Reflexiones sobre el hombre

Luis Núñez Ladevéze

Título: «Quién es el hombre. Un espíritu en el mundo».
Autor: Leonardo Polo.
Editorial: Rialp, Madrid 1991, 260 pp.
Precio: 1.500 ptas.


No es el profesor Polo, catedrático de Filosofía de Granada primero y de Navarra después, un escritor prolífico ni fácil. Su obra más especializada la publicó hace un cuarto de siglo, y prácticamente desde entonces ha permanecido en un mutismo casi hermético, interrumpido por algunos artículos de divulgación y ocasionales monografías. Su reciente Teoría del Conocimiento, todavía incompleta, responde a una elaboración de sus clases. Es decir, no se trata de una obra escrita ad hoc, sino que es la manifestación de una vocación socrática que, en Polo como en algunos otros grandes pensadores, se ha desarrollado más aún que la escrita.

Quién es el hombre es un libro en que se manifiesta de manera especial ese modo de trabajar del profesor Polo, que es a la vez un peculiar modo de comunicación. En la propia redacción se expresa el estilo didáctico de un habla que se esfuerza por hacer comprensible una reflexión filosófica sobre el hombre. El contraste entre este tono discursivo, que se sirve de la comparación y la metáfora, con el rigor de sus antiguos escritos, resulta llamativo para quien conoce la obra de este profesor de Filosofía cuyos discípulos se cuentan por millares y cuya influencia es considerable aunque muchas veces no sea confesa.

Quién es el hombre compendia diez temas de filosofía en torno a las habituales preguntas que toda persona puede hacerse acerca de la condición humana: ¿quiénes somos?, ¿adónde vamos?, ¿qué podemos hacer y saber?, pero escritas y resueltas en un lenguaje coloquial, casi familiar, cuya transparencia llega a ser a veces engañosa hasta el punto de que podría tomarse por simplicidad. Pero no se trata de un libro fácil aunque esté redactado para, usando el mismo tono que el del autor, el hombre de la calle. Los capítulos se enhebran discursivamente, de modo que cada concepto previo es elemento necesario de la comprensión del que sigue. Urde así la explicación de Polo sobre el hombre una visión de conjunto en la que cada pieza, como en una bóveda, tiene una función para el equilibrio global.

Profundidad

La sencillez de la exposición no se riñe con la profundidad y la sutileza. A veces, sin embargo, no es fácil distinguir una observación trivial de una apreciación cuya capacidad de sugerir e insinuar desazona al lector. Es el riesgo afrontado por el deliberado didactismo del texto. A veces, lo que en un primer momento puede irritar por aparentemente vacuo llega luego a sorprender por el potencial de sugestión que contiene. En fin, no es éste el libro que los filósofos especializados esperan de Polo, pero sí es el libro que un lector profano puede leer y entender de un filósofo cuya obra principal se esconde entre sus papeles privados. Una pregunta a la editorial: ¿por qué quitan el acento al «Quién» del título? En español las mayúsculas se acentúan.