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20 títulos y un relevo

Si bien es cierto que la literatura es sólo literatura y que un autor trabaja autónomamente como autor (como artista) escriba en la lengua que escriba, también lo es que desde el punto de vista sociocultural una literatura con un mercado potencial de tan sólo seis millones de lectores se ve obligada a un eterno revisionismo: ¿Editamos más o menos? ¿Vendemos lo mismo? ¿Ya se puede vivir de esto? ¿Qué hacer para que nos conozcan y nos reconozcan fuera? ¿Estamos a la altura de…?

Volviendo la vista atrás, la narrativa en catatán ha dado durante los últimos años una docena de títulos altamente recomendables, ha sabido mantener y ha luchado por ampliar la conexión con el público a través de otra docena de libros más o menos importantes pero que tienen el mérito de haber sido reiteradamente reeditados (y con ello haber alimentado la ilusión de un mercado autóctono y autónomo) y, finalmente, ha visto llegar a los boletines de novedades y a las mesas de las librerías un sinfín de nombres y apellidos nuevos, mayoritariamente jóvenes, que a veces incluso han hecho la competencia a «los de siempre». El balance definitivo queda en manos de cada cual, pues también es verdad que lentamente desaparecen los grandes nombres (la década empezó llevándose a Llorenç Villalonga, en 1981 murió Josep Pla, en 1983 Mercé Rodoreda y en 1990 Manuel de Pedrolo) y que no dejan herederos claros, que ha crecido mucho el número de títulos pero muy poco el promedio de ejemplares vendidos, que falta una mayor estructura de divulgación y estímulo de nuestras letras en revistas, radio y televisión.

Los títulos

Pero vamos a los títulos. Decíamos que una docena de libros más que recomendables validan la narrativa en catalán en los últimos años. De entre ellas, las más recientes son el millar de páginas de Miquel de Palol y su multipremiado El jardí deis set crepuscles, el hercúleo recorrido por la Valencia intramuros de la mano de Joan Francesc Mira en Els treballs perduís y el premio Josep Pía 1990: Illa Flaubert, del mallorquín Miquel Ángel Riera, recientemente aparecida en castellano. De hecho, la mayoría de ¡as obras de este apartado han sido o están siendo vertidas al castellano, y ello constituye por sí mismo una importante novedad. De momento, sin embargo, la receptividad por parte de un mercado enamorado de su «nueva narrativa» parece más bien escasa. Pero continuemos. Hay que retener también títulos excelentes como Camí de Sirga, de Jesús Moneada, éxito por una vez de crítica y público; Retrat d’un assasí d’ocells, de Emili Teixidor, y hace ya algo más de tiempo el esencial Fra Junoy o l’agonía deis sons, de Jaume Cabré, o los cuentos de Quim Monzó en L’illa de Maians (aunque algunos de sus admiradores quizá preferirían su última novela. La magnitud de la tragèdia).

Justo tras los libros hasta aquí citados habría que situar un grupo de buenas novelas que dan continuidad y solidez al género, visto en perspectiva; son obras como Els colors de l’aigua, de Isidre Grau; Les primaveres y les tardors, de Baltasar Porcel; Memorial de Claudi M. Broch, de Robert Saladrigas; Figures de calidoscopi, de Ramón Solsona; las prosas de Alfabet, de Josep Palacios, o, al principio de la década, Cercamon, de Lluis Racionero, y el Fortuny, de Pere Gimferrer. Tras todas ellas, otro bloque igualmente importante: el de los libros de narrativa que se han mantenido meses y meses encaramados en lo alto de las listas de ventas, sin menoscabo de su calidad literaria, que en muchos casos los llevaría a ser incluidos en uno de los dos grupos anteriores. Respecto a estos libros llamémosles «comerciales», destaca la alta proporción de mujeres que los firman: Maria Barbal ha superado las treinta ediciones de Pedra de tartera, una pequeña joya; Montserrat Roig vende siempre bien (sus dos últimos libros han sido La veu melodiosa y los bellos cuentos de El cant de la joventut), como le ocurre a Carme Riera, que monopolizó durante seis meses el primer lugar del hit parade con Qüestió d’amor propi y recientemente ha editado Joc de Miralls; Maria Jaén sorprendió a propios y extraños ahora hace un lustro con el atrevimiento y los veinte mil ejemplares de Amorrada al piló… Pero el éxito de esta temporada, Mossén Tronxo, una elegía a los curas rurales, lo ha escrito mossén Josep Maria Bailarín, que vive retirado en un santuario en la montaña. Y entre los hombres, subrayar las novelas del valenciano Ferran Torrent (Penja els guants, Butxana y las otras de la serie) y cualquiera de los títulos de ese gran comunicador que es Josep Maria Espinàs.

El relevo

Al principio ya hemos dicho que, junto a un puñado de excelentes títulos y a otros más que han sabido conectar con el público, el tercer factor que hay que tener en cuenta en un repaso de la narrativa catalana de estos últimos años es la paulatina proliferación de (autores 1 jóvenes que, sin | mediar premio alguno, consiguen interesar a un editor más o menos importante y publican primeros y segundos libros en algunos casos francamente interesantes. El fenómeno (de hecho, un simple relevo generacional que llegaba, eso sí, con algo de retraso, bastante fuerza y un poco de descaro) llegó a adquirir cierto volumen, se te han dedicado comentarios, pullas, artículos e incluso un estudio (Fahrenheit 212. Una aproximación a la literatura catalana recent) y de momento ha creado debate y ha promovido la presencia de algunos de estos nombres en las nóminas del gremio y en los medios de comunicación, así como su consolidación como «jóvenes promesas».

De entre lo leído, apostemos de momento como escritores por Lluís-Anton Baulenas (Qui al cel escup…), Josep M, Fonatleras (Botxenski i companhia), Sergi Pámies (con dos libros de cuentos y la recientísima La primera pedra) y Márius Serra (relatos en Línea y una ambiciosa novela: L’home del sac). Aunque sin olvidar a Josep Bras, Jaume Capó, Joan Carreras, Toni Cucarella, Gabriel Galmés, Maria Jaén, Maria de la Pau Janer, Caries Mengual, Viceng Pagés, Pere Saborit o Rafael Vallbona, todos con obra publicada. Muchos de ellos aparecieron ya en La profeçia, volumen que reúne quince relatos de los nuevos autores y que ha tenido una especie de continuación en distintas antologías aparecidas posteriormente con autores de Lleida, Tarragona y Girona. La nómina crece así en progresión geométrica, todo va muy aprisa, y eso, claro, tiene poco que ver con la literatura. Pero es evidente que algo se mueve, y a tanto nombre inédito, los ojos puestos en el futuro, no parece amedrentarle la perspectiva de un mercado exiguo ni de un mundillo literario exangüe… Dicen que la ilusión es lo que más tarda en perderse.

Pascual Maragall

El alcalde de la Ciudad Condal se enfrenta cotidianamente al gran reto de llevar a buen puerto los cambios fundamentales que se requieren para la celebración en condiciones óptima s de los Juegos Olímpicos de 1992. Con aire optimista y esperanzado, pero sabiendo mu y bien Ja dimensión de los problemas que aún tendrá que solucionar, habló para Nueva Revista sobre el estad o de las obra s olímpicas y el futuro de Barcelona.

Pregunta. Alcalde, su apellido es uno de los más representativos de Cataluña a lo largo de tres generaciones. Desde el poeta Joan Maragal) al gestor hay una común participación en los problemas de Cataluña. ¿Tiene algo de representativo, no es casualidad que se haya pasado de la escritura a la acción de gobierno y de una manera de gobernar y de hacer política tan pensada a las cuestiones prácticas del día a día?

Respuesta.  Algo que ver no creo que tenga, porque mí abuelo más bien dejó lo práctico — que era la industria familiar textil—, e incluso el despacho de abogado donde ejerció, de manera que se dedicó a algo que tenía que ver en el sentido que era público, y fue secretario del Consejo de Redacción del Diario de Barcelona durante bastante tiempo; pero su trayectoria fue de lo práctico a lo político, y la mía ha sido más bien al revés, de la universidad a lo práctico.

Barcelona ante las Olimpiadas

P. ¿Cuáles de las obras que se están llevando a cabo en Barcelona para la

R. Lo que me preocupa es todo; es decir, ahora mismo hay trescientas obras en marcha. La verdad es que a mí lo que me preocupa no son tanto los proyectos como el poner en marcha un dispositivo de personas, que son las que saben cómo va cada obra y me lo cuentan. Esto ya está montado, pero existe ahora mismo un grupo de trabajo que tiene un contrato con una empresa de ingeniería americana que se llama Bechtel y nosotros tenemos informes quincenales de los proyectos críticos, dentro de los trescientos, además de informes aleatorios del resto de las obras no tan sistemáticos, pero representativos. Más que ocupado en las obras he estado ocupado en poner en marcha este dispositivo. ¿Cuáles de estos proyectos son más críticos? Algunos de los tramos de los cinturones de ronda son más críticos que otros. Como siempre ocurre, el punto donde se unen todos: los nudos son preocupantes y complejos. Aparte de esto, una obra no preocupante es el Anillo Olímpico, que está prácticamente terminado a un año de los Juegos; este verano ya vamos a hacer ahí ensayos.

P. ¿Sigue habiendo la impresión de que el problema del desplazamiento hasta Montjuic no está resuelto?

R. Éste es el otro gran problema: no está solucionado como yo quería, pero está solucionado, Yo creta que iba a ser posible hacer llegar el Metro a Montjuic en el 92; no lo ha sido, pero sin embargo en estos días se firma el convenio para la construcción de la línea dos de! Metro, que va desde Badalona a Montjuic, una extensión importante, con 34.000 millones que cuesta construirla, de modo que los Juegos Olímpicos, en este caso, no para ellos mismos pero sí para la ciudad, han conseguido arrancar este proyecto tan importante. En cuanto a los Juegos, son 15 días; tan poco, que es imposible para ese tiempo hacer un dispositivo muy excepcional, que va a funcionar bien, y sin embargo este dispositivo no será mantenible el resto del año.

P. ¿Cómo se van a resolver los problemas de alojamiento?

R. Hay problemas de alojamiento en general porque hay mucha demanda —más de la que nosotros vamos a poder canalizar—; esto ha pasado en todos los Juegos de Verano. Tenemos que alojar a 40.000 personas estrictamente, que forman parte de la familia olímpica: 15.000 atletas, 15.000 periodistas, patrocinadores y personalidades, además de alrededor de 40.000 voluntarios, la mayoría del entorno, con lo cual no necesitan alojamiento, y luego ias Fuerzas de Seguridad, que hay que contar que vendrán unas 15,000 personas, de las cuales unas 7.000 se van a alojar en los campos de Bellaterra.

P. ¿Se puede garantizar un eficiente dispositivo de seguridad contra posibles atentados?

R. Habrá el más eficiente dispositivo de seguridad porque se va a unir a lo que sepamos hacer aquí, Sa tecnología de todos los países del mundo más avanzados en estos temas, que nos están ayudando; no sólo asesorando, sino colaborando. Es la seguridad creada por todos los países del mundo que participan, que son todos, incluidos los más expertos en estas materias.

P. En el 93 se calcula que sólo el mantenimiento de parques, jardines, calles de nueva planta, etc., costará al Ayuntamiento un desembolso anual de 4.000 millones. ¿Qué le sugiere esta cifra?

R. La cifra tiene mucho significado y muy poco, porque, en definitiva, nosotros gastamos mucho más que eso, y además no es que las instalaciones olímpicas vayan a costar de mantenimiento todo eso, sino que se refiere a todo lo que se ha invertido en Barcelona estos años, que tiene que ver en algunos casos con los Juegos y en otros no. En cualquier caso, esta cifra indica la voluntad del Ayuntamiento de Barcelona de preferir el mantenimiento sobre la nueva inversión a partir de ahora.

P. ¿Qué incidencia puede tener el continuo descenso del dólar a la hora de cubrir las previsiones económicas de los JJ.OO., por el hecho de que muchos de los contratos se hicieron en dólares?

R. Sí, algunos contratos importantes se hicieron en dólares. Nosotros calculamos sobre unos cuatrocientos millones de dólares —una incidencia del diez por ciento, porque de hecho nosotros tenemos asegurada hasta una paridad de 115—. Hicimos el presupuesto y algunos contratos cuando el dólar estaba a 160 o 170 pesetas, pero aseguramos hasta 115. De 115 para abajo hasta 95 que ha llegado a estar son diez pesetas, por 100 es un 10 por 100; por tanto, sobre 400 millones de dólares serían cuarenta, que viene a ser unos 4.000 millones de pesetas que nos jugamos según evolucione el dólar, ya que la mayoría de estos pagos están todavía por realizarse. La mayoría de los técnicos piensan que el dólar se situará en una cotización más alta aproximadamente en primavera de este año. Si esto es así (es decir, si estuviéramos alrededor de 115 pesetas), no habría pérdida; si la recuperación no se produce, entonces sí; de todos modos, hay que tener en cuenta que esta cifra sobre un total de 140.000 millones de presupuesto del COOB, líquido, y de un presupuesto de 180,000 contando las entregas en especie, nos permite decir que se ha equilibrado en cifras globales. La verdad es que hay que distinguir lo que es el equilibrio de tesorería exacto, por un lado, y lo que es el excedente que ha generado el COOB, que es de 280 millones de dólares para el CIO -—que no se cobraron en Los Angeles—, y, por otra parte, el COOB va a ayudar a las Administraciones públicas a invertir por valor de 34.000 millones de pesetas. El excedente general de Barcelona 92 es más del doble I del generado en Los Angeles 84.

P. El Ayuntamiento de Barcelona ha llevado a cabo una campaña que, bajo el lema «Barcelona, posat guapa», pretendía animar a los vecinos de Barcelona a mejorar en lo posible el aspecto de sus edificios. ¿Hay una respuesta favorable por parte de los barceloneses?

R. Sí ha habido una buena reacción. Tenemos datos de esta campaña, que empezó con el «palo y la zanahoria», con unas cartas a los propietarios de edificios de relieve a los que se les conminaba a mantenc sus fachadas decentes si no querían tener que pagar un arbitrio de edificación descuidada o deficiente, y, sin embargo, por otra parte, se les ofrecía la posibilidad de adecentar sus fachadas y de tener para ello una serie de bonificaciones fiscales, no muy importantes pero sí suficientes para que se produjera lo que se produjo: un movimiento ya imparable de emulación entre unos y otros que ha hecho que esto sea un proceso muy eficaz para mejorar el aspecto de muchos edificios con o sin intereses arquitectónicos. No sólo son fachadas: hay también limpiezas de antenas, pintura o cobertura de medianeras, mejora de balcones y persianas, adornos con flores, insonorización y limpieza de establecimientos públicos, etc.

P. Los vecinos de Barcelona sufren y sufrirán hasta la cita olímpica los problemas que generan las obras —sobre todo el tráfico— más grandes de su historia. ¿Cree que el civismo histórico catalán se hace presente en la aceptación de las incomodidades de la vida diaria?

R. La resistencia de la gente de Barcelona ha sido muy grande, entre otras cosas porque saben que tas obras se hacen para circular mejor, como es natural, y esto les incita a mantener una actitud más cívica de la que sería corriente en otros contextos. Sin embargo, hay mucho que mejorar; en este momento tenemos algunas situaciones nada encomiables en materia de disciplina.

La nueva ciudad

P. ¿Cuánto cuesta la «nueva Barcelona» que se perfila para el 92?

R. Esto, más que costar, al revés, nos lo regalan, ya que los 34.000 millones son aportados por la venta de billetes, sellos, monedas, los patrocinios, venta de las imágenes de televisión, etc. De todos estos ingresos se produce una adición neta al capital social de este orden que le he dado de 340 millones de dólares, o sea, que esto no cuesta, sino al revés. Lo que cuesta la inversión ahora mismo está siendo pagado un poco por todas las Administraciones públicas; depende de dónde se ponga el límite de lo que es de interés olímpico o no: sólo los cinturones cuestan más de 100.000 millones, y paga el Ayuntamiento, pagó el Área Metropolitana, la Generalitat, el Ministerio de Obras Públicas, pagan algunas de las empresas municipales del holding olímpico, que se financian en parte con dinero público y en parte con la venta de algunas de sus propiedades o activos. Es muy difícil saber lo que ha costado al contribuyente. Pero yo te digo que los cinturones cuestan 100.000 millones, que las obras deportivas 34.000 millones gratis —para entendemos—, más una aportación quizá semejante, quizá algo menor, del conjunto de las Administraciones públicas; que las inversiones culturales son caras, pero son inversiones muy independientes al tema estrictamente olímpico.

P. Después de estos dos años, la capital catalana habrá logrado una muy importante reconstrucción urbanística, gran avance de sus infraestructuras viarias, así como de sus instalaciones de carácter cultural. ¿Puede Barcelona extender al conjunto del pais la potencia y modernidad que le reconocerá el mundo? ¿Cómo influirá a su vez para Barcelona el lugar destacado que poseerá en la nueva Europa?

R. Nosotros tenemos un compromiso muy serio, profundo y público en este sentido: siempre hemos dicho que Barcelona se brindaba a representar bien a España y que nosotros haríamos unos Juegos netamente catalanes en su diseño, en su proyección, pero que aspirábamos a que España se sintiera bien representada por ese diseño. También debería ser cieno lo anteriormente dicho, es decir, que las mejoras que aquí se pueden obtener en materia urbanística deberíamos saberlas transmitir al resto de España. Creo que esto ya está sucediendo en Barcelona en materia constructiva: aquí están trabajando empresas alemanas, francesas y algunas americanas que están mejorando el know how constructivo de nuestros arquitectos, ingenieros, albañiles, y de nuestros artesanos, por lo que creo que ya han entrado en el mercado español a través de la puerta de Barcelona; en realidad, la vocación de Barcelona siempre ha sido la de puerta.

R. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, creemos que Europa es un sistema de ciudades y que hay que posicionarse bien en este sistema si se quiere ser realmente europeo. Es decir, para ser europeo no basta con tener una buena cultura, economía y agricultura, incluso una economía sólida y potente; esto está muy bien, pero hay que tener unas ciudades competitivas en lo privado y en lo público, porque si no no vendrá nadie a vernos ni vendrá nadie a invertir, ni vendrá la gente que querríamos que viniera para que este país siguiera adelante ni para visitarnos ni para ayudamos, de modo que hay que tener ciudades competitivas y sólidas. Barcelona, en definitiva, lo que está haciendo es tirar del carro del sistema urbano español para injertarlo bien en el sistema europeo de ciudades.

P. Después de todas estas reformas, ¿se podría hablar de un binomio de capitales españolas Madrid-Barcelona más en pie de Igualdad?

R. Este binomio siempre ha tenido un pie de igualdad en la historia, con altibajos, y es cierto que en los años que van de 1940 a 1980 ha habido un cierto adormecimiento de Barcelona. Se habló del Titanic, y no lo era, pero el submarino ha vuelto a emerger, y ahora yo creo que navega en igualdad de condiciones, cosa que siempre deberá de tratar de conseguir por su propio esfuerzo, ya que Barcelona, al no ser capital oficial del Estado, determinadas pegas no las tiene, pero determinadas ventajas tampoco, de modo que tiene que preocuparse un poco por sí misma de crear estas condiciones de igualdad y de suscitar del resto de España un poco la atención y la ayuda que en este caso ha obtenido.

P. El precio de las viviendas se ha duplicado en estos últimos tres años. ¿Qué medidas se van a tomar para solucionar la urgente necesidad de viviendas asequibles?

R. Usted sabe que, en primer lugar, los movimientos de los precios de la vivienda dependen mucho de factores especulativos y aleatorios que son difíciles de controlar. Ahora mismo, los precios están totalmente congelados e incluso con una cierta tendencia a la baja. Desde el año 74 al 84 los precios subieron, pero tan poco que subieron por debajo del coste de la vida, y por lo tanto los precios reales bajaron. Del año 84 en adelante recuperaron prácticamente lo que habían perdido en diez años. A la gente le pareció que esto era un disparate, y lo era, pero en realidad los precios reales del año 88 no eran muy superiores a los reales del 74, y sí a ios del 84. Finalmente, continuó el crecimiento, y esto ha hecho que ios precios reales hayan subido por encima de lo que eran hace 15 o 20 años, y ahora paran otra vez. Hay que actuar en política de vivienda teniendo en cuenta esta coyuntura poco dominable, pero lo que ocurre es que las leyes de promoción de vivienda social no sirven en una ciudad como la nuestra, en la que los costes unitarios están muy por encima de los haremos de la ley; no se pueden tener ayudas y subvenciones y créditos baratos si no se encuentran viviendas por debajo de las 110.000 pesetas el metro cuadrado, y en Barcelona no hay, no se pueden obtener, es imposible; los precios de la mano de obra y el suelo hacen que esto sea imposible. De modo que hay que espabilarse a falta de leyes mejores, y el Ayuntamiento lo hace estableciendo una norma de conducta en su colaboración con el sector privado en grandes proyectos urbanísticos que es la siguiente; nosotros no entramos en operaciones que no impliquen una aportación de una cuarta o quinta parte de las viviendas a precio de coste para poder ser comercializadas por el Ayuntamiento con sus propios criterios. De esta manera estamos consiguiendo meter en el mercado en los próximos 24 meses unas 4.000 o 6.000 viviendas, una cifra más significativa de lo que estaba sucediendo hasta ahora.

P. Se dice que Barcelona ha crecido a saltos, dependiendo del ritmo de los grandes acontecimientos como fueron las exposiciones universales de 1H88 y 1929. ¿Qué ocurrirá después del 92?

R. En esta ocasión hemos tratado de crear una calidad autosostenible, que tiene que ver con los costes de mantenimiento de los que hemos hablado antes y tiene que ver también con el tema del Metro de Montjuic, que es para nosotros una garantía de que no se va a degradar. Después del 29, Montjuic se fue degradando poco a poco. Si usted iba hace unos años, era un espectáculo casi dantesco de una montaña muy lujosa, pero deteriorada. ¿Y qué quiere decir el Metro? Que el Palacio Nacional —que es el museo de arte románico más importante del mundo—, que no lo visita casi nadie, lo van a visitar masas de gente.

P. ¿Se podrá visitar la colección de arte románico en el 92?

R. Lo veo difícil, porque es un edificio que tiene casi 40.000 metros cuadrados de techo, y se estaba cayendo, porque había sido muy abandonado. Ahora hay que rehacerlo, y las obras van a prolongarse durante ocho años. Creemos que en el 92 se estará en condiciones de entrar en el edificio, utilizar su sala oval para la ceremonia social de la inauguración de los Juegos, y, si pudiera ser, enseñar nuestra joya artística mayor.

La Carta de Barcelona

P. ¿Cuáles son los puntos principales de la Carta de Barcelona, tanto en su aspecto político como de gestión?

R. En el aspecto político es la afirmación de su propia especificidad como ciudad capital de Cataluña, pero también como primera área metropolitana española, en cuanto que históricamente ha sido así. También la descentralización, es decir, la consagración del esquema descentralizado de gobierno, que probablemente no llegará a tener unas elecciones por distritos. Desde el punto de vista de gestión, nosotros creemos que las grandes ciudades necesitan leyes propias, ya que no tiene solución con las leyes ordinarias o generales, pues a partir de un determinado tamaño de ciudad se genera una problemática cualitativamente distinta, y ahí está la necesidad de una justicia municipal de gran ciudad, no de pequeña ciudad, no de Juez de Paz de pequeña ciudad, sino Juez Municipal de distrito de gran ciudad; no pretendemos que lo escoja el Ayuntamiento, pero sí que lo nombre, que le dé posesión de alguna forma siendo juez de carrera, pero que le dé posesión la ciudad y que tome posesión de territorios que por su dimensión y por la residencia de servicios municipales, guardia urbana, policía municipal, etc., entidades de este ámbito permitan una actuación eficaz sobre la inseguridad que ahora mismo vivimos. Y en el mismo sentido iríamos desgranando una serie de conclusiones a las que hemos llegado como imperativas para la mejora de la calidad de vida en la ciudad, que tiene que ver con el uso del subsuelo, con la necesidad de alargar algunas de las concesiones en dominio público, por ejemplo para que e! tema de aparcamiento se pueda resolver, se puedan vender plazas de aparcamiento en dominio público o ceder o conceder por más de cincuenta años, que es un impedimento legal que tenemos en el reglamento de bienes. En fin, hemos ido encontrando todos ¡os límites que la legalidad impone a la solución de los problemas de gran ciudad y los hemos listado.

P. ¿En qué medida cree que estos puntos de la Carta pueden recogerse por otros grandes Ayuntamientos?

R. Barcelona es y seguirá siendo el laboratorio de ensayo del sistema de ciudades en España, por lo que no nos cuesta nada admitir que somos el «conejillo de Indias» de cosas que en definitiva el país necesita experimentar. Ha llegado el momento de que el Gobierno español defina su construcción del espacio urbano español y que haga como el italiano; que decida cuáles son sus cuatro, cinco o seis áreas metropolitanas, las que sean, y se pronuncie sobre ello; que diga el interés general por la existencia de estas áreas y su contribución a su mantenimiento.

P. ¿Dónde prevé una mayor resistencia al incremento de las competencias de la Carta?

R. Del sistema español en su conjunto, ya que es un sistema muy complejo, en el que, por supuesto, los que están más cerca, por el hecho de estar más cerca, se resisten más: a nivel estatal, por su desconocimiento y por su lejanía o desconfianza, y la autonomía, por proximidad y un poco por pura avaricia.

La Europa de las Ciudades

P. Alcalde, usted ha hablado y escrito en numerosas ocasiones de «La Europa de las Ciudades», ¿Qué significa este concepto? Dentro de la unificación europea, ¿cuál es el papel de las ciudades y qué papel, en definitiva, tiene Barcelona dentro de la Europa de las grandes ciudades?

R. Europa es el continente del mundo que se basa en un esquema urbano; esto no ocurre en otros continentes. Europa es un continente que, visto desde un satélite, es como «muy juntito», muy apretado; hay mucha gente, mucho cemento, museos, casas, construcciones, artefactos. Es una cultura convencional más que natural, desgraciada o afortunadamente. En este sentido, Europa se salvará si sus ciudades se salvan: son su riqueza, son su coste, pero también su beneficio. Este sistema sigue unos ejes; hay un eje muy claro, que va al suroeste inglés, desde Londres hasta París, y el Rhin, el Ródano, y baja hasta el triángulo de ciudades del norte de Italia, hacia Milán, y desde hace unas décadas, casi un siglo, hay un brazo menor que sale de este tronco, que va hacia la costa de Levante española, pasando por aquí: éste es el lugar físico de Barcelona, y su papel en el sistema es el de enlace —como he dicho antes— entre el sistema global de ciudades y el subsistema peninsular.

Ruedo político

P. ¿Cómo se puede conseguir y preservar la organización del COOB de las inevitables tensiones políticas que nos esperan durante la campaña electoral que se avecina?

R. Haciendo del COOB un organismo puramente profesional ejecutivo, al que hay que juzgar por sus éxitos y fracasos en estos terrenos y separarlo muy claramente de su órgano de gobierno político, que yo presido, que tiene sus funciones muy claras pero al margen de la estructura ejecutiva

P. Usted se sitúa en el catalanismo de izquierdas, que es una tradición o una corriente tan fuerte como la que mira más a la derecha representada por Pujol. ¿Por qué, desde su punto de vista, el socialismo catalán no ha tenido problemas serios en conectar con las izquierdas españolas? ¿Por qué el socialismo catalán se entiende con el socialismo nacional y la derecha nacionalista no lo consigue con la derecha española?

R. El socialismo catalán sí ha tenido problemas para entenderse con el socialismo español. La izquierda catalana ha tenido problemas durante la República, y ahora, pero los ha resuelto, y la derecha española no. Creo que en buena parte porque la derecha española todos estos problemas los tiene más graves que la izquierda española, en general, y que la catalana también, debido a la constatación que el pueblo ha hecho de que estuvo más implicada en la pervivencia de un régimen dictatorial durante cuarenta años; no fue así, y tan claramente, en Cataluña, no porque la derecha catalana no estuviera también implicada —que sí lo estaba—, pero es evidente que la derecha catalana se salvó en parte precisamente por su catalanismo de la tota! connivencia con la dictadura, que era claramente anticatalanista.

En la medida en que hubo un sector de la derecha catalana que era catalanista, era antifranquista, y en esa medida se salvó, pues, de esta tacha, y el pueblo así lo ha visto; de modo que ha tenido menos inconveniente en votar para un gobierno autonómico a una derecha catalanista, mucho menos inconveniente que en votarlo para el Gobierno español, incluso para el gobierno autonómico en algunas regiones —en otras no—. De modo que yo creo que esto da una derecha que basa su fuerza en el arraigo nacionalista o regionalista precisamente para huir de la imagen que tenía en el pasado, que era de un españolismo muy fuerte, antirregionalista o anticatalanista o antivasco, y ahora lo tiene un poco difícil, excepto si es vasquista o catalanista o galleguista, que es lo que ocurre con Fraga en cierta medida, aunque el caso de Fraga es distinto porque era ministro de Franco precisamente; pero esto se ve muy claramente en el País Vasco y Cataluña.

un gran Benavente

Si se prescinde de Valle Inclán. que es cosa aparte y de excepcional originalidad, puede considerarse que Benavente es el creador del teatro moderno español. Con él se sustituye definitivamente la grandilocuencia romántica por la descripción modernista de ambientes y situaciones, la prosa relega al verso y la psicología sutil y refinada a la acción directa en la escena. Juzgado su teatro con el desapasionamiento que permite la distancia en el tiempo, Benavente tiene el mérito de conservarse actúa!, si no en las soluciones morales a los conflictos sentimentales que plantea, si en el planteamiento de esos conflictos y a las situaciones que genera. Si, como ocurre con Rosas de otoño, la trama de Benavente es conducida por la mano experimentada y sabia de un hombre de teatro de! talento y la altura del malogrado José Luis Alonso, entonces Benavente resulta tan próximo y cordial, tan comedido y escenográfico, y sus personajes tan veraces y naturales, que la obra no puede decepcionar.

Es Rosas de otoño una típica comedia benaventina, una descripción moral de las costumbres y hábitos de una burguesía emergente, localista y pagada de sí misma. Con la facilidad literaria y dialogística que caracterizan el teatro benaventino. los personajes de esta comedia, que puede clasificarse como de salón, se mueven con desenvoltura en la escena para descubrir sus conflictos emocionales. El juego del amor, eterno sin duda pero interpretado a través de las peculiaridades sociales de una época y una clase nítidamente retratados, constituye el nervio dramático de la pieza. Pero la trama es a la vez ocasión para exponer con sutileza y hondura un lema más amplio, el de la relación complementaria de los sexos y la distinta manera de afrontar los infortunios y decepciones producidos por el sentimiento amoroso, entre el hombre y la mujer. Una trama de siempre, afrontada a través de la descripción habilidosa de un ambiente convencional de principios de siglo, permite indagar en las inquietas amarguras de la condición femenina y encontrar, bajo los devaneos masculinos de superficie, un fondo de humanidad y sentimiento.

No es en la descripción sino en la solución donde Benavente queda alado por las limitaciones convencionales de la época en que escribe. En la escena presenta una misma intriga desdoblada en dos generaciones. La mujer paciente, enamorada, dependiente del esposo y resignada a sufrir en su interior los devaneos de un hombre de éxito demasiado fácil, no puede servir de retrato a una mujer actual, ya emancipada y exigente, que no aceptaría un diferente patrón de conducta masculina que femenina. La diferencia generacional se advierte en la actitud más resuelta y conflictiva que, frente a la misma situación, adopta la hija de los protagonistas. Pero Benavente impone una misma solución a ambos conflictos, basada en la comprensiva mansedumbre de la mujer enamorada, cuya conformidad acaba premiándose con las Rosas de otoño, es decir, el afloramiento en su marido de un amor permanente pero recóndito, que nunca faltó, pero tampoco nunca emergió a la superficie, hasta la etapa en que la madurez comienza a convertirse en senectud. En los tiempos que corren, un poco tarde para sentirse confortada.

Aunque la solución parezca hoy lejana e injusta, no es eso lo que importa en el teatro benaventino, sino la desenvoltura para retratar los personajes, la fineza para explorar los sentimientos más hondos en las situaciones más convencionales, la astucia para describir hábitos sociales y contraponer ambientes y actitudes. El contraste entre lo madrileño y lo parisino revela la capacidad de Benavente para captar las diferencias entre mundos diferentes y talantes sociales en distintos estadios de evolución. Pero aunque esa solución parezca lejana a la psicología actual, su sentido más profundo, consistente en anteponer la piedad a la venganza y la comprensión al agravio y el perdón al resentimiento, no deja de tener un valor constante que se percibe por encima o por debajo del circunstancial desenlace.

Tuvo el teatro de Benavente más éxito de público y más aceptación académica y social que reconocimiento de la crítica intelectual. La concesión del Premio Nobel en 1922 no sirvió para doblegar las resistencias de sus críticos, que censuraron su teatro por motivaciones más ideológicas o sociológicas que literarias o dramatúrgicas. La mayor parte de los reproches que se dirigieron al teatro benaventino han dejado ya de tener sentido, pues hoy es obvio que eran tan hijos de su tiempo y tan discutibles o más que el objeto de sus censuras.

Lo que importa al espectador actual es que la obra se mantiene en pie por sí misma porque sobre la escena hay teatro en el sentido más constante de la palabra. Pero si además la dirección de esa escena está bajo la responsabilidad del genio de José Luis Alonso, entonces no hay más remedio que rendirse a la evidencia. Los personajes sienten, conviven y sufren en un escenario pequeño donde la acción vive simultáneamente tanto en el espacio visual presente al espectador como fuera de esos límites, tras los decorados perfectos y los actos sobreentendidos de los personajes. El ritmo, la dicción, el movimiento, los efectos, la desenvoltura de una galería de actores excepcionales, todo contribuye a que estas Rosas de otoño. estrenadas al inicio del otoño madrileño, constituyan una magistral despedida del gran maestro de teatro que siempre fue José Luis Alonso. Tras la desenvuelta elegancia de Alberto Glosas, la naturalidad de Amparo Rivelles, la controlada sobriedad de Pedro del Río, el calculado histrionismo de Margot Cottens, Javier Blanco y Pepa Sarsa, se adivina el pulso firme y el instinto teatral de un director de escena que se ha despedido para siempre del aficionado madrileño con una brillante muestra de su incomparable oficio.

La reforma de la ley del suelo

De entre la enorme cantidad de normas jurídicas que surgen a la vida diariamente a través de su publicación en el BOE, hay un reducido grupo que, por diversas razones, presenta un interés que excede con mucho a) habitual. Son leyes que escapan a los reducidos círculos jurídicos, para ser objeto de atención, discusión y examen en los más diversos sectores políticos, profesionales y económicos; leyes que provocan polémicas, a veces apasionadas; leyes ante las cuales es casi indispensable adoptar una posición definida, sea favorable o contraria; leyes que. en definitiva, afectan de manera primaria e inmediata a las fibras más sensibles de los ciudadanos de un país.

La ley que el día 27 de julio pasado publicó el BOE bajo la rúbrica «Reforma del régimen urbanístico y valoraciones del suelo» (Ley 8/1990, de 25 de julio) merece contarse, desde luego, entre ellas. La aparición de una ley del Suelo en España siempre ha provocado una avalancha de comentarios, criticas; exégesis y opiniones en general de todo tipo y procedencia: ocurrió en 1956, volvió a suceder en 1975 y está produciéndose en 1990, Quizá por afectar a un derecho tan básico y fundamental como el de propiedad; quizá porque, como apuntó en 1957 Ballbé comentando la primera ley del Suelo, una ley del Suelo produce un cierto temor, una impresión casi terrorífica en el público, en especial en los propietarios de terrenos urbanos. Lo cierto es que se traía de una ley ante la que resulta extremadamente difícil mantener actitudes de indiferencia o de simple expectativa.

Función social

Y, sin embargo, la ley del Suelo no es una ley fácilmente accesible por parte del gran público; su lectura no es cómoda, ni es de comprensión ligera. Y ello no ya para el profano, sino incluso para el jurista no especialista, o no especialmente avezado en materia urbanística, al que resulta a veces trabajoso llegar a captar en su integridad los esquemas conceptuales de la ley. Estamos ante una ley técnica, de un elevado tecnicismo, urbanístico y arquitectónico, pero también jurídico.

Por ello, si se quiere captar la esencia o el núcleo del nuevo texto legal, para ser expuesto en forma clara y diáfana, es necesario, a mi juicio, prescindir de detalles para plantear el tema desde el auténtico fondo de la cuestión. Y el fondo es éste: ¿cómo contempla la ley el derecho de propiedad?

Hay que apresurarse a decir que la nueva ley supone una profunda alteración de la idea hasta ahora considerada vigente de «propiedad». Alteración que ha sido conscientemente buscada, como se desprende de la Exposición de Motivos, que lo confiesa abiertamente, acudiendo como justificación a la función social de la propiedad que regula el artículo 149, 1, 1.» de la Constitución. No se trata, pues, de limitar, modular, condicionar o delimitar la propiedad urbana; se trata de sustituiría; es decir, la propiedad urbana, para la ley, no es lo que usualmente se entiende por propiedad…, sino un aliud, algo esencial y radicalmente distinto. Ya la legislación anterior, al menos desde la ley de 1956, configuraban una propiedad urbana fuertemente restringida y modulada, muy distinta del derecho de propiedad en el sentido clásico y decimonónico; pero la ley de 1990 da un paso más: no se limita a aumentar el número o la intensidad de las limitaciones existentes, es que sustituye un concepto de propiedad por otro distinto. La alteración no se produce en el detalle, en la regulación concreta, sino en la idea última, en la filosofía previa y subyacente a la misma norma.

La afirmación anterior, cuya trascendencia no es necesario encarecer, se justifica sobradamente poniendo de relieve los siguientes puntos concretos de la nueva normativa, de entre otros muchos que pudieran citarse:

En primer lugar, el propietario de suelo va a tener única y exclusivamente los derechos o facultades que la ley expresamente indica: a urbanizar, al aprovechamiento urbanístico, a edificar y a la propiedad de lo edificado. Nada más. No se trata ya de que un propietario pueda hacer lo que desee, salvo limitación o prohibición expresa; la regla es ahora la inversa: la propiedad se reduce a esas facultades concretas que le da la ley. Fuera de ellas no existe tal propiedad.

A continuación, debe meditarse en que esas específicas facultades no las tiene el propietario, sin más. Puede llegar a adquirirlas o no; eso dependerá. Pero en todo caso debe tenerse bien presente que no están en función, sin más, del título jurídico «propiedad», sino de otras circunstancias que la ley señala prolijamente en cada caso. Así, por ejemplo, el derecho a urbanizar sólo se adquiere con la aprobación del planeamiento adecuado según la clase de suelo (normalmente, Plan Genera! y Plan Parcial); hasta ese momento, no puede hablarse en rigor de derecho de propiedad urbana.

En tercer lugar, tengamos en cuenta que !a adquisición de esas facultades no es simultánea, sino gradual. Constituye un proceso evolutivo integrado por esos cuatro grados o fases, cada una de las cuales precluye la siguiente: sólo cuando ya se tiene el derecho a urbanizar, puede después adquirirse el derecho al aprovechamiento, y sólo cuando éste se consigue, cabe que surja el derecho a edificar. En definitiva, las facultades que componen ¡a propiedad van naciendo en una progresión saltuaria temporal que en nada recuerda a lo que usualmente se considera «contenido de! derecho de propiedad».

Por último, no debe olvidarse otro dato del máximo interés: que siempre la adquisición de estas facultades se halla condicionada al cumplimiento de ¡os específicos deberes que la ley impone, y a que ese cumplimiento se realice dentro de los concretos plazos señalados al efecto. Para lograr que la edificación realizada quede definitivamente incorporada al patrimonio del propietario es necesario que se haya ajustado en todo a la ordenación urbanística y a las condiciones y plazos que haya fijado la licencia; caso contrario, no se adquiere y será demolida. El cumplimiento de estos deberes o condiciones que la ley impone es, pues, condición sine qua non, elemento, pues, integrante del derecho de propiedad.

Técnicas

Al servicio de esta fundamental idea gira todo el entramado de técnicas que la nueva ley crea, modifica o de algún modo regula de manera diferente a como lo hacía la legislación anterior. En algún caso, con aires francamente nuevos, lo que las hace muy atractivas para el especialista; no obstante, su carácter puramente instrumental y técnico hace que en este momento baste con hacer alusión sólo a las más importantes, y ello incluso simplemente en la epidermis.

Destaca ante todo el nuevo régimen de valoraciones, en el que, si bien se mantiene la dualidad entre valor inicial y valor urbanístico, cambia la asignación de éste, el cual está siempre en función del grado de facultades que se hayan adquirido; en ese proceso de adquisición de sucesivas facultades por parle del propietario, el valor urbanístico estará siempre adecuado a las mismas. Con una muy importante peculiaridad: que el aprovechamiento urbanístico se valora en concreto por aplicación del valor fiscal, adquiriendo por tanto los valores fiscales (y su medio normal de obtenerlos, que es el Catastro) una beligerancia hasta ahora desconocida.

Conectada con lo anterior se halla la nueva regulación de las expropiaciones urbanísticas, que presenta importantes novedades. A mi juicio, destacan dos: la unificación de todas las clases existentes hasta ahora y la extraordinaria potenciación que experimenta lo que se conoce como expropiación-sanción por incumplimiento de deberes urbanísticos. Era casi una consecuencia obligada de la nueva orientación dada al derecho de propiedad, un cambio en el concepto antitético, el de expropiación forzosa, que, desde luego, ha salido en la ley grandemente reforzado y extendido en su ámbito.

El intento de favorecer y realzar el protagonismo de la Administración actuante en el proceso urbanístico se plasma en otro grupo de técnicas que la ley regula, y entre las que destacan dos: la atribución de derechos de tanteo y retracto en las transmisiones onerosas de terrenos y edificaciones en ciertas zonas que al efecto se fijen, y el fomento del llamado Patrimonio Municipal del Suelo, figura ya existente y que ahora se pretende darle una eficacia que sin duda hasta el momento no ha tenido.

Política

Cualquier intento de valorar críticamente la nueva ley deberá separar con cuidado los dos posibles planos desde los que puede realizarse.

Si nos movemos en el terreno de los principios básicos, y en concreto en el tratamiento dado al derecho de propiedad, el juicio que merecerá la ley estará inexorablemente ligado a la previa posición que, en la esfera de las convicciones políticas, adopte cada intérprete. El tema extravasa el plano jurídico, en el que nos movemos quienes de un modo u otro tenemos como profesión la aplicación del Derecho, para entrar decididamente en la esfera de lo político, Una cuestión, si se quiere, de política jurídica, pero de política en último término, y a la que, por tanto, tiene que ser la Política (con mayúscula) y no el Derecho quien dé respuesta.

Es indudable que la propiedad del suelo urbano tiene que estar limitada e intervenida. Es inviable al borde del siglo XXI una propiedad pensada al modo clásico en materia urbanística; como el mismo Ballbé decía, al constituirse un edificio se está construyendo al mismo tiempo la ciudad. Nadie puede por ello dejar de estar de acuerdo con la limitación e intervención, más o menos reforzada. de la propiedad privada. Es, sin embargo, lícito dudar de que los intereses públicos en presencia exijan, no ya esa limitación o intervención de la propiedad privada, sino su pura y simple eliminación o conversión en algo que tiene más de concesión administrativa que de lo que siempre se ha entendido por propiedad. La cuestión debe quedar aquí abierta: la orientación ideológica de cada uno pondrá el resto.

¿Son los medios técnicos elegidos los adecuados para la finalidad perseguida? No debo ocultar mi escepticismo. Desde 1956 la legislación del suelo ha tenido una característica: la resistencia a su aplicación. Por las razones que fueren, la ley del Suelo ha sido en muchos aspectos incumplida, tamo por los particulares como por las mismas Administraciones públicas: existe, o al menos ha existido hasta ahora, una vaga conciencia general de estar ante una ley vigente sólo a medias, una ley que no se aplica, o no se aplica íntegramente. Por ello, si bien ignoro la suerte —y le deseo toda la del mundo— que el nuevo texto va a correr, sí estoy convencido de que. de no darse simultáneamente un cambio de actitud en las Administraciones competentes (central, autonómica y local) y en los administrados afectados, los resultados que se obtendrán serán efímeros, y el urbanismo, en España, seguirá siendo —¿por cuánto tiempo más?— un tema pendiente.

La LOGSE, aprobada

Que esta ley se aprueba sin el consenso social es algo que no se le oculta ni al propio señor ministro. Ello a pesar de que en su preámbulo leemos: «…no se podrán cosechar todos sus frutos más que apoyándola en un amplio consenso». Un gran sector de la sociedad española rechaza la LOGSE, pues ve en ella una grave amenaza a la libertad educativa y a la calidad de la enseñanza. Opinan que este texto legal no permite que la actividad educativa se desarrolle en un clima de libertad e igualdad.

Ha recibido también críticas del Comité Europeo de la Enseñanza Católica (engloba a más de diez millones de alumnos de toda Europa), denunciando que la ley no respeta la resolución Lugster del Parlamento Europeo, aprobada en 1984, sobre la libertad de enseñanza.

El Gobierno, que desde el primer momento y por razones ideológicas contaba con el apoyo de Izquierda Unida y del CDS, había logrado los dos tercios de votos de la Cámara necesarios para la aprobación de esta ley orgánica buscando el consenso con los partidos nacionalistas.

La postura pragmática adoptada por estos partidos nacionalistas les ha permitido lograr sus objetivos:

— Frenar la prepotencia del Gobierno que figuraba en el proyecto, haciéndole respetar sus derechos autonómicos. Así, en numerosos artículos de la ley aparece ahora: «El Gobierno, de acuerdo con las Comunidades Autónomas…». Y. en general, han salvado las competencias educativas que tienen transferidas.

— Reservarse la decisión del 45% de los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas que se establecerán en cada nivel, tal como refleja ahora el artículo 4 en su punto 2, en el que leemos: «Los contenidos básicos de las enseñanzas mínimas en ningún caso requerirán más del 55% de los horarios escolares para las Comunidades Autónomas que tengan lengua oficial distinta del castellano, y del 65% para aquellas que no la tengan».

Es una baza importante que les permitirá subsanar en sus autonomías algunas de las carencias acusadas en la ley. Así, la Generalidad de Cataluña ha anunciado ya la inclusión de la formación religiosa o ética en la educación secundaria obligatoria. De este modo los niños españoles van a poder recibir unos contenidos bastante diversos según la autonomía en la que estudien.

Sólo el Partido Popular ha mantenido hasta el final sus propuestas —que se recogen en el cuadro n° 1— tanto en el Congreso como en el Senado. Como manifestaba el senador de este partido Isidro Fernández, han quedado fuera aspectos decisivos debido «a la arrogancia del PSOE, que no ha querido ni siquiera considerar las propuestas del principal partido de la oposición».

El debate tuvo momentos tensos. Particularmente molestó al ministro de Educación, Javier Solana, la intervención del diputado del Partido Popular Enrique Fernández Miranda, en la que dijo: «¿Por qué le tiene miedo el señor ministro a que los ciudadanos puedan elegir? ¿Por qué tiene miedo a la libertad?».

Aunque se tratase de un debate sobre un tema educativo, el presidente de la Cámara, tras un pataleo, se vio obligado a intervenir: «No intenten sus señorías, por favor, dirigir el debate… y menos con los pies».

El ministro, muy ufano, al concluir los debates manifestó: «Se ha logrado el mayor consenso posible», ya que «se ha debatido y negociado con todos los sectores implicados en la reforma». «He encontrado mayor comprensión y facilidad de entendimiento en el bloque progresista». E insistía: «La LOGSE no excluye a nadie y su intención es sumar voluntades».

Manifestaciones que, desde luego, no llevaron la tranquilidad a los detractores de la ley, pues eran complementadas por la siguiente: «Las discrepancias que se han producido se refieren tan sólo a aspectos accesorios de la LOGSE, y, además, el articulado de la ley se ha enriquecido considerablemente con las sugerencias que se le han hecho desde distintos sectores sociales».

La ley en su preámbulo justifica su necesidad, entre otros factores, por los «residuos autoritarios subsistentes en la norma aprobada en 1970», lo que, a tenor de lo ocurrido en el debate y lo plasmado en la propia ley, no parece haya quedado resuelto.

Es cierto que el ministerio, para evitar «el alto riesgo de error e ineficacia que amenaza a las reformas emprendidas a partir de un mero diseño teórico», había suscitado un amplio debate nacional, iniciado con la presentación en 1987 del «Proyecto para la Reforma de la Enseñanza. Propuesta para debate», posteriormente desarrollado en los libros blancos para la reforma del sistema educativo que aparecieron en 1989.

Los variados sectores educativos que participaron en el debate nacional se han visto ahora en su gran mayoría decepcionados.

Cambios de la ley respecto al proyecto

Ninguna reforma sustancial ha sufrido la ley respecto al proyecto presentado por el Gobierno. Era de esperar, pues ya el ministro Javier Solana había manifestado: «…las enmiendas que se le hagan y las rectificaciones que se le incorporen no cambiarán la filosofía de la Ley». Y por si quedara alguna duda, otro día a la salida del Congreso señalaba: «La ley saldrá adelante aunque yo me abrase defendiéndola».

Además de las rectificaciones citadas con referencia a las competencias autonómicas, pocas han sido las modificaciones introducidas. En la redacción se han suprimido las numerosas mayúsculas que habían sido impropiamente colocadas.

Se ha subsanado un olvido importante al incluir en las capacidades a desarrollar en los niños en cada uno de los niveles educativos: «Utilizar la educación física y el deporte para favorecer el desarrollo personal». Ahora el paso siguiente es dotar de medios a los centros educativos para que los niños puedan desarrollar esta capacidad que se les desea alcancen.

Merece destacarse la introducción de una nueva disposición adicional, la n° 3, que, entre otros aspectos referentes a la calidad educativa, establece como objetivo que el número máximo de alumnos por aula sea de 25 en la educación primaria y de 30 en la educación secundaria obligatoria.

Esta medida ha sido una concesión al profesorado, que ayudará al ministerio a solucionar el problema futuro del exceso de aulas y profesores, propiciado por el descenso, ya iniciado, en el número de alumnos debido a la actual crisis de natalidad. No parece se haya tenido en cuenta al adoptar esta decisión la fuerte repercusión económica que conlleva la reducción en cada aula de un 25% de su alumnado, con el consiguiente aumento en el número de aulas en algunas zonas de expansión.

La más perjudicada con esta medida será una vez más la enseñanza privada, que verá recortado el número de alumnos de sus centros, ya que otra disposición referente a los conciertos (transitoria n° 3) establece que, en principio, no se concederá ampliación en el número de aulas actualmente concertadas, lo que supondrá una reducción en el número global de alumnos de estos centros.

Es: «Una ley que (…) ha evitado la tentación de la minuciosidad», como declara en su preámbulo, en el que también reconoce: «Con frecuencia se ha caído en la tentación de considerar las normas legales como actos paradigmáticos en los que se resolvían las propias transformaciones de la realidad».

El evitar la primera tentación se ha traducido en una ley breve que deja aspectos básicos, previstos en el proyecto de la reforma, a la decisión posterior del Gobierno mediante órdenes ministeriales que no quedarán sujetas al control de la Cámara legislativa, lo que sin duda mantiene en los sectores educativos un clima de recelo e inquietud.

Como en la segunda tentación coincidimos, es por lo que mantenemos la esperanza en que los responsables ministeriales traten de buscar el consenso, que siguen predicando sin hasta ahora haber demostrado realidades por lograrlo, en las múltiples e importantes facetas de esta reforma que quedan por desarrollar.

La LOGSE es tan sólo la punta del iceberg, bien definida así por la frialdad y recelo con que muchos sectores educativos la han acogido. 1 ministro de Educación manifestaba que la ley debía ser a confesional para respetar el mismo carácter aconfesional de nuestra Constitución. Pero la ley no es aconfesional, ya que se impone a los españoles una educación donde la dimensión religiosa de la persona está ausente, lo que supone tomar ya partido y no respetar la libertad religiosa.

La formación religiosa y moral

La Conferencia Episcopal había recordado: «La formación religiosa y moral es un derecho fundamental de todas las personas que el Estado debe reconocer y garantizar plenamente»; y señalaba que el art. 27.3 de nuestra Constitución da a la formación religiosa y moral «un alcance más amplio que el de la pertenencia a la Iglesia Católica o a otra confesión religiosa que puedan firmar acuerdos con el Estado español».

El Gobierno se ha limitado a añadir en el preámbulo de la ley: «La Constitución (,..) ha garantizado (…) el derecho a recibir formación religiosa y moral de acuerdo con las propias convicciones». Y aquí se acabó toda su voluntad de recoger el clamor social que se había desatado por el tratamiento discriminatorio dado en la ley a la enseñanza de la religión, situada en una disposición adicional (ver mis artículos anteriores en esta revista en los números 3 y 4 de abril y mayo de 1990).

Ante las manifestaciones del ministro de que se respetaban los acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979, los obispos han dicho: «Estamos obligados a colaborar en el bien común educativo de nuestros pueblos», y al hablar de la enseñanza de la Religión resaltaban que: «Esta enseñanza debe ofrecerse en condiciones tales:

— que esté equiparada con las otras materias fundamentales y que, por tanto, forme parte del elenco de áreas o materias fundamentales, y, finalmente,

— que el hecho de recibir o no esta enseñanza no suponga discriminación alguna en la actividad escolar.»

Indudablemente, ambas condiciones no se dan en la situación en que aparece la Religión en la LOGSE. Al estar en una disposición adicional no le alcanzan los artículos sobre profesorado y sus sueldos, horarios, material, etc…, y hay experiencia de que en ocasiones se ha acudido a marrullerías para hacer ineficaz la enseñanza de la Religión, con total desprecio al precepto constitucional.

El ministro de Educación manifestaba que la ley debía ser aconfesional para respetar el mismo carácter aconfesional de nuestra Constitución, Pero la ley no es aconfesional, ya que se impone a los españoles una educación donde la dimensión religiosa de la persona está ausente, lo que supone tomar ya partido y no respetar la libertad religiosa.

De las 16 enmiendas presentadas en su día por la Conferencia Episcopal Española, se ha recogido, y tan sólo en parte, la referente a la mayor participación de la familia en el desarrollo educativo escolar.

El modelo de hombre que se pretende formar

Este enfoque crucial, el modelo de hombre que se pretende formar, que ya planteábamos en los artículos anteriores, ha quedado igual, pues no hay ninguna variación que haya afectado a «la mentalidad tecnicista y pragmática propia de una visión del hombre y de un concepto de humanidad en los que no se tiene en cuenta la dimensión trascendente y moral de la persona» (Declaración de la Conferencia Episcopal).

En la educación que propugna la LOGSE se atiende predominantemente a los conocimientos y aptitudes técnicas, dejando olvidado el mundo de los valores éticos. Una reforma educativa no debe hacerse únicamente para «enseñar más», sino también para «enseñar mejor». Con las finalidades educativas previstas en el artículo 1° de esta ley puede afirmarse que no aspira a «educar», sino a «instruir» a los alumnos en el desempeño de tareas concretas. Junto al «saber» y al «saber hacer» que promueve, es preciso contemplar también el modo de desarrollo de los valores humanos que se orientan al «saber ser». En los fines no se refiere a determinados valores del espíritu y a la dimensión trascendente de la persona, que quedan así fuera del sistema educativo.

«El objetivo de todo sistema educativo debe ser el de construir hombres cultos, cabales, poseedores de valores morales y éticos; conocedores de las confesiones existentes. Los padres, además, deben poder elegir el tipo de educación que deseen para sus hijos», declaraba el catedrático Amador Schiller, exrector de la Universidad Complutense.

Hay un trasfondo de igualitarismo en el desarrollo de la ley que se basa en el principio de comprensividad, viejo ideal socialista, que aspira a ofrecer las mismas oportunidades de formación a todos los alumnos, sin distinción de clases sociales, y pretende actuar como mecanismo compensador de las desigualdades de origen social y económico.

La verdadera educación facilita al hombre unos valores sobre los que fundamente su vida y según los cuales él elige sus pautas de conducta. Cuando se configura la educación desde valores racionalistas no se da respuesta a los compromisos vitales mediante los cuales la vida cobra un verdadero sentido.

El resultado previsible quedaba muy bien expuesto por monseñor Javier Martínez, obispo auxiliar de Madrid: «La LOGSE va a incrementar el fracaso escolar porque inevitablemente incrementará la desafección del niño por un sistema educativo que le deja sin respuestas ante las cuestiones que, precisamente, le importan más… ¿Por qué hay que estudiar y trabajar? ¿Por qué la droga es mala y la vida buena, si en la vida hay sufrimiento y dolor? ¿Por qué la violencia es mala si con ella se consiguen cosas…?»

Sobre este aspecto de tanta trascendencia para la formación de las futuras generaciones, el ministro prácticamente no se ha manifestado. Sí lo hizo un ex-ministro de Educación, Juan Antonio Ortega Dtaz-Ambrona, que afirmaba: «La ley prima Sa cultura técnica frente a la humanística, y los aspectos homogeneizadores frente a los singularizadores».

En resumen, está en juego el modelo de hombre que construirá la futura sociedad española, por lo que hay que darle la importancia que se merece, es decir, con esto no se juega.

La enseñanza privada y su futuro

En el preámbulo leemos: «La ley se refiere a la Ordenación General del Sistema Educativo, y, en la provisión de la educación como servicio público, integra tanto a la enseñanza pública como a la enseñanza privada y a la enseñanza privada concertada. La reforma requerirá y asegurará su participación en la necesaria programación de la enseñanza».

El ministro Javier Solana, el 17 de mayo pasado, en la inauguración del Congreso de los Empresarios de Centros de Enseñanza (CECE), manifestó asistir «como ministro de la enseñanza, tanto pública como privada», y añadió: «Me gustaría llegar con ustedes a un compromiso sobre el desarrollo reglamentario de la ley», llegando a asegurar que la LOGSE «mantendrá el equilibrio entre la enseñanza pública y la privada».

Muchos equilibrios habrá que hacer para cumplir esta afirmación ministerial, pues todos estos buenos deseos no tienen un buen reflejo en el articulado de la ley, que muestra más bien un afán estatalizante en su ideología de fondo.

La enseñanza privada aparece como un obstáculo para el Estado en su papel de gestor, maestro e inspector de educación. Da la impresión de que la enseñanza privada sigue sin pasar de ser, como en la LODE, una graciosa concesión a la iniciativa social.

Nuestra Constitución, en su artículo 27.5, reconoce la libertad de creación de centros docentes. La LOGSE da por supuesto que es el Estado el que debe asegurar las plazas escolares necesarias, sin que se plantee la posible y deseable colaboración con la iniciativa social que tantos centros educativos ha promovido.

Particularmente grave es el caso de la educación infantil, donde el Gobierno pretende construir una amplia red de centros públicos. sin plantearse la ayuda a Jos actuales centros privados de este nivel, que tras muchos años de resolver el problema existente en la atención a los niños de estas edades, se verán ahora abocados a cerrar. No puede considerarse ayuda la posibilidad que cita de establecer convenios con entidades privadas sin ánimo de lucro, lo que no parece vaya a resolver el problema que va a plantearse.

Los requerimientos de la ley para la mejora de la calidad supondrán la necesaria adaptación de las instalaciones de los centros, su equipamiento, la formación de los profesores, etc. El ministerio en la memoria económica prevé cantidades para estas necesidades en la enseñanza pública, pero no contempla la posible ayuda para la iniciativa social.

Aparecen ya dificultades administrativas para la transformación de los centros privados de EGB, BUP y Formación Profesional, en Jos previstos en la nueva estructura de Primaria, Secundaria. Bachillerato y la nueva Formación Profesional.

La conclusión parece clara: la reforma se propicia y apoya en los centros públicos y se exige e impone en los privados. Si se confirma este supuesto, se iría en contra del pluralismo educativo que consagra nuestra Constitución.

Los empresarios de la enseñanza, agrupados en la CECE, consideran que para que pueda hablarse de ayuda a la iniciativa social, entre otras medidas, el ministerio debería;

— Establecer subvenciones o créditos «blandos» para la adaptación y equipamiento de los centors.

— Conceder ayudas al profesorado de la enseñanza privada, en igualdad de condiciones con el de la pública, para su perfeccionamiento y adaptación a la reforma.

— En los niveles de enseñanza no obligatorios, conceder una atención preferente a las becas de los alumnos de la privada que deban cubrir sus costes.

— Con el fin de suprimir la discriminación de los actuales centros homologados, debería establecerse un reconocimiento automático para impartir la Secundaria Obligatoria a tos centros privados que imparten actualmente EGB y Bachillerato.

Ausencia de una ley de financiación

Una ley de esta entidad debería haber sido acompañada de una ley de financiación que garantizara su aplicación en el plazo previsto de 10 años. Tanto el Partido Popular como otros partidos han considerado que la memoria económica que acompañaba a la ley tenía un mero carácter informativo, sin que supusiera más que una declaración de intenciones, no un compromiso formal con reflejo en los presupuestos de los próximos años.

Como denunciaba el Consejo Escolar del Estado en el informe que dio a conocer en septiembre, el presupuesto de Educación supone tan sólo el 8% de! presupuesto total. El porcentaje de gasto en educación es el 4% sobre el Producto Interior Bruto (PIB), por lo que ocupamos el último puesto entre los países de la OCDE. por debajo de Portugal y Grecia, muy lejos de la media europea, estimada en un 6%.

El gasto en educación en el presupuesto de 1990 tiene un aumento del 14,3% respecto al año anterior, en que había aumentado en un 16,5% respecto al precedente.

Capítulo especial merecen las previsiones que para inversiones se contemplan en la memoria económica. En el período de 1990 a 1993 el ministerio ha previsto crear nuevos puestos escolares: en EGB, 79.730 puestos, que suponen 30.653 puestos, para los que destina 112.506 millones de pesetas, y en Preescolar 22.920 puestos, que costarán 3.696 millones de pesetas. Además, invertirá en el equipamiento y mejora de los puestos escolares estatales, en el mismo período, la cifra de 144.603 millones de pesetas.

Ante estas importantes cifras cabe plantearse: ¿Son necesarias estas inversiones cuando sobran ya puestos escolares y la situación actual es de baja natalidad? ¿Por qué no se plantea el ministerio una buena planificación de los puestos escolares contando con los de iniciativa social en lugar de establecer centros donde no son necesarios, forzando el cierre de centros de iniciativa social? ¿Por qué no se plantea el ministerio la ayuda a la financiación de las adaptaciones necesarias a los centros de iniciativa social para poder acometer la reforma?

Estos interrogantes nos sitúan ante un panorama desconcertante en el que parece que el ministerio va imponiendo la enseñanza estatal, construyendo centros públicos innecesarios al lado de centros de iniciativa social, a los que posteriormente se les deniega la concesión del concierto, total o parcialmente, alegando que hay aulas vacías en sus escuelas estatales.

Considero oportuno recordar ahora la ya célebre frase del actual presidente francés, François Mitterrand: «Para hacer la revolución no es necesario tomar el Cuartel de Invierno, basta con tomar la escuela».

Los profesores

No deja de sorprender que una ley que organiza el sistema educativo dedique varios artículos y muchas disposiciones a la regulación de la función docente: acceso, titulaciones, cuerpos docentes, formación, etc… Incluso, para lograr el apoyo de los sindicatos de izquierdas, se establecen en la LOGSE las condiciones para solicitar la jubilación voluntaria de los profesores.

Es lógico, visto lo anterior, el que varias organizaciones de profesores y el Partido Popular pidieran una ley de la función docente que recogiera de modo adecuado esta dispersa legislación contenida en la LOGSE y la coordinadora con la legislación vigente.

Una vieja reivindicación de los sindicatos de izquierda se alcanza al establecerse el cuerpo único de profesores, lo que llevará a suprimir el de catedráticos. Es un síntoma más de igualitarismo que no parece vaya a incentivar al profesorado a esforzarse por alcanzar metas profesionales superiores.

Se establecen una serie de medidas para la formación del profesorado, tanto para el que acceda de nuevo como para el que lleve años de ejercicio. Habrá que esperar a su puesta en práctica para comprobar que la realidad responde a las expectativas.

El éxito de cualquier reforma educativa depende de los que deben realizarla de modo inmediato con los alumnos: los profesores. En este caso, la LOGSE, al propugnar un diseño curricular abierto, traslada a los profesores gran parte de la responsabilidad sobre lo que tienen que aprender los alumnos en cada edad y cómo deben organizarse ¡as actividades de aprendizaje; la última concreción de los objetivos queda en manos del profesor. No es novedoso para un buen profesor que siempre ha tratado de adaptar los objetivos que le venían dados, a los alumnos concretos de una clase.

La LOGSE exige más a los profesores y considera la formación permanente no sólo como un derecho, sino también como una obligación. Es un hecho demostrado que la calidad de la educación que se imparte depende de la calidad de los educadores, y poco más.

El futuro de la Reforma Educativa

Tras la promulgación de la LOGSE, la reforma estaba previsto iniciarla en el curso 91/92 mediante la implantación de los nuevos I y 6.° de Educación Primaria, y desarrollarla implantando nuevos niveles en cada curso escolar hasta quedar completada en el plazo de diez años. Algunas autoridades administrativas opinan en estos momentos que su inicio se retrasará al curso 92/93, dado el gran número de disposiciones que hay que poner en marcha antes de poder arrancar la reforma.

Existía un consenso social sobre la necesidad de la reforma educativa e incluso se coincidía en los objetivos que para ella se marcan en el preámbulo de la LOGSE y que entresacamos en el cuadro n° 2

Las discrepancias, no accesorias como decía el ministro, surgen, como hemos visto, en las actitudes de fondo con que la reforma se plantea. Ahora, vista la ley, existe una tensa expectativa ante los futuros decretos que deberán establecer los caminos y medios para alcanzar los objetivos propuestos.

El diseño curricular recoge el conjunto de objetivos, contenidos, métodos pedagógicos y criterios de evaluación que orientan la práctica docente. Es el nexo de unión entre la teoría educativa y la labor escolar diaria. De este diseño depende el tipo de educación que reciban los alumnos, pues no sólo recoge los contenidos didácticos, sino también las actitudes y valores sociales y morales que se quieren transmitir.

La esperanza de los sectores educativos se centra ahora en que se respeten los principios de autonomía pedagógica, lo que, unido al diseño curricular abierto, ambas concepciones contenidas en la ley, concedería suficiente flexibilidad a los centros educativos para poder establecer su currículo escolar adaptado al tipo de educación que propugne.

Portugal: el impacto europeo

Portugal parece haber entrado en una etapa de crecimiento acelerado y de estabilidad política. Tras diez y seis años de altos y bajos, una revolución militar, varios gobiernos socialdemócratas y otros de coalición, el país experimenta ahora con éxito evidente la cohabitación «desde el centro» (un presidente de la República de centro-izquierda y un primer ministro de centro-derecha) y un espectacular desarrollo económico. NUEVA REVISTA dialogó largamente sobre estos y otros temas con el jefe del Gobierno portugués, Aníbal Cavaco Silva, dirigente del PSD (Partido Social Demócrata) y economista de gran prestigio internacional.

Pregunta. Portugal parece estar de moda en Europa. ¿Asistimos tal vez al comienzo de una nueva era? ¿Concluyó ya la excepcionalidad nacida en la llamada «revolución de los claveles»?

Respuesta. Desde luego, la vida portuguesa ha cambiado enormemente en estos últimos cinco años, tras el ingreso en la CE. Hemos entrado en la normalidad. Pero nada de esto hubiera sido posible sin la creación previa de un clima de estabilidad política. Hoy Portugal camina hacia la modernidad, se aproxima a los niveles de desarrollo comunitario, Había quienes creían que la adhesión a la CE sería catastrófica para las empresas portuguesas, que no resistirían. Ocurrió lo contrario. Asumieron el desafío, han respondido perfectamente. La economía portuguesa ganó en competitividad y los resultados están a la vista: en los últimos años hemos alcanzado la tasa más elevada de crecimiento de la CE (4% desde 1987, 5% el año pasado), la inversión extranjera aumentó de forma imprevisible (15% de tasa anual), las exportaciones crecieron a un ritmo no inferior que las importaciones, etc.

Reformas

P. Pero esto, imagino, no se logró de golpe ni sin contradicciones y retrocesos…

R. No, no fue fácil. Hubo que imponer ciertas medidas que exigían decisión y que eran claramente impopulares: un nuevo sistema fiscal, nuevas leyes agrarias, nuevas ordenanzas para el sistema financiero, reducción del peso del Estado mediante un plan de privatizaciones, leyes laborales remozadas, apertura de casi todos los sectores a la iniciativa privada, aceptación generalizada, en fin, de los mecanismos del mercado. Estas cosas son mucho más fáciles de anunciar como argumento electoral que de llevarlas a la práctica.

P. ¿Hay, pues, más confianza ahora que antes de estas reformas?

R. Sí, Ja sociedad portuguesa en el pasado confiaba poco en sus potencialidades. El punto de partida para este cambio fue, como queda dicho, la adhesión ai Mercado Común. Pero no hubiera podido alcanzarse ni siquiera este punto sin que previamente cambiaran las mentalidades…

P. Es obvio que su Gobierno gozó del apoyo del presidente de la República. La cohabitación ha funcionado en Portugal…

R. Claro, la estabilidad política debe mucho a la cohabitación entre un Gobierno socialdemócrata y un presidente socialista que no hizo la guerra al partido ganador de las elecciones y que cumplió estrictamente la Constitución, Nuestra Constitución no es ya un texto presidencialista como en el pasado. Establece que es el Gobierno quien gobierna. y el presidente —que representa al Estado, a la nación— tiene poderes sólo en momentos de crisis nacional, lo que no ha sido el caso en estos años. Este Gobierno decidió asumir sus responsabilidades aun cuando éstas no eran fáciles o cuando sus decisiones eran impopulares. Incluso ahora, ante la perspectiva de las elecciones presidenciales (1991), estoy dispuesto a mantener esta forma de gobernar: no voy a hipotecar el futuro del país por conveniencias electorales ni a deshacer el trabajo de cinco años para buscar votos.

¿Qué Europa?

P. Portugal está ya en la CE y apuesta por la construcción europea. Pero ¿qué Europa? Porque los últimos acontecimientos no ayudan precisamente a aclarar las cosas…

R. Es obvio que Europa, la Europa de los Doce, debe re-examinar sus opciones ante los grandes cambios producidos tanto en el Este como en su interior. Hablo, naturalmente, de la reunificación alemana. El Pacto de Varsovia ya no es una amenaza, la URSS ya no es la superpotencia que puede atacar en cualquier momento…

P. Eso debe explicárselo al Sr. Cunhal, secretario del PC portugués, porque, al parecer, todavía no lo sabe…

R. Espero que lo vaya entendiendo poco a poco… Como le decía, todos estos cambios han influido y seguirán influyendo sobre la arquitectura europea, sobre tos mecanismos y esquemas ahora vigentes. Creo sinceramente que la Europa comunitaria está llamada a ser el «núcleo duro» de Europa y que este «núcleo» atraerá a los otros países —europeos o no— de la periferia.

P. ¿Debe alargarse la Europa de los Doce?

R. Creo que el momento actual no es el más adecuado. Estamos en una etapa de integración, de profundización. Sería un error ampliar el número de miembros, como lo sería también una «Europa a dos velocidades». Europa no puede ser sólo un espacio donde se practique la libre circulación de mercancías, ciudadanos y capitales. Debe ser también un ámbito de cohesión económica y social. De solidaridad

P. Así pues, la «fortaleza europea»…

R. Tampoco. La CE no debe estar cerrada para siempre. Tendrá que ser un «club abierto» que pueda recibir en el futuro — pero no inmediato— a otros países. No excluyo que esto pueda producirse. Pero en las actuales circunstancias representaría un paso atrás. Ha costado mucho trabajo alcanzar algunas cotas de cogestión de la soberanía y cada país que se adhiriese ahora encontraría un grado de integración muy profundo: hay o habrá muy pronto ya un mercado único, caminamos hacia la integración financiera, la cooperación política es una realidad en algunos capítulos de la vida internacional… De modo que quien llegase ahora a la CE tendría que estar preparado para recibir —y asumir— este activo elaborado a lo largo de muchos años…

P. Esta actitud podría confundirse con cierta inflexibilidad exterior e… interior.

R. No, tal vez me expliqué mal. La flexibilidad es imprescindible en la construcción europea. Si deseamos consensuar nuestras decisiones en la CE, ningún país puede imponer su modelo…

P. El Reino Unido intenta hacerlo a veces…

R. Sí, pero después cede. Recuerde lo que ocurrió con la integración de la libra en el Sistema Monetario Europeo. Primero hubo rechazo, después reflexión, y ahora la libra forma parte del sistema. Hay que dar tiempo al tiempo…

P. Pero en realidad, ¿sabemos a dónde conduce todo esto?, ¿cuál será el objetivo final de esta construcción europea?

R. No, no sabemos cómo será definitivamente Europa. El proceso en el que estamos es diferente a otros- Cuando hablamos de la unión económica y monetaria conocemos cuál es el objetivo final: una moneda única, paridades fijas. Pero el proceso europeo en su globalidad es algo dinámico, que está en marcha. Sería catastrófico que desembocara en una identidad europea única que pusiera en causa las identidades nacionales, que son la gran riqueza de Europa.

P. ¿Hasta qué punto la Alemania unificada va a jugar un papel distorsionador en este proceso?

R. Alemania seguirá teniendo un papel importante en la CE. Yo espero, incluso, que sirva de motor. Pero debe aceptar también ser una voz entre otras once voces. En ese sentido, las declaraciones del canciller Kohl han sido muy claras: la Alemania unificada va a continuar cooperando con todos, ayudará a que Europa tenga un mayor peso en la escena internacional. Hay que esperar que la reunificación en modo alguno nos conduzca a situaciones que prevalecieron en los años cuarenta…

La OTAN

P. La OTAN, ¿sirve para algo en el momento actual?

R. Sí, por supuesto. Para mucho. Es, entre otras cosas, un foro privilegiado de diálogo entre Europa y los Estados Unidos. Y esto se ha demostrado muy recientemente durante la crisis del Golfo. Quedó claro que el vínculo estratégico entre los USA y Europa es fundamental.

P. Deberá, sin embargo, asumir nuevas funciones, reformarse…

R. La OTAN debe, entre otras funciones futuras, conducir las negociaciones de desarme y fiscalizar el proceso cuando éste se produzca, La Conferencia de Segundad y Cooperación en Europa (CSCE) debe ser también relanzada y convertirse en marco de seguridad para toda Europa, sin excluir a nadie. Será un marco en donde estarán la URSS y los USA, y en ciertos capítulos como la profundización de la democracia, el respeto a los derechos humanos o la resolución de conflictos regionales puede ser de gran utilidad. Pero en modo alguno sustituir a la OTAN.

P. ¿Puede la UEO (Unión Europea Occidental) ser algún dia un instrumento de seguridad para la Comunidad Europea, integrarse en la CE?

R. Ésa es la tesis del Gobierno italiano o de su ministro de Exteriores, De Michelis, que no siempre es lo mismo. La UEO es hoy también un foro para el debate y coordinación de ciertas cuestiones de seguridad que afectan a los países comunitarios, aunque tres de ellos no pertenecen a la organización (Grecia, Irlanda y Dinamarca). Yo sugiero la posibilidad de una articulación, de un diálogo entre la CE y la UEO. En la cumbre comunitaria de Dublín se reconoció la necesidad de dar más coherencia y unidad a la acción externa de los Doce…

P. La CPE (Cooperación Política Europea) es claramente insuficiente…

R. La separación actual entre las relaciones económicas externas de la CE y la CPE dificulta la existencia de una política exterior comunitaria. Los ministros de Exteriores tratan de la CPE en reuniones informales, y esto no favorece su eficiencia. Debe, sin embargo, avanzarse con prudencia en este terreno, sin caer en la utopía. Deben extenderse las áreas de tas políticas comunes, incluida la política externa común, pero sin pretender que de golpe la CPE sustituya a las políticas exteriores de los países que, por otra parte, pueden ser muy útiles para la propia CE. Por ejemplo, Portugal tiene una presencia política, social y económica en África Austral porque varios países de la región fueron sus colonias. ¿Deberá, por ello, subordinar su presencia a la política exterior común? Creo que no. Y lo mismo puede decirse de España en América Latina.

África

P. África parece la gran olvidada de los últimos años…

R. Tanto el Magreb como el África subsahariana están sufriendo, en efecto, las consecuencias de una focalización excesiva por parte europea en otras zonas. Es urgente que esto cambie. La CE debe favorecer la creación de espacios más integrados en el Magreb, por ejemplo. Y la ayuda no debe ser sólo de carácter comercial. El establecimiento de un diálogo especial con el mundo árabe favorece también nuestros intereses vitales. Por otra parte, tenemos también un deber de solidaridad con respecto al África subsahariana. A los portugueses nos une un cordón umbilical con muchos de estos países que ahora atraviesan una crisis espantosa…

P. ¿Para cuándo la paz en África Austral?

R. Tengo la esperanza de que muy pronto sea posible. Cuando conocí al presidente De Klerk (Sudáfrica) no había sido todavía elegido para ese puesto. Dije entonces a quien me quiso oír que De Klerk era capaz de llevar a cabo una «perestroika a la sudafricana», tan importante y arriesgada como la de Gorbachov. Creo que no me equivoqué. En Mozambique la proclamación del pluripartidismo facilita una solución negociada. Y en Angola, pese a todo, se está cada día más cerca de un alto el fuego definitivo…

P. En diversas ocasiones usted dijo que una de sus mayores satisfacciones había sido el relanzamiento de las relaciones con España. Y, sin embargo, su formación es anglosajona y conocía mal o poco España y los españoles…

R. Es verdad que yo me formé en Inglaterra y que incluso fui profesor universitario allí antes de volver a Portugal. Pero nunca comprendí las relaciones ibéricas, llenas de complejos y malentendidos. En la actualidad no hay razones objetivas que justifiquen la desconfianza entre los dos países y, de hecho, esta desconfianza ha desaparecido. España y Portugal forman parte de las mismas alianzas militares, políticas y económicas. Precisamente por eso tienen interés en, por ejemplo, coordinar sus posiciones. No podemos aceptar que se nos considere «países periféricos».

P. Los resultados de esta aproximación están a la vista…

R. Sí, el esfuerzo ha valido la pena. Nuestros empresarios, por ejemplo, consideran el mercado español como algo natural, próximo. Y los españoles miran con gran atención hacia Portugal, que se ha convertido en el primer destino de sus inversiones y en un excelente mercado también. En España se reconoce la importancia de la cultura portuguesa, y hoy escritores como Pessoa, Saramago, Lidia Jorge, Jorge de Sena y otros son conocidos y apreciados. Lo mismo cabe decir de nuestros arquitectos y músicos.

P. El fenómeno es extensible a toda Europa…

R. Sí, también en Europa se reconocen nuestros valores y hay cierta admiración por el gran cambio que en estos años se ha producido en Portugal. Pero que esto suceda en España resulta nuevo y… animador, porque nos separaba una historia bastante confusa y un montón de prejuicios. Creo, sinceramente, que gracias a una voluntad compartida hemos logrado superar todas estas trabas.

Festival de Salzburgo, pasado y presente de arte total

El día 31 de agosto, la Orquesta Sinfónica de Cleveland, a las órdenes de Christoph Von Dohnányi, clausuraba el Festival Internacional de Música de Salzburgo con un concierto para piano de Schbnberg y una sinfonía de Bruckner. Concluían de esta forma 37 intensos días de arte y belleza con momentos tan apasionantes como los vividos en Un bailo in maschera o Don G¡ovanni-, o de escepticismo en Idomeneo; deliciosos ante Cosí fan tulle o de emoción y plenitud estética en La Creación, leída de forma magistral por Riccardo Muti; de entusiasmo ante la Novena Sinfonía de Beethoven o de regocijo ante la artesanía musical de las Mozart-Matinées; de confianza en la visión esperanzadora de futuro dibujada por Fidelio o de admiración sin palabras ante la profundidad conseguida ame el piano por tas manos de Brendel o por la voz inigualable de Jessye Norman… Es la belleza en plenitud alcanzada por un festival que, pese a todas las criticas, responde generosamente a una exigencia de máxima calidad, ante la que, posiblemente como en ningún otro lugar. Todas las artes se unen alrededor y al servicio de esa amante embrujada de que habló Paul Klec que es la música.

Y mucho más en esta edición. «Prima la música… poi le parole», había escrito Giambatlista de Casti ofreciendo un tema a la no demasiado frondosa imaginación de Antonio Salieri para una ópera con la que reaccionaba ante un nuevo éxito de Mozart. Y este mensaje ha vuelto a repetirse como leii movit de Capriccio, la ópera que a instancias de Stefan Zweig diseñó Richard Strauss para Salzburgo y que por un capricho del todopoderoso Clemen Krauss vio su estreno en Munich por motivos no precisamente culturales. «La música es un arte sublime», canta Flamand, y a ella en Salzburgo todas las artes rinden culto y ante ellas se unifican y convergen: El arte aquí, ante el hecho musical, se unifica en aproximación casi milimétrica a la consecución de ese sueño que es la obra de arte total, la Gesamtkunstwerk que había añorado Wagner y que hay que entender está en la base y raíces de esta explosión artística, cuyos 70 años de historia de plenitud y su recuerdo han sido una de las notas características de la recién terminada edición.

Símbolo

Que «todo arte es a la vez superficie y símbolo» parece ser una verdad irrefutable, fijada así por la sensibilidad de Oscar Wilde. Y más como referencia a lo simbólico y todo lo que de poderoso, fuerte y mágico, según el planteamiento de Gombrich, tiene el símbolo, que como un retorno decadentemente bello pero inoperante a Brideshead, a lo Evelyn Waugh, se inició el festival el día 25 de julio, ante la arquitectura casi salvaje y en desnudez original del Felsenreilschule, con lectura de textos y documentos sobre la idea motriz y su historia, Y si bien ésta tiene como fecha concreta de partida la representación de Jedermann, de Hugo Von Ilofmannsthal, que el día 22 de agosto de 1920 abría la primera edición, de sólo cinco días, recogiendo toda una linea cultural europea desde Grecia hasta Cal derón de la Barca, pasando por el teatro espiritual inglés, aquélla tiene un desarrollo cuyos orígenes son mucho más difusos en el tiempo, aunque en todo caso basados en la peripecia existencial de Mozart. La inauguración en 1842 del nada afortunado monumento que acaba de concluir el escultor Muniqués Schwanthaler, en presencia de dos hijos de Mozart; o la organización en 1891 de importantes manifestaciones musicales, coincidiendo con el primer centenario de la muerte del genio; o la apertura en 1893 con la representación de La clemencia de Tito, del Landestheater de los arquitectos Helmer y Fellner, levantando en MakartpJatz, a muy pocos metros de ia residencia de Mozart en Salzburgo desde el año 1773; o el inicio de la andadura del Mozarteum en 1914, en medio de un vendaval de guerra que sopla sobre Europa y que aborta los proyectos musicales que con aquel motivo iban a realizarse.

Pero la idea de hacer de Salzburgo para Mozart lo que Bayreuth era para Wagner, utilizando la expresión de Panofsky, ha tomado suficiente consistencia. El I de agosto de 1917, en Viena, precisamente en la sala Richard Wagner de la Musikverein, se hace pública la composición del comité de lo que seria la dirección del ya inminente Festival de Salzburgo. Lo preside el príncipe Alexander Thum und Taxis y forman su directorio cultural Max Reinhardt, Alfred Roller, Franz Schalk, Hu go von Hofmannsthal y Richard Slrauss: Toda una intelectualidad procedente de la Sezession y de la Viena fin-de-siécle o del neorromanticismo alemán asume no sólo ía paternidad de las ideas sino, sobre todo, la responsabilidad de su puesta en marcha. Dos años después de aquel primer Jedermann, el festival del año 22 se ha ampliado (del 13 al 29 de agosto) y, fiel a su espíritu originario, Mozan es su único protagonista. Se representan Don Giovanni, Cosí fan tulle. Las bodas de Fígaro y El rapto en el serrallo y dirigen las 16 representaciones alternándose, Schalk y Strauss; bajo la batuta de los mismos directores se ofrecen dos conciertos orquestales también con obras de Mozart en ias que se basa una exposición de arte gráfico abierta durante los mismos días y se ofrecen las primeras Mozart-Matinées. Están trazadas las líneas maestras que siguen vigentes hasta hoy.

Este es el pasado que ha servido de telón de fondo a este momento jubilar y a su historia brillante y que se ha heeho presente con la misma serenidad con la que se asumía hace ahora dos años otra historia más reciente y traumática a la que se llamó en su momento «segunda muerte de Mozart».

Von Karajan

Pero si entonces, con la asunción del trauma se producía también un retorno, que yo personalmente asociaba a las figuras de Canetti, Schónberg, Mahler y Kíenek (presetue y homenajeado este año, en su 90 aniversario, con la versión para concierto de su Orpheus und Eurydike, drama desesperado de amor y muerte, pasión y deseo. Eros y Psyche, escrito por Oskar Kokoschka tras su vivencia tumultuosa con Alma Mahler y su ruptura, y concluido en su parte musical por Kfenek el mismo año en su matrimonio, desdichado, con la hija de Alma), ahora, al recuerdo jubiloso de los orígenes se unía la melancolía de una desaparición, la de quien justa o injustamente criticado o aplaudido ha dado una impronta, una peculiaridad y un sello característico a esta manifestación sobresaliente de arte total. La figura de Herbert von Karajan o, mejor dicho, su ausencia tenia este año casi la misma importancia que el jubileo de la celebración: «Este es el festival del año primero después de Karajan», comenzaba el denso articulo con el que Franz Willnauer, tras 30 páginas de fotografías históricas, abría el programa oficial.

Estuve presente el 10 de agosto del 88 en el Grosses Festspielhaus y participé de la casi histeria colectiva producida por la insuperable representación de Don Giovanni, esa ópera de las óperas, que diría E.T. A. Hofmann, dirigida por Karajan. Y tuve tal convencimiento de que había asistido a la lectura de su testamento musical que pocos días después pupliqué un artículo en el que me refería «a la plenitud artística de este Don Giovanni perfecto y quizás última gran obra en la evocación y visión propias del genio de Herbert von Karajan», a pesar de que aquel delirio y entusiasmo acrecentaban aún más la expectación ante el bombazo que suponía el anuncio de la presentación de Un bailo in maschera en la edición posterior. Efectivamente, tres de las últimas representaciones programadas no fueron dirigidas ya por Der Gott, que el día 1 de septiembre abandonaba incluso la dirección del festival. Desde el año 33, que viera a sus 25 años su primera intervención en el Felsenreitschule, en un Fausto espectacular para el que había diseñado la escenografía el mismísimo Clemens Holzmeister, hasta ese momento, 247 representaciones de ópera (desde su Orfeo ed Euridice, de Gluck, del 48, que curiosamente ha vuelto este año en versión de concierto, hasta Don Giovanni y 90 grandes conciertos sinfónicos (que concluyen un círculo obsesivo por la muerte que se inicia, también el 48, con el Réquiem alemán y también con esta misma obra se cerraba 40 años después) habían seguido el ondular de la batuta del último genio musical de Salzburgo.

Gérard Morder

Y se ha recordado y rendido homenaje a Karajan el día 15 de agosto con un concierto en el que Zubin Mehta leyó su propia versión de la Octava Sinfonía de Bruckner. Oficialmente. Pero además, Un bailo in maschera se reencarnaba por obra de Solti y su Don Giovanni renacía a las órdenes de Riccardo Muti, cuya visión de la música de Mozart es ya punto de referencia, como lo es para quienes la hemos vivido esa versión espléndida, exacta, profunda y emocionante de La Creación, de Haydn, que aplaudimos de pie durante 10 largos minutos en una mañana inolvidable. El relevo y la carga de la dirección artística lo ha recibido Gérard Mortier, que con el bagaje de su última experiencia en la ópera de Bruselas y desde ella, debe asumir el liderazgo del futuro.

Y el futuro puede haber comenzado ya con ese Fidelio de Horst Stein y su lenguaje musical y teatral diferente, no sólo al de Karajan ante esta misma ópera en ios años 57 y 58, sino también al más reciente de Lorin Maazel del 83. El mensaje beethoveniano, plásticamente, arquitectónicamente, se proyecta en el porvenir y puede ser sentido mientras en algún sitio un hombre siga luchando por la libertad.

En cualquier caso, un futuro menos abstracto ya está ahí con todo su reto. El bicentenário de la muerte de Mozart, que ha dado la posibilidad de redimir de alguna manera la traición al espíritu fundacional que se produjo cuando Bruno Walter presentó Don Pasquale, de Donizetti. Siete óperas de Mozart (y sólo de Mozart) van a tomar cuerpo en los escenarios del próximo festival. La flauta mágica, Don Giovanni, Las bodas de Fígaro, Idomeneo. La clemencia de Tito, Cosífan tutte y El rapto en el serrallo.

Ante esta apoteosis mozartiana volverán a tener plena vigencia las palabras de Richard Strauss en los momentos fundacionales. «Salzburgo debe ser símbolo de nuestra cultura. Toda Europa debe saber que nuestro futuro está en el arte, sobre todo en la música». El arte y nada más que el arte; el que hace posible la vida, el gran seductor y estimulante de la vida, como había dicho Nietzsche. ¿Recordaremos entonces, otra vez, la muerte de Mozart? Más bien, con Nina Bérbero va, seremos afortunados testigos de su resurrección.

Nueva temporada

En el primer número de NUEVA REVISTA hice una descripción de la situación de los teatros madrileños y una comparación entre el tipo de teatro que se representaba en la época de la dictadura y el panorama que ofrecían las artes de Melpémone durante la democracia. Mi conclusión fue que las condiciones sociopolíticas no influyen ni favorable ni desfavorablemente en las condiciones socioculturales. No era una conclusión importante. Debería aceptarse como un valor convenido que los regímenes políticos no se justifican ni por sus efectos en la moral positiva de los ciudadanos ni por sus consecuencias en !a cultura positiva de las masas. Todos los autoritarismos han tratado de dignificar sus abusos sobre la libertad individual mostrando su eficacia en el ámbito cultural o en el moral. ¿Qué otra cosa puede significar la eclosión de medallas olímpicas de los países del Este? ¿Cómo negarse a verificar que el estruendo de la novela hispanoamericana durante la guerra fría se fraguó en el interior de dictaduras oprobiosas? ¿Por qué, pues, habría que esperar que la democracia regenerase los hábitos culturales de los ciudadanos españoles? Ni ha ocurrido así, ni tenía por qué ocurrir, Y eso no es argumento contra la democracia —porque la defensa de las libertades no requiere de justificaciones— pero sí es argumento contra quienes, en nombre de la cultura, a uno u otro lado de la barricada, pretenden instrumentalizar esas libertades.

El sociólogo Daniel Bell diagnosticó hace ya dos decenios que la sociedad postindustrial se caracterizaba por la escisión de sus impulsos profundos. El impulso económico-social se orienta bajo el estímulo de la competencia y de la rentabilidad, el sociopolítico bajo el de la influencia y la persuasión y el sociocultural bajo el de la crítica y la realización personal. No hay, en la sociedad industrial una determinación de la cultura por la economía, y tal vez no la hubo en ninguna sociedad. No hay, por eso, posibilidad para justificar las condiciones políticas de la sociedad sobre la base de sus efectos culturales o económicos. Las virtudes culturales o morales no son efecto de la norma política o jurídica, sino de la conciencia o del talante personal. Ningún sistema de organización puede lucir como mérito el haber contribuido a modificar las cualidades morales o culturales. En todo caso, la democracia, aliada al mercado, es el único sistema capaz de modificar las condiciones materiales y sociales que facilitan el aumento cuantitativo y distributivo de las riquezas, lo cual es un buen punto de partida para cualquier otra modificación.

Empecé hablando de teatro. El asunto es que el panorama de la cartelera madrileña de hace un año no es muy diferente del que ofrece el nuevo curso. Triunfos de Lina Morgan, estrenos de Alonso Millán y María Manuela Reina y competencia, no se si leal o desleal, de los teatros públicos. Al comienzo de esta temporada sólo hay que añadir los nombres de Martínez Ballesteros y María Luisa Luca de Tena. Alonso Millán se presenta por triplicado en los teatros comerciales madrileños. Martínez Ballesteros estrena simultáneamente en dos salas. Como relativa novedad Elicio Dombriz, que fue finalista del premio Lope de Vega, presenta en el madrileño teatro Reina Victoria su comedia Hablame de Herbert. Y para terminar de ofrecer una descripción generalizadora de la nueva temporada pueden distinguirse dos tipos de representaciones: las de teatro clásico y vanguardia experimental a cargo de las salas financiadas con el dinero público, y la del teatro moderno literario y vodevil cómico en las salas privadas. Esta clasificación es, por sí misma, todo lo expresiva que se necesita para que dé cuenta del estilo de las aficiones del madrileño actual.

María Manuela Reina es el valor de moda del teatro ilustrado de temporada. Es, junto al de Juan José Alonso Millán, un nombre que por sí mismo asegura el éxito de taquilla. Con la curiosidad de comprobar si su firma es definitiva garantía de calidad escénica y literaria me decidí, en el inicio del nuevo ciclo, por estrenarme con el lenguaje de esta autora, cuya propia condición femenina constituye un mérito con relación a los hábitos escénicos adquiridos. Junto a Ana Diosdado, tal vez Carmen Resino y en espera de lo que muestre María Luisa Luca de Tena, apellido de consolidada tradición dramatúrgica, cuyo estreno de «Un millón para una rosa» en el teatro Príncipe, fue pospuesto, María Manuela Reina es la excepción en el «androceo» predominio de nuestros escenarios.

Autocrítica social

«Reflejos con cenizas» no decepcionó. No es una obra mayor, sin duda, pero es una pieza de teatro, a la que podría calificarse de «critica costumbrista» si no fuera porque las «costumbres» de hoy tienen poco de «costumbristas» y, desde luego, nada que ver con las costumbres de ayer. Sustituyamos, por lo tanto el adjetivo «costumbrista» por el más exacto de «social». María Manuela Reina ejerce la «crítica», o tal vez sea mejor decir la «autocrítica» social sobre el tablado. Es el tipo de teatro que viene confirmándose como propio de la modernidad ilustrada, al menos de Ibsen. Sólo que si en Ibsen, Shaw o en Pérez Galdós, la crítica se complementaba con la propuesta de una reforma social, en las obras descriptivas de María Manuela Reina no ha lugar a rectificar nada, porque la sociedad moderna ha asimilado ya todo tipo de propuestas reformistas.

Con un diálogo fluido, fácil y vivido, María Manuela Reina sitúa sobre el escenario cinco personajes, muy del día y muy reales, con un rigor que casi se atiene a las normas clásicas de unidad de acción, lugar y tiempo. Sólo el haberlo conseguido sin que decaiga el interés del espectador es ya un mérito. Los personajes son una abuela adinerada, que ya está de vuelta de todo, incluso de los hábitos de un pasado añorado que respondía a cánones morales muy distintos de los que hoy prevalecen. Pero la astucia de la dramaturga consiste en presentarnos a una vieja dama (Irene Gutiérrez Caba), adaptada, consciente y reflexivamente, a la nueva situación más que resignada a ella. Dos hijas, ya maduras, flanquean a este personaje. Rosy (Lola Cardona) es una mujer moderna, y de mundo, intelectual y desarraigada, el prototipo de mujer que hoy se lleva, una especie de «made self woman». Marta (María José Alfonso) es su hermana y aparenta el otro estilo de mujer que hoy también triunfa en sociedad: adinerada, divorciada y tan desarraigada, excepto por su obsesión por mantener las apariencias, como su hermana. Después está el ex marido y ex amante (Carlos Estrada) y el lacayo de la mansión (Roberto Acosta) que simboliza un tipo inusual, pero no inverosímil de menestral «todo terreno», capaz de recitar a Keats mientras sirve una cerveza.

Conciencia vacía

Hay un sexto personaje, que sirve de punto de referencia de la función: la nieta, hija, sobrina y tal vez amante, cuya ausencia del escenario es una consecuencia de la habilidad literaria de la autora. No diré más sobre la trama sino que la acción se desarrolla el día en que Ana va a contraer matrimonio, y que esa circunstancia sirve para la reminiscencia del pasado. La situación que presenta María Manuela Reina puede calificarse de «límite», y ante esa situación límite deben reaccionar los distintos personajes cuya catadura no sale muy bien parada en los «reflejos» del escenario. La crítica «social» se convierte en crítica «moral». No es que los personajes no sepan estar a la altura de sus propias convicciones morales, es que, en el mundo actual, de los triunfos políticos, mercantiles y literarios, no queda lugar para las convicciones morales y menos todavía para ser fiel o infiel a ellas. Ni siquiera queda lugar para ser hipócrita, pues la hipocresía requiere traicionar a algún tipo de creencia, mas en la sociedad que retrata María Manuela Reina ya no quedan creencias que traicionar; sólo queda la conciencia vacía, y la consecuencia de ese vacío es c! radical nihilismo de la protagonista ausente, de Ana, víctima del desarraigo general.

El tono literario de Manuela Reina es ágil, eficaz, sutil y descriptivo. No faltan hallazgos expresivos, juegos de palabras que llegan con facilidad al espectador. La acción está bien construida y la psicología de los personajes es representativa del estado de las cosas. La obra, sin embargo, sabe a poco, como si la propia facilidad se hubiera convertido en presura y ligereza. El desenlace es demasiado rápido y poco trabajado, el más al alcance de la mano y de la imaginación. En suma, la obra entretiene y se acepta su diagnóstico, pero falta creatividad, energía y envergadura para que el drama cautive, desarme y convenza plenamente al aficionado.

Los actores están todos a la altura de su nombre y su nombre es lo suficientemente elevado como para no decepcionar. Una dirección de Ángel García Moreno, sin problemas, completa una entretenida sesión.