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Dios a la vista

Título: «Dieu en questions.»
Autor: André Frossard.
Editorial: Desclée de Brouwer/Stock-Laurence Pernoud. 1990. 221 páginas.
Precio: 96 francos franceses.


En la Europa occidental hablar de Dios no está de moda, pese a que supuestamente sea ésta el Reino del Cristianismo desde hace 2.000 años, cuya doctrina expandió por el resto del mundo a lo largo de los siglos. Parece como si «el silencio de Dios», por decirlo con la acertada expresión de Charles Moeller, hubiera salido de los cenáculos de una inteligencia secularizada, en sentido anti-cristiano, desde los albores del XVIII para llegar a la mayoría del pueblo, sobre todo a las nuevas generaciones, que «pasan», literalmente, del asunto más trascendental de nuestra vida, es decir, Dios, nuestra relación con el Creador y nuestro destino eterno.

En otras palabras, el mundo moderno ha hecho buena la tremenda frase de Albert Camus, síntesis de un ateísmo cuasi natural, extendido como una plaga sobre la faz del planeta: «Yo no parto del principio de que la verdad cristiana sea ilusoria. Nunca he entrado en ella y eso es todo». (Conferencia a los cristianos, diciembre de 1946.)

Por ello es estimulante que la gran cuestión de Dios sea planteada a estas alturas de nuestro tiempo con la profundidad debida, tal como lo hace André Frossard, de la Academia Francesa, en este libro riguroso e inteligible, donde el ilustre converso -con ascendientes judíos, hijo del que fue primer secretario del Partido Comunista francés hasta 1923, después diputado y ministro durante la III República- responde a más de 2.000 preguntas formuladas por jóvenes alumnos de preuniversitario.

¿Por qué vivir?, ¿qué es la fe?, ¿qué es la verdad?, ¿son compatibles la ciencia y la fe?, ¿por qué los sacerdotes no se pueden casar?, ¿por qué interviene la Iglesia en la vida privada?, ¿por qué hay injusticias en el mundo?, la Iglesia es misógina, la bioética, el pecado original; he aquí, en suma, algunas de las numerosas cuestiones planteadas y respondidas con precisión a lo largo de este libro apasionante.

Como no es cuestión de abordar aquí, punto por punto, los temas planteados, me fijaré en uno de capital importancia, que adquiere en nuestros días una dimensión nueva: el papel de la mujer dentro de la Iglesia.

Para empezar, Frossard llama la atención sobre el siguiente hecho: la Iglesia Católica venera en la Virgen María al más grande de los seres creados. Y aunque es obvio que durante la Edad Media existieron pensadores absurdos obcecados en una pretendida inferioridad de la mujer so pretexto de que ésta, según un célebre pasaje del Génesis, fue creada después del hombre, lo cierto es que la emancipación de la mujer comenzó con el cristianismo, si bien, a pesar de los progresos últimos, no ha terminado todavía. La tan invocada frase de San Pablo conminando a las mujeres que se callaran en las asambleas prueba, en contra de lo que se pretende, que participaban en éstas, algo largo tiempo inimaginable en nuestros parlamentos. En conclusión, la supuesta duda de la Iglesia en reconocer un alma a las mujeres constituye una necedad desmentida por toda la historia cristiana. Las santas y las mártires han sido veneradas desde los primeros siglos, su glorificación brilla en los muros de Ravena, en las iglesias del siglo VI, y siempre ha habido tantas mujeres como hombres en el Catálogo Romano de las Canonizaciones.

Como es obvio, Frossard aborda los asuntos desde los presupuestos firmes de una fe diamantina, integral no integrista, fijada en su esencia cuando el propio autor descubre la realidad de Dios, tal como él nos lo ha referido en su maravilloso testimonio «Dios existe, yo lo he encontrado» (1969).

Pero el libro no es una reiteración pura y simple de los argumentos tradicionales en torno a la existencia de Dios, sino un brillante contraste dialéctico entre las ideas de los creyentes y las de los no creyentes, examinando también las controversias surgidas en el seno de la propia Iglesia.

Por último, en uno de los pasajes sustantivos de este diálogo universal, Frossard se interroga ¿para qué sirve creer?, y, no como buen dialéctico, sino como hombre que ha vivido la doble experiencia personal del ateísmo militante y la fe, responde con una afirmación llena de buen sentido: «Vemos claramente para qué sirve no creer: para estar sólo en la Tierra, que es el menos fijo de todos los domicilios, y no comprender nunca, en respuesta a las cuestiones que el corazón se plantea, otra voz que la suya».

Novedades discográficas

La Wally

Autor: Alfredo Catalani.
Título: «La Wally». Ópera en cuatro actos con libreto de L. Illica.
Intérpretes: Eva Marton, Alan Titus, Francisco Araiza.
Orquesta: Coro de la Radio Bávara, Orquesta de la Radio de Múnich.
Director: Pinchas Steinberg.
EURODISC BMG Classics RD 69073 DDD.


Es novedad en el mercado discográfico La Wally de Alfredo Catalani (1854-1893), quinta y última ópera del compositor. Con el estreno de La Wally en el Teatro alla Scala de Milán el 20 de enero de 1892, consiguió Catalani el primer gran éxito de su vida. Éxito que no disfrutaría por mucho tiempo, ya que al año siguiente moría en plena juventud, víctima de una tuberculosis.

Alfredo Catalani representa junto a Puccini y a Mascagni la nueva ópera italiana, esto es, se enmarca en la corriente verista, aunque es igualmente notable la influencia alemana y particularmente wagneriana que se percibe en su ópera.

Está basada en la novela Die Geyer-Wally de Wilhelmine von Hillern que apareció publicada por un diario milanés como novela por entregas a lo largo de 1887, y que alcanzaría mucha popularidad. El libreto, elaborado por Illica, libretista habitual de Puccini, alcanza un mayor sentido dramático. Si en la novela queda asegurado un final feliz algo inverosímil, en la ópera una avalancha de nieve impide que los amantes se reúnan: Hagenbach cae al abismo y Wally, siguiendo el modelo de la Senta wagneriana, se precipita tras él.

La soprano Eva Marton está magnífica en esta versión, logrando dar verdadera autenticidad al personaje de Wally, llena de vigor juvenil, pero también de dramatismo y con momentos de gran dulzura como en la escena de amor del último acto.

No existe en esta obra una diferenciación entre recitativos y arias, aunque predomina en general la cantilena y el bel canto. La emancipación de la orquesta es bien visible, y ya no sirve tan sólo de apoyo al canto, sino que tiene un papel igualmente dramático y enriquecedor de la obra en su conjunto. Pinchas Steinberg al frente de la orquesta obtiene un precioso resultado en esta obra llena de poesía y calor.

Se trata de una grabación con muy buena calidad técnica, de gran interés para operófilos y aficionados, que cuentan con pocas ocasiones de escuchar La Wally.

Carreras, Domingo, Pavarotti en concierto

Autor: Varios autores.
Título: «Carreras-Domingo-Pavarotti en concierto». Termas de Caracalla, Roma, 7 de julio de 1990.
Orquesta: Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Orquesta del Teatro de la Ópera de Roma.
Director: Zubin Mehta.
DECCA 430 433-2 DDD.


Las relaciones entre los divos siempre han estado teñidas de cierta rivalidad. Conseguir pues que tres cantantes de primerísima fila se reunieran a cantar juntos, no parecía sino una tarea imposible.

En el marco incomparable de las Termas de Caracalla en Roma, el 7 de julio de este año, tenía lugar el recital conjunto de José Carreras, Plácido Domingo y Luciano Pavarotti con una orquesta de 200 instrumentistas a las órdenes de Zubin Mehta. Los tres grandes tenores han dejado bien sentado que mantienen unas estupendas relaciones de perfecta camaradería, y son capaces de hacer verdaderos equilibrios con sus abultadas agendas y compromisos para hacer posible iniciativas de este estilo.

El concierto fue retransmitido por todas las televisiones del mundo y registrado en directo. La grabación está consiguiendo ser uno de los discos más vendidos en este año 90. El disco atestigua la emoción del concierto, y nos muestra a los tres grandes tenores en espléndida forma. El recital, de repertorio muy popular, con arias y romanzas muy conocidas, concluye con un pot-pourri de canciones populares de fácil concesión hacia ese público cada vez más numeroso al que se deben.

Salto de área

Título: «Qué loco propósito».
Autor: Francis Crick.
Editorial: Tusquets. Barcelona, 1989. 209 páginas.
Precio: 1.300 pesetas.


A poco de comenzar la II Guerra Mundial, con apenas 24 años y una licenciatura en Física, Francis Crick se puso a trabajar para el Ministerio de Marina del Reino Unido en el diseño de minas a distancia. Tuvo éxito pues logró un modelo que, según dice, era cinco veces más efectivo que el empleado anteriormente. Al concluir la guerra se calculó que con este procedimiento se «hundieron o dañaron gravemente unos mil barcos mercantes enemigos».

Ahora bien, Crick no se ha hecho famoso por su investigación armamentista, sino por descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos, que le valieron la concesión del premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1962, junto a sus compañeros Jim Watson y Maurice Wilkins. No puede por menos que asombrar la manifiesta capacidad de Crick para adaptarse a diversas áreas científicas. Cuenta que al cesar en sus actividades bélicas y plantearse de nuevo su vida profesional, se aplicó el «test del chismorreo» y se encontró con que los temas que propendía a sacar en sus conversaciones estaban siempre relacionados con la frontera entre lo viviente y lo no viviente y con el funcionamiento del cerebro. De este modo, decidió orientarse hacia el campo de la biología.

Como muchos otros científicos que han adquirido fama, Francis Crick ha escrito un libro en el que poder comunicar algunas de sus más preciadas vivencias, lo ha subtitulado Una visión personal del descubrimiento científico y dice que va dirigido tanto a sus colegas como al público en general. En él se pronuncia contra el estereotipo que fija la imagen de los científicos como seres imperturbables que resuelven problemas con implacable y fría lógica y que se hallan instalados en alejadas torres de marfil.

Crick hace algunas reflexiones acerca del quehacer científico que merecen ser reseñadas por su interés general. Piensa que hay que estar dispuestos a percibir evidencias inesperadas de distinto tipo y tener imaginación para unificar datos que provengan de diferentes enfoques. Cree que si él y sus compañeros no hubieran tenido éxito por cualquier circunstancia, el descubrimiento de la estructura de la doble hélice en las moléculas de DNA por parte de otros investigadores no se hubiera retrasado más allá de tres años. Reconoce, a su vez, la existencia de un elemento azaroso en los descubrimientos, pero también que el azar favorece a las mentes preparadas, con conocimientos amplios.

Opina que hay que aprender a seleccionar problemas adecuados y saber no atascarse en callejones sin salida, pero sin abandonar prematuramente una investigación tras sufrir diversos fracasos. Además de tenacidad hay que cultivar prudencia en la interpretación de resultados y ser sensible a éstos pero sin dejarse impresionar en exceso, evitando así quedar atrapado por las propias ideas equivocadas.

Ferviente partidario de la interrelación entre las ciencias, objeta con dureza la arrogancia y los malentendidos de destacados matemáticos y físicos. Este premio Nobel considera un peligro «creerse demasiado listo» y flotar en la autosatisfacción.

Observatorio. Octubre 1990

EL HOMBRE DE LA RABIDA

Dos instituciones culturales importantes para la vida universitaria y la historiografía española deben su existencia al empuje creador del profesor Vicente Rodríguez Casado, que ha fallecido el 3 de septiembre de este año: la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida y la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla. Vicente Rodríguez Casado ha sido durante más de 40 años catedrático de Historia Universal Moderna y Contemporánea en la Universidad de Sevilla y en la Complutense de Madrid. En 1943, recién llegado a la Facultad sevillana, dando pruebas de la notable capacidad de trabajo y de organización que le distinguieron siempre, puso en marcha ambas instituciones.

El primer curso de La Rábida tuvo lugar en aquel mismo verano, cuando aún no estaban de moda las Universidades estivales. «Don Vicente» rigió la Universidad de La Rábida durante 30 años, habiendo dejado un vivo recuerdo de admiración y afecto en los varios miles de estudiantes y profesores españoles e hispanoamericanos que asistieron a esos cursos durante aquellos tiempos, que todavía hoy en gran parte se agrupan en la «Asociación de La Rábida». La Escuela es hoy un prestigioso centro de investigación y de publicaciones científicas, que ha editado más de 400 volúmenes entre libros y «Anuarios». Como investigador de la historia de España y de América, Rodríguez Casado cultivó principalmente el siglo XVIII. Sus libros y trabajos acerca de la política exterior, militar y religiosa del reinado de Carlos III, sobre la colonización y establecimiento de la Luisiana, el Perú del virrey Amat, y otras numerosas monografías, constituyen una copiosa obra científica a la que hay que agregar notables ensayos también de carácter histórico, como las «Conversaciones de Historia de España». Asimismo ocupó puestos políticos de relieve en los años sesenta, preferentemente de tipo cultural o de promoción social, como la dirección de Información (luego Cultura Popular y del Libro) y la del Instituto Social de la Marina.

Durante los últimos tiempos dedicó especial atención a varios países americanos en los que desarrolló cursos y conferencias, en particular Perú, donde era profesor extraordinario de la Universidad de Piura. Como buen conocedor de la realidad peruana, y al tiempo que elogiaba el número dos (marzo) de NUEVA REVISTA, cuya «cover story» era una larga conversación con Mario Vargas Llosa, comentó a un miembro de nuestro Consejo Editorial que el ilustre escritor no ganaría las elecciones presidenciales, aunque fuera el favorito entonces de todas las encuestas. ¿Quién ganará, pues? Respuesta: «un chinito llamado Fujimori».

EXPOSICION EN FLORENCIA

A orillas del Arno, en la coqueta Galería Il punto, muestra estos días su obra el pintor Xurxo Alonso, perteneciente a esa hornada que en la última década ha revitalizado el quehacer plástico en Galicia.

En esta exposición de Florencia, ciudad paradigmática en relación con el hecho artístico, el creador gallego mantiene intactas las estructuras que hasta ahora definieron su trabajo, esto es, rotundidad expresiva, soltura de trazo, gesticulosidad contundente y un sofisticado gusto por el misterio, aunque ahora celebremos un mayor registro en los trazos, un decir más pausado, y en fin, una mayor sabiduría en la concepción global de la obra. El sutil giro no viene dado tanto por dejarse arrastrar por el oleaje de la propia producción, como por una, aunque solapada, férrea voluntad de cambio en sus planteamientos estéticos, a lo cual es ajena la utilización —donde otrora sólo había pintura acrílíca— de barnices y aceites junto a la pintura de agua, o la introducción en sus obras del pastel al óleo y del collage de papel.

Con una pintura que ejerce la seducción por la vía de la sugerencia, sus naturalezas muertas son como sueños vividos pero malamente recordados, y a lo cual hacen alusión algunos de sus títulos: Seduto a lavóla con un amare lento e difficile o Gran desayuno en el norte.

Una nueva ocasión de ver la obra de Xurxo Alonso y de contrastar su trabajo la tendremos durante la muestra que abrirá a mediados de octubre en la sala García Castañón de Pamplona.

MODELO SUECO

El tan traído y llevado modelo sueco, que constituye para muchos socialdemócratas el desideratum, atraviesa una grave crisis, como se ha puesto de relieve durante el reciente XXXI Congreso del SAP celebrado a mediados de septiembre en Estocolmo.

En efecto, las cifras son elocuentes: crecimiento del P1B equivalente a la mitad de la media de los países de la OCDE, inflación superior al 11 por 100 anual y paro previsto de un 3 por 100 para 1991, tasa esta última moderada, pero alia, si se considera que hace tres años era sólo de un 1,5 por 100.

CRISIS DEL GOLFO

Según fuentes diplomáticas de los Estados Unidos, el embargo en verdad, un bloqueo irregular por múltiples causas contra Irak dará sus frutos y no será necesaria una intervención militar directa contra el régimen de Saddam Hussein, la cual, por otra parte, se considera acarrearía unas consecuencias políticas muy negativas para el Occidente y para los propios Gobiernos árabes que ahora se enfrentan a Bagdad.

No obtante, el impresionante despliegue militar se justifica por las propias exigencias del bloqueo impuesto, con el fin de que no sea burlado; por la seguridad de Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Arabes Unidos y Omán; y, en última instancia, por la eventualidad de recurrir a la guerra si se producen nuevas agresiones de Irak o si el bloqueo fracasa porque algunas naciones incumplen el mandato de la ONU y sostienen subrepticiamente a Saddam.

Irak ha ofrecido financiar las obras de la gran mezquita de Lyon, uno de los proyectos más ambiciosos del Islam en Francia, cuyos centros de diverso tipo hasta ahora eran generalmente costeados por Arabia Saudí y Kuwait.

Los teólogos del islamismo contrarios a Saddam Hussein han desplegado una gran actividad en las principales capitales de la Europa occidental explicando, entre otras cosas, que las mujeres del Ejército USA no van en «short» a menos de 1.500 kms. de La Meca…

Los Estados Unidos advirtieron directamente a Fidel Castro que el petrolero que éste dijo iba a enviar al Golfo Pérsico para recoger el petróleo ofrecido gratuitamente por Irak llegaría a las lindes de la zona, pero, en virtud del embargo-bloqueo, tendría que dar la vuelta y regresar a casa vacío.

LA MALA MEMORIA

Los periódicos han dado cuenta recientemente del nombramiento del diplomático Fernando Arias Salgado como embajador de España ante los organismos de la ONU en Viena. Es un gran destino para un jefe de misión joven, que sustituye en el puesto vienés a otro ilustre diplomático, trasladado a París, Eloy Ibáñez. Pero, sorprendentemente, nadie ha recordado la ejecutoria centrista, con el gobierno de UCD, de ambos personajes. La vida española, acelerada por tantos acontecimientos, parece haber consagrado como principio de buena convivencia el hecho de tener mala memoria. Así se llega a sostener, como algunos pretenden, que realmente la democracia empieza con la llegada del PSOE al poder, y todo lo demás es prehistoria.

El caso de Fernando Arias es especialmente digno de ser recordado, como uno de los hitos a los que se llegó en España en la lucha política.

Arias, nacido en plena guerra civil en Valladolid, donde su padre era director del periódico Libertad, es hijo de Gabriel Arias Salgado, primer ministro de Información del franquismo-un nombre que tampoco dice nada ya a las jóvenes generaciones periodísticas, algunos de cuyos componentes creen que Fraga ha sido siempre presidente de la Xunta-, pero, como su hermano Rafael, tiene vida política propia.

Primer director general de RTVE tras el Estatuto del Ente consensuado entre las fuerzas políticas, Fernando Arias fue víctima de una de las maniobras más sectarias que se recuerdan en la lucha por el control de la TV en España: fue acusado de apropiación indebida y malversación de caudales públicos, en una denuncia firmada por Felipe González, Alfonso Guerra, Gregorio Peces Barba, Federico de Carvajal y «tutti quanti» eran algo en el PSOE, cuando este partido estaba en la oposición y la ejercía de la manera más desgarrada…

Naturalmente, la querella no prosperó, Arias fue absuelto con todos los pronunciamientos favorables y, ahora, ese episodio lamentable debe ser piadosamente olvidado.

LOS MERCADOS DEL ESTE

El profesor Juergen B. Donges, catedrático de Ciencias Económicas en la Universidad de Colonia y director del Instituto de Ciencia Económica de esta ciudad, antiguo presidente del Instituto de Economía Mundial de Kiel, en un reciente opúsculo publicado en España por el Instituto de Estudios Económicos, saca las siguientes conclusiones de la apertura de los mercados del Este:

«Los cambios en la Europa del Este pueden constituir un hito en la evolución de la división internacional del trabajo. Los procesos de globalización de mercados e internacionalización de la producción pueden extenderse a una amplia región (con 425 millones de habitantes supera la población de la CEE), hasta ahora marginada por decisión propia. Para la CEE, de hecho ya se ha extendido el mercado hasta la frontera occidental de Polonia. Para toda Europa se abre la perspectiva de que se integrarán mutuamente las diferentes agrupaciones económicas supranacionales existentes, es decir, la CEE, la EFTA y el CAEM; no tiene que tratarse de una integración institucional, pues para cosechar los beneficios de una división internacional del trabajo eficiente basta con que se produzca una integración funcional, es decir, a través del mercado, lo que implica la eliminación de las trabas al libre comercio de bienes y servicios y a la libre circulación de capitales y tecnologías.

Aún queda mucho camino por recorrer hasta que quede configurada la nueva Europa con mercados abiertos. En el Este, son numerosas las incógnitas que se ciernen sobre el proceso de ajustes internos (emprendidos o previstos); incluso en el caso de Alemania Oriental, donde no hay dudas sobre la irreversibilidad del cambio, el modelo aplicado para el rápido tránsito a la economía social de mercado es inédito y por lo tanto cabe la incertidumbre en cuanto a sus implicaciones específicas. En la Europa Occidental, concretamente la CEE, subsiste la resistencia a abolir las barreras proteccionistas frente a los países del Este, en su mayor parte selectivas y de tipo no arancelarío, incluso después de los acuerdos comerciales alcanzados recientemente.

Todo esto significa que desde la óptica occidental las oportunidades que los mercados del Este suponen para las exportaciones e inversiones son más potenciales que reales y surgen más a medio plazo que a corto (habida cuenta del caso especial alemán). Lo dicho significa también que la competencia desde el Este a la producción nacional no se hará sentir de inmediato.»

PLASTICOS Y MEDIO AMBIENTE

Los plásticos tienen mala prensa en materia de Medio Ambiente. Pero conviene saber que si se restringiera su uso, como algunos pretenden, se seguirían algunos problemas ambientales: por ejemplo, si dejasen de emplearse como envases, los residuos aumentarían el 400 por 100 en peso y el 250 por 100 en volumen, y el consumo de energía se duplicaría.

Los plásticos constituyen una gran familia de materiales diferentes, con multitud de usos en los que es difícil o imposible sustituirlos. Por ejemplo, entre sus predecesores figuran el marfil y las conchas de tortuga; los colmillos de elefante fueron el único material utilizado para bolas de billar hasta que se consiguió fabricar los polímeros que hoy los sustituyen.

CARTA AL DIRECTOR

Querido director: Ya te decía yo que en el Comité Editorial de NUEVA REVISTA hay muchos de Letras y pocos de Ciencias. En apoyo de esta hipótesis puedo aducir la «Clave para determinar la letra del NIF» publicada en esta sección el mes pasado.

Por un lado, hacer una división con tres decimales, seguida de una multiplicación, un misterioso cambio de signo y una resta de dos números larguísimos, constituye una serie de operaciones olvidadas, acaso felizmente, por la mayoría de nuestros lectores; como además no cabe ya el recurso a los hijos pequeños, que tampoco saben hacerlas con tanto ordenador que manejan, temo que se hayan producido grandes quebraderos de cabeza.

Por otro, el cálculo de ese número z que da entrada a la clave es algo más sencillo: basta hallar el resto, entero, de dividir por 23 el número del DNI.

Aliquando dormitat Pitágoras…

Angel Ramos
(Ingeniero de Caminos. Miembro del Consejo Editorial de NR)

PASEYRO PREMIADO

Nuestro colaborador Ricardo Paseyro, uruguayo nacionalizado francés, ha sido premiado por la Academia Francesa con la «Medaille de Vermeil du Rayonnement de la Lanque française», dentro de los galardones dispensados por la ilustre institución en 1990. NUEVA REVISTA felicita efusivamente al señor Paseyro por tan merecida distinción.

El velo del silencio

Título: Le voile du silence.
Autor: Djura.
Editorial: Edition n.º 1. Michel Lafon. Paris, 1990. 175 páginas.
Precio: 89 francos franceses.


En las listas francesas de éxito un libro singular acaparó los primeros puestos este verano, El velo del silencio. Su autora es «Djura», simplemente. A quienes ignoren quién se oculta tras ese exótico nombre les diré que se trata de la más famosa cantante de música bereber o «kabyle», fundadora y animadora del grupo «El Djurdjura», cuyas actuaciones en directo concentran a miles de personas tanto en Francia como en otros países europeos donde existe una importante emigración argelina, magrebina o árabe en general.

«El Djurdjura» recrea los ritmos seculares de la Kabilia argelina en lengua bereber. Solamente eso les valió la prohibición durante largos años en Argelia donde el «derecho a la diferencia» fue fulminado por la llamada «revolución popular». Hace algún tiempo los estudiantes de Tizi-Uzu, capital de la Kabilia bereber, fueron ametrallados por haber reivindicado simplemente la creación de una cátedra de lengua bereber, su lengua y la de sus padres. Tal vez ahora, con la particular «perestroika» argelina, las cosas hayan empezado a ser diferentes…

Djura no narra, sin embargo, en su libro ni la lucha de sus paisanos por una cultura diferente ni la historia de las brutalidades y persecuciones que desde Ben Bella (hoy reconvertido al pluralismo democrático tras un largo cautiverio…) a Benjedid, pasando por el feroz y fanático Bumedien, sufrieron los bereberes argelinos. No, esa historia está sin contar y algún día alguien deberá hacerlo. Lo que Djura cuenta en este libro singular es su propia historia, la de una niña que emigra con sus padres a Francia, se integra —mal— en la cultura de la ex metrópoli y sufre, como si estuviera en Argelia, las leyes del patriarcado más retrógrado y del machismo más agresivo.

Todo empieza cuando Djura decide construir su propia vida, estudiar, emanciparse. Sobre ella cae, como una espada, la intransigencia del padre y los hermanos que recurren a todo tipo de métodos (desde la paliza cotidiana al encierro) para hacerla entrar «en razón», una razón que se traduce en un matrimonio negociado con alguien a quien nunca conoció, la prohibición terminante de ir a la Universidad o el «velo» tradicional cuando regresa coyunturalmente a la Argelia independiente, liberada desde luego del yugo colonial, pero sometida, todavía hoy (¡y por cuánto tiempo!) a los demonios familiares del Islam.

Testimonio tremendo, implacable y emocionante. Djura habla en nombre de todas las mujeres que «desde el Atlántico al Mar Rojo» sufren la discriminación, la violencia, la arbitrariedad y el desconsuelo de un sistema de valores atribuido —erróneamente, sin duda— al Islam. Pero habla, sobre todo, de un estado de cosas que se produce en nuestra propia casa, en Europa, donde la emigración de la otra orilla del Mediterráneo no siempre ha podido sacudirse el peso de la tradición. Y cuando pudo, tal vez no quiso, intentando así guardar las señas de identidad que la tierra de promisión les negaba.

Nada de cuanto se narra en este texto singular puede resultarnos a los españoles ajeno. En primer lugar, porque algunos de los usos y costumbres aquí narrados nos resultan extrañamente familiares todavía.

Historia novelada

Título: La novela del artista.
Autor: Francisco Calvo Serraller.
Editorial: Mondadori, Madrid, 1990.
Precio: 1.200 pesetas.


El profesor y crítico Francisco Calvo Serraller dedica su último libro a elucidar la identidad del artista en la edad contemporánea a partir de su protagonismo en la ficción novelesca. Constata el autor cómo, desde que la novela se impone como género literario preferido por el público lector en la segunda mitad del siglo XVIII, uno de los argumentos más frecuentes es el de las vidas de artistas. La novela se convierte así en fuente histórica y observatorio privilegiado de aspectos psicológicos y sociológicos entonces desatendidos por la ciencia histórica y hoy especialmente interesantes para el retrato del artista moderno. Aunque los caminos de la novela han sido ya muy transitados por historiadores y críticos literarios, sus páginas se encuentran todavía, en buena medida, vírgenes para la perspectiva especializada de los estudiosos del arte. Calvo Serraller propone, pues, unas fuentes, si no nuevas, al menos distintas para trazar la «radiografía del genio, ese héroe épico de la modernidad» (p. 153).

Por más que la nómina de grandes novelistas que en el siglo pasado y en el nuestro han concedido protagonismo a un artista plástico en alguno de sus relatos sea abrumadora, corresponde a Balzac la más completa y profunda exposición literaria del papel del artista en la sociedad contemporánea. Su obra ofrece un riquísimo material sobre el asunto, tratado desde todos los puntos de vista. El libro se centra en la galería de artistas balzaquianos, personajes evocados, los más, mediante trazos breves o la cita de una página traducida del original francés; con atención más detenida, otros, por lo que de revelador tiene su análisis sobre la condición del artista moderno. De hecho, el objeto específico de la investigación de FCS no es otro que las vidas de artistas en las novelas de Balzac. Pero las implicaciones del tema superan el interés concreto por un autor y sus personajes al plantear una reflexión de más largo alcance sobre la naturaleza del arte contemporáneo.

El abundante material humano recogido en los relatos de Balzac —quince novelas incluyen algún artista plástico y seis lo elevan a protagonista principal; once narran la vida de músicos, mientras que sólo dos se dedican a poetas— está repartido en dos grandes bloques, en función de los problemas que, en cada caso, los tipos sirven para ilustrar: en una primera parte, figuran aquellos nombres que mejor encarnan los conflictos relacionados con la profesión artística. Desde esta perspectiva sociológica se abordan asuntos como el de la bohemia —o en contraste, en el fondo, entre la mitificación y la depauperación del artista—, el del suicidio como acto supremo de rebeldía del artista marginado, socialmente incomprendido y fatalmente predestinado a la desdicha, o el del progresivo acercamiento entre sociedad burguesa y arte a partir de 1830, en un clima de compromiso político bien distinto de la concepción romántica que pone al genio por encima de la moral social.

El segundo bloque agrupa a los personajes en los que Balzac dio vida a problemas de identidad y de ideología, o, si se quiere, los que desde una perspectiva psicológica y estética permiten analizar el sentido moderno de la creación artística. Al hilo de la exposición argumental y de la caracterización de los personajes se tratan cuestiones como la difícil armonía entre concepción y materialización, inspiración y ejecución, idea y forma; la no menos conflictiva rivalidad entre naturaleza y arte, saldada en tiempos modernos con el triunfo absoluto de la forma y de un arte ensimismado —como llamó Ortega al de las Vanguardias—, que reclama para sí un lenguaje propio y desvinculado de la realidad; una variante, en fin, de esta misma pugna que divide al creador contemporáneo entre la vida y el arte resulta el conflicto entre la Obra y la Mujer, desgarrador y fatalmente trágico, por cuanto la afirmación de una supone el total aplastamiento de la otra en novelas que, como Gambara, explotan literalmente tan apasionante incompatibilidad.

Cabe preguntarse si, a la vista de tan interesantes rendimientos, la «lectura artística» de las novelas españolas del siglo XIX —Pardo Bazán, Blasco Ibáñez y del 98 —Ganivet, Baroja, Unamuno, Azorín— no resultaría igualmente fecunda en este sentido. La bibliografía crítica utilizada por Calvo Serraller en su estudio es fundamentalmente francesa, como francés es el objeto de su análisis. Lo español queda apenas apuntado en páginas preliminares, y, aunque no pueda reprocharse su ausencia en un libro cuyos límites están, por lo demás, justificados, surge la inmediata curiosidad por comprobar si en nuestro país se dieron acentos semejantes en la reflexión novelada sobre el quehacer estético. Claro está que puede tratarse de otro libro que el autor no anuncia todavía o que quizá se suscite entre nosotros a partir de la lectura de éste.

El magisterio de Millán Puelles

Título: «Razón y libertad. Homenaje a Antonio Millán-Puelles».
Coordinado por: Rafael Alvira.
Editorial: Ediciones Rialp, 1990. 400 páginas.
Precio: 2.500 pesetas.


El nombre de Antonio Millán-Puelles figura hace ya tiempo en la relación de maestros de la filosofía contemporánea española. Cuarenta años de magisterio universitario, desde que obtuvo la cátedra, en 1951, de Fundamentos de filosofía de la Universidad Complutense, quedan reconocidos con el volumen que un grupo de discípulos de Antonio Millán ha publicado con el título de Razón y libertad. Discípulos directos o indirectos de Millán, pero maestros hoy, a su vez, de nuevas generaciones.

A la vista de los nombres que figuran en este volumen, y tras la lectura de los trabajos que en él se reúnen, es posible comprender la fecundidad del germen sembrado por este maestro de filosofía durante cuatro decenios de dedicación docente. Tal vez no pueda asegurarse que Millán-Puelles haya creado una escuela definida de pensamiento, pero no cabe duda de que su influencia indefinible abarca los más amplios horizontes intelectuales, muchas veces porque su obra ha servido de inspiración directa, otras de aliento indirecto y, en casos también, su influjo ha surgido del contraste, de la disputa, de la controversia.

Calidad

En los trabajos reunidos en el volumen la calidad es el denominador común. No se crea que esta colección de trabajos expresa un espíritu colegiado. El germen de Millán es el punto de referencia unitario de la diversidad. Diversidad de estilos, de intenciones, de actitudes dentro de un criterio unificador flexible y abierto. Para la glosa me detendré brevemente en el comentario de los textos que, por una u otra razón, más me han impresionado.

La prosa insinuante y sutil de Rafael Alvira, para empezar. Comienzo obligado por razones, además, técnicas, ya que Alvira es el coordinador del volumen y alumno, como tantos otros entre los que me encuentro, del homenajeado.

Como el glosador no puede impedir mirar el mundo a través de su cristal, matizaré que Alvira critica la idea de libertad del «utilitarismo», no la del «liberalismo», al menos como yo lo entiendo, porque el liberalismo no da, aunque sí la ética utilitaria, una definición moral del bien, sino que es una respuesta a la pretensión de quienes, sabiéndose en posesión del bien o de la verdad, pretenden imponerlo a la fuerza a los demás.

Esa observación habría que hacerla a Widow cuya idea del «bien universal» es irreprochable, siempre que ese «bien universal» no se convierta en un objetivo político. José Antonio Ibáñez Martín dedica un agudísimo comentario a la noción de «educación plena». Critica algunos excesos del proyecto ilustrado que degenera en un «planteamiento permisivista», pero acepta los fundamentos ilustrados cuando afirma que «los hechos morales son esencialmente una práctica personal en la que hay un indeclinable compromiso del sujeto». Actitud que aparece nítidamente matizada en la contribución de Alejandro Llano cuando observa que «la superación del sujeto de la tradición moderna no debe hacer tabla rasa de todas las conquistas de la Aufklärung, entre las que se encuentran -radicalizados- no pocos elementos cristianos y humanistas». Con su comentario a Kant, Llano delimita el legado vivo de la modernidad ilustrada, separándolo de sus excesos afortunadamente desfallecidos.

Cuatro aspectos

Sistematizar 30 trabajos fruto de inspiraciones personales es tarea inútil. Alvira los clasifica en cuatro apartados. El primero, sobre aspectos fundamentales de la filosofía, el segundo sobre aspectos antropológicos, el tercero sobre la libertad y el cuarto sobre política. Es discutible, sin embargo, por qué la inspirada glosa de Juan Cruz sobre el mito de «Antígona» y la interpretación hegeliana del mito aparecen en el último apartado y no en otro lugar, o por qué los fragmentarios pero insinuantes y metafóricos esbozos del profesor Polo se incluyen en la primera y no en otra parte, mientras la síntesis de García López se incluye en la segunda y no en la primera.

Tampoco importa mucho, por no decir nada. Lo que vale es el conjunto y cada una de las monografías incluidas, pulcramente escritas, trabajadas, densas sin ser herméticas ni dejar de ser accesibles. Trabajos de calidad que demuestran cómo una savia común puede discurrir por diversidad de cauces sin desnaturalizarse y sin uniformarse.

El tercer proyecto González: ENTRE EL MONOLITISMO Y LA TECNOCRACIA POLITICA

Cuando en octubre de 1982 el Partido Socialista llegó al poder lo hizo después de haber concurrido a tres elecciones democráticas: Generales del 77 y del 79 y Municipales del 79, partiendo de las siguientes bases:

  1. Una buena organización, basada en un Partido sólidamente implantado, que gobernaba en las principales ciudades y tenía una presencia significativa en los distintos núcleos rurales y urbanos.
  2. Una clara hegemonía en su espacio político y electoral, potenciada a partir de los Pactos Municipales de la Izquierda en el año 79.
  3. Un sistema de estructura interna que, a pesar de su denominación federal, ha estado fuertemente centralizado regional y nacionalmente.
  4. Un liderazgo carismático e indiscutido.
  5. Un programa reformista y moderadamente izquierdista.
  6. Un Sindicato (UGT) integrado políticamente en la estrategia de acceso al poder diseñada por el Partido Socialista, que robustecía por tanto el bloque social de apoyo a la oferta política del Partido.
  7. Una durísima oposición parlamentaria en las cámaras del 77 y del 79, nada constructiva, sin acuerdos con el Gobierno a excepción de los Pactos de la Moncloa y la Constitución.
  8. Una decisiva contribución al debilitamiento de las fuerzas políticas alternativas: desplazamiento de la alternativa del centro a la derecha y demolición del PCE por la vía de la captación de cuadros de ese partido; los pactos Municipales facilitaron esa labor, y con un llamamiento político a toda la izquierda para no desaprovechar la posibilidad histórica, para esa Izquierda de alcanzar el poder.
  9. Una experiencia internacional aceptable canalizada a través de la Internacional Socialista, debida fundamentalmente a la aportación del SPD alemán y también a las buenas relaciones con algunos países iberoamericanos.

Todos estos factores en su conjunto, unidos al diseño de un discurso político atractivo, muy bien vendido publicitariamente al manejar adecuadamente los resortes escénicos, contribuyeron a crear los factores esenciales que hacen que se ganen unas elecciones. Al conseguir ilusionar al país en su conjunto, el PSOE logró movilizar en torno a su proyecto político a la burguesía progresista, crítica, antifranquista y reformista. La UCD ya había exprimido toda su capacidad de reforma. El cambio estaba servido.

Con un partido cohesionado y bien organizado y con un liderazgo fuerte, transmisor de un proyecto político inequívocamente reformista, Felipe González consiguió en 1982 la mayoría absoluta (202 diputados): fue la única vez que no la pidió, la única vez que ese concepto no formó parte ni de sus objetivos políticos, ni de su estrategia electoral.

El primer proyecto González: octubre de 1982-junio de 1986

Antes de entrar de lleno en los rasgos característicos de este primer proyecto, conviene empezar diciendo cuál ha sido el criterio político-funcional que se ha mantenido invariablemente en el Gobierno por parte de Felipe González desde 1982 y que se corresponde con la existencia de tres grandes áreas:

a) Comunicación y representación: corresponde en exclusiva al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE. Consiste básicamente en que Felipe González vierta su carisma explicando las acciones de Gobierno importantes, o el proyecto político en su conjunto a los medios de comunicación o a los ciudadanos. También le corresponden las facultades representativas, como líder del Partido y secretario general del PSOE, especialmente las Internacionales. En el Partido su misión ha sido la de reinar, delegando sus funciones políticas en Alfonso Guerra. Si las funciones de comunicación y representación las tenía atribuidas en exclusiva, las de diseño del proyecto y asignación de responsabilidad las comparte con Alfonso Guerra.

b) El control del Partido y el área de publicidad y propaganda con carácter general, que son exclusivos de Alfonso Guerra, comprenden:

  • todos los circuitos de información del Gobierno (incluidos los policiales). Cuando Alfonso Guerra dijo que estaba de oyente no dijo ninguna tontería;
  • todos los medios de comunicación públicos (especialmente televisión, elemento clave de dominación política durante este tiempo);
  • el aparato del partido, imprimiendo un férreo control sobre él;
  • el dispositivo ideológico e intelectual del PSOE (publicaciones, Fundaciones, Programa 2000, etc.).

c) Asuntos económicos: eje autóctono de actuación en el Gobierno, es entregado a la tecnocracia ilustrada del partido (primero, Boyer, luego Solchaga), sin peso en la organización política del PSOE.

Rasgos de actuación política en este periodo

Cuando el PSOE accedió al poder, la Constitución no estaba desarrollada en sus elementos fundamentales, ya que las continuas reyertas en el seno de la UCD y sus diferencias ideológicas frenaron la acción legislativa en el 2.º mandato de este partido. El PSOE en el uso y abuso de su mayoría absoluta, no buscó el consenso político para leyes que afectaban a la esencia misma del Estado democrático, sino que impuso su propio modelo, alejado del espíritu constitucional, instalando un nuevo régimen político que consiste básicamente en el asalto partidista a las instituciones constitucionales, utilizando sus resortes y mecanismos en su propio beneficio político. La consecuenca más importante de esta acción política es una adulteración del sistema democrático, por la vía del solapamiento de los poderes políticos consustanciales a la democracia, y su sustitución por el sincretismo producido por el uso indiscriminado de la mayoría política, capaz por sí sola de justificar cualquier acción política, aunque fuera en perjuicio de los propios mecanismos de control social instalados en el corazón mismo de la democracia.

La falta de una auténtica voluntad de diálogo político, la prepotencia como talante y el «rodillo» como expresión gráfica de la mayoría son aspectos destacados de esta etapa.

Quizá alguien podría reprochar a la sociedad civil una falta de capacidad de resistencia ante estas actuaciones. Lo primero que hay que preguntarse es por la existencia de una sociedad civil. Antes, en tiempos de Franco, se confundía con el Estado en el sentido de que únicamente el Estado podía satisfacer o reconocer las demandas de sus ciudadanos, era un Estado corporativo en suma. Por eso, la poca sociedad vertebrada que existía se agrupaba en torno a algunos cuerpos de «élite» de la Administración del Estado (incluidos los Judiciales) o de la Universidad, donde regían además los principios de la capacidad y el mérito.

Es posible que hubiera sociedad civil en otras esferas sociales, pero no tenía ni cauce de participación, ni comunicación orgánica con el Estado en su expresión política.

Naturalmente fue ésta -la administración en su conjunto- uno de los principales centros de actuación y desactivación política, por parte del Gobierno, aplicando los criterios de igualitarismo que regían hasta entonces.

Una vez instalados en el poder, y sin resistencia orgánica en su seno, el PSOE debía vigilar a algunos sectores económicos y financieros con capacidad para ir vertebrando la sociedad; pero la bonanza económica internacional, la instauración del principio del miedo a la represalia por parte del Gobierno (Rumasa, por ejemplo), la situación de debilidad orgánica de la oposición etc., hicieron que estos sectores aceptaran tácitamente el juego del Gobierno que básicamente se podía expresar en estos términos: «ganad todo el dinero que queráis, pero no ofrezcáis resistencia social a los proyectos del Gobierno».

La Iglesia tampoco pudo cumplir un papel de cauce de participación, ya que su lógica oposición a demandas sociales como las del divorcio y el aborto, o una cierta colaboración de algunos sectores de la misma con el anterior régimen, no facilitaba que pudiera ser elemento vertebrador. Todo ello sin contar que su filosofía es demasiado transcendente para un objetivo tan terrenal y a corto plazo como sería el de organizar la resistencia social al Partido Socialista. La subsidiaridad de todos los poderes del Estado respecto del Ejecutivo, la desarticulación de todos los focos de posible resistencia social organizada al Gobierno, la «sacralización» del pragmatismo y del oportunismo político (el fin siempre justifica los medios), la pérdida de valores o principios morales arraigados (anestesiando al país) y el autoritarismo como forma de ejercicio del poder son características importantes de este periodo.

Momento delirante de los «tics» autoritarios fueron la utilización por el presidente del yate Azor, gesto a medio camino entre el psicoanálisis colectivo y los sueños de grandeza.

Si hemos analizado el fondo político de este primer proyecto, no podemos dejar de analizar el modelo económico social, tan conectado con el primero. El Gobierno actuó en este terreno guiado por el principio básico de su acción política: el «pragmatismo». Favorecido por la caída de los precios del petróleo y la caída del dólar, el Gobierno realizó una política de continuación del ajuste económico que ya había iniciado la UCD, sobre la base de una política de disciplina monetaria (para el control de la inflación), presupuestos restrictivos y mayor presión fiscal frente al contribuyente.

El Gobierno necesitaba un clima de estabilidad económica para hacer sus reformas políticas, decantándose por la política económica que funciona, sin concesiones a una política económica demagógica por la que alguien de el partido pudo sentir tentaciones.

En los primeros años de gobierno socialista, la UGT todavía estaba en el bloque político del Gobierno facilitando las medidas de ajuste económico y potenciando el modelo de concertación social con el Gobierno. Así pudimos asistir, en estos primeros años, a una reedición del modelo sueco: crecimiento económico sostenido sobre un modelo de implicación o concertación de los agentes sociales en la política económica y social.

El PSOE, en el uso y abuso de su mayoría absoluta, no buscó el consenso político para leyes que afectaban a la esencia misma del Estado democrático, sino que impuso su propio modelo, alejado del espíritu constitucional, instalando un nuevo régimen político que consiste básicamente en el asalto partidista a las instituciones constitucionales, utilizando sus resortes y mecanismos en su propio beneficio político.

La Ley de reforma de las pensiones de 1985 marcó el comienzo del distanciamiento del Gobierno con su sindicato, agudizándose estas diferencias en la siguiente legislatura. El resto de la acción de Gobierno, está marcada por una labor legislativa -vía rodillo- ingente llena de reformas y contrarreformas (cabe recordar la famosa frase «sólo aciertan cuando rectifican») y donde el Gobierno intentó llevar una política de aplicación de su programa, sin duda para contentar a su izquierda, que resultó sectaria e ineficaz. Especialmente reseñables en: Justicia (mal funcionamiento de la justicia y drogas), Educación (LODE, conflictos con la Iglesia), Sanidad (listas de espera y burocratización) y Obras Públicas («las autopistas son un invento fascista»). Los servicios públicos, en suma no funcionan.

Otra reforma destacable, fue la realizada por Serra en Defensa (de carácter neoazañista), aprovechando la debilidad del Ejército a raíz del afortunadamente fallido Golpe de Estado del 23-F.

Pero el hecho más destacado de este periodo fue, sin lugar a dudas, el referéndum de la OTAN, donde F. González, por una promesa electoral, puso al país al borde del abismo, obligando a la derecha sociológica a votar a su favor porque de lo contrario se hubiera entrado en un periodo de peligrosas incertidumbres. Fue la segunda vez que el Gobierno tuvo verdaderas dificultades en esta etapa. La primera había ocurrido cuando el Tribunal Constitucional, de forma vergonzosa y gracias al voto de calidad de su presidente, estimó ajustada a derecho la actuación del Gobierno en relación con Rumasa. Pero España estaba definitivamente en la CEE, después de un largo periodo de negociación iniciado mucho antes de llegar los socialistas al poder. También en la OTAN, aunque «fuera de canto», y el Partido Socialista unido en base a un bloque monolítico regionalizado controlado por Alfonso Guerra. Había una izquierda socialista que cumplía su papel y una UGT que empezaba a distanciarse del Gobierno pero que todavía tenía conexiones con el Partido. El liderazgo de F. González se encontraba reforzado después del referéndum de la OTAN y era el centro recurrente de todas la tendencias y sensibilidades socialistas.

Por otro lado, la oposición estaba de una parte debatiendo su estructura orgánica en el caso de AP-PDP. Se limitaba a subsistir en el caso del PCE; era débil el nacionalismo vasco; el catalán se hallaba en muy malas relaciones con el Gobierno por el asunto Banca Catalana, e intentaba expandirse a nivel estatal disputando el centro político al CDS de Suárez. Ante este panorama, F. González hizo lo que tenía que hacer: convocar elecciones para antes del verano. Felipe González pidió a los españoles que le otorgasen la mayoría absoluta para poder consolidar el cambio político, avanzar desde la estabilidad, y seguir «profundizando» en la democracia, una vez que los españoles habían acordado, a través del referéndum, en qué espacio político-geográfico se querían mover.

El segundo proyecto González: junio 86-octubre 89

Aunque el PSOE perdió más de 15 escaños, mantuvo la mayoría ante el estancamiento de AP, el cierto auge de Suárez que barrió a los reformistas y el carácter marginal del PCE, mientras el resto de los partidos, nacionalistas o regionalistas, se plantaban o subían ligeramente.

El Gobierno en una primera etapa de esta legislatura empezó a recoger de alguna forma, todas las sinergias procedentes de la pertenencia a la CEE y a la OTAN. La seguridad que despertó en los centros financieros internacionales la posición de España, el aparente rigor de su política económica a pesar de sus desequilibrios estructurales y la baja conflictividad laboral, así como la constatación de que el país estaba en venta o compra según lo que uno quisiera hacer, facilitó la entrada de capitales, el boom de la bolsa y del sector inmobiliario, y todo el país quedó preso de una nueva moral, la del dinero, verdadero becerro de oro de estos años. Los nuevos ídolos de la población pasaron a ser ciudadanos capaces de hacer algo atrayente en el menor tiempo posible (ya fuese ganar dinero o cambiar de mujer) y alrededor de estas personas con acceso al poder y, por tanto, a la riqueza, se formó una especie de ecosistema compuesto por empresarios, banqueros o financieros proclives al régimen, con cierto aire libertino en sus comportamientos públicos, que provocó un efecto mimético y frenético en algunos sectores de la población.

España se puso de moda. Felipe González se paseaba con gran seguridad por las cancillerías europeas, los ministros se reunían en Bruselas con sus homólogos europeos -incluso algunos sin intérprete y el 92 se convertía en una fecha mágica que impregnaba el discurso político de los tecnócratas del régimen.

Pero el distanciamiento político entre el Gobierno y la UGT, que ya había empezado a manifestarse en la fase final del anterior mandato, se recrudeció de forma extrema en este periodo. El empecinamiento del Gobierno en no variar su cuadro macroeconómico, su autocomplacencia ante la aparente situación económica de boom que vivía nuestro país, el talante soberbio y prepotente en muchos de sus comportamientos públicos, el espectáculo de algunos de sus ministros, altos cargos o de personas vinculadas a su ecosistema; muy poco en línea con los años de honradez y ética proclamadas como estandarte electoral en la primera legislatura -así como la clara animadversión entre el equipo económico del Gobierno, incluido el presidente, y Nicolás Redondo precipitaron la ruptura UGT-PSOE. Lo cual no sólo motivó la quiebra del bloque político UGT-PSOE, que había funcionado desde 1977, sino que significó el bloqueo del modelo de concertación social (que parecía hasta ese momento un activo de la democracia), así como un avance en el proceso de unidad sindical.

Las acusaciones al Gobierno de insensibilidad social o de gobernar sólo para los ricos por parte de la UGT, eran contestadas desde el Gobierno, o desde la oficina central del Partido Socialista con llamadas a la responsabilidad para no poner en peligro ni el crecimiento económico, ni el proyecto histórico del Partido Socialista, recurso mesiánico muchas veces empleado. La desviación de la UGT respecto del fundamentalismo del Partido Socialista, y la confrontación social derivada de esa aptitud tuvo varios efectos. Entre otros:

  • La convergencia sindical UGT-CCOO que vivió momentos estelares durante este periodo en su lucha unitaria contra el gobierno;
  • la articulación de una fuerza política (IU) a la izquierda del Partido Socialista, superadora en parte del Partido Comunista, que recogió desde el punto de vista político gran parte del desgaste electoral que el enfrentamiento Sindicatos-Gobierno significó para el PSOE.

Ya en las elecciones municipales de 1987, algunos grandes municipios y Comunidades Autónomas dejaron de estar gobernados por el Partido Socialista, en virtud de la pérdida de votos del PSOE, por la izquierda sobre todo y en parte a favor el CDS, que suscribió unos pactos municipales con PP. Pero, sin duda, el hecho más importante de toda esta confrontación fue la huelga general de diciembre de 1988 que agitó al país y que pudo provocar una crisis institucional importante. El apoyo político que desde el Parlamento recibió el Partido Socialista de los sectores de la oposición moderada -especialmente de AP-, así como una mayor disposición para el diálogo por parte del Gobierno, salvaron esta difícil situación. Cronológicamente fue el tercer momento más comprometido para el Partido Socialista, después de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre Rumasa y del referéndum de la OTAN.

La retirada de apoyos electorales del Partido Socialista procedentes de los sectores urbanos, burgueses y críticos de la sociedad, fueron sustituidos por una política de captación de votos que los sectores menos informados, situados en zonas rurales, extremadamente pobres, habituados a «votar poder», y que fueran incorporados como apoyo electoral al Partido Socialista a través de la red de comisarios que el PSOE articuló en sus Ayuntamientos, Diputaciones o Comunidades Autónomas. Esta peculiar forma de democracia subsidiada puede llevar a medio plazo al apartamiento del sistema político de los sectores dinámicos de la sociedad por la imposibilidad de lograr la reversibilidad o alternancia del poder (connatural a la democracia), sin contar con las escasas expectativas de desarrollo cultural y económico para los sectores subsidiarios, que se convertirán en extraños ghettos subdesarrollados en una Europa unida y próspera. La tentación de extender los subsidios improductivos como forma de dominación política, sin invertir en formación profesional o en sectores económicos productivos, sería una adulteración de consecuencias insospechadas del sistema democrático, por parte del Partido Socialista.

Por otra parte la situación de los partidos políticos en esa legislatura era la siguiente: El Partido Socialista encerrado en sí mismo, potenciaba el monolitismo de su proyecto político como expresión de su vocación «priista» defenestrando todo foco de oposición interna (Damborenea y Castellano son un ejemplo) y convirtiéndose exclusivamente en una máquina electoral de conservación, y/o abstención, del poder por cualquier medio o forma. Galicia es el ejemplo más claro, pero también la Comunidad Autónoma de Madrid donde el intelectual Leguina, tan elogiado últimamente, contribuyó activamente a mantenerse en el poder con la compra de un diputado autonómico del Partido Popular (señor Piñeiro) sin ningún tipo de rubor.

Alianza Popular que después de la dimisión de Fraga (en diciembre de 1986, después de las elecciones vascas) y de la salida del PDP y del Partido Liberal de la coalición no tenía una forma estable de funcionamiento. No fructificó el liderazgo de Mancha, por lo que seguía pendiente el desarrollo de la refundación del Partido y la búsqueda de un líder joven con experiencia de gobierno, sin compromisos con el pasado, que resultó ser José María Aznar.

El modelo político de gobierno de! «bloque monolítico» consiste en seguir avanzando en medidas de protección social como instrumento de control político, con gestos a la izquierda ideológica (congelación del PEN, por ejemplo), la defensa del modelo de concertación para tener un movimiento sindical en su seno y evitar la configuración de una alternativa por ¡a izquierda.

El CDS estaba sumido en una crisis existencial precipitada por los pactos municipales con la derecha; Izquierda Unida se hallaba en fase de definición de su estructura por la hegemonía en su seno del PCE, pero con un beneficio electoral evidente por la confrontación Gobierno-Sindicatos. El PNV se encontraba coaligado con el Gobierno Central como forma de garantizar su primacía en el nacionalismo, ante la irrupción de Garacoichea con EA, y por lo tanto, cautivo del PSOE. Convergencia y Unión, centrada ya en Cataluña después de el fracaso de la operación reformista, tenía mejores relaciones con el PSOE a raíz de la solución del tema Banca Catalana mientras gobernaba con mayoría absoluta en Cataluña.

Ante este panorama de debilidad de las fuerzas políticas alternativas, y ante el leve mejoramiento de las relaciones con la UGT reanudando tímidamente los intentos de concertación, con la excusa de preparar al país para el mercado único, Felipe González convocó elecciones y solicitó nuevamente la mayoría absoluta a los ciudadanos. Los aspectos más reseñables de esta legislatura son: el auge de una nueva moral -la del dinero, la unidad sindical, la huelga genaral de 1988 y la tentación de una extensión del sistema de democracia subsidiada.

El tercer proyecto González: octubre 89

Con la sempiterna llamada a la estabilidad como supremo reclamo electoral -quizá evocando inconscientemente los «cuarenta años de paz»- para seguir avanzando en progreso, Felipe González volvió a pedir la mayoría absoluta a los ciudadanos el 29 de octubre, anunciando además que sería la última vez que se presentaría. Después de un accidentado recuerdo electoral, plagado de irregularidades y tras los numerosos recursos electorales que dieron como resultado la repetición de las elecciones en Melilla, el Partido Socialista obtuvo una precaria mayoría absoluta no numérica, pero sí mecánica, por la ausencia de Herri-Batasuna.

Ahora bien, nada más comenzar la legislatura, el país asistió al mayor escándalo político desde el comienzo de la democracia en España. El «caso Guerra» no es un caso accidental, sino que es la consecuencia del sentido patrimonialista del poder de ciertos dirigentes del Partido Socialista. El confundir lo público con lo privado, el creer que cualquier actuación está justificada por ostentar una mayoría política, y que el que discrepa o muestra su disconformidad con esta forma de comportarse pertenece a la derecha reaccionaria que «se puso las botas con el franquismo» (Juan Guerra acaba de decir: «Yo no claudicaré ante las fuerzas reaccionarias»), no son nada más que síntomas de un uso ilegítimo de la mayoría que previamente había desarticulado los mecanismos de control político o social, expreso o tácito, al infundir miedo en esos interlocutores.

El «caso Guerra» es también el de un gobierno que tolera la corrupción, sin sensibilidad democrática para tomar las medidas adecuadas.

La debilidad anímica y política de Alfonso Guerra fue aprovechada por sus adversarios en el seno del partido para intentar ganar posiciones después de la muy polémica y disputada designación de Chaves como candidato a la Presidencia de la Junta de Andalucía. El ministro de Hacienda y sus aliados en el Gobierno (que no se sabe muy bien quiénes son pero parece que existen), Leguina (en la FSM) y algunas otras personalidades del partido o del gabinete abrieron el debate de cara al Congreso de noviembre.

Conviene recordar que hasta ahora, desde 1982, Alfonso Guerra ha actuado, por delegación de F. González, con todos los poderes en el seno del Partido Socialista. Es decir, manda el binomio González-Guerra, sin colegiación de decisiones en el partido.

Los modelos que se defienden para el partido son los siguientes:

  • El monolítico: que consiste en «partido por un lado y gobierno por otro», con un delegado del presidente del Gobierno para el partido que es Alfonso Guerra. Se puede estar en el Gobierno para tareas técnicas y al final no pintar nada en el partido (caso Boyer). Esta concepción implica el férreo control del partido y de las federaciones y, por lo tanto, la eliminación de «barones», convirtiéndolo exclusivamente en una máquina electoral con un cuerpo ideológico común que son las pastas del Programa 2.000, y con una tendencia a la vinculación orgánica de determinados grupos sociales que actuarían como secciones del Partido: cuota femenina, ecologistas, juventudes, movimiento sindical, pensionistas, etc. Todos estos grupos sociales tendrían un jefe de sección que sería el responsable designado por el aparato. Se trataría de conformar «algo más que un partido», un movimiento. «El PSOE es uno de los pocos elementos vertebradores de la sociedad española» cuya última finalidad sería, en lógica consecuencia, el procurar la sucesión al equipo dirigente del Gobierno, desde el seno del propio partido; es decir, sin poner en entredicho la posición hegemónica del PSOE mediante la descalificación permanente de las alternativas externas al partido. Salinas de Gortari sucede a Miguel de la Madrid, pero sigue gobernando el PRI. El modelo político de gobierno del «bloque monolítico» consiste en seguir avanzando en medidas de protección social como instrumento de control político, con gestos a la izquierda ideológica (congelación del PEN, por ejemplo), la defensa del modelo de concertación para tener un movimiento sindical en su seno y evitar la configuración de una alternativa por la izquierda, porque está demostrado que cuando hay confrontación sindical sube IU, y cuando no la hay desciende. Por razones de pragmatismo no son partidarios de un giro a la izquierda en la política económica, porque la política económica de izquierdas no funciona, y lo que no funciona no es rentable políticamente. Respecto a la política con los grupos de oposición, se ofrecen tres tratamientos: su destrucción, mediante una descalificación continua a través de los medios de comunicación públicos; su satelización (el bloque constitucional es su parangón) y la celda de aislamiento como paso previo a uno de los dos estados anteriores.
  • El modelo no monolítico: partido y gobierno deben estar conectados y, por lo tanto, sus ministros estar en la ejecutiva. Se trataría de legitimar y robustecer políticamente a los ministros, al mismo tiempo que se reequilibra el poder en el Partido mediante la apertura de sus órganos. Quizá para no quedarse con la miel en los labios, no tienen una concepción del modelo de partido que vaya más allá del simple reparto de poder («primero que se reparta el poder y luego ya veremos»). Posiblemente, ensimismados por el debilitamiento de Alfonso Guerra, no caen en que están poniendo en entredicho el modelo de relaciones de Partido-Gobierno concebido por el propio Felipe González y el sistema de reparto en el poder también concebido por F. González. Por motivos económicos no estarían a favor de una generalización de las medidas de protección social; por razones estéticas tampoco parecen que lo sean de las escuchas telefónicas, son «tecnócratas europeos» en el sentido de ser partidarios de la potenciación de la unidad política y económica de Europa y, por lo tanto, de instrumentos como el SME, los fondos estructurales, etc.

Estas dos concepciones de cómo debe orientarse el partido concurrirán en el próximo congreso del PSOE: una con el aval de haber ganado tres elecciones generales por mayoría, la otra con la estela reformista que transluce su oposición al actual modelo de partido y con la idea de reequilibrar el poder en el interior del PSOE.

En el fondo se está poniendo en entredicho el modelo de dirección del partido diseñado por Felipe González y ejecutado -por delegación- por Alfonso Guerra y se está buscando una colegiación en las decisiones y un equilibrio de poder como forma de situarse ante una eventual sustitución de Alfonso Guerra (primero) y de Felipe González (quizá después, en un futuro no tan lejano).

Felipe González ha gobernado desde 1982 hasta 1990 con un entorno económico e internacional favorable; pero la nueva situación económica que se vislumbra por el conflicto del Golfo, va a dificultar la acción de gobierno. Pocos equilibrios puede hacer ya el presidente para mantener el partido monolítico y el gobierno monolítico como hasta ahora. Pero convertir los órganos de gobierno del Partido Socialista en centro de discusión y de poder, con cuotas de poder miméticas en el Gobierno, es poner importantes limitaciones a un poder omnímodo. Felipe González tendrá que elegir en noviembre; posiblemente se decante por la solución mexicana. Aunque sea imperfecta, lleva ya 12 años practicándola.