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Ver productosWilla Johnson, presidenta del Capital Research Center de Washington, entrevistó a Milton Friedman, economista galardonado con el Premio Nobel e investigador decano de la institución Hoover, en su casa de San Francisco, California. Lo siguiente es una copia editada de la entrevista de 1989, durante la cual el Dr. Friedman discutió un amplio espectro de cuestiones que van desde la filantropía corporacional hasta la preservación de la libertad en América.
1 Jul 1990 - 14min.
Doctor Friedman, ¿acepta usted la premisa de que la intervención gubernamental es necesaria para satisfacer las necesidades de aquellos individuos que son incapaces de cuidarse por sí mismos?
-Pensándolo bien, la intervención del Gobierno ha perjudicado a aquella gente que está más incapacitada para cuidarse de sí misma. ¿Por qué razón es que las escuelas del país están en aquellas zonas de las comunidades urbanas ocupadas por los más pobres? Porque el Gobierno dirige esas escuelas.
Lo que es necesario, lo que tendría una mayor efectividad para ayudar a la gente más pobre de este país, sería reducir el alcance de la intervención gubernamental. Desde un punto de vista a largo plazo, el paso más importante que se podría tomar para ayudar a los más pobres de este país, sería introducir un sistema que garantice la escolarización y que elimine el monopolio de los colegios públicos con respecto a estos jóvenes.
-Si el Gobierno se decidiera a abandonar este tipo de actividad, ¿cuál sería el resultado?
-Dependería en qué actividad. La actividad a la que se referiría la mayoría de la gente no es a la que yo me estaba refiriendo.
El tipo de actividad gubernamental que pienso que ha estado perjudicando a la gente pobre son las malas escuelas; el control de los alquileres, que ha llevado a la destrucción de los vecindarios; la ley del salario mínimo, que les ha denegado los trabajos; la legislación en materia de drogas, la cual ha conducido a un mercado negro enorme; y la corrupción. Generalmente, estos programas no están enfocados para eliminar la pobreza o para reducirla, pues son esos programas los que más han hecho para crear los terribles problemas que tenemos.
Esto no significa que se puedan eliminar de la noche al día. No se puede. Una vez que has emprendido un compromiso con la gente, tienes la obligación moral de no echarte atrás, a menos que ofrezcas una alternativa.
Durante muchos años he defendido que dado el actual sistema de programas «traperos» que supuestamente benefician a los pobres, sería mucho mejor sustituirlos con un simple impuesto negativo sobre la renta, que daría a la gente por debajo de unos ingresos estipulados, una concesión en dinero líquido igual a una fracción de la cantidad por la que estaban por debajo de esos ingresos.
-¿Piensa que la asistencia social del Gobierno y los programas de derecho tienen un efecto excluyente en los actos caritativos voluntarios?
-No hay duda que lo tienen. El efecto excluyente está mal interpretado, porque significa excluyente no necesariamente en el sentido de la cantidad conjunta de los actos voluntarios de caridad, sino en el carácter del desembolso voluntario.
Si mira a la historia de los Estados Unidos, el período de mayor actividad caritativa privada fue el siglo XIX, cuando el Gobierno tenía un gasto equivalente al 3 por ciento de la renta nacional. Los gastos federales, estatales y locales en conjunto estaban por debajo del 10 por ciento de la renta nacional. La mitad del gasto del Gobierno federal estaba destinado al ejército, y la mitad del gasto estatal y local estaba destinado a la educación.
«Si yo creo en una cierta religión o teng una opinión política concreta, no hay nada malo en gastar mi dinero para promover eso. Queremos que haya tanta competición en el mercado de ideas como en el mercado de productos, pero no queremos que las dos se mezclen»
Por Willa Johnson equivalente al 3 por ciento de la renta nacional. Los gastos federales, estatales y locales en conjunto estaban por debajo del 10 por ciento de la renta nacional. La mitad del gasto del Gobierno federal estaba destinado al ejército, y la mitad del gasto estatal y local estaba destinado a la educación.
¿Qué pasó en aquel período? Hubo un gran movimiento de hospitales privados no lucrativos, que sirvieron a los pobres lo mismo que a otras personas. Tiene la creación de la Cruz Roja, de los Boy Scouts, etc. Puede enumerar un acto caritativo detrás de otro. Fue también la época del establecimiento de muchos colegios mayores y universidades privadas, cuando habían organizaciones filantrópicas privadas, como el Ejército de la Salvación, tomando la responsabilidad de ayudar a los pobres.
Pero ahora, si usted mira a los actos privados de caridad, ¿a dónde van? A las orquestas sinfónicas, a los institutos de arte, a las universidades de élite, a los colegios privados de élite; y eso es comprensible. Si el Gobierno ha tomado la responsabilidad de ayudar a los pobres, hay muy poco incentivo para que yo haga tal cosa. En mi opinión, es un cambio desafortunado, ya que la actividad privada es mucho más efectiva y más significativa. Los individuos que ayudan a los pobres que conocen personalmente, harán un trabajo
infinitamente mejor que los burócratas que están sobrecargados.
-Dado este papel creciente del Gobierno federal en los programas de bienestar social, ¿cómo explica el hecho de que las contribuciones caritativas alcanzaran en 1987 su nivel más alto de la historia?
-Parcialmente es una cuestión de cómo se define la contribución caritativa. Un gasto en el bienestar social es una cosa; el efecto sobre el bienestar social es una cosa muy diferente. Al aumentar el número de gente pobre, al aumentar la miseria de los pobres, las actividades del Gobierno han aumentado la demanda de los gastos privados de caridad. Desafortunadamente, sin embargo, el crecimiento en los gastos caritativos privados no ha satisfecho esa demanda. A mi entender, el gran crecimiento se ha dirigido hacia donde yo mencioné anteriormente, hacia las orquestas sinfónicas, los museos, las universidades y cosas por el estilo. Si ése es el caso, no hay ninguna razón particular por la que afecte a la expansión de los gastos del Gobierno federal en programas denominados de bienestar social. La mayor parte de ellos no son programas de bienestar social.
«Una empresa que pierde dinero no está usando sus recursos en el mejor interés del público en general»
El auténtico desembolso social, lo que en realidad podrían llamarse programas de bienestar social, no estoy seguro que haya aumentado. E incluso si lo han hecho, e incluso si han creado una mayor necesidad del bienestar social al empeorar la condición de los pobres, no existe ninguna razón por la que deba disminuir la cantidad total de dinero que la gente quiera dar para otros propósitos.
¿Qué hay en el carácter o en la tradición americana que ha hecho que muchos observadores nos califiquen como el pueblo más generoso del mundo? Y, ¿es esto cierto?
-Muy probablemente sea cierto y no creo que sea difícil de entender. Fundamentalmente, los Estados Unidos de América siempre han sido una sociedad democrática. Casi todas las demás sociedades se han desarrollado como sociedades aristocráticas.
América fue un nuevo mundo en el que gente de todas clases vino a hacer fortuna, para tener una mejor vida bajo condiciones en las que no había una estructura feudal, ni una estructura aristocrática, y en la que había un gran sentido de igualdad, no en la noción actual de iguales resultados sino en el sentido de oportunidad igual y de ser amigo de tu prójimo y ayudarle, y, si era necesario, él te ayudaría a ti.
Creo que la base es esa tradición fundamentalmente democrática.
-¿Cuál considera usted que es el papel fundamental de la corporación en la sociedad?
-Crear productos y servicios que satisfagan las demandas del público. El papel de la corporación es servir como intermediaria entre los individuos en su capacidad de trabajadores, proveedores del capital, proveedores de la habilidad de organización, es decir, como recursos, y entre los individuos como consumidores. Las sociedades compran los servicios de los factores de producción, y utilizan éstos para crear productos y servicios, y finalmente venden esos productos y servicios a los consumidores para otras empresas. Esa es su misión. Cuando mejor desarrollan ese papel es cuando dirigen su atención a maximizar sus beneficios. Es un baremo de si están atendiendo las necesidades de los consumidores. Una empresa que pierde dinero no está usando sus recursos en el mejor interés del público en general.
Así que mientras su papel es actuar de intermediario, el objetivo inmediato de cualquier empresa es, si va a realizar ese papel, maximizar su devolución.
-Así que usted rechazaría la noción de una responsabilidad social por parte empresarial y la sugerencia de que las empresas deberían elaborar programas caritativos de concesión de ayudas.
-Existe una responsabilidad social muy real, y es el hacer tanto dinero como puedan, dentro de la ley y dentro de una norma ética apropiada. Sujetos a esos límites, su responsabilidad social es ganar tanto dinero como sea posible, porque es como mejor sirven a los consumidores.
Los actos de caridad pueden contribuir, en algunos casos, a que las sociedades ganen tanto dinero como sea posible. Puede ser que una empresa que necesita la buena voluntad de la comunidad, que quiera tener a sus trabajadores motivados para que consideren que merece la pena sacrificarse por la empresa, para la que vale la pena trabajar duramente, etc., pueda hallar que la forma más efectiva de promover este tipo de ambiente, sea el proporcionar asistencia caritativa en su comunidad.
En adición a esto, las leyes sobre impuestos, capacitan a los accionistas de una empresa a hacer contribuciones mayores a través de la corporación que por cuenta propia, ya que las contribuciones empresariales son deducibles para propósitos de impuestos de sociedades y los dividendos no lo son. Como resultado, la empresa puede servir a sus accionistas al actuar de conducto por el cual éstos puedan utilizar su dinero con mayor efectividad.
-Las empresas dedican un gran porcentaje de sus dólares caritativos a la educación. ¿Qué piensa que deben considerar al dar tales becas?
-Pienso que no deberían contribuir en absoluto, a menos que sea por su interés inmediato, directo y pecuniario, excepto cuando lo hacen por orden de sus accionistas.
He hablado a menudo con ejecutivos de las empresas sobre esto. He dicho, «Si vuestra empresa quiere comprar una válvula, no preguntáis, «¿Hay alguien que fue a la misma universidad que yo que produzca esta válvula?». Preguntáis: «¿Quién está fabricando la válvula que mejor servirá los intereses de mi compañía, que mejor se acoplará a mi producto?» ¿No debería hacer lo mismo cuando manda su dinero a los colegios? Me parece que debería preguntarse: «¿qué universidad está dando los resultados educacionales que más contribuirán al tipo de sociedad en la que mi compañía puede prosperar?».
Haría un llamamiento a los individuos, cuando éstos gastan su propio dinero, para que lo miren desde el punto de vista de apoyar la clase de ideas en las que creen. No hay nada malo en ello. Si yo creo en una cierta religión o tengo una opinión política concreta, no hay nada malo en gastar mi dinero para promover eso. Queremos que haya tanta competición en el mercado de ideas como en el mercado de productos, pero no queremos que las dos se mezclen.
«La empresa privada no tiene mayor derecho a tener un «puesto» en la Universidad que un socialista o un marxista. Una Universidad es un lugar para la difusión y la producción de conocimiento»
-¿Qué opina de la tendencia a dotar a los colegios mayores o a las universidades con puestos profesorales de la empresa privada?
-Me opongo a ella. Creo que la empresa privada no tiene mayor derecho a tener estos puestos que un socialista o un marxista. Una universidad es un lugar para la difusión y la producción del conocimiento. Para alcanzar ese objetivo, funciona mejor si la comunidad académica es libre de tolerar las ideas dondequiera que éstas vayan.
Ahora bien; en una universidad la gente debería ser nombrada únicamente por su competencia profesional. Si un hombre es un matemático de primera clase, merece un puesto en el profesorado de matemáticas, siendo indiferente que sea comunista, libertario, republicano o demócrata, etcétera.
También, debería ser parte de la norma ética académica que no utilice su tiempo de clase para hacer propaganda de estas ideas. Si fuera a violar su confianza al usar su tiempo de clase, a pesar de lo buen matemático que sea, para promover su doctrina comunista, o libertaria, o republicana, o demócrata, se debería arriesgar a ser despedido.
-Ha habido una proliferación de los llamados grupos de defensa de intereses especiales. ¿Qué impacto están teniendo en la sociedad?
-El problema que plantean, en mi opinión, es que la mayoría están financiados con dinero de los impuestos. Si la gente se quiere gastar su propio dinero promoviendo intereses especiales, es su problema. Si analiza a muchos de estos grupos de intereses especiales, y estudia realmente dónde consiguen su dinero, gran parte de éste procede del contribuyente a través del Gobierno. Si en cuanto particulares quieren defender intereses privados, es asunto suyo, pero las organizaciones no deben tener exenciones fiscales.
-Le ruego, pues, que me comente el reciente interés por parte del Congreso de los Estados Unidos en cambiar las restricciones sobre algunas de las actividades de presión de estos «think tank» educativos.
-Dado que estas organizaciones no pagan impuestos y que no existe una perspectiva inmediata de que esta exención fiscal sea retirada, ha de considerarse la cuestión de la segunda mejor, la tercera mejor, o la cuarta mejor solución.
En ambas áreas a las que usted se ha referido, creo que la exención de lo que son actividades estrictamente comerciales es una idea desafortunada, incluyendo los PXs (economatos) de las bases militares. Eso es una forma directa de competencia gubernamental con la empresa privada, que está exenta de pagar impuestos y que, de hecho, se gasta el dinero de los contribuyentes y en la que no debería estar involucrado. Similarmente, si una iglesia monta una fábrica de espaguetis, debe pagar impuestos por esa fábrica de espaguetis, tal y como las leyes son ahora.
De la misma manera, creo es desafortunado que el dinero del Gobierno se deba usar para presionar (lobbying). La dificultad estriba en que el ejemplo más atroz es la financiación de las campañas políticas por parte del Gobierno, fondos gubernamentales que se dan a candidatos primarios y presidenciales, las franquicias postales de los miembros del Congreso, etc. Pienso que eso es utilizar fondos gubernamentales para la propaganda y el lobbying.
-Un estudio del Capital Research Center sobre las tendencias de la filantropía empresarial, muestra que siete de cada diez dólares que las empresas se gastan para los asuntos públicos son para grupos que trabajan para que el Gobierno extienda su influencia en la sociedad. ¿Cómo explica este comportamiento?
-No es difícil de explicar. Simplemente, están tratando de comprar la influencia política del momento; y, otra vez, no les culpo si nosotros les dejamos hacerlo.
A menudo he mantenido que los hombres de negocios, mientras que fijan plazos muy largos con respecto a sus asuntos internos, mirando a cinco, diez, o quince años, tienen unos plazos muy cortos cuando se introducen en la política. Acaban haciendo cosas que, aunque les interesan a corto plazo, en el fondo son muy perjudiciales para sus negocios.
Déjeme darle un ejemplo: la industria del acero y su defensa de las tarifas y del proteccionismo del acero. ¿Es cierto que la protección de las tarifas y de las cuotas realmente ha permitido que la industria acerera funcione con mucha efectividad? Pregúntele a cualquier accionista de la industria del acero, y le dirá la respuesta.
Con respecto a los asuntos sobre los impuestos, los grupos empresariales todavía están haciendo propaganda para obtener mayores concesiones depreciativas, para obtener todo tipo de cosas. Solía recomendarles que les iría mucho mejor a ellos mismos, al tiempo que servirían mejor al interés público, si usaran su poder político para hacer campaña para impulsar el sistema de impuestos contra la inflación, tanto los impuestos de sociedades como los individuales. Nunca hicieron eso.
Finalmente conseguimos la «indización», pero a pesar suyo, y nunca la conseguimos donde en muchos aspectos hubiera sido más importante para ello, a saber: «indizar» la base para calcular la plusvalía, que se debe hacer y no se ha hecho. Les habría sido de interés a largo plazo el haber adoptado un programa diferente para eliminar el impuesto de sociedades en conjunto – estipulándose que los beneficios no distribuidos se deberían atribuir a los accionistas. Esto es, cada accionista recibiría con su cheque de dividendos una declaración que notificase que x dólares por acción se han reinvertido, y el accionista tendría que incluir eso en su declaración personal de la renta. Eso eliminaría la doble imposición y también la evasión de impuestos.
Déjeme subrayar algo. Siempre he creído que no se debería permitir a las sociedades que dedujeran gastos de caridad al calcular sus impuestos ya que precisamente la mayor parte de lo que estamos hablando son actividades de presión a un nivel diferente. No les culpo por hacerlo; la culpa es nuestra por dejar que se salgan con la suya. Estas actividades deben ser en su totalidad a costa suya. Creo que el Gobierno no debería subsidiar, directa o inmediatamente, tales actos.
-Muchas sociedades se niegan a revelar información sobre sus actividades de concesión de préstamos, incluso a sus accionistas. En este aspecto, ¿cuáles son sus responsabilidades hacia sus accionistas?
-La responsabilidad hacia sus accionistas es divulgar con claridad toda la información referente a la sociedad, no sólo acerca de las contribuciones caritativas.
-Existe un debate actual referente al impuesto sobre actividades no lucrativas.
-En mi opinión, no debería haber empresas no exentas de impuestos, lucrativas o no lucrativas. Déjeme extenderme en esto un poco, pues pienso que es un punto muy importante.
Para empezar, la distinción entre esas empresas que tienen derecho a la exención fiscal y aquellas que no tienen es puramente artificial. ¿Por qué una empresa que vende servicios recreativos no lo está? ¿Por qué está exenta una empresa que vende servicios educacionales y una que vende libros no lo está? Es absurdo.
Pero en segundo lugar, y mucho más importante, al tener instituciones libres de impuestos, se está creando un grupo que tiene un interés propio en promover el crecimiento del Gobierno. Las universidades y las iglesias no pagan impuestos. No les cuesta nada pedir impuestos más altos para el resto, así que su propio interés les lleva a favorecer un mayor control e intervención gubernamental.
Por ejemplo, se ha dado cuenta que todas las llamadas universidades privadas están a favor de un gasto mayor del Gobierno en ayudas escolares y becas, que, incidentalmente, son para las clases media y alta en general. Todas están a favor de que el Gobierno gaste más dinero en la educación superior, en cualquier tipo de educación.
Es comprensible. Estos costos los pagarán como individuos mediante sus impuestos indirectos, no a través de sus instituciones. Así que creo que el principio fundamental debería ser: ninguna exención fiscal para ningún tipo de institución.