necesidad de controles ambientales más estrictos es cada vez mayor, especialmente ante el descubrimiento de nuevos daños que la sociedad moderna está infligiendo en el Planeta. Pero la resistencia a controles adicionales es también creciente debido a su elevado coste. Si bien los sistemas de control del medio ambiente que usan incentivos económicos no son ninguna panacea, sí ofrecen, con frecuencia, un modo práctico de conseguir metas ambientales con más flexibilidad y a menor costo que otros sistemas regulatorios tradicionales y esto es ya una ventaja sustancial.