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Los dos hermanos. Literatura Fantástica

Aunque sólo sea por su aparición estelar en la popularísima Corte de Faraón o por su corto e ingrato papel en el Génesis bíblico, todo Por Luis Alberto de Cuenca el mundo conoce a Putifar (o sea, Pa-di-fa-ra, «el protegido del dios Ra»), marido de la ardiente dama que quiso seducir a José. Como motivo literario, <<> se estrenó en el teatro de las letras universales con una leyenda egipcia acerca de dos hermanos, transmitida por el papiro de Orbiney (así llamado por su poseedora, la inglesa Elizabeth Orbíney), descubierto en 1852 y conservado actualmente en la Sección Egipcia del British Museum. Se trata de la historia de los hermanos Anup y Bata. Su texto original, fechable en torno a 1200 antes de Cristo, fue pulquérrimamente editado por Alan H. Gardiner en sus Late Egyptian Stories (tomo I de la <

Anup poseía una casa y una mujer, y su hermano menor, llamado Bata, vivía con él como si fuese su hijo. Le preparaba las telas para los vestidos, vigilaba el ganado, trabajaba con el arado y en la siega. Tenía, en fin, a su cargo todas las tareas agrícolas. Era un campesino muy hábil que no tenía par en el país: algo divino habitaba en él.

Durante muchos días Bata cuidó de los rebaños y de las yuntas. Todas las noches volvía a casa cargado con hortalizas y frutas del campo. Depositaba los productos delante de su hermano, que, sentado a la mesa en compañía de su esposa, comía y bebía. Luego se iba a dormir al establo, junto a los animales.

Todas las mañanas, al clarear el día, Bata iba a por los panes y se los llevaba a Anup, que le daba alimentos para que comiera en el campo. Después guiaba al rebaño hasta el prado, y, mientras caminaba detrás de los animales, éstos le decían: <<¡En tal lugar es buena la hierba!». Y él oía lo que le decían y los llevaba al lugar deseado. Así, las terneras y vacas a él confiadas medraban a ojos vistas y se multiplicaban año tras año.

En la época de la labranza Anup dijo a Bata: «Ea, preparemos los bueyes para arar, pues el campo está listo para ello tras la inundación del río (el Nilo), y es la época justa. Tráete las semillas, porque mañana al amanecer comenzaremos arar». Y el hermano menor hizo todo lo que le ordenaba el mayor. Al día siguiente, apenas clareó, fueron al campo con los animales y labraron como debe hacerse, y quedaron contentos de su trabajo…

Esta vida tranquila, remansada e idílica es turbada por la bella esposa de Anup, que se enamora de Bata, joven y fuerte, y le hace proposiciones amorosas. <

Bata, igual que hizo José con la mujer de Putifar, rechaza con desdén a su cuñada, y ella se venga acusándolo ante su marido de haber atentado contra su pudor.

Entonces el hermano mayor se enfureció como un leopardo del Alto Egipto (entonces todavía había leopardos en Nubia), afiló su puñal y, empuñándolo, se escondió detrás de la puerta del establo para matar a su hermano menor cuando, por la noche, volviera con los animales. En el instante en que el sol desapareció por el horizonte, Bata, como de costumbre, cargó con toda clase de hortalizas y frutas y volvió a casa. Cuando la primera vaca entró en el establo, dijo a su guardián: «¡Cuidado, que tu hermano mayor está ahí con un puñal, dispuesto a matarte! ¡Huye!». Y Bata oyó lo que la vaca le decía. Y la segunda vaca al entrar le dijo lo mismo. Entonces Bata miró debajo de la puerta y vio los pies de Anup. Tiró la carga y se dio a la fuga. El hermano mayor lo persiguió, blandiendo el cuchillo.

Mientras huye, Bata invoca en su ayuda a Ra-Horakhty (una de las personificaciones del dios solar, asociación de Ra con Horus), y la divinidad separa a los dos hermanos, interponiendo entre ambos un caudaloso río poblado de voraces cocodrilos. Desde una de las orillas Bata grita a su hermano su inocencia, pidiéndole que aguarde hasta que amanezca. Apenas alborea, Bata jura que es verdad cuanto dice y, para confirmarlo, se corta su miembro viril con una caña bien afilada y lo tira al agua del río, donde es devorado por un siluro. Luego cae al suelo sobre su propia sangre. (Aquí hay que recordar la leyenda frigia de Cibeles y Atis, cómo la diosa se enamora del joven, que la rechaza, y, como Bata, se mutila; también algunas de las leyendas egipcias relativas a Osiris nos hablan de mutilaciones producidas en circunstancias similares.) Ante aquel espectáculo, Anup se desespera pero sigue sin poder atravesar el río. Bata se levanta y dice a su hermano:

«Escucha, estás dispuesto a pensar que he obrado mal y, en cambio, no recuerdas el bien, todo aquello que he hecho por ti. Vuelve a casa y cuida de tus rebaños, porque yo ya no quiero vivir en tu compañía. Me voy al Valle del Pino Ouitasol. a la Siria lejana. Sólo una cosa deberás hacer por mí de ahora en adelante, y es venir en mi ayuda cuando sepas que me ha sucedido algo. He vertido un ensalmo sobre mi corazón y io he colocado encima de la flor del Pino Ouitasol. Cuando el árbol haya sido derribado, vendrás en busca de mi corazón. Acaso tardes siete años en la búsqueda, pero no te desanimes. Cuando lo encuentres ponlo en un vaso lleno de agua fresca, para que yo pueda renacer y vengarme de quien me atacó. Sabrás que algo me ha sucedido cuando te pongan en la mano un jarro de cerveza y ésta haga espuma y se derrame por los bordes del jarro. No titubees entonces. Ponte inmediatamente en camino cuando eso ocurra.

Y Bata se fue al Valle del Pino Quitasol. En cuanto a Anup, su hermano mayor, cuenta el papiro que volvió a casa desesperado y mató a su malvada esposa, arrojando su cadáver a los perros.

Hasta aquí la primera parte de la historia de los dos hermanos, precisamente la relacionada con el motivo de «Putifar», un motivo literario que, como podemos ver, echó raíces muy temprano en el Creciente Fértil. (En la mitología de un pueblo indoeuropeo como el hitita fuera, pues, del ámbito semítico, la diosa Ashertu intenta seducir al Gran Dios y, para vengarse de su rechazo, lo calumnia.) Todo el Mediterráneo Oriental supo de la pasión, no sabemos muy bien si irrefrenable o simplemente viciosa, de la mujer de Putifar, una pasión que dio desde un principio magníficos frutos en la literatura. Pero la historia de Bata y Anup no termina con el viaje de Bata a lejanas tierras y el merecido castigo de la esposa de Anup. La segunda parte del cuento girará en torno a los grandes mitos egipcios de la vida, la muerte y la resurrección.

Estudios de élite para la música

En la periferia de Madrid, en el pueblo de Pozuelo de Alarcón, seis chalets adosados allergan la recién creada Escuela Superior de Música Reina Sofía, un nuevo concepto de enseñanza que abre nuevos horizontes a la educación musical en España. Ésta es la principal realización de la Fundación Isaac Albéniz, que cuenta con el patrocinio y apoyo de importantes empresas españolas y organismos públicos como la Comunidad de Madrid. Su objetivo es formar instrumentistas de élite, escogiendo entre los estudiantes de música aquellos con más talento, y hacer de ellos primeras figuras. La filosofía pedagógica que preside la escuela es la de la excelencia. y en ese sentido constituye un centro pionero y único en nuestro país.

Hasta ahora, los jóvenes instrumentistas que terminaban la carrera oficial en los Conservatorios españoles se ven obligados a salir al extranjero a continuar sus estudios en las escuelas de más prestigio del mundo con no pocas dificultades, principalmente económicas. Se ha dicho siempre, con bastante ironía, que los músicos en España tenían tres salidas: por tierra, por mar y por aire. Muchos talentos se han ido quedando en el camino y han visto truncadas sus carreras.

Si los Conservatorios españoles no pueden ofrecer estos estudios superiores para los alumnos más dotados, es aquí donde la iniciativa privada debe intervenir. Y así lo han visto personalidades del mundo musical como Cristóbal Halffter, Luis Galve, Alicia de Larrocha o Enrique Franco, por citar algunos de los que han participado activamente en la confección de este proyecto y hoy forman parte del patronato de la Escuela, junto a maestros internacionales como Zubin Mehta, Yehudi Menuhin o Mstislav Rostropovich, y personalidades del mundo empresarial.

Además de ese carácter de excelencia, el modelo educativo se basa en el tratamiento individual. Cada alumno tiene un programa de estudios de acuerdo con sus necesidades y capacidades. El tiempo de permanencia tampoco es fijo, sino que depende de la evolución de cada uno y de los conocimientos que posea. No se descuidan otras enseñanzas. Además del instrumento, cada alumno recibe clases de Teoría de la Música, Armonía, Contrapunto, y una sólida formación humanística, con enseñanzas de Historia del Arte, Estética e idiomas.

Cada alumno es consciente de que dispone de los mejores medios y maestros y de que, por lo tanto, su rendimiento debe ser superior. En la Escuela Superior de Música Reina Sofía todos los alumnos son becarios, y en su mayoría tienen un régimen de internado con las necesidades de alojamiento y manutención cubiertas, de tal manera que el carácter elitista del centro no hace discriminación por razones económicas.

Maestros

El profesorado es de máximo nivel. Prestigiosos maestros encabezan las cuatro enseñanzas que se han puesto en marcha en este curso: Dimitri Bashkirov, titular de la cátedra de piano Banco de Santander: Daniel Benyamini, titular de la cátedra de viola: Zakhar Bron, titular de la cátedra de violonchelo Sony, e Iván Monighetti, titular de la cátedra de violín Grupo Endesa. Todos ellos viven junto a sus familias en viviendas próximas a la escuela.

Dimitri Bashkirov, muy conocido por el público español por las numerosas ocasiones en que ha actuado en escenarios españoles y por las clases magistrales de piano que ha dado en nuestro país, nos manifestaba su satisfacción porque «en España siempre me encuentro muy bien, y si a eso se añade que estoy haciendo música para mí, es una doble satisfacción».

Bashkirov, además de una intensa carrera como concertista de piano, ha desarrollado una interesante actividad pedagógica en el Conservatorio de Moscú durante años, y asimismo es invitado con asiduidad por muchas instituciones académicas de todo el mundo para impartir clases magistrales. El pianista ruso confiesa que dedica la mitad de su tiempo a cada una de las dos actividades: «Lo que sí es cierto es que con el tiempo va haciéndose más costoso dar conciertos. Pero es mucho más duro dar clases, esto exige más concentración y esfuerzo mental que las actuaciones como concertista. Pero me he acostumbrado de tal manera que no podría dejar nunca ninguna de las dos actividades; debo continuar con las dos, es mi destino».

Financiación

En cuanto a la financiación de los estudios, la Fundación ha ideado un sistema que facilite el mecenazgo, con la colaboración de entidades públicas y privadas. Tanto las cátedras como las becas llevan el nombre de su patrocinador. La fórmula está siendo bien acogida y ya se cuenta con tres cátedras patrocinadas: Grupo Endesa la de violín, Sony España la de violonchelo y Banco de Santander la de piano. En cuanto a las becas, los patrocinadores son: Fundación Ramón Areces, Hidroeléctrica Española, Confederación Empresarial de Madrid-COEE, B.P. España S.A., Consejo Británico para España y Banco de España.

En este primer curso la escuela cuenta con 28 alumnos para sus cuatro cátedras. Sus edades oscilan entre los 13 los 28 años, y por ser una escuela internacional, también cursan aquí estudios alumnos procedentes de Finlandia, Israel, Japón, Bulgaria, Unión Soviética y Polonia.

En este primer curso la escuela cuenta con 28 alumnos para sus cuatro cátedras. Sus edades oscilan entre los 13 los 28 años, y por ser una escuela internacional, también cursan aquí estudios alumnos procedentes de Finlandia, Israel, Japón, Bulgaria, Unión Soviética y Polonia, siendo más de la mitad españoles. Para ingresar en la escuela tuvieron que realizar duras pruebas de selección a través de las clases magistrales que los mismos maestros ofrecieron durante las dos últimas ediciones del Festival de Música de Santander.

«Es un privilegio estar aquí», nos comentan los alumnos. «Como además es un pueblo muy tranquilo, estudiamos bastante». Son conscientes de que para permanecer ahí han de dar un rendimiento máximo. «En realidad no es un trabajo duro, lo pasamos muy bien; para nosostros es divertirnos haciendo música». Nos explican que a partir de las Navidades comienzan a dar audiciones musicales de alumnos en el Auditorio de Pozuelo. Están ilusionados porque si continúan integrarán la Joven Orquesta de Cámara a partir del próximo curso, lo que les permitirá ejercitarse en el trahajo de conjunto y ante el público, pero ya entre ellos han empezado a reunirse y formar dúos y trios.

En Pozuelo se han instalado de forma provisional hasta que haya sido construido e¡ edificio definitivo que ha proyectado Ricardo Bofill, y que estará en el barrio madrileño de Hortaleza, en unos terrenos cedidos por la Comunidad de Madrid, El edificio integrará la Escuela Superior. una Escuela Elemental para niños de 8 a 15 años, que se pondrá en marcha en 1993. dos auditorios, hibliotecas. instalaciones deportivas y viviendas para los profesores y sus familias. y residencia de estudiantes. Probablemente para el curso que viene estará el edificio terminado.

Viena, 1890 y 1990. De la incertidumbre a la esperanza

Pasados cinco años, resulta que Viena, el Imperio Austro-Húngaro, en vez de ser un ‹‹leitmotiv›› posmodernista, autocomplaciente con el «statu quo» de los años ochenta, lo que está indicado es la configuración de la nueva Europa, liberada del último totalitarismo. Muchos europeos observaron el pasado fin de siglo con escepticismo, con pesimismo por un futuro incierto, y a fe que no se equivocaron. El presente fin de siglo puede muy bien ser justamente lo contrario: una época de recuperación de lo más específicamente europeo, esto es, libertad y los derechos individuales con gobiernos nacionales sometidos al imperio de la ley.

Puede decirse que el siglo XX, entre 1914 y 1990, ha sido fatídico para Europa, que pasó de ser el continente hegemónico a finales del siglo XIX a autodestruirse y decaer hasta niveles desconocidos en el siglo XX. Con todo, hay dos fechas de esperanza, de recuperación de la cultura y el sentido europeo de la libertad: el 25 de agosto de 1944, la liberación de París por los Aliados significaba el fin de la pesadilla nazi y la libertad y reconstrucción de la mitad occidental del viejo continente y el 9 de noviembre de 1989, la caída del muro de Berlín, que simboliza el final de la dictadura comunista.

Porque, ¿hacia qué nueva Europa nos encaminamos? Hacia una Europa muy similar a la del final del siglo XIX y principio del XX, en la que predominaban los ciudadanos sobre los Estados  y en la que la soberanía nacional era una referencia de leyes y territorialidad, pero no del dominio imperialista de un país sobre otro. Aquel modelo totalitario terminó en Europa Occidental con la derrota nazi en 1945 y ahora ha finalizado, en Europa Oriental, con el derrumbamiento de la URSS. Han hecho falta setenta largos años. Han hecho falta setenta largos años para volver a la situación a la que estábamos en 1914. Y esta nueva Europa se parece muy poco a la soñada por los burócratas socialdemócratas de la Comunidad Económica Europea, con un nuevo centro político que reglamenta y controla desde Bruselas una suerte de gran Estado federativo socialista. La Europa imaginada y deseada por Mitterrand, Delors y Felipe González (si me permiten la utilización de la imagen goyesca) no ha pasado de ser un «sueño de la razón» que por esta vez no ha podido «producir monstruos». A continuación, me propongo describir y analizar los elementos más destacados de aquella extraordinaria experiencia cultural que fue la capital del Imperio Austro-Húngaro en el pasado fin de siglo. A la vez sugiero que en el Centro y en el Este de Europa, donde hubo desconcierto, escepticismo y desorientación, hoy emerge una sociedad plural con la experiencia negativa del socialismo en todas sus versiones, pero que todavía se encuentra sometida a tensiones nacionalistas que solamente un poder moderador y arbitral como el Imperio y las monarquías fueron capaces de integrar y canalizar en un proyecto común.

Viena, fin de siglo

Viena al final del siglo pasado, como señaló Karl Kraus, intelectual clave de aquellos años, fue «una estación meteorológica donde se experimentó el fin del mundo». Y es que en la acepción vienesa, el «fin de siglo», la década de 1890, significó una actitud políticamente pesimista y culturalmente escapista y esteticista cuya mejor muestra es la obra del pintor Gustav Klimt y del grupo de la Secesión. Aquel retraimiento y actitud evasiva fue debida al ascenso de nuevas corrientes ideológicas (antisemitismo, nacionalismo, socialismo) y partidos políticos de masas que cuestionaban no  sólo el sistema de dominación tradicional, sino la propia existencia y continuidad del Imperio. En otras palabras, en Viena, la élite política y cultural observaba la modernidad, el inminente siglo XX, con una profunda desconfianza e incluso con una amenaza según ha puesto acertadamente de manifiesto Cari E. Schorske. Por su parte, Robert Musil, en su novela ‹‹El hombre sin atributos», acertó a definir el ambiente cultural y político vienes de aquellos años con dos conceptos dominantes: desconcierto y desorientación.

Pero el sentido pesimista del pasado fin de siglo fue típicamente vienes. En otros países como Francia, Inglaterra y sobre todo en los Estados Unidos, la década de 1890 no se vivió en cambio como una época de desconcierto y desorientación, sino de esperanza y optimismo. Y aquellos valores de esperanza y fe en el progreso, propios del liberalismo, estuvieron vigentes en aquellos países incluso después de la Primera Guerra Mundial. Muchas de las cuestiones que entonces se plantearon (el nacionalismo; la supremacía del individuo, de la libertad y el parlamentarismo frente a los aparatos burocráticos y el estatismo; la configuración de un nuevo orden europeo…) están ahora de plena actualidad en el presente debate político. A estos temas hay que sumar nuevos problemas como la conservación del medio ambiente, las inmigraciones masivas o la reconstrucción material y moral de aquellos sometidos hasta ahora por el comunismo. Por ello, la Historia no se repite, pero los historiadores tenemos la tarea de rememorar el pasado a los efectos de identificar y analizar los grandes temas del presente.

La transformación de la ciudad

Salvadas las distancias, Viena se parecía en algunos aspectos al Madrid de mediados del siglo XIX. Desde el punto de vista de la estructura económica, existía una hipertrofia de los servicios y de las ocupaciones artesanales. Era una ciudad de escasa e incipiente industria y con un comercio suntuario de alcance local; en suma, una capital política y residencial máscaracterizada por su estancamiento que por su dinamismo. Pero la legislación liberal con la supresión de los señoríos y las transformaciones agrarias produjeron un desplazamiento de población del campo a la ciudad, no sólo procedente de la Baja Austria sino también de Bohemia y Moravia. La población se multiplicó por tres entre 1850 y 1890, alcanzando la cifra de casi un millón y medio de habitantes, y continuó creciendo hasta dos millones y medio en 1914.

La rápida industrialización y la mejora de las comunicaciones hicieron de Viena una ciudad abierta y dinámica. Viena en 1914 no presentaba un atraso excesivamente significativo ni tenía grandes diferencias con la otra metrópolis industrial de Centro Europa, Berlín. Al decir de Gerhard Meissl, Viena era como la cabeza de las dos caras del dios J ano que miraba a la vez al pasado y al futuro.

Por un lado, la ciudad ofrecía esa visión tópica, alegre, de los valses, aprendices, artesanos, lavanderas y cadetes. Pero había otra cara de montadores de la industria electromecánica, empleados de fábricas y bancos, ingenieros y técnicos en fin, elementos propios de la sociedad urbana industrial con un fuerte y moderno movimiento sindical que resolvía sus conflictos por medio de convenios colectivos. Las transformaciones urbanas de Viena se adelantaron a la industrialización experimentada a partir de la década de 1880. Después de la revolución democrática de marzo de 1848, Francisco José cedió el poder municipal y el control del gobierno a los liberales. Éstos accedieron al poder después de los años sesenta, no por su propia fuerza sino por la debilidad y desprestigio del ejército, derrotado primero por los italianos y franceses y más tarde por los prusianos. El nuevo gobierno municipal de Viena convirtió la ciudad en un bastión liberal e hizo de la urbanización de la capital un proyecto colectivo en el que se sacralizaba la perfecta unión entre el Emperador, es decir, el pasado, y las clases medias alemanas y judías de Viena, portadoras del futuro, de la ética del progreso, de la moral y del derecho. La conformación espacial ele la ciudad comprendía, a la altura de los años de mil ochocientos sesenta, un núcleo amurallado constituido por la antigua capital imperial, barroca y contrarreformista; en tomo a ese núcleo se extendía un amplio glacis, un terreno en forma de anillo, concebido inicialmente como zona defensiva estratégica pero que desde el siglo XVII había perdido su función originaria y se encontraba bajo jurisdicción del ejército, quien lo utilizaba para acuartelamiento y maniobras militares; y por último, una tercera zona, los arrabales, donde se fue instalando la incipiente industria vienesa. Los liberales en el gobierno municipal lograron convencer al Emperador y arrebatar al desprestigiado ejército austríaco el segundo anillo que rodeaba el núcleo vienes, conocido como la Ringstrasse, o calle de circunvalación, y se dispusieron a construir un conjunto monumental que expresaba el esplendor de la nueva Viena, regida ahora por la clase media germana.

La idea consistió en construir en torno a la carretera de circunvalación edificios públicos (de función educativa, cultural y política) y aprovechar la nueva urbanización para viviendas de pisos para la clase media y aita. A la hora de decidir los estilos y seleccionar los arquitectos que debían llevar a cabo los edificios representativos (la universidad, el ayuntamiento, el parlamento y el teatro municipal) se optó por el idioma visual del pasado. Y ello fue así porque, como señaló Foster en 1838, «el genio del siglo XIX es incapaz de seguir su propio camino… el siglo no tiene color definido». En efecto, en la década de los sesenta y setenta no había un lenguaje arquitectónico propio del siglo XIX. Pero por otro lado el mensaje ideológico que querían transmitir los liberales se satisfacía plenamente con el historicismo, toda vez que ellos mismos no representaban en absoluto una ruptura con el pasado. Así, Friedrich Schmidt construyó la «Rathaus», el Ayuntamiento, en un imponente estilo gótico, como reconocimiento del antiguo arte burgués de las ciudades medievales; Ferstel construyó el edificio de la universidad en estilo renacentista como un alegato de la burguesía racionalista triunfante sobre el oscurantismo medieval; Semper levantó el Burtheater  concebido en estilo barroco temprano, recordando la época feliz de la Viena contrarreformista que era capaz de generar un espectáculo de estética compartida por lo eclesiástico, lo caballeresco y lo plebeyo. La construcción de la Ringstrasse y las posteriores ampliaciones planteaban problemas de urbanización y puede decirse que en Viena nació el urbanismo moderno sobre la base de la polémica que se estableció entre los arquitectos Camillo Sitte y Otto Wagner. Camillo Sitte era hijo de un restaurador de iglesias y de obras de arte y él mismo desarrolló una actividad similar. Sitte trató de unir la tradición artesanal con el moderno urbanismo; se consideraba constructor de ciudades más que planificador, hasta el punto de que sus ideas las plasmó en un libro titulado «La construcción de ciudades sobre principios artísticos». La ciudad ideal de Sitte tenía que ser de crecimiento orgánico, espontáneo, no planificada, en la que se pudiera caminar y en la que los edificios fueran construidos de forma tradicional. Frente a las grandes avenidas y líneas de comunicaciones y circulación, Sitte propugnaba la edificación de plazas y lugares de encuentro. La propuesta de Sitte era impracticable y anacrónica frente a la opinión de un Ayuntamiento que había apostado por primacía de la movilidad y fluidez que encarnaba la Ringstrasse. En 1983 Otto Wagner ganaba un concurso municipal para un nuevo plan de urbanización de Viena. El objeto del plan era la reordenación e integración de un nuevo y vasto cinturón de edificios, los antiguos arrabales, que pasaron a formar parte de la ciudad en 1890 por el nuevo estatuto municipal. Wagner no sólo fue un arquitecto que desarrolló el funcionalismo y la utilización de nuevos materiales en la construcción durante el levantamiento de la Ringstrasse, sino que estableció un plan urbanístico dominado por las ideas claves del desarrollo y de la circulación. Se trataba de realizar otros tres anillos o carreteras de circunvalación, comunicados entre sí dos carreteras radiales que podían incluso penetrar en el centro del núcleo antiguo de Viena. Además, esa solución miraba hacia el futuro en el sentido de que la progresiva ampliación de nuevas circunvalaciones permitiría un crecimiento ilimitado de la ciudad. Y, efectivamente, la ciudad creció espectacularmente al multiplicar por cuatro su extensión con la incorporación de los arrabales en 1890 y la posterior ampliación a la orilla izquierda del Danubio. El esplendor liberal de Viena coincide precisamente con esos años, hasta el punto de que en la Historia de Austria la «ringsstrassera», la época de la Ringstrasse, tiene un significado conceptual de valores morales y políticos similares a la definición británica de la «época victoriana». Pero ese apogeo liberal, que se puede situar hacia 1890, prácticamente recién finalizadas las obras de la Ringstrasse, fue tan espectacular como efímero ya que la impetuosa incorporación de la población obrera de los arrabales por una parte y el incremento de los electores de ideología pangermanista por otra, puso fin al gobierno municipal de los liberales en lo que era su bastión más significativo, es decir, el Ayuntamiento de Viena. Ello era el anuncio de que nuevas fuerzas políticas (partidos de masas en el sentido moderno del término} estaban desplazando definitivamente a la clase media y a la ideología liberal de los puestos claves de Viena. La cuestión central, después de 1985, era si esos nuevos partidos iban a ser un elemento aglutinador y cohesionador de la estructura imperial (como lo habían sido los liberales) o si por el contrario se abría un periodo de incertidumbre y de crisis irreversible.

La política

El liberalismo, en su versión austríaca, tuvo su período de plenitud entre 1860 y 1890; su base social fue la clase media compuesta por alemanes y judíos. Estos últimos sumaban el 5 por 100 de la población de Viena pero eran muy influyentes por su dedicación a profesiones claves como el ejercicio de la medicina, el periodismo o profesores de universidad.

El sufragio, elemento clave para el ejercicio del poder, era por supuesto restringido y los liberales no se distinguieron precisamente por su interés en que fuera ampliado sin restricciones. Esto era debido por un lado a su consciente debilidad frente a los nuevos movimientos de masas (los nacionalismos de diverso signo y el movimiento obrero).

Por otro lado, los liberales estaban convencidos de que «eran los portavoces y representantes del pueblo en el parlamento» según opinión del escritor Stefan Zweig, uno de los mejores testigos del ambiente político y cultural de Viena en aquellos años. Según este autor, los parlamentarios liberales «cifraban su orgullo en ser gente culta, en lo posible con instrucción académica, y atribuían importancia a la dignidad, a los buenos modales y una dicción correcta; las sesiones parlamentarias transcurrían como las veladas de un club distinguido.

Gracias a su confianza liberal en un mundo infaliblemente progresista por obra de la tolerancia y la razón, aquellos demócratas burgueses opinaban sinceramente que velaban, del mejor modo posible, por el bien de todos los súbditos del Imperio haciendo pequeñas concesiones e introduciendo mejoras paulatinas».

En cierto sentido aquella cosmovisión y cultura política era similar a la de la Inglaterra victoriana: una moral firme, recta y represiva; tenían una confianza sin límites en el imperio de la ley lo que implicaba la defensa de los derechos personales y del orden establecido: intelectualmente seguían un volterianismo moderno y una auténtica fe en el progreso a través de la ciencia, la educación y el trabajo. Smeriing, director del prestigioso Colegio Teresiano y después Jefe del Gobierno, expresó con una frase bien significativa el optimismo y la fe en el futuro propio del liberalismo en ascenso de los años sesenta: «Podemos esperar, el saber nos hará libres». Pero el resultado de la espera no fue un aumento de la influencia liberal, sino su cuestionamiento ya que a partir de la década de 1880 surgieron nuevos partidos de masas que recogían las aspiraciones del campesinado, de los artesanos, de los trabajadores y de los pueblos eslavos. Los nuevos partidos desplazaron a los liberales del poder. Primero en el gobierno del Conde Taafe quien constituyó un gabinete de concentración con las minorías nacionalistas, si bien mantuvo siempre un puesto ministerial para los liberales, hasta su caída en 1893. Posteriormente, los liberales fueron desplazados del mismo Ayuntamiento de Viena, en las elecciones de 1895, que el Emperador no ratificó hasta 1897. En los años noventa, se produjo por tanto una crisis política que generó entre las clases medias una seria preocupación e incluso un sentimiento de desconcierto y angustia por cuanto no se perfilaba una alternativa con un proyecto político ni una fuerza social aglutinadora del Imperio. Robert Musil en su novela El hombre sin atributos, realizó un agudo diagnóstico sobre el ambiente de la ciudad en aquellos años: «En aquella época nadie sabía hacia donde se movía ni nadie sabía distinguir entre lo que estaba arriba y lo que estaba abajo, entre lo que avanzaba y lo que retrocedía».

Contra el liberalismo

Los agentes políticos que alteraron de forma tan decisiva la dorada era liberal de la Ringstrasse fueron el partido socialcristíano de Karl Lueger y el partido pangermanista de Schónerer, Alldeucht, antecedente doctrinal de Hitler y del nazismo. Ambos eran firmes enemigos del sistema de valores liberal, pero había notables diferencias entre ellos. Schbnerer procedía de una familia de la nueva aristocracia enriquecida por los negocios y en vez de seguir la tradición familiar pronto derivó hacia una vocación política al amparo de los clubes austro-liberales. Con ellos chocó por su escasa atención a los asuntos sociales y por su tibio nacionalismo. En 1882, Shonerer rompió con el liberalismo y publicó el programa de Linz en el que propugnaba una democracia radical, una reforma social en el sentido populista y anticapitalista y un nacionalismo alemán absolutamente radical. Un nacionalismo que le llevó a exclamar en el Reichtag en 1882: -‹‹ ¡Ojalá perteneciéramos ya al Reich alemán! » Schónerer vio en el antisemitismo la clave o síntesis de toda una serie de elementos aglutinadores de su ideología, antisocialista, antiliberal y anti-Hasburgo.

Con estos elementos programáticos e ideológicos, Schónerer llegó a tener un grupo parlamentario de veintiún diputados que se veían reforzados por una agresiva acción de violencia callejera. Y fue sin duda esa violencia la que acabó con su carrera política ya que fue encarcelado en 1887 y perdió por cinco años sus derechos políticos. El partido socialcristiano de Karl Lueger tenía elementos comunes con Alldeutch pero también notables diferencias. Lueger, a pesar de proceder de una familia modesta (era hijo de una estanquera) había sido educado en el elitista Colegio Teresiano, el colegio de la aristocracia. Era católico y vienes y eso imprime carácter pues aunque era antisemita y nacionalista, no llegaba al punto de cuestionar la continuidad del imperio austrohúngaro. Sin embargo, su marcado anticapitalismo y antisemitismo le hacían especialmente odioso para la comunidad judía de Viena y para los liberales alemanes. Estos llegaron incluso a presionar al Emperador para que no ratificara la elección democrática de Lueger como alcalde de Viena, en 1885. El progresista Freud celebró aquella violentación de la voluntad democrática fumándose un puro en honor del Emperador. Magnifica escena que recuerda las paradojas y el desconcierto descritos por Robert Musil.

La otra fuerza disolvente del austroliberalismo fue el sionismo, movimiento que nació como reacción frente al creciente antisemitismo. Theodor Herzl era un joven judío, brillante literato, estela de los años noventa en Viena. Enviado a Paris como corresponsal del principal periódico de la ciudad, el «Neue Freie Presse», se sintió conmocionado por el antisemitismo desencadenado en Francia tras el «affaire Dreyfus». Por si fuera poco la alcaldía de Viena había caído en manos del antisemita Lueger y Herlz llegó a la conclusión de que el modelo capitalista, liberal y tolerante en el que había crecido, había fracasado. A partir de entonces escribió su obra fundamental El Estado Judío y fundó el movimiento sionista tendente a encontrar una patria para los judíos. La fe liberal y racionalista de Schmerling, recogida en su frase «el saber nos hará libres» fue sustituida por Herlz, tránsfuga del liberalismo, por otra de tintes irracionales orientada hacia la fantasía y el mundo de los sentimientos: -el deseo nos hará libres».

Lueger, Schónerer y Herlz procedían originariamente del austroliberalismo y los tres apartaron a su modo a bases sociales susceptibles de participar en el proyecto liberal. De esta forma contribuyeron decisivamente a poner en crisis el sistema ideológico y de valores en que se sustentaba el Imperio Austro-Húngaro a finales del siglo XIX. Y lo hicieron apelando no a los niveles racionales, sino a los irracionales, al mundo de los deseos y de los sentimientos. Entonces, más que nunca tomaba sentido la reflexión del poeta Hoffmanstal que a la altura de 1895 escribió: «La política es magia: quien sepa extraer fuerzas de lo profundo será seguido››.

El nuevo partido socialdemócrata, PSD, de Víctor Adler (también judío y de procedencia política liberal) jugó un papel no menos decisivo a la hora de socavar la hegemonía política de los austroliberales. Adter consiguió unir las distintas fracciones socialdemócratas existentes en un Congreso que finalmente se celebró en Hainfeld, en 1889. El austromarxismo consistió a la vez en una práctica política de masas eficaz y en una elaboración teórica de altura con personalidades tan destacadas como Kaustky, Otto Bauer y Karl Renner. En términos generales el austromarxismo se caracterizaba por un radicalismo verbal y estratégico más que notable y una moderación en lo inmediato con gran capacidad para la negociación y la consecución de acuerdos. El crecimiento del PSD fue espectacular en parte debido a lo acertado de su dirección, que reclamaba a la vez el sufragio universal y mejoras en las condiciones de vida, en parte debido al notable crecimiento absoluto y proporcional de la población obrera de Viena. Con todo, el PSD parecía, a los ojos de los liberales vieneses, un partido irrazonable pero no irracional. De hecho, hasta el Emperador Francisco José pensó que los socialdemócratas podrían llegar a ser la nueva fuerza aglutinadora del cada vez más desarticulado Imperio frente al empuje de los partidos nacionalistas eslavos. Y de ahí, según la opinión de todos los analistas, que aquel Emperador ultraconservador se decidiera a conceder el derecho de sufragio universal en 1907. Pero esa maniobra política finalmente fracasó, porque si bien el PSD pasó a ser, después de las elecciones de 1907, la segunda minoría parlamentaría con 87 escaños, poco después las secciones nacionales socialdemócratas reclamaron su propia independencia. De ésta forma, los nuevos partidos socialdemócratas se hicieron portavoces de las reivindicaciones nacionalistas, contribuyendo a la descomposición del Imperio.

El hecho es que la crisis política no sólo afectaba al liberalismo austriaco en general y al vienes en particular. El problema de fondo era la estabilidad, continuidad y gobernabilidad del Imperio. Desde 1879 hasta 1893 el Conde Taafe fue Jefe del Gobierno pero la agudización de las demandas nacionalistas y la negativa de los alemanes a hacer nuevas concesiones a las minorías eslavas, croatas, polacas, etc., rompieron definitivamente la coalición denominada «el anillo de hierro». Desde 1893 hasta 1907, los vieneses asistieron a un prolongado periodo de inestabilidad e incertidumbres debido a que no se encontraba la fórmula para establecer un marco político y electoral en el que pudieran desenvolverse fuerzas tan dispares. Finalmente, el sistema parlamentario se puso de nuevo en marcha a raíz de las elecciones de 1907 pudiéndose votar el presupuesto tal y como estaba previsto. Pero la crisis de Bosnia y las guerras de los Balcanes sumieron al Imperio en un caos de forma que los gobiernos entre 1908 y 1914 fueron en su mayoría no parlamentarios.

La cultura

Así pues, después de 1890 Viena entra en lo que de forma más clara caracterizada un ambiente «fin de siglo-: sensación de confusión; multiplicidad y coexistencia de diversas corrientes artísticas y de pensamiento; ausencia de objetivos claros; transformaciones sociales y políticas espectaculares e inesperadas…Este ambiente «fin de siglo » fue, no obstante, un fenómeno europeo. Así, Shorske considera que al llegar a 1890 se produjo una «fragmentación obicua» de manera que «la cultura superior europea ingresó en un remolino de infinita innovación en el que cada campo reclamaba su independencia del todo y a su vez cada parte se separaba en partes». Stuart Huges sostiene la misma opinión y considera que la década de 1890 tiene el profundo significado de una rebelión o revuelta contra el positivismo y por ello, el profesor norteamericano, aprecia un cierto retorno a actitudes irracionales comparándolas en cierto sentido con el romanticismo.

Pero veamos en qué consistió la originalidad de Viena como centro cultural de primer orden. Más que hacer una extensa referencia de la nómina impresionante de artistas e intelectuales que destacaron en aquellos años y que han ejercido hasta hoy una influencia decisiva, voy a señalar algunos de los elementos que explican el fenómeno vienes. Viena era la capital de un imperio de cincuenta millones de habitantes y ejercía un monopolio cultural similar al que significaba Paris para la sociedad francesa. Pero además, la Universidad se concentraba en un sólo edificio; el núcleo urbano era pequeño y el problema crónico de la vivienda hizo de los cafés vieneses el punto de encuentre de una amplia y numerosa «inteligencia». Junto a esos elementos facilitadores de la actividad intelectual, la singularidad vienesa procede, según Shorske, de un factor cultural y otro político. En primer lugar la cultura aristocrática era la dominante ya que la burguesía austríaca era en la mitad del siglo XIX mucho más débil que la inglesa o francesa. Pero es que además en Viena existía una estética contrarreformista que hacía de la ciudad un lugar realmente singular en relación al resto de Centro Europa donde predominaba una moral rigorista, científica y filosófica. En Austria, y en particular en Viena, la cultura era estética y con claro predominio de las artes aplicadas y escénicas la arquitectura, el teatro y la música. Pues bien, esa cultura aristocrática entró en confrontación con la cultura burguesa liberal dominada por los principios de la razón y de la ley. El resultado fue una fase de asimilación mutua que se plasmó en el mimetismo historicista de las construcciones de piedra de la Ringstrasse y de las artes escénicas claramente recogidas en las obras de Hoffmanstal y Stifter. Pero en el fin de siglo, en la década de los años noventa, aquella pasión del arte por el arte, que comenzó como una forma vicaria de asimilación de un estilo de vida aristocrático, término siendo una escapatoria, un refugio frente a una realidad política crecientemente amenazante. El arte así se convirtió en una nueva religión y esa nueva síntesis artística liberal fue una mezcla de valores individualistas y de valores estéticos del pasado.

Por su parte, Bruno Bettelhein busca la explicación del espectacular desarrollo de Viena como centro cultural en el hecho de que, paradójicamente, mientras comienza la decadencia del Imperio en 1848, a cada nuevo revés internacional, la capital experimenta un impulso de crecimiento y desarrollo casi como una respuesta, como un mimetismo compensatorio. Según Bettelhein la decadencia política del Imperio y la sensación de inseguridad generó angustia y desconcierto entre la élite que tendió a aislarse del mundo exterior y a  reconcentrarse en sí misma y en la ciudad. Viena pasó a ser un bastión de ideales liberales, original, sensual e insólita en el centro de Europa.

El concepto de Modernidad

Jean Clair, Director de la Exposición sobre Viena del Centro Georges Pompidou, opina que la singularidad cultural de Viena procede de una visión pesimista de los efectos de la modernidad. Mientras que en Occidente la modernidad discurría paralela al progreso histórico (democracia, urbanización, progresiva decadencia de lo antiguo) en Viena la modernidad suponía el fin del mundo conocido, del statu quo, que la burguesía liberal había conseguido acuñar en todo su esplendor entre 1860 y 1890. Esos liberales, la clase media alemana y los judíos, observaban que, desde el punto de vista político, la modernidad no discurría paralela a su idea de progreso y seguridad ya que implicaba un aumento del nacionalismo eslavo que cuestionaba los cimientos del imperio. Pero además, el nuevo movimiento político de masas favorecía el predominio del pangermanismo, del antisemitismo y del sionismo. La reacción de los intelectuales vieneses fue por tanto distinta que la que adoptó la «¡ntelligentsia » en el resto de Europa. Allí los artistas eran la vanguardia que coincidía con las ansias de modernización y progreso de los movimientos políticos de masas. En Viena los intelectuales y artistas no se sumaron a esa vanguardia, sino que se separaron y aislaron de una evolución general que no entendían ni querían. Por el contrario, las ideas de la Secesión contenían elementos de purificación (la revista fundacional se llamaba significativamente «Ver Sacrum », Primavera Sagrada) con un mensaje estético impregnado del pasado y dentro del pasado. De ahí que Janik y Toulmin, autores de un importante libro sobre la Viena de Wittgenstein, señalen que los estetas del noventa «eran unos marginados con su clase, no de su clase». Con ello quieren significar la estrecha unión de los artistas e intelectuales de Viena con los intereses de la élite y las clases medias liberales. Buen ejemplo de ello es que los mecenas de la Secesión fueron grandes industriales de Viena tal y como ha puesto recientemente de manifiesto Bernard Michel. La Secesión no era propiamente vanguardista, no se adelantó a su tiempo, sino que se marginó de una modernidad, de un siglo XX que no tenía interés para ellos. Y es que para aquella élite política e intelectual, la modernidad de Viena significaba incertidumbre, decadencia y pesimismo por la presencia y hegemonía de movimientos políticos de masas escasamente atractivos. Es precisamente en ese encerramiento de los vieneses en sí mismos donde cobra todo su sentido una figura como Sigmud Freud quien en medio de aquella incertidumbre histórica (en el sentido del concepto del progreso en la Ilustración) suministró a los artistas vieneses, y en general a sus compañeros liberales, una teoría histórica, del hombre y la sociedad. Una teoría que justificaba la ausencia de responsabilidad individual y que podía volver soportable un mundo político que giraba fuera de órbita más allá de todo control. Freud era un pesimista a quien los hechos terminaron por darle la razón, al menos hasta la mitad del siglo XX. Para él, la civilización liberal, los ideales de progreso y tolerancia eran un delgado barniz que las imponentes fuerzas destructivas del inconsciente podían atravesar en cualquier momento. En otras palabras, Freud negaba la supremacía de la cultura sobre los instintos, al menos a la altura de la época en que le tocó vivir. Coincidía plenamente con la opinión cíe Hoffmanstal cuando éste señalaba la preponderancia de los sentimientos sobre la razón para triunfar en la nueva política de masas. Freud fue a la vez reflejo y responsable alícuota de aquella supremacía de los instintos sobre la razón, de la irresponsabilidad de la voluntad de los individuos. I Escapismo «fin de siglo» Klimt, pintor de formación académica y tradicional, se hizo famoso por la decoración del nuevo Teatro Municipal de Viena. En uno de aquellos enormes lienzos pintó a la élite de la ciudad en un retrato colectivo en el que se individualizaban decenas de relevantes personalidades en una escena que representaba el auditorio del antiguo Teatro de Viena. Apenas ocho años después, en 1897, fundó el grupo la Freud suministró a los artista» vieneses, y en general a sus compañeros liberales, una teoría histórica del hombre y la sociedad. Una teoría que justificaba la ausencia de responsabilidad individual y que podía volver soportable un mundo político que giraba fuera de órbita más allá de todo control Secesión y al año siguiente recibió el encargo de decorar la escalinata y la bóveda de la Universidad. Pero ya era otro Klimt el que pintaba una alegoría de la filosofía interpretada desde un punto de vista psicológico y representando un mundo caótico de ciega energía girando en un círculo infinito de amor, erotismo, muerte y partos dolorosos. La cultura de la Ringstrasse era cosa del pasado y Viena entraba en un mundo de ensoñaciones y de caos. Desvelar aquella realidad a parte de la clase media liberal, todavía ligada al academicismo y al optimismo, costó a Klimt el mismo rechazo inicial que padeció Freud con sus tesis sobre el subconsciente y la primacía de los sentimientos sobre la razón y la cultura.

La Secesión cobró una influencia y desarrollo espectacular en parte debido al apoyo de algunos mecenas como el padre del filósofo Wittgestein, quien incluso financió el edificio de la Secesión diseñado por Olbrich. Pero la Secesión no iba a ser la corriente unificadora y finalmente triunfante de la estética escapista a medio camino entre el hedonismo y el academicismo. Ya he señalado que el «fin de siglo» se caracterizó por la coexistencia y fragmentación cultural. Así, frente al movimiento cultural encabezado por Klimt, Karl Kraus y otros intelectuales se movilizaron con un objetivo común de crítica a la Secesión desde una perspectiva de la ética purista liberal y trataron de arrollar la estética escapista, interiorista y sensual de la Secesión prefigurando un arte nuevo, propio del siglo XX, una de cuyas mejores expresiones fue la estética funcionalista de la arquitectura de Loos, carente de la más mínima ornamentación, Paralelamente, los expresionistas Kokoschka y Shomberg realizaron un arte militante, desgarrado y sin ninguna concesión al hedonismo significando el cierre de un ciclo estético y cultural de fin de siglo. Es lo que Shorske, utilizando una imagen literaria de Stifter sobre un jardín idílico de la época feliz de la Ringstrasse ha denominado como «la explosión en el jardín». Es decir, el final y la fecunda dispersión de una estética y de una época.

Y termino comparando aquel desconcierto y escepticismo vienes del pasado fin de siglo con la esperanza del presente, de una Europa abierta, sin la amenaza totalitaria. Después de ochenta años de la fecunda dispersión iniciada en Centro Europa a principios de siglo, los europeos tenemos de nuevo la oportunidad de retomar aquel impulso cultural, creativo y de libertades en el marco de la nueva Europa democrática del Atlántico a los Urales. En la experiencia de la Historia política europea, el Imperio Austro-Húngaro y las monarquías resultaron ser sistemas de libertad, limitados por constituciones, por la tradición y por el sentido dinástico. Haciendo una comparación con las repúblicas que surgieron en 1918, el Imperio y las monarquías han demostrado una nítida superioridad en el respeto a los derechos humanos y en su capacidad de integrar las difíciles y complicadas tensiones nacionalistas. Sobre el anterior fin de siglo los europeos de Centro Europa no están presionados por el antisemitismo ni por ideologías totalitarias que cuestionen el sistema liberal-democrático. ¿No será éste el momento de apoyar abiertamente el restablecimiento de un nuevo orden europeo capaz de hacer frente a los retos del siglo XXI (la democracia, las inmigraciones, el medio ambiente…) que se inspire en el entramado cultural, político y económico de la época del anterior apogeo de Europa?. •

Novedades discográficas

Resultan muy interesantes estos dos compactos que han sido reeditados en compacto. Rescatan de los archivos el buen hacer de un gran director, Charles Munch, que dedicó todos sus esfuerzos a restituir a la música francesa la elegancia, el rigor y voluptuosidad que la caracterizan, además de haber emprendido una labor muy meritoria de divulgar la obra de compositores franceses de su tiempo.

Chausson y Saint-Saëns

Autores: Ernest Chausson (1855-1899) y Camille Saint-Säens (1835-1921).
Títulos: Sinfonía en Si bemol Mayor, op. 20. Poema. Introducción y Rondó caprichoso.
Intérpretes: David Oistrakh, violín. Orquesta Sinfónica de Boston.
Director: Charles Munch.
BMG Classics. Stéreo. GD 60683. ADD.


Charles Munch (1891-1968) pertenecía a una familia alsaciana de músicos, dedicados en su mayor parte a la dirección de orquesta. Charles empezó como violinista en Estrasburgo, Colonia y Leipzig, y más tarde emprendió el camino familiar de la dirección orquestal en la capital francesa.

En su libro Je suis Chef d’orchestre puso de manifiesto su predilección por los autores franceses contemporáneos: la música contemporánea ¿no es la expresión viva de las aspiraciones, de los gustos, de la estética de nuestro tiempo? Se considera asimismo como detector de tesoros en su afán por dar a conocer autores y obras poco divulgadas.

Charles Munch decía que había tenido la fortuna de vivir en un tiempo en que músicos como Roussel, Honegger, Messiaen, etc., tenían todavía necesidad de ser interpretados. Cabe añadir que estos autores encontraron en Munch al intérprete de excepción, volcado en este repertorio. Arthur Honegger y Darius Milhaud, con quienes Munch tenía además mucha amistad, fueron autores con los que guardaba estrecha afinidad.

Honegger y Milhaud

Autores: Arthur Honegger (1892-1955) y Darius Milhaud (1892-1974).
Títulos: Sinfonía n.º 2 para cuerdas y trompeta. Sinfonía n.º 5 «di tre re». Suite provenzal para orquesta. La creación del mundo.
Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Boston.
Director: Charles Munch.
BMG Classics. GD 60685 ADD. Stereo.


Con la orquesta sinfónica de Boston, que dirigió desde 1949 a 1963, Munch realizó numerosas grabaciones. Entre ellas éstas que recogen la luminosa Suite provenzal (1963) con elementos de ritmos folclóricos, alegres y coloristas, y el ballet negro La Creación del Mundo, con alusiones directas al jazz, a la fuerza de sus ritmos y a la expresividad de sus melodías.

Charles Munch ha sido el director de orquesta que mejor se ha identificado con el compositor Arthur Honegger. Sus obras llenaron su repertorio en los años de la II Guerra Mundial y la ocupación. Fue el encargado durante aquellos años de estrenar sus partituras. La premiere de la Segunda Sinfonía tuvo lugar en 1942 durante la celebración del cincuentenario del compositor, y de ella realizó Munch cuatro grabaciones con orquestas diferentes, ésta con la Sinfónica de Boston data de 1953. La Quinta Sinfonía «di tre re» —cuyo sobrenombre se debe al hecho de que cada uno de sus tres movimientos termina con un re en el timbal— fue presentada al público con la orquesta de Boston en 1951 y grabada un año después. Las grabaciones de aquellos años llevadas a cabo por Munch son las que aparecen en estos discos y se han convertido en las interpretaciones históricas de referencia obligada.

La pasión desbordante y el entusiasmo de Charles Munch al dirigir la música de su amigo y admirado Honegger ha sido difícil de igualar.

La herencia de Munch

Cuando Munch registró las obras de Chausson —Poema— y de Saint-Säens —Introducción y Rondó caprichoso— en 1955, David Oistrakh se había convertido ya en uno de los violinistas de más prestigio en Europa. Las dos piezas altamente virtuosísticas encuentran aquí una memorable versión.

La Sinfonía en Re menor de Ernest Chausson participa de la tradición musical francesa en su espíritu y del gran influjo wagneriano en su ímpetu dramático. Munch consigue una versión grandiosa de un romanticismo apasionado, que la convierten en uno de los mejores discos que registró (1962).

Charles Munch fue un maestro en su interpretación de la música francesa. Se hacía imprescindible su nombre entre los nuevos discos reeditados en compacto.

Manuel Fraga: «Me presentaré a la reelección»

A diferencia de lo que García Lorca decía en su famoso madrigal dedicado a la ciudad del Apóstol, «non chove en Santiago». Al contrario: luce un sol radíante y retador, de invierno suave, que hace brillar las piedras gloriosas y los verdes melancólicos de la capital gallega, sede oficial de la Xunta, en la que Manuel Fraga Iribarne ha establecido el cuartel general desde el que Galicia se proyecta al mundo con un brío que es consustancial a ese veterano político que tantas cosas ha sido ya en la vida española. El Partido Popular ganó por mayoría absoluta las elecciones autonómicas del 17 de noviembre de 1989 y su candidato a la Presidencia de la Xunta, Fraga Iribarne, pudo decir, al tomar posesión, el 5 de febrero de 1990, que «decididos como estamos a contribuir a una Galicia mejor, sabemos que no habríamos de conseguirlo por las rutas del resentimiento, del odio o de la lucha de clases; ni tampoco por las vías del aislamiento, de la desafección, de la insolidaridad con las demás regiones de España, con los otros pueblos de Europa, con todos los miembros de esa humanidad que anhelante contempla los grandes cambios con que todos nos acercamos al año 2000».

Fraga ha sido fiel a ese propósito. Dos años después de enunciarlo, con una vigorosa actividad como balance, hace un recorrido por ese período y un diagnóstico de la situación en que se encuentra la autonomía gallega, a lo largo de una extensa conversación con NUEVA REVISTA, en un reservado del restaurante Vilas. Se muestra Fraga seguro de sí mismo, como siempre, locuaz y preciso. Ha comido lamprea y merluza, ha picoteado empanada de souvas «la mejor entre las de pescado», dice- y, en atención al régimen moderado que le mantiene delgado y en buena forma, sólo una filloa de postre, acompañada de oporto comprado por él en Portugal. Como remate, aunque él no fuma, ofrece generosos puros cohibas, regalo de Fidel Castro en un viaje que ha merecido honores de primera página en todos los periódicos. Durante la comida, Galicia -cuyo ambicioso plan de carreteras, por 273.000 millones de pesetas, acaba de ser presentado, y cuyo sistema de financiación, como el de las demás autonomías, se discute estos días con el ministro Solchaga ha sido una constante permanente de la charla. Con un calificativo del presidente de la Xunta para esta vuelta a casa del emigrante que, como tantos gallegos, Fraga lleva dentro: «definitiva».

Antonio Fontán.— Habría que empezar por un resumen del viaje a Cuba.

Miguel Ángel Gozalo.— Sí, porque ha tenido algunos aspectos de controversia. ¿Usted está totalmente satisfecho de cómo ha resultado el viaje?

Manuel Fraga.— Nunca he estado totalmente satisfecho de nada de lo que he hecho; tal como leí hace muchos años, que decía Ricardo Baroja, «todo lo que uno es capaz de hacer vale bien poco». Pero sí creo que lo que tenía que hacer lo hice. Tenía que visitar Cuba como estoy visitando los demás sitios en donde hay gallegos o hijos de gallegos, y yo bien sé lo importante que fue la emigración gallega a Cuba, porque allí estuvieron mis padres, allí nacieron la mayoría de mis hermanos, allí tengo los primeros recuerdos de mi niñez. Y nadie puede olvidar que Cuba, con Argentina, fue el país de mayor importancia para que una Galicia que era realmente tercermundista encontrase los primeros ahorros para salir de su situación, para crear escuelas. Acaba de publicarse un libro importante sobre la labor de las sociedades de gallegos en América, y solamente en un Ayuntamiento, el de Villalba, crearon catorce escuelas y dos asilos. Pensar en los problemas que ahora tienen allí por unas causas políticas o económicas es un tema que al Presidente de Galicia le tiene que preocupar. Y resultaba que Cuba era un capítulo aparte, estaba cerrado, no se iba allí, lo cual agravaba el problema de los gallegos. Desde que llegué a la Presidencia de la Xunta me estuve ocupando de todo eso, de abrir aquellas puertas. Y se abrieron. Pero había un deseo de que yo fuese, y he ido allí, como también he ido a la Argentina, al Uruguay, a todos los países del Caribe, como he ido ahora al Brasil a un importante congreso tras el que se va a crear la Federación de Empresarios en el Exterior, que es lo que ahora son los gallegos: ya no son braceros, son pequeños y grandes empresarios en diversos países. Ese aspecto se ha cubierto ampliamente y espero que dentro de poco los resultados que ya empiezan a verse sean notables, que el Centro Gallego lo recuperen los gallegos, sin perjuicio de que allí se hagan otras actividades culturales cubanas. Las cuarenta y tantas sociedades gallegas (algunas han preparado, como consecuencia de mi viaje, terrenos y locales) pueden mejorar su situación. Pero, además, cuando uno ha estado vinculado de esa manera a un país, tiene obligación de sentir su futuro y su destino, sobre todo cuando hay un pasado español en general. Lo he dicho muchas veces estos días: el Palacio de los Capitanes Generales no estaría mejor atendido si lo tuvéramos nosotros y estuviéramos allí.

Tenía que visitar Cuba como estoy visitando los demás sitios en donde hay gallegos o hijos de gallegos, y yo bien lo sé lo importante que fue la emigración gallega a Cuba, porque allí estuvieron mis padres, allí nacieron la mayoría de mis hermanos, allí tengo los primeros recuerdos de mi niñez no estaría mejor atendido si lo tuviéramos nosotros y estuviéramos allí.

Uno se siente comprometido con el destino de aquel país. Yo no deseo para Cuba el destino, digamos, de Panamá, preferiría el de Chile, pero no es mi obligación resolver aquel problema, y no tengo competencias en política exterior. Pero sé que si algo malo pasa en Cuba, nadie podrá decir que no hice lo que pude modestamente, allí y aquí, por intentar arreglarlo.

A.F.— Presidente, ¿nos puede hacer una especie de esquema o de perfil de la situación actual del Comandante Castro, como le suelen llamar allí, y de su futuro político?

M.F.— El discurso marxista-leninista, para entendernos, o simplemente de socialismo real, como se llama entre comillas por algunos, es, evidentemente, un discurso que a mí no me interesa, respecto al cual mantengo todas las críticas que he hecho a lo largo de mi vida y que, como es natural, son públicas y notorias. Hay otro discurso, en cambio, el discurso nacionalista de defensa de Cuba, de su autonomía, dentro del sistema iberoamericano, sobre todo ahora que se ha abandonado evidentemente cualquier intento de aventuras respecto a otros gobiernos del Continente, que creo que es un discurso legítimo y que cualquier español tiene que estar en él. Soy de los que creen de verdad en él, no sólo el 12 de octubre. He estado demasiados años yendo y viniendo de esos países, viviendo en ellos, practicando una doctrina de hispanismo consecuente, de creer que el 92 tiene realmente un significado. Quiero decir con este motivo, porque es importante recordarlo, que nunca, nunca habrá en los veinticuatro países iberoamericanos el mismo régimen, la misma ideología. Tiene que haber un sistema que vaya más allá incluso de la doctrina Estrada, que reconozca que todos tienen que hacer relaciones de familia, independientemente de dónde estén, en un punto o en otro. Cuando voy a casa de algún primo mío no le pregunto cómo lleva sus negocios ni lo que vota. Voy a decirle: «¡Qué mujer tan guapa tienes!» o «¡qué sobrinos tan simpáticos!». A lo mejor no lo son tanto, pero tengo que decírselo y, además, debo creerlo hasta cierto punto, y en ese sentido, insisto: las relaciones con Cuba son especialmente relaciones de familia. No en vano hemos estado en el mismo barco hasta el 98.

Ése es mi punto de vista, y en ese terreno tenemos que defendernos juntos. En el otro, como es natural, cuanto pueda hacer para aconsejar en la evolución del tema económico, social y político, sobre todo ahora que, evidentemente, no será posible mantener, vamos a decir su originalidad, dentro del sistema iberoamericano, como consecuencia de la bipolaridad del mundo, que ha terminado en la guerra del Golfo, es algo que no necesito explicar.

A.F.— Yo he conocido a Manuel Fraga desde los campamentos de la milicia universitaria y a través de su vida profesional y política, y me resulta particularmente interesante, y hasta cierto punto humanamente emocionante, el ver esta pasión y esta dedicación a Galicia. Hace un momento nos ha dicho que este retorno era una decisión definitiva. ¿Cuál es el proyecto de Manuel Fraga para Galicia? ¿Qué es Galicia como colectividad y como región autonómica de España? ¿Qué es Galicia dentro del Estado español? Bueno, y a partir de ahí podemos hablar del Estado español y de las autonomías dentro del Estado español…

M.F.— Bueno, esto es mucha pregunta, pero no importa. He de decir que para un gallego el considerarse emigrante éste es un país de emigrantes: «Pobo d’Israel», le llamó nuestro máximo poeta, Curros Enríquez, y desear volver es normal. Y no es ningún estereotipo el que un conjunto de razones geográficas, históricas y sentimentales hacen del gallego un personaje que quiere volver, que sueña con ello, y yo soy uno más. Como lo fue mi padre, emigrante en Cuba; como lo fueron mis tíos, emigrantes a Cuba o a Argentina; como lo fue mi abuelo, emigrante a Bilbao… Ese tema, por lo tanto, no necesita ninguna explicación. En todo caso, el gallego sabe muy bien cuándo vuelve: cuando ya ha hecho lo que podía hacer en otros sitios y cuando cree que, si le queda algo de impulso de vida, se lo debe a su pueblo, al que nunca dejó de servir. Así pues, éste es un proyecto que, efectivamente, se mueve en un marco nacional, en un marco europeo y en un marco mundial.

Creo que en este momento Galicia ha votado mayoritariamente, por primera vez mayoritariamente, el proyecto que le hemos presentado. Y que, como es natural, tiene muchos matices, con carácter de propuestas concretas.

Galicia es una comunidad autónoma con rango ciertamenté de Reino histórico o de nacionalidad histórica, como prefieren decir algunos.

Ayer mismo presentábamos un plan de carreteras muy importante; otro día presentaremos un plan en el terreno industrial o de educación o de electrificación, o de gasificación, o de lo que sea. Pero yo creo que se ha votado sobre todo, más allá de los temas sectoriales, a un proyecto concreto que es, una vez más, la aplicación de la doctrina aristotélica del medio. Galicia no es una región que puede aceptar, sin más, el decir que desde Madrid se le curen todos los problemas y que tiene la misma agricultura que Canarias o Baleares. O que los problemas de la ganadería son los mismos en nuestra Galicia que en Andalucía. Evidentemente, eso no es así, y en tal sentido ha llegado el momento de decir que no hay un gran país europeo que no tenga en cuenta el fenómeno regional, con los adjetivos que se quieran.

Por otra parte, nosotros ni creemos en la insolidaridad ni creemos en la separación. Yo leí estos días con especial interés un gran artículo de mi viejo amigo el Profesor Dahrendorf, con quien me encontré en el tiempo en que los dos estábamos en Londres, él como Director de la Escuela de Ciencia Política y Economía de la ciudad de Londres y yo como Embajador (él se ha quedado a vivir allí y en este momento es el sucesor de Raymond Carr en el Colegio de San Antonio, en Oxford). En aquella ocasión decía que las sociedades puramente homogéneas, es decir, tribales, es decir, clánicas, no tienen más porvenir que eso, el sei sociedades pequenas, sociedades con un techo muy bajo. Uno puede decir que quiere ser una comarca integrada en Europa, pero como tiene al lado grandes naciones integradas, como Francia, como Inglaterra, como Alemania, no va a hacer ningún papel importante. Pero es que, además, ese tipo de sociedad pequeña no podrá llegar al nivel crítico para poner una buena universidad, una fábrica de automóviles o lo que quiera. Las sociedades heterogéneas basadas en un orden jurídico son superiores siempre, y como decía mi maestro Hauriou, que creo que es el gran maestro de la ciencia política de este siglo, mientras no se demuestre lo contrario, «el Estado es una cima después de la cual sólo se puede volver a descender»: el Estado variado, con varias integraciones, pero basado en un orden de derecho, en el cual todos tienen su sitio, su garantía y en el que las minorías y las mayorías se sienten igualmente comprometidas y defendidas. ¿Cuál es, por lo tanto, la fórmula del medio entre el centralismo, que hoy es imposible mantener, precisamente por el mismo ofrecimiento de las funciones sociales y la situación de total separación, de querer hacer cada vez más pequeñas las unidades, como ciertas islas del Caribe que son Estados, pero que sólo representan su papel? Yo creo que el principio de autononía bien estudiado, unido al principio paralelo de integracion -la autonomia es integración en otras unidades-, es el principio que corresponde a este momento. Creo que fue un acierto importante -yo tuve el honor de ser uno de sus ponentes del equilibrio más difícil, más complejo, pero también más oportuno, de la reforma constitucional que hicimos en España. Las sociedades deben tener un principio de autoidentificación, de ser ellas mismas, de autodefinición y defensa de lo que son, de promulgación de sus rasgos culturales, de autogobierno y autoadministración -lo cual supone ciertamente y es un problema muy importante para los debates de estos días, unos medios razonables, la suficiencia de medios de que hablan la Lógica y la propia Constitución-, pero, al mismo tiempo, de intercomunicación, de cooperación, de solidaridad, igualmente reconocidas en nuestra Constitución y hasta reflejadas en instrumentos a los que, por desgracia, no se las ha sacado todo el jugo, como el Fondo de Cooperación Interterritorial. Creo que ya hay base para todo ello, y ése es el modelo en que nos debemos mover. Galicia es una comunidad autónoma con rango ciertamente de Reino histórico o de nacionalidad histórica, como prefieren decir algunos, con especialidades culturales indiscutibles, y una lengua que, además, no solamente existe con propios valores en la Edad Media yvdespués, con el enaltecimiento gallego del siglo XIX, sino que conecta con la portuguesa y la brasileira, con una gran lengua universal, y al mismo tiempo que practica un limpio, cierto y claro bilingüismo con el castellano, donde ha dado a los valleinclanes y a los cela y a los torrenteballester. En este momento, creo que tiene algo que decir especialmente interesante, porque justamente su misma situación histórica, geográfica y cultural le sitúa en ese fiel del medio, que antes decíamos. Todo eso, en cuanto a la definición del marco. En cuanto a lo demás, podemos hablar de lo que se quiera, de cómo ha evolucionado desde lo que tenemos hacia una mayor modernización y desarrollo. Hay muchos temas…

Es malo contraponer de un modo maniqueo fórmulas extremas: Europa de los Estados o Europa de las Regiones, Europa de las Patrias o Europa de las Matrias. Creo que deben ser las dos cosas, y eso es justamente a donde se va.

Juan Pablo de Villanueva.— La configuración de la sociedad europea, después de la Guerra del Golfo y de la caída estruendosa del comunismo en el Este de Europa, hace ahora mismo interesante la reflexión sobre cuáles pueden ser los elementos de la integración, dentro de un nuevo marco, del Continente. La integración, ¿se va a hacer a escala de Estados o de pueblos? Me gustaría conocer la opinión del presidente de Galicia, que ya ha dicho que es partidario de una solidaridad dentro de España, sobre esa integración del Continente Europeo?

M.F.— Estoy convencido de que la respuesta a eso tiene que estar basada en un planteamiento de sentido común. Es malo contraponer de un modo maniqueo fórmulas extremas: Europa de los Estados o Europa de las Regiones, Europa de las Patrias o Europa de las Matrias. Creo que deben ser las dos cosas, y eso es justamente a donde se va. Como es natural, se partió de lo que había, que eran los Estados nacionales. Escribí hace más de treinta años un libro que se llama La crisis del Estado, donde expliqué, cuando poca gente hablaba de eso, que al Estado le estaba saliendo por debajo un fenómeno regional y por encima un fenómeno comunitario. Lo que no hay que pensar es que las etapas históricas suprimen lo anterior, eso es exactamente lo contrario de lo que ocurre en la realidad. El primer autor, tantas veces luego tergiversado y falsificado, de la filosofía de la historia, es Hegel, cuando habla de que hay situaciones en que una institución o fórmula anterior es transformada e incorporada por una institución posterior, pero no desaparece. Eso ha pasado en Europa tantas veces, que no hace falta recordar aquí la independencia que tenían los señoríos feudales o la inmensa autonomía que tenían los municipios medievales respecto a la Corona. No se suprimieron los unos ni los otros. Simplemente que, al reafirmarse la Corona y formar lo que después llamamos el Estado Nacional, todo eso tomó un aire distinto. Y ahora vuelve a ocurrir lo mismo: los Ayuntamientos recuperan más autonomía, reaparecen las comarcas, las regiones que siempre existieron se arman ahora de una estructura autonómica. Bueno, pues todo eso reaparece en la Europa actual, y las dos cosas van a ocurrir. Lo que ya es seguro es que el orden que va a surgir de todo esto se va a parecer mucho más al orden medieval que al orden que hemos tenido en los últimos cuatro siglos de protagonismo casi único del Estado nacional moderno. La teoría de los ordenamientos, muy oportunamente revivida por el profesor italiano Romano, nos recuerda eso: hay un ordenamiento municipal, un ordenamiento ahora autonómico, lo hay nacional, lo hay europeo, se entrecruzan, y también, de vez en cuando, una directiva europea se entrecruza con la ley de las Cortes. Al final sale un resultado, y es que los jueces interpretan por encima de la Europa comunitaria, que, a su vez, desde la Guerra del Golfo, ya no es la misma. Hay un organismo mundial a medio hacer, pero ahora tiene más protagonismo, que fue grande en la Guerra del Golfo, que fue pequeño estos días en la Conferencia de Madrid, pero que ahí está. Dentro de eso, por lo tanto, yo digo: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Ni exclusivamente las regiones, ni exclusivamente los Estados. Va a ser una Europa donde todos vamos a intervenir. Tiene que haber una política regional, porque Europa no puede hacerse con unos ciudadanos de Hamburgo, o de Londres, mucho más ricos que los del Algarve o los de Calabria o los de Orense. Que eso supone una política de cohesión, que se supone una política, insisto, de compensaciones, y que eso supone que no se hace solamente en Madrid o en Lisboa el plan de desarrollo regional, sino, como acabamos ahora de firmar en Oporto, pactos entre las regiones fronterizas y propuestas de participación de alguna manera de las respectivas capitales en Bruselas, eso es evidente. Lo que salga de ahí, como siempre en la historia, los libros lo describirán mucho después. Pero ya se está haciendo.

Los Ayuntamientos recuperan más autonomía, reaparecen las comarcas, las regiones que siempre existieron se arman ahora de una estructura autonómica.

M.A.G.— Viniéndonos más cerca, dejando la Edad Media… La Xunta que preside D. Manuel Fraga, y que ha sido elegida por los gallegos por mayoría absoluta por primera vez, ¿en qué se diferencia de la anterior?

M.F.— Las instituciones son las mismas, el Estatuto es el mismo, va a cumplir diez años de vigencia y aún está en situación de adaptación. Pero, evidentemente, hay una situación esencialmente nueva. Primero, tenemos la experiencia de esos diez años: se puede construir mejor, porque ya están los cimientos hechos y siempre se ha dicho que la cirugía se ha construído sobre montañas de cadáveres, y la Administración funciona también por el mismo sistema de todo proceso de desarrollo, que son los errores y los aciertos anteriores. En segundo lugar, como decíamos ahora mismo, hasta ahora las Xuntas tuvieron que funcionar en situaciones de enorme debilidad, porque nacían o de gobiernos en minoría o de coaliciones llenas de debilidades. Por primera vez hay un gobierno claro que efectivamente puede sacar adelante esos proyectos, puede discutir con la oposición, dialoga con ella, pero, al final, asume sus responsabilidades. En tercer lugar, eso le ha permitido poner en marcha instituciones que estaban en el papel, pero no funcionaban. Existía el «Valedor do Pobo», pero no se había podido lograr los quórum de mayoría suficiente. Ahora se ha logrado. Existía el «Consello das Contas», el Consejo de Cuentas, que no se había puesto en marcha, lo mismo que las instituciones que gobiernan la televisión autonómica o el Consejo Asesor de la Televisión Nacional en su programa regional. Hoy la diferencia esencial, y en esto no debo hacer uso de falsa modestia ni de ningún orgullo que no esté justificado por casi dos años ya de gobierno, hay un Gobierno, que presentó no sólo un programa o unos eslogans (que a veces los programas son programas de eslogans), sino veintitantos <<«libros blancos» al pueblo gallego, que o los leyó o sabía que existían y decidió en favor de eso. Y se puso en marcha rápidamente un programa de carreteras, un programa de electrificación, empezando la casa por los cimientos. Un Gobierno en minoría o dependiente de una coalición inestable tiene que atender al ruego inmediato, cara a una elección que siempre está a la vista. El nuestro puede hacer ya planes a ocho años, a diez años. Esa diferencia me parece fundamental. En una palabra: bueno o malo, que eso lo dirá la Historia, y, antes, el pueblo gallego con toda razón en las próximas elecciones, ahora hay un Gobierno. Hasta ahora ha habido intentos de llegar a él, pero no ha habido gobiernos en Galicia.

Por primera vez hay un gobierno claro que efectivamente puede sacar adelante esos proyectos, puede discutir con la oposición, dialoga con ella, pero, al final, asume sus responsabilidades

Me atrevo a asegurar que en este momento el sistema político gallego, afortunadamente, y, como yo creo que debe ser en todas partes, es bipartidista

A.F.— Presidente, los intentos de partidos nacionalistas gallegos, desde el punto de vista operativo, ¿tienen posibilidad, algún hori-el nacionalismo se curaba viajando. Bueno, zonte de futuro?

M.F.— Vamos a ver. El Parlamento Gallego tiene setenta y cinco miembros y en este momento figuran como restos y creo que no hablo injustamente de Coalición Galega, porque el partido está en plena desintegración después de las municipales, tiene dos miembros en el Parlamento. El grupo llamado Ezquerda Galega, igualmente en el Grupo Mixto, tiene dos diputados también, y el Bloque Nacionalista Galego tiene cinco diputados, total nueve. Esta mañana —6 de noviembre— ha habido unas votaciones en el Parlamento gallego, y lo que obtuvieron los grupos nacionalistas en un caso fue un voto y en otro caso fueron tres y en otro caso fueron cuatro. Ésta es la situación verdadera, y. por lo tanto, conviene no exagerar. Se dirá: Bueno, mire usted, ya dijo D. Antonio Maura a Cambó en una ocasión determinada que él y Sabino Arana eran íos que sabían lo que querían. Puede ser, pero es lo cierto que en este momento Galicia, que ha tenido todas esas oportunidades hace tiempo, no las vola, no las vota. Segundo, hoy puede verse por Santiago unos carteles sobre autodeterminación. Bueno, pero debajo pone reforma de la Constitución, no dice- ruptura con la Constitución, porque todo el mundo sabe que eso no se vende. Podrá estar en unas o en otras intenciones, pero a nadie se le ocurre vender eso.

Me atrevo a asegurar que en este momento el sistema político gallego, afortunadamente, y, como yo creo que debe ser en todas partes, es bipartidista. Son los grandes partidos nacionales los que juegan. Hoy por hoy. la fórmula que representa el Partido Popular, espero que cada vez con más fuerza, es la forma mayoritaria, y lo otro es la forma minoritaria. En la vieja tradición parlamentaria española había el Gobierno, la oposición y las minorías, que podía ser un D. Juan Vázquez de Mella, con un enorme prestigio, pero que era él solo. Bueno, pues eso describe la situación política gallega actual perfectamente, y creo que me ahorra otros comentarios.

A.F.— Sí, quiere decir que en Galicia funciona el esquema de los grandes partidos nacionales y con un arraigo en Galicia, sin necesidad, digamos, de que esté representada la galleguidad, por decirlo así, por otros…

M.F.— Es que «la galleguidad» está mejor representada… El gallego es un personaje que tiene limitaciones, pero que abunda mucho en sentido común. Hubo una época en que se decía en el País Vasco, a finales del siglo pasado o primeros de éste, que el tradicionalismo se curaba leyendo y el nacionalismo se curaba viajando. Bueno, pues yo creo que el gallego ha viajado mucho y ha leído bastante y, en ese sentido, está curado ya de espanto en todos esos temas. Que quede bien claro que si a mí se me dice galleguismo, yo digo: No, mire usted, es que nosotros lo hacemos mejor y más que nadie. Ahora, planteamientos en torno al galleguismo copiados de aquí y de allá, como alguien quiso copiar a Euskadiko Esquerra para hacer Esquerda Galega o copiar al Partido Nacionalista Vasco para hacer un Penega que fracasa siempre, o copiar cosas ajenas a nuestra región y a nuestros problemas. Como el Bloque, que intentó copiar en su momento a Herri Batasuna, pues, como es natural, eso aquí no funciona. Justamente aquí se puede observar lo que en este momento habría que decir en toda España. Mire usted: puede decir cualquier cosa en referencia a lo autóctono; yo no estaré con eso en cuanto usted interprete lo autóctono como algo cerrado, como yo lo veo en las tribus prehistóricas. Cuando usie me hable de lo autóctono para defenderlo y hacer una Galicia Universal, ahí estoy antes que usted y mejor. Pero en lo que no estoy es cuando venga a decirme que usted copia mejor que nadie a un partido de otra región española o, digamos, que usted viene a copiar mejor que yo a Croacia o a Eslovenia. ¡Para usted el negocio ese!

J.V.P.— ¿En qué punto está el presidente de la Xunta satisfecho y en qué puntos está insatisfecho en sus relaciones con el Gobierno de Madrid?

M.F.— Bueno, yo, en ese punto, como en todos, como es natural —porque muy fácil sería decir que la culpa es de ellos—, estoy insatisfecho en todos y no estoy satisfecho en ninguno, porque me gustaría hacerlo menos mal. Nosotros, desde esa misma filosofía, no hemos planteado un fácil y a veces demagógico autonomismo de confrontación. Al contrario: desde esa misión del orden medieval que yo antes decía, creo en el lugar en que nos encontramos todos, cuando se definía como la Cristiandad o como el Imperio. Esto lo defino como una moral trascendental del humanismo en el siglo XX, de base esencialmente cristiana, porque creo que las sociedades necesitan un orden interno, sin el cual el orden externo vale de poco. Un orden interno basado en unos principios morales, que al final hace que podamos estar o no de acuerdo en el matiz de una Ley, pero, desde luego, si pensar que no es normalmente razonable matar a un padre, como decía aquél, sin causa justificada. Evidentemente, hay cosas que caen de su peso. Y resulta que hoy algunos pretenden que no. Pues mire usted: yo pretendo que si. Y este orden interno tiene que estar basado en la aplicación de algunos valores últimos. Pero dicho esto, lo que está perfectamente claro es que no hay ninguna posibilidad de hacer frente a los problemas tremendos que tiene el mundo de hoy sin una colaboración.

A mi me gustaría que las relaciones fueran mejores, pero nadie podrá decir nunca que yo las hice más difíciles de lo que son por su naturaleza.

J.P.V.— Siendo Galicia una región que, desde el punto de vista histórico, no tiene el problema radical que podrían tener otras, y, desde el punió de vista económico, una reglón de tipo medio, y probablemente en ese sentido representativa de lo que podría ser el Estado de las Autonomías, a mi me gustaría que usted precisase cuáles fueron los problemas funcionales que, en orden al progreso funcional del Estado de las Autonomías, se ha encontrado con el Gobierno de Madrid.

M.F.— Yo tengo que decir que, del mismo modo que he procurado evitar cualquier planteamiento de confrontación con el Gobierno central, he hecho todo lo posible, como es público y notorio (y he recorrido ya casi todas las otras regiones y los representantes de muchas de ellas han esiado aquí a visitar la gallega), por mantener, por todos los medios, las mismas relaciones colaterales con las demás Comunidades autónomas. Y digo esto, precisamente, para aclarar, desde ese principio que también nos va muy bien, que yo no creo que haya ninguna Comunidad española que tenga motivos de verdad, para hacer, por encima de agravios de una época o de otra, una política distinta a la que propongo. Todos tenemos obligación de mirar al futuro. Hubo un momento que la unidad de España exigía una cierta centralización y eso fue una ventaja para reprimir los poderes feudales u oíros… En el caso de Galicia es patente en nuestro siglo XV, como el vasco fue terrible, como el catalán, dicho sea de paso. En esos momentos la Monarquía nacional fue una salvación para todos. Es verdad, y ello no se refleja por igual en todas las Comunidades, que hay problemas estructurales y algunos de carácter sociológico. Esos problemas, ¿en qué consisten? Insisto en que no hay una Europa de las Regiones y otra de los Estados, no. Hay la Europa de todos. Y entre la Europa de los separatismos y la Europa de los separadores hay una intermedia en cada Nación, un área que es el equilibrio. Pero hay gente en Madrid que, todavía, o no lo entiende, o prefiere disimular ahí sus intereses. Yo en eso no tengo duda ninguna: la autonomía es algo distinto al centralismo, el centralismo es otra cosa diferente, no es un término medio, es diferente.

Sentado el legítimo derecho a defender cada uno su auioidentificación. su autoafirmación, pero para colaborar en una cultura común —juntos hemos hecho esa lengua maravillosa que es el español y su cultura y ei mundo hispánico—. hay que articular elementos efectivos de autogobierno y autoadminislración. Teóricamente, no hay duda ninguna en que a esa dirección va toda Europa. Desde el punto de vista de la ampliación actual de las funciones de la administraciones públicas, yo no soy neoliberal. Creo que algunas habrá que tener siempre, alguien tendrá que hacer carreteras, y hospitales y otras cosas, no creo en la ampliación de todas esas gestiones. En todo caso, es un momento de funciones de autoridades públicas, sean centrales, autonómicas, comarcales o municipales, y eso, efectivamente, supone una redistribución de los recur- sos; no puede ser que se hagan transferencias y los dineros sigan en Madrid. Eso da a las aciuales negociaciones sobre financiación autonómica una trascendencia enorme. No hay autogobierno, no hay autoadministración, sin medios suficientes. La actual distribución, que todavía no llega al 20% para las autonomías, es insuficiente. Lo mínimo sería un 25 o un 30%, y ése es uno de los temas que están hoy en discursión, así como luego, una vez creada esa masa de recursos, cómo se distribuye. Es evidente que los principios básicos de todo esto están establecidos en la Constitución, pero cuando la hicimos, por razones perfectamente lógicas, quizá no desarrollamos bastante dos temas: uno fue la participación de esas nuevas entidades autónomas en al formación de la voluntad del Estado, aunque hubo dos capítulos que iban en esa dirección: el Senado y el Consejo Económico y Social. Y otro, las relaciones de las regiones con la Comunidad Europea. Esos dos temas necesitan un perfeccionamiento, y ahí hay, es verdad, una especia! resistencia en Madrid a reconocerlo. En el primer punto, reforma del Senado, incluso con reforma de opinión, porque fue una reforma equivocada para complacer en aquel momento concretamente a los socialistas y quitarle poderes al Senado, dejándolo en una Cámara prácticamente inútil e impidiéndole que pudiera cumplir su verdadera función de Cámara, como dice la propia Constitución, de representación territorialEl Consejo Económico y Social, por su parte, prevé no solamente el diálogo de los actores sociales, económicos y sindicales, sino también de las regiones, cosa que no se ha querido tomar en cuenta. Por otra parte, está el hecho de que las regiones, una vez creado un mundo europeo con política regional, alguna participación tienen que tener en la información, en la preparación de los asuntos. Hoy las regiones mandan desde sus autonomías sus proyectos a Madrid, y Madrid escoge arbitrariamente los proyectos —ésie sí y éste no—, cuando eso no tendría que ser así. Por lo tanto, problemas hay. Problemas que vienen más que nada de las Administraciones o de alguna falta inevitable de previsión en las soluciones del 78. Bien, no hay ninguno que no se pueda resolver. Y en este momento tengoque decir que por primera vez un conjunto de razones, entre ellas la misma dinámica más compleja —enlre otras, del Partido Socialista, que ha hecho que estos días haya tenido que hablar de eso con sus propias regiones, que hasta ahora no había que hacerlo—, un planteamiento más realista en el País Vasco y en Cataluña, después de sus propias experiencias de los últimos meses, y, ciertamente, el protagonismo de regiones como Galicia, que tienen todos los argumentos de regiones históricas y, al mismo tiempo, coinciden en muchos puntos con los problemas de las regiones menos desarrolladas de otro tipo, creo que van a poder acercarse a ese momento, que yo vengo planteando sistemáticamente, como se sabe, desde que estoy al frente de esta Comunidad autónoma.

No hay una Europa de las Regiones y otra de los Estados, no. Hay la Europa de todos. Y entre la Europa de los separatismos y la Europa de los separadores hay una intermedia en cada nación

Hoy las regiones mandan desde sus autonomías sus proyectos a Madrid, y Madrid escoge arbitrariamente los proyectos —éste sí y éste no—, cuando eso no tendría que ser así

M.A.G.— Hemos entrado en el tema del dinero, que es un tema fundamental desde el punto de vista autonómico. ¿Quiere decir lo que nos acaba usted de comentar que está en desacuerdo con que siga, tal como proponen el PSOE y el Gobierno, el sistema actual de financiación?

M.F.— Hay que tener en cuenta que, por desgracia, en este punto como en otros, desde el 14-D, pasadas las elecciones subsiguientes, tenemos un Gobierno bastante parado y dividido, con limitada capacidad de reacción, para decirlo del modo más suave. Ello no ha permitido avanzar suficientemente en esos temas, y ahora se dice que queda poco tiempo… Nosotros, con tal de que no se cierre ninguna puerta para, en los meses siguientes, hacer los cambios necesarios, no nos opondríamos a la prórroga, aunque lamentaríamos que no se aprovechasen los últimos meses, para hacer lo que hay que hacer. Nosotros practicaremos en esto, como en lo demás, la política del sentido común. Si antes de finales de año se adaptan a unas normas que vayan en buena dirección y se abre el cauce para que los meses siguientes se haga lo demás, no tendremos nada que decir, pero desde luego no estaremos por ninguna solución de inmovilismo por creer que peor es meneallo. En eso no estaríamos nunca. La actual situación no es buena, no es suficiente, no es justa. Nosotros hemos puesto en la mesa papeles muy importantes, creo que los más completos que se han puesto en la mesa de esta negociación, y los vamos a defender hasta el final, pero con realismo.

A.F.— Estamos hablando con el Presidente de Galicia, pero también con el político nacional que es hombre de un partido que es la alternativa política, y hay preguntas referentes a la alternativa política en el plano nacional y cuestiones referentes al propio partido que encarna esa alternativa, que es el Partido Popular, respecto de las cuales unas manifestaciones de Manuel Fraga son importantes.

M.F.— Yo ahí tengo poco que decir, y ese poco, por supuesto, muy claro. Primero, yo he creído siempre que un sistema democrático no soporta un número indefinido de partidos y lleva a una cierta racionalización que, naturalmente, pasa por una símplificación razonable en todas las grandes opciones. Ello no marca un bipartidismo único y puro: en Estados Unidos hay doce o catorce partidos, pero sólo de dos puede salir el Presidente. Yo creo que vamos en esa dirección. Lo dije siempre, y, hasta ahora, lo que está pasando más bien va en esa dirección que en otra, y, además, creo que eso es positivo. Ya dije que en Galicia afortunadamente estamos en esa situación: los dos partidos mayoritarios en todas las elecciones suman siempre alrededor del 75% de los votos. Segundo, yo creo que en este momento la distancia entre los dos partidos principales va disminuyendo razonablemente e impide que esa situación se continúe con una hegemonía de un solo partido, y creo que eso es positivo también. Tercero —y ahí sí que me interesa mucho decir que voy a decir poco y claro—, no sólo he aceptado, yo he propuesto y he promovido por todos los medios que haya una sucesión en el partido. Creo que está logrado básicamente. Desde aquí me siento un colaborador eficaz de todo lo que haga el Partido Popular, y como presidente regional del partido en la Comunidad donde tiene quizá mayor desarrollo en este momento, cooperaré con todas estas fórmulas del modo más incondicional y del modo más convencido. Espero que muy pronto eso se convierta en una realidad victoriosa para el Partido Popular.

M.A.G.— Hablando de política nacional, ¿no cree usted que estamos viviendo en España lo que los italianos llaman la pequeña política? ¿Que hay demasiados chismes en los periódicos, demasiados acontecimientos menores, que se da trascendencia a unas conversaciones de restaurante, y, sin embargo, los grandes problemas nacionales quizá no se abordan como es debido?

M.F.— Quizá porque soy un viejo profesor, que he dedicado mucho tiempo a una visión de la sociedad de conjunto, que eso es la política a la historia, yo creo que siempre ha sido así. De la historia pasada, como ya explicó Maqutavelo. nos quedamos con los grandes momentos, con las conductas ejemplares, pero la conducta de cada día, la pequeña, ésa la olvidamos. La verdad es que cuando vemos las grandes obras de nuestro teatro del Siglo de Oro. digamos que la mayoría de las obras del teatro madrileño eran malísimas y de mal gusto: han quedado las grandes obras de Calderón, seis o siete, y del mismo Lope, que escribió mi] quinientas, quedan veinte o treinta. Digo esto porque es importante saber que es muy difícil separar la política o cierto tipo de política de ese ambiente general situado en cada momento de los medios de información. Estar o no a la altura de las circunstancias al reflejarlo tampoco es mi tema, quizá sea más bien el de ustedes. Lo que sí creo es que, en este momento, las referencias no son irrelevantes, porque indican algo que es absolutamente normal, y que no debe sorprender ni escandalizar a nadie. Cuando un partido lleva ya en el poder nueve años, con todas las tentaciones del poder, se empiezan a producir esos hechos, que generalmente son preludios de su relevo, lo que es absolutamente normal. Por !o tanto, ni exagero la importancia de esos fenómenos ni se la quito. Creo que estamos en un momento muy interesante de posible cambio en la orientación general de la política. Considero que eso es bueno, y, pasados los momentos a los que propenden todos los pueblos, especialmente el nuestro, ;n las transiciones de decir ¡Viva la Pepa!, que además es una expresión política española, por cierto, banal. Ahora se arregla todo. Pero luego se dan cuenta de que hay que seguir y de que el precio de la libertad y del éxito político es una eterna vigilancia. Creo que estamos en una hora, en ese sentido, muy propicia. Primero las cosas tienen que ponerse un poco mal, para que luego se pongan un poco mejor.

CUANDO un partido lleva en el poder nueve años, con todas las tentaciones del poder, se empiezan a producir hechos, que generalmente son preludios de su relevo, cosa que es absolutamente normal

En la historia pasada, como ya explicó Maquiavelo, nos quedamos con los grandes momentos, con las conductas ejemplares

A.F.— Estimo, como mucha gente lo piensa, que nos estamos acercando ya al momento en que se puede producir por fin el cambio. El decenio del gobierno socialista no va a ser una eternidad…

M.F,— Lo importante es que por primera vez, a diferencia de lo ocurrido en los cien años anteriores, nadie supone que el cambio traiga consigo necesaria ni siquiera probablemente un cambio de sistema, sino simplemente un cambio de situación, y eso es normal y positivo.

A.F.— Pero es que ahora mismo gana terreno en sectores amplios de la opinión pública la idea de que el Partido Popular no está destinado a hacer una oposición, sino que es una alternativa con unas expectativas de ganar pos sí solo, o con determinadas asistencias, la responsabilidad política.

M.F.— Claro, eso es lo que yo creo también.

A.F.— En estos momentos, ¿Manuel Fraga ve a este partido con el proyecto, con las estructuras, con la capacidad de gestión para asumir esas responsabilidades?

M.F.— A este respecto, como es natural, cualquier punto de referencia con el partido perfecto del gobierno perfecto que imaginase Platón puede tener una serie de lagunas; pero cuando se compara con lo que ha habido antes y sobre todo con lo que cabía esperar de la experiencia muy limitada de los socialistas del 82. me parece más bien positivo, y es lo que tengo que decir.

M.A.G.— Y si se produce ese momento del que habla Antonio Fontán, de que el Partido Popular tome el poder, ¿Manuel Fraga no la a sentir una cierta frustración por no haber sido Jefe de Gobierno?

M.F.— Ninguna. Todo lo contrario: sentiré la gran alegría de que mi esfuerzo no ha sido en vano en modo alguno. Es decir, un momento en el cual lograr una soldadura, después de los años anteriores, pues a partir del 76 —una soldadura que tenía sus dificultades—, no es la que se produce en Inglaterra cuando se desgasta el Gobierno de la señora Thatcher, o el que se produce en Estados Unidos cuando al señor Bush le digan usted hace buena política exterior… Era un problema de mucha trascendencia y yo contribuí antes y después del 75 a hacer —aunque en modo alguno me atribuyo más que la parte que me toque, pero alguna tuve—. con una cierta moderación, a que el momento no se deshilacliase y frente a un Partido Socialista hegemónico quedasen solamente pequeños partidos. A eso pocos negarán que haya contribuido; ahora me alegra mucho que se llegue hasta el final, y es lógico que llegue sobre hombros distintos de los que iniciaron ia tarea. Y justamente soy en algunos sentidos el Néstor de la política española, verlo desde mis años, los que tengo, después de cuarenta y tantos años de servicio público al Estado en puestos de relevancia, de verlo sin grandes fallos en su conjunto… Mucho más se parece lo que pasó en España a lo que yo había dicho antes, que lo que habían dicho los socialistas. Ellos hicieron un papel que no esperaban y yo tal vez no hice el que esperaba, pero ésa es otra historia. Ver ahora en el partido esta gente nueva me llena de satisfacción. Es lo de aquel romance español, bellísimo: No vencí a los moros, engendré a quien los venciera. Hacerlo todavía desde Galicia es una enorme satisfacción, y, al contrario, sería para mí una tremenda frustración el tener que decir: no fui capaz de dejar a nadie detrás, porque hay que reconocer que a veces en España ha habido partidos que, aparre de su nombre oficial, el que figuró en los registros de su tiempo, llevaban el nombre de Partido Maurista o Sagastiano o Gilroblista. Yo creo que esto no va a pasar ahora, y haber conseguido eso, sólo por eso es motivo de una gran satisfacción.

Sería para mí una tremenda frustración el tener que decir: no fui capaz de dejar a nadie detrás

M.A.G.— Y hablando de ideologías: ¿No ha habido una convergencia exagerada entre ambos partidos, los dos partidos dominantes, que la política española se orienta en una sola dirección y al margen van quedando unas minorías demasiado minorías?

M.F.— Yo creo que la convergencia hacia el centro de los partidos principales es una señal de desarrollo político. Es la que se da hace años en Estados Unidos entre el Partido Demócrata y el Republicano y es la que se da en muchos países europeos. Hay que ver lo que eran los partidos principales al día siguiente de la independencia y lo que son ahora. Se han ido aproximando bastante, eso es la señal de conservación de un sistema en el cual justamenle la ocupación del cenlro en dos dimensiones, centro derecha y centro izquierda, es la esencia de lo que hoy se considera el desarrollo político. Por lo tanto, eso no es negativo. También hay que decir, y estos temas son siempre opinables, que da una enorme satisfacción el que dentro de ese movimiento algunos se tienen que desplazar más que otros. Cuando se ven las posiciones sobre la OTAN. las posiciones en su conjunto, las posiciones sobre la valoración del mercado, que no es la norma única, por supuesto… No hay que escandalizarse por la opinión de Alfonso Guerra: lo dijo mucho antes el Papa León XIII, pero lo que no cabe duda, como he dicho, es que ellos se han aproximado más que nosotros. De modo que las posiciones se han aproximado, pero unos más que otros, y eso mismo es positivo en dos direcciones: por el hecho mismo y porque nosotros hemos tenido que movernos menos, lo cual no es tema pequeño en estos tiempos. Hay que recordarlo.

Yo creo que la convergencia hacia el centro de los partidos principales es una señal de desarrollo político. Es la que se da hace años en Estados Unidos entre el Partido Demócrata y el Republicano, y es la que se da en muchos países europeos

A.F.— A propósito de la OTAN. Es un tema en que la posición del Partido Popular o de Alianza Popular, en aquel momento del referéndum, todavía está siendo objeto de discusión, de debate y de recelo en partidos homólogos o en personalidades de partidos homólogos fuera de España.

M.F.— Empezando por el final, puesto que así se ha planteado, los problemas de la homologación fuera de España, que yo siempre dije en su momento, no son secundarios, pero primero hay que homologarse en Lspaña y después nos homologará todo el mundo. Se ha cumplido al pie de la letra, de modo que nosotros estamos homologados con todo el mundo, estamos integrados en el Partido Popular; yo inicié esa participación, y estamos integrados al mismo tiempo, también, con los partidos conservadores, lo cual, por cierto, pocos partidos en Europa pueden hacer: prácticamente los dos alemanes y nosotros estamos en esa situación. Eso supuso un largo camino, no diré calvario, pero se ha conseguido. Por lo lanto, cualquier diferencia que quede en relación con el pasado, debe estar, pero hay que decir: Mire usted, pero hoy nos ponemos el sombrero del Partido Popular con toda naturalidad y con todas las garantías favorables. ¿Cómo ha sido eso? Pues ya digo, cualquiera que sepa navegar, y yo en Galicia me he vuelto de nuevo muy navegante, siempre lo había sido, pues sabe que la ruta loxodrómica no es la misma que nortodrómica. de maneta que uno está constantemente pendiente de una misma ruta, pegándose a las corrientes y a los vientos, dominando las situaciones según vienen, lo cual no es oportunismo, sino simplemente saber navegar. Si ese tema se refiere a la decisión que en su día tomó el Partido Popular de abstenerse de votar en aquel referéndum, yo la defiendo entonces, ahora dicen dirigentes de mi partido que nos equivocamos…. pues seguramente tendrán razón, y yo desde luego en aquel momento lo hice lleno de buena fe. convencido de que lo tenía que hacer, y la mejor prueba de que no nos equivocamos del todo es que estamos donde estamos, pero respeto las opiniones actuales y las hago mías. Por lo tanto, con esto estoy diciendo lo que decía Graciano, primer gran canonista de la Historia: Distingüete amparis con cordaris iura.

J.P.V.— A pesar de la convergencia de los partidos, de los dos grandes partidos que hay en España, la configuración de una alternativa liberal-conservadora, por simplificar un poco el asunto…

M.F.— Quizá esa definición debe ser ampliada, puesto que en estos momentos la palabra Popular es una palabra con un sentido muy claro en toda Europa, es liberal-conservadora, y. al mismo tiempo, incorporada claramente al movimiento democristiano, lo cual es muy importante, porque esa síntesis no era fácil y era ia que España necesitaba para cubrir el centro-derecha. Perdón por esta observación…

J.P.V.— La comparto. Pero quiero decir que a pesar de que puede parecer que en España se ha producido una convergencia de los dos grandes partidos hacia posiciones moderadas centristas y en alguna manera integradora de posiciones comunes, me gustaría a mí que usted subrayara cuáles son los puntos de divergencia entre el Partido Popular y el Socialista, porque creo que son importantes y la opinión a veces no percibe esas diferencias.

M.F.— Y, además, sobre todo cuando desde ambas partes se hace un gran esfuerzo por ocupar el centro, que es lo que da aliciente a las elecciones, lo cual es natural, y por lo tanto en la lucha electaral ese tema puede quedar oculto… Yo creo que en este momento, y por eso lo subrayaba, unos se han movido más que nos hemos movido otros. Así como nosotros hemos mantenido básicamente esa doctrina que yo llamaba del orden social interno, respeto a una moral tradicional, que por supuesto para el 99.9% de nosotros pasa por la asunción de una moral crúniana, siempre renovada como pide el Concilio, pero una moral cristiana, que tiene mucho de tradición en el buen sentido de la palabra. Para mí, moral cristiana y moral tradicional no quieren decir lo mismo pero quieren decir lo que todos entendemos, evidentemente. Todos nos hemos mantenido en eso, y a partir de eso tenemos posiciones ante la vida, ante la familia, etc. Pero así como nosotros en eso nos hemos movido poco, y sin embargo hemos aceptado su adaptación clara y terminante a las circunstancias del mundo moderno sin cambiar los principios, yo creo que el Partido Socialista, en su conjunto, partió evidentemente de un programa socialista, que viene de Platón, de Marx, y que se ha ido adaptando constantemente, pero, en lo que se refiere a la sociedad, no lo ha abandonado. Sigue teniendo ideas distintas sobre la familia, sobre la droga, sobre la moral de la educación, sobre la moral de la información, etc., y esa distinción es fundamental. En cambio, se han dado cuenta de que con la economía socialista no podían funcionar, y ahí han cedido en los instrumentos, pero no en lo fundamental. Y por eso hay que seguir muy de cerca esa disputa que ahora se ha planteado y creo que algunos han dado la batalla en terreno equivocado. Don Alfonso Guerra no se equivoca cuando dice que el mercado no es la única norma. Nunca lo hemos dicho. Es la doctrina social de la Iglesia… Hasta Adam Smith admitía que alguien tenía que hacer carreteras, alguien tenía que hacer hospitales. El tema no está ahí, el tema está en que la sociedad a donde ellos quieren llegar es distinta, y, si no, háblese de los Ministerios de Educación y de Información o equivalentes y se verá que son distintos. Ahí es donde está la diferencia.

Nosotros hemos mantenido básicamente esa doctrina que yo llamaba del orden social interno, respeto a una moral tradicional, que por supuesto para el 99,9% de nosotros pasa por la asunción de una moral cristiana

DESPUES de las elecciones gallegas era obvio que el Sr. Calvo Sotelo, mi querido amigo y paisano, debió tomar medidas que no tomó y en las cuales nosotros poníamos condiciones favorables. Pero no quiso hacerlo.

A.F.— Sí en la idea de la sociedad, y también ellos se han movido, como Gobierno, desde el internacionalismo socialista a un cierto patriotismo. Pero el patriotismo que representa estos valores, más que tradicionales, históricos, es otro patriotismo distinto.

M.F.— Querido Antonio, es tan positiva esa evolución, que yo creo que no hay que discutirla, porque creo que es bueno el dejarlos evolucionar y hay que animarles. Pero es que en lo otro no han variado. Y a la vista están las reacciones del Sr. Solana y de otros señores sobre este punto.

M.A.G.— Y si esa convergencia entre los partidos lo hubiera habido en su momento entre lo que se llamaba Centro (la Unión del Centro Democrático) y la Alianza Popular de entonces, que no fue posible, ¿no se hubiera cerrado el paso al socialismo?

M.F.— Pero hay que dejar muy claro por quién no fue posible. Nosotros la propusimos y el tiempo nos dio la razón. He de decir que yo ahí, como es natural, tendría mucho que aportar, y así lo hago en mis memorias. Después de las elecciones gallegas era obvio que el Sr. Calvo Sotelo, mi querido amigo y paisano, debió tomar medidas que no tomó y en las cuales nosotros poníamos condiciones favorables. Pero no quiso hacerlo. De modo que ahí sobre el particular deberán responder otros.

A.F.— Hombre, después del 23 de febrero, algunas personas hicimos una propuesta de un gobierno de coalición.

M.F.— Algunas personas, sí, pero no fue aceptado, y no fuimos nosotros quienes la rechazamos. Se sabe perfectamente por dónde se rechazó v por quién. Por tanto que responda cada uno de eso. En todo caso, comprendo que en este momento no se deben hacer reproches. Nosotros propusimos eso, lo deseamos, dimos muchos pasos, y así lo cuento con detalle en mis memorias. Naturalmente, ellos no quisieron hacerlo y es su responsabilidad. Ahora, si por fin hemos llegado a eso, celebrémoslo.

J.P.V,— Dado que existen dos modelos viables reales sobre cómo gobernar España, uno representado por el Partido Socialista y otro por el Partido Popular, desde el punto de vista del Estado de las Autonomías, en la que sólo existen las experiencias de la UCD y el PSOE, ¿la alternativa del Partido Popular puede realmente realizar ese Estado de las Autonomías mejor que el Partido Socialista?

M.F.— Ya que se han mencionado los tres estadios, diré que UCD cometió un gran error: mostrar temor al problema. Ya se vio en el referéndum andaluz. Los grandes desastres de la UCD empezaron en ese momento. Hay un hecho menos conocido. y fue cometer el error en cuanto al Estatuto gallego. También se intentó introducirle ahí un clavo, y Galicia lo rechazó. Yo tuve parte en ello, como es natural. Aquél fue un error grave, que facilitó las cosas al Partido Socialista, aunque no supo sacar ventaja de ello, porque en el fondo no creía tampoco en el Estado de las Autonomías. A lo mejor ahora que ya tenemos experiencia y que hemos pasado por experiencias autonómicas personas como Aznar y yo. conseguimos el autonomismo verdadero.

J.P.V.— Y eso ¿cómo es? Se ha intentado borízontalizar las autonomías, cuando la realidad de España es plural y diversa, y, por tanto, hay que darle una respuesta diversa a las cosas que son diversas.

M.F.— Dije antes que era lógico que en el tema más importante de las reformas constitucionales, el famoso Título VIII, fue por mí por lo que salió más forzado, con más compromisos, a medio desarrollar, a veces con palabras ambiguas, y el que tenia que dar lugar a mayor ambigüedad. Por eso era la reforma más importante y la más difícil. Todos hemos aprendido desde entonces. Así como en el planteamiento de las autonomías hubo amplio acuerdo sobre cómo tenían que funcionar, en cambio faltaron temas importantes, como era el de la participación en los asuntos nacionales y en el problema europeo. Quiero insistir mucho en ello, partidario como soy —frente a los del cierre total— de que se hagan reformas pequeñas y moderadas, pero progresivas, de la Constitución, para evitar que un día se acumulen todos los temas. Creo que nuestra Constitución todavía da bastante de sí, salvo la cuestión del Senado, que es capital en ese punto. Me gustaría añadir que el planteamiento de que las autonomías deben dar lugar a una perfecta posibilidad de au-‘ toidentificación futura, deben dar lugar a un autogobierno claro, supone medios económicos más completos, un reparto distinto de los recursos públicos, todavía demasiado centralizados. Se hacen las transferencias, pero sólo se transmite una parte del dinero. Eso supone claramente una solidaridad hacia una participación; lo que ocurre es que hasta ahora el que ha pasado por Madrid ha soportado más las tentaciones madrileñas tradicionales. Lo digo yo. que siempre que hablo de Madrid hablo quitándome el sombrero, lleno de gratitud como emigrante gallego del trabajo y agradeciendo las oportunidades que me dio.

SIEMPRE que hablo de Madrid hablo quitándome el sombrero, lleno de gratitud como emigrante gallego del trabajo y agradeciendo las oportunidades que me dio

Por eso queremos un sistema objetivo en la distribución de las inversiones del Estado, para lo cual hay que participar en ellas, cosa que hoy no se logra

J.P.V.— Hablando del tema del dinero, Galicia es una región, probablemente en ese sentido mediana, no digo media…

M.F.— Menos que mediana en cuanto a la economía. Pero es igual, agradezco el cumplido, porque estamos más bien en la zona pobre.

J.P.V.— Es un porcentaje de la población, no sé si es el 7% de la población de España, más o menos, y sin embargo recibe ayudas del orden del 10% más o menos en cuanto al fondo ese de compensación. Así, no creo que Galicia, desde el punto de vista del resto de las regiones, se pueda sentir maltratada, especialmente maltratada.

M.F.— Ésa es la parte más pequeña de la financiación. La más importante son las inversiones que el Estado hace, por ejemplo autovías. El gran problema que hoy está planteado no reside ene! fondo, y se ha quedado muy reducido a ciertos temas de política regional. La cuestión está en la capacidad de llegar a un nivel parecido en servicios mínimos, económicos y sociales. Es decir, qué se gasta en sanidad o qué se gasta en servicios sociales. Hay regiones que están por encima del promedio y otras por debajo. Galicia eslá claramente por debajo, así que debe decirlo, y tiene que obtener una solución, en sanidad, por ejemplo, y en otros muchos temas. Por eso queremos un sistema objetivo en la distribución de las inversiones del Estado, pata lo cual hay que participar en ellas, cosa que hoy no se logra. Sistema objetivo de participación en los proyectos europeos, que hoy depende de Madrid. Es decir, que la masa del producto a distribuir y su distribución sean objetivos. Hoy ninguno de estos puntos está resuelto.

J.P.V.— O sea, que usted dice que los criterios no son objetivos, no que no sean razonables, sino que no son objetivos.

M.F.— No son perfectamente conocidos, sino son objetivos. Hay que decir que a tas regiones más ricas les ha venido muy bien, y o tienen un régimen especial, como es el País Vasco, o han obtenido ciertos criterios, favorecidos por la suerte, porque en algunos momentos la emigración era un criterio y resulta que hoy estamos perdiendo posibilidad de enviar gente a ciertos sitios. Resulta que emigra más gente a Cataluña que al contrario. Los criterios no son objetivos, en el sentido de temas perfectamente discernibles y explicables.

M.A.G.— ¿Pueden no ser objetivos esos criterios por razones políticas?

M.F.— Bueno, las razones políticas siempre forman parte de los criterios, como no van a ser así, y evidentemente algunas regiones presionaron más y mejor. Pero eso no resta importancia al tema de que pueden llegar a ser objelivos por razones políticas. Hoy en día ya no está callada ni Extremadura, ni Andalucía ni Castilla-La Mancha, que antes estaban calladas, que eso es lo importante, y resulta que les hicieron lo mismo que a nosotros.

Lo que sí es verdad es que el tema del endeudamiento interior y exterior debe ser reconsiderado a nivel nacional

J.P.V.— La tentación de una persona o de un gobierno, sea de una región autonómica o de un gobierno municipal, que no se siente bien tratado por el Gobierno central en cuanto a los recursos económicos, es la del endeudamiento, es un problema grave en todas las regiones…

M.F.— Y a nivel del Estado. Debe haber un criterio sobre endeudamiento, porque ese criterio exisie. Hay una ley, y esa ley se está cumpliendo. Pero algunos creen que la ley da demasiadas facilidades. Por ejemplo, Galicia tiene una cierta deuda, a mi juicio razonable, pero es que, además, está dentro del endeudamiento legal. Los que hicieron esa ley, que la reconsideren: probablemente pensaron que se hacía para no cumplirla. Lo que sí es verdad es que el tema del endeudamiento interior y exterior debe ser reconsiderado a nivel nacional. Sobre todo, tendrá mucha autoridad el Gobierno para plantearlo cuando él no sea el primer endeudado, muy por delante de todos.

J.P.V.— La impresión que produce es que todo gobierno tiende a endeudarse…

M.F.— No, todo gobierno tiende a gastar lo más que puede, unas veces por necesidad y otras por razones electorales. El mercado de votos electoral, evidentemente, tiene que ver también con otros problemas. Hay que decir con toda claridad que la sensación que tiene el ciudadano la ha provocado la prensa en estos últimos años por una campaña creada desde el gobierno central para disimular su propio endeudamiento y para reforzar su posición en esta negociación autonómica. El ciudadano no sabe de eso más que lo que le han contado en una serie de artículos, en los últimos seis meses, movidos claramente por el Ministerio de Hacienda. Sé lo que digo.

J.P.V.— Pero la prensa gallega le acusa a usted de que va a crear ahora cuatro mil nuevos puestos de funcionarios…

M.F.— No, perdón, lo que ocurre es que mis predecesores los nombraban a dedo y yo he hecho una oferta pública de trabajo.

J.P.V.— Sí, y la realidad es que un gran porcentaje de funcionarios que tiene usted aquí interinos pasarán a convertirse en funcionarios del Estado.

M.F.— Pero yo, sin discutir esto, lodas las vacantes que tengo las ofrezco de una vez, y hago una oposición, cosa que no ha hecho nadie.

J.P.V.— Pero la pregunta no se refiere sólo a Galicia, sino que traduce un poco el sentimiento que tenemos todos los españoles. La gente piensa: este Estado de las Autonomías es carísimo, porque fíjese usted si hay tantos ministros en Castilla-Leon, en Castilla-La Mancha, en Galicia, etc.

M.F.— En el primer argumento de la pregunta, sobre qué pasa con las autonomías, yo afirmo que ha sido una campaña montada desde Madrid. Segundo, en el tema de los funcionarios, en Galicia, nunca se han hecho las cosas tan bien. Lo que ocurre es que la oposición, como está abrumada, porque nunca hizo eso, no se lo acaba de creer, y uno de eslos días tendremos un espectáculo nunca visto en Europa: 40.000 personas haciendo un ejercicio al mismo tiempo, porque se han presentado diez por plaza.

M.A.G.— ¿Y no es demasiada gente en la función pública?

M.F.— -Querido amigo, era la única forma de hacer eso objetiva y seriamente; si lo repartimos por provincias, entraría el viejo principio.

J.P.V.— El Estado franquista era más barato…

M.F.— Yo no voy a entrar en una vieja polémica de cuáles son los costes políticos y los costes económicos, juzgados conjuntamente. Los ingleses dicen que si se suprimieran en el Parlamento los ministros con sus añadidos políticos y los partidos que están en Inglaterra durante un año, con la buena administración que tienen, Inglaterra sería el país mejor administrado del mundo. Y al año siguiente todos los altos jefes de adminsitración estarían colgados de las farolas de Londres. No voy a entrar en eso, porque ¿cuánto cuesta una huelga general? Eso es otro tema. Lo que sí digo es que no lengo por qué responder de las alegrías de todas las autonomías. Creo que una transición llevada en la forma que se llevó, a mí me recuerda —y es terrible lo que voy a decir; la comparación, lo reconozco, es exagerada— a uno de los problemas de la independencia de Guinea. Y es que los que tenían que administrarla, los de Exteriores, no sabían, y los de Presidencia no querían, y, claro, salió el señor Macías. Bueno, pues lo de las autonomías, como mucha gente no creía en ellas, salieron como Dios quiso, y ahora pueden hacerse de una manera mu- cho mejor. Pero ahora solamente puedo hablar de lo de hoy. En Galicia en estos momentos ese argumento no es aplicable. Es más, yo me atrevo a decir que, sin poner nada como modelo, hoy la administración gallega en su conjunto es bastante razonable y ajustada y resulta bastante honesta y bastante — digo bastante siempre, nunca he dicho al máximo ni perfecto— económica.

A.F.— ¿Están evitando ustedes la duplicidad de funciones del Estado y de la Comunidad?

M.F.— Nosotros sí. aunque no se puede decir siempre lo mismo del Gobierno. Aunque también en eso se está mejorando, justamente porque se negocia y se trata todos los días

A.F.— Ahora mismo en Galicia da la impresión de que el Partido Socialista en la oposición muestra poco vigor y (iene menor entidad. Parece como si el Gobierno de la Xunta se hubiera tratado a la oposición.

M.F.— El Gobierno de la Xunta liene, como ya he dicho antes, una cultura política basada en ei bipartidismo y no considera que deba suprimir a la oposición. Lo que sí considera es que es bueno que la mayoría tenga unas bases sólidas y se mantenga cuanto sea posible, pero sin deslruir a la oposición, sí, en cambio, creo yo que esas otras minorías, algunas de ellas extravagantes y en el límite mismo de la constitucionalidad. sería bueno, en cambio, reducirlas.

A.F.— Quizá en estos momentos gritan más que el resto de la oposición.

M.F.— Bueno, pero gritar no es lo más inieresante. No es mi éxito el destruir a la oposición. Al contrario, es darle cauces, y, efectivamente, eso se está notando, que en lo que depende de nosotros esto es así. La oposición cometió el error gravísimo del gobierno tripartito, aliándose con los mismos que había condenado, aceptando tránsfugas, y, en consecuencia, teniendo que pasar por dos crisis importantes, el procesamiento de algunas personas, etc. Aquel gobierno mal nacido y mal terminado empezó con cierto lastre después, al pasar a la oposición. Creo que en Galicia hoy nuestras fuerzas son más acordes efectivamente con lo que quiere y representa la sociedad gallega. Por otra parte, producida la integración de Centristas de Galicia ya dentro del Partido Popular, hay una fuerza que no va a ser fácil relevar en tiempo inmediato. Pero algún día tendrá que ser. Por eso no quiero que el relevo lo tome un Partido Socialista irresponsable, sino uno que justamente haya mantenido la respondabilidad que da una oposición seria. Para eso tendrá todas las oportunidades.

M.A.G.— Recuerdo que se dijo, cuando usted subió al poder, que Galicia iba a ser una especie de Baviera, que iba a tener un resurgir económico. ¿Está ocurriendo?

M.F.— Bueno, en eso estamos. La palabra Baviera indica un país como el nuestro, que en su momento era agrario y turístico, que era fronterizo, como nosotros, que tenía sus especialidades culturales y al mismo tiempo se sentía como muy alemán. Es evidente que los pasos que dio Baviera, manteniendo su identidad, desarrollando su economía, etc., llamándose Estado Libre de Baviera, pero muy alemán y muy europeo, resultan un modelo interesante. Pero tampoco hay que ir más allá. Estamos en esa dirección. Lo bueno es que Baviera lleva haciendo eso muchos años, y nosotros solamente llevamos año y medio. Sin embargo, nos acercaremos y tal vez superaremos el modelo. Eso espero. Los grelos son mejores que la choucru!…

El Gobierno de la Xunta tiene, como ya he dicho antes, una cultura política basada en el bipartidismo y no considera que deba de suprimir a la oposición

Después de reducir los incendios el año pasado a la cuarta parte, este año se ha reducido a la séptima parte de la cuarta parte, es decir, a la vigésimo-octava parte de la época del gobierno tripartito

J.P.V.— ¿Cuáles son los grandes retos de Galicia, en orden a su propio desarrollo y a su propia integración?

M.F.— Salvada la cuestión previa, que es la buena comprensión entre los gallegos desde una idea de lo que Galicia debe ser, está el problema de las infraestructuras, en las que estábamos muy lejos de los promedios. Creo que el plan de carreteras, el plan de electrificación, el plan de comunicaciones avanzadas, el plan de gasificación, que no estaba ni en estudio cuando llegamos nosotros, el plan de terreno industrial, todo eso supone un cambio de estructura fundamental, es la prioridad primera. La segunda es el cambio profundo del sector primario, que hoy, por un conjunto de razones que estaban ya ahí, tales como la excesiva fragmentación de la propiedad y ahora los efectos complementarios de la integración europea, que obliga a un nuevo esfuerzo de reducción de parcelas, de reducción de explotaciones y de reducción de personas dedicadas al empleo agrario. Seguimos en el 30%, frente al 12% español y al 4% europeo. Estuvimos en el cincuenta y tantos por ciento hace veinte años. Bueno, pues ahí hay un plan completo, unido a que Galicia no es sólo un país agrícola, tiene que pasar además a lo ganadero, y es un país forestal y estaba sometido a la peor plaga de incendios de España… Después de reducir los incendios el año pasado a la cuarta parte, este año se ha reducido a la séptima parte de la cuarta parte, es decir, a la vigésimo-octava parte de la época del gobierno tripartito,

M.A.G.— ¿Cómo se ha conseguido, si nos puede dar la fórmula para que la apliquen en otras partes?

M.F.— Pues muy sencillo: trabajando como negros. El Sr. Marracó, el director del leona, este verano,, cuando le dijeron: Usted está de vacaciones y está ardiendo media España, dijo: Los altos funcionarios estamos mejor lejos…. Aquí, estamos nosotros mismos. Vamos a apagarlos nosotros mismos, y ésa es la diferencia. No hay ninguna fórmula más que matarse. Comiendo con los forestales, hace dos días, para felicitarles, que les felicité, porque este año me pareció un poco menos malo que el año pasado, les conté la famosa historia —que todos entendieron, porque claro, no todo el mundo había oído hablar del ilustre Jonathan Swift y de los Viajes de Gulliver.— Se trata de un episodio de Gulliver en el país de los enanos, al mostrar el protagonista que tiene capacidad bastante para apagar incendios echándoles una meada encima. Es una crítica deliciosa de lo que era la política parlamentaria europea, en Inglaterra, pues hubo una parte de la oposición que dijo que estaba prohibido mear en el Palacio Real, bajo pena de destierro… Habría a quien no le gustase; bueno, pues, aunque fuera meando, pero debemos apagar los incendios. Recibí una fuerte ovación del noble pueblo de Lilliput… Lo hemos hecho porque si, porque hemos trabajado y porque yo empeñé mi palabra. No hay otro recurso: ponerse a ello. Quede claro que hemos aplicado técnicas más modernas, que hemos invertido un poco más dinero, que hemos preparado un poco más a las patrullas, pero hemos dado moral a la gente, la gente fue ahí como a asaltar parapetos…

A.F.— ¿Que pasa en el sector secundario, esta industria que ha atravesado una crisis?

M.F.— No, no: que atraviesa, que atraviesa. No ha terminado, por desgracia. La industrialización de Galicia iba muy retradada respecto al País Vasco, a la de Cataluña, incluso del promedio nacional, todavía en los años sesenta. En los setante se produjo un avance significativo, pero referido a la construcción naval y a lodo lo relacionado con ella, y es ahí donde se ha producido la crisis. La crisis naval es una grave crisis, y además difícilmente superable. Lo cual no quiere decir que ya no esté empezando a tocar fondo. Afortunadamente, el pueblo gallego está reaccionando favorablemente, tomando otras direcciones, (odas las que son posibles. Hoy la mejor fábrica de Europa de antenas de televisión está en Santiago. La industria está yendo no a las industrias en decadencia, sino a las pequeñas y medianas empresas de alta tecnología.

M.A.G.— Ya que saca usted la televisión… Una entrevista como ésta tiene que tener algún reproche. Se le reprocha a usted que la televisión gallega gasta demasiado dinero. ¿Comparte usted la tesis de su partido, que dice que hay que priva tizar las televisiones públicas?

M.F.— Soy el primero que lo he dicho en mi partido, y lo he dicho desde aquí. Pero el paso de un sistema a otro presenta cierta dificultad. El problema está en saber si la televisión gallega puede ser separada —yo creo que no— de su función cultural. Si en Galicia no se hablase gallego, yo probablemente daría la aprobación para una privatización y hasta para su desaparición tal vez. Con el tema del gallego de por medio no puedo considerar eso sin otras garantías. La televisión gallega tiene un déficit importante, exactamente 7.000 millones de pesetas, y me encantaría poder hacer otras cosas con ella. Pero hoy mismo es una necesidad. Si alguien la gestionara garantizando el mismo nivel de cultura gallega, la podría ceder, no digo mañana, pero sí dentro de seis meses. No tendría ningún reparo en ir a la inmediata privatización, pero no hay nadie que asuma las cargas culturales, que son importantes.

La crisis naval es una grave crisis, y además difícilmente superable. Lo cual no quiere decir que ya no esté empezando a tocar fondo. Afortunadamente, el pueblo gallego está reaccionando favorablemente, tomando otras direcciones, todas las que son posibles

SOBRE mi visita a Cuba hubo dos encuestas a la vuelta, y una dio el 80% de aprobación de los gallegos a mi viaje y otra dio el 70%, o casi el 70%, a la presencia eventual en su día de Castro aquí

M.A.G.— Otro reproche que le han hecho es el Palacete que ha comprado la Xunta en Madrid.

M.F.— Eso no es ningún reproche. Yo he recibido muchos más elogios que reproches. Estábamos instalados en una pésima oficina y hemos comprado muy bien: en un sitio que se está vendiendo el metro a un millón doscientas mil pesetas hemos comprado a novecientas mil. Hemos encontrado un palacete que no necesita obra, que está prácticamente amueblado, en Casado del Alisal, frenie a los Jerónimos. Así como yo me he negado a mejorar mi instalación personal, que es pésima. Pero creo que Galicia necesita una instalación en Madrid y otra en Bruselas. Ahora, después del Congreso de Río, va a tener, sin que le cueste nada, a la Asociación de Empresarios Gallegos en el Exterior. Eso es hacer Galicia.

A.F.— Pero ¿las comunidades autónomas necesitan cierta política exterior? ¿No debe haber una coordinación?

M.F.— Tiene que haberla, y yo no doy ni un solo paso fuera sin hablar con Exteriores, y, como sabe lodo ei mundo,en algunos casos le he prestado, además del interés por Galicia, servicios de algún interés al Gobierno en mis salidas, porque es mi obligación. Soy un viejo embajador, y yo lo entiendo así. Creo que cada uno debemos aportar lo que podamos aportar. Por lo tanio. creo en eso. Por lo tanlo, yo no estoy preparando un Estado Soberano Gallego para mañana. Lo que sí digo: a la Galicia que hay y la que va a haber, tengo que servirla y la sirvo dentro y fuera, como es natural. Y da la casualidad de que no hay ninguna región que tenga tantos, en este caso gallegos, fuera, como nosotros. Pero yo jamás jugaré a la política exterior por mi cuenta. A la vista está.

A.F.— La visita a Cuba y las conversaciones con Castro pueden facilitar una presencia pacifica de Fide) en España en el 92?

M.F.— Sobre mi visita a Cuba hubo dos encuestas a la vuelta, y una dio el 80% de aprobación de los gallegos a mi viaje y otra dio el 70% o casi el 70% a la presencia eventual en su día de Castro aquí. Es obvio que si él, como parece probable, viene aquí en julio, a la reunión de la cumbre, sin duda ninguna vendrá a Galicia. No creo que su presencia plantee ningún problema. Lo cual no quiere decir que eso no sea progreso importante respecto a situaciones anteriores. Porque, evidentemente, hay muchas cosas discutibles en los primeros años del castrismo.

A.F.— Es un asunto que han tratado, ¿o usted llega a e.sa conclusión después de las conversaciones que ha tenido?

M.F.— De las conversaciones que he tenido en Madrid y en La Habana, y de mi propia convicción, deduzco que eso no planteará ningún problema. En este momento el pabellón cubano es uno de los más adelantados en la Expo de Sevilla.

M.A.G.— De esas conversaciones privadas con Castro, ¿qué no ha contado usted todavía, D. Manuel?

M.F.— La gente da mucha importancia a la letra pequeña, que es muy divertida para la pane sensacionalista de los periódicos. Es más, yo mismo me sorprendo, porque muchas de ellas fueron públicas, cuando personas que estuvieron allí conmigo me cuentan algunos detalles que yo mismo había olvida- do. Lo importante es lo esencial: yo dije todo lo que tenía que decir, en público y en privado. En ningún momento fui contradicho. En unos casos se me hará más caso que en otros, y, por lo lanío, no tengo más que decir.

Yo, en el 93, si no ocurre nada, volveré a ser candidato. No estaba claro hace un año. Lo he hecho saber ahora y quedan dos años, en los cuales tantas cosas pueden pasar

M.A.G.— Una última pregunta. El Manuel Praga que ha llegado a la tierra prometida de Galicia, como Moisés, ¿ha encontrado ya aquí su Aznar? ¿Hay un Josué para la Galicia futura?

M.F.— Hay en este momento amplias disputas sobre eso. Y yo lo que puedo decir es: primero, con gran reluctancia me he dejado convencer por todos, en principio y si Dios nos da vida, de que debía aceptar un segundo mandato. Por lo tanto, yo, en el 93. si no ocurre nada, volveré a ser candidato. No estaba claro hace un año. Lo he hecho saber ahora y quedan dos años, en los cuales tantas cosas pueden pasar. Segundo, en este momento no hay designación ni nada semejante; pero se han acallado las dudas que al principio se habían suscitado, en parte por esa decisión y en parte porque se van viendo cosas que progresivamente indican por dónde podrían ir las cosas. Hay dos designaciones… Pero yo, en este momento, no tengo más que decir. Salvo que, al final, la última palabra la tendrá el pueblo. Renovándome o no a mí y aceptando o no mis propuestas, como está claro. Sé que por ahora no tengo cerrada ninguna puerta, ni dentro del partido ni fuera, porque la oposición, en este momento, empieza a entrar por un entendimiento razonable en las relaciones. En consecuencia, Galicia estará servida, y aquí hay que decir: primero Dios y Santiago y después Galicia…

Y Manuel Fraga Iribarne, como en sus mejores tiempos, se levanta de la mesa con cierta brusquedad, saluda cordialmente y sale a la calle Rosalía de Castro como un ciclón, mientras el sol sigue dorando la historia inscrita en las piedras de la ciudad del Obradoiro. 

La orquesta del Maggio Musicale Fiorentino en Madrid

Autores: L. V. Beethoven (Programa I). H. Berlioz (Programa II).
Títulos: La Ritirata Noturna di Madrid de Boccerini y Berio (Programa I) y Sinfonía Fantástica, op. 14 (Programa II).
Orquesta: Maggio Musicale Fiorentino.
Director: Zubin Mehta.


Con el patrocinio de la Embajada Italiana en España, muy recientemente, se ha presentado en el Auditorio Nacional de Madrid la orquesta de Italia Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección, como tantas veces, del director Zubin Mehta. La orquesta, que fue fundada en el año 1928, ha mantenido siempre un alto nivel, y aunque en todo este tiempo haya sufrido algún esporádico altibajo, en la actualidad, por lo que pudimos comprobar, está en uno de sus mejores momentos. Y el director hindú-obvio es señalarlo una vez más es un superdotado de la dirección orquestal.

Abrió el programa la Ritirata Noturna di Madrid, uno de los célebres quintetos que Luigi Bocherini -que vivió y murió en Madrid- escribió sobre temas populares españoles y que en 1975 Luciano Berio orquestaría para gran orquesta; el resultado es una obra de gran interés que gana fácilmente la atención del público y que Mehta tradujo, resaltando la atractiva brillantez que esta música entraña.

Cerraba la primera parte del programa la Sinfonía n.º 8, en fa mayor, obra que el genio de Bonn escribiera en poco tiempo. Mehta la hizo plenamente en Beethoven, con todo su espléndido brío orquestal-quizá hubiera debido matizar más en las influencias mozartianas que se advierten en esta sinfonía, especialmente en el segundo movimiento, el Allegretto Scherzando.

La segunda parte del programa estaba dedicada íntegramente a la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz, que al director de Bombay le va como anillo al dedo. Obra muy difícil, pues sabido es constituye verdadera prueba de interpretación, para cada uno y todos los elementos de la orquesta, Mehta la hizo rendir al máximo de sus posibilidades, que son muchas. Así el concertino, distinto al de la primera parte, lució con sonido amplio y de gran dulzura; tanto la madera como el metal, cumplieron excelentemente sus diferentes cometidos mostrándose la percusión con la redondez y contundencia requeridas. Mehta siente desde lo más profundo de su ser de artista la Sinfonía Fantástica y se entregó a su música, obligando a la orquesta a su misma entrega y a su mismo sentimiento. Y el resultado fue una versión fulgurante, grandiosa, histórica, debida principalmente a este director que ya es capítulo en la historia de los grandes directores de todos los tiempos.

Las ovaciones empezaron con los compases finales, antes de terminar la obra, y continuaron clamorosamente incontables minutos, de tal manera que forzaron-después de un largo programa- nada menos que cuatro propinas, una de ellas ejecutada en segundo lugar, la españolísima Triana, de nuestro compatriota Isaac Albéniz.

La degradación de la Península del Morrazo

En Galicia, en las denominadas Rías Bajas (sin duda uno de los acci deentes geográficos más originales y bellos de España), se ubica la península del Morrazo (a decir del insigne geógrafo Otero Pedrayo, península de «nombre antiguo, autorizado por los documentos y el uso, que preferiríamos ver sustituido por el más armonioso y eufónico de península de Domayo, del nombre del alto y atractivo faro que la preside»). Sus límites los ha llamamos en la ría de Pontevedra al norte, la de Vigo al sur, el océano Atlántico al oeste y el extremo oriental por la autopista que une Vigo con Pontevedra. Puede, por tanto, decirse que bien por accidentes naturales, bien por elementos artificiales, nos encontramos ante un espacio peculiar, no sólo en su fisonomía sino en su propia realidad medioambiental. Tanto es así que, para no pocos estudiosos del lugar, «se ve la gracia de formas del litoral del Morrazo en las inflexiones de Bueu, Beluso y Al82 dán. El Morrazo, clara forma peninsular más fina y dibujada que la Barbanza, como animada por una lenta vibración en sus rocas alzadas a los 625 metros, en el Faro de Domayo y a los 332 en el Leboreiro, avanza entre las dos rías como un breve y gracioso esquema de las facies de mar y tierra de las comarcas de las Rías en riqueza de playas, sectores de pulida o dentada costa, valles de erosión, orlas litorales profusas y tendidas e inicios de cúpulas montañosas de extensos horizontes».

La naturaleza, en peligro

De lo expuesto podemos deducir que nos encontramos ante una zona peculiar, de notable belleza, cosa que en realidad aún es. Sin embargo, poco a poco, esto se está transformando. De hecho, la evolución paisajística ha estado y está, cada vez con mayor importancia, marcada por la influencia del hombre; así, a lo largo de las últimas décadas los cambios producidos en los ecosistemas, más que de transformaciones podría llevarnos a hablar de degradación.

La península conforma una región natural que se integra en el «litoral». Su relieve es, por lo general, abrupto, montañoso, aunque más suave que el que caracteriza a Galicia; incluso, en ella, pueden llegar a encontrarse valles abiertos, de notable esplendor, como por ejemplo el de Coiro. Toda la zona está atravesada por la mencionada Sierra de Domayo, que corre en dirección NE-SW, dando lugar a la auténtica columna vertebral de estos lugares; la vegetación primigenia, compuesta por los bosques atlánticos de roble (Quercus robur), tan sólo está representada, en los elementos actuales, en las zonas más elevadas. A lo largo de las últimas décadas, se llevó a cabo una importante repoblación forestal a partir de pinos y eucaliptos. Ambas especies han ido por sus propias características- empobreciendo los suelos, que, además, se caracterizan por ser poco profundos, alternando con frecuentes afloramientos de la roca subyacente, con importante pedregosidad.

La evolución paisajística del Morrazo ha estado y está marcada por la influencia del hombre.

El estado en el que se encuentran los paísajes del Morrazo es, aún, aceptable.

La degradación, consecuencia de la notable influencia humana, se ha dejado sentir -también en la fauna, principalmente en los vertebrados; así, no debemos olvidarnos que hasta hace apenas un siglo aún habitaban estos lugares los ciervos, osos, cabras monteses, corzos…, junto con el lobo, el zorro o el tejón. En los momentos presentes, la distribución de las especies supervivientes -algunos ejemplares de lobo, zorros y tejones depende de la cobertera vegetal, junto con la mayor o menor conservación de los cursos fluviales, acantilados, ensenadas….

Los factores paisajísticos están marcados, principalmente, por el contraste entre las rías y el interior de la península. En este sentido, hay que destacar el que en el extremo occidental de la península se han desarrollado áreas de dunas, debiendo mencionarse la ensenada de Rande, el cabo Home -zona de contacto tectónico, la especta cular «costa de la vela». Se dan grandes arenales costeros, que llegan a alcanzar alturas próximas a los 150 metros. Igualmente, debemos citar los humedales anejos…

Lo descrito es lo que, poco a poco, o de forma acelerada, va transformándose y destruyéndose, por causas varias que seguidamente pasaremos a analizar.

Factores negativos

En líneas generales, el estado que actualmente presentan los paisajes del Morrazo es aún aceptable, si bien los elementos degradadores podríamos resumirlos tal y como sigue. Una primera aproximación nos acerca al hecho de que la población de la penin-Marin. Puerto. Los vertidos contamisula se asienta en los márgenes costeros; esto nos explica que si incluimos los habitantes del núcleo urbano de Pontevedra, se alcanzan densidades de población próximas a los 500 hab./km². Si a esto le añadimos que los principales núcleos poblacionales se sitúan en las proximidades de los estuarios y de las rías, coincidiendo con la desembocadura de diversos sistemas hidrográficos, sobre los que Mapa de la península del Morrazo Marip Vigo suelen verter todo tipo de residuos (tanto domésticos como industriales), se comprende que los problemas de degradación medioambiental cada vez sean mayores.

De esta forma, habría que hacer referencia a los focos de tipo doméstico, distinguiendo entre los vertidos líquidos y los gaseosos, eso sí, sin olvidar que la incidencia por el momento de estos últimos sobre el medio es bastante baja, al darse en la zona una notable capacidad de transferencia aérea de contaminantes. Sin embargo, la descarga de desperdicios sin tratar da como resultado que se depositen barros que desprenden muy malos olores en los bancos de los ríos, estuarios y aguas costeras, especialmente perceptibles en las mareas bajas. Estos depósitos son especialmente importantes en la ría de Pontevedra, sobre todo en las proximidades de la desembocadura del río Lérez y en las proximidades de la industria de celulosa, cerca de Marín.

La contaminación de tipo industrial no tiene tanta importancia como la de tipo doméstico.

La contaminación de tipo industrial no tiene tanta importancia como la de tipo doméstico, debido al tamaño y a las características que la industria presenta en este lugar. Pese a todo, la citada ría de Pontevedra tiene problemas importantes derivados de los desechos de origen industrial. A ella llegan gran cantidad de materias orgánicas, sólidos en suspensión, así como vertidos ácidos (clorhídrico, sulfúrico), sales y escamas de mercurio, sosa cáustica…, elementos todos ellos que hacen de la ría un lugar con elevados niveles de contaminación.

A lo señalado, añadir como verdaderas amenazas medioambientales los aterramientos, los escombros, las basuras y desechos de procedencia varia, el «campismo» incontrolado, el «motocross», la extracción ilegal de áridos, las construcciones ilegales, los incendios provocados —con fines especulativos—, las talas ilegales… Veamos algunos ejemplos concretos caracterizadores de los problemas que en esta materia tienen los distintos «Concellos».

El «Concello» de Marín

Si dejamos al margen el núcleo urbano de Pontevedra, en la zona septentrional de la península encontramos el «Concello de Marín. Tradicionalmente, se le ha descrito como una villa hermosa, cuyos alrededores ofrecen admirables puntos de vista sobre la bahía, la isla de Tombo, combinándose las industrias marineras con la fina agricultura, las casas nobles con los grupos labriegos. Sin embargo, poco a poco, debido al desarrollo industrial, este medio se ha ido degradando; de esta manera podemos señalar como focos contaminantes los que se sitúan en el puerto y en los astilleros, así como en. las diversas industrias que en. ellos se han desarrollado (v. gr., conserveras, frigoríficas…). Sin embargo, una de las cuestiones más problemáticas la hallamos en el medio urbano. Debido a la casi total ausencia de planificación urbanística, si tomamos como puntos de referencia el antiguo puerto y la Academia Militar, puede afirmarse que el desarrollo urbanístico ha sido, y es, totalmente caótico. Junto a esto, destacar los problemas de las zonas rurales y rururbanas que se dan en el Concello (primero fue la pesca de altura, después el desarrollo y expansión urbana de Pontevedra y, en los momentos actuales, la especulación del suelo y la incontrolada construcción que tienen como consecuencia la progresiva degradación del medio).

Entre Marín y Bueu, de pronto en esta bella y agreste península del Morrazo, todo se nos convierte en atalaya, siendo la primera que encontramos, luego de Lapamán desviándonos a la izquierda y encaramándonos al monte, la de Cela. Desde su iglesia románica, Santa María, se atisba un paisaje espectacular. Luego, desde Ermelo, y más concretamente desde un lugar llamado «Esculca de Meiro»; y desde Coto Redondo, que posee además un aire como versallesco, con su lago difícil, casi desgarrador, decidir cuál es el paisaje mejor en una tierra de perspectivas tan mágicas. Es que Bueu, que tiene a las espaldas el monte Leboreiro, constituye un epicentro de miradores, aunque encontramos también notables problemas de degradación medioambiental. Puede hacerse mención en las dunas de las playas de Agrelos y Portomaior; éstas, amén de ser utilizadas durante la época estival como aparcamientos, tal y como sucede en otras muchas playas, padecen las consecuencias de que a ellas van a desembocar pequeños cursos de agua que, a lo largo de los últimos años, se han convertido en verdaderas cloacas (a través de ellos desaguan todo tipo de jabones, detergentes, residuos y líquidos de cocina, grasas, excrementos…). Igualmente, hay que hacer referencia al área del antiguo aserradero, ruinas del Club Náutico…, cuya degradación se acrecienta al haberse convertido en un auténtico refugio de drogadictos, así como a la zona de «Banda do Río» (destinada al aterramientos, escombros, desguace de bateas).

Ahora bien, para muchos va a ser Cangas —la denominada capital del Morrazo— una de las zonas más ricas en espacios naturales y atractivos paisajes, el «Concello» con un medio más degradado. Quizá su tradición pesquera, la atracción que ha tenido sobre los foráneos, sus 22.000 habitantes…, sean los causantes de ello. De esta manera, junto al puerto o a las industrias conservera y frigorífica, debemos hacer referencia a los aterramientos, escombros, basuras…, que a lo largo de los últimos años se añaden al «campismo» incontrolado y a las talas ilegales especialmente preocupantes en el carballal de Coiro.

En la degradación del medio físico del «Concello» cobra notable importancia, en los meses de verano, el «campismo» incontrolado, cuya incidencia se deja sentir con gran profusión en las playas (v. gr., Menduiña, Castañeiras, Limens, Xián, Barra, Nerga…, todas ellas de notable esplendor y valores paisajísticos). Las razones son el excesivo número de visitantes dominicales que acumula todo tipo de basuras que, año tras año, van en aumento. Por su parte, el medio humano se ve degradado en los aspectos urbanísticos, los cuales, en líneas generales, pueden recibir el mismo calificativo que se aplicó al caso de Marín, caótico. A la falta de planes generales se suma la inexistencia de normas locales que, de una u otra forma, coadyuvarían al logro de un urbanismo equilibrado (a esto se une el aumento de la especulación inmobiliaria, a lo largo del último lustro). Todo ello contrasta con un pasado y un presente que nos presenta Cangas como una villa rica, con antigua colegiata, y en cuyo hermoso contorno se conservan ricos viñedos.

Moaña y Vilaboa

Moaña es otro «Concello» con notabilísimos atractivos naturales, amén de la iglesia románica de San Martiño, todo ello en activo contraste con algunos problemas medioambientales. Se caracterizan, sobre todo estos últimos por el vertido al mar tanto de aguas residuales como desechos de tipo industrial y por el elevado índice de contaminación de los ríos Fraga y Puntillón. Igualmente, hay que comentar los problemas que se presentan en la zona de Domayo, en concreto los problemas del «Chan de Arquiña» (área recreativa de notabilísima belleza natural, que en los últimos tiempos se ha convertido, en algunos lugares, en un «vertedero recreativo»).

A degradación del medio físico del Morrazo cobra notable importancia en los meses de verano.

La península del Morrazo pone de manifiesto la nece- sidad de la ordenación y de la planificación territorial.

Por último, hacer referencia al «Concello» de Vilaboa, el cual, hasta hace no mucho tiempo, ha contado con parajes que podrían contarse entre los más hermosos de Galicia, si bien en los momentos actuales van desapareciendo, debido a la existencia de vertidos incontrolados y a la aparición de basureros y escombreras provenientes de industrias como la de cerámica.

En definitiva, hablar de la península del Morrazo nos lleva a constatar la importancia que para España, en general, y Galicia en particular, tiene la conservación de un medio natural y humano que, como en el caso de la península del Morrazo, partiendo de una deseable belleza natural y paisajística, se va degradando en el cortísimo lapso de unos años; lo contrario -su no conservación y cuidado- hará que el consumismo se apodere más de nosotros, seres humanos cada vez más preocupados por el paro, las pensiones, la especulación, las talas incontroladas y los incendios de nuestros bosques, cuyas soluciones quizá se encuentren más en resolver los problemas descritos que en preocuparnos de todo lo anterior. En este sentido, destacar la importancia de la educación ambiental de los ciudadanos, junto con la racionalización en el uso y la ordenación del espacio geográfico en el que vivimos.

León. Tercera fase de Las Edades del Hombre

Dice Schiller en una de sus cartas sobre la educación estética del hombre (cuya excelente traducción al español llevó a cabo el filósofo don Manuel García Morente) que no es una metáfora poética sino una verdad filosófica el decir que la belleza es nuestra segunda creadora porque la constricción unilateral de la naturaleza, en lo sensible, y la legislación exclusivista de la razón, en lo intelectual, arrebataban al hombre la libertad, y esa facultad se le devuelve en la estética como el supremo don de los dones, como el don de la Humanidad.

Esta reflexión es en principio puramente filosófica y si se quiere racionalista (en expresión un tanto anticuada), hay que sublimarla religiosamente, hay que darle un «plus», porque la bellaza, la estética, nos lleva a Dios. El «Pulchrum» siempre ha estado presente en la Teología junto con el «Verum» y el «Bonum». Dios es el Camino, la Verdad y la Vida, sí; pero también es la Bondad y la Belleza supremas.

De aquí la communis opinio de que todo verdadero arte es arte religioso, o, dicho de otra manera, que lo religioso, la religión, no puede desprenderse de su faceta artística.

España es un ejemplo paradigmático de que el arte se funde, se fusiona, con la religión, y no sólo la religión cristiana, sino también las otras dos religiones que convivieron con la nuestra en la Península Ibérica durante siglos.

Arte sacro

Para que las nuevas generaciones conozcan y las menos jóvenes recuerden los tesoros del arte sacro español, surgió hace unos años en Valladolid una idea genial: agrupar, en la medida de lo posible, una muestra significativa de este arte sacro, si bien limitado a la Comunidad de Castilla-León (aunque algo semejante respecto de la Comunidad Gallega se ha hecho este año en Santiago). Y así nace el proyecto llamado «Las Edades del Hombre», que es, en palabras de don José Velicia, coordinador y alma del proyecto, «una magnífica aventura cultural emprendida por las once diócesis de Castilla-León».

La primera etapa, «El Arte en la Iglesia de Castilla-León», se celebró en la catedral de Valladolid. La segunda, «Libros y Documentos en la Iglesia de Castilla-León», en la de Burgos; y ahora, la tercera, dedicada a la música, se acaba de inaugurar en la catedral de León. Su título: «La música en las iglesias de Castilla-León».

Por gentileza de NUEVA REVISTA, y en su nombre y representación, acudí a León a los actos programados con ocasión de la inauguración de esta tercera edición de «Las Edades del Hombre».

La primera parte consistió en un concierto celebrado en la iglesia de San Marcos, cuyo plato fuerte era el estreno de una misa del siglo XVIII. La segunda, la exposición en la catedral.

Antes del concierto mismo, don Antonio Vilaplana, obispo de la Diócesis, dio lectura a unas palabras sobre la significación de la música en la religión judeo-cristiana. El parlamento se me antojó asombroso de religiosidad y de erudición. Tres perlas como ejemplos. Un recuerdo del salmo «Junto a los ríos de Babilonia» con la transcripción de los maravillosos versos de Fray Luis de León…

«Cuando presos pasamos
los ríos de Babilonia sollozando
allí nos asentamos a descansar llorando
de ti, dulce Sión, no acordando»

Y que a mí me llevaron in mente al Va pensiero del Nabuco verdiano. En segundo lugar, un recuerdo de América al hablar de la música como medio de evangelización; muy oportuno.

Y en tercer lugar una cierta nostalgia de los cantos como culminación de la palabra en la liturgia cristiana, aunque no exactamente católica, tanto de Inglaterra, como de Alemania; sirvan de ejemplo las Pasiones de Juan Sebastián Bach o Un réquiem alemán de Brahms.

La primera parte del concierto consistió en la interpretación por el Coro Mixto Universitario de León de una serie de piezas de diferentes compositores españoles de los siglos XVI y XVII, excepto una Salve Regina que es anónima. Dos de ellos se pueden considerar como canciones laicas, las demás de marcada unción religiosa. Las partituras originales se conservan en los archivos de diferentes catedrales de la región, Astorga, Salamanca, Burgos, etc., y algunas de ellas pueden verse, pues estaban expuestas para la ocasión en la catedral de León. Como ejemplo Mi amor no busca a mis bienes, de J. Hidalgo, del siglo XVII.

El coro me pareció un tanto desigual, nada extraño si se considera su carácter universitario con el correspondiente cambio de jóvenes que ello supone, trasiego que, como símbolo, se puso de manifiesto en su colocación ad hoc en la iglesia, función sin duda de las exigencias de cada partitura.

Por otro lado, como es normal en estos casos, cantaron a capella con la dificultad adicional que ello entraña. Estuvo muy bien dirigido por su titular y organista de la catedral de León don Manuel Rubio Álvarez. En conjunto, un bonito concierto que por instantes nos transportó a épocas pretéritas.

Misa siglo XVIII

La segunda parte estribaba, como se dijo antes, en el estreno de una misa del siglo XVIII. Compuesta para la consagración del altar mayor de la catedral de Segovia, se debe al maestro don Juan Montán y Mallén, del que no sabemos ní cuándo ni dónde nació, aunque yo me lo imagino naciendo a la vida musical en el antiguo Reino de Aragón.

La Misa, que se conserva en la catedral de Segovia y que también está ahora expuesta en la catedral de León, está escrita para orquesta, coro mixto y cuatro solistas, los clásicos: soprano, mezzosoprano, tenor y bajo. Para su estreno en esta ocasión fueron necesarios importantes retoques en la partitura original debidos a don Carmelo Caballero y don Jesús Legido.

Es una misa típica del siglo XVIII, compuesta en 1775, evidentemente contemporánea de las que por entonces escribían Hayden o Mozart (algunas transcripciones de partituras originales de misas de Hayden están en la Exposición). Y créanme ustedes que para nada inferior a cualesquiera de ellas. Una verdadera preciosidad de misa, relativamente larga (de unos cuarenta y cinco minutos de audición). Consta, como es habitual, de Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei. La influencia italiana es manifiesta; así, por ejemplo, en el «Laudamus Te», para tenor; «Qui tollis peccata mundi, para tenor y soprano; «Quoniam Tu solus sanctus», para soprano, con acompañamiento de fagot, todo ello del Gloria.

En el Credo es destacable «Deum de Deo…», para soprano y mezzo; «Et incarnatus est», para bajo, y «Et in Spiritu Sancto», para mezzo. Los remates, muy breves, especialmente en el Sanctus, típicos de la época.

La interpretación corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (cuyo concertino es una joven), en la que, en mi opinión, destacaron los cellos que tienen a cargo el bajo continuo. En conjunto, la orquesta, con más solera de lo que induce a pensar su nacimiento en 1991 (¿sucesora de la Orquesta de la Ciudad de Valladolid?).

El director, don Max Bragado, de formación norteamericana, con aparente tendencia a la ópera. La llevó muy bien, sacando todo el partido posible de la acústica de la iglesia.

Del coro ya se habló. Mejoró la actuación anterior por el acompañamiento de la orquesta y la fusión natural de todos los elementos de la composición de la misa.

España es un ejemplo paradigmático de que el arte se funde, se fusiona, con la religión, y no sólo la religión cristiana, sino también las otras dos religiones que convivieron con la nuestra en la Península Ibérica durante siglos.

De los solistas, sólo conocía a Ana Cid, la soprano, que estuvo a la altura de su fama, incluso en pasajes difíciles como algunos de los señalados. La mezzo, Maria Folco, fue la que menos me gustó. Dio la impresión de que no tenía su día y que sería mejor oírla acompañada exclusivamente por un piano. El tenor, Emilio Sánchez Martín, cantó a tono, pero tiene poca voz y quedó oscurecido y un tanto tapado en alguno de los dúos o tutti. El mejor de los cuatro fue el bajo, Gregorio Poblador, al que se ve especialista en ópera. Tiene una gran voz y mucho gusto para cantar. En el «Et incarnatus est» del Credo, antes mencionado, estuvo sensacional. En suma, una preciosa misa a oír más veces para conocerla mejor.

Exposición

Terminado el concierto se procedió a la inauguración oficial de la exposición en la catedral. Lo primero que hay que afirmar es que está más bonita que nunca. Se le ha dotado de una fantástica iluminación por fuera y por dentro. Siempre fue una joya, pero ahora está sobre toda ponderación. Al igual que los demás monumentos, incluidos los edificios civiles de la ciudad de León. Quizá yo venía influido por la belleza del concierto, pero les aseguro que me gustó León más que otras veces; o quizá es que con el tiempo las cosas buenas mejoran como es obvio.

Sobre la exposición me atrevo a decir que me causó estupor, en la segunda acepción del Diccionario del asombro o pasmo. Es inefable, y por ello no hay palabras para expresar aquella maravilla.

Está dividida por razones cronológicas en diez capítulos: Las esferas de cristal, El aire y los pájaros, Escribir sonidos, El canto de los morabitos, La alabanza del mundo a todas horas, El discanto, cada uno con su voz, La alegría de la materia, La celebración barroca, La música callada y El jardín de la música.

No es caso que yo les cuente a ustedes los objetos que se exponen: como la campana de San Isidoro, el antifonario mozárabe de la propia catedral, el Nacimiento de Berruguete, de Becerril de Campos; el órgano de Salinas, de la catedral vieja de Salamanca; el Realejo, del Monasterio de Santa Clara, de Tordesillas; el clavicémbalo de la catedral de Segovia; el reloj de Santa Teresa de Jesús, de Alba de Tormes, etc., etc.

Con independencia de ello, la exposición es un prodigio de técnica museística. Es perfecta la colocación y la relación de las piezas unas con otras; la distribución de los espacios; por supuesto, la música que se oye todo el tiempo; los instrumentos musicales; las vitrinas con partituras…

Sólo puedo decirles que vayan a verla, pues se van a quedar extasiados.