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«El dinosaurio», de Augusto Monterroso

A mis amigos hermeneutas

Señoras y señores:

«Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí».
Fin del cuento El dinosaurio.

Este microcuento que acabo de leerles, del escritor guatemalteco  Augusto Monterroso, ha gozado de fama singular entre los aficionados al género narrativo. No cabe duda de que su misma brevedad lo hace interesante, pues quizá sea el más breve de los cuentos breves que jamás se hayan escrito. Su valor de originalidad radica no tanto en lo que el cuento dice, como lo que con él se sugiere. Debido a su parquedad y laconismo  —virtudes clasicistas que de pronto hacen su aparición en el contexto posmoderno al que la pieza indudablemente pertenece— queda abierto, no a una, sino a múltiples lecturas de cuyo larguísimo elenco quisiéramos dar aquí botón de muestra.

Primera lectura de El dinosaurio

Probablemente la lectura más obvia y directa sería ésta: Un personaje (no nos preguntemos ahora si es  hombre o mujer, la diferenciación sexual del protagonista tendrá más importancia en alguna de las interpretaciones que quedarán registradas más tarde) ha estado durmiendo  por un cierto tiempo. Ha soñado que  un dinosaurio, un lagarto terrible  —recuérdese la etimología del término— ha hecho acto de presencia  en su vida. En pleno siglo XX, este animal prehistórico ha venido a atacarle, y el personaje, tratando de evitar una muerte horrorosa, ha despertado para librarse de las garras de su enemigo. Más cuando sale de su sueño para volver a la realidad, ve con espanto que el dinosaurio de la pesadilla es un bicho de carne y hueso, una presente realidad física de la que va a ser incapaz de zafarse. Anticipamos la muerte segura del personaje, precedida de momentos angustiosos; comprendemos su pasmo y frustración cuando se da cuenta de que no hay escape posible. ¿Influencias? Estamos ante un cuento fantástico en el que sueño y vigilia se entremezclan para dar un resultado sorpresivo e inquietante, muy en la tradición borgeana y cortazariana, como muchos de ustedes habrán sabido colegir.

Segunda lectura

Una lectura más graciosa que la anterior, sin abandonar la línea mágica que hace un momento apuntábamos, nos presentaría al personaje despertando de un sueño en el que no había  dinosaurio alguno. No, no se impacienten ustedes, porque ahora mismo  voy a explicarme. Pensemos en un sueño dulce, sosegado, reparador, poblado de delicadas imágenes. De pronto el durmiente sale de esta grata ensoñación, sólo para comprobar que el dinosaurio, un dinosaurio que, por lo visto, ya estaba allí cuando nuestro personaje se echó a dormir, continúa en el mismo sitio. Esta lectura tiene, como digo, un sesgo humorístico, en el sentido de que nos presenta un mundo acostumbrado a la presencia real de dinosaurios. El personaje, indiferente a la circunstancia de que un reptil enorme y feroz está sentado a su vera, se echa a dormir como si tal cosa, sin importarle en absoluto la proximidad de criatura tan temible. ¿No es cómico ese contraste? ¿No nos produce hilaridad lo   grotesco de la situación? Ya inmersos  en este discurso —desde luego imposible cronológicamente—, podemos dar un paso más y aventurar que personaje y dinosaurio son amigos. Tal vez la relación entre ellos es la que suele darse entre un amo y su perro, o entre un domador y su fiera. A lo mejor se trata, en efecto, de un   domador de dinosaurios. Elaboremos sobre esta posibilidad: poco antes de   la actuación circense en la que ambos van a actuar, el domador ha decidido echarse una siesta al lado del bicho; y cuando despierta, comprueba con alegría que su inseparable y fiel compañero sigue donde estaba. Imaginemos la desesperación del pobre hombre en caso contrario; su ansiedad y desconsuelo si el dinosaurio hubiese decidido abandonarlo para siempre, comprometiendo así su modus vivendi. Hemos de tener claro que sería difícil para esta persona buscar otra manera de ganarse el sustento, sien- do la doma de dinosaurios, muy probablemente, una de las artes más exigentes y sacrificadas que cupiera imaginar, de un especialismo acaparador  y absorbente, incompatible con cualquier otro tipo de ocupación.

Otras interpretaciones

Pero hay todavía más. Caben posibilidades distintas si jugamos con la   identidad del durmiente. Pues, ¿no  podría ser este otro dinosaurio? En caso afirmativo, el narrador estaría limitándose a contarnos un hecho sobremanera trivial: el despertar de un dinosaurio que, como es lógico, vive entre otros ejemplares de su misma especie y cuando abre los ojos ve cerca de él a uno de sus hermanos. No es ésta, desde luego, la mejor lectura, pero sí tan legítima como las  otras y como la que nos presentaría (volviendo ahora a un durmiente  humano) la siguiente situación: la de un niño, por ejemplo, que tiene un dinosaurio de juguete, un objeto con forma de dinosaurio, y que cuando despierta observa con alegría que el animalito está todavía allí, en su mesilla de noche, sin que nadie se lo haya quitado. Podría muy bien tratarse de uno de esos dinosaurios de goma, pintados de verde, que se ven en muchos escaparates y que suelen  estar rodeados de otras especies igualmente artificiales: tortugas,   culebras, pulpos, ranas, etcétera.

Pero supongamos que el término «dinosaurio» es una expresión metafórica y que el narrador está refiriéndose a un individuo humano que por sus características físicas o temperamentales merece que se le atribuya ese nombre. ¿No hemos conocido todos al tipo dinosáurico? Amenazador, grande, pelmazo, incapaz de hacer distinciones, dispuesto siempre a reaccionar de manera violenta,  desconocedor de los buenos modales y de la palabra conciliadora o cortés. Sí, rara será la persona que no haya tenido contacto con gentes de esa clase: energúmenos enamorados de la acción directa, del golpetazo y del mordisco. Pues bien, el dinosaurio del cuento bien podría ser uno de ellos. A lo mejor el durmiente estaba participando en una reunión de sociedad a la que habían asistido varias personas, entre ellas un individuo especialmente agresivo, desagradable y cargante. Aburrido por las impertinencias de este Heliogábalo,  el protagonista se retira a un rincón y da un par de cabezadas; y cuando despierta, comprueba con desmayo que el dinosaurio no se ha marchado, que todavía está allí, aguando la fiesta y estorbándolos a todos.

Más esperanzadora sería una lectura policial del cuento: un delincuente ha sido prendido por la autoridad y cumple su condena tras los  barrotes de una celda; el carcelero   dormita a la puerta del calabozo, y   cuando despierta (quizá sobresalta- do por no haber sabido permanecer   alerta durante su turno de servicio),   se tranquiliza al ver que el preso, es   decir, el dinosaurio, no se ha escapa- do. O quizá el valor metafórico del   término no tanto se refiera al carácter y modales de la persona, como a su asombrosa ancianidad. A lo mejor el dinosaurio de la historia es uno de esos vejestorios que todavía se arrastran por el mundo desafiando toda regla biológica imaginable;  una de esas reliquias prehistóricas que, a pesar de verse constantemente asaltadas por enfermedades y   achaques, no acaban de hincar el pico. Vuelvo a preguntar: ¿quién no ha visto alguna vez estos ejemplares de museo? ¿Es que no les viene como anillo al dedo el apodo de marras? ¿No son, efectivamente, dinosaurios que han sobrevivido milagrosamente a los estragos del tiempo?

De la lectura sexual a la patológica

Y llegamos al discurso sexual. Porque como habrán podido ustedes imaginar, esta opción no podía quedar excluida de nuestro repertorio. Hacerlo sería ignorar una constante que, salvo rarísimas excepciones,  forma parte de toda modalidad contemporánea de expresión artística. No soy yo, precisamente, un abogado del pansexualismo ni un devoto de Freud. Pero reconozco el acierto, siquiera parcial, de sus afirmaciones. Ahora se trata de una mujer que despierta. Su hombre sigue allí, en la cama; un hombre al que, no sabemos si peyorativa o afectuosamente, ella ha dado en llamar «dinosaurio».

El  apelativo podría revelar dos actitudes antagónicas: o bien la mujer  detesta la brutalidad y torpeza sexuales de su compañero, o bien se deleita en su extraordinaria virilidad. Puede que la palabra sea un eufemismo para referirse a la magnitud de los atributos masculinos del tipo. En este segundo caso, la recién despertada recuerda el encuentro coital que horas antes ha tenido con su voluminoso Romeo, y se afirma en su dicha de hembra vaginalmente satisfecha.   A su lado, durmiendo aún, descansa la dulce bestia. La mujer lo siente respirar, palpa su enorme cuerpo para cerciorarse una vez más de que el titán no se ha ido. Rápidas imágenes eróticas cruzan el magín de la enamorada: erecciones permanentes, magníficos falos, enormes redondeces testiculares. En fin, para qué seguir.

Quedan aún por mencionar, en esta provisional enumeración de lecturas, la patológica y la que, por falta de mejor fórmula, podríamos calificar de filosófico-existencial. Si optamos por la primera, tendrán por fuerza que venirnos a la memoria los nombres de Poe y de Quiroga: el dinosaurio como una especie más de la fauna alcohólica, comparsa del ciempiés, de la rata y de la víbora. Todo es desmesurado en el delirium tremens del borracho que da las últimas boqueadas y que ve, entre otras muchas alimañas gigantescas, un monumental dinosaurio presto a triturarlo entre sus fauces.

Y en cuanto al simbolismo suprafísico del relato, nada más fácil que establecer una conexión entre esa fiera que no se marcha, que está todavía allí cuando el personaje despierta, y la pertinaz presencia de   nuestras obsesiones, fobias, vértigos. El pensamiento temido solo nos abandona, y no siempre, durante las horas de sueño. Mas permanece al acecho y vuelve a hacérsenos visible  —entiéndase bien, a los ojos de la conciencia— en cuanto regresamos al estado de vigilia. Sí, el dinosaurio está siempre allí. ¿Quién se atrevería a no reconocer la inmensa verdad del mensaje que el cuento de Monterroso conlleva? ¿Quién no ha experimentado en su alma el hondo males tarde tener que vivir con el pensamiento aterrador e insoslayable de nuestra finitud, de nuestra insignificancia, de nuestro fatal abocamiento a una muerte que ansiamos y tememos al mismo tiempo? Resonancias de Quevedo, de Sartre, de Unamuno y de Heidegger pueden apreciarse clara y distintamente en el texto del guatemalteco. Y me detendría yo ahora a desmenuzarlas si no fuera porque ya he dedicado a ellas mi volumen Semiótica del Dinosaurio en el pensamiento existencial europeo desde el Barroco a nuestros días, de próxima aparición.

He dicho.

Kurosawa: Mis películas favoritas

SIEMPRE HE DESEADO tener mis propios cines, a los que llamaría «Cines Kurosawa», porque en ellos se exhibirían mis películas favoritas. Sí, actualmente hay grandes cines, pero en la mayoría no se exhiben buenas películas. Las buenas se ponen siempre en los cines pequeños, y encima terminan pronto. Hay muchas buenas obras que los jóvenes de hoy deberían conocer. Por eso he hecho una lista de películas que proyectaría en mi propio cine, si lo tuviera. Quisiera que las vierais todas pero quizá sean demasiadas; las hay anteriores y posteriores al cine hablado. Por ejemplo, en El hundimiento de la casa Usher (Francia, 1928, Jean Epstein), uno de los personajes toca la guitarra al son del movimiento del mar; a pesar de ser una película muda podemos escuchar la guitarra y el rumor de las olas. ¡Es cierto! Algunos amigos míos me comentaron que después de verla en color y con sonido ya no les apetecía verla; lo entiendo perfectamente. Cómo diría… su expresión va más allá de la simple imagen.

DEL CINE MUDO AL HABLADO

Las películas contienen muchos modos de expresión. Creo que hay que volver al origen del cine. Cuando me propongo dirigir una película siempre empiezo pensando cómo la haría si se tratara de cine mudo.

Al principio el cine hablado era casi infantil, pero pronto todo el mundo lo asimiló y se empezaron a hacer películas muy buenas. La sinfonía inacabada (Alemania-Austria, 1933, Willi Forst), por ej emplo, es una obra muy bella, que explica el misterio de por qué Schubert no terminó esa obra. Cuando la música de Schubert empezó a sonar, la imagen y la música se reunieron como en un solo cuerpo.

El Congreso se divierte (Alemania, 1931, Erik Charell) fue la primera película que utilizó el sistema de playback. En aquel tiempo, en Japón no podíamos imaginar cómo lo hicieron ni que técnica utilizaron. Pero gracias a esa película, aprendimos que una música grabada anteriormente podía simular la interpretación de una orquesta. Por ello, esta película significa un hito en la historia del cine.

Durante los primeros tiempos del cine hablado, los directores se concentraron demasiado en el sonido y la música. Lo mismo sucedió con la aparición del color. Pero todo es cuestión de tiempo.

EL COLOR

Un día, hace ya muchos años, Henri Langlois, el fundador de la Cinemateca francesa, me dijo: «Tienes que rodar una película en color». Le contesté: «Es que no me gustan las películas en color». Después de la conversación me mostró una película en color llamada Iván el Terrible (URSS, 1944-46) y me dijo que había sido rodada hacía ya 20 años por Eisenstein. Vi la escena del banquete y no me podía creer que fuera tan antigua. Era magnífica. Desde entonces empecé a rodar en color.

Para empezar, rodé una película llamada Dodeskaden (1970) y luego Kagemusha (1980), ya más en serio. Pensé enseñársela a Langlois, quien me había animado a hacer películas en color; pero antes de haberla acabado yo, Langlois falleció. Me sentí fatal. Al preestreno de Kagemusha vinieron Billy Wilder y su esposa. Les hablé de la historia de Henri Langlois, y la señora Wilder me dijo: «Langlois ha muerto, pero su espíritu vendrá al festival de Cannes para ver su película en color, señor Kurosawa» . Desde ese año empecé a asistir al festival de cine de Cannes. Aquella conversación con los Wilder fue publicada en un periódico de Cannes, y el día del festival Mary Melson, la mujer de Henri Langlois, vino a visitarme. Fue un día maravilloso.

JOHN FORD ES MI MAESTRO

Hay muchos directores influyentes en el mundo. En mi caso, ha sido fundamental la influencia de John Ford. En una de sus películas, había una escena en la que un señor prendía un cigarrillo en el fuego de una lámpara. Yo lo repetí en una de mis películas; quería saber si eso era posible o no. Hoy en día, la gente que se dedica al cine no habla mucho sobre las películas; pero antes, cuando veíamos una película o una buena escena, nos inquietaba y durante días no hablábamos de otra cosa.

Ford es el director de películas como La diligencia o Pasión de los fuertes. Sobre todo esta última me sirvió de modelo para mis películas

John Ford tiene obras de carácter social como Qué verde era mi valle (EE.UU., 1941) o La ruta del tabaco (EE.UU., 1941), pero quiero decir que para mi John Ford es el director de películas como La diligencia (EE.UU., 1939) o Pasión de los fuertes (EE.UU., 1946). Sobre todo esta última me sirvió de modelo para mis películas. John Ford me apreciaba mucho. Una vez, la reina de Inglaterra organizó una reunión para celebrar mi película Trono de sangre (Japón, 1957). Estaba esperando que empezara la película cuando un señor se sentó a mi lado; entonces le vi cara a cara. ¡Qué sorpresa! Era John Ford. Luego aun me sorprendió más todavía cuando me dijo que había estado en Japón varios años antes, al término de la Segunda Guerra Mundial para controlar las operaciones militares de los japoneses. En esa ocasión visitó mi estudio mientras rodaba Los hombres que pisan la cola del tigre (Japón, 1945). Yo sabía que habían llegado unos militares americanos, pero ignoraba que uno de ellos fuera John Ford. Me dijo que dejó una nota para mí: «Saludos al director» y me preguntó si lo había recibido o no. Desde entonces mantuvimos una relación muy cordial; él me llamaba cariñosamente «Akiiiira» (risa).

EL DIRECTOR QUE MEJOR HA TRATADO EL AGUA : TARKOVSKI

Jean Renoir fue a visitarme al hotel de París en el que me hospedaba. Un empleado del hotel llamó por teléfono a mi habitación y me anunció que había alguien esperándome en el recepción del hotel. Bajé en seguida y vi a un señor que estaba de pie. Me dijo: «Es un honor conocerle». Yo no me sentí muy cómodo porque Jean Renoir era un director muy importante. Era demasiado cortés conmigo. Esa misma noche me invitó a cenar a un restaurante francés muy pequeño. Estábamos solos y la comida era deliciosa. Cuando nos despedimos, me acompañó hasta el coche y se quedó allí hasta que el vehículo se perdió de vista al doblar la esquina. Este detalle me emocionó mucho. En Japón no hay mucha gente que haya tenido la oportunidad de charlar con Jean Renoir.

En mi vida he conocido mucha gente en varios lugares del mundo. Tengo buena relación con John Ford, Andrei Tarkovski, Theo Angelopoulos, Nikita Mikhalkov, etc.

Siguiendo con los directores de cine, a Sidney Lumet lo conocí por primera vez en casa de William Freedkin, con ocasión de una fiesta que éste organizó para gente del cine. Disfrutábamos de nuestra conversación a solas, pero la gente de alrededor no nos lo permitió y nos dijo que ellos también querían participar en nuestra interesante conversación (risas). Tengo un buen recuerdo de esa cena. Entonces tuve una idea para un nuevo proyecto, pero no tenía suficiente dinero para costearlo. Toda la gente que estaba allí quiso ayudarme a buscar dinero y aunque al final no pude llevarlo a buen fin, todos colaboraron activamente.

Lumet es una persona muy interesante. Una vez empieza a hablar, no para, y así, hablábamos sin terminar… Corno sabes, en la ciudad de Nueva York cada manzana es muy grande. Como director, me parece muy duro rodar en esa ciudad, porque es necesario cambiar muchas veces de lugar de rodaje. Un día me encontré a Mamet en Nueva York patinando por las calles con unos patines que había comprado en una tienda de juguetes. ¡Imagínate! El pobre ayudante de dirección hacía lo que podía para seguirle arriba y abajo. Lumet es uno de mis mejores amigos.

Tenía muy buena relación con Tarkovski. Antiguamente, yo tenía un despacho en un Hotel llamado Akasaka Prince Hotel, en Tokyo. Una vez él pasó por allí para saludarme. Era nuestro primer encuentro. Tarkovski vio el paisaje de la noche de Akasaka desde la ventana de mi despacho, el mismo que luego utilizaría para la escena de la ciudad del futuro en la película Solaris (URSS, 1972). Claro, no fue simplemente una escena de Akasaka sino que utilizó diversas técnicas con espejos para conseguir efectos de reflexión de luz. Cuando vi esta película en Moscú, me sentí un poco raro porque en ella aparecía una autopista igual que la que utilizo para ir de mi casa al trabajo. A pesar de estar en Moscú, me sentí en aquel momento como si estuviera viajando a mi despacho.

Me gustan todas las obras de Tarkovski: Solaris (URSS, 1972), Sacrificio (Suecia, 1986) y otras. Quiero decir que es el director que mejor ha rodado escenas de agua, en lagos, charcos, etc. En todos ellos se puede ver el fondo. Las tomas de agua son muy difíciles porque normalmente el cielo y las nubes se reflejan en la superficie y no podemos apreciar el agua en sí. Cuando rodé la película Yume (Los sueños de Kurosawa, 1990), en la escena del pueblo y el molino quería sacar el río al estilo de Tarkovski. ¿Sabes que hice? Cogí una grúa muy grande y tapé el cielo con una enorme tela negra. Así pude evitar los reflejos y tomar una imagen del agua del río en la que podía verse hasta el fondo.

Los protagonistas de Solaris están en el interior de una base espacial y sienten una especie de añoranza, siempre pensando en la Tierra: y sus elementos. Por eso hay tantas escenas de naturaleza, como esas plantas que se ven en el fondo del río. Cuando estaba contemplando esa película tuve deseos de volver a la Tierra, aunque ya me encontrara en ella. Los productores pidieron a Tarkovski que cortara algunas escenas de naturaleza porque, según ellos, había demasiadas. Pero, como comenté antes, estas escenas son muy importantes y él se negó rotundamente.

Sus obras son muy complejas, pero creo que es un director excelente. Son muy diferentes a otras películas. Su padre era un poeta muy famoso y él heredó el talento de los poetas.

Los siete samurais

El me comentó que le gustaba ver mi película Los siete samurais (Japón, 1954) áritesde rodar sus propias películas. Sin embargo, yo también veo Andrei Rublev (URSS, 1966) antes de hacer las mías. Tarkovski era un hombre muy simpático y agradable. En una de mis visitas a Europa, supe que estaba enfermo en el hospital. Quise visitarle e intenté buscar el hospital pero no lo conseguí. Tenía que irme corriendo al aeropuerto para coger el avión a Japón, así que no pude verle. Luego murió. Para mí era…como un hermano.

LA MEJOR OBRA: LA CANCIÓN DEL CAMINO

Empecé a tener relación con Theo Angelopoulos por casualidad. Le conocí en una presentación de una película a los críticos. Me preguntó si me gustaba cierto director muy famoso en aquella época. Pensé un momento cómo tenía que contestarle, pero al final le dije: «no me gusta», porque de verdad no me gustaba. El me contestó: «A mí tampoco» (risas). Desde entonces mantenemos una buena relación. Cuando vi su película El viaje de los cómicos (Grecia, 1975), me sorprendió que en una sola escena rodara desde que el protagonista sale de la prisión hasta que vuelve a trabajar en la calle. La cámara gira 360 grados y tal vez el equipo de rodaje tuvo que correr para no salir en el plano. Pero hay una cosa que quiero comentar. Si observamos bien esta película, en la última parte los actores tienen una actitud muy nerviosa porque como se equivocó al rodar en una toma, se tuvo que repetir de nuevo una escena tan larga (risas).

Pero eso también le pasaba a Mizoguchi. Al principio de mi carrera rodé una escena de cuatro minutos en una sola toma y pensaba que era muy largo, claro que hoy en día eso ya no es nada. Luego, rodé una escena de 16 minutos y emocionado fui a contárselo a Angelopoulos. Él me contestó que había hecho una película de un solo corte desde el principio al final ¿Cómo lo hizo? Como la cinta sólo tiene 1.000 pies de longitud, tuvo que unir una con la otra y para evitar el corte, aprovechó la sombra de la espalda de uno de los actores, cuando la pantalla se volvía negra, de modo que el corte no se notaba. ¡Imagínate!

Cuando hablo del tema de los directores, siempre recuerdo a Satyajit Ray. Mi mujer me dijo que nunca había conocido a una persona tan respetable. Era muy grande y tenía unos ojos negros brillantes y un carácter muy tranquilo. Tenía un carácter profundamente indio. Sus películas fluyen como la corriente del río Ganges. Enorme, fuerte, se mueve sin prisas. Todas sus obras son buenas, pero La canción del camino (India, 1955) es para mi una de las mejores películas de la historia. La vi con el director Nekojiro Honda y estuvimos de acuerdo en que es una película muy buena; después de verla, ya no nos apetecía ver otras.

Un día fuimos a una fiesta en la casa de Ray. Era verano, pero esa noche hacía mucho frío. Mi mujer es muy friolera. Como él es una persona muy sensible, se nos acercó en seguida y dijo: «¿Tu mujer está bien? Como hace frío podéis marcharos para que no os enfriéis». Gracias a sus palabras pudimos marcharnos tranquilos y sin remordimientos de ser descorteses. Era una gran persona. Como tú sabes, el director Bertolucci rodó una película sobre Buda. Pero para mí, sólo Ray puede rodar una película sobre Buda y además interpretar su papel.

En India hay unos árboles llamados Gajuma. Sus ramas, al tocar el suelo echan raíces, de modo que las ramas sé convierten en árboles. Por eso hay algunos árboles de más de 1.000 metros cuadrados de tamaño. Hace un tiempo me pidió que le identificara con una palabra y yo le dije : «Eres una gran persona, solo tú podrías ser un árbol de mil metros de tamaño». Era una persona magnífica.

PENSE QUE ERA UNA PERSONA EXTRAÑA, PERO…

Como he viajado mucho, en ocasiones, personas muy raras han ido a visitarme a mi habitación del hotel.

Un día, un señor se presentó en mi habitación y me dijo que quería regalarme un libro. «He buscado mucho en mi equipaje pero no he podido encontrarlo», me dijo; y añadió: «Lo siento, pero hoy tengo que coger un avión. Me tengo que ir». Pero ¿sabes que ocurrió? Al día siguiente volvió a presentarse (risas) y dijo: «Lo he encontrado» y yo le contesté: «Pero me dijiste que tenías que marcharte ayer en el avión, ¿»verdad ?». El me contestó que había cancelado el vuelo para seguir buscando su libro (risas). No me dijo nada sobre sí mismo y pensé que era una persona un poco rara, aunque en realidad se trataba del famoso director Werner Herzog. Más adelante lo comprendí todo.

A partir de entonces empecé a ver las películas de Herzog. ¡Uf!, qué buenas escenas rodó en Fitzcarraldo (Alemania, 1982).

Scorsese siempre parece ocupado y nervioso, pero es una buena persona y muy trabajador

El director Martin Scorsese también hizo algo tan raro como lo de Herzog. Un hombre entró en mi habitación de repente, enfadado y gesticulando con sus manos. Me dijo que había que guardar bien las cintas porque si no los colores se pierden y otras cosas por el estilo. Pensé para mí quién podía ser esa persona tan nerviosa; resultó ser Scorsese, con quien desde entonces hemos mantenido la amistad. Un día le pedí que actuara en una de mis películas interpretando a Van Gogh y me dijo que sí en una carta a la que acompañaba una cinta en la que salía actuando. Luego me preguntó qué me había parecido. La verdad, como estaba muy nervioso y hablaba muy deprisa, no entendí nada. Scorsese siempre parece ocupado y nervioso, pero es una buena persona y muy trabajador. Por ejemplo, se dedica a proteger las películas para que no pierdan el colorido.

Cuando Ray estaba enfermo, Scorsese hizo lo que pudo para que Ray recibiera el Óscar. Cuando se le entregó el premio a Satyajit, estaba ya muy enfermo y no pudo ir a recogerlo. Scorsese tomó una foto de Ray en el hospital y la enseñó al público. Poco después, Satyajit moría.

Tuve relación con John Huston. Un día, recibí una carta de un hombre desconocido de Estados Unidos en la que se decía: «Tienes que dar las gracias a John Huston». Según la carta, cuando él fue invitado a un programa de televisión dijo: «Acabo de ver una película magnífica» y hasta el último momento del programa siguió hablando acerca de mi película Kagemusha (1980).

Unos años después tuve oportunidad de hacer de presentador en la entrega de los Óscar de la Academia. Entré en el auditorio y alguien me gritó «Kurosawa». Era John Huston. No nos conocíamos, pero daba la sensación de que éramos muy amigos (risas). Quise conocerle más a fondo pero para entonces ya estaba muy enfermo y era acompañado a todas partes por una asistente. En ese estado rodó su última película El dublinés (EE.UU., 1987), una obra muy buena.

MUCHOS DIRECTORES SON TÍMIDOS

Mucha gente piensa que los directores tienen un carácter difícil, pero no hay para tanto. Se dice que muchos periodistas tienen miedo a Michelangelo Antonioni, por ejemplo, pero yo tengo una excelente relación con él. Cuando viajamos a Italia, su mujer quiso montar en elefante y subimos juntos. Los periodistas dijeron que no se lo podían creer. Pero en realidad, los directores no tenemos un carácter tan difícil. Antonioni es tímido y como tal rehuye las cámaras y las fotos. Es una persona muy interesante y le gusta bromear.

Sin embargo, a los periodistas les gusta inventar historias sobre los directores. También tienen miedo de mí (risas) pero no puedo estar enfadado todo el día, no tengo suficiente energía para eso. Yo también tenía miedo de directores como Mizoguchi o Seto cuando trabajaba para ellos, porque Mizoguchi hablaba poco y Seto era una persona muy callada. Un día les dije: «Por favor, no me maltraten» y ellos se rieron. En realidad no eran tan duros pero la gente inventa leyendas y los directores van quedándose solos. A mí esto no me gusta. Cuando rodamos una película me gusta comer con mis ayudantes, con los actores, con todo el equipo. Gracias a esto, mi estudio siempre es bullicioso. El director Kajiro Yamamoto, mi maestro, también era muy ruidoso.

Hay muchos directores tímidos. Por ejemplo, cuando tuve oportunidad de hablar con el director François Truffaut, no pudo contestarme nada, se limitaba a moverse vergonzosamente.

Tengo una buena relación con Fellini. Hemos hablado muchas veces, pero siempre que yo empezaba a hablar de sus temas, de sus películas, él sentía vergüenza y su mirada se dirigía al suelo. Cassavettes también era tímido. Un día fui a ver Sombras (EE.UU., 1961) porque me lo recomendó Henri Langlois, el director de la Filmoteca francesa. La película fue rodada en 16 mm y era de gran calidad. Se encontraba en la sala donde se proyectó la película y quise hablar con él, pero como era muy tímido se escapó a toda prisa con la cara sonrojada. Entonces, él tenía 30 años o menos. Yo esperaba sus nuevas películas pero ninguna llegó a Japón durante los 20 años siguientes. Al fin vi su nueva película Gloria (EE.UU., 1980) y pensé que había valido la pena esperar.

Tengo una anécdota acerca de George Lucas. Cuando fui a Los Angeles me invitó a comer y me dijo: «Sr. Kurosawa, saqué la idea del robot de La Guerra de las Galaxias de su película La fortaleza escondida». Un señor que estaba con nosotros le dijo: «Claro, Kurosawa está aquí para ponerte un pleito por plagio». Pobre Lucas, su cara se puso azul de repente. Por supuesto, yo no pretendía nada al respecto, aunque es verdad, la gente me dice que se parecen un poco. Pero los occidentales son muy sinceros y directos, como George Lucas, quien pensó: «Ah, que escena tan bonita, la utilizaré en mi película».

William Friedkin me dijo que él también había copiado una escena de mi película El infierno del odio (Japón, 1963) para su obra French Connection (EEUU., 1971). Pero sólo se trababa de una escena general de un convoy de metro en movimiento. De todos modos, lo dicen con tanta sinceridad que su reconocimiento es un placer para mí. En Japón eso no ocurre; si alguien copia dirá: «qué casualidad, ¿verdad?», o: «no sé por qué se parece ya que no he visto tu película», o cosas por el estilo.

De todos modos, creo que en Japón no hay otro director que haya tenido oportunidad de hablar con tantos directores de todo el mundo como yo. Muchos directores japoneses viajan a festivales pero siempre se les encuentra aferrados a los suyos. No es un problema de lengua, porque llevan a intérpretes. Muchos directores japoneses me han dicho: «Vd. es diferente. Nadie se acerca a nosotros para entablar conversación». No obstante, yo creo que si quieren hablar con otros directores, pueden dirigirse a ellos sin complejos porque la mayoría son simpáticos y sociables. Claro, hay de todo, también los hay muy desagradables.

Hablando de personas desagradables, recuerdo una experiencia interesante. Un actor de una de mis películas me dijo: «No me gusta el modo en que me mira, lo hace con una expresión de odio». Le contesté: «Te miro con cara de odio porque así puedes contagiarte y representar perfectamente el papel de una persona que odia». Realmente creo que las buenas personas pueden llegar a interpretar muy bien los papeles de personas odiosas. Igualmente, la gente que no bebe puede interpretar muy bien el papel de un borracho. Así, el actor Shimamura puede interpretar magníficamente el papel de un borracho aunque no bebe ni gota.

LAS PELÍCULAS JAPONESAS SON BUENAS

Si empiezo a pensar en las películas que exhibiría en mi cine, no puedo parar. ¡Hay tantas que me gustan! Aun cerrando los ojos y descartando muchas, todavía hay más de 100 películas. Sólo han pasado cien años desde el descubrimiento del cine y ya hay tantos talentos.

Todo el mundo dice que hoy en día el cine en Japón pasa por un mal momento; pero es preciso recordar que el cine en nuestro país no empezó hace mucho. En realidad empezamos ahora, estamos naciendo. Pero quiero decir que los espectadores no siempre tienen buen gusto a la hora de elegir; una película buena de verdad es amena, fácil de entender, interesante y no muy complicada.

Dentro de las películas buena las hay muy buenas, bastante buenas y buenas. Hay obras muy pequeñas pero muy hermosas, pero también grandes obras y muy bien hechas, ¿no es cierto?

Hoy en día una parte de los espectadores sólo quiere ir a ver películas extranjeras. Antes de ver las películas japonesas ya piensan: «¡Qué aburrido!». Por eso quiero seleccionar algunas películas japonesas entre mis cien favoritas. Si ven las películas que selecciono, entenderán la belleza de las películas japonesas. No tienen mucho ornamento, porque la belleza es simple.

John Gillette, un famoso crítico inglés dijo en un discurso en el National Film Theatre que, «al examinar la historia del cine en Japón, vemos que hubo un momento en que surgieron muy buenas obras y directores. No existe un ejemplo comparable en ningún otro país». El me preguntó por qué sucedió ese milagro y le contesté que era natural, puesto que en esa época los directores rodaban lo que les gustaba, hasta que poco a poco empezaron a aparecer las distribuidores, las productoras.. .Claro, ya no se hacen películas como las de entonces. Últimamente las películas japonesas son bastante malas. ¿Por qué gastar dinero en películas mediocres? Más vale gastarlo en mejorar o restaurar aquéllas obras maestras realizadas antaño, ya que existen técnicas para hacerlo. Sólo vale la pena invertir dinero en proyectos que realmente sean de calidad.

Cuando la Twentieth Century Fox estaba en peligro, Zanuck, su presidente, decidió no emprender ningún nuevo proyecto sino dedicarse a aplicar nuevas técnicas a las películas antiguas. Después de medio año, la empresa se recuperó. Los japoneses deberíamos hacer lo mismo.

Los directores como Sadao Yamanaka o Mikio Naruse tienen más fama fuera que dentro de Japón. Ellos enseñaron que se pueden hacer buenas películas basadas en las pequeñas cosas de la vida. Para ello analizaron a fondo los pequeños detalles del rodaje, los sentimientos de las personas, etc.

En Francia gustaron mucho las películas japonesas y se adquirieron las buenas obras más antiguas para exhibirlas en la Filmoteca francesa. De ese modo los extranjeros han llegado a conocer a los directores japoneses con talento olvidados actualmente en Japón.

En Japón se piensa que el cine es un arte menor. En muchos países hay entidades financieras dedicadas a la promoción del cine y también hay cines públicos para exhibir películas de calidad. Sobre todo, los directores de cine extranjeros disfrutan de una buena posición y pueden retirarse pronto. Por ejemplo Frank Capra. En cambio, los japoneses no tenemos más remedio que trabajar hasta la muerte, ¿verdad? (risas) y tenemos que vivir de alquiler. Si Inoshiro Honda hubiera dirigido Godzilla (Japón, 1954) en otro país, podría vivir en una gran mansión. Muchos directores de Estados Unidos y Europa tienen muchísimas propiedades. René Clement ya no trabaja pero tiene un lujoso yate y Fancis Ford Coppola vive como un rey. Cuando rodaba El infierno del odio estuve en su casa. ¡Uf, que sorpresa! Para ir de mi habitación al comedor había que coger un ascensor.

Aunque mi padre era un militar con un carácter muy fuerte, le gustaba llevar a sus hijos al cine. Gracias a él me aficioné al cine desde pequeño

Aunque mi padre era un militar con un carácter muy fuerte, le gustaba llevar a sus hijos al cine. Gracias a él me aficioné al cine desde pequeño. La primera película que recuerdo haber visto fue Cuore. Un día hablaba con el crítico de cine Yodogawa acerca de esta película aunque no acertaba a repetir el título, pero él lo adivinó enseguida. Cuando fui a ver Cuore al cine, protesté porque no aparecía Chaplin y mi hermana me dijo que si no dejaba de gritar y protestar vendría la policía. También fui muy influido por los gustos de mi hermano, buen conocedor del cine y la literatura. En cierto modo actuó como un profesor, puesto que a la edad de 8 ó 9 años ya iba a ver las películas que él me aconsejaba. Gracias a él vi obras magníficas que hoy ya se han perdido. Aficionado al Benshi (dobladores de cine en las salas) —era él un fan de Musei Tokugawa— mi hermano se convirtió en un Benshi de cierta popularidad con el sobrenombre de Tadaaki Suda.

Antes de la llegada del cine hablado habían muchos cines en los que se proyectaban películas extranjeras, como el Kanda Cinema Palace, donde trababaja mi hermano, o el Toyo Cinema en el que trabajaba el narrador de cine mudo Musei, el más famoso de todos. Los Benshi más famosos programaban las películas del cine donde actuaban, hacían la introducción a la película y pregonaban la publicidad. Algunos carteles eran maravillosos, como el de El doctor Mabuse (Alemania, 1922, F. Lang), en el que el título aparecía escrito de abajo hacia arriba1 o bien el de Sangre y arena (EE.UU., 1922, Fred Niblo), que parecía solamente un papel negro, pero que al acercarnos nos dábamos cuenta que en realidad eran infinitos títulos en pequeño de Sangre y arena. La música también era elegida por el Benshi. Por ejemplo, recuerdo una película en la que Musei actuaba como Benshi: en una escena, un hombre lleva a rastras a otro que está borracho hasta la casa de un hombre rico y lo mueve le da la vuelta para descubrir con espanto que se trata de su hijo. En esa escena no hubo música ni doblaje, sólo silencio, pero en el preciso momento de descubrir la identidad del borracho, la música irrumpe con fuerza al tiempo que empieza una escena en la que aparece la ciudad en pleno carnaval. Aprendí mucho de Musei; ¡bueno!, mucha gente lo hizo. Y en realidad quisiera tener un cine al estilo Benshi.

Musei me dijo que me parecía a mi hermano y a veces se nos confundía. No obstante, en opinión de Musei, mientras mi hermano tenía un carácter más bien pesimista y sombrío, yo siempre he sido optimista. Siempre decía que las personas, al rebasar los treinta años, son más feas cada año que pasa, que él deseaba morir antes de los treinta y así fue. Yo empecé en el mundo del cine, tres años después de su muerte.

El modo de ver las películas cambió desde que me convertí en director. Quiero decir que ya no las veo como un aficionado, pero eso no es bueno. La mejor técnica para analizar una película es verla como un aficionado. En realidad, las obras no necesitan ser analizadas. Hay personas que tienen muchas teorías y critican eso y lo otro. Pienso que eso no es correcto. Mucha gente me pregunta qué es lo más relevante de la película; pero cada uno tiene su propio gusto y tiene que sacar su conclusión sin escuchar a los demás. Las películas son como una figura poliédrica, de modo que las podemos ver varias veces y descubrir aspectos nuevos cada vez.

Suelo decir que las películas son como plazas en las que se reúne mucha gente de todo el mundo. Si los personajes de la película están contentos, los espectadores también lo están y si están tristes, los espectadores entristecen con ellos. Al mirar películas de otros países, podemos llegar a conocer sus culturas. El cine es un excelente medio para acercar a las personas de todo el mundo. Por ejemplo, al ver una película de John Wayne, uno no piensa que es un desconocido. Uno tiene la sensación de que se trata de un amigo, ¿verdad? Eso es muy importante. La magia del cine está en el hecho de que los espectadores pueden vivir la misma experiencia que los actores; en realidad, vivimos junto a ellos mientras vemos una película.

Para mí, lo más importante es que al ver una película lo hagamos con naturalidad, como Yodogawa, apreciando lo bello de una escena aunque sea triste. Ese es el punto de vista de quienes de verdad les gusta el cine.

LAS 100 PELÍCULAS DE KUROSAWA
Por orden cronológico

1 • La culpa ajena
EE.UU., 1919, David W. Griffith

Me gusta mucho Lillian Gish. Era una mujer serena y sencilla. Hace poco vi Las ballenas de agosto (Gran Bretaña, 1987, Lindsay Anderson) y aunque en ella ya es mayor no ha cambiado mucho.

2 • El gabinete del doctor Galigari
Alemania, 1919, Robert Wiene

Es una película representativa del expresionismo alemán, aunque totalmente actual.

3 • Doctor Mabuse
Alemania, 1922, Fritz Lang

La vi cuando era pequeño, con mi hermano. En ese tiempo Musei Tokugawa actuó como Benshi en esta película muda.

4 • La quimera del oro
EE.UU., 1925, Charles Chaplin

Chaplin tenía un gran talento como actor. Pienso que hacer dramas es fácil, pero hacer comedia es muy difícil. Además, era un director con un gran talento y tenía conocimientos de música. Tal vez, su problema era su excesivo talento. Para mi Takeshi Kitano tiene el mismo talento que Chaplin

5 • El hundimiento de la casa Usher
Francia, 1928, Jean Epstein

Aunque sea una película muda, podemos sentir sus sonidos. Su expresión es magnífica.

6 • Un perro Andaluz
Francia, 1928, Luis Buñuel.

Aparece una mano con una navaja que corta un ojo. Es muy fuerte. El faro brilla como loco. La película describe el comportamiento de una persona que coge la rabia. Me sirvio para analizar el surrealismo, que luego utilizaría en mi película Rashomon.

7 • Marruecos
EE.UU., 1930, Josef von Sternberg.

Es una PELÍCULA en mayúsculas. Sternberg no gastó mucho dinero en el rodaje pero consiguió un magnifico movimiento de sombras basado en el cambio de posición de las cámaras.

8 • El Congreso se divierte
Alemania, 1931, Erik Charell

Se trata de una opereta, muy bien EE.UU., 1930, Josef von Sternberg rodada, una excelente obra. Es la película que me hizo reconocer el encanto de las películas antiguas.

9 •La comedia de la vida 

Die Dreigroschenoper, Alemania,1931, G.W. Past

La obra ha conocido muchas versiones, pero la de Pabst es la mejor de todas. Yo mismo quise hacer mi propia versión. Es una gran obra.

10 • La sinfonía inacabada
Alemania-Austria, 1933, Willi Forst

Es una película estupenda, en la que se narra por qué Schubert no pudo terminar el tercer movimiento de su sinfonía.

11 • La cena de los acusados
The Thin Man, EE.UU., 1934, W. S. Van Dyke.

Dyke era director de teatro y eso se notaba en el ritmo de sus películas. La película se basa en la obra de Hamlet. La pareja y el perro son personajes muy divertidos. Dado el éxito de la película se hicieron luego muchos remakes, pero la suya fue la mejor de todas.

12 • Mi vecinita Yae
Japón, 1934, Yasuhiro Shimazu

La gente llamaba a su director «el tío Shimazu». Acumuló mucha experiencia a lo largo de sus muchos años de trabaj o paciente como ayudante de dirección. Por eso sus obras son como las de Ford y Wilder, muy bien hechas técnicamente, muy profesionales.

13 • El bote de un millón de yens
Japón, 1935, Sadao Yamanaka

Yamanaka tenía muchísimo talento; fue una pena que muriera tan joven porque, además de ser una gran pérdida para el cine japonés, sus películas están en muy mal estado. Esto me indigna y me pregunto por qué nadie se preocupó de su conservación.

14 • Akanishi Kakita
Japón, 1936, Bansaku Itami

Es una obra muy original y actual, en la que se experimentó mucho. Tuve la suerte de recibir de Itami muchos consejos y recomendaciones. Siempre hablaba bien de mí.

15 – La gran ilusión
Francia, 1937, Jean Renoir

En la película aparece el director von Stroheim (Esposas frivolas, EE UU, 1922), quien además de ser director, era un actor con luz propia.

16 • Stella Dallas
EE.UU., 1937, KingVidor

En esta película se demuestra que las mujeres son fuertes, que pueden ser capaces de cualquier cosa por sus hijos. Barbara Stanwyck realizó una interpretación magnífica. En la última escena se me saltaron las lágrimas.

17 • La clase de composición
Japón, 1939,Yamamoto Kajiro

«YamaKaji» (YamamotoKajiro) fue un gran profesor para mí. La verdad es que al principio no me agradaba demasiado porque siempre estaba dándome instrucciones y haciéndome encargos de todo tipo. Un día su mujer me dijo: «Yamamoto está muy contento porque ahora eres capaz de hacer cualquier cosa». Sólo después entendí el interés que tenía en enseñarme muchas cosas, razón por la que me encargaba la confección de vestidos, accesorios, trabajos de guión, montaje, etc. Ahora comprendo la utilidad de las cosas que me enseñó y me siento muy agradecido.

18 • La tierra
Japón, 1939, Tomu Uchida.

Uchida tiene un pasado muy interesante. Durante una época de su vida fue mendigo. Después trabajó como actor y como ayudante de dirección con un director de Hollywood. Rodó grandes películas pero las que más me gustan son las primeras, como El camino sin fin (Japón, 1937). Lástima que no queden muchas de sus películas. Los japoneses debemos pensar más en el modo de conservar las películas antiguas.

19 • Ninotchka
EE.UU., 1939, Ernst Lubitsch

Es una película muy refinada. La imágen de Garbo era muy distinta de la de otras películas. Hizo un sorprendente trabajo de comedia. Creo que el guión fue escrito por Wilder; los diálogos son magníficos. Lubitsch era un hombre de gran talento que tenía obras de cine mudo y también había rodado algunas «películas opereta».

20 • Iván el Terrible
URSS, Iª parte: 1944; 2ª parte: 1946, Sergéi M. Eisenstein

Ya he contado que fue Henri Langlois, mi benefactor y la persona que llevó Rashomon a Venecia, quien me recomendó ver esta película y quien me aconsejó empezar a rodar en color.

21 • Pasión de los fuertes
EE.UU., 1946, John Ford

Si hablamos de John Ford, pensamos en el director de las películas del Oeste y esa película es un modelo del género. Los jinetes aparecen galopando en la pantalla y salen de escena en el momento justo, plásticamente, como si se tratara de una poesía. Es una verdadera maravilla.

22 • ¡Qué bello es vivir!
EE.UU., 1946, Frank Copra

Para mí, las películas deben producir una sensación de felicidad en quien las ve. Después de ver ésta uno siente la alegría de vivir y el corazón se llena de afecto y buenas intenciones. Así son las películas de Capra.

23 • El sueño eterno
EE.UU., 1946, Howard Hawks

Es la mejor película del cine negro. Es muy difícil rodar este tipo de películas pero Hawks, que adquirió una gran experiencia como director artístico antes de ser director, era capaz de hacerlo con el mejor estilo.

24 • El ladrón de bicicletas
Italia, 1948, Vittorio de Sicca

La historia, el color y todo lo demás de la película hacen de ella una obra muy dura. Un ejemplo del neorrealismo que marcó un nuevo estilo de películas. Es una obra excelente.

25 • Los montes azules
Japón, 1949, Tadashi Imai

Las primeras cosas siempre son las mejores; en el caso de Imai, también. Por ejemplo, sus películas Izu no Odoriko y Aoi Samniaku.

26 • El tercer hombre
Gran Bretaña, 1949, Carol Reed

El tema de la película es complicado, pero Reed lo trata muy bien. Destacaría el trabajo con la cámara. Estudié la técnica empleada en el movimiento de cámaras de la película. Al verla, puedo disfrutar de ese trabajo. Creo que es una película de primera categoría. Reed construye sus obras como documentales; es un director excelente.

27 • Primavera tardía
Japón, 1949, Yasuhiro Ozu

Ozu tiene un estilo muy original en la utilización de la cámara. Muchos directores extranjeros le imitan. Su obra es estudiada a fondo por personas del cine de todo el mundo, quizás más que por los japoneses. Me gustaría que viesen con atención sus películas, sobre todo las personas que estudian cinematografía. Podríamos decir que el tiempo de Ozu, Naruse y Mizoguchi fue la época de oro del cine japonés.

28 • Orfeo
Francia, 1949, Jean Cocteau

Jean Cocteau era un poeta y por eso sus películas son como poemas. El tiene su propio concepto de belleza.

29 • Carmen, vuelve a casa
Japón, 1951, Keisuke Kinoshita

Es una de las primeras películas en color que se hicieron en Japón. Me gustó mucho.

30 • Un tranvía llamado deseo
EE.UU., 1951, Elia Kazan

Conocía a Elia en el festival de cine de Tokyo y aunque la gente dice siempre que tiene un carácter muy difícil, conmigo fue muy simpático. Diría que sus obras tienen un carácter social o crítico, es decir, siempre tienen un trasfondo.

31 • Teresa Raquin
Francia, 1952, Marcel Carné

Su capacidad para escribir buenos guiones le distingue de otros directores.

32 • Vida de O-Haru, mujer galante
Japón, 1952, Kenji Mizoguchi

Muchas veces, en conversaciones con amigos míos, me he referido a que Mizoguchi tuvo muy malas experiencias con las mujeres; quizá por ello describe a las mujeres de forma tan horrible en esta película. ¡De verdad que asusta un poco! Yo sería incapaz de rodar un tema así y además reconozco que lo hizo muy bien y muy artísticamente. De Mizoguchi aprendí muchas cosas.

33 • Viaje a Italia
Italia, 1953, Roberto Rossellini

Estudié mucho acerca de él y su obra. Es uno de los mejores ejemplos del realismo italiano. Godard y Truffaut tuvieron por maestro a Rossellini en el movimiento de la nouvelle vague. Sus descripciones son crudas y su modo de acercarse al realismo es muy fresco.

34 • Godzilla
Japón, 1954, Inojiro Honda

Honda es una buena persona y además muy honesto. Es mi mejor amigo. Realmente, para mantener una larga y buena relación con una persona tan egoísta como yo, hay que tener la paciencia de un santo. 3

35 • La strada
Italia, 1954, Federico Fellini

El estilo de Fellini es precioso. Sus películas son obras de arte. Ya no hay gente con un talento como el suyo. Hay algo impactante en la personalidad de Fellini. He coincidido muchas veces con él pero como tiene un carácter tan tímido, siempre rehuía hablar acerca de sus obras.

36 • Una nube flotando
Japón, 1955, Mikio Naruse

Era un director muy temible. Si no le gustaba la interpretación de los actores en una escena, simplemente decía: «No es eso», y se quedaba sentado silenciosamente esperando que ellos comprendieran el modo en que debían hacerlo. Los pobres actores se partían la cabeza pensando cómo debían actuar para hacerlo bien, de modo que tenían que realizar muchas pruebas antes de dar por buena la toma. Comparado con él, yo soy un director muy indulgente. No obstante, los actores que pasan por las manos de directores como Naruse, Ozu o Mizoguchi llegan a interpretar magníficamente sin necesidad de ser enseñados.

37 • La canción del camino
India, 1955, Satyajit Ray

Entendí bien sus obras cuando le conocí. Sus ojos eran brillantes y su personalidad maravillosa. En el festival de Venecia perdí con mi película Trono de sangre frente a La canción del camino, pero entendí perfectamente las razones de su triunfo.

38 • Papá piernas largas.
EE.UU., 1955, Jean Negulesco

Creo que esta película no recibió ningún Oscar pero a mí me gusta mucho. Quizá alguien piense que es raro que me guste, pero yo la encuentro muy bien hecha. Bueno, la verdad es que me encanta Lesley Caron.

39 • Un hombre orgulloso
EE.UU., 1956, Robert D. Webb

Recuerdo que en esa época estaba de moda la música de Lionel Newman. Era magnífico. El director utilizó su música. El movimiento de las cámaras es excelente. Creo que Lucíen Ballard es un modelo de operador.

40 • Bakumatsu Taiyouden
Japón, 1958, Yuso Kawashima.

El tempo de la película es muy bueno. Se basa en una obra de Rakugo2, llamada Inokori Saheiji, a partir de la cual realizó las adaptaciones para la película. Este director tiene una habilidad especial para hacer comedias de una calidad excepcional.

41 • El baile de los malditos
EE.UU., 1958, Edward Dmytryk

Es una película rodada en cinemascope, pero el contraste del blanco y negro describe muy bien el ambiente de la guerra. Dmytryk empezó desde abajo y con el tiempo se convirtió en un gran profesional.

42 • Los primos
Francia, 1959, Claude Chabrol

Los acontecimientos se miran desde un punto de vista exterior a la película. Un buen director.

43 • Los cuatrocientos golpes
Francia, 1959, François Truffaut

Truffaut dirigió muy bien a los niños. Hice los máximos elogios a esta película cuando fue estrenada en Japón, pero la película cayó de las carteleras muy pronto. Creo que la culpa fue de la traducción del título en Japón.

44 • Al final de la escapada
Francia, 1959, Jean Luc Godard

Es un director muy prolífico capaz de mantener el nivel de calidad en sus obras gracias a un extraordinario talento. Hoy en día todo el mundo le imita, como el nuevo cine de los Estados Unidos. Pero no debe imitarse, hay que pensar en nuevos estilos; si no, el cine y la técnica no avanzan.

45 • Ben Hur
EE.UU., 1959, William Wyler

Las últimas escenas de Ben Hur sólo pueden conseguirse con cámaras de 70 mm. Si no es así, es imposible obtener unas imágenes de tanta fuerza. Hay seis tipos de sonido, igual que si nos encontráramos en ese lugar. Está muy bien rodada.

46 • Su hermano
Japón, 1960, Kon Ichikawa

Me gusta especialmente el trabajo del cámara. Creo que ganó el premio de fotografía en Cannes. La gente piensa que La olimpiada de Tokio (Japón, 1964-65) es una obra menor, pero a mí me gusta porque lleva impresa el carácter del director.

47 • Una larga ausencia
Francia, 1960, Henri Colpi

Este director es una autoridad del montaje. Creo que era su primera obra pero es extraordinaria. Recuerdo esa escena en la que una señora está tomando café cuando de pronto pasa por delante de ella un hombre muy parecido a su marido que había fallecido en la guerra. Esta escena me impactó. Colpi sabe lo que es el montaje; se puede decir que entre secuencia y secuencia hay una película.

48 • Viaje en globo
Francia, 1960, Albert Lammorisse

Las imágenes de la película sólo pueden obtenerse de las manos de un profesional. El final es lo mejor, cuando un niño va persiguiendo un globo. Me dijo que utilizó a su hijo y que luego se sintió culpable, porque era un papel demasiado peligroso.

49 • A pleno sol
Italia, 1960, René Clement

Es una película fácil de comprender, especialmente buena para iniciarse en el cine, es muy recomendable. Nos permite comprender el sentimiento del protagonista principal. La película tiene un buen ritmo. También el final es muy bueno.

50 • Zazie en el metro
Francia, 1960, Louis Malle

Cuando la vi, me pareció una película exquisita. Vemos las cosas desde la perspectiva de unos niños que silban. Era muy hábil dirigiendo a los niños, como en Adiós, muchachos (Francia, 1987). También me gustó mucho Milou en mayo (Francia, 1989): es muy original.

51 • El año pasado en Maríenbad
Francia, 1960, Alaín Resnais

Es un precursor de la nouvelle vague. Esta obra tiene su origen en la obra escrita de Alain Robe-Grillet, muy polémico en su época. Conjunto de pasado y presente, realidad y fantasía, su comprensión es difícil y su realización provocadora.

52 • ¿Qué fue de Baby Jane?
EE.UU., 1962, Robert Aldrich

Bette Davis siempre ha tenido una cara muy interesante. Era muy atractiva. En Eva al desnudo (1950, J. L. Mankiewicz), siendo ella todavía joven y muy fuerte, realizó una interpretación extraordinaria.

53 • Lawrence de Arabia
EE.UU., 1962, David Lean

Creo que es una de las mejores películas rodadas en 70 mm. Cuando O’Toole se cayó de un camello, se lastimó considerablemente. No obstante, Lean le preguntó si todavía estaba en condiciones de seguir con el rodaje. Claro, eso es un poco fuerte, pero lo entiendo; cuando un director ve que las cosas le están saliendo, no le gusta interrumpir su trabajo. Yo soy un poco más condescendiente.

54 • Gran jugada en la Costa Azul
Francia, 1963, Henri Verneuil

Sus películas de suspense son de una calidad excepcional y muy interesantes por su modo tan moderno de combinar la música en la película. Los caracteres de los protagonistas salen a la superficie nítidamente gracias a la maestría del director. Además, los tonos de blanco y negro están muy logrados.

55 • Los pájaros
EE.UU., 1963, Alfred Hitchcock

Las películas de Hitchcock presentan siempre algunos puntos de contradicción en el misterio que contienen; pero, en mi opinión, si las películas logran captar nuestra atención puede decirse que también son buenas. Tantos pájaros realmente llegan a asustar, ¿verdad? Me pregunto cómo se las arregló para rodar esas escenas; todavía no lo entiendo.

56 • El desierto rojo
Italia, 1964, Michelangelo Antonioni

En el festival de cine de la India, Antonioni y yo disfrutamos juntos de un paseo en elefante. «Los dos directores terribles, juntos», dijeron los periodistas.

57 • ¿Quién teme a Virginia Wolf?
EE.UU., 1966, Mike Nichols

Me impresionó mucho ver a Elizabeth Taylor en el papel de una mujer tan despiadada y poco agraciada. En Japón nadie entendería que una actriz japonesa guapa y con éxito aceptase este tipo de papeles. Nuestras actrices deberían aprender de Taylor.

58 • Bonny & Clyde
EE.UU., 1967, Arthur Penn

En un viaje a Estados Unidos me vi con Penn y me recibió muy amablemente; me pidió un actor para su película Cuatro amigos (1981). Le recomendé a Kamatari Fujiwara; éste me preguntó por qué le había elegido y yo le respondí: «Porque no tienes que decir nada» (risas).

59 • En el calor de la noche
EE. UU., 1967, Normanjewison

El libro es magnífico, pero Jewison logró una excelente adaptación al cine. Me gusta mucho Sidney Poitier por su inteligente mirada.

60 • La última carga
Gran Bretaña, 1968, Tony Richardson

Esta película no fue un éxito en su día, pero a mí siempre me ha parecido muy buena. Está llena de detalles, como por ejemplo las moscas y el zumbido de sus alas cuando vuelan sobre unos cadáveres tendidos en el suelo.

61 • Cowboy de medianoche
EE.UU., 1969, John Schlessinger

A pesar de ser un director inglés hizo un gran trabajo al retratar el ambiente enfermizo de la ciudad de Nueva York. La gran interpretación de los actores (Dastin Hoffman, John Voight) nos permite percibir el sentimiento desconsolado de los personajes en medio de las ruinas de la gran ciudad.

62 • M.A.S.H.
EE.UU., 1970, Robert Altman

La película es un constante devenir de situaciones, pero en la base hay un guión muy sólido. Está llena de humor negro pero muy pensado. Alguien me dijo que el autor de la obra original era un médico y por eso hay tantos detalles y es divertida. Yo la veo como un manifiesto contra la guerra.

63 • Johnny cogió su fusil
EE.UU., 1971, DaltonTrumbo

Hay muchas películas contra la guerra, pero rodar buenas escenas de batallas es muy complicado porque hay multitud de disparos, explosiones, movimiento, etc. Mucha gente aprecia una gran belleza en esas escenas. Pero para mí, Johnny cogió su fusil es una verdadera película antibelicista.

64 • French connection
EE.UU., 1971, William Friedkin

Fue casi la primera película de persecuciones de coches y por eso la recuerdo muy bien.

65 • El espíritu de la colmena
España, 1 972, Víctor Erice

En apariencia es una película simplemente bella, pero en realidad es extraña y terrible, y en ella sale a la luz la parte más cruel de los niños. Los niños actores lo hacen muy bien y los trabajos de cámara e iluminación están muy logrados.

66 • Solaris
URSS, 1972, Andréi Tarkovski

Tarkovski y yo éramos como hermanos. Una vez , en el Dom Kino, bebimos demasiado y cantamos la canción de Los siete samurais. Sus películas son únicas, sobre todo en lo que se refiere al tratamiento del agua. Cuando veo Solaris, siento unas ganas irresistibles de «regresar» al planeta Tierra.

67 • Chacal
EE.UU., 1973, Fred Zinnemann

El protagonista de la película prepara minuciosamente un asesinato. El director reflejó cada paso del plan, de un modo frío, tranquilo. La buena factura del relato hace que no le sobre nada, simple, pero cargado de una constante tensión.

68 • Confidencias
Francia, 1974, Luchino Visconti

Visconti era un aristócrata de verdad. Tal vez su peculiar estilo se deba a su sangre azul, no sé… En ocasiones coincidimos pero siempre en un ambiente poco propicio para acercarme. Además, dicen que cuando alguien entraba en su estudio mientras se encontraba rodando le despedía muy enfadado con un terminante: «¡Fuera de aquí!».

69 • El padrino
EE.UU., 1974, Francis Ford Coppola

Es la que más me gusta de la serie, con su crueldad, el ambiente desgarrador reinante en la familia y esa música tan adecuada. La película penetra en lo más hondo de nuestros sentimientos.

70 • El burdel nº 8 de Sanda Kan
Japón, 1974, Kei Kumai

Kumai es serio y tranquilo. Acostumbra a rodar películas de contenido social, por lo que me sorprendió mucho que decidiera hacer una sobre un tema de mujeres. Quisiera destacar la interpretación de Kinuyo Tanaka. Otra de las películas de Kumai que me parece muy buena es El mar y el veneno (Japón, 1986), cuyo tema yo jamás sería capaz de tratar, me produce escalofrios3

71 • Alguien voló sobre el nido del cuco
EE.UU., 1975, Milos Forman

Aparecen un montón de excelentes actores que realizan un trabajo de gran calidad. Cada personaje encarna a un enfermo mental que arrastra experiencias vitales muy duras y los detalles de su vida aparecen narrados con gran detalle. Destacaría el papel de la enfermera jefe del manicomio.

72 • El viaje de los cómicos
Grecia, 1975, Theo Angelopoulos

Este director es una persona magnífica, que mira directamente al corazón, una representación de la madurez. La película también se enfoca desde el punto de vista de la mirada de una persona madura.

73 • Barry Lindon
EE.UU., 1975, Stanley Kubrick

De tantas buenas películas de Kubrick creo que ésta es una muy especial, porque consigue rodar a la luz de las velas, gracias a unos objetivos especiales. El resultado es brillante y además muy estético.

74 • La canción de cuna de la tierra
Japón, 1976, Malsumura Yasuzou

La película está muy bien elaborada. Cuando vi la actuación de Harada le pedí que actuara en Ran (1984) y muchas personas de fuera de Japón me comentaron que había hecho un gran trabajo como actriz, por lo que me sentí muy satisfecho de la elección.

75 • Annie Hall
EE.UU., 1977, Woody Alien

Al ver sus películas puedo sentir su inteligencia. En cambio, las mías son muy simples. De hecho yo pensaba que a él no le gustaban mis películas hasta que Richard Gere me dijo que eso no era así, que de verdad le encantaban, cosa que me alegró muchísimo.

76 • Pieza incompleta para piano
URSS, 1977, Nikila Mikhalkov

Nikita es una persona muy habladora, de gran energía, como la de un oso blanco. Pero contrariamente a su apariencia, es capaz de dirigir las películas más delicadas. Cuando vi Ojos negros (1987) no pude creer que pudiera ser obra suya. Tiene gran energía y talento.

77 • Padre padrone
Italia, 1977, Paolo y VittorioTaviani

Las obras de los hermanos Taviani son estupendas, con imágenes muy plásticas y con una gran habilidad para adaptar a la pantalla obras literarias complejas. Su inteligencia sale desde muy adentro, no podría explicarlo con claridad, pero es como si su fuerza saliera desde el corazón de la tierra para estremecernos. Siento una gran admiración por el modo en que trabajan, colaborando codo a codo para obtener una mayor dimensión y calado en sus películas.

78 • Gloria
EE. UU., 1980, John Cassavettes

Esta película es una de las mejores obras de Cassavettes. Gena Rowlands estaba soberbia en su papel. Sentí una gran pena por la muerte prematura de un hombre de tanto talento como Cassavettes.

79 • El eco de la montaña
Japón, 1980, Yoji Yamada

Expresé a Yamada mi admiración por el mérito de producir tantas entregas de la serie Tora San. Su éxito está en la capacidad para describir con precisión cada uno de los caracteres de los protagonistas.

80 • La Traviata
Italia, 1982, Franco Zeffirelli

Rodar películas basadas en obras de ópera es un trabajo muy complicado. El director de orquesta Seiji Ozawa me pidió en una ocasión que hiciera la adaptación al cine de una de sus obras, pero yo tuve que rechazarlo porque yo soy un director de cine y carezco de la experiencia y de los conocimientos de los directores de teatro. En cambio, Zeffirelli sí tenía una experiencia teatral, conocía las técnicas, los vestuarios adecuados, la iluminación, etc.

81 • Fanny y Alexander
Suecia-Francia-Alemania, 1982, Ingmar Bergman

Es una obra bastante larga, aunque el relato transcurre durante una sola noche. El brillante trabajo de las cámaras consigue un efecto artístico y un colorido magníficos. Personalmente, también me gustan mucho El manantial de la doncella (1960) y Fresas salvajes (1957).

82 • Fitzcarraldo
Alemania, 1982, Werner Herzog

Lamento pensar que mucha gente no haya tenido oportunidad de ver esta película. Es impresionante sólo pensar en ese barco de vapor cruzando el Amazonas que luego es arrastrado a fuerza de sogas por una montaña. Al verla nos invade su espíritu épico. Herzog es una persona muy formal y metódica, lo que explica el rigor con que hace sus películas.

83 • El rey de la comedia
EE.UU., 1983, Martin Scorsese

Scorsese es un extraordinario director y actor aunque, conociéndolo, te das cuenta de que su mejor aspecto es el humano.

84 • Merry Christmas, Mr. Lawrence
Gran Bretaña-Japón, 1983, Nagisa Oshima

Dado el gusto de Oshima por las cosas bien hechas, debe haber sido muy duro para él rodar esta película tan difícil y con un reparto tan heterogéneo.

85 • Los gritos del silencio
Gran Bretaña • EE.UU., 1984, Roland Joffé

Cuenta la historia de la guerra de Camboya y como ésta afecta a las personas que la sufren, llegando incluso a hacerlas perder el juicio. Narra también cómo se somete a un niño a un lavado de cerebro… Es terrible. Destacaría la gran interpretación, muy natural, de una guía camboyana que aparece en la película.

86 • Extraños en el paraíso
EE.UU., 1984, Jim Jarmusch

Nunca he tenido oportunidad de conocerle pero me alegro de que haya llegado a ser un director tan interesante y creo que tiene un gran futuro. Alquilé todas sus obras en vídeo para verlas en casa. Se puede decir que existe una película entre secuencia y secuencia. Utilizó cintas antiguas y se valió de un presupuesto muy modesto, pero con su talento creó una gran obra.

87 • Las vacaciones de Tonton
Taiwan, 1984,. Hou Chaochin

Quizás no podamos entender la obra si no conocemos la historia de su país, pero él la analiza desde una óptica de completa sinceridad. Me recuerda otros tiempos, cuando en Japón hacíamos películas más serias. Me gusta esta obra y creo que su director promete mucho.

88 • Paris-Texas
Francia-Alemania, 1984, Wim Wenders

Durante una entrevista que se nos hizo a él y a mí en Japón, con motivo del estreno de mi película Rapsodia de Agosto (1991), curiosamente Wenders no prestó atención a las preguntas que le dirigieron; en cambio, él me preguntaba a mí acerca del modo de filmar el agua, la lluvia, sobre la técnica, etc.; cosas muy específicas, así que creo que el entrevistador pasó un mal rato.

89 • Único testigo
EEUU., 1985, Peter Weir

La película tiene una base muy sólida y está bien construida. También me gustó mucho su Picnic en Hanging Rock (Australia, 1975), por su originalidad, su color, etc.

90 • El viaje a Bountiful
EE.UU., 1985, Peter Masterson

Es una muestra de cómo un tema pequeño puede convertirse en el eje sobre el que gira una película; y también de cómo se puede hacer una gran película con poco presupuesto.

91 • Papá está de viaje de negocios
Yugoslavia, 1985, Emir Kusturica

Me llevé una sorpresa cuando vi esta película. Kusturica es todavía muy joven pero ya es capaz de dirigir películas de calidad. Tiene muchas posibilidades de triunfar.

92 • Dublineses
EE.UU., 1987, John Huston

Aparecen algunos caballos negros, coches de tiro también negros, símbolos de la muerte. Claro, al rodar la película se estaba muriendo y ya tenía que inhalar oxígeno constantemente. Su espíritu y su ánimo se proyectan con mucha fuerza en toda la película. Muy poco antes de morir se enfadó mucho con la productora y un día, en un ataque de rabia, dijo a los que estaban a su alrededor: «¿Tenéis pistolas? ¡Pues matadles!».

93 • Dónde está la casa de mi amigo
Irán, 1987, Abbas Kiarostami

Como sucede con todos los buenos directores, cuando le conocí pensé que era una buena persona. En su película aparecen actores que no tienen aspecto de profesionales porque actúan con gran naturalidad. Le pregunté por qué lo hacía; me contestó que sus personajes son gente normal y que los actores deben reflejar lo que hace y dice la gente normal.

94 • Bagdad Café
Alemania, 1987, Percy Adlon

Mis hijos me recomendaron verla y me gustó mucho. Los colores son preciosos y además aprendí de su director. Los actores son muy naturales. Me gustó tanto que la vi dos veces.

95 • Las ballenas de agosto
EE.UU., 1987, Lindsay Anderson

Le conocí cuando me concedieron un premio en Inglaterra. El era un crítico cinematográfico y sólo tenía experiencia de documentales. Tiene una gran habilidad y buen ojo para el oficio. Sin embargo, no podía imaginar que llegara a rodar largometrajes; cuando vi su película If (Gran Bretaña, 1968), pude intuir su talento, que se confirmó en Las ballenas de agosto.

96 • El momento de partir
EE.UU., 1988, Sidney Lumet

Me gustó mucho aquella escena en la que el protagonista se marcha de la ciudad en el coche y abandona al perro.

97 • Mi vecino Totoro
Japón, 1988, Shun Miyazaki

Aunque es una película de dibujos animados me emocionó mucho. Me gustó especialmente el nekobus, un autobús en forma de gato, por su gran originalidad. Hoy en día hay muchas personas con gran talento en las películas de animación. Los demás directores tenemos que esforzarnos más para conseguir atraer al público.

98 Aún
Japón, 1989, Yasuo Furuhata

Mantengo una larga relación con Shinobu Muiraki, el director artístico de la película. Kuniko Mukoda, la autora del guión, era una gran escritora y su muerte en accidente fue una están contentos. Admiro la habilidad que Rivette tuvo al tratar un enorme desgracia. La esposa del protagonista se parece a mi mujer Kyoko.

99 La belle noiseuse
Francia, 1991, Jacques Rivette

Yo también quise hacer esta adaptación de la obra de Balzac. Los buenos pintores son capaces de ver cosas en todas partes, donde los demás no las descubrimos. Yo pinto pero deseo terminar la obra rápido. En cambio, ellos ven tantos detalles que nunca están contentos. Admiro la habilidad que Rivette tuvo al tratar un tema tan difícil.

100 Hana-Bi
Japón, 1997, Takeshi Kitano

Cuando vi Este hombre es peligroso, (1989) me di cuenta del talento de Kitano. La gente de talento como él tiene dentro de sí muchas imágenes y por eso a veces sus obras nos parecen desordenadas. Disfruté de las situaciones extremas que se plantean en la película y de los fuertes caracteres de sus personajes.

 

NOTAS

1 – El lenguaje japonés se escribe de arriba abajo y de derecha a izquierda, de ahí la singularidad del póster que señala Kurosawa.
2 – Género teatral japonés similar a la comedia, y muy popular, que consiste en la recitación de cuentos, monólogos o historias cómicas.
3 – La película, de gran crudeza, trata de las pruebas médicas que se realizaron durante la II Guerra Mundial en personas enfermas, mujeres embarazadas, etc., con propósitos científicos. (N. del T.).

© 1999 Kazuko Kurosawa / Bungei Shunju Lrd.
Título original: Kurosawa Alcira ga eranda hyappon on ega, ed. Kazuko Kurosawa, publicado en : Bungei Shunju (abril de 1999), Tokyo, Japón.

© de la traducción, 1999: Junko Tsuchíya, Eduardo Vilá.

España y Rusia: dos culturas de frontera

Cuando alguien habla de las culturas limítrofes entre Oriente y Occidente, es   decir, cuando alguien se refiere a la cultura del Oriente Próximo, de los   Balcanes, de la península Ibérica, del Cáucaso o, cómo no, de Rusia, lo hace   habitualmente observando algunas peculiaridades. Parece poco probable,  por ejemplo, que la expresión «Europa y nosotros», típica en labios rusos o   españoles, pudiera ser formulada por un francés, un alemán o un checo. En   estas líneas, el autor ahonda en el sentido de las culturas limítrofes, analizando dos modelos particulares: el ruso y el español. Pese a todas sus diferencias, estos dos casos permiten poner de manifiesto ciertas regularidades  características de los países fronterizos.  

PA RA EMPEZAR, «ORIENTE» Y «OCCIDENTE», como se ha señalado en múltiples ocasiones, son términos relativos, plurisemánticos, sujetos a   múltiples convenciones. P. M. Bitzili, por ejemplo, ha observado que Occidente tiene su propio «oriente» y su «occidente» —la Europa romano-germánica y Bizancio—; y que la contraposición entre el Viejo Mundo —la   región mediterránea— y las zonas esteparias de Occidente, se corresponde  en el Lejano Oriente con la relación entre China y ese mismo mundo este- pario en el centro del continente Euroasiático. La relación es pues similar   aunque, en el Lejano Oriente, lo «oriental» y lo «occidental» intercambian   sus papeles (China, que, desde el punto de vista geográfico, es, con relación   a Mongolia, «oriente», resulta ser «occidente» en el sentido cultural)1.

Por su parte, L. N. Gumiliov ha sostenido una teoría próxima a la doctrina euroasiática, según la cual las leyes históricas que rigen el devenir del centro del continente, frente al de su periferia oriental y occidental, lo mismo que el de la zona forestal frente a la esteparia, muestran en ambos casos ciertos rasgos comunes o, mejor dicho, las notas de unas culturas específicas, que hacen a esas zonas diferenciarse tanto de «Occidente» como de «Oriente»2.

Si nos remitimos por otro lado a los referentes confesionales, hay que observar que existe un «Oriente cristiano occidental» —la unidad cultural sirio-copta— y el «Oriente musulmán de Occidente» —la cultura andaluza—.

El tema de «Oriente» y «Occidente» se complica aún más por el traslado  frecuente de sus fronteras. En este sentido, tuvo decisiva importancia la con- quista por los árabes del norte de África, que era, desde tiempos seculares,  una zona «occidental» de cultura greco-romana, cristiana y mediterránea: la   patria de san Agustín. «La conquista de África por los árabes había traído un   grave desequilibrio para la vida toda del Occidente mediterráneo y, en particular, para España. El África de esplendente latinidad, de profundo cristianismo, tan admirada por san Isidoro, se ha convertido en un África islámica,  arrancada al mundo occidental para unir su futuro al Oriente asiático»3.

Un milenio después, el equilibrio entre Oriente y Occidente se restableció mediante una peculiar compensación geográfica-espiritual: la conquista de los rusos de la zona «oriental» de Siberia y su integración en «Occidente», conquista que también se realizó horizontalmente, es decir, por el   norte de Asia. Diremos de paso que la cristianización de Siberia por los rusos   no se limitó a repetir totalmente la experiencia española en América; su   avance desde el Norte hacia el Sur acabó formando una cruz original, al   encontrarse unos y otros en California, por cuanto los españoles iban desde   el Oeste en dirección al Este.

ESPAÑA Y RUSIA: ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE

Por lo que se refiere a Rusia y España, la historia secular de sus respectivas   culturas nos muestra el papel que ambas han desempeñado (y desempeñan) entre Oriente y Occidente. Sus respectivas posiciones geográficas   las han convertido en puente, puerta, ventana o encrucijada de culturas.   En ellas se refractan las civilizaciones, religiones o literaturas de los países   limítrofes, lo mismo si resultaron atraídas como si se opusieron a ellas. No   es casual, por ejemplo, que tanto rusos como españoles resultaran afortunados en sus campañas de conquista, pues ambos países habían pasado por   la Reconquista, habían luchado por la recuperación de su propio territorio, de modo que aquéllas resultaran ser la continuación directa de esta   experiencia anterior. No debemos olvidar, además, que la experiencia española antecede a la rusa y era conocida en Moscovia. Por otra parte, la experiencia del imperio ruso se comentaba en España ya en el siglo XIX. En una de sus Cartas desde Rusia, Juan Valera señala que Rusia es un gran imperio con una misión especial en Oriente, en parte opuesta a la de su propia nación.

Por otra parte, a la sociedad rusa le interesaba la experiencia de la   Inquisición española, tal como se aplicó en el proceso de la herejía de los   judaizantes, es decir, exactamente aquella que resultó consecuencia de la   situación «fronteriza» de España. En una carta del año 1490, el arzobispo   Guennadi abogaba para que se utilizase en el caso dado «la experiencia de   la Inquisición española que defiende su fe como si de una fortaleza se tratara». Con evidente simpatía asegura que cuando «empezaron, se dedicaron a   erradicar el mal, castigando con un rigor cada vez mayor a los nuevos herejes, recurriendo a multitud de castigos y torturas, y a las hogueras». Estas   opiniones dieron como resultado en Novgorod largas procesiones de encausados como judaizantes, a los que se hacía montar al revés sobre las cabalga- duras, portando sobre la cabeza yelmos de corteza de abedul a los que se   prendía fuego; en Moscú, los condenados fueron enviados a la hoguera4.

La causa principal de la recíproca atención que se prestan Rusia y España   radica, a mi entender, en su indudable afinidad. Las mentes más preclaras de   ambos países han señalado la similitud de los caracteres nacionales de los dos   pueblos, de su concepción del mundo. «En España —escribía Tolstoi— hay   muchas cosas interesantes, pero temo que ya no tendré tiempo de hablar con   detalle de ese país tan parecido al que me tocó nacer». En una carta del año   1898, dirigida a Ganivet, que en aquel entonces trabajaba en el consulado   español de Riga, Unamuno confesaba: «De Rusia, me interesa infinitamente- te todo lo más genuinamente ruso, lo más auténtico, lo menos cosmopolita.   Siempre estuve convencido de que existe una similitud esencial e indudable   entre el carácter nacional del pueblo español y el del ruso: la resignación, la   actitud ante la vida, la serena religiosidad de su gente, las aspiraciones e   impulsos místicos de los elegidos, idénticas bases económicas para la existencia, ciertos elementos del mir… Incluso la doctrina de Tolstói nos resulta mucho más cercana que para los franceses o italianos, cuyos países están  latinizados en exceso y son demasiado paganos»5.

García Lorca señaló el profundo sentido de las canciones de cuna rusas y españolas, de naturaleza muy distinta a la de las canciones similares del resto de Europa.

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La comunidad de raíces históricas condiciona asimismo tendencias similares en el desarrollo cultural, incluida la literatura. Los poemas lamentando la pérdida de la patria, por ejemplo, eran comunes a todas las culturas fronterizas por razones históricas conocidas (por ejemplo, la Guerra de los judíos, de Flavio Josefo); pero sus exponentes más notables los encontramos en la literatura hispana y rusa. Nos referimos a dos fragmentos famosos de la Primera Crónica General de Alfonso X el Sabio, conocida por el título Loor a España, de todos los bienes provista, y al Llanto de los godos por España, así como a otras similares de la literatura rusa. Tanto en un caso como en el otro, la emoción se refuerza por el contraste entre la parte lírica, la descripción entusiástica de las bellezas y riquezas del país natal y la parte final, que acaba en dolorosos lamentos. V. V. Danílov, que fue el primero en comparar ambos fragmentos, escribe: «En otras literaturas también hay composiciones que recuerdan, en muchos aspectos, el Llanto por la pérdida de la tierra rusa tanto por su contenido, estilo, énfasis patético y situación histórica. Desde el punto de vista genético, no hay ninguna conexión entre ellas y, sin embargo, ofrece indudable interés la comparación entre ellas»6.

Las culturas limítrofes originaban curiosas simbiosis tanto en arquitectura como en música, pintura, y en literatura que yo, naturalmente, no puedo aquí analizar con detalle. Me limitaré a mencionar tan sólo las jarchas, brillantísima manifestación del «mestizaje del sistema político» que surge en la España árabe; y que resulta ser, ya en el siglo XI, el primer modelo poético en una nueva lengua europea. Eran las jarchas una peculiaridad importantísima de la muwassaha que, como un poema pequeño, se cantaba con acompañamiento de algún instrumento musical, pasando bruscamente de un idioma a otro. Sabemos que las muwassaha eran un sistema poético de tipo heterogéneo, donde el paso de un idioma a otro equivalía al paso de una tradición a otra. Contribuyeron al nacimiento de la jarcha tres pueblos: el español, el árabe y el hebreo, con la particularidad de que las j archas en románico eran, probablemente, las más antiguas.

RASGOS DE LAS CULTURAS FRONTERIZAS

Con cierto grado de cautela, intentaremos precisar algunos rasgos inherentes a   todas las culturas fronterizas. Comparadas con las que no lo son, la característica más notorias es su carácter abierto y, al mismo tiempo, cerrado. Por la coexistencia a lo largo de muchos siglos con culturas ajenas —no obligatoriamente   hostiles—, las culturas fronterizas solían ser muy propensas a los influjos exteriores, aunque al mismo tiempo tenían que cuidar su propia autoctonía. Tal singularidad explica la constante tensión —tan típica para las culturas rusa y española— entre dos tendencias polares: la «protectora» y la «cosmopolita», la   «receptividad universal» y la celosa conservación de las tradiciones cuya continuación, además de natural, era la única posible para este tipo de culturas, en   tanto que factor dinámico impulsor de su desarrollo.

La opción de seguir su propio (exclusivo) camino, o bien adoptar el ajeno   (exclusivo) es muy notoria en la historia y la cultura de España y Rusia; de   hecho, es una característica fundamental de toda cultura limítrofe. La comparación de las experiencias «fronterizas» de países diversos demuestra que el   «occidentalismo» exaltado no es una excepción, como tampoco lo son las   tendencias eslavófilas o hispanófilas. Los esforzados intentos de conservar   una vía cultural propia, fustigando la civilización tecnocrática o atea, o bien  la de injertar una cultura ajena, criticando la selvática limitación provinciana, eran inherentes a los pensadores y publicistas tanto de España como de   Rusia, y entre ellos se observan coincidencias hasta en los más mínimos detalles. Al mismo tiempo, resulta curiosa (y evidentemente lógica) la recíproca   e incondicional simpatía entre los occidentalistas rusos y españoles, así como   la cautelosa atracción recíproca de los eslavófilos e hispanófilos. Es muy significativa, por ejemplo, la opinión de Ramiro de Maeztu sobre Dostoievski y   los pensadores rusos por su afán de restaurar los primarios valores espirituales, perdidos a causa de la civilización tecnocrática moderna, y los fervorosos ideales que en esta nueva época confirman las verdades del cristianismo.   Al mismo tiempo, Maeztu se muestra dolido por la crítica del catolicísimo,  particularmente en España7.

En la opinión pública española de finales y principios de siglo, hallamos  un amplio surtido de propuestas y consejos para el ulterior devenir del país,  que recuerdan, a veces de forma extraordinaria, los debates acerca de los   destinos de Rusia en aquella misma época. Ángel Ganivet, por su parte, pro- ponía, en un programa muy beligerante, «aislar» a España, cerrando las   puertas de Europa. J. Costa y el joven Unamuno eran partidarios de «occidentalizar» España, de «europeizarla». Algo más tarde, Unamuno, proclive   a bruscos virajes, defendía ideas mesiánicas sobre la expansión espiritual de   España, es decir, la «hispanización» de Europa.

Ramón Menéndez Pidal, refiriéndose a España, decía que se trataba   siempre de la constante oscilación del péndulo entre etapas de aislamiento   e integración, fórmula totalmente aplicable a Rusia8. La pugna entre ambas   tendencias provocaba inevitablemente ideas mesiánicas, perceptibles en la   historia y cultura de ambos países. Walter Schubart, profesor de Sociología   y Filosofía de la Universidad de Riga, decía en su libro Europa y el alma de   Oriente (1938) que el mesianismo de las culturas limítrofes de Oriente se   debía a su posición geográfica, y el de Occidente a la religión cristiana.   Schubart, muy influenciado por la filosofía religiosa rusa, en particular por   Vladimir Soloviov, dedica su libro, en lo fundamental, a la peculiar misión   espiritual de Rusia; pero en uno de los capítulos, titulado «Españoles y   rusos», dice que la cultura española se encuentra en el otro extremo de la   «gran diagonal europea», habiendo cumplido a lo largo de los siglos un   papel muy semejante. El eslavista de Riga considera que uno de los rasgos   distintivos del complejo fronterizo ruso e hispano es el anhelo de propagar   su religión por el mundo, defender con espíritu maximalista y exaltado su integridad. Al mismo tiempo, Schubart señala el reverso de este complejo   ideológico y espiritual: el espíritu mesiánico de los pueblos ruso y español   persiste mientras no pierda la esperanza de alcanzar el Reino del Cielo, de   acercarse al paraíso terrenal. Una vez perdida esa esperanza, ambos pueblos   se dejan seducir fácilmente por el nihilismo.

«En el umbral de la era Prometeica, el español incansable en su aspiración   al universalismo, en su lucha por la comunidad cristiana, está dispuesto a come- ter crímenes contra la humanidad. Cuanto menos sentido tenga la lucha, más   se apodera el ateísmo de él. Pero es suficiente que un hombre culto se haga ateo   para que se convierta en nihilista, se rebele contra Dios y el mundo. Ya no le   basta pasar con indiferencia ante las iglesias, ahora las quema. Tan sólo en Rusia   y en España presenciará el mundo la masiva profanación de las iglesias»9.

La tesis de Walter Schubart, tomada en conjunto, posee cierta tendencia a la utopía, al igual que la propia conciencia de los rusos y españoles. La   tentación del maximalismo, la seducción por el camino «ajeno» o «propio»   y la predisposición al extremismo son evidentes en el carácter de rusos y   españoles. Ortega y Gasset, en una carta dirigida a Unamuno, confirma   curiosamente esas palabras: «Estoy hondamente convencido de que Vd.   debe preocuparse de problemas culturales objetivos… Yo quisiera que —por   dietética espiritual— dedicara Vd. alguna labor de construcción científica   cualquiera. Mi confesión de Tolstoi es una advertencia para Vd. Yo he estudiado las ciencias y no he hallado… esto es semítico y antieuropeo»10.

Desde el punto de vista de Ortega y Gasset, el pensador más europeo de   España, tanto Tolstói como Unamuno son los representantes más destaca- dos de una concepción nacionalista del mundo, y en sus búsquedas se han   alejado por igual del estándar europeo común.

Otra peculiaridad clave para las culturas limítrofes es el papel que desempeña la religión en la vida nacional.

El general ayudante de Bálashov, en la famosa novela de Tolstói Guerra  y paz, dice a Napoleón, aunando España y Rusia en un todo debido a la similitud de las condiciones históricas: «Ruego a su Majestad me perdone, pero   también en España, además de Rusia, hay muchas iglesias y monasterios»,  aludiendo así a la reciente derrota de los franceses en España11.

Destaca el auge alcanzado por la filosofía religiosa en ambos países, en  comparación con países fundamentalmente seculiarizados como Alemania,  Francia o Inglaterra. Esto constituye otra singularidad común a las culturas   de frontera.

Otro rasgo característico del pensamiento filosófico de España y Rusia es   su profundo vínculo con la literatura, señalado muchas veces. Tanto Séneca como Maimónides, Lulio, Vives, santa Teresa, Gracián, Unamuno, Ortega y Gasset, Tolstói, Dostoievski, Vladimir Soloviov, Vasili Rozanov, Nikolai Berdiaiev o Pavel Florenski son eximios pensadores y al mismo tiempo   grandes literatos. Si Alemania y Francia proporcionaron al mundo grandes   filósofos, Rusia y España le dieron grandes pensadores.

CONCLUSIONES SOBRE EL FENÓMENO DE LA CULTURA LIMÍTROFE

El fenómeno de la conciencia limítrofe, la idea de la frontera como categoría   filosófica de la cultura, nos permite aún sacar otras conclusiones. En sentido  cultural, por ejemplo, la situación fronteriza desempeña, entre épocas históricas, un papel muy importante. Es indudable que agudiza en grado idéntico   y simultáneo el presentimiento del fin y la percepción sensitiva del comienzo. Todos nosotros, por ejemplo, somos conscientes de que penetramos en   una etapa limítrofe entre siglos. Cuando un siglo sucede a otro y se coincide   con el paso de un milenio a otro, esa zona fronteriza parece más larga y se   tiene la sensación de haber entrado en ella hace ya mucho tiempo. Los nuevos talentos, las nuevas tendencias en la cultura, son de esperar en dichas   épocas fronterizas que, por otra parte, suelen ser mucho más fecundas en   cuanto a estilos, ciencias, literatura y arte. El problema de los países fronterizos ha llamado siempre la atención de L. N. Gumiliov; sus juicios acerca de   la frontera como amplia zona neutral de cientos de kilómetros, tal como era   Moscovia en el siglo XVI o los Estados Unidos en el XIX (yo habría añadido,   además, España durante la Reconquista) son muy válidos.

«Constituyen las fronteras actuales un límite natural o artificial (un río,   una cordillera, una zona fortificada) que separa a los «propios» de los «ajenos».   Sin embargo, en los espacios esteparios de Siberia o de la parte meridional   rusa, la posibilidad de marcar así las fronteras era simplemente imposible. En el   siglo XVI, los límites fronterizos de Rusia, en creciente expansión, se fijaban   por los inmensos espacios de el díkoe polie («campo salvaje») y de Siberia»12.   Situación que no sólo repite el modelo de las interrelaciones de la España cristiana y musulmana a lo largo de ocho siglos, sino que prevé, asimismo, lo ocurrido en Norteamérica, cuyos límites abarcaban un territorio inmenso comprendido entre el Missisipi y las Cordilleras, situación plenamente aplicable a   la cultura, a cualquier tipo de límites entre épocas, estilo, artes o ciencias.

Lo mismo que en situaciones fronterizas reales se construían e instalaban   castillos, fortines cosacos y puestos de vigilancia bien en tierra de nadie, bien   en territorio ajeno, cabe decir que en la cultura existen también semejantes   «fortines» en territorio ajeno. Tanto Berdiáiev como Ortega y Gasset en el   campo de la filosofía serían «fortines cosacos» en el campo de la literatura,   mientras que Borges o Andréi Biely serían los «torreones» de la literatura en   el campo de la filosofía. Escritores y pensadores como Holderline, Blackie,   Nietzsche, muy adelantados a su tiempo, son también ejemplos en otro género. En una situación limítrofe real, los castillos y fortines se levantaban con   desigual fortuna tanto de un lado como del otro, pero los grandes hacedores   de la cultura, los creadores, en las etapas que limitaban dos épocas, solían   recrear asombrosamente épocas ya pasadas. Así le ocurrió a Pushkin, que   prolongó la vida del siglo XVIII, y a Bulgákov, que hizo suyo el siglo XIX.

NOTAS

1 · P.M. Bitzili, Rusia entre Europa y Asia: la tentación euroasiática, Moscú, 1933.
2 · L. N. Gumiliov, Ritmos de Europa. Épocas y civilizaciones, Moscú, 1933.
3 · R. Menéndez Pidal, Los españoles en la historia, Espasa Calpe, Madrid, 1982, p. 193.
4 · P. M. Alexéiev, La cultura rusa y el mundo románico, ed. rusa, 1985.
5 · A. Gallego Morell, Estudios y textos ganivetiamos, Madrid, 1971, p. 100. Mir es una especie de comuna rural rusa.
6 · V. E. Danílov, Slovo o poguibeli Russkoi Zemli, ed. rusa.
7 · R. de Maeztu, Defensa del espíritu, Rialp, Madrid, 1958, p. 139.
8 · R. Menéndez Pidal, Los españoles en la historia, pp. 182-198.
9 · M. Schubart, Europa y el alma de Oriente, Madrid, 1948, p. 265.
10 · José Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Epistolario completo, E. El Arquero, Madrid, 1987, p. 60.
11 · Lev N. Tolstói, Guerra y paz, ed. rusa.
12 · L. N. Gumiliov, La Rus y Rusia, ed. rusa, San Petersburgo, 1992.

Una historia cubano-española

EN EL VERANO DE 1814, mi tatarabuelo Cosme Cardenal, que ejercía la carrera de abogado en Valladolid y era perseguido por liberal por los esbirros de Fernando VII, El Deseado, hubo de tomar rápidamente una diligencia, acompañado de su esposa María Oscáriz, que se hallaba en avanzado estado de gestación, y exilarse. Cruzaron como rayos la frontera con Francia y fueron a detenerse en Montaubán, donde mi tatarabuela dio a luz un niño varón, que fue luego mi bisabuelo. Poco después se embarcaron para Cuba a rehacer su vida. Tal vez tenían allí parientes. De todas maneras, en los finales de aquel año de 1814 no estaba Francia como para quedarse en ella un emigrado español tachado de doceañista. En Cuba se instalaron en la ciudad de Matanzas.

No debió irles mal. Su hijo (el niño nacido en Montaubán, mi bisabuelo), Manuel Cardenal y Oscáriz, fue también abogado. De su padre heredó la energía en la vida y la afición a la política. Casó con Andrea Gómez, hija del Conde de Camarioca, perteneciente a una de las treinta familias canarias que fundaron Matanzas en 1693. Llegó a ser dueño de una importante estancia cerca de la ciudad y de un par de cientos de esclavos negros, pero luego, en 1870, formó parte de la junta de notables que redactó el reglamento de la ley de abolición de la esclavitud. No fue separatista, pero sí fundó en 1878 el Partido de Unión Constitucional1, luego autonomista, que si hubiera sido apoyado desde Madrid, habría sido la solución a los levantamientos de los separatistas y ni Céspedes ni Martí habrían tenido éxito. En 1893, Maura, Ministro de Ultramar, comprendió la razón que había tenido mi bisabuelo al alzar la bandera autonomista y consiguió que las Cortes Españolas concedieran la autonomía a la perla de las Antillas. Pero ya era tarde. En 1895, de nuevo se recrudeció la insurrección, ya descaradamente apoyada por los norteamericanos.

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Mi abuelo, Manuel Cardenal Gómez, nacido en 1846, fue un joven rebelde y tuvo una vida accidentada. Empezó rodando de mala manera por el mundo habanero. Se hizo, con horror de su padre, del grupo de los nenes de la acera del Louvre (el Louvre era un gran almacén  a imitación del parisino del mismo nombre). Allí, en la acera del Louvre del Paseo del Prado de La Habana, se reunían para conspirar contra España los jóvenes de buenas familias que comulgaban con la insurrección, los señoritos separatistas. Él lo era. Era también gran deportista, maestro de esgrima, no muy alto ni fornido, pero sí excepcionalmente fuerte (hoy lo habrían clasificado los boxeadores como un welterweight), bello y calavera. De él se cuentan varias proezas divertidas que muestran su valentía y su domino de las armas. Había casado en La Habana con Sacramento Dominicis, mujer muy bella, hija del Marqués de Figliasi, pero quedó viudo muy joven al morir ésta en 1873 en el parto de su único hijo, el que en su día sería mi padre, Manuel Cardenal Dominicis2.

Los abuelos de Matanzas se hicieron cargo de la crianza del niño. Luego, el padre y el abuelo del niño riñeron y empezó el juego repetido del robo de éste: el padre iba a la estancia de Matanzas, robaba el niño y se lo llevaba a La Habana; al poco el abuelo, añorante del nieto y sabedor de que éste no se hallaba en buenas manos, iba a La Habana, lo robaba de la casa del padre y se volvía con él a Matanzas. Así, mi padre se crió la mayor parte del tiempo en la estancia de su abuelo. Colindante a ella se hallaba la magnífica de los Torriente y la de los Márquez Sterling, que tenían hijos de la edad de mi padre y que luego tuvieron algún papel en la alborotada política cubana. Mi padre me habló muchas veces de su vida feliz en aquella estancia. Cuando tuvo quince años, mi bisabuelo lo mandó a la Península para que estudiara la carrera militar. Unos años más tarde, cuando en Cuba estalló la insurrección del 95, muerto ya mi bisabuelo, mi abuelo se hizo abiertamente insurrecto y se unió al bando de los mambises.

A principios del año 1898, cuando se formalizó la intervención armada de los Estados Unidos, mi padre, que era ya teniente de artillería en España y estaba recién casado, fue destinado voluntario a la guerra, ya agonizante, de Cuba. Guerra que España llevaba con singular energía pero con mala técnica, escasos recursos e insuficiente información. La guerra no era ya sólo contra los mambises, los insurrectos cubanos, sino también contra la poderosa República de los Estados Unidos. Todos sabemos que la guerra fue desastrosamente perdida por los españoles y ganada —sin gloria— por los americanos. No es ésta la ocasión de hacer reflexiones sobre lo acontecido. A mi padre le tocó la rendición del ejército español estando con su batería en Santiago de Cuba. A los dos o tres días de la rendición, los yankees dejaron entrar en Santiago de Cuba a un cierto número de tropas nativas. Entre ellas entró un batallón de mambises que mandaba mi abuelo, que tenía entonces 52 años. En la calle, padre e hijo se encontraron. Mi abuelo conoció a su hijo; éste no reconoció al pronto a su padre.

—«¡Prisionero!»—, gritó mi abuelo a mi padre. Y se abrazaron llorando3. «Ahora te quedas aquí y tendrás grados en el ejército cubano. Es precisamente lo que necesitamos, hombres valientes y competentes como tú».

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Mi padre se negó. Se sentía español. En España estaban su esposa (mi madre)4 y yo, su hijo, a quien aún no conocía, pues mi madre quedó embarazada cuando él partió para la guerra. Mi padre decía que Matanzas, donde vivió su infancia, debió ser el lugar del paraíso, tan bella la recordaba, pero su honor y sus amores eran España y en España estaban su esposa y su hijo. Creo que no volvieron a verse mi padre y mi abuelo. Algunas veces se escribieron, pocas.

Málaga, 1971.

NOTAS

1 · Su biografía se halla en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias, Artes, etc. editado en Londres por W.M. Jackson, y también en la Enciclopedia Espasa.
2 · Mi abuela murió (y mi padre nació) en Sevilla, donde se hallaba el matrimonio, que estaba haciendo una gira de recreo de varios años por Europa. Mi abuelo y el niño regresaron a La Habana tres años después.
3 · Nota de Fernando Cardenal, hijo del autor. Siendo yo muchacho y siendo ya viejo mi abuelo (Manuel Cardenal Dominicis, personaje de la historia que aquí se cuenta), éste me dijo que los hombres que cada uno respectivamente mandaba se abrazaron también los unos a los otros.
4 · También de familia cubana, nacida en Trinidad de Cuba, hija de un coronel de infantería que había guerreado contra la primera insurrección cubana.

Diario 1887, 1910

d1887a.jpgLa imagen de Jules Renard se agranda con el transcurso del tiempo gracias a las páginas de su Diario. Este escritor francés fue testigo privilegiado de una época vibrante, la que contempla el ocaso de los grandes genios de la cultura francesa decimonónica y el nacimiento altivo de las vanguardias artísticas que dinamitaron el remanso plácido del mundo en el que había ejercido su imperio Víctor Hugo. El insatisfecho Renard hunde su escalpelo irónico en una sociedad cultural con la que mantuvo siempre una actitud ambivalente, entre el repudio y la entrega más vergonzante. Desfilan por el dietario escritores y artistas de toda laya, a los que observa inmisericorde un autor fracasado, consciente de que el monumento literario por el que pasaría a la posteridad es este Diario, que ahora recupera en una inteligente edición Clásicos Mondadori.


En las páginas deslumbrantes de la obra se aprecia una extrema crueldad, la del autor vuelto hacia sí mismo, pues todas las sátiras e invectivas dedicadas por Renard a sus ilustres contemporáneos son únicamente cortinas de humo de la ferocidad con que contempla el escritor las ruinas de sus ilusiones literarias. Por ello, la lectura culturalista que sin duda debe hacerse de este Diario no oculta el desgarro intimista que lo recorre. La profunda mirada escrutadora del francés compone unas memorias que parten de la vivencia de un fracaso; pues Renard sólo obtuvo un parcial éxito con su oscura dramaturgia. Estamos ante uno de los momentos claves en la gestación de la intimidad literaria, que apunta las patologías del yo tan inequívocamente contemporáneas. El planteamiento romántico del Sturm und Dranges superado por Renard en una opción más viviseccionista, en una tarea de taxidermista de los comportamientos. Es constatable una delicada minuciosidad, casi entomológica, con ese frío desapasionamiento propio de un Rembrandt en su celebrada Lección de anatomía, o lo que es más relevante, en las intuiciones programáticas de la educación sentimental flaubertiana. Hay una mayor contención y al mismo tiempo una mayor crueldad; nunca la neurosis del romántico y sí esa hiriente media sonrisa.


d1887b.jpgEl Diario es, además, un prodigioso ejercicio de escultura de la palabra, al estar cinceladas las frases gracias a un lenguaje en estado de pureza. Domina la economía de estilo, y esto no es aquí un mero tópico que alude a la claridad de las formas. Se aleja el inclasificable Renard de toda grandilocuencia, aunque el equilibrio y la concisión de muchos de sus hallazgos recuerdan el aliento de las punzadas líricas. Incluso son evidentes las posibles analogías con autores que cultivan el fogonazo del ingenio, caso de las greguerías de Ramón. Este cultivo del ingenio es el resultado también de una incapacidad. El ingenio como simulacro de la falta de vis creadora. No lo sostiene una verdadera pasión creadora. Una de las grandes vetas de este maravilloso centón es, entre tantas otras, la dialéctica trazada entre el talento y el ingenio, dentro del contexto de la relación entre la sociedad y sus reclamos y la soledad del artista puro. Detrás de los dilemas sólo aparece de modo entrañable la incapacidad de Renard para la creación que tanto añora.


En una época brillante, no hay mejor guía para degustar su mundanidad. Rostand, Toulousse-Lautrec, las delirantes ocurrencias sobre Baudelaire, Mallarmé, entre otros tantos, desfilan por la pluma inquisitiva de un autor diletante y memorable. Cobran un especial valor las páginas dedicadas a los hermanos Goncourt, ejemplo de distanciamiento y de necesidad para el menesteroso autor, pues a su inicial repudio se sigue el ingreso en la secundaria Academia de los no admitidos en la francesa. O esa amistad cultivada con el, por fin, justamente recobrado Marcel Schowb. Pero el autor del Diario se muestra un conservador artístico en definitiva, receloso de las vanguardias, en especial del surrealismo. Se sintió cercano a Víctor Hugo o a Rostand. Defendió al Zola intelectual, aunque no considerase su naturalismo narrativo.


Aunque Renard no sea un pensador de la talla de Pascal, ha legado en este delicioso y agridulce Diario un perfecto testimonio de una era de transiciones múltiples, además de haber logrado verdaderas y raras piezas líricas. Lo que llevó a escribir: «Saboreo la alegría áspera del espléndido aislamiento».

Me gusta contar

«Me gusta contar»: con tres palabras resume Antonio Pereira más de cuarenta años de dedicación al cuento. Exacto desde la primera frase, Pereira encierra en esta afirmación rotunda el norte que guía su escritura, el fin grande y modesto de quien
escribe para tener amigos, para poder reunirse con ellos alrededor de una mesa y charlar y beber unos vasos de vino.


Pereira busca siempre la complicidad de su lector, crear el ambiente familiar y de camaradería que presidía los filandones, aquellas reuniones invernales de otro tiempo en las que se contaban historias a la luz del fuego. De la tradición oral, Pereira
heredó algunas virtudes narrativas, por ejemplo la capacidad para adentrarse con rapidez en la historia o para mantener siempre despierta la atención del que escucha; pero quizá lo que más agradece el lector es la forma en la que el narrador se oculta para dejar que la historia se quede con todo el protagonismo. Pereira va al grano, trabaja la sencillez y desecha cualquier tentación manierista que se acerque a sus relatos.


Me gusta contar supone una excelente oportunidad para acercarse a la obra de este escritor periférico, polifacético —poeta vocacional, cuentista siempre, novelista esporádico—, acostumbrado al reconocimiento minoritario, a transitar por
lo que hasta hace bien poco eran los arrabales de la literatura española. Pereira reúne en este volumen más de sesenta cuentos, muchos publicados anteriormente y otros inéditos, una muestra acertada de su aportación al género en la que recopila historias memorables: «El hombre de la casa», «El apartamento», «El señor de los viernes», «El síndrome de
Estocolmo», «Palabras, palabras para una rusa» y tantas otras.


Pereira ha dividido el conjunto en cuatro apartados, de los cuales tres aluden a lugares geográficos: Madrid, remotas regiones del globo y, por supuesto, el noroeste peninsular.


En los lugares más exóticos —Roma, Río, Acapulco…— y en los parajes más cercanos —Villafranca del Bierzo, Astorga, León— habitan sus protagonistas tragicómicos, hombres casi siempre, a veces víctimas de sucesos imaginarios o fantásticos, y a veces simplemente de mujeres, tan deseables como avispadas. Pereira trasciende la anécdota humorística o irónica para fascinarnos con unos personajes que nos cautivan con su debilidad, personajes picaros, galanes de tres al cuarto, un poco atontados y cobardes que tienen algo de Marcello Mastroianni, aunque sean a veces más llanos y grotescos. Con la ayuda de estos personajes, Antonio Pereira hace saltar nuestros resortes anímicos y nos conduce, cuento a cuento, de la melancolía a la carcajada.

Escaparate

Algunas obras
Fernando de Herrera
Diputación de Sevilla, Sevilla, 1998

En 1582 apareció, bajo el título de Algunas obras, la única colección de sus poemas que publicó en vida Fernando de Herrera (1534-1597). La profesora Begoña López Bueno ha editado los 91 poemas que componen esa colección y, en un estudio preliminar, ha arrojado luz sobre las claves y el contexto de la obra del poeta y erudito sevillano.

Sátiras
Ludovico Ariosto
Ediciones Península, Barcelona, 1999

Ludovico Ariosto (1474-1533) escribió sus Sátiras durante los años inmediatamente posteriores a la primera aparición del Orlando Furioso (1516). En el breve estudio que precede a la edición bilingüe del texto, José María Micó ha analizado la mutatio animi que está detrás de la redacción de estas siete Sátiras. Micó también ha elaborado las documentadas notas que cierran el volumen y ha hecho una modélica traducción, para la que ha escogido, con acierto, los endecasílabos blancos.

Picasso por Picasso
Paul Désalmand
Traducción de Carme Camps
Editorial Thassália, Barcelona, 1998

La vida intensa, apasionada, sorprendente e inaprehensible de este artista longevo (1881-1973) ha dado lugar a una larga lista de publicaciones de muy variada naturaleza por su extensión y forma. La escrita por Paul Désalmand (1937) tiene tres características que la hacen recomendable. El historiador francés ha confiado, en primer lugar, en el valor ilustrativo
de la anécdota y del comentario expresado a vuelapluma, pues en ellas la personalidad del artista se revela de un modo espontáneo e intelectualmente explosivo, que casa muy bien con el discurrir de la existencia «divinamente» creativa del artista. Désalmand se ha servido, en segundo lugar, de muy variadas fuentes documentales francesas e inglesas, difícilmente accesibles para el público español. Y ha dividido, finalmente, su manual de iniciación a la vida del genio en una docena larga de capítulos, que son otras tantas ventanas abiertas sobre el pensamiento, la pasión, la admiración, el humor, las
opiniones políticas y, por encima de todo, el amor a la pintura de ese inigualable fenómeno llamado Pablo Ruiz Picasso.

Caballería roja.
Diario de 1920
Isaak Bábel

Traducciones de Ricardo San Vicente y Margarita Estapé. Prólogo de Galina Bélaya. Epílogo de Antonio Muñoz Molina
Editorial Glaxia Gutenberg, Barcelona, 1999

Galaxia Gutenberg inicia con esta primera entrega una colección, «La tragedia de la cultura», que sacará a la luz obras hasta ahora sepultadas por la censura en diversos regímenes autoritarios. En la nómina rusa de la colección figurarán nombres fundamentales como Bulgákov, Tsvietáieva, Platónov, Pasternak y Ajmátova, sufridores del régimen estalinista
no menos que el judío culto, nacido y educado en Odesa, que se sumó a las bárbaras fuerzas cosacas en la guerra civil posrevolucionaria, y de cuyas memorias, concienzudamente elaboradas y ahora brillantemente traducidas al castellano por San Vicente y Estapé, nos hace partícipes Caballería roja. La presente edición añade al texto de Bábel el Diario de 1920, las «notas de campo» tomadas por el escritor de las que nació su novela.

Los límites del individualismo
AA.W.
Editorial Noesis, Madrid, 1998

Las intervenciones en el Curso de Verano de la Universidad Complutense sobre el tema «Los límites del individualismo», que la Fundación Diálogos patrocinó el pasado verano, se recogen ahora en una publicación editada por Margarita Núñez Canal, y prologada por Juan Pablo de Villanueva. La individualidad humana fue tratada por los distintos especialistas
universitarios que intervinieron en aquella ocasión, desde perspectivas complementarias; si se empezó analizando la ontologia de la persona, se abordaron luego los límites tanto sociales, estéticos, políticos, económicos como éticos con los que se enfrenta dicha individualidad. Justamente este «diálogo» entre individuos conscientes y responsables es condición necesaria para superar «los límites del individualismo», de los que trata el libro.