El mundo fantástico de Thomas Burnett Swann

Luis Alberto de Cuenca

No sé si todo el mundo conoce a Richard Dadd. Es uno de mis pintores favoritos. Vivió en Inglaterra, durante el período victoriano (1817-1886). Se pasó la vida internado en hospitales psiquiátricos. Su obra se reparte entre cuadros orientalistas, algún retrato delirante y, sobre todo, los lienzos dedicados a la «gente pequeña». ¿Y quiénes son la «gente pequeña»? Pues toda esa variopinta gama de hadas, elfos, duendes y geniecillos nocturnos que habita desde siempre en los bosques de Europa y, especialmente, en los británicos, la deliciosa fauna feérica que retratara Shakespeare en su comedia El sueño de una noche de verano (tan espléndidamente interpretada en imágenes por Füssli, otro de los pintores que prefiero). Un pueblo que el floklore céltico, desde sus orígenes más remotos hasta autores como Arthur Machen y J. R. R. Tolkien, se ha encargado de hacer famoso. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Oberón y Titania -los soberanos del bosque-, del simpático y travieso Puck y del sinfín de hadas aladas y sucintamente vestidas que alegran la noche silvestre con su aérea elegancia hecha de sueño arcaico? Parte de la frenética actividad de tan maravillosos personajes aparece reflejada en las pinturas de Dadd. Pueden admirarse algunas de las más célebres en la Tate Gallery de Londres. Muchos de los bocetos y dibujos previos a los lienzos se encuentran en los manicomios donde residiera el pintor, el Bethlem Royal Hospital y la casa de locos de Broadmoor (en cuyo cementerio está enterrado el artista). Existe sobre él una monografía escrita por Patricia Allderidge (Richard Dadd, Londres, Academy Editions, 1974), con numerosas ilustraciones y una selecta bibliografía.

Las hadas, elfos y duendes presentes en los cuadros de Dadd se identifican, en el ámbito cultural de griegos y latinos, con esa legión de divinidades secundarias que poblaban los bosques de la Europa meridional: las dríades, las náyades, las oréades, los centauros, los sátiros, las ninfas de toda índole. En este caso no son «gente pequeña», como en el Norte, porque ni a griegos ni a romanos les podía parecer bien que sus creaciones mitológicas más antiguas tuviesen el tamaño de un alfiler. Dioses itálicos de la vegetación como Vertumno y Pomona sustituyen en Roma a Oberón y a Titania en el trono del bosque secular.

Pues bien, acaban de aparecer en español dos novelas de Thomas Burnett Swann que refieren respectivamente su contenido al mundo de las hadas célticas (El mundo inexistente) y al de las ninfas mediterráneas (El Fénix verde), en su eterno conflicto con los humanos, quienes, en tanto que raza «reciente», suponen un peligro para los linajes antiguos de la selva europea.

De Swann conocíamos The Tournament of Thorns (edición ampliada de 1976), novela traducida al castellano por Enrique Hegewicz con el título de La mansión de las rosas (presentación de Carlo Frabetti, Barcelona, Bruguera, 1981). Un texto abreviado de esta novela, publicado en 1966 en The Magazine of Fantasy and Science Fiction (revista aparecida por vez primera en USA en otoño de 1949) fue traducido al español en la segunda selección de ciencia ficción editada por C. Frabetti (Barcelona, Bruguera, 1971), primera aparición, que yo sepa, de Swann en la lengua de Cervantes. La acción de la novela se sitúa en la Inglaterra inmediatamente posterior a Ricardo Corazón de León, cuando en los bosques todavía resuena el nombre de Robin Hood. Nos cuenta el sanguinario enfrentamiento de hombres y de mandrágoras (aquí son las mandrágoras las representantes del bosque antiguo), y las extraordinarias aventuras de dos muchachos y una joven que viajan a Londres con idea de dirigirse a Tierra Santa para tomar parte en las Cruzadas.

The Not-World data de 1975. Ha sido traducido a nuestra lengua como El mundo inexistente por César Vidal (Madrid, EDAF, 1990). Nos encontramos en Inglaterra, en el último tercio del siglo XVIII. Una novelista gótica, trasunto fantástico de las Clara Reeve y Anne Radcliffe que hicieron furor en la época, se dirige a Bristol con ánimo de vivir en el camino las emociones del bosque arcaico. Se llama Deirdre, tiene 30 años y unos psicosomáticos dolores en la espalda que mitiga con láudano; cojea al andar, aún es virgen y reprime sus pasiones a punta de pluma, como todos los escritores. El conductor del coche en que viaja Deirdre es un ex marinero sano, fuerte y dispuesto a solventar los problemas de su patrona. Su nombre es Dylan. Perdidos en el bosque, tropiezan con Thomas Chatterton (1752-1770), el poeta suicida que escribió versos de corte medieval en su nativa Bristol (sus antepasados fueron hereditariamente sacristanes de la iglesia de St. Mary Redcliffe, donde Thomas se apasionaría por el Medievo) y que se quitó la vida en Londres con arsénico al no obtener el éxito apetecido. ¿Quién no recuerda el drama Chatterton de Alfred de Vigny? Es el viaje de ida, pero habrá otro, el más importante, el de regreso a Londres. En él, que se efectuará a bordo de un globo avant la lettre, desempeñará un papel decisivo una tía de Deirdre, Adeline, gordísima cincuentona que come y come para olvidar un fracaso amoroso. Todos ellos (Chatterton ya está muerto, pero todo puede ocurrir en el bosque de las leyendas) coinciden en un bosque cercano a Bristol donde habitan enanos orgiásticos, peligrosísimas Desazones de la Noche y hasta la mismísima bruja Arachne, a quien quemaron hace años en la aldea de Dylan y que continúa post mortem enamorada de él. Adeline participa en una fiesta erótica con los enanos y, de ese modo, logra salvar a Dylan y Deirdre de las asechanzas de Arachne. La moraleja es que el cristianismo hizo muy mal aniquilando el paganismo (en este caso, es celtismo del que tanto y tan bueno ha escrito Javier Martin Lalanda, el autor de La canción de las espadas), porque, con él, aniquilaba el fundamental lado oscuro y dionisíaco de la vida. Vuelve, pues, en The Not-World la «gente pequeña» de Arthur Machen, pero en un contexto más feérico que terrorífico, amable siempre, tierno y un punto picante.

Green Phoenix se publicó por vez primera en 1972. El Fénix verde es el título con que ha aparecido en castellano (trad. César Vidal, Madrid, EDAF, 1990). Eneas y su hijo Ascanio (llamado Fénix por su padre) acaban de arribar a las bocas del Tíber. El Bosque Maravilloso es en esta ocasión el mediterráneo, con sus dríades, centauros y sátiros, y, como es natural, teme por su supervivencia ante la llegada de los troyanos. Melonia, una dríade, será la encargada de seducir y dar muerte a Eneas. Pero surge el ainor… Melonia se enamora de Eneas. De su encuentro amoroso nacerá un ser mitad moderno, mitad arcaico, llamado Halción o Cuco. Muerto Eneas, Ascanio coincide casualmente con su hermano Cuco en el bosque y, tras alguna peripecia, hereda como amante a Melonia (las dríades viven más de 500 años), a quien herederá a su vez Remo en Lady of the Bees, una continuación, no traducida aún al castellano, de la novela. Se funden así la raza «antigua» y el linaje de los hombres. «Sólo la noche cura», puede leerse hacia el final del libro. Se trata de una frase de H. D. que resume a la perfección el desamparo de Swann ante la luz precaria que nos rodea.

Thomas Burnett Swann (1928-1976) fue, además de novelista fantástico, poeta y profesor universitario. Nació en Florida, donde también enseñó Literatura Inglesa en la Florida Atlantic University, dedicándose de manera exclusiva a escribir ficción sólo a comienzos de la década de los sesenta. Murió de cáncer. Como erudito, publicó diversos trabajos sobre la poetisa norteamericana H. D. (Hilda Doolittle, 1886-1961, compañera de Joyce, D. H. Lawrence, Marianne Moore, Ezra Pound y William Carlos Williams en las filas del Imagism), entre ellos un libro: The Classical World of H. D. Su obra de ficción, inaugurada por «Winged Victory», relato publicado en 1958, está consagrada casi por entero a la reescritura del presunto conflicto entre prehumanos y humanos en la primitiva historia mítica de Europa.

Acerca de la Creta minoica versa su primera novela Day of the Minotaur (1966) y su secuela The Forest of Forever (1971). De la Roma mitológica trata Green Phoenix (1972) y su secuela Lady of the Bees (publicada en 1962 en Science Fantasy con el título de «Where is the Bird of Fire?», ampliada en 1976; la dríade Melonia se enamora de Remo y promete ayudarle a construir una «segunda Troya»). Swann desarrolla una narrativa de contraste entre las criaturas de la leyenda (ninfas, centauros, sátiros, hadas, elfos y duendes) y la insensible y triunfante Humanidad. El tono, elegíaco, ocasionalmente charmant y a veces sentimental, en el que son descritos semejantes encuentros, producía una cálida respuesta por parte de los lectores de fantasía y ciencia ficción de los sesenta y de los setenta, respuesta parecida a la que producen las obras de ciencia ficción de tipo ecológico en nuestros días. El tratamiento dispensado al género humano suscita en el lector una creciente inquietud ante la continua violación del orden natural del planeta por parte del hombre. Y esa inquietud ecológica presta interés y actualidad a la narrativa de Swann, 15 años después de la muerte del novelista.