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Tu futuro en cien mensajes SMS

«Presidente, ¿usted qué quiere decir cuando afirma que hemos entrado en un nuevo orden?», le pregunté a George Bush a finales de abril de 1990 durante una visita a la Casa Blanca. «Bueno… lo que digo es que el mundo no volverá a ser como el que hemos conocido, aunque no sabemos cómo va a cambiar», me contestó ante la expectante mirada de otros invitados.

Casi veinte años después, el sucesor de su hijo, George W. Bush, en la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado en Pittsburgh, que el nuevo orden mundial va a ser liderado en el marco del G-20, el grupo de 19 naciones más la Unión Europea, que incluye regímenes comunistas, integristas, y populistas. Esta es una novedad que marca el futuro, porque las potencias democráticas aceptan compartir el liderazgo del nuevo orden con poderes totalitarios.

El nuevo orden mundial anunciado tras el colapso del imperio comunista soviético y la nueva era de la globalización, veinte años después todavía no ha llegado. Está en camino. «Obama acomoda el G-20 a un nuevo orden mundial», destacan los medios norteamericanos tras la cumbre de los líderes de estas naciones en la ciudad de Pittsburgh (25-09-09). Cuando el nuevo presidente de Estados Unidos. inició su mandato, en enero de este año, el veterano político y académico Henry Kissinger le transmitió su consejo en forma de mensaje: «Tiene la gran oportunidad de crear un nuevo orden mundial». La revista Time presentó al nuevo presidente norteamericano no como el líder del nuevo orden mundial, sino en posesivo: «El nuevo orden mundial de Barack Obama», tituló la revista (3-4-09).

Pero el primer gran cambio del nuevo orden mundial ya se ha producido antes de que Obama fuese elegido presidente. De hecho, fue lo que originó el cambio que le hizo anunciar a Bush padre el nacimiento de un nuevo orden. Ha sido la revolución científica y tecnológica de la información que se fue gestando en la segunda mitad del siglo XX, y que ha dado lugar a la era de la globalización y al modelo de desarrollo que hemos definido como sociedad de la información. El imperio comunista de la URSS se desmoronó en 1989 tras la aparición de los satélites de comunicaciones que llevaron la información y la televisión del mundo libre a los hogares de los países del telón de acero.

Es la nueva dimensión de la información la que domina el futuro. Albert Einstein murió en 1955 con la frustración de no encontrar una ecuación que unificara las fuerzas que rigen el universo (Teoría del Campo Unificada), pero con los avances científicos desarrollados desde entonces, más de medio siglo después podemos decir que no es la materia física la que une el universo exterior e interior del hombre, sino la materia intangible de la información. Todos los sistemas dependen de la información, excepto la información, que depende de sí misma. Una molécula es alterada por la información. La información es la medida de lo absoluto. Se puede decir que el universo cabe en un mensaje, que es lo que sintetiza la estructura de información en la expresión humana. Por eso el hombre ha pasado neuronalmente de procesar información simple a información compleja. Antes la información era una noticia y ahora es la que programa ordenadores, y da contenido estructural a la genética. La nueva sociedad de la información es una sociedad de mensajes, porque son éstos los que integran, codifican, simbolizan, representan y fijan los mapas visuales que procesan nuestro cerebro para percibir la realidad y predecir los cambios.

Uno de los fenómenos producidos por la nueva sociedad de la información es el de los mensajes personales entre teléfonos móviles conocidos por el acrónimo SMS. El mensaje SMS de telefonía móvil ha sido traducido en español como Servicio de Mensajes Cortos (short). Pero en español lo corto es opuesto a lo breve. Corto puede ser cualquier cosa y breve no, lo que cambia la forma y contenidos de comunicación, y por tanto altera la forma de pensamiento, de análisis y las consiguientes decisiones. En términos de pensamiento ser breve es sintetizar y ser corto tener pocas miras. Lo breve es positivo porque obliga a pensar, valorar y ser concisos. Mientras que lo corto es negativo porque desestima todo lo anterior. La diferencia está entre pensar para sintetizar y no necesitar pensar con tal de hacerlo corto. La manera de comunicarse condiciona el impacto y relevancia del mensaje.

Por ejemplo, los SMS se han popularizado añadiendo al mensaje la coletilla «pásalo». Lo que aunque sea en términos amigables, por venir de un amigo o conocido, conceptualmente no deja de ser una orden explícita o implícita de un mensaje construido por alguien ajeno a uno mismo. Un mensaje con el que podemos estar de acuerdo en sus contenidos o no, pero que en todo caso desconocemos su intención y propósito. Un mensaje movilizador de voluntades ajenas.

Si cambiamos el «pásalo» por un «piénsalo/díselo» alteramos por completo el código. No pedimos a los receptores que hagan de correa de transmisión, sino algo más racional, como es pensar lo que dice el mensaje, y si dan valor a sus conclusiones ya lo compartirán con otros usuarios. No aceptamos que el amigo, familiar o conocido sea correa de transmisión de nada, ni de nuestras propias ideas y reacciones, sino que le valoramos como persona que ejerce su propia libertad y raciocinio, para que piense lo que compartimos con ella, y a su vez decida si lo comparte con los demás. Esa es la diferencia entre un pensamiento alineante de posicionarse automáticamente en la misma dirección, y un pensamiento libre y crítico. Incluir en el mensaje el «piénsalo» significa compartir una reflexión, respetar la libertad del otro a decidir, y sobre todo negarnos a admitir que a quienes enviamos nuestros mensajes sean simples correas de transmisión.

El «piénsalo/díselo» es compartir, y el «pásalo» ordenar. No es sólo una diferencia terminológica y conceptual, sino que cambia el código del mensaje en la percepción humana. Uno te invita a reflexionar, y el otro a ejercer de correa de transmisión. Algo fundamental en nuestro tiempo, que se utiliza la informática y la codificación semántica para manipular a las personas y a sus terminales tecnológicos como zombis sociales. Personas y medios que replican automáticamente lo que las fuentes de origen han programado, o sencillamente trabajan para otros sin saberlo, como ocurre con el programa Conficker que durante meses ha conseguido captar cincomillones de zombis en más de 200 países, sin que los gobiernos y las grandes empresas tecnológicas hayan conseguido neutralizarles.

Si situamos el mensaje SMS en un contexto estadístico podemos observar su poder de influencia positiva y negativa en la actividad humana. Durante el último periodo de Navidades (2007-08) fueron enviados mundialmente 43.000 millones de mensajes SMS deseando felicidad y amor a sus prójimos (ITU, 2009). Una iniciativa denominada Proyecto Juvenil Global (GTP-Global Teenager Projet) del Instituto de Comunicación y Desarrollo entre 2009 y 2010 está utilizando el sistema de mensajes SMS alrededor del llamado tercer mundo para un programa educativo. Como toda ciencia y tecnología los SMS también se utilizan para activar y movilizar agentes de la destrucción en todos los campos sociales, desde el terrorismo a una campaña de difamación personal sin distinción de edades y sin escrúpulos morales. Ambos casos, el positivo y negativo, demuestran que el mensaje es poderoso, y de ahí la relevancia de darle la importancia que tiene cuando vamos a emitirlo o analizamos el que recibimos.

La información es axiomática: da forma a lo que contiene. La información de la escalada del paro forma estados de opinión de incertidumbre y pesimismo, no genera confianza. Si este principio se aplica al análisis prospectivo, se obtiene una percepción precisa del futuro. ¿Va a ser más transparente el sistema del nuevo orden mundial, tal y como vende el G-20 abombo y platillo? Las dictaduras y regímenes populistas, como los que forman parte del G-20, no favorecen la transparencia sino por su propia naturaleza la opacidad y la desinformación. Uno de los síntomas de deterioro de la democracia y de la generación de crisis es precisamente la pérdida de transparencia. Los sistemas menos transparentes generan pérdida de competitividad, más ineficiencia y más economía sumergida.

Toda referencia produce un impacto. Si la referencia es el estatuto de Cataluña su impacto no es el de la unidad de España sino el de la división y confrontación. El 19 de agosto el diario Financial Times destacó en su portada un análisis ilustrado con la bandera de España rota y el titular «El drama de la ruptura de España». Un mensaje que revelaba cómo la percepción de una España en fragmentación ha calado globalmente.

El futuro se percibe a partir de nuestra realidad. Este verano ha fallecido el filósofo polaco Leszek Kolakowski y recuerdo un comentario que me hizo a mediados de los ochenta durante unos debates en la London School of Economics: «El futuro no se adivina, lo dicen los hechos. El comunismo no produce libertad sino más totalitarismo». No hagamos del futuro un ejercicio de adivinación ni de ensoñación.

Un mensaje hace percibir y predecir el futuro si contiene una referencia confirmada por la propia información. Durante las elecciones generales de 2008 recibí el siguiente mensaje en mi teléfono móvil: «Los socialistas piden una España de diversas naciones. Pag. 12 de su programa. ¿Hacia la ruptura?». Es la propia información socialista la que proyecta un futuro de ruptura con el modelo constitucional e histórico de España como Estado-nación. El texto del programa electoral del partido de Zapatero que gobierna con los independentistas y comunistas en Cataluña, demanda «Una España donde convivan diversas naciones…. Un proyecto nacional catalanista que reivindica el autogobierno para Cataluña, el reconocimiento de una nueva identidad nacional y un modelo inspirado en la España federal».

Con el SMS se pueden comunicar, contrastar y debatir los mensajes que marcan el futuro próximo, personal y de la sociedad. Son mensajes para pensar. Pensar en futuro hace que mejoremos el presente. Pensar en futuro es una medicina necesaria para orientarse y no perder el norte. Para no verse desbordados por las grandes fuerzas que desata toda gran crisis, como en la que estamos inmersos, y que ha conmocionado globalmente todos los sistemas, económicos, sociales, institucionales y de valores éticos y morales.

El formato SMS en clave de futuro permite el relato abreviado de por dónde van los tiros, haciendo buena la metáfora de donde pones el ojo pones la bala. Si queremos saber cuál es el futuro de la democracia en el nuevo orden mundial que diseña Obama con el G-20, tenemos un primer mensaje, y es de alerta: Malos augurios para la democracia liberal. Obama incluye a los países no democráticos del G-20 en el liderazgo del nuevo orden mundial. El mensaje contiene un referente fundamental (la democracia) y unos atributos de valor (riesgo, liderazgo), y la información se confirma en sí misma porque a diferencia del G-7 donde todos sus miembros eran países con sistemas democráticos, en el G-20 hay regímenes con sistemas no democráticos, incluidos China y Arabia Saudí. Si se aplica la misma ecuación de valores de referencia, atributos y contenidos de información que se confirman por sí mismos, el resultado del mensaje siempre añade valor. En eso consiste el valor añadido de comunicación, en mensajes cuyo impacto generan más valor tangible e intangible para la gestión de la información que guía nuestro conocimiento, pensamiento y acción.

Basta que una persona aplique los citados criterios de valor sobre referentes fundamentales como son el futuro de España, el modelo de sociedad, el futuro educativo, la defensa de la vida y de la familia, la justicia, el modelo económico, energético, la salud, el medio ambiente, la ciencia y la tecnología, para poner en práctica la teoría de los cien mensajes sobre el futuro, que automáticamente adquieren una dinámica multiplicadora y expansiva entre grupos de usuarios. Es la forma de materializar la percepción personal del futuro y objetivar la realidad del cambio.

La realidad es un todo influida por todo. La mente humana asocia los mensajes y sus contenidos. Por eso hay una gran diferencia entre los mensajes de fuerza cognitiva y los que carecen de un patrón de valores que son referentes intelectuales y morales. Unos calan y otros se pierden entre la masa atomizada del universo informativo, perdidos entre la basura. Obtenemos una imagen prospectiva del futuro inmediato asociando mensajes que tienen ese mismo denominador común. «No es una predicción, es un hecho: el Banco Mundial sitúa a España en zona de riesgo político. Puedes verlo en los últimos indicadores de Gobernanza». El mensaje sale de los hechos. Entre 2003 y 2008 España ha caído veinte puntos en estabilidad política, dice el informe. «España ya está marcada con la luz ámbar que avisa del peligro: es el único país de los grandes europeos en zona de inestabilidad política».

Recordemos el citado análisis del FT sobre la ruptura de España. «España es la única potencia con un Gobierno que promueve el fin del modelo de Estado-nación». Un cambio histórico de graves consecuencias.«No declarar inconstitucional el estatuto de Cataluña aumentaría el riesgo de futuro para España». Todo ello en un contexto de crisis, que es el mensaje que más ha calado en la sociedad española. «Al riesgo político se suma el declive económico: el último Euroestat sitúa a España con el 19% de paro. El mayor desempleo de la UE y de la OCDE».

Los resultados son representativos de un modelo. «El modelo Zapatero es un caso de estudio: ha sido el Gobierno que más rápido ha destruido dos millones de empleos (un año)». Un modelo que favorece la mediocridad e impide la competitividad. «Davos dixit: en cinco años España cae diez puestos en competitividad». El ciudadano es bombardeado por malas noticias. «Avalancha de datos negativos (España a la cabeza del paro; España a la cola de la educación; todos menos España saldrán de la crisis en 2010…)». Zapatero ganó las elecciones prometiendo pleno empleo y superar a Francia y Alemania. «El futuro de colores anunciado por los socialistas se ha convertido en un futuro negro para los españoles». Un modelo que vende innovación y recorta los presupuestos de innovación. «Está en los presupuestos: el modelo productivo de Zapatero es más subsidio de paro y menos innovación».

Si se debate el futuro energético la perspectiva es la misma. «Zapatero contra el mundo: de aquí a 2050 se construirán 1.400 reactores nucleares (ONU), y España cerrando centrales». La misma perspectiva proyectan los mensajes relacionados con el modelo social y de valores. «En el matrix socialista el debate es valores vs. contravalores». La huella de una política dirigida a imponer un modelo de sociedad radical está en todo.

En una realidad dominada por la información el principal riesgo presente y de futuro está en la desinformación de la opinión pública. Los poderes, especialmente los que no tienen escrúpulos democráticos, utilizan la desinformación para engañar, mintiendo con apariencia de verdad, condicionar voluntades y manipular conciencias. Los socialistas utilizan la desinformación como instrumento de ingeniería social y política. Convierten el delito en derecho, como es el caso del aborto, y reducen a la persona a su condición sexual para convertirla en una cuota social. Elevan la igualdad a categoría de ley y de título ministerial, prohibiendo por primera vez en una democracia que una candidatura de mujeres no se pueda presentar a las elecciones por el hecho de ser mujeres (casos de Garachico y Brunete). El ejemplo más práctico que explica lo que sucede en nuestro tiempo es la desfiguración programada de la realidad mediante la subversión del orden de valores, desnaturalizando el ser de las cosas, y creando conceptos nuevos que conducen a lo contrario de lo que aparentan decir.

Desbordados por la gran masa de información que golpea los cerebros diariamente, los ciudadanos no pueden descifrar mensajes como el «desarrollo sostenible», en nombre del cual le anuncian la implantación de nuevas leyes y políticas que en la práctica suponen limitar su desarrollo: que es limitar su potencial humano y material. En esta tesitura hay que ir a lo básico, a los fundamentos de lo que representan las cosas. ¿Qué representa el desarrollo en términos económicos y sociales? La Real Academia Española lo define bien: «La evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida».

Desarrollo es igual a progreso. ¿Por qué no dicen quienes etiquetan sus mensajes con el palabro de sostenibilidad que quieren limitar el progreso y desarrollo de las personas? Porque nadie quiere que se limite su progreso y bienestar, y utilizan el término engañoso de sostenibilidad que da apariencia de hacer el bien, para justificar políticas partidistas y de poder a costa del bienestar y progreso de los ciudadanos. Lo más dañino para la persona y su libertad es que el poder utilice la apariencia de verdad para ocultar la verdad.

El chip socialista está programado para formatear la mente de las personas y convertirles en zombis sociales que respondan a sus impulsos ideológicos. «Los progresistas estamos llamados a crear un nuevo futuro con un nuevo orden global más justo. Es necesario que aprovechemos las oportunidades que nos ofrece esta grave crisis», dijo el presidente del PSOE y uno de los vicepresidentes del Gobierno Zapatero el 2 de octubre de 2009. Este titular dirigido a los socialistas en la conclusión de la Conferencia Global del Progreso, en la que participaron los ideólogos de Obama (2-10-09), integra los códigos del chip socialista. Primero, hace de la crisis con más de cuatro millones de parados «una oportunidad» que, dice, «es necesario aprovechar». ¿Por qué? Porque la experiencia le ha demostrado que se puede gobernar durante treinta años una comunidad con el 25% de paro. Andalucía tiene ese nivel de paro, nunca en las tres décadas de democracia han gobernado otros que no sean los socialistas, y Chaves ha sido presidente de esa comunidad autónoma durante 19 años. ¿Cómo quiere el PSOE que sea el futuro de España? Como Andalucía. Lo dijo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el 24 de mayo de 2009: «Andalucía será el nuevo modelo de crecimiento», bajo el eslogan «Andalucía sostenible». Desde que hizo esa promesa el paro aumentó en Andalucía en el segundo trimestre del año un 6%, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En el nuevo orden mundial el futuro se decide por la batalla de la información. El socialismo quiere una sociedad de zombies. Utiliza la información para desinformar y desnaturalizar la democracia y sus valores. Para que esta batalla la gane la democracia liberal y su modelo de civilización, sus mensajes de información tienen que desenmascarar a los socialistas, descodificando su lenguaje engañoso, y al mismo tiempo representar su modelo de valores. Hacer de los mensajes SMS un modelo de valores. Piénsalo.

Una base teológica de futuro

Cuando se habla de América, es fácil caer en la tentación de asignarle una fecha: 1492, como si en aquellas tierras, ignotas para los europeos, no hubiera nada, o como si los primeros descubridores no hubieran llevado nada. El Nuevo Mundo pasó a formar parte de la corona de Castilla. Eran y se consideraban unidos a la metrópoli aunque vivieran a miles de kilómetros de distancia, con un océano por medio.

Precisamente, los conquistadores llevaron un bagaje de fe y cultura que fecundaron las relaciones con los aborígenes en un mestizaje real que construyó un nuevo reino de Castilla con sus peculiaridades, como los tenían, y tienen, los pueblos que actualmente forman España o América.

El siglo XVI español y, en concreto, la Escuela teológica de Salamanca, han pasado a la historia como una de las épocas más fecundas del saber teológico. En el seno del convento de San Esteban de Salamanca y a través de la docencia de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, se fue fraguando una nueva síntesis del pensamiento católico. Con el sentido humanista, el estudio directo de Santo Tomás y el resurgir de la teología positiva, bien anclada en las fuentes y atenta a los problemas de la época, surgió un nuevo modo de hacer teología. Volver a recordar aquella época, sirve para tomar aliento en el quehacer teológico de nuestro tiempo. Es indudable que profundizar en la teología española del siglo XVI y de cómo se aplicó al Nuevo Mundo, será fuente de inspiración para nuestro tiempo. No se trata de copiar, sino de releer una teología que contiene una sopesada relación entre fe y razón, como está impulsando Benedicto XVI.

El profesor Josep-Ignasi Saranyana es una de las figuras más importantes del panorama historiográfico actual. Sus investigaciones en el ámbito de la historia de la teología y de la Iglesia son bien conocidas y gozan de reconocido prestigio. A lo largo de su dilatada carrera docente ha sido director del Anuario de Historia de la Iglesia y del Instituto de Historia de la Iglesia de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Entre los reconocimientos, destacan su pertenencia al Pontificio Comité de Ciencias Históricas y su nombramiento como académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. También lo es de las Academias de México, Colombia, Perú y Puerto Rico, ubtdf1.jpgSaranyana es actualmente uno de los mejores medievalistas y profundo conocedor de Santo Tomás y de la teología escolástica. Desde esa sólida base y desde hace treinta años, ha dirigido un equipo investigador acerca de la teología latinoamericana. En estos últimos años ha publicado, en cuatro gruesos volúmenes toda la información relativa a la teología en América. Ahora, en este nuevo trabajo, presenta al alcance del gran público el resumen de sus investigaciones, cubriendo de este modo una laguna historiográfica.

Como se puede observar en la primera parte de su trabajo, la teología en la América de los primeros años está llena del frescor y de la profundidad teológica de los misioneros, pero también de la vida cristiana de los laicos cristianos que conquistaron aquellas tierras. Unos y otros llevaron su cultura, la organización, el derecho, pero sobre todo llevaron la fe.

Primero fue la vida cristiana y luego la explanación de la fe. Los datos recogidos por el profesor Saranyana son impresionantes: miles de catecismos, sermonarios, tratados teológicos, devocionarios, pequeños autos sacramentales, y a la vez diccionarios y gramáticas de todas las lenguas indígenas. Es claro que desde el principio se realizó un gran esfuerzo por entender la lengua y las culturas indígenas de modo que pudiera presentarse la fe católica mediante ejemplos y expresiones inteligibles, como muestran esas joyas catequéticas.

Una de las manifestaciones de la fe de aquellos gobernantes y de la claridad de ideas que tuvieron fue el nacimiento de las primeras universidades. Es impresionante que en medio del gran esfuerzo evangelizador, fueran segregados de la tarea los más capaces y los mejor conocedores de las lenguas para comenzar, en 1550 y 1551, las Universidades de México y Lima, con sus cátedras de Teología y de Lenguas. Como subraya Saranyana: «En ellas se produjo un fecundo maridaje de las corrientes teológicas: aquella que había nacido en Salamanca, de la mano de Francisco de Vitoria, basada en una lectura inteligente y situada de la segunda parte de la Summa Theologiae de Santo Tomás, con especial acento a las cuestiones relativas al tratado de iure et iustitia (legitimidad de la conquista, origen de la soberanía, adecuada distinción entre el orden sobrenatural y el natural, primacía de los derechos fundamentales del ser humano, etc.) y las innovaciones introducidas por el Concilio de Trento, tanto en la reforma de la vida eclesiástica, como en un mayor acento en una pastoral basada en la primacía de los sacramentos».

Las aportaciones fundamentales de la Universidad de Salamanca en América fueron las Constituciones, privilegios y planes de estudio de esa universidad; pero fue en el campo de la ética de la conquista donde se realizó la principal contribución. Los presupuestos de Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Diego de Covarrubias, etc., quedaron fijados a través del trabajo directo de sus discípulos. Por tanto influyeron en los legisladores, gobernantes, misioneros, universidades y escuelas; el 70% de los consejeros del Real y Supremo Consejo de Indias son juristas formados en la Universidad de Salamanca, y ellos elaboraron las leyes de gobierno del Nuevo Mundo en el XVI.

Muchos antiguos alumnos de Salamanca acabaron en América: de los profesores, misioneros y altos funcionarios con formación universitaria que pasaron a las Indias en el periodo de 1535-1580, 180 han sido identificados como discípulos directos de los grandes maestros de Salamanca: 113 son personalidades de la vida civil o eclesiástica, 33 son obispos o arzobispos, y 35 son profesores universitarios.

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Se conservan muchas obras escritas por profesores universitarios de aquella primera época, lo que indica que junto a las tareas docentes se realizaba una labor investigadora. Como demuestra este libro, se puede hablar de una auténtica producción teológica americana, pues la necesidad de establecer la fe en pueblos de cultura tan diversa produjo un esfuerzo no sólo catequético sino también de una profundización teológica. En las páginas de este manual, el profesor Saranyana desglosa detenidamente las figuras y el pensamiento teológico de los más importantes: Fray Bartolomé de Ledesma O.P. Fray Pedro de Pravia O.P. Fray Alonso de Veracruz O.S.A. El padre Esteban de Ávila S.J. Juan Zapata Sandoval. Después vendrá la decadencia de la teología, tanto en España como en América.

Como ya hemos dicho aquellas tierras eran parte de la corona de Castilla y la corona se siente obligada a legislar y a solucionar sus problemas. Respecto a la expansión misionera en América, los siglos XVIIIy XIX corresponden con un gran aumento de corrientes migratorias. Son muchos miles de hombres y mujeres los que se trasladaron al Nuevo Mundo. Unos católicos, otros protestantes y judíos, y, juntos, construyeron una sociedad de nueva planta. América del Norte fue una nueva Europa donde se ensayaron la tolerancia y la democracia de corte liberal.

Una faceta fundamental de la acción de la teología católica en las misiones de este periodo fue su contribución decisiva a la abolición de la esclavitud. Como es sabido, desde los siglos XVI y XVII fueron cada más las voces que clamaban por ello. Autores como Alonso de Sandoval, Tomás de Mercado, Bartolomé Frías de Albornoz, etc., plantearon la necesidad de que el Estado dejara de sostener la esclavitud. Un problema acuciante en América, especialmente en la zona del Caribe, donde los grandes ingenios de azúcar se hallaban explotados por un gran número de esclavos.

La abundante presencia de diputados americanos en las Cortes de Cádiz de 1812 demuestra el grado de identidad de las tierras españolas y de la América española. En sus intervenciones mostraban afanes y preocupaciones similares a los de la metrópoli. Saranyana estudia los teólogos, las intervenciones magisteriales y las corrientes de pensamiento de las facultades de Teología americana que existieron y que se fueron creando en América. Las páginas dedicadas a esta época ocupan más de la mitad del libro. La emancipación de las tierras americanas de la corona española produjo problemas importantes. La influencia de países como Francia e Italia modificó notablemente la situación intelectual de esas universidades y del mundo cultural en general.

Los últimos capítulos muestran cómo desde los años sesenta del siglo XX la renovación de la teología y del neotomismo propiciado por el magisterio pontificio dio paso a la recepción del Concilio Vaticano II, pero también a corrientes de pensamiento que se separaron de la letra y del espíritu conciliar. Como se ha dicho muchas veces, América fue como un laboratorio de ensayo de ideas que nacían en Europa.

La aparición y desarrollo de las llamadas «teologías de la liberación»; un modelo europeo que terminó por no cuajar en América. Como resume Saranyana: «La Teología de la Liberación dio pie a importantes pronunciamientos de la Sede Apostólica, principalmente de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Tales documentos no deben tomarse sólo como meras advertencias o correcciones, según los casos, sino también como verdaderas aportaciones de carácter teológico, que extrajeron el núcleo de verdad de las diversas propuestas de la Teología de la Liberación y, separándolo de la ganga, lo ofrecieron a la reflexión posterior, para la utilidad de la Iglesia. Tal es el caso, en especial, de la exhortación postsinodal Evangelii nuntiandi, de 1975; de la instrucción Libertatis conscientia, de 1986, un estupendo documento que constituye, en algún sentido, un autentico manual de teología liberacionista; y de la encíclica Redemptoris missio, de 1990».

En las conclusiones, el profesor Saranyana se muestra optimista. Su propuesta de futuro no puede ser más positiva y alentadora: «No cabe duda de que la teología latinoamericana, muy sensible a las intrínsecas relaciones entre Cristo, la Iglesia y el reino; tan interesada por averiguar en qué medida y cómo la edificación de la ciudad terrestre contribuye al advenimiento del reino, se halla en una excelente posición para recibir con especial fecundidad la renovación teológica propuesta por el último concilio ecuménico».

Un candil sobre Kafka o la luz ante el enigma

No hay escritor del siglo XX tan afamado e interpretado como Kafka. Ysin embargo no hay autor más desconocido y enigmático en su persona y obra, como si la fama sobrevenida no le fuera -como apuntaba Rilke sobre Rodin- «sino la suma de todos los malentendidos alrededor de un nuevo hombre». Pero es más bien Kafka propiamente hablando el novum literario y humano del siglo pasado por excelencia y como tal un malentendido colosal, como uno de esos que narra en sus relatos cortos. Por eso, enfrentarse a él y su obra es colocarse ante el Enigma donde los asuntos capitales de la vida y de la muerte aparecen velados como en la mejor tradición de las parábolas y alegorías hebraicas. Pero en lo velado está asu vez lo revelado: Kafka es así el escritor apocalíptico por antonomasia que escribe desde un Patmos (Praga) inigualablemente judeo-cristiano. Ya mi entender -como hace lúcidamente Álvaro de la Rica, profesor de literatura de la Universidad de Navarra en el libro que nos ocupa- sólo desde una perspectiva tal, judía y cristiana a un tiempo, cabe adentrarse orientadamente en la selva selvaggia del universo kafkiano. Adentramientos encaminados no a resolver el Enigma sino a ahondar en espiral ascendente en su Misterio inacabable sabiendo que nos sobrepasa. A ello se refería bellamente el propio Kafka cuando anotaba en 1917 en su nuevo cuaderno azulado: «El camino es infinito. Como un camino de otoño: lo acaban de limpiar y ya está otra vez cubierto de hojas secas».

Desde hace siete años -número bien bíblico- venía Álvaro de la Rica leyendo morosamente a Kafka a la luz del candil de su mirada, educada desde hace tiempo por sus amigos Julien Green, Claudio Magris y José Jiménez Lozano, nada menos. Y finalmente se ha decidido a darnos cuenta y razón de sus reflexiones acumuladas sobre el hombre Kafka y su obra principal, siguiendo una metodología bien judaica como es la que recomendaba Ortega a la hora de abordar los problemas intelectuales graves, y Kafka lo es en grado sumo. Como es aquella de los israelitas ante las murallas de Jericó, quienes en lugar de embestirlas daban vueltas y vueltas entorno a ellas hasta que éstas, cansadas de los sones, se desplomaran enseñando sus tesoros. (Cuánto gustaría a Kafka -añadimos de paso- este relato de la vieja Torá, a él que se consideraba «el más occidental de los judíos occidentales»).

Y así, a partir del análisis de su obra kafkiana favorita –En la colonia penitenciaria– y ciñéndose al ámbito de 1910 a 1914, va nuestro autor introduciéndose en los círculos concéntricos que componen el universo Kafka, como son el matrimonio, el poder, la víctima y la ley, entre otros anillos. Y lo hace confrontando sus tesis con los mejores kafkiani comoArendt, Scholem, Canetti, María Zambrano, Derrida o Steiner. Y es tal la altura del diálogo sostenido, con sus discrepancias y convergencias, que habrá que considerar a De la Rica como un joven miembro de esa honorable sociedad, como lo avala el prólogo escrito por Claudio Magris. Mostremos si no un par de ejemplos de la valía de sus interpretaciones.

KAFKA Y EL MATRIMONIO O LA ELECCIÓN VOLUNTARIA DEL FRACASO

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La tesis del profesor es audaz -y a mi juicio bien certera- respecto de la renuncia de Kafka a matrimoniar con Felice Bauer, como luego con Julie Wohryzek: el incumplimiento traumático de su palabra dada (el vort yiddish) al compromiso matrimonial judío (kiddushin) ya anunciado con Felice, no vendrá por un desprecio al matrimonio y menos a su prometida sino, al contrario, porque Kafka comprendía con soberana lucidez la hondura del sacramento matrimonial en su vertiente judía, tan similar a la cristiana, como testimonian la Torá y nuestros Testamentos. El matrimonio es para él verdadero acceso a la plenitud de la vida, cuya más honda expresión se reflejaba en engendrar descendencia con toda la promesa mesiánica que ello comportaba. El nacimiento de los hijos rompe el círculo de la desdicha nuestra precisamente porque «son la única novedad posible», escribe quien comprendió como nadie la burocratización y mecanicismo de la vida contemporánea. Por eso Kafka no concebía tener hijos fuera de la alianza matrimonial. Por eso, la soltería sería siempre a sus ojos la expresión de un fracaso, como nos confesará lacónicamente en su Desgracias de un soltero. Kafka fue la elección consciente e inmoladora de un fracaso vital; de ahí su abismal dolor y de ahí, sospecho, lo sublime de su espíritu. Él mismo se convirtió en su propio holocausto.

Si a la luz de esta intuición releemos con De la Rica la Carta al padre -que estimo el documento literario más representativo del siglo XX, junto con La tierra baldía y El lobo estepario– observamos que la queja amarga vertida en ella no pone en cuestión la figura matrimonial tradicional como se ha venido insistiendo, sino, bien al contrario, la inadecuación de la figura de su padre a las exigencias del «deber ser» matrimonial, esto es, del matrimonio como el ámbito espiritual y material seguro donde un niño puede «enhogarizarse» y unos esposos participar de la vida divina y del amor entre Dios e Israel. El drama de la depauperación espiritual de su padre era en el fondo el gran drama que suponía para la conciencia y tradición judías el fenómeno de la asimilación y desnaturalización, que estaba teniendo en Praga su representación más visible.

Mas ¿qué le queda a nuestro autor una vez que ha decidido contravenir la palabra promisoria, el vort en cuestión? Pues queda, viene a decir lúcidamente De la Rica, ni más ni menos que la escritura. Al respecto, señalaba Derrida bellamente que en la experiencia judaica el jardín es la palabra, en tanto que el desierto, escritura. Por eso para Kafka escribir será entonces padecer. Por eso, también, la «máquina célibe» de la colonia penitenciaria taladra al reo con su punzar escriturado. Y ya sabemos también por fuente no menos hebrea que la letra además mata. Kafka eligió el desierto, dejando atrás el ágape del Cantar de los Cantares con Felice y Julie. Años más tarde, confesará en carta a Milena unas sobrecogedoras palabras, dominado ya por la tuberculosis: «Mi espíritu está enfermo. El mal que sufren mis pulmones no es sino una prolongación de mi dolor mental. Estoy así de enfermo desde hace cuatro años, desde que me ennovié».

Esa fue la verdadera metamorfosis kafkiana: renunciar a la plenitud humana del jardín conyugal para devenir en un homo patiens escribiente, apenas un artrópodo. Pero no fue en vano su componente sacrificial, como veremos.

EL CALVARIO EN EL LAGER O LA CRISTOLOGÍA DE LA COLONIA PENITENCIARIA

Cuando Álvaro de la Rica nos introduce en su interpretación de En la colonia penitenciaria sabe muy bien que la equiparación entre la isla dominada por aquel singular artilugio de tortura y la posterior realidad de los campos de exterminio de la Shoah había sido ya establecida por multitud de comentadores. Cualquiera que haya leído los tan desaprovechados Ensayos de comprensión de Hannah Arendt como El universo concentracionario de David Rousset, por ejemplo, evidencia al instante los paralelismos premonitorios entre la colonia penal y los lager: un proceso judicial inicuo, un desconocimiento a priori del delito y la ley, una muerte inhumana y una causa de condena a la vista de todos: En la colonia será el artículo incriminatorio grabado en la piel; en el universo nazi, la estrella de David cosida al hombro (Fackenheim añadiría al respecto más tarde con irónica amargura que a los presos de los campos se les condenaba por algo -ser judíos- que les venía dado por sus abuelos y de lo que eran plenamente irresponsables). En ambos casos el ser humano reducido a la categoría ontológica de Untermensch, subhombres.

Pues bien, donde alcanza toda su originalidad la hermenéutica de nuestro autor es cuando, analizando el quiebro sorprendente que da el relato de Kafka hacia su final, interpreta la autoinmolación del oficial de la Colonia desde una cristología prefigurada ya en Isaías. Esto es, como si súbitamente el oficial deviniese un Cristo de nuevo crucificado y la isla un Calvario donde ofrecer tan singular víctima propiciatoria, en otra de las singulares metamorfosis kafkianas. Los paralelismos son señalados con precisión por nuestro autor. Una ejecución libremente aceptada por el militar, el anonadamiento de éste hasta ser apenas gusano infecto (el Ego sum vermis et non homo del salmista que anticipa a Gregorio Samsa, y al judío como «piojo»), trituración de la carne del oficial traspasada por los punzones de la «máquina célibe» y la desfiguración de su rostro sin asomo ya de amabilidad alguna, son algunos de los paralelismos que avalan la singular intuición de Álvaro de la Rica: cómo Kafka acierta a introducir un ecce homo redentor en el corazón mismo de la fábrica de la muerte. Aquella que años más tarde se llevaría en volutas por sus chimeneas de Auschwitz-Birkenau y Chelmo las cenizas de sus hermanas Elli, Ottla y Valli. Más adelante, nuestro autor extenderá esta clarividente interpretación cristológica a la mutación rebajadora sufrida por Samsa en La metamorfosis.

Claro que para aventurar una interpretación tal hay que ser bien conscientes de la inmensa devoción de Kafka por los escritos cristianos y sermones de Kierkegaard y de su admiración y lectura constante del propio Chesterton, así como su familiaridad con toda la iconografía y simbología cristianas. Basta en mi opinión acudir al opúsculo kafkiano intitulado expresivamente Reflexiones sobre el pecado, la esperanza y el verdadero camino para percatarse de toda la formación e información cristianas que poseía nuestro escritor en aquella Praga hasbúrgica. Por eso mismo puede escribir legítimamente De la Rica para apuntalar su interpretación de la muerte del oficial: «Aquí es evidente la inversión del paralelismo en ambos relatos. El oficial en la Colonia era verdugo y juez y acaba siendo reo, mientras que en el escrito testamentario pasa de ser reo a ser juez de susverdugos […] Las consecuencias políticas de esta unión de contrarios que plantea también el relato kafkiano son evidentes: ningún poder puede legitimarse si no pasa primero por su sacrificio. O, dicho por pasiva: ninguna debilidad puede dejar de ser sostenida por un sistema político digno».

Muchas otras interpretaciones y aproximaciones vertidas por nuestro profesor a lo largo de estas páginas han de quedar forzosamente fuera de este comentario. Especialmente su polémica con Hannah Arendt, sus excursiones pictóricas y sus meditaciones en torno a El proceso y El castillo.Sólo queda animar al lector a que se inicie en la lectura de obra tan singular y bien valiosa.

Y mientras se decide a ello, le obsequio a ese lector avisado con un texto nuclear que, en su brevedad, compendia a mi entender los círculos concéntricos que Álvaro de la Rica nos ha iluminado con la luz de su candil, como La Tour en sus cuadros. Kafka lo debió de escribir hacia la Navidad de 1916 y conforma el aforismo 13 de su ya comentada Reflexiones sobre el pecado, y dice así:

«Un primer signo de conocimiento es el deseo de morir: Esta vida parece insoportable, la otra inalcanzable. Ya no se siente vergüenza por querer morirse y uno pide que le saquen de su antigua celda que odia y lo lleven a otra nueva, que aprenderá a odiar a su vez. Pero, sin embargo, un resto de fe le permite todavía creer que durante el traslado el Señor pasará casualmente por el pasillo, mirará al prisionero y dirá: «A ése no le volváis a encerrar. Éste se viene conmigo»».

Hay quien en horas de muy grave turbación en la penitenciaría de la vida ha acudido más de una vez a este fragmento salvífico como razón de esperanza, llevándolo cosido ya en la memoria. Sospecho, desde la comunión de los kafkiani, que a Álvaro de la Rica no le significa menos el texto encuestión, como si fuera un añadimiento luminoso a En la colonia penitenciaria. Y que tal vez por eso nos corresponde desde su libertad con este libro escrito en el crisol de su silencio creador. Ese mismo silencio que Kafka llamaba la verdadera «muralla del Bien», ésta sí ciertamente inexpugnable.

Viaje existencial por el mundo (España, estación término)

Creíamos en Occidente estar viviendo de cara al futuro y nos damos cuenta de que, en realidad, lo estamos desandando. Ya no es presente, sino pasado, el proyecto de un mundo regido por los principios del humanismo liberal y la economía de mercado. Enormes fuerzas sociales y políticas se elevan contra este horizonte. China, una quinta parte de la humanidad, practica una política de capitalismo iliberal; muchos estados siguen siendo totalitarios en lo político y socialistas en lo económico (Corea del Norte, Birmania, repúblicas de Asia Central); Rusia es una mezcla de capitalismo estatal y democracia corrupta. A todos ellos miran, en busca de modelos, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, y quizás también Ecuador, dubitativos todavía entre la romántica seducción del caudillismo criollo y la fascinación por el totalitarismo cubano. Hatoyama, el nuevo primer ministro japonés, le busca las vueltas al capitalismo liberal con su «capitalismo fraterno». El mundo de hoy no es, pues, de las democracias liberales.

Otras fuerzas se oponen a los valores y conquistas de Occidente. Están en el mundo islámico, y se consideran ajenos a los modelos de sociedad predicados sobre el principio de la libertad personal, si es que no son directamente hostiles a él. Se trata de un mundo dividido a su vez en subsistemas inestables: el árabe -siempre agitado, y social y culturalmente estéril-, el iraní -no menos agitado pero dinámico- y el indostánico (Pakistán, Afganistán) -explosivo y en bancarrota social y moral-.

Lo irónico de esta situación es que algunas de esas sociedades, y las masas humanas que las integran, fueron sacadas de su estasis, esto es, de sus interminables presentes, por el empuje, la creatividad y la violencia de Occidente, es decir, por unas sociedades conscientes de estar dentro de la historia; mejor dicho, de ser ellas mismas el más activo agente de la historia. Primero le tocó el turno a China; a mediados del siglo XIX vio rotas por Occidente su quietud y complacencia milenarias, casi al tiempo que en Japón sucedía lo mismo bajo el impulso de la nueva potencia norteamericana. Algo parecido sucedió en el siglo XIX con Turquía y sus pluriseculares sultanato y califato, y en el XX con el mundo árabe. Por las brechas abiertas a cañonazos en todos esos países entraron los balbuceos del desarrollo industrial, las ideas democráticas y las ideologías revolucionarias. Cada uno de estos impactos había sido generado por ideas y movimientos surgidos en los conflictos históricos de las sociedades europeas, y sacudieron sociedades que hubiesen preferido permanecer encerradas y seguras detrás de sus muros, en una vida ahistórica. Derribadas las puertas, cada una de ellas tomó del invasor lo que pudo o le convino, según su genio y cultura; otras, simplemente, tomaron muy poco o nada.

China se lanzó al futuro mediante la revolución, y después de dejar que florecieran las «cien flores» de Mao ha descubierto que la rosa capitalista es la más hermosa. Rusia ya agotó el impulso histórico de la revolución, y su actual capitalismo de estado es una flor pútrida. No es creíble que Rusia pueda recobrar, mediante el neoautoritarismo de Medvedev y Putin, el lugar central que siempre había tenido en el sistema europeo de estados.

Grandes porciones del mundo musulmán, por el contrario, quieren zafarse de la historia en que les metieron los europeos primero y los norteamericanos después. Nada explica mejor estas ansias de pasado que una deliciosa anécdota que, paradójicamente, trata de negarlo. Es el caso de las ruinas arqueológicas de la ciudad nabatea de Madain Saleh, en Arabia Saudí; quien las conoce dice que son comparables con las de Petra en Jordania. Su existencia fue ocultada desde siempre por las autoridades, pero han acabado por reconocerla; aunque a partir de ahora sólo pueden ser visitadas por arqueólogos con la condición de no decir nada sobre ellas más que en publicaciones arqueológicas. ¡No vaya a pensar nadie que en la tierra de Alá ha transcurrido alguna vez la historia! Para innumerables masas del mundo musulmán, no hay historia: sólo un dilatado presente, que debe ser igual, si no lo es ya, a los tiempos fundacionales de Mahoma. Un jefe de las tropas holandesas en Afganistán «clavó» esta idea recientemente cuando dijo del país que recorría: «es como pasear por el Antiguo Testamento».

Que todo esto haya sido así debe tener una explicación. Por tanto, cabe preguntarse: ¿qué es lo que hace que lo que llamamos mundo moderno haya sido conformado entre el siglo XIX y finales del XX por las ideas, la tecnología y la fuerza de unos pueblos europeos (incluyendo aquí a los norteamericanos)? Como no todo el universo mundo es moderno, ¿qué es lo que frena la expansión de esa modernidad? ¿Qué fuerzas internas de determinadas sociedades resisten esa civilización moderna de naturaleza típicamente occidental, o son inasimilables por ella? Estas son preguntas que mejor las respondiera un filósofo. El periodista sólo puede, aparte de preguntar, manifestar su impresión, o su parecer, sobre la incongruencia que hay entre los presupuestos básicos del medio internacional (que hay un «orden o sistema internacional» o que éste funciona por un «sistema de estados», o que existen normas e instituciones de jurisdicción universal) y el comportamiento real de todos esos entes, su verdadero ser para nosotros. Es como si, bajo la lupa de un análisis heideggeriano, nos diésemos cuenta de que al mirar y pensar los entes (y vaya si hay entes en el sistema mundial) éstos no nos revelan lo poco o mucho que son para nosotros, y ocultan que la realidad circula por substratos de la experiencia humana que no sabemos expresar ni controlar.

LA LIBERTAD COMO MOTOR

Carente, pues, de omnisciencia y de profundidad filosófica, el analista debe contentarse con una mirada, digamos «fenomenológica», ya que ha sido mencionado el tipo de análisis practicado por el conocido filósofo alemán que encabeza la corriente existencialista de la filosofía.

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Sinteticemos y aclaremos lo dicho en los primeros párrafos. Occidente ha transformado el mundo. Creía, además, dominarlo. No lo domina. El fundamento esencial del ser de Occidente consiste en la idea de libertad, llegada por dos vías: su noción del hombre, propia del espíritu griego, y su constitución en persona libre por el ¿Puede Occidente apoyar con su cristianismo. La civilización china ha sido históricamente extraña a estas ideas y experiencias pero, como resultado remoto del ataque que la civlización occidental llevó a cabo en su día contra sus murallas, muchos millones de chinos están sumidos actualmente en una lucha por la libertad, no del todo desesperada. Éste es un camino ya recorrido y consumado en Japón y en gran medida en la India. Rusia misma probó con Yeltsin las mieles turbias de la libertad, pero acabó por apartar de sí el cáliz.

En las sociedades musulmanas, por el contrario, la idea de que la convivencia debe organizarse sobre la libertad personal es, en general, muy débil o inexistente. Utilizando herramientas de Heidegger, podríamos decir que en las sociedades occidentales la libertad produce acontecimientos, esto es, cambios, y que los acontecimientos son la estructura de la temporalidad y de la historia. También advirtió Heidegger que la historicidad es un «ser-para-la-muerte». En este último punto, la sociedad musulmana parece coincidir con la occidental, aunque las dos afrontan la muerte de forma distinta. Una, dilatándola todo lo posible tratando de alcanzar la plenitud de su ser antes de que la muerte llegue, jugándose en ello, además, su destino ultraterreno; la otra, permaneciendo en una quieta sumisión que garantice el más allá, sin necesidad de que su tránsito sea mediado por la libertad ni por el acontecer histórico. Por eso el hombre occidental emplea el tiempo con usura, y crea cosas y leyes nuevas; sus obras son su vía a la trascendencia, sea ésta religiosa o simplemente moral. En el mundo musulmán el cálculo vital de muchos, sin duda el de las masas, consiste en someterse a la sharia y esperar en Alá.

PASIVIDAD, COMPLACENCIA, MIEDO

Las sociedades musulmanas viven políticamente de los presupuestos de la teología. El islam es, aparte de una civilización, un culto. No se puede separar los dos. Cuando los musulmanes viven en otras sociedades conformadas por otro tipo de civilización afirman, naturalmente, los derechos de su religión, pero muchos de ellos quieren al mismo tiempo vivir con valores incompatibles con los de la civilización a la que llegan, y esto es resentido por la sociedad que acoge. Este problema está adquiriendo carta de naturaleza política en bastantes países europeos.

La sharia, ley religiosa derivada del Corán, es de curso legal en casi todas las sociedades musulmanas, y cuando no lo es legal (muy pocos casos), al menos lo es en lo social. En ellas no se vive como individuo sino ante todo como miembro de la umma, la comunidad, y después como parte de un grupo étnico, tribal o familiar. Versiones menos integrales de este modelo pueden encontrarse en Turquía, Líbano o Marruecos (que pasa por ser el país más avanzado en libertades, entre los árabes), y sólo hasta cierto punto Túnez, Jordania y Egipto. Hay capas sociales que viven según el modelo de la sociedad abierta, pero son débiles, se sienten toleradas, si no perseguidas. Igualmente, amplias capas sociales, sobre todo las adineradas y próximas al poder, viven una existencia como élites consumistas a lo occidental y patriarcas tradicionales.

La mansedumbre de la población y la irresponsabilidad de las autoridades ante sus pueblos dan lugar al estancamiento social y el atraso (hay setenta millones de adultos analfabetos en el mundo árabe). Los movimientos políticos reaccionarios triunfarían electoralmente si no lo impidiesen sus gobiernos. No obstante, grupos mesiánicos decididos a parar cualquier tendencia al cambio por el uso del terror y las armas florecen con mayor o menor consentimiento en unas pocas sociedades árabes. Allá donde aplican el terror no se paran ante los más horrendos crímenes contra los civiles: asesinatos en masa sin ton ni son en trenes, autobuses, calles y mezquitas, dedos y narices cortados por votar, niños usados como bombas, niñas asesinadas por ir a la escuela, mujeres golpeadas por quitarse el burka, aviones en vuelo derribados… La galería de horrores es inenarrable. El propósito declarado de estos grupos, de proclamar el califato universal, aunque no sea más que delirio, da cuenta de su incapacidad para pensarla historia como una realización humana, y esto a su vez explica la inaudita deshumanización de sus actos.

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Afganistán es el epítome de los desastres que aquejan al mundo musulmán. La masa del pueblo, a pesar de muchas individualidades y grupos heroicos, se deja caer en el nihilismo y la tiranía. Aunque se saben ayudados por los aliados occidentales para ponerse en vías de redención material y política, la pasividad, la complacencia, si no el miedo, les puede. Las crónicas de los medios occidentales sobre las elecciones afganas de agosto de 2009 reflejan estefatalismo; como estamos amenazados por los talibanes, no ayudamos a los aliados, no resistimos, no cumplimos con nuestras obligaciones de soldados o policías, no votamos, tenemos miedo, no nos rebelamos. No hay administración central ni local, los soldados no luchan, la policía extorsiona. La corrupción es prevalente. Las elecciones, amañadas; el gobierno, sin legitimidad. Afganistán es el fracaso mayúsculo del mundo musulmán, como la Alemania nazi lo fue del mundo occidental. ¿Se puede salvar a quien no quiere ser salvado? ¿O a quien, aun prefiriendo ser salvado, no se juega en ello su existencia? Y en lo que a nosotros concierne, ¿puede Occidente apoyar con su presencia a un régimen de legitimidad dudosa? Este es el terrible dilema que se le presenta al presidente Obama, cada día de una forma más cruda y perentoria; y con él al resto de Occidente.

Ni al-Quaida ni los talibanes, por sí mismos, van a derrotar a Occidente. Pueden hacerlos desistir. Es lo que ha empezado ya a ocurrir en los Estados Unidos y Gran Bretaña, los principales combatientes en las batallas afganas; pronto empezarán a acusar el cansancio aquellos países que han puesto tropas no combatientes en aquel país. Sin embargo, los talibanes, con la ayuda de al-Quaida, pueden llevar la confrontación a un nivel de desafío estratégico temible. Les bastaría desestabilizar Pakistán, un estado que apenas logra contener el descontento de inmensas fuerzas sociales y políticas poco más evolucionadas que las de Afganistán, y con un potencial de violencia infinitamente mayor. Es desde este ángulo como se comprende la razón que asiste al presidente Obama cuando dice que la de Afganistán es una guerra «de necesidad».

Este breve recorrido por el devenir de grandes porciones del mundo musulmán posiblemente haya ya hecho comprender al lector que el mundo occidental tiene sobre sí una carga que a primera vista es bastante mayor que sus fuerzas. Y que sus interacciones con el mundo sínico y aún con Rusia, podrán quizás contribuir a la estabilidad y progreso del conjunto del sistema mundial, pero que su principal freno, y aun sus más inminentes amenazas, surgen de las simas más o menos soterradas de un mundo musulmán resistente a la modernidad, e imposibilitado por su estructura existencial para ayudar a que la historia marche en un sentido favorable a la persona como ser que hace todo lo que su vida puede ser antes de que la muerte le alcance.

MARGINALIDAD Y VITALIDAD

Nos quedan por tocar dos grandes áreas de la humanidad. La primera, por su magnitud física y demográfica, es África subsahariana. ¿Qué es este inmenso subcontinente para Occidente? Reconozcamos desde el primer momento cierta incapacidad europea para su comprensión. Nuestras pautas de pensamiento están, como se ha apuntado, conformadas por la historia, esto es por la sucesión y transformación de sus estructuras espirituales y materiales. Desde que el África negra comenzó a ser explorada por los occidentales hace más de quinientos años, ¿ha cambiado en algo su posición en los márgenes de la historia? ¿Se ha personado esta parte de África en la historia universal? Sí, como sujeto pasivo. ¿Han surgido de su seno movimientos, ideas o corrientes transformadoras, como sin duda aportaron en su día Occidente, China, el Islam, la India, etc.? No, el África subsahariana, o negra si se prefiere, continúa siendo un continente dependiente, asistido y socorrido por agencias y estados externos, y en el que numerosos países se hallan sumidos en los más oscuros recesos de la existencia humana. Su aportación ha consistido históricamente en materias primas y músculo, aunque también (sería injusto no mencionarlo) incluye apreciables valores sociales e individuales; por ejemplo, y en general, sus mujeres, que son sostén de los hogares y las familias.

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La vitalidad básica de este subcontinente negro, que en principio podría contener una promesa de redención, representa sin duda un motivo de inquietud para sociedades próximas, como la europea, que no poseen esa vitalidad demográfica que hace que África estalle por sus costuras, arrojando a las playas de Europa decenas de millares de sus hijos, en su inmensa mayoría sin oficio ni beneficio, y condenados a priori a vivir en los márgenes de nuestra sociedad. Un cataclismo sanitario, alimenticio o social (por ejemplo, más guerras civiles que las que son usuales en estos días) inundaría Europa de incontables seres desesperados, poniendo en jaque a una sociedad como la europea, con su capacidad de asimilación ya puesta a prueba por las inmigraciones de musulmanes y europeos del este, no siempre con feliz resultado.

La otra gran región no mencionada hasta ahora es la latinoamericana. Pasado es ya su decenio de los noventa, cuando la restauración democrática en casi todos sus países, sea en oposición a las dictaduras militares o sea mediante la superación de las guerras civiles, coincidió felizmente con una eclosión de expectativas económicas, basadas en la apertura del continente al comercio internacional, a las inversiones extranjeras y a la revalorización del ahorro (con las consabidas excepciones, claro está). El continente, desde entonces, ha cambiado de faz. La lucha presente no es por el desarrollo económico y social, sino por el modelo ideológico que, a juicio de unos y otros, debe liderarlo. Esto ha dado lugar a que el espacio público de la opinión continental esté dominado por aquello que más temía el Libertador, el bochinche, a que tan entregados están sus más fervientes adeptos de hoy en día.

LOS ENTES QUE HABITAN EL UNIVERSO MUNDO

Una vez hecha sumaria y rudimentariamente la descripción fenomenológica del mundo que habitamos, pero manteniéndonos en la senda que esperamos nos conduzca a su ser, seguiremos aquella prescripción heideggeriana: el ser no se hace presente más que en el ente.

Ya lo hemos dicho: el sistema internacional está lleno de entes. La mayoría son políticos, pero algunos son de derecho público (los estados, la ONU y sus organismos subregionales: OEA, OAU, FMI, Banco Mundial, OMS, etc.); otros de derecho «particular» (la OTAN, la Unión Europea, el G8, el G20, etc.), y aún hay otros que no son de derecho público, ni privado, ni particular pero que desde luego se han personado en la escena internacional para ganar protagonismo y poder. Aquí nos ocuparemos sólo de unos pocos, porque no todos tienen la misma capacidad para estructurar el mundo, asentando y reforzando sus cimientos o, al contrario, minarlos. Yo pondría en la categoría de los que sí pueden hacerlo a los grandes estados, ciertas agrupaciones estatales de influencia considerable, y junto a ellos aquellas agrupaciones humanas o movimientos ideológicos que se han autoasignado la misión de destruir los fundamentos del mundo tal como lo tenemos construido hoy día: el más conspicuo de ellos es el que ustedes piensan, el islamismo militante. En otro apartado pondré el mundo español, tanto el de este lado del Atlántico como el del otro, en el entendimiento de que ni uno ni otro están en condiciones de contribuir de modo significativo a la transformación de nuestro mundo, sumidos como están en un proceso de autoinsignificancia, pero que, a pesar de todo, es nuestro mundo de un modo particular y existencial. Es decir, son los entes que, según creo, más nos importan. Así que vayamos, por orden de relevancia y de uno en uno.

Naturalmente, hay que empezar por la que aún es la primera potencia mundial, los Estados Unidos. Es curioso cómo se ha devaluado en pocos años la noción de superpotencia, ligada a un abrumador y ominoso poder nuclear. Aunque ese poder sigue ahí en potencia, ya no intimida. Lo que está sucediendo bajo la presidencia de Obama es otro indicativo de lo que se pretende decir.

La rabia y la humillación sufrida por los Estados Unidos en 1941 por el ataque de Pearl Harbour les dieron el impulso para convertirse en una superpotencia. Pero la rabia del 11-S ya está pasando, como muestran los indicadores de opinión en torno a la guerra de Afganistán, mientras la humillación tiene su exutorio en la lucha de sus agencias de seguridad contra el terrorismo internacional, una empresa de rango secundario que no transforma el mundo. La resolución de las alternativas con que se enfrentan los Estados Unidos en esta cuestión será de importancia vital para ese país y para el resto del mundo. Si, efectivamente, bajo cualquier circunstancia la retirada norteamericana de Afganistán se produce con un triunfo de los talibanes, el mapa geopolítico de la zona y de Oriente Medio habría que volver a diseñarlo.

Su configuración dependería de la validez de ciertas hipótesis. ¿Sería un Afganistán talibán, aliado o satélite de Pakistán? Esto empujaría aún más a Teherán a hacerse con el arma nuclear. Israel, bajo esa oportunidad, bloquearía cualquier vía al estado palestino, de forma declarada o subrepticia, y ampliaría sus colonias. Hasta se vería obligado a cumplir lo que tan ominosamente sugiere de vez en cuando, un ataque a Irán. Este curso propinaría un golpe irremediable al prestigio y liderazgo del presidente Obama y de Estados Unidos. O, ¿por qué no un alineamiento de Israel con el Irán chiitafrente a un Afganistán-Pakistán sunnies? Este choque religioso, que parece tan disparatado, ya lo hemos visto en el hasta hace pocos años laico Iraq. Si estas hipótesis no les convencen, no se preocupen: tengo otra. Los talibanes pakistaníes, a la vista del triunfo de sus hermanos afganos, se envalentonarían y lanzarían un asalto al estado, y probablemente lo derribarían. Porque, mirados con objetividad, los fundamentos sociales, históricos y jurídicos en que se basa el actual sistema político de Pakistán carecen de legitimidad y están minados por su naturaleza artificiosa. Si esto último ocurre, y es probable que ocurra, la OTAN habría probado ser un tigre de papel.

Cabe, pues, preguntarse: ¿quién liderará el mundo de mañana? Parece evidente que los Estados Unidos no. ¿Quién entonces, China? Tampoco. ¿Entonces no habrá liderazgo mundial? Posiblemente sí. Algunos prevén un duopolio de liderazgo entre Estados Unidos y China, que extendería dos alas, hacia la Unión Europea y Japón-Este de Asia. Aquellas dos potencias pueden, cuando quieran, operar en los mercados mundiales como la sístole y la diástole del corazón, o la expiración e inspiración de los pulmones.China exporta y Estados Unidos consume; a continuación China consume y Estados Unidos exporta. Esto ayudaría a equilibrar la economía mundial y sanear las dos internas. Si las dos orillan el espinoso tema de quién tiene derecho al manto de la hegemonía nominal, y llegan a una «entente» más o menos cordial, se habrá dado un gran paso para la estabilidad mundial y se habrá debilitado a las fuerzas nihilistas del mundo. Este acercamiento, por otro lado, desplazaría el eje económico del mundo al Pacífico, y señalaría un reequilibrio a la baja del poder e influencia de Europa.

SOPORTABLE PESANTEZ DEL SER

¿Qué posición ocupa en este tablero la Unión Europea? No hay duda de que no está en su mejor momento. La crisis económica, aparte de frenar su desarrollo, ha hecho retroceder la esperada homogeneización social y económica entre sus partes oriental y occidental. De importador neto de capitales, el Este se ve forzado a exportarlos a sus apurados acreedores occidentales. Si se produce el probable triunfo electoral conservador en las elecciones británicas, la Unión sufrirá por las reticencias y frenos puestos por el Reino Unido. ¿A dónde mirar en busca del liderazgo europeo? Francia tiene voluntad de ejercerlo, pero la tarea rebasa sus capacidades. ¿Un eje franco-alemán? Alemania no se dejará tentar. Mira a Rusia con circunspección y un toque de temor. No era así en el siglo XIX y primer tercio del XX, cuando Rusia miraba a Alemania con admiración y miedo. En realidad, podría decirse que a los europeos nos «falta Alemania», la que pudo haber sido si los propios alemanes no la hubieran destruido en los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

En todo caso, la pérdida relativa de peso de Europa en el mundo (aun cuando su economía creciera rápidamente, lo que hoy no es probable) se acelerará a medida que otras naciones aumenten su parte en el producto mundial. Esto ya está a la vista en potencias como India y Brasil, y aun Turquía e Indonesia. La Unión Europea, que se ha quedado en un ente pero no ha alcanzado la naturaleza de «ser sustancial», seguirá operando entre los grandes como primera potencia comercial del mundo, pero no más. Su operatividad, su personación en el mundo, seguirá dependiendo de la calidad del liderazgo político que las naciones individuales o en concierto sean capaces de ejercer en foros cada vez más nutridos por estados en ascenso, provocando una drástica reordenación del rango de cada nación. Es lo que se ha visto en el tránsito de un G-8 exclusivo a un G-20. De esto, y sobre España, ver unos párrafos más abajo.

A la pérdida relativa del peso económico y político de Europa se unen los factores internos que aflojan su cohesión cultural. Por un lado, la debilitación demográfica de Europa ha favorecido el crecimiento de una población musulmana muy segura de los valores de su cultura, que en gran parte no coinciden con los europeos, y ello ha dado lugar a una integración débil o nula. Por otro lado, la ruina económica y social de África (¿quién se atreve a dudar de que esta hipótesis sea disparatada?) representaría un riesgo inminente de un desplazamiento masivo de población a Europa.

Las medidas restrictivas de la inmigración ilegal no están respondiendo al problema. No se despide más que a una fracción de los ilegales. La opinión de que la crisis económica en Europa disuadirá la inmigración ilegal, sobre todo del África subsahariana, es una ilusión. Lo vemos en las calles españolas. Los subsaharianos vienen porque, aun viéndose reducidos por falta de empleo a vender La Farola, CDs copiados, o simplemente ayudando a aparcar coches, van tirando con las ayudas sociales que cubren a la población marginada, y con todo les sale mejor partido que la falta de futuro en sus países o ser víctimas de la guerra civil de su país. Hay, además, políticas activas que de manera no intencionada estimulan la inmigración ilegal: menores y madres embarazadas, que pronto pasan a engrosar las listas de la asistencia pública. África,un continente con muchas esperanzas y pocos motivos para tenerla, puede acabar un día arrojando sobre Europa una armada de pateras con millones de inmigrantes.

A medida que los vectores de las fuerzas europeas vayan adquiriendo otra geometría y ponderación, se transformará también, a la baja, el peso de la que ha sido hasta ahora su clave de seguridad, la Alianza Atlántica. Si Iraq fue para la OTAN, como alguien ha dicho, «una experiencia casi mortal», podemos temer que Afganistán sea, casi, la puntilla. Una alianza no puede salir incólume cuando la mitad o más de sus miembros evitan correr los riesgos que otros corren, con efectos que desaniman las opiniones públicas de los que llevan la carga. La estrategia adoptada por la Alianza para su intervención en Afganistán (somos una fuerza en misión de la ONU que se mantiene dentro de los límites jurídicos del mandato) tiene, como se está viendo en la realidad de la guerra, escaso significado estratégico. La OTAN como tal no la ha asumido.Quizás es todo lo que la OTAN puede hacer, al menos su parte europea (apoyo a la estabilidad internacional), pero desde luego esto que hace no es muy relevante para lo que pasa. Este ente tampoco posee la sustancialidad de lo que dice ser.

BAJAMOS UN ESCALÓN

Nos queda por considerar lo más próximo a nosotros, el mundo hispánico y España misma. Ya se han señalado algunos saltos atrás en el desarrollo político de los pueblos transatlánticos. La crisis de Honduras ha puesto en evidencia la extrema debilidad y la inefectividad de sus instituciones. En el plano social, las capas de pobreza se han reducido modestamente, mientras que otros factores negativos se han disparado, sobre todo la criminalidad y la corrupción. La emigración es parte de la imagen pública de Latinoamérica. La dirigida a los Estados Unidos recorre un vía crucis de horrores, sufridos por los emigrantes tanto en los países (hermanos) de tránsito como en el de llegada. Existe un desajuste abismal entre lo que esperan unos y lo que los países de acogida pueden ofrecer. España, por ejemplo, sólo ha dado oportunidades laborales a la inmigración ensectores de baja productividad, lo que hace improbable o muy difícil incorporar esos inmigrantes a la economía más evolucionada que necesitamos y esperamos cuando los efectos de la destrucción de la vieja hayan pasado. Pero entretanto se dilucida esta cuestión, nuestra sociedad se queda con una población inmigrante en estado de «suspensión», dando oportunidad a que los desajustes estructurales y el paro se conviertan en alienación y ésta abra paso a formas de marginación y criminalidad nuevas a este lado del Atlántico pero usuales en el otro, como vemos todos los días en nuestras calles.

Muy poco de lo ocurrido en Hispanoamérica, y también en España, resulta estimulante para el prestigio de nuestra cultura. Hispanoamérica se halla encharcada en revoluciones pendientes, conflictos étnicos, crimen y corrupción. Los sistemas políticos nacionales se debilitan, y ello ofrece a Brasil, un país con élites muy competentes y masas de trabajadores muy bien formados, la oportunidad de preconizarse como la potencia moderada, dinámica y modernizadora del continente latinoamericano. Los demás, pierden el tiempo dándole vueltas al bolivarismo, el indigenismo o a si la revolución social se va a consumar o no.

España ha retrocedido igualmente. Más allá, o quizás en el fondo, del estancamiento económico y el paro, se halla la permisividad cultural y ética. Los indicadores de la educación de la juventud arrojan los más pobres resultados en los baremos aplicables al mundo industrializado. Nuestras calles y carreteras viven ahogadas por la estética mugrienta de los grafitos y nuestras televisiones y parte del cine dominadas por la ramplonería, si no la chocarrería. La arrogancia del estilo de gobierno produce defraudación y depresión de la moral social; se ha pasado de alardear de «il sorpasso» a Italia en renta per cápita y de morderle los talones a los franceses, a ocupar la silla de oyente en el G-20, al más alto porcentaje de paro en toda Europa y al mayor déficit de nuestra historia. En contra de lo que algunos no se cansan de repetir, España no es la octava potencia industrial del mundo. Habíamos llegado a ser la novena, y ahora ha sido sobrepasada por la India, y pronto lo será por Brasil, si no lo ha hecho ya, y hasta puede que por Australia y Corea del Sur si no salimos de la crisis.

Los españoles que han pasado la edad laboral han atravesado, en el plano político, social y cultural, por diversos niveles de realidad ontológica. Primero vivimos en una España que era una nación. Desde hace unos años vivimos en un ente que se llama Estado español. La crisis del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre el estatuto catalán nos ha asomado a una pesadilla: hay muchos que creen que España no es más que un artefacto para ir tirando antes de irse de ella.

Termina así, en la angustia, este periplo existencial por el orden mundial de nuestros tiempos. Pero no desesperemos. Compartimos el destino de una civilización que no puede más que llegar a ser aquello que es. La historia viene de lejos: más o menos desde hace dos o tres milenios.

Orbis Tertius

Documenta Catholica Omnia

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Quizá la presentación podría mejorar. Quizá el acceso al texto que se quiere consultar podría ser más rápido. Se trata, en cualquier caso, de un proyecto exhaustivo y monumental. Todos los textos pontificios, los textos de los concilios, las obras de los padres y doctores de la Iglesia, en su lengua original y traducidos; así como una vasta literatura de tema religioso o relacionada cultural e históricamente con el cristianismo.

Bartleby

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«Reference», «Verse», «Fiction» y «Nonfiction» son las cuatro secciones de esta página, de la que agradecemos su claridad y contención. No se encuentra en ella muchísimo, pero todo lo que ofrece es indispensable. Poesía, ensayo y un buen número de obras de referencia (gramáticas, enciclopedias, diccionarios…). Entre otras joyas, ha digitalizado, por ejemplo, los más de setenta volúmenes de los Harvard Classics (Nueva York, 1909-1917) y los dieciocho de la Cambridge History of English and American Literature (Nueva York, 1907-1921).

Les classiques des sciences sociales

http://classiques.uqac.ca
Ciencias sociales en sentido amplio. Filosofía política, derecho, economía, geografía, historia. Numerosas obras digitalizadas de más de trescientos autores. Desde Hume y Locke a Marx y Bakunin. Desde Constant y Bastiat a Jaurès y Kautsky. Las obras de Ibn Jaldún, las de Alain, las de Simone Weil. La presentación de los textos es muy buena y la lectura en pantalla, tanto en word como en PDF, resulta muy agradable. Además, podemos descargar lo que nos interese en cuestión de segundos.

Bibliotheca Classica Selecta

http://bcs.fltr.ucl.ac.be
La Universidad Católica de Lovaina, a través de Hodoi elektronikai e Itinera electronica, presenta dos series muy completas de obras griegas y latinas. Texto original, traducción, frecuencia de palabras, diccionario de formas, concordancias. La página griega incluye un buen número de textos bizantinos (la Biblioteca de Focio, por ejemplo). La latina tampoco se detiene en el mundo clásico y ofrece obras de humanistas y de filólogos del Renacimiento; por ejemplo, algunas de las traducciones de Xylander.

Google books

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Sí: la página de libros de Google. Termine como termine esta aventura, vale la pena disfrutar de ella mientras dure. Es como entrar en una enorme librería. Podemos hojear las páginas de ese libro que jamás compraremos; podemos leer cincuenta páginas de ese otro que no sabemos si pedir o no a Amazon; podemos leer, en fin, infinidad de ellos, de la primera a la última línea. Los que no tenemos cerca buenas librerías agradecemos mucho más, si cabe, algo así.

Sorolla y Matisse, duelo de visiones de luz mediterránea

En plena crisis, hay grandes exposiciones que baten récords, a pesar de los recortes presupuestarios por doquier, y permiten que los ciudadanos puedan disfrutar de obras que nunca antes habían viajado a España como los paneles de la biblioteca de la Hispanic Society de Nueva York que pintó Sorolla y que han sido el centro de una gran exposición antológica que podrá verse en Madrid hasta otoño. Toda una oportunidad para darse un festín de luz y delicadeza, que puede además completarse con la muestra que el Museo Thyssen dedica a la obra de Henri Matisse desde una perspectiva muy poco vista, que refleja su maduración y su visión del mundo cambiante que le tocó vivir.

En un mundo como el actual, la cultura ya no es sólo la excelencia que se decanta, lo que el tiempo nos reserva para sostener nuestra visión del mundo. Hoy, la cultura tiene el mayor desafío de ser útil, proactiva, de moverse y remover nuestras conciencias viajeras, que la aldea global agita continuamente con cientos de estímulos. Por ello, resulta más difícil si cabe encontrar una ocasión tan singular como la que ha unido a Joaquín Sorolla y al Museo del Prado.

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En términos puramente culturales puede hablarse de una deuda que permite contemplar la calidad de un pintor en la casa de sus maestros, de manera que el Prado ofrece a Sorolla una suerte de consagración y puesta en valor de aquellos matices que por no interesar tanto al mercado o debido a que han permanecido siempre en un plano secundario no habían llegado al gran público. Porque de eso se trata, de poner en marcha proyectos de calidad y de un interés mayoritario en grandes instituciones culturales que, a su vez, dedican esfuerzos y no pueden dejar de dedicarlos a aspectos mucho más minoritarios de la historia del arte. Además cumple los sueños del pintor, que siempre quiso ver sus cuadros colgados en sus nobles muros.

LA MAYOR OPERACIÓN DE PATROCINIO

Llegada al Prado, la muestra «Joaquín Sorolla» es algo irrepetible. Porque en esta exposición se han reunido lo mejor de las colecciones públicas y también todas aquellas obras que, por estar en manos privadas, en el extranjero o en ambos casos, han sido vistas muy pocas veces por ese gran público que, sin duda, las demanda. Comisariada por José Luis Díez y Javier Barón -puede visitarse hasta el 6 de septiembre-, ha supuesto la conjunción de grandes esfuerzos y no menores medios. En un mundo como el actual parecerían castillos en el aire sin el ejemplo de los grandes patrocinadores y mecenas que, a pesar de la retracción de la economía, arriesgan con grandes apuestas en las que tanto va de su política, de su patrimonio y de su prestigio en juego. Desde luego, el caso de Sorolla es uno de los más importantes, ambiciosos y brillantes proyectos de patrocinio que se han dado en España en las últimas décadas.

Bancaja, una entidad lógicamente ligada a Sorolla por su ámbito principal de actuación, la Comunidad Valenciana, supo detectar a tiempo la importante oportunidad que el destino les ponía por delante. Sabedores de que la Hispanic Society iba a reformar su sede y, sobre todo, su biblioteca, inmediatamente mostraron interés por traer a nuestro país los paneles de Visiones de España que el pintor realizó por encargo de Archer Milton Huntington para la sociedad neoyorquina. El sueño del pintor había sido que esas obras, que tardó catorce años en realizar y en las que, literalmente, se dejó la vida, fueran alguna vez vistas en el Museo del Prado.

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En ese sueño le acompañaba su mecenas, y al cabo de los años la generosidad de una entidad como la citada lo ha hecho posible.

Durante una entrevista que el presidente de Bancaja, José Luis Olivas, concedió a ABC, pudimos conversar sobre las raíces del proyecto y también sobre su firme convencimiento a la hora de enfrentarse a un desafío como éste, una operación logística increíble, de seguros, transportes y restauraciones, con una itinerancia muy marcada por la geografía española que iba a llevar las obras, con variaciones, por grandes sedes culturales para desembocar en la gran muestra del Prado, a la que se han sumado fondos de la más variopinta procedencia hasta juntar la colección canónica de un Sorolla que soporta la grave comparación con sus maestros de la escuela española. El éxito y la proporción de esta operación de patrocinio «marca un antes y un después para las instituciones financieras como Bancaja, sin ánimo de picar a nadie», según Olivas.

El asunto es que, en la mente del patrocinador, la ocasión se dibujaba maravillosa. A pesar de que los rumores hablan de que la Hispanic solicitaba un millón de dólares a quien quisiera llevarse temporalmente los paneles para su exposición, lo cierto es que Olivas puso énfasis no en el precio, sino en la duración del préstamo, según relata. Y así, Bancaja ha tenido dos años las obras que, asociadas a su marca, ha ido exponiendo en proyectos que, con algunas variaciones, han viajado a las principales ciudades de España. La muestra alcanzó el millón de visitas antes de llegar a Madrid, a su paso por Sevilla, Málaga, Bilbao y Valencia, a donde retornará en otoño después de su paso por el Prado. Pero es que la expectación es tanta que el museo madrileño ha firmado un convenio para extender dos horas el horario de visitas a la muestra de Sorolla. Las colas circundan el Prado. En plena crisis, un proyecto demuestra el poder de atracción de la cultura en una sociedad moderna.

RECURSOS CULTURALES EN EL PIB

El fenómeno merecería una profunda reflexión por parte de nuestras autoridades económicas, siempre reticentes a conceder al patrocinio el tratamiento fiscal que sí tiene en otros países de nuestro entorno. Como si los medios dedicados a la cultura por la sociedad civil no generasen recursos de los que las arcas públicas obtienen impuestos y beneficios en puestos de trabajo y otros recursos asociados al turismo y un sector en alza, como es el que engloba a las industrias culturales. Porque si nuestro país destaca en algo es como potencia mundial en cultura y parece que nuestros gobernantes aún desconfíen de aquellas realidades que generan crecimiento y conforman la marca España. ¿Cómo si no entender que durante años la dación en pago de impuestos haya sido un modelo mejor aceptado que la mejora de la fiscalidad del patrocinio y mecenazgo? La dación, por medio de la que una entidad paga impuestos con obras adquiridas o de su colección es una dispensa, una licencia que Hacienda concede. Pero aparte de una foto no genera más recursos.

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Sin embargo, la cultura, el ocio, el entretenimiento, son realidades cada vez más fundidas y difundidas, que han escalado hasta convertirse en el primer sector de la economía mundial. Para que engrosen el porcentaje del PIB que aporta, por ejemplo, la industria cultural en Estados Unidos, es necesario contar con la sociedad civil. Ningún límite puede salvarse de espaldas a ella. Olivas opina que «hay que buscar un equilibrio, aunque no sea éste el momento económico más propicio. Porque ahorras dinero a la administración al rehabilitar o restaurar monumentos. Ayudas a promocionar una ciudad, un patrimonio, estás dando recursos turísticos a la sociedad y animando la actividad económica. Hacienda, qué duda cabe, debería valorarlo más». En opinión del presidente de Bancaja, en España «necesitamos una ley de mecenazgo que regule beneficios y reconocimientos a las empresas que estén dispuestas a invertir recursos en promoción y desarrollo cultural, en el más amplio sentido de la palabra. Las cajas de ahorros, caso concreto, no lo hacemos buscando una contraprestación económica, sino reputación. No buscamos la desgravación fiscal, sino un retorno de prestigio, reputación y confianza, que en el mundo financiero tienen muchísima importancia».

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SOROLLA. EL FERVOR DE LA LUZ

Sea como fuere, y tras este exordio, debemos celebrar el resultado del empeño de Bancaja, la oportunidad del Prado y la aquiescencia de coleccionistas de todo el mundo que han realizado una exposición tan irrepetible como apasionante en las salas de la ampliación de Moneo para nuestro primer museo. Allí, para empezar, los paneles de las Visiones de España se han podido contemplar en una misma sala, en un montaje muy parecido a su lugar original en la biblioteca de la Hispanic Society. Pero además de permitir que el público disfrute con estas visiones del pintor sobre las variaciones, lugares y ritos de nuestro caracter nacional, la muestra ha puesto muy de relieve algunos matices de Sorolla prácticamente desconocidos, además de muy poco reivindicados. Su compromiso social, por ejemplo, presente en obras como ¡Aún dicen que el pescado es caro! o Triste herencia, está muy alejado del repetido arquetipo del pintor de la playa y la luz. Sin embargo, como puede apreciarse, la luz será la principal preocupación del pintor incluso desde estas primeras obras, como elemento que sustancia su estilo veraz.

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Ese fervor por la luz de plenitud mediterránea preside la exposición, en todos sus matices, como no puede ser de otro modo. Arranca de esa etapa, de antes del cambio de siglo, cuando las escenas de pescadores, como La vuelta de la pesca, van configurando el universo de Sorolla. Coinciden además con su éxito internacional, que confirman la citada tela, Cosiendo la vela y la célebre Triste herencia, premiada en el Salón de París. Pero de la mano del éxito llegaron rápidamente los encargos y en ellos el pintor no dejó de dar muestras de su gran factura, en retratos y escenas cotidianas, al tiempo que, según subrayan los expertos, su pincelada se hace más abierta y enérgica, lo cual enfatiza aún más el protagonismo de la luz en sus lienzos. En justa correspondencia con los compromisos crecientes de su éxito, también comienza a aparecer una iconografía inspirada por su vida más íntima, una veta a la que el artista se aferrará con fuerza hasta el final de su carrera, como demuestra en el delicadísimo Madre que representa el apacible descanso de madre y bebé.

En el más de un centenar de las obras reunidas hay una colección de las obras maestras que conserva el Museo Sorolla de Madrid, que se encuentran entre las más conocidas y valoradas del autor, más obras de colecciones y museos de diversos países, incluso otras procedentes de la Hispanic Society. Pero, como bien se ha destacado, es la presencia de las obras fundamentales de Sorolla en el Prado la que permite confrontar al pintor con sus maestros. Así, el Desnudo evocador de la Venus del espejo velazqueña es el hito de la muestra en el que la influencia de su formación junto a los muros de nuestra gran pinacoteca queda patente. Sin embargo, la exposición también podría contemplarse como un juego de espejos en el que adivinamos perfectamente pequeños guiños velazqueños, en la disposición de retratos colectivos inspirados en Las meninas o en la vitalidad que muestran algunos de los modelos de retratos individuales.

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En cualquier caso, el recorrido por la muestra es cronológico y permite una comprensión general de la obra de Sorolla. Además, para el Prado, la excelente relación de la Hispanic Society con Bancaja ha permitido sumar otra decena de obras del pintor, entre ellas Sol de la tarde, la impresionante obra de madurez del artista que jamás se había visto en España antes. Queda patente también en la muestra la libertad que el valenciano alcanzó, en parte por su éxito arrollador, en parte porque se mantuvo fiel a temas e indagaciones en la sensualidad, la luz, un universo mediterráneo y no ajeno a representaciones del cuerpo humano desde la Antigüedad clásica. Engarzado así en su propia tradición es como el pintor brilla con luz propia en el Prado.

MATISSE Y LA ESENCIA DE LA PINTURA

El Museo Thyssen, mientras tanto, propone un recorrido menos conocido, menos indagado hasta el momento, comisariado por Tomás Llorens. Se trata del periodo de madurez de Matisse como artista, desde que se instala en Niza en 1917, hasta 1941. Entre su conocida etapa fauvista, anterior a 1917, y sus postrimerías, ya que moriría en 1953, el pintor se desarrolla en varias facetas que en esta exposición quedan patentes y que se resumen en una reflexión sobre la esencia de la pintura.

Matisse llega a Niza con la voluntad de alejarse de la Gran Guerra y de imprimir un giro profundo a su trayectoria, ya por entonces muy reputada, tal vez para sobreponerse a un éxito que no le permitía concentrarse en la investigación pictórica. Desde el mismo motor de la modernidad que representan Baudelaire y Mallarmé, el pintor decide abandonar los grandes formatos, que él mismo denominaba «decorativos», con el fin de adentrarse en los significados y dimensiones de la mirada del artista y del espectador.

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Reflexiona sobre sensaciones que le provocan el color y el volumen de los objetos cotidianos, de la realidad que lo rodea, adquiriendo así una profundidad en la experiencia de los motivos que plasma en el cuadro que sólo puede definirse como intimidad. Pero, a un tiempo, y producto de esa reflexión tan lúcida, ni renuncia a la autonomía ni se permite determinadas concesiones. Huye de la perspectiva y del claroscuro tan queridas por Cézanne -en la muestra hay un cuadro suyo, fruto de la larga amistad entre ambos pintores- y también se concentra en unos pocos motivos en los que sumerge sus elucubraciones.

La ventana como escenario, como arbitrio representativo de la tradición pictórica desde el Renacimiento y como artificio adherido al hecho artístico definen estas primeras indagaciones. Aparecen así habitaciones vacías, o con figuras femeninas, en el entorno de esa luz mediterránea. A la luz no la trata con fervor, sino como la «claridad plateada» que otorga esa intimidad del pintor con las cosas, esa expresividad teatral que el lienzo supone. A diferencia de las visiones de un Sorolla, Matisse trata de realizar un trabajo más relacionado con las preocupaciones estéticas de su tiempo. La ventana o el balcón marcan la distancia con el horizonte, al tiempo que la mirada del pintor se extravía entre los objetos de los espacios que representa. Muebles, flores, figuras, tratados con idéntica intención y el mismo cuidado. Es la influencia de Van Gogh, Cézanne, Gauguin…

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LAS ODALISCAS

La figura femenina es el verdadero bordón de todo el periodo y su relación con el pintor se va depurando a lo largo de toda la etapa de Niza. Desde aquellas primeras figuras concentradas, hasta el retrato de Margarita dormida o las mujeres leyendo y durmiendo en un abandono en el que reina esa precisa intimidad del pintor con los espacios y los objetos, pasamos al cuerpo desnudo. Porque los desnudos cobran pronto un protagonismo muy diferente en la serie celebérrima de las odaliscas, en las que la corporeidad del cuerpo femenino, a menudo en ademán erótico, contrasta con el agobiante colorido bidimensional del entorno. Telas, adornos, joyas, espejos, arabescos no subvierten este valor absoluto y carnal de su reflexión pictórica, concentrada en la forma, para cuya representación alterna los lienzos con dibujos que marcan el camino hacia la intimidad con este tema central.

Por las mañanas, en la ciudad costera, Matisse solía pintar a sus modelos en el estudio, mientras que por las tardes dibujaba reproducciones de estatuas de Miguel Ángel. Pero el periodo de Niza es muy amplio y lógicamente también registra las variaciones en estilo e intención para el artista. Si hubiese que definir un sentido a la evolución registrada en estos años habría que hablar de esencia. Esencia pictórica, a pesar de que el ritmo de trabajo se ralentizase y también a pesar de los viajes y los encargos que le ofrecen la oportunidad de realizar obras de muy distintas dimensión y finalidad. La danza o la escultura Desnudo de espaldas IV son dos ejemplos de un retorno temporal a las obras de carácter decorativo, la primera de ellas fruto de un ambicioso encargo.

Pero Matisse no pierde el hilo y continúa indagándose, y se decanta lentamente por el dibujo esencial, la delgada línea musical que en la serie «Tema y variaciones» se convierte en el mayor hito de pintura de intimidad que el artista produce, sencillo y emocionante, con el corazón pendiente de esa «línea sonora, vana y monótona» que dibuja un busto femenino, pero que al mismo tiempo renuncia al volumen y a sus dones feraces de erotismo y profundidad. Variaciones y obsesiones muy esenciales para el pintor en el momento en el que el mundo vuelve a girar por senderos de gloria trágica con el ascenso de los totalitarismos, la Gran Depresión y las tensiones sociales y raciales que desembocarán en la Segunda Guerra Mundial.

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Pero son esas series de dibujos sencillos y únicos los que cierran el periodo de madurez de uno de los mayores artistas del siglo XX, aquel que había conocido en París en 1906 a un Picasso diez años más joven que él y en el que de inmediato reconoció a otra figura central y contrapuesta de aquel mundo pictórico que él representaba.

En definitiva, esta exposición del Museo Thyssen, que podrá visitarse hasta el 20 de septiembre, ofrece la oportunidad de conocer a uno de los grandes pintores de la época de las vanguardias y su intenso e interesante proceso creativo de madurez.

La imagen de Tintín en el arte español contemporáneo

En el mes de junio de este año 2009 acaba de inaugurarse el Museo Hergé en Lovaina la Nueva, localidad universitaria situada a treinta kilómetros de Bruselas, dedicado a la obra creadora de Hergé, que con la creación de su personaje Tintín fue uno de los autores más importantes del cómic del siglo XX con su particular influencia en arte de nuestro tiempo. Con este motivo, desarrollaremos en este artículo un breve análisis de los artistas en los que, de alguna manera, influyó Hergé más intensamente y que incluso llegaron a tomar la efigie de su personaje Tintín como motivo principal de algunas de sus obras.

Las aventuras de Tintín son el fruto de un durísimo trabajo de búsqueda de la sencillez, prolongado durante más de medio siglo

Hergé fue desarrollando la línea clara que caracteriza las historietas de su principal personaje, Tintín, y define su estilo gráfico. Se impone de inmediato una evidencia: las aventuras de Tintín son el fruto de un durísimo trabajo de búsqueda de la sencillez, prolongado durante más de medio siglo, realizado, no sin mucho esfuerzo, por momentos, por un maestro absoluto en disciplinas muy diversas: el dibujo a lápiz, la acuarela, el manejo de la tipografía, la publicidad, el cartelismo, la sátira social, el humor gráfico, el periodismo, el reportaje gráfico, puestos al servicio de unas «historias» cuya simplicidad aparente es el fruto maduro de un gran artista, dispuesto a sacrificarse por un público no siempre infantil ni adolescente, ni mucho menos.

Tintín es el respeto escrupuloso de los límites de esa claridad: la pureza de la línea. Las aventuras de Tintín se asientan sobre unas bases documentales perfectamente identificables. Personajes naturalistas, objetos, edificios, medios de transporte, interiores y paisajes e incluso referencias políticas e históricas más o menos solapadas componen un verdadero mosaico del siglo XX. Hergé ha conseguido convertir al periodista más famoso del cómic, con su lisa piel sonrosada y su contorno de tinta china, por derecho propio, en uno de los iconos del siglo XX.

Como dice nuestro gran pintor Pelayo Ortega la efigie de Tintín «supone el óvalo más perfecto de la historia del dibujo». Pero es en el arte contemporáneo español donde tal vez se hayan realizado más o menos afortunados homenajes a Tintín en pintores de la onda figurativa como Pelayo Ortega, Ángel Mateo Charris, Xesús Vázquez, Santi Tena, Dis Berlín, Fernando Bellver o Sigfrido Martín Begué.

Y han interpretado también su efigie, en otro sentido, artistas como Ximo Amigó y diseñadores como Pere Torrent (Peret), Antonio de Felipe, Manuel Sáez, Mariscal o Eric Milet.

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PELAYO ORTEGA

Seguramente sea en la obra de Pelayo Ortega en la que la efigie de Tintín, creada por Hergé, está más presente y mayor influencia ha tenido. La pintura de Pelayo Ortega, a través de una especial figuración minimalista y esencializada, de masas de colores brillantes o de tonos pastel de empastada materia y un fino equilibrio de masas pictóricas, se transforma en lienzos en los que nada es accesorio, todo se desenvuelve dentro de la esencialidad del motivo y de los originales iconos que utiliza. Son lienzos donde muchas veces el personaje se reduce a unas breves, pero expresivas líneas (paseante fumando, paseante con paraguas, hombre en bicicleta), otras veces toma la mayor superficie del cuadro (serie Tintín).

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ÁNGEL MATEO CHARRIS

La obra de Ángel Mateo Charris se engloba dentro de una línea figurativa que se ha dado en llamar «neometafísica» y a la que pertenecen otros artistas de su generación como Gonzalo Sicre. Al mismo tiempo su arte revela una deuda con el arte pop y con los lenguajes visuales del cómic y del cine americano. Charris pertenece al club de fans de los cómics de Tintín. Nos parece absolutamente necesario mencionar a la hora de hacer un recorrido por su neometafísico mundo de pintura literaria y cinematográfica el universo de Tintín. La línea clara (1999) es un concepto nacido en el contexto del cómic belga, y genialmente desarrollado por Hergé, y que ha influido decisivamente en el espíritu del universo pictórico de Mateo Charris. Nacido en el cálido y seco clima mediterráneo de Cartagena, en el sur de España, Ángel Mateo Charris siempre había soñado con viajar a tierras más frías. De pequeño le encantaban los tebeos, y entre los que más apreciaba estaban Las aventuras de Tintín, siendo Tintín en el Tíbet, con sus paisajes invernales, uno de sus favoritos. Charris pudo hacer realidad aquel sueño por primera vez en un viaje a Nueva York durante el invierno de 1988 y también en el invierno de 1992.

A su regreso a España, volvió a fantasear con aquel frío exótico que apenas había podido experimentar. Imaginando un mundo nevado, comenzó a pintar una serie de pinturas de nieve, inspirándose en algunas ilustraciones de Tintín y en fotografías recogidas de diversas fuentes. Le intrigaba la capacidad de la luz solar de causar variaciones en el blanco de la nieve. Charris ha extraído enseñanzas perdurables de la lectura de los álbumes de Hergé, alguien que, por otra parte, logró reunir una colección de pintura y que llevaba muchos años aprendiendo tanto del realismo mágico como de su paisano Magritte, sin olvidar a los propios metafísicos. Más allá de los homenajes explícitos a Tintín, que en su obra los hay y muy sustanciosos, recordemos por ejemplo, entre ellos, Tintinstone, Lógica borrosa (1995), y sobre todo el definitivo Chang chez Hopper (1996), creo que Hergé es uno de los maestros que le han enseñado a Charris a ser él mismo.

XESÚS VÁZQUEZ

Xesús Vázquez expresa en sus grandes lienzos la introducción de elementos figurativos que hacen convivir en un mismo lienzo la abstracción con el naturalismo. Su producción se desarrolla en series y se puebla de personajes dispersos en espacios interiores, ambientes o paisajes realizados en una técnica cercana al pop. Entre 1989 y 1991 realiza las series de las batallas, reunidas bajo el título La memoria de una noche estrellada. En su obra Chat el Arab (1990) sitúa la silueta ribeteada de blanco de Tintín con paleta y pincel en un imaginario espacio interior, de un rojo intenso, como de café o salón, con la inscripción en azul de las letras «CHATT ELARAB».

SANTI TENA

En la pintura de Santi Tena aparecen mezclados, a través de una ejecución plástica figurativa, elementos extraídos tanto del cómic como de la cultura de masas. Mediante una resolución plástica suelta y desenvuelta, de iluminación de cinematógrafo y artificiosa, en la que es frecuente la utilización del plano cinematográfico, Santi Tena aborda con humor la historia del arte, en especial la tradición goyesca, aludiendo a la pintura popular lo mismo que a la culta, en abigarradas composiciones de personajes y figuras populares donde la anécdota del título es lo representado. Es una pintura muy cinematográfica y literaria poblada de personajes extraídos del mundo literario, histórico, o de la pintura, así como del cómic (entre ellos, Tintín), actores y actrices del cinematógrafo, y personajes de la música pop y de la cultura de masas. Así, en Pesadilla (1996) sitúa a Tintín con su fiel perro Milú en un corro de personajes entre los que distinguimos sentado al célebre cardenal Inocencio X. Y en el lienzo Nova cuisine, del 2005, aparece el personaje de Tintín junto a las personalidades de la nueva cocina cultural: Marlon Brando o Picasso. Mariscal hace una graciosa versión fusionada del rostro de Tintín con el de Milú.

ANTONIO DE FELIPE

Antonio de Felipe (1965), valenciano también y continuador del Equipo Crónica, se ha apropiado de los mitos y la estética de la publicidad y de los cómics. Tan amigo de recrear imagen y palabra en un juego lúdico, muy lleno de significados, Antonio de Felipe incluye en su obra La vaquita de Tintín (1996) dos fetiches de los medios de masas: el de la publicidad del queso en porciones «La vaca que ríe» y el de Tintín. Es decir, una imagen de incitación al consumo y un mito del cómic. El enlace en la obra de Antonio de Felipe viene dado por su intención de recrear un juego de palabras tin, tin, tin…: Tintín y el ¡tin tin!, el tintineo del cencerro. En definitiva se trata de una recreación irónica entre pasado y presente, entre los mitos culturales y las marcas de productos, imágenes de consumo, que nos son familiares por su continua repetición en los medios de comunicación visual.

SIGFRIDO MARTÍN BEGUÉ

Las obras de Sigfrido Martín Begué surgen de unos encuentros teatrales y escenográficos entre un clasicismo de múltiples adherencias con una modernidad que mezcla a los hitos clásico-modernos más sobresalientes, como la pintura metafísica, con los dispositivos actuales de la publicidad, la cosmética y la moda. Destaca en su toma de posición casi circense su permanente humor. Hay otro rasgo, dependiente de ese humor, que marca con sello indeleble su trabajo. Si nos fijamos en los protagonistas que Begué elige como actores en el papel del pintor o el artista -el obeso Michelín, Pinocho, pintor de morandis, la botella de Tío Pepe, Tintín y Milú, y Humpty Dumpty, al que denomina «Pintor del milenio»- y, también, en su preferencia por la creación de máquinas para pintar no cabe sino deducir en él una melancólica incredulidad en las virtudes de la pintura y del pintor tanto durante el siglo que acabó como para el siglo XXI que hace nueve años que ha comenzado.

PERE TORRENT

La obra del ilustrador, diseñador y pintor catalán Pere Torrent (Peret) se incluye en las formas gráficas más elementales y funcionales como son la geometría y la pictografía. Con una depurada calidad técnica, su obra a simple vista se puede relacionar con grandes maestros de las vanguardias artísticas, como Kandinsky, Malevitch, Klee, El Lissitzky, Malevich, o con influencias de Cieslewicz o Brody. Crea con finalidades culturales, se recrea en estilos primitivos africanos y en formas abstractas históricas, con un aspecto novedoso lleno de ironía y humor, basado en el análisis crítico y el conocimiento. Triunfó con la reducción del rostro de Tintín a las formas esenciales del círculo, el triángulo y el cuadrado, en blanco y negro sobre un fondo amarillo con toques de azul y rojo en una especie de constructivismo abstracto que recuerda a De Stijl, que por esas fechas volvía a ponerse de moda entre arquitectos, interioristas y diseñadores.

La Fundación Miró le encargó la creación de Hergé para el montaje de la exposición «Tintín en Barcelona», donde Peret dejó ver su talento y sus múltiples e internacionales conexiones con los profesionales del diseño y la ilustración.

Una alternativa a la geometría variable

El curso político termina con tan mal sabor de boca como empezó. Estamos ante un continuo estéril, un distanciamiento entre los principales actores de la vida pública, con efectos paralizantes ante posibles iniciativas para beneficio de todos los ciudadanos, al margen de su ideología o de la comunidad autónoma a la que pertenezcan.

El paradigma de esta dispersión de la autoridad y falta de coordinación entre poderes lo encarna la Unidad de Emergencias o grupo de intervención rápida en caso de catástrofes, que necesita ser previamente autorizada para actuar en determinadas zonas de España. Mejor que no haya incendios.

Nos vamos acostumbrando al paisaje de lo que llaman los políticos geometría variable: socios distintos para cada ocasión. Claro que ese concepto se parece más a las pequeñas ferias de otros tiempos, en donde tratantes de ganado compraban a las diez un rocín que vendían a las doce, tras descubrir que flojeaba de remos. Así es posible atender intereses de parte y de partido, pero imposible remover obstáculos para el bienestar de millones de ciudadanos.

ANTECEDENTES

Y sin embargo, no estamos condenados a tan torpe sistema. Antecedentes sobran. Desde las primeras elecciones democráticas (1977) hasta hoy, la correlación de fuerzas parlamentarias viene siendo muy parecida. Dos partidos políticos se hacen, una y otra vez, con más del 90% de los escaños del Congreso.

En esas condiciones nació la Constitución, precedida de los Pactos de la Moncloa, la reforma de la Justicia y la configuración del Poder Judicial, la descentralización del Estado en las comunidades autónomas, la modernización del Ejército, quedó encarrilado definitivamente un marco jurídico de relaciones Iglesia-Estado, basadas en el respeto mutuo entre la esfera política y la espiritual, ingresó España en todos los organismos mundiales representativos -el de mayor repercusión social y económica, la Unión Europea- y, ya en 2002, se concertó no negociar jamás políticamente con ETA.

¿Acaso es ya imposible hallar círculos de confianza entre los dos partidos que polarizan el voto ciudadano? ¿Qué justifica la trifulca permanente entre esas dos plataformas de poder parlamentario? También ahora esos dos grupos suman el 92% de votos en la Cámara Baja.

LA VOLUNTAD ELECTORAL

Nunca los mimbres fueron mejores para reemplazar esa subasta de la geometría variable y para diseñar espacios de encuentro entre los dos grandes protagonistas de la política, esos agentes que, a fin de cuentas, deciden todo lo importante.

Primer dato. Hay dos partidos aglutinadores del 83,75% de los votos emitidos en las elecciones de 2008, en total 21,2 millones de votos, el 92% de los escaños en el Congreso.

Otros dos grupos menores, pero también nacionales -IUy UPyD- ,apañan juntos 1,2 millones de votantes, el 5% de los votos. La suma daría un 88,75% en porcentaje de voto y 22,4 millones de papeletas en manos de partidos ajenos a lo que Felipe González apellidó con precisión «nacionalismos excluyentes».

Frente a ese gran bloque, los votantes estrictamente nacionalistas -incluidos los 164.255 de Coalición Canaria- se quedan en el exiguo porcentaje del 6,31% y 1,5 millones de votos. Conclusión: la voluntad electoral está inapelablemente inclinada hacia los partidos que, al menos teóricamente, defienden intereses generales, no específicamente regionalistas ni ideológicos.

Al tiempo, las elecciones del pasado junio al Parlamento Europeo confirman la anterior tendencia: el 80,7% de los votos -87,2 incluyendo a IUy UPyD- se adscriben a partidos de ámbito nacional.

Segundo. Como acaba de recordar el presidente de Nueva Revista1, todos los presidentes autonómicos, menos el canario, pertenecen a uno de los dos partidos nacionales. (El de Navarra se asimila a uno de ellos más que al otro). En consecuencia, los acuerdos entre partidos de ámbito nacional tendrían más posibilidades que nunca de ser negociados multilateralmente -también por las fuerzas gobernantes en las comunidades autónomas- y por lo tanto de ser aplicados bajo la batuta de una efectiva coordinación.

Volviendo a los antecedentes, quien piense que la derecha y la izquierda vivieron días de vino y rosas en la crianza del Estado de Derecho se equivocan. Había oposición y se seguía gobernando en beneficio de todos. Así se garantizó, la libertad de enseñanza, con la incorporación de la iniciativa de particulares, se puso en marcha la televisión privada, la mayoría de empresas públicas fueron privatizadas, las nuevas comunidades autónomas recibieron financiación, con el suavizante de la solidaridad entre ellas, se universalizó la protección social y se dio estabilidad al sistema de pensiones, por ejemplo. Excelente balance.

La política de los hechos, de la cooperación entre administraciones para dar soluciones es el gran reto del momento, en lugar de los enfrentamientos sobrevenidos por la memoria histórica, la naturaleza nacional de los territorios, el vaciamiento de instituciones como el matrimonio o la familia, la desprotección de la vida humana antes de nacer, o los suntuosos gastos en asesores, automóviles para altos cargos y apertura de embajadas y delegaciones autonómicas en el extranjero.

VIENTOS DE CAMBIO

Dado que en ninguno de los apartados anteriores hubo ni habrá conformidad, dirijamos la mirada hacia algunos efluvios de cambio que se detectan en el panorama. La inauguración de la conexión de los trenes del Metro con los de Cercanías, en la madrileña Puerta del Sol, ha reclamado inusitada atención. Más de 50.000 personas la visitaron al día siguiente de ser inaugurada. Y ha servido para que el partido gobernante reconociera que una estación tan grandiosa fue ideada por otro Gobierno, el de 1996, y concluida por el actual.

Ese mismo Ejecutivo ha pactado con el nuevo presidente gallego – militante del partido adversario- inversiones para llevar el AVE a dicha comunidad en 2010. Por fin.

Seopan, patrona de la construcción, ha ofrecido -y Moncloa lo ve con simpatía- aportar los dos tercios de una monumental inversión -30.000 millones de euros- para obras públicas si el Estado hace de avalista. En medio de la crisis aún sin control.

Curiosamente, las tres acciones tienen como hilo conductor al nuevo Ministro de Fomento, José Blanco, el hasta hace sólo unos meses azote oficial del socialismo gobernante contra la derecha.

Blanco se ha entendido con Esperanza Aguirre, firme continuadora en los últimos años del estilo desacomplejado del aznarismo; con Alberto Núñez Feijoó, el discreto y templado amigo de Mariano Rajoy, que ha puesto sentido común en las relaciones de Galicia con la nación española y acepta la mano tendida por las empresas privadas para acometer las infraestructuras necesarias para reactivar la economía.

ESPACIOS DE CONFIANZA

Son tres ejemplos, todo lo aislados que se quiera, incluso no exentos de segundas intenciones (el PSOE corteja Madrid) pero significan la creación de espacios de entendimiento entre los opuestos. Tal vez, la alternativa a la búsqueda de aliados para mantenerse en el poder, por el enervante método de la geometría variable, sea, por un lado, la identificación de problemas que afectan a la generalidad de los ciudadanos, residan donde residan. Y después, el recurso a las bondades del bipartidismo, que también las tiene.

Las necesidades crean por sí solas círculos virtuosos de confianza, plataformas de entendimientos, agrupación de voluntades. Recuérdese el orgullo con que todos los españoles transitaban por la ultramoderna T-4 de Barajas, a pesar de la disputa por la foto entre autoridades ministeriales y autonómicas durante la inauguración. ¿Acaso no hizo más por la integración social el rutilante aeropuerto barcelonés que todas las soporíferas escaramuzas, previas a la financiación autonómica catalana?

La apertura de una nueva etapa, con predominio de la gestión sobre el debate ideológico -nada que ver con la prevalencia de la tecnocracia- obtendría fácilmente la colaboración de las dos principales fuerzas políticas y las simpatías de sus 22 millones largos de votantes. Porque el vencimiento de las dificultades reportaría ventajas a todos los ciudadanos, no sólo a la clientela de un bando.

Especialmente aplicable sería este nuevo estilo a las grandes obras públicas, como las comunicaciones. Un ejemplo: las conexiones con Francia por el País Vasco no necesitan dosis de nacionalismo ni de españolismo, sino inversiones, trabajo y sentido común. El efecto será inmediato, en riqueza y en empleo.

GESTIONAR BIEN

Sigamos con el baño de realidad. El torneo entre Barcelona y Madrid para ver quién tiene el mejor salón del motor, la pasarela de moda más rumbosa o el aeropuerto capaz de atraer a todos los pasajeros del mundo, podría resolverse teniendo como norte el buen servicio a los usuarios, en lugar de la etiqueta política que define al gestor o el idioma en que se expresa. Y lo mismo si en lugar de armar camorra acerca de quién administra mejor los transportes de Cercanías, o los aeropuertos, se centra el objetivo en tener contento al viajero. O si en vez de exigir a las azafatas de los aviones que hablen en mallorquín se cuidaran los buenos modales con todos los turistas.

Por aquí es posible caminar juntos los dos grandes partidos, y el aplauso de las mujeres y los hombres corrientes está asegurado. Hay multitud de asuntos que a la inmensa mayoría de los ciudadanos sólo les importa verlos bien resueltos, sin vencedores ni vencidos.

Sucede con la enseñanza. La calidad de este servicio preocupa a todos los padres de familia. La mayor parte de ellos no esperan de la escuela una enseñanza perfecta de la lengua autonómica, sino del español y del inglés. Ni que sepan todos los agravios causados por los enemigos a sus héroes locales, o hasta dónde llega la frontera de su comunidad. Desean que adquieran sólidos conocimientos de historia, geografía, biología, matemáticas y lengua. Y que si obtiene un título universitario no tenga luego que examinarse para portero de discoteca y ganar mil euros.

¿Tan difícil es negociar soluciones a los problemas ordinarios? No, si se acepta que los partidos de ámbito nacional han sido votados por la gran mayoría de los electores precisamente por confiar que atenderían a las necesidades generales, no a los particularismos de una u otra comunidad.

Toda esta estrategia de bajar a la calle para buscar puntos de unión es aplicable al uso del agua, a la urgencia de disponer de fuentes energéticas realistas y de bajo coste, a las necesidades de las personas con dependencia y a los mayores, a la igualdad de derechos y deberes, la racionalización en la atención sanitaria o la eficacia de los servicios prestados por las cajas, sin esperar a que cada autonomía haga valer sus intereses partidistas.

LOS NUEVOS POLÍTICOS

Por último, esta novedosa -por escasamente practicada- fase de atención al discurrir de la vida real, la política de las cosas concretas, lo que repercute en el común de los ciudadanos, requiere políticos de otro talante que el «oficial». Gentes como Gómez Navarro, en las Cámaras de Comercio. José María Barreda, Patxi López, Juan Vicente Herrera, Núñez Feijoó, Pedro Sanz o Miguel Sanz en el liderazgo de comunidades autónomas. Alcaldes como Ruiz-Gallardón y Rita Barberá, empeñados en mejorar las infraestructuras y los servicios de dos grandes capitales.

Y por qué no, incluso banqueros como Emilio Botin, abiertos a la innovación, dialogantes a derecha e izquierda, de firmes convicciones empresariales que plantan cara a la crisis, sin aguardar al Boletín Oficial del Estado. ¿O hemos de aguardar a la revisión del capitalismo por la socialdemocracia?

 

NOTA

1. Nueva Revista. n.º 123. Junio 2009.