Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosNaciones Unidas acaba de hacer público un relevante documento sobre «La democracia en America Latina» que nos interpela acerca de algunas de las cuestiones clave de este sistema de gobierno dirigido a mejorar las condiciones de vida de la gente y a promover auténticas políticas de participación de los ciudadanos en el espacio público.
El informe es, ciertamente, inquietante. Describe una paradoja moderna que debe llevarnos a una reflexión profunda y serena: en Iberoamérica, a pesar de ser el continente en desarrollo donde hay más gobiernos democráticos, se aprecia una cierta fragilidad, como bien lo refleja el número de presidentes que han abandonado el cargo por protestas ciudadanas en un contexto de descenso de su popularidad cuando, en su momento, habían sido elegidos en ambientes de entusiasmo generalizado. Es más, el documento, que parte de una encuesta realizada entre 18.600 ciudadanos y 231 líderes políticos, señala que hay un número relevante de personas (55%) que preferirían otros sistemas políticos no democráticos si trajeran consigo una mejora real de la calidad de vida.
Realmente, el índice de desigualdad ha aumentado en estos países latinoamericanos, a pesar de contar ellos con estructuras democráticas. Pero ello no debe llevarnos, ni mucho menos, al pesimismo; de lo que se trata es de que la democracia, y sus líderes, apuesten radicalmente por la mejora de la educación para todos y por el fomento de las libertades. Pero, para ello, es necesario afrontar todo un conjunto de tareas de naturaleza educativa, constitucional y administrativa. Ahora me referiré, desde este punto de vista, a algunas cuestiones de orden administrativo que considero capitales para la revitalización de la gobernabilidad y del aparato administrativo en Iberoamérica.
ADMINISTRACIONES PROFESIONALES
En efecto, para apuntalar mejor los fundamentos de una sociedad democrática, es menester disponer de Administraciones públicas profesionales, en las que el sistema de ingreso y promoción en el aparato gubernamental sea el de mérito y capacidad. Quizá por eso la Carta Iberoamericana de la Función Pública, suscrita en junio de 2003 en Santa Cruz de la Sierra con una activa participación española (www.clad.org.ve), aspira a constituir «un instrumento al servicio de las estrategias de reforma que incorporan los criterios inspiradores de los esfuerzos de modernización», tal y como reza el criterio 6 del capítulo segundo, dedicado a los vectores orientadores y a los criterios rectores de la Carta.
En este sentido, desde la perspectiva del protagonismo que en los procesos de reforma deben compartir ciudadanos y servidores públicos encargados de gestionar el interés público objetivamente, la Carta acierta al señalar como el primero de los criterios «la preeminencia de las personas para el buen funcionamiento de los servicios públicos y la necesidad de políticas que garanticen el máximo valor del capital humano disponible por los gobiernos y organizaciones del sector público».
Las personas son, en efecto, el centro de las nuevas políticas públicas. Ese carácter central supone que la ciudadanía asume su papel medular superando una perspectiva meramente pasiva —como sujeto de los servicios—, para adquirir mayor conciencia de constructor, junto a la propia Administración, de las nuevas políticas públicas. La tarea es complicada y bien difícil porque todavía encontramos, incluso en los países más desarrollados, aproximaciones políticas que buscan la manera, a veces bien sutil, de sumergir a la ciudadanía en ese agradable sueño del anonimato, en el que juegan un papel muy importante las más variadas fórmulas de manipulación que ofrece el pensamiento único. Por tanto, se aboga por las personas como ciudadanos comprometidos con el interés general y por las personas, como servidores con las mayores capacidades técnicas posibles para que, de verdad, la tarea profesional de la gestión pública esté en muy buenas manos. A todos, y sobre todo a la ciudadanía, interesa que quien maneja el interés.general disponga de una muy buena preparación y de una digna retribución. Este tema, capital, tiene mucho que ver en Iberoamérica con la educación en todos los niveles, familiar, social y docente.
Los sistemas de acceso a la función pública son variados, como variadas son las tradiciones administrativas. Ahora bien, dentro del área democrática, parece que el mérito y la capacidad deben ser los criterios que presidan esta tarea fundamental. Lo común, lo público, lo colectivo, debe estar confiado a personas con acreditada capacidad profesional y también con una rectitud ética que les lleve a realizar su trabajo profesional al servicio real y objetivo de los intereses generales. Por eso, se entiende bien el segundo de los criterios de la Carta: «La profesionalidad de los recursos humanos al servicio de las Administraciones públicas, como garantía de la mayor calidad de los servicios públicos prestados a los ciudadanos».
SERVICIO PERMANENTE
En un contexto de profesionalidad exigente aparece la estabilidad, condición indispensable para la gestión pública, lo que reclama sistemas de selección objetivos. Para unos será estabilidad temporal y para otros indefinida. Probablemente, un sistema con estabilidad indefinida bajo criterios objetivos de selección con evaluación permanente, también objetiva, puede ser una solución que garantice la continuidad de las políticas públicas. Por ello, quizá el otro importante criterio de la Carta se formula en estos términos: «La estabilidad del empleo público y su protección frente a la destitución arbitraria, sin perjuicio de la duración, indefinida o temporal, de la duración que se establezca».
También la Carta se refiere a otros criterios generales como la flexibilidad de la organización y de la gestión del empleo público, la responsabilidad de los funcionarios, la observancia de la ética pública, el protagonismo de los directivos, el fomento de la participación, la transparencia y el impulso de políticas que fomenten la igualdad, el respeto a las minorías y la no discriminación. Criterios todos ellos que parten de la necesaria dignidad de la tarea de la gestión pública y, sobre todo, de una adecuada interpretación de lo que es el interés general en una democracia. Ahora, los procedimientos y las instituciones ya no son ni de los funcionarios ni de sus dirigentes, sino de la gente. Algo que en muchos países iberoamericanos sigue siendo todavía un sueño mientras no se decidan a hacer de la profesionalización una de las políticas de personal más urgentes.
La Carta Iberoamericana de la Función Pública señala, en este sentido, en su artículo primero, la función esencial inherente a la existencia misma de la Administración pública: «Garantizar un manejo adecuado de los recursos humanos en el marco de una Administración pública profesional y eficaz al servicio del interés general». En el mismo sentido, dicho precepto establece también la finalidad de la propia Administración pública en estos términos: «Compatibilizar los objetivos de eficacia y eficiencia con los requerimientos de igualdad, mérito e imparcialidad que son propios de Administraciones profesionales en contextos democráticos».
Estas referencias de la Carta son suficientes, a mi juicio, para afirmar que algo está cambiando en la estructuración y conceptuación de la Administración pública en Iberoamérica, como sabemos muy cercana, al menos hasta ahora, a los más conocidos ejemplos del sistema de botín (spoil-system). Primero, porque ya se empieza a hablar de profesionalidad y de servicio al interés general. Es decir, de una organización imparcial cuya tarea consiste esencialmente en el servicio al interés general. La magnitud de la tarea requiere de una organización caracterizada por la profesionalidad y que trabaje eficaz y eficientemente, en el marco de la imparcialidad, igualdad y mérito, al servicio del interés general.
En segundo término, la referencia a la igualdad y mérito nos hace pensar en sistemas de reclutamiento en los que tales criterios sean los parámetros rectores de la selección. Así, si los patrones que se desea que presidan los procesos de selección en la función pública en Iberoamérica son el mérito y la capacidad, el nepotismo y el amiguismo —en definitiva, la arbitrariedad—, deben estar claramente penalizados en el ordenamiento jurídico y, sobre todo, debería existir una fuerte conciencia social, y personal, de su intrínseca malicia.
En tercer lugar, la apelación a la eficacia y eficiencia de la Administración debe entenderse siempre —así lo hace la propia Carta— en sintonía con el principio de servicio al interés general.
La Carta no se pronuncia por ningún sistema concreto y específico de función pública, porque no puede hacerlo por razones obvias. Pero sí que señala con nitidez los principios generales que deben caracterizar el modelo iberoamericano de función pública, bien conocido y experimentado entre nosotros, que debe adecuarse a las peculiaridades de cada país, pero sin que su inculturización, por decirlo así, le haga perder las notas que lo distinguen esencialmente.
Quizás por ello, el artículo 3 de la Carta nos perfila las notas básicas de la noción de función pública: «Se entiende por Administración profesional una Administración pública dirigida y controlada por la política en aplicación del principio democrático, pero no patrimonializada por ésta, lo que exige preservar una esfera de independencia e imparcialidad en su funcionamiento, por razones de interés público». La cabeza rectora de la Administración es el Ejecutivo, pero ello no quiere decir que el poder político se expansione sobre la Administración, sino que la función administrativa, separada aunque dependiente del gobierno, tiene como tarea profesional la imparcial gestión del interés público. Para esta tarea necesita la administración de un margen razonable de autonomía que le permita cumplir su función.
Durante la IV Conferencia Iberoamericana de Ministros de Administración Pública y Reforma del Estado, celebrada en 2002 en Santo Domingo, se proclamó que «el Estado constituye la máxima instancia de articulación de relaciones sociales» y que, desde la perspectiva de la gobernabilidad, para el progreso económico y la reducción de la desigualdad el Estado es fundamental para el logro de niveles crecientes de bienestar económico.
En Europa nos puede sorprender inicialmente este tipo de tareas que se reclaman al Estado en Iberoamérica ya que para nosotros, en contextos más estables y de mayor protección social, el Estado tiene como tarea más importante garantizar y asegurar derechos y libertades que cada uno realiza personalmente desde los postulados de la libertad solidaria. Sin embargo, sabemos que en Iberoamérica abunda la inestabilidad, la política está gravemente en entredicho y, con excepciones, es frecuente pensar que trabajar para el sector público es poco menos que una tarea deshonrosa porque el sector privado, pára tantos, es la fuente de todas las bendiciones y parabienes.
RECUPERAR EL SENTIDO DEL ESTADO
Hoy, el gran desafío de estos países es recuperar el sentido del Estado sin llegar a afirmaciones en las que, otra vez, se nos diga que es la encarnación del ideal ético. Para ello, es menester pensar el Estado en el contexto de la realidad social, política y económica de cada país sin caer en la tentación de la cómoda generalización.
Desde este planteamiento puede entenderse que el Estado sea la máxima instancia de articulación social. Claro que la función de articulación debe circunscribirse a integrar redes sociales sólidas y, sobre todo, a ayudar a que los excluidos y desfavorecidos puedan acceder al sistema social. Para ello, es necesario disponer de un aparato administrativo profesional, bien preparado, con mentalidad abierta, capacidad de entendimiento y sensibilidad social.
Hoy, en Iberoamérica, es muy importante abrir el debate sobre la dignificación del servicio público planteando sin miedo la profesionalización de la Administración pública como cometido básico. En este marco, es urgente modificar la percepción del Gobierno y de la Administración pública que tiene la ciudadanía, recuperando la honorabilidad del servicio público, insistiendo en la preparación de los funcionarios, retribuyéndoles dignamente por su trabajo y, si es posible, atrayendo a la Administración pública a los mejores.
El desafio es trascedente. La clave es trabajar en la educación cívica de la ciudadanía con el convencimiento de que fomentar la participación no es facilitar, que la gente participe como quiere el poder. La clave reside también en la lucha decidida contra la corrupción en todos los frentes y en el compromiso de los políticos con el bienestar integral de todos los ciudadanos, especialmente de los más desfavorecidos.
El crecimiento sostenido y la apertura de la economía china ha sido favorable al desarrollo bilateral económico y comercial entre China y América Latina. La figura de aquel país es clave en el comercio internacional, tanto por el efecto amplificador de flujos comerciales que se deriva de su rápido crecimiento económico, como de la fuerte competencia de sus productos, desde las manufacturas hasta, cada vez más, productos de alto contenido tecnológico. Y América Latina no es ajena a este fenómeno. El año pasado, el presidente chino, Hu Jintao, realizó una visita oficial de dos semanas a varios países de América Latina y el Caribe. Se firmaron treinta y nueve acuerdos comerciales con cinco países, por un total de 30.000 millones de dólares y se anunciaron inversiones de 100.000 millones de dólares para los próximos diez años. Según recalcaba un columnista americano, en 2004 el presidente chino pasó en América Latina más tiempo que el presidente Bush y, hasta la fecha, el vicepresidente chino, Zeng Qinghong, habrá pasado más tiempo en América Latina que el vicepresidente de Estados Unidos, Dick Cheney, en los últimos cuatro años.
Si bien la mayoría de los estudios recientes se han dedicado a la relación entre América Latina y China, es posible extender el análisis a las relaciones entre las regiones económicas a las que pertenecen. Para ello, se han considerado los datos de las principales economías de América Latina: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Venezuela; y del sudeste asiático: China ampliada (China, Hong Kong y Taiwán), Corea del Sur, Singapur, Tailandia, Filipinas, India, Indonesia, Japón y Malasia.

UN COMERCIO DESIGUAL
En los últimos veinticinco años, la economía asiática creció en media tres veces más rápido que la de América Latina y con una volatilidad ligeramente inferior. La influencia entre ambas economías se ha producido fundamentalmente por la vía del comercio y la inversión directa.
Hasta el momento, la importancia del comercio entre las dos regiones es desigual para cada una de ellas. Para América Latina este comercio tiene mayor importancia que para Asia. En 2004, las exportaciones hacia el sudeste asiático de los principales países latinoamericanos representaban el 9,3% de sus exportaciones totales, y las importaciones con origen en esa región eran el 17,5% de sus importaciones del mundo. Para el sudeste asiático, el mercado latinoamericano representa el 6,9% de las exportaciones y sólo el 4,7% de sus importaciones. En términos corrientes existe déficit comercial de América Latina con el sudeste asiático; sin embargo, este déficit ha ido disminuyendo desde 28.000 millones de dólares en 2002 a menos de 20.000 millones de dólares en 2004, gracias al espectacular incremento de la demanda asiática de materias primas.

Según datos de la Organización Mundial del Comercio, la cuota de Asia en el comercio mundial de bienes se incrementó en dos décadas del 20% al 27%, debido principalmente a China, que incrementó su participación del 2,7% al 6,2% en 2004. La participación comercial de América Latina, en cambio, se mantuvo constante, en torno al 5% durante ese mismo periodo.

El principal destino de las exportaciones latinoamericanas sigue siendo Estados Unidos, mientras que el mercado intrarregional recibió sólo 15,6% de sus exportaciones totales en 2003. Sin embargo, las exportaciones hacia Asia crecieron cerca del 20% anual y representaron un 10% del total. La situación para Asia es a la inversa: América Latina es sólo el cuarto mercado de exportaciones con una cuota del 2%, por delante de África y Europa del Este; y América del Norte mantiene una cuota del 22%, inferior todavía a los niveles previos a la crisis asiática. En cuanto al comercio intrarregional en Asia, las exportaciones han crecido de media un 14% anual desde 1983 y representan el 50% de la cifra total.

CAMBIO DE BIENES COMERCIADOS CON ASIA
Con los últimos datos disponibles, se observa la evolución de las exportaciones de América Latina entre 1992-2003, clasificadas en tres grupos de productos: agrícola, industria extractiva (minerales, combustible y metales no férreos) y manufactura (sectores del hierro y acero y textil). Si bien las exportaciones a Japón disminuyeron un 22%, las exportaciones totales se duplicaron en este periodo, aumentaron con ASEAN4 (Hong Kong, República de Corea, Taiwán y Singapur) cerca del 4 0 % y hasta cinco veces con China. Estas variaciones reflejan claramente el proceso de integración intraindustrial experimentado en el sudeste asiático, con la reestructuración del sector industrial en Japón y la deslocalización de la producción hacia países de la región con menor coste de mano de obra. En cuanto a la composición de las exportaciones, el mayor incremento se produjo en el comercio de productos de industrias extractivas y agrícolas. En el caso de las exportaciones hacia China, la categoría de producto que experimentó el mayor incremento fueron las exportaciones de tejidos, por delante de las exportaciones de metales, materias primas y productos agrícolas.
Asimismo, del análisis de competencia del Servicio de Estudios Económicos del BBVA1, todos los principales países de América Latina habrían ganado competitividad frente a China en 2003 respecto al año anterior, salvo Uruguay y Bolivia, que se mantienen sin cambios; y Guatemala, que pierde competitividad.

UN IMPORTANTE SOCIO COMERCIAL
El comercio existente con China presenta similitudes con el comercio entre las regiones. Para América Latina, el comercio con China representa más del 5% del total, mientras que América Latina representa sólo un 3,5% del comercio chino. Las estadísticas de América Latina muestran déficit comercial con China, por el contrario, las cifras chinas presentan un superávit por 3.500 millones de dólares en 2004. No obstante, las discrepancias estadísticas son norma habitual en comercio internacional, debido a diferencias en los criterios de registro utilizados por las aduanas de cada país.

Este comercio tiene un desarrollo relativamente reciente. Hasta la década de los noventa, los flujos comerciales entre América Latina y China eran muy bajos. Es a partir de finales de los noventa cuando se produce un fuerte aumento, debido principalmente al incremento de las importaciones latinoamericanas de origen chino. Desde entonces, las exportaciones hacia China han ido creciendo durante los últimos diez años, coincidiendo con la paulatina reducción de aranceles en China. En concreto, en las dos últimas décadas, su tarifa nominal promedio (ponderado) ha pasado de 40,6% en 1992 a 9,9% en 2005.
En 2003 se produjo un explosivo crecimiento del comercio de América Latina con China. Las exportaciones de la región crecieron en torno al 72%, muy por encima de las importaciones de origen chino. Este aumento se debió a mejoras en los precios y un mayor volumen de colocaciones de productos básicos, como cobre, petróleo, algodón, soja y otros productos agrícolas.
Las exportaciones hacia China son más importantes para Argentina, Perú, Chile y Brasil. Durante el pasado año, más del 5% de sus exportaciones tuvieron como destino el mercado chino. Chile y Perú experimen taron el mayor crecimiento de las exportaciones hacia China, que se convirtió en el segundo mercado para Perú y el tercero para Brasil y Chile.
En 2004, todos los países presentaban superávit comercial con China, salvo Colombia, México, Uruguay y Venezuela.
CAMBIO DE TENDENCIA
Las exportaciones hacia China crecieron 40% interanual frente al 72% en 2003 y alcanzaron un importe superior a 13.500 millones de dólares. Sin embargo, las importaciones con origen chino crecieron a un ritmo muy superior, duplicando la cuota de China en las importaciones totales. Aunque este aumento fue generalizado en la región, los países que más aumentaron sus importaciones de China fueron Venezuela, Uruguay, Argentina y Brasil. La importación de artículos textiles y calzado explica en parte este crecimiento pero destaca, en particular, el aumento de la demanda de artículos electrónicos, componentes mecánicos y compuestos industriales. Este cambio supone una rápida transformación de la estructura comercial con China, en la cual los países latinoamericanos se especializan en la exportación de productos primarios, mientras que importan cada vez más productos de mayor contenido tecnológico. En concreto, el incremento del comercio bilateral de componentes electrónicos obedecería a una dinámica de especialización intra-industrial entre ambas regiones, similar a la producida en el sudeste asiático. Aunque, por el momento es más evidente en México, este fenómeno constituye el establecimiento de una red vertical interregional, que estaría impulsada por las transnacionales establecidas en México, principalmente japonesas, como base de ensamblaje para el mercado norteamericano.
FACTOR DE PROXIMIDAD GEOGRÁFICA
La distancia de Los Ángeles, en la costa oeste de Estados Unidos a Guangdong, al sur de China, es de 11.700 kilómetros, mientras que del puerto de Miami a Tierra del Fuego en América del Sur, la distancia es de 8.800. En términos de tiempo de transporte, un contenedor tarda en llegar 6,4 días de América Central a Estados Unidos, 21 días desde América del Sur y 24 días desde China. Sin embargo, esta ventaja del tiempo y la distancia no han servido para competir con éxito con China. La explicación se debe a que los productos que exporta China tienen mayor valor añadido, en los que el coste del transporte es un factor menos importante en el precio final, a diferencia de las exportaciones latinoamericanas, generalmente, de mayor peso y poco valor añadido, tales como materias primas y productos agrícolas. A medida que las exportaciones de China sean productos de mayor calidad (y mayor precio), el coste del transporte será cada vez menor en relación al valor del producto.
No obstante, existen ventanas de oportunidad para América Latina. El transporte de mercancías de China hacia Estados Unidos y Europa incluye, por lo general, un sobreprecio impuesto por las compañías navieras, para compensar la infrautilización dé la capacidad de carga de los buques en su trayecto de vuelta. En cambio, el comercio de América Latina está más equilibrado en ambos sentidos y no soporta dicha penalización. Si esta situación fuera acompañada de una mejora de las infraestructuras portuarias en la región la ventaja de costes frente a China sería aún mayor.
INVERSIÓN DIRECTA
Conforme a los datos de Naciones Unidas, en 2004, los países emergentes recibieron en su conjunto, un 42% de los flujos de inversión extranjera directa (IED) —un 50% más que en 2003—, alcanzando 255.000 millones de dólares. Entre ellos, Asia recibió 166.000 millones de dólares y fue el principal destino de IED, por delante de América Latina, que recibió 69.000 millones de dólares (en 1999, ambas regiones estaban a la par). Según un estudio del B1D2, para el periodo 1997-2001, es posible calcular el grado de coincidencia del origen de la IED hacia China y; el de la IED hacia otros países: de los resultados, se observa una baja coincidencia con América Latina y mucho más alta para India y Corea. Los resultados son similares cuando se calcula el grado de coincidencia por sectores de destino de la IED —utilizando los datos de la inversión de Estados Unidos hacia los países receptores—, a excepción de México, que presenta un alto índice de coincidencia sectorial con China, superior incluso al de la India.
Respecto a los flujos de inversión directa desde Asia, Japón fue el principal inversor asiático en el exterior pero con volumen decreciente, mientras que destaca la tendencia en ascenso de la inversión de China y Corea del Sur.
La trayectoria observada para China merece especial atención. El país es receptor neto de IED desde 1978 y su papel como inversor ha sido hasta el momento poco relevante. Esta situación podría cambiar a medio plazo. En 2004, la inversión china en el extranjero se incrementó un 27% respecto al año anterior, alcanzando 3.619 millones de dólares (2.800 millones de euros). Según el ministerio de comercio chino, el saldo acumulado de la inversión china desde 1979 hasta 2004 es de 37.000 millones de dólares (28.500 millones de euros), constituido por un total de 829 empresas. Sin embargo, los flujos de inversión china y la inversión acumulada en el exterior en 2003, representaban sólo 0,48% y 0,45%, respectivamente, del total a nivel mundial. En 2004, América Latina se convirtió por primera vez en el principal destino de la inversión china, con una cuota del 46%. La inversión china en América Latina está realizada por grandes conglomerados estatales y tiene como objetivo asegurar el suministro de los recursos naturales que necesita para mantener su crecimiento económico, pero también se ha destinado a los sectores de ensamblaje, telecomunicaciones y textil. Los principales países receptores han sido Brasil, México, Argentina, Chile, Venezuela y Perú.
LA MONEDA CHINA
El cambio del régimen monetario chino el pasado 21 julio, desvinculaba la paridad cuasi fija de los últimos diez años con el dólar americano y revaluaba el tipo de cambio en torno al 2%, hasta un valor de 8,11 yuanes/dólar. Tras la medida inicial, la volatilidad del yuan chino ha sido muy escasa con respecto a la divisa estadounidense, acumulando una apreciación del 0,1% en un mes. Ante un movimiento de mayor magnitud, el impacto sobre el comercio y la inversión con América Latina podría ser mixto.
En un principio, las importaciones de materias primas se beneficiarían del mayor poder de compra del yuan; sin embargo, la demanda china se ha mostrado en el pasado altamente inelástica con respecto a los precios. Por otra parte, la menor competitividad de las exportaciones chinas ante la apreciación de su moneda, tendría efectos negativos sobre el crecimiento y la demanda de importaciones para inversión domestica. El fortalecimiento del yuan contribuiría a reducir la entrada de divisas y, por tanto, el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central y su consiguiente reciclaje en deuda estadounidense.
En un efecto de segunda ronda, la subida de tipos de interés y su impacto en la actividad económica, reduciría la demanda interna de Estados Unidos afectando, por tanto, el comportamiento del sector externo de China y América Latina.
Por otro lado, China puede aprovechar para redireccionar el empleo de sus reservas en la adquisición de compañías extranjeras que son relativamente más baratas por efecto de la apreciación del tipo de cambio.
ASÍA, UN RETO
La participación de Asia en el comercio mundial de mercancías supera por cuatro veces la correspondiente a América Latina. Sin embargo, los flujos comerciales entre ambas regiones son todavía poco relevantes tanto en términos de cuota en el volumen total como en relación con el tamaño de las dos economías. De nuestro análisis se observa una especialización comercial de América Latina como exportadora de productos primarios e importadora neta de manufacturas y productos transformados. Esta estructura comercial es más complementaria que competitiva, pero puede llegar a ser una amenaza para el desarrollo a largo plazo de América Latina. La dependencia del comercio de materias primas y productos básicos, no lleva aparejado un mayor desarrollo tecnológico ni la mejora de las capacidades competitivas. La cuestión, por tanto, no es la competencia actual sino futura: América Latina no podrá competir en productos industriales o transformados en los cuales China y otros países asiáticos se han establecido y tienen el control del mercado. En suma, América Latina no podrá competir con el sudeste asiático en costes laborales sino en capacidad tecnológica y capital humano, así como con una mayor integración en las redes de producción transnacionales.
Asimismo, la inversión asiática en América Latina ha estado ligada al desarrollo del comercio bilateral. Japón es el principal inversor asiático pero China comienza a destacar no sólo por el rápido ritmo de crecimiento de sus inversiones, sino también por su papel de aliado estratégico, particularmente para países de la región como Venezuela y Cuba.
La amenaza para los países latinoamericanos no surge por el «ascenso de China» en el escenario económico global sino por el efecto de creación de comercio y diversificación que el rápido crecimiento de China ha traído consigo y que les obliga a resolver urgentemente los obstáculos estructurales a su desarrollo económico a largo plazo.
NOTAS
1 Jorge Blazquez-Lidoy, Javier Rodríguez y Javier Santiso, 2005. China: ¿Ángel o demonio para América Latina?
2 Banco Interamericano del Desarrollo, 2004. The Emergence of China: Opportunities and Challenges for Latin America and the Caribbean.
Generalmente, el comportamiento de la economía latinoamericana en la década de 1980 se considera un periodo de retroceso en la lucha contra la pobreza, hasta el punto de que es conocida como la «década perdida». La década de 1990 no fue más esperanzadora, con frecuentes episodios de inestabilidad económica y, a lo sumo, un moderado crecimiento económico. Las crisis financieras de México y Brasil de finales del siglo pasado y la crisis argentina de 2001 ilustran la situación económica precaria e inestable de esta región en la última década (Gráfico 1).
Dada esta historia reciente, la pregunta natural sería la siguiente: ¿Cómo es posible que esta región, rica en materias primas y agricultura, y asesorada por diversos programas internacionales, no haya paliado la pobreza de determinados grupos sociales y alcanzado un desarrollo económico homogéneo? Esta pregunta es tan interesante como ambiciosa y, por qué negarlo, difícil de contestar. Igualmente interesante, y de alguna manera, más asequible, es la relación existente entre el crecimiento económico de esta región y el comercio internacional.

La liberalización del comercio internacional, acelerada por los acuerdos de la Ronda de Uruguay y la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994, ha ayudado a la integración de los países latinoamericanos en el comercio mundial (Gráfico 2). Aún no está muy claro cuál ha sido la repercusión que estos fenómenos han tenido sobre el desarrollo y el progreso de estos países. Muchos observadores consideran que un mayor equilibrio en las normas que regulan el comercio internacional y el consiguiente crecimiento de la participación de los países latinoamericanos en el comercio mundial permitirían una distribución más equitativa de los costes y beneficios de dicha liberalización. No obstante, dada la evidencia reciente de las economías latinoamericanas, cabe preguntarse si el comercio internacional ayuda al desarrollo económico latinoamericano, como sugieren el Banco Mundial y los foros relacionados con la OMC.

¿Qué tipo de liberalización comercial puede ayudar al desarrollo comercial en la región? ¿Y qué tipo de trato, en particular, deberían tener determinados productos agrícolas (plátano, café, azúcar, carne o algodón) en las fronteras europeas y norteamericanas para lograr ese objetivo?
BENEFICIOS DEL COMERCIO INTERNACIONAL
Hablemos en primer lugar de los efectos que cabe esperar en general de un proceso de liberalización. La opinión que prevalece en los policy circles es que la apertura económica ha tenido un efecto positivo en las economías que se liberalizan. Las instituciones multilaterales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario o la OCDE comulgan con el principio de que la apertura comercial entraña consecuencias predecibles y positivas en el crecimiento económico de un país. El Fondo Monetario, por ejemplo, ha sostenido (1997, 84) que: «Las políticas orientadas al comercio exterior se encuentran entre los factores más importantes del crecimiento económico y convergencia en los países en vías de desarrollo».
La idea de que, bajo determinadas condiciones institucionales y cierto gradualismo, la apertura comercial mejora, a largo plazo, la eficiencia de la distribución de los recursos escasos en una economía, aumenta el bienestar y contribuye al desarrollo económico, no es muy controvertida. Diversas teorías avalan esta creencia: la existencia de éxternalidades puede acarrear la formación de clusters de empresas y el mayor tamaño de los mercados puede llevar a explotar diversas economías de escala (bastaría con pensar en las ventajas del mercado único europeo).

Desde otro punto de vista, una economía liberalizada tiende a la especialización y a la explotación de las ventajas comparativas. De todo esto cabría esperarse que, en una economía abierta, los consumidores finales se beneficiaran de precios más bajos y de una mayor variedad de la oferta, y que el sector productivo sufriera una transformación aumentando su eficiencia.
ALGUNOS MATICES
Pero, a menudo, la apertura conlleva efectos negativos a corto plazo. Esto implica que el proceso de liberalización puede llevarse á cabo no sólo por factores de ganancias o pérdidas económicas, sino también, y puede que en gran medida, por factores políticos. Esto tiene una explicación.


Es comúnmente reconocido que la apertura comercial conlleva generalmente importantes costes de ajuste. Los últimos estudios del Banco Mundial han demostrado cómo la apertura de las barreras comerciales puede provocar, en los primeros dos o tres años, una caída en el crecimiento del país y un aumento del desempleo, todo ello antes de que aparezcan los beneficios potenciales. Las pérdidas, a diferencia de las ganancias, suelen estar concentradas en grupos pequeños de afectados.
Por otro lado, la apertura comercial reduce los ingresos fiscales provenientes de los aranceles, por lo que se necesitaría reformar el sistema vigente de impuestos. Dadas las pérdidas de diversos grupos a corto plazo, es comprensible la oposición de muchos a las reformas de liberalización. Sería necesario implantar programas sociales que compensen los efectos negativos a corto plazo y faciliten el proceso de reforma.
Es difícil, pues, llegar a un acuerdo que satisfaga a todos, debido a la variedad de perspectivas y prioridades derivadas del hecho que los países tienen distintas políticas y niveles de desarrollo. No obstante, la previsión de los efectos negativos a corto plazo puede reducir aquellos que ocurren al inicio del proceso, así como el grado de oposición a la reforma y favorecer la obtención de beneficios a largo plazo.
La teoría parece sugerir que, si bien la liberalización es potencialmente beneficiosa, el cómo se lleva a cabo repercute sobre sus verdaderos efectos. En Latinoamérica, el caso de Chile suele citarse como ejemplo de liberalización rápida y con éxito. Según algunas fuentes del Banco Central de Chile, los acuerdos comerciales que este país ha suscrito con Estados Unidos y la Unión Europea han tenido, en ambos casos, un impacto positivo en el crecimiento del PIB chileno. Los mayores beneficios han provenido de ámbitos no directamente comerciales, tales como una mayor inversión extranjera, una mejor asignación de recursos o una mayor previsibilidad en las políticas del gobierno, entre otros (Gráficos 3, 4 y 5).
AGENDA DOHA
A la vista de este panorama, cabe preguntarse en qué estado se encuentra el proceso de liberalización en Latinoamérica y, dada la importancia que tiene la forma en la que éste se lleva a cabo, cómo se está realizando. En la próxima Conferencia de Hong Kong, la OMC tratará de avanzar en cinco esferas fundamentales, conforme a las cuales se establecerían las bases para la etapa final de las negociaciones: agricultura, los productos no agrícolas, las normas y la facilitación del comercio y los servicios.
En cuanto a la agricultura, el objetivo de la Conferencia Ministerial será el de eliminar las distorsiones existentes a raíz de los elevados aranceles, las cuotas y las ayudas internas, y establecer las modalidades pertinentes para los nuevos compromisos en materia de acceso a los mercados, así como las ayudas internas y los subsidios de las exportaciones. El acceso a los mercados requiere la adopción de medidas urgentes en temas como la estructura de la formula estratificada para los recortes arancelarios y la selección y el trato de los productos sensibles y especiales.
Con respecto a los productos no agrícolas, el objetivo de la Conferencia de Hong Kong es el de establecer modalidades para la reducción o la eliminación de los aranceles, incluida la reducción o eliminación de los más elevados y la progresividad y las crestas arancelarias. Ello deberá hacerse de forma que se tengan especialmente en cuenta las necesidades e intereses de los países en desarrollo y los menos adelantados, incluso mediante compromisos de reducción que no conlleven una reciprocidad plena.
En lo tocante a las normas, no cabe duda de que un progreso sustancial en dicha materia es uno de los pilares del éxito del Programa de Doha para el Desarrollo. Aunque es evidente que la negociación en el campo de las medidas antidumping es decisiva, el resto de las cuestiones, como las relativas a las subvenciones (incluidas las relacionadas con la pesca) y a los acuerdos comerciales regionales, también contribuirán al equilibrio general.
Las experiencias de Cancún y Seattle han confirmado que las soluciones multilaterales de la Organización Mundial del Comercio deben desarrollarse conjuntamente sin que prevalezcan las posiciones de unos pocos países miembros. También ha quedado nuevamente demostrado que no hay nada acordado, hasta que no se está de acuerdo en todo.
Sin duda, el tema más importante para los países latinoamericanos en esta ronda de negociaciones comerciales es la agricultura. Es evidente que Latinoamérica es un eficiente productor de, por ejemplo, plátanos, café, azúcar, carne o algodón. Todos estos productos sufren de medidas proteccionistas, como aranceles elevados, cuotas a la importación o subvenciones a la producción o a la exportación por parte de los países más ricos. Por ejemplo, la OCDE informó que, en el año 2000, la producción agrícola de los países más desarrollados fue de 632 mil millones de dólares estadounidenses. Para incentivar esta producción, los gobiernos de los países de la OCDE tuvieron que subvencionar la producción agrícola en 323 mil millones de dólares (sólo la Unión Europea subvencionó el 35% de este total). Los países latinoamericanos se apuntarían un buen tanto en Hong Kong si se consiguieran corregir las distorsiones existentes en los productos agrícolas y se otorgaran mayores oportunidades de mercado a los productos de estos países en los mercados europeos y norteamericanos.
UN EJEMPLO: EL PLÁTANO
El fracaso de las negociaciones multilaterales se demuestra en la agricultura, que lleva casi treinta años en un callejón sin salida. Los interminables subsidios a la producción, las ayudas a las exportaciones y los sistemas de cuotas de los países desarrollados han impedido que los países latinoamericanos puedan exportar productos agrícolas a precios competitivos. Por ejemplo, es interesante analizar el actual régimen bananero de la Unión Europea para entender el impasse de las negociaciones relativas a éste producto tan importante para algunas economías latinoamericanas.
La Unión Europea es el segundo mercado consumidor de plátano, aunque se vea restringido por precios más elevados que en el resto del mundo, a raíz de las limitaciones a las importaciones acordadas por los gobiernos europeos para proteger a los productores nacionales de las islas Canarias, Madeira, Martinica y Guadalupe (territorios de ultramar franceses).
El precio de los plátanos en la Unión Europea es casi el doble que en el resto del mundo, debido a la imposición de aranceles y al uso de cuotas. Además, bajo este sistema de cuotas, las licencias son concedidas a productores provenientes de África, el Caribe y el Pacífico (ACP) en función de la relación histórica de estos países con el continente europeo. Este nuevo régimen afecta notablemente a los países exportadores de plátano latinoamericanos.
Los productores europeos, es decir, las islas Canarias, Madeira, Martinica y Guadalupe, disponen de entre el 15 y el 17% del mercado, y el resto proviene de importaciones bajo cuotas. América del Sur, América Central, África y el Caribe tienen una participación en el mercado europeo del 40, 25, 12 y 5%, respectivamente. El cambio de cuotas a aranceles podría incrementar el consumo en la UE, siempre que haya una reducción de los precios (Gráfico 6).

La producción de plátano para su exportación requiere el uso de economías de escala, además de una importante inversión inicial en plantaciones e instalaciones para el proceso productivo. Por otro lado, la cosecha requiere mucho trabajo manual, por lo que las grandes compañías operan en países donde abunda la mano de obra barata, disponiendo así de eficiencia y competitividad a nivel mundial (Gráfico 7). Sin embargo, son los distribuidores los que obtienen la mayor parte deí margen en un mercado altamente oligopólico, ya que son ellos los que asignan las cuotas a los productores más competitivos.
Tras quince años de negociaciones con la OMC, la Unión Europea se ha visto obligada a renunciar a su sistema de cuotas para la importación bananera y transformarlo en aranceles. Con la eliminación del sistema de cuotas no sólo los productores más eficientes de América Latina se verían beneficiados, sino que los mayores beneficiados serían, fundamentalmente, los mismos consumidores, a través de una transferencia de las rentas provenientes de las cuotas hacia ellos mismos, y los contribuyentes europeos, al pagar menos por un producto de consumo básico. En el supuesto de una liberalización total, los precios en la UE disminuirían un 32%, lo que fomentaría un mayor consumo, similar al americano.
HACIA DÓNDE VAMOS
A estas alturas de las negociaciones multilaterales y a tan sólo cuatro meses de la Conferencia de Hong Kong, no está muy claro si esta ronda de negociaciones tendrá resultados positivos para los países latinoamericanos. Si lo que realmente se pretende es ayudar al desarrollo económico de estos países en su lucha contra la pobreza a través del comercio internacional, es trascendental que, en Hong Kong, se corrijan las distorsiones comerciales existentes en el sector de los productos agrícolas.

Una liberalización comercial realizada de manera gradual en los próximos años, que contemple los costes a corto plazo y las mejoras de acceso para productos relevantes, unida al desarrollo de los flujos de inversión extranjera directa, se perfila como una importante fuente de crecimiento en el futuro para las economías latinoamericanas, así como para poder luchar contra la pobreza de sus sectores menos favorecidos. Si esto no fuera así, muchos países de esta región podrían invertir sus políticas de apertura económica y volver a modelos de desarrollo proteccionistas como los que se vieron en la década de los años setenta. Es importante transformar la realidad del comercio internacional hacia un modelo que ayude a romper la tendencia de décadas perdidas, consiguiendo así un crecimiento económico sostenible que disminuya la pobreza de esta región.
Las potencias europeas, que por fuerza tuvieron que asumir en los tres últimos siglos los procesos de independencia de sus colonias de ultramar, pudieron comprobar que en ellas la libertad política y la prosperidad económica no siempre habían llegado a ser efectivas. Después de un largo proceso de adaptación, las metrópolis sustituyeron su anterior intervención «imperialista» por otra más solidaria y adecuada a los nuevos tiempos que se materializó, ya en el siglo XX, a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo.
Aunque con cierto retraso, España ha tomado parte en este esfuerzo para promover el desarrollo en los países iberoamericanos, con preferencia a otras regiones del mundo, por evidentes razones de cultura y lengua.
A finales del siglo XX y debido a que los resultados de la Ayuda Oficial al Desarrollo no habían sido todo lo satisfactorios que cabría esperar con relación al volumen de fondos invertidos, se ha generado entre los ciudadanos de los países donantes una cierta decepción, teñida no pocas veces de recelo y escepticismo. Si bien la respuesta de los gobiernos y de la opinión pública sigue siendo de una solidaridad abrumadora cuando se trata de ayuda humanitaria -así se ha comprobado hace pocos meses en el caso del devastador tsunami que ha afectado las costas del sudeste asiático-, en lo que se refiere a los recursos dedicados a programas de desarrollo integral se detecta desde hace ya tiempo un acusado grado de fatiga.
Es cierto que si los esfuerzos de la cooperación internacional hubieran dado los frutos perseguidos, ya se habría logrado reducir el nivel de pobreza en las zonas receptoras de ayuda; pero lo que se percibe en apariencia es que no sólo esto no ocurre sino que, día a día, aumenta el flujo migratorio de quienes, presionados por la miseria, el hambre y la falta de trabajo se agolpan en las fronteras de los países desarrollados.
Más de medio siglo de cooperación internacional es tiempo suficiente para acumular experiencia y perspectiva temporal para aprender las correspondientes lecciones. Las cumbres mundiales que se celebran bajo los auspicios de la ONU, tanto para los actores de la sociedad civil como para los jefes de Estado y de Gobierno, suelen ser momentos adecuados para hacer balance de los objetivos planteados y proyectar nuevas metas. Analizando los textos y declaraciones elaborados en esas ocasiones, se observa en los últimos diez años una evolución de forma lineal y sin retroceso que parte del asistencialismo y se encamina hacia la corresponsabilidad.
Esto no significa que los recursos dedicados a los programas de cooperación internacional se hayan entregado en vano. La Ayuda Oficial al Desarrollo es necesaria, pero lo que se ha puesto de manifiesto es que por sí sola no basta para generar desarrollo sostenible, sino que ha de ir acompañada de otros factores que le proporcionen viabilidad a largo plazo, como son: a) un Estado de derecho donde la corrupción sea algo perseguible y no la norma general de actuación; b) políticas comerciales adecuadas, tanto para la exportación como para la circulación interna de productos nacionales; c) servicios e infraestructuras básicas.
Para poder analizar la relación entre cooperación internacional, comercio y desarrollo sostenible, es preciso detenerse a considerar las funciones que cada uno de estos elementos desempeña en los países más necesitados de crecimiento económico.
En primer lugar es imprescindible tener presente que sólo en una sociedad en la que se haya consolidado un sistema político estable, donde se respeten los derechos fundamentales de la persona y en el que la remoción de los gobernantes se produzca de forma pacífica por voluntad de los ciudadanos expresada en un entorno de libertad, es posible crear las condiciones para un crecimiento económico viable. Por tanto el Estado de derecho es la condición sine qua non para el desarrollo de un pueblo. No quiere esto decir que una dictadura no pueda lograrlo; no obstante y en el actual período histórico, lo que un sistema autoritario no puede en ningún caso es asegurar prosperidad más allá de una generación -la del propio dictador-.
Convencidos de esta realidad, los países donantes han centrado los esfuerzos de la cooperación internacional en la ejecución de programas que tengan como objetivo principal la educación y el fortalecimiento de la sociedad civil. Este es un papel fundamental, quizá poco conocido, muy diferente de las habituales fotografías de repartos de comida que muestran los diarios, pero realmente eficaz y que justifica el mantenimiento de la ayuda. Se pretende formar a los ciudadanos para que aprendan a valorar y ejercitar sus derechos y libertades. No se trata de financiar grupos de presión ni de alentar las guerrillas ciudadanas. En las anteriores dos legislaturas, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECl) ha destinado programas plurianuales de elevado presupuesto a la vertebración de la sociedad en Iberoamérica.
Esta nueva forma de ayuda de carácter pedagógico, muy alejada de los principios asistencialistas de mediados del siglo XX, tiene muchas manifestaciones concretas, como por ejemplo, la formación de funcionarios de la Administración central y local. En este tipo de programas se desplazan funcionarios del país beneficiario a España, donde reciben formación teórica y práctica sobre el funcionamiento de una unidad administrativa concreta -un registro de bienes muebles o inmuebles, un juzgado en caso de funcionarios del sistema judicial, un parque de bomberos, un ayuntamiento o un cuerpo de policía-. En estos casos, es el Estado español el que actúa mediante la colaboración de funcionarios españoles y extranjeros.
También se articulan programas dirigidos a los ciudadanos en cuanto particulares que deben aspirar y aprender a vivir en una sociedad democrática. Estas actuaciones se realizan mediante organizaciones no gubernamentales españolas en colaboración con sus contrapartes del país beneficiario. Esta acción es directa sobre el terreno y su finalidad es potenciar la estructura de la sociedad civil. En Iberoamérica la existencia del Estado puede ser escasamente perceptible para algunos ciudadanos, que se encuentran por ejemplo dispersos en grandes extensiones a veces poco accesibles, carentes de medios de comunicación.
Es frecuente que las comunidades, en su mayoría de población indígena, adopten formas de organización propias. Las actuaciones de cooperación internacional se dirigen a la formación de líderes locales para que tomen conciencia de su pertenencia a unidades políticas de mayor entidad (municipio, distrito, Estado), conozcan los principios básicos del sistema democrático y los transmitan a la comunidad.
Las actividades de formación de funcionarios y de organización de unidades de la Administración del Estado, así como los programas que tienen como finalidad el fortalecimiento de las estructuras sociales y culturales en Iberoamérica, han demostrado ser una vía eficaz para la lucha contra la pobreza, con una mayor proyección de futuro al incidir en la educación de las nuevas generaciones. La cooperación internacional tiene así un importante papel que cumplir aún para difundir y afianzar, desde la base de las sociedades en desanollo, los principios del Estado de derecho.
LA ACTUACIÓN DE LAS ONG
En este ámbito, la Agencia Española de Cooperación Internacional ha canalizado gran parte de la Ayuda Oficial al Desarrollo a través de las organizaciones no gubernamentales (ONG), ya que aun siendo discutida su eficacia, lo cierto es que su actividad es de modo inapelable mucho más directa, cercana y fiscalizable que la ayuda entregada directamente al Estado receptor, de cuyo empleo éste no rendirá cuentas ante organismo alguno. Es preciso insistir en que las ONG españolas deben justificar con arreglo a las normas aplicadas por la Intervención General del Estado la totalidad de las subvenciones concedidas, pues se trata de una garantía de transparencia.
POLÍTICAS COMERCIALES
El segundo elemento que debe integrar una economía para ser capaz de generar un desarrollo sostenible es la existencia de políticas comerciales adecuadas tanto para la exportación como para la circulación interna de productos nacionales.
Esta cuestión, propia del ámbito puramente económico, tiene tanta repercusión sobre el crecimiento de los países, que en las últimas cumbres mundiales sobre desarrollo sostenible auspiciadas por la ONU (Monterrey, Johannesburgo) se han realizado continuas llamadas a la Organización Mundial del Comercio para que, dentro de sus competencias, proceda a establecer un marco comercial más solidario que permita a los países en desarrollo vender aquellos productos en los que resultan más competitivos.
Es totalmente cierto que el proteccionismo agrario que tanto Estados Unidos, como Japón y la Unión Europea (ésta, mediante la Política Agraria Común) aplican en la actualidad, provoca que en los países desarrollados se consuman productos subvencionados a precios muy altos, mientras se impide la entrada de productos baratos de mayor calidad. A nadie se le oculta la paradoja en la que vivimos hoy día, pues enviamos a los países receptores ayuda, fondos para comprar semillas y cultivar cosechas, que luego tendrán que dedicarse al autoconsumo en sus lugares de producción por falta de acceso a los mercados: así es como se prolonga sine die el ciclo de pobreza y la necesidad de recibir nuevas ayudas.
No es sin embargo la falta de apertura de los países desarrollados la única traba que existe al tráfico internacional; también entre los que se encuentran menos desarrollados hay numerosas dificultades a la entrada de bienes extranjeros en un intento por favorecer la producción interna.
Iniciativas como MERCOSUR o los acuerdos entre los países andinos son las únicas alternativas viables para conseguir un comercio internacional más fluido, que beneficie a todos sus integrantes y les proporcione cierta independencia frente a los más desarrollados.
Esta labor de favorecer el comercio para los países en desarrollo debe ser un complemento imprescindible de los programas de ayuda oficial al desarrollo, ya que en caso contrario se tendrían que enviar fondos para paliar la pobreza originada por la falta de liberalización económica que provocan los propios donantes al mantener el proteccionismo frente a las importaciones.
INFRAESTRUCTURAS
El tercer elemento esencial con el que debe contar un país para lograr el desarrollo sostenible está constituido por las infraestructuras y servicios básicos. Bienes tales como la atención médica, la educación, las comunicaciones viales, los medios de comunicación y opinión pública, las telecomunicaciones, la tecnología doméstica, algo tan cotidiano como la luz eléctrica, siguen siendo inalcanzables en muchos territorios de los países en desarrollo. España tiene respecto a Iberoamérica una responsabilidad histórica que ahora aparece agravada por la emigración masiva de sus ciudadanos menos favorecidos hacia nuestro país. La necesidad de dotar de infraestructuras a nuestras antiguas colonias es una labor que en parte ha sido cubierta por empresas multinacionales españolas como Telefónica o Endesa. No obstante, grandes extensiones de la zona andina en las que resulta poco rentable y muy dificultoso acceder con tendidos convencionales han sido abastecidas de luz mediante sistemas fotovoltaicos financiados por la Agencia Española de Cooperación Internacional.
La instalación de puestos de salud dotados de luz eléctrica ha sido esencial para mantener las cadenas de frío en las campañas de vacunación. La construcción de viviendas y de infraestructuras para la canalización y potabilización de agua han mejorado las condiciones de vida en muchas poblaciones sometidas al azote de enfermedades que fueron erradicadas de Europa hace más de cien años.
UNA RESPONSABILIDAD ESPECIAL
La Ayuda Oficial al Desarrollo afronta todavía grandes desafíos en el ámbito de sus competencias, puesto que Iberoamérica requiere aún de un gran esfuerzo solidario de parte de España y de la comunidad internacional. A nuestro país le corresponde en gran medida la labor de portavocía de estas necesidades para hacer entender que, si bien es importante paliar las situaciones de hambre en Africa, igual de eficaz o quizá más aún puede resultar, por su repercusión en el desarrollo global, el esfuerzo dirigido a Iberoamérica. La reconstrucción de la clase media en esta zona es mucho más factible y productiva en términos económicos que la interminable sangría africana.
Si bien los frentes abiertos están bien delimitados, no es algo tan claro si la actual gestión al frente de la Agencia Española de Cooperación Internacional ha sabido determinar con claridad los objetivos que España debe plantearse y plantear ante los demás donantes. Lo que sí es evidente para todos es que sólo actuaciones de Ayuda Oficial al Desarrollo centradas en aspectos concretos y combinadas con políticas comerciales adecuadas, tendrán fuerza suficiente para frenar los flujos migratorios.
Si de algo se siente segura Transparencia Internacional (Ti) es que ha logrado que no se dude más sobre el terrible significado de la corrupción para los países -sobre todo, para los más pobres-. Un logro, sin embargo, que ha tenido que vencer muchas y recias resistencias. Silke Pfeiffer, directora regional de las Américas, recuerda que el inicio de la lucha parecía una empresa de locos, «porque la corrupción era un tema tabú sobre el que regía el cinismo, la resignación y la ignorancia. El reto al que nos enfrentábamos consistía en poner el tema en la agenda mundial. Después de once años de trabajo, podemos hablar de un movimiento anticorrupción que va mucho más allá de TI y que incluye organizaciones de la sociedad civil, instituciones públicas, gobiernos, sector privado y organismos internacionales».
En la actualidad, el movimiento Transparencia Internacional está presente en noventa países, detalle que le convierte en un grupo fuerte en el mundo. Su fuerza le ha permitido promover diversas convenciones internacionales anticorrupción, como la Convención Antisoborno de la OCDE, la Convención Interamericana y finalmente la Convención Anticorrupción de las Naciones Unidas. «TI también trabajó duro para lograr que se incluya un décimo principio en el Pacto Global de las Naciones Unidas, a través del cual las empresas se comprometen a luchar contra la corrupción en todas sus formas», dice Pfeiffer.
Desde la Secretaría mundial del movimiento, sita en Berlín, se refieren algunos de sus logros con mucho orgullo. En el sudeste de Europa, por ejemplo, los respectivos capítulos regionales crearon los centros de ayuda legal y de incidencia (ALAC, según el acrónimo de la expresión inglesa). En África y Latinoamérica hubo varias iniciativas para aumentar la conciencia cívica, vigilar procesos de contrataciones públicas y promover el acceso a la información. «Una estrategia global coordinada, para prevenir la corrupción en la ayuda humanitaria tras la tragedia el tsunami en 2004, fue uno de los logros más destacados», dice un boletín de prensa del 11 de agosto pasado.
El trabajo empecinado de TI apunta a lograr más resultados frente a los discursos anticorrupción. Una forma, según la directora regional, es reforzar el vínculo entre la agenda anticorrupción y la agenda antipobreza, sobre todo, en un contexto en el cual los países industrializados consideran aumentar su aporte a la lucha antipobreza en el continente africano.
ÍNDICE DE PERCEPCIÓN DE CORRUPCIÓN
De la corrupción se habla tanto como del fútbol, pero cuando más fuerte suena es cuando TI publica cada año el Indice de Percepción de Corrupción (IPC). En él, los países aparecen con puntuaciones que oscilan entre cero y diez -la cifra menor, para el país más corrupto; la mayor, para el más libre de ella-. El año pasado, 106 de 146 ilaciones calificadas obtuvieron un puntuación inferior a cinco, lo que muestra, según la TI, que la corrupción es una epidemia.
La publicación anual del IPC produce una fuerte sacudida en las naciones más pobres, que protestan airadamente contra el informe. TI siempre aclara que son percepciones que se sustentan en hechos reales de analistas y empresarios tanto nacionales como extranjeros, que tienen conocimiento directo de, por ejemplo, la solicitud de sobornos en licitaciones públicas o en concesiones.
Peter Eigen, fundador y presidente de TI, dice que «la corrupción corroe la integridad de sociedades, mercados e instituciones. Al alertar sobre las prácticas ilegales y profundizar sobre el significado y constitución de un acto de corrupción, TI ha ayudado a reducir la tolerancia hacia la corrupción y desterrar prácticas corruptas que arruinan vidas».

La Secretaría de Berlín sostiene que cada año el IPC obliga a los gobiernos a tomar postura frente a la calificación de sus respectivos países. «En algunos casos, como Corea del Sur, el presidente anunció públicamente que consideraría el Indice como un indicador de su gestión, señalando el número de posiciones que se propone mejorar en el baremo del IPC durante los próximos años».
En otros países, el Indice representa una plataforma importante para impulsar los esfuerzos de los «campeones de la reforma», como los llama TI: aquellas personas o instituciones que exigen a las autoridades correspondientes que respondan con estrategias y medidas concretas para combatir la corrupción.
En 2004, TI contribuyó a la evaluación sobre corrupción de los países candidatos a la Unión Europea. Y tienen también repercusiones en el sector privado, pues sus informes llegan a manos de inversores extranjeros, quienes analizan la situación política y jurídica de las naciones antes de decidirse a invertir en ellas.
En América Latina, una forma de medir el impacto del trabajo de TI es, según Pfeiffer, que «no puede haber candidato a la presidencia que llegue al poder sin una plataforma anticorrupción, algo que refleja la prioridad del tema en la agenda y que es un logro al cual claramente hemos contribuido».
CRÍTICAS AL IPC
No es de extrañar, por ello, que estos informes también reciban críticas. Para el subdirector del diario El Comercio de Ecuador, Marco Arauz, lo grave del IPC es que se basa en percepciones. «La crítica es precisamente por falta de parámetros objetivos para medir la corrupción. Los informes causan mucho daño a los países más débiles».

Los gobiernos latinoamericanos rechazan anualmente los informes, pero no niegan que la corrupción sea uno de sus principales problemas. En Ecuador, la población considera a este mal como el tercer gran problema que debe resolver el país, después de la pobreza y de la inseguridad.
María Pilar Verla, ex directora de Prevención de la Comisión Anticorrupción de Ecuador, considera que a veces el trabajo de TI no es comprendido, sobre todo, en lo relacionado con el índice de Percepción de Corrupción. ¿Por qué? A TI le hace falta explicar más sobre cómo se hace el IPC e insistir en que se trata de una percepción. «Es complejo tener una medición precisa sobre corrupción, porque nadie roba con factura, pero hay una propensión a que esa información sea manipulada por los agentes políticos interesados en descalificarla, a lo que se suma la poca claridad de TI en explicar el índice como tal».
Vela también considera que la percepción no es tan subjetiva como suelen objetar ciertos sectores de las sociedades. «Si los informantes del Indice están permanentemente al tanto de lo que sucede en los países calificados, es muy probable que su percepción no esté alejada de la realidad, incluso de la propia percepción que pueden tener los ciudadanos sobre la corrupción en sus países».
Andrés Tobar, coordinador del área de Transparencia Internacional en Ecuador, cree que el peso está en la corrupción y no en el pronunciamiento. «Los ciudadanos y los Estados no podemos negar que la corrupción es el gran problema de fondo. Negarlo o tratar de deslegitimar los informes sólo significa no querer afrontar los problemas».
TI también tiene que luchar contra el fantasma de ser un movimiento imperialista, que con su dedo índice clasifica a los países en buenos y malos. Por ello, afirma que es un movimiento que promueve respuestas locales contra la corrupción y no tiene una receta que se debe aplicar en todas partes. Según Pfeiffer, también «enfatizan en que la corrupción no es sólo un triste privilegio de los países en vías de desarrollo, también hay mucha corrupción en el norte, donde de igual manera trabajamos. Es un fenómeno que cruza fronteras, en el marco de lo cual muchas veces los actores del norte (bancos, empresas, etc.) se hacen cómplices de la corrupción en los países del sur».
OTRAS HERRAMIENTAS
Pero TI es una organización que siempre suma y que soporta las críticas hasta el año siguiente, cuando en septiembre u octubre presenta el nuevo informe y hace públicas sus otras herramientas para medir la corrupción, tales como el Barómetro Global de la Corrupción o el Indice de Fuentes de Soborno.
Para fortalecer su trabajo anticorrupción, también impulsa proyectos de transparencia en la contratación pública, promueve el acceso a la información y apoya estrategias sobre cuentas claras en el financiamiento político de las campañas electorales. Además, colabora con los gobiernos y las empresas privadas en delinear estrategias para la transparencia, como los famosos pactos de integridad en los procesos de contratación, que ya se aplican en varios países.
En Ecuador se empleó esta herramienta en el proceso de concesión de la tercera empresa de telefonía móvil. La Corporación Latinoamericana para el Desarrollo (CLD), capítulo ecuatoriano de Transparencia Internacional, participó como observadora técnica en el proceso que terminó con la adjudicación a la empresa italiana Alegro PCS.
Según Tobar, los precios en el mercado de telefonía celular bajaron hasta en un 25% de los usuarios de Ecuador. ¿Cuál fue su aporte? Vigilar todo el proceso de concesión, para procurar en lo posible casos de corrupción como el pago de sobornos.
EL FUTURO DEL MOVIMIENTO
Y la cuenta de financiación del movimiento sigue sumando con ceros a la derecha. Su trabajo de once años ha sido la puerta por la que han accedido donantes bilaterales y multilaterales, fundaciones privadas y el sector público. En 2004, el movimiento TI tenía en su cuenta 6,5 millones de euros. Ahora se prepara para un gran cambio. Peter Eigen dejará la presidencia en noviembre próximo, después de once años de dirigir el movimiento internacional. Quien lo suceda en el cargo se encontrará con una estructura montada y en funcionamiento y, sobre todo, con un gran movimiento internacional que ya camina solo.
COLECCIÓN ARCHIVOS DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA
Contemplada desde la perspectiva de los países iberoamericanos, la polémica mantenida en España sobre la presencia y alcance universal de la lengua y la literatura españolas queda al descubierto como lo que es: una elucubración fuera de lugar, carente de sentido. En ciertas regiones del ámbito peninsular se evidencia, debido a la postura de localismos estrechos, una creciente resistencia a reconocer al español la dimensión universal que ha conquistado a lo largo de los siglos por derecho propio.
ALCANCE UNIVERSAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA
La observación imparcial de la realidad muestra, sin embargo, la creciente vitalidad de una lengua que es utilizada como vehículo habitual de comunicación por varios centenares de millones de personas. El español se habla en una veintena de países de América y desborda, desde la otra orilla del Atlántico, los límites marcados por las respectivas fronteras nacionales.
No estaría de más aclarar, en contra de lo que sostienen ciertos sectores partidistas, que el uso común de la lengua española no significa, en modo alguno, adscripción a la nacionalidad española, puesto que hablan y escriben en español ciudadanos de las repúblicas americanas que se independizaron de la metrópoli durante el siglo XIX.
Todos ellos, al margen de cuestiones políticas, son ciudadanos orgullosos de su nacionalidad —que, evidentemente, no es la española—, circunstancia que no les impide mostrar el mismo legítimo orgullo al hablar ese idioma común: uno que, al formar parte de su historia y de su cultura, han asimilado como cosa propia.
UN IDIOMA SIN FRONTERAS
Sobre este particular, resulta significativa y conmovedora la anécdota de la dama mexicana que, después de visitar París, viajó a Madrid donde permaneció unos días acompañada de su hija. Tras resaltar las bellezas de la capital francesa, alguien solicitó su opinión sobre España y, en particular, qué impresión le había causado Madrid. Su respuesta ofrece motivos para la reflexión, al contestar de modo espontáneo, «¡Ay! España… y Madrid…, bueno, pero eso es otra historia, m’hijito, aquí da gusto, nos entendemos bien, porque ustedes hablan nuestro idioma».
En breves palabras, aquella señora había expresado la convicción de que el español era suyo y nos dedicaba un trato particular al no considerarnos extranjeros. En realidad nos miraba con tan buenos ojos dado el conocimiento, aprecio y cariño que demostrábamos hacia su idioma, que hablábamos razonablemente bien.
Que la expansión de la lengua española ha trascendido de laS fronteras nacionales para convertirse en un fenómeno sociocultural que rebasa los límites de la soberanía política, resulta hoy un hecho indiscutible, sobre el cual deberíamos, dejando aparte actitudes sectarias, adquirir plena conciencia. Por suerte, no han faltado diversas iniciativas que, tanto en el ámbito privado como en el institucional, vienen a confirmar con sus aportaciones la creciente vitalidad del idioma español. En esta ocasión nos vamos a referir a las ediciones críticas de la colección Archivos de la Literatura Latinoamericana.
LOS ARCHIVOS DE LA LITERATURA LATINOAMERICANA
Este ambicioso proyecto editorial, que iniciaron los fundadores de la Asociación Archivos, cuenta ya con cincuenta y ocho volúmenes publicados, en los que se recoge una selección de obras en prosa y en verso de los autores clásicos representantes de la literatura latinoamericana. Término controvertido y poco exacto para los iberoamericanos, justificado en este caso por la incorporación de escritores de otras áreas del Caribe correspondientes a la cultura inglesa, francesa y holandesa, también incorporadas al proyecto Archivos aunque, naturalmente, en minoría respecto a los dos grandes idiomas, español y portugués de Brasil.
Al valorar la cantidad y calidad de las obras publicadas, que corresponden en abrumadora mayoría a los escritores en lengua española, se confirma el impulso que han aportado a ese idioma los autores de origen americano a lo largo del siglo XX. Este fenómeno expansivo, como lo acreditan los numerosos títulos incluidos en el programa Archivos, no ha quedado limitado a la aportación esporádica de uno u otro país, ni siquiera a los más poblados, de mayor extensión, riqueza o nivel cultural.
La pujanza creadora del idioma ha quedado demostrada al abarcar a todas las regiones de la América hispana, grandes o pequeñas, ricas o pobres, y extenderse desde el Pacífico al Atlántico, del Centro al Sur, de las islas caribeñas al interior del continente. En este sentido, los criterios de selección seguidos por los directores de la Colección Archivos se han basado siempre en razones de estricta calidad literaria, sin atender a otros compromisos de cualquier otra índole, política, social o económica.
Para mantener esa independencia ha sido necesario renunciar muchas veces a lograr ventajas institucionales y superar dificultades técnicas que han frenado el ritmo de publicaciones previsto por los directores de los diferentes programas. A cambio, el rigor y la objetividad en el tratamiento de los textos han sido elementos decisivos para que el prestigio logrado por la colección durante los treinta y cuatro años de existencia.
ORIGEN DEL PROYECTO
Los antecedentes de la Colección Archivos se remontan al año 1971, cuando el premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, hace donación de sus manuscritos a la Biblioteca Nacional de París bajo el compromiso de publicarlos posteriormente en ediciones comentadas que pudieran situar las obras en el contexto histórico y las circunstancias del momento en que fueron escritas.
Con el fin de llevar a la práctica los términos del acuerdo, se constituye en París (13 de julio de 1973) la Asociación de Amigos de Miguel Ángel Asturias, que realiza las gestiones oportunas para la edición de sus obras completas. El fallecimiento del escritor en 1974 interrumpe los trabajos en marcha y aconseja adaptar los planes iniciales a las nuevas circunstancias.
Años más tarde, a través de sus programas culturales, la UNESCO decide promover ese proyecto (1981) al que se incorporan, en 1984, un grupo de catedráticos, investigadores, filólogos, hispanistas y críticos literarios, de Francia, Italia, España, Portugal Argentina, Brasil, México y Colombia, interesados en difundir el conocimiento de la cultura iberoamericana.
LA FIRMA DEL ACUERDO EN BUENOS AIRES
Una vez establecidos los contactos y fijados los objetivos comunes, diversos representantes de esos países suscriben, el 28 de septiembre de ese año 1984, en Buenos Aires, un «Acuerdo» internacional para la publicación en cien volúmenes de las obras escritas por autores clásicos, ya fallecidos, más representativos de la literatura latinoamericana del siglo XX.
Con el fin de dar cauce a las previsiones del citado acuerdo y adaptar las ediciones a las normas que, a través de un «esquema tipo» estableció un comité científico internacional, creado al efecto, los citados países deciden integrarse en la Asociación Archivos que, bajo tutela de la UNESCO, procede a partir de 1985 a designar los coordinadores y expertos encargados de la elaboración de los primeros diez volúmenes de la colección.
El título primero quedó reservado, por razones obvias, a Miguel Ángel Asturias, que reproduce varias series de artículos periodísticos escritos en los años de su corresponsalía en París, 1924-1933. Y desde el principio, según norma que se ha mantenido inalterables, los capítulos se articulan dentro de cada volumen de acuerdo con el esquema-tipo fijado, al que precede una fotografía representativa del autor con su firma autógrafa.
Tan sólo como punto de referencia, podemos señalar, entre los más destacados coordinadores y colaboradores de los cincuenta y ocho volúmenes de Archivos editados hasta el momento, a Manuel Alvar, Bryce-Echenique, Roger Caillois, Carlos Fuentes, Gerald Martín, Charles Minguet, Alvaro Mutis, Octavio Paz, Marta Portal, Alfonso Reyes, Ernesto Sábato, Severo Sarduy, Amos Segala, Uslar Pietri, José Ángel Valente, Paul Verdevoye, Cintio Vitier, María Zambrano y una larga nómina, cuya reproducción sería interminable.
EL CONGRESO DE ROMA (1988)
Durante el congreso celebrado el año 1988 en Roma para la renovación del Acuerdo Archivos se presentan los primeros doce títulos de la colección, con obras tan señaladas como Periodismo y creación literaria 1924-1933, de M. Ángel Asturias; Paradiso, de Lezama Lima; Obra poética, de César Vallejo; Las memorias de Mamá Blanca, de Teresa de la Parra; Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes; Poesía y poética, de José Gorostiza. En lengua portuguesa, aparecen dos títulos: Macunaima, de Mario de Andrade, y A paixão Segundo G. H., de Clarice Linspector, guardando una proporción entre los dos idiomas que, con escasas variantes, se va a mantener en el resto de los libros de la colección.
Una vez que fueron resueltas las cuestiones metodológicas, científicas y editoriales y aprobadas las señas formales externas de identidad, el proyecto Archivos entra, iniciada la década de los noventa del siglo pasado, en una nueva fase de expansión.
Así los demuestran el elevado número de títulos aparecidos en esos años, entre los que figuran la Obra completa de José Asunción Silva; Rayuela, de Julio Cortázar; Canaima, de Rómulo Gallegos; Radiografía de la Pampa, de Martínez Estrada; Toda la obra, del maestro mexicano Juan Rulfo; y el Martín Fierro, obra cumbre del argentino José Hernández, junto a dos nuevos volúmenes de Miguel Ángel Asturias: Hombres de maíz y El árbol de la Cruz, ambos poco y mal conocidos de los lectores españoles.
El prestigio logrado por la Colección Archivos se incrementa a medida que se publican nuevas obras como los Viajes de Domingo Faustino Sarmiento, las Tradiciones peruanas de Ricardo Palma, la Poesía completa de Vicente Huidobro, los escritos periodísticos de José Martí en Estados Unidos (1881-1892) o Las lanzas coloradas de Arturo Uslar Pietri. De forma paralela, se incorporan en años sucesivos, como signatarios del Acuerdo Archivos, Costa Rica, Guatemala, Cuba, Perú y Venezuela, a pesar de los avatares que, como consecuencia de dificultades políticas y económicas, afectan a esos países.
LA CUMBRE EUROAMERICANA DE MADRID, 2002
En mayo de 2002, durante los actos programados para celebrar la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y de la Unión Europea, se exponen en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid, los cincuenta y dos títulos publicados de la Colección Archivos, acompañados de las pinturas originales que se utilizaron para ilustrar las viñetas de las portadas. Cada una de esas pinturas fue realizada por un destacado artista de la misma nacionalidad del autor de la obra publicada.
Entre las conclusiones de esa cumbre de Madrid, se aceptó la propuesta española de considerar la Colección Archivos de interés cultural preferente, de cara a estrechar los lazos de orden histórico y cultural que, desde hace siglos, sirven como vínculo de unión entre los pueblos americanos y europeos.
Si, en cuanto se refiere a las cuestiones científicas y literarias, la Colección Archivos puede considerarse un proyecto consolidado en todos sus aspectos, lo cierto es que, en cuanto se refiere a la continuidad de los apoyos institucionales y financieros de las partes signatarias de los acuerdos, la situación resulta, demasiadas veces, precaria, inestable y carente de seguridad en el cumplimiento de los compromisos.
Por lo que se refiere el papel de España, país obviamente implicado en el proyecto, se observa la activa participación de sus expertos en el ámbito académico y científico.
La creación de la Cátedra Archivos para estudios de doctorado impartida en la Fundación Ortega y Gasset, bajo la dirección del profesor Fernando Rodríguez Lafuente, es una prueba evidente del interés suscitado en España por la colección.
El mismo interés en el ámbito de la financiación, se expresó de forma práctica durante los años 1997-2004, recibiendo toda clase de facilidades a través de los planes de investigación de I+D y de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional dirigida entonces por Miguel Ángel Cortés.
EL PAPEL DE ESPAÑA EN EL FUTURO
La exposición en el MNCARS, DEL PROYECTO ya mencionada, pudo celebrarse con éxito gracias al respaldo técnico y económico ofrecido por la Dirección General de Relaciones Culturales de la mencionada Secretaría de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ante la falta de respuesta a las recientes solicitudes, los responsables de la Colección Archivos, que dirige desde sus comienzos el profesor Amos Segala, ha convocado un congreso eurolatinoamericano en Bruselas, en el que presentará al resto de los signatarios el grado de compromiso asumido actualmente por España respecto a su papel en el futuro del proyecto archivos.
Al mismo tiempo, al cumplirse el treinta y dos aniversario de la colección, se aprobarán los planes para la inmediata edición de diez nuevos títulos de cara a los próximos años, hasta completar los cien volúmenes previstos por los promotores del proyecto.
En todo caso y, con independencia de las dificultades inherentes a un proyecto de las características de Archivos, los resultados obtenidos hasta el momento son un estímulo para que los sectores de la cultura española más directamente implicados en cuestiones relacionadas con el idioma colaboren en las distintas facetas editoriales o de difusión en medios universitarios y científicos.
El panorama queda abierto a la iniciativa de las nuevas promociones de jóvenes estudiosos, intelectuales, escritores y poetas que establecerán un fructífero diálogo con los autores clásicos iberoamericanos, maestros del lenguaje que nos hablan de un mundo lejano en el tiempo, aunque muy próximo a las preocupaciones y afanes de nuestro agitado siglo XXI.
El señor Ibrahím y las flores de Cuba
Hace un año por estas fechas el cine francés nos deleitó con una película en la que un adolescente judío trababa amistad con un viejo tendero moro. La historia se desarrollaba en el París previo a los excesos del 68 y su protagonista era Ibrahím, un silencioso musulmán que veía y sabía más de lo que revelaba. La cinta —premiada en Venecia, en España y en los Estados Unidos con un Globo de Oro— tenía un diálogo fascinante en el que el señor Ibrahím (¡exquisito Ornar Sharif!) aseguraba que «en la lentitud está la sabiduría». Buena enseñanza para los tiempos que corren… y que corren cada día a más velocidad.
Hace apenas unas semanas murió en La Habana otro Ibrahím, pero éste verdadero. Se llamaba Ibrahím Ferrer y era una estrella tardía de la música cubana. Más que eso. Era un genio del son, el rey del bolero, un grande entre los grandes. Al contrario que el personaje de la película francesa, su maldición estuvo en la lentitud, en el retraso con que el éxito vino a visitarlo. Ahora bien, esa tardanza le hizo sabio y por eso decía que «cantando pausado me desenvuelvo mejor».
En uno de esos guiños a la vida tan propio de los cubanos, Ibrahím Ferrer nació en una pista de baile de San Luis (Santiago de Cuba). Dicen que su madre lo parió entre instrumentos y que la primera luz del mundo que vio, allá por los años veinte, estaba preñada de música y ron. Su vida no fue fácil y tuvo que trabajar de peón, de albañil, de mozo. Sin embargo, al caer el sol, Ferrer salía a las calles y cantaba. Cantaba sin descanso, con esa voz triste y nasal que le dio cierto reconocimiento en la Cuba anterior a la hecatombe de Fidel. La verdadera Cuba, diría yo.
Allí le conocí hace una década. No era nadie. Bueno, sí, era un viejo sonero retirado que limpiaba zapatos y que veía la vida agotarse en la calle Heredia, a la vera del local del Vieja Trova. Yo acababa de salir del Casa Granda y paseaba sin otro afán que sacudirme el calor. Al acercarme a la barra vi a un viejo sentado en una esquina. Era chato como un pequinés e iba tocado con una cachucha de visera. A sus pies una caja de limpiabotas y en la mirada la tristeza infinita del que se sabe derrotado por la vida y la revolución. Le pregunté al barman por aquella curiosa figura, entre tímida y distante. «El tipo está jubilado, pero canta boleros mejor que cualquiera de los que oiga aquí», me aseguró el camarero con ese acento oriental tan sabroso.
Me acerqué a él y le invité a tomar algo. Me miró cansado sin verme e hizo con la mano un gesto de rechazo. «En un tilín me voy pa’la casa. Gracias, compay». No quise insistir y a los pocos minutos agarró su caja de betunes y desapareció dando pasos cortos y elásticos. Como si bailara.
Apenas un par de años más tarde llegó a la isla el guitarrista estadounidense Ry Cooder. Quería olvidar un proyecto fracasado (grabar con músicos africanos en dos o tres regiones del continente negro) y darle un giro a la idea. Alguien le habló de los viejos soneros cubanos, los olvidados restos de un naufragio que dura casi medio siglo. Leyva, Ferrer, Galván, González. Así nació el celebérrimo «Buena Vista Social Club», un verdadero fenómeno que ha recuperado a lo mejor de la música de Cuba. A su lado, no me duele decirlo, silvios y milaneses son enanos musicales. Con mucho compromiso político, eso sí.
Buenavista trajo consigo el milagro. Discos, giras, fama. ¿Dinero? Poco dinero que siempre terminaba en los bolsillos del comandante, que para eso es el gallo del corral. «Estoy viviendo un sueño de joven en el cuerpo de un viejo» le confesó con emoción a Cooder tras cantar en el Madison Square Garden. Poco después grabó su primer disco en solitario. El último nos lo presentó este mismo verano en una gira que iba reventando locales allá por donde iba. Así fueron sus últimos años de vida.
El señor Ibrahím y las flores de Cuba. Lástima que se vayan muriendo enterradas por un jardinero verde olivo que no piensa morirse.
Otra vez tocó perder
Sentado en el Malecón. Así pasa las tardes el viejo Liborio d’Espaigne, un guajiro medio negro medio chino que llegó a La Habana en enero del 59. Entonces era apenas un muchacho largo y huesudo, con muchos sueños y pocas palabras. Un ignorante que sabía lo suficiente para darse cuenta de que se merecía otra vida. Por eso se dejó barba.
Jamás había pisado la capital y siempre pensó que así debía ser. La Habana era muy grande y estaba muy lejos de su bohío. En la capital no había sitio para un campesino como él. Lo suyo era reventar en el cafetal La Isabelica por un jornal miserable y tres libras de arroz a la semana. Como cualquier otro de su color.
En su adolescencia, apenas vivida, Liborio tenía un sueño a plazo fijo: los carnavales de Santiago de Cuba. Cada mes de julio la isla larga se desparramaba en una fiesta donde todas las locuras y amoríos eran posibles. Negros y blancos, machos y hembras, ricos y pobres. Eso sí que era una guaracha, caballero. Todos se hermanaban en una locura de alegría y alcohol, mientras las comparsas inflamaban las calles con sus hierros y tambores voceando sin pudor: «El blanco pa’la loma, el negro pa’la conga». ¿Revolución? Eso era cosa de blancos. «Gane quien gane —le amenazaba su padre— tendrás que seguir doblando el lomo. Batistianos o revolucionarios, son todos iguales. Ambición pura». Por eso —y por el miedo que le tenía— Liborio nunca se metió en jamaqueos.
Sin embargo, un día llegaron los rebeldes a su pueblo. Limón Palmero era una pequeña aldea sin agua corriente en el fin del mundo. Allí había nacido Liborio y en ella estaba escrito que moriría. Pero a veces Dios yerra el tiro. Será porque las montañas del Oriente cubano tienen un aire de presidio, de cárcel de piedra y palmas de la que es imposible salir. Sobre todo si eres pobre y analfabeto. Esa iba a ser su historia. La misma historia de su padre, su abuelo y de ahí para arriba en el desconocido y sospechoso árbol genealógico de los d’Espaigne, negros franceses por vía seminal. Quizá haitianos. Con seguridad, miserables.
Iba a ser así, pero no lo fue. Todo cambió el día en el que llegaron los comandantes con su carretón de ilusiones, con sus promesas de libertad para todos, de igualdad entre todos, de fraternidad con todos. ¿Quién se hubiese resistido? Y allá que se fue el guajiro con sus diecisiete años recién planchados, dispuesto a morir (y matar) por una revolución que era una visa a otra vida. Quizá, a la otra vida. Sin mirar atrás huyó lomas arriba con aquellos idealistas verde olivo que iban regalando esperanza. Sin despedirse. Temeroso de que su padre le diera una paliza al enterarse.
Aquellos años en Sierra Maestra fueron los mejores de su vida. Por primera vez le trataban con dignidad y respeto. Además le enseñaron a leer y le presentaron a unos hombres buenos de los que nunca había oído hablar: Marx, Lenin, Mao. En un par de ocasiones le hirieron. Nada grave, aunque de la segunda herida le quedó para siempre la cicatriz de un tiro a sedal. Lucía esa orgullosa marca como una condecoración. Días
más tarde conoció a Fidel, que le felicitó por su valor y le dio un abrazo. Nada presagiaba que años más tarde le daría la espalda. También a él.
Pero aquel 8 de enero de 1959 en La Habana todo fue magnífico y excesivo., Todo fue liberación. Por eso la fecha se le grabó a fuego en el alma. Porque Cuba estaba sus pies. Porque la revolución había triunfado. Porque todo iba a cambiar. Porque estaba viviendo el sueño prometido. Igualito que en esas películas a colores en las que siempre ganan los buenos. Y esta vez él estaba en las filas de los buenos. Por eso la gente les besaba, les abrazaba, les amaba. También a él, un mulato asustado con fusil Garand en las manos y el hambre atrasada que crió en las lomas.
Sin embargo, ahora era un dios, uno de los héroes de la nueva Cuba —eso le dijeron y él se lo creyó—. Desde ese momento tenía la obligación de ser intachable, austero, desprendido de afectos. El perfecto Hombre Nuevo del que les hablaba el Che, que también iba para hombre nuevo y se quedó, a duras penas, en argentino nuevo.
La tarea que tenían por delante exigía firmeza y rectitud. Por eso Liborio fusiló sumariamente a decenas de hombres. En cuatro meses llegaron a seiscientos «ajusticiados». Aquel año la Semana Santa tuvo una Pasión auténtica. Por el bien de la patria y con el respaldo del pueblo. Se dice que muy pocos alzaron la voz contra el paredón que el Che levantó en La Habana, una ciudad que despreciaba por ser «demasiado alegre». Entre ellos, el arzobispo de Santiago, Pérez Serantes, un gallego recio más grande que Fidel Castro y que se equivocó. Como toda Cuba. Se equivocaron. Es fácil decirlo medio siglo más tarde.
Los primeros años de la revolución fueron inolvidables, pero no forzosamente mejores. Pronto llegaron los fracasos, las deserciones, los errores vía Moscú sin escalas. Lo más terrible de todo fue la incesante música de los fusilamientos y los desaparecidos. Sin parar, sin dudar, sin rectificar. Para esa altura, la película de amor se había convertido en una tragedia a la cubana, todos mezclados en un ajiaco requemado y sin poder saltar de una olla que iba a fuego lento.
De pronto se encontraron sin peloteros, pero con proletarios. Sin sociedad, pero con socialistas. Sin trabajo, pero con tremenda trabajera. Sin noches en el Tropicana, pero con días en Villa Marista, palenque de torturadores de la peor especie, que por lo visto es la especie humana. Todos sin carne, pero con carné (del Partido —con mayúscula—, del cedeerre, de la ujotacé, del vaya-usted-a-saber-y-no-vuelva).
Fue tanta la sangría que hasta Sartre quiso verla en directo. A su lado, el Pinochet más negro es un aseado infante levantando el dedo para preguntar jovial: «Y ustedes ¿a cuántos lanzaron al mar?». La respuesta es imposible. Cientos, miles, decenas de miles de cubanos arrojados al estrecho de la Florida en balsas para ser pasto de los tiburones. El océano convertido en un enorme nicho de esperanzas insumergibles, pero que terminaron hundidas. El Atlántico es mucho mar para cruzarlo en un neumático y dos tablas. Como los internacionalistas que se fueron a África a luchar por no se sabe bien qué utopías de café con leche. No volvieron. Todos muertos a mayor gloria de Fidel, pero con una rumba sobre sus tumbas. Tumba, por cierto, que ahora pagaba el Estado, no como antes cuando la gente se moría de vieja.
El sueño se convirtió en pesadilla mientras Liborio y la revolución se iban p’al carajo, pero por caminos diferentes. Anhelando ambos que, por fin, llegara el fin. Deseando encontrar el jardín de las lágrimas no lloradas, de los hijos fugados y perdidos en algún laberinto del exilio.
Todo lo que vino detrás le fue dando la razón al inculto de su padre: «Son ambición pura, Liborio. Tú siempre será un mestizo con ojos de chino que no sabe leer».
Por eso el viejo Liborio d’Espaigne pasa las tardes sentado en el Malecón. Rezándole a la Virgen de la Caridad/Ochún para que el tiempo se detenga y la Tierra gire al revés hasta llegar a aquel legendario 1959. Año de los milagros, de la alegría, de la esperanza, del amor a la patria. Sincero, inocente y suicida.
Dicen ahora que toda La Habana lo sabía, que todos sentían que otra vez tocaba perder. Me cuesta creerlo.
Se me murió el triste tigre
Escribo este lamento desde un recodo de mi vida, en esa edad indefinida en la que empiezan a llamarte «señor» aunque sea un tratamiento de burgués contrarrevolucionario.
Nací, llorado Guillermo, cuando ya vivías en un país llamado Exilio, capital Miami. Ignoro si también Madrid y Londres. Poco importa. Eras ya un desterrado, un guajiro/War Hero de Gibara, un cubiche sin Cuba, un criollo con bigotes de médico chino. En la concreta, un cubano maldito, que hoy viene a ser lo mismo que un maldito cubano. O más bien un cubano que siempre estaba en Cuba, ya fuese con la memoria, con la lengua de acero o con el puro humo de un tabacón elevándose ante tus espejuelos trostkistas (el humo, no el tabacón).
Por mis venas, así lo quiero, corre tu sangre de cabrerainfante hasta la médula. Me la inyectaron hace mucho tiempo en dosis sucesivas y crecientes. La primera vez con cuatro o cinco años. El hechicero fue mi abuelo Joaquín, un emigrante español sigiloso y plateado que llegó a La Habana en 1908. Era apenas un niño, pero nadie quiso a Cuba más que él.
Tengo algunos recuerdos de aquella primera transfusión, que fue más bien un viaje a través de las palabras. Conservo en paño de Bruselas la frase mágica que nos repetía a la menor oportunidad, la prueba irrefutable de que había vivido en el edén: «Era una tierra que daba tres cosechas al año». Eso sólo puede suceder en el paraíso. Recuerdo también que me trataba de «usted» a pesar de sufrir yo un analfabetismo en tratamiento jesuítico. Y la seriedad con que nos juraba que la mejor fabada del mundo se comía en La Zaragozana, inmortal restorán de La Habana Vieja en el que entonces reinaba una cocinera de Ribadesella. Le creí ayer y sigo haciéndolo hoy.
En aquel primer viaje —¡cómo olvidarlo!— me paseó por Prado en un Ford del 31 que le había costado 2.000 pesos y dormí en el Libertad, calle Aguilera, el hotel de sus visitas a Santiago para vender las sopas Cuba-Cataluña. Porque así le hechizó la isla: rodando por la Carretera Central con un muestrario de viajante bajo el brazo. Solo. Tenaz como el orballu. Feliz de ver el sol cada día y de olvidar para siempre las nieves de su Tineo natal, allá en Asturias.
Con él conocí el helado de sapote que hacían los chinos y también el Bar Delirio, timbiriche de La Víbora en el que apuraba sus dedalitos con anís al grito de «Mesero, café con felicidad». Ahí es nada, ponían la felicidad en los bares. De su mano aprendí que el tocororo era el pájaro nacional, que la ropavieja se comía y que el Caribe y el Cantábrico eran dos mares del mismo océano. Algo más tarde descubrí que los habaneros (¡oh prodigio!) no se morían, se ñampeaban. O, más divertido aún, cantaban el manisero. «Caserita no te acuestes a dormir / sin comerte un cucurucho de maní / Manisero se va». Se va. Se va.
En Cuba, si eras pacífico, vivías cien años. Si trabajabas duro, salías adelante. Si eras lindo gozabas con la tumbadera. Porque, eso sí, las cubanas eran las mujeres más bellas que ojos humanos vieron. Daba igual que fuesen blancas, negras o amarillas. Eran unas hembras del diablo que bailaban como brujas. «Donde esté una cubana que se quiten diez españolas», juró un 20 de mayo mientras mi abuela ponía cara de nuez, tan seria y católica ella.
Ese viaje del que te hablo, querido Caín, fue muy cómodo. Lo hice sentado en sus rodillas sin moverme del sofá de su casa y se repitió regularmente hasta que mi abuelo murió. Para entonces el mayoral de Birán llevaba un cuarto de siglo señoreando la hacienda con látigo de fuego. De fuego y de plomo versión calibre 30,06 de punta hueca. Pero la semilla ya estaba plantada y sólo era cuestión de encontrar un jardinero paciente que la cuidase. Por eso empecé a buscar otros magos que me revelasen la lista de milagros pendientes de esa isla mágica que en realidad son mil islas.
Así conocí a Eliseo Diego, que me presentó a Wilfredo Lam, que me presentó a Lezama Lima, que a su vez me presentó a Pepín Rivero una tarde de abril en el Diario de la Marina. Fue Pepín el que se empeñó en que leyera a Mañach y con él me aficioné a Portell Vilá y sus historias. Portell me llevó a un mundo nuevo en el que vivían Bacardí, Santovenia y Ortiz. Disfruté mucho con los intelectuales —lo confieso sin pena—, pero con ellos la cubanía estaba un poco disecada. Bella, pero fría. Y eso no puede ser en una tierra que se desparrama con el calor, una isla en la que las hormonas explotan sin previo aviso, un territorio de aguaceros indómitos. ¡Qué país, carajo!
Por eso comencé a oír viejos discos de María Teresa Vera, una dama de otros tiempos. Aparecieron sus canciones en el fondo de un arcón, mezclados con fotografías en la playa de Boca Ciega y algún número amarillo de Carteles. El semanario nacional. Otras diosas llegaron más tarde, pero me quedo con la única posible: Rita Montaner (y, si me dejas, con Lupe Yolí, huracán ya olvidado).
Sin embargo el eco de aquellas tardes cubanas recuperó su esplendor con tu vista del amanecer en el trópico. Me la descubrió una santiaguera firme y culta. Otra enamorada de su patria que vivió medio siglo dentro y lleva medio siglo fuera. Sólo físicamente, eso te lo concedo. Su alma sigue paseando lúcida cada mañana por Vista Alegre y recorriendo medio mundo del brazo de su Danielito, que ahora descansa entre las palmas de un camposanto más bello que el de Santa Ifigenia. «Si quiere conocer de verdad lo que era Cuba —me disparó a quemarropa— tiene que leer a Cabrera Infante». Y ahí mismitico me mató.
El veneno vino (que no vino venenoso) con los tres tristes tigres, galería de voces en habanero que yo oía —¿o quizá leía?— de noche y con las que luego soñaba previo permiso de mi esposa, cubana por vía materna (la maldición, como ves, seguía su curso y yo me dejaba arrastrar con gozo). Tus tristes y atigrados vividores, Guillermo, son una provocación constante, un pase al patio de butacas de la imaginación, de la risa, de la ternura, pero también a un subterráneo y furtivo pudor para nombrar lo innombrable, que es la derrota.
En mis sueños yo era Silvestre en los bajos fondos de La Habana; Arsenio Cué manejando por el Malecón en un viaje sentimental a ninguna parte; Códac el fotógrafo, siempre en la lucha por no olvidarse su cámara. A veces, fíjate bien, tuve la suerte de convertirme en la monstruosa Estrella, bolero a capella en cualquier timbeque regado de ron. He de reconocer que la negra era el papel que más me gustaba, desmesurada y excesiva como sólo ella sabe serlo. ¿Debo psicoanalizarme? Creo que no. Al fin y al cabo sólo soy un lector vulgar, el ingenuo Common Reader que se permite el lujo de no entender diálogos enteros y, sin embargo, comprenderlos hasta la última palabra. Es una ventaja que les llevo a críticos y profesores universitarios, insuperable tribu capaz de ver la Luna y acordarse de Baudelaire en vez de disfrutar de la Luna. Simplemente la Luna. Allá ellos.
De ahí p’alante todo fue un cuestabajo. Salté a Mea Cuba y visité al infante difunto en el cementerio de Colón. Entonces me convencí de que eras un genio, una especie en extinción, un fugitivo del lenguaje perseguido por intelectuales a sueldo, lacayos del comandante que eran lacayos de Stalin que son otra-vez-y-la-misma-vez lacayos del comandante. ¡Qué importa! Algún día las enciclopedias recogerán una voz que diga: «Castro, Fidel. Olvidado dictador cubano contemporáneo de Guillermo Cabrera Infante». A él le dolerá más lo de olvidado que lo de dictador. ¿O no? Así se escribe la Historia cainita: poniendo a cada uno —como Cervantes al elegirte discípulo— en su sitio. El tuyo que sea en Zulueta 405 con Carlos Franqui de inquilino y la materna/maternal disyuntiva: «¿Cine o sardina?». Cine. Siempre cine. Más cine por favor.
Para siempre conservo tu enseñanza suprema, admirado-imitado-llorado Guillermo Cabrera Infante, aquella que asegura que ser cubano es llevar a Cuba con uno a todas partes. Ser cubano es tener siempre a Cuba en la memoria. Como una música apenas audible, pero persistente. Como una rara visión que sólo el corazón descubre. Porque Cuba es un paraíso del que nos expulsaron pero al que siempre estamos intentando volver. Por eso soy cubano. Porque me da la gana. Carajo.
Camden, Nueva Jersey, 20 de julio de 1883
Att. Srs. Griffin, Martínez, Prince y otros caballeros de Santa Fe.
Estimados señores:
Su amable invitación para visitarles y recitar una poesía con ocasión del 333 aniversario de la fundación de Santa Fe me ha llegado tan tarde que no puedo aceptarla, lamentándolo sinceramente. Pero sí que diré unas palabras de manera improvisada.
Nosotros los americanos tenemos como tarea pendiente la de aprender sobre nuestros precursores y clasificarlos para después ponerlos en armonía. Los encontraremos en mayor abundancia de lo que uno pueda suponer, y en fuentes muy diversas. Hasta ahora, bajo la influencia de los escritores y profesores de Nueva Inglaterra, nos rendimos de manera tácita a la noción de que nuestros Estados Unidos se han formado exclusivamente a partir de las islas británicas, con lo que, en consecuencia, se habrían convertido en una segunda Inglaterra; pero se trata de un tremendo error. Porque podremos comprobar sin duda ninguna que muchos de los rasgos principales de nuestra futura personalidad nacional, que se van a encontrar entre los más selectos, provendrán de un patrimonio no británico. En el estado actual de cosas, los elementos británico y alemán, por muy valiosos que sean en el terreno de lo concreto, amenazan con el exceso. O más bien debería decir que ciertamente ya han alcanzado dicho exceso. Necesitamos urgentemente algo exterior a ellos, que pueda contrarrestarlos.
Los torbellinos materialistas y capitalistas de los Estados Unidos, en sus actuales relaciones devoradoras, que controlan y rebajan todo lo que les rodea, son en mi opinión nada más que una enorme e indispensable etapa del desarrollo del nuevo mundo, que se verá ciertamente seguida de algo completamente diferente —de inmensas modificaciones, al menos—.
Todavía queda por establecer un carácter, una literatura, una sociedad digna de este nombre, por medio de una nacionalidad con los más nobles atributos espirituales, heroicos y democráticos —ninguno de los cuales existe en verdad por el momento— enteramente diferente del pasado, aunque inequívocamente fundada en él, y para justificarlo.
A esta futura identidad americana compleja, el carácter español aportará algunos de sus componentes más necesarios. Ningún otro patrimonio posee un acervo histórico más grandioso —grandioso en religiosidad y lealtad, en patriotismo, valor, decoro, circunspección y honor—. Ha llegado el momento de desechar completamente la ilusión tejida a partes iguales de Raiv Mead, Bloody Bones y de Los misterios de Udolpho8, que hemos heredado de los escritores ingleses de los últimos doscientos años. Es hora de comprender —porque es de una certeza absoluta— que uno no encontrará más crueldad, tiranía, superstición y demás, en el currículo de la historia española que en el correspondiente currículo de la historia anglonormanda. No, no siquiera creo que se pueda encontrar tanta.
Y ahora algo más, en lo que concierne a la etnología americana pasada y futura, que me aventuraré a abordar aquí. Respecto a nuestra población india aborigen —los aztecas del sur y muchas otras tribus del norte y del oeste—, soy consciente de que existe un consenso en la idea de que deberán ir desapareciendo con el paso del tiempo, y de aquí a unas cuantas generaciones dejar sólo una reminiscencia, un espacio en blanco. Pero eso no lo tengo nada claro.
A medida que América se sirva de sus muchas fuentes de recursos tanto remotas como actuales para desarrollar, adaptar, entrelazar e identificar las suyas propias, ¿presenciaremos cómo acepta con gusto y aplica todas las contribuciones de tierras extranjeras del resto del planeta, mientras que da la espalda a las únicas que le son distintivas, las autóctonas?
En lo que respecta al patrimonio español de nuestro sudoeste, me resulta indubitable que todavía no alcanzamos a apreciar el esplendor y el valor inestimable de su elemento racial. ¿Quién sabe si este elemento, a semejanza de una corriente subterránea que ha fluido inadvertidamente durante cien o doscientos años, emergerá ahora con un flujo prominente, más copioso y permanente?
Si me lo permiten, me gustaría hacerles llegar las felicitaciones más sentidas y cordiales de su compañero americano aquí presente. Cuentan ustedes con más amigos en las regiones del norte y del Atlántico de lo que se imaginan, que se interesan profundamente por el desarrollo del gran sudoeste interior, y por todo aquello que su festival saque a relucir a la atención del público.
Muy respetuosamente, etc.,
De la traducción al castellano ©2005, Jaime Bonet
NOTAS DEL AUTOR
1 Ver todo lo que se puede heredar y ejemplos en el Border Mínstrelsy (Mester de Juglaría) de Walter Scott; la colección de Percy; los primeros romances métricos ingleses de Ellis; los poemas continentales europeos de Walterio de Aquitania, y el Nibelungo, de origen pagano, pero de redacción mónaco-feudal; la historia de los trovadores por Fauriel; y aun los antiguos poemas épicos hindúes, que señalan la matriz asiática en donde se engendró la caballería europea: los capítulos de Ticknor sobre el Cid, y sobre los poemas y poetas españoles de la época de Calderón. Luego, siempre, claro está, como la culminación poética superexcelente de la expresión feudal, los dramas de Shakespeare, en las actitudes, el diálogo, los caracteres, etc., de los príncipes, señores y caballeros, su ambiente penetrante, la norma implícita o expresada de los modales, el alto porte y el estómago orgulloso, el regio encaje del estilo, etc.
2 De estas lagunas que hemos analizado a vuelo de pájaro, las dos que parecen revestir la mayor importancia, son: una, la condición, ausencia, o tal vez la transitoria suspensión de la fibra de conciencia moral en toda la sociedad americana; y otra, es el aterrador agotamiento de la mujer en sus poderes de sana y atlética maternidad, su atributo que la endiosa, y que por siempre eleva a la mujer en las esferas mis altas a un nivel superior al del hombre. A veces he pensado, en verdad, que el único camino y medio de existencia de una reconstrucción de la sociología, dependen, en primer término, de un nuevo nacimiento, una nueva elevación, expansión y vigorización de la mujer, que proporcione a las razas que vendrán (como que son indispensables las condiciones prenatales), una maternidad perfecta. Grande, en verdad, mucho más grande de lo que ellas mismas piensan, es la esfera de las mujeres. Pero indudablemente la cuestión de esa nueva sociología va unida a muchas otras, incluyendo a numerosas premisas variadas y complejas, y tanto al hombre como a la mujer, tanto a la mujer como al hombre.
3 La cuestión aquí planteada es una de las que sólo el tiempo puede contestar. ¿No será que la virtud del individualismo moderno, que siempre se magnifica, usurpándolo todo, afectará seriamente, y tal vez desplazará totalmente, en América, esa semejanza de la antigua virtud del patriotismo, ese amor ferviente y absorbente de la nación común? No dudo, por mi parte, de que ambas cosas se unirán, y extraerán mutuo provecho, la una de la otra, y se abrazarán, y que producido por ellas surgirá un tercer producto mayor. Pero creo que en la actualidad tanto ellas como su oposición constituyen un problema serio y una paradoja en los Estados Unidos.
4 Pasando el Niágara. Causóme gran ira y consternación al principio este ensayo del señor Carlyle, tan insultante para la teoría de América, pero pensando después cuántas veces habíame yo encontrado en el estado de ánimo en que fue escrito su ensayo, y luego de haber visto personas y cosas a esa misma luz (a la verdad, podría decirse que existen indicios de ese mismo sentimiento en estas Perspectivas), desde entonces lo he leído nuevamente no sólo considerándolo como un estudio, que expresa, como lo hace, ciertos juicios desde el más alto punto de vista feudal, sino que también lo he leído con respeto por venir de un alma sincera, y por su contenido y aporte que si no son de oro ni de plata, pueden ser de hierro bueno, duro y de ley.
5 Por temor de errar, puedo también especificar distintamente, como cosa alegremente incluida en el modelo y patrón de estas Perspectivas, un carácter práctico, animador, hacedor de dinero, y aun materialista. Es innegable que nuestras chacras, oficinas, tiendas, carbonerías y almacenes, nuestra ingeniería, nuestra contabilidad, nuestro comercio, adquisiciones, mercados, etc., debieran ser atendidos formal y honestamente, y activados tal como si tuvieran una existencia real y permanente. Advierto claramente que la extremada energía de los negocios y este apetito casi maniático de la posesión que prevalecen en los Estados Unidos constituyen partes de un proceso de mejoración y progreso, y que se necesitan en forma indispensable para preparar los mismos frutos que reclamo. Mi teoría incluye las riquezas y el logro de las riquezas y sus más abundantes productos.
6 Todo el sistema presente de la oficialidad y personal del ejército y la armada de estos Estados Unidos, y el espíritu y la letra de los reglamentos y ordenanzas triplemente aristocráticos de los mismos, constituyen un exotismo monstruoso, una teoría y una revolución, y pertenecen a los Estados Unidos tanto como las órdenes de nobleza o el concilio de cardenales del Papa. Digo que si la teoría presente de nuestro ejército es sentida y verdadera, todo el resto de América es un enorme fraude.
7 En última instancia todo interés culmina en el campo de las personas y no decae nunca. De acuerdo con ello es en este terreno donde han trabajado los grandes poetas y literatos muy sugestivamente. También ellos en toda edad y en todas las naciones, han sido creadores, delineando, creando tipos de hombres y mujeres, como Adán y Eva fueron creados en la fábula divina, Sustentados, formados, criados por el orientalismo, por el feudalismo, a través de su largo crecimiento y culminación, y recreándose a su vez —(¿Cuándo tendremos una serie igual, típica de la democracia?)—, contemplados, iniciados en el Asia primitiva (formuladas aparentemente en el principio que conocemos de los dioses mitológicos, y de ellos desprendidos), esos grandes poetas y literatos concedieron a los modernos y a los americanos como material de estudio unos cuantos ejemplos de su innúmera producción. Cuanto a los hombres, Yudishtura, Rama, Arjuna, Salomón, la mayoría de los personajes del Viejo y del Nuevo Testamento; Aquiles, Ulises, Teseo, Prometeo, Hércules, Eneas, los héroes de Plutarco; el Merlín de los bardos celtas; el Cid, el rey Arturo y sus caballeros, Sigfrido y Hagen en el Nibelungo, Rolando y Oliverio, Roustam, en el Shah-Nemah; y así sucesivamente en el Satanás de Milton, en el Don Quijote de Cervantes, en el Hamlet de Shakespeare, en Ricardo II, en el rey Lear, Marco Antonio, etc., y en el Fausto moderno. Estos, digo, son modelos combinados y ajustados a otros patrones que los de América; pero de inapreciable valor para ella y para lo que a ella pertenece.
Entre las mujeres, las diosas de las mitologías egipcias, indias y griegas, algunas de la Sagrada Escritura, especialmente la Santísima Virgen, Cleopatra, Penélope, los personajes de Brunhilda y Criemhilda en el Nibelungo, Oriana. Una, etc.; la moderna Consuelo, las Jeanie .y Effie Deans de Walter Scott, etc. (Pero hasta ahora me parece que no hay en la literatura, tipo alguno de mujer perfecta, esto es de madre humana perfecta).
8 El autor cita aquí dos novelas góticas, cuyas autoras fueron Mary E. Lyons y Ann W. Radcliffe, respectivamente. (N. del Tr.).