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Martin Puchner: «El poder de las historias»

Imaginemos un mundo en el que las tradiciones orales nunca se hubieran puesto por escrito, en el que no hubiera libros. Entonces:

—Nuestro sentido de la historia, del auge y caída de imperios y naciones, sería totalmente distinto: la escritura ha inspirado el auge y la caída de los imperios y de las naciones.
—Muchas de las ideas filosóficas y políticas nunca habrían visto la luz, porque la literatura que las originó no se habría escrito.
—Casi todos los credos religiosos desaparecerían.

Martin Puchner: "El poder de las ideas o cómo han cautivado al ser humano, de la Ilíada a Harry Potter" (Crítica, Barcelona, 2019)

Martin Puchner, en El poder de las historias o cómo han cautivado al ser humano, de la Ilíada a Harry Potter (Crítica, Barcelona, 2019), defiende esas tesis e ilustra cómo las historias y la literatura han creado el mundo que tenemos hoy, cómo los textos escritos son los códigos que definen la identidad de los pueblos y la forma en que los seres humanos organizan sus vidas.

Se vale para ello de dieciséis textos fundamentales de entre los más de cuatro mil años de literatura universal. Y lo hace de forma viva: el autor ha viajado a escenarios originales para hilvanar su propio relato: por ejemplo, al sur del Sahara, donde aún se recita la epopeya de Sunjata, y a la selva Lacandona, en la que viven los zapatistas, herederos de la cultura maya del Popol Vuh.

El libro de Martin Puchner, catedrático de Literatura comparada en la Universidad de Harvard, es pues una contribución a la historia de la cultura desde la perspectiva de cómo transforman el mundo la aparición de la escritura, la imprenta o, en la actualidad, las nuevas formas de escritura relacionadas con internet.

En la Introducción, Puchner afirma:

«La literatura no es solo para los amantes de los libros, puesto que desde su aparición cuatro mil años atrás, ha conformado la vida de los seres humanos que pueblan el planeta Tierra.»

«Los principales protagonistas de la historia de la literatura no son necesariamente los autores profesionales, sino… un inesperado elenco de personajes, desde los contables mesopotámicos… hasta los piratas de los marjales en el golfo de México».

Entre esos protagonistas juegan un papel muy destacado los personajes de la Biblia,  «un texto fundacional».

“Los textos fundacionales solían estar custodiados por sacerdotes que los atesoraban en el corazón de los imperios y naciones, mientras que los reyes los impulsaban porque sabían que un relato podía justificar conquistas y proporcionar cohesión cultural.» 

Al principio, los textos fundacionales surgieron en muy pocos lugares, «pero a medida que se extendía su influencia fueron apareciendo nuevos textos hasta que el globo se fue pareciendo más y más a un mapa organizado por la literatura, por los textos fundacionales que dominaban una determinada región». El creciente poder de esta clase de textos situó a la literatura «en el centro de muchos conflictos, entre ellos las guerras de religión.»

Pero no solo las guerras de religión. La Guerra Fría era en gran medida una guerra entre textos fundacionales: «La Unión Soviética se había fundado a partir de las ideas articuladas en un texto mucho más reciente que la Biblia: El manifiesto comunista, escrito por Marx y Engels y leído con avidez por Lenin, Mao, Ho y Castro.»

Efectos secundarios: las lenguas «muertas»

Los inventos relativos a la escritura a menudo iban acompañados de inesperados efectos secundarios, «puesto que la conservación de textos antiguos significaba mantener artificialmente vivas las lenguas en que estaba escritos. Por ende, los estudiantes han tenido que aprender lenguas muertas desde entonces».

El volumen de Martin Puchner se desarrolla en cuatro fases:

La primera trata el periodo dominado por pequeños grupos de escribas conocedores, solo ellos, de los complicados sistemas de escritura arcaica y que, por consiguiente, controlaban los textos que recopilaban de los narradores, textos como La epopeya de Gilgamesh, la Biblia hebrea y la Ilíada y la Odisea.

La segunda abarca el tiempo de «maestros carismáticos como Buda, Sócrates y Jesús».

En la tercera «empezaron a emerger los autores individuales».

Por último está «la era de la producción en masa y de la alfabetización en masa, con periódicos y octavillas»… hasta la revolución con el internet de nuestros días.

Estas cuatro fases, junto con las historias y las invenciones que las hicieron posibles, «crearon un mundo conformado por la literatura. Un mundo en el que las religiones se basan en libros y las narraciones se fundamentan en textos, un mundo en el que conversamos habitualmente con voces procedentes del pasado e imaginamos que podemos dirigirnos a los lectores del futuro».

Índice

Introducción: el amanecer de la tierra.
Mapa y cronología del poder de las historias.
Capítulo 1. El libro de cabecera de Alejandro.
Capítulo 2. Rey del universo: de Gilgamesh y Asurbanipal.
Capítulo 3. Esdras y la creación de las Sagradas Escrituras.
Capítulo 4. Enseñanzas de Buda, Confucio, Sócrates y Jesús.
Capítulo 5. Murasaki y La novela de Genjila primera gran novela de la historia universal.
Capítulo 6. Mil y una noches con Sherezade.
Capítulo 7. Gutenberg, Lutero y el nuevo público de la imprenta.
Capítulo 8. El Popol Vuh y la cultura maya: una segunda tradición literaria independiente.
Capítulo 9. Don Quijote y los piratas.
Capítulo 10. Benjamin Franklin: empresario de los medios de comunicación en la República de las Letras.
Capítulo 11. Literatura universal: Goethe en Sicilia.
Capítulo 12. Marx, Engels, Lenin, Mao: ¡lectores del Manifiesto comunista, uníos!
Capítulo 13. Ajmátova y Solzhenitsin: literatura contra el estado soviético.
Capítulo 14. La Epopeya de Sunyata y los artesanos de la palabra de África occidental.
Capítulo 15. Literatura postcolonial: Derek Walcott, poeta del Caribe.
Capítulo 16. De Hogwarts a la India.
Agradecimientos, notas, créditos de las ilustraciones, índice alfabético.

David Edmonds: «Los filósofos miran hacia el mundo. 62 problemas de ética práctica»

«El objetivo de la filosofía, pensaba Marx, no es solo interpretar el mundo, sino también cambiarlo. Es una obligación que se antoja especialmente relevante para una subcategoría del pensamiento filosófico, la ética aplicada», escribe David Edmonds, el editor de Los filósofos miran hacia el mundo.

David Edmonds (editor): "Los filósofos miran hacia el mundo. 62 problemas de ética práctica" (Cátedra, Madrid, 2018)
David Edmonds (editor): «Los filósofos miran hacia el mundo. 62 problemas de ética práctica». Madrid, Cátedra, 2018

Según él, no parece que tenga mucho sentido filosofar acerca de cuestiones morales en disputa -los límites de la libertad de expresión, el control de armas, la eutanasia o el dopaje deportivo- si ello no influye en el debate público. Sin embargo, a pesar de la fascinante producción académica en todas las áreas de la filosofía moral aplicada, «poca cosa es la que finalmente llega al público».

En gran medida eso es culpa de los filósofos, afirma Edmonds, porque «frecuentemente se expresan mediante un lenguaje abstruso y técnico, inaccesible para cualquiera que viva al margen de la academia».

Es lo que ha tratado de evitar en este libro, en el que todos los colaboradores están relaciones con Oxford, en concreto con el Centro Uehiro para la Ética Práctica.

En 2007, el Centro Uehiro abrió un Blog de ética práctica en el que sus filósofos ofrecían su punto de vista sobre algunos temas singularmente noticiosos.  El «Blog de ética práctica» ha llegado a día de hoy a las dos mil entradas con millones de visitas. Para el Centro Uehiro, el blog se ha convertido en una parte fundamental de sus actividades divulgativas, para llegar a un público más amplio. Este libro es una selección de las entradas más destacadas, que ahora aparece en castellano (la versión original inglesa es de 2016).

Las investigaciones del Centro Uehiro se centran no tanto en las cuestiones clásicas de la moral (caso típico: el tren sin frenos que va a matar a cinco personas, a no ser que alguien cambie unas agujas para desviarlo hacia el lugar donde una persona está atada a las vías y morirá irremisiblemente), como en «las emergentes» (véase el índice del libro, los títulos de los 62 problemas, al final en este mismo artículo).

El hilo argumental del libro es, pues, cómo debemos abordar los nuevos dilemas planteados por nuestro mundo moderno, partiendo de un hecho concreto acontecido. Insiste Edmonds: «Los casos discutidos en este libro no solo guardan parecido con la vida real, sino que son la vida real», porque, «en último término, la ética práctica, si ha de desempeñar alguna función útil, debe ser para personas reales con sentimientos reales que afrontan problemas reales y dilemas reales».

Los autores constituyen un heterogéneo conjunto que incluye tanto filósofos consagrados de fama internacional como otros que están dando los primeros pasos de su carrera.

A modo de ejemplo

En ¿Se puede elegir ser homosexual?, Brian D. Earp razona así:

«¿Se puede ser homosexual por elección? Muchos activistas a favor de los derechos de los homosexuales dicen que no. Pero en enero de 2012, la antigua actriz de Sexo en Nueva York Cynthia Nixon -que se declara lesbiana- dijo que había elegido su orientación sexual entre diversas posibilidades».

«Pero si un número demasiado grande de personas se tomara en serio las afirmaciones de Nixon, la consecuencia sería que el movimiento por los derechos de los homosexuales no podría usar el argumento que se resume en la frase «nací así», cuya premisa fundamental descansa en la idea de que la gente no elige su orientación sexual».

«Ahora me toca a mí [Brian D. Earp] pronunciarme. Creo que Cynthia Nixon está más cerca de atinar en esta cuestión que sus detractores».

«Si nos encontramos abrumadoramente atraídos por personas del otro sexo y nada en absoluto por personas del mismo sexo …, nos comportaríamos como malos miembros de nuestra comunidad de hablantes si nos aplicáramos a nosotros mismos la etiqueta «homosexual». Es probable que causáramos cierta confusión. Como norma, no inventamos nuevos significados personales para las palabras y esperamos que los demás nos sigan con la corriente».

«Pero si somos capaces, al igual que mucha gente, de sentir atracción hacia personas no solo de un mismo sexo, y si orientamos nuestra conducta sentimental y sexual hacia la parte del continuo que incluye a los individuos de nuestro mismo sexo, entonces sigamos adelante y considerémonos homosexuales».

«Si lo que he dicho hasta ahora es correcto, entonces, para algunas personas, hay margen de elección en lo concerniente a su «homosexualidad»».

He aquí los problemas de «ética práctica» tratados:

Crimen y castigo

1. ¿Ha llegado la hora de reconsiderar el Código Penal? Anders Herlitz.
2. Castigos realizados. ¿Puede la tecnología hacer más larga la cadena perpetua?, Rebbeca Roache.
3. Grados de daño sexual, Brian D. Earp.

Terrorismo, armas y guerra

4. Una objeción en contra del derecho a llevar armas de fuego, Jeff McMahan.
5. El peligroso (e irrelevante) experimento mental de McMahan, Allen Buchanan y Lance K. Stell.
6. Viajes, amigos y asesinatos, Seth Lazar.
7. ¿El valeroso terrorista suicida?, Roger Crisp.
8. Armas químicas. En defensa de los dobles estándares, Owen Schaefer.
9. Obras de arte expoliadas. Un retrato de la justicia, Cécile Fabre.

Salud y medicina

10. Homeopatía. Una propuesta sin tapujos, Steve Clarke.
11. Cinco minutos demasiado tarde, Lachlan de Crespigny Julian Savulescu.
12. Drogarse para ayudar a los demás, Tom Douglas.
13. Mi hijo es disléxico y me alegro, Charles Foster.
14. El instante de la muerte, Janet Radcliffe Richards.
15. ¿Es moralmente legítimo usar datos obtenidos de los experimentos médicos nazis?, Lynn Gillam.
16. Incentivos económicos, coerción y psicosis, Jonathan Pugh.
17. El señor Nicklinson y el derecho a morir, Julian Savulescu.

Fármacos y órganos

18. En alabanza del deporte «organizado», Dominic Wilkinson.
19. ¿Somos propietarios de nuestros cuerpos?, Janet Radcliffe Richars.
20. Fármacos psiquiátricos y preceptos religiosos, Katrien Devolder.

Religión y caridad

21. Identidad católica y disentimiento fuerte: ¿de qué manera son compatibles?, Tony Coady.
22. La banca. La elección de una carrera ética, William MacAskill.
23. Sobre reconstruir el arca de Noé y beber borgoña añejo, Charles Foster.
24. ¿Debe permitirse que los cristianos conservadores acojan niños?

Sexo, educación sexual y sexualidad

25. ¿Se puede elegir ser homosexual?, Brian D. Earp.
26. Prostitución y discapacidad, Brian D. Earp.
27. Úteros artificiales y una visita a Avelandia, Chris Gyngell.
28. ¿Es el embarazo no deseado un desorden médico?, Rebecca Roache.
29. ¿Es medio aborto peor que un aborto entero?, Simon Rippon.
30. ¿Sin cortes? Ablación, pero menos, Dominic Wilkinson.
31. Pedofilia y predisposición, Kyle T. Edwards.
32. Mirar a la gente, Ole Martin Moen.
33. Filósofas y acoso sexual, David Edmonds.
34. Un desafortunado estado de cosas, Hilary Greaves.

Deporte

35. Odio deportivo, Joshua Sheperd.
36. Dopaje. ¿Cuándo aprenderemos?, Julian Savulescu.
37. Tenis y sexo, David Edmonds.

Cerebros

38. ¿Si mi cerebro quiso, qué quieres que haga yo?, Walter Sinnott-Armstrong.
39. La culpa la tiene el cerebro de mi cliente, Simon Rippon.
40. Cartografiar cerebros y averiguar una ruta, Regina Rini.

Lenguaje, discurso y libertad

41. Contrarrestar el extremismo islámico, Peter Singer
42. Lenguaje incapacitador, Neil Levy.
43. ¿Tenemos que frenar el orientalismo?, Kei Hiruta.
44. La verdad desnuda, Roger Crisp.
45. Pornografía, preservativos y libertad, Kyle T. Edwards.
46. ¿Se debe permitir que los hombres opinen sobre el aborto?, Jim A. C. Everett.

Maldad, repugnancia, vergüenza, grosería y júbilo

47. Una reflexión sobre combatir el mal, Regina Rini.
48. La vergüenza de Internet, Andreas Kappes.
49. En defensa de beber en soledad, Hannah Maslen y Rebecca Roache. 
50. La señora Thatcher ha muerto. Descorchemos el champán, David Edmonds.
51. Calamares al vapor y erotismo más allá de la especie, Anders Sandberg.
52. No hay nada como el helado de una madre, Anders Sandberg.
53. Grosería y venta telefónica, Hannah Maslen.

Animales

54. Tratados como animales, Christine M. Korsgaard.
55. ¿Cuánto vale un animal de compañía?, Russell Powell.
56. La mejor idea que has oído en todo el año, Michelle Hutchinson.

El futuro y sus habitantes

57. ¿Vigilancia reforzada?, Stuart Armstrong.
58. Por qué está bien bloquear la publicidad, James Williams.
59. ¿Dejarías una decisión en manos de una máquina?, Seán Ó hÉigeartaigh.
60. ¿Deberíamos estar borrando recuerdos?, S. Matthew Liao, Anders Sandberg y Julian Savulescu.
61. Aumentar el número de gente feliz, Theron Pummer.
62. El hombre embarazado y otras sorpresas conceptuales, Guy Kahane.

Nota sobre los autores

 

Todos menos uno: importancia de la libertad de expresión, según Stuart Mill

Imaginemos un mundo en el que todos sostuviésemos la misma opinión, seguros de su verdad. Todos…, excepto una sola persona. Quizá ésta aparezca como un excéntrico solitario defendiendo precisamente lo contrario. ¿Estaría justificado silenciar su opinión? Si la respuesta fuera afirmativa, pensemos en la situación contraria: si esa persona tuviera un dominio totalitario del poder, ¿estaría justificada para hacer callar al resto de la humanidad? Son preguntas que se plantea John Stuart Mill y que volvió a presentar recientemente Heterodox Academy.

All minus one, de Stuart Mill, editado por Heterodox Academy
All minus one, de Stuart Mill, editado por Heterodox Academy

Un capítulo de un libro de Mill

Con este caso comienza John Stuart Mill All minus one (Todos menos uno), el segundo capítulo de On liberty, en el que desarrolla su argumentación a favor de la libertad de expresión. El libro apareció en Estados Unidos en 1859. Esta situación imaginaria da también inicio –y título– a la edición de ese capítulo que han preparado Richard V. Reeves y Jonathan Haidt, publicada en la web de Heterodox Academy.

Reeves es un experto en Mill. Haidt es psicólogo social. A ellos se une Dave Cicirelli como ilustrador. El texto recoge aproximadamente la mitad del capítulo dos de la obra original de Mill, una quinta parte del libro. Su objetivo es acercar su pensamiento a los lectores contemporáneos y ofrecerles una lectura que lleve menos de una hora y con la que conozcan los principales argumentos del filósofo inglés sobre libertad de expresión.

El debate sobre la libertad de expresión y los conflictos que puede presentar está reapareciendo en muchos ámbitos de la sociedad norteamericana, pero muy especialmente dentro del campus universitario. La sobreprotección de los estudiantes ante opiniones que pueden resultarles hirientes parece estar acabando con la posibilidad de discutir (la discusión, a menudo, se entiende como ataque). El desacuerdo entre ideas, lejos de suponer un incentivo para la búsqueda de la verdad, se ha convertido en un problema a la hora de mantener la estabilidad en el campus. Haidt (junto con Greg Lukianoff) ya abordó el tema en su obra The Coddling of the American Mind (2018)[1]. Tanto este libro como la actual edición de Mill, comparten una misma inquietud: ¿hay razones para discutir o defender cualquier opinión, aun a riesgo de resultar hiriente?

All minus one tiene su origen en la firme creencia de que «los avances intelectuales han progresado a través de la discordia y los desacuerdos, así como que una diversidad de opiniones garantiza que las ideas subsisten porque son correctas, no porque sean populares», como sostuvo en 2010 el juez Alex Kozinski[2].

Del mismo modo que sucede hoy, el principal problema al que se enfrentaba Mill en su época no era la censura del gobierno (a la que atiende la Primera Enmienda de la Constitución de EEUU). El problema estaba en la sociedad, que protegía una cultura en la que cualquier desvío de la opinión políticamente correcta se castigaba con la exclusión social, la destrucción de la reputación, etc… Nada de esto nos resulta especialmente extraño. Pero es hora de detenerse y preguntarse por el origen de este debate. ¿Por qué es importante la libertad de expresión en una democracia liberal moderna?

Primer argumento: ¿Y si la verdad está del lado del otro?

Así dice el primer argumento de Mill: «Es posible que la opinión del otro sea verdadera», por muy controvertida que suene. Negarse a escuchar la opinión del otro, dando por hecho que está en el error, supondría asumir que se tiene la certeza absoluta. En toda discusión silenciada subyace una creencia de infalibilidad. Aunque todos sepamos que somos falibles, muy pocos toman alguna precaución a la hora de sostener sus opiniones y creen estar en lo cierto sobre prácticamente cualquier asunto.

Hay mucha diferencia entre creer que algo es verdadero porque no se ha conseguido refutar y considerar que algo es verdadero por haber prohibido su refutación

Mill es consciente de las posibles objeciones que se plantean a su argumento. Quizá no haya una certeza absoluta, pero sí hay una garantía suficiente respecto de los fines de la vida humana. Es decir, si no obrásemos según nuestras opiniones por miedo a equivocarnos, dejaríamos por completo de actuar. Por tanto, debemos asumir nuestra opinión como verdadera para poder guiar la conducta. Y es precisamente esto lo que hacemos cuando prohibimos a otro difundir opiniones que consideramos falsas o dañinas. El problema, sostiene Mill, es que hay mucha diferencia entre creer que algo es verdadero porque no se ha conseguido refutar y considerar que algo es verdadero por haber prohibido su refutación.

Es evidente que nunca será suficiente la propia opinión para dirigirse correctamente. El ser humano necesita de la experiencia y de la discusión, puesto que sus opiniones no siempre son las más acertadas para los fines que busca. «Las opiniones y costumbres falsas ceden ante los hechos y los argumentos», afirma Mill. La discusión es necesaria para descubrir cómo interpretar la experiencia. Los hechos no suelen decir nada por sí mismos, hay que comentarlos para sacar a la luz su sentido. El único modo de hacer crecer el conocimiento humano respecto de cualquier asunto es escuchar los diferentes puntos de vista.

Muchas opiniones que hoy son aceptadas por la mayoría serán refutadas en el futuro. Y no sólo consideradas falsas, sino absurdas, como ha sucedido en épocas anteriores. Mill recalca lo irracional que resulta tomar como cierto aquello que todo el mundo defiende, considerando mundo como esa pequeña parte del espacio y el tiempo a la que nosotros pertenecemos, y sin tener en cuenta que estamos en esta parte concreta del mundo por casualidad: si hubiéramos nacido en otra seguramente defenderíamos una opinión bastante distinta.

El hombre sabio, lejos de evitar las objeciones y dificultades, las busca. Y sólo una vez conocidas y refutadas tiene derecho a pensar que su opinión es de más valor que la de cualquier otra persona que no haya hecho lo mismo.

Sin embargo, pese a que el sabio sostenga una opinión verdadera, quienes defienden la contraria pueden silenciarle si se lo proponen. Mill considera totalmente falsa la creencia de que la verdad triunfa por encima de cualquier persecución. «Los hombres no son más celosos de la verdad que del error, y con una intervención suficiente de la ley o mediante castigos sociales, generalmente, consiguen extinguir la propagación de ambos. (…) Se puede ver constantemente a lo largo de la historia, la verdad reducida al silencio por la persecución; y, cuando no se ha logrado suprimirla de modo absoluto, al menos ha sido retardada muchos siglos.»

«Nuestra intolerancia no mata a nadie pero induce a los hombres a ocultar sus opiniones o abstenerse de hacer cualquier esfuerzo por propagarlas»

En nuestra época, y en la de Mill, no se castiga con pena de muerte a quien disiente de la opinión políticamente correcta. «Nuestra intolerancia no mata a nadie, no extirpa los modos de pensar diferentes, pero induce a los hombres a ocultar sus opiniones o abstenerse de hacer cualquier esfuerzo por propagarlas». Las opiniones heréticas, por miedo al estigma social, se reducen a los pequeños círculos donde nacieron. Y así, pudiendo surgir grandes inteligencias, hombres francos y valientes, sólo podemos esperar puros esclavos del lugar común:

«El precio pagado por esta clase de pacificación (refiriéndose a silenciar la opinión contraria por medio de la presión social), es el sacrificio de todo el coraje moral del espíritu humano. Un estado de cosas en el que la mayoría de los espíritus activos e investigadores consideran que es prudente guardar para sí mismos los verdaderos fundamentos y principios de sus convicciones, y esforzarse, cuando hablan en público, por adaptar todo lo posible su manera de pensar a unas premisas que han rechazado interiormente, no puede dar lugar a esas personalidades abiertas y valientes y a las inteligencias lógicas y consistentes que alguna vez adornaron el mundo del pensamiento. La clase de hombres que se puede esperar bajo semejante régimen son meros esclavos del lugar común, o servidores ocasionales de la verdad, cuyos argumentos sobre las grandes cuestiones están condicionados por las características de su auditorio, y no son precisamente aquellos que les convencen.»

Pero esto no perjudica sólo a los disidentes. Los primeros dañados son aquellos que creen estar en la verdad defendiendo la ortodoxia, pues su desarrollo intelectual se detiene y su razón queda sometida por el temor a la herejía:

«Nadie puede ser un gran pensador si no reconoce que, como pensador, su primer deber es seguir a su inteligencia allá dónde le lleven los razonamientos». Afirma, por tanto Mill, que «gana más la verdad con los errores de un hombre que, después de estudio y preparación, piensa por sí mismo, que con las opiniones verdaderas de quienes las profesan sin haber hecho el esfuerzo de pensar por ellos mismos». Pueden aparecer, y aparecerán, grandes pensadores en épocas de esclavitud mental (piénsese en Epicteto, Primo Levi, Frankl… distintas figuras disidentes), pero, sostiene Mill, nunca ha existido, ni existirá, un pueblo intelectualmente activo allí dónde se da por concluida la discusión sobre los grandes problemas de la humanidad.

Segundo argumento: ¿Es verdadero conocimiento conocer sólo mi parte del argumento?

El segundo argumento propuesto por Stuart Mill dice así: «Aquel que conoce solo su parte del caso, conoce muy poco». Y lo desarrolla de este modo: aunque nuestra opinión sea la correcta, si no ha sido discutida por completo, con frecuencia y sin miedo, la sostendremos como un dogma muerto y no como una verdad viva. La lucha entre la verdad y el error es indispensable para lograr una comprensión clara y profunda de cualquier asunto.

En términos más actuales, lo que Mill propone es una revitalización completa del método del pensamiento crítico

«Asumir que se tiene la opinión verdadera, pero sosteniéndola como un prejuicio o creencia sin fundamentar, separada de sus argumentos, no es el modo en que un ser racional debería defender la verdad.» Que las opiniones sean verdaderas no implica que quien las sostiene conozca realmente esa verdad. Para ello es necesario ser capaz de defenderlas, dar razón de estas opiniones y argumentar contra las objeciones que se le plantean. De hecho, si no se conoce la opinión del contrario, no hay razón alguna para decir que se prefiere una a la otra. En términos más actuales, lo que Mill propone es una revitalización completa del método del pensamiento crítico. Esto supone la necesidad de enfrentarse a los propios prejuicios y la necesidad de aplicar la deducción racional en la defensa de nuestros puntos de vista, antes que los argumentos de autoridad o las imposiciones dogmáticas.

Para cumplir ese objetivo no basta con escuchar los argumentos contrarios en la boca de nuestros maestros. Para que el espíritu entre verdaderamente en juego, es necesario escuchar a aquellos que defienden firmemente esas opiniones, en su versión más convincente, «sentir toda la fuerza del problema con el que la verdad se ha de encontrar y hacerle frente; de otro modo, nunca poseerán esa parte de la verdad». Dialogar con los oponentes, ir a los textos, a los autores. El argumento es una defensa de la discusión serena y el debate como necesidad para el avance del conocimiento y como herramientas clave para el desarrollo de la inteligencia.

De nuevo, Mill se dispondrá a analizar los argumentos contrarios a su afirmación. Se dice que hay mentes sencillas que carecen de la ciencia y el talento necesarios para resolver discusiones difíciles, a los que les basta conocer la evidencia de los fundamentos de la verdad y que haya alguien, en cuya autoridad confíen, que responda y refute los argumentos en contra de esa verdad. Sin embargo, esto no debilita los derechos del hombre a la libre discusión. De hecho, para que esos conductores de la humanidad sean competentes en todo lo que deben saber, es necesaria la entera libertad para discutir, escribir y publicar sobre cualquier tema desde cualquier punto de vista.

La ausencia de discusión no sólo hace olvidar los fundamentos que tiene una opinión verdadera, sino el sentido de la misma. Se transforma en frases retenidas por rutina, que expresan una porción muy pequeña de lo que originariamente comunicaban, perdiendo la esencia de la cuestión. Recuerda Mill que «la tendencia fatal de la especie humana a dejar de lado las cosas de las que ya no tiene dudas, ha causado la mitad de sus errores».

Es cierto que algunas opiniones hoy aceptadas ya no tienen oponentes. Hay verdades que en la actualidad no son discutidas por nadie pero un día tuvieron sus disidentes. Por esta razón, allí donde una verdad fuese aceptada y desapareciese la ventaja de poder discutirla para fortalecerla, dice Mill, «confieso que me gustaría ver a los profesores esforzándose por encontrar un sustituto a ésta; algún tipo de artificio para hacer tan presentes a la conciencia de los alumnos las dificultades de la cuestión como si estuviese presionando sobre ellos un oponente, deseoso de su conversación».

Para Mill es superior la pericia socrática que la medieval, aunque «la mentalidad moderna debe a ambas mucho más de lo que en general quiere admitir»

Mill recuerda cómo la dialéctica socrática fue uno de los grandes medios para la comprensión viva e inteligente de la verdad. Funcionaba por medio de diálogos que consistían en una discusión negativa de las grandes cuestiones de la filosofía y de la vida, mostrando a los hombres que no habían hecho más que aceptar lugares comunes. Algo parecido sucedía durante las diputatio de las escuelas medievales. «Las escuelas de discusión de la Edad Media tenían un objeto similar [al socrático]. En ellas se buscaba asegurar que el alumno entendía su propia opinión y (por correlación necesaria) la opinión opuesta a la suya, y que eran capaces de reforzar los fundamentos de la primera y de confutar los de las segundas». Y eso, aunque algunos de los argumentos que aquí se presentaban fuesen argumentos de autoridad y no solo de razón. Para Mill es superior la pericia socrática que la medieval, aunque «la mentalidad moderna debe a ambas mucho más de lo que en general quiere admitir».

Tercer argumento: Dos opiniones opuestas pueden ser verdaderas

En su tercer argumento en defensa de la ventaja que supone la diversidad de opiniones y la discusión, Mill sostiene que «las doctrinas conflictivas comparten la verdad que hay entre ellas». La mayoría de las opiniones sobre aquello que no se puede tocar ni medir tienen una parte de verdad, aunque esa parte se exagere o distorsione, sea más pequeña o más grande, o deba ir acompañada de otras verdades para limitarla y complementarla.

Por esta razón, toda opinión que exprese algo omitido en la opinión comúnmente aceptada, o políticamente correcta, debe considerarse una opinión valiosa. Mill presenta como ejemplo el sano impacto que produjeron las paradojas de Rousseau, ante una sociedad completamente admirada por la civilización, las maravillas de la ciencia moderna y el progreso, deshaciendo la masa compacta de opinión-única y obligando a recombinar los elementos incluyendo nuevos ingredientes. «La verdad, en las grandes inquietudes prácticas de la vida, es ante todo una cuestión de combinación y de conciliación de extremos» afirma. El ser humano sólo puede alcanzar la verdad completa a través de la diversidad de opiniones, «aunque ni la más libre discusión impide la tendencia de las opiniones a convertirse en sectarias».

Por tanto, «el verdadero mal no es el conflicto entre las partes de la verdad, sino la silenciosa supresión de una parte; siempre hay esperanza cuando las personas están forzadas a escuchar las dos partes. Pero cuando se atiende sólo a una de ellas los errores se fortalecen convirtiéndose en prejuicios, y la misma verdad deja de tener efecto de verdad por ser exagerada hasta la falsedad.»

Para terminar, el pensador concede atención a aquellos que afirman la importancia de una libre expresión del pensamiento, siempre y cuando esta expresión se haga de manera moderada y no traspase ciertos límites. ¿Cuáles son esos límites?, ¿quién los fija? Piensa Mill que el criterio no puede ser que alguien se sienta ofendido, pues es muy posible que esto suceda cuando el ataque en la discusión es poderoso, fuerte y difícil de responder.

El modo en el que se sostiene una opinión, independientemente de su verdad o falsedad, puede ser objetable y ofensivo. Pero entre las ofensas que suelen darse en la discusión pública, Mill considera como las más graves «el argumentar sofísticamente, omitir hechos o argumentos, tergiversar los elementos del caso o deformar la opnión del oponente.» Aunque a menudo se llevan a cabo de manera inconsciente.

La peor ofensa que se puede hacer en una discusión es «estigmatizar a quienes defienden la opinión contraria como personas peligrosas e inmorales»

Sin embargo, la peor ofensa de este tipo que se puede hacer en una discusión es «estigmatizar a quienes defienden la opinión contraria como personas peligrosas e inmorales. A este tipo de calumnia suelen estar expuestos quienes sostienen opiniones poco populares o que nunca han sido defendidas, ya que suelen ser poco influyentes y nadie tiene intención de hacerles justicia.» Por esta razón, en interés de la verdad y la justicia es muy importante restringir el lenguaje violento y es necesario proteger las opiniones heterodoxas, por el valor de estas en orden al conocimiento y por su situación de desigualdad frente a la opinión más común.

Mill cierra el capítulo defendiendo que «la verdadera moralidad de la discusión pública consiste en ver y reconocer lo que realmente son los oponentes y aquello que representan sus opiniones, sin exagerar o tergiversar nada de lo que pueda perjudicarles y sin ocultar aquello que pueda favorecerles».

Una pregunta final: Por qué es Stuart Mill más oportuno que nunca

Podemos terminar con una sencilla pregunta: ¿por qué motivo Heterodox Academy, una asociación que defiende la posibilidad de disenso dentro de la universidad y que lucha por la libertad de expresión de los profesores, ha visto necesario publicar una edición abreviada de este capítulo de On Liberty, obra de sobra conocida?

Precisamente por la alarma que levanta la situación de los campus en EEUU: retirar las invitaciones realizadas a aquellos ponentes que pueden decir cosas contra el gusto de la mayoría (desinvitation, de–platform); miedo a la libre expresión (de la que muchos parecen querer liberarse y, de paso, prohibirla a los demás); avisos de peligro  (trigger warnings) por lecturas en las que se tratan temas que se supone que podrían causar trauma u ofender a alguien (se elige no enfrentar los motivos que provocan ansiedad, aunque este sería precisamente un consejo contrario al de cualquier psiquiatra); temáticas de las que no se puede hablar porque ya hay una ortodoxia ‘oficial’ u oficiosa o porque alguna ley llega incluso a prohibir su cuestionamiento, etc.

Heterodox Academy ha resucitado este texto para devolver a los universitarios (profesores y alumnos) un argumentario que les anime a exigir su derecho a pensar por sí mismos, a ejercer la crítica y a evitar por todos los medios un paternalismo que mataría por completo la misión de la universidad.

[1] Sobre la obra de Haidt y Lukianoff,  artículo en Nueva Revista.

[2] All minus one, Introducción.

María José Canel Crespo: «La comunicación de la Administración Pública. Para gobernar con la sociedad»

«En una sociedad que está cambiando su manera de trabajar, divertirse, relacionarse o comunicar, la Administración Pública se encuentra con el desafío de ponerse más en sintonía con la gente que sirve», afirma Canel en este volumen en el que ha vertido su saber y su experiencia.

María José Canel Crespo: "La Comunicación de la Administración Pública"

María Jose Canel Crespo: «La Comunicación de la Administración Pública. Para gobernar con la sociedad». Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2018.

María José Canel Crespo, doctora en Comunicación (Universidad de Navarra) y catedrática de Comunicación Política (Universidad Complutense de Madrid) fue también directora del gabinete de la ministra de Educación, Cultura y Deporte del gobierno de España en los años 2000-2004. Lo que vio y vivió allí la impulsó desde entonces a dedicarse a la investigación de la dimensión comunicativa de la Administración Pública, a profundizar en lo que para el sector público significa reputación, legitimidad, compromiso cívico, capital intelectual, cultura organizativa y confianza.

Haciendo un ejercicio de síntesis, Canel subraya: «Me atrevo a simplificar la descripción del reto que tiene hoy la Administración Pública como sigue: se consolida el perfil de un gestor y directivo público que tiene que ser a la vez comunicador, y el de un comunicador que al comunicar se convierte en un gestor público». Para conseguir ese perfil, «hace falta acabar con la torpeza de tener a gestores y líderes públicos «vendidos» por el desconocimiento de la comunicación (particularmente en la red)», y «hay que terminar también con la simpleza de relegar los comunicadores a cometidos puramente técnicos».

El libro consta de siete partes:

Marco introductorio

Hay un primero capítulo sobre el concepto de Comunicación de la Administración Pública. Sigue otro sobre los problemas que se plantean en la práctica y uno más sobre valor público intangible como concepto y principio que implícita o explícitamente preside el resto del texto.

Radiografía de los problemas de partida

Tratará tres problemas específicos con que se encuentra el gestor público al transmitir la Administración Pública: la desconfianza, la posverdad y la politización.

La comunicación de la Administración Pública e internet

El mundo off-line a veces ya no se entiende sin el mundo on-line. Por ello Canel dedica cuatro capítulos a lo que significa la comunicación de la Administración Pública en un nuevo entorno digital: el marco conceptual, el gobierno y la administración electrónicos, la transparencia y el gobierno abierto y la interacción en internet.

Escuchar para gobernar con la sociedad

Gobernar con la sociedad lleva consigo una permanente actitud de escucha. La autora dedica cuatro capítulos a este asunto: qué significa escuchar, qué es en la práctica (con un análisis de un caso específico), el papel de las expectativas y la aportación del big data.

Necesitamos organizarnos mejor

Para gobernar con la sociedad hace falta llevar a cabo una transformación de la cultura, pautas y maneras de organizar no solo la oficina de comunicación sino toda la Administración Pública. La quinta parte de este libro se dedica de manera detallada a asistir en tal reorganización: planteamiento estratégico, tareas, diseño del mensaje, vocería, coordinación y planificación de la comunicación.

Evaluar para retroalimentar

Propone enfoques, marcos y herramientas para evaluar lo logrado con la comunicación: no solo reenfocar la organización estratégica sino obtener conocimiento para retroalimentar el análisis de los conceptos, de los problemas, de la configuración en red y de la escucha.

Retos del futuro, enseñanza y aprendizaje

La séptima y última parte da pistas a profesionales, estudiantes, académicos y policy makers para poder mantener una actitud continuada de aprendizaje ante los retos que lleva consigo el comunicar para gobernar con la sociedad.

Canel aspira a persuadir a los profesionales de la Administración Pública de que la contingencia a la que están sometidos en sus trabajos se puede abordar de manera estratégica:

«Es posible inyectar algo de previsión y planificación en la tarea cotidiana de gestionar lo público relacionándose con la sociedad» (María José Canel Crespo)

Para ello, el nuevo directivo público ha de ser un agente de cambio que mejore las relaciones entre administraciones y públicos; que combine bien las exigencias del proyecto político con la defensa del interés general, la eficiencia y la imparcialidad; que combine la dimensión estratégica con la técnica y con la gestión de personas; que esté conectado socialmente, que tenga inteligencia política, que tenga habilidades sociales y que sea autosuficiente en lo económico.

 

«Atenas y Jerusalén», una reflexión desde Rusia sobre los pilares de Occidente

Lev Shestov (Kiev 1866-París 1938) es considerado el mayor filósofo existencialista ruso. Su obra magna, Atenas y Jersusalén (1938) resumen y culmen de toda su vida, recientemente publicada en España por Hermida Editores, deja la impresión de que es, más bien, un fabuloso ensayista literario. No sorprende, por tanto, que su influencia se haya dejado sentir en torno, sobre todo, a escritores como Albert Camus, Emil Cioran o Eugène Ionesco.

Por supuesto, ha leído y estudiado (¡y cuánto!) a los filósofos y ha sido estudiado por otros. Se inscribe por derecho dentro de la línea heterodoxa y contradictoria del pensamiento existencialista.

"Atenas y Jerusalén", Hermida. 530 págs, 25 euros.
«Atenas y Jerusalén», Hermida, 530 págs

Heredero de Friedrich Nietzsche, Søren Kierkegaard y Blaise Pascal, dialoga con Edmund Husserl, Martin Buber, Karl Jaspers o Martin Heidegger e influye en Sartre, Camus, Levinas, Bataille, Blanchot y Deleuze, entre otros. Pero Shestov, cuerpo de escolástico y alma de aforista, escribe un minucioso estudio filosófico que es una repentina sacudida literaria. Habita en la paradoja. Es hondo y claro. Mantiene una continua tensión alterna.

El punto de arranque de su ensayo, desde el mismo título, se pone en el epicentro de Occidente. Gregorio Luri, en La imaginación conservadora (Ariel, 2019) constata que Atenas y Jerusalén son los polos de atracción del alma europea; y que Europa se ha hecho a sí misma en gran medida a través de un esfuerzo continuado por resolver la tensión entre ellas, que son también las dos fuentes ancestrales de su nostalgia: la de la razón y la de la ley. «Vivimos —defendió Derrida en Violencia y metafísica— en la diferencia entre lo griego y lo judío».

Batalla sin cuartel contra la razón

Shestov toma partido por Jerusalén, aunque sería mucho más exacto decir que lo toma contra Atenas. Su bestia negra es el racionalismo. Atenas y Jerusalén, más que un libro, es una batalla sin cuartel contra la razón.

Deleuze habla de Shestov refiriéndose a su «repetición más empecinada» y él mismo reconoce que no importa cuánto contradigas el principio de no contradicción, «siempre será poco». El estribillo de su extenso ensayo será «la razón mata el misterio, mata la verdad». Al árbol del conocimiento opone el árbol de la vida.

Parece que Gregorio Luri estuviese comentando Atenas y Jerusalén cuando advierte: «Pienso que no es aún historia pasada el voluntarismo medieval de Ockham o el de ese Duns Scoto “tan cercano” al presentarnos un Dios arbitrario, que “no está vinculado ni siquiera con la verdad y el bien”». Ya Tertuliano había considerado que «toda filosofía es inútil y falsa, todos los filósofos son patriarcas de herejes, la curiosidad filosófica es inútil tras el Evangelio». Esta es la línea que continúa Shestov: reniega del intento de la Iglesia de conciliar fe y razón. Denuncia como un disparate que «a los hombres no les bastaba con “creer”; también querían “conciliar” su fe con la razón. Se hacían la pregunta: Cur Deus homo? [¿por qué se hizo hombre Dios?]».

Si sólo fuese eso, para tener un retrato completo de la polémica, bastaría equilibrar esta lectura con el breve libro de Joseph Ratzinger El Dios de la fe y el Dios de los filósofos (Encuentro, 2006), donde se defiende la compenetración entre ambas instancias, y se tienden los puentes entre Jerusalén y Atenas.

Shestov pertenece a esa curiosa especie capaz de estudiar profundamente aquello que detesta

Pero Shestov pertenece a esa curiosa especie, altamente intelectualizada, capaz de estudiar profundamente aquello que detesta. Su libro es un derroche de erudición y amenidad, un paseo tan nervioso como moroso por la historia de la Filosofía. Reniega de la razón, ejercitándola a la máxima potencia. No perdona a Parménides, ni a Aristóteles, ni a Séneca, ni a Tomás de Aquino, ni a Spinoza, ni a Hegel, pero ¡cuánto los ha estudiado! Con qué profusión los cita en sus lenguas originales y con qué transparencia los contradice.

Lo hace en nombre de la libertad y de la vida. En particular, le escandaliza que Dios pueda estar sometido al principio de no contradicción, a la necesidad de la lógica y a la universalidad de los conceptos. Séneca, condensando todo el racionalismo anterior, había dicho que «el mismo Creador y rector de todas las cosas obedece siempre, ordenó una sola vez». Aristóteles en la Ética a Nicómaco 1139, b, 10, consideró que «de una cosa Dios está privado: de hacer que no sucediera lo que ya sucedió». Shestov rechaza esas posiciones y defiende, para defender a Dios, el Deus ex machina.

Blande la existencia de los milagros, pero tanto que los convierte, en una prueba más contra el racionalismo, como si su función principal fuese socavar los sistemas filosóficos. G. K. Chesterton y C. S. Lewis también los defendieron, pero como la excepción con la que Dios, tímidamente, de vez en cuando, recordaba su señorío, que en líneas generales prefiere respetar como las reglas del juego de la libertad y la responsabilidad. Shestov, por el contrario, hace del hecho extraordinario un sistemático signo antisistémico.

 Joseph Brodsky: “Una cosa es nacer, todo el mundo nace; pero resucitar es enteramente otra cosa: es un milagro».

El poeta ruso Joseph Brodsky, en la entrevista con Peter Vail que cierra sus Poemas de Navidad (Visor, 2006), comentando la preferencia católica por la Navidad en contraposición a la ortodoxa por la Semana Santa, concluye: «Me parece que la diferencia primordial está entre el racionalismo occidental y el misticismo oriental. Una cosa es nacer (todo el mundo nace); pero resucitar es enteramente otra cosa: es un milagro».

Esa es la clave del libro de Shestov: la preferencia rusa por lo extraordinario. La clave de Atenas y Jerusalén radica en Moscú. Este libro es el despliegue filosófico del alma rusa. Puede observarse en un dato curioso. Gusta Shestov de citar profusamente a los autores en su lengua original. Durante todo el libro abundan los fragmentos en griego, el latín y en alemán. Pero cuando se acerca a su conclusión, aparece el ruso, con la fuerza de un desvelamiento. También se acude a Dostoievski más y más.

Con el alma rusa aparece el espíritu narrativo y el genio poético, que son las alas literarias de Atenas y Jeresalén. Con qué belleza da la vuelta a la imagen de Spinoza, según la cual, las piedras sometidas a la ley de la gravedad, si tuviesen conciencia, creerían que caen libremente. Shestov se revuelve afirmando que los hombres que no creen en su libertad no son más que, en efecto, esas piedras con conciencia.

En esta dimensión estética el libro alcanza sus mayores logros. Como sistema, no podría funcionar un libro obsesivamente antisistemático. En cambio, como llamada de atención hacia la existencia de otros modos de acercarse a la realidad, deviene impagable. «La objetividad no es en absoluto el camino indiscutible hacia la verdad», y, aunque Shestov no nos convence de que no sea un camino, sí nos abre caminos distintos.

Baggini: «Como el alcohol, la razón, cuando es demasiado pura, se vuelve indigestible y potencialmente tóxica”

Julian Baggini en su libro Breve historia de la verdad (Ático de los libros, 2018) nos ayuda a ver la importancia de estos otros caminos de acceso y la utilidad casi sanitaria que puede tener el rechazo del racionalismo de Shestov. Explica Baggini: «Como el alcohol, la razón, cuando es demasiado pura, se vuelve indigestible y potencialmente tóxica. La razón funciona mejor en una mezcla que incluye no sólo lógica, sino experiencia, evidencia, juicio, sutileza, sensibilidad y ambigüedad. La razón en su sentido más amplio y práctico es la capacidad de extraer conclusión sobre la base de argumentos sensatos. Sacamos conclusiones de muchas maneras y el método lógico-deductivo amado por los racionalistas no es ni siquiera la principal».

Con menos mesura, Shestov defiende esos otros senderos que llevan a la verdad. Nominalmente, el ruso defiende la fe como acceso a la verdad, pero, en realidad, defiende esos caminos enumerados por Baggini sin admitir la mezcla de la razón. El lector español no deja de lamentar que una mente tan poderosa como la de Shestov no viviese para conocer la propuesta irónica de Eugenio d’Ors. Según el filósofo catalán, los principios de contradicción y de razón suficiente podían articularse con los de participación y función exigida, sin necesitad de apostarlo todo a una sola carta.

Matizaciones aparte, el extremismo de Lev Shestov resulta muy atractivo, incluso para los que creemos más razonable dar su margen a la razón. Su defensa del individualismo y de la vida interior que le lleva a rechazar, con Dostoevski, el «todos nosotros» adquiere unos evidentes y emocionantes perfiles quijotescos. En tiempos como estos, tan amarrados a la razón científica, una rebelión tan total, puede ayudarnos a abrir el campo de visión y a aceptar que el humanismo porta una verdad existencial que también nos hace mucha falta.

Hans Rosling: «Factfulness. Por qué las cosas están mejor de lo que piensas»

Afirma el sueco Hans Rosling en Factfulness (conciencia plena de la realidad de los hechos) que todo lo que se lea en este libro es el resultado de dieciocho años de intensa colaboración entre su hijo, Ola Rosling, su nuera, Anna Rosling Rönnlund, y él, y apuntala el trabajo de la fundación Gapminder, creada por ellos en 2005 para «combatir la ignorancia mediante una visión del mundo basada en datos reales». En este ensayo Hans Rosling, nacido en Upsala en 1948, ha aportado la experiencia de toda una vida como médico, investigador y conferenciante sobre salud global. Ola y Anna se han encargado más específicamente del análisis de datos, de los gráficos y de las explicaciones visuales.

El 5 de febrero de 2016 a Hans Rosling le fue diagnosticado un cáncer de páncreas. Falleció el 2 de febrero de 2017. En ese año trabajó solo en esta obra, cuya coronación y promoción ya no vio. Escriben Anna Rosling Rönnlung y Ola Rosling (con fecha Estocolmo, 2018): «Trabajar en el libro había sido muy doloroso durante los últimos meses de su vida, pero fue extrañamente consolador en los meses inmediatamente posteriores a su muerte» (p. 297).


 

Factfulness Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas Hans Rosling | Ola Rosling | Anna Rosling Rönnlund

Hans Rosling, Ola Rosling, Anna Rosling Rönnlund: «Factfulness. Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas». Barcelona, Editorial Deusto, 2018.


El objetivo de este libro, según los autores y sobre todo según el autor principal, no es aportar un montón de estadísticas, sino proporcionar herramientas para pensar de manera sencilla, que ayuden a captar correctamente la imagen global y a mejorar la concepción de cómo funciona el mundo.

Rosling subraya que se aprecia una enorme ignorancia (no habla de estupidez ni de nada intencionado, sino simplemente de falta de conocimientos adecuados), y que las personas con mayor formación no puntúan mejor a este respecto, ni las más interesadas en estos temas tampoco.

Rosling, que fue profesor de Salud Internacional en el Karolinska Institutet,  ha puesto a prueba a audiencias de todo el mundo y de todos los ámbitos sociales con cuestionarios sobre salud global, pobreza y progreso. Eran estudiantes de medicina, profesores, conferenciantes universitarios, científicos eminentes, banqueros de inversiones, ejecutivos de empresas multinacionales, periodistas, activistas, e incluso destacados líderes políticos.

La mayoría, una rotunda mayoría, respondía incorrectamente a la mayoría de las preguntas de los cuestionarios. Algunos de los resultados más deplorables fueron en una ocasión los de un grupo de galardonados con el premio Nobel e investigadores médicos.

Datos optimistas y contrastables

-El 60 por ciento de las niñas en los países pobres finaliza la educación primaria.

-El porcentaje de personas que vive con menos de 1,9 dólares al día se redujo del 34 por ciento en 1993 al 10,7 por ciento en 2013.

-La media de esperanza de vida mundial para los nacidos en 2016 era de 72,48 años.

-Las muertes anuales como consecuencia de desastres naturales han disminuido el 75 por ciento a lo largo de los últimos cien años.

-Actualmente, el 88 por ciento de los niños de un año están vacunados contra alguna enfermedad.

-En todo el mundo, las mujeres de edades comprendidas entre 25 y 34 años han estado escolarizadas una media de 9,09 años, mientras que los hombres lo han estado 10,21 años.

-Ninguna de las especies clasificada de más amenazadas está en la actualidad más amenazada que lo estaba en 1996.

-La mayor parte de la población mundial, el 85,3 por ciento, tuvo cierto acceso a la red eléctrica en sus países.

En los últimos veinte años, la proporción de población mundial que vive en condiciones de pobreza extrema se ha reducido a la mitad, sin embargo, en un test con tres posibles respuestas (1. Casi se ha duplicado 2. Se ha mantenido más o menos estable 3. Casi se ha reducido a la mitad (esta es la respuesta correcta)), solo el 3 por ciento de los españoles acertaron, frente al 25 por ciento de los suecos. Los húngaros fueron «más pesimistas» aún que los españoles: solo el 2 por ciento de los húngaros acertaron. Y solo el 5 por ciento de los estadounidenses.

El que actualmente casi todos los niños del mundo estén vacunados significa que, en este momento, casi todos los seres humanos tienen algún tipo de acceso a servicios médicos modernos básicos. Sin embargo, la mayoría de la gente no lo sabe. Como término medio, solo el 13 por ciento (es el caso de también de España).

Los chimpancés aciertan más

Hay una visión falsa del mundo, sistemáticamente equivocada. Con sistemáticamente Rosling quiere decir que los resultados a las preguntas de sus cuestionarios eran peores que los que se obtendrían si los que respondieran no tuvieran ningún tipo de conocimiento. Los chimpancés, eligiendo al azar, obtendrían mejores notas.

Los errores de los humanos tienden a ir todos en la misma dirección: creen que el mundo es más aterrador, más violento y más desesperado de lo que es en realidad; las cosas van mal y parece que están empeorando; los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, y el número de pobres no hace más que aumentar; dentro de poco nos quedaremos sin recursos naturales a menos que hagamos algo drástico.

Pero la ignorancia no es únicamente un problema de actualización del conocimiento. En parte, es culpa también de los medios de comunicación, que venden sobre todo lo negativo. Y del propio desconocimiento de los líderes mundiales.

Ignorancia, medios de comunicación, líderes equivocados… y un factor explicativo más: el cerebro humano, programado con instintos que ayudaron a nuestros ancestros a sobrevivir en pequeños grupos de cazadores y recolectores.

El factfulness, el «ser consciente de la realidad», puede y debe convertirse según Hans Rosling en parte de nuestra vida diaria, como llevar una dieta sana y hacer ejercicio de manera regular. Así se estará en condiciones de tomar decisiones más acertadas y se evitará sentirse estresado por fantasmas.

Contra los tópicos

Nuestra tendencia a dividir el mundo en dos campos: nosotros contra ellos; la manera en que consumimos la información de los medios: basada en la explotación del miedo; el modo en que percibimos el progreso: creyendo que las cosas siempre empeoran: todo ello apunta a que

nuestro problema es que no somos conscientes de lo que no sabemos, e incluso cuando estamos informados nos dejamos llevar por sesgos inconscientes y predecibles.

Rosling defiende que pese a todas sus imperfecciones, la realidad económica y social del mundo es mucho mejor de lo que pensamos, lo cual no implica que no haya motivos para preocuparse ni cuestiones que no requieran una mejora urgente. Quedan múltiples problemas que resolver, pero los datos muestran que el mundo cada vez va mejor.

Sumario de Factfulness

Nota del autor
Introducción
Capítulo 1. El instinto de la separación 
Capítulo 2. El instinto de negatividad
Capítulo 3. El instinto de la línea recta
Capítulo 4. El instinto del miedo
Capítulo 5. El instinto del tamaño
Capítulo 6. El instinto de la generalización
Capítulo 7. El instinto del destino
Capítulo 8. El instinto de la perspectiva única
Capítulo 9. El instinto de culpa
Capítulo 10. El instinto de urgencia
Capítulo 11. El factfulness en la práctica
Las reglas de oro del factfulness
Conclusión
Agradecimientos
Apéndice. ¿Qué tal lo ha hecho tu país?
Notas
Fuentes

A continuación, extractamos las principales ideas del libro capítulo por capítulo.

Capítulo 1. El instituto de la separación.

Los Rosling llaman “instinto de separación” al estado de conciencia de quienes perciben sin matices un mundo de ricos frente a otro de pobres. Este es un error capital, según ellos. Porque “los países pobres están mucho más desarrollados y en ellos vive muchísima menos gente de la que creemos. La idea de un mundo dividido, con una mayoría atrapada en la miseria y la privación, es una ilusión (p. 46).” La mayoría de la gente, el 75 por ciento de la humanidad, no reside en países pobres ni en países ricos, sino en países de ingresos medios (p. 47).

Factfulness trabaja con cuatro niveles para la clasificación económica de la población mundial. Nivel 1: unos mil millones de personas pasan con 1 dólar al día. Eso es pobreza extrema. Nivel 2: cuatro dólares diarios. “La vida es ahora mucho mejor, aunque sigue siendo muy insegura”. Tres mil millones de personas sobreviven con esos cuatro dólares (p. 51). Nivel 3. Dieciséis dólares diarios: dos mil millones de personas se las apañan con esa cantidad (p. 52). Nivel 4. Se ganan más de 64 dólares al día (mil millones de personas). “La dificultad, cuando has conocido siempre este elevado nivel de ingresos [el del nivel 4], radica en entender las enormes diferencias entre los otros tres niveles” (p. 53).

El término “pobreza extrema” denota por definición unos ingresos diarios inferiores a 1,9 dólares. Las dificultades sociales y económicas de encontrarse entre los más pobres de un país rico no deberían pasarse por alto, “pero no es lo mismo que ser pobre de solemnidad” (p. 61). Las personas en la pobreza extrema en el nivel 1 “saben muy bien cuánto mejoraría su vida si pudieran pasar de ganar un dólar a ganar cuatro, y no digamos ya dieciséis dólares al día” (p. 62).

Hace 200 años, el 85 por ciento de la población mundial se encontraba todavía en el nivel 1 (p. 54).  Hace 20 años, el 29 por ciento de la población mundial vivía en la pobreza extrema. Ahora, esa cifra es del 9 por ciento (p. 71).

Un dato más para la esperanza aportan los Rosling en este capítulo. El índice de mortalidad infantil mide la temperatura del conjunto de la sociedad, no solo da información sobre la salud de los niños. Pues bien: no hay “ningún país en el que la mortalidad infantil haya aumentado” (p. 36). Desde 1965 hasta hoy, “el mundo ha cambiado por completo… la mortalidad infantil es muy poco común en la inmensa mayoría de los países, incluidos los más grandes: China e India” (p. 41).

Capítulo 2. El instinto de negatividad

La mayoría piensa que el mundo va a peor cuando en realidad “miles de millones de personas han logrado deslizarse del nivel 1 a los niveles 2 y 3 sin que la gente del nivel 4 se haya dado cuenta” (p. 72). Desconoce también la mayoría que la esperanza media de vida en el mundo en la actualidad es de 72 años; en 1800 era de 30 años (pp. 71-72).

La idea equivocada de que el mundo se deteriora es muy difícil de sostener si situamos el presente en su contexto histórico. Por ejemplo, cuenta Rosling: “La Suecia en la que nací en 1948 se encontraba en el lugar en que se encuentra Egipto en el mapa de la salud actual” (p. 76). En 1975, “Suecia, como la Malasia de hoy, estaba a punto de entrar en el nivel 4” (p. 77).

“Tu propio país también ha mejorado una barbaridad. Puedo decirlo con seguridad aunque no sepa dónde vives, porque todos los países del mundo han aumentado su esperanza de vida durante los últimos 200 años. De hecho prácticamente todos los países han mejorado en prácticamente todos los aspectos” (p. 78).

El instinto de negatividad se fomenta por el recuerdo equivocado del pasado. También debido a la información selectiva por parte de periodistas y activistas. Y finalmente por la sensación de crueldad si prevalece el optimismo ante otros hechos incontestables y perversos. Pero “no hay contradicción” en celebrar avances y continuar luchando para que haya más “sin ignorar los terribles problemas del mundo” (pp. 90-91).

Capítulo 3. El instinto de la línea recta

En este capítulo los autores defienden que la población del mundo no crece siguiendo una línea recta con pendiente positiva. La razón de fondo que alegan para que eso sea así: cada vez más seres humanos pasan de los niveles bajos al nivel de riqueza.

“El cambio radical que se necesita para frenar el rápido aumento de la población consiste en que el número de niños deje de aumentar. Y eso ya está sucediendo” (pp. 104-105). “Cuando nací, en 1948, cada mujer daba a luz como media a cinco hijos. Después de 1965, la cifra empezó a reducirse como nunca había sucedido antes. Durante los últimos 50 años se redujo hasta alcanzar la asombrosamente baja cifra media mundial de menos de 2,5” (p. 105).

Pronostica Rosling que la disminución del número de hijos por mujer “continuará mientras más personas salgan de la pobreza extrema, más mujeres tengan acceso a la educación y el acceso a los anticonceptivos y a la educación sexual siga en aumento. No es necesario que suceda nada drástico. Basta con más de lo que ya estamos haciendo” (p. 106).

Según los Rosling, “el único factor que guarda una estrecha relación con las familias numerosas” es «la pobreza extrema” (p. 110). “Es en los países con mayores índices de mortalidad infantil, como Somalia, Chad, Mali y Níger, donde las mujeres tienen más hijos: entre cinco y ocho” (p. 112).

“Salvar a los niños pobres no hace más que aumentar la población” parece una afirmación correcta, pero sucede justo lo contrario. Es “retrasar la salida de la pobreza extrema” lo que “no hace más que aumentar la población”. Cada generación que permanezca en la pobreza extrema dará origen a otra generación aún más numerosa. El único método eficaz comprobado para poner freno al aumento de la población es el de erradicar la pobreza extrema y mejorar las vidas de las personas, lo cual incluye proporcionarles educación y anticonceptivos. En esos casos, los padres de todo el mundo han decidido por sí mismos tener menos hijos (pp. 112-113). “Los hijos por mujer parecen volver a aumentar cuando las personas obtienen ingresos realmente elevados en el nivel 4” (p. 113).

En definitiva: “Muchas tendencias no siguen líneas rectas, sino que son curvas en forma de S, de tobogán, de montículo o de duplicación. Ningún niño ha mantenido jamás el ritmo de crecimiento alcanzado durante sus seis primeros meses de vida, y ningún padre esperaría que lo hiciera” (p. 122).

Capítulo 4. El instinto del miedo

Hace que prestemos atención a los peligros más improbables y que pasemos por alto lo más arriesgado (p. 146).

Desastres naturales, accidentes de aviación, asesinatos, fugas nucleares, terrorismo: ninguno de ellos mata a más del uno por ciento de las personas que fallecen cada año. Las causas aterradoras no son necesariamente las más peligrosas. “Nuestros miedos naturales a la violencia, la cautividad y la contaminación hacen que sobrevaloremos sistemáticamente esos riesgos” (pp. 147-148).

La razón por la que los desastres naturales matan a muchas menos personas en la actualidad “no es que la naturaleza haya cambiado. Es que la mayoría de las personas ya no viven en el nivel 1” (p. 130).

En 2016, cuarenta millones de vuelos comerciales de pasajeros aterrizaron sin problemas en su destino. Solamente diez acabaron sufriendo un accidente fatal: el 0,000025 por ciento del total. Pero “los vuelos sin incidentes no merecen aparecer en las noticias” (p. 134).

En 1986, había 64.000 cabezas nucleares en el mundo; actualmente, 15.000. “Así que no cabe duda: el instinto del miedo puede ayudarnos a eliminar cosas terribles de la faz de la Tierra. En otras ocasiones, el miedo distorsiona nuestra valoración de riesgos y provoca un daño terrible” (p. 138).

El 11 de marzo de 2011 se produjo el accidente nuclear de Fukushima. “La gente huyó de la provincia tan rápido como pudo, pero murieron 1.600 personas más. No fue la fuga radiactiva lo que las mató. Aquellas 1.600 personas perecieron en la huida. Incluso después del peor accidente nuclear de la historia, el de Chernóbil en 1986, cuando la mayoría de gente esperaba un enorme aumento del índice de mortalidad, los expertos de la OMS no fueron capaces de confirmarlo, ni siquiera entre los habitantes más próximos” a Chernóbil (p. 138).

“La mejora de las normativas no ha sido impulsada por los índices de mortalidad, sino por el miedo y, en algunos casos -Fukushima, DDT– el miedo a una sustancia invisible se ha desbocado y está causando más daño que la propia sustancia” (p. 142). Nos ha quedado un nivel de miedo generalizado a la contaminación química “que raya en la paranoia. Se le denomina quimifobia”, que lleva incluso al rechazo de las vacunas (p. 140).

Sobre el terrorismo: si bien ha ido en aumento en todo el mundo, en realidad ha ido disminuyendo en el nivel 4. “Desde 2001, ningún terrorista ha conseguido matar ni a un solo individuo secuestrando una aerolínea comercial. De hecho, cuesta imaginar una causa de muerte que mate a menos personas que el terrorismo en los países de nivel 4” (pp. 144-145).

Capítulo 5. El instinto del tamaño

“Prestar demasiada atención a una víctima individual y visible, en lugar de fijarnos en la cifras, puede llevarnos a emplear todos nuestros recursos en una pequeña parte del problema” (pp. 152-153). Porque lo que salva vidas de niños en los países de los niveles 1 y 2 no son los médicos ni las camas de hospital. “Casi todo el aumento de la supervivencia infantil se debe a las medidas preventivas”, a invertir en “escuelas de educación primaria, formación de enfermeras y vacunas. Los grandes e imponentes hospitales pueden esperar” (pp. 154-155).

En 2016 murieron 4,2 millones de bebés. “Es algo absolutamente terrible y aún peor si sabemos que prácticamente todos murieron a causa de enfermedades fácilmente evitables”. Pero en 2015 la cifra fue de 4,4 millones, y en 2014 de 4,5. En 1950 había sido de 14,4 millones. “De repente, esa cifra terrible empieza a parecer más pequeña. De hecho, nunca ha sido más baja” (p. 156).

El mensaje del “instinto del tamaño” es el siguiente: “Nunca creas que una cifra puede ser significativa por sí misma… pide siempre, como mínimo, otra más. Algo con lo cual compararla” (p. 155). Hay que poner las cosas en proporción. Además: “¿Te han dado una larga lista? Busca los conceptos mayores y ocúpate de ellos en primer lugar. Es bastante probable que sean más importantes que todos los demás juntos. Divide. Las cantidades e índices pueden explicar historias muy distintas. Los índices son más significativos, especialmente si se comparan grupos de diferente tamaño” (p. 169). Tanto si se trata de medir el VIH, el PIB, las ventas de teléfonos móviles, los usuarios de internet o las emisiones de CO2, “la medición per cápita casi siempre será la más significativa” (p. 167).

Capítulo 6: El instinto de generalización

Rosling cuenta una anécdota de cuando pasó un verano de prácticas en un hospital de India. Venía él, sueco de nacimiento y residente en Suecia, con un acendrado complejo de superioridad. Pero se dio cuenta en ese tiempo de que sus compañeros estudiantes indios de Medicina sabían más que él, estaban más preparados que él y trabajaban mejor que él. “Recuerdo toda aquella experiencia como la primera vez en mi vida que tuve que cambiar mi visión del mundo: dar por sentado que yo era superior por el hecho de venir de donde venía, la idea de que Occidente era lo mejor y que el resto nunca estaría a la altura” (p. 180).

África es un continente inmenso: tiene 54 países y 1.000 millones de habitantes. La habitan personas en todos los niveles de desarrollo. No tiene sentido hablar de “países africanos” o “problemas africanos”. “Sin embargo, la gente lo sigue haciendo constantemente. Eso tiene consecuencias ridículas, como que el ébola en Liberia y Sierra Leona afecte negativamente al turismo en Kenia, situada en el otro extremo del continente, a cien horas de distancia en coche. Una distancia mayor que la que hay entre Londres y Teherán” (p. 186).

Las generalizaciones erróneas, pues, “son bloqueadores mentales para todo tipo de razonamientos” (p. 173). Cuando muchas personas son conscientes de una generalización problemática, se denomina estereotipo. “Con mucha frecuencia, la gente habla de la raza y del género estereotipando” (p. 172).

Afirman los autores: “Podríamos llenar todo un libro con imágenes que muestran las sorprendentes similitudes entre personas que viven con los mismos ingresos en diferentes países, y las enormes diferencias con que viven las personas dentro de un mismo país” (p. 181).

Hay que llevar también mucho cuidado con el término “mayoría”: “La mayoría significa solo más de la mitad. Pregúntate si se refiere al 51 por ciento, al 99 por ciento, o a un porcentaje intermedio” (p. 192).

Capítulo 7. El instinto del destino

Es el pensamiento de que las características innatas determinan los destinos de las personas, de los países, de las religiones y de las culturas. Es la idea de que las cosas son como son por razones inevitables e inexorables: siempre han sido así y nunca cambiarán (p. 194).

En cierta ocasión, un grupo de importantes gestores financieros invitó a Rosling a que les diera una charla porque a esos intermediarios “les costaba mucho hacer entender a sus clientes que las inversiones más rentables ya no se encontraban en las capitales europeas que alardeaban de sus castillos medievales y calles adoquinadas, sino en los mercados emergentes de Asia y África” (p. 193).

Rosling sostuvo que los mejores lugares para invertir en la actualidad eran probablemente “aquellos países africanos que acababan de vivir décadas de rápidas mejoras en cuanto a educación y supervivencia infantil”. Mencionó a Nigeria, Etiopía y Ghana (p. 194).

Al final de la conferencia, se le acercó un oyente y le dijo: “”Bueno, he visto sus cifras y he escuchado lo que ha dicho, pero me temo que hay más posibilidades de encontrar una bola de nieve en el infierno que ver a África salir adelante. Lo sé porque he trabajado en Nigeria. Está en su cultura, ¿sabe? No les va a permitir crear una sociedad moderna. Jamás” (p. 194).

Pero las culturas, las naciones, las religiones y las personas no son rocas. Son objeto de constante transformación (p. 197). “El instinto del destino hace que nos resulte difícil aceptar que África pueda ponerse a la altura de Occidente”. De tal manera que, por ejemplo, “el progreso de África, si es que llega a apreciarse, se considera un golpe de suerte casual, una pausa temporal de su destino pobre y asolado por la guerra” (p. 200).

Los valores machistas que se observan en muchos países asiáticos y africanos no son valores asiáticos o africanos. No son valores musulmanes. No son valores orientales, según Rosling. “Son valores patriarcales como los que encontrábamos en Suecia hace tan solo sesenta años, y, con el progreso social y económico, desaparecerán, igual que desaparecieron en Suecia. No son inalterables” (p. 208).

En 1900, el 0,03 por ciento de la superficie terrestre estaba protegida. Actualmente, un asombroso 15 por ciento de la superficie de la tierra es objeto de protección, y la cifra sigue aumentando.

“Algunos estadounidenses ven a Suecia como un país socialista, pero los valores pueden cambiar. Hace algunas décadas, Suecia llevó a cabo la que probablemente fue la más drástica liberalización del sistema de educación pública y ahora permite que haya escuelas totalmente privadas que compitan entre sí y obtengan beneficios (un valiente experimento capitalista)” (p. 210).

Nkosana Dlamini-Zuma, presidenta de la Unión Africana de 2012 a 2017, le comentó a Rosling en 2013, opinando que al final África será más relevante que Europa: ”Son mis nietos los que irán a visitar su continente y viajarán en sus trenes de alta velocidad y visitarán ese exótico hotel de hielo que, según tengo entendido, tienen ustedes en el norte de Suecia. Llevará mucho tiempo, ya lo sabemos. Harán falta muchas decisiones inteligentes y grandes inversiones. Pero mi visión dentro de cincuenta años es que los africanos seremos turistas bienvenidos en Europa y no refugiados no deseados” (p. 212).

Para “controlar el instinto de destino”, no hay que confundir “un cambio lento con la ausencia de cambio.” Hay que mostrarse «abierto a nuevos datos y preparado para ir actualizando tus conocimientos” (pp. 209-210). Y “si te sientes tentado de afirmar que los valores son inalterables, trata de comparar los tuyos con los de tus padres o tus abuelos (o los de tus hijos o nietos). Intenta conseguir sondeos públicos de tu país de hace treinta años. Casi seguro que verás un cambio radical” (p. 210).

Capítulo 8. El instinto de la perspectiva única

Hay que abrir la puerta a la complejidad. Combinar ideas. Ceder. Resolver los problemas caso por caso.

“En lugar de hablar únicamente con personas que están de acuerdo contigo, o de recopilar ejemplos que se ajusten a tus ideas, trata con personas que te contradigan, que estén en desacuerdo contigo y plantea ideas diferentes como un excelente recurso para entender el mundo” (p. 217).

Ser inteligente, ser bueno con los números, tener un alto grado de formación, ganar un Premio Nobel, “no es un atajo para llegar a tener un conocimiento global de los hechos. Los expertos solo son expertos en su campo” (p. 219).

“Igual que Cuba es el más pobre de los países sanos debido a su fijación en una única idea [marxismo], Estados Unidos es el más enfermo de los países ricos [culpa: un tipo de capitalismo que mata la asistencia sanitaria pública básica]” (p. 228). Estados Unidos “gasta más del doble per cápita en asistencia sanitaria que otros países capitalistas del nivel 4…, pero 39 países tienen una esperanza de vida mayor” (p. 230).

Lo anterior, según Rosling, prueba que “cualquiera que afirme que la democracia es una necesidad para el crecimiento económico y las mejoras en el ámbito de la sanidad corre el riesgo de que la realidad le contradiga. Es mejor reivindicar la democracia como un fin en sí misma en lugar de como un medio superior para lograr otros objetivos que nos gustan” (p. 233). “No se trata de uno u otro. Se trata de las dos cosas y hay que ir caso por caso” (p. 233).

Un consejo más dentro de este capítulo sobre perspectiva única: “Si has analizado un problema en profundidad, puedes acabar exagerando la importancia de ese problema o de tu solución. Recuerda que ninguna herramienta sirve para todo” (p. 234). “La historia está llena de visionarios que utilizaron visiones utópicas sencillas para justificar actos terribles” (p. 235).

Capítulo 9. El instinto de la culpa

Encontrar lo que parece una razón clara y sencilla por la cual ha sucedido algo malo da al traste con nuestra capacidad de construir una conciencia verdadera del mundo y basada en datos reales (pp. 238-239). Si realmente se quiere cambiar el mundo, hay que “entender cómo funciona en realidad” y olvidarse “de darle una bofetada a alguien en toda la cara” (p. 255).

Por ejemplo: “Culpar de un accidente aéreo a un piloto que se duerme no nos ayudará a evitar futuros accidentes. Para ello deberíamos preguntar: ¿Por qué tenía sueño? ¿Cómo podemos elaborar normas que eviten que haya pilotos que se duerman en el futuro?” (p. 239).

Tampoco los periodistas tienen la culpa de todo: “No demonicemos a los periodistas: tienen las mismas concepciones absolutamente equivocadas que el resto del mundo” (p. 244).

Capítulo 10. El instinto de la urgencia

Cuando estamos asustados, presionados por el tiempo y planteándonos los peores escenarios, “tendemos a tomar decisiones realmente estúpidas. Nuestra capacidad de pensar de manera analítica puede verse superada por la necesidad de tomar decisiones rápidas y actuar inmediatamente” (p. 260).

Las medidas no se han de adoptar “impulsadas por el miedo y la urgencia, sino por datos y análisis desapasionados” (p. 266). Cuando hay que pasar a la acción, a veces la acción más útil “es mejorar los datos” (p. 267).

“Las personas que intentan resolver un problema sobre el terreno, las cuales siempre querrán recibir más fondos, tampoco deberían ser las encargadas de medir sus avances. Ello podría dar lugar a cifras realmente engañosas… Los datos deben utilizarse para decir la verdad, no para llamar a la acción, por muy nobles que sean las intenciones” (pp. 271-272).

Lo anterior hay que aplicarlo también al cambio climático: “Es un riesgo mundial demasiado importante para ignorarlo o negarlo, y la inmensa mayoría del mundo lo sabe. Pero también es demasiado importante para dejarlo en manos de los peores escenarios y de profetas apocalípticos” que procuran sobre todo llamar la atención (p. 267).

“El porcentaje de personas que viven atrapadas en la pobreza extrema es menor que nunca. No obstante, todavía quedan 800 millones de personas en esas condiciones. A diferencia de lo que sucede con el cambio climático, no necesitamos predicciones y escenarios. Sabemos que 800 millones de personas están sufriendo ahora mismo. Sabemos también cuáles son las soluciones: paz, escolarización, asistencia sanitaria básica universal, electricidad, agua limpia, inodoros, anticonceptivos y microcréditos para que las fuerzas del mercado puedan ponerse en marcha” (p. 277).

“No te estoy diciendo que no te preocupes. Te digo que te preocupes por las cosas que te tienes que preocupar” (p. 278). 

Consejo: “Cuando tu instinto de urgencia se activa, tus otros instintos se ponen en marcha y tu capacidad de análisis se bloquea. Pide más tiempo y más información. Casi nunca se trata de ahora o nunca y casi nunca se trata de una cosa u otra… Si algo es urgente e importante, debería medirse. Cuidado con los datos relevantes pero inexactos, o exactos pero irrelevantes. Solo son útiles los datos relevantes y exactos… Las mejores prácticas y graduales y la evaluación de sus consecuencias son menos dramáticas, pero, habitualmente, más eficaces” (p. 279).

Capítulo 11. El factfulness en la práctica

Una última advertencia: mejor las estadísticas que las noticias para llegar a la compresión de un mundo sin dramatismos. Rosling recomienda estudiar la conferencia de Alan Smith Why you should love statistics (“Por qué debieran gustarte las estadísticas”).

“Depende de nosotros, como consumidores, aprender a consumir las noticias con una mayor conciencia de la realidad de los hechos, y ser conscientes de que las noticias no son muy útiles para entender el mundo” (p. 290).

Emilio del Río: “El latín ha sido durante miles de años la lengua de comunicación, como ahora el inglés»

Emilio del Río (Logroño, 1963) es profesor de Filología Clásica, diputado y portavoz popular en la Comisión de Cultura del Congreso. Pertenece además al Consejo Editorial de Nueva Revista. Desde hace años dirige la sección Verba volant del programa No es un día cualquiera (Radio Nacional), un espacio divulgativo en el que demuestra que seguimos hablando latín sin saberlo.

Ese es el origen del libro Latín lovers (Espasa) en el que Del Río evoca, de forma amena, el legado de la cultura romana y cómo somos deudores no sólo de la lengua, sino también de la forma de ver la vida. Y ahí entra la gastronomía, el calendario, la religión, el dinero, la felicidad…

Con ejemplos del flamenco, la novela o el cine, el autor traza una entretenida miscelánea de 53 capítulos, que se pueden leer sin seguir un orden, en la que demuestra que conocer la lengua de Horacio y Virgilio nos ayuda a entender el mundo contemporáneo.

-Qué aspira usted con Latín lovers, ¿demostrar que el latín puede ser divertido o despertar vocaciones humanísticas?

-Las dos cosas. Horacio dice que hay que enseñar deleitando. Este es un libro con contenido humanístico pero transmitido de manera divertida. Porque el latín es divertido, pero hay que saber hacerlo atractivo.

-Quizá ese ha sido el problema de muchos profesores…

-Es importante que los profesores sepan contagiar el entusiasmo por las humanidades (o por cualquier otra materia). Cuando uno estudia algo es porque ha tenido previamente un gran profesor que le han inducido a tener amor por esa materia, sea biología, humanidades…  Lo cuenta Albert Camus cuando le conceden el Premio Nobel y le escribe esa famosa carta a su maestro, monsieur Germain, y reivindica el papel de los buenos profesores.

-Existe la percepción social de que las Humanidades son poco prácticas…

-Y eso influye en el menor interés que despiertan respecto a las ciencias. Quizá en humanidades haya que hacer un esfuerzo pedagógico mayor, porque estamos en un mundo en el que se valora mucho más lo práctico, como escribe Nuccio Ordine en ese libro delicioso, La utilidad de lo inútil.

-¿Usted tuvo un profesor que le contagió el amor por las humanidades?

-Especialmente mi maestro y mentor filológico en la Universidad, y también, en la política: Antonio Fontán, catedrático de Latín, que además fue fundador de Nueva Revista.

 Sería bueno que en Secundaria, Bachillerato y F.P. se estudiara algo de Humanidades. En Alemania y Francia estudian más años de Latín que nosotros

-¿Por qué quiso estudiar Filología clásica?

-Porque me gustaba. Había hecho ciencias en el Bachiller, y en vez de hacer una ingeniería opté por Filología. Cuando se lo conté a mi padre, un hombre humilde que había sido pastor, recuerdo que me dijo “No sé ni lo que es, pero hagas lo que hagas, hazlo bien”.

-Antiguamente se decía “el que vale, vale y el que no a letras». ¿De qué le han servido a usted?

-Más allá de ganarme la vida como profesor titular de Universidad, me ha servido para entender mejor el mundo que nos rodea. Las humanidades te ayudan a entender la vida, y comprender tus raíces. Por eso sería bueno que en Secundaria, Bachillerato y FP se estudiara algo de Humanidades. En Alemania y Francia estudian más años de latín y humanidades clásicas que nosotros.

-¿Aunque luego se decanten por las STEM?

-Claro, porque las humanidades proporcionan una base formativa compatible luego con cualquier profesión. Una base para ser ciudadanos más críticos y más libres, y para evitar que nos manipulen o tomen decisiones por nosotros. ¿Es que hay algo más importante que formar ciudadanos críticos y libres?

-Dice usted que los estudiantes de Medicina deberían estudiar latín y griego ¿por qué?

-El vocabulario médico viene en su mayor parte del griego: hay cantidad de neologismos que se han ido acuñando a partir del griego para definir enfermedades o denominar órganos, y lo mismo pasa en biología, botánica etc. El griego y el latín les ayudaría a comprender mejor su propio trabajo.

En el mundo anglosajón es muy común estudiar una carrera de Humanidades y después hacer un máster y acabar en puestos de gestión

-Scott Hartley, inversor de Silicon Valley, asegura que hace falta directivos que sepan lenguas clásicas y recuerda que altos ejecutivos de Youtube, Linkedin o Paypal estudiaron Humanidades.

-Es una costumbre muy común en el mundo anglosajón estudiar una carrera de humanidades y después hacer un máster de empresa o de otro tipo y acabar en puestos de gestión, en la función pública o en empresas privadas. De hecho, en escuelas politécnicas de EEUU o en facultades de ciencias tienen algunas asignaturas de latín y griego porque eso te da otra visión del mundo, te estructura la cabeza. O sea, que para gestionar las empresas también las humanidades son necesarias.

-Pero aquí en España, las humanidades están arrinconadas…

Precisamente, desde la comisión de Cultura, hemos conseguido que el Congreso haya aprobado por unanimidad instar al Gobierno a que el latín y el griego sean declarados patrimonio de la Humanidad en España. Es una forma de advertir que nuestra manera de ver el mundo provienen de la cultura clásica. Pero sería necesario, además, una mayor presencia del latín y el griego en la Enseñanza Media. A los dos meses de llegar al Elíseo, Macron pidió a su ministro de Educación que pusiera más latín en secundaria.

-Usted cuenta en el libro, a modo de introducción, que en La vida de Brian, los Monty Pithon se preguntan ¿Qué han hecho los romanos por nosotros? ¿Y bien?

-Aunque esa escena es una parodia resume muy bien el legado de los romanos. ¿Qué han hecho por nosotros? se preguntan los del Frente de Liberación de Judea y dicen: el regadío, las calles, el vino… y la paz. Realmente se lo debemos todo. Y algo más que no dicen los Monty Pithon: el latín, que hablamos todos sin saberlo. Las lenguas derivadas del latín están por todo el mundo.

Newton escribe en latín, Linneo que da nombre y apellido a todas las especies, lo hace en latín. Hasta el siglo XVIII no se puede comprender ni leer la ciencia sin esa lengua

-¿El inglés también?

-Aproximadamente el 60% del léxico inglés proviene del latín. Para aprender el inglés, el latín es un instrumento extraordinariamente positivo.

-Hasta el brexit viene del latín, dice usted en su libro.

-Hasta para salirse de Europa, los ingleses utilizan el latín. Porque brexit está formado por las iniciales de Britannia (Br.), que es el nombre que le dieron los romanos a las islas, y por exit que es un latinismo: salida, como nos indican los letreros de los aeropuertos, compuesto de ex (fuera) y de ire del verbo eo, is, ire: ir. Irse fuera. De hecho muchos latinismos nos vienen a través del inglés, como las palabras curriculum o snob.

-¿Qué más debemos a Roma?

-El derecho. Igual que el latín, el Derecho se ha expandido por todo el mundo y con el derecho, el concepto de ciudadano, la relación de los ciudadanos entre sí y con la res pública. Y eso lo inventan los romanos. Incluso la misma idea de Europa. Si tenemos este proyecto político y económico ilusionante de futuro es por sus raíces clásicas y por el humanismo cristiano.

-La lengua, el vino, la religión (romana), hasta la ciencia nos llega con el latín…

-Es que hasta el Renacimiento se hablaba y se escribía en latín. Y eso incluye la ciencia: Newton escribe en latín, Linneo que da nombre y apellido a todas las especies, lo hace en latín. Hasta el siglo XVIII no se puede comprender ni leer la cultura ni la ciencia sin esa lengua.

Un hispano de hace dos mil años no entendería nuestra conversación, pero identificaría muchas de las palabras

De hecho seguimos hablando en latín: per cápita, facsímil.

-Por eso, el subtítulo de Latín lovers es “la lengua que hablamos sin darnos cuenta”: y no sólo por los latinismos (déficit, per cápita, superávit) sino también por palabras que se han mantenido igual durante tres mil años, como rosa. Un hispano de hace dos mil años no entendería nuestra conversación, pero identificaría muchas de las palabras.

-Por eso, dice usted que no es una lengua muerta

-Claro, el latín como el griego no son lenguas muertas sino inmortales. Son materiales resistentes, han sobrevivido a todo…

-Igual que conceptos de la cultura clásica…

-Por ejemplo nos pasamos la vida preguntándonos qué es la felicidad: en la cultura romana había una respuesta: es lo que siente el bebé cuando está mamando. Felicitas viene de felix, la misma raíz de thelé en griego que significa teta y el verbo “dar de mamar”. De la misma raíz viene, en latín, femina (mujer) que significa la que amamanta, A partir de ahí tenemos el derivado filius y filia, hijo e hija. Hijo en latín es, literalmente, el que mama.

Hasta la palabra italiana pizza viene del verbo ‘pinsare’ que significa aplastar o pisar un pan cocido

-Los romanos incluso tomaban pizza, como nosotros.

-Tomaban una pizza como la nuestra, aunque no con todos los ingredientes, faltaba el tomate -aún no se había descubierto América-, pero llevaban queso, pescado, salchichas… Y hasta la palabra italiana pizza viene del verbo pinsare -del que se deriva nuestro piso– que significa aplastar o pisar un pan cocido. En Pompeya, con la erupción del Vesubio, se conserva las pizzas hasta partidas en ocho porciones.

Fíjese que hasta en la Eneida se menciona la pizza, pero con otra palabra, mensa. Así lo cuenta Virgilio: Eneas, que es un refugiado de la guerra de Troya, se queda en la Península Itálica, porque come pizza y entonces recuerda una profecía de su padre Anquises, que decía “cuando te comas la mesa, allí te quedaras”. Y es que la base de harina de la pizza en latín es mensa. La misma palabra que sirve en latín para mesa, significa también la base de la harina de la pizza.

-Cuenta usted que España aportó a Roma el vino, el aceite, Séneca…

-En efecto. Todo va un poco unido. España era una potencia, en ese sentido, porque el vino y el aceite, y también el jamón hispanos eran muy valorados por todo el Imperio. Y este desarrollo económico da origen a una clase potente que hace que conquisten el poder en Roma. De ahí vendrán algunos personajes ilustres de origen hispánico, como los Trajano, los Adriano o los Séneca.

España aportó mucho a Roma y no sólo en política o en cultura, sino también en gastronomía… Dio, por ejemplo, un ingrediente universal que se tomaba en todo el mundo conocido, el garum, una salsa hecha con pescado, que se hacía en Cádiz, y que acompañaba a todos los platos. Era el ketchup de la época.

El autor, en un momento de la entrevista.
El autor, en un momento de la entrevista.

¿Se adelantaron los romanos  al lenguaje abreviado de los whatsapp con los graffiti?

-Claro, y con las abreviaturas. En realidad, esto es así desde el comienzo de la escritura. Pero desde Roma se incorpora a la cultura hasta nuestros días. Un ejemplo muy claro es el apelativo Pepe para los José. Viene de Sanctus Josephus, Pater Putativus Christi (San José, considerado padre de Cristo), pero como esto quedaba muy largo, lo escribían abreviadamente Sanctus Josephus, P.P. Christi. Y la gente leía “P.P.” (Pepe). Y como la Constitución de Cádiz, se aprobó el día de San José, se llamó la Pepa.

-La “nada” da para mucho: el latín le sirve a usted como hilo conductor para enlazar a Homero con el capitán Nemo. Podría explicarlo.

-“Nadie” es como dice Ulises que se llama cuando le clava la estaca al gigante Polifemo, de forma que cuando escapa de la cueva y los otros cíclopes le preguntan quién lo ha hecho, Polifemo responde “Nadie”.

Y Nemo (Nadie) se llama el capitán de Veinte mil leguas de viaje submarino, porque él quiere ser nadie, no quiere saber nada con el mundo que le rodea, no tiene pasado.

Curiosamente cuando en los tanatorios decimos eso tan socorrido de “no somos nadie”, no reflejamos la verdad. Porque Nadie viene del latín nati, del verbo nascor, nascere (nacer). Nati significa nacido. Nadie, por lo tanto, significa nacido. Luego  todos, los nacidos, sí somos Nadie.

Los epigramas de Marcial eran el tuit de aquella época. Y Séneca y los estoicos piensan en frases cortas y sentenciosas

A algunas expresiones latinas les demos un sentido equivocado. Carpe diem no es tanto vivir a lo loco, como aprovechar el presente ¿no es así?

-Vivir el presente y no preocuparse más allá de lo razonable del mañana. Carpe diem es aprovechar, literalmente, el fruto del día (carpus, fruto), sacando lo positivo hasta en las situaciones más complicadas. Quiere decir aprovechar la vida, no desperdiciarla.

-Dice usted que “las esculturas y relieves eran la tele de la época”… su estilo recuerda a Indro Montanelli

-Montanelli es un referente de la divulgación y un clásico total, con su Historia de Roma. Y con esa frase pretendo hacer ver donde se educaban los ciudadanos romanos, con las pinturas, los relieves o las frases breves… mensajes gráficos.  Los epigramas de Marcial eran el twitt de aquella época. Y Séneca piensa en 140 caracteres; los estoicos piensan en frases cortas y sentenciosas: eso es Twitter.

-¿Y el circo era el fútbol de los romanos?

-Claro. La famosa expresión de Juvenal, Panem et circenses, habla de circo en plural, subrayando que con un poco de pan bastaba pero era importante dar mucha diversión al pueblo. Y criticaba a este por conformarse con el espectáculo y no implicarse en la cosa pública. A la gente le daba todo igual mientras tuviera pan y diversión, pan y circo, pan y fútbol.

-¿Se podría decir que el latín era como el inglés de aquella época, el idioma mundial?

-Sin duda. El latín ha sido durante miles de años la lengua de comunicación del mundo conocido, como ahora el inglés. Primero el latín, luego el español, o el francés, y actualmente el inglés, que se ha convertido en la koiné o lengua común. Ahora bien, habrá que ver si el inglés es capaz de batir el récord del latín, más de 1.500 años o 1.600 años, como gran vehículo de comunicación.

Marta Martín Llaguno: «No sabemos el número de profesores que necesita España»

Marta Martín Llaguno, portavoz de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados para asuntos de educación, ha inaugurado esta mañana el foro de reflexión académica para la mejora de la universidad, que dirige Rafael Puyol, presidente del Consejo Asesor de UNIR.

Martín Llaguno, catedrática de Deontología Publicitaria en la Universidad de Alicante, ha dividido su exposición en dos bloques: asuntos urgentes, mejora de la autonomía y rendición de cuentas, por una parte; reformas estructurales por otra.

Mejora de la autonomía y rendición de cuentas

Ciudadanos ha elaborado un borrador de ley para la mejora de la autonomía universitaria y rendición de cuentas que promueve la transparencia y la regeneración. Aspira a «más rendición de cuentas en el gobierno de la universidad», «protección a denunciantes de corrupción universitaria», «transparencia en los trabajos académicos», un «sistema de selección de plazas por mérito y capacidad», «más control de las cuentas» y «financiación adicional por resultados». Martín Llaguno ha dicho que no es solo una reacción al «caso Cifuentes». Esos puntos contribuirían a elevar «el nivel académico».

Ciudadanos desea también que el consejo social de las universidades esté «integrado mayoritariamente por miembros independientes elegidos por cada comunidad autónoma», por medio de «procedimientos abiertos y objetivos basados en el mérito y en la capacidad». Un asunto central es el «desarrollo de la alta inspección educativa del Estado». El punto es la supervisión real para que «las comunidades autónomas y las universidades cumplan la legislación nacional sobre títulos, profesorado y gestión».

Con esta batería de medidas se contribuiría a «despolitizar las universidades», y a que el consejo social no fuera como un apéndice del rector. Martín Llaguno ha subrayado que la «alta inspección educativa» y «la expedición de títulos» es un deber del Estado, que actualmente no cumple de forma escrupulosa.

Ciudadanos luchará para que todas las universidades cuenten con «unidades de auditoría y control de inversiones, gastos e ingresos». Dichos gastos e ingresos se «registrarán en un informe público, que se elevará anualmente al Tribunal de Cuentas y al órgano autonómico competente».

Según Martín Llaguno, todo lo anterior se podría conseguir de forma relativamente fácil si Ciudadanos ganara las elecciones. Para lo que sigue, haría falta pactar con otros partidos.

Reformas estructurales

Aquí Ciudadanos propone cinco medidas:

1. Reforma de la gobernanza. 2. Mejora de la eficiencia (racionalización de títulos, mejora de las agencias evaluadoras, en especial de la ANECA). 3. Apuesta clara por la internacionalización. 4. Un nuevo sistema de contratación para la retención y atracción de talento. 5. Apuesta clara por la flexibilización de títulos, por la universidad dual y por el maridaje empresa-universidad.

Glosando ese catálogo, Martín Llaguno ha aludido a la necesidad de que las universidades no se empeñen en ser todas iguales, y de superar un corporativismo que no beneficia al país, por ejemplo, uniformar por uniformar la duración de las carreras. Sobre la ANECA, pide que mejore en la acreditación de las titulaciones, que sea «capaz de detectar anomalías» y que supervise las prácticas universitarias.

Con los nuevos tiempos y las nuevas tecnologías, la flexibilización de títulos viene dada de por sí.

Martín Llaguno se ha extendido en la necesidad de prestar atención a las salidas profesionales. Para ello hay que potenciar la universidad dual, como se está haciendo en el País Vasco (en contacto con el mundo de la Formación Profesional). Y ha abundado en la racionalización del gasto. En concreto, habría que fijar muy bien la RPT (relación de puestos de trabajo), las «plazas estructurales» (necesarias) de profesores y personal no docente, algo que actualmente no se hace. La calidad de las titulaciones habría que medirla también por la capacidad que dieran para obtener un puesto de trabajo.

Miguel Ángel Garrido Gallardo (editor de Nueva Revista), Rafael Puyol (presidente del consejo asesor de UNIR) y Marta Martín Llaguno. Foto: © Josema Visiers
Miguel Ángel Garrido Gallardo (editor de Nueva Revista), Rafael Puyol (presidente del Consejo Asesor de UNIR) y Marta Martín Llaguno. Foto: © Josema Visiers

Entre los asistentes a la conferencia se hallaban Zulima Fernández (catedrática de Organización de Empresas en la Universidad Carlos III), Federico Morán (catedrático de la UCM y presidente de la Fundación para el Conocimiento madri+d), Álvaro Cuervo (presidente de CUNEF), Luis Delgado (SEPIE) y José Ramón Pin Arboledas (IESE). Estos cuatro últimos han hecho algunas observaciones.

La ponente, en respuesta a sus comentarios, ha contestado que no le gusta usar el PIB para medir la inversión en educación, entre otros motivos porque si el PIB baja, baja la inversión. Habría que utilizar el coste real del puesto universitario. Acreditarse como profesor era como «sacarse el permiso de conducir: da derecho a conducir pero no a comprarse un coche». El comprarse el coche equivale en el símil al puesto de trabajo en la universidad. Esa es «una falacia con la que se está haciendo mucho daño a los profesores jóvenes» y «no sabemos la cantidad de profesores que necesita este país». Una vez que se conociera la relación de puestos necesarios, habría que blindar el número de plazas. Ahora ocurren fenómenos como la disparidad de tasas de matrículas entre las diversas comunidades autónomas por falta de transparencia en la financiación.