La degradación de la Península del Morrazo

La inclusión de los temas medioambientales en los contextos científicos, culturales..., se inscribe en una línea general de preocupación por los resultados que el uso no racional de los recursos, la degradación del medio ambiente y el despilfarro de las reservas naturales puedan llegar a tener, como consecuencia de un desordenado desarrollo económico. España es un país en el que la degradación medioambiental y la transformación de los paisajes naturales empiezan a ser motivo de preocupación latente; sirva como ejemplo el estudio de la península del Morrazo.

En Galicia, en las denominadas Rías Bajas (sin duda uno de los acci deentes geográficos más originales y bellos de España), se ubica la península del Morrazo (a decir del insigne geógrafo Otero Pedrayo, península de «nombre antiguo, autorizado por los documentos y el uso, que preferiríamos ver sustituido por el más armonioso y eufónico de península de Domayo, del nombre del alto y atractivo faro que la preside»). Sus límites los ha llamamos en la ría de Pontevedra al norte, la de Vigo al sur, el océano Atlántico al oeste y el extremo oriental por la autopista que une Vigo con Pontevedra. Puede, por tanto, decirse que bien por accidentes naturales, bien por elementos artificiales, nos encontramos ante un espacio peculiar, no sólo en su fisonomía sino en su propia realidad medioambiental. Tanto es así que, para no pocos estudiosos del lugar, «se ve la gracia de formas del litoral del Morrazo en las inflexiones de Bueu, Beluso y Al82 dán. El Morrazo, clara forma peninsular más fina y dibujada que la Barbanza, como animada por una lenta vibración en sus rocas alzadas a los 625 metros, en el Faro de Domayo y a los 332 en el Leboreiro, avanza entre las dos rías como un breve y gracioso esquema de las facies de mar y tierra de las comarcas de las Rías en riqueza de playas, sectores de pulida o dentada costa, valles de erosión, orlas litorales profusas y tendidas e inicios de cúpulas montañosas de extensos horizontes».

La naturaleza, en peligro

De lo expuesto podemos deducir que nos encontramos ante una zona peculiar, de notable belleza, cosa que en realidad aún es. Sin embargo, poco a poco, esto se está transformando. De hecho, la evolución paisajística ha estado y está, cada vez con mayor importancia, marcada por la influencia del hombre; así, a lo largo de las últimas décadas los cambios producidos en los ecosistemas, más que de transformaciones podría llevarnos a hablar de degradación.

La península conforma una región natural que se integra en el «litoral». Su relieve es, por lo general, abrupto, montañoso, aunque más suave que el que caracteriza a Galicia; incluso, en ella, pueden llegar a encontrarse valles abiertos, de notable esplendor, como por ejemplo el de Coiro. Toda la zona está atravesada por la mencionada Sierra de Domayo, que corre en dirección NE-SW, dando lugar a la auténtica columna vertebral de estos lugares; la vegetación primigenia, compuesta por los bosques atlánticos de roble (Quercus robur), tan sólo está representada, en los elementos actuales, en las zonas más elevadas. A lo largo de las últimas décadas, se llevó a cabo una importante repoblación forestal a partir de pinos y eucaliptos. Ambas especies han ido por sus propias características- empobreciendo los suelos, que, además, se caracterizan por ser poco profundos, alternando con frecuentes afloramientos de la roca subyacente, con importante pedregosidad.

La evolución paisajística del Morrazo ha estado y está marcada por la influencia del hombre.

El estado en el que se encuentran los paísajes del Morrazo es, aún, aceptable.

La degradación, consecuencia de la notable influencia humana, se ha dejado sentir -también en la fauna, principalmente en los vertebrados; así, no debemos olvidarnos que hasta hace apenas un siglo aún habitaban estos lugares los ciervos, osos, cabras monteses, corzos…, junto con el lobo, el zorro o el tejón. En los momentos presentes, la distribución de las especies supervivientes -algunos ejemplares de lobo, zorros y tejones depende de la cobertera vegetal, junto con la mayor o menor conservación de los cursos fluviales, acantilados, ensenadas….

Los factores paisajísticos están marcados, principalmente, por el contraste entre las rías y el interior de la península. En este sentido, hay que destacar el que en el extremo occidental de la península se han desarrollado áreas de dunas, debiendo mencionarse la ensenada de Rande, el cabo Home -zona de contacto tectónico, la especta cular «costa de la vela». Se dan grandes arenales costeros, que llegan a alcanzar alturas próximas a los 150 metros. Igualmente, debemos citar los humedales anejos…

Lo descrito es lo que, poco a poco, o de forma acelerada, va transformándose y destruyéndose, por causas varias que seguidamente pasaremos a analizar.

Factores negativos

En líneas generales, el estado que actualmente presentan los paisajes del Morrazo es aún aceptable, si bien los elementos degradadores podríamos resumirlos tal y como sigue. Una primera aproximación nos acerca al hecho de que la población de la penin-Marin. Puerto. Los vertidos contamisula se asienta en los márgenes costeros; esto nos explica que si incluimos los habitantes del núcleo urbano de Pontevedra, se alcanzan densidades de población próximas a los 500 hab./km². Si a esto le añadimos que los principales núcleos poblacionales se sitúan en las proximidades de los estuarios y de las rías, coincidiendo con la desembocadura de diversos sistemas hidrográficos, sobre los que Mapa de la península del Morrazo Marip Vigo suelen verter todo tipo de residuos (tanto domésticos como industriales), se comprende que los problemas de degradación medioambiental cada vez sean mayores.

De esta forma, habría que hacer referencia a los focos de tipo doméstico, distinguiendo entre los vertidos líquidos y los gaseosos, eso sí, sin olvidar que la incidencia por el momento de estos últimos sobre el medio es bastante baja, al darse en la zona una notable capacidad de transferencia aérea de contaminantes. Sin embargo, la descarga de desperdicios sin tratar da como resultado que se depositen barros que desprenden muy malos olores en los bancos de los ríos, estuarios y aguas costeras, especialmente perceptibles en las mareas bajas. Estos depósitos son especialmente importantes en la ría de Pontevedra, sobre todo en las proximidades de la desembocadura del río Lérez y en las proximidades de la industria de celulosa, cerca de Marín.

La contaminación de tipo industrial no tiene tanta importancia como la de tipo doméstico.

La contaminación de tipo industrial no tiene tanta importancia como la de tipo doméstico, debido al tamaño y a las características que la industria presenta en este lugar. Pese a todo, la citada ría de Pontevedra tiene problemas importantes derivados de los desechos de origen industrial. A ella llegan gran cantidad de materias orgánicas, sólidos en suspensión, así como vertidos ácidos (clorhídrico, sulfúrico), sales y escamas de mercurio, sosa cáustica…, elementos todos ellos que hacen de la ría un lugar con elevados niveles de contaminación.

A lo señalado, añadir como verdaderas amenazas medioambientales los aterramientos, los escombros, las basuras y desechos de procedencia varia, el «campismo» incontrolado, el «motocross», la extracción ilegal de áridos, las construcciones ilegales, los incendios provocados —con fines especulativos—, las talas ilegales… Veamos algunos ejemplos concretos caracterizadores de los problemas que en esta materia tienen los distintos «Concellos».

El «Concello» de Marín

Si dejamos al margen el núcleo urbano de Pontevedra, en la zona septentrional de la península encontramos el «Concello de Marín. Tradicionalmente, se le ha descrito como una villa hermosa, cuyos alrededores ofrecen admirables puntos de vista sobre la bahía, la isla de Tombo, combinándose las industrias marineras con la fina agricultura, las casas nobles con los grupos labriegos. Sin embargo, poco a poco, debido al desarrollo industrial, este medio se ha ido degradando; de esta manera podemos señalar como focos contaminantes los que se sitúan en el puerto y en los astilleros, así como en. las diversas industrias que en. ellos se han desarrollado (v. gr., conserveras, frigoríficas…). Sin embargo, una de las cuestiones más problemáticas la hallamos en el medio urbano. Debido a la casi total ausencia de planificación urbanística, si tomamos como puntos de referencia el antiguo puerto y la Academia Militar, puede afirmarse que el desarrollo urbanístico ha sido, y es, totalmente caótico. Junto a esto, destacar los problemas de las zonas rurales y rururbanas que se dan en el Concello (primero fue la pesca de altura, después el desarrollo y expansión urbana de Pontevedra y, en los momentos actuales, la especulación del suelo y la incontrolada construcción que tienen como consecuencia la progresiva degradación del medio).

Entre Marín y Bueu, de pronto en esta bella y agreste península del Morrazo, todo se nos convierte en atalaya, siendo la primera que encontramos, luego de Lapamán desviándonos a la izquierda y encaramándonos al monte, la de Cela. Desde su iglesia románica, Santa María, se atisba un paisaje espectacular. Luego, desde Ermelo, y más concretamente desde un lugar llamado «Esculca de Meiro»; y desde Coto Redondo, que posee además un aire como versallesco, con su lago difícil, casi desgarrador, decidir cuál es el paisaje mejor en una tierra de perspectivas tan mágicas. Es que Bueu, que tiene a las espaldas el monte Leboreiro, constituye un epicentro de miradores, aunque encontramos también notables problemas de degradación medioambiental. Puede hacerse mención en las dunas de las playas de Agrelos y Portomaior; éstas, amén de ser utilizadas durante la época estival como aparcamientos, tal y como sucede en otras muchas playas, padecen las consecuencias de que a ellas van a desembocar pequeños cursos de agua que, a lo largo de los últimos años, se han convertido en verdaderas cloacas (a través de ellos desaguan todo tipo de jabones, detergentes, residuos y líquidos de cocina, grasas, excrementos…). Igualmente, hay que hacer referencia al área del antiguo aserradero, ruinas del Club Náutico…, cuya degradación se acrecienta al haberse convertido en un auténtico refugio de drogadictos, así como a la zona de «Banda do Río» (destinada al aterramientos, escombros, desguace de bateas).

Ahora bien, para muchos va a ser Cangas —la denominada capital del Morrazo— una de las zonas más ricas en espacios naturales y atractivos paisajes, el «Concello» con un medio más degradado. Quizá su tradición pesquera, la atracción que ha tenido sobre los foráneos, sus 22.000 habitantes…, sean los causantes de ello. De esta manera, junto al puerto o a las industrias conservera y frigorífica, debemos hacer referencia a los aterramientos, escombros, basuras…, que a lo largo de los últimos años se añaden al «campismo» incontrolado y a las talas ilegales especialmente preocupantes en el carballal de Coiro.

En la degradación del medio físico del «Concello» cobra notable importancia, en los meses de verano, el «campismo» incontrolado, cuya incidencia se deja sentir con gran profusión en las playas (v. gr., Menduiña, Castañeiras, Limens, Xián, Barra, Nerga…, todas ellas de notable esplendor y valores paisajísticos). Las razones son el excesivo número de visitantes dominicales que acumula todo tipo de basuras que, año tras año, van en aumento. Por su parte, el medio humano se ve degradado en los aspectos urbanísticos, los cuales, en líneas generales, pueden recibir el mismo calificativo que se aplicó al caso de Marín, caótico. A la falta de planes generales se suma la inexistencia de normas locales que, de una u otra forma, coadyuvarían al logro de un urbanismo equilibrado (a esto se une el aumento de la especulación inmobiliaria, a lo largo del último lustro). Todo ello contrasta con un pasado y un presente que nos presenta Cangas como una villa rica, con antigua colegiata, y en cuyo hermoso contorno se conservan ricos viñedos.

Moaña y Vilaboa

Moaña es otro «Concello» con notabilísimos atractivos naturales, amén de la iglesia románica de San Martiño, todo ello en activo contraste con algunos problemas medioambientales. Se caracterizan, sobre todo estos últimos por el vertido al mar tanto de aguas residuales como desechos de tipo industrial y por el elevado índice de contaminación de los ríos Fraga y Puntillón. Igualmente, hay que comentar los problemas que se presentan en la zona de Domayo, en concreto los problemas del «Chan de Arquiña» (área recreativa de notabilísima belleza natural, que en los últimos tiempos se ha convertido, en algunos lugares, en un «vertedero recreativo»).

A degradación del medio físico del Morrazo cobra notable importancia en los meses de verano.

La península del Morrazo pone de manifiesto la nece- sidad de la ordenación y de la planificación territorial.

Por último, hacer referencia al «Concello» de Vilaboa, el cual, hasta hace no mucho tiempo, ha contado con parajes que podrían contarse entre los más hermosos de Galicia, si bien en los momentos actuales van desapareciendo, debido a la existencia de vertidos incontrolados y a la aparición de basureros y escombreras provenientes de industrias como la de cerámica.

En definitiva, hablar de la península del Morrazo nos lleva a constatar la importancia que para España, en general, y Galicia en particular, tiene la conservación de un medio natural y humano que, como en el caso de la península del Morrazo, partiendo de una deseable belleza natural y paisajística, se va degradando en el cortísimo lapso de unos años; lo contrario -su no conservación y cuidado- hará que el consumismo se apodere más de nosotros, seres humanos cada vez más preocupados por el paro, las pensiones, la especulación, las talas incontroladas y los incendios de nuestros bosques, cuyas soluciones quizá se encuentren más en resolver los problemas descritos que en preocuparnos de todo lo anterior. En este sentido, destacar la importancia de la educación ambiental de los ciudadanos, junto con la racionalización en el uso y la ordenación del espacio geográfico en el que vivimos.