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Ver productosEl curso político termina con tan mal sabor de boca como empezó. Estamos ante un continuo estéril, un distanciamiento entre los principales actores de la vida pública, con efectos paralizantes ante posibles iniciativas para beneficio de todos los ciudadanos, al margen de su ideología o de la comunidad autónoma a la que pertenezcan.
El paradigma de esta dispersión de la autoridad y falta de coordinación entre poderes lo encarna la Unidad de Emergencias o grupo de intervención rápida en caso de catástrofes, que necesita ser previamente autorizada para actuar en determinadas zonas de España. Mejor que no haya incendios.
Nos vamos acostumbrando al paisaje de lo que llaman los políticos geometría variable: socios distintos para cada ocasión. Claro que ese concepto se parece más a las pequeñas ferias de otros tiempos, en donde tratantes de ganado compraban a las diez un rocín que vendían a las doce, tras descubrir que flojeaba de remos. Así es posible atender intereses de parte y de partido, pero imposible remover obstáculos para el bienestar de millones de ciudadanos.
ANTECEDENTES
Y sin embargo, no estamos condenados a tan torpe sistema. Antecedentes sobran. Desde las primeras elecciones democráticas (1977) hasta hoy, la correlación de fuerzas parlamentarias viene siendo muy parecida. Dos partidos políticos se hacen, una y otra vez, con más del 90% de los escaños del Congreso.
En esas condiciones nació la Constitución, precedida de los Pactos de la Moncloa, la reforma de la Justicia y la configuración del Poder Judicial, la descentralización del Estado en las comunidades autónomas, la modernización del Ejército, quedó encarrilado definitivamente un marco jurídico de relaciones Iglesia-Estado, basadas en el respeto mutuo entre la esfera política y la espiritual, ingresó España en todos los organismos mundiales representativos -el de mayor repercusión social y económica, la Unión Europea- y, ya en 2002, se concertó no negociar jamás políticamente con ETA.
¿Acaso es ya imposible hallar círculos de confianza entre los dos partidos que polarizan el voto ciudadano? ¿Qué justifica la trifulca permanente entre esas dos plataformas de poder parlamentario? También ahora esos dos grupos suman el 92% de votos en la Cámara Baja.
LA VOLUNTAD ELECTORAL
Nunca los mimbres fueron mejores para reemplazar esa subasta de la geometría variable y para diseñar espacios de encuentro entre los dos grandes protagonistas de la política, esos agentes que, a fin de cuentas, deciden todo lo importante.
Primer dato. Hay dos partidos aglutinadores del 83,75% de los votos emitidos en las elecciones de 2008, en total 21,2 millones de votos, el 92% de los escaños en el Congreso.
Otros dos grupos menores, pero también nacionales -IUy UPyD- ,apañan juntos 1,2 millones de votantes, el 5% de los votos. La suma daría un 88,75% en porcentaje de voto y 22,4 millones de papeletas en manos de partidos ajenos a lo que Felipe González apellidó con precisión «nacionalismos excluyentes».
Frente a ese gran bloque, los votantes estrictamente nacionalistas -incluidos los 164.255 de Coalición Canaria- se quedan en el exiguo porcentaje del 6,31% y 1,5 millones de votos. Conclusión: la voluntad electoral está inapelablemente inclinada hacia los partidos que, al menos teóricamente, defienden intereses generales, no específicamente regionalistas ni ideológicos.
Al tiempo, las elecciones del pasado junio al Parlamento Europeo confirman la anterior tendencia: el 80,7% de los votos -87,2 incluyendo a IUy UPyD- se adscriben a partidos de ámbito nacional.
Segundo. Como acaba de recordar el presidente de Nueva Revista1, todos los presidentes autonómicos, menos el canario, pertenecen a uno de los dos partidos nacionales. (El de Navarra se asimila a uno de ellos más que al otro). En consecuencia, los acuerdos entre partidos de ámbito nacional tendrían más posibilidades que nunca de ser negociados multilateralmente -también por las fuerzas gobernantes en las comunidades autónomas- y por lo tanto de ser aplicados bajo la batuta de una efectiva coordinación.
Volviendo a los antecedentes, quien piense que la derecha y la izquierda vivieron días de vino y rosas en la crianza del Estado de Derecho se equivocan. Había oposición y se seguía gobernando en beneficio de todos. Así se garantizó, la libertad de enseñanza, con la incorporación de la iniciativa de particulares, se puso en marcha la televisión privada, la mayoría de empresas públicas fueron privatizadas, las nuevas comunidades autónomas recibieron financiación, con el suavizante de la solidaridad entre ellas, se universalizó la protección social y se dio estabilidad al sistema de pensiones, por ejemplo. Excelente balance.
La política de los hechos, de la cooperación entre administraciones para dar soluciones es el gran reto del momento, en lugar de los enfrentamientos sobrevenidos por la memoria histórica, la naturaleza nacional de los territorios, el vaciamiento de instituciones como el matrimonio o la familia, la desprotección de la vida humana antes de nacer, o los suntuosos gastos en asesores, automóviles para altos cargos y apertura de embajadas y delegaciones autonómicas en el extranjero.
VIENTOS DE CAMBIO
Dado que en ninguno de los apartados anteriores hubo ni habrá conformidad, dirijamos la mirada hacia algunos efluvios de cambio que se detectan en el panorama. La inauguración de la conexión de los trenes del Metro con los de Cercanías, en la madrileña Puerta del Sol, ha reclamado inusitada atención. Más de 50.000 personas la visitaron al día siguiente de ser inaugurada. Y ha servido para que el partido gobernante reconociera que una estación tan grandiosa fue ideada por otro Gobierno, el de 1996, y concluida por el actual.
Ese mismo Ejecutivo ha pactado con el nuevo presidente gallego – militante del partido adversario- inversiones para llevar el AVE a dicha comunidad en 2010. Por fin.
Seopan, patrona de la construcción, ha ofrecido -y Moncloa lo ve con simpatía- aportar los dos tercios de una monumental inversión -30.000 millones de euros- para obras públicas si el Estado hace de avalista. En medio de la crisis aún sin control.
Curiosamente, las tres acciones tienen como hilo conductor al nuevo Ministro de Fomento, José Blanco, el hasta hace sólo unos meses azote oficial del socialismo gobernante contra la derecha.
Blanco se ha entendido con Esperanza Aguirre, firme continuadora en los últimos años del estilo desacomplejado del aznarismo; con Alberto Núñez Feijoó, el discreto y templado amigo de Mariano Rajoy, que ha puesto sentido común en las relaciones de Galicia con la nación española y acepta la mano tendida por las empresas privadas para acometer las infraestructuras necesarias para reactivar la economía.
ESPACIOS DE CONFIANZA
Son tres ejemplos, todo lo aislados que se quiera, incluso no exentos de segundas intenciones (el PSOE corteja Madrid) pero significan la creación de espacios de entendimiento entre los opuestos. Tal vez, la alternativa a la búsqueda de aliados para mantenerse en el poder, por el enervante método de la geometría variable, sea, por un lado, la identificación de problemas que afectan a la generalidad de los ciudadanos, residan donde residan. Y después, el recurso a las bondades del bipartidismo, que también las tiene.
Las necesidades crean por sí solas círculos virtuosos de confianza, plataformas de entendimientos, agrupación de voluntades. Recuérdese el orgullo con que todos los españoles transitaban por la ultramoderna T-4 de Barajas, a pesar de la disputa por la foto entre autoridades ministeriales y autonómicas durante la inauguración. ¿Acaso no hizo más por la integración social el rutilante aeropuerto barcelonés que todas las soporíferas escaramuzas, previas a la financiación autonómica catalana?
La apertura de una nueva etapa, con predominio de la gestión sobre el debate ideológico -nada que ver con la prevalencia de la tecnocracia- obtendría fácilmente la colaboración de las dos principales fuerzas políticas y las simpatías de sus 22 millones largos de votantes. Porque el vencimiento de las dificultades reportaría ventajas a todos los ciudadanos, no sólo a la clientela de un bando.
Especialmente aplicable sería este nuevo estilo a las grandes obras públicas, como las comunicaciones. Un ejemplo: las conexiones con Francia por el País Vasco no necesitan dosis de nacionalismo ni de españolismo, sino inversiones, trabajo y sentido común. El efecto será inmediato, en riqueza y en empleo.
GESTIONAR BIEN
Sigamos con el baño de realidad. El torneo entre Barcelona y Madrid para ver quién tiene el mejor salón del motor, la pasarela de moda más rumbosa o el aeropuerto capaz de atraer a todos los pasajeros del mundo, podría resolverse teniendo como norte el buen servicio a los usuarios, en lugar de la etiqueta política que define al gestor o el idioma en que se expresa. Y lo mismo si en lugar de armar camorra acerca de quién administra mejor los transportes de Cercanías, o los aeropuertos, se centra el objetivo en tener contento al viajero. O si en vez de exigir a las azafatas de los aviones que hablen en mallorquín se cuidaran los buenos modales con todos los turistas.
Por aquí es posible caminar juntos los dos grandes partidos, y el aplauso de las mujeres y los hombres corrientes está asegurado. Hay multitud de asuntos que a la inmensa mayoría de los ciudadanos sólo les importa verlos bien resueltos, sin vencedores ni vencidos.
Sucede con la enseñanza. La calidad de este servicio preocupa a todos los padres de familia. La mayor parte de ellos no esperan de la escuela una enseñanza perfecta de la lengua autonómica, sino del español y del inglés. Ni que sepan todos los agravios causados por los enemigos a sus héroes locales, o hasta dónde llega la frontera de su comunidad. Desean que adquieran sólidos conocimientos de historia, geografía, biología, matemáticas y lengua. Y que si obtiene un título universitario no tenga luego que examinarse para portero de discoteca y ganar mil euros.
¿Tan difícil es negociar soluciones a los problemas ordinarios? No, si se acepta que los partidos de ámbito nacional han sido votados por la gran mayoría de los electores precisamente por confiar que atenderían a las necesidades generales, no a los particularismos de una u otra comunidad.
Toda esta estrategia de bajar a la calle para buscar puntos de unión es aplicable al uso del agua, a la urgencia de disponer de fuentes energéticas realistas y de bajo coste, a las necesidades de las personas con dependencia y a los mayores, a la igualdad de derechos y deberes, la racionalización en la atención sanitaria o la eficacia de los servicios prestados por las cajas, sin esperar a que cada autonomía haga valer sus intereses partidistas.
LOS NUEVOS POLÍTICOS
Por último, esta novedosa -por escasamente practicada- fase de atención al discurrir de la vida real, la política de las cosas concretas, lo que repercute en el común de los ciudadanos, requiere políticos de otro talante que el «oficial». Gentes como Gómez Navarro, en las Cámaras de Comercio. José María Barreda, Patxi López, Juan Vicente Herrera, Núñez Feijoó, Pedro Sanz o Miguel Sanz en el liderazgo de comunidades autónomas. Alcaldes como Ruiz-Gallardón y Rita Barberá, empeñados en mejorar las infraestructuras y los servicios de dos grandes capitales.
Y por qué no, incluso banqueros como Emilio Botin, abiertos a la innovación, dialogantes a derecha e izquierda, de firmes convicciones empresariales que plantan cara a la crisis, sin aguardar al Boletín Oficial del Estado. ¿O hemos de aguardar a la revisión del capitalismo por la socialdemocracia?
NOTA
1. Nueva Revista. n.º 123. Junio 2009.

Juan Ferrando Badía, fallecido el 2 de diciembre del 2007, fue catedrático de Derecho Político y Derecho Constitucional en varias universidades, y figura entre los más eminentes tratadistas de la ciencia política española. A ésta dedicó más de veinte libros y decenas de artículos científicos, de lectura y uso habitual entre docentes y discentes de nuestras universidades. Sin embargo, Ferrando Badía poseía otra dimensión, quizás menos conocida por el mundo académico: la de publicista. Un publicista metido en los combates de ideas de la España contemporánea. Por ejemplo, fue pionero, desde los primeros años sesenta del pasado siglo, en el tratamiento de las pluralidades regionales y los nacionalismos subestatales de Europa y España. A su vez, como él señalaba, esas pluralidades sólo podían conciliarse unas con otras bajo un régimen constitucional democrático. Esta materia, desarrollada en algunos de sus libros, fue además su tema de liza en varios medios de comunicación. Principalmente el diario Madrid, entonces bajo el liderazgo de Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán, y la Revista Madrid en la capital del reino, y los diarios de Valencia en su tierra natal.
El 15 de octubre del 2008 las instituciones culturales de la Comunidad Valenciana (Consell Valencià de Cultura, Real Academia de Cultura Valenciana y la sociedad Lo Rat Penat) dedicaron un homenaje al profesor fallecido, con ocasión de la presentación del libro La Valencia del profesor Juan Ferrando Badía, editado por las dos últimas mencionadas instituciones. El libro recoge los artículos sobre cultura, identidad, lengua e historia de Valencia publicados en los diarios Las Provincias, Diario de Valencia, Levante y Revista Madrid, así como otros escritos y palabras sobre la temática.
En realidad se trata de un libro de combate. De combate de ideas. El grueso de sus textos fue publicado en lo más caliente de la ofensiva nacionalista catalana para hacer de la región valenciana una parte orgánica «dels Països Catalàns», a través de lo que Ferrando llamaba «imperialismo lingüístico» y la desfiguración metódica de las raíces históricas y culturales valencianas, apoyada en la tesis anticientífica de que el antiguo Reino de Valencia fue conquistado por los catalanes bajo un rey catalán, Jaime I. Todo esto es falso, sostiene el profesor Ferrando. Antes de la conquista, los pobladores de Valencia hablaban una lengua con la que pudieron entenderse sin necesidad de truchimán con el rey conquistador. Aunque existiese una afinidad lingüística en los variados romances levantinos de la Península previa a la llegada de los repobladores cristianos, su lengua ancestral no fue el resultado de la conquista de Valencia por éstos. Esa lengua era entendida y hablada por la población mora, cristiana y judía de Valencia. Por otro lado, los conquistadores y repobladores catalanes fueron menos numerosos que los aragoneses y navarros juntos. Pero lo determinante en esta cuestión fue la voluntad de Jaime I de hacer de Valencia su reino patrimonial, separado y distinto de cualquier otro marco institucional de la Corona de Aragón. La expresión de esta voluntad es el otorgamiento de los fueros a la ciudad de Valencia y sus dependencias.

Así pudo el Conquistador resistir mejor las presiones señoriales contra su soberanía, que sufría por parte de los otros estados recibidos en herencia.
Esos fundamentos constitucionales permitieron a Valencia el florecimiento cultural entre los siglos XIV y XV, al tiempo que se producía la grave crisis político-constitucional del siglo XV en Cataluña y la subsiguiente decadencia cultural. El profesor Ferrando denuncia en sus artículos la apropiación de escritores y pensadores valencianos por el catalanismo nacionalista, como un intento de llenar ese hueco histórico del principado.
Profesor siempre de ciencia política, Ferrando Badía pone en su justa perspectiva la cuestión foral. Aunque fue el fuero de Valencia lo que dio identidad a lo que es hoy la Comunidad Valenciana, no hay razón para que en ella se reproduzca la melancólica reivindicación catalana de unos fueros, y la soberanía que supuestamente implicaban, ya que su funcionalidad había decaído en el siglo XVII y cuya derogación fue la oportunidad para una modernización de las estructuras políticas, administrativas y económicas de España toda. Fue precisamente en ese siglo XVIII cuando el Reino de Valencia vivió un florecimiento cultural comparable al del siglo XV, gracias a la pléyade de ilustrados valencianos, como señala el autor oportunamente.
Ferrando Badía libró esa batalla por Valencia no sólo con su pluma. Muy en contra de su gusto y hábitos, se vio obligado a acudir a las tribunas públicas cuando más arreciaba la ofensiva catalanista sobre Valencia, en los años ochenta y primeros noventa. Por esa razón hemos caracterizado lo que se presenta en este libro como «publicística de combate».
Por otro lado, el libro recoge los análisis y recomendaciones de Ferrando sobre la institucionalización de la personalidad valenciana mediante su estatuto de autonomía, en el marco de la Constitución española, haciendo así posible armonizarla y fundirla con la identidad histórica y cultural del pueblo español.
El erudito y hombre de Estado prusiano, Wilhelm von Humboldt, nace en 1767 en Potsdam, próxima a la metrópoli Berlín. Pertenece a la generación que vive el final del absolutismo y la reconfiguración de Europa tras la Revolución francesa y las guerras napoleónicas. Intelectual y reformador de enorme influencia en la cultura alemana, sus ideas constituyen un brillante exponente del pensamiento europeo.
De familia noble y acomodada, Wilhelm von Humboldt recibe, junto a su hermano menor Alexander, el que será futuro científico universal y explorador, una cuidada educación. Los hermanos pierden pronto a su padre que muere cuando Wilhelm tiene apenas 12 años. La madre, severa y de raíces calvinistas, toma las riendas de la familia. Anhela ver a sus hijos convertidos en altos funcionarios de la Administración prusiana y con ese fin les proporciona los mejores preceptores y maestros de Berlín.
En 1789 Wilhelm von Humboldt es un joven estudiante en la Universidad de Gotinga donde además de Jurisprudencia ha comenzado a profundizar sus conocimientos de Filosofía, Historia y Filología clásica. Interrumpe sus estudios para realizar un viaje de formación (Bildungsreise), algo usual entre los hijos de familias aristocráticas.
Humboldt viaja con el pedagogo y lingüista Joachim Heinrich Campe, su mentor durante largos años. Tras tener noticias en Aquisgrán del asalto a la Bastilla, se dirigen al París revolucionario. Testigo objetivo y desapasionado de los acontecimientos, Humboldt será sin embargo consciente del significado histórico de la Revolución cuyas ideas ejercerán en él una influencia duradera. Dos años después ya escribe la obra Ideas sobre la organización del Estado suscitadas por la nueva Constitución francesa.
Los hermanos Humboldt pronto comienzan a participar en la vida cultural de Berlín y lo hacen frecuentando aquellos salones en los que reina el espíritu de la Ilustración. Entre ellos destaca el que se da cita en casa de Henriette Herz, esposa del médico judío Marcus Herz. Es ella quien imprime en Humboldt la imagen de mujer emancipada que aparecerá posteriormente en sus obras y los vínculos con el hogar de los Herz determinarán su comportamiento exento de prejuicios hacia sus conciudadanos judíos. Ambos hermanos tendrán una singular e intensa relación con la familia de Moisés Mendelssohn, símbolo de la Haskalá (Ilustración judía) y círculos intelectuales judíos relacionados con ella.
En 1792 escribe Ideas sobre los límites de la realidad del Estado en la que defiende las libertades del individuo. Este ensayo no se publicará íntegramente hasta años después de su muerte. Sí es publicada la parte relativa a la educación, «Sobre la instrucción pública del Estado», en la que Humboldt marca estrechos límites al Estado. Aunque más adelante su opinión acerca de la influencia del Estado experimenta una transformación no dejará de propugnar su ideal afirmando que el ser humano no es objeto del Estado, sino que debe convertirse en su sujeto y moldear por sí mismo las relaciones sociales.
Defiende que cada persona, en la medida de sus necesidades y de sus inclinaciones, limitada únicamente por su capacidad, pueda desarrollar adecuadamente su propia individualidad.
Tras dimitir de su actividad funcionarial Humboldt se casa con su prometida Caroline von Dacheröden. La prolífica correspondencia mantenida por el matrimonio evidencia además del vínculo sentimental una gran complicidad intelectual.
Si bien abandona muy pronto su práctica jurídica, mantendrá siempre una gran preocupación social y en especial una fuerte motivación para la reforma educativa en Alemania.
En 1794 el matrimonio se traslada a la ciudad de Jena. Allí estrechan su amistad sobre todo con Schiller y también con Goethe cuya actividad creativa se reparte entre esta ciudad y la vecina Weimar, centro del clasicismo alemán. En Jena le visita su hermano Alexander. Debido probablemente a su afición compartida por las ciencias naturales, Goethe muestra una mayor afinidad hacia Alexander aunque profesa un gran afecto a ambos hermanos a quienes denomina los Dioscuros en alusión al mito de los dioses gemelos. La comunicación y el vínculo de cariño entre los dos hermanos, a pesar de sus diferentes caracteres, complementará y reforzará su inmensa influencia en el saber universal.
Cuando en 1796 muere su madre ambos heredan una cuantiosa fortuna. Mientras Wilhelm se queda con los bienes raíces y la residencia familiar en Berlín-Tegel, Alexander prefiere disponer de efectivo para financiar sus viajes de exploración.
Al año siguiente Wilhelm se traslada a París con su familia. Allí se relaciona con figuras como el pensador y político Emmanuel Sieyès y la escritora Madame de Staël. Escribe el Ensayo estético. Primera parte. Sobre Hermann y Dorothea de la obra de Goethe. Tras este periodo especulativo y estético centra su atención en la filología.
Con el objeto de investigar el desarrollo de las lenguas en 1799 cruza los Pirineos con su familia y viaja por tierras vascas para estudiar el euskera. Desde Vitoria continúan su ruta hasta Madrid. En El Escorial Humboldt es recibido por los reyes. Carlos IV se interesa por el recién emprendido periplo de su hermano Alexander, a quien pocos meses antes ha autorizado para explorar como investigador las colonias españolas en las Américas. Reside dos meses en Madrid, relacionándose con el mundo artístico e intelectual antes de partir a conocer el sur de España y volver por la costa levantina y Barcelona.
El estudio de una lengua viva tan antigua y a la vez vinculada a la idiosincrasia de un pueblo causa un gran impacto a Humboldt, quien en 1801 volverá al País Vasco -esta vez solo-. En un verdadero y detallado estudio sobre el terreno desarrolla la teoría de que el euskera es la lengua más antigua de Europa y de que el pueblo vasco constituía el representante lingüístico más antiguo de las poblaciones primitivas de la Iberia precéltica. La experiencia vasca es decisiva. La filología comparada y el estudio de los caracteres nacionales serán a partir de entonces objeto de su investigación.
Humboldt afirma que el ser humano no es objeto del Estado, sino que debe convertirse en su sujeto y moldear por sí mismo las relaciones sociales.
Tras regresar a su residencia de Berlín-Tegel comienza su actividad política. En 1802 entra nuevamente en la Administración prusiana y se convierte en embajador ante la Santa Sede. Esta función le permite seguir profundizando en la historia y la cultura de la antigua Grecia y de la Romaclásica. En la Ciudad Eterna, el matrimonio Humboldt convierte la sede diplomática en un centro cultural de la sociedad romana. En el verano de 1805 reciben la visita de Alexander, quien tras la vuelta de su expedición a América ya es celebrado en Alemania como el segundo Colón.
La liquidación del Sacro Imperio Romano-Germánico en agosto de1806 a manos de Napoleón, el desplome prusiano tras la doble batalla de Jena y Auerstedt en octubre de ese año y la ocupación francesa de Berlín afectan a Humboldt, si bien permanece en Roma hasta 1808.
El rey, Friedrich Wilhelm III, se ha retirado a Königsberg, en Prusia Oriental, y se ve empujado por sus ministros a realizar profundas reformas para contrarrestar los deseos de libertad que ha despertado la Revolución francesa y sobre todo conseguir que vuelva a funcionar la otrora eficiente administración prusiana tanto civil como militar. La reforma militar fue llevada a cabo por Gerhard Johann von Scharnhorst y August Neidhardtvon Gneisenau con el apoyo doctrinal de Carl von Clausewitz. Las reformas civiles son impulsadas alternativamente por los ministros Karl Augustvon Hardenberg y Heinrich Friedrich Karl vom und zum Stein.
Stein ha promulgado en 1807 un edicto por el que queda abolida la servidumbre hereditaria. El año siguiente una ordenanza otorga a las ciudades la autonomía administrativa. Los reformadores luchan no sólo contra la nobleza terrateniente, los junker, sino también contra la ignorancia de los ciudadanos. Stein y sus colaboradores llaman a Humboldt, en quien ven la personalidad idónea para llevar adelante una reforma a fondo del sistema educativo, a participar en la regeneración del Estado prusiano.
A propuesta de Stein, Humboldt es nombrado consejero y director de la Sección de Culto y Educación Pública en 1809. El rango implica su supeditación al ministro del Interior, Von Dohna, y Humboldt teme no disponer de libertad. Su actividad dura apenas un año y medio pero gracias a su enorme capacidad de trabajo logra la reforma del sistema educativo.Cuenta asimismo con colaboradores como Johann Wilhelm Süvern y Ludwig Nicolovius, funcionarios que ya se han ocupado de las ideas y métodos del pedagogo suizo Johann Heinrich Pestalozzi quien considera que el individuo instruido es el más útil a sí mismo y al Estado.
Siguiendo las tres etapas naturales del proceso educativo, Humboldt propone tres tipos de escuela diferentes consagrados respectivamente a la enseñanza elemental, secundaria y universitaria.
La escuela elemental debe constituir la base de las etapas posteriores. Humboldt propone una formación humana completa para todos en el grado elemental. La enseñanza primaria ha de ser organizada de modo que constituya una base general que nadie pueda desdeñar sin despreciarse a sí mismo, y a partir de la cual se pueda construir todo lo demás. Los alumnos sin medios económicos han de tener la posibilidad de acceder a los niveles superiores gracias a la creación de un fondo nacional.
Humboldt lleva a cabo una ingente labor para la reforma del sistema escolar. Se establecen y estandarizan los planes de estudio, la formación del profesorado y se procede a la homologación de los exámenes de las escuelas primarias y secundarias (Gymnasien).
El maestro -indispensable en la enseñanza elemental- deja de serlo en la docencia universitaria, prolongación y conclusión de la educación general precedente: el profesor de universidad no es un maestro, ni el estudiante un educando, sino alguien que investiga por sí mismo, guiado y orientado por el profesor.
Con la fundación de la Universidad de Berlín, Humboldt quiere instaurar un modelo -caracterizado por aunar la enseñanza y la investigación- para el resto de las universidades de habla alemana, con los nuevos principios de libertad de cátedra e investigación. Consigue el compromiso del filósofo Johann Gottlieb Fichte y el jurista Friedrich Karl von Savigny para enseñar en Berlín. Fichte, autor de los discursos patrióticos A la nación alemana, es elegido primer rector de la nueva universidad.
El deseo de estar de nuevo con su familia y la impresión de que con el Gobierno actual no sería posible materializar ni su proyecto escolar ni sus ideas sobre una transformación eficaz de la enseñanza, le inducen acomienzos de 1810 a presentar su dimisión.
El nuevo destino de Humboldt es Viena donde se reúne con Caroline que se había quedado en Roma. Como enviado especial y ministro plenipotenciario ante el emperador Francisco I consigue influir en la entrada de Austria en la coalición contra Napoleón.
Con la fundación de la Universidad de Berlín, Humboldt quiere instaurar un modelo con los nuevos principios de libertad de cátedra e investigación.
La invasión y derrota del ejército napoleónico en Rusia en 1812, los reveses en España y la llamada «Batalla de los Pueblos» (Völkerschlacht) de Leipzig en octubre de 1813 marcan el comienzo del declive de Napoleón. Durante el Congreso de Viena y en las negociaciones sobre la Confederación Germánica, Humboldt trabaja como la mano derecha de Hardenberg y contribuye al contenido del acta de fundación de la Confederación. El desarrollo del congreso, impulsado por Klemens von Metternich, hacia la Restauración significa el alejamiento de las ideas liberales de Humboldt. Hardenberg, por su parte, acepta la evolución de los acontecimientos. Surgen las primeras diferencias en su relación que se deteriora al reclamar Humboldt una reforma del Consejo de Estado para dotarlo de una estructura de decisión colegial.
Cualificado, pero incómodo, Humboldt es enviado a Londres, capital en la que permanece como embajador durante medio año. Se le ofrece un ministerio en 1819 y acepta la cartera de Asuntos Estamentarios. El rey ha prometido una Constitución y es la oportunidad de sentar las bases para una monarquía constitucional. Humboldt es miembro de la Comisión Constitucional, mas finalmente sus ideas no son tenidas en cuenta. Austria y Prusia firman los Decretos de Karlsbad, un conjunto de medidas represivas de censura y restricciones sociales que acaban con los movimientos de reforma en Alemania. A raíz de sus protestas ante arbitrarias medidas policiales, Humboldt es destituido el último día de ese mismo año de 1819.
La lingüística pasa a ser su principal ocupación. A lo largo de su vida Humboldt, quien con trece años ya hablaba griego, latín y francés con fluidez, aprende inglés, español, vasco, húngaro, checo y lituano. Sus estudios científicos se extienden a las lenguas indígenas de América, el copto, el antiguo egipcio, el chino, el japonés y el sánscrito.
Según la filosofía antropológica de Humboldt el lenguaje es el origen de todo. La lengua no es algo acabado sino una actividad orgánica, viviente e histórica. Toda lengua se caracteriza por una forma lingüística interior, expresión de la concepción del mundo propia de la nación que habla a través de ella.
Mantiene un intercambio de ideas con el filólogo y lingüista Franz Bopp, a quien conoce cuando éste trabaja en los documentos de lenguas antiguas orientales en el Museo Británico. En Londres, Bopp le enseña el sánscrito y Humboldt le apoya para una cátedra de sánscrito en la Universidad de Berlín, que logra en 1821. El lingüista danés Rasmus Rask, Bopp y Humboldt son considerados los padres de la filología comparada.
En estos años Humboldt organiza y redacta los innumerables escritos que se han venido acumulando durante el ejercicio de sus múltiples actividades e intereses: apuntes de viaje, observaciones, informes diplomáticos y los miles de cartas que integran su extensa correspondencia. Comienza la hora de publicar.
En 1820 aparece Sobre el estudio comparado de las lenguas en relación con las distintas épocas del desarrollo del lenguaje, en 1822 publica Acerca del origen de las formas gramaticales y su influencia sobre el desarrollo de las ideas y Sobre la tarea del historiador. En su obra Sobre la lengua kawi de la isla de Java (1830-35) se incluye el famoso ensayo «Acerca de la diferencia de la estructura lingüística del hombre y de su influencia sobre el desarrollo espiritual del género humano».
Una vez retirado a la vida privada, Humboldt encarga al arquitecto Karl Friedrich Schinkel -a quien conoce y aprecia desde sus años en Roma- una remodelación de su residencia en Berlín-Tegel al estilo clasicista. La buena sintonía mostrada en este proyecto vuelve a darse en la construcción del Museo de la Antigüedad (Altes Museum) inaugurado en Berlín en 1830 cuya edificación corre a cuenta de Schinkel, mientras Humboldt, como presidente de la Asociación de Amigos del Arte, creada en 1825, se encarga de la elección de los objetos de arte.
Desde que en 1829 pierde a su esposa Caroline aumenta su soledad aunque mitigada por sus hijos y su siempre próximo hermano Alexander. En abril de 1835 muere Wilhelm von Humboldt a los 67 años. Su enorme talento como pensador con una verdadera visión universal de las cosas le ha limitado quizá en su actividad como hombre de Estado pero le ha engrandecido como ser humano.
En octubre de 2008 se publicó el informe: La generación interactiva en Iberoamérica (Ariel-Fundación Telefónica), hito que constituye el primer estudio internacional sobre el uso de diversas pantallas entre menores de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, México, Perú y Venezuela.
Las respuestas y opiniones de 25.467 escolares -algunos en la infancia, otros en plena adolescencia y los más mayores superando esa etapa- permiten caracterizarles como la primera generación interactiva latinoamericana, al mismo tiempo que constituyen una fuente de conocimiento de gran valor en la identificación de los problemas nucleares que serán el objetivo fundamental de este proyecto.
A continuación, nos referimos brevemente a los rasgos característicos de la generación interactiva.
1. Una generación equipada. Todas las previsiones indican cómo el sector del ocio y del entretenimiento va a ser uno de los campos con mayor crecimiento mundial en los próximos años. De forma quizá silenciosa una generación provoca parte de estas tendencias: el adolescente -en muchos casos niño todavía- está consiguiendo equiparse para responder a sus necesidades interactivas. Algunos datos de posesión son indicio de ello: el 61% de los niños encuestados (6-9 años) y el 65% de los adolescentes, 10-18 años, declararon poseer un ordenador en casa; el 40% de los más pequeños y el 46% entre los mayores afirmó disponer de una conexión a Internet en su hogar; el 42% de los pequeños y el 83% de los adolescentes, por último, poseen un teléfono móvil propio. Sin embargo la posesión, a veces dificultada por las condiciones económicas, no limita el acceso a estas tecnologías interactivas: el 63% de los encuestados de seis años navega por la red, porcentaje que alcanza el 96% a los 17 años, lo que confirma la afinidad de este grupo de edad con los dispositivos digitales.
2. Uso multifuncional de las pantallas. Desde una visión adulta cabe pensar que cada medio, cada pantalla tiene asignado un cometido bien definido: el televisor sirve principalmente para entretener o informar, el teléfono móvil para comunicarse, los videojuegos para satisfacer necesidades lúdicas, Internet para buscar información y apoyar la faceta más importante -en tiempo y por naturaleza- de los más pequeños: la escuela. Sin embargo, por encima de esta percepción la generación interactiva parece definir las pantallas de forma integrada y multifuncional. De algún modo son medios capaces de dar respuesta a fines muy definidos: por ejemplo, Internet les sirve en sus tareas escolares pero, sobretodo, les brinda la posibilidad de una conexión permanente con todo lo que les interesa, basta ver los usos más frecuentes relacionados con la descarga de música, películas, etc. Puede que el teléfono móvil se haya inventado para hablar pero también es posible comunicarse de otras maneras: mensajes de texto, envío de fotos y vídeos. Parece que lo principal de un videojuego es jugar; sin embargo, si es en red mucho mejor, con posibilidad de chatear y navegar como parte de la actividad lúdica. En definitiva, la generación interactiva exprime y experimenta con las pantallas para servir a dos aspectos esenciales de su vida: el ocio y la relación social.
3. Una generación multitarea. A pesar de la profusión de pantallas en la vida de la generación interactiva se muestra capaz de prestarles atención al mismo tiempo que realiza otras tareas. Los datos han confirmado la simbiosis entre un público con dificultades para mantener la atención en una única tarea y unos medios que claramente ofrecen una lectura no lineal. El 70% de los mayores declara comer mientras la televisión está encendida, y en un 39% de los casos hacer la tarea. Incluso un 15% afirma navegar y ver la televisión simultáneamente. El teléfono móvil se mantiene encendido mientras están en clase para el 54% de los casos, mientras que acompaña a su tiempo de estudio en un 78% de las ocasiones.
4. Una generación precoz. La experiencia televisiva indica cómo este medio tardó varias décadas en ocupar gran parte de la vida y el tiempo de millones de espectadores. Sin embargo, en el ámbito interactivo el mismo fenómeno está adquiriendo una velocidad vertiginosa: los datos confirman cómo cada vez más se acorta la edad de acceso a las pantallas: por ejemplo, sobre la muestra reseñada casi seis de cada diez de los mayores afirman haber obtenido su móvil antes de los doce años.
5. Ellas, relación; ellos, acción. Una mirada a los datos en función del género permite establecer una diferencia básica entre chicos y chicas. Los primeros ven en las pantallas un medio para corresponder a lo que más les interesa: la necesidad de acción. La mayor penetración de los videojuegos, la preferencia sobre una oferta lúdica basada en la competición; el acceso a determinados servicios y contenidos en Internet así lo han confirmado. En el otro extremo se sitúan las féminas y su principal preferencia por un uso relacional de las pantallas: suelen chatear más, prefieren el teléfono móvil a otros medios que no permiten tanta interacción con sus iguales y son jugadoras preferiblemente de títulos que les permitan construirse en un entorno de relación social.
6. De la ciberadolescencia a la cibermadurez. La edad es una variable que permite tipificar rasgos esenciales en la generación interactiva. La frontera de los 12 años parece marcar -o más bien reflejar- la entrada en la ciberadolescencia: por ejemplo, los usos de Internet varían a favor de todo aquello que permita una conexión constante con el grupo de iguales; el móvil supera el 50% de penetración, y los videojuegos dejan de ser un juego para convertirse en una relación -competitiva o social- con amigos y desconocidos. Entre los que son dos o tres años mayores, parece producirse un cambio en los perfiles de uso y valoración de las diversas pantallas, entrando quizá en un estadio de cibermadurez. La novedad del videojuego se atenúa y gana peso la televisión, incluso frente a Internet. Los consumos se moderan y los medios parecen encontrar otros fines: por ejemplo, se utiliza mejor Internet para estudiar.
7. Una generación movilizada. Sin obviar el actual peso de la gran pantalla o el uso multifuncional que hacen de todas ellas, se perfila un futuro dominado por el teléfono móvil. Es la pantalla que les acompaña a todas partes y la que les sirve de nodo para gestionar todas sus actividades y cabe pensar que el ritmo actual de desarrollo e innovación de la tecnología móvil les facilitará pronto una herramienta de bolsillo capaz de integrar lo que ahora encuentran en las diversas pantallas: contenidos, ocio e interacción social.
8. Una generación emancipada. Dos son las cuestiones fundamentales que apoyan este principio: la consolidación de la cultura del dormitorio o la realidad de unos adolescentes que viven en un hábitat propio, aislado de la vida familiar y en muchas ocasiones equipado para abrirse de forma global a un universo interactivo, y el acceso en solitario a las pantallas como la forma más habitual de uso y aprendizaje de los escolares encuestados. Sin embargo, pese a que en muchas ocasiones esta autonomía está fomentada por los adultos, un 27% de los adolescentes, por ejemplo, recibió el celular de manos de sus padres sin pedirlo, lo cierto es que su preferencia de consumo de medios y pantallas es claramente social: el 36% de los encuestados prefieren jugar acompañados que solos, y el 51% también opta por ver la televisión acompañado, aunque eso suponga no elegir el contenido.
9. Aprendo en la escuela, navego en la calle. Aunque las diferencias por países existen, lo cierto es que se aprecia una tendencia clara al acceso a Internet desde el hogar. Sin embargo, en el caso de la generación interactiva en Iberoamérica se da una situación de contraste que implica que al mismo tiempo que un porcentaje significativo de niños aprenden y utilizan Internet en la escuela -30% acceden desde ella y el 19% cita a un profesor como fuente de aprendizaje- el uso más habitual sea en un lugar público, ajeno al contexto educativo en el que se ha adquirido el conocimiento y a la realidad familiar en la que se vive. Los cibercafés aparecen como un lugar estratégico en el uso de Internet de estos menores para el 48% de los jóvenes entre 10 y 18 años.
10. Mediación familiar. Como hemos visto en lo largo de las páginas anteriores, el significativo acceso en solitario a las pantallas no impide demostrar la existencia de familias interactivas: son evidentes los beneficios que consiguen en su cotidiano empeño por acompañar a los menores en sus usos de las tecnologías. Sin embargo, a pesar de esta esperanza, queda mucho camino por recorrer. Son todavía pocos los progenitores implicados en esa mediación familiar, perdiendo la oportunidad de ser referente educativo también en este ámbito crucial. Junto a esto, también se observa cierta fractura digital entre padre y madre: En algunos casos, el primero es referencia educativa para la generación interactiva, opción muy minoritaria para las madres. Sin frivolizar en los evidentes problemas que esto plantea también se abre una oportunidad: padres y madres pueden recuperar espacios y tiempos perdidos si transforman la generación interactiva en familias interactivas.
11. La escuela: referencia actual y potencial. Aunque queda mucho camino por recorrer, además de las evidentes carencias económicas y técnicas, el ámbito escolar iberoamericano está haciendo un gran esfuerzo para adaptar e integrar el uso de las tecnologías de la comunicación y la información como elemento clave para alcanzar sus objetivos educativos. Los equipos docentes muestran una gran flexibilidad para afrontar las dificultades que plantea equipar centros educativos, formar profesores o cambiar sistemas y formas de trabajo personal y colectivo muy arraigados.
La encuesta realizada indica algunas diferencias claras entre los escolares que navegan y aprenden el uso de la red en el colegio frente a los que no lo hacen. Los escolares con acceso a Internet desde sus aulas hacen un uso más intensivo -en tiempo, en servicios y contenidos-. Asimismo, manifiestan una mayor pericia como usuarios, le reconocen mayor utilidad y la consideran imprescindible en un porcentaje más alto; reconocen en un porcentaje mayor aspectos positivos como el ahorro de tiempo o el aumento de las posibilidades en la comunicación que les ofrece, pero también negativos como que el riesgo de generar cierto aislamiento o adicción. En definitiva, la escuela tiene mucho que decir en la formación de la generación interactiva y su voz comienza a escucharse con fuerza. «Aquel niño rodeado de ambiente de cariño y seguridad, con intereses y amigos correctos, y dedicado a actividades saludables en sus horas de ocio, tiene una pequeña posibilidad de que la televisión le provoque efectos no desados». Esta cita, extraída de uno de los estudios pioneros sobre los efectos de la televisión en los menores, escrita en 1961, pone de manifiesto la oportunidad de replantear retos educativos existentes. Dicho de otro modo, la llegada masiva de la tecnología interactiva abre un nuevo panorama de posibilidades al tiempo que suscita una oportunidad formativa a la que en su momento supuso la aparición del televisor. Y para afrontar esta nueva realidad, interconectada, global y cambiante, es preciso -tal como recordábamos al principio- el esfuerzo de todos los implicados en este nuevo escenario: menores, padres, educadores, empresas y agentes sociales.
| ¿QUÉ ES EL FORO GENERACIONES INTERACTIVAS?
El siglo XXI pasará a la historia -igual que ocurrió en el XVI con la imprenta- por marcar una revolución en el ámbito de la comunicación globalizada y la proliferación de pantallas cada vez más personalizadas. En el centro de este huracán tecnológico se sitúan, en primer lugar como usuarios, los menores definidos como nativos digitales o la primera generación interactiva. Al mismo tiempo, les acompañan en esta dimensión quienes tienen la responsabilidad de tutela educativa sobre ellos, fundamentalmente, padres, madres y profesores. Y afecta de modo amplio a agentes sociales, empresas y investigadores en su afán de mejorar, proteger y entender mejor a la primera «generación interactiva». Dicho de otro modo, la relación entre los menores y las pantallas plantea un escenario de retos y oportunidades educativas hasta ahora desconocidas y que, tanto en su origen como en su solución deben abordarse desde un punto de vista globalizado, cooperativo e interdisciplinar. En este sentido, el pasado mes de diciembre se constituyó en Madrid el Foro Generaciones Interactivas cuyos fundadores son: Telefónica, la Universidad de Navarra y la Organización Interamericana de Universidades.
La misión del Foro es promover la investigación, formación, divulgación y puesta en marcha de iniciativas legislativas y autorreguladoras en el ámbito del menor y la sociedad de la información que permita que todos los actores implicados (niños y adolescentes, padres, educadores, legisladores, administraciones públicas, empresas y asociaciones) puedan mejorar su trabajo respetando la naturaleza de sus fines (educativos, legislativos, comerciales, etc.) Por otro lado, las actuaciones del Foro se estructuran en tres ejes: – Investigación: desarrollo de proyectos de investigación interdisciplinares e internacionales. – Formación y educación: desarrollo de planes formativos para profesores, padres, escolares, voluntarios, agentes sociales; elaboración de materiales didácticos para educar en el uso responsable de las TIC – Sensibilización y divulgación: organización de conferencias y sesiones dirigidas a distintos públicos. Publicación de estudios científicos y monografías. Difusión a la opinión pública de noticias sobre el Foro y su ámbito de actuación. Por último, el Foro cuenta con un comité directivo presidido por don Iñaki Urdangarín y un comité académico asesor dirigido desde la Universidad de Navarra y, en la actualidad, desarrolla el proyecto Generaciones Interactivas en: Argentina, Chile, Perú, Colombia, Brasil, México, Venezuela, Uruguay, Ecuador, Guatemala, y España. |

El doctor James Pereiro, capellán de Grandpont House en la Universidad de Oxford, publicó en 1998, en Oxford University Press, el libro que ahora aparece en lengua castellana. En la contraportada se describe al personaje biografiado con las siguientes palabras: «El cardenal Manning pertenece a la gran generación de conversos británicos que, procedentes del anglicanismo, se incorporaron a la Iglesia católica en las últimas décadas del siglo XIX». En efecto, Manning, que nació en 1808, fue primero arcediano de Chichester y, en la última etapa de su vida, segundo arzobispo católico de Westminster. Hijo de una familia de comerciantes y banqueros, estudió en Oxford y se ordenó como pastor anglicano en 1832. Abandonó el anglicanismo en 1851, fue ordenado sacerdote, consagrado obispo y creado cardenal en 1875. Falleció en 1892.
Los principales trazos de su vida pública eran conocidos: primero destacado pastor anglicano y después eclesiástico católico de gran relieve (con una intervención infalibilista sobresaliente en el Concilio Vaticano I y en una tenaz lucha por la causa de los ingleses más desfavorecidos). Era, sin embargo, poco familiar a los historiadores su auténtico carácter, deformado quizá por algunos biógrafos, que lo habían presentado injustamente como un intrigante ambicioso, autoritario y sin escrúpulos. Y era completamente ignorado su itinerario espiritual, en particular su evolución intelectual dentro del anglicanismo hacia el catolicismo, e incluso dentro del propio catolicismo.
El doctor Pereiro cubre esta última laguna con su minuciosa y rica investigación, a partir de fuentes primarias y, sobre todo, con una original interpretación de las fuentes. Su método de trabajo se ha inspirado en el principio de la contextualización, muy corriente ahora entre los historiadores. Según este principio, vida e ideas van de la mano, de modo que todo intelectual tiene su Sitz im Leben y depende de él y sobre él influye. No es posible descontextualizar la forma del pensamiento: Kant no habría sido lo que fue si no hubiese crecido en el apogeo de la Ilustración y en pleno desarrollo de las ciencias sobre la naturaleza. Esta forma de historiar hace justicia al principio de la hermenéutica existencial y, al mismo tiempo, no sucumbe a él.
Manning vivió en las coordenadas de una gran crisis del anglicanismo, provocada por causas religiosas (una la excesiva politización de la vida anglicana y el enfriamiento de la devoción o contemplación) y por el historicismo romántico (la mirada vuelta a los orígenes). En ese marco se produjo su evolución (o maduración) espiritual, en busca de la regla de fe (y su garantía). Por este camino descubrió la Iglesia fundada por Cristo y superó la teoría de las ramas, que consideraba que la verdadera Iglesia de Cristo subsistía en las distintas confesiones, sin que ninguna la realizase del modo más conveniente.
Desde el punto de vista teológico, Manning fue también hijo de su tiempo, tanto en su etapa anglicana como en la católico-romana. Por su mente y su pluma desfilaron los temas habituales del momento, la mayoría suscitados por la teología protestante, como: la integridad material de la Revelación en la Sagrada Escritura (derivado de la sola Scriptura); la anterioridad histórico-genética de la tradición apostólica con respecto al Nuevo Testamento; la dialéctica entre Iglesias locales e Iglesia (y, por consiguiente, el «problema» de la jurisdicción universal del Romano Pontífice); la contraposición entre Iglesia «pueblo de Dios» y la Iglesia «Cuerpo Místico de Cristo»; la presencia (y asistencia) del Espíritu Santo a la Iglesia y la evolución de ésta; etc. Las intervenciones de Manning en el aula conciliar del (y en los pasillos), comprometiéndose incluso por medio de un voto religioso a promover la infalibilidad papal, fueron coherentes con su temperamento y su itinerario vital; y cualquier lector familiarizado con la historia de la teología del siglo XIX podría haberlas adivinado, sin necesidad de que Pereiro nos las contase. Pereiro, con todo, lo hace magistralmente, siguiéndole casi al día. Manning fue, en definitiva, la perfecta expresión de una coherencia intelectual sin fisuras. Incluso sus dudas y resistencias fueron lógicas (supuesta su educación, sus amigos y su rango familiar en Inglaterra), y sólo pudieron ser superadas con la ayuda de la gracia divina y con una extraordinaria fortaleza interior.
Manning fue la perfecta expresión de una coherencia intelectual sin fisuras. Incluso sus dudas y resistencias fueron lógicas.
Por todo lo que acabo de señalar este libro no resulta fácil de leer, pues exige bastantes conocimientos de historia de la teología y del dogma. El ritmo es lento y pausado (nunca reiterativo), como conviene a una obra que no hace ninguna afirmación gratuita. En consecuencia, esta monografía no va a ser un best-seller, ni siquiera en el ámbito teológico pero es ya, sin duda, una obra de referencia obligada y una verdadera novedad historiográfica.
«La pasada semana tomé un café con el hombre más poderoso de América. Me refiero por supuesto a Karl Rove», escribe en enero de 2003 un periodista del Cleveland Plain. Rove es una de las figuras más fascinantes de la historia política americana de los últimos años. Señalado por todos como el arquitecto de las victorias republicanas de George W. Bush en 2000 y 2004, se ha caracterizado durante toda su vida por una concepción estratégica de la política y por el dominio de muchas de las técnicas electorales modernas, lo que ha puesto en práctica en campañas políticas de todo tipo y, especialmente como asesor principal del presidente, perteneciendo a su íntimo «triángulo de acero» junto a Joe Allbaugh, jefe de Gabinete, y Karen Hughes, jefe de Prensa de la Casa Blanca. La figura de Rove, como la de cualquiera de este nivel, tiene legiones de admiradores y de detractores, que critican su utilitarismo, su obsesión «por no dejar prisioneros vivos» o sus presuntas malas artes, acusándole de haber aprendido de Nixon la máxima de que el fin siempre justifica los medios.
| Antonio Núñez Martín es director de Programas de Executive Education y Director del Programa de Liderazgo para la Gestión Pública del IESE. Licenciado en Empresariales por CUNEF, posee un Executive MBA por el IESE y un Master in Public Administration por la Kennedy School of Government de Harvard, donde es el Presidente del Harvard Hispanic Leadership Forum. |
Su currículo es impresionante y ha ido unido a la familia Bush desde que, en los años setenta, conoció a Bush padre y empezó a trabajar con él para ser después una pieza clave en la designación de su hijo como gobernador de Texas, y posteriormente en su camino hacia la Casa Blanca. Durante la mayor parte de su carrera como asesor político ha trabajado casi exclusivamente para campañas de candidatos republicanos, destacando las de Bush (además de las elecciones presidenciales las elecciones para gobernador de Texas de 1994 y 1998), el congresista y senador Phil Gramm en 1982 y 1984, el gobernador de Texas Bill Clements en 1986, el gobernador Rick Perry para la Comisión de Agricultura de Texas en 1990, el senador John Ashcroft en 1994 y el senador John Cornyn en 2002. En este artículo repasaremos algunos de los hitos de su vida y su forma de entender la política.
DE NIÑO GENIO A CEREBRO DE GEORGE W BUSH
De cara inocente, con ojos azules, piel fina y pelo rubio, Karl Rove es agresivo, inteligente, perspicaz, afable, irónico, extrovertido, brillante y divertido. Él mismo se autodefine: «soy competitivo y me gusta ganar». Y como dice un miembro de su equipo en la Casa Blanca: el resto del equipo somos razonablemente competentes, pero él es el genio de la operación. Tiene una espectacular curva de aprendizaje, y el presidente del poderosísimo lobby ATR (Americanos por la Reforma Fiscal), Grover Norquist, señala que el aspecto más impresionante de Rove es su adaptabilidad. Sabe cuidar los detalles pequeños, como lo demuestran un par de anécdotas: cuando el director de la Oficina de la Casa Blanca para las Iniciativas basadas en la fe tuvo una operación, Rove fue a ver a su familia, se quedó toda la noche de vela en el hospital y encargó comida para la familia. De la misma forma, cuando se retira Lawrence Lindsey, director del Consejo Económico Nacional, escribe una carta a sus hijos diciéndoles que todavía son jóvenes, pero que cuando crezcan sabrán lo que su padre ha hecho por el presidente y deberían estar muy orgullosos de él.

Tiene una gran riqueza intelectual autodidacta, y devora una cantidad ingente de libros, como muestran las gigantescas estanterías que ha hecho construir en su nueva casa en DC para poder albergar sus 148 cajas de volúmenes. Entre sus favoritos se cuentan El Federalista Alexander Hamilton, James Madisony John Jay, La conciencia de un conservador de Barry Goldwater, En busca de un orden 1877-1920 de Robert H. Wiebe, Populismo y elitismo: política en la era de la igualdad de Jeffrey Bell, de Michael Barone, Suelo libre, trabajo libre, hombres libres: La ideología del Partido Republicano antes de la guerra civil de Eric Foner y El forjador de reyes de Leonard Lurie. Otros libros clásicos que le han marcado son Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith y La democracia en América de Alexis de Tocqueville.
Pero quizás lo que más llama la atención es la relación que mantiene con el presidente Bush, de una profunda lealtad y amistad. Aunque se conocen desde hace más de veinte años, Rove le sigue llamando señor, y en su trabajo ha procurado siempre fortalecer y dar certeza moral a su «candidato», intentando poner en práctica la máxima taoísta de que lo primero debe ser alinear el poder detrás de tu candidato. Por su parte, Bush le define como un amigo inteligente, único y muy competente. La confianza del presidente ha sido tan fuerte que, como ejemplo, durante una reunión con el presidente surcoreano, Roh Moo-hyun, celebrada en mayo de 2003, se hizo acompañar exclusivamente por Rove y por la entonces consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice.
FAMILIA, EDUCACIÓN Y ENTRADA EN LA POLÍTICA
Karl Christian Rove nació en Denver, Colorado, el 25 de diciembre de 1950. Ante la pregunta sobre cuándo empezó su obsesión por estar dentro del poder presidencial, en un panel en el American Enterprise Institute, no dudó en responder que el mismo día de su nacimiento. Es el segundo de cinco hijos y tuvo una infancia traumática. Su padre biológico abandonó la familia cuando Rove y su hermano mayor eran jóvenes. Después se enteraría, durante una cena con sus tíos, que el hombre que había conocido no era su padre biológico, y que tanto él como su hermano mayor Eric eran los hijos de otro hombre. Ya siendo un personaje público, Rove ha expresado en ocasiones una gran admiración por su padre adoptivo. Años más tarde, en 1981, sufrió otra difícil experiencia cuando su madre se suicidó en Reno, Nevada. Al Describir sus años en la escuela Rove dice: «Yo era el perfecto empollón: tenía un maletín y unos zapatos Hush Puppies [tradicionales de los escolares norteamericanos]. Era delgado y ajeno a cualquier moda».
Su vocación por la política se manifestó desde bien temprano: ya en la escuela, cuando no había cumplido los 10 años, apoyó la candidatura de Nixon contra Kennedy en las presidenciales de 1960. Poco después, en el Olympus High School, sería elegido presidente de su consejo de estudiantes. En el otoño de 1969, Rove ingresó a la Universidad de Utah, con una beca de mil dólares, para estudiar ciencia política, y se unió a la fraternidad Pi Kappa Alpha. Mientras, a través del Instituto de Política Hinckley, realizaba una pasantía en el Partido Republicano de Utah.
SU PASO POR EL COLEGIO REPUBLICANO
Muy pronto, en junio de 1971 y hasta principios de 1973, Rove abandona la universidad para ocupar un puesto pagado como director ejecutivo del comité del Colegio Nacional Republicano. El colegio es una iniciativa del partido que aglutina a un grupo relativamente pequeño de jóvenes, inconformistas y valiosos, que confían en el resurgimiento de la derecha política. El puesto le ayuda para tejer una amplia red de contactos en todo el país y se rebelaría como un elemento clave para el control que pasado el tiempo llegaría a ejercer sobre el partido. Joe Abate, entonces presidente del colegio, se convirtió en su mentor. Rove viaja mucho como responsable de la Escuela de Gestión de Campañas, participando como instructor en seminarios para la formación de los conservadores en campus de todoel país. La Escuela de Verano de 1973, en la cuenca del lago de Ozarks (Missouri), fue bastante polémica.
El 10 de agosto, en medio del escándalo de Watergate, el Washington Post publica unas grabaciones de varios seminarios de formación en los que Rove anima a usar técnicas sucias. Nixon solicita al FBI que investigue el asunto y uno de los testigos firma una declaración jurada en la que dice haber escuchado una «anécdota similar a la descrita en el Washington Post pero que se trata de un suceso divertido contado en una pausa de café». Ya desde este puesto de director ejecutivo participó activamente en la campaña presidencial de Richard Nixon en 1972. Tras la victoria, decide presentarse a las elecciones de presidente del colegio, abandona su puesto de director y dedica cinco intensos meses a la campaña. El 6 de septiembre de 1973, el entonces presidente del Partido Republicano, George H. W. Bush, ratifica a Rove como el nuevo presidente del Colegio Republicano, cargo que ocupa desde 1973 hasta 1975, aprovechando para asistir a la Universidad George Mason en Washington.
SU PRIMER ENCUENTRO CON GEORGE W. BUSH
Cuando ocupa el cargo de asistente especial de Bush, Rove realiza pequeñas tareas personales para él. En noviembre de 1973 le pide que lleve las llaves del coche familiar a su hijo George W. Bush, que se encontraba de visita en casa durante un descanso de la Harvard Business School. Era la primera vez que los dos se reunieron, y Rove recuerda años después: «Tiene un gran carisma y puedo recordar perfectamente cómo vestía: botas de cowboy, vaqueros y chaqueta de la Guardia Nacional». Posteriormente Rove es contratado como asistente especial del órgano de dirección del partido, el Comité Nacional Republicano, puesto que deja en 1974 para convertirse en asistente ejecutivo para el copresidente, Richard D. Obenshain.
En 1976, Rove es nombrado director de Finanzas para el Partido Republicano de Virginia, que hasta ese momento tenía escasa experiencia en recaudación de fondos (quien?: Rove o el partido: queda ambiguo). Se traslada a Richmond y al cabo de un año ha conseguido recaudar más de 400.000 dólares (el equivalente a unos cinco millones actuales), usando principalmente campañas de correo. Rove se casa con Valerie Mather Wainwright, perteneciente a una familia acomodada y con buenas relaciones sociales en Texas, donde se traslada en enero del 77. Pero el matrimonio no duró mucho y se divorcian a principios de 1980. En aquellos años Karl se matriculó a la Universidad de Texas en Austin, pero finalmente no consigue el titulo, porque le faltaba un curso de matemáticas. Años más tarde, en 1986, se casa por segunda vez con Tara Darby Hickson, diseñadora gráfica que acababa de superar un cáncer y con la que tiene un hijo en 1989, Andrew Madison Rove.
LAS PRIMERAS CAMPAÑAS POLÍTICAS
En Texas, Rove inicia su trabajo como asistente legislativo de Fred Agnich,un representante estatal. Más tarde, en 1977, conseguiría un trabajo comodirector ejecutivo del Fund for Limited Government en Houston, dirigidopor James A. Baker, quien más tarde ocuparía varios puestos de responsabilidad como secretario del Tesoro y secretario de Estado con el presidente George H. W. Bush. Este think tank se convertiría en la base para la campaña de Bush para la nominación republicana en 1980. En 1977, Rove fue la primera persona contratada por George H.W. Bush para su fallida campaña presidencial, que finalmente acabó como candidato vicepresidencial. Ronald Reagan fue quien ganó las elecciones, y Rove fue despedido en medio de una campaña de filtración de información a la prensa.
Al mismo tiempo, su trabajo con Bill Clements durante la elección para gobernador de Texas de 1978 sirvió para ayudar a su candidato a convertirse en el primer gobernador republicano de Texas en más de cien años. Ese mismo año, Rove asesoró a George W. Bush durante su infructuosa campañapara el Congreso de Texas. Tras las elecciones Rove se convirtió en director adjunto del gabinete del gobernador (1979 -1980) pasando a ser representante estatal y asistente ejecutivo para el gobernador de Texas entre 1980 y 1981.
KARL ROVE & CO Y EL MAILING DIRECTO
En 1981, Rove fundó una empresa de consultoría política llamada Karl Rove & Co., con la que trabajaría hasta 1999 en cientos de campañas. Al comienzo, en la mayoría de éstas su papel se centraba en la recaudación de fondos por correo, algo en lo que había sido pionero durante su etapa de Virginia.
Es importante entender la influencia que tendrá esta técnica de marketing con tan poco glamour en su forma de diseñar e implementar su estrategia política: su modo de comunicar es a través de una carta larga que resalta algunos puntos, más que un mensaje rodeado de connotaciones como hace la televisión; su objetivo principal es conseguir fondos y para ello suele acompañar la carta un sobre para enviar el donativo para la campaña. La clave del éxito está en identificar muy bien al público destinatario de las cartas, más que abarcar universos indiscriminados. Así por ejemplo, sugiere a uno de sus clientes que compre la lista de suscriptores a una revista de inversores en oro de Sudáfrica porque considera que serían potenciales donantes republicanos.
Desde el momento en que Rove llevó a Clements a la victoria, se convierte en un personaje de la trastienda política a tener en cuenta, tal como atestiguan los trabajos que llevó posteriormente a cabo. En 1986, Rove ayudó a Clements a convertirse en gobernador por segunda vez. Y de modo significativo, decía en una nota de estrategia que escribió para su cliente antes de la campaña citando a Napoleón: «todo el arte de la guerra consiste en una motivada y perspicaz defensa, seguida por un ataque rápido y audaz».
Su siguiente triunfo fue el que llevó a Thomas R. Phillips a ser el primer republicano elegido como presidente de la Corte Suprema de Texas, y que sería reelegido en 1990, 1996 y 2002. En 1989, aconseja a George W. Bush presentarse como gobernador de Texas, pero finalmente, este decidió no hacerlo. Rove sigue trabajando y en 1994, un grupo llamado el Consejo Empresarial de Alabama lo contrata para ayudar en la campaña de elección de varios candidatos republicanos para el Tribunal Supremo de Alabama. Un dato a destacar es que no había sido elegido un republicano para dicho tribunal en más de un siglo. Tras la elección y todo un proceso de apelaciones que dura más de once meses, sale vencedor el candidato republicano Perry Hooper como presidente de la Corte Suprema. Asimismo, fue el principal estratega de cuarenta y una campañas, tanto a nivel nacional como estatal, de las cuales ganó treinta y cuatro. Además de su dedicación a campañas, Rove también trabajó durante esos años para otros clientes ajenos a la política como la tabacalera Philip Morris.
SU RELACIÓN CON GEORGE W. BUSH
Durante esos años Rove comenzó a asesorar a George W. Bush en su exitosa campaña para convertirse en gobernador de Texas. Bush anuncia su candidatura en noviembre de 1993 y en enero de 1994 ya ha gastado más de 600.000 dólares contra la candidata demócrata Ann Richards. En el año1998 Rove asesora a Bush para su reelección y de julio a diciembre de ese mismo año, el comité para la reelección paga a Rove más de dos millones y medio de dólares. Si atendemos a los espectaculares resultados de esa campaña, en la que recaudó casi dieciocho millones de dólares, el coste mereció la pena. A principios de 1999, George W. Bush exige a Rove la venta de sus empresas como condición para nombrarle estratega jefe de su candidatura a la presidencia, a lo que éste accedió. Vendió su participación a Ted DeLisi y Todd Olsen, dos jóvenes que habían trabajado en las campañas de algunos candidatos con él.
A partir de ese momento Rove se dedica íntegramente a la candidatura presidencial de Bush. Tiene muy claro que una de las claves es saber rodearse de gente con talento y con la mejor tecnología y tener un equipo de campaña que funcione solo. Fue un gran innovador durante la campaña aplicando con éxito el mailing directo a los votantes, la técnica de definición de targets electorales, su habilidad para poner en el centro del debate político los valores o el grupo de trabajo «Proyecto 72 horas», destinado a conseguir votos en los tres últimos días antes de las elecciones. Contra todo pronóstico, George W. Bush toma posesión como presidente de Estados Unidos en enero del 2001 y Rove acepta el puesto de asesor principal del presidente, lo que le permitirá desempeñar un papel decisivo en la configuración de la estrategia política de la Casa Blanca.
OCASO Y DIMISIÓN
Tras repetir su éxito en la campaña de 2004, en lo que seguramente constituye el cenit de su carrera profesional, su estrella empieza a declinar. Salen a la luz varios asuntos como la investigación judicial que le involucra en la filtración a la prensa del nombre de la agente de la CIA Valerie Prime relacionada con una supuesta venta a Irak de uranio de Níger; o la pérdida de pulso tras la lenta respuesta al huracán «Katrina» y la enconada respuesta social a la intervención en Iraq. Rove fue apartado a una posición más discreta, la planificación estratégica y táctica, en abril del 2006, cuando Joshua Bolten sustituye Andrew Card como jefe de personal de la Casa Blanca. Finalmente, después de 34 años desde su primer encuentro con los Bush, dimite a finales de agosto del 2007 cuando iba a cumplir 57 años.
LAS DIEZ CLAVES DEL GENIO
Al hilo del recorrido por los principales hitos que marcan la carrera profesional y política de Rove, como estratega electoral y como asesor presidencial, se revela una faceta de Rove realmente interesante por sus aportaciones a la estrategia política y que podrían resumirse en diez claves:
¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS PARA EL «PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS»?
Rove ha sido acusado de utilizar algunas técnicas dudosas para conseguir minar la confianza de los electores en su oponente y quitarle votos fácilmente con el argumento de que el votante elige a su candidato porque le respeta y se siente atraído por él, incluso si no coincide con él en todos los temas. De esta forma, somete a sus oponentes a una investigación profunda, que utiliza en sus comunicaciones con los votantes, como por ejemplo en la campaña de 1993 para gobernador de Texas: hace incluir una pregunta en una encuesta a los votantes sobre si «estarían dispuestos a votar a Richards si supieran que en su vida personal tenía experiencias con lesbianas». Una estrategia similar se le atribuye en las primarias republicanas de 2000, donde una encuesta realizada en Carolina del Sur contiene algunas insinuaciones racistas destinadas a socavar el apoyo del entonces rival de Bush, John McCain: «¿Sería más o menos propenso a votar por John McCain para presidente, si usted supiera que tiene un hijo negro ilegítimo?», cuando la realidad es que McCain y su mujer Cindy habían adoptado a su hija Bridget en un orfanato de la Madre Teresa de Bangladesh; o sugiere que durante su periodo como prisionero de guerra traicionó a su país y que después de las torturas en Vietnam no estaba en su sano juicio para trabajar en la Sala Oval.
En un documental sobre Rove, John Weaver, el director político para la campaña de McCain del 2000 dice: «Creo que sé dónde se tomó la decisión: en la cúspide del equipo de campaña de Bush». Por su parte Rove, ha negado cualquier participación en estos hechos. Con anterioridad ya había empleado estratagemas de moralidad más que discutible. En otoño de 1970, Rove había utilizado una identidad falsa para entrar en la oficina de campaña del demócrata Alan J. Dixon, quien fue candidato a tesorero de Illinois. Robó 1.000 folios con el membrete de la campaña, y redactó unos panfletos falsos para un mitin prometiendo «cerveza, comida y chicas gratis», y los distribuyó en los conciertos de rock y refugios para personas sin hogar, con el efecto de boicotear el mitin. Rove dijo en 1999 al Dallas Morning News: «Fue una travesura de juventud con 19 años que lamento». En 1986, justo antes de un debate crucial para la campaña que aparentemente estaba perdido, Rove afirmó que había descubierto un dispositivo de escucha en el teléfono de su oficina, acusando veladamente de espionaje a los demócratas. La policía y el FBI investigaron el asunto y descubrieron que era debido a un fallo de la batería del teléfono, cerrándose la investigación.
EL FUTURO DE ROVE
Desde que dejó la Casa Blanca, Rove trabaja como analista político y colaborador para Fox News, Newsweek, y el Wall Street Journal e imparte conferencias con unos honorarios de 60.000 euros más gastos. Durante la última campaña presidencial no ha dudado en señalar los errores de los republicanos, y en los últimos tiempos su voz se ha alzado con fuerza para aportar su punto de vista sobre las posibles opciones de futuro del Partido Republicano. Pocos han analizado la presente crisis republicana con la clarividencia analítica con que él lo ha hecho en sus artículos y comentarios. Queda lejos la euforia con la que en 2004 saludó la segunda victoria de Bush, afirmando que sería muy difícil revertir la sólida mayoría social republicana alcanzada en Estados Unidos en los últimos tiempos. En momentos de amplio predominio demócrata en el Legislativo y el Ejecutivo, muchos le siguen mirando como referencia necesaria para cualquier estrategia de futuro victoriosa para los conservadores norteamericanos. No son pocos los que advierten que todavía tiene recorrido en política, como escribe Dionne en el Washington Post: «Un Karl Rove suelto, sin las ataduras a que estaba sometido en la Casa Blanca y con el único objetivo de sobrevivir, constituye un peligro muy serio para los demócratas».
BIBLIOGRAFÍA
The Architect: Karl Rove and the Dream of Absolute Power. James Moore and Wayne Slater
Machiavelli’s Shadow: The Rise and Fall of Karl Rove. Paul Alexander
Boy Genius: Karl Rove, the Architect of George W. Bush’s Remarkable Political Triumphs. Carl M. Cannon, Lou Dubose, and Jan Reid
Bush’s Brain: How Karl Rove Made George W. Bush Presidential. James Moore, Wayne Slater, and James C. Moore
The Way to Win: Taking the White House in 2008. Mark Halperin and John F. Harris
Documental «Karl Rove The Architect,» elaborado conjuntamente por el programa FRONTLINE de la PBS y The Washington Post: www.pbs.orgwgbhpagesfrontlineshowsarchitect Web de Karl Rove: www.rove.com
La identidad personal es una realidad compleja, con múltiples aspectos, significados y funciones. En términos generales, remite a la dimensión más intrínseca y original de la persona, a las claves que le permiten comprenderse a sí misma y entender su lugar en el mundo. Siguiendo a Erikson, podría definirse como «la habilidad para experimentarse a uno mismo como algo que tiene continuidad y consonancia, y de actuar en consecuencia». Para este autor, presupondría la «certeza de mantener una continuidad interna», así como «una adecuada integración personal y social, unida a la capacidad de asunción de un cierto rol».
Podemos referirnos a la identidad desde dos perspectivas complementarias: la objetiva y la subjetiva. Desde un punto de vista objetivo, la identidad implica una realidad dada, que se asume y de la que, progresivamente, se toma conciencia. Ciertamente, no hemos elegido el nombre, sexo, constitución somática, temperamento, raza, familia, nacionalidad, cultura o contexto histórico y social en el que se desarrolla nuestra existencia y que, por otro lado, nos confieren una impronta fundamental. En este sentido, sería adecuado reconocer una identidad colectiva, en la que se inserta la individual. No obstante, es evidente que, por otro lado, la libertad permite, a cada persona, reorganizar los elementos recibidos de un modo original. Ello nos sitúa ante el aspecto subjetivo de la identidad. En esta segunda acepción, la identidad es, en suma, el resultado de una historia única e irrepetible, porque cada persona es diferente. El individuo humano, a lo largo de su trayectoria vital, se reinventa a sí mismo, aunque dentro de unos límites finitos. Por ello, desde este segundo punto de vista, se podría definir la identidad como el resultado de un proyecto vital racional, en el que existe una cierta continuidad entre la realidad recibida y la reelaboración personal de la misma.
La libertad permite, a cada persona, reorganizar los elementos recibidos de un modo original. Ello nos sitúa ante el aspecto subjetivo de la identidad
Las fases psicológicas evolutivas de la identidad pueden entenderse a la luz del «principio epigenético». Sabemos que la epigénesis es un concepto de la embriología que indica el desarrollo continuo de un órgano, según un plan preestablecido, de modo armónico, en relación con todos los demás órganos. El desarrollo personal, después del nacimiento, acontece de modo análogo: en general, cada elemento tiende a aparecer en un momento determinado (proper rate) y según cierto orden de sucesión (normal sequence). La identidad lograda sería el resultado de la armónica integración de cada uno de estos elementos. Se manifestaría a través de un bienestar psicosocial, unido a la íntima seguridad de ser reconocido y aceptado por los demás.
Julián Marías señala que el pensamiento de Occidente ha oscilado entre el idealismo —que entiende al hombre como res cogitans o yo puro— y el biologismo —que lo percibe como algo que emerge evolutivamente y sin diferencia radical de la animalidad—. En el fondo, se observa que se ha tendido a pensar en el hombre como si se tratase de una cosa. Por ello, solo se han podido captar dimensiones teóricamente elaboradas de la identidad personal, pero difícilmente se ha accedido a la propia realidad de la persona. Sin embargo, como señala el mismo autor, el ser humano «no es una cosa, ni un organismo, ni un animal sino, previamente a todo ello, algo mucho más hondo: una estructura de la vida humana». Y se puede descubrir tal estructura únicamente a través del análisis de la propia vida. Esta es la zona de la realidad a la que Marías llama «estructura empírica». Estamos, ciertamente, ante elementos empíricos, pero estructurales y previos, por lo tanto, a cada biografía concreta, ya que son su presupuesto. Ya Aristóteles había descubierto que, entre lo esencial y lo accidental, había algo que caracterizaba a la especie hombre. Afirmaba que todos los hombres, y solo los hombres, tienen esas propiedades.
En las últimas décadas se ha cobrado conciencia de la relevancia de la identidad sexual en el conjunto de la identidad personal. Su raíz última es la condición sexuada del ser humano. Es evidente que, desde un punto de vista biológico, la persona se sitúa en la existencia como varón o como mujer. Masculinidad y femineidad son, por ello, estructuras de la persona humana. Tal realidad existencial se constituye en identidad cuando es reconocida por uno mismo y por el entorno social.
Es evidente que la identidad sexual tiene un origen biológico. El ser humano, de modo natural o innato, se desarrolla diferenciándose en cuerpo humano masculino y femenino. Este proceso de dimorfismo tiene su origen ya en la gametogénesis. Los gametos que aporta a la fecundación el organismo del varón y el de la mujer son claramente diferentes. El cromosoma X o Y del gameto masculino determinará el sexo cromosómico del nuevo individuo, ya que el femenino siempre tiene el cromosoma sexual X. A su vez, el sexo cromosómico determinará el sexo gonadal y este el hormonal, con todas sus consecuencias posteriores.
Masculinidad y femineidad son estructuras de la persona humana. Tal realidad existencial se constituye en identidad cuando es reconocida por uno mismo y por el entorno
Esta realidad biológica encierra, en sí misma, un profundo significado personal. Spaemann denomina «identidad natural básica» a la dimensión biológica de la persona. Dicha dimensión natural —el organismo—, permite que el ser humano sea «en todo momento reidentificable desde fuera». Se trata de un indicio crucial: la identidad personal corporal, la identidad sexual y las identidades familiares que se desprenden de esa realidad —maternidad, paternidad, filiación y fraternidad— se encuentran encarnadas en un organismo, y marcarán radicalmente la vida de la persona. En definitiva, la condición sexual de la persona es una característica que —al menos, desde el punto de vista biológico— acompaña al ser humano desde su mismo origen y a lo largo de toda su existencia.
La identidad sexual de la persona se manifiesta, principalmente, a través de su comportamiento sexual. En este sentido, se puede constatar que la conducta sexual del ser humano no depende forzosamente del instinto —de la biología, de la naturaleza—, sino que se encuentra mediada por la libertad. La identidad biológica es un presupuesto insoslayable en el camino personal de búsqueda y formación de la propia identidad. Por ello, se puede sostener que, desde una perspectiva estrictamente biológica, la identidad sexual humana está inacabada. El sexo, el género, la orientación sexual y el sexo psicológico designan las distintas dimensiones de una única identidad sexual de la persona. Identidad que, por otro lado, trasciende la dimensión biológica y la socio psicológica, aunque se apoya en ellas. Estamos ante una realidad que se puede vislumbrar, con mayor profundidad, desde una perspectiva antropológica y filosófica.
Se puede sostener que, desde una perspectiva estrictamente biológica, la identidad sexual humana está inacabada
En principio, la legislación de los distintos países asume la realidad descrita sin problemas. Tras el nacimiento, al niño o niña se le asigna un sexo que viene determinado por sus caracteres sexuales. Tal identidad sexual tendrá relevancia jurídica, especialmente en el Derecho de familia. El conflicto se plantea cuando existen discrepancias entre el sexo biológico y el psicológico —o conciencia de la propia identidad sexual—. Tal sería el caso, por ejemplo, del transexualismo. Este puede ser considerado como una disforia de la identidad sexual, asociada a un deseo persistente de poseer las características físicas y los papeles sociales que connotan el otro sexo biológico.
Hemos señalado que es posible aproximarse a la identidad desde dos perspectivas —la objetiva y la subjetiva—, y que ambas se complementan. Sin embargo, como también se ha indicado, el pensamiento de Occidente ha tendido hacia esquemas disyuntivos de razonamiento: libertad o igualdad; individuo o sociedad; libertad o biología, cultura o naturaleza… Este planteamiento ha afectado, profundamente, al modo de entender al ser humano y a su propia identidad. Se suele considerar que el hombre es pura corporeidad —exclusivamente la res extensa de Descartes— o, por el contrario, puro espíritu, libertad o razón —la res cogitans—. Tal modo de concebir a la persona afecta, lógicamente, a la manera de enfocar su identidad: esta vendría exclusivamente determinada por la biología —los elementos recibidos— o, por el contrario, sería el resultado de la nuda conciencia del yo —una libertad omnímoda—, que, incluso, podría llegar a desplazar a la realidad. Una identidad muy centrada en la capacidad racional —o dimensión espiritual que, evidentemente, caracteriza al ser humano y lo diferencia de todos los demás seres—, no abarca verdadera, e integralmente, lo que es la persona. Tampoco lo logra una identidad focalizada, exclusivamente, en la dimensión biológica. Tales visiones sesgadas tienen como consecuencia, a su vez, concepciones reduccionistas y disyuntivas de la sexualidad humana. Muchas de estas visiones emergen, con claridad, en el debate jurídico actual sobre la identidad sexual y, más en concreto, ante la cuestión de la homosexualidad o el transexualismo.
En las últimas décadas, los distintos sistemas jurídicos han evolucionado desde posturas radicalmente biologicistas hasta concepciones puramente sociopsicológicas en relación al reconocimiento de la identidad sexual. Para las primeras, dicha identidad sexual dependerá, exclusivamente, de un específico desarrollo orgánico. Ciertamente, el dato biológico es el presupuesto básico, pero resulta insuficiente tomado aisladamente y, de manera especial, en los supuestos de estados intersexuales (en los que existe una ambigüedad sexual por distintas razones: genéticas, hormonales, etc.). En el otro extremo, las visiones puramente sociopsicológicas reducen la identidad sexual a la autoconciencia personal y social. Tal es, por ejemplo, la situación en Inglaterra desde la aprobación de la Gender Recognition Act, que entró en vigor el 4 de abril de 2005. Dicha normativa reconoce, legal y registralmente, las distintas identidades sexuales que una persona pueda adoptar en su vida —con independencia del sexo biológico—, sin requerir ningún tipo de intervención quirúrgica. También en España, la Ley 3/2007, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, parte de una visión exclusivamente sociopsicológica de la identidad sexual. El artículo 4.1.a de dicha normativa establece como criterio fundamental para determinar la identidad sexual de una persona «la identidad de género sentida por el solicitante o sexo psicosocial». En consecuencia, para llevar a cabo la inscripción, o rectificación registral del sexo en los casos de transexualismo o disforia de sexo, es suficiente el dictamen de un psicólogo, sin requerirse, por ejemplo, el informe de un médico.
Los distintos sistemas jurídicos han evolucionado desde posturas radicalmente biologicistas hasta concepciones puramente sociopsicológicas en relación al reconocimiento de la identidad sexual
Desde esta perspectiva, la identidad sexual se desgaja del sexo biológico, para apoyarse, exclusivamente, sobre un sustrato subjetivo y variable. Este proceso desembocará, paradójicamente, en la pérdida de la trascendencia jurídica de la identidad sexual: el sexo resulta irrelevante para el Derecho, especialmente para el Derecho de familia. Así se advierte en España en la Ley 13/2005, por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. La orientación sexual va ocupando, progresivamente, el lugar de la identidad sexual. En nuestra opinión, este planteamiento es, no solo reduccionista o dualista, sino también una abstracción: el orden jurídico presupone un sujeto de derecho en el que el sexo no cuenta para nada.
Frente a ello, consideramos que la persona no es solo biología, ni solo autoconciencia, sino una unidad muy compleja. Dicha realidad es la que el Derecho debe acoger. Los resultados científicos actuales indican que existen, fundamentalmente, dos factores esenciales en el origen y desarrollo de la identidad sexual humana, el biológico y el socio-psicológico. La maduración armónica de un ser humano implica su integración. Tal integración está confiada al esfuerzo y a la libertad personal de cada individuo. Por ello, solo un criterio no disyuntivo, que integre adecuadamente estas dimensiones, puede servir de principio para determinar la identidad sexual personal en los casos de alteraciones con origen, tanto biológico como sociopsicológico.
La persona no es solo biología, ni solo autoconciencia, sino una unidad muy compleja. Dicha realidad es la que el Derecho debe acoger
La persona, para conocer la realidad, necesita diferenciarla. Ya Heráclito afirmaba que «los hombres no son capaces de tomar junto lo que siempre está junto» porque el ser humano no posee la capacidad de conocerlo todo a la vez. Con ello quería significar que el logos, aunque en sí es unitario, tiene una dimensión histórica, o si se quiere, quasimaterial. Por ello, los saberes científicos son un instrumento muy valioso, que facilita este tipo de conocimiento especializado y fragmentado. No obstante, hay que señalar el peligro de que, posteriormente, no seamos capaces de remitir el conocimiento de la parte al todo en la que está inserta, a la realidad a la que pertenece. Algo de ello sucede hoy con el conocimiento de la persona humana y, en concreto, de su identidad. Como señalan Arregui y Choza, en relación a su persona, el hombre adquiere un conocimiento que «no es resultado de un acto único y total sino de un proceso que se distiende en el tiempo». Por ello, este saber es esencialmente histórico y acontece bajo la forma de la experiencia. También Scheler afirmaba que «no poseemos una idea unitaria del hombre», debido a que «la multiplicidad siempre creciente de ciencias especiales que se ocupan del hombre, ocultan la esencia del hombre mucho más que la iluminan». Esta dificultad fue también puesta en evidencia por Heidegger, quien reclamaba la necesidad de recuperar la visión ontológica de lo real.
Lo anteriormente señalado cobra especial relevancia en lo referente a la identidad sexual de las personas. Para situarla adecuadamente en el contexto de la identidad personal es importante no dividir al ser humano en compartimentos estancos, sino, por el contrario, ser capaz de integrar lo que, en apariencia, puede aparecer disgregado. Por ello, el reto está en otorgar a las distintas dimensiones que confluyen en el ser humano un significado armónico, que evite los dualismos reduccionistas. Una visión integral de la persona, en la que su modo de ser [factum] influye sobre su modo de vivir [faciendum], y viceversa, es más razonable que una visión dualista donde los actos [faciendum] someten e instrumentalizan la realidad dada o recibida [factum]. En consecuencia, frente a las tradicionales posiciones dualistas, el nuevo paradigma debe ser de carácter integral. Tal concepción unitaria entiende a la persona como una unidad inescindible entre cuerpo y espíritu, entre dimensión corporal, autonomía y racionalidad, pasando así del antagonismo a la complementariedad de los opuestos
Dice el maestro Manuel de Oliveira que «el cine es espejo de la vida, de sus modas y costumbres cambiantes». Sin duda lo es o debería serlo de manera habitual, porque en ambos casos el hombre es el protagonista y su huella se dejará ver a cada paso -en cada plano- como reflejo de inquietudes personales y sociales. Sabemos que unas veces la ficción tratará de acercarse a esa realidad hasta confundirse con ella, y otras preferirá la evasión al mundo de los sueños buscando alivio y consuelo de los posibles sin sabores de la vida. En cualquier caso, casi siempre procurará recoger imágenes que encierren un trozo de esa realidad y darle cierta verosimilitud -aunque en ocasiones se deje en ellas la impronta del propio gusto estético-, ya sea buceando en la experiencia vivida por el director o penetrando en el subconsciente de esa otra realidad soñada, deseada, reprimida… Pero ya se trate de realismo, surrealismo o esteticismo, de cotidianeidad o espectacularidad, de adaptaciones del cómic o de la ciencia ficción, no hay duda de que detrás de una imagen, de una escena, de una película… siempre hay un hombre que deja parte de su alma, con su búsqueda formal y también existencial, con su insatisfacción vital o su voluntad de denuncia social, alguien que respira con la cámara y que escribe su diario personal con cada plano. No hace falta que lo reflejado en el celuloide sean episodios de carácter autobiográfico, pues a veces será suficiente con que la historia narrada tenga su germen en algún breve trance de su experiencia personal, mientras que en otras ocasiones al director se le escapará -sin pretenderlo y sin poderlo evitar- ese enfoque de la vida y de los acontecimientos que le desnudan mejor que cualquier entrevista periodística pueda hacerlo.
En definitiva, parece claro que el cine quiere hablar, de una u otra manera, de la vida vivida o soñada por los hombres. Ahora bien, habrá que ver si logra reflejar esa vida con la fuerza narrativa y visual necesarias, con la sensibilidad y estética acertadas, con la autenticidad y honestidad exigidas. Indudablemente, también es necesario valorar si esas imágenes dan fe del objeto sin traicionar su esencia, si existe la voluntad firme de no filtrarlo tan subjetivamente que se haga irreconocible. Hace ya tiempo que en ese sentido se han manifestado los auténticos cineastas, interesados en capturar fragmentos de realidad acercándose con respeto y el menor intervencionismo posible, de modo que el propio espectador contemple y saque sus conclusiones. Unos lo harán desde el documental y otros desde la creación de ficción, pero en realidad importa poco el género o el formato elegido, pues es sabido cómo la puesta en escena y el montaje siempre están presentes… como forma artística y de manipulación cinematográfica (sin que eso reste honestidad ni verdad a lo recreado). Es patente, por otra parte, que cada vez son más borrosas y confusas, más delgadas y tenues, las fronteras entre imagen y realidad, entre ficción y documental, y que las «migraciones y contaminaciones» están a la orden del día desde que comenzamos la era de la imagen digital.
Una vez hechas estas consideraciones acerca de los géneros, la imagen cinematográfica y la realidad presentada, tenemos que plantearnos también si el cine que invade la cartelera se acerca verdaderamente a la vida real, con lo que tiene de cambiante y con la riqueza que encierra, con la hondura e incertidumbre que esconden, con toda la potencialidad del hombre para escaparse al destino y a lo previsible. En definitiva, si el cineasta (director, guionista…) conoce de verdad al hombre que va a convertir en protagonista y si sabe llegar a lo más íntimo del espectador (vía emocional o reflexiva), si tiene algo que contar sobre el hombre y la sociedad, si su obra contribuye al progreso individual y colectivo de quien lo ve, o si en cambio su discurso aporta alguna luz o novedad o si se repite hasta la saciedad y se queda en un formalismo vacuo. Partiendo de que cualquier generalización nace con la etiqueta de la falsedad, todo parece indicar que la industria del entretenimiento gana por goleada a la cultura y al pensamiento, que las ideas en el cine que dan arrinconadas en las ya inexistentes salas de arte y ensayo y que las películas artísticas son sepultadas en las muestras organizadas por los museos.
Unas veces la ficción tratará de acercarse a esa realidad hasta confundirse con ella, y otras preferirá la evasión al mundo de los sueños buscando alivio y consuelo de los posibles sinsabores de la vida.
Está claro que desde estas líneas se apuesta por un cine útil en el sentido menos pragmático de la palabra, por un cine antropológico y humano que no tiene por qué ser complaciente: un cine idóneo y válido para hacer mejor al espectador, de manera integral y sin reduccionismos ideológicos. Sirve tanto aquel que muestra con coherencia un mundo de convicciones firmes y que resuelve satisfactoriamente los conflictos planteados, como el que suscita dudas y empuja a la reflexión y a cuestionar las certezas que se tenían; el que va dirigido al corazón y busca suscitar emociones intensas o sutiles como el que apunta al raciocinio y esconde mensajes entre sus símbolos y metáforas; el que muestra los aspectos más terribles y baja a las simas en que puede caer el individuo como el que recoge sus más elevados ideales o apunta a la trascendencia de la persona; y también el que se contenta con que el espectador se ría y divierta, viaje por el espacio o por su imaginación, o descanse y «juegue»… porque todo eso viene bien al hombre y forma parte de su naturaleza. Pero lo dicho no supone un cheque en blanco para cualquier película, porque -desgraciadamente- hay muchas historias que no beben de la realidad ni la reflejan, porque hay personajes que no pasan de caricaturas o marionetas de ideas sin vida -o de ideologías-, cuyas reacciones están confeccionadas en un laboratorio que mira exclusivamente a la taquilla repartiendo «pan y circo» e identificando simplicidad con sencillez, espontaneidad con autenticidad, animalidad con humanidad.
Al cine propuesto sólo le exigimos tratar al espectador con respeto a su inteligencia y a su sensibilidad, dejándole libre y defendiendo su dignidad, de forma que cada película sirva para su enriquecimiento personal, para la construcción de una sociedad mejor. Por otra parte, como ha dicho Jesús González Requena, conviene no confundir la experiencia estética con la identificación ideológica porque no siempre la mejor película es aquella que comunica más eficazmente el propio orden de valores existenciales: más bien, el valor personal de una película «estriba en su capacidad para suspender y atravesar las ideologías, para golpearnos en lo más íntimo de nuestro ser». El cineasta intentará, a través de su sensibilidad artística, transmitir una experiencia difícilmente codificable en códigos y signos de comunicación, y entonces el acto de ver una película se convertirá en un acto humano en el que director y espectador puedan tener su propia experiencia con la imagen y recorrer un camino en el que quizá se encuentren. Sólo de esa manera, dice Requena, «toda verdadera película es huella de lo real cristalizada de la experiencia que tuvo lugar durante su rodaje. No en otra cosa se cifra su verdad o su banalidad»1.
El problema es que, a rebufo de lo que el mercado cinematográfico ofrece, asistimos a una huida de la realidad por parte del propio espectador, que a su vez arrastra al director/productor y le «obliga» a realizar productos comerciales que dejen beneficios y le permitan seguir filmando. Es la pescadilla que se muerde la cola, y ahí es donde el cine comienza a cavar su propia tumba, porque huyendo de la vida real y escondiéndose en los terrenos ya trillados que aseguren ganancias, las historias se repiten y se copian sin escrúpulo alguno, las secuelas o los remakes proliferan sin más interés que saber qué pasó con el protagonista o descubrir si el director ha dejado algún sello propio, las novelas o los cómic se convierten en terreno sobre el que pastar con éxito o en mina que explotar tras el best-seller de turno: estamos ante una dinámica que Salman Rushdie califica como «proceso insaciable que a veces puede parecer voraz, dispuesto a tragarse el mundo, como si ahora viviésemos en una cultura que no para de engullirse a sí misma, de forma que, al final, se habrá devorado por completo»2. Evidentemente, quien escribe no tiene nada contra el cine de entretenimiento y de evasión ni contra las adaptaciones literarias o de novelas gráficas, pero resulta preocupante la escasez de ideas propias, de historias nuevas, de experiencias personales… que se llevan a la pantalla. Y esta inquietud se eleva a la enésima potencia en el caso del cine español, empeñado en imitar el cine de género americano en busca del éxito de taquilla, cuando no empantanado en obsesiones trasnochadas y patéticas, en discursos ideológicos y gregarios que no hacen sino hurgar en los mismos tópicos sin vida ni verdad.
Pero para no seguir moviéndonos en el terreno de las ideas, bajemos a la arena de lo concreto y veamos algunos ejemplos que vienen a ilustrar algo de lo dicho hasta ahora. La grata sorpresa del año en el cine español ha sido, en mi opinión, El truco del manco de Santiago A. Zannou, donde se recoge una historia de amistad y también de superación de la adversidad a cargo de su protagonista Juan Manuel Montilla «el Langui», que da muestras de su propia música en una banda sonora perfectamente integrada en la trama. Estamos ante un ejemplo de autenticidad, de saber exprimir la vida y trasladarla a la pantalla (por parte del director y del actor), de acertar en el tratamiento de la imagen para que exprese (mejor eso que decir «represente») la vida sin quitarle su fuerza y realidad. Y eso el espectador lo percibe y asume como verdadero, como algo que le sirve «personalmente»… y por eso recordará la película con el paso del tiempo. No importa que su vida vaya por otros caminos distintos y no se identifique con el protagonista ni comparta algunos de sus planteamientos. Es una película nacida de la realidad de la vida, y que por eso conecta con la vida vivida por quien se sienta en la butaca.

Recientemente, Pedro Almodóvar ha estrenado la esperada Los abrazos rotos, un trabajo que le ha dejado exhausto y en el que -según sus propias declaraciones- se refleja una «pérdida de la alegría de vivir […] que me ha llevado a hacer un cine más íntimo y desgarrador», pues aunque «me interesa cultivar más la pasión lúdica y delirante de mis personajes, mi tipo de vida me aleja de esto, mis dolores de cabeza me han aislado mucho, no comparto las cosas… y uno se nutre de su propia vida»3. Como dice él mismo, su cine actual es reflejo de una vida distinta a la de los años ochenta («que era más divertida y coral») y «ahora que no puedo salir a la calle y que cuatro mujeres me dejen escucharlas durante cinco horas, cosa que podía hacer cuando trabajaba en Telefónica»4. Al parecer, ese distanciamiento de la vida real de los ciudadanos y otro más íntimo porque intenta «salvarse a sí mismo y no mostrar su interioridad tras la imagen»5 es lo que le han empujado a bucear en su imaginación y en su propio cine y dibujar unos abrazos demasiado fríos y artificiosos, unos diálogos excesivamente correctos y explicativos. Al margen de otros logros indudables -sobre todo en el aspecto plástico de la imagen-, el resultado de este Almodóvar es un pálido reflejo de la vida real del director (por voluntad propia) aunque sí de su imaginario (de ahí la complejidad de su estructura narrativa y los abundantes flashes visuales), y también de ahí la dificultad para que el espectador conecte con ese mundo -quizá salvo sus incondicionales y los teóricos de la imagen y su representación-, para que se sienta implicado y conmovido con este melodrama metacinematográfico.
Otras cintas españolas han tratado de reflejar la realidad vivida por el hombre -y experimentada de alguna manera por el director al documentarse para el rodaje-, y así acercar al espectador la respuesta del individuo frente a la enfermedad y el dolor, la muerte o la discriminación. Es el casode dos documentales de indudable valor humano y antropológico como son Una cierta verdad y Las alas de la vida, de Abel García Roure y Antonio P. Canet, respectivamente, ambos vistos en las dos últimas ediciones de la Seminci. El primero se acercaba a la esquizofrenia para descubrir esa otra mirada de la realidad a través de varios enfermos que pasan de ser «casos clínicos» a personas que viven en su universo, unas veces soñado y otras sufrido. El segundo recogía el testimonio de Ángel Cristos, médico al que diagnostican una enfermedad neurológica degenerativa y sin posible tratamiento, y que habla con el espectador de todas las realidades humanas desde la posición y óptica de quien sabe que va a morir y que intenta llevarlas con una sonrisa y con sencillez. En ambas propuestas rebosa realismo, honestidad y una mirada limpia y humana a la otra cara de la vida, que el cine recoge y el espectador contempla absorto y reflexivo, conmovido y también con más de una risa y sonrisa que se le escapan.

A medio camino entre el documental y la ficción -«contaminada» por ambas diría Carlos F. Heredero- se situó la última cinta de Chus Gutiérrez, Retorno a Hansala, con la inmigración de telón de fondo y una historia de amor como antídoto para salir de la soledad: un viaje de ida y vuelta entre Algeciras y el poblado marroquí del título para hacer otro más interior que permita al protagonista poner cara a los «sin papeles» y aprender de ellos una humanidad que Occidente parece haber olvidado en su afán de confort. Con mayor o menor acierto visual o narrativo, las tres propuestas se acercan a la realidad sin engaño ni falsedad, y sin duda lo mejor que ofrecen al espectador es esa sinceridad y verdad extraída a la vida que «ayuda a ser mejor persona» al salir de la sala (según manifestó el productor de Retorno a Hansala en rueda de prensa durante la última Seminci).
Similar cuestión ha salido a escena con ocasión del estreno de Julia de Erick Zonca al retratar el drama de una alcohólica arrojada al sexo y la bebida con todos sus excesos e inmersa en la soledad más absoluta. El crítico Hilario J. Rodríguez ha traído a colación la dificultad de reflejar ese vértigo abisal para quien no ha experimentado las ruinas del alcohol, como es el caso del director o de la protagonista, Tilda Swinton; de ahí que, según él, «la mayor parte de los escritores de la Generación Perdida se dejaran guiar por «una musa» sedienta. Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, William Faulkner y Eugene O’Neill vivieron de forma azarosa a veces, murieron apenas cumplido los sesenta años y a lo largo de sus carreras pusieron de manifiesto los estragos que produce el bourbon o los martinis, la ginebra o el vodka»6; por otra parte, a la vez que pone el contrapunto en Billy Wilder y su Días sin huella, vuelve sobre un Cassavetes como ejemplo de director que llevó a la pantalla sus sentimientos de soledad y los efectos del alcohol. El mismo Almodóvar, en la entrevista concedida a Carlos F. Heredero para Cahiers du Cinéma España habla de su voluntad de no convertir sus películas en confesionario personal al modo tan feroz en que lo hacía Ingmar Bergman o John Cassavetes, y que prefiere protegerse de esa tentación autobiográfica.
En un tono semejante, y desde la experiencia como director y maestro, se manifestaba el polaco Krzysztof Zanussi a su paso por Madrid, en una reciente entrevista, al afirmar que «para mí, hacer cine significa comunicar a los otros una cierta sabiduría y una cierta experiencia, experiencia acumulada por los siglos en las estructuras narrativas. Eso es lo primero que les planteo a los alumnos: si no hay nada en su experiencia digno de ser contado, no creo que me pueden contar las historias de los demás; si llevan una vida banal, da igual los estudios que tengan. Lo que importa es la experiencia de vida. En Rusia, los estudiantes de los últimos años tienen unas biografías fascinantes. Muchas veces falta talento, pero la vida que cuentan esos jóvenes de 24 o 26 años es muy rica, muy compleja y dramática. En cambio, otros alumnos occidentales sólo pueden contarme lo que conocen de la televisión. Pero eso no me interesa como cineasta. Eso puede valer para las telenovelas, en las que no hay expresión de la sensibilidad particular de una persona. Saber sólo técnica cinematográfica es como saber sólo caligrafía. ¿De qué sirve? ¿Qué me importa si Dostoievski tenía una buena caligrafía? En el audiovisual tener sólo buena caligrafía te puede servir para la publicidad o para cierta televisión. No para el cine».

Más adelante, Zanussi aclara y completa su defensa de un cine que diga algo al espectador y señala que «no quiero decir que sea obligatorio para cada autor contar su biografía. Al contrario, eso es algo excepcional. Me refiero a que, con cierta experiencia de la vida, es más fácil hacer un diagnóstico de la existencia. Muchos jóvenes de hoy no sienten la necesidad de diagnosticar la vida, de preguntarse por qué las cosas duelen, por qué las cosas van mal… En los guiones de muchos jóvenes realizadores occidentales actuales cada escena representa una visión del mundo, separada, distinta de la siguiente: no hay una visión coherente, sólo se tratan aspectos por separado. Esta fragmentación de la visión del mundo es el motivo por el que muchas veces las películas carecen de integridad»7.
Sin duda, hay muchos tipos de cine y no son excluyentes entre sí, diversas maneras de acercarse a la realidad y recogerla en el celuloide, pero en todo caso no está de más esta llamada a hacer un cine más humano y real, a servirse de él como instrumento para transmitir experiencias de la vida y ayudar al espectador a que viva el cine libremente, como la vida. Por eso, lo importante -incluso en el cine más comercial y de consumo- será tener algo que transmitir con la imagen y no limitarse a imitar y repetir cansinamente estereotipos que nada aportan, no esconderse en lugares comunes ni en lo políticamente correcto y enriquecer al cine y al espectador con una mirada personal… que ayude a entender otros modos de ver la realidad, lejos del «sueño de los ángeles» o de la impostura de magos de poca monta. Porque necesitamos un cine cierto y verdadero que hable y dialogue con el espectador, que comprenda al hombre en su complejidad y también en su enorme riqueza y capacidad, que le dé alas para volar en la propia realidad.
NOTAS
1. Jesús González Requena, «La experiencia cinematográfica», en Cahiers du Cinéma. España, nº 20, de febrero de 2009, pág. 61.
2. Salman Rushdie, «Cine y literatura, amistades peligrosas», en ABCD Las Artes y Las Letras, nº895, semana del 28 de marzo al 3 de abril de 2009.
3. Chusa L. Monjas, artículo recogido en el Diario El Norte de Castilla del 14 de marzo de 2009, pág 59.
4. Federico Marín Bellón, «El festivalito de Almodóvar y «Los abrazos rotos»», en el diario ABC del 14 de marzo de 2009, pág. 54-55.
5. Carlos F. Heredero y Carlos Reviriego, entrevista realizada a Pedro Almodóvar y recogida en el artículo «El cine protector» en Cahiers du Cinéma. España, nº 21, de marzo de 2009, pág.8-ss.
6. Hilario J. Rodríguez, «La última copa», en ABCD Las Artes y Las Letras, nº 891, semana del 28 de febrero al 3 de marzo de 2009.
7. Juan Orellana, entrevista realizada a Krzysztof Zanussi y recogida en Alfa y Omega nº 618, del 4 de diciembre de 2008.