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Cristóbal Colón, navegante y empresario

Avance

Cristóbal Colón no fue únicamente un gran navegante, sino también un emprendedor excepcional y su gesta descubridora fue un caso de liderazgo, comercialización e iniciativa empresarial, digna de ser estudiada en las escuelas de negocio. Esa faceta, menos conocida del personaje, es la que desarrolla Luis Reverte Lledó en su libro Cristóbal Colón, navegante y empresario. El propio autor sintetiza en este artículo para Nueva Revista los rasgos más destacados de Colón como negociante y emprendedor.

Como todo gran empresario, el navegante partió de una idea ambiciosa, y más que eso, revolucionaria, ya que el proyecto de alcanzar Asia navegando hacia Occidente, desafiaba las concepciones dominantes de su tiempo. Demostró luego su habilidad para obtener apoyos políticos y financieros mediante una negociación exigente con monarcas, nobles y grupos de influencia, hasta conseguir las Capitulaciones de Santa Fe, implicando decisivamente a los Reyes Católicos, que le otorgaron amplios privilegios personales y económicos. La expedición fue una auténtica empresa de capital riesgo, financiada por distintos inversores y organizada con criterios propios de una iniciativa empresarial.

El autor expone las fortalezas de Colón: experiencia náutica, capacidad de persuasión, talento negociador y visión de futuro; y también las debilidades: obcecación de ideas en el ejercicio del liderazgo, cortoplacismo de sus metas motivado por sus deudas y rigidez de sus planteamientos. Y concluye que, con sus errores y aciertos, fue un pionero renacentista cuya grandeza consistió en transformar una idea en una empresa capaz de alterar el curso de la historia.

ArtÍculo

Escribe Ortega y Gasset: «Existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales a que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición y, en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. A estos hombres llamamos héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo… Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto»1.

Europa en la segunda mitad del siglo XV era un continente encorsetado. Al Este, limitaba con el Imperio otomano, una de las potencias más importantes del mundo islámico que, tras la conquista de Constantinopla, fijó la capital del imperio en dicha ciudad, controlando las rutas marítimas y terrestres de especias, seda, metales y esclavos, y cobrando impuestos y peajes a las caravanas que cruzaban su territorio, lo cual elevó el coste de las importaciones realizadas por los europeos.

Al Sur, con el mar Mediterráneo y el Norte de África completamente islamizado desde siglos atrás, aunque sin unidad política, por donde circulaban las rutas transaharianas que conectaban el Magreb con los reinos de la zona subsahariana, transportando oro, sal, marfil, esclavos y productos manufacturados. Sus zonas costeras mantenían relaciones comerciales con italianos, andaluces y otomanos, siendo El Cairo, en poder de los mamelucos, la metrópoli más importante, el centro mundial del comercio asiático, donde confluían cargamentos de especias, seda, algodón, piedras preciosas, perfumes, incienso y otros productos antes de ser enviados a Venecia y otras ciudades europeas.

Luis Reverte Lledó. Cristóbal Colón, navegante y empresario. Ediciones Vitrubio, 2026

Y al Oeste, lindaba con el Océano Atlántico, en el que poco a poco iban penetrando portugueses y castellanos, en busca de las ansiadas mercancías asiáticas y africanas, primero navegando por la costa y luego conquistando diversas islas y archipiélagos y algunos enclaves en el continente africano que iban ensanchando los límites del mundo conocido.

Los reinos europeos vivían entonces el tránsito del estado feudal al estado nacional, gracias al renacimiento del comercio y de las ciudades, al uso del dinero en lugar del trueque, al desarrollo de la burguesía que iba desplazando a la nobleza, al surgimiento de monarquías centralizadas dotadas de ejércitos y funcionarios y al Renacimiento cultural impulsor del individuo y de la razón. Este nuevo Estado nacional se caracterizaba, además, por la potenciación de las señas de identidad nacional y por el fortalecimiento de la economía unificada. Esta fue la base para el surgimiento de los grandes imperios europeos, el desarrollo del capitalismo y la expansión marítima.

En el balcón de Europa, Portugal era la potencia marítima más importante, tras liberarse definitivamente en 1249 de la dominación musulmana, centrándose primero en la navegación de la costa africana, y luego, al caer Constantinopla en poder de los otomanos, en llegar a la India ampliando sus travesías hacia la costa sur de África. Castilla, a partir de la reconquista de la Andalucía Occidental, irrumpiría como competidor acérrimo de Portugal.

El sueño de hacerse rico

En este entorno competitivo emerge la figura del navegante y comerciante genovés Cristóbal Colón (¿1451?–1506), un loco iluso y visionario, un quídam, un cualquiera que oculta su origen de clase humilde, que sueña con llegar a la India navegando hacia poniente, hacerse rico y alcanzar el estado de nobleza que le vetaba su pobre cuna, partiendo de algunas ideas erróneas: subestimar el tamaño real de la Tierra y sobrestimar la extensión de Asia hacia el Este. En suma, lo que pretendía era una falta total de respeto a las ideas existentes en la época. Sin embargo, gracias al empujón de este chiflado, del que muchos se burlaban sin parar, el mundo cambió totalmente y creció, al pasar las tierras habitadas o ecúmene de unos 150 millones de kilómetros cuadrados (Eurasia y África) a unos 300 millones de kilómetros cuadrados.

Pero el loco no lo era tanto ni tonto. No tenía recursos económicos para emprender su negocio por cuenta propia y por eso rodó por la ruleta de Europa para convidar a participar en su hazaña a varios de sus reyes (Juan II de Portugal, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, Carlos VIII de Francia y Enrique VII de Inglaterra) y a dos miembros de la alta nobleza castellana (los duques de Medina Sidonia y de Medinaceli). No a cualquier precio. Fue un negociador muy duro y exigente, con un dominio de la psicología y del ilusionismo tanto de masas como en el cuerpo a cuerpo, como demostró en sus alardes triunfales en Sevilla y otras ciudades y pueblos, y ante los reyes, nobles, religiosos y funcionarios reales con los que trató con tanta asiduidad.

La tenacidad, la perseverancia y el apoyo incondicional de los grupos de presión de religiosos y de conversos con los que compartió su proyecto dieron su fruto, y la papayita madura cayó del árbol en forma de capitulaciones, inspiradas en la carta de capitán donatario firmada por su suegro, portugués de origen genovés, y por el rey portugués, representado por Enrique el Navegante, en la cual se le concedía el derecho a poblar la isla de Porto Santo, la autoridad de gobernador hereditario, el permiso para explotar los recursos naturales y la obligación de llevar colonos portugueses y asegurar la defensa del territorio.

Colón era ante todo un empresario hecho a sí mismo, que sabía algo que los demás ignoraban, de ahí que vendiese sus servicios a cambio de un seguro de vida que amparase a sus herederos, de un sustancioso de sueldo y de un bonus. En las Capitulaciones de Santa Fe se había cubierto con un extraordinario paraguas protector: cargos a perpetuidad de almirante, virrey y gobernador; derecho a presentar a los reyes una terna de candidatos para los oficios reales; el diezmo de las riquezas que se obtuviesen en las nuevas tierras, previo descuento de los gastos necesarios para ello; el diez por ciento de los beneficios comerciales generados por otras expediciones en sus territorios; participar con una octava parte en las expediciones contribuyendo en las mismas en igual proporción; el título de don para él y sus hijos, y colocar a su primogénito Diego como paje del príncipe (luego a su otro hijo, Hernando).

Capital riesgo

La empresa colombina recién creada era el equivalente a una actual start-up o sociedad de capital riesgo, con un coste inicial de 2.000.000 de maravedíes, financiado en la parte de los reyes (1.140.000) por Luis de Santángel, escribano de ración de Fernando el Católico; en la correspondiente a Colón (500.000, justo el doble de su ochavo) por su amigo y socio Juanoto Berardi; y en lo restante (360.000) por los hermanos Pinzón, que tenían deudas pendientes con la Corona.

Fue precisamente Berardi, el socio de Colón, quien se ocupó de todo lo relacionado con el abastecimiento de la primera armada, dos carabelas y una nao, las tres naves más famosas de la historia de la humanidad, que salieron con rumbo secreto un 3 de agosto, con una tripulación de noventa personas seleccionadas por el genovés y por Martín Alonso Pinzón. Había mucha experiencia náutica y buenas embarcaciones y elevado riesgo, pero también muchísima expectativa de recompensa.

La misión de la empresa colombina era llegar a la India (Cipango, Catay y el Moluco o isla de las especias), siendo sus dos objetivos estratégicos iniciales evangelizar a las gentes de esas tierras y conseguir un crecimiento territorial rentable, muy en línea con lo que tanto ansiaba el socio mayoritario, la Corona de Castilla.

El liderazgo formal de la empresa, durante el primer viaje, le correspondió a su capitán general, Cristóbal Colón, quien con mucha maña tuvo que disuadir a sus pilotos y a sus tripulantes para no cejar en el empeño cuando se encontraron con obstáculos tales como el mar de los Sargazos, los movimientos erráticos en la aguja de la brújula, la discrepancia de las cuentas de las millas recorridas hechas por los pilotos, la ausencia de vientos contrarios para el caso de vuelta, los continuos pero infructuosos indicios de proximidad de tierra y la larga duración de la travesía. El liderazgo informal, que ya había ejercido Martín Alonso Pinzón en la fase de enrolamiento del personal, vuelve a aparecer cuando la tripulación de la nao capitana se inquieta por todo esto.

Finalmente, «llegaron a una isleta de los Lacayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní» y se tomó posesión de ella. El objetivo inicial cumplido ponía término a la condición suspensiva contemplada en las Capitulaciones. El quídam ya era almirante, virrey y gobernador.

Este primer viaje de la gesta colombina supondría la creación, en paralelo, de la empresa de las Indias Occidentales de Castilla que acabaría devorando a su progenitor. Su visión a largo plazo sería llegar a las Indias Orientales para lograr expandir su riqueza y territorios, así como para evangelizar a los nuevos pueblos, lo cual fue posible gracias a un proceso continuo de mejora impulsado con la creación de la Casa de Contratación (1503, Reyes Católicos) y del Real Consejo de las Indias (1524, Carlos V), que sentarían las bases de Imperio español.

Fortalezas y debilidades

Colón, como empresario excepcional que fue, tuvo fortalezas, tales como gran experiencia como navegante, su gran movilidad en una época con tan pocos medios de transportes, su don de lenguas que le fue muy útil para comunicarse y conseguir información de los indios, el alumbramiento y la defensa pertinaz y perseverante de su proyecto de empresa, su facilidad como vendedor y propagandista y su gran habilidad como negociador. Sin embargo, estos puntos no fueron suficientes para contrarrestar sus debilidades: ausencia de liderazgo, reducido equipo con nula capacidad de gestión política, económica y administrativa, cortoplacismo de sus metas motivado por sus deudas, obcecación de ideas, falta de empatía con sus subordinados, ignorancia de los valores compartidos y debilidad física para los desempeños requeridos.

Podemos concluir que, con sus errores y aciertos, Cristóbal Colón tuvo una existencia en la que no fue un apático ni un desertor de los tiempos modernos. No se limitó a dejar que fuesen pasando las cosas a su alrededor, no fue el típico hombre medieval prisionero en un cosmos de habas contadas sin dimensión de futuro, al que hacía referencia Ortega y Gasset, sino que fue un hombre indudablemente excepcional, que cumplió con creces con la misión propia de los grandes hombres de su generación y que sirvió de estímulo para el devenir de las futuras. Fue uno de los grandes pioneros de los tiempos modernos, no por sus pensamientos, sino por sus acciones. Fue un hacedor renacentista, un emprendedor nato.

Dice la mayoría de los historiadores que Colón murió convencido de que había llegado a Asia. Sin embargo, en sus últimos años había leído y hablado lo suficiente como para saber lo que era Asia, es decir, era consciente de que no había llegado ni a Cipango ni a Catay ni había dado con el paso al Moluco, sus grandes objetivos, pero como no quería perder sus privilegios si se demostraba que no había cumplido su meta, siguió defendiendo su idea equivocada, tan diversa de la realidad. 

La persistencia en su dizque error le supuso perder el poder como virrey y gobernador y el honor de que lo descubierto se llamase Columbia, pero mantuvo su nuevo rango social de almirante y, lo más preciado para él, su sueldo, su bonus y el seguro de vida para su familia. Ante todo, Colón, el empresario errante, era un arador de los mares.


Foto: Primer desembarco de Cristóbal Colón en América (1862), óleo sobre lienzo de Dioscoro Puebla. Tomado del archivo de Wikimedia Commons.

  1. Ortega y Gasset, J.: Obras Completas, T. I, Meditación primera. ↩︎

«Doppelgänger», la sombra que camina

Avance

El doppelgänger ha protagonizado incontables historias desde que el hombre disfruta de contarlas, pero ¿por qué nos parece una figura literaria tan seductora? Si analizamos su etimología, esta no es muy sugerente acerca de su naturaleza, pues del alemán se traduciría simplemente como «el doble que camina». Además, la primera vez que se acuñó el término, en la novela Siebenkäs (1796), de Jean Paul Richter, esta idea no se encontraba en un registro de terror, sino en una obra de tono predominantemente humorístico y reflexivo. El único matiz que comparte el concepto original con la imagen más extendida hoy es el carácter introspectivo, inmutable a través de los años.

Siebenkäs narra las desdichas de un joven resignado que, como vía de escape ante una vida que no le satisface en absoluto, proyecta sobre un amigo todas las cualidades que él desea experimentar: la seguridad en sí mismo y, sobre todo, sentirse libre. Al igual que Richter, los autores de épocas posteriores utilizarán también la figura del doppelgänger. Que esta alcanzara su apogeo durante el gótico y el romanticismo tardío no es casualidad, sino que responde a los intereses centrales de dichos movimientos. Ambos beben de la necesidad humana de ensayar mentalmente la respuesta a los miedos primitivos, profundamente arraigados en nuestra evolución como especie: el miedo a la otredad, a la oscuridad, a la muerte, al ostracismo y a los depredadores. Aunque ya no nos enfrentamos a lobos ni a tribus hostiles, nuestra mente aún reacciona ante estos estímulos como si representaran una amenaza real, lo que fomenta el morbo e interés por historias que los evocan de manera intensa y controlada.

De este modo, figuras como el doppelgänger encuentran en estas corrientes literarias un caldo de cultivo idóneo para consagrarse. El doble personifica una disonancia inquietante: aquello que creíamos cercano y cotidiano se torna extraño y oscuro. Lo que en su origen funcionaba como un mecanismo de introspección, acaba convirtiéndose en uno de los recursos más eficaces del terror psicológico. En ese sentido, el doppelgänger transforma un miedo abstracto en algo tangible: el enemigo ya no proviene únicamente del exterior, sino que ahora su rostro nos resulta familiar y viene del interior de la propia mente.

Por otro lado, el doble deja de ser un simple recurso narrativo para convertirse en un punto de encuentro entre distintas formas de entender lo humano: conecta con lo mítico, al dar forma a nuestros miedos más antiguos; con lo filosófico, por cuestionar la unidad del yo; y con lo social, al señalar estructuras y jerarquías atravesadas por el género. En definitiva, el doppelgänger se convierte en un balcón privilegiado desde el que asomarnos a nosotros mismos. El alcance de esta figura se observa en clásicos de la literatura como El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde y El retrato de Dorian Gray, así como en propuestas cinematográficas recientes como Cisne negro y La sustancia. Vistas desde esta ventana indiscreta, permiten comprender mejor una de las figuras más cautivadoras de la literatura universal.

ArtÍculo

Mitología

Las historias, no importa de qué época sean, suelen resonar con los mitos clásicos. Sus moralejas han sido tierra fértil en la que, durante siglos, se han ido plantando las semillas que darían el fruto de diferentes narraciones. Es tierno pensar que, de alguna manera, el hombre lleva contando el mismo relato desde tiempos prediluvianos. Los mitos de Ícaro, Fausto y Narciso pueden entreverse en obras que están lejos de ser coetáneas, pero que se nutren de las mismas raíces, tinta invisible que trasciende al tiempo.

Los protagonistas de la novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886) y de la película Cisne negro (2010) son buenos ejemplos de versiones modernas del personaje de Ícaro: figuras arrastradas por la obsesión de trascender sus límites morales o artísticos, lo que los conduce a la autodestrucción. Contaban los griegos que Ícaro era víctima de una pulsión, un deseo que no pudo refrenar: elevarse más allá de lo humanamente posible. Pese a las advertencias de su padre, decide volar hacia el sol con unas alas caseras hechas de cera y plumas. El calor de la esfera ardiente las derrite y cae al mar, ahogándose en sus profundidades. El mito apareció originalmente en Las metamorfosis de Ovidio y es estudiado como la hybris, el ansia por trascender la condición humana y el precio a pagar por ella.  Es un arquetipo manido en la historia de la literatura: la tensión entre aspiración y destrucción.

Cartel de la película «Cisne negro». Darren Aronofsky, 2010.
Cartel de la película «Cisne negro». Darren Aronofsky, 2010.

En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el doctor se ve arrastrado por una inquietud moral y científica, por lo que desarrolla una fórmula a base de sales que le permite desdoblar su identidad en dos entidades interdependientes. El Dr. Jekyll busca la libertad de explorar sin remordimientos su lado reprimido y el resultado es una catástrofe: pierde el control de su experimento y acaba siendo absorbido por la figura repulsiva y maligna que ha generado, Mr. Hyde.

En la obra de Stevenson, Jekyll también intenta volar más allá de lo humano, liberarse de las restricciones de la moral y la conciencia, simbolizadas por la «cera» que sostiene su personalidad integrada. El propio científico admite en las últimas páginas de la obra la arrogancia de la que fue víctima y que lo llevó a intentar su experimento:

«Desde el primer aliento de esta nueva vida supe que era mucho más perverso, diez veces más perverso, un esclavo vendido a mi maldad original, y este pensamiento me deleitaba, me embriagaba como el vino»

Robert Louis Stevenson, 1886

En Cisne negro (Aronofsky, 2010), Nina Sayers se ve envuelta en una vorágine autodestructiva debido a las exigencias artísticas de su nuevo papel principal en El lago de los cisnes. Al luchar por alcanzar el nivel emocional que exige la parte de Cisne negro, su psique empieza a tornarse oscura y a fracturarse, ahogándola en una espiral de paranoia, alucinaciones y autolesiones.

Nina, que posee un talento natural para desempeñar al Cisne blanco, con la fragilidad, dulzura e inocencia que el personaje necesita, flaquea sin embargo en su intento de darle la pasión y sensualidad que el Cisne negro debe emanar. Esta búsqueda de la perfección hace renunciar a Nina a su propia identidad, dejando de lado la parte pura para sumergirse en su tormento. Tan grande es el sacrificio que, simulando el realismo mágico, donde lo sobrenatural se integra en el mundo sin una explicación lógica, su cuerpo va mutando hasta que le asoman dos alas con plumaje negro. De hecho, no le importa acabar desangrándose —por una autoagresión— al terminar la actuación. Así lo constata su sonrisa de alivio al pronunciar la frase «Estuve perfecta» (Aronofsky, 2010). Su éxito es inseparable de su destrucción, lo que refuerza la dimensión trágica del mito de Ícaro: alcanzar lo sublime es posible, pero a costa de la vida misma.

Ambos protagonistas sacian momentáneamente su deseo, pero al cruzar esa meta, su autodestrucción se convierte en irremediable. En estas dos narrativas, volar no es simplemente desobedecer, sino amar tanto una idea —la libertad, la belleza— que uno está dispuesto a quemarse y morir por ella.

Imagen restaurada de la película El retrato de Dorian Grey, de 1915. © Thanhouser Company, dominio público, vía Wikimedia Commons. Una historia sobre la búsqueda de la eterna juventud.
Imagen restaurada de la película El retrato de Dorian Grey, de 1915. © Thanhouser Company, dominio público, vía Wikimedia Commons

Desafortunadamente, la novela de El retrato de Dorian Gray (1890) también está marcada por un final trágico, pero su trama concuerda más con el mito de Fausto, popularizado por dos escritores alemanes: Christopher Marlowe, con su Doctor Faustus (1604); y Johann Goethe, con la publicación de Faust (1808). Estas historias hablan de la vida de un hombre que, sediento de conocimiento y frustrado por sus propias limitaciones, invoca al demonio Mefistófeles, una representación del diablo. Fausto acuerda vender su alma a cambio de alcanzar la completa iluminación de la mente, vivir placeres mundanos y, dependiendo de la versión que se escoja leer, salvaguardar la juventud o ganar poder. Estos beneficios han de tener fecha de caducidad y, una vez alcanzado el límite de tiempo, el diablo volvería a visitarlo, feliz de completar el trueque y llevarse su alma. En la versión de Marlowe, la perdición de Fausto es inevitable, pero Goethe ofrece una alternativa más alegre en la que el personaje se redime y salva la vida.

Si bien es cierto que Dorian Gray no invoca a ningún demonio como Mefistófeles, sí blasfema y desea alterar las normas naturales. Esta súplica sin destinatario tiene el mismo efecto que un pacto fáustico, pues provoca la división del «yo»: su belleza permanece inalterada, pero su alma comienza a deteriorarse y a reflejarse en el retrato.

En La sustancia (2024), Elizabeth Sparkle tampoco sufre mejor destino, aunque el largometraje señala peculiaridades en torno a los términos del trato: Sparkle no lo firma con ningún ente sobrenatural, tampoco invoca una fuerza superior, sino que se compromete con ella misma. Aunque el acuerdo no sea necesariamente finito, como el de Fausto y el demonio, Sparkle se ve poco a poco arrastrada hacia su perdición, maniatada sin poder hacer nada para evitarlo solo porque Sue, la personificación de su mejor versión, decide no respetar la alternancia estipulada.

Tanto Dorian como Elizabeth buscan satisfacer su vanidad a través del doble —ya sea un retrato oculto o un cuerpo artificial—, pero es este el que acaba reclamando su lugar hasta provocar la autodestrucción de ambas partes.

A su vez, las obras de Wilde y de Fargeat presentan dos propuestas del Narciso moderno. En el mito clásico, Narciso, popular por su belleza exultante, también lo era por su soberbia, ya que rechazaba a todo aquel que se enamoraba de él.

Una de las que se embelesaron con su belleza fue la ninfa Eco, que por culpa de un castigo de la diosa Hera, solo podía repetir las últimas palabras que el resto decía. Beodo de altivez, Narciso la rechaza cruelmente. La ninfa, con el corazón roto, huye a esconderse en las montañas, donde ya solo se escucha el eco de su voz.

Los dioses, enfurecidos por su comportamiento, deciden castigarlo, enamorándolo de su propio reflejo. Cuando Narciso tuvo sed y se inclinó a beber en una fuente, vio en las aguas su propia imagen. Entonces, obsesionado con su belleza, se lanzó al pilón y murió ahogado, en su vano intento de atrapar su imagen translúcida.

«El hombre y la bestia», adaptación de la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de 1920, con John Barrymore
«El hombre y la bestia», adaptación de la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de 1920, con John Barrymore. Dominio público, vía Wikimedia Commons

Al igual que Narciso, Dorian, cautivado por su belleza, es consumido por la agonía que le causa envejecer. El pacto fáustico involuntario podría leerse como el castigo de los dioses que, sin Gray saberlo, condenaría su destino. Otra analogía visible es el rechazo como origen de la catástrofe. Por un lado, los dioses deciden tomar represalias contra Narciso cuando este humilla a Eco. De la misma manera, el retrato de Gray sufre una de las desfiguraciones más notables cuando rechaza a Sybil Vane, arrastrándolo un poco más a la locura que provocará su final. 

Esta historia clásica se repite con la protagonista de La sustancia. Víctima de las imposiciones estéticas, se obsesiona con su imagen, ya que no soporta envejecer ni las consecuencias que esto conlleva. Una vez consigue su mejor versión, Sue, Sparkle está dispuesta a sacrificar la propia vida por ella. Sparkle y Narciso mueren cegados por su «propia» belleza, envueltos en las llamaradas de una quimera avivada por su propios egos.

Filosofía

Un aspecto fascinante del doppelgänger es su capacidad de sacudir los cimientos que consideramos ciertos, aquellos que sustentan nuestra visión de la realidad y sobre nosotros mismos. En este punto, la figura del doble y la filosofía se comportan de manera análoga. Si nos detenemos frente al espejo, el doble no es una mera figura, sino un problema ontológico, un bisturí que nos permite diseccionar distintas escuelas de pensamiento.

El doppelgänger fue el recurso principal que encontraron los escritores para divagar sobre la identidad, capaz de mostrar al hombre como un ser amalgamado que no puede fiarse de su propio reflejo. Los conceptos absolutos del bien y el mal han sido las piedras angulares de este tipo de tramas, como en las obras de Stevenson y Aronofsky. El Dr. Jekyll corresponde con el modelo del bien que propone la escuela aristotélica. Durante el periodo en el que Mr. Hyde es recluido, el Dr. Jekyll trabaja incansable por el bien ajeno. Hasta sus amigos, que siempre lo habían considerado una persona de carácter afable y generoso, reparan en la exacerbada bondad del científico en uno de los periodos en los que Hyde anda desaparecido:

«Retomó la relación con sus amigos, fue otra vez su huésped y anfitrión y, si siempre había sido conocido por sus obras de caridad, ahora lo fue también por su religiosidad»

Robert Louis Stevenson

Esto, por supuesto, no deja de ser un intento de reparar su alma corrompida y el dolor que Hyde le ha causado al mundo. De hecho, esta cita se recoge justo después de que su doble malvado acabase, a sangre fría, con la vida de Sir Danvers, acto que Jekyll lamenta profundamente.

No es el único rastro de la escuela aristotélica en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Para el filósofo, la felicidad constituye el bien supremo al que deben aspirar los seres humanos y, para acceder a ella, debe existir un equilibrio entre fuerzas opuestas. Es justo el rechazo a esta idea de equilibrio lo que motiva a Dr. Jekyll a intentar desdoblar su identidad, pues no soporta, debido a sus propias expectativas, asimilar que en él habitan la luz y la oscuridad:

«El injusto podría seguir su camino, libre de las aspiraciones y los remordimientos de su hermano gemelo, mucho más estricto. Y el justo podría avanzar con paso firme y seguro por su camino de perfección, dedicándose a las buenas obras que le complacen, sin estar expuesto por más tiempo a la vergüenza y la penitencia que le llegan de manos de su malvado y condenable compañero»

Robert Louis Stevenson

De distinto modo, las ideas de Friedrich Nietzsche también son plasmadas en la novela. Cuando el Dr. Jekyll decide darle un vehículo a su lado malvado, un cuerpo con el que obrar bajo su propio criterio, se libera a sí mismo de las restricciones morales dictadas por la sociedad —reglas duramente criticadas por Nietzsche, pues según él no son ninguna verdad objetiva o divina, sino que son impuestas por el cristianismo y restringen la auténtica naturaleza humana, la búsqueda del poder y la afirmación personal. A ojos de Nietzsche, la existencia de Mr. Hyde implica la liberación del Dr. Jekyll, puesto que Hyde encarna a priori la idea del Superhombre defendida por el filósofo alemán. Sin embargo, es erróneo asumir que Mr. Hyde sea el Superhombre del Dr. Jekyll, puesto que el primero no es una forma elevada del segundo, sino su proyección más degradada. La faceta malvada no termina de liberarse, no alcanza su potencial ni la felicidad misma, porque siempre se ve encadenada a la otra parte benevolente.

Cisne negro también apela a la filosofía y a la cuestión del bien y el mal. No obstante, hay una diferencia respecto a la obra de Stevenson. Nina no sufre por su dualidad, sino por no poder explotar lo suficiente la parte malvada que, a sus ojos, le dará la gloria. Por esta razón, la doctrina del pensador griego sí tiene cabida en el universo cinematográfico de Aronofsky, pero no de la misma manera que en El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Ocurre un fenómeno parecido con el personaje del Dr. Jekyll. En una lectura superficial de los deseos de Nina, puede encontrarse un esbozo de la idea del Superhombre: la bailarina desea más que nada liberarse de las convenciones sociales y alcanzar su máximo potencial; pero ¿se recoge plenamente la idea del Superhombre en este anhelo? Por un lado, si Nina desea representar a la perfección el papel principal de la obra, jamás podría desatender su faceta dulce y frágil, ya que la necesita para interpretar al Cisne blanco. Asimismo, cuando Nina fenece, se demuestra la misma tesis expuesta por Stevenson: el potencial del protagonista va ligado a su autodestrucción, por lo que la idea del Superhombre quedaría incompleta, ya que el individuo no logra la liberación, sino su muerte.

Cartel de «La sustancia» (2024), con Demi Moore y Margaret Qualley. Un buen ejemplo de la figura del doppelgänger
Cartel de «La sustancia» (2024), con Demi Moore y Margaret Qualley

Sin embargo, el doppelgänger también presenta una cuestión ontológica que no requiere de incisiones quirúrgicas, pues se encuentra en la superficie. Es el caso de la relación entre realidad y apariencia. En El retrato de Dorian Gray y La sustancia, los protagonistas viven escindidos entre lo que son y lo que aparentan ser, entre su cuerpo real y su imagen idealizada. Esta división, aparte de provocarles una crisis de identidad, revela una crítica profunda de las estructuras sociales que prefieren la estética a la verdad.

En El retrato de Dorian Gray, la división entre realidad y apariencia toma forma con en el retrato que envejece y se corrompe en lugar del cuerpo del protagonista:

«El retrato cambiaría, y él no. Esa era la oración que había hecho»

Oscar Wilde, 1890

Así, el lienzo muestra de manera efectiva las sombras que el físico de Gray callaba. La apariencia, en este caso, actúa como un escudo para obrar con impunidad, pero también como una trampa: cuanto más se aferra Gray a su imagen, más se aleja de la realidad de su interior. El retrato, que al principio era un reflejo, se convierte en un espejo invertido, porque su cuerpo real ya no le pertenece, es una fachada sin contenido. La apariencia ha suplantado a la verdad y, por consiguiente, cuando intenta destruir la pintura, se destruye en realidad a sí mismo.

Con esta obra, Wilde se adelantó casi un siglo a la teoría del simulacro de Jean Baudrillard. Según el filósofo, la sociedad moderna sufre por ser incapaz de discernir la realidad de su representación. Las imágenes dejan de ser un reflejo y acaban por convertirse en verdades, tan autónomas como la fuente original a la que sustituyen. Aquello que en un principio era solo una pintura termina convirtiéndose en el verdadero depositario de su ser. Mientras la belleza del personaje permanece estática, el lienzo absorbe las consecuencias morales de sus actos, lo que resulta en una copia que contiene más verdad que él mismo.

En La sustancia, el conflicto entre realidad y apariencia se presenta de forma aún más radical. La apariencia ya es una elección, sino una imposición. Sparkle no desea ser joven por vanidad, sino porque el sistema le exige ser deseable para ser visible. Su doble joven es la única forma de seguir teniendo un lugar en el mundo. Esta violencia es una espada de doble filo: primero, porque reduce la identidad a una imagen; y segundo, porque el cuerpo real es desplazado, silenciado y finalmente eliminado. El doppelgänger, que a priori es presentado como la liberación de los cánones que imponen sobre ella, se convierte en una cárcel de la que no logra escapar.

La sinopsis de La sustancia recuerda a la teoría de la abyección de Julia Kristeva. La pensadora y crítica literaria argumenta que, para ser aceptados por el orden social, debemos desprendernos de todo aquello que no encaje con el sistema, en este caso el deterioro físico y la vejez. Sparkle arriesga su propia integridad por una cuestión mucho más profunda que la vanidad: ella desea ser vista y hace todo lo posible para deshacerse de lo abyecto, un residuo que sobresale del canon y que la sociedad le dice que debe ser purgado. De hecho, su doppelgänger, Sue, la desprecia, la considera una parte de sí misma de la que avergonzarse. Esta dinámica reincide en la tesitura en la que se encuentra Sparkle: desea tener un foco que la siga apuntando, pero se lo acaba cediendo a Sue, porque no se cree merecedora de él.

Género

Al hablar del origen de los doppelgängers, es imposible omitir la corruptibilidad del alma. Jekyll se convierte en Hyde y comete un asesinato, un acto criminal, por lo que es razonable que esta fechoría pervierta su alma. En esta línea de pensamiento, cabe presuponer que el detonante que genera el döppelganger de Nina sea una actividad de características similares. Sin embargo, lo que provoca su transformación en Cisne negro es su ansia de independencia y liberación sexual. Esta diferencia —las limitaciones estipuladas para el hombre y para la mujer— revela una doble vara de medir enraizada en el género.

«El extraño caso del Dr. Jekyll» (Victor Fleming, 1941), con Spencer Tracy. Dominio público, vía Wikimedia Commons
Spencer Tracy en «El extraño caso del Dr. Jekyll» (Victor Fleming, 1941). Dominio público, vía Wikimedia Commons

En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, el doctor busca la manera de separar su lado virtuoso del oscuro. El dilema moral de Jekyll se presenta como el conflicto de un hombre moral atrapado en su propia estructura ética. La violencia, el egoísmo y la crueldad son tratadas como consecuencias lógicas de una represión demasiado estricta. Incluso en su peor momento, Jekyll conserva una forma de nobleza trágica, dado que él solo quería liberarse de su sufrimiento.

En cambio, la protagonista de Cisne negro no comete ningún delito. La única villanía que la arrastra hacia la bajeza moral es el placer sin culpa, su deseo sexual. Desde el inicio del filme, su entorno —una madre sobreprotectora y un maestro de ballet abusivo que la explota emocionalmente— planta en Nina la semilla de la contradicción: debe ser perfecta, inocente y, al mismo tiempo, apasionada y sensual. Su doppelgänger no surge por matar ni por traicionar a nadie, sino por romper con esa estructura. Cuando Nina explora su sexualidad, la narrativa lo presenta como un punto de no retorno, un síntoma de su pérdida de control. Esta representación no es aislada y se enmarca en la figura clásica de la histeria femenina, una construcción cultural que patologiza la autonomía emocional y sexual de las mujeres. A diferencia de Jekyll, que pierde su humanidad por dejar salir su maldad, Nina se convierte en un monstruo por empezar a vivir bajo sus propios términos. La sexualidad femenina, en lugar de ser entendida como una parte natural del individuo, es retratada como una amenaza y su perdición. De estas obras extraemos un mensaje explícito: la corrupción del alma femenina acontece por motivos más livianos que los que provoca la masculina.

La figura del doppelgänger subraya cómo el género no solo configura las expectativas sociales, sino también las posibilidades simbólicas del cuerpo en la ficción. Este aspecto es una cuestión central en El retrato de Dorian Gray y La sustancia. Pese a que ambas obras giran en torno a la belleza, sus autores dan enfoques muy diferentes a los dobles dependiendo del género de sus protagonistas. En la novela de Wilde, Gray está perturbado con la idea de perder su belleza y por ello, mediante un pacto fáustico, será su retrato —su doble— el que envejezca en vez de él. No obstante, conservar su belleza no es un requisito social, sino una ventaja, lo que le permite mentir, traicionar y ser incompasivo sin perder su estatus. Su cuerpo es una carta blanca para la impunidad.

De manera opuesta, la protagonista de la película de Fargeat está enjaulada en la cárcel del género. Sparkle se somete a la sustancia como último recurso, puesto que su edad le impide conservar el estilo de vida que había mantenido hasta ahora, una existencia colmada de lujos y reconocimientos que cesa cuando la mirada masculina así lo decide. A diferencia de Gray, Sparkle no obtiene impunidad, sino una condena, puesto que Sue va despojándola de vida conforme avanza el filme. El cuerpo no es un espacio de libertad, sino de vigilancia, control y violencia. El doppelgänger de Sparkle no le permite transgredir, sino que la somete a una lógica de reemplazo: la versión joven es la deseada, la original es la descartada.

En definitiva, el doppelgänger va más allá del espejo, no solo duplica nuestra imagen, sino que la resquebraja. Esas grietas, tan visibles a través de la literatura y el cine, son el trazado, el mismo camino que anduvo el doble hasta nosotros.


La imagen que encabeza este artículo es de autor desconocido. Es un cartel de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, publicado por National Printing & Engraving Company (Chicago) y modificado por Papa Lima Whiskey. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

«Koljós», de Emmanuel Carrère: cuídate de quienes aman a Rusia

Avance

Emmanuel Carrère había reservado un vuelo a Moscú para el jueves 24 de febrero de 2022, el mismo día en que el Ejército ruso invadió Ucrania. El escritor, que se había comprometido con el director de cine Kiril Serebrennikov en colaborar en la adaptación al cine de su novela Limónov, dudó si tomar el avión. Su agente le había advertido de que no es sensato viajar a un país que acaba de invadir a su vecino. Pero Carrère, que se considera tan periodista como novelista, finalmente se desplazó por lealtad con los cineastas rusos (eso dijo) y, sobre todo, para vivir la incertidumbre de aquellos días en un país que, pese a todo, sentía como suyo.

El resultado fue decepcionante. Sus amigos liberales, que ya lo daban todo por perdido, se apresuraban a hacer las maletas, en tanto en la calle se celebraba el resentimiento contra Europa, el sueño suicida de consolidar un imperio, el chute de violencia y rencor contra sus vecinos. A Carrèrre le asaltó una sensación de fracaso. Él, que se había adentrado en las ciudades más deprimidas de la Rusia profunda tanto como había disfrutado de la alegre bohemia y de las ilustradas elites liberales, nunca llegó a imaginar que algo así pudiera suceder

Tampoco lo había previsto su madre, Hélène Carrère d’Encausse, socióloga, historiadora, una de las más prestigiosas analistas de la antigua Unión Soviética y de la posterior Federación Rusa. La obra de Hélène, a diferencia de la del hijo, es académica, reflexiva, nada sentimental, basada en datos y estadísticas. Pero también ella se equivocó. En realidad, se equivocó más que su vástago ya que, quizá sin darse cuenta, entre honores y encuentros con las élites del Kremlin, acabó haciendo el juego a Putin.

De esa equivocación compartida, del amor y del desengaño, de las tormentosas relaciones entre madre e hijo y de los lazos rotos entre Europa y Rusia, trata la última obra de Emmanuel Carrère, Koljós (Anagrama), un fenómeno editorial, un éxito de ventas y una de las «novelas de no ficción» más sólidas e intensas de este año.

ArtÍculo

Como buen relato ruso, Koljós es la historia de una familia. De una familia desdichada, claro está, ya que Tolstoi decretó que en la literatura no hay sitio para las familias felices. Una familia, que es también una saga por entregas. Por línea materna, Hélène es descendiente de aristócratas rusos entre los que se cuentan, entre otros, un escolta de Catalina II, un ayudante de campo de Alejandro I, un regicida que participó en el asesinato de Pablo I y un buen puñado de consejeros de estado. Por parte paterna, su progenitor fue un prominente abogado y alto funcionario de la efímera República de Georgia Independiente. Tras la revolución bolchevique, todos aquellos aristócratas, ministros y potestades debieron marchar al exilio, Francia en el caso que nos ocupa, donde tuvieron que conformarse con trabajar de taxistas, mozos de almacén, costureras o, con suerte y si la joven hija era agraciada, de modelo de pasarela.

Koljós, de Emmanuel Carrère. Anagrama, 2026
Koljós, de Emanuel Carrère. Anagrama, 2026

Cautivos del sueño de que el exilio duraría poco, un par de años como mucho, aquellos desterrados vivieron apegados a un mundo perdido y a un pasado irrecuperable, en una pequeña Rusia insertada en el corazón de Francia. Hèléne no habló ni una palabra de la lengua de Molière hasta los cinco años. Eso sí, cuando se decidió a ser francesa, ni Juana de Arco la superó en patriotismo. Con su punto de ironía, refiere Emmanuel la desilusión de su madre cuando, al solicitar la nacionalidad gala, comprobó que solo tenía que rellenar un par de impresos. A ella le habría encantado cantar la Marsellesa y recitar la Constitución y la Declaración de los Derechos del Hombre.

Desintegración de la URSS

Francesa, por supuesto. ¿Rusa? También. ¿Quién dice que tengamos que conformarnos con una sola identidad? Con la misma intensidad con que se integró en su patria de adopción, se entregó también a una vocación rusófila que la acompañó hasta la muerte. Tras un fallido intento de abrirse camino como actriz de teatro, Hélène emprendió una concienzuda carrera académica que comenzó por la radiografía de los pueblos de Asia Central, siguió por el Imperio Ruso y culminó en la Unión Soviética. En su ensayo más famoso, L’Empire éclaté, fue la primera en pronosticar la desintegración de la URSS. Erró al decir que la ruptura vendría de la mano de las repúblicas de Asia Central, cuyas satrapías se acomodaron sin problemas a la tutela de la autocracia rusa, pero sí detectó los pies de barro del imperio comunista.

Su otra gran obra, El mal de Rusia, escrita en 1988, en pleno desmoronamiento de la URSS, se presenta como una historia del asesinato político desde Iván el Terrible hasta el comunismo. Pero, mientras daba forma a aquel ensayo, Rusia cambiaba muy deprisa. Eran los años de la perestroika, de Gorbachov, de Yeltsin, de la caída de la URSS y de la esperanza de construir un país nuevo. Es entonces cuando Hélène da un giro hacia el optimismo y publica Victoriosa Rusia. Celebra el derrumbe de la Unión Soviética, la irrupción de las libertades, las ansias de cambio, el discurso de la razón y el anhelo de integrarse en la Casa Común Europea. Su optimismo se mantuvo incólume cuando llegaron los años del caos, el desplome económico y las guerras de Chechenia. Ni siquiera cedió con la llegada de Putin. La autora de L’Empire eclaté no se hacía ilusiones con el presidente ruso. Sabía que era un autócrata y que la democracia no entraba en su cabeza, pero creía que había una base racional en sus decisiones y que la prioridad que le guiaba era dar estabilidad a lo quedaba del imperio. Confiaba en su cordura: «A Rusia no se la puede juzgar con los mismos criterios que a Occidente», repetía, infatigable. Ya solo se desengañará tras la invasión de Ucrania.

Trayectoria de Emmanuel Carrère

La trayectoria del hijo fue muy distinta. Una de las primeras obras con las que se dio a conocer en España fue Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos (1993), un viaje a la mente de Philip K. Dick, autor de las novelas de ciencia ficción más filosóficas, lisérgicas y flipadas del género. Le siguió El Adversario, un relato de no ficción en el que aborda la doble vida de Jean-Claude Romand, un sujeto que fingió ser médico durante dieciocho años y que, cuando estuvo a punto de ser descubierto, asesinó a sus hijos, a sus padres y a su mujer, en un éxtasis de muerte tras el que intentó suicidarse.

A Emmanuel su madre le dio a leer a Dostoievski a los 13 años. Así que era inevitable que, en su búsqueda de personajes extremos, dirigiera su atención hacia Rusia, que los tiene a discreción. Estas incursiones literarias en la patria de sus antepasados, sin embargo, son algo más que un vívido reportaje sobre un mundo solo apto para amantes de emociones intensas. Son también un ajuste de cuentas familiar, porque para Emmanuel los dramas de Rusia y los de sus parientes son acciones paralelas de una misma trama.

La primera novela del ciclo, Una novela rusa, es una autoficción en la que el autor se debate en simultáneo con los demonios de Rusia y con los de su propia familia. La misma estructura se repite en la obra que nos ocupa, Koljós, cuyo título nada tiene que ver con las granjas colectivas de la Unión Soviética, sino que evoca las añoradas noches de infancia del Emmanuel en las que, cuando el padre estaba en viaje de trabajo, él y sus dos hermanas iban a dormir junto a la madre; la pequeña se acostaba en la cama de matrimonio, y la mediana y él se tendían en colchonetas a su lado. Al levantamiento de ese circo Hélène lo llamaba «hacer koljós».

¿Y el padre? ¿Qué pinta el padre en esta historia? Louis Edouard Carrère era un plácido agente de seguros que, aparte de recorrer Francia para abrir y organizar las delegaciones provinciales de su empresa, se pasaba las horas muertas en su estudio investigando la intrincada genealogía de su esposa. Aquel buen hombre pronto se le quedó chico a Hélène, que le mandó a dormir al cuarto de la criada. El koljós, el edén materno-filial en el que hasta entonces había vivido nuestro autor, se resquebrajó tras el descubrimiento del desdén —y algo más— con que trataba su progenitora a aquel tipo sencillo, fascinado por la prolija saga de nobles y conspiradores que figuran en la lista de antepasados de su esposa.

Pasado nazi de la familia

Pero la ruptura efectiva de Emmanuel con su adorada madre vendrá años después, cuando descubra que su abuelo por línea materna fue un colaborador de los nazis, asesinado tras la guerra por un grupo de la Resistencia vinculado al Partido Comunista. Emmanuel anuncia entonces a su progenitora que relatará el caso en su siguiente obra. Hélène, que teme que queden empañadas sus credenciales de ejemplar ciudadana francesa, le ruega que no lo haga, pero él seguirá adelante y sin atender las súplicas maternas lo cuenta todo en Una novela rusa.

En realidad, la indagación de Una novela rusa parte de otra historia, la de un húngaro apresado en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial al que se dio por muerto en su país y que reaparece al cabo de cincuenta años, tras descubrirse que durante todo ese tiempo estuvo encerrado en un psiquiátrico soviético. Emmanuel viaja a Kotélnich, una deprimente ciudad de la Rusia profunda, para investigar el caso; después la historia se bifurca, aparece un crimen, un inquietante kagebista y una sucesión de pobres gentes atrapadas en aquel agujero. Solo al final irrumpen en dolorosa requisitoria la historia del abuelo colaboracionista, el silencio de su madre, los reproches —«Te prohibiste sufrir y prohibiste que se sufriera a tu alrededor»—, la ruptura, el fin del idilio: el derrumbe del koljós. Hélène se aferra a la máxima de conducta enunciada por el político británico Benjamin Disraelí: «Never complain, never explain» (Nunca te quejes, nunca des explicaciones). Emmanuel, en el otro extremo, no es que se queje, es que da suelta a un caudal de sufrimiento, que pocas novelas rusas superan.

Decidido a adentrarse en los rincones menos transitados del Imperio, tras Una historia rusa Emmanuel escribe Limónov, retrato de un individuo incomprensible, poeta prepunki, novelista transgresor, bohemio disidente, mayordomo de un millonario en Nueva York, político ultranacionalista, ucraniano que odia a los ucranianos, antisistema de los círculos más radicales del postcomunismo, opositor a Putin, admirador de Stalin y de Bakunin, camarada de los criminales de guerra serbios, probable criminal de guerra él mismo, turista de guerra en Bosnia con derecho a disparar a contra la población de Sarajevo.

Madre e hijo, adversarios el uno del otro, apuestan por métodos opuestos para asomarse a la realidad de Rusia. Héléne es estudiosa y analítica, en tanto que Emmanuel hunde los pies en el barro para escribir unas novelas sin ficción, sin pudor, sin filtros, ni líneas rojas. Un periodista, obviamente, se sentirá irremediablemente atraído por Emmanuel. En su obra lo que cuenta es la autonomía del relato, las experiencias recopiladas y las voces recreadas tras meses de convivencia con sus personajes. Pero, a la postre, tampoco Emmanuel intuyó la peligrosa involución que estaba experimentando Rusia durante aquellas incursiones. No supo ver que el nihilismo antisistema de Limónov —que tan simpático nos parece a ratos— serviría de banderín de enganche en la cruzada de Putin contra Europa. A diferencia de Hélène, que era recibida con honores en las más altas esferas del poder ruso, Emmanuel se adentra en los más deprimentes agujeros de Rusia, se asombra, se conmueve con la dureza del acontecer diario, se apiada de sus gentes y se emociona en las patéticas fiestas patrióticas a las que asiste, pero nunca intuye que tanta miseria sería capitalizada por Putin para inocular el odio contra sus prósperos vecinos.

A madre e hijo les cegó el amor a Rusia, a la singularidad de su cultura y a la intensidad de sus gentes. Y así resulta que el cartesianismo de Hélène también aloja una fuerte carga visceral y subjetiva. Que en el constante trenzado entre la alta política y la historia familiar de los D’Encausse-Zurabishvili, el acto de fe de Hélène en Rusia tal vez no fuese tan distinto del empeño con que se esforzó en mantener en secreto la memoria de su padre colaboracionista. Never complain, never explain. En Koljós, este manifiesto de ética y estilo está presente a lo largo del sostenido duelo entre madre e hijo… Hasta que estalla la reconciliación final (no es un spoiler, ya que se sugiere desde la primera página), en la que Emmanuel da a entender que tal vez la equivocación de ambos, la de su madre y la suya, fue amar demasiado, amar con exceso a la familia y a Rusia.

Una visión personal

El autor de este artículo fue corresponsal en Moscú durante más de cinco años, los de la caída del viejo Imperio soviético, y tampoco él imaginó que en Rusia se engendraría un monstruo como el que en la actualidad gobierna Putin. La Rusia que entonces conocí, la de Yeltsin y Gorbachov, era muy distinta: caótica y en crisis permanente, enérgica y creativa. Yo compartí aquella esperanza, quizá tan desmedida como todo lo que procede de aquel país. Yo también me equivoqué, y pensé que la sociedad rusa no se dejaría arrastrar por la chiflada paranoia imperialista. Que Putin era un autócrata brutal, pero que aún quedaban en él vestigios de racionalidad. Que Rusia nunca abdicaría de su identidad europea.

Quizá la lección que haya que extraer de esta equivocación colectiva es que debemos cuidarnos del amor a Rusia. El amor a Rusia puede ser muy peligroso a la hora de enjuiciar cuanto procede de aquel país.

Un pasaje inquietante de Koljós es el del viaje de Emmanuel al frente de guerra en compañía de un matrimonio —Tetiana y Volodímir— de intelectuales ucranianos. Durante el trayecto no hablan de política, ni de las últimas incidencias bélicas sino, como no puede ser menos, de la alta cultura rusa que sus compañeros de viaje detestan. Creen que esta ha ejercido una perniciosa influencia en las relaciones de Moscú con sus vecinos. La condena, que incluye a Pushkin, Lérmontov y Dostoievski, es provocadora. Pero por eso mismo, porque tras todas las contiendas hay siempre una guerra cultural, vale la pena analizarla.

El romanticismo ruso, que tiene en Lérmontov y Pushkin a dos magníficos abanderados, cantó las glorias del nacionalismo paneslavo y alentó la ocupación militar de Polonia y el Cáucaso. Tetiana y Volodímir recuerdan cómo Lérmontov describe la violación en grupo de una mujer chechena a manos de soldados rusos sin el menor atisbo de reprobación. En cuanto a Pushkin, por excelente poeta y buen amigo de los decembristas que fuese, no dejó de ser también un cortesano de pujos imperialistas. A título de ejemplo, citan el poema A los calumniadores de Rusia y esos versos que proclaman que «todos los ríos eslavos se perderán en el mar ruso». Versos muy bellos, a condición de que no pasen de las musas a la guerra.

Dostoievski como propaganda

Mucho más tóxico que Lérmontov o Pushkin, según Volodímir y Tetiana, sería Dostoievski, un eslavófilo rabioso, nacionalista, fanático, antisemita, un adalid de la Tercera Roma convencido de que la misión de Rusia es acabar con la impiedad, el ateísmo y la depravación en las que se revuelca Occidente. Se podría objetar que tal análisis es un anacronismo, ya que no se puede juzgar a Dostoievski con los criterios del presente. Pero lo cierto es que el Kremlin utiliza a diario al novelista para su masivo lavado de cerebros. Y que la lectura desapasionada de su obra induce a pensar que hoy el autor de Crimen y castigo participaría con fervor en la cruzada contra Europa. Dostoievski fue un propagandista del mito del alma rusa y de su universal misión redentora. Admiraba a las buenos campesinos rusos por su fe acorazada, capaz de superar cualquier duda, flaqueza o sombra de escepticismo. Esa fe salvó a Dostoievski de su anterior crisis nihilista… pero solo en parte.

Dado que el autor de El jugador no estaba del todo seguro de su devoción renacida, dado que se gastaba todo su dinero en casinos alemanes y que, con sospechosa frecuencia, sucumbía a las delicias de sus vecinos occidentales, cuando regresaba a la patria con los bolsillos vacíos y el alma en ascuas se aferraba a la convicción de que Nuestro Señor había encomendado a Rusia el deber de convertir a Europa —y a él mismo— a la verdadera fe, y de erradicar —a él también— sus vicios, dudas, debilidades y tentaciones.

Lo cierto es que no hay que hacer un ejercicio excesivo de imaginación para admitir que Dostoievski se habría sumado a la campaña de purificación de Ucrania. Pero no exageremos. A diferencia de Putin, el autor de los Hermanos Karamázov cuestionaba en cada línea lo que había escrito en la anterior. Por sus constantes giros de guion, hoy no habría tenido precio como argumentista de una serie de Netflix. Dostoievski era el novelista de los asesinos redimidos, los ladrones generosos, los santos pecadores, los jugadores atormentados, los ateos creyentes y los benditos beatos que nunca creyeron. El propio Carrère, sin ir más lejos, con los imprevisibles giros de su autoficción, se acredita hoy como el alumno más aventajado de Dostoievski.

Si hubo un intelectual ruso que proclamó a gritos su amor a Rusia, ese fue Dostoievski. Así que cuidado con él. Cuidado, sobre todo, con los malos lectores de Dostoievski y con el ejército de rusófilos que proliferan en aquel país. «Rusia desprecia, envidia y detesta a Europa», recordó Carrère a su paso en la presentación de su libro en Madrid. Es alarmante que, cuando los propagandistas del Kremlin se presentan como lugartenientes de Gengis Kan dispuestos a humillar al Viejo Continente, los rusos se olviden de que hubo un tiempo en el que ellos también se sintieron europeos. Dostoievski dijo aquello de que los rusos son seres privilegiados porque no tienen una sino dos almas, la rusa y la europea. A renglón seguido, aseguró que los rusos comprenden a los europeos mejor que estos a sí mismos, lo que no nos deja del todo tranquilos. Pero así es Dostoievski y su capacidad para seguir retorciendo argumentos, almas y cuerpos.

Quizá, cuando pase esta calamidad, llegue la hora de que, al igual que Emmanuel se reconcilió con su madre, también nosotros apreciemos que Rusia no está condenada a ser Mordor hasta la eternidad y que debamos ocuparnos de integrar a ese imperio fallido en una eficiente estructura paneuropea de seguridad. Lo que no es fácil, ya se lo adelanto.


Foto: Hélène Carrère d’Encausse, en 2023. © Mickaël Schauli, con licencia Wikimedia Commons.

Educación y (riesgos de la) inteligencia artificial

Avance

La revolución de la inteligencia artificial (IA) no tiene marcha atrás, las revoluciones científicas nunca la tienen. El ludismo es siempre una batalla perdida. A la IA no cabe ponerle una señal de prohibido, pero sí de precaución. O límites, como se ponen a la velocidad del tráfico. Las medidas de control de la IA, especialmente para los menores, recorren el mundo. China ha prohibido las relaciones afectivas entre menores y herramientas de IA. Francia acaba de convertirse en el primer país europeo que veta las redes sociales a los menores de quince años. Noruega, pionera en la educación digital desde los años 90, ha impuesto el pasado junio restricciones al uso de la IA en la escuela por parte de niños entre 6 y 13 años, y exige la supervisión de un profesor en el caso de adolescentes de entre 14 y 16 años.

El caso de Noruega apunta a un terreno especialmente sensible: el de las relaciones de la IA con la enseñanza. Ese es el asunto en el que se centra el artículo recientemente publicado por la profesora de inteligencia artificial y ética en la Universidad París-Sorbona Laurence Devillers en Le Grand Continent.

Devillers empieza por diferenciar transmisión y educación. La primera es un proceso ininterrumpido. La segunda es una forma de transmisión, o una parte de ella, que se interrumpe (ahora mismo, con las vacaciones veraniegas). Ya san Agustín y Pascal se interesaron por ello. Pascal habló de cómo el cuerpo aprende en silencio, sin discurso; y san Agustín se refirió a la contaminación por el espectáculo, un mecanismo cognitivo de sorprendente actualidad porque su lógica está presente en los asistentes conversacionales alimentados por modelos de IA generativa como Claude o ChatGPT, así como en las redes sociales. Lo que vemos y escuchamos nos moldea, seamos conscientes de ello o no. Por lo tanto, la cuestión ya no es solo qué debemos enseñar, sino qué nos enseña, sin que nos demos cuenta, todo lo que escuchamos y vemos. Eso es precisamente a lo que apunta hoy en día un sistema de IA generativa. Nos moldea mediante la exposición repetida, sin pasar por nuestra deliberación consciente, a modo de un adiestramiento silencioso. La IA generativa funciona mediante la extrapolación del pasado: observa nuestros hábitos, nuestros clics, nuestras reacciones repetidas y deduce de ello lo que debe proponernos a continuación.

Lo que está ocurriendo fue anunciado por el filósofo francés Gilles Deleuze, que habló del paso de un régimen educativo (a cargo de la escuela o la familia) a un régimen de transmisión continua, sin interrupciones ni finalización. En el régimen de educación y disciplina, nos dirigimos a un individuo con una identidad estable, en lugares físicos. En el control continuo, se trata a las personas descompuestas en datos, flujos y muestras medibles. Lo que antes permitía identificar a alguien en el marco de una disciplina constituía un marcador de su individualidad. En el control, es el código de acceso, la contraseña, el dato digital lo que identifica y autoriza (o no) el paso. El acceso se vuelve condicional y revocable en cualquier momento, a diferencia de la disciplina, donde, una vez finalizada la formación, el estatus queda adquirido.

Laurence Devillers llama la atención sobre el hecho de que los cuatro pilares del aprendizaje (la atención, la participación activa, la revisión de los errores y la consolidación) se vean afectados (perjudicados) por el uso de la IA. El uso excesivo de un chatbot siempre disponible puede fragmentar la atención en lugar de estructurarla, al ofrecer respuestas demasiado rápidas que eluden el esfuerzo de concentración. El uso pasivo por parte del alumno delega la producción en la IA (copiar y pegar una respuesta generada) y el compromiso activo se desmorona. La IA generativa puede ofrecer una explicación errónea con la misma seguridad que una correcta, lo que tiene como efecto consolidar un error con la seguridad de alguien que sabe. Por último, la consolidación requiere tiempo y sueño, pero ninguna IA puede acelerar este proceso biológico. En definitiva, al externalizar el esfuerzo (redactar, buscar errores, recordar) hacia la IA, el alumno puede desarrollar la competencia para utilizar la IA sin desarrollar la propia competencia subyacente.

Un estudio del MIT Media Lab del año pasado concluyó que la conectividad cerebral disminuía sistemáticamente con el nivel de apoyo externo. A mayor uso de la IA, menor conectividad cerebral, es decir, menor estímulo de nuestras capacidades cognitivas. La escala descendente va del uso de ChatGPT, Google o ninguna herramienta y solo cerebro.

La manipulación emocional es otro riesgo. Al interactuar constantemente con una entidad que no juzga, es posible que nuestra tolerancia a la ambigüedad —propia del juicio humano— se reduzca considerablemente.

La gran pregunta es cómo desarrollar un espíritu crítico ante una IA generativa que nunca se presenta como una limitación, sino más bien como un servicio, una sugerencia «personalizada» a la que vemos como un amigo, pero que modula constantemente lo que se nos ofrece pensar y que detecta nuestras emociones. ¿Cómo resistirse a algo que nunca te oprime abiertamente, pero que te acompaña? El espíritu crítico supone un punto de referencia, una alteridad con la que medirse, justo lo que falta en la IA, que nunca da órdenes explícitas ni se muestra como una instancia de poder. Así, el reto para la escuela del mañana consistirá en aprender a seguir siendo uno mismo en medio de una corriente que querría moldearnos insidiosamente.

En otras palabras, ¿cómo formar a unos alumnos que, en su mayoría, nunca han conocido un mundo sin IA generativa y cuyo contacto con ella empieza mucho antes de llegar al colegio? En Europa, cada país tiene su propia estrategia. Noruega, ya lo hemos visto,  está dando marcha atrás: el modelo que durante mucho tiempo había presentado como un orgullo nacional se considera ahora corresponsable del descenso general del nivel académico. El enfoque europeo se distingue de los modelos chino y norteamericano. Europa apuesta por la regulación jurídica, combinada con directrices éticas, situando a los docentes en el centro. Y hay organizaciones, como Ekö —antes SumOfUs— implicadas en el debate de la Ley de Inteligencia Artificial de la UE, cuyo objetivo es exigir que la tecnología proteja los derechos humanos.


La imagen que ilustra el artículo corresponde al acto en que el grupo Ekö entregó a los co-ponentes encargados del expediente de la Ley de Inteligencia Artificial de la UE en el Parlamento de Estrasburgo sus peticiones acerca del control de la IA. Tiene licencia Creative Commons y puede consultarse aquí.

Revista de actualidad: la radicalización de la juventud en la Alemania del Este

Avance

Manuela Müller documenta en un libro cómo símbolos neonazis y el saludo hitleriano se normalizan entre jóvenes de Sajonia, en la Alemania oriental. Müller afirma de su libro en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) que intenta reflejar lo que el extremismo causa en las relaciones: en las amistades, en las familias, en el amor. Los vínculos, subraya, muestran aspectos inadvertidos a las estadísticas. Esos son los que le interesan. La radicalización a menudo ni siquiera comienza con la ideología. Una chica se enamora de un chico. El chico es medio nazi o nazi entero. Entonces, casi de repente, a la muchacha también le atrae la ideología de Hitler.

Relata Müller, por ejemplo, cómo Anna, una adolescente de 15 años sin especiales preocupaciones políticas o en todo caso del centro, se enamora de Linus, que adopta posturas y símbolos de la extrema derecha pero que se denomina de derechas. Observa Anna, además, que su mejor amiga, Leonie, también se va deslizando por esa pendiente. Un día, en el aseo, Leonie le muestra la esvástica que le ha dibujado un amigo en el omóplato derecho, «como si fuera una travesura infantil». Había dejado la esvástica sobre su piel cual «autógrafo de artista». Lo perturbador de esa historia, subraya Müller, es «que se había vuelto corporal».

👉 Artículo completo: «Wenn einer aus der Freundesgruppe Hitlergruß macht, heißt das abhitlern» («Cuando alguien del grupo de amigos hace el saludo hitleriano, eso se llama “hitlerear”»)

https://www.faz.net/aktuell/feuilleton/buecher/sachbuch/manuela-mueller-ueber-ostdeutschland-die-jugend-malt-wieder-hakenkreuze-accg-200990149.html


Educación e inteligencia artificial

La profesora de inteligencia artificial y ética en la Universidad París-Sorbona Laurence Devillers reflexiona sobre IA y enseñanza en un artículo en Le Grand Continent. Empieza por distinguir entre educación y transmisión. La educación, que es una forma de transmisión, tiene interrupciones (ahora mismo, con las vacaciones veraniegas). La transmisión es más general y es un proceso continuo. Lo que vemos y escuchamos nos moldea, seamos conscientes de ello o no. Ya san Agustín se refirió a la contaminación por el espectáculo, un mecanismo cognitivo de sorprendente actualidad porque su lógica está presente en los asistentes conversacionales alimentados por modelos de IA generativa como Claude o ChatGPT, así como en las redes sociales. Por lo tanto, la cuestión ya no es solo qué debemos enseñar, sino qué nos enseña, sin que nos demos cuenta, todo lo que escuchamos y vemos; justo lo que hace la IA generativa, que nos moldea mediante la exposición repetida, sin pasar por nuestra deliberación consciente, a modo de un adiestramiento silencioso.

👉 Artículo completo: Lo que la IA enseña (y no enseña) a los niños

https://legrandcontinent.eu/es/2026/07/19/lo-que-ia-ensena-y-no-a-los-ninos/


Me topé con mi propia biografía en Amazon

Kashmir Hill, periodista de tecnología del diario The New York Times, descubrió su propia biografía en Amazon. Una amiga la puso sobre la pista: «¿Por qué no me dijiste que la habías escrito?», le preguntó algo molesta. El libro, nada autorizado, estaba a la venta desde agosto de 2025. The Biography of Kashmir Hill tenía 90 páginas, tapa dura y un precio de 26,99 dólares. Estaba firmada por un tal John Crane Miller y mezclaba datos verificables sobre su vida con generalidades vacías, «como un horóscopo extendido de docenas de páginas», y detalles falsos. Miller resultó ser igual de ficticio, con una foto de autor tomada de un banco de imágenes, pero muy trabajador: en una semana había publicado diez biografías similares, todas ellas de periodistas.

La curiosidad y el espíritu periodístico llevó a Hill a descubrir, gracias al algoritmo de recomendaciones de Amazon, a otra autora prolífica, Diane W. Gray, que en un solo verano especialmente productivo publicó 60 biografías sobre figuras como Joe Rogan, Celine Dion y Paolo Maldini. El libro sobre este último, exfutbolista italiano, solo tenía una reseña: «Basura generada por IA. No comprar». El conocido periodista Dan Rather, sujeto de una de esas biografías fantasma, reconoció en Facebook que nadie le había consultado para escribirla, aunque admitió haberla leído y disfrutado. Su mensaje recibió más de 20.000 «me gusta» y probablemente animó las ventas del libro.

👉 Artículo original: I Got Slopped

https://www.nytimes.com/2026/07/16/technology/ai-slop-books-biography-amazon.html


Communion, la autobiografía de JD Vance que elude asuntos espinosos

Uno de los pasajes más emblemáticos de la autobiografía de JD Vance, recién publicada en inglés y titulada Communion: Finding My Way Back to Faith (Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe), tiene como escenario la catedral de Borgoña. Está solo con su hijo pequeño Ewan, y al reparar en la arquitectura y las vidrieras, señala: «No podía dejar de pensar en el vacío de la catedral y en lo que revelaba sobre la decadencia cultural de Europa y la lenta desaparición del cristianismo del continente […] No había nadie en ese lugar aparte de mi hijo dormido y yo. Pero Dios sí estaba». Luego vio salir de una de las capillas laterales a una inmigrante africana, que había estado rezando, y que sonrió amablemente al niño dormido.

La escena es muy representativa del libro, ya que Vance ofrece una perspectiva de por qué abrazó la fe católica, señala Michael J. O’Loughlin en National Catholic Reporter. Su fe le hizo ser mejor padre y esposo, y le ayudó a reorientar sus metas personales, alejándolas del éxito profesional. Pero se deja en el tintero cómo esa fe afecta a su, no siempre fácil, papel político.

👉Artículo completo: Vance’s ‘Communion’ explores his Catholic conversion — but dodges hard questions

https://www.ncronline.org/culture/book-reviews/vances-communion-explores-his-catholic-conversion-dodges-hard-questions


La Bauhaus más allá de la Bauhaus

El edificio de Gropius, el fundador. El manifiesto. El predominio de la función. El arte y la artesanía. Son las palabras clave que vienen a la cabeza cuando se habla de la Bauhaus. También rondan algunos nombres, además del fundador, como Paul Klee, Wassily Kandinsky, László Moholy-Nagy, Josef Albers… En los últimos años, se ha reivindicado la presencia de las mujeres en la institución: Alma Siedhoff-Buscher, Anni Albers y Margarete Heymann, entre otras.

Por ejemplo, Elsa Thiemann. Se formó en la Bauhaus, obtuvo su diploma en 1931 y regresó a Berlín para trabajar como fotógrafa de prensa. Fue conocida posteriormente por sus imágenes del Berlín destruido después de la Segunda Guerra Mundial, el mismo que intentaba levantarse de nuevo. Reflejó sus ruinas, sus edificios y sus gentes; unos niños espectrales en la entrada del metro de Neukölln, en la década de 1950 y, en la misma época, una multitud abarrotando la escalera de la piscina al aire libre de Wannsee. Son dos de las fotos que se pueden ver en la muestra del Museum für Fotografie, abierta hasta octubre, explica Malcolm Forbes en Engelsberg & Ideas.

👉Artículo completo: The women of the Bauhaus

https://engelsbergideas.com/reviews/the-women-of-the-bauhaus/


Memoria histórica a la austriaca: la casa natal de Hitler se convierte en centro de policía

El diario austriaco Der Standard, en una nota de prensa de APA (Austria Presse Agentur), sin firmar, narra que el ministro del Interior de Austria, Gerhard Karner, inauguró el pasado 22 de julio el nuevo Centro de Policía de la localidad austriaca Braunau am Inn, en el inmueble en que Adolf Hitler nació el 20 de abril de 1889. La casa se encuentra en el centro urbano. Su dirección postal es Salzburger Vorstadt 15, 5280 Braunau am Inn. En diciembre de 2016, el Parlamento austriaco aprobó una ley federal que dispuso la expropiación de la finca, hasta entonces propiedad de una particular, y su transferencia al Estado. El artículo 1 de esa ley dice: «Con el fin de impedir de manera permanente el mantenimiento, el fomento o la difusión del ideario nacionalsocialista, o una conmemoración de adhesión al nacionalsocialismo, el Estado federal se atribuye, libre de cargas, la propiedad de la finca EZ 217, KG 40005 Braunau am Inn».

En una piedra conmemorativa colocada ante el número 15 de Salzburger Vorstadt, se puede leer: «Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos nos amonestan». Con la transformación del edificio, el Ministerio del Interior austriaco pretende una «neutralización del sitio» y privarlo de su atractivo como lugar de peregrinación neonazi.

👉Artículo completo: Polizeizentrum im umgebauten Hitler-Geburtshaus in Braunau eröffnet

https://www.derstandard.at/story/3000000332411/polizeizentrum-im-umgebauten-hitler-geburtshaus-in-braunau-er246ffnet

Más información en Revista de Actualidad

En la imagen de arriba, Ciclomotor Simson «Schwalbe», símbolo de la extinta RDA. Encuentro en Eisenbach (ex RDA), 2013. Autor: Dk0704. Licencia CC BY-SA 4.0. Vía Wikimedia Commons.

«Communion», el ensayo autobiográfico de JD Vance que elude asuntos espinosos

Avance

Uno de los pasajes más emblemáticos del libro de JD VanceCommunion: Finding My Way Back to Faith (Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe), tiene como escenario la catedral de Borgoña. Está solo con su hijo pequeño Ewan, y al reparar en la arquitectura y las vidrieras, señala: «No podía dejar de pensar en el vacío de la catedral y en lo que revelaba sobre la decadencia cultural de Europa y la lenta desaparición del cristianismo del continente […] No había nadie en ese lugar aparte de mi hijo dormido y yo. Pero Dios sí estaba». Luego vio salir de una de las capillas laterales a una inmigrante africana, que había estado rezando, y que sonrió amablemente al niño dormido.

La escena es muy representativa del libro, ya que Vance ofrece una perspectiva de por qué abrazó la fe católica, señala Michael J. O’Loughlin en National Catholic Reporter.  Su fe le hizo ser mejor padre y esposo, y le ayudó a reorientar sus metas personales, alejándolas del éxito profesional. Pero se deja en el tintero cómo esa fe afecta a su, no siempre fácil, papel político.

Comunión se puede leer como dos libros en uno: unas memorias convencionales que preparan el terreno para un cargo superior, combinadas, «a veces de forma incómoda», con un relato de su vida de fe que «parece existir al servicio del primer propósito».

JD Vance es un destacado candidato para suceder a Donald Trump en 2028, según la encuesta de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC). Pero no lo tiene seguro al cien por cien, ya que otros sondeos dan favorito a Marco Rubio. Y un libro como este no deja de ser un instrumento de imagen que hace más de un guiño al sector cristiano de su electorado y al movimiento MAGA.

Communion viene a completar su exitoso Hillbilly, una elegía rural, aunque carece de su gancho narrativo y su impactante testimonio personal. Es más bien un ensayo donde, entre otras cosas, ofrece una explicación al fenómeno de los jóvenes de la generación Z que se sienten atraídos por la Iglesia, como recogía The Washingon Post; algo, por cierto, infrecuente en Estados Unidos, donde el catolicismo ha tenido históricamente mala prensa.

Según Vance, la Iglesia les ofrece un mensaje estable («Una de las cosas que admiro de ella es que las cuestiones fundamentales de la doctrina cambian muy raramente»), a diferencia de otros credos, sometidos al vaivén de modas o corrientes ideológicas. Y ese anclaje atrae a los jóvenes, «quienes se sienten abrumados por el caos de la vida moderna». 

Tendencia global

En este sentido, Communion recoge una tendencia global: el renacer de la inquietud espiritual en las sociedades occidentales. Durante la segunda mitad del siglo XX, las grandes preguntas del ser humano sobre Dios o la muerte parecían relegadas al desván, sofocadas por el materialismo el consumismo. Pero en estos últimos años han vuelto a la palestra pública.

El principal pero que cabe oponer al ensayo es que el vicepresidente de EE. UU. se ciñe predominantemente a los aspectos personales de su vida, cuando él mismo ha subrayado que «los cristianos no somos meros actores morales privados, sino también públicos […] Somos cónyuges, padres, trabajadores, miembros de la comunidad y vecinos». Y también políticos, con importantes responsabilidades.

¿Cómo influye las creencias de Vance en el desempeño de sus funciones en la administración Trump? No lo sabemos o él no lo cuenta. Acaso porque determinadas iniciativas de la Administración Trump se han teñido de corrupción (que algún analista ha calificado de épica).

«A veces es menos incómodo guardar nuestra fe en una caja» —escribe. Se diría que en Communion, «Vance parece priorizar la comodidad sobre el compromiso que su fe exige ante las complejas cuestiones morales y políticas» afirma el autor del artículo. Su camino espiritual se percibe, ajeno a los acontecimientos históricos que él mismo contribuye a forjar.

Controvertidas políticas sobre inmigración

Vance no reflexiona sobre lo que significa «actuar según el modelo de la vida de Cristo» en la vida pública, especialmente cuando las acciones del Gobierno al que sirve contradicen las enseñanzas de la Iglesia. Véase el caso de la inmigración, que provocó una carta extraordinaria de obispos estadounidenses alarmados por las tácticas de la Administración Trump. 

Por un lado, Vance escribe: «la inmigración es una versión particularmente espinosa de un desafío que enfrento a diario en mi trabajo: cómo aplicar un principio moral aceptado al mundo real como líder cristiano». Pero, por otro, desestimó las indicaciones que, sobre el tema, le hicieron el papa  Francisco («no estoy de acuerdo») y los obispos estadounidenses («puras banalidades»).

En definitiva, Communion da la sensación de ser una oportunidad perdida para mostrar cómo los líderes políticos católicos integran su fe en su trabajo.

Artículo completo: Vance’s «Communion» explores his catholic conversion dodges hard questions

https://www.ncronline.org/culture/book-reviews/vances-communion-explores-his-catholic-conversion-dodges-hard-questions

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Me topé con mi propia biografía en Amazon

Avance

Kashmir Hill, periodista de tecnología del diario The New York Times, descubrió su propia biografía en Amazon. Una amiga la puso sobre la pista: «¿Por qué no me dijiste que la habías escrito?», le preguntó algo molesta. El libro, nada autorizado, estaba a la venta desde agosto de 2025. The Biography of Kashmir Hill tenía 90 páginas, tapa dura y un precio de 26,99 dólares. Estaba firmada por un tal John Crane Miller y mezclaba datos verificables sobre su vida con generalidades vacías, «como un horóscopo extendido de docenas de páginas», y detalles falsos. Miller resultó ser igual de ficticio, con una foto de autor tomada de un banco de imágenes, pero muy trabajador: en una semana había publicado diez biografías similares, todas ellas de periodistas.

La curiosidad y el espíritu periodístico llevó a Hill a descubrir, gracias al algoritmo de recomendaciones de Amazon, a otra autora prolífica, Diane W. Gray, que en un solo verano especialmente productivo publicó 60 biografías sobre figuras como Joe Rogan, Celine Dion y Paolo Maldini. El libro sobre este último, exfutbolista italiano, solo tenía una reseña: «Basura generada por IA. No comprar». El conocido periodista Dan Rather, sujeto de una de esas biografías fantasma, reconoció en Facebook que nadie le había consultado para escribirla, aunque admitió haberla leído y disfrutado. Su mensaje recibió más de 20.000 «me gusta» y probablemente animó las ventas del libro.

Según Kashmir Hill, Amazon tolera este tipo de contenido generado por IA, salvo casos extremos. Un libro sobre Charlie Kirk publicado en febrero de 2025 se convirtió en superventas tras su asesinato en septiembre, pero acabó retirado después de decenas de reseñas que lo calificaban de estafa. Un portavoz de la compañía, Josh Pflug, declinó hacer comentarios sobre ese caso concreto, aunque aseguró que la empresa dedica «tiempo y recursos significativos» a hacer cumplir sus normas.

El negocio de la basura de la IA

Dos profesores de escuelas de negocio analizaron diez millones de libros publicados en Amazon en los últimos cinco años y hallaron que la publicación mensual de e-books se ha triplicado desde la llegada de ChatGPT, superando los 300.000 títulos al mes a finales del año pasado, frente a los 100.000 de 2022. Contra lo esperado, no fue la novela romántica el género más invadido por la IA, sino la no ficción. Los autores del estudio, pese a reconocer que estos libros reciben peores valoraciones, consideran positivo el fenómeno porque generan ventas, por modestas que sean. Una de ellas, Imke Reimers, de la Universidad de Cornell, lo resumió comparándolo con Cincuenta sombras de Grey: para un economista, cualquier libro que aporte valor a los consumidores, venda lo que venda, es bienvenido.

Hill quiso encontrar a los autores detrás de estos libros. Su propio biógrafo, Miller, nunca respondió a sus mensajes. Pero dio con otro, Bill Johns, de 70 años, un exconsultor de ciberseguridad jubilado que vive junto a la bahía de Chesapeake, en Maryland, y que sí accedió a hablar. Johns se enganchó a la escritura asistida por IA después de jubilarse en 2024. Como él mismo explica, escribir un libro es una idea «romántica», qu eno hace con un propósito económico.

Su primer libro, sobre la historia del pirateo informático (precisamente), le costó dos semanas de trabajo y 20 dólares en ChatGPT; vendió solo un par de copias, pero fue suficiente para engancharlo. Hoy tiene 445 libros a la venta en Amazon, organizados por temas —deportes, genios excéntricos, puentes famosos, la propia bahía— y todos con la misma portada: una foto suya generada por IA con traje oscuro. Su método consiste en pedirle a ChatGPT ideas de estructura y un índice, y luego generar capítulo a capítulo, nunca de golpe, porque el modelo empieza a «divagar y alucinar» con textos demasiado largos. Después, revisa el resultado, lo pega en un documento de Word y lo convierte en e-book con la herramienta Kindle Create de Amazon. Su objetivo es publicar diez libros por semana, el máximo permitido por la plataforma.

La mayoría de sus libros no vende ni una copia, pero cada mes coloca varios cientos, a unos siete dólares de beneficio cada uno. En la campaña navideña vendió 821 ejemplares y ganó casi 6.000 dólares. «No es que vuelen de los estantes, pero da para gastar en el bar», afirma.

Cuando Amazon pregunta a los autores si usaron herramientas de IA, Johns siempre responde que sí, pero esa información nunca llega al comprador. La plataforma no la muestra en la ficha del producto. La Authors Guild lleva presionando desde 2023, sin éxito, para que se etiqueten los libros generados por IA.

El nuevo kitsch

El artículo recoge una tesis académica provocadora: un grupo de filósofos de la ciencia, entre ellos Eamon Duede, de la Universidad de Purdue, sostienen en un paper titulado Why Slop Matters, que la IA permite a personas sin talento crear contenido que de otro modo nunca podrían producir, y que las críticas actuales recuerdan a las que en su día recibió el kitsch, el arte comercial de revistas y cómics, hoy reivindicado por algunos. Aun así, las reseñas reales de los libros de Johns son demoledoras. Cuando alguna crítica le parece justificada, Johns retira el libro sin mayor dolor. No se lo toma como algo personal, porque técnicamente, él no lo escribió.

El desenlace es interesante y prueba que la plataforma siente el peso de la culpa o teme represalias. Hill publicó una reseña de su propia «biografía» en la que pedía hablar con el autor. Poco después, el libro desapareció de Amazon junto con el resto del catálogo de John Crane Miller.

Artículo original: I Got Slopped

Memoria histórica a la austriaca: la casa natal de Hitler se convierte en centro de policía

Avance

El ministro del Interior de Austria, Gerhard Karner, del ÖVP (Österreichische Volkspartei: Partido Popular Austriaco), inauguró el 22 de julio de 2026 el nuevo Centro de Policía (Polizeizentrum) de la localidad austriaca Braunau am Inn, en el inmueble en que Adolf Hitler nació, el 20 de abril de 1889. El Centro de Policía alberga una comisaría (Polizeiinspektion) y la jefatura de distrito (Bezirkspolizeikommando). La casa se encuentra en el centro urbano. Su dirección postal es Salzburger Vorstadt 15, 5280 Braunau am Inn.

En diciembre de 2016, el Parlamento austriaco aprobó una ley federal que dispuso la expropiación del inmueble, hasta entonces propiedad de una particular, y su transferencia al Estado. El artículo 1 de esa ley dice: «Con el fin de impedir de manera permanente el mantenimiento, el fomento o la difusión del ideario nacionalsocialista, o una conmemoración de adhesión al nacionalsocialismo, el Estado federal se atribuye, libre de cargas, la propiedad de la finca EZ 217, KG 40005 Braunau am Inn».

En una piedra conmemorativa colocada ante el número 15 de Salzburger Vorstadt, la de la imagen, se puede leer: «Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos nos exhortan».

Mientras se tramitaba la ley de expropiación, una comisión de expertos presentó en octubre de 2016 un informe en el que recomendaba a las autoridades «dar preferencia a un uso social-benéfico o administrativo» al inmueble, porque como museo también podría atraer a extremistas de la derecha. Sobre una posible demolición se pronunciaba en contra porque «no debería exponerse a Austria a la acusación de querer negar la historia del lugar».

Algunos habrían deseado allí, a pesar de todo, un museo de historia contemporánea o un centro internacional de encuentro, como hay en Auschwitz. Otros recuerdan que justo la policía respaldó a Hitler, y con celo inaudito, durante los años del nacionalsocialismo.

Con la transformación del edificio, el Ministerio del Interior austriaco pretende una «neutralización del sitio» y privarlo de su atractivo como lugar de peregrinación neonazi.

ArtÍculo

La transformación en puesto de policía de la casa natal de Hitler ha costado alrededor de 20 millones de euros. Comenzó hace tres años.

Austria ha seguido el precedente alemán. Porque también la vivienda privada de Hitler en la Prinzregentenplatz 16 (plaza del Príncipe regente), en Múnich, es utilizada por la policía bávara desde finales de los años cuarenta. Actualmente alberga la Polizeiinspektion 22 Múnich (Bogenhausen).

La residencia oficial de Hitler en el antiguo palacio de la Cancillería del Reich, en Wilhelmstraße 77, Berlín, fue alcanzada por el bombardeo estadounidense del 3 de febrero de 1945. El edificio, dañado durante la guerra, fue demolido a partir de 1949. El emplazamiento histórico está documentado actualmente mediante los paneles de la exposición urbana «Geschichtsmeile Wilhelmstraße», mantenida por la Fundación Topografía del Terror.

Magnetismo nazi

A pesar de que hay inmuebles para elegir, muchos por los que pasó Hitler en Austria, a los nazis les gusta sobre todo su casa natal. Ante esa casa de Braunau se han venido repitiendo incidentes con peregrinos ideológicamente nazis que hacen fotos a escondidas, se llevan piedras como recuerdo o depositan flores y coronas, especialmente en torno al 20 de abril, fecha de nacimiento de Adolf Hitler.

También en Leonding, un pueblo cerca de Linz, hubo problemas con la tumba de Alois y Klara Hitler, los padres de Adolf Hitler. Se convirtió en destino para los círculos de extrema derecha de Austria y del extranjero, según documenta por ejemplo la radio austriaca, la ORF. Una muestra: en el día de Todos los Santos de 2011, apareció una vasija con la palabra Unvergesslich (Inolvidables) y las letras «SS» de Unverge-ss-lich resaltadas.

En marzo de 2012, con el consentimiento de la titular del derecho de uso de la tumba de los padres de Hitler, la parroquia de Leonding clausuró esa sepultura y retiró la lápida dedicada a Alois y Klara. Los restos no fueron exhumados y el espacio quedó disponible para una nueva sepultura. Es decir, se dejó de mantenerla como tumba identificada para Alois y Klara.

Historia de la casa natal de Hitler

El edificio donde nació Hitler, en Braunau am Inn, se remonta a 1746. El inmueble estuvo vinculado a una posada y a una cervecería situada en la parte posterior. Alois Hitler y su mujer, Klara, los padres del genocida, alquilaron allí varias habitaciones, probablemente en la segunda planta.

La familia, de escasos recursos económicos, abandonó esa casa poco después del nacimiento de Adolf, pero permaneció en Braunau. Se trasladó a Passau cuando Hitler tenía tres años y cuatro meses, en 1892. En 1899, la familia se instaló en Leonding, cerca de Linz. Se mudó a la propia ciudad de Linz en 1905.

Tras la prohibición del NSDAP, el partido nazi, en Austria, el 19 de junio de 1933, Braunau fue escenario de actividades nacionalsocialistas clandestinas. Después de la anexión de Austria al Reich alemán (marzo de 1938), Martin Bormann, entonces jefe de gabinete del Lugarteniente del Führer y Reichsleiter del NSDAP, hombre de la máxima confianza de Hitler, compró el edificio en mayo de 1938, por encargo del partido nazi, a Josef Pommer, hostelero y propietario de la casa, y a su esposa, Maria Pommer, copropietaria del inmueble. Martin Bormann puso la propiedad a su nombre. El NSDAP, el partido nazi, pagó aproximadamente cuatro veces su valor de mercado, reformó la antigua posada y la convirtió en un centro cultural con biblioteca popular y galería de arte. Quedó inaugurado el 18 de abril de 1943 como «Casa Natal del Führer» (Führer-Geburtshaus).

Tras la entrada de las tropas estadounidenses en Braunau, el 2 de mayo de 1945, el inmueble quedó bajo administración provisional mientras se resolvían los derechos de su propiedad. En 1946 y 1947 fue administrado, por decisión del Gobierno militar estadounidense, por el Banco de Alta Austria y Salzburgo; entre 1947 y 1950, el gobierno regional de la Alta Austria confió su administración al Ayuntamiento de Braunau.

El 16 de enero de 1954, mediante un acuerdo ante la Comisión de Restitución del Tribunal Regional de Linz, Kreszentia Pommer, hija y heredera de Josef y Maria Pommer, recuperó la propiedad del inmueble a cambio de abonar 150.000 chelines a la masa patrimonial confiscada de Martin Bormann, titular propietario de la Casa Natal del Führer. No se trató, por tanto, de una venta a los antiguos hosteleros, sino de la restitución de la casa a su heredera bajo determinadas condiciones económicas.

Después de la restitución, el Ayuntamiento de Braunau arrendó el edificio para instalar provisionalmente varias aulas escolares. Posteriormente albergó la biblioteca municipal hasta 1965. Cuando dejó de necesitarlo como espacio escolar y bibliotecario, el Ayuntamiento puso fin al arrendamiento. La propietaria lo alquiló entonces, durante un breve periodo, a una entidad bancaria. Entre 1970 y 1976, se estableció allí una sección de la recién creada Escuela Técnica Superior de Braunau (Höhere Technische Lehranstalt Braunau, HTL Braunau).

Hacia la expropiación como último recurso

Ante el temor de que una eventual venta del inmueble permitiera convertirlo en un lugar de culto nazi, el Ayuntamiento de Braunau pidió la intervención del Estado. El 17 de mayo de 1972, la República de Austria, por medio del Ministerio del Interior, firmó con la propietaria un contrato de arrendamiento inicialmente previsto para diez años y prorrogado después en repetidas ocasiones. El propósito declarado era impedir que el edificio recibiera un uso incompatible con los intereses y las obligaciones históricas de la República de Austria. El 31 de diciembre de 1977, Kreszentia Pommer transmitió gratuitamente la propiedad a su hija Gerlinde Pommer mediante un contrato de donación. Ese mismo año, una vez trasladada la HTL Braunau a su nuevo edificio, el Ayuntamiento, que actuaba como subarrendatario del Ministerio del Interior, cedió los espacios a Lebenshilfe Oberösterreich (Ayuda a la Vida de la Alta Austria). Esa institución instaló allí talleres, una tienda y un centro de día para personas con discapacidad. Lebenshilfe abandonó el inmueble en septiembre de 2011, porque no podía adaptar el edificio a las exigencias modernas de accesibilidad. Desde octubre de 2011, la casa natal de Hitler quedó vacía, aunque el contrato de arrendamiento principal con el Ministerio del Interior continuaba vigente. Permaneció sin uso hasta el comienzo de las obras de transformación en el otoño de 2023.

Tras la marcha de Lebenshilfe Oberösterreich en 2011, el Ministerio del Interior intentó adquirir el inmueble para asegurar de forma permanente su utilización y evitar que pudiera ser vendido o destinado en el futuro a fines de exaltación nacionalsocialista.

Según el informe parlamentario, el Estado había tratado de comprar la propiedad desde 1984, sin éxito por la negativa a venderla de su propietaria, Gerlinde Pommer-Angloher. En febrero de 2014, Gerlinde Pommer-Angloher manifestó por primera vez cierta disposición a una venta. El Ministerio del Interior le presentó repetidamente ofertas que el Gobierno calificó de «serias, adecuadas y concretas». Las conversaciones concluyeron en enero de 2016 sin acuerdo. El Parlamento aprobó entonces una ley específica que privó a Pommer-Angloher de la propiedad y transfirió el inmueble a la República de Austria. La ley, publicada el 13 de enero de 2017 y en vigor desde el día siguiente, justificó la expropiación por la necesidad de impedir de manera permanente que la casa sirviera para conservar, promover o difundir ideas nacionalsocialistas o para rendir homenaje al nazismo. La antigua propietaria recurrió la medida, pero el Tribunal Constitucional la declaró conforme a la Constitución el 30 de junio de 2017: consideró acreditados los intentos fallidos del Estado de comprar la finca y concluyó que la expropiación respondía al interés público, era proporcionada y no se realizaba sin indemnización.

Más información

Además de remitir a los enlaces a lo largo del artículo, repito aquí los dos propios de la noticia de hoy:

Bundesministerium für Inneres. (2026, 22 de julio). Polizeizentrum Braunau am 22. Juli 2026 eröffnet. www.bmi.gv.at.

Austria Presse Agentur. (2026, 22 de julio). Polizeizentrum im umgebauten Hitler-Geburtshaus in Braunau eröffnet. Der Standard.

Crédito de la imagen: Monumento de advertencia contra la guerra y el fascismo, ante la casa natal de Hitler, en Braunau (Austria), en 2013. Se lee: «Por la paz, la libertad y la democracia. Nunca más fascismo. Millones de muertos nos exhortan». Autor de la fotografía: Anton-kurt. Licencia CC BY-SA 3.0 AT. Attribution-ShareAlike 3.0 Austria. Vía Wikimedia Commons