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Estados Unidos Mexicanos, tu transición no debe encallar

Cinco años después de las elecciones que llevaron a la presidencia a Vicente Fox y arrancaron de ella al Partido Revolucionario Institucional (PRl), México se encuentra nuevamente inmerso en la carrera electoral que llevará a Los Pinos un nuevo inquilino el próximo año.

Lo ocurrido el 2 de julio de 2000 fue fruto de un largo camino cuyo punto de partida hay que situar en 1982, año de la crisis de la deuda y quiebra de las finanzas públicas. Se rompía así un instrumento esencial para la permanencia del PRI al frente de la máxima institución del Estado. Desde ese momento, la pérdida de peso específico del partido hegemónico se fue consumando en forma de derrotas electorales a todos los niveles.

Estos dieciocho años comprenden un proceso de transición cuyo principal logro ha sido asegurar la limpieza electoral, posibilitando la aparición de un sistema de partidos competitivo. De esta forma, México ha confirmado su mayoría de edad en las urnas.

EL AGOTAMIENTO PRESIDENCIAL

Sin embargo, la euforia que acompañó la elección de Vicente Fox fue efímera. Pronto se comenzó a percibir que el cambio no estaba tan cercano como se había dicho. En el 2003 la sociedad mexicana volvió a expresarse a través de las urnas, aunque esta vez no hubo euforia ni antes ni después del proceso. La percepción más bien fue de agotamiento, de una sociedad que veía con desidia el incumplimiento de promesas y el derrumbe de expectativas que habían apuntado demasiado alto. En las elecciones de ese año se renovaba el poder legislativo, lo que confería el carácter federal del proceso y en consecuencia suponía una prueba para el partido del presidente y la oposición.

La participación fue la más baja que se recuerda, con una abstención del 58,32%, expresando así la ciudadanía su alejamiento respecto de los políticos. El PRI se alzó con la victoria, aunque sin mayoría absoluta, favorecido por ser el partido que cuenta con el voto menos sensible a las fluctuaciones abstencionistas. Confirmó su candidatura a regresar a la presidencia de la República, ratificando una estrategia de oposición que lógicamente no iba a ser alterada antes de 2006. La mayoría en el poder legislativo le otorgaba la posibilidad de seguir realizando una política de desgaste al Ejecutivo, dificultando e incluso impidiendo el cumplimiento de las grandes líneas de gobierno.

Por su parte, Vicente Fox ha sido víctima de sí mismo. El sistema presidencial que le llevó a la victoria quedó definitivamente agotado en ese momento, y síntoma de ello ha sido la incapacidad de su Gobierno para poner en marcha una sola de las múltiples reformas proyectadas. Mientras que en la época priista el legislativo era la pareja de baile perfecta del Ejecutivo, en la actualidad ambos poderes en manos de formaciones distintas juegan a hacer perder el paso al contrincante.

El escaso sentido de Estado desarrollado por los políticos mexicanos se ha traducido en la incapacidad para llegar a acuerdos en beneficio del país. Esta situación demuestra que la reforma del Estado es una de las más necesarias, y sin ella la toma de decisiones seguirá supeditada a los intereses privados de las distintas facciones políticas. En consecuencia, es necesario que durante el próximo sexenio se busquen fórmulas que eviten la actual parálisis gubernamental.

Aunque no ha sido la norma, sí existen precedentes que abren una puerta a la esperanza en la búsqueda de pactos. La creación del Instituto Federal Electoral (IFE) es un buen ejemplo de supeditación de los políticos al interés común. Su fundación se marcó como objetivo terminar con la perpetua sospecha de fraude que rodeaba cualquier proceso electoral, lo que se logró a costa de ingentes cantidades de numerario público. El IFE aseguró la legitimidad del proceso electoral y la alternancia en el poder, siendo su desempeño reconocido a nivel internacional.

Si bien la transparencia electoral es un elemento necesario en el anhelado proceso de cambio, no es suficiente. El IFE no ha transformado el orden anterior, sino que más bien es consecuencia del mismo. Su creación se debe a la desconfianza creada por unas estructuras cuyo apego a la norma escrita es más que dudosa. El IFE es síntoma de que todavía queda mucho camino por delante, pero de igual forma permite abrigar un mínimo de confianza en el futuro.

LA CARRERA HACIA 2006

La rivalidad electoral es un fenómeno reciente en México, que se remonta a 1988, cuando Cuahutémoc Cárdenas disputó la presidencia al candidato oficial del PRI, Carlos Salinas de Gortari. Si bien el candidato opositor, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), finalmente no logró la victoria, esas elecciones tuvieron un importante significado al quedar de manifiesto por primera vez en décadas la posibilidad de desbancar al PRI.

Desde entonces, las elecciones han sido el principal centro de atención de la vida política mexicana, convirtiéndose en un fenómeno que abarca varios meses e incluso años. Tras las elecciones de 2003 se reactivaron las maquinarias electorales y comenzó la carrera hacia el 2006.

De entre los candidatos presidenciables es Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quien parece partir con ventaja. Dentro del PRD —formación que se considera de izquierda— parece tener asegurada su elección como candidato a la Presidencia, aunque aún necesita recabar apoyos internos que podrían perjudicar su candidatura.

AMLO ha abandonado recientemente la regencia de la Ciudad de México, cargo gracias al cual ha llegado a ser conocido en todo el país. Su gestión en el Distrito Federal cuenta con el apoyo de amplios sectores populares merced a una política en la que el gasto social ha jugado un papel protagonista. Otro factor que le ha favorecido en las encuestas ha sido el proceso de desafuero al que se vio sometido al comienzo del verano, lo que le habría impedido presentar su candidatura. Sus adversarios políticos terminaron siendo sus mejores aliados al contribuir a engrandecer su imagen como mártir de la democracia mexicana. Finalmente, la intervención del presidente Fox posibilitará que se concrete su candidatura.

Mientras, dentro del PRD es Cuahutémoc Cárdenas quien le puede hacer más daño, e indudablemente tendrá que negociar y pactar si no quiere encontrarse con la sorpresa de una candidatura externa del propio Cárdenas, lo que le restaría un porcentaje de votos que podrían ser definitivos. Otras figuras de la izquierda mexicana se han lanzado contra López Obrador, destacando entre ellas el subcomandante Marcos, quien posiblemente busca forzar algún tipo de negociación o simplemente protagonismo.

Dentro del PRI es Roberto Madrazo el principal aspirante, pero sin tener asegurada su postulación como cabeza del partido. Sectores internos se han unido en torno a la plataforma Unidad Democrática, mejor conocida como TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo), que presentará como candidato a las internas a Arturo Montiel, gobernador del Estado de México hasta este mismo año. Si el TUCOM logra mantener la unidad arropando a su candidato, cabe la seria posibilidad de que el resultado les favorezca, o como mínimo pueden obligar a negociar un reparto de poder con el sector madracista.

A día de hoy el PAN es el partido que presenta peores expectativas. Su candidato, el ex secretario de Gobernación —equivalente en México al ministerio del Interior español—, Santiago Creel, tiene el apoyo del aparato presidencial pero no cuenta con el consenso interno del partido. Es más, desde su lanzamiento como candidato presidencial ha sido patente su pérdida de fuerza, al tiempo que aumentan las críticas contra su gestión al frente de la secretaría de Gobierno. Su principal rival interno es Felipe Calderón Hinojosa, quien va ganando adeptos y de seguir así, contará con posibilidades de desbancar al candidato foxista.

Sintetizando más si cabe, quien parte con mayores posibilidades es López Obrador, aunque su capacidad como estadista crea también grandes dudas. Su actitud arrogante, sus características populistas o los escándalos que han rodeado su gestión al frente del Distrito Federal no son además las mejores cartas de presentación. Si a ello añadimos el hecho de que nunca ha puesto un pie fuera de México, la incógnita sobre su posible desempeño como presidente aumenta.

Por su parte, el PRI es la formación que parte con ventaja. Vencedor en las intermedias de 2003, su baza pasa por presentar una candidatura de consenso. La maquinaria electoral priista continúa en bastante buen estado y junto con un ambiente de unidad interna, el partido tiene no pocas posibilidades de regresar a Los Pinos. Sin embargo, existe una clara división interna con dos grupos que apoyan a los dos precandidatos. Su principal reto en los próximos meses es evitar un recalentamiento que termine por excitar un proceso de deserción, lo que sería definitivo para sus aspiraciones.

El PAN ha sufrido el desgaste que supone ser partido del gobierno y sus posibilidades son remotas. A ello hay que unir el que las circunstancias en las que su candidato se proclamó vencedor en 2000 han cambiado. En aquella ocasión logró aglutinar el voto contra el PRI, lo que es obvio que no va a ocurrir en esta ocasión. Cabe la posibilidad de que Creel se vea relegado por otro candidato y que el partido busque así remontar su actual posición en las encuestas. Habrá que esperar.

LAS CUENTAS PENDIENTES

Quien obtenga el apoyo de los mexicanos y sea proclamado presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos heredará los problemas no solucionados durante el actual sexenio.

En este sentido, los años de gobierno de Vicente Fox no han supuesto una transformación profunda de México. Su campaña electoral estuvo bien dirigida y enfocada a lograr la victoria, pero alejada de la realidad que supondría gobernar. Promesas imposibles de cumplir como un crecimiento anual del 7%, otras con tan buena voluntad como ingenuidad como solucionar el problema zapatista en quince minutos, han llevado a la sociedad mexicana del éxtasis de la euforia al sofoco de la desidia.

La principal aportación del gobierno de Fox a México ha sido conservar una coyuntura macroeconómica estable, manteniendo el atractivo para la entrada de inversión extranjera. Aunque no se ha logrado crecer al 7% anual, el país ha superado coyunturas económicas difíciles en un entorno global que no le ha sido muy favorable.

Sin embargo, esta estabilidad económica no se ha traducido en una mejora en la situación social y mucho menos en la política. El último informe de la Asociación Latinoamericana de organizaciones de Promoción (ALOP)1 indica que el ajuste estructural, inspirado en el modelo neoliberal, al que se ha visto sometido el país desde la crisis de la deuda de 1982, ha supuesto un progresivo aumento de la pobreza. De poco más de 100 millones de habitantes que tiene México, entre 58 y 60 son pobres y de ellos la mitad se encontrarían dentro de la categoría de pobreza extrema.

Mientras, los datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PENUD) no son más alentadores, otorgando a México un coeficiente de GINI de 54,6 para el año 20002 . El 20% de la población más pobre del país suponía el 3,1% de los ingresos, mientras que el 20% más rico el 59,1% del mismo. Ante una redistribución de la riqueza extremadamente desigual, la reforma fiscal se convierte en un punto esencial de la agenda. Sin embargo, lo que debería de plantearse como una política de Estado se ha convertido en un arma política. El gobierno de Vicente Fox presentó un plan de reforma que fue criticado desde distintas instancias políticas y sociales por su carácter regresivo, al gravar esencialmente el consumo. Más allá de su acierto o desacierto, la reforma topó con la negativa de la Cámara de Diputados, donde el PAN sólo cuenta con 149 de los 500 diputados.

El acuerdo migratorio es otro de los retos que se marcó el gabinete foxista. Sin embargo, a una negociación ya de por sí difícil se unieron los atentados del 11-S, alterando la agenda estadounidense y postergando la negociación. Cerca de diez millones de mexicanos de nacimiento viven en el país vecino y son cientos de miles los que engrosan anualmente esta cifra. Ante una situación generalizada de baja productividad, México necesita mantener activo este proceso que por un lado es una válvula de escape a posibles conflictos sociales, y por otro supone el segundo rubro de entrada de ingresos al país a través de las remesas: México es el segundo receptor mundial de remesas —se calcula que el 20% de las familias mexicanas reciben algún tipo de remesa—, aventajado solamente por la India.

MÁS ALLÁ DEL 2006

El próximo mes de julio de 2006 los mexicanos van a lanzar un nuevo mensaje a los políticos, al otorgar la presidencia presumiblemente con menos del 40% de los sufragios. Es un llamamiento al entendimiento entre las distintas formaciones políticas, con independencia de quién sea el vencedor. Será responsabilidad del futuro presidente y de la oposición dar respuesta a las necesidades de su sociedad, ya que un nuevo desengaño supondría un duro golpe para la débil democracia mexicana.

Caminar en otro sentido puede traer consecuencias no deseadas. La debilidad institucional está en índices preocupantes y señales como el incremento, tanto cualitativo como cuantitativo, de grupos relacionados con el narcotráfico deben ser suficientes para activar las conciencias. El interés común se tiene que imponer definitivamente a la conservación de privilegios de ciertos grupos y sectores sociales. En la actual situación, el país no se puede permitir el lujo de vivir otros seis años de parálisis política. Urge reducir la anemia del Estado, actuar conforme a derecho y aumentar los índices de confianza, contribuyendo a acortar la distancia entre políticos y ciudadanía, además de aportar mayor seguridad a la inversión presente y futura.

Continuar igual no es una opción, por lo que la disyuntiva se encuentra entre retroceder o progresar. Lo primero sólo necesita que las cosas sigan igual. Lo segundo precisa que todas las fuerzas del país remen con el mismo rumbo hacia el perfeccionamiento de la democracia en todos sus niveles, un objetivo difícil pero al alcance de México.

 

NOTAS

1· ALOP es una asociación de organizaciones no gubernamentales de desarrollo (ONGD), prove nientes de veinte países de América Latina y el Caribe. Creada en 1979, constituye uno de los esfuerzos más duraderos de integración regional entre ONGD de la región, http://www.alop.or.cr

2· El coeficiente de GINI mide la desigualdad a lo largo de toda la distribución de los ingresos o con sumo. U n valor de 0 representa la igualdad perfecta y un valor de 100, la desigualdad perfecta.

Latinoamérica, perdida para siempre

Tratándose de la historia de Latinoamérica, parece constante la necesidad de declarar perdida cada década que en ella transcurre. Así sucedió con la década de las dictaduras, en los años setenta; luego, con la de la hiperinflación y la deuda en los ochenta; pasó también con la década del fracaso del supuesto «consenso de Washington» de los años noventa y, si un milagro no lo remedia, la presente pasará también al baúl de las décadas perdidas para Latinoamérica.

La siempre convulsa política latinoamericana dio desde finales de 2001 un nuevo bandazo. La caída del gobierno de De la Rúa en Argentina, provocada por numerosas manifestaciones callejeras, fue el punto de partida de una etapa en la que, una izquierda con diferentes matices de radicalismo, ha asumido el poder en casi toda la región. Una izquierda que ocuparía el espacio comprendido entre el revolucionario régimen bolivariano de Venezuela, en su extremo radical, a la Concertación liderada por Lagos en Chile, en su extremo más moderado.

DESPLOME DEL CENTRODERECHA

Como siempre ocurre con los éxitos políticos, a los méritos de uno hay que añadir la inoperancia de su respectivo oponente. La izquierda copa Latinoamérica en gran parte favorecida por el colapso del centroderecha. La Democracia Cristiana chilena es incapaz de ser una alternativa al socialismo en la Concertación; y en el resto del continente, es configuración política es algo del pasado. Al mismo tiempo, el reformismo de centro o liberal no se ha articulado ni intelectualmente ni bajo un liderazgo coherente, que pudiera servir de referente. Vicente Fox tuvo esa oportunidad y ha fracasado. El centroderecha en Latinoamérica es un erial en el que sólo se puede rescatar Álvaro Uribe, aunque siempre maniatado por el gravísimo problema interno que padece Colombia.

El desplome del centroderecha ha sido aprovechado por la izquierda para constituirse en la fuerza hegemónica de la región. Una izquierda que, una vez más, achacó todos los problemas sociales, económicos y políticos a la ingerencia de Estados Unidos en la región y al conocido como «consenso de Washington», es decir, a las reformas económicas llevadas a cabo en los años noventa y a las que hicieron responsable de la crisis de 1998 y sus consecuencias.

A partir de entonces emerge una izquierda que a lo largo de estos años se ha configurado en torno a dos modelos distintos; el reformista de izquierdas y el revolucionario populista.

FIGURAS DE LA NUEVA IZQUIERDA

El reformismo de izquierdas, cuyas principales figuras serían Lula da Silva en Brasil y Ricardo Lagos en Chile, intentaría conjugar el equilibrio económico con unas activas políticas sociales, muy publicitadas y no siempre exitosas, como el fracasado programa «Hambre cero» de Brasil. En este sector se encontraría el Perú de Toledo o el PRI mexicano. Los caídos gobiernos de Mesa en Bolivia y Gutiérrez en Ecuador también se encuadrarían en este sector.

La otra opción ha sido el izquierdismo revolucionario y populista liderado por Chávez. En él se encuadraría Néstor Kichner, Evo Morales de Bolivia y López Obrador en México. Hundiendo sus raíces en el socialismo revolucionario que desde Cuba se trató de extender por todo el continente a lo largo de los años sesenta, este izquierdismo revolucionario trata ahora de socavar el orden democrático de partidos políticos con un discurso abiertamente rupturista y extremadamente nacionalista. De modo paralelo, no dudan en emplear el indigenismo o la propiedad de las riquezas naturales del país como elementos de articulación política. Las salvajes huelgas que han asolado Bolivia o el enfrentamiento con el FMI y las empresas extranjeras en Argentina son algunos de los ejemplos de un tipo de políticas que han hecho de la desestabilización el origen de su triunfo.

Sus métodos para lograr el poder casi se han repetido en cada uno de estos países y el éxito ha dependido de la fuerza real de los mismos. Mantener una protesta callejera continuada y numerosa durante varias jornadas obliga a las autoridades legítimas, en muchos casos con una policía antidisturbios mal preparada y equipada, a dirimir esta opción: o se mantienen a toda costa y terminan causando víctimas entre sus propios conciudadanos o de lo contrario dimiten y traspasan el control político a los revolucionarios. Ese fue el método de las caceroladas en Argentina o las protestas de indígenas alentadas por Evo Morales en Bolivia por la venta del gas a Estados Unidos. El caso extremo fue el de Chávez, que llevó a cabo un golpe de Estado. Cuando finalmente se hizo con el poder, cambió la Constitución con el único fin de garantizarse todos los resortes de poder. Un petróleo a más de 60 dólares como está en la actualidad le permite financiar todas sus aventuras políticas en el continente americano.

El año que viene se podría unir a este grupo el peruano Alan García. Es esta la izquierda que está ganando la partida. A la espera de poder observar hacia dónde decantarán el nuevo presidente de Uruguay y Martín Torrijos de Panamá, es evidente que el izquierdismo radical se ha configurado en el fenómeno político de la región.

EL CASO LULA

Lula, que pretendió ser el icono del siglo XXI de la izquierda mundial, está hundido en casos de corrupción desde hace más de un año. El futuro de este dirigente, que ha dejado a Brasil cerca de su entrada en la sala de las grandes potencias mundiales, es incierto incluso en el seno de su propio partido. A pesar del éxito que ha supuesto estabilizar económicamente el gigante brasileño, el suyo está siendo un mayúsculo fracaso político y social. Como en tantas ocasiones, las expectativas están siendo su lastre. Las diferencias sociales no se han mitigado y los ambiciosos programas de reformas sociales se han estrellado contra una dura realidad.

Además, numerosos miembros de su círculo de colaboradores íntimos se han visto obligados a dimitir desde que, en 2003, saltase el primer escándalo. En estos momentos se tambalea su liderazgo en Brasil y sólo la ausencia de una alternativa en el PSDB o el PFL y la relativa cercanía de las nuevas elecciones, le puede permitir cumplir su mandato hasta 2006.

El paisaje, por tanto, no puede ser más desolador. A la hora de la verdad, Latinoamérica está retrocediendo a marchas forzadas de entre las prioridades de la comunidad internacional. Kennedy lanzó como gran propuesta la Alianza para el Progreso en 1960, que fue el inicio de una etapa dorada en la que la región centró esfuerzos en todos los órdenes por parte de la comunidad internacional. Hoy Bush apuesta por el «Gran Oriente Medio». Tony Blair ha hecho de la deuda de África su sello de la política de cooperación. Latinoamérica no cuenta en la escena internacional y eso lo van a seguir notando tanto cuanto sus dirigentes quieran continuar por la senda del populismo.

UN NUEVO PERSONAJE: SHANNON

Aunque no se le va a dedicar una especial atención, desde la Administración Bush se entiende que el nudo gordiano del problema latinoamericano está en Venezuela. Por esa razón se ha nombrado a Thomas Shannon como nuevo responsable de Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado. Agotada la línea del enfrentamiento de Roger Noriega, se hace necesario reconducir de algún modo la relación con un dirigente, Chávez, dispuesto a exportar la revolución bolivariana apoyado en sus inmensas riquezas petrolíferas.

Shannon no va a evitar el enfrentamiento con Caracas, pero lo que sí puede lograr es la complicidad de otros gobiernos de la región a la hora de afrontar una situación compleja. Una complicidad que no existió jamás con Noriega.

Aun así, esto no parece que pueda hacer evitar el fracaso de la izquierda reformista. A pesar de que han logrado estabilizar económicamente a sus respectivos países, Toledo no pasa de un 10% de popularidad, Gutiérrez ha salido hacia el exilio y Lula, como he mencionado, está atenazado por casos de corrupción. Las expectativas que generaron se han visto defraudadas. La justicia social que prometían no ha llegado, las diferencias siguen siendo enormes y amplias capas de población siguen viviendo en la miseria.

Es una incógnita cómo puede tratar Lula de salvar la crisis en la que se ve preso, pero una tentación podría ser radicalizar al PT haciendo culpable de todos los males al reformismo de esta primera etapa. Una etapa que, para el sector tradicional de su partido, ha sido una traición para muchos. Con ello, retomaría su viejo discurso de sindicalista comunista.

Sin un centroderecha capaz de reinventarse, el radicalismo populista se está haciendo con el control de la región. A excepción de Chile, los moderados se tambalean y la llegada de López Obrador en México puede ser el definitivo paso para la hegemonía.

ELECCIONES POR VENIR

Las primeras elecciones en las que se puede volver a demostrar la fuerza de la izquierda serán las Bolivianas del 4 diciembre en las que el ex presidente Jorge Quiroga se enfrentará al radical Movimiento Al Socialismo (MAS) de Evo Morales. Es mucho lo que se juegan en esas elecciones, no sólo para tratar de cerrar el difícil tema del federalismo con la injustamente tratada Santa Cruz, el indigenismo o los campesinos cultivadores de coca.

Desde Estados Unidos se van a seguir los comicios con suma expectación para ver la influencia real de Morales y la ayuda venezolana recibida, así como conocer el destino de las reservas energéticas gasísticas del país, tan necesarias tanto para Estados Unidos como para Chile.

El 11 de diciembre serán las presidenciales chilenas, en las que la candidata socialista, Michelle Bachelet, parte con una distancia considerable al tiempo que la derecha vive una lucha fraticida en Joaquín Lavin de la UDI y Sebastián Piñeira de Renovación Nacional. En la actualidad, la socialista roza el 50% mientras que los otros dos se sitúan alrededor de un 20% cada uno, con ligera ventaja para Lavin.

Pero va a ser en 2006 cuando tengan lugar las dos elecciones de los grandes gigantes de la región. El 6 de julio en México y, si no se produce un adelanto, en el mes de octubre en Brasil. Estas dos elecciones marcarán un nuevo rumbo para el continente.

Si López Obrador se alza con el triunfo en México y una versión radicalizada de Lula vence en Brasil, se podrá decir que la región vive empeñada en perder el tren de la modernidad. Desgraciadamente el centroderecha dividido, y sin referente, está oponiendo una débil resistencia a ese destino. El brasileño José Serra carece del liderazgo de Lula y el PAN mexicano está inmerso en una lucha entre Santiago Creel y Felipe Calderón, que debe dilucidar cuál de los dos será el candidato -y aun así, las perspectivas no son buenas-.

EL PROBLEMA, LOS PARTIDOS

Todo apunta a que nos encaminamos a una nueva década perdida. El descrédito de los partidos políticos que apuntaban los últimos «Latibarómetros» ha hecho que una vez más los ciudadanos, inmersos en unos problemas de una gravedad extraordinaria, traten de buscar una nueva «solución milagro», esta vez bajo el populismo radical de izquierdas. Exitoso en Venezuela gracias a una hábil gestión política de Chávez que ha sabido captar, administrando un petróleo a precios históricos, a unas clases sociales abandonadas por los partidos tradicionales. En la movilización de ese colectivo y en el derrumbe de los partidos tradicionales ha estado la clave de esta nueva hegemonía.

Aunque muchos de los países en los que el populismo puede triunfar están asentados sobre ricos recursos energéticos -Bolivia, México-, sólo con ellos no va a ser suficiente para lograr que sus discursos revolucionarios se hagan realidad.

Latinoamérica está en esos puntos de la historia en los que o bien se coge el tren de la historia o bien pierde la carrera de la modernidad. La globalización, que tan bien ha sido explotada por países mucho más atrasados que los latinoamericanos, como los del sudeste asiático, no está siendo aprovechada en todas las oportunidades que ofrece. Las fórmulas empleadas desde 2001 sólo están produciendo una nueva pérdida de dinamismo.

Pero como siempre, al final, deberán ser los ciudadanos los que deban encontrar las soluciones a sus problemas. En ellos estará la solución.

Perspectivas democráticas y El elemento español de nuestra nacionalidad

Por su interés para el tema general de las colaboraciones de este número -la cultura democrática en América-, hemos querido recuperar dos importantes textos de Walt Whitman. El primero, publicado en 1870 con el título Democratic Vistas, aborda la relación entre democracia y cultura literaria y espiritual, por tratarse de una vinculación, según Whitman, insoslayable en toda polis a la que no satisfaga el ser sólo una república de hombres enriquecidos. El ensayo fue vertido a un excelente castellano por Luis Azúa, en una edición argentina prácticamente desconocida en nuestro país y que nosotros rescatamos para esta ocasión (aunque no en su integridad, dada la considerable extensión del original). Por su parte, The Hispanic Element of our Nationality es el título de una carta-ensayo que el poeta escribió en junio 1883, y que, inédito en nuestro idioma, ofrecemos para completar esta sección en una versión al cuidado de Jaime Bonet. Estas líneas fueron escritas con ocasión de los festejos que un grupo de empresarios y prohombres de la capital más antigua de la Unión – Santa Fe, Nuevo México- había organizado para conmemorar, a lo largo de ese año, el CCCXXXIII aniversario de la fundación de la ciudad; y, aunque en nuestros días resulte difícil documentar que esa fundación tuviera lugar precisamente en 1550, las reflexiones elaboradas entonces por el más importante hombre de letras americano de aquel tiempo han de seguir proporcionando materia de reflexión a los ciudadanos apercibidos del nuestro.

Perspectivas democráticas

WALT WHITMAN

[…] Más que cualquier otro factor, una robusta literatura original ha de ser indudablemente la justificación y la salvaguardia -en ciertos aspectos, la única salvaguardia- de la democracia americana. Pocas personas tienen idea de la medida en que la gran literatura penetra en todas partes, da color a todo, orienta a las masas, forma las personalidades y, por vías sutiles, con fuerza irresistible, construye o destruye la voluntad. ¿Por qué viven perennemente en la cumbre de todas las demás naciones dos tierras extraordinarias, insignificantes por el lugar que ocupan y, no obstante, gigantescas, bellas y grandiosas, más allá de toda expresión? La inmortal Judea y la Grecia inmortal viven en un par de poemas.

Más todavía. Generalmente se comprende poco, pero es cierto, que el genio de Grecia y toda la sociología, la personalidad, la política y la religión de aquellos maravillosos Estados, residieron principalmente en su literatura o estética. Más adelante y de la misma manera, la caballería europea, así como el mundo feudal, eclesiástico y dinástico encontraron su principal defensa y apoyo en su literatura, que encarnaron especialmente y en su mayor parte aquellas encantadoras romanzas, baladas y poemas1. Esta fue, y no otra, la estructura, el armazón que les permitió sobrevivir durante cientos, miles de años, preservando y estimulando su desarrollo y floración, dándoles carácter y saturando de tal manera las creencias, la conciencia y el subconsciente de los hombres de aquellos Estados que, a despecho de los grandes cambios de los tiempos modernos, prevalecen aún con fuerza.

Para muchos -no lo ignoro- los factores que determinan la historia del mundo se llaman guerras, encumbramientos y caídas de dinastías, altibajos comerciales, invenciones importantes, nuevas líneas de navegación, gobiernos civiles o militares, advenimientos de fuertes personalidades, conquistadores, etc. Éstos, claro está, tienen su parte en el proceso histórico; sin embargo, puede surgir una simple idea nueva, o un principio abstracto, aun cuando no fuera más que una forma literaria nueva, adecuada a la época y adoptada por algún gran literato para su difusión entre los hombres, y que puede ocasionar a su tiempo cambios, evoluciones y perturbaciones en grado mayor que la más prolongada y sangrienta de las guerras o el más estupendo vuelco meramente político, dinástico o comercial.

En síntesis, del mismo modo que (aun cuando ello no se comprenda, es estrictamente cierto) algunos poetas, filósofos y escritores de primera magnitud han determinado sustancialmente las bases de las religiones, de la educación, de las leyes, de la sociología, etc., del mundo civilizado hasta hoy, matizando y a menudo creando ambientes distintos del cual habían salido, algunos poetas, filósofos y escritores deben también consolidar -consolidar ante todo- la estructura interna y real de este continente americano, ahora mismo y para los tiempos venideros.

Recuérdese también una desemejanza más entre los tiempos moderónos y los antiguos, a través de los cuales, medievales o más remotos aún, las ideas de más alto vuelo y los ideales se comprendieron y se expresaron por medio de otras artes, en igual o mayor proporción aún, que por la literatura técnicamente dicha (que ni llegaba a las masas, ni a la mayoría de las personas esclarecidas siquiera); en tanto que la literatura de nuestros días, no sólo se presta mucho mejor a la difusión de ideas corrientes que todas las otras artes juntas, sino que se ha transformado en el único medio universal que tenga real influencia moral sobre el mundo. La pintura, la escultura y el teatro, según parece, no desempeñan ya papel indispensable alguno, ni de importancia en las obras y en los ambientes estudiosos, ni aun en la alta estética. La arquitectura conserva indudablemente mucho prestigio y un porvenir real. Finalmente, la música, múltiple, espiritual y sensual en grado sumo, divina aunque profundamente humana, conquista, predomina y se mantiene en el más alto lugar, siendo su aporte ciertamente insustituible. No obstante, en la civilización actual es innegable que la literatura ocupa el primer puesto; sirve para todo -forma el carácter de la iglesia y de la escuela- o, en todo caso, podría hacerlo; incluyendo la literatura científica, la literatura es realmente incomparable.

Antes de seguir más adelante, tal vez fuera mejor discriminar ciertos puntos. La literatura se cultiva en numerosos campos; algunas de sus cosechas son abundantes y otras no lo son. Todo cuanto digo en estas Perspectivas tiene particular relación con la literatura de imaginación, especialmente la poesía, que a todas encierra. En lo atinente a la literatura científica y al periodismo, ambos son muy promisorios en Estados Unidos y ya han realizado obras llenas de vigor, realidad y colorido. Estos, por supuesto, son modernos. Pero en lo que se refiere a las obras imaginativas con sus atributos esenciales, equivalente a los de la creación, adecuadas a nuestros tiempos y nuestra tierra, se precisa algo nuevo imperiosamente. Porque no sólo no es suficiente que la nueva sangre, las formas nuevas de la democracia sean vivificadas y sustentadas únicamente por medios políticos, el intrascendente sufragio, las leyes, etc., sino que -yo lo veo así- a menos de adentrarse en el corazón de los hombres, en su sensibilidad y en sus creencias con la misma firmeza con que en su tiempo lo hicieron el feudalismo y la Iglesia, y encontrar la democracia sus propias fuentes perennes e inagotables, su fuerza será negativa, su crecimiento dudoso y estará ausente su principal atractivo.

Sugiero, por lo tanto, la siguiente posibilidad: si surgieran y subieran en el horizonte, cual planetas o estrellas de primera magnitud, dos o tres poetas americanos realmente originales (tal vez artistas o conferenciantes) y que desde lo alto dieran (lo que mayormente se necesita hoy en día en este país) a todas las razas, localidades distantes, etc., que componen a los Estados Unidos, mayor unidad y más personalidad moral que todas sus constituciones, sistemas legislativos y judiciales, etc., y todas sus experiencias políticas, bélicas y materialistas hasta el presente, nada podría ser más beneficioso para esta nación.

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De la misma manera, con toda nuestra diversidad de razas, climas, ciudades, criterios, etc., nada podría reportarnos mayores beneficios que la posesión de un conjunto de héroes, tradiciones, hazañas, sufrimientos, eras de prosperidad o de desgracias, glorias o humillaciones, comunes a todos, representativas de todos, nada menos, pero el provecho sería mucho más grande aún si poseyéramos una pléyade de grandes poetas, artistas, maestros, adecuados al ambiente; porque serían los portavoces de la nación, expresarían todo cuanto es nuestro, universal y común a todos los hombres y mujeres de los Estados Unidos, del litoral y de tierra adentro, del sur y del norte.

Los historiadores dicen que la sola unidad que jamás se vio o manifestó en las celosamente autónomas ciudades y estados de la antigua Grecia, fue la triste unión debida en definitiva al sojuzgamiento común de los conquistadores extranjeros. Un avasallamiento de esta naturaleza es imposible en América, pero me persigue sin cesar el temor de conflictos internos entre grupos irreconciliables, debido a la ausencia de una armazón orgánica que los mantenga a todos estrechamente unidos. Para que esto no ocurra, nada más evidente que la necesidad del aglutinamiento de todas las partes que componen este país, durante un largo período, por el único medio seguro, la unidad moral y estética. Porque, lo afirmo, la verdadera nacionalidad de Estados Unidos, su legítima unidad, no residirán ni habrán de residir en la ley escrita ni tampoco (como se supone generalmente) en el interés o en cuestiones de orden material o pecuniario, sino en la férvida y tremenda idea que lo funde todo con su irresistible calor y soluciona todas las diferencias, pequeñas o grandes, con la fuerza poderosa y sin límites de lo espiritual y emocional.

Puede objetarse (y admito el fundamento de la objeción) que la prosperidad vulgar y corriente, y una población acomodada con todas las comodidades materiales de la vida a su alcance, son lo principal, y que ello es bastante. También puede argüirse que nuestra república supera realmente, hoy en día, las obras de arte más grandes, poemas, etc., al convertir regiones salvajes en tierras fértiles y en la construcción de ferrocarriles, barcos, maquinarias, etc., pudiendo preguntarse: «¿No son estos barcos, estos ferrocarriles, estas chacras mucho más útiles, para América, que las más bellas obras de artistas o literatos?».

Yo también saludo con orgullo y alegría tales proezas, pero contesto que el alma humana no se conforma con eso sólo; necesita algo más, algo que está por encima de todas las cosas, del mismo modo que los pies descansan en el suelo, algo que está consagrado a Dios, y sólo a Él.

Fuera de tales consideraciones, de tales verdades, surge en estas Perspectivas la importante cuestión de un carácter, de una personalidad típicamente americanos, con artes y literaturas para su expresión, que tengan, por supuesto, perfiles y características comunes. Los pensadores de Estados Unidos que denotan habitualmente tanta perspicacia, no han acordado la menor atención a esta cuestión fundamental, o han permanecido, y permanecen, en un estado de absoluto letargo.

Por mi parte, debo prevenir y poner sobre aviso al lector, con la mayor insistencia, contra la difundida y errónea ilusión de que el establecimiento de instituciones políticas libres, que se desenvuelven ordenadamente de acuerdo a los mejores cánones intelectuales, la prosperidad material, las industrias, etc. (dones deseables y preciosos como los más), pueden, por sí solos, determinar el éxito final de nuestro experimento democrático. La Unión que posee tales ventajas en toda su plenitud, o en casi toda su plenitud, acaba de salir victoriosa de una lucha con los únicos enemigos que debe temer siempre, vale decir, los enemigos internos. No obstante, pese a los progresos materiales sin precedentes que se han registrado últimamente en Estados Unidos, la sociedad de este país es tosca, corrompida, supersticiosa y putrefacta. También lo son la sociedad política, o legal, y la privada o sociedad voluntaria. La conciencia moral, o sea la más importante, que vertebra a los Estados o a los hombres, me parece estar totalmente ausente en todas partes o, en el mejor de los casos, muy poco desarrollada o enfermiza.

Afirmo que haremos mejor en mirar bien de frente nuestro tiempo y nuestra tierra, del mismo modo que lo hace un médico que escudriña las facciones de un paciente. Nunca hubo, tal vez, un descreimiento mayor que en los tiempos actuales, y especialmente aquí, en Estados Unidos. Toda creencia sincera parece haber nos abandonado. Nadie cree honestamente en los principios que sirven de base a los Estados (pese a la agitada vehemencia de algunos y a las melodramáticas aclamaciones de otros). Ni la humanidad cree en sí misma siquiera. ¿Qué cosas no ve cualquier ojo penetrante detrás de la pobladas por gente careta? El espectáculo es aterrador. Vivimos en un ambiente de hipocresía absoluta. ppdyeeednn2.jpgLos hombres no creen en las mujeres, ni éstas confían en los hombres. Una desdeñosa arrogancia cunde en la literatura. El único propósito de los litterateurs es encontrar algo que los divierta. Una cantidad de iglesias, sectas, etc., los más lúgubres fantasmas de los cuales tenga conocimiento, usurpan el nombre de religión. La conversión ya no es tal. La falsedad de espíritu, madre de todos los errores, ha causado ya daños incalculables. Una persona sincera y perspicaz que forma parte de la Inspección Fiscal de Washington y a quien sus tareas obligan a viajar con frecuencia a las ciudades del norte, del sur, del este y del oeste del país, para investigar los fraudes que allí se cometen, ha conversado mucho conmigo acerca de sus descubrimientos. La depravación de los hombres de negocios de nuestro país no es tanta como habitualmente se supone, sino infinitamente mayor. Los poderes públicos de Estados Unidos, federales, estatales y municipales, en todas sus ramas y en todos sus departamentos, con excepción del poder judicial, están saturados de corrupción, soborno, falsedad y mala administración; y el poder judicial se está contagiando. En las grandes ciudades, los círculos donde se roba y se asalta son tan numerosos o más que los ambientes respetables. Entre la gente elegante, la petulancia, los amores torpes, la infidelidad e ideales pequeños o ninguno constituyen la regla. Todo se limita a matar el tiempo. En los círculos mercantiles, donde el business (esta palabra moderna) lo es todo y lo devora todo, trátase únicamente, por todos los medios, de ganar dinero. La serpiente del nigromante de la fábula que devoró a todas las demás serpientes; el hacer dinero es nuestra moderna serpiente del mago, con su indiscutible preeminencia en todos los campos. Los mejores hombres que tenemos para mostrar al extranjero son simples especuladores, bien vestidos. Ciertamente, detrás de la farsa fantástica a que asistimos en el tablado visible de la sociedad, se están llevando a cabo cosas estupendas y trascendentales que habrán de descubrirse algún día; muchos embriones que crecen en la sombra se revelarán a sí mismos a su tiempo. No obstante, la realidad actual no es menos terrible.

Yo afirmo que la democracia de nuestro Nuevo Mundo ha sido, hasta ahora, un fracaso casi completo en sus aspectos morales, religiosos, sociales, literarios y estéticos, pese a sus exitosos resultados materiales, al haber elevado el nivel de vida de las masas con el intensivo desarrollo de las industrias y haberle dado a aquéllas cierto barniz intelectual, popular y engañoso. Marchamos en vano a pasos agigantados hacia un imperio sin precedentes que dejará muy atrás a todos los de los antiguos, desde el de Alejandro hasta el de la orgullosa Roma. En vano hemos anexado Texas, California, Alaska y hemos alcanzado Canadá, al norte, y a Cuba, al sur. Es como si estuviéramos dotados de un cuerpo cada vez más grande con muy poca o ninguna alma.

Permitidme aludir, mientras escribo y para mayor abundamiento, a observaciones corrientes, situaciones, etc. El tema es de importancia y no están de más las repeticiones. ppdyeeednn3.jpgDespués de haber estado ausente, me encuentro nuevamente (septiembre de 1870) en la ciudad de Nueva York y Brooklyn, tomándome unas semanas de vacaciones. El esplendor, el carácter pintoresco, la oceánica vastedad y la agitación de estas grandes ciudades, su insuperable ubicación, sus ríos y su bahía, sus centelleantes mareas, la riqueza y la altura de sus edificios nuevos, de líneas originales y elegantes, con sus masas enormes pintadas de alegres colores; las flameantes banderas, los barcos gigantescos, las calles tumultuosas, Broadway, con su incesante rumor profundo, grave y armonioso, las casas de cambio, las ricas tiendas, los muelles, el vasto Central Park y el parque situado en las alturas de Brooklyn (donde suelo pasear durante la bella estación, rondando, observando, reflexionando)… Las reuniones de grupos de ciudadanos, sus conversaciones, negocios, diversiones nocturnas, etc., todo esto, afirmo, satisface completamente mis ansias de poderío, movimiento y plenitud y demás, y proporciona, a través de mis sentidos y apetitos, un estado de perpetua exaltación y de perfecta euforia a mi envejecida antes de tiempo. En todo momento y más y más, mientras cruzo los ríos del Este y del Norte con los pilotos en sus ferry-boats o cuando paso una hora en Wall Street o en la Caja de Conversión, comprendo que no sólo la Naturaleza es grande, con sus praderas al aire libre, sus tormentas, sus espectáculos del día y de la noche, los bosques, sus mares y sus montañas, sino que también lo es a través de la obra del hombre, en esta profusa y fecunda humanidad, en estos sus inventos, calles, mercaderías, barcos y en estas galopantes, afiebradas y electrizadas muchedumbres, sus complicadas fuerzas intelectuales dedicadas al negocio (que nada tienen que envidiar en ciertos aspectos a los genios auténticos) y toda esta riqueza multiforme y estas industrias concentradas aquí.

Pero si se hace severa abstracción de todo esto y se cierran los ojos ante el resplandor y la magnitud de todo cuanto, en realidad, es meramente superficial, y vamos a lo que solamente es de verdadera importancia, esto es, la personalidad, y preguntamos tras de minucioso examen: ¿son éstos, hombres de verdad? ¿Son atletas? ¿Son éstas, mujeres ejemplares, que puedan competir con la frondosa naturaleza? ¿Reina aquí un penetrante ambiente de buena educación? ¿Es ésta una generación de jóvenes excelentes y de excelsa ancianidad? ¿Encuéntrense aquí artes dignas de la libertad y un pueblo generoso? ¿Hay aquí una gran civilización moral y religiosa, la sola justificación de una gran civilización material?

Preciso es confesar que cuando ojos severos miran a la humanidad a través de los lentes del microscopio moral, aparece una especie de Sahara estéril y chato, compuesto de ciudades pobladas por gente subalterna y grotesca, pálidos espectros que se entretienen con bufonadas sin sentido. Reconózcase que en todas partes, en la tienda, en la calle, en el teatro, en el bar, en la cátedra, prevalecen la petulancia y la vulgaridad, la baja astucia y la infidelidad, y que en todas partes se encuentra una juventud alechuguinada, vanidosa y envejecida antes de tiempo; en todas partes, una libidinosidad anormal, tipos malsanos de machos y hembras, mujeres pintadas, teñidas, postizas, de mala salud, sangre empobrecida, con poca o ninguna aptitud para la maternidad, y con una muy somera noción de lo bello, del bien y del mal, poca, muy poca educación (dados los resultados obtenidos), probablemente la más pobre del mundo2.

Por consiguiente, en vista de tan lamentable estado de cosas, y para sanear y purificar un ambiente tan corrompido con una vibración salvadora de vida equilibrada y heroica, a la vez, yo digo que es indispensable la aparición de una nueva literatura, destinada no sólo a copiar y reflejar las superficies de la vida o rendir tributo a lo que se ha dado en llamar buen gusto; no sólo a divertir, a hacer pasar el tiempo o a celebrar lo bello, lo refinado, lo pasado, ni tampoco a demostrar la destreza técnica, rítmica o gramatical. Tal literatura debiera servir de sostén a la vida y apoyarse a su vez en sólidas bases científicas y religiosas, poniendo al alcance de los hombres los elementos y las fuerzas que les hacen falta, adiestrándolos, enseñándolos con autoridad y mesura; y, lo que sería tal vez su más importante misión, habría de redimir completamente a las mujeres de aquella red inverosímil de tontos errores, modas y diversos métodos para el completo agotamiento de sus fuerzas, asegurando así para Estados Unidos una raza femenina robusta y suave, una raza de madres ejemplares.

Y ahora, con pleno conocimiento de los hechos y realidades que acabo de exponer, y de todo cuanto suponen, a favor y en contra, con fe inconmovible en los elementos que contienen las masas americanas, de ambos sexos, considerándolos por separado y reconociéndolos siempre como a las mejores bases de los mejores valores literarios o estéticos, prosigo con mis especulaciones, con mis Perspectivas.

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En primer término, veamos qué partido se puede sacar de una breve consideración general y sentimental de la democracia política y por qué causa ha surgido, con respecto a algunas de sus características habituales, como agregado y como estructura básica de nuestra futura literatura. Podemos descubrir rápidamente y de inmediato, es verdad, el concepto originario de la unidad del hombre, del individualismo, que hace valer sus derechos y se desarrolla, utilizando hasta las ideas opuestas. Pero la ideada masa ha de tratarse siempre con el mayor cuidado; por razones imperiosas, ha de tenérsela siempre presente. Sólo de la masa y de su conveniente regulación y potencialidad proviene lo otro, la posibilidad del individualismo. Ambos se contradicen, pero nuestra tarea es conciliarios3.

La historia política del pasado puede ser resumida como habiéndose desarrollado fuera de cuanto significan las palabras orden, seguridad, prestigio, y careciendo especialmente de cierta autoridad ejecutiva que pudiera obrar con rapidez. También careció de algo que precisamos a toda costa: cohesión. Andando el tiempo, llegamos a la época que vive aún en la memoria de las actuales generaciones, esto es, a los tiempos aquellos en que, como si salieran de alguna cueva donde hubieran estado arrumbados durante largo tiempo, acumulando iras, se levantaron (y se mantienen aún en actividad desde 1790 hasta el presente, 1870) aquellas vociferaciones y destructivos iconoclasmos con su feroz secuela de injusticias, por entre las cuales prospera una figura bien conocida en la historia moderna, en el viejo mundo, manchada con mucha sangre y a la que caracterizan sus clamores salvajes y furiosas protestas; estos evidencian, más que todo, que carecemos aún de lo principal.

Porque luego de haberse dicho, escuchado y reconocido muchas veces las verdades relativas a la obediencia, experiencia, derecho de propiedad, etc.; después de haber rendido pleitesía a la valiosa y bien fundada declaración de nuestros deberes y obligaciones para con la sociedad, agotado y sabido de memoria el tema, queda aún por poner en movimiento y modificar todo lo demás con la idea de que ese «algo divino» es un hombre que viviendo apartado de todo lo demás (supremo y precioso consuelo del pobre), es divino por su propio derecho así como una mujer en el suyo, solo e intocable, a quien no alcanzan los cánones de cualquier autoridad, ni regla alguna fundada en cualquier precedente, seguridad del estado, leyes, ni aun de lo que se denomina religión, educación o arte. La irradiación de esta verdad es el secreto de los acontecimientos más notables de los tres siglos anteriores y ha sido la génesis política y la vida de América; y avanza en forma visible y, más todavía, invisiblemente. Debajo de las fluctuaciones de las formas sociales, así como de los altibajos de la política en las naciones que marchan a la cabeza del mundo, vemos cómo se destaca y robustece cada vez más -y eso, aun en medio de las más fuertes tendencias hacia el concepto de masa- esta imagen de la entereza en el aislamiento, de la dignidad individual de una sola persona, hombre o mujer, que no se caracterice por sus valores extrínsecos, ni su situación social o conocimientos, sino por el orgullo de sí mismo, o de sí misma, únicamente; y, a modo de conclusión eventual (en cuyo defecto todas las cosas no. tienen sentido y no son más que un engaño, un fracaso) la sencilla idea de que la mayor salvaguardia consiste en estar por sobre la humanidad y en gozar normalmente de las propias facultades plenamente desarrolladas, sin apoyo supersticioso de ninguna especie.

Esta idea del individualismo perfecto, a decir verdad, es atractiva e imprime carácter al concepto de masa por aglomeración. Porque es principalmente o únicamente para favorecer el separatismo independiente que nos inclinamos a favor de una fuerte generalización o consolidación, así también como es para dar la mayor libertad y vitalidad a los derechos de Estados Unidos (y su unidad, tan importante como el derecho de la nacionalidad), que insistimos en su identidad, a toda costa.

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Al suplantar la antigua creencia de la absoluta necesidad de un gobierno dinástico, temporal, eclesiástico y escolástico -como única garantía contra el caos, el crimen y la ignorancia-, la democracia se propone, después de muchos e interminables contratiempos, renuncios, y a través de ridiculas discusiones y fracasos ostensibles, se propone, diría yo, ilustrar contra viento y marea la teoría o doctrina según la cual el hombre convenientemente educado en los más sanos y puros principios de la libertad puede y debe tornarse en ley o en series de leyes no tan sólo para el gobierno de su propia personalidad sino también para regir todas sus relaciones con sus semejantes y con el Estado. Mientras otros sistemas, en la historia de las naciones, han probado su relativa excelencia en su tiempo, para el cual, tal vez, fueran indispensables, la democracia es hoy en día el único método viable, en el estado actual de nuestro mundo civilizado, del cual se pueden esperar resultados semejantes a los de las leyes de la Naturaleza, por su capacidad, una vez establecidas, en bastarse a sí mismas.

Este argumento se presta a muy amplía discusión y, lo admitimos, todas las razones no están, ni mucho menos, de un solo lado. Todas las que nosotros podremos ofrecer al lector distarán mucho de ser suficientes. Pero dejando de lado mucho de lo que podría servirnos para entrar en materia, al discutir los múltiples aspectos de esta cuestión de la libertad política, igualdad o republicanismo; dejando de lado toda la historia y el estudio del sistema feudal y de sus resultados, los cuales engloban, a toda la humanidad y a sus sistemas políticos y civilizaciones, si se los mira retrospectivamente (por cuanto el sistema feudal y sus derivados dieron forma a todo el pasado y a gran parte del presente); dejando sin contestar, al menos con alguna respuesta precisa, más de una tesis bien escrita y más de un grito de advertencia (declamatorias siempre, pero bien intencionadas a veces), tal como, muy recientemente, la que nos fuera dirigida por un venerable extranjero, Carlyle4, podemos conceder todavía una página o más a muchas cosas, problemas, incertidumbres y temores (que no son nuevos para mí sino para más de uno en las horas ansiosas del clamoreo de las ciudades o del silencio de las noches). Sólo el tiempo podrá dar una respuesta definitiva a todas estas cosas. Pero como sustituto, al pasar, dejadme daros, aunque sea de modo fragmentario, una breve idea, directa o indirecta, de las premisas de aquel otro plan, de espíritu y formas nuevas, iniciado aquí en nuestra América.

En lo atinente al aspecto político de la democracia, que prepara el terreno para otras y más amplias perspectivas, muy pocas son probablemente las personas, aun aquí en esta náción republicana, que entienden completamente el contenido de esta frase: El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que hemos heredado de los labios de Abraham Lincoln; cuya forma verbal es familiar, pero cuyo alcance encierra la totalidad y todas las minucias de una enseñanza.

¡El pueblo! Lo mismo que nuestro vasto planeta, que, visto en conjunto, no escasea de contradicciones vulgares y desagradables, el hombre, visto en masa, desagrada y constituye un enigma y una afrenta para las clases semicultas. Unicamente las raras y cósmicas mentalidades de los artistas, en contacto con el infinito, reconocen las múltiples y oceánicas cualidades del pueblo, pero el gusto, la inteligencia y la cultura (o lo que se entiende por cultura) siempre han sido contrarios a las masas, y lo siguen siendo. Parecen ser sumamente atractivos los crímenes más horrendos y los actos de egoísmo más vil del mundo feudal y dinástico del viejo mundo, con su gavilla de lores, reinas y cortes, tan bien vestidos y tan elegantes. Pero el pueblo no; el pueblo es inelegante, el pueblo es sucio, y sus pecados son de flaca y baja estirpe.

Considerándolo bien, la literatura no ha reconocido nunca al pueblo y por más que se diga no ha variado de actitud hasta el presente. En sus tendencias generales hasta el día de hoy, la literatura se ha dedicado principalmente a criticar y a mostrarse quejosa de las masas. Parece como que hasta hoy existiera cierta repugnancia natural de los literatos y profesionales por el nido y exuberante espíritu de las democracias. ppdyeeednn6.jpgEn muchas obras literarias recientes se observa, cierto es, mayor espíritu de benevolencia y comprensión;pero que yo sepa nada es menos corriente, aun en este país, que una obra en la que se traten y examinen las cuestiones que se relacionen con el pueblo, con espíritu mesurado, científico y reverente, de sus ilimitadas posibilidades de fuerza y capacidad y de sus vastos y artísticos contrastes de luces y sombras: incluso, en América, la absoluta confianza que en él se puede tener en cualquier emergencia, con cierto aspecto de histórica grandeza en la paz y en la guenra, que superan ampliamente todas las imaginadas proezas de los héroes literarios, o de cualquier círculo de alto tono, en todos los historiales del mundo.

Podríamos dedicar en estas páginas alguna referencia a Europa, especialmente a la parte británica de ella, más que con respecto á nuestro país, lo que tal vez no sea absolutamente necesario a nuestro compatriota. Pero las partes del problema están ligadas entre sí, y unen y atan a todos los pueblos. El liberal de hoy posee ventajas sobre la épocá antigua o medieval, y son aquellas por las cuales su doctrina no sólo trata de individualizar sino también de universalizar. Ha surgido la gran palabra «solidaridad». De todos los peligros que amenazan a una nación, en el actual estado de cosas, no lo hay más grande que el tener a determinada parte del pueblo segregada del resto por una línea trazada -los que no son privilegiados como los demás, sino degradados, humillados, los no tenidos en cuenta-. Rebosa el charlatanismo, claro está, aun de parte de la democracia, pero ello no afecta al carácter universal del problema. Trabajar en todo ello, y justificar a Dios, siendo el pueblo su divino agregado (o su agregado, el del diablo coronado de cuernos y de aguda cola, si es que hay quien insista convulsivamente al respecto), para esto, digo yo que es la democracia, y eso es lo que significa América, y es lo que está haciendo. ¿No podré decir lo que ha hecho? Si no es así, no significa más, ni hace más que cualquier otra nación. Y como en virtud de su poder cósmico, antiséptico, el estómago de la naturaleza es lo suficientemente fuerte no sólo para digerir la mórbida materia que se le presenta siempre, y que no debe desecharse, y tal vez, realmente, gravitando intuitivamente hacia eso, sino que aun para transmutar esas contribuciones en alimento destinado a un uso y a una vida superiores, así obra la democracia americana. Esta es la lección que en los días presentes enviamos a las naciones europeas en cada una de las brisas occidentales.

Y ciertamente, dígase lo que se diga, en forma de argumento abstracto, en favor o en contra de la teoría de una democratización más amplia de las instituciones en cualquier nación civilizada, muchos problemas se podrían evitar las naciones europeas con sólo reconocer este hecho palpable (porque es un hecho palpable), de que algún aspecto de esa democratización es el único recurso que les queda ahora. Eso o la persistencia de la crónica insatisfacción, murmullos que año tras año se hacen más sonoros, hasta que siguiendo su debido curso y muy rápidamente en la mayoría de los casos, se produzca la crisis inevitable, el colapso, la ruina dinástica. Los que sean dignos de ser considerados como hombres de Estado en el Viejo Mundo, diría yo, entre los estudiantes adelantados, los adeptos o los hombres de toda suerte de capacidad, no duden hoy día de si se debe proseguir, ya sea retrocediendo y monarquizando, o hacia el futuro, democratizando, sino cómo y en qué grado y parte es posible acometer la democratización.

Las reivindicaciones ardientes y a menudo desconsideradas de los reformistas y los revolucionarios son cosa indispensable para restablecer el equilibrio destruido por la inercia y la fosilización que se están adentrando tanto en las instituciones humanas. Estas se cuidarán siempre a sí mismas, pero el peligro reside en que nos osifican a nosotros. Las primeras deben tratarse con indulgencia y aun con respeto. Lo que la circulación es al aire, eso son la agitación y el grado suficiente de licencia especulativa a la salud política y moral. En forma indirecta, pero segura, la bondad, la virtud, la ley (cosa óptima), siguen a la libertad. Estas son a la democracia lo que la quilla al barco o la salinidad al mar.

El verdadero centro de gravitación del liberalismo en los Estados Unidos será una posesión más universal dé la propiedad, del hogar general, de la comodidad general, una vasta y entretejida subdivisión de los bienes.ppdyeeednn7.jpg Como la estructura humana, o en verdad, como cualquier objeto de este múltiple universo, se conservan mejor por el simple milagro de su propia cohesión, y la necesidad, el ejercicio y el provecho que de ellos dimanan, así una nacionalidad grande y variada, que ocupe millones de millas cuadradas, sería conservada con mayor firmeza y unidad con el principio de la seguridad y la perduración del agregado de sus poseedores regulares de propiedad. Y es así que, desde otro punto de vista, y por ingrato que parezca, y casi como una paradoja, después de lo que hemos dicho, la democracia observa con ojo de sospecha, con ojo insatisfecho, al que es muy pobre, al ignorante y a los desocupados. Pide hombres y mujeres con ocupación, en buenas condiciones materiales, propietarios de casas y de acres de terreno, y con dinero en el banco -y con algún deseo de literatura, también-; y los debe tener, y se apura a crearlos. Por suerte la simiente ha sido bien sembrada y ha producido inextirpable raíz5.

Pero aun entonces nos vuelve el pensamiento (como el pasaje de la cuerda de las oubertures), que da clave y eco a estas páginas. Cuando paso por diferentes latitudes, por estaciones diferentes, observando las multitudes de las grandes ciudades: Nueva York, Boston, Filadelfia, Cincinnati, Chicago, St. Louis, San Francisco, Nueva Orleans, Baltimore; cuando me mezclo en ese hormiguero interminable de ciudadanos alertas, turbulentos, de buena naturaleza, independientes, mecánicos, oficinistas, jóvenes; colocado en la consideración de esta masa de hombres, tan fresca y tan libre, tan amante y orgullosa, recae sobre mí una desazón singular. Siento con asombro y desconcierto, que entre nuestros genios y escritores de talento u oradores, pocos o ninguno han hablado aún a este pueblo, no le han creado ni una sola obra constructora de imágenes, ni han absorbido el espíritu central y las idiosincrasias que son suyas; y que así, en los órdenes más altos, permanecen sin celebración alguna, inexpresadas.

Fuerte dominio es el del cuerpo; más fuerte aún es el dominio de la mente. Lo que ha llenado y lo que llena hoy nuestro intelecto, nuestra fantasía, dándole normas, es extranjero aún. Los grandes poemas, incluyendo los de Shakespeare, son venenosos a la idea del orgullo y la dignidad del pueblo común, sangre vital de la democracia. Los modelos de nuestra literatura, como los que tomamos de otros países, ultramarinos, nacieron en las cortes y crecieron al calor del sol que circunda los castillos; todos ellos huelen a favores principescos. De semejantes obreros, tenemos, en verdad, muchas contribuciones a su modo; muchas elegancias, muchos estudiosos, todos complacientes. Pero tocados por la prueba nacional, o probados en la piedra de toque de la personalidad democrática, caen hechos ceniza. No he visto aún a un solo escritor, artista, conferenciante, o lo que sea, que haya afrontado la voluntad desprovista de voz, pero siempre erguida y activa, voluntad penetrante y aspiración típica del país, con espíritu similar al suyo. ¿Y designáis a esas suaves criaturitas con el nombre de poetas americanos? ¿Llamáis ese trabajo de alfarería, arte americano, drama americano, gusto, verso? Me parece oír, como si obtuviera eco en alguna lejana montaña del oeste, la risa burlona del genio de estos Estados.

La democracia, en silencio, esperando su turno, sopesa sus propios ideales, no sólo de la literatura y del arte; no de los hombres solamente, sino también de las mujeres. La idea de las mujeres de América (desentrañada de ese aire fósil e insalubre que sirve de halo a la palabra lady) desarrollada, elevada hasta convertirlas en seres iguales, robustos, trabajadores, y, puede ser, aun en factores decisivos en materia política, como los hombres -más grandes que los hombres, podríamos admitir, teniendo en cuenta la función de la divina maternidad, torre y emblema de sus atributos-, pero grande, de todos modos como el hombre en todas las actividades, o, más bien, capaces de serlo tan pronto como lo adviertan y abandonen juguetes y ficciones, y se arrojen hacia adelante, como lo hacen los hombres en la vida real, independiente y tormentosa.

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Entonces, como hacia el fin de nuestro pensamiento (y sobrepasando así la verdadera lección del estudiante), debemos decir que no puede haber presentación completa o épica de la democracia como un mero agregado, o algo de esa naturaleza, porque sus respectivas doctrinas sólo se encarnarán de forma efectiva en una sola rama, siendo que su espíritu constituye la raíz y el centro. Lejos, lejos, en verdad, extendeos a la distancia. ¡Perspectivas nuestras! ¡Cuánto hay aún por desenmarañar; cuánto es lo que espera liberación! ¡Cuan largo tiempo lleva demostrarle a este mundo americano que es él, en sí mismo, la autoridad final, el apoyo!

¿También tú, oh amigo, supusiste que la democracia vive tan sólo para las elecciones, para la política y para el nombre de un partido? Digo que la democracia sólo es útil en los lugares donde puede desarrollarse y dar sus frutos y sus flores en las maneras, en las formas más altas de interacción entre los hombres; y sus creencias -en la religión, la literatura, los colegios y las escuelas-; democracia en todas las vidas públicas y privadas, y en el ejército y en la armada6. He insinuado que como plan supremo, posee todavía pocos o ningún realizador y creyente plenos. No veo si debe un serio agradecimiento a propagandistas o personajes de nota, o si ha sido ayudada.esencialmente, aunque a veces dañada por aquéllos. Ha sido y es conducida por todas las fuerzas morales, y por el comercio, las finanzas, la maquinaria, las comunicaciones, y de hecho, por todas las evoluciones de la historia y no puede detenerse más que lo que pueden serlo las mareas, o la tierra en su órbita. Indudablemente, también, reside cruda y latente en los corazones del común de los nacidos en América, y en manera especial en las regiones agrícolas. Pero aún no existe, ni allí ni en otra parte alguna, la ferviente, la absoluta, la plenamente aceptada fe.

Estimo, por lo tanto, que la plena satisfacción de la democracia reside toda ella en el futuro. Y como de acuerdo a cualquier visión profunda y comprensiva del mundo feudalmente ornado y compuesto, vemos en él a través de las largas edades y de los ciclos de edades, los resultados de un profundo, integral, humano y divino principio, o fuente, de la que emergieron las leyes, las asambleas santas, las maneras, los institutos, las costumbres, las personalidades, los poemas (hasta ahora inigualados) que participan fielmente de su fuente de origen, y que realmente sólo se desprenden de ella para seguir significándola, ,o para suministrar partes de ese variado despliegue, cuyo centro fue uno y absoluto; así, de aquí largas edades el historiador verdadero o el crítico harán por lo menos una consideración retrospectiva, una historia igual para el principio democrático. También se la debe adornar, acreditada por sus resultados; entonces, cuando con poder imperial, a través del más amplio tiempo, haya dominado a la especie humana, haya sido la fuente y la prueba de todas las expresiones morales, estéticas, sociales, políticas y religiosas y de las instituciones del mundo civilizado; las haya engendrado en espíritu y en forma, y las haya llevado a sus propias alturas, sin precedentes; haya tenido (es posible) sus monjes y sus ascetas, más numerosos y más devotos que los monjes y sacerdotes de todos los credos anteriores; haya regido las edades con un aliento y una rectitud que encuadran en lo que es propio de la naturaleza; haya imaginado, sistematizado y finalizado triunfal y realmente, y conducido, en su propio beneficio, y con buen éxito incomparable, a una nueva tierra y a un hombre nuevo. […]

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Tantas han sido las cosas que contribuyeron a preparar la construcción de nuestro edificio,.de nuestra idea planeada, que aún proseguiremos analizándola en otro de sus aspectos, tal vez el principal, la gran fachada de todo el edificio. Porque para la democracia, el más nivelado, el más improductivo principio del común de los hombres, se juntó seguramente con otro principio, igualmente estéril, que sigue muy de cerca las huellas del primero, que le es indispensable, opuesto a él (como se oponen los sexos), y cuya existencia, siempre confrontada y modificada la una por la otra, a menudo chocando entre sí, paradójicas, pero sin embargo de ninguna importancia la una sin la otra, suministra a la cósmica política nuestra, a los peligros mortales del republicanismo que ya han sido botados al mar del mundo, hoy o un día cualquiera, la contraparte mediante la cual la Naturaleza sofrena la mortal cualidad de implacable de todas sus leyes de primera clase.Este segundo principio es el individualismo, el orgulloso y centrípeto aislamiento del ser humano en sí mismo -la identidad-, el personalismo. Sea cual fuere su nombre, su aceptación e infusión en las organizaciones de la comunidad política que despuntan ahora como una aurora en el mundo, son de extrema importancia; como que el principio en sí se necesita por causa de la misma vida. Forma, en cierto modo, o ha de formar, compensación en la balanza para determinar el buen trabajo de la maquinaria de la América integral.

Y si nos detenemos a pensar, ¿sobre qué descansa la civilización, y cuál otro es su objeto, con sus religiones, sus artes, sus escuelas, etc., sino un rico, feroz y variado personalismo?. Ante él todo se inclina, y es tendiendo hacia un resultado de esa naturaleza que la democracia, basándose nada más que en la escala de la naturaleza, rotura las sementeras sin límites de la humanidad y planta la simiente, y da juego libre, para que sus reivindicaciones precedan las de los demás. La literatura, canciones, sentido estético, etc., de una nación son importantes sobre todo porque proporcionan los materiales y sugestiones de personalidad para las mujeres y los hombres de ese país, y los impulsan de mil maneras7.

[…] Considerando que la democracia está en el presente en su estado embrionario, y que la única, grande y satisfactoria justificación reside en el futuro, principalmente por medio de la copiosa producción de caracteres perfectos en el pueblo, y a través del advenimiento de una sana y penetrante religiosidad, es con respecto a la atmósfera y al espacio adecuados a tales caracteres, e indicándoles los propósitos del nuevo mundo, que yo continúo esta exposición que es una exploración, como de una tierra nueva, donde a igual que otros primitivos, debo hacer lo mejor que puedo, dejando a los que vengan detrás de mí que lo hagan mucho mejor. (El servicio, en verdad, si es que realmente existe, debe consistir en abrir una especie de primer sendero o huella, por rudo y poco geométrico que fuere).

[…] Es bueno, entonces, reducir también todo el asunto á la consideración de un solo ser, de un hombre o de una mujer, sobre terreno estable. Aun para tratar lo universal, en política, en metafísica o en cualquier otra cosa, tarde o temprano hemos de arribar a una alma única y solitaria.

Existe en las horas de mayor calma una conciencia, un pensamiento que se alza, independiente, separado de todo lo demás, sosegado, como las estrellas de eterno brillo. Este es el pensamiento de la identidad: vuestro para vosotros, seáis quienes fuereis; mío para mí. Milagro de milagros sin enunciación, el más espiritual y el más vago de los sueños terrenos, pero no obstante el más consistente de los hechos básicos, y único acceso a todos los hechos. En esas horas de devoción, en la mitad de las significativas maravillas del cielo y de la tierra (que sólo son significativas por tener al Yo en su centro), los credos y las convenciones caen, y ya no cuentan ante esta simple idea. Bajo la luminosidad de la visión real, ella sola toma posesión, adquiere valor. Como el genio de las sombras, de la fábula, una vez liberado y contemplado, se expande por sobre toda la tierra y se dilata hasta los confines del cielo.

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La cualidad de ser, en el «sí mismo» del objeto, de acuerdo con su idea central y su propósito, y la de crecer a partir de ese estado y hacia ese estado -sin crítica ajustada a otras normas, con sus propias medidas-, es la lección de la naturaleza. A la verdad, el hombre pleno colecciona en forma inteligente, reúne, absorbe; pero si se dedica a eso desproporcionadamente, no percibe o descuida su preciosa peculiaridad y las posibilidades de su propio ser, el yo del hombre, lo principal, y es un fracaso, por más amplia que sea su cultura general. Es así que en nuestro tiempo el refinamiento y la delicadeza, no sólo son requeridos y buscados en grado suficiente, sino que amenazan destruirnos como si fueran un cáncer. Pero ya monta guardia el genio democrático, disgustado ante esas tendencias. Se necesita proveer con una pequeña dosis de saludable rudeza, de virtud salvaje, de justificación de lo que tenemos en nuestro interior, sea ello lo que fuere. Las cualidades negativas, aun las deficiencias, serán un alivio. La singularidad y la simplicidad normal, en esta etapa de la sociedad cada vez más compleja, cada vez más artificial, ¡cómo las necesitamos! ¡Qué gran bienvenida les daremos cuando regresen!

En ese sentido, pues -de cualquier modo, en grado suficiente como para conservar el equilibrio-, nos sentimos llamados a arrojar todo el lastre que podamos, no sobre la base de las razones absolutas, sino sobre la correspondiente a las razones corrientes y comunes. El pulirse, el encogerse, el conformarse, y aun el jactarse, y el ser suave y de buenos modales, es a lo que disponen nuestros días. Y pese a que estamos prevenidos en el sentido de que mucho puede decirse en favor de todo ello, advertimos que no tenemos ahora que considerar lo que se necesita para atender a la necesidad de una nación casi famélica y bárbara, o grupo de naciones de esa condición, sino lo que es más aplicable y más adecuado para numerosos grupos de naciones, de sociedades convencionales, de excesiva corpulencia, que ya a estas horas se llenan y pudren de literatura infiel y despreciable y de arte conformista. Además de las ciencias establecidas, sugerimos una ciencia de la generalidad saludable, con bases originariamente universales, cuyo objeto sería el de hacer surgir y proporcionar por medio de los Estados una raza copiosa de americanos superiorés, hombres y mujeres, alegres, religiosos, que marchen a la vanguardia de todos los conocidos hasta ahora.

América en lo moral y lo artístico no ha creado todavía nada. Parece no darse cuenta que los modelos de personas, libros, maneras, etc., apropiados a las condiciones anteriores, y para las tierras europeas, no son en ella más que trasplantes y exotismos. Ninguna corriente de su vida, según se muestra en las superficies de lo que autoritariamente se denomina su sociedad, acepta o ingresa en la democracia social o estética; todas las corrientes en cambio se oponen abiertamente a ella. Jamás en el viejo mundo la apariencia exterior se ocultó del todo, ni la exhibición, la mental ni la otra, se construyeron íntegramente sobre la idea de la casta, y sobre la suficiencia de la mera adquisición exterior ni la volubilidad, el intelecto verbal más que la prueba, la emulación -elevada a un nivel más alto, como cabeza y ejemplo-, que lo son sobre la superficie de nuestros estados republicanos en el día actual. Los escritores de una época insinúan los lemas de sus divinidades. La palabra de la época moderna, dicen estas voces, es la palabra cultura.

Nos encontramos repentinamente muy cerca del enemigo. Esta palabra cultura o lo que ha llegado a representar envuelve por contraste la integridad de nuestro tema y ha sido, a decir verdad, el aguijón que nos ha urgido al compromiso. Aparecen ciertos problemas, así como se enseñan ahora, en las formas en que se los acepta y se los dirige en la actualidad, ¿los procesos de la cultura no están creando acaso, y rápidamente una especie de soberbios infieles que no creen en nada? ¿Debe un hombre perderse a sí mismo en cantidades innumerables de ajustes y arreglos, y moldearse así con referencia a esto, a aquello y a lo de más allá, de modo que sus partes sanas y valientes se reducen y desaparecen, como el ribete de un cantero en un jardín? Uno puede cultivar trigo y rosas y hortalizas, ¿pero quién cultivará los picos de las montañas, el océano y la inmensidad de las nubes? Finalmente, ¿es la pronta respuesta a todo ello que la cultura sólo trata de ayudar, sistematizar y poner en acción a los elementos de fecundidad y poder? ¿Es una respuesta concluyente?

No me opongo tanto al nombre o a la palabra, pero debo, ciertamente, insistir para cumplir con los propósitos de estos Estados sobre la necesidad de introducir un cambio radical de categoría, en la distribución de precedencia. Pediría yo un programa de cultura concebido no para una sola clase, ni destinado a las tertulias y a los salones de conferencia, sino con miras a la vida práctica, al oeste, a los trabajadores, a las cosas que ocurren en las chacras y los talleres y que comprenda a las mujeres de las clases media y trabajadora, y con referencia a la igualdad perfecta de las mujeres y a una grande y poderosa maternidad. ppdyeeednn11.jpgPediría de este programa o teoría un alcance que fuera lo suficientemente generoso como para incluir a la mayor extensión humana que se pueda. Debe tener como significado medular la formación de una típica personalidad de carácter, que pueda ser elegida para el uso de la mayor generalidad de los hombres; y que no esté restringida por las condiciones que las masas rio puedan elegir. La más alta de las culturas será siempre la de los instintos varoniles y valientes, las percepciones de amor y de autorrespeto que tienden a formar en este continente una ideocracia de universalismo, la cual, verdadera hija de América, brindará alegría a su madre volviendo a ella en su propio espíritu, reclutando miríadas de vástagos, capaces, naturales, sensibles, tolerantes, devotos creyentes en ella, América, y poseedores de algún instinto definido, que les indica por qué y para qué ha surgido, en el más vasto, el más formidable de los nacimientos históricos, y que está ahora y aquí con maravilloso paso haciendo sus jornadas a través del tiempo.

El problema que se presenta al Nuevo Mundo, a mi juicio, es el de vitalizar el juego libre del especial personalismo del hombre, reconociendo en él algo que pide siempre una consideración mayor, algo que debe ser nutrido y adoptado como el sustrato de lo mejor que nos pertenece (el Gobierno, a decir verdad, no existe para otra cosa), incluyendo la nueva estética de nuestro futuro, y todo eso debiera hacerse de acuerdo a la ley permanente y el orden y luego de resguardar su cohesión (conjunto, individualidad) ante todos los riesgos. El genio de nuestra tierra invita a sus adeptos con particular insistencia a que en medio de la confusión actual nos definan, y enumeren las especies, o un espécimen de las especies, de la etnología democrática del futuro. Ciertos ilusos, más o menos grotescos, más o menos insípidos e incoloros, han aparecido ya. Nosotros también (acallando dudas y escrúpulos de conciencia) probaremos de hacerlo.

Si aunque de manera superficial intentamos, pues, trazar un esquema básico o modelo de la personalidad para uso general de los hombres de Estados Unidos (y no cabe duda alguna que será tanto más útil cuanto más sencillo y accesible a todos fuere), nuestra descripción ha de ser completa, iniciándose en base inicial de todo ser humano: los padres. ¿Llegarán los tiempos en que la paternidad y la maternidad serán una ciencia, y la más noble de todas ellas? Ante todo, nuestro modelo es indispensable que sea sano y robusto; nunca debieran interrumpirse las cuestiones de la alimentación, el buen aire, el ejercicio físico, la asimilación y la digestión. Fuera de esto, columbramos una personalidad bien definida: en la juventud, fresca, ardiente, emocional, entusiasta, plena de aventura; en la madurez, valiente, perceptiva, dueña de sí misma, ni muy habladora ni muy reticente, ni excesivamente eufórica ni sombría En cuanto a su aspecto físico, veo yo a un hombre erguido, de dilatado pecho, tez lozana, voz musical y movimientos fáciles; ojos de mirada firme y calma al par, y asimismo capaz de centellear; la presencia, en fin, que lo capacite para tratarse con los más encumbrados (porque sólo la naturalidad, y tan sólo la naturalidad, permite a un hombre alternar con presidentes o generales con el debido aplomo, y no la cultura, ni tampoco los conocimientos o dotes intelectuales de cualquier naturaleza).

Con relación al aspecto educacional de la mente de nuestro modelo, ejercitación de las dotes intelectuales, acumulación de conocimientos, etc., los usos y costumbres de nuestros tiempos, especialmente en América, son tan excesivos y con tanta amplitud proveen la tal necesidad que, realmente, no hace falta recomendación especial de parte nuestra, a no ser, a decir verdad, un consejo de advertencia y de moderación. ppdyeeednn12.jpgDe modo parecido, no es preciso que nos ocupemos de los modales y costumbres en general, a pesar de su importancia. Lo mismo que la belleza y la gracia del movimiento, los modales y las costumbres son meras resultantes. Prestándose atención a las causas originales, los buenos modales acompañan infaliblemente. Mucho se habla entre los artistas del «gran estilo» como si algo por sí mismo lo fuera. Cuando un hombre, artista o quien fuere, tiene salud, amor propio, perspicacia y nobles aspiraciones, tiene cuanto es preciso para llegar a poseer el «gran estilo» de su antojo; lo demás es cuestión de simple manipuleo (aunque esto mismo sea de no poca importancia).

Aun cuando dejaré sin especificar varios rasgos importantes del modelo que, según creo, mejor se ajustará a la futura personalidad de América, no debo ni quiero dejar de insistir, ahora y siempre, en uno de ellos, probablemente al que menos atención se presta en los tiempos modernos, carencia que amenaza tener las más trágicas consecuencias, en el futuro. Me refiero lisa y llanamente a la conciencia, el elemento moral primordial. Si se me preguntara en qué razojies se fundan mis más serios recelos con respecto al futuro de la América de nuestros ensueños, señalaría en primer lugar a la que antecede. Pediría yo el uso constante de aquella antigua e indefectible regla plomada para uso de las personas, las periodos históricos y las naciones. Nuestro triunfante moderno civilizado, pese a todos los conocimientos librescos y maravillosos instrumentos de que dispone, no será sino una amputación mientras perdure esta deficiencia. Mas allí (asumiendo un tono más esperanzado) la estructuración de la individualidad varonil y femenina de nuestro mundo occidental sólo puede subsistir, y, a la verdad, sólo ha de subsistir (así lo espero), identificándose con la religiosidad. La maduración del espíritu religioso encontrará campo propicio en la individualidad, sin lugar a dudas, desde que ninguna organización ni iglesia ninguna jamás pudo lograrlo. Así como la historia está pobremente captada por lo que los especialistas denominan historia, de cuyas páginas no surgen sino pálidos reflejos de la realidad a menos que el lector sea capaz de leerla entre líneas, pues jamás se escribió hasta ahora y tal vez jamás se escriba, la religión aherrojada por las iglesias y los diversos credos, no depende de éstos dé manera alguna, sino que es parte integrante del alma identificada, la que, cuanto más grande, tanto menos sabe de biblias a la antigua, sino a la moderna: el alma identificada, que sólo podrá realmente confrontar las religiones cuando las separe y extraiga completamente de las iglesias, pero no antes.

El individualismo no sólo hará posible la tal confrontación sino que la favorecerá. A decir verdad, diría yo, la perfecta incontaminación y el apartamiento de la individualidad son, ambos, condiciones para que el carácter espiritual de la religión adquiera su pleno desarrollo. Sólo así se podrá meditar, orar y remontarse al infinito. Sólo así podráse comulgar con los misterios y los eternos problemas. ¿Cómo y dónde? En la soledad y la identificación consigo mismo -con el ánimo dispuesto- emerge el alma, y todos los mandamientos, todas las iglesias y todos los sermones se diluyen como humo al viento. En la soledad y la silenciosa, temerosa y anhelante meditación veremos aparecer, cual una inscripción nunca vista hasta entonces, el magnífico perfil de la conciencia, y la rectitud interior, diseñada con tintas sobrenaturales en nuestros sentidos. Las biblias pueden decir y los sacerdotes pueden explicar, pero es poder exclusivo del Ser interior penetrar en el área sublime de la veneración y alcanzar las divinas alturas para comunicarse con lo inefable.

Intervenir en la política en forma activa, es una parte importante de la personalidad americana. A todo hombre joven, sea del norte o sea del sur, que estudie atentamente estos problemas, debo también advertir ahora, para compensar lo dicho en páginas anteriores, que después de todo, viéndoselo con mucha amplitud, la América política acaso vaya por mejor camino (y asimismo, la literatura y la sociología) de lo que parece a primera vista. Se ha puesto de moda entre los diletantes y los mentecatos (y acaso no sería yo quien pudiera tirarles la primera piedra) vituperar agriamente contra todos los aspectos de la política activa de América, negándole toda posibilidad de redención o mejoramiento y aconsejando mantenerse apartado de la política y de sus hombres. Cuidaos de no incurrir en tamaño error. América, acaso, lo esté haciendo muy bien, pese a las ridiculeces de sus partidos y sus dirigentes, esos candidatos de poco seso, de muchos votos ignorantes, de muchas elecciones fallidas y charlatanerías. ppdyeeednn13.jpgSon los diletantes y todos los que evaden sus obligaciones, que no cumplen con su deber. Os aconsejo, desde ahora, que participéis más talleres y que comprenda a las activamente en la política y recomiendo a todos los hombres jóvenes hacer otro tanto. Informaos siempre de cuanto ocurre, haced siempre lo mejor que podáis, votad siempre. No permitáis que os ate lazo alguno a ningún partido. Los partidos políticos han sido de utilidad y en cierto modo son útiles todavía, pero el electorado fluctuante, independiente, los chacareros, los empleados y los obreros, esto es, los amos de los partidos, en última instancia, que lo observan todo manteniéndose apartados, pero que deciden la victoria pesando en uno u otro de los platillos de la balanza, son los que mayormente precisa la nación, ahora y en el futuro. Si de alguna manera Estados Unidos llegara a caer en el caos de la ruina, se lo deberá a sí mismo y no a factores del exterior; convencido estoy que una coalición 1 mundial no podría doblegarnos, pero mucho me alarman estos partidos políticos salvajes y lobunos. Sin acatar más ley que la que les dicta su propia voluntad, cada vez más combativos y cada vez menos tolerantes, desprecian abiertamente la idea de la masa y el concepto de fraternidad; asimismo, no toman en cuenta la perfecta igualdad de los Estados ni la superioridad de las ideas americanas. Todo ello es motivo más que suficiente para no atarse a partido alguno, ni someterse ciegamente a sus dictadores, sino más bien para mantenerse firmemente por sobre todos ellos, único juez y único dueño de sí mismo.

Con esto es suficiente para delinear (con suma brevedad y dejando mucho por decir) el boceto, o boceto de un boceto ideal, del varón americano del futuro. Pero el otro sexo, en este país, requiere por lo menos algunas sugestiones básicas.

He conocido yo algunos años atrás a una joven americana, hija de una familia numerosa. Había abandonado su mísero terruño natal para trasladarse a una de las grandes ciudades del norte, con objeto de ganarse su propio sustento. Pronto se convirtió allí en hábil costurera, pero no conviniéndole el encierro a que obligan tales tareas para su salud y comodidad, resolvióse a trabajar para otros, como ama de llaves, cocinera, etc. Después de haberse presentado y ofrecido sus servicios en varios lugares, encontró finalmente el empleo que le convenía. Esa mujer me ha manifestado que no ve en su trabajo nada que la degrade, ni nada que con la dignidad personal sea incompatible, ni deja de respetarse a sí misma ni los demás de respetarla a ella. Otorga beneficios y, al mismo tiempo, los recibe. Goza de buena salud; su presencia misma agrada y entona y su carácter no ha sufrido alteración alguna; y, habiendo sabido dar buena opinión de sí misma a los demás, ha preservado su independencia; se ha visto en condiciones de prestar ayuda a sus padres y de contribuir a la educación y a la colocación de sus hermanas; finalmente, la vida de esta mujer no se halla totalmente desprovista de oportunidades de mejoramiento intelectual, tranquila y poco costosa felicidad, y amor.

Yo he visto a otra mujer, cuyos gustos y aficiones personales, unidos a la necesidad, la llevaron a dedicarse desde temprano a los negocios. Dirige actualmente un taller de mecánica. Pone mano a la obra cuando es preciso, entra en contacto cada día más íntimo con las duras tareas de la vida del trabajador, sin dejarse abatir por ninguna de sus asperezas. Sabe mostrarse decidida y silenciosa al mismo tiempo y mantiene su sangre fría con invariable decoro. No hay lugar a duda que cualquier día de estos, podrá comparársela sin desmedro con cualquiera de los hombres superiores que se destacan en todos los órdenes de la vida. Pese a ello, no ha perdido ninguno de los atractivos naturales de su sexo, sino que los conserva y luce en toda su plenitud.

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Otro caso; la esposa de un mecánico, madre de dos hijos, de modesta extracción, pero de tan fina inteligencia femenina, de nobleza tal que me complazco en recordarla aquí. Sin abjurar en ningún momento de su propia independencia, la preserva siempre, por el contrario, con inteligencia y tacto y siempre cumple las obligaciones que con aquélla se relacionan; esto es, cocina, lava, cuida a sus hijos, con exuberante y continuo buen humor, y a las mil maravillas. Agradable y sana desde el punto de vista fisiológico, trabajadora y práctica, no ignora sin embargo que hay momentos, aun cuando éstos sean pocos, que han de consagrarse al reposo, a la música, a la diversión, a la hospitalidad. Así lo hace. Dondequiera que se encuentre y cualquiera sea el trabajo que hiciere, nunca la abandona ese encanto, ese aroma indefinible que emana de la genuina femineidad y que acompaña por derecho a todo el sexo, siendo, o debiendo ser, la atmósfera invariable y la común aureola de todas las mujeres, tanto las ancianas como las jóvenes.

Cierta vez, mi bienamada madre me habló de una extraordinaria persona que residía en Long Island, y a quien tratara en años anteriores. Conocíasela por el nombre de la «Pacificadora». Aunque ya anduviera muy cerca de los ochenta, su temperamento era alegre y feliz. Toda su vida había transcurrido en el campo. Sensible y discreta, se la apreciaba mucho en el vecindario y se prestaba con invariable buena voluntad a recibir las confidencias de las personas que acudían a consultarla, especialmente las jóvenes casadas. No había recibido educación, pero poseía natural dignidad. Andando el tiempo, habíase tornado paulatinamente por acuerdo de los vecinos, en juez y consejera de las partes en toda clase de conflictos menores, especialmente aquellos de orden doméstico. Verdadera pastora de los hogares que la rodeaban, encontraba solución a las dificultades de la vida cotidiana y reconciliaba a los esposos. Atraían la atención sus ojos negros y su gran distinción, constituyendo asimismo magnífico modelo para el artista, su profuso cabello blanco como la nieve y una tez clarísima. Finalmente emanaba de toda su persona un curioso y peculiar magnetismo.

Reconozco que los retratos que anteceden son muy distintos de los modelos importados de la personalidad femenina que por aquí tienen tan amplia difusión, aquellos caracteres femeninos standard que se encuentran en las novelas en boga o en los poemas palaciegos que nos vienen del extranjero (Ofelias, Enids y princesas o damas de alta alcurnia al por mayor) que constituyen motivo de envidia y de ensueño para tantas pobres muchachas y que son aceptados por nuestros hombres, asimismo, como los modelos ideales de la excelencia femenina. Pero he presentado los míos, justamente para que esto cambie.

Asimismo se oyen murmuraciones (no nos detendremos por ahora en prestarles atención, pero deben ser tenidas en cuenta) acerca de algo más revolucionario aún. No está lejos el día en que no sólo será tema de apasionada discusión, sino que se llegará a experimentar prácticamente la intervención de la mujer en las actividades que hoy son exclusivas de los hombres en todos los órdenes de la vida, así como en la política, sufragio, etc.

Tanto respecto a los hombres como en lo relativo a las mujeres de Estados Unidos, claro está, debemos refundir totalmente los tipos estilizados que nos han legado el Oriente y las épocas del feudalismo y el predominio eclesiástico, y que aun conservan sus prerrogativas en la imaginación y la estética de la Unión. Aquellos merecen indudablemente estudiarse en algunos de sus aspectos, el pictórico y el melodramático, pero su influencia es nefasta si se consideran los extraños anacronismos a que dan origen cuando se los aplica a los hechos y a las necesidades presentes de esta tierra. Por supuesto, algunos elementos imperecederos de los tiempos antiguos permanecen. Trátase por tanto de adaptarlos hábilmente a las nuevas contingencias de nuestros días. ppdyeeednn15.jpgNo es cosa imposible. Por mi parte, me es fácil concebir una comunidad en la que representantes de todos los matices de la personalidad, en adecuada proporción, pudieran convivir en paz, en la actualidad y en esta nuestra tierra; en algún villorio o en alguna aldea de nuestro mundo occidental, por ejemplo, donde un par de centenares de hombres y mujeres de ordinaria condición hubieran tenido la suerte de verse reunidos, sin que la riqueza o la inteligencia de ninguno de ellos sobresaliese de modo especial, sino que todos se identificaran en un molde común de virtud, castidad, trabajo, alegría, determinación, compañerismo y devoción. Asimismo concibo que la tal comunidad se organizara por sus propios medios para el mantenimiento del orden, mediante una juiciosa distribución de los poderes, y para las tareas agrícolas, la edificación de viviendas, la administración de la justicia, los correos, las escuelas, las elecciones, pudiendo de tal manera desarrollarse sin traba alguna las partes restantes de la condición humana, vale decir, las más importantes. Obtendríase así la completa floración de cada individualidad, la que asimismo daría áureos frutos, tarde o temprano.

No dudo que todo hombre joven o anciano y toda mujer podrían de esta manera desarrollar su verdadera personalidad, ejercitándola proporcionalmente con el cuerpo, la mente y el espíritu. Me inclino a pensar que este caso no sería necesariamente una excepción ni presentaría dificultades insalvables, salvo la necesidad de adaptar la comunidad a los requerimientos municipales y generales de nuestros tiempos. Y veo yo en ello la culminación de algo muy superior al estereotipado brillo de la historia o un poema cualquiera. No es imposible que en alguna parte de Ohio, Illinois o Missouri (sin que aún se lo haya cantado, llevado a las tablas o traducido en ensayos o biografías), ya exista una comunidad semejante a la que acabo de describir, bastándose a sí misma y, por ende, superando con medios vulgares y corrientes las mejores obras de la imaginación.

En resumen y para abreviar, si América se propone emprender una acción formativa (porque, ha sonado ya la hora de las realizaciones efectivas y ha quedado atrás la de las promesas inconsistentes) debe, para tal fin, rechazar los prototipos venidos de los medios aristócratas feudales, o salidos de moldes meramente literarios, ajustados a fórmulas ultramarinas y convencionales de la cultura, la urbanidad, etc. En cambio, América debería, sin tardanza, promulgar sus propias normas, sus propias formas, y, a la vez, reconocer y recibir lo que de las antiguas es perenne e indestructible, combinando a éstas en grupos y unidades apropiadas a los tiempos modernos, la democracia, el oeste y a las contingencias y necesidades de nuestras propias ciudades y de las regiones agrícolas. Siempre se ha de hallar lo más valioso dentro de lo más vulgar y corriente. Siempre la fresca brisa de los campos, las montañas y los lagos será superior al vaivén de cualquier abanico, aunque éste fuera de marfil y estuviera cargado de aromas, y el aire puro vale más que los más costosos perfumes.

[…]

Llegado ahora al cabo de estas Perspectivas, debo confesar que todo cuanto tengo dicho se basa en la esperanza (pero de ningún modo en la seguridad), de que surja una nueva y grande literatura; en tal eventualidad descansan todas las partes que por así decir componen la superestructura de esta obra. A decir verdad, veo en ello la condición indispensable, no tan sólo del progreso democrático de nuestro país en el futuro, sino también de nuestra supervivencia.

Si se consideran las bases altamente artificiales y materialistas de la civilización moderna, con sus correspondientes normas y éticas de vida, los mórbidos efectos del uso exclusivo de la inteligencia, la influencia depravante tanto de la riqueza como de la pobreza, la ausencia de todo ideal elevado, las innumerables tendencias y formas, muy pocas de las cuales por su inconsistencia perdurarán y que, por ahora con ritmo de máquina a vapor moldean las generaciones humanas con implacable uniformidad ppdyeeednn16.jpg(aun cuando, si se las compara con las de los tiempos feudales, nada mejor podríase hacer que aceptarlas, reconocerlas, y aun darles la bienvenida, por su oceánica y práctica grandeza y su incesante acción sobre las masas) digo que todos estos monumentales y predominantes sistemas de inclinaciones puramente materialistas que se observan actualmente en la vida de Estados Unidos, con los resultados que tenemos a la vista y que, por acumulación, repercutirán en el futuro de la nación, han de ser confrontados y compensados por una fuerza espiritual, de no menor intensidad y sutileza, cuyos fines sean puramente, conscientemente y genuinamente estéticos, y que tienda a lograr una humanidad de hombres y mujeres superiores. De lo contrario, nuestra civilización moderna, con todos sus adelantos, se halla en el camino un destino semejante al de los con denados de la fábula.

Así, columbrando los tiempos difíciles que nos esperan y aquel orden nuevo que los regirá -en virtud de la disciplina eterna del movimiento, del desarrollo y de la evolución, tanto de las naciones como del hombre, esto es, la vida misma-, vislumbramos por entre tales probabilidades y anhelos, nuevas fuerzasleyes del lenguaje escrito y hablado, no tan sólo a través de formas pedagógicas, correctas, armoniosas, familiarizadas con los precedentes, hechas para cuestiones de orden exterior, palabras escogidas, pensamientos definidamente aceptados, sino un lenguaje vibrante al impulso de la naturaleza, que se eleve por encima de todo lo mediocre y se deje llevar por su propio ímpetu con una sola inquietud, la de los efectos que pueda surtir y de las siembras a cuyo crecimiento favorezca, imponiendo normas a la vida y a los caracteres, por vía de sugestión en la mayoría de los casos.

De hecho, una teoría nueva de la composición literaria de obras imaginativas de primer orden, especialmente de los grandes poemas, es la única alternativa que se ofrece a estos Estados Unidos. Los libros han de ser leídos -y escritos- dándose por sentado que el proceso de la lectura no se asemeja en nada a un estado de semisomnolencia; antes bien, es en el más alto sentido de la palabra, un ejercicio, una gimnasia del espíritu, una lucha; siempre y cuando el lector quiera sacar provecho de lo que lee, deberá estar alerta para crear por sus propios medios el poema, el argumento, trátese de un ensayo metafísico o histórico, debiendo el texto servirle unicamente de guía, de insinuación, de base para todo el armazón. No es el libro que precisa ser un todo completo, sino el lector. Ello nos daría una nación de ágiles y robustas inteligencias, diestras, intuitivas, acostumbradas a bastarse a sí mismas, y no unas cuantas camarillas de escritores.

Para un investigador, caemos en la cuenta que no es cosa pequeña disponer de enormes bibliotecas, innumerables estanterías de libros, etc.; sin embargo, cuán peligroso es depender enteramente de ellos, de las venas sin sangre, de los brazos sin nervios, de las falsas aplicaciones, de elementos de segunda o tercera mano. Vemos que el interés real de este pueblo nuestro respecto a la teología, la historia, la poesía, la política y los personajes modelo del pasado (las islas británicas, por ejemplo, y, a decir verdad, todo el pasado), no reside necesariamente en el deseo de moldearnos a nosotros mismos o a nuestra literatura en aquellos moldes, sino de lograr expresiones más completas, más precisas de nuestro presente y de nuestra historia, religión y de nuestras costumbres del futuro, mucho más grandes y muy distintas de las del pasado. Nosotros vemos que casi todo lo que fue escrito, cantado o descubierto desde antiguo, con relación a la humanidad bajo los regímenes del feudalismo y del Oriente, precisa ser escrito, descubierto y cantado nuevamente en términos adaptados a estos Estados y en armoniosa y obediente uniformidad con los mismos.

Vemos nosotros que de la misma manera que en los universos del cosmos material, después de los cielos meteorológico, vegetal y animal, surgió finalmente el hombre, nacido por su intermedio, para ponerlos a prueba, concentrarlos y volverse hacia los elementos con admiración y amor -para dirigirlos, .adornarlos y utilizarlos para fines superiores-; de la misma manera, digo yo, han surgido, surgen estos Estados, por intermedio de los universos políticos y sociales que los precedieron. Vemos nosotros que mientras muchos supusieron realizadas y terminadas todas las grandes empresas, todas las grandes cosas, quedan aún por hacerse las mayores, las más importantes, y descubrimos que la misión del Nuevo Mundo no ha terminado. En verdad, no hace más que empezar.

Vemos nosotros a nuestra tierra, América, a su literatura, a su estética, etc., como si sustancialmente estuvieran en formación y en fusión sus elementos básicos más importantes, ppdyeeednn17.jpgcon los fines más elevados de la historia y el hombre (y asimismo el esbozo de nuestra propia fisonomía de acuerdo con las leyes eternas y las condiciones de la belleza), el lazo subjetivo y la expresión objetiva, así como los aspectos, la continuidad y los puntos de vista que nos conciernen. En la expresión literaria y artística, que sea de nuestro cuño, culminarán y se perpetuarán la mentalidad, el carácter, los anhelos, el heroísmo, las guerras y aun las libertades que son puramente nuestras; en el caso contrario, vale decir, de no disponer de adecuados medios de expresión y determinación, nuestra grandeza, aunque imponente, tropezaría y sólo brillaría fugazmente. Por intermedio de una literatura y de una estética que le sean exclusivamente propias, América se conocerá a sí misma, vivirá noblemente, y, noblemente inspirada por sus propios medios, iluminada y, a la vez, fuente de toda iluminación, se tornará en un mundo completamente formado y en la divina madre no sólo de los universos materiales sino también de los espirituales, en incesante jornada a través de los tiempos, debiéndose siempre anteponer a todo lo demás lo común, lo corpóreo, lo concreto, lo democrático, lo popular, sobre los cuales todas las superestructuras del futuro deberán apoyarse en forma permanente.

Una apropiación indebida del sufrimiento de los débiles

Quienes nos dedicamos de un modo u otro a la política internacional, nos vemos en ocasiones abocados a la obligación de anticipar escenarios y construir discursos sobre la frágil tarima de la prospección de futuro. Este ejercicio, a caballo entre el análisis, la intuición y la lectura en la bola de cristal puede convertirse a menudo en un deporte de alto riesgo. Sin embargo, de vez en cuando surgen coyunturas y personajes que convierten esta arriesgada tarea en una labor sencilla, fácil y segura. En esta tesitura nos encontramos aquellos que hemos analizado el fenómeno Chávez en Venezuela y su influencia en la región. Sin ánimo de alarmar más de lo debido, a continuación voy a presentar los perfiles de un fenómeno que considero marcará la realidad latinoamericana en los próximos años. El análisis que anticipo es el resultado de más de cincuenta entrevistas con políticos, diplomáticos, empresarios, responsables de ONG, periodistas y algún que otro artista venezolano, realizadas durante dos viajes a la patria bolivariana de Hugo Chávez. Otra parte de la información sobre la que he construido las siguientes reflexiones procede de numerosas entrevistas realizadas en Washington, Lima, Bogotá y Madrid.

Recuperando la gimnasia historicista a la que me refería al comienzo, me permito adelantarles mi primera prospección: Hugo Chávez pasará a la historia como uno de los personajes políticos más lamentables del siglo XXI. Junto a él -y esto ya tiene implicaciones para nuestro país- también quedarán marcados en los libros de historia todos aquellos que desde posiciones de poder se dedicaron a alimentar al monstruo o a ignorar las voces de alarma como la que modestamente me permito alzar de nuevo desde esta rigurosa tribuna que es Nueva Revista.

DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA…

La ventaja que ofrece el fenómeno Chávez es que cualquiera puede acceder a su pensamiento político. Estamos ante un engendro político que piensa en voz alta y en directo y cuya agenda oculta no puede resistir la tentación de airearla cada domingo en sus interminables alocuciones televisivas en su programa Aló Presidente. Tras su fallido golpe de estado, Chávez estuvo encerrado en la cárcel durante algún tiempo, que dedicó a depurar su rudimentario pensamiento político. No sé bien por qué razón, pero los libros que alumbraron sus largas noches a la sombra durante los noventa fueron libros del marxismo más subversivo escritos en los años sesenta. El Chávez que gana las elecciones en el 98 lo hace con un discurso que combina con gran eficacia los elementos fundamentales del marxismo leninismo antiimperialista más ortodoxo de los años sesenta con la referencia constante a Simón Bolívar y un guiño permanente al indigenismo emergente.

Este cóctel de marxismo-bolivariano-indigenista, que cada semana ofrece a los ciudadanos venezolanos a través de los encadenados televisivos (obliga a todas las televisiones a encadenarse a la emisión de sus apariciones en la televisión pública), destila los ingredientes del otro gran fenómeno americano del momento, que son los telepredicadores. Son frecuentes sus referencias a Dios, la utilización sacrilega del crucifijo y la aplicación de las técnicas clásicas de comunicación de los predicadores americanos: televisión, política y religión directa al corazón y las mentes de una población desesperada y ávida de referencias cercanas.

Pues bien, esa presentación del personaje y su discurso ha sufrido un proceso de clarificación ideológica indudable a lo largo del último año que creo conveniente avanzar. Lo explicó él mismo en el II Congreso Bolivariano organizado en Caracas en enero de 2005.

…A LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA DEL SIGLO XXI

Fue entonces cuando convocó en la capital de la República a todos los partidos comunistas latinoamericanos, a los movimientos indigenistas y a todo movimiento subversivo de la región a concertar un nuevo discurso y todo un proyecto político para la región. A partir de entonces Chávez habla más de socialismo que de revolución bolivariana. Con su habitual desparpajo relató una conversación con Fidel Castro en la que el Chivo cubano le ayudó a aclarar sus ideas: «Hugo, lo que tú llamas revolución bolivariana nosotros llevamos tiempo llamándole revolución socialista».

Como digo, desde entonces Hugo Chávez habla de nuevo socialismo para el siglo XXI y en ese ejercicio de depuración del discurso ha jugado un papel fundamental uno de los personajes más intrigantes de toda esta historia. Se trata de Martha Haernecker, ciudadana chilena nacionalizada cubana que se destacó como ariete intelectual de la más pura ortodoxia marxista en los sesenta con un librito en el que adoctrinaba a los trabajadores en su lucha contra la explotación de los patronos a través del trabajo en células revolucionarias y más literatura de combate. Esta señora, que ha trabajado para Castro durante muchos años, dispone ahora de un despacho en el palacio de Miraflores en Caracas y diseña y depura el discurso de Chávez en todas sus intervenciones. Esta spin doctor del nuevo socialismo es uno de los elementos ideológicos que dan contenido a un programa de cooperación institucionalizada a todos los niveles entre Castro y Chávez. El objetivo político es utilizar la frágil democracia latinoamericana como caballo de Troya de la revolución socialista. Pero una cosa es el mundo de las ideas y otra muy distinta el mundo real en el que todo cuesta unos dólares o algunos barriles de petróleo.

APROPIACIÓN INDEBIDA DEL SUFRIMIENTO DE LOS DÉBILES

Cuando se intenta explicar que el proyecto chavista es una locura, uno siempre se encuentra con la clásica respuesta del típico comodón de la izquierda biempensante, o como los llama Plinio Apuleyo de Mendoza, del clásico idiota latinoamericano. Se nos dice que es lógico, explicable y saludable el ascenso de Chávez porque la pobreza y las desigualdades de renta son insufribles en aquellas latitudes. De nuevo la gran mentira que ignora las lecciones de la historia del siglo XX, es decir, que Chávez es el rey de los pobres porque defiende, sus intereses. Si se quiere combatir a Chávez lo primero que hay que hacer es combatir esta idea. Chávez no defiende a los débiles y los pobres del mismo modo que Cuba no es una factoría de prosperidad. Lo que hace Chávez es apropiarse de su sufrimiento y utilizarlo en beneficio de su causa, retroalimentando el sufrimiento y la miseria. Para no enredarnos en ese frontón ideológico lo mejor es recurrir a los datos que ofrece la realidad.

El índice de pobreza en Venezuela ha aumentado considerablemente desde que en 1999 Chávez asumió el poder en su país. Pero además, si observamos los subíndices que miden la pobreza extrema así como la desnutrición y mortalidad infantil, comprobaremos cómo esa ecuación de socialismo y reducción de la miseria se nos muestra de nuevo como una gran farsa.

Resulta evidente que estos datos incomodan mucho a los nuevos revolucionarios y por ello mismo en junio de 2005 el Gobierno bolivariano anunció un cambio en los estándares de medición nacionales de las magnitudes de la vergüenza. Ocultar la verdad para que la revolución no se tropiece con la dura realidad. La novedosa política económica de Chávez consiste en un viaje al pasado a través de lo que él llama el desarrollo endógeno que no es otra cosa que rescatar la doctrina fallida de los economistas de la CEPAL de los años setenta. Es decir, sustitución de las importaciones mediante mecanismos de producción propia al margen de la dinámica de flujos comerciales que genera la globalización. Este planteamiento que se reconoce abiertamente anticapitalista se complementa con iniciativas tan reaccionarias como la confiscación de fincas privadas o el reciente anuncio de nacionalización de las empresas privadas que el Gobierno considere inactivas. Pero todo este cúmulo de decisiones y programas económicos no sería posible si no confluyese en el caso venezolano lo que sin duda es el verdadero combustible de la revolución: el petróleo.

EL COMBUSTIBLE DE LA REVOLUCIÓN

Venezuela es el quinto productor de petróleo del mundo y uno de los países más activos en la OPEP. La producción actual es de 2.650.000 barriles de petróleo diarios, aunque lo cierto es que en los últimos años esta producción ha bajado de los más de tres millones de barriles y se ha ido reduciendo en 750.000 barriles (con el consiguiente efecto de estrangulamiento de la oferta mundial en un momento de gran demanda internacional). Cuando Chávez llegó al poder en 1999 el barril de petróleo venezolano se encontraba en los mercados a un precio de 7 dólares y debido a ese incremento de la demanda provocado por la emergencia china, entre otros factores, ese mismo barril de petróleo se vende en la actualidad a 49 dólares. Ese es el margen del que se nutre la revolución de Chávez y ese es el dinero de todos los venezolanos que se destina a financiar el eje subversivo Castro-Chávez.

Ambos mandatarios, por ejemplo, han suscrito un acuerdo de cooperación en virtud del cual PEDEVESA, la empresa estatal de petróleos de Venezuela, vende a un precio irrisorio 90.000 barriles de petróleo diarios a la Cuba de Fidel Castro. Lo que antes hacía la URSS ahora lo hace Chávez. Además, en ese acuerdo se permite al dictador cubano revender a precio de mercado ese mismo petróleo. Pero como en toda relación equilibrada, Castro proporciona a Chávez lo que a él más falta le hace, conocimiento revolucionario. Así, Cuba ha enviado a 30.000 asesores cubanos a Venezuela que, según lo declarado por ambos Gobiernos, desempeñan funciones de asistencia sanitaria e instrucción deportiva. Se vestirá como se quiera, pero los instructores deportivos de Castro enVenezuela son verdaderos asesores para formar a las milicias bolivarianas que Chávez está armando y que sin duda serán la vanguardia de la revolución cuando se produzca cualquier conato de resistencia cívica y democrática de la oposición venezolana. Según ha declarado el propio Gobierno, el objetivo es que estas milicias agrupen en poco tiempo a más de dos millones de ciudadanos que actuarán como verdaderos guardianes de la revolución con sus camisetas y gorras de baseball rojas, dispuestos a defender por la fuerza el nuevo orden socialista.

Pero el problema del petróleo tiene una derivada que complica la lectura estratégica de todo este escenario. Estados Unidos compra 900.000 barriles diarios a Venezuela y Chávez sabe que hay otros compradores dispuestos a pagar el mismo precio y en la misma moneda. En mi opinión, este factor es el que impide lecturas y análisis precipitados sobre el papel que Estados Unidos tiene y tendrá en la evolución de lo que es una amenaza regional en toda regla.

Como ocurre en el caso cubano, es un error pensar que Estados Unidos lo puede todo, como sin ninguna gracia ha afirmado el multimillonario reverendo Pat Robertson. Los enemigos de Estados Unidos no son débiles y tienen instrumentos de presión peligrosos. Los americanos del norte saben que Castro puede hacerles daño, provocando una crisis migratoria de grandes proporciones al librar, por ejemplo, de la noche a la mañana un millón de cubanos en las costas de Florida. Hoy las armas de los dictadores no tienen por qué tener cabezas nucleares y pueden cobrar tanto la forma de un barril de petróleo como la de un pobre inmigrante, hambriento y desesperado.

METÁSTASIS DE LA REVOLUCIÓN

El caudillo venezolano lo ha dicho muy claro y en repetidas ocasiones: «No me iré antes del 2021», «La revolución será mundial o no será». Chávez quiere exportar su movimiento y para ello tiene una estrategia que ya está en marcha. El fracaso relativo de la democracia latinoamericana que supone que, según datos de Naciones Unidas, más de la mitad de la población hispana del continente americano se declare partidaria de regímenes autoritarios que combatan la injusticia y la corrupción, es el mejor caldo de cultivo para una estrategia que quiere utilizar la democracia como caballo de Troya de una revolución que no se agota en Venezuela y Cuba.

El excedente de tesorería no sujeto a contraloría que genera el petróleo de Venezuela se calcula, en la actualidad, en unos 10.000 millones de dólares. Eso quiere decir que esa cantidad se puede gastar en aquello que Chávez considere conveniente para sus objetivos regionales. Quién más y quién menos sabe lo que cuesta una campaña presidencial en Latinoamérica. Con diez millones de dólares se hace una campaña de primera calidad y en el año entrante se van a celebrar once procesos electorales en toda Latinoamérica.

El Movimiento Quinta República de Chávez ha elaborado un plan de colaboración estructurada con todos los partidos de extrema izquierda del continente dispuestos a comulgar con la estrategia del mandatario venezolano. Así, podemos hacer un somero repaso de algunos casos que ya han sido verificados y que podrían dar resultado en un futuro no muy lejano.

Chávez colabora con Daniel Ortega, que sigue liderando el Frente Sandinista de Nicaragua y que tiene posibilidades de recuperar el poder el año que viene en el país de los volcanes y los tiburones de agua dulce. También está estructurada la cooperación con el FMLN salvadoreño, que con el paso del tiempo se ha ido deshaciendo de sus elementos más socialdemócratas para ser en la actualidad una formación política dirigida en exclusiva por el partido comunista.

Hasta en la pacífica Costa Rica la injerencia de Chávez ha sido denunciada por el propio presidente de la República, el psiquiatra social cristiano Abel Pacheco.

En Bolivia ya hemos comprobado cómo se derroca un gobierno constitucional mediante la presión en la calle y con un liderazgo emergente que combina todos los elementos del discurso de Chávez, como es el del líder cocalero Evo Morales. No es casualidad que cuando Chávez acudió a la toma de posesión del nuevo presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, lo hiciese acompañado en su avión oficial por el líder cocalero bolivariano.

Ecuador también es un territorio en el que la institucionalidad pasa sus horas más bajas y donde las tensiones entre la costa de Guayaquil y la sierra de Quito no hacen imposible la emergencia de un movimiento autonomista o separatista, similar al producido en Bolivia y la provincia de Santa Cruz de la Sierra recientemente.

Es decir, el peligro que no dudará en atizar el caudillo venezolano es el de la secesión o debilitamiento de las entidades nacionales de unos Estados que están a un tris de convertirse en fallidos.

El Perú también afronta un proceso electoral presidencial con fuertes interrogantes. En los últimos meses se ha visto cómo el movimiento etnocacerista de los hermanos Húmala se va haciendo un lugar en las encuestas. Estos dos hermanos militares, acusados de golpismo y de promover la subversión con el clásico discurso del «Todos fuera», ya han sido cortejados por Chávez y nadie discute que su ruido mediático se financia con los petrodólares del caudillo bolivariano.

ESTRATEGIA INTERNACIONAL

Esta estrategia de penetración a través de la financiación de las campañas electorales de partidos políticos aparentemente democráticos se complementa con una estrategia internacional que también presenta perfiles preocupantes. Chávez ha anunciado su iniciativa del anillo energético a través del cual pretende condicionar los suministros de toda la región.

Pero hay más. Hace dos meses. Chávez anunció la creación de PetroCaribe como plataforma de suministro a precios ventajosos de petróleo a los microestados del Caribe, que si bien no tienen peso estratégico en la región, sí son miembros de pleno derecho con voto en el CARICOM, en la OEA y en Naciones Unidas.

Este anclaje en organizaciones internacionales y regionales no es despreciable en una estrategia en la que, tarde o temprano, se van a producir fricciones con el norte. Pero no todo se reduce a la colorista y mágica Iberoamérica, pues los contactos de Chávez son de alcance global y sus conexiones con el mundo islámico son cada día más visibles.

Hace pocos meses Chávez firmó un acuerdo de cooperación energética con Irán y no son pocos los analistas que no descartan que esa cooperación acabe llevándose al terreno de la energía nuclear.

También y aunque esto último parezca la guinda de un burdo guión de una película de Hollywood, lo cierto es que en Caracas se han visto recientemente delegaciones de miembros del Gobierno de Corea del Norte. ¿Qué hacían? No lo sé.

REARME MILITAR

Por último, una breve referencia al rearme militar de Venezuela, promovido por Hugo Chávez. Ha sido ampliamente comentada, y con preocupación, la compra de 100.000 fusiles de asalto realizada por el ministerio de Defensa venezolano a los rusos, máxime cuando el ejército regular de Venezuela no supera los 30.000 efectivos.

Pero más preocupante es que se estén construyendo cerca de la frontera colombiana varias fábricas de munición para esos mismos fusiles de asalto rusos que, ¡vaya coincidencia!, utilizan la misma munición que la guerrilla colombiana de las FARC.

El pasado 28 de agosto, el presidente Hugo Chávez se vanagloriaba en la televisión de este rearme para hacer frente al peligro imperialista y explicaba que este proceso de modernización había sido posible gracias a la colaboración de países como ¡España!

Hace unos meses, cuando el presidente Zapatero visitó Caracas en viaje oficial para suscribir el acuerdo de venta de material de defensa al caudillo venezolano, decidió visitar a la colonia española en la Hermandad Gallega. Al llegar a las puertas del local se encontró con una incómoda situación que puso nerviosos a los servicios de protocolo y de seguridad de la presidencia del Gobierno. Un grupo numeroso de compatriotas le recibieron con gritos de censura y una pancarta que decía: «Zapatero, madura: aquí tenemos dictadura».

Álvaro Uribe y el camino hacia el interés general en Colombia


El camino de la servidumbre1 se refería al emprendido por las economías planificadas, según la voz de alarma que daba Hayek en Londres en 1944. En ese libro señalaba los peligros a los que se enfrentarían los países que, siguiendo la estela alemana, italiana y rusa, continuasen impulsando políticas de centralización económica. El resultado sería la aniquilación de la libertad individual y, en suma, la victoria del totalitarismo con el que precisamente se estaba en guerra en ese momento. Porque el centralismo planificador, tras abolir la propiedad privada, pone en manos de autoridades funcionariales el desarrollo del país; y el que la autoridad sea una y se ejerza sobre todos los ciudadanos en todos los aspectos de su vida, impide, según el vaticinio de Hayek, precisamente ese desarrollo.


Ahora bien, hay en la actualidad países cuya falta de desarrollo no se puede atribuir a la planificación estatal. En Iberoamérica, como en otras regiones del mundo, el Estado brilla más por su ausencia que por el control ejercido sobre la vida de sus ciudadanos. Un reciente estudio sobre Estados fallidos2 indicaba que, junto a Haití, la República Dominicana y Venezuela, Colombia se encuentra entre los Estados iberoamericanos con más indicios de haber fracasado. La deslegitimación del Estado, los desplazamientos, las presiones demográficas y los desequilibrios en su desarrollo son los factores que sitúan a Colombia en el puesto número 14 del mundo de Estados fallidos, entre Corea del Norte y Zimbabwe.


COLOMBIA, ¿ESTADO FALLIDO?


El abandono de las funciones del Estado colombiano no ha sido sólo territorial, impuesto por las acciones terroristas de las FARC, los paramilitares de la AUC o los narcotraficantes. También lo ha sido administrativo y legal. Siguiendo la terminología de Hernando de Soto3, la arquitectura legal en Colombia que permite aplicar los beneficios de la propiedad privada para la generación de capital está reservada a los pocos que se encuentran dentro de la «campana de cristal» (bell-jar) que marca los límites de la economía formal.


Los que se hallan fuera del sistema están abocados a una economía informal en la que el Estado no garantiza la seguridad jurídica que requieren los títulos de propiedad para ser movilizados y convertirse en capital productivo. Al mismo tiempo, quien, al estar en la economía sumergida, no contribuya a los ingresos del Estado, por lo general, tampoco será receptor prioritario de sus servicios básicos y se tendrá que poner al final de la cola para recibirlos.


El origen de las enormes desigualdades que marcan las economías iberoamericanas está en esta disfunción estatal. Una disfunción que no es la de planificación de la actividad económica, sino la de la falta de un Estado de derecho que abarque a todos los miembros de una misma comunidad. Si en el primer caso se utiliza la ley para primar los intereses de ciertos grupos privilegiados, en el segundo los privilegios derivan del hecho que la ley sólo se aplica, en términos prácticos, a los estratos más altos de la sociedad. El problema aquí no es, como denunciaba Hayek, el ámbito (scope) de aplicación de la ley, sino su aplicación práctica. La previsibilidad de los efectos de la ley planificadora (que también denunciaba Hayek por cuanto negaba el libre albedrío de los individuos para provocar efectos no previstos) se aplica de igual forma a los casos de ausencia de ley formal, causando pobreza, frustración y falta de libertad.


auyecheigecimagen1.jpgEn este contexto, el problema de la corrupción adquiere una nueva dimensión. De la misma manera que, como escribió Hayek, la planificación socialista lleva inexorablemente al totalitarismo, la exclusión de una parte de la sociedad del ámbito de aplicación de la ley lleva a la corrupción generalizada. Cuando la política no es nacional, cuando los intereses que se defienden no son generales, las bases están echadas no sólo para que la corrupción exista, sino para que se convierta en un obstáculo insalvable para el desarrollo. En este caso, los frutos del desarrollo nunca son verdaderamente repartidos, contrariamente a lo que ocurrió en Asia donde, pese a altos grados de corrupción, sí que hubo voluntad de sacar a las poblaciones de la pobreza.


Los datos económicos de desigualdad en Colombia son contundentes. Casi dos de cada tres colombianos son pobres según la clasificación del Banco Mundial, es decir, viven con ingresos de menos de dos dólares al día. Sin embargo, el PIB per cápita diario es de alrededor de 5 dólares. Esto se debe a que el 20% más rico de la población controla más del 60% de la riqueza del país. Este es precisamente el 20% de la población colombiana que sí disfruta de los beneficios derivados de la aplicación de un Estado de derecho.


Ahora bien, más allá de los derechos de propiedad privada, la función que se le exige a un Estado es el mantenimiento de la paz y la seguridad. Y, por desgracia, la incapacidad del Estado colombiano en este sentido ha sido aún más flagrante4. En los cuarenta años que dura el conflicto han muerto más de 100.000 colombianos. En la actualidad, hay entre dos y tres millones de desplazados internos en Colombia (y, evidentemente, ni el Estado de derecho ni prácticamente la propiedad privada se respetan en los campos de refugiados).


TENDENCIA POSITIVA


Sin embargo, la tendencia en Colombia es claramente positiva, contrariamente a la gran mayoría de los demás Estados fallidos del mundo. La llegada de Álvaro Uribe a la presidencia colombiana en 2002 produjo un cambio radical en la situación del país a través de su política de «seguridad democrática». Valgan algunos ejemplos: entre 2003 y 2004 los homicidios cayeron un 15% (alcanzando la tasa más baja desde 1985); las masacres, un 52%; los secuestros, un 35%; y los desplazamientos forzados, un 37%).


La estrategia del presidente Uribe ha consistido en extender la presencia del Estado en las zonas usurpadas por guerrillas y paramilitares. Así, a finales de 2003 se consiguió tener una presencia policial en los 158 municipios que no la tenían en el momento en que Uribe tomó posesión de su cargo, en agosto de 2002.


La acción militar (enmarcada en el Plan Patriota) ha sido particularmente difícil, dada la falta de efectivos que caracteriza a las Fuerzas Armadas colombianas. Un país con una población similar a la española, un territorio que dobla el español y unos problemas de seguridad derivados de los alrededor de 20.000 guerrilleros de la FARC (más los decrecientes 10.000 del ELN) y un número similar de los paramilitares de las AUC (de los que se ha desmovilizado a más de 5.000), dispone de poco más de 160.000 efectivos militares (España tiene cerca de 130.000). Los gastos en defensa han aumentado del 2% al 5% del PIB, pero con una economía (formal) que representa sólo una décima parte de la española, las cifras absolutas son pequeñas. Se calcula en unos 18.000 millones de dólares lo gastado en Defensa hasta ahora por Uribe, a lo que se suma la parte proporcional de los 3.500 millones de dólares aportados por Estados Unidos a través de su Plan Colombia desde el año 2000.


Pese a la modestia de estos medios (particularmente en relación a las fuerzas a las que se enfrenta), los resultados han sido espectaculares. Frente a un Gobierno que por fin conseguía que el Estado proporcionase el bien público que más justifica su existencia -la seguridad-, los sondeos de opinión han dado dos vuelcos. Por un lado, la media en la cota de popularidad del presidente desde 2002 ha sido de alrededor del 70%; y, por el otro, las encuestas sobre las mayores preocupaciones de los colombianos han comenzado a estar dominadas por problemas más comunes a los Estados no fallidos como, por ejemplo, el desempleo5.


REELECCIÓN


El proyecto de reforma constitucional que permita al presidente en ejercicio presentarse para su reelección debe ser analizado en este contexto. La reforma -aprobada en diciembre de 2004, pero pendiente aún de un dictamen de constitucionalidad que la Corte Constitucional deberá emitir antes de final de año- es un hito en la política iberoamericana por una principal razón: crea un precedente por el que un dirigente político es considerado un activo nacional y no un mal necesario a sufrir hasta que sea reemplazado por el siguiente.


Las reformas constitucionales que han hecho tantos países de la región -en Colombia en 1991; en Centroamérica tras los acuerdos de paz que terminaron con sus conflictos civiles- para limitar a uno los mandatos de sus presidentes son ciertamente sorprendentes. Muy poca confianza se debe tener en las capacidades e intenciones de los políticos de estos países si se les obliga constitucionalmente a irse tras cuatro o cinco años de gobierno. Pero, no siendo esta afirmación ninguna novedad, lo realmente significativo es que, por fin, la población de un país iberoamericano demuestra que realmente quiere que les continúe gobernando un dirigente, incluso si supone cambiar la Constitución.


Todavía no es seguro que Uribe pueda presentarse a las elecciones de mayo de 2006 (que serán precedidas por unos comicios legislativos en marzo). Dependerá de la decisión de la Corte Constitucional. Y, aunque se presente, nada asegura que las vaya a ganar; una ofensiva de las FARC en las semanas o meses previos podría dar al traste con el sentimiento de seguridad que su presidencia ha traído al país. Pero lo indudable es que la nación colombiana ha mostrado, seguramente por primera vez en mucho tiempo, estar unida detrás de una causa política.


UN NUEVO PATRIOTISMO


La razón principal de que las naciones iberoamericanas (en caso de existir realmente, lo cual es discutible para muchos países) hayan estado tan fragmentadas es que sus gobiernos no han gobernado con un sentido de interés general. Si la acción de gobierno no tiende a unificar a sus ciudadanos; si no busca la mejora de las condiciones de vida de todos; si no aspira a integrar a todos dentro de un mismo marco de convivencia legal (idóneamente, el Estado de derecho), el pueblo se divide y el consenso es prácticamente imposible de alcanzar.


La reacción de los colombianos ante la posibilidad de que Uribe continúe en su cargo es prueba de ello, sensu contrario. Uribe sí que ha aspirado a desarrollar una política -en particular, de seguridad- de la que se puedan beneficiar todos: tanto los ricos a los que ya no se secuestrará, como los pobres a los que ya no se masacrará, ni desplazará. El verdadero patriotismo se demuestra unificando a la nación; el populismo teñido de los colores de la bandera nacional proclama la unidad pero en realidad divide al unir a unos mediante el conflicto con otros.


La transitoriedad del poder es una de las fundaciones del ideario liberal. El poder político no es intrínseco al hombre, sino al cargo que ocupa. Por ello, la persona ejerce poder mientras ocupa el cargo y lo pierde al dejarlo. El poder personal es característico de los sistemas autoritarios en los que el monopolio de poder de uno se consigue a través de la reducción de las libertades de todos los demás.


Los esfuerzos, por lo tanto, de Álvaro Uribe por continuar en el poder podrían ser considerados como una amenaza para las libertades de Colombia. Sin embargo, como ha intentado defender este artículo, mientras Uribe gobierne teniendo el bien general como objetivo, la posibilidad de que se vuelva a presentar estará justificada.


GARANTIZAR LA LIBERTAD


Ahora bien, hay un dato inquietante que nos trae de vuelta a las consideraciones expresadas en el comienzo de este artículo. Existen indicios de que, pese a que el agregado de las cifras de seguridad ha mejorado espectacularmente, dichas mejoras se han centrado en las ciudades de Bogotá y Medellín. De ser ciertos, estaríamos enfrentados al mismo problema de «campana de cristal» que sufren los colombianos abocados a la economía informal, disfrutando unos más que otros de los servicios del Estado. La desigualdad económica se vería multiplicada de esta manera por una de seguridad personal.


Por ello, una verdadera política de interés general deberá, en un hipotético segundo mandato de Uribe, atacar los muy graves problemas de desigualdad en el país en todos los aspectos. Desigualdades que son de renta, pero que, en el fondo, como nos recuerda Amartya Sen en Development and Freedom6, son de libertad. Los colombianos más desfavorecidos no tienen ni la seguridad, ni la cobertura jurídica, ni la salud, ni la educación para desarrollar todas las capacidades y aprovechar todas las oportunidades que una verdadera libertad les proporcionaría. Aumentando sus capacidades, Uribe aumentará su libertad. Y aumentando su libertad, aumentará sus capacidades y desarrollo.


NOTAS


1 F. A. Hayek, The Road to Serfdom, University of Chicago Press (50 Anniversary Edition), 1994.
2 Foreign Policy the Fund for Peace, The Failed State Index, julio/agosto 2005.
3 Hernando de Soto, The Mystery of Capital, Basic Books, 2000.
4 Dejo en el aire la cuestión de si su incapacidad en el primer sentido ha podido influir en su fracaso en el segundo, dadas las distorsiones que provoca el fenómeno del narcotráfico, aunque es indudable que la ilegalidad fomenta la ilegalidad.
5 Un dato muy revelador de los sondeos del Latinobarómetro es que la mayor preocupación de los iberoamericanos es, con veinte puntos de diferencia, el desempleo. No la educación, ni la sanidad ni ninguno de los otros servicios a los que, en tan gran proporción, son más apoyados por la cooperación occidental al desarrollo. Por supuesto, la ayuda se debe centrar en las necesidades de los más pobres, pero da que pensar el hecho de que lo que más quieren los iberoamericanos es lo mismo que los españoles y tantos otros: un empleo, una fuente de ingresos que les permita decidir por su cuenta en qué se gasten el dinero.
6 Amarcya Sen, Development as Freedom, Anchor Books, Nueva York, 2000.

America, América

La mayor parte del inmenso continente americano, desde el río Grande a la Tierra de Fuego, pertenece al mismo mundo histórico y cultural que las naciones de la península Ibérica. Los cientos de millones de hombres y mujeres que pueblan aquellos espacios hablan español o portugués. Hablan esas lenguas y viven en ellas.


Parece seguro que en la segunda mitad de la Edad Media europea algunas expediciones de marinos del norte de Europa -comerciantes, pescadores, piratas o sencillamente exploradores «normandos»- procedentes de Escandinavia o Islandia, pasando quizá por el sur de Groenlandia, tocaron en varias ocasiones las costas continentales de la América del Norte, llegando basta el río San Lorenzo. Seguramente traficaron con los escasos pobladores de la región, pero sin asentarse allí ni pensar en hacerlo, y sin que haya quedado una información precisa de sus viajes, ni de la clase de hombres con que se encontraron esos audaces navegantes «vikingos».


La relación de las coronas ibéricas con el continente americano se inició mucho más tarde, con el «Descubrimiento» de 1492, del que dio noticias el propio Cristóbal Colón a su regreso a España en marzo de 1593. Las embarcaciones de la época se prestaban a más largas travesías y los marinos estaban en posesión de instrumentos de navegación más avanzados. Al principio, tras el retomo de las primeras expediciones, en la Península y en toda Europa se hablaba de las Indias, porque era adonde se habían dirigido los navegantes españoles y donde creyeron haber llegado.


En pocos años hubo varios viajes más que alcanzaron la Tierra Firme y las exploraciones se fueron extendiendo por la costa hacia el sur. Una de las expediciones de más largo recorrido fue desde las bocas del Orinoco hasta Patagonia, y los navegantes cobraron conciencia de que por aquellas tierras no había camino hacia el oeste y que tanto el Cipango (China) como la India, que los portugueses habían alcanzado costeando África, quedaban lejos y probablemente con mares de por medio.


Esta historia viene a cuento del nombre de América, con que desde siglos ya se conoce a todo el continente. Uno de los más destacados navegantes y pilotos de esos últimos años del siglo XV y primeros del XVI era el itálico Amerigo Vespucci o Vespuccio, de Florencia (1454-1512). Fue amigo de Colón, a quien ayudó a preparar su segundo viaje. Unas veces al servicio de la Corona portuguesa y otras de la española, capitaneó entre 1497 y 1504 cuatro expediciones al Mundus novus, como muy pronto se empezó a decir, y escribió unas relaciones de ellas, en una de las cuales describía esa primera navegación que había alcanzado la Patagonia. Al regresar a Lisboa en 1502 Vespuccio estaba convencido de que aquella tierra no era la de las Indias, sino otro continente.


Estos documentos se difundieron pronto por el centro de Europa, despertando el interés de los cartógrafos franceses y alemanes. Uno de ellos, Martin Waldseemüller, publicó en 1507 las Quattuor Americi Vesputii Navigationes junto con una Cosmografía suya, inspirada en el recién descubierto Ptolomeo. Desconociendo la hazaña colombina y los otros viajes anteriores, el tal cartógrafo proponía que el mundus novus se llamara América, por el nombre del que él creía que lo había descubierto: «Amerigen, quasi Americi terram sive Americam».


En un planisferio del propio Waldseemüller aparece escrito por primera vez el nombre «America», si bien aplicado sólo a la América del Sur. Esa denominación no proviene de ningún anticolombianismo o antihispanismo, sino de la falta de información, o ignorancia, de un cartógrafo alsaciano. En los últimos años de su vida, Vespuccio, ciudadano español ya, fue una especie de «gran navegante», encargado por la corte de España del examen y eventual autorización de los pilotos y armadores que querían ir a «las Indias».


Durante largo tiempo aún el lenguaje «oficial» de la Corona siguió hablando de las Indias, así como también los historiadores y cronistas del siglo XVI: Gomara, Oviedo, Mariana, Juan de Castellanos, etc. Mientras tanto las circunscripciones que se iban creando -virreinatos, capitanías, audiencias- recibían nombres castellanos (Nueva España, Nueva Granada, Río de la Plata, etc.) o conservaban, más o menos adaptados, otros de origen local: Perú, Guatemala, Panamá, etc. Pero en el uso común de la lengua española la voz América, designando el continente, o una nueva parte del mundo –el mundus novus-, estuvo plenamente introducida ya en el siglo XVI. Uno de los principales personajes del Quijote, el «cura» del lugar del famoso caballero, hablando de literatura con el canónigo de Toledo en el capítulo cuarenta y ocho de la primera parte de la novela, critica que haya comediógrafos que no respetan las «unidades» de la preceptiva y escriben piezas tan inverosímiles que tienen como escenario en un acto Europa, en otro Asia y en otro África. «Y aun si fuera de cuatro jornadas -añade el clérigo manchego-, la cuarta acababa en América, y así se hubiera hecho en todas las cuatro partes del mundo».


A principios del siglo XIX, en las Cortes de Cádiz, se hallan presentes o representados, junto a los diputados peninsulares, los de las diversas circunscripciones americanas, porque unos y otros forman parte de «la Nación española» que «es la reunión de todos los españoles de ambos hemis.ferios», según el artículo primero de la Constitución de 1812.


Desde la Independencia de las repúblicas americanas los destinos de esos nuevos Estados y España circularon por caminos diversos y en ocasiones enfrentados. Pero la comunidad de lengua y de tradiciones culturales y sociales siguió constituyendo un nexo para el que no existía el océano. Sus escritores eran los nuestros y buena parte de nuestras costumbres, las suyas. En esa misma centuria, especialmente en sus últimos tramos, empezó a desarrollarse y a crecer un flujo migratorio de aquí para allá, particularmente en dirección a algunos Estados. Esa tendencia prosiguió en el novecientos, dando lugar a nutridas colonias de españoles, «gallegos» en Buenos Aires e incluso «gachupines» en México, algunos de los cuales, o sus hijos, regresaban como «indianos» a la patria de sus mayores, pero de ordinario sin romper con las tierras ultramarinas en que habían estado y seguían considerando suyas.


A esos emigrantes se unieron unos miles -no tantos como a veces se escribe o se dice- de exiliados de la guerra civil. Muy notorio ese fenómeno por la calidad humana y profesional de una parte de ellos, que pertenecían a los sectores sociales e ideológicos dirigentes de la segunda República. No hay que olvidar tampoco que, especialmente desde los años finales del decenio cincuenta y siguientes, fueron varios centenares, quizá unos pocos millares, los latinoamericanos que vinieron a España para cursar o ampliar estudios: profesionales, docentes, políticos, etc., para los que nuestro país España era una puerta abierta a Europa, fácilmente accesible desde aquí.


En el último cuarto de siglo el panorama es más abierto, más de doble dirección y más prometedor. Con la Transición, España se ha modernizado política, económica y socialmente. Además la tecnología industrial, comercial y financiera de nuestra nación ha alcanzado niveles exportables, mientras las posibilidades del inmenso continente de lo que se llamó el «Nuevo Mundo» son atractivas no sólo para los españoles sino para los otros países europeos a los que España -presente en la Unión Europea, en la moneda común y en crecimiento incluso ahora que parece haberse vuelto más lento el proceso- puede servir de estímulo y de cauce para lo que se suelen denominar joint ventures.


Nuestros dos mundos, el peninsular y el americano, están más cerca que nunca y se prestan mejor que en otros momentos de la historia a cooperar en empresas culturales, económicas, industriales, financieras y sociales de interés común.


Las «Cumbres iberoamericanas» son ya una tradición y casi una costumbre que por parte española han contribuido a crear -o fomentar- gobiernos de distinto signo político. El paso siguiente debe ser que su celebración, como debería ocurrir con la de este año, se convierta en un acontecimiento.

Revistas culturales, digitales, contraculturales…espectaculares

PARA TODOS LOS GUSTOS DE AMÉRICA

Hasta hace poco, ¿treinta años?, ¿veinte años?, la imagen que daban los intelectuales y la cultura era triste, acartonada, hippie, miserable y probretona. Hoy —¡de quién es la culpa?, ¿los yuppies?, ¿el capitalismo?, ¿los gringos?, ¿el nuevo periodismo?-—, la cultura es más alegre y cachonda; tan apetecible y jugosa como un bife de chorizo argentino. En América Latina hay violencia y más muertos qué en tiempos de la conquista (es una exageración, pero…); índices de analfabetismo salvajes, índices de lectura que avergonzarían a cualquier país europeo (en Colombia cada persona lee menos de un libro por año: un número misterioso que es 0,75%), sin embargo, para bien o para mal, las revistas culturales gozan de buena salud comercial y creativa.

Sobreviven y se multiplican. Se fortalecen con avisos de BMW o con las ventas entre un público cada vez más nutrido. El continente no es el paraíso de los filósofos y los literatos y no hay ningún magnate de medios que pueda encender un tabaco con un billete de cien dólares gracias a que su revista de poesía haya dado ganancias millonadas; no: la cultura sigue siendo marginal y monopolio semiexclusivo de las «élites», pero definitivamente cada vez es más pop, más asequible, y como afirman los filósofos canadienses Joseph Heath y Andrew Potter, se hace cada vez más patente que rebelarse vende.

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¿Por qué? Todas estas revistas tienen su origen y su comienzo definitivo en la palabra rebeldía. Hay directores y editores «rebeldes». Periodistas «rebeldes». Críticos subversivos, literatos inconformes y lectores furiosos que en su anhelo por algo mejor deciden meterse la mano en el bolsillo y esparcir su punto de vista por todas partes. «Etiqueta Negra nació por la vía negativa», dice Julio Villanueva Chang, uno de los mejores cronistas de América Latina, peruano, soñador y con un alma de empresario que superó las expectativas de todos sus colegas con una revista de la que, últimamente, hablan todos. «Estábamos cansados de hablar mal de otras revistas —dice—. No queríamos ser esclavos de la actualidad. No queríamos ficción. No queríamos efemérides. No queríamos que fuera académica ni literaria. No queríamos…».

El resultado fue una revista de non fiction que privilegia la crónica sobre todas las cosas. Los temas van desde la familia Simpson hasta un viaje gastronómico por el corazón de Camboya. Interesante, pero… ¿es una revista cultural?

En América Latina el acto de leer es subversivo. La mayoría de diarios tiene el modelo «ideal» del USA Today. Noticias breves y frescas. La lectura ha sido limitada a una ojeada veloz. Por lo tanto ofrecer una revista para leer y, peor aún, para leer con gusto, es un acto revolucionario. La cultura se había satanizado desde los medios. La culpa, en gran parte —porque no siempre los malos son los que están «allá»—, la tuvo una camada de académicos y personas en exceso «cultivadas y profundas» que se empeñaron en escribir para sus grupos. Durante varios años se publicaron escritos de filósofos y críticos de arte que ni siquiera comprendían ellos mismos. Se abusó de términos como hermenéutico y posmodernidad y de miles y millones de citas a pie de página que cobraban más importancia que el propio texto. Su marginalidad los llenaba de orgullo, ¿pero para qué? Pocas revistas de ese talante han sobrevivido. O lo han hecho y continúan tan desconocidas como desde el día que nacieron. Su labor social, por decirlo de alguna manera, ha sido patéticamente nula. En especial en el poderoso vecino de los Estados Unidos, tierra de Rulfo y Octavio Paz…

«En mi opinión las revistas culturales en México —me dice el editor de la revista Wow, Gerardo Lammers— hace tiempo que están a la baja y tal vez por una razón obvia: tienen menos lectores de los que dicen que tienen. Y, desde mi punto de vista, tienen pocos lectores porque no se han renovado en sus conceptos de lo que es o no es la cultura. A estas alturas del partido lucen un poco acartonadas, al margen de que hayan renovado o no su diseño. Responden al viejo modelo de revistas culturales mexicanas (que, creo, está por agotarse): revistas que sirven a grupos de intelectuales que se disputan el poder y el dinero que reparte el Estado. Por otro lado, han comenzado a surgir otro tipo de revistas que, en algunos casos, ofrecen una visión más contemporánea sobre asuntos culturales, pero que no necesariamente se consideran como «culturales». Habrá que ver si se trata de una moda o no, pero el caso es que en los últimos tres o cuatro años han aparecido publicaciones para jóvenes cuyo denominador común podría ser una conexión con el arte contemporáneo y una visión más desenfadada de diferentes asuntos, incluidos los culturales (aunque esta visión en algunos casos peque un poco de frívola o hueca). Entre estas revistas se podría poner a Celeste, Wow y Picnic. Quizá las nuevas revistas culturales (aunque no se acepten como tales) están cambiando hacia otra cosa, tomando elementos de las clásicas revistas culturales. Una onda híbrida», concluye Lammers.

 

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En esa onda «híbrida» se podrían citar dos ejemplos más, la primera es la revista de la que soy editor: Gatopardo. Es una mezcla entre Vanity Fair y Esquire. Circulamos en toda América Latina y presumimos de contar con las mejores firmas del continente. Hay crónicas y temas de todo tipo, desde un perfil completo del diseñador John Galiano hasta uno de Guillermo Kuitca, el artista argentino y latinoamericano más relevante de los últimos años. Podemos contar con un artículo de Tomás Eloy Martínez y con un especial fotográfico con los mejores chefs de América Latina. Podemos combinar un artículo de Chuck Palahniuk sobre Juliette Lewis con uno de Martin Amis sobre los niños asesinos de Cali. Nuestros artículos no tienen menos de cuatro mil palabras y son para leer.

Hay otro tipo de propuesta híbrida mucho más radical en Colombia. Se trata de la revista SoHo. Es una revista definida para hombres y su fuerte son los semidesnudos de las mejores modelos de Colombia. Es una de las más leídas. Tiene un diseño impecable y un tamaño notable. Su contenido mezcla los restaurantes de moda y columnas de un escritor como Fernando Vallejo. Hace poco —al mejor estilo Dickens— empezó a publicar una novela por entregas.

Otro tanto podría decirse de la clásica Rolling Stone, un icono contracultural por excelencia, y que en América Latina tiene franquicias en Argentina, la región andina y México. «Rolling Stone —me dice Marta Orrantia, editora de la edición de la región andina—, más que una revista cultural, es una revista sobre la cultura pop. Sus textos, sin importar si habla de música, de política, de arte, de libros, de cine o de un desastre natural, siempre se hacen pensando en un público ávido de buena lectura, al que le interesa saber de Norman Mailer o de Mótley Crüe, que quiere informarse sobre las últimas noticias de Chávez y leer la historia de Joe Arroyo, contado a través de la crónica y el reportaje, que han sido parte esencial de la revista desde sus comienzos».

Hace años Mario Jursich, subdirector de la revista El Malpensante (Colombia), me dijo que en el momento de plantear el nacimiento de la revista estaban cansados del modelo francés. No querían ensayos aburridos. El Malpensante publica textos tipo New Yorker; textos inteligentes, satíricos, y sobre todo, exquisitos. Se leen de un tirón. Su misión —desde hace poco más de seis o siete años— ha sido provocar y crear una especie de diálogo intelectual con sus lectores. «En Colombia —me dijo en otra ocasión— la gente resuelve sus peleas con balas. Nosotros proponemos pelear con palabras». Su sección de cartas es extensa y tan sólida como sus artículos más sesudos. Hay de todo: cine, literatura, ficción. Incluso periodismo puro y duro: el año pasado ganaron el premio nacional de crónica con un magnífico texto sobre Afganistán que ocupó todas las páginas de la revista.

Pero el premio mayor para todos ellas es algo que hace veinte, treinta años, era impensable: ¡las leen! En Colombia El Malpensante, Mundo, Arte en Colombia (mejor conocida por fuera del país como Art Nexus) y Número; Etiqueta Negra en Perú; Barcelona, La Mujer de mi Vida y Llegas a Buenos Aires en Argentina; Wow, la famosa Letras Libres, dirigida por Enrique Krauze, que de alguna manera se ha querido ver a sí misma como heredera de Vuelta, la clásica revista de Octavio Paz; Nexos y la lujosa Artes de México, The Clinic y Rocinante en Chile; Plátano verde en Venezuela; la lista es mucho más larga, pero por deficiencies de memoria o por simple ignorancia, se me quedan varias por fuera. Pero puedo decir que todas son admirables. Vengan de donde vengan. Libres. Independientes. Alegres. Y cada vez con propuestas más osadas y maravillosamente canallas como Barcelona y The Clinic que, por su lado, hizo su estruendosa aparición en Santiago de Chile mientras Pinochet se encontraba preso en Londres. Estas son las que se salen del molde de manera más estruendosa y radical, con propuestas que definitivamente no son las más convencionales.

Lejos de la contracultura, y dentro del propio «establecimiento», hay sin embargo casos excepcionales como Ñ, del diario Clarín de Argentina. Es una mezcla entre El País Semanal y Babelia que sólo cuesta 50 centavos y tiene tal éxito que se vende aparte del diario. «No pagaría mucho más por la revista, pero así está bien», me dice el mismo Marchetti. «Te enterás de varias cosas y, si te interesa un libro, vas y te lo comprás —continúa—. O vas a ver esa muestra, o te compras un disco. Algunas entrevistas están bien, porque tienen un espacio importante para que hable gente que siempre rinde en las entrevistas: David Viñas, Juan José Sebreli, Ricardo Piglia o César Aira, por ejemplo, todos polemistas brillantes.

La competencia —sólo en la Argentina— no se queda atrás y Radar y Radarlibros, de Página 12, son una contraparte dura y aguerrida: en sus páginas se sienten presencias tan potentes como la de Rodrigo Fresán y Alan Pauls.

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En Colombia, país que vivo y sufro, los suplementos culturales de los diarios no tienen ese peso. Hace poco salió un suplemento excepcional, Semana Libros, de la revista Semana. No ha tenido continuidad pero es una promesa interesante. Sus pocas apariciones —dos o tres— han generado ese cariño tan necesario por los libros y por un comentario filoso.

Por ahora sólo hay que conformarse con el recuerdo del magazín dominical de El Espectador. Todos los nerds de mi generación alguna vez descubrieron allí un autor o una referencia que luego se hizo indispensable, de no ser por el magazín nunca hubiera conocido autores como Kerouac o Ambrose Bierce. Yo era un muchacho de provincia y en mi ciudad no había —todavía no hay— una sola librería decente.

Y finalmente esa es la misión de las revistas culturales. Ser el caldo de cultivo para subversivos y perezosos, para inconformes y para gente que «quiere leer pero no tiene el hábito de comprar libros», como dice Julio Villanueva Chang. Son la cuna de los intelectuales de cada generación. Hace poco salió al mercado, bajo el sello Lumen, en coedición con la Universidad Nacional de Colombia, una antología de artículos de la revista cultural más importante de Colombia y tal vez de América Latina hace cincuenta años: la revista Mito. Entre sus páginas encontré una verdadera joya: la crítica de Pedro Páramo, hecha por Carlos Fuentes, que dice: «Con Pedro Páramo, publicada recientemente por el Fondo de Cultura Económica en su serie Letras Mexicanas, el joven Juan Rulfo renueva y fertiliza el campo de la novelística mexicana», ¡se imaginan! ¡El joven Juan Rulfo!

Esperemos que los jóvenes que publican ahora sean leyendas dentro de cincuenta años… por ahora tienen una ventaja: internet. La clase intelectual de América Latina está más conectada que nunca: el email reemplazó la vieja correspondencia, ha aligerado todo y, como en este caso, un texto puede viajar miles de kilómetros sólo con un send.

La Asociación Estratégica Birregional entre le UE y ALC

 

La primera cumbre entre la Unión Europea (UE) y América Latina y del Caribe (ALC), que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1999, marcó como objetivo claro el inicio de un proceso para alcanzar una Asociación Estratégica Birregional basada en estos tres pilares: el diálogo político, la cooperación y el libre comercio. Se han criticado a veces este tipo de reuniones, pues las grandes declaraciones que se plasman en las cumbres no siempre se traducen efectivamente en objetivos concretos; pero entiendo que, realmente, las cumbres contribuyen a ser la escenificación ritual de una voluntad política subyacente, que tiende a generar la energía política necesaria para que la maquinaria funcione.

AL RALENTÍ

Sin embargo, a pesar de que los esfuerzos que se han realizado a lo largo de todos estos años, por parte de las instituciones europeas y por parte de América Latina, han dado algunos frutos, las relaciones UE-ALC siguen sin estar a día de hoy a la altura de sus inmensas posibilidades; y el compromiso de asociación adquirido en Río de Janeiro y reiterado en las cumbres posteriores de Madrid 2002 y Guadalajara (México) en 2004, sigue sin plasmarse en realizaciones concretas de envergadura, tanto por lo que se refiere al ámbito político como al económico, comercial y social.

La responsabilidad corresponde sin duda a ambas partes y procede de una clara falta de voluntad política por parte de los países socios de ambos lados del Atlántico para contraercompromisos a la altura de las ambiciones declaradas, así como por una falta de ambición estratégica y de liderazgo por parte de aquellas instituciones de la UE más directamente encargadas de promover la Asociación.

No hay que olvidar, por otra parte, que vivimos en un mundo complejo y que los sucesos acaecidos desde la celebración de la primera cumbre -atentados terroristas masivos en Nueva York el 11 de septiebre de 2001, en Madrid el 11 de marzo de 2004 y en Londres el 7 de julio de 2005; guerras de Afganistán e Irak; proceso de ratificación de la Constitución Europea o la ampliación…- han ralentizado el proceso de Asociación Estratégica Birregional que podría haber colocado las relaciones UE-ALC en el lugar que les corresponde.

MÉXICO-UE

México fue el primer país con el que la Asociación Birregional dio sus primeros pasos. La entrada en vigor en el año 2000 del Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación entre la Comunidad Europea y sus Estados miembros, por una parte, y los Estados Unidos Mexicanos, por la otra, fue la primera piedra de este camino que estamos recorriendo. Este tipo de acuerdos establece que el respeto a los valores democráticos y a los derechos humanos son el eje en torno al cual giran las relaciones con la Unión Europea; y representan además la institucionalización de un diálogo político regular de alto nivel, que en el caso específico de México extendió la cooperación bilateral establecida en el Acuerdo Marco de 1991.

CHILE-UE

En el caso de Chile y la UE, las cumbres plasman el deseo mutuo de mejora y extensión del marco de relaciones que en un principio vino definido por el Acuerdo de Cooperación de 1990, tras el plebiscito por el que se puso fin al régimen del general Pinochet. El Consejo de la Unión Europea aprobó en 1994, en Essen, el inicio de negociaciones con Chile para la celebración de un nuevo acuerdo, bilateral. Chile se convierte así en el otro gran país con el que la UE ha concluido un acuerdo de asociación en América Latina. Después del referéndum por el que se puso fin al régimen del general Pinochet, Chile fue capaz de reintegrarse en las estructuras internacionales y desde su vuelta al sistema democrático en 1990 se ha caracterizado por la paulatina consolidación de su régimen político y por su buena marcha económica, fruto de políticas serias y duraderas de reforma.

Chile se encuentra por tanto entre tres aliados: la UE, los Estados Unidos y sus inmediatos vecinos latinoamericanos. Esta especial situación, que puede parecer compleja, entraña múltiples oportunidades para el país y, por qué no decirlo, a través de la Asociación también para la Unión Europea. Es decir, que desde su posición privilegiada, Chile está forjando relaciones estables con las tres regiones, siendo entre sus vecinos un ejemplo de apertura, estabilidad y prosperidad.

Europa ha pretendido ofrecer á sus socios un modelo de integración regional, de estabilidad democrática y de seguridad. Como en el caso de México, el Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación celebrado con Chile fue precedido por el Acuerdo Marco de 1996, que sentaba las bases y era el punto de partida necesario para una futura relación estable. En el año 2000 se empezaron las negociaciones y se concluyeron con la firma del Acuerdo Estratégico el 18 de noviembre del año 2002. Este acuerdo marca un punto de inflexión en la elaboración de acuerdos para la Unión Europea, ya que hasta entonces no se había concluido un acuerdo que tuviera una vocación tan global. Se trata de un acuerdo basado en principios y valores comunes con vocación de dotar de estabilidad a esas relaciones y que a la vez se caracteriza por ser muy dinámico. Es, además, global, en el sentido de que no agota sus posibilidades en la letra sino que establece la posibilidad de extensión a áreas de interés común en el futuro respecto a sus tres pilares omnicomprensivos: político, económico y comercial, y de cooperación. Pero es también global porque no comprende solamente a las instituciones, sino que pretende implicar a todos los sectores de la sociedad civil, a los empresarios y los sindicatos, y en definitiva a los agentes económicos y sociales, al mundo estudiantil y a las organizaciones no gubernamentales. Todos ellos tienen un papel que jugar en la definición y elaboración de la relación entre la UE y Chile.

Los ministros reconocieron hace pocos meses que hay signos alentadores de un creciente dinamismo de las relaciones comerciales bilaterales y han recordado que todavía quedan algunos aspectos por desarrollar para optimizar todas las posibilidades que el acuerdo contempla.

VIENA, 2006

Desde el punto de vista de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina los foros de debate siguen siendo múltiples aunque sin lugar a dudas las cumbres de alto nivel entre ambos continentes han servido para impulsar ese deseo de relaciones más estrechas que se han ido plasmando en los acuerdos de asociación. Pero para hacer de Viena un éxito el año que viene, hay que dar contenido real al objetivo de establecer una asociación birregional con América Latina; y hay que adoptar una serie de decisiones sobre ciertos aspectos como son la búsqueda en común de un multilateralismo efectivo y la promoción de una cierta cohesión social. La Declaración de Guadalajara destacó acertadamente que el fortalecimiento de las organizaciones regionales es un medio esencial para reforzar el multilateralismo. Esta aseveración es perfectamente consecuente con las experiencias adquiridas por los procesos regionales de integración en Europa y en América Latina, en las que subyace la aspiración fundamental de superar las rivalidades y conflictos del pasado. En el mundo globalizado actual, tenemos que dar respuesta conjuntamente a los peligros y amenazas que nos afectan a todos por igual.

En Viena habría que adoptar una serie de decisiones fundamentales de cara a favorecer el multilateralismo, como son el postulado de la preeminencia de la Asociación Estratégica Birregional frente a todo intento de privilegiar enfoques bilaterales limitados a determinados socios, porque las relaciones bilaterales entre determinados socios pueden reforzar la asociación estratégica UE-ALC en su conjunto, pero jamás aspirar a reemplazarla.

Por otro lado, sería recomendable que la Cumbre de Viena decidiera en el ámbito de la voluntad y el diálogo político una renovación y puesta al día de la agenda política birregional y del diálogo político ministerial; una concertación en los foros internacionales y en el ámbito del sistema de las Naciones Unidas entre las posiciones de europeos y latinoamericanos; así como la discusión de asuntos de interés mutuo como él fenómeno terrorista, amenazas a la gobernabilidad, corrupción, lucha contra la pobreza, etc.

Se contempla, asimismo, la creación de una Asamblea Transatlántica Euro-Latinoamericana, que integrarían igual número de parlamentarios procedentes del Parlamento Europeo por un lado, y del Parlatino, el Parlacen, el Parlandino, el CPM, México y Chile por otro, de corte similar a la Asamblea Parlamentaria EuroMediterránea que ha surgido en el ámbito de las relaciones euromediterráneas (sobre la base de los Foros Euromed desarrollados desde 1995 a partir de otra propuesta del Parlamento Europeo y sostenida e impulsada decididamente por la anterior Comisión Europea). Esta Asamblea Transatlántica Euro-Latinoamericana proseguiría la tarea de foro de debate político desempeñado hasta ahora por el único marco de diálogo político institucionalizado birregional, que son las conferencias interparlamentarias bianuales UE-AL y garantizaría las tareas de seguimiento y control democrático de la Asociación Estratégica y en particular de los distintos acuerdos de asociación.

Finalmente, la firma de una carta eurolatinoamericana para la paz y la seguridad al objeto de crear un foro donde podamos abordar seriamente las cuestiones relativas a la seguridad y la defensa que, hoy por hoy, no tienen un marco específico, así como la creación de un Centro Birregional de Prevención de Conflictos con sede en América Latina.

INTEGRACIÓN ECONÓMICA

Pero el diálogo político, por muy floreciente que sea, acabará agostándose y reduciéndose a la nada si no se confiere un impulso decisivo a los procesos de integración económica en América Latina, mediante el inicio de la negociación de sendos acuerdos de asociación, con su vertiente de libre comercio con los países de la comunidad andina y comunidad centroamericana, que no deberían estar condicionados a una eventual conclusión de las negociaciones de la OMC, y que han de ser similares a los celebrados con México y Chile y al que está en curso de negociación con MERCOSUR. Existe un debate en la Unión Europea sobre si la integración tiene que ser una condición previa para la asociación o si es una consecuencia de la misma. El Parlamento Europeo entiende que, efectivamente, hay que hacer progresos en la vía de la integración, pero que la integración puede ser una consecuencia de los acuerdos de asociación.

UN ALCA A LA EUROPEA

A diferencia de otros procesos de naturaleza esencialmente económica y comercial como el ALCA, la Asociación Estratégica Birregional UE-ALC presenta un carácter mucho más amplio y ambicioso, que sitúa a la política por delante de la economía y confiere toda su importancia a la dimensión social sin perjuicio de perseguir a la vez una asociación comercial que sea mutuamente beneficiosa para ambas partes. Nosotros promovemos dentro del respeto de los acuerdos bilaterales y regionales que ya han sido negociados o están en curso de negociación, una especie de ALCA con alma, a la europea, en la que se dé una dimensión institucional y una cobertura geográfica completa a las relaciones entre la Unión Europea y América Latina.

Por último, de cara a la promoción de sociedades más equitativas y cohesionadas en ambos socios, es necesario tomar al menos tres importantes medidas concretas que no pueden dilatarse más allá de la Cumbre de Viena: la constitución de un Fondo de Solidaridad Birregional, poner freno al etnonacionalismo y la adopción de decisiones concretas en materia de migración.

Una verdadera asociación requiere un nuevo modelo de cooperación al desarrollo orientado a afrontar las asimetrías, a atenuar el coste del ajuste hacia el libre comercio y a respaldar las políticas públicas y las iniciativas privadas necesarias para afrontar la integración económica profunda que es consustancial a la creación de una zona de libre comercio. Ha llegado, pues, la hora de que la Unión complemente en mayor medida la acción de sus asociados mediante el lanzamiento de una más decidida y generosa política de cooperación al desarrollo, centrada en especial en la lucha contra la pobreza, así como en los ámbitos de la educación, cultural, infraestructuras, social, de la salud y de la migración, conforme al común objetivo de alcanzar las metas de desarrollo del milenio para el año 2015 decidido en Guadalajara y a los compromisos contraídos en la Conferencia de Monterrey sobre financiación para el desarrollo en todos sus aspectos.

Esta nueva política de cooperación al desarrollo debería ser complementada además por medidas adicionales como la apertura progresiva de los mercados de la UE en línea con los objetivos previstos en los acuerdos de asociación; la adopción de un marco legislativo específico que regule la cooperación de la Unión hacia América Latina de forma diferenciada; la apertura de los programas de la UE relativos a la formación profesional, a la educación y en relación con la cultura a los países latinoamericanos; la promoción de programas de cooperación científica y técnica para el desarrollo de fuentes de energía nuevas y renovables y de intercambio de científicos, ingenieros y estudiantes; el apoyo a programas de reformas institucionales y fiscales; y la comparación de ciertos sistemas de pensiones con el fin de lograr que sean seguras y sostenibles.

FONDO DE SOLIDARIDAD INTERREGIONAL

Además es importante un aumento sustancial de los recursos, para lo que el Parlamento Europeo, a parte de proponer un incremento sustancial de las cantidades previstas para el año 2006, ha propuesto reiteradamente la creación de un Fondo de Solidaridad Birregional, que contaría con una aportación de 30 millones, no adicionales, del presupuesto de la Unión para América Latina y que podría actuar como elemento catalizador que, junto con los recursos presupuestarios aportados por aquellos organismos (BEI, BID, CAF, BCIE, Banco Mundial, etc.) y países interesados, podría proporcionar un apoyo presupuestario adecuado que podría situarse en torno a los 500 millones de euros en su primera fase. Las actividades del fondo como tal deberían estar orientadas a la gestión y financiación de programas sectoriales relacionados con la lucha contra la pobreza extrema, la salud, la educación y las infraestructuras en los países y regiones con menor índice de renta per cápita, y con mayores desigualdades sociales.

ETNONACIONALISMOS

El etnonacionalismo afecta a la estabilidad de los socios de ambos lados del Atlántico. En Europa, el fenómeno sigue generando tensiones fundamentalmente en los Balcanes, donde la Unión, fiel a su propia génesis, trata de contrarrestar los antagonismos con la perspectiva de una futura integración que diluya progresivamente los conflictos e inestabilidad actuales en esas zonas. En el ámbito latinoamericano, el fenómeno se presenta más bien como la inevitable secuela de siglos de olvido de la población indígena en algunos países. Nada mejor, pues, que recomendar la integración completa y efectiva de la población indígena en la vida política, económica y social de cada país. Los brotes de irredentismo y mesianismo indigenista, producidos últimamente en varios países con importantes mayorías indígenas, constituyen buena prueba de ello.

POLÍTICAS MIGRATORIAS

Finalmente, queda pendiente la adopción de decisiones concretas en materia de migración, que sean fruto de un debate serio, constructivo y eficaz. Tales disposiciones deberían referirse a cuestiones como la organización de los flujos migratorios, incluida la lucha contra la emigración ilegal y las mafias que se aprovechan de ella, así como a la gestión común de dichos flujos.

Otras posibles decisiones podrían incluir la definición de políticas de inmigración temporales, la creación de un visado de circulación específico para los hombres y mujeres empresarios, universitarios, investigadores, estudiantes, periodistas y sindicalistas que participen en la asociación eurolatinoamericana; la movilización de la inmigración al servicio del desarrollo del país de origen (ayuda a proyectos de los inmigrantes, etc.); así como a la puesta en marcha de una política de integración claramente definida en los países de acogida para los inmigrantes establecidos legalmente.