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Ver productos1 Dic 1991 - 2min.
Autores: L. V. Beethoven (Programa I). H. Berlioz (Programa II).
Títulos: La Ritirata Noturna di Madrid de Boccerini y Berio (Programa I) y Sinfonía Fantástica, op. 14 (Programa II).
Orquesta: Maggio Musicale Fiorentino.
Director: Zubin Mehta.
Con el patrocinio de la Embajada Italiana en España, muy recientemente, se ha presentado en el Auditorio Nacional de Madrid la orquesta de Italia Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección, como tantas veces, del director Zubin Mehta. La orquesta, que fue fundada en el año 1928, ha mantenido siempre un alto nivel, y aunque en todo este tiempo haya sufrido algún esporádico altibajo, en la actualidad, por lo que pudimos comprobar, está en uno de sus mejores momentos. Y el director hindú-obvio es señalarlo una vez más es un superdotado de la dirección orquestal.
Abrió el programa la Ritirata Noturna di Madrid, uno de los célebres quintetos que Luigi Bocherini -que vivió y murió en Madrid- escribió sobre temas populares españoles y que en 1975 Luciano Berio orquestaría para gran orquesta; el resultado es una obra de gran interés que gana fácilmente la atención del público y que Mehta tradujo, resaltando la atractiva brillantez que esta música entraña.
Cerraba la primera parte del programa la Sinfonía n.º 8, en fa mayor, obra que el genio de Bonn escribiera en poco tiempo. Mehta la hizo plenamente en Beethoven, con todo su espléndido brío orquestal-quizá hubiera debido matizar más en las influencias mozartianas que se advierten en esta sinfonía, especialmente en el segundo movimiento, el Allegretto Scherzando.
La segunda parte del programa estaba dedicada íntegramente a la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz, que al director de Bombay le va como anillo al dedo. Obra muy difícil, pues sabido es constituye verdadera prueba de interpretación, para cada uno y todos los elementos de la orquesta, Mehta la hizo rendir al máximo de sus posibilidades, que son muchas. Así el concertino, distinto al de la primera parte, lució con sonido amplio y de gran dulzura; tanto la madera como el metal, cumplieron excelentemente sus diferentes cometidos mostrándose la percusión con la redondez y contundencia requeridas. Mehta siente desde lo más profundo de su ser de artista la Sinfonía Fantástica y se entregó a su música, obligando a la orquesta a su misma entrega y a su mismo sentimiento. Y el resultado fue una versión fulgurante, grandiosa, histórica, debida principalmente a este director que ya es capítulo en la historia de los grandes directores de todos los tiempos.
Las ovaciones empezaron con los compases finales, antes de terminar la obra, y continuaron clamorosamente incontables minutos, de tal manera que forzaron-después de un largo programa- nada menos que cuatro propinas, una de ellas ejecutada en segundo lugar, la españolísima Triana, de nuestro compatriota Isaac Albéniz.