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Jean-Pierre Landau, profesor de Sciences Po y exsubgobernador del Banco de Francia, y Sébastien Jean, profesor de Economía del Conservatoire National des Arts et Métiers, sostienen que los actuales desequilibrios comerciales no obedecen solo a fallos de coordinación macroeconómica, sino a estrategias deliberadas de política industrial, especialmente en China. Argumentan que la combinación de ahorro elevado, control de capitales, gestión del tipo de cambio, subsidios y promoción de las exportaciones busca crear ventajas competitivas mediante economías de escala y aprendizaje tecnológico, aunque ello genere persistentes superávits comerciales. Los autores advierten de que los instrumentos tradicionales, como los aranceles, no resuelven el problema y proponen integrar las políticas cambiarias y los controles de capital en las reglas del comercio internacional, con una supervisión más estricta de los subsidios y del acceso a los mercados.
Artículo completo: Rethinking Global Imbalances
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Jishnu Das, economista de la Universidad de Georgetown, celebra la jubilación de George Akerlof con un retrato íntimo que apenas habla de sus contribuciones académicas -como el célebre artículo sobre el mercado de los «limones», que acabaría conduciéndolo al Nobel tras varios rechazos editoriales- y se centra en su calidad humana. El autor recuerda cómo, durante la pandemia, Akerlof impartía de madrugada una segunda clase completa para solo tres estudiantes chinos que no habían podido viajar por las restricciones sanitarias y cómo, al elegir despacho, renunció voluntariamente a una oficina privilegiada en favor de un espacio corriente. Para Das, esos gestos de generosidad, humildad y dedicación a colegas y alumnos explican mejor su legado que cualquier lista de publicaciones o premios.
Artículo completo: George Akerlof Retires
https://jishnudas.substack.com/p/george-akerlof-retires
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La salud mental y la inteligencia artificial comparten una paradoja: cuanto más intentamos comprender, medir y optimizar la mente, mayor es el riesgo de confundir el conocimiento con el control. Las lecturas de esta semana parten del debate sobre si estamos medicalizando el malestar cotidiano y avanzan hacia la IA, la democracia, el poder militar, el clima, la economía y la cultura. En todas ellas reaparece una misma pregunta: cómo aprovechar nuevas capacidades sin renunciar al criterio humano.
John Burn-Murdoch, periodista de datos del Financial Times, sostiene que el deterioro de la salud mental entre los jóvenes es real, especialmente por el aumento de las hospitalizaciones por autolesiones, pero advierte que gran parte del aparente incremento en diagnósticos y autoinformes puede reflejar también un cambio en la forma de interpretar y etiquetar el malestar psicológico. A partir de datos internacionales, muestra que distintos indicadores ofrecen resultados contradictorios y que factores como la menor estigmatización, la mayor concienciación y la «medicalización» de problemas cotidianos dificultan distinguir entre un empeoramiento real y un cambio conceptual. Concluye que son necesarias medidas más precisas y consistentes para orientar adecuadamente las políticas públicas y atender a quienes más lo necesitan.
👉 Artículo completo: What’s really going on with mental health?
https://www.ft.com/content/063b7eed-3f13-43d4-8f12-ff6439b825e8?syn-25a6b1a6=1
👉 Véase también el artículo de Nueva Revista: Las dificultades para medir los problemas de salud mental y sus implicaciones
https://www.nuevarevista.net/las-dificultades-para-medir-los-problemas-de-salud-mental-y-sus-implicaciones/
Clay Routledge, psicólogo investigador y director de la iniciativa de divulgación sobre salud mental Head Out, sostiene que la creciente atención pública a la salud mental ha reducido el estigma y facilitado el acceso a tratamientos, pero también puede favorecer que emociones normales como la tristeza, la soledad o el estrés se interpreten como trastornos clínicos. Argumenta que esta ampliación del concepto de enfermedad mental, reforzada por las redes sociales y el autodiagnóstico, puede aumentar el malestar psicológico al fomentar una excesiva preocupación por los propios síntomas. Como alternativa, propone centrarse menos en la introspección y más en actividades con eficacia demostrada para el bienestar, como el ejercicio físico o el voluntariado.
👉 Artículo completo: Stop Pathologizing Ordinary Life
https://www.nytimes.com/2026/07/26/opinion/mental-health-exercise-charity.html
Ravi Iyer (Universidad del Sur de California), Jonathan Haidt (Universidad de Nueva York) y Zach Rausch sostienen que la ley australiana que prohíbe las cuentas en redes sociales a menores de 16 años ya muestra resultados alentadores: disminuyen las cuentas y el uso entre adolescentes, mejora la percepción de los padres y se impulsa el desarrollo de sistemas de verificación de edad que preservan la privacidad. Los autores argumentan que la norma debe evaluarse a largo plazo, pues busca transformar los usos sociales, incentivar a las plataformas a rediseñar productos más seguros y favorecer la aparición de espacios digitales menos adictivos y más protegidos para los jóvenes. Concluyen que la experiencia australiana ofrece un modelo que otros países deberían adaptar para reforzar la protección de la infancia en internet.
👉 Artículo completo: What the World Should Learn from Australia’s Social Media Law
https://time.com/article/2026/07/18/the-world-should-learn-from-australia-s-social-media-law/
Tres periodistas de The New York Times explican qué son los ‘pesos abiertos’ de la IA de los que se ha hablado en las últimas semanas. Los patrones que la IA detecta (en un texto, por ejemplo) se llaman ‘pesos’. La ponderación de esos patrones determina el comportamiento del modelo de IA. Los modelos con pesos abiertos permiten al usuario adaptarlos a sus necesidades, aunque no se revela el código fuente en su totalidad, mientras que los cerrados no. Sus defensores destacan ventajas como la innovación, la competencia y la revisión de seguridad, mientras que empresas como OpenAI y Anthropic sostienen que divulgar demasiado podría facilitar usos maliciosos y perjudicar su negocio. El debate también tiene una dimensión geopolítica: China ha impulsado modelos abiertos mediante empresas como DeepSeek, Alibaba, Z.ai y Moonshot AI, reforzando su posición en la carrera global por la inteligencia artificial y aumentando la presión competitiva sobre Estados Unidos.
👉 Artículo completo: What Is Open-Weights A.I.?
https://www.nytimes.com/2026/07/28/technology/open-weight-ai.html
Noah Smith sostiene que el impacto transformador de la IA no dependerá de que sea mucho más inteligente que los humanos, sino de combinar capacidades cognitivas con las ventajas propias de los ordenadores. Aunque la IA ya resuelve problemas matemáticos y científicos de gran complejidad, su efecto económico ha sido gradual porque la inteligencia podría tener rendimientos decrecientes y porque el mundo físico y organizativo impone límites. El autor identifica tres grandes fuentes de productividad futura: la posibilidad de multiplicar el trabajo cognitivo mediante agentes y robots, la captura y difusión del conocimiento tácito de las organizaciones para acelerar la innovación y el descubrimiento de complejos patrones o «leyes de nube» inaccesibles para el razonamiento humano. Concluye que la IA transformará la economía más por su escala, velocidad y capacidad para procesar datos que por superar a la inteligencia humana.
👉 Artículo completo: What will more intelligence actually do for us?
https://www.noahpinion.blog/p/what-will-more-intelligence-actually
Neil Perkin, consultor de estrategia e innovación, sostiene que la inteligencia artificial aumenta el valor de quienes son capaces de conectar conocimientos de disciplinas distintas. Partiendo del ejemplo de Claude Shannon, que unió el álgebra de Boole con los circuitos eléctricos para sentar las bases de la informática digital, argumenta que los problemas actuales requieren «generalistas expertos»: personas con suficiente amplitud de conocimientos para establecer conexiones creativas que la IA no logra hacer por sí sola. En este contexto, propone utilizar la IA no tanto para obtener respuestas como para enriquecer el razonamiento mediante perspectivas alternativas, debates simulados y analogías entre campos diferentes. Su conclusión es que, si el acceso al conocimiento ya no es escaso, el verdadero valor competitivo reside en el criterio humano para combinar ideas y generar significado nuevo.
👉 Artículo completo: Fish Food 697: The age of the expert generalist
https://onlydeadfish.substack.com/p/fish-food-697-the-age-of-the-expert
Audrey Tang, ciberembajadora de Taiwán y académica del Oxford Institute for Ethics in AI, sostiene que el mayor riesgo de la inteligencia artificial no es que las máquinas imiten a los humanos, sino que las personas adapten su comportamiento a la lógica de los algoritmos. Defiende una IA que amplíe la comprensión mutua, facilite el diálogo entre comunidades y fortalezca la deliberación democrática, en lugar de sustituir el juicio humano o incentivar la optimización permanente. Rechaza medir el valor de las personas por métricas de eficiencia y reivindica el derecho a preservar espacios de reflexión, privacidad, lentitud y cuidado. Para ello propone sistemas de IA con mandatos limitados, control democrático, responsabilidad clara y posibilidad de ser cuestionados o interrumpidos, de modo que la tecnología refuerce, y no debilite, las relaciones humanas y las instituciones democráticas.
👉 Artículo completo: AI and democracy: the right to resist optimization
https://humanistreview.ai/issue-1/tang-ai-democracy-optimization/
Paul Scharre, vicepresidente ejecutivo del Center for a New American Security y exfuncionario del Departamento de Defensa de Estados Unidos, sostiene que la superioridad militar estadounidense está siendo erosionada por la difusión de drones baratos e inteligencia artificial, tecnologías que ya no puede monopolizar. Argumenta que la ventaja futura dependerá menos de poseer las herramientas más avanzadas que de integrarlas con rapidez mediante nuevas doctrinas, estructuras organizativas y una estrecha colaboración con el sector privado. Concluye que, si el Pentágono no adapta su cultura y sus métodos de combate a esta nueva realidad, perderá la primacía estratégica frente a competidores más ágiles.
👉 Artículo completo: Losing the War of the Future
https://www.foreignaffairs.com/united-states/losing-war-future-paul-scharre
Eric Alter, decano de la Anwar Gargash Diplomatic Academy (Abu Dabi) y miembro del Council on Foreign Relations, sostiene que Estados Unidos está debilitando el derecho internacional al respaldar la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) cuando procesa a adversarios como Vladímir Putin, pero rechazarla y sancionar a sus funcionarios cuando investiga a dirigentes israelíes. Argumenta que esta doble vara de medir erosiona la credibilidad de las instituciones internacionales y favorece que otros países definan las futuras reglas del orden global. Recordando los casos de Augusto Pinochet, Hissène Habré y Slobodan Milošević, defiende que el poder solo retrasa, pero no impide, la rendición de cuentas. Concluye que, al marginarse de la CPI y la Corte Internacional de Justicia, Estados Unidos renuncia a influir desde dentro en la evolución del derecho internacional.
👉 Artículo completo: America Is Betting Against International Law
https://www.project-syndicate.org/commentary/us-sanctions-icc-officials-bet-against-international-law-by-eric-alter-2026-07
Mike Cummings resume un estudio liderado por Claire Bowern (Universidad de Yale) y un equipo internacional que propone que la diversidad lingüística mundial alcanzó su auge hace entre 1.000 y 3.000 años, cuando pudieron coexistir decenas de miles de lenguas. Mediante modelos que combinan datos etnográficos, demográficos y evolutivos, los investigadores sostienen que el declive comenzó mucho antes del colonialismo europeo y estuvo ligado a la expansión de grandes Estados e imperios, cuyas lenguas desplazaron a las de poblaciones absorbidas. Según el trabajo, las aproximadamente 7.600 lenguas actuales representan un conjunto reducido y sesgado de las que existieron, aunque los autores subrayan que la desaparición de las lenguas amenazadas no es un destino inevitable.
👉 Artículo completo: Study uncovers lost ‘golden age’ of languages
https://news.yale.edu/2026/07/23/study-uncovers-lost-golden-age-languages
Jorge Morel Salman, director ejecutivo e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), sostiene que un episodio excepcionalmente intenso de El Niño podría marcar el inicio de los gobiernos de Keiko Fujimori en Perú y Abelardo De La Espriella en Colombia. El fenómeno amenaza con inundaciones, sequías, daños a la agricultura, la pesca, la infraestructura y el suministro eléctrico, además de frenar el crecimiento económico y elevar la inflación. El autor advierte que la debilidad política de ambos mandatarios, la fragmentación legislativa y los riesgos de corrupción en la gestión de emergencias podrían agravar la crisis.
👉 Artículo completo: El Niño Will Challenge the New Andean Right
https://www.americasquarterly.org/article/el-nino-will-challenge-the-new-andean-right/
Manuel Arias Maldonado, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Málaga, defiende que la respuesta al cambio climático debe combinar mitigación y, sobre todo, adaptación pragmática a una «nueva normalidad» marcada por olas de calor e incendios. Critica el sensacionalismo climático y el uso político de escenarios extremos, así como la identificación de cualquier discrepancia sobre la transición energética con el negacionismo. Rechaza el decrecimiento por considerarlo inviable económica y democráticamente, y propone una modernización basada en innovación tecnológica, energías limpias, prevención de incendios, más zonas verdes, climatización de edificios y transporte público, y mejores condiciones urbanas. Concluye que las políticas climáticas serán más eficaces si ofrecen soluciones concretas y compatibles con el bienestar, en lugar de apelar al sacrificio ciudadano o a la confrontación ideológica.
👉 Artículo completo: Ante la nueva normalidad climática
https://www.elmundo.es/opinion/2026/07/27/6a66359f21efa0170f8b4587.html
Jean-Pierre Landau, profesor de Sciences Po y exsubgobernador del Banco de Francia, y Sébastien Jean, profesor de Economía del Conservatoire National des Arts et Métiers, sostienen que los actuales desequilibrios comerciales no obedecen solo a fallos de coordinación macroeconómica, sino a estrategias deliberadas de política industrial, especialmente en China. Argumentan que la combinación de ahorro elevado, control de capitales, gestión del tipo de cambio, subsidios y promoción de las exportaciones busca crear ventajas competitivas mediante economías de escala y aprendizaje tecnológico, aunque ello genere persistentes superávits comerciales. Los autores advierten de que los instrumentos tradicionales, como los aranceles, no resuelven el problema y proponen integrar las políticas cambiarias y los controles de capital en las reglas del comercio internacional, con una supervisión más estricta de los subsidios y del acceso a los mercados.
👉 Artículo completo: Rethinking Global Imbalances
https://www.project-syndicate.org/commentary/global-imbalances-reflect-deliberate-chinese-strategy-not-poor-coordination-by-jean-pierre-landau-and-sebastien-jean-1-2026-07
Según The Economist, el perfil de los multimillonarios ha cambiado: una proporción creciente de su riqueza procede de actividades competitivas y de empresas creadas por sus fundadores, mientras disminuye el peso de las herencias y de sectores dependientes de favores políticos. Basándose en datos de Forbes, Hurun y Gapminder, el artículo sostiene que hoy más fortunas se originan en la innovación, el consumo y la tecnología, impulsadas por los mercados bursátiles, el crecimiento de China y el internet móvil. Aunque reconoce que la influencia política de los grandes patrimonios sigue siendo un problema, argumenta que resulta cada vez más difícil justificar un impuesto al patrimonio alegando que esas riquezas son intrínsecamente inmerecidas, pues muchas generan empleo, productividad y valor económico.
👉 Artículo completo: The rise of the deserving rich
https://www.economist.com/finance-and-economics/2026/07/23/the-rise-of-the-deserving-rich
Ryan Bourne, economista del Cato Institute, rebate la crítica del vicepresidente estadounidense J. D. Vance según la cual la economía sacrifica la moral en favor del cálculo coste-beneficio. El autor recuerda que el término «ciencia lúgubre» fue acuñado en 1849 por Thomas Carlyle no para censurar la indiferencia de los economistas ante la esclavitud, sino precisamente porque defendían la emancipación y el trabajo libre frente a las tesis racistas del propio Carlyle. Bourne sostiene que estudiar los efectos económicos de la esclavitud no implica justificarla, sino comprender por qué perduró y qué intereses la sostuvieron, como mostró el influyente libro Time on the Cross. Concluye que el análisis económico puede reforzar, y no debilitar, la condena moral de la esclavitud al revelar los incentivos materiales que la hicieron posible.
👉 Artículo completo: JD Vance and the Dismal Science
https://www.cato.org/blog/jd-vance-dismal-science
Jishnu Das, economista de la Universidad de Georgetown, celebra la jubilación de George Akerlof con un retrato íntimo que apenas habla de sus contribuciones académicas —como el célebre artículo sobre el mercado de los «limones», que acabaría conduciéndolo al Nobel tras varios rechazos editoriales— y se centra en su calidad humana. El autor recuerda cómo, durante la pandemia, Akerlof impartía de madrugada una segunda clase completa para solo tres estudiantes chinos que no habían podido viajar por las restricciones sanitarias y cómo, al elegir despacho, renunció voluntariamente a una oficina privilegiada en favor de un espacio corriente. Para Das, esos gestos de generosidad, humildad y dedicación a colegas y alumnos explican mejor su legado que cualquier lista de publicaciones o premios.
👉 Artículo completo: George Akerlof Retires
https://jishnudas.substack.com/p/george-akerlof-retires
En este excelente artículo, Ana Palacio reflexiona, a partir de La Odisea y de su adaptación cinematográfica por Christopher Nolan, sobre la condición humana frente a la incertidumbre. La exministra española contrapone la visión trágica del héroe con las ideas de Tina Seelig sobre la suerte, para defender que la vida depende tanto de la fortuna —los vientos que no controlamos— como de la virtù —la capacidad de adaptarse y perseverar—, en un sentido próximo al de Maquiavelo. ¡No se pierdan su magnífico párrafo final! Apoyándose en su experiencia personal con el cáncer y en su trayectoria política, sostiene que el verdadero mérito no consiste en evitar los fracasos, sino en mantener el rumbo, asumir las propias fragilidades, aprovechar la ayuda recibida y convertir los episodios dispersos de la existencia en una historia con sentido.
👉 Artículo completo: La bolsa de los vientos
https://www.elmundo.es/internacional/2026/07/25/6a62037dfc6c83fe418b45b2.html
Ernesto Martelli, analista cultural e investigador especializado en comunicación digital, sostiene que Argentina vive un auge de soft power basado menos en sus exportaciones tradicionales que en la proyección internacional de una identidad cultural reconocible. A partir del éxito de figuras como Messi, emprendedores, artistas, cocineros y empresas, el autor describe una «argenglob» caracterizada por la adaptabilidad nacida de la inestabilidad, la capacidad de crear comunidad, la conversación intensa y la autenticidad. Esa combinación impulsa tanto admiración como rechazo, un coste de la creciente visibilidad global. Restaurantes, música, deporte y hábitos cotidianos —el asado, el mate, el fernet o las sobremesas— dejan de ser costumbres locales para convertirse en símbolos exportables de una forma argentina de relacionarse con el mundo.
👉 Artículo completo: Carne somos
https://seul.ar/carne-somos/
Marcel Beltrán retrata a Lamine Yamal no solo como un prodigio futbolístico, sino como un fenómeno emocional cuya mayor virtud es conservar la libertad y el disfrute de la infancia en medio de una presión descomunal. A través de escenas de partidos decisivos y de un recorrido por su origen en Rocafonda, el autor sostiene que su talento nace tanto de su extraordinaria calidad técnica como de una madurez forjada por las responsabilidades tempranas y de una personalidad capaz de abstraerse del ruido mediático. Más que una sucesión de récords, el texto presenta a Yamal como un jugador que sigue entendiendo el fútbol como un juego serio, fiel a sus raíces y ajeno al miedo escénico, encarnando una forma excepcional de vivir el deporte.
👉 Artículo completo: Lamine Yamal en el patio de la escuela
https://www.gatopardo.com/articulos/lamine-yamal-en-el-patio-de-la-escuela
Bud Scoppa reconstruye, mediante testimonios de Tom Petty, Jeff Lynne, Olivia Harrison, Barbara Orbison y otros colaboradores, el nacimiento de The Traveling Wilburys. George Harrison, incómodo como solista y deseoso de volver a pertenecer a una banda, fue el impulsor del grupo formado con Bob Dylan, Roy Orbison, Petty y Lynne. Todo comenzó en 1988 con Handle With Care, concebida como una simple cara B y grabada casi espontáneamente en casa de Dylan; al comprobar su calidad, decidieron escribir un álbum en apenas nueve días. Las sesiones fueron informales, colectivas y divertidas, sin rivalidades pese al extraordinario prestigio de sus miembros. El éxito quedó ensombrecido por la muerte de Orbison pocas semanas después del lanzamiento, aunque los cuatro supervivientes grabaron un segundo disco. El artículo presenta a Harrison como la figura decisiva que convirtió amistades y colaboraciones casuales en una banda legendaria.
👉 Artículo completo: “George was the ringleader, he could do whatever he wanted” – the formation of The Traveling Wilburys
https://www.uncut.co.uk/features/interviews/george-harrison-formation-the-traveling-wilburys-153205/
👉 Los otros hombres de Sánchez
https://x.com/mirandola1964/status/2081613054312161430?s=20
👉 ¿Cuál es el precio del Consejo de Ministros?
https://x.com/mirandola1964/status/2080169253970342290?s=20
👉 Un buen programa en busca de voluntad política
https://x.com/mirandola1964/status/2079434676012187801?s=20
👉 El diploma desnudo
https://x.com/mirandola1964/status/2077614600992727388?s=20
👉 ‘Compliance’, decorativo y autojustificativo
https://x.com/mirandola1964/status/2076531611655446579?s=20
👉 El Gobierno asume el fracaso de la integración
https://x.com/mirandola1964/status/2075101293794730024?s=20
👉 El barrio es fundamental para envejecer bien
https://x.com/mirandola1964/status/2074012293956845754?s=20
👉 Sánchez, ¿un innovador político?
https://x.com/mirandola1964/status/2073167763120533746?s=20
Buena lectura.
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Foto: © Gerd Altmann / Pixabay
Avance
En 1929, cuando la Bauhaus inauguró un curso de fotografía, casi la mitad del alumnado lo formaban mujeres, que veían en esa disciplina buenas posibilidades de expresión creativa y de emancipación. Las fotógrafas de la Bauhaus observaron el mundo a través del objetivo de la cámara y lo capturaron desde perspectivas novedosas y poco convencionales. Su producción artística abarca desde retratos figurativos y fotografía arquitectónica hasta la más pura experimentación abstracta, pasando por la documentación histórica de la época.
Durante todo el verano, y hasta el 4 de octubre, el Museum für Fotografie de Berlín presenta la muestra titulada Nueva mujer, nueva visión. Las fotógrafas de la Bauhaus, que reúne 300 fotografías de la colección del Bauhaus-Archiv / Museum für Gestaltung de Berlín y da a conocer, debidamente referenciado, el trabajo de estas pioneras que capturaron el espíritu de la época y quisieron participar en ella.
ArtÍculo
El edificio de Gropius. El manifiesto. El predominio de la función. El arte y la artesanía. Son las palabras clave que vienen a la cabeza cuando se habla de la Bauhaus. También rondan algunos nombres, además del fundador, como Paul Klee, Wassily Kandinsky, László Moholy-Nagy, Josef Albers… En los últimos años, se ha reivindicado la presencia de las mujeres en la institución: Alma Siedhoff-Buscher, Anni Albers y Margarete Heymann, entre otras, han ido a parar donde se encontraban, junto con sus compañeros. Ahora, una gran exposición en el Museum für Fotografie de Berlín se centra en ellas, pero no a granel: se fija expresamente en aquellas que eligieron la fotografía, que fueron muchas y muy desconocidas, para documentar un tiempo y un país.

Elsa Thiemann fue una de esas mujeres. Se formó en la Bauhaus, obtuvo su diploma en 1931 y regresó a Berlín para trabajar como fotógrafa de prensa. Fue conocida posteriormente por sus imágenes del Berlín destruido después de la Segunda Guerra Mundial, el mismo que intentaba levantarse de nuevo. Reflejó sus ruinas, sus edificios y sus gentes; unos niños espectrales en la entrada del metro de Neukölln, en la década de 1950 y, en la misma época, una multitud abarrotando la escalera de la piscina al aire libre de Wannsee son dos de las fotos que se pueden ver en la muestra, abierta hasta octubre.

Otras mujeres se fijaron en la arquitectura, pero no en la presencia masiva de los bloques, sino en la delicadeza de los elementos. En este tipo de instantáneas, como la que Lucia Moholy tomó del balcón en el edificio de la Bauhaus Dessau, «las personas ceden el protagonismo al lugar […]. Las fotógrafas se centran en los elementos originales y enfatizan su singularidad mediante perspectivas desorientadoras», explica el artículo que le dedica Engelsberg & Ideas.

El manifiesto de Gropius de 1919 anunciaba que la escuela estaba abierta a «cualquier persona de buena reputación, sin importar su edad ni sexo». Las mujeres acudieron a esa llamada para aprovechar un acceso sin precedentes a la educación artística. Muchas de ellas se centraron y destacaron en disciplinas como el tejido y la cerámica. Sin embargo, un grupo no pequeño se volcó en la fotografía. En 1929, cuando la Bauhaus inauguró un curso de esta disciplina, casi la mitad del alumnado que se matriculó lo formaban mujeres. Un hito paritario en la época donde nada lo era.
Las razones hay que buscarlas en el periodo anterior, la República de Weimar, cuando las mujeres comenzaron a aspirar a la independencia económica y a la realización profesional. La fotografía, como práctica relativamente joven, ofrecía buenas oportunidades. Dado que se consideraba en un primer momento más bien una actividad artesanal y no estaba firmemente arraigada en el ámbito académico, trabajos como el retrato o el retoque se veían compatibles con las supuestas habilidades femeninas. El resultado era que cada vez más mujeres se formaban en estudios fotográficos.

A partir de 1890, la asociación berlinesa Lette-Verein y, a partir de 1905, también el Instituto de Enseñanza e investigación de Fotografía de Múnich ofrecían una formación institucional para mujeres. Durante la República de Weimar, el número de fotógrafas aumentaba de forma continua. Cada vez más universidades ofrecían clases de fotografía y también la Bauhaus de Dessau, desde 1929. Muchas estudiantes recibían aquí una formación profesional. Pero ya antes de eso, las fotógrafas desempeñaban un papel fundamental en la Bauhaus. Desde muy pronto, profesionales como Paula Stockmar o la mencionada Lucia Moholy promocionaban los productos y las obras de la influyente escuela de arte, diseño y arquitectura. Con la creciente difusión de la cámara de 35 mm a partir de 1925, también crecía el interés por este medio. Muchas estudiantes se animaban a observan su entorno a través del objetivo de la cámara y a capturarlo desde perspectivas nuevas y poco habituales.

Por supuesto cultivan el retrato. El suyo es el de la nueva mujer de los años 20: autónoma, sofisticada, exploradora… Sorprende la calidad y la osadía de quienes se permitieron experimentar, jugando con reflejos y distorsiones. La imagen de Marianne Brandt deformada y multiplicada en esferas metálicas convierte su autorretrato en una composición compleja que recuerda las de Escher, mientras que Gertrud Arndt se adelanta en sus Maskenporträts (Retratos enmascarados) a los actuales filtros. Improvisando con accesorios, velas y telas, produjo una serie de autorretratos escenificados para llamar la atención sobre la capacidad del rostro para transformar la percepción de la totalidad de la persona y su identidad a través del vestuario y la expresión.

La historia del trabajo de las mujeres es también la de las dificultades de su tiempo. La llegada al poder de los nazis y el cierre de la escuela hizo que varias fotógrafas se vieron obligadas a abandonar su oficio y huir. Por seguir la carrera de algunas de las protagonistas de este texto, Lucia Moholy, por ejemplo, llegó a ser reconocida como una de las fotógrafas de arquitectura más importantes de su época, pero en 1933 tuvo que abandonar Berlín, dejando atrás sus negativos. Muchos terminaron en manos de Walter Gropius, «quien los publicó para dar a conocer la escuela y su arquitectura, pero no la reconoció como su autora», resume Engelsberg Ideas. Tras una larga disputa legal, los negativos de Moholy le fueron devueltos en 1957.
Irena Blühová, por su parte, tras documentar la injusticia social y la agitación política para el periódico Arbeiter-Illustrierte-Zeitung, regresó a su Checoslovaquia natal y allí se convirtió en combatiente de la resistencia antifascista. Tuvo que esconderse en Bratislava en 1942 y todos sus negativos fueron destruidos. Solo después de la guerra logró reconstruir su obra a partir de fotografías previamente publicadas.

Entre las fotógrafas más exitosas se puede citar a Elsa Thiemann y Etel Mittag-Fodor, cuya temprana labor capitalizó el auge del fotoperiodismo en los años veinte y treinta. Ambas trabajaban y vendían sus imágenes de la vida moderna en ciudades cosmopolitas a agencias para su distribución a periódicos y revistas, pero el trabajo se publicaba de forma anónima o bajo el nombre de la agencia, lo que dificultaba enormemente la tarea de darse a conocer.
Legados rescatados, restaurados o debidamente atribuidos constituyen el núcleo de una exposición que reúne 300 fotografías de los fondos del Archivo de la Bauhaus / Museo de Diseño de Berlín y revela cómo un grupo de mujeres utilizó la cámara para dejar testimonio de una época convulsa, participando en ella.
Las fotografías de este artículo pertenece a los materiales de prensa facilitados por el propio museo. Se pueden consultar aquí.
Yuval Noah Harari. (Kiryat Atta, Israel, 1976). Doctor en Historia medieval por la Universidad de Oxford. Catedrático en el Departamento de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Autor, entre otras obras de Sapiens: De animales a dioses; Homo Deus: Breve historia del mañana; y 21 lecciones para el siglo XXI.
Avance
El historiador Yuval Noah Harari ha querido trazar una imagen integral y definitiva del ser humano y de su evolución como especie de la mano de las ciencias más actuales. Y lo ha hecho con Sapiens. De animales a dioses, ambicioso ensayo publicado en 2011 que, con más de 23 millones de ejemplares vendidos, ha sido traducido a 65 idiomas. Relata cómo, desde sus orígenes, la humanidad se ha adaptado a su entorno hasta dominarlo, llegando a logros inimaginables para cualquier otro animal, a través de tres grandes revoluciones, la cognitiva, la agrícola y la científica. Y aventura que en el futuro dejaremos de ser homo sapiens para ser otro tipo de seres superiores, con notables mejoramientos cognitivos y físicos. Pero ¿es verdadera la imagen que el autor proporciona sobre el ser humano?, ¿son coherentes o realizables las profecías qué propone? se pregunta el profesor de Antropología Andrés Ortigosa Peña, que, desde la crítica filosófica, hace una revisión de los argumentos del historiador israelí.
El análisis de Ortigosa es una nueva aportación a la serie de revisiones críticas de obras del pensamiento y la ciencia contemporáneas, que han tenido destacada influencia en la sociedad, de la mano de especialistas en esas materias y dentro de la colección Ciudadanía y valores, que dirige Benigno Blanco. A continuación, publicamos una síntesis que el propio Andrés Ortigosa hace de la obra de Harari.
ArtÍculo
En Sapiens, Yuval Harari contempla tres grandes revoluciones: la cognitiva, la agrícola y la científica. Estas tres revoluciones son las que han hecho que el homo sapiens sea lo que hoy es. El homo sapiens no domina el planeta por su fuerza física, ni por su instinto, sino por su capacidad cognitiva-creativa de elaborar ficciones, como los dioses, las naciones, los derechos o el dinero. Con esa clave Harari repasa toda la historia de la humanidad y termina en la cuarta parte de su libro apostando por la unificación de la misma a través de sistemas globales. Para ello emplea argumentos científicos, aunque su ensayo es divulgativo, y nos llama a pensar el presente desde una perspectiva histórica.
A lo largo de su libro se da, además, un entrelazamiento entre lo objetivo, lo subjetivo y lo intersubjetivo. Lo objetivo es aquello que es independiente de nuestro pensamiento, como una piedra o el ADN humano. Lo subjetivo es aquello que anida en las experiencias individuales, como la intensidad de un dolor. Lo intersubjetivo es la realidad que compartimos a través de imaginaciones colectivas, como el dinero, la soberanía, los derechos, etc. Para Harari, lo decisivo de la especie humana es que lo intersubjetivo organiza el mundo humano. Esto es, que vivimos a través de ficciones.

La primera parte del libro, dedicada a la revolución cognitiva, consta de cuatro capítulos. El primero defiende que el homo sapiens hace 70.000 años experimentó un salto cultural que provino del lenguaje, especialmente del chismorreo y de los mitos. Los mitos son para Harari el «pegamento» de los grupos culturales humanos. Gracias a los mitos, que son ficciones intersubjetivas, se consigue que miles de homo sapiens cooperen entre ellos.
En el segundo capítulo, el autor trata de los cazadores-recolectores, es decir, esos grupos nómadas que, aunque violentos y vulnerables al clima, lograban adaptarse para sobrevivir a multitud de entornos hostiles. El legado que nos ha dejado este periodo del ser humano es un legado psicológico que se mantiene vivo, pues no podemos dejar de pensar como cazadores-recolectores.
En el tercer capítulo, Harari trata la conquista del planeta Tierra. En unos milenios, los sapiens fuimos de África a Eurasia, Australia y América. A medida que nos expandíamos como especie, desaparecía la flora y fauna autóctonas. Esto prueba para él que la huella del ser humano en el planeta está marcada por la desaparición de otras especies.
La segunda parte del libro, la revolución agrícola, se compone de otros cuatro capítulos. Hace 12.000 años comenzó la domesticación del trigo, el arroz y el maíz. Para Harari, el nacimiento de la agricultura es un cambio radical en la vida humana. Se acabó el nomadismo y se dio paso al sedentarismo. La agricultura no permitía una dieta tan variada como con el nomadismo, por lo que había peor alimentación y, además, más enfermedades. Sin embargo, el sedentarismo permitió un mayor número de recursos asegurando así que hubiera más seres humanos. Al crecer los grupos humanos se necesita de jerarquía, por lo que se formaron mayores desigualdades sociales.
El siguiente capítulo trata justamente sobre la jerarquía. Esta es un orden imaginado, o sea, algo ficticio o falso que sirve al ser humano para dar orden, pero no porque verdaderamente sea así. Con el orden imaginado, que une a los grupos, se consagran las jerarquías sociales y surgen élites, como los guerreros, los sacerdotes o los administradores. Los mitos permiten legitimarlos en el poder y, al mismo tiempo, al ejercer el poder pueden castigar a quienes se le opongan. De hecho, las castas y clases toman un discurso que naturaliza su superioridad y que, para Harari, se mantiene en la actualidad.
Dedica a la escritura el siguiente capítulo. Esta surge desde la necesidad administrativa. Las tablillas sumerias nos muestran la importancia en su vida del ganado, la cebada, etc. Para mantener a un grupo grande se requiere de la administración y también, por supuesto, de las leyes. La escritura comenzó como algo administrativo y lentamente fue expandiéndose, dando lugar a las leyes, las matemáticas y la literatura. Con ello se puede gobernar territorios enteros durante generaciones.
Por último, esta segunda parte aborda también las diferencias sociales entre hombres y mujeres. En muchas sociedades agrícolas se impuso el patriarcado. La duda es por qué. Para Harari, pudo haber algunos factores, como la militarización, la herencia patrimonial, la potencia física, etc. Sin embargo, sigue siendo un tema debatido y que no tiene una respuesta última.
La tercera parte, que es la unificación de la humanidad, versa sobre cómo estas civilizaciones se fueron uniendo en imperios a través de diferentes elementos. Harari comenta cómo el dinero es un unificador de la humanidad: puede convertirse en tierras, en trabajo, en lealtad, en libertad, etc. Todo ello gracias a que todo el mundo confía en que el dinero será aceptado. Y, aunque en la actualidad el noventa por ciento del dinero no es físico, lo cierto es que las cifras siguen unificando a las personas más allá de su religión, género, etc. Para Harari, el dinero es una religión, pues se extiende por todas partes.
El autor trata, a continuación, de la unificación desde los imperios. Lo natural en un imperio es buscar la expansión. Roma, China, Persia, los imperios europeos, el Imperio azteca, etc., tienden a mezclar sus culturas o a imponerlas, pero al final acaban unificándose bajo un mismo territorio. Además, se difunden las lenguas, las artes y la filosofía, llegando a nuevas formas de cultura.
Se ocupa, luego, del papel de la religión como unificadora de la humanidad. Con el paso del animismo al politeísmo y de este al monoteísmo, las diferentes religiones produjeron un cambio de mentalidad en los seres humanos. Lo importante en una religión es que haya seres sobrenaturales y que tenga una intención misionera, es decir, que busque extender su mensaje a lo largo de la Tierra. Todas las religiones sostienen ritos y liturgias, aunque cambiando a las deidades. Por último, Harari llega a firmar en un breve capítulo que la historia avanza mediante el caos, en el sentido de que no tiene un orden preestablecido y que, por ello, no puede predecirse el futuro.
Es en la cuarta parte, la revolución científica, donde Harari comenta los mayores progresos del Homo sapiens. Hace alrededor de 1.500 años en Europa se acepta la ignorancia. Asumir que ignoramos la verdad de la realidad hizo que sustituyésemos la religión, que nos daba todas las respuestas, por la ciencia, que buscaba las respuestas. Esto abrió una nueva etapa en la historia que permitió comprender el mundo mejor, con mayor rigurosidad, y con ese aumento del conocimiento vino un incremento en las comodidades a través de la tecnología. Para ello, la ciencia utilizó el método empírico, que tiene que ver con la observación de la realidad material, las matemáticas y la experimentación. Nunca había experimentado la humanidad un paso tan agigantado en el conocimiento como con la ciencia.
El siguiente capítulo trata sobre cómo la ciencia necesita del capital, pues sin trabajo y dinero no puede avanzar. Solo algunos países se pueden permitir tener ciencia e incentivarla económicamente. Esto ocurre porque la investigación genera conocimiento, el cual se traduce en poder, y el poder permite generar más recursos que pueden volver a invertirse en la investigación. Así, surge un ciclo incesante. El capítulo que le sigue trata sobre el credo del capitalismo, es decir, sobre cómo pensamos desde el capitalismo que funciona la economía mediante nuestras creencias. Para todo capitalista hay una máxima, que es que el futuro será aún mayor y mejor que el presente, y por eso se invierte, lo que permite el crecimiento. De hecho, eso legitima el crédito: invertir hoy para beneficiarnos mañana. Toda la economía moderna capitalista funciona con la idea de reinversión, construyendo la fantasía de un futuro mejor.
Después, Harari trata la ética capitalista, que es el consumismo. Ese pensamiento de que consumir nos hará bien y que, a más consumo, mayor bienestar, es la premisa ética fundamental del capitalismo. En el siguiente capítulo trata el cambio continuo que se han producido en las fábricas, cadenas de montaje, etc., es decir, en la industria. Harari realiza una breve historia de la industria sobre la que luego cimentará que surjan las naciones, que son «comunidades imaginadas».
Harari reclama que la historia se comprendería muy diferente si la visualizásemos como una historia de la felicidad. Él presenta diferentes teorías sobre qué es la felicidad para finalmente apoyar en buena medida que la felicidad es algo bioquímico y, además, que lo verdaderamente importante es la serenidad, como dijeran los budistas.
El último capítulo de su libro trata sobre el futuro de la humanidad, en el cual dejaremos de ser homo sapiens para ser otro tipo de seres superiores, con mejoramientos cognitivos, físicos, sin enfermedades, pudiendo elegir todo sobre nuestros hijos antes de que nazcan y, si fuese necesario, con nuestra mente pasada a un programa de software. Todo eso es para Harari el futuro inminente e ineluctable de la humanidad. Finalmente, el libro termina con un breve epílogo que nos advierte de que, aunque el ser humano ha conseguido logros inmensos, lo cierto es que necesitamos aprender a gestionar el basto poder que hemos adquirido.
Lo cierto es que este libro asombra por su claridad narrativa, ejemplos memorables y, sobre todo, ambición panorámica. Conectar antropológicamente la biología con la economía y la política es un mérito que Harari ha conseguido con excelencia, más allá de que creamos en su discurso o no. A fin de cuentas, esto es el ser humano, ¿no? Si bien, podemos preguntarnos, ¿es verdadera la imagen que el autor proporciona sobre el ser humano? ¿Son coherentes o realizables las profecías que propone?
Otras reseñas de los libros de la colección Ciudadanía y valores:
Salvador Anaya: Una revisión crítica de «El error de Descartes», de António Damásio
Ignacio Sánchez Cámara: Una revisión crítica de la «Teoría de la justicia» de John Rawls
María Calvo Charro: Una revisión crítica de «La mística de la feminidad», de Betty Friedan
Mariano Asla: Una revisión crítica de «Sobre la naturaleza humana», de Edward Osborne Wilson
Crédito de la imagen: Harari en 2017. Autor: Daniel Naber. Licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.
Avance
La destrucción de libros, amparada e incluso impulsada por las leyes humanas, es uno de los fenómenos recientes que ilustran lo mal que legisla la humanidad en su desigual convivencia con las máquinas. Ya han sido descuartizados cientos de miles de ejemplares físicos, sacrificados para alimentar la voracidad insaciable de la inteligencia artificial. Ray Bradbury no vio venir esta demanda creciente, de la que empiezan a alertar los libreros. Con el pago de 1500 millones de dólares que acaba de aceptar Anthropic en Estados Unidos, la compañía de Dario Amodei y sus competidoras siguen con las manos libres para entrenar sus modelos a costa de los viejos libros, aniquilados de forma perfectamente legal.
La historia para llegar a este punto es corta. Durante años, las empresas de IA entrenaron sus modelos con una materia prima que parecía inagotable: internet. «Robaron» (las comillas son opcionales) páginas web, foros, artículos científicos, periódicos, fotografías y libros digitalizados a gran escala. Pero incluso la red de redes es finita y queda poco material con el que alimentar a la bestia, aparte del que se publica a diario, cada vez más endogámico e inútil. En la actualidad, lo que no ha sido ya saqueado está protegido de un modo u otro, o pesan sobre su uso amenazas legales.

Hace pocos años era difícil de imaginar, pero las compañías más avanzadas le han echado el ojo a un viejo objeto, una reliquia del saber que, de repente, empieza a revalorizarse: el libro impreso, cuando más viejo mejor. El papel de toda la vida es territorio virgen, ideal para seguir entrenando los modelos de IA. No es casualidad que, en los últimos meses, libreros, distribuidores e investigadores hayan detectado compras masivas de ejemplares físicos, sobre todo de segunda mano, que presumiblemente terminan en instalaciones donde son descuartizados: se les corta el lomo, se escanean sus páginas y se destruye el original. La operación no responde a una súbita afición bibliográfica de Silicon Valley, sino a la búsqueda de textos humanos, bien editados y adquiridos de forma legal. La legislación puede llegar a ser perversa.
El fenómeno también se ha reproducido en España y otros países europeos. Libreros consultados por El País describieron pedidos numerosos y poco habituales, algunas veces realizados de forma automatizada y canalizados a través de intermediarios, como la empresa canadiense Zoom Books, que se promociona en su página web como compañía dedicada al reciclaje. En rigor, eso es lo que hace. Muchos de los compradores buscan obras descatalogadas, libros técnicos, ensayos y títulos difíciles de localizar en formato digital. El patrón —compras indiscriminadas, escasa preocupación por el precio y envíos concentrados hacia determinados centros logísticos— despertó la sospecha de que los libros no se destinaban a lectores, bibliotecas o coleccionistas, sino a procesos industriales de digitalización. La identidad de los clientes tecnológicos finales no ha podido acreditarse en todos los casos.
La sospecha adquiere verosimilitud porque ya existe un precedente documentado. Anthropic, empresa creadora del asistente Claude, puso en marcha en 2024 el llamado Proyecto Panamá. Según documentación interna desclasificada en un litigio sobre derechos de autor, del que han informado medios como Wired, la compañía gastó decenas de millones de dólares en adquirir grandes cantidades de libros impresos. Los documentos describían el proyecto como un intento de digitalizar de manera destructiva todos los libros posibles. Para dirigir la operación, Anthropic contrató a Tom Turvey, antiguo ejecutivo de Google, que había participado en Google Books.
La elección de los libros no es accidental. Frente a la escritura fragmentaria, repetitiva y desigual de internet, un libro suele (o debería) haber superado filtros de selección, edición, corrección y organización. Contiene conocimiento estructurado y, en determinados ámbitos técnicos o académicos, información que nunca llegó a publicarse en la red. Las obras editadas antes de la expansión de la inteligencia artificial generativa ofrecen una ventaja adicional: existe una probabilidad mucho mayor de que hayan sido escritas íntegramente por seres humanos.
De hecho, la compañía ISBNdb, la base de datos bibliográfica más grande del mundo, presenta los libros anteriores a 2022 como una reserva de contenido humano libre de la llamada «bazofia de la IA»: textos de baja calidad fabricados masivamente por máquinas. Según la documentación comercial recogida por 404 Media, la empresa ofrece a clientes tecnológicos grandes lotes de libros y su «procesamiento» posterior. Su argumento es que ninguna recopilación indiscriminada de páginas web puede sustituir el grado de densidad, especialización y control editorial de una biblioteca impresa.
La expansión de esta actividad ha empezado a modificar el comportamiento de la industria editorial. Ya en 2024, en las oficinas de Meta, discutieron incluso la posibilidad de comprar la editorial Simon & Schuster para obtener material de entrenamiento, según informó en su día The Guardian. En enero de 2026, Ingram Content Group, uno de los principales distribuidores de libros del mundo, avisó a sus clientes, en su mayoría editoriales, de una «tendencia creciente» entre empresas de inteligencia artificial que compraban ejemplares físicos para escanearlos y utilizarlos en el entrenamiento de modelos. Ingram ofreció a los editores la posibilidad de excluir sus catálogos de las ventas si la compañía sabía que estaban dirigidas a empresas de IA, aunque reconoció que no siempre puede conocer la identidad o la finalidad real de cada comprador.
Muchos de los problemas empezaron con una sentencia judicial que pretendía defender a los escritores frente al pirateo impune de las empresas de IA. Ocurrió en Estados Unidos, donde el caso Bartz contra Anthropic , en su día celebrado como un «vuelco a la batalla de los autores contra la IA», abrió a las máquinas un resquicio legal que costará cerrar.
Puede que el juez federal William Alsup afinara demasiado al distinguir entre dos conceptos, el uso de las obras para entrenar un modelo y la forma de obtenerlas. En junio de 2025, consideró que el entrenamiento de los modelos de Anthropic con libros podía ser un uso transformador amparado por la doctrina estadounidense del fair use. El sistema no almacenaba los libros para vender copias equivalentes, razonó el juez, sino para extraer patrones estadísticos y desarrollar una tecnología con una finalidad distinta de la lectura original. En segundo lugar, el juez aceptó la creación de una biblioteca digital, si se hacía a partir de ejemplares comprados y escaneados, siempre que la empresa no conservara después el libro físico como una copia adicional. De este modo, empujó a los compradores a destruir los ejemplares para cumplir la ley.
La resolución fue aplaudida porque tampoco legitimó del todo las prácticas de Anthropic. La compañía había descargado millones de archivos de bibliotecas piratas como LibGen y Pirate Library Mirror. Alsup consideró que esa adquisición ilícita no quedaba blanqueada porque la empresa utilizara luego los textos para una finalidad transformadora o comprara unos cuantos ejemplares de forma legal. El posible fair use del entrenamiento no legitimaba la creación y conservación de una biblioteca obtenida mediante copias piratas.
Hace unos días, Anthropic decidió cerrar el caso con un acuerdo millonario que se antoja barato, por 1.500 millones de dólares. El 22 de julio de 2026, la jueza federal Araceli Martínez-Olguín aprobó el pacto, que incluye más de 482.000 libros y prevé una compensación de unos 3.000 dólares por obra. Según Associated Press, el 91 % de estos títulos habían sido reclamados por autores o editoriales. La jueza describió el acuerdo como «una reparación significativa» para los miembros de la demanda colectiva.
En efecto, podría tratarse de la mayor compensación económica conocida en un caso de derechos de autor, pero no declara ilegal el entrenamiento de Claude. Anthropic no ha tenido que admitir ninguna responsabilidad y la indemnización se vincula esencialmente a la descarga y conservación de libros procedentes de fuentes piratas. El escaneo y destrucción de ejemplares físicos se convierte de forma definitiva en la forma más barata de seguir entrenando a las máquinas, hasta el punto de que empieza a crearse un mercado propio.
El informe británico Content Superpower: UK Publishing and the AI Licensing Market, publicado por la Publishers Association el pasado 3 de marzo, asegura que las editoriales académicas ya llevan una década autorizando actividades de minería de textos y datos. Los primeros acuerdos datan de 2023 y las licencias para sistemas de generación aumentada mediante recuperación representan un segmento creciente. El informe calcula que el número de editoriales británicas activas en este mercado podría duplicarse en 2026 y que, al terminar el año, participarían todas las grandes editoriales académicas del país.
Los derechos de autor negociados en Estados Unidos tampoco ayudan a resolver el problema en Europa, pero para las empresas de IA, la compra masiva de libros físicos es una ruta de escape atractiva, porque podría resolver tres problemas simultáneos. El primero es técnico: los modelos necesitan textos humanos de buena calidad y no contaminados. El segundo es jurídico: adquirir los ejemplares es más fácil de defender en un juicio que descargarlos de páginas piratas. El tercero es comercial: mientras el mercado de licencias siga fragmentado y resulte caro negociar con miles de titulares, comprar, cortar y escanear libros es una alternativa rápida.
De momento, los libros comprados por empresas de IA pueden pasar de la librería a la trituradora sin que el autor, el editor o el librero conozcan el destino de la obra. Cuando se trata de ejemplares abundantes, la pérdida material puede parecer irrelevante, pero pueden estar desapareciendo miles de ediciones raras y otras especies descatalogadas. Para quienes quieren deshacerse de sus viejas bibliotecas tampoco es la peor solución posible. Hasta ahora, muchos de esos libros acababan en la basura, sin que nadie, ni siquiera una máquina, los hubiera leído antes.
Foto: Una copia de la novela La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, es quemada. © LearningLark, con licencia Creative Commons. Artículo elaborado por Federico Marín Bellón.
Avance
Götz Aly es uno de los más importantes historiadores alemanes. Vive. Nació el 3 de mayo de 1947 en Heidelberg. Para el propósito de este artículo, destacamos dos libros suyos:
Aly, G. (2006). La utopía nazi: Cómo Hitler compró a los alemanes (J. Madariaga, Trad.). Crítica. La edición original alemana es de 2005 y se titula Hitlers Volksstaat: Raub, Rassenkrieg und nationaler Sozialismus. En esa obra muestra que el gobierno de Hitler transformó al Estado alemán en una inaudita máquina de saqueo. Pero a la vez, se ganó a la gran mayoría de los alemanes con una combinación de prestaciones sociales, generosas ayudas y pequeñas exenciones fiscales. ¿Quién pagaba la factura mientras funcionó? Millones de europeos cuyas propiedades y medios de subsistencia fueron expropiados y rapiñados. También los ingresos de la venta de bienes judíos en Europa alimentaron las arcas de guerra alemanas.
El segundo es Aly, G. (2014). Los que sobraban: Historia de la eutanasia social en la Alemania nazi, 1939–1945 (H. Piquer Minguijón, Trad.). Crítica. Obra original publicada en 2012 con el título Die Belasteten: ›Euthanasie‹ 1939–1945. Eine Gesellschaftsgeschichte. Se trata del trabajo más personal de Götz Aly. Lo dedica a su hija Karline, gravemente discapacitada. Entre 1939 y 1945, unos 200.000 alemanes fueron asesinados por el antojo de que los nazis los consideraran enfermos mentales, rebeldes, cargados genéticamente con antecedentes familiares de discapacidad y dementes. Muchos familiares de esas víctimas aceptaron en silencio el asesinato de sus hijos, hermanos, padres y madres discapacitados. Pensaban, o se justificaban, con que era una forma de liberarse de una carga. La mayoría de las familias aún se avergonzaban de nombrar a las víctimas cuando se publicó el libro, en 2012. Las justificaciones ofrecidas por bastantes de los implicados resultan inquietantes. Hablaban de redención, muerte misericordiosa, interrupción de la vida, suicidio asistido y eutanasia. En 2012 se calculaba que uno de cada ocho adultos alemanes tenía parentesco directo con una persona asesinada por el expediente de la eutanasia.
En una entrevista con el FAZ, publicada el pasado domingo, titulada «Das klingt ein bisschen nach Nürnberger Rassegesetzen» (Eso suena un poco a las leyes racistas de Núremberg), Götz Aly vuelve a la carga, va un poco más allá y declara que con Putin, Trump y otros podemos estar perfectamente a las puertas de un nuevo 1933, cuando Hitler se hizo con el poder en Alemania.
Insiste en el papel de la economía, con tintes semejantes a los de 1933. Como Wilhelm Röpke (un economista de su devoción) puso de manifiesto, dice Aly, «Hitler tenía que librar una guerra para refinanciar su deuda récord». Desde 1934, «una parte significativa de los dividendos debía invertirse en bonos del gobierno a diez años, los impuestos corporativos se duplicaron, se impusieron impuestos de guerra al 15 por ciento de la población más rica y el resto quedó exento». Todo, medidas populistas, con ecos en las de los gobiernos democráticos de ahora.
Hitler, subraya Aly en la entrevista, «ganó popularidad gracias a los programas de asistencia social. Muchas de estas leyes siguen vigentes. Los jubilados cuentan con seguro médico desde 1941. Desde 1942, todos los empleados están cubiertos por un seguro de accidentes, incluidos los desplazamientos diarios, no solo los que desempeñan profesiones particularmente peligrosas. ¿Por qué no se menciona esto en los elogios al estado de bienestar alemán?» de hoy, se pregunta Aly. Contesta: «Para desviar la atención del hecho de que los nacionalsocialistas también cocinaban con agua, con agua política que aún funciona».
Concluye: «La teoría marxista de que el nacionalsocialismo fue esencialmente una dictadura del capital financiero es un sin sentido. Por el contrario, los informes socialdemócratas sobre el estado de ánimo en el reino de Hitler documentan de forma realista la actitud ambivalente de los trabajadores: no eran nacionalsocialistas convencidos, pero tenían esperanzas de equilibrio social, un futuro mejor y la nivelación de las barreras de clase».
Hitler se valió de un sistema intervencionista estatal parecido al marxista y no muy dispar de lo que algunos socialistas todavía hoy predican.
Más información:
Bollmann, Ralph. (2026, 26 de julio). Götz Aly im Interview. «Das klingt ein bisschen nach Nürnberger Rassegesetzen». Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ).
Crédito de la imagen: Hjalmar Schacht (en el centro), presidente del Reichsbank (1933-1939), en una fotografía de 1936. A su izquierda, Hitler. Atribución: Bundesarchiv, Bild 183-R98364 / CC-BY-SA 3.0. Vía Wikimedia Commons.
Traducciones del alemán de JMGN.
Avance
Las críticas de Elon Musk y los sectores conservadores a la Odisea de Christopher Nolan por su wokismo se han revelado poco fundadas, indica la periodista Michelle Golberg en su columna en The New York Times. Sí, claro, en el reparto hay una actriz de color (Lupita Nyong’o haciendo de Helena de Troya) y un transexual (Elliot Page haciendo del guerrero Sinón). Papeles, por otro lado, secundarios. Por lo demás, el marco moral de la trama, tal como la cuenta Nolan, está más cerca de las coordenadas culturales del cristianismo que de las del paganismo, y así lo reconocen algunos de esos sectores conservadores.
Pero el magnate, indignado, ha prometido hacer una Odisea más auténtica y ha recurrido a la IA, con la que —asegura— estrenará a final de año una versión «históricamente precisa» y «fiel al arte de Homero». De aperitivo, ha lanzado un tráiler, «un fragmento absurdamente kitsch producido con su generador de imágenes Grok». Y ha quedado en evidencia: si lo que busca es autenticidad, se ha lucido, porque la que resulta más real y realista es la película de Nolan, que «representa una rebelión de lo humano en un mundo atiborrado de bazofia de IA».
La obra representa una defensa de la materialidad, el trabajo artesanal y la experiencia física frente a la estética artificial de las imágenes generadas por algoritmos. Esta filosofía impregna todo el proceso de producción:
—El director de fotografía Hoyte van Hoytema explicó a The New York Times que prefieren «lugares reales, localizaciones reales, cosas tangibles y táctiles frente a la cámara». El cíclope Polifemo fue una marioneta animatrónica de 18,3 metros, no una creación digital. Las sirenas aparecen como figuras pequeñas a distancia y el Hades como un campo turbio. Nolan filmó en un barco de madera durante una tormenta real que provocó mareos y vómitos entre los extras, logrando una autenticidad visceral.
—Los dioses apenas aparecen, salvo Atenea, interpretada por Zendaya. El influencer conservador Matt Walsh se quejó de que la película «es una historia completamente desencantada, carente de lo sobrenatural», comparándola desfavorablemente con Gladiador o Apocalypto. Prima, en efecto la escala humana.
—Paradójicamente, la austeridad visual ha convertido la película en un éxito comercial. Espectadores viajan en avión para verla en IMAX de 70 milímetros; y el único cine de Manhattan con ese formato agotó entradas hasta el 19 de agosto. La contradicción aparente entre falta de espectacularidad y éxito de taquilla se resuelve porque «la IA ha abaratado el atractivo visual. Los espectadores anhelan lo visceral».
—Las películas de aspecto artificial (Supergirl, Star Wars: the Mandalorian and Grogu) han fracasado, mientras que películas de terror de bajo presupuesto como Obssesion y Backrooms, basadas en premisas de tensión más que en imágenes espectaculares, han triunfado. «El público en 2026 está enviando un mensaje claro: queremos que las películas se vean reales», escribe un crítico de The Hollywood Reporter.
—El fenómeno Nolan está marcando un punto de inflexión. Tras varios años de declive —2023, 2024, 2025—, la presente temporada va camino de ser la más taquillera desde 2019. La generación Z es ahora el grupo demográfico más activo en cines. El propio Nolan comenta en una entrevista con The Telegraph: «Nunca en mi vida he visto un rechazo generalizado tan rápido a un salto tecnológico supuestamente fundamental [la IA]». Más bien lo que los espectadores jóvenes tienen es «un interés renovado en formas de narración más táctiles y más reales». Lo dice el director de Tenet y Origen, pero también «el mayor defensor de la realización cinematográfica práctica y analógica, que ni siquiera tiene un teléfono inteligente».
«Este ethos», concluye Michelle Goldberg, más que el reparto multirracial y diverso, es lo que probablemente repele a Elon Musk: la Odisea cuestiona sus visiones de grandeza derivadas de videojuegos y su convicción de que los algoritmos pueden crear arte. Musk se equivoca si cree que sus máquinas podrían poner en pie algo comparable a la película de Nolan.
El artículo completo publicado por Michelle Goldberg se puede leer en The New York Times