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Ver productosLa prensa española, al igual que la prensa internacional, está tomando conciencia de las tendencias -en muchos casos ya han provocado la toma de decisiones importantes- que impulsan la necesidad de reconfigurar la estructura de su negocio, así como de los recursos de que disponen para el tratamiento, procesamiento y transmisión de la información. Pablo Caldés, directivo de comunicación, realiza un recorrido por los factores que los medios de comunicación han de tener en cuenta para no quedarse atrás en la carrera por ganarse la confianza de un lector cuya cultura mediática está cambiando radicalmente y que dispone de nuevos soportes para acceder a la información.
Cuando hablamos del futuro de la prensa nos estamos refiriendo a los periódicos tradicionales, es decir, a los periódicos de pago. Vamos a analizar la evolución que han tenido en los últimos años y las fortalezas, sus peligros y amenazas que determinarán su futuro.
En 1996 la Unión Europea (sólo los quince países originarios) vendía diariamente 82.470.000 ejemplares de periódicos. En 2005 esa cifra bajó a 72.479.000 ejemplares, lo que supuso una pérdida de casi 10.000.000 de ejemplares, un 12% de caída en diez años.
Todos los países bajan en venta de ejemplares excepto España, que aumenta la difusión total en ese periodo en 53.000 ejemplares. Pero esto es ficticio, ya que si dejamos fuera las suscripciones colectivas y analizamos la venta en puntos de venta y las suscripciones individuales, España ha disminuido en 318.000 ejemplares, lo que representa un 9%. En lo que ha crecido España en esos diez años es en las suscripciones colectivas, que nacen más de la negociación de los gestores de las compañías editoriales que de la voluntad del público de comprar un periódico.
Es realmente paradójico que en dicho periodo el número de cabeceras de la Unión Europea se mantiene prácticamente igual, ya que pasa de 75 a 73 cabeceras. Con la caída tan brutal de venta de ejemplares lo lógico es que en el camino se hubieran quedado una serie de cabeceras, pero aguantan el tirón como veremos más adelante gracias a los ingresos publicitarios.
Vamos a analizar ahora qué ha pasado en España en el último año (2006 respecto a 2005). Los diarios de información general disminuyeron su difusión total en un 2,81 %; los de información deportiva cayeron un 1,59 %, y los de información económica aumentaron su difusión alrededor de un 5%. Esto datos corresponden, como hemos comentado, a la difusión total, pero si analizamos las ventas que se realizan en los puntos de venta y las suscripciones individuales, quitando los datos correspondientes a las suscripciones colectivas, las caídas son más espectaculares. Así, los diarios de información general disminuyeron sus ventas en un 3,92%, los de información deportiva cayeron un 3,47% y los de información económica, que en los datos de difusión total aumentaron un 5%, en este caso pierden un 4% de venta.
Paradójicamente, la audiencia de los diez primeros diarios aumenta un 2,14% en la primera ola de 2007 respecto a la primera ola de 2006, pasando de 7.949.000 lectores a 8.119.000. Permítame el lector aclarar que la difusión son el número de ejemplares vendidos o distribuidos y la audiencia es el número de lectores que tiene un periódico (un periódico normalmente lo lee más de una persona).
Otra paradoja que nos encontramos es que el número de cabeceras en los últimos diez años ha pasado de 118 a 137, es decir se ha incrementado en 19 cabeceras. Analizando los datos de difusión que hemos visto, esto es contradictorio, ya que la caída de venta de ejemplares ha debido dañar los resultados de las cuentas de explotación. Sin embargo, hay dos temas que soportan las mismas y han compensado la caída de ingresos por este concepto, que son la publicidad y las promociones.
La evolución de los ingresos publicitarios en 2006 respecto a 2005 es positiva. Los diarios de información general aumentan un 7,45%, los de información deportiva un 16,24% y los de información económica incrementan sus ventas publicitarias en un 19,95%. Estos datos no dejan de ser un peligro en el futuro, ya que están soportando las cuentas de explotación de las empresas editoras y les amortigua la caída de ingresos por la menor difusión, pero dependen de la coyuntura económica del país. Estamos viviendo una época de bonanza económica, pero si se produjera una crisis las editoriales se resentirían en sus cuentas de explotación.
El otro tema que están soportando las cuentas de explotación de las empresas editoras son las promociones. Las promociones nacieron como un incentivo para incrementar la venta de periódicos, pero hoy son una unidad de negocio paralela e independiente de la venta de periódicos, representando en muchas empresas editoriales ingresos y aportaciones al margen de explotación superiores a la venta de ejemplares.
En 2001 hubo en España 926 promociones, de las que sólo 469 llevaban consigo un aumento de precio. En 2005 hubo 1.601 promociones, en este caso 1.075 llevaban incremento de precio. Mientras el total promociones aumentó un 73%, las promociones con incremento de precio aumentaron un 129%.
El promedio de días en promoción es de 279 días en el año 2005. Solamente 84 días al año no se está en promoción. Los diarios nacionales han estado prácticamente todos los días en promoción durante el año 2005. Así, tenemos que El País estuvo el 97% de los días; ABC el 98%; El Mundo el 100%; La Razón el 91% y La Vanguardia el 96%.
Otros datos de interés para este análisis son los que a continuación se exponen:
La edad media del lector de periódicos ha pasado de 39 años en 1997 a 43 años en 2005. Solamente el 14,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años leen periódicos. En 1997 eran el 21%.
Lo que no ha cambiado en el periodo 1997-2005 es el porcentaje de lectores varones y mujeres. El 63% de los lectores son varones y el 37% son mujeres. En la mayoría de los países de la Unión Europea estos índices están equilibrados.
Tenemos una penetración de lectores sobre la población del 35,8%. Sólo estamos por delante de Grecia y Portugal. Suecia tiene un 88% y Alemania un 77,7%.
Después de este panorama que hemos dibujado podemos concluir que la prensa de pago está en crisis. La pregunta es si se trata de un crisis coyuntural o es que el modelo está cambiando. Teóricamente el mercado de la prensa de pago en España tiene campos para crecer. Se puede crecer en el segmento de la mujer, en el segmento de los jóvenes, incrementando la penetración de los lectores sobre la población, que es muy baja. Pero esto llevan intentándolo muchas empresas editoriales durante mucho tiempo, orientando los contenidos y las promociones hacia esos nichos y no lo han conseguido. Si se trata de una crisis coyuntural, es una crisis que dura ya más de diez años y no creo que los gestores de las empresas editoriales no hayan sido capaces de poner soluciones a la misma. Más bien me inclino porque estamos asistiendo a un cambio de modelo, donde la prensa tradicional tendrá que saber reubicarse y buscar su hueco. A ello hay que añadir dos agentes externos que están cambiando el escenario, que son la prensa gratuita e Internet.
EL DESEMBARCO DE LOS GRATUITOS
La prensa gratuita ha irrumpido en España hace casi cuatro años y ha tenido un éxito considerable. A decir verdad la prensa gratuita existe en España desde hace muchos años, pero de una manera selectiva como son los periódicos de barrios, de pequeñas poblaciones, las publicaciones sectoriales de asociaciones empresariales, etc. Pero lo que denominamos ahora prensa gratuita es la que se distribuye gratis de manera masiva.
Existen actualmente cuatro periódicos gratuitos de gran difusión: 20 Minutos, Metro, Qué y ADN. Cada uno distribuye aproximadamente un millón de ejemplares y sus audiencias superan a los diarios de pago. 20 Minutos tiene una audiencia de 2.368.000 lectores, le sigue el diario Qué, con una audiencia 1.881.000 lectores; el siguiente es Metro, con 1.674.000 lectores y finalmente está ADN, con 1.152.000 lectores.
Los periódicos gratuitos se caracterizan por dar muchas noticias en poco espacio. Suelen tener en torno a las 24/32 páginas y dan mucha información local, lo que les obliga a las editoras a hacer varias ediciones, como mínimo una por cada ciudad donde distribuyen el periódico. Por otro lado, tienen una posición neutra: así como los periódicos de pago tienen un posicionamiento ideológico, los gratuitos no se mojan. Coherentemente con esto, no tienen sección de opinión, además de que encarecería el producto.
No es objeto de este artículo analizar la prensa gratuita, pero sí ver en qué sentido puede estar afectando a la caída de ventas de los periódicos de pago. Personalmente creo que mucho daño no le está haciendo, aunque algo de ventas le está quitando, fundamentalmente el lector ocasional de lunes a viernes. El lector de prensa de pago que busca la opinión y el tratamiento a fondo de las noticias no se cambia a la prensa gratuita, ya que el producto no es comparable en calidad. La mezcla entre prensa gratuita e Internet quizás esté evitando la incorporación de lectores jóvenes a la prensa de pago.
LA PRENSA EN LA RED
Internet es otro tema. Lo que era una amenaza hace unos años hoy es una realidad. La información se ha convertido en una commodity y cualquier noticia está en la red. Pero no sólo está la noticia, sino también el análisis y la opinión, y esto es precisamente lo que ofrecen los periódicos tradicionales. Además, la información está en la red en tiempo real, mientras que en los periódicos se publica posteriormente. Cuando leemos una noticia en un periódico tenemos la sensación de que es antigua. Internet está en una innovación constante. Lo que antes ofrecía sólo en una pantalla de ordenador, ahora lo ofrece en una PDA, en un teléfono móvil o en el aparato de televisión de tu casa. Con ello va superando las dificultades de acceso iniciales.
El problema está en que el proceso de Internet va a ir a más, no sólo por las innovaciones que facilitan su acceso, sino porque las nuevas generaciones que se van incorporando al mercado laboral están habituadas al manejo de las nuevas tecnologías.
En la red, los medios crecen dando costosos e innovadores pasos, pero es un campo en el que hay más competencia, ya que a los portales del resto de medios hay que añadir los servicios de información de Google o Yahoo, los blogs que atraen a muchos lectores y anunciantes. Por otro lado, si quieres información especializada la encuentras normalmente mejor en portales especializados que en los portales de los periódicos (la información de bolsa que te ofrecen las páginas web de los bancos es infinitamente mejor que la que ofrecen los periódicos económicos en la red).
Rupert Murdoch, presidente de News Corp, que controla más de 175 periódicos en el mundo, dijo que el mundo de la prensa escrita debe adaptarse a la tendencia del público joven, que prefiere Internet frente al papel a la hora de leer noticias y actualidad.
Todo ello exige a las editoras de los periódicos de pago tener una estrategia en Internet. Saben que es parte del futuro, y que si no realizan una transformación hacía el mundo online están poniendo en peligro su viabilidad como empresa.
Una de las tendencias actuales es que los periódicos están modificando sus salas de redacción para que dejen de estar orientadas únicamente hacia la prensa impresa y se conviertan en salas de redacción multimedia.
Hace más de un año el New York Times realizaba la fusión de su redacción en papel con la de su web, nytimes.com, que lleva más de una década funcionando y es el periódico online más visitado del mundo. Los mismos pasos ha dado el Financial Times, que el pasado 11 de julio dio a conocer la unificación de la plantilla convencional con la digital. Otro periódico en seguir esta estrategia sinérgica es el USA Today. Los datos de uso de Internet ratifican la transferencia de lectores de la prensa escrita a los medios online. El 60,9% de los internáutas españoles lee diarios en la red. Un 72,4% lee la prensa online a diario o varías veces por semana. La mayoría de estos lectores consulta varios diaUna de las tendencias actuales rios online y solamente el 10% de es que los periódicos están molos consultados afirma ser lector de dificando sus salas de redacun único medio. Los periódicos más ción para que dejen de estar leídos son los locales, que son visitaorientadas únicamente hacia dos por el 85% de los usuarios que la prensa impresa y se convieracceden a prensa online. Todo ello tan en salas de redacción mulse desprende de una encuesta sobre consumo de prensa online realizada timedia. por Media Contacts. Una de las preguntas que tenemos que hacernos es cómo se soporta el modelo de negocios online. Algunos de los diarios españoles comenzaron a cerrar los contenidos de interés en la red y sólo se podía acceder a ellos mediante el pago de una cantidad. Al poco tiempo se dieron cuenta de que no había cultura en la red de pagar por algo que podían encontrar gratis simplemente navegando, y tuvieron que rectificar abriendo los contenidos, como hizo El País. Las fuentes de ingresos de los periódicos en Internet se han de basar fundamentalmente en la publicidad y en el cobro por la prestación de servicios. Esta es la estrategia que desde el principio ha seguido El Mundo, y su división online está ya en números negros. Un tema que no podemos olvidar y que tendrá en el futuro una gran incidencia en la prensa escrita es la información para los teléfonos móviles. El uso de las conexiones móviles de datos es incipiente, pero va a tener un desarrollo en el momento que se generalice más el móvilPDA. No deja de ser un poco incómodo leer un periódico en una PDA, pero servirá para recibir alertas y aquellas noticias que previamente hayas seleccionado como favoritas con tu operador. No cabe duda de que será un medio más para estar informado y que repercutirá en las ventas de los periódicos tradicionales. Frente a este panorama hay diversas especulaciones sobre el futuro de la prensa tradicional. Frente a los más extremistas que vaticinan la desaparición de la prensa escrita, hay otros especialistas que dicen que el futuro de la prensa es que acabe siendo toda gratuita. Otros profetizan que la prensa de lunes a viernes será gratuita y los periódicos de pago sólo se venderán en el fin de semana. La prensa tradicional de pago no va a desaparecer, pero sí que tiene que redefinir su modelo y reubicarse en el mercado. Tiene que buscar fórmulas para recuperar al lector joven, y en España concretamente para atraer a la mujer. Tendrá que especializarse, por contenidos, por nichos de sectores a los que se dirija. Como dice Philip Meyer, catedrático de periodismo de la Universidad de Carolina del Norte: «La prensa especializada será la única que logre sobrevivir». Tiene que buscar los elementos diferenciales con la red. No tiene sentido que se dedique a contar noticias. Internet lo que no ofrece es opinión cualificada sobre lo que está pasando en le mundo, por eso debe centrarse más en el análisis y la opinión. José Antonio Zarzalejos, director del periódico ABC, ha dicho que la transformación debe ser profunda y estructural, abarcando tanto los contenidos como los formatos, y dar un salto cualitativo para dejar de ser meros transmisores de los acontecimientos del día anterior. La viabilidad de la prensa sólo estará garantizada si logra despertar en el lector una motivación de compra de forma permanente. La red no matará el papel, pero sí ha supuesto el fin de una era marcada por el periódico masivo y el nacimiento de la prensa cualitativa e influyente. El futuro de la prensa está precisamente en la prensa del futuro, en esa prensa que sea capaz de redefinir sus contenidos, sus formatos y de convivir paralelamente con su división online, aprovechando las sinergias entre ambos medios. « PABLO CALDÉS
Los intercambios migratorios internacionales siempre han originado elementos positivos para las sociedades implicadas, pero también inquietudes sobre todo en las áreas de destino. La inmigración internacional actual que recibe España, sin duda contribuye a paliar cierta escasez de población activa, especialmente en el futuro cuando entren en plena «colisión» un envejecimiento muy intenso y el déficit de mano de obra resultado de nuestra débil fecundidad, tal como se observa en la pirámide de edades. Esta «contabilidad» migratoria, tendemos a centrarla en las necesidades-excedentes de mano de obra en los países desarrollados, mientras nos olvidamos del deterioro económico en los países de origen y su necesidad de acudir a la emigración internacional. Por otra parte, también valoramos de forma creciente las consecuencias y problemas en temas culturales que surgen entre las poblaciones que se desplazan y las que reciben esta inmigración.
Estas dobles problemáticas, en los países de origen y en los de destino, por una parte, y de factores económicos y culturales, por otra, sin duda incrementan las preocupaciones de la sociedad receptora, sobre todo cuando la inmigración se produce generalmente de forma irregular, predominantemente con trabajadores a la búsqueda de empleo, y con volúmenes de inmigrantes muy superiores a las ofertas de acogida del país de llegada, como es el caso de España.
Así, el barómetro mensual del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) ya nos ha habituado a su referencia a la inmigración como uno de los principales «problemas» de España, ya el tercero después del terrorismo y del paro (febrero 2006). En efecto, incrementos de los extranjeros en España del orden de 1015% anual durante la última década, presencias relativas de inmigrantes que han crecido del 3,8% de la población total en 2001 al 9,3% en 2006, una bolsa de 1.405.000 extranjeros que a principios de 2006 residen en España aparentemente en situación irregular -diferencia entre los 4.144.166 extranjeros inscritos en el Padrón de Habitantes a 1 de enero de 2006 y los 2.738.932 a 31 de diciembre de 2005 con autorización de residencia en vigor-, los problemas de integración de los inmigrantes en la sociedad española, singularmente los africanos, son cuestiones actuales, entre otras, que nos inducen y obligan a reflexionar sobre el futuro de la población extranjera en España, cómo superar los posibles elementos de fricción en la convivencia diaria, y, a la postre, lo que es más importante, cómo solucionar el problema de las migraciones internacionales forzadas por motivos económicos, sociales o políticos. Es decir, cómo alcanzar el necesario compromiso internacional, incluidos los dirigentes de los países en desarrollo, para erradicar las carencias que obligan a la emigración internacional.
DINÁMICA FORZADA EN LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES
Las actuales desigualdades económicas, sociales y de crecimiento demográfico entre los países desarrollados y los países en desarrollo son, entre otras causas, el motor básico para que se produzcan con carácter de necesidad las migraciones internacionales hacia los países desarrollados. La acelerada urbanización en los países en desarrollo -que es excelente plataforma para la emigración internacional-, el aumento del nivel de instrucción en estos países, las crecientes «posibilidades» para los desplazamientos internacionales, el conocimiento y valoración del nivel de vida en los países desarrollados que potencia la televisión, etc., también son factores determinantes «en origen» que se suman e inducen para que la población de los países en desarrollo se decida de forma exponencial a emigrar.

Por todo ello, el desarrollo de los países «exportadores» de emigrantes es el único sistema eficaz -por duradero- para controlar esta migración internacional, que es forzada en los países de origen y necesaria en ciertos países desarrollados, aunque éstos siempre ofertarán cupos muy reducidos para inmigrantes, pues éstos son una inmensa masa de candidatos; las posibilidades del mercado de trabajo en los países desarrollados yo de la reagrupación familiar, suman cifras insignificantes respecto a la demanda de emigración producida por las causas señaladas al principio.
En efecto, los indicadores demográficos y económicos que se incluyen en el cuadro 1 para África (785.274 inmigrantes empadronados en España a 1 de enero de 2006), Latinoamérica (1.500.785) y España, son bien expresivos de las actuales desigualdades explicativas de los flujos migratorios y su futuro, especialmente en África subsahariana, pero también en el norte de este continente, para el que la vecindad geográfica y el mutuo conocimiento sociocultural e histórico es un activo para la inmigración actual (564.000 marroquíes empadronados en España) y futura hacia España.
Respecto a Latinoamérica, los niveles de renta que se indican en el cuadro deben ser matizados a la baja, pues en los países andinos, principales abastecedores de nuestros inmigrantes, el PNB es mucho más bajo, 3.440 dólares en Ecuador (461.000 inmigrantes), 2.490 en Bolivia (140.000 inmigrantes) y 6.410 en Colombia (265.000 inmigrantes). Las enormes ventajas de estos inmigrantes para su integración en la sociedad española (cultura, religión, lengua, etc.) se compensará con su lejanía geográfica.
NÚMERO Y DISTRIBUCIÓN DE LOS INMIGRANTES
Aunque la oferta de empleo en España para inmigrantes extracomunitarios sea limitada, sobre todo en cualificación económica -la mayoría trabaja en servicios en el hogar, agricultura, construcción y hostelería/comercio-, aquélla resulta atractiva frente a las penosas situaciones económicas y de desarrollo social de los países emisores de estos inmigrantes, a lo que hay que sumar las relativas «facilidades» de entrada y de permanencia en España que encuentran estos inmigrantes en relación a otros países desarrollados. Además, cada vez son más decisivas las redes de inmigración creadas por los familiares y amigos previamente establecidos en España. La suma de estas causas, entre otras ya señaladas, han propiciado incrementos inhabituales de inmigrantes en España, sobre todo en estos primeros años del siglo XXI.
Así, los inmigrantes desde países menos desarrollados eran poco más de un millón a finales de 2001 (Censo de Población a 1 de enero de 2001) mientras a 1 de enero de 2006 (Padrón de Habitantes) suman 3,2 millones (737.000 europeos del Este, 785.000 africanos, 1.501.000 latinoamericanos, 213.000 asiáticos), que sumados a los de países desarrollados, sobre todo de Europa occidental (873.000) hacen un total de 4.144.000 extranjeros, que equivalen al 9,3% del total de la población empadronada en España (44.708.964 habitantes).
En consecuencia, en 2006 la distribución y volúmenes de los inmigrantes según sus nacionalidades muestran cómo España se ha convertido en una encrucijada para la inmigración internacional: ya son once países los que censan más de 100.000 inmigrantes (Marruecos, Ecuador, Rumania, Reino Unido, Colombia, Alemania, Argentina, Bolivia, Italia, China y Bulgaria).
La distribución territorial de los extranjeros en España es muy contrastada (fig. 1), sobre todo a favor de la fachada mediterránea, pues aquí se superponen motivos de atracción que interesan a todos los colectivos: benignidad residencial, urbanización, economía variada y con frecuencia «propensa» al trabajo irregular, tan «necesario» para los que llegan a España en situación irregular (agricultura intensiva minifundista, construcción, servicio doméstico, atención a los mayores, turismo, hostelería). En las ocho provincias litorales entre Girona y Almería, en 2006 reside el 30% de la población total de España, pero los extranjeros residentes ascienden al 44% de su total; si la densidad media de España es de 89 habit.km2, en las provincias de esta franja litoral es de 214 habit.km2. Si para el conjunto de España la media de extranjeros es de 9,3% del total, en Alicante esta proporción sube al 21%, al 17% en Almería y en Girona, y al 14% en Castellón, en Murcia y en Tarragona. Como muestra el mapa, el resto de concentraciones de extranjeros se localizan en Madrid y su entorno, los archipiélagos y en parte del valle del Ebro, siempre en las zonas de mayor dinamismo económico.
Las mayores concentraciones por grupos de nacionalidades se producen en Alicante para los europeos occidentales, en Madrid para los europeos del Este y para los latinoamericanos y en Barcelona para los africanos y los asiáticos. En cualquier caso, los inmigrantes que llegan por motivos de necesidad laboral (3,2 millones) se concentran de forma destacada en las grandes áreas urbanas: 23% en Madrid, 17% en Barcelona y 6% en Valencia, seguidas de Alicante (5%) y Murcia (5%).
EDAD Y SEXO DE LOS INMIGRANTES
La edad y el sexo de los inmigrantes que residen en España, referidas a los contingentes según grupos de nacionalidades y a su distribución geográfica en España, tienen alto significado respecto a la evolución futura de los inmigrantes y a sus repercusiones sobre la demografía y economía de las regiones españolas. La estructura por edad es dual por obvias razones de motivos de inmigración. Los que proceden de los países más desarrollados de Europa occidental tienen acusado envejecimiento, incluso superior al de la población española (16,7 % en 2006), pues son el 17,4% los que tienen 65 y más años de edad, aunque tal proporción sobrepasa el 20% entre los escandinavos, suizos, británicos o alemanes. Por el contrario, los 3,2 millones de inmigrantes que han llegado recientemente por motivos laborales, tienen proporciones de mayores sólo testimonial, sólo el 1,4% supera los 65 años de edad.
Los extranjeros menores de 15 años de edad alcanzan proporciones superiores a la media de España (14,3% del censo total), pues se sitúan entre el 15% y el 17% (africanos) de sus respectivas colonias, pese al carácter muy reciente de esta inmigración -en 2001 los extranjeros menores de 15 años de edad eran 231.560, mientras en 2006 ascienden a 577.674- y a su baja reagrupación familiar, sobre todo entre los africanos que son el grupo con menor proporción de mujeres, pues éstas sólo son el 32% de esta colonia. Esta mayor proporción de niños entre los africanos pese al déficit de mujeres en su colonia, se explica por la mayor fecundidad de las mujeres africanas residentes en España, por su inmigración más antigua que ya ha permitido una notable reagrupación familiar y, sin duda, también porque son las mujeres extranjeras con mayor proporción de casadas y menor proporción de trabajadoras fuera del hogar. La generalizada religión y cultura musulmanas entre los africanos, la escasa proporción de mujeres entre ellos y la gran juventud de este colectivo -edad media de 28 años- demandarán en el futuro próximo mayor reagrupación familiar e inmigración femenina por motivos matrimoniales.
Así, según lo indicado, la inmigración africana en España es la que por motivos de proximidad geográfica, por la inaceptable situación económica en los países de origen, por su altísimo crecimiento demográfico natural -superior al 2% anual- y por sus inestabilidades políticas, con frecuencia sangrientas en el África subsahariana, parece que tiene las mayores posibilidades de permanecer en el futuro con crecimiento alto. A estas causas se añaden el deseo mayoritario de estos inmigrantes de traer a España a sus familiares próximos y de permanecer definitivamente aquí, tanto ellos mismos como, sobre todo, sus hijos.
LOS NACIMIENTOS DE MADRES EXTRANJERAS
Los nacimientos de madre extranjera en el país de inmigración, cuando son abundantes, conllevan estabilidad de las colonias extranjeras, mayor posibilidad de integración de estos inmigrantes en la sociedad española -la escuela es apoyo básico para esta integración, no sólo de los niños sino también para los padres, sobre todo para las «aisladas» madres africanas- y aumento de estos extranjeros por saldo natural saneado (sus tasas de mortalidad son mínimas por la casi inexistencia de mayores de 65 años de edad). En 1996 nacieron en España 11.832 niños hijos de madre extranjera, que representaron el 3,3% del total de nacidos en el país (362.626), mientras en 2005 estas cifras han crecido a 70.259 nacimientos y al 15,1% del total de nacidos en España (466.371).
La juventud de las madres extranjeras explica que los nacimientos representen una proporción mayor que la que alcanzan los extranjeros entre la población total de España (9,3%), además de la mayor fecundidad de las mujeres extranjeras no europeas respecto a las españolas. Así, en 2005 la fecundidad de las españolas es de 1,27 hijos por mujer, mientras el conjunto de las extranjeras que residen en España proporcionan 1,59 hijos por mujer, pero aún lejos del 2,1 necesario para asegurar el reemplazo generacional; entre las extranjeras que residen en España, sólo las africanas, con una fecundidad de 3,04 hijos por mujer, recuerdan la fecundidad de sus países de origen, pues las latinoamericanas proporcionan 1,24 hijos y las europeas 1,10.

La juventud de los extranjeros residentes en España -excepto los de los países del noroeste de Europa-, su natalidad y su desigual reparto geográfico en España (fig. 1), sin duda contribuyen a resaltar los contrastes por edades que ofrecen los mapas provinciales del envejecimiento (fig. 2) y de la juventud (fig. 3), aunque estos acusados contrastes interprovinciales se deban fundamentalmente a la desigual natalidad regional de los españoles y a la historia reciente (posterior a 1960) de las migraciones interiores de España. Como se observa en la «pirámide» de edades y sexo de la población española en 2006 (fig. 4), la ligera recuperación de la base de la pirámide en modo alguno es suficiente para compensar el cambio brusco que se produce entre las abultadas generaciones que ofrecen los que ahora tienen desde 28 a 50 años de edad y las menguadas generaciones más jóvenes, lo que podrá generar problemas de bienestar cuando estos adultos sobrepasen los 65 años de edad -sobre todo entre 2020 y 2040-, pues el aumento de esperanza de vida -77 años para los varones, 84 para las mujeres, en 2005- hará posible que los adultos sobrepasen en alta proporción la barrera laboral de los 65 años de edad y permanezcan más tiempo en situación de jubilados.

Como suele ser habitual en las mujeres que inmigran a países de Europa occidental, las mujeres extranjeras que residen en España también han recortado su fecundidad, tanto respecto a sus países de origen -como ya se ha apuntado- como en sus previsiones de futuro, a través de sus hijas. Así, según una encuesta realizada en 2003-2005 por profesores del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante a 305 mujeres africanas y a 330 latinoamericanas residentes en las ocho provincias entre Girona y Almería, la fecundidad que desean las encuestadas para sí mismas y para sus hijas es la siguiente: desean tres hijos el 42% de las inmigrantes subsaharianas, el 27% de las marroquíes y el 24% de las latinoamericanas, pero para sus hijas sólo desean tal número de hijos el 13% de las africanas y el 9% de las latinoamericanas, lo que supone reducir la fecundidad «alta» más de la mitad; reducciones más importantes se desean en el supuesto de cuatro hijos.

LA PERMANENCIA EN ESPAÑA
De la encuesta citada, se deducen previsiones sobre la permanencia en España de estas inmigrantes y de sus hijos, así como sobre su integración en la sociedad española. Resaltamos sólo algunos indicadores. La permanencia indefinida en España de las inmigrantes encuestadas es su deseo mayoritario, sobre todo para las magrebíes: piensan permanecer en España «para siempre» el 44% de las magrebíes, el 23% de las subsaharianas y el 25% de las latinoamericanas, a los que habría que añadir una gran parte de las que responden «hasta que se jubile», «depende de la familia» o «no lo sabe». Por el contrario, la inmigración de corta duración -hasta tres años- es casi rechazada por las africanas (2%), pero sí la desea el 12% de las latinoamericanas.

Las respuestas indirectas a la permanencia de las inmigrantes en España se deduce de los deseos que muestran respecto a sus hijos: la permanencia de éstos en España a medio o largo plazo es deseada por el 47% de las magrebíes, el 25% de las subsaharianas y el 38% de las latinoamericanas, mientras desean que sus hijos vuelvan al país de origen sólo el 10% de las africanas y el 13% de las latinoamericanas.
Los estudios que cree la inmigrante encuestada que alcanzarán sus hijos, sin duda expresan sus deseos de superación, así como de permanencia en España. En efecto, creen que sus hijos estudiarán en la universidad el 63% de las latinoamericanas, el 56% de las magrebíes y el 43% de las subsaharianas. Casi todas las madres encuestadas creen que sus hijos realizarán sus estudios en España: 88% de las latinoamericanas, 84% de las subsaharianas y 96% de las magrebíes.
La red de inmigración creada por familiares y amigos, tan decisiva para la inmigración de las mujeres encuestadas, continuará creciendo para futuras inmigraciones. En efecto, la mitad de las encuestadas tiene la intención de hacer llegar a España a sus familiares, sobre todo a sus hijos (36% de las latinoamericanas), a sus padres (41% de las magrebíes) y a sus hermanos (25% de las africanas, 19% de las latinoamericanas), con lo que estas reagrupaciones familiares sin duda reafirmarán las permanencias definitivas en España.
Por otra parte, para las inmigrantes encuestadas, España es país de emigración definitivo, pues cuando abandonen España, casi dos tercios piensan «volver» y «establecerse en su país de origen».
Entre los muy variados indicadores negativos para la integración de las inmigrantes africanas encuestadas, hay que resaltar su deficiente instrucción y su escaso dominio del idioma español, lo que acrecienta el aislamiento social de estas mujeres, que además son las que tienen menor tasa de actividad entre las mujeres inmigradas y mayor tasa de paro. Así, entre las encuestadas poseen cero años de escolarización el 20% de las africanas frente al 7% de las latinoamericanas. Las que no poseen diploma son el 40% y 14%, respectivamente. Las africanas que comprenden «poco o nada» el español son el 23%, las que lo hablan poco o nada el 33%, las que lo leen poco o nada el 41% y las que lo escriben poco o nada el 44%. Por consiguiente, el bajo nivel de instrucción de las mujeres africanas, así como sus dificultades con el idioma español colocan a una parte muy elevada de estas inmigradas en situación de notable marginalidad para conseguir una adecuada integración en la sociedad española, para sus posibilidades laborales, además de repercutir negativamente en la educación de sus hijos menores. Conseguir que estas inmigradas alcancen un dominio suficiente del idioma local debe ser un objetivo prioritario para estas inmigradas, para sus familias y también para la sociedad española, ya que son un colectivo que, en alta proporción, desea permanecer en España a largo plazo.
CONCLUSIONES
La ya cuantiosa inmigración extranjera en España continúa con fuertes incrementos a través de sus tres fronteras: la aérea para los latinoamericanos, la marítima para los africanos y la terrestre de los Pirineos para los europeos del Este. Se impone, pues, una mayor eficacia en el control de fronteras que anule la inmigración irregular, pues los candidatos forzados a la inmigración son excesivamente cuantiosos para las posibilidades económicas, sociales y geográficas que tiene España u otros países europeos vecinos. Asimismo, urge un consenso internacional de los países desarrollados para mejorar sustancialmente las condiciones económicas, sociales y políticas de los países emisores de emigrantes, aunque la cooperación leal de los dirigentes de los países menos desarrollados sin duda será decisiva para el éxito de dicha cooperación internacional para el desarrollo, especialmente necesario y urgente en los países de África.
Dentro de España, la necesaria integración de los inmigrantes extranjeros tiene una clara prioridad en los africanos, cuya segregación respecto a la sociedad española es alimentada tanto por la población española como por los mismos inmigrados. Las encuestas analizadas resaltan las profundas carencias de instrucción que tienen las mujeres africanas que residen en España; estas carencias contribuyen a su aislamiento en la sociedad española y son origen de otras muchas discriminaciones, especialmente en el trabajo y en la educación de sus hijos. Entre las políticas de integración de España, las inversiones en instrucción, en enseñanza del idioma local y en formación profesional deben incrementar su intensidad y su eficacia. La inmigración de reagrupación familiar y por motivos matrimoniales sin duda se incrementará mucho, hasta doblar la inmigración laboral, que es la más cuantiosa hasta la actualidad. La permanencia definitiva en España de los inmigrantes, especialmente de los magrebíes, subraya el interés de todos en facilitar la integración.
La realidad del sector farmacéutico
El sector farmacéutico es un entramado complejo. Involucra tres sistemas importantes: el sistema de I+D, el sistema sanitario y el industrial. Por supuesto, con una enorme repercusión sobre el Estado de Bienestar.
LOS PROTAGONISTAS Y EL VOLUMEN ECONÓMICO MUNDIAL
El sector farmacéutico es complejo y abarca la industria farmacéutica con su potencial económico y sus departamentos, técnicos y de I+D, la distribución, que pasa por un punto de inflexión que provoca incertidumbre y desasosiego, la tradicional logística de propiedad mayoritaria farmacéutica, se enfrenta ahora a empresas de capital privado y nuevas estrategias de los laboratorios y de los propios farmacéuticos para relacionarse directamente entre sí. Puede existir un riesgo importante si la red de farmacias es abastecida con criterios meramente económicos en vez de servicio sanitario de interés preferente y por último, la oficina de farmacia que ve discutido, desde la legislación europea, el tradicional principio de la indisolubilidad entre propiedad y titularidad (sólo los farmacéuticos pueden ser propietarios). ¿Puede deteriorarse el magnífico servicio farmacéutico con una accesibilidad que se explicita con evidencia cegadora si reparamos en el hecho de que el 95% de la población tiene una farmacia a menos de cien metros de su domicilio?
Sobrevolando todo esto la reforma universitaria europea que pretende facilitar la libre circulación de profesionales unificando las diversas condiciones de los sistemas educativos nacionales («crédito europeo», grado, máster, postgrado, misma duración del plan de estudios…) también significa una preocupación añadida —pese a cierta protección que tienen los planes de farmacia por tener ya una directiva europea— por cuanto el interés de promover profesionales para que dinamicen el mercado podría, sin embargo, causar una cierta erosión en formación (hemos visto la polémica, bien reciente, por las diferentes visiones sobre el título de ingeniero superior y la duración de sus estudios).
El medicamento, que es un bien de grandísimo interés, tiene un amplio mercado y comporta una rúbrica económica muy importante. El mercado mundial de medicamentos en 2005 alcanzó, casi, los 700 mil millones de dólares (cerca de un 60% del PIB español).
El mercado estadounidense contribuye con el 34% al crecimiento (años anteriores era el 54%). Los mercados emergentes con el 31% y el resto del mundo con el 35%.
La presencia de China, la India, Brasil y el sureste asiático en el mercado mundial con producciones propias, es un fenómeno que alcanza proporciones nunca vistas antes. La India tiene mil millones de habitantes. Si sólo cien tienen un poder adquisitivo medio ello significa un mercado doble del español.
Dejaré para los especialistas que escriben en este número de Nueva Revista los temas más específicos y me centraré en los aspectos del sector farmacéutico que tienen que ver con la I+D y el Estado de Bienestar.
EL ESCENARIO ESPAÑOL: UNA CUESTIÓN PREVIA
En el año 2005 en España se han con sumido 1.160 millones de unidades de especialidades farmacéuticas. El gasto en medicamento del Sistema Nacional de Salud en 2006 alcanzó los 10.800 millones de euros, y representa el 22% del gasto público en Sanidad y algo más del 1%, aproximadamente, sobre el PIB. El gasto sanitario público fue de 48.650 millones de euros (el personal supone el 48%, la compra de bienes y servicios el 25% y las inversiones el 4,5%).
Es evidente que un nuevo medicamento es el resultado de una ciencia básica que ha descifrado la clave genética o que escudriña los mecanismos del cáncer, y tantas otras patologías desde la biología molecular, pero, también, de un enorme esfuerzo de la industria farmacéutica que desde esos supuestos científicos pone en manos de la medicina un medicamento que ha pasado por una investigación de dimensión básica y un tupido filtro de investigación preclínica y clínica para garantizar su seguridad, su eficacia y su calidad.
LA I + D FARMACÉUTICA: CIFRAS, PROBLEMAS MUNDIALES Y NACIONALES
Los últimos años la innovación farmacéutica ha alcanzado logros tan importantes como: en 1995 el saquinavir, el primer inhibidor de la proteasa, que en combinación reduce las muertes por sida en un 70%; en 1996 la primera vacuna contra la hepatitis A; en 1997 el primer anticuerpo monoclonal; en 1998 el primer fármaco «antisentido»; en 2001 el primer inhibidor de la tirosinquinasa; en 2003 los inhibidores de fusión, fármacos también indicados para el sida y, por último, varios anticuerpos monoclonales para el tratamiento de diversas patologías y cáncer.
Ese esfuerzo se mide en años (8-10) y en millones de dólares (entre 500 y 800 es el coste de I+D de un nuevo medicamento).
En el año 2006 la EMEA (Agencia Europea de Medicamentos) aprobó para toda la UE 49 medicamentos nuevos, genéricos y biosimilares. La Agencia Española de Medicamentos sólo aprobó 13 medicamentos (la mitad que el año anterior). Dos de ellos para las llamadas «enfermedades raras» (por el escaso número de pacientes que las sufren) pero de «excepcional interés» para la «tirosinemia» y la «enfermedad de Pompe».
La investigación farmacéutica espera la explosión de la farmacogenómica y la farmacogenética. El desciframiento del código genético multiplicará por diez las dianas terapéuticas a la vez que nos ayudará a descubrir los polimorfismos derivados de la variación de un solo mononucleótido, lo que significa el éxito o el fracaso de un medicamento. Igualmente espectaculares serán los avances en nanotecnología y terapia celular.
Si hubiera que señalar en referencia al mundo y a España dos aspectos relacionados con la innovación farmacéutica yo diría que son: 1°) un excelente nivel de nuestra investigación básica biomédica y su escasa traducción en patentes. Un dato es suficiente: mientras las publicaciones científicas españolas representan casi el 3% del total mundial; las patentes apenas alcanzan el 0,5%, entre 10 y 20 veces menos que Alemania, Gran Bretaña o Francia. 2°) La aplastante superioridad de la I+D+i multinacional en términos de nuevos medicamentos en el mercado. Entre 1990 y 2003 sólo doce medicamentos proceden de empresas farmacéuticas españolas, un 2,1% sobre el total de nuevos principios activos introducidos en los mercados mundiales, frente a 201 de Estados Unidos, 130 de Japón y 174 de la UE (48 Gran Bretaña, 38 Alemania…).
El año 2005 la I+D+i total de España alcanzó los 10.000 millones de euros: el 1,13 del PIB. Muy lejos aún de la media de los «quince» de la UE que fue de 1,86% del PIB. Las empresas ejecutan el 53% (5.485 millones de euros) de la I+D+i, la universidad el 29% y otras instituciones públicas el 17%.
La industria española ocupa a 35.000 investigadores, de los cuales 38.000 son mujeres. El total de España ronda los 100.000, y Canadá y Corea del Sur tienen más investigadores que España, pero las circunstancias generales impiden, en nuestro país, aumentar este número de acuerdo con las futuras necesidades.
La I+D de la industria farmacéutica instalada en España alcanzó en 2005 un gasto de 706 millones de euros, representando la investigación clínica 300 millones, la básica más la galénica y la preclínica, 370 millones. La investigación clínica atrae inversión extranjera y debería ser un referente mundial si se sabe cuidar. Las medidas de contención del gasto impactan negativamente en las cifras de I+D+i cuya desaceleración es evidente en los últimos años.
La industria farmacéutica española, que sólo representa el 2% de todo el sector industrial, alcanza, sin embargo, el 15% de todos los gastos de investigación de aquél y ocupa el primer lugar por encima del sector aeroespacial, las comunicaciones, la automoción, la química…
El año 2002 la industria farmacéutica instalada en España invirtió en I+D 532 millones de euros. Un 38% de la inversión, unos 200 millones de euros, se ejecutó en colaboración con hospitales, universidades y centros públicos. A ello hay que sumar 300 millones de euros para financiar proyectos públicos a través del Instituto de Salud Carlos III, lo que ha movilizado a 11.000 investigadores en el periodo 20002004. Este proceso se ha llamado Redes Temáticas de Investigación Cooperativa. Los últimos años (2005-2007), la industria farmacéutica instalada en España ha aportado 294 millones de euros al Instituto de Salud Carlos III y en 2007 significa el 31% (102 millones de euros) del presupuesto de éste para financiar proyectos CIBER o RETICS.
El VII Programa Marco de la UE prevé un gasto de 7.000 millones de euros en siete años en I+D. De ellos, 6.100 para biomedicina y salud. Una gran oportunidad para crear un espacio europeo de I+D.
Se trata, en definitiva, de crear un clima social hacia la investigación que empieza en la escuela primaria. España, en línea con la Agenda de Lisboa, debería comprometerse decididamente con la economía del conocimiento, que tiene su base fundamental en la I+D+i. España debe, también, resolver el problema de las patentes y aceptar las leyes internacionales definitivamente.
LA ASISTENCIA FARMACÉUTICA PÚBLICA: ÉXITO Y PREOCUPACIÓN
Tal vez no valoremos suficientemente el significado del Sistema Nacional de Salud. Ni tampoco que con el esfuerzo y sacrificio económico de los médicos y los demás profesionales sanitarios se construye aquél. Ni el hecho de que la UE sea una isla en la provisión pública de cuidados sanitarios. Las constituciones europeas establecen como un derecho la protección de la salud, y por consiguiente la provisión de cuidados sanitarios es un servicio público esencial.
Todo empezó cuando el gobierno británico encargó, durante la Segunda Guerra Mundial, un estudio sobre la protección social a sir W. Beveridge. Se trataba de alcanzar un «welfare state» desde el «warfare state» en el que se encontraba el Reino Unido.
Debe haber una fórmula que garantice la protección social y los servicios públicos, desde la responsabilidad compartida Estado ciudadano, y por consiguiente el esfuerzo solidario de éste en términos de trabajo y actitud. No un ciudadano pasivo que recibe, sino un ciudadano que contribuye, cuyo mérito y esfuerzo se valora socialmente. Los recursos en equilibrio con los derechos. Es necesaria una nueva lectura del contrato social. Para garantizar lo vital, lo imprescindible, deberemos contribuir a hacer financieramente «sostenible» el sistema. No es posible continuar en el «todo para todos y, casi, gratuitamente».
La Comisión Abril, en España (en la que tuve el honor de participar), los primeros años noventa, planteó este desafío a la sociedad española. Sin embargo ésta miró para otro lado. Hablar de una financiación compartida y selectiva es un reto para nuestras generaciones. Para perdurar es preciso reformar.
Nuestro sistema demuestra una eficiencia extraordinaria: el gasto público sanitario sólo alcanza el 5,5% sobre el PIB, más de un punto de diferencia con el gasto medio europeo, pero la OMS lo clasifica en el séptimo lugar del mundo en cuanto a calidad y cantidad de la prestación.
Hay sin embargo retos inmediatos que atender. La llegada de inmigrantes con acceso automático al sistema, la aparición de nuevas tecnologías importantísimas y de alto coste (diagnóstico por imagen, biochips para detectar polimorfismos, marcadores tumorales, medicamentos de última generación: anticuerpos monoclonales, inhibidores de las quinasas y por ende de la proliferación celular [cáncer]).
Todo el sistema está ahora en transición y en déficit. Además, el Estado de las autonomías puede plantear desigualdades en la asistencia sanitaria y farmacéutica según el territorio español en el que resida el paciente.
El Gobierno intenta contener el aumento del gasto en medicamentos con políticas de genéricos, precios de referencia, rebaja del margen de la oficina de farmacia y de la distribución y la reducción del 20% de los precios de los nuevos medicamentos a los diez años de su autorización.
El gran problema del envejecimiento y su coste se hace evidente. La vejez es un problema individual pero también una cuestión de enorme calado social, sanitario y económico. En España el 18% de la población es mayor de 65 años y los mayores de 80 años alcanzan más de 1.600.000 personas. Algunos llaman a estos octogenarios «la cuarta edad».
Las personas mayores consumen cuatro veces más cuidados de salud que la media poblacional y se dice que en el último año de vida se consumen más prestaciones sanitarias que en todo el transcurso vital anterior.
En los EE. UU. desde 1900 los mayores de 65 años se han multiplicado por ocho y por tres en relación con el total de la población. Hay quien se pregunta por los límites del costo de la asistencia de los mayores, en un país donde cuarenta millones no tienen cobertura sanitaria y la pobreza afecta mucho más a los niños (negros principalmente) que a las personas mayores protegidos por programas federales. Viven, pues, en aquel país un dilema ético.
Daniel Callahan, en su libro Poner límites. Los fines de la medicina en una sociedad que envejece, ha planteado un gran debate al cuestionar el desequilibrio entre la asistencia a los ancianos y a los niños.
Los sistemas públicos deben evitar las desigualdades sanitarias, interclasistas e intergeneracionales, pero deben también mantener la viabilidad del sistema, sin exclusiones discriminatorias.
El coste de la asistencia farmacéutica no sólo debe verse en términos económicos sino, también, de cohesión social en la medida que pone a toda la ciudadanía en igualdad de oportunidades para garantizar su salud.
EL FUTURO DE LA SANIDAD Y LA ASISTENCIA FARMACÉUTICA: DOS VISIONES
Hay una visión pesimista del futuro: El coste de la asistencia sanitaria y de la asistencia farmacéutica pública no puede seguir la tendencia actual agravada por el hecho de que son beneficiarios todos los emigrantes (incluidos los «sin papeles») y privilegiados los jubilados con aportación cero.
El alto coste de las nuevas tecnologías y de los nuevos medicamentos que llevan a una medicina o farmacia «personalizada» obligarán al sistema a imponer «tasas o precios», lo que producirá una medicina de ricos y otra de pobres.
Además los bajos salarios de los profesionales sanitarios del sector público llevará a una «fuga» al exterior o a la medicina privada.
La estructura autonómica del Estado supone la fragmentación de los recursos de I+D y la existencia de diecisiete «mercados» que dificultan la investigación clínica y a veces la disuade.
Hay, sin embargo, una visión optimista, aunque exige, también, ciertos sacrificios y una mayor responsabilidad.
La asistencia farmacéutica debe ser más selectiva (terapias para enfermedades importantes y crónicas de alto coste… ) y promover el genérico de alta calidad.
El sector público debe, y puede, competir por la calidad de su equipamiento y servicios y ofrecer a sus excelentes profesionales un clima propicio para la investigación traslacional y la clínica de excelencia. Como hemos dicho antes, la investigación clínica en España atrae a las grandes multinacionales farmacéuticas y debe ser referente mundial porque competimos en calidad y precio.
El 50% del gasto sanitario discurre por cauces privados y en términos de lucro y beneficio, dice José Luis Perona. Ello supone que el gasto sanitario público, el 5,5% del PIB, pasa al 9% cuando hablamos de gasto sanitario total. Lo que quiere decir que una gran industria de la salud puede ofrecer puestos de trabajo y servicio de calidad.
Como el crecimiento económico no es una ecuación de suma cero (lo que gana uno lo pierde otro) pienso que todos pueden ganar en el futuro. El sector público, con una mayor disciplina en el gasto, ofreciendo no sólo asistencia sino oportunidades para los investigadores y el sector privado compitiendo en calidad asistencial aunque no en precio.
La India está recuperando muchos talentos, ¿por qué España no puede ofrecer sus servicios sanitarios públicos y privados a tantos magníficos investigadores y profesionales que ejercen fuera de nuestro país o están en trance de irse?
Ciertamente el Estado de las autonomías debe corregirse ante la amenaza de consolidarse diecisiete «mercados» y la fragmentación de los recursos de I+D.
Dentro de los temas que se vienen tratando en esta sección, no podía quedar fuera el relativo a las oficinas de farmacia, las vulgares farmacias o boticas, que es el punto fronterizo en que el medicamento sale de los canales profesionales para llegar al público. En estos establecimientos es donde el medicamento alcanza su objetivo de ser medio de tratamiento o prevención de enfermedades, corrección de carencias o medio de diagnóstico. Hay otra vía por la que el medicamento llega al paciente, que es la de los servicios farmacéuticos de hospitales; pero en ellos es parte del tratamiento integral que se aplica a los enfermos internos, que no tienen la oportunidad de influir en las decisiones que se toman, ni siquiera, a veces, en la elección del centro hospitalario. Por ello, pese a que en farmacias y servicios farmacéuticos se dispensan medicamentos, la situación de unos y otros respecto a los pacientes es distinta, por lo que deberán ser objeto de comentarios separados, incluso englobando la dispensación hospitalaria en el estudio que se haga del resto de los servicios prestados a los pacientes en los hospitales.
La oficina de farmacia tiene la consideración legal de establecimiento sanitario de carácter privado de interés público y, tradicionalmente, desde las Ordenanzas de Farmacia de 1860, vinculado a la figura de un farmacéutico, de forma que sólo los farmacéuticos puedan ser propietarios y titulares de una farmacia. Así lo recoge la Ley General de Sanidad en su artículo 103.4, cuya vigencia hoy se duda. Hay excepciones en las que ambos conceptos, propiedad y titularidad, se han separado durante un tiempo más o menos largo, como en los casos de herencia, e incluso los tribunales han reconocido la propiedad y el derecho a intervenir en la gestión a no farmacéuticos que se habían asociado de forma irregular con farmacéuticos con autorización para ejercer. Pero son eso, excepciones e irregularidades, y ni la Administración ni los Colegios los admiten.
LA FARMACIA EN EL MERCADO
El actual sistema de oficinas de farmacia es el eslabón de la cadena de asistencia sanitaria que mejor ha resistido la generalización de ésta en los años ochenta del siglo XX, y que continúa prestando sus servicios con un nivel de calidad y aceptación por los usuarios que no tiene ninguno de los demás elementos que contribuyen a realizar la asistencia sanitaria. Frente al colapso de la atención primaria, hospitales, consultas de especialistas, etc., el ciudadano español puede elegir libremente farmacia, obtener de forma inmediata una respuesta a su demanda de asistencia farmacéutica, y conseguir de la farmacia una información suficiente sobre el medicamento que se le dispensa, su conservación y utilización. Incluso es posible que de muchas farmacias concretas obtenga otros servicios complementarios. Es una prueba de que la prestación por medio de la empresa privada es más eficaz que la prestación administrativa directa, o por medio de entes públicos. La experiencia demuestra que no hay muchas ni grandes quejas del usuario por el funcionamiento de las farmacias. Sin embargo, tanto desde colectivos profesionales como desde ámbitos políticos empieza a cuestionarse el actual modelo de farmacia, mientras que los titulares de farmacias y sus Colegios sostienen que no es necesario introducir cambios.
El problema deriva de que el aumento de demanda de medicamentos derivada de la extensión de la asistencia pública sanitaria fue respondido con un incremento de oferta desde las farmacias existentes que, en su mayoría, se adaptaron a la nueva situación invirtiendo y ampliando instalaciones, consiguiendo una mejora sustancial en la rentabilidad y en el valor de las farmacias establecidas. Hasta el punto de que una farmacia que en los años setenta valía en venta el importe de su facturación anual, a finales de siglo se valoraba fácilmente en el triple de esa facturación. Una vez más se comprueba que algunas decisiones políticas, como la de la extensión a toda la población de la asistencia sanitaria, se tomaron sin prever las consecuencias, ya que esa mayor demanda habría que haberla atendido aumentando el número de oficinas de farmacia, liberalizando de alguna forma su instalación.
RESTRICCIONES A SU INSTALACIÓN
Inicialmente en España las oficinas de farmacia podían instalarse a voluntad de sus titulares, sin necesidad de respetar distancia alguna respecto de las demás preexistentes. No fue hasta el Decreto de 24 de enero de 1941 cuando se fijaron las distancias a respetar en función del número de habitantes de cada localidad: 250 metros en las de más de cien mil habitantes, 200 metros en los términos municipales de cincuenta mil a cien mil habitantes, y 150 metros en los de entre cinco mil y cincuenta mil. Posteriormente el Decreto de 31 de mayo de 1957 modificó esta regulación fijando en su artículo 1 las distancias en 225 metros en los municipios de más de cien mil habitantes; 175 metros en los de población comprendida entre los cincuenta mil y los cien mil, y 150 metros en los de menos de cincuenta mil, estableciendo como norma general la ratio de una farmacia por cada cuatro mil habitantes o fracción superior a mil. Como excepción a esta disposición el artículo 5 incluía los traslados forzosos de local por causas no imputables al titular, y la apertura de nuevas farmacias en los municipios de menos de cincuenta mil habitantes cuando estuvieran a distancia no inferior a 500 metros de la más cercana y atendieran más satisfactoriamente un núcleo de 2.000 habitantes.
El Real Decreto 909/78, de 14 de abril, fijó con carácter general la distancia entre farmacias en 250 metros, con independencia del número de habitantes de la localidad, estableciendo la ratio de una farmacia por cada cuatro mil habitantes y, como excepción, mantuvo la apertura de nuevas oficinas cuando el censo creciese (una por cada 5.000 nuevos habitantes) o el que fueran a atender núcleos de población de 2.000 habitantes situadas a una distancia mínima de 500 metros de las ya instaladas. Dado que en aquel momento había más farmacias que las que daría esa ratio 1/4000, en la práctica el número de farmacias se cerró en toda España.
Este numerus clausus de oficinas de farmacia es lo que dio lugar al espectacular crecimiento de los rendimientos y el valor de las farmacias. La vía de escape de los núcleos de 2.000 habitantes, y el premio de autorizar la apertura a quien descubriese o demostrase la existencia de tal núcleo, permitía la incorporación al sector farmacéutico de nuevos licenciados avispados y con ganas de trabajar. Pese a ello, existía una cantidad importante de licenciados que querían farmacia, negocio muy rentable a todas luces, y que no podían acceder a ella.
Como consecuencia de que diversas comunidades autónomas empezaron a dictar normas de ordenación farmacéutica que limitaban el carácter privado de las farmacias, el Estado dictó el RDL 11/1996 después sustituido por la Ley 16/1997. En esta nueva normativa se permite bajar la ratio a una farmacia cada 2.800 habitantes, se establece la obligatoriedad de un concurso de méritos para acceder a nuevas farmacias y se permite regular autonómicamente el tema de los núcleos. Con esta base, casi todas las comunidades autónomas han dictado una normativa variopinta, que ha dado lugar en algunos sitios a nuevas farmacias cuasi funcionariales, extinguibles por jubilación, o a una cierta liberalización de farmacias que no pueden atender recetas del Servicio Nacional de Salud. La no cobertura de las farmacias convocadas, la no apertura de las adjudicadas o el cierre de algunas de las nuevas farmacias abiertas es señal de que una farmacia necesita una clientela mínima.
A REDUCCIÓN DE LOS MÁRGENES
Las medidas de control del gasto farmacéutico han llevado a la Administración a finales del siglo XX y principios del actual a una serie de recortes en los márgenes de venta de los medicamentos, que han reducido de forma importante los ingresos ordinarios de las farmacias, recorte que al no ser fácilmente trasladables a los costes ha disminuido de forma importante la rentabilidad de la actividad. Esta bajada de rentabilidad no se ha traducido en la bajada del precio de las farmacias, si bien ahora es más difícil conseguir la financiación ajena para el 100% de una compra. También ha disminuido la presión de quienes no tenían y querían una farmacia.
La nueva situación está llevando a los farmacéuticos a implantar sistemas promocionales para atraer a los clientes, actividades que chocan con las restricciones establecidas por los Colegios, y a incrementar la especialización de las oficinas de farmacia. Frente a la tradicional distinción de farmacia para residentes (barrios, núcleos o pueblos), de paso, de ambulatorio, etc., ahora hay farmacias que empiezan a ampliar su actividad, creando líneas de cosmética, especializándose en medicamento veterinario industrial o magistral, etc. Incluso algunas han centrado su labor en la vieja actividad artesanal de la formulación magistral, contando con clientes directos o indirectos, por la elaboración para otras farmacias, procedentes de toda España. Hay que reconocer que las organizaciones profesionales no apoyan este tipo de innovaciones, que hace destacar a unos profesionales respecto a la mayoría tradicional.
DUDAS SOBRE EL FUTURO
En estos momentos las oficinas de farmacia viven un momento de incertidumbre en el que no existen líderes claros para afrontar la situación. Por una parte, la Comisión Europea ha requerido a España para que liberalice la apertura y la propiedad de las farmacias, cuestión que ha reabierto el debate sobre la conveniencia o incluso posibilidad de mantener la actual normativa. En este punto, las organizaciones colegiales y profesionales se han cerrado en banda defendiendo el modelo actual, utilizando todo tipo de argumentos. Pocas voces han salido en defensa de la liberalización, pese a que todo el colectivo, en voz baja, da por sentado que las cosas van a cambiar aunque no se sabe cómo. Y la respuesta del Gobierno español al requerimiento de la Unión Europea no se ha hecho pública, lo que deja muchas dudas sobre su posición.
Por otra parte, la Ley 2/2007 de Sociedades Profesionales abre otro frente de dudas, ya que en su disposición adicional sexta dice que las autorizaciones de farmacia seguirán las normas administrativas sanitarias. Dado que no dice nada sobre la propiedad, existe un debate sobre si se aplica o no a las farmacias. Los Colegios y alguna Administración autonómica ya se han pronunciado en contra de su aplicación, alegando que eso abriría la puerta a las cadenas de farmacia y que la gestión caería en manos de no profesionales guiados solo por el lucro económico. También se discute sobre si la aplicabilidad de la ley sería una respuesta a Bruselas, abriendo una cierta libertad al capital de los no farmacéuticos. Pero lo cierto es que en la actualidad existen ya sociedades titulares de farmacia, como son las cotitularidades. Aunque se diga que la copropiedad no es una sociedad, eso sólo sería posible si no se dedican los bienes a una actividad económica. Es decir, las copropiedades de farmacia son o sociedades civiles, y así se dan de alta ante la Hacienda Pública, o sociedades irregulares mercantiles, dada su actividad principal. Pocas veces de forma tan clara se ha dado lo de poner en común bienes y servicios con ánimo de repartirse las ganancias. Por tanto, esas copropiedades se tendrán que dar de alta como sociedades profesionales, y colegiarse, momento en que los Colegios tendrán que posicionarse sobre la aplicación de la ley. Y si se aplica la ley, las sociedades farmacéuticas profesionales serán tan colegiadas como las personas físicas, lo que antes o después llevará a que puedan ostentar la titularidad de la farmacia. En ese sentido, la disposición adicional citada es muy clara al decir: «Sin perjuicio de lo establecido en la presente Ley, la titularidad…».
En consecuencia, nos encontramos en un momento importante para el futuro de las oficinas de farmacia. La titularidad y propiedad de la oficina de farmacia se empiezan a desvincular de la persona física licenciada en farmacia, y las restricciones a la instalación por la limitación del número y la distancia mínima también parece que no se compaginan con los principios de la libre competencia que subyace en el tratado de la Unión Europea.
FALTA UN MODELO
Lamentablemente, ni los farmacéuticos ni la Administración parecen tener una idea clara de hacia dónde deben ir las reformas que se avecinan y que nos impone la necesaria libertad de mercado.
No hace un año que se aprobó la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, la Ley 29/2006, y ninguno de esos problemas que se acaban de mencionar se contemplan en ella, pese a dedicar un artículo, el 84, a las oficinas de farmacia. La verdad es que la ley es una simple modificación de la anterior Ley del Medicamento, cuyo articulado de forma mayoritaria se reproduce con otra numeración. Y cuando se han introducido modificaciones, esas modificaciones no se han aplicado en todo el texto, por lo que hay artículos con terminología nueva y otros mantienen la antigua pese a que los términos en cuestión han desaparecido de las definiciones. Si a ello añadimos una casuística exacerbada y reiterativa en la definición de infracciones, se puede ver que la improvisación es lo que preside la política sanitaria, como otras en estos momentos en España.
Si de la Administración no se puede esperar una iniciativa política clara, tampoco parece que los representantes de los farmacéuticos estén por la labor de liderar el cambio. Antes bien, más parecen encaminados a resistir y mantener la actual situación a toda costa. Y ahí está el negocio, una vez más la permanencia del modelo con el apoyo administrativo tiene un precio, que pagarán los farmacéuticos con los márgenes, quedando más cerca de ser absorbidos por las temidas cadenas.
En consecuencia, todas las opciones están abiertas, y quienes sean más ágiles para adaptarse a las posibles nuevas situaciones tendrán ventaja sobre los que se queden esperando a que todo se aclare. Como ya alguien dijo: boquerón que se duerme, se lo lleva la corriente.
Hace no muchos años, cuando comenzaba a vislumbrarse en el horizonte el bicentenario de la guerra de la Independencia, el profesor José Manuel Cuenca Toribio reclamaba, en un incisivo artículo titulado «Defensa e incluso apología de una conmemoración: 1808-1814», una preocupación real de las instituciones políticas y culturales para proporcionar un marco libre de estudio y debate sobre este acontecimiento de gran magnitud para el devenir de España como nación. A continuación, apostillaba: «Es por entero infructuoso conjeturar acerca del signo de la fuerza o fuerzas que para entonces ocupen el poder estatal y autonómico. Sean las que fueren, sería muy de desear que la tan cacareada independencia de la sociedad civil fuese por dichas calendas una incontestable realidad y que el gobierno o los gobiernos limitaran su importante protagonismo a estimular y respaldar las iniciativas nacidas de la comunidad académica e instancias civiles interesadas por una decorosa y rentable —cultural y socialmente— conmemoración del descollante acontecimiento » (Cartas a un joven historiador. Estudios historiográficos, Ediciones Encuentro, Madrid, 2005, págs. 143-144). A tenor de la coyuntura actual, la incertidumbre sobre qué se hará de dicha conmemoración continúa e incluso se acrecienta. Por fortuna, libros como el que ahora presentamos infunden esperanzas a la hora de crear un clima de discusión apropiado.
Como la mayor parte de los momentos trascendentales en la historia contemporánea de España, la guerra de la Independencia no ha sido ajena al interés analítico del profesor Cuenca. Especialista de reconocido prestigio en la historia de la Iglesia en España, sus incursiones en la investigación de campo de los años comprendidos entre 1808 y 1814 han dejado en las últimas décadas un reguero de publicaciones completamente renovadoras que explican la actitud e implicaciones del episcopado español en la Guerra del Francés. Otro tanto ha ocurrido con su sólida producción historiográfica acerca de su tierra natal, Andalucía, donde nos ha dejado páginas imborrables para acercarnos a lo que esta región supuso social, económica y culturalmente para el transcurso y la conclusión de la guerra.
Con este profundo conocimiento, tanto empírico como de la vasta bibliografía dedicada a la época, Cuenca está perfectamente pertrechado para abordar una síntesis, en el mejor sentido de la palabra, sobre los orígenes de la contemporaneidad en España; y decimos «en el mejor sentido de la palabra» porque Cuenca no se limita a una mera recopilación, revisión y actualización de los trabajos vertidos sobre aquellos años trágicos para el país —labor de por sí meritoria—, sino que, como ya demostró al abordar el otro gran conflicto que ha sacudido el solar patrio (la guerra civil), es capaz de conjugar lo más sustantivo del quehacer investigador previo con su aportación personal, todo ello dentro de una coherente interpretación de tan decisivo periodo. Se adelanta así al previsible aluvión de obras y opúsculos surgidos al calor del bicentenario que, sin lugar a dudas, abarrotarán los anaqueles de las librerías pero que en gran parte —y esperamos equivocarnos— apenas contribuirán al debate historiográfico.

Con la profundidad de análisis y el rigor conceptual característicos de su extensa aportación a la Historia, Cuenca Toribio despliega su estudio a partir de un eje articulador: la evolución política de aquellos años en el contexto del infausto reinado de Carlos IV. Es una elección arriesgada si consideramos las dificultades de mantener un hilo conductor del discurso entre los vaivenes institucionales tanto de la España josefina como de la alzada en armas, pero las resuelve con pericia gracias a su capacidad para engarzar los acontecimientos en la cadena explicativa. Unido a ello, la voluntad de estilo propia de este autor facilita la tarea de penetrar en las causas del enfrentamiento —entre ellas, por supuesto, la invasión; pero también los mecanismos psicológicos de la reacción popular, el deterioro de la maquinaria institucional, la influencia de las corrientes de pensamiento, etcétera— y convierte el libro en una historia integral sólo alcanzada por maestros como el profesor sevillano.
Al respecto no queremos dejar pasar otra virtud: es un trabajo histórico y a la vez ensayístico, sin que lo uno excluya lo otro; con la veta comprensiva e interpretativa que toda buena síntesis debe tener, aunque con modestia el autor lo considere «de alta divulgación». Las amplias notas bibliográficas, siempre atinadas para no dejar aseveración alguna al albur de meras especulaciones, y las generosas citas de historiadores a veces contrarios al nudo argumental y explicativo de su obra, manifiestan la valentía de los propósitos del profesor Cuenca de no ocultar otras aproximaciones a la guerra de la Independencia. Más bien sucede lo contrario: la exposición de un amplio bagaje heurístico y bibliográfico tiende a reforzar su posición entre los académicos que han estudiado la materia.
Algunos aspectos deben destacarse para aprehender el sentido de la obra, en coherencia con escritos anteriores del mismo autor: sin negar la importancia que en la victoria final sobre las tropas francesas tuvieron los ejércitos británicos, la unidad popular de acción frente al francés, dentro de la cual monarquía y catolicismo desempeñaron un papel esencial, trascendería la propia historia de la guerra para plasmarse en el origen de la nacionalidad española contemporánea. Así, más allá de gestas míticas de la guerrilla o del pueblo contadas por sagas románticas, el ideal unitario sobrepasaría el particularismo propio de años atrás. En segundo lugar, el juego de los actores liberales y afrancesados en el escenario bélico, aun reconociéndose sus aspectos positivos, no resulta exaltado hasta la saciedad como es propio de las interpretaciones ahora dominantes, sino criticado en aquellas acciones que, según el autor, terminarían por ser nocivas para el futuro del país. La lucidez expositiva de capítulos como los referidos a las Cortes de Cádiz y al regreso de Fernando VII abre puertas a una discusión seria sobre verdades que parecen inalterables en ese mismo discurso dominante. Por ello tampoco debe descuidarse el epílogo.
En definitiva, el permanente estímulo que mueve al profesor Cuenca a desentrañar la historia nacional lo ha conducido a elaborar un magnífico libro sobre la guerra de la Independencia, una de las épocas más complejas tanto por su dificultad intrínseca como por sus consecuencias para la forja de la contemporaneidad española; libro que no pasará desapercibido para la historiografía y un eslabón más en la prolífica y rigurosa trayectoria del autor.
Pasadas ya unas semanas de la celebración de las elecciones municipales y autonómicas, todavía hay muchas cuestiones en juego, más aún cuando estamos a menos de un año de las próximas elecciones generales y los terroristas han comunicado el regreso a su plena actividad criminal.
El Partido Popular ha obtenido más votos que el PSOE por primera vez (160.000) y es una realidad -hasta el momento- que el partido más votado en las municipales y autonómicas logra la victoria en las generales -no siempre suficiente para poder gobernar-. Lo que está claro es que mientras se puede decir que en unos lugares han ganado éstos y en otros aquéllos, no se puede afirmar que un partido haya ganado de manera global las elecciones.
La victoria de Madrid siempre solaza al triunfador. Es la base de una posible victoria futura, sobre todo si la diferencia de votos es abismal. Pero, cuando los gobiernos están a merced de los partidos minoritarios, en muchos casos nacionalistas o independentistas, la situación geopolítica española se traslada del centro a los extremos de nuestro mapa. Y en este caso, la traslación tiene lugar desde una Cataluña adormecida políticamente tras el festín del estatuto -están por ver todavía sus consecuencias en el tiempo- a una Navarra a la que la negociación de Zapatero con los terroristas ha puesto en el punto de mira. Los pactos que se andan urdiendo al cierre de este número de nuestra publicación no tienen visos de zanjarse de inmediato. Probablemente, su cumplimiento se hará por fases, de manera que, una vez más, la falta de información haga que pasen desapercibidos a los ciudadanos.
Una vez llevados a término los pactos correspondientes y queden constituidos los equipos de gobierno tanto de los ayuntamientos como de las comunidades autónomas, en Nueva Revista haremos un análisis de cómo ha quedado el panorama político español.

Amplio reportaje que estudia el nacimiento, desarrollo y situación de Brasil tal como aparecía en los años cuarenta del pasado siglo XX. El historiador y novelista austriaco de origen judío Stefan Zweig (Viena,1881, Petrópolis, Brasil,1942) exiliado en América ante la persecución nazi, reflejó su admiración hacia el Brasil en este libro, publicado en 1940, poco antes de su muerte.
Zweig quedó admirado ante la bahía de Río de Janeiro, al llegar por vez primera a sus costas en 1936. En visitas posteriores, viajó por el interior del país y tuvo ocasión de reunir una extensa documentación sobre la historia de la antigua colonia portuguesa. Describe con detalle el desarrollo de las zonas marítimas, desde Río de Janeiro a Bahía, y del interior, con sus riquezas agrícolas y mineras apenas explotadas.
Considera el autor que los abundantes recursos del inmenso país no tardarían mucho en situarlo a la cabeza de las grandes potencias, en igualdad con Estados Unidos. El depurado estilo literario de Zweig se nos muestra al describir la belleza de los paisajes y el encanto de las viejas ciudades coloniales, en abierto contraste con los modernos núcleos industriales y urbanos, como São Paulo y Río. Alaba el trato de igualdad entre las razas, unidas por vínculos de fraternidad que facilitan la armonía y evitan los conflictos sociales. Ensalza la tarea humanitaria y civilizadora llevada a cabo por los misioneros jesuitas, a los cuales atribuye el mérito de haber promovido el carácter pacífico de la población brasileña.
La belleza y el encanto de Sevilla son de tal naturaleza que hasta serían capaces de superar, con mucho, los tópicos ideados para atraer turistas ingenuos, dispuestos a contemplar la fiesta, el ruido y el baile que, sin duda, forman parte del atractivo de la ciudad. Pero es algo más difícil interpretar el significado más profundo y menos superficial que late en el fondo de esas expresiones: el espíritu, el alma de un pueblo sabio que ha visto pasar siglos de historia, dolores, alegrías, lujos y miserias, sin perder el sentido de la trascendencia, ni la escala de los valores humanos.
Todo eso, que parece difícil, porque lo es, ha logrado resumir con singular acierto Antonio Burgos en sus recientes memorias de una dama señorial que, no obstante su edad, mantiene juvenil apariencia: la ciudad de Sevilla.
Nos habla el autor de una ciudad con alma, que esconde en sus calles estrechas y limpias el misterio de la vida. Personajes de vulgar apariencia, hombres y mujeres de barrio, zapateros, bordadoras, menestrales de antiguo cuño, cobran vida nueva y se mueven dentro de un mundo sencillo, de relaciones familiares y humanas que no ha logrado desbaratar el ruido de la gran ciudad.
Porque la Sevilla antigua continúa viva, fiel a sus tradiciones, mantenidas con singular celo por las cofradías que procesionan durante la Semana Santa, entre el fervor y emoción del pueblo. No es posible separar esas expresiones íntimas, de religiosidad sincera, a las que se refiere el autor, del carácter y sentido que forman parte de la mentalidad de los sevillanos. ¡Ojo! Cualquier intento laicista de erradicarlas, se vería en Sevilla condenado al fracaso.
En la pluma de Antonio Burgos, vemos surgir el sueño recogido de tantas plazas —Doña Elvira, la Magdalena, el Museo—, naranjos y fuentes que murmuran, árboles frondosos que llegan al cielo y dibujan en suelo luminosos juegos de luces y sombras. La prosa del autor se hace poesía, al reflejar matices de la realidad que no es posible describir de otro modo.
La visión de la ciudad abarca también la Sevilla de los patios de mosaicos y flores, de palacios y edificios nobles, del Alcázar amurallado, de la Torre del Oro, la catedral y su Giralda, de templos y espadañas, monumentos chicos y grandes que se ofrecen generosamente a la admiración del espectador.
Aunque la obra va dirigida al entendido, más que al viajero ocasional, ayudará a cualquiera que desee disfrutar de matices recónditos de la gracia sevillana. Aunque también ellos, si deciden leer las memorias de nuestra vieja señora, que es siempre joven, tendrán ocasión de volver a Sevilla en sosegada visita y descubrir por sí mismos los rincones que Antonio Burgos nos describe entre la nostalgia del recuerdo y la fiel reproducción de una realidad perceptible.