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Periodismo en la “Galaxia Internet
Casi un cuarto de la población mundial usa Internet. Cada año, 200 millones de usuarios se incorporan a la red. En1983, cuando surgió Internet, sólo había 400 servidores en todo el mundo. En la actualidad, su número supera los 600 millones.La web posibilita que una persona con un ordenador y conexión pueda eliminar las distancias y desplazarse virtualmente a lugares remotos. Como argumenta Manuel Castells en “La Galaxia Internet”, este medio permite la comunicación entre un gran número de usuarios a escala global y en tiempo real, lo que “genera una nueva estructura social, la sociedad en red”.
Internet ha generado un periodismo con su propia identidad, su lenguaje y un crecimiento tan vertiginoso, que desafía a sus competidores. En palabras del director de Le Monde digital, Jean-Francois Fogel, “Internet no es un soporte más; significa el final del periodismo tal y como se ha vivido hasta ahora. La prensa bajo el régimen de Internet no ha iniciado un nuevo capítulo de su historia, sino más bien otra historia”.Un informe de la consultora Oriella sobre el impacto de Internet en el periodismo, basado en entrevistas a 770 periodistas de quince países en 2010, revela que más de la mitad de los encuestados considera que la prensa tradicional “tiene sus días contados”. Y uno de cada seis afirma que la publicación impresa para la que trabajaba ha cerrado. El 45% de los responsables de medios sostiene que entre el 60 y el 100% de su contenido on line es original, en vez de un simple volcado del contenido impreso. Y se están implantando distintos modelos de negocio: el 25% de los cibermedios piensa desarrollar un modelo de pago de contenidos; el 30% ofrece acceso a la web a los suscriptores de la edición impresa y un 22% apuesta por contenidos de pago para aplicaciones móviles.
El ciberperiodismo emplea plataformas sencillas para publicar contenidos de forma instantánea e interactiva, utiliza el formato multimedia para la escritura y la narración, aprovecha la participación del público en la producción de noticias, renueva los estándares periodísticos y se apoya en herramientas de distribución de contenidos. Según un estudio sobre el ciberperiodismo en España dirigido por la profesora Pilar Diezhandino, “el caudal de la red no sólo no anula la necesidad de periodismo en su más estricto significado (que informe, ordene, clarifique, verifique, opine, interprete, critique) sino que la acentúa y la potencia”.
Según el Pew Research Center, el 11 de septiembre de 2010 fue el primer día en la historia en el que más personas se informaron a través de cibermedios que mediante diarios impresos. El Project for Excellent in Journalism (EE.UU.) de 2010 concluye que “estar informado es cada vez más una experiencia social y compartida”. La mitad de los ciudadanos afirma que confían en la gente que les rodea para lo que necesitan saber. Y el 44% de los internautas consigue información mediante redes sociales, recomendaciones y correos de amigos. De acuerdo con este informe, los temas que ganan atención en los medios sociales (Blogs, Twitter y Youtube) son claramente distintos a los destacados en los medios tradicionales: los blogs optan por asuntos que despiertan pasión ideológica y hablan de derechos colectivos e individuales, en Twitter predominan los asuntos de tecnología, mientras que los vídeos curiosos y polémicos son los más visitados en Youtube.
Sin embargo, no faltan las voces que critican el rumbo del ciberperiodismo. El informe “La evolución de las noticias e Internet”, publicado por la OCDE en marzo de 2010, señala que aunque un alto porcentaje de los jóvenes entre 18 y 25 años son usuarios de Internet, muchos de ellos no leen noticias en la red o sólo lo hacen ocasionalmente. El estudio también indica que hasta el momento no existen modelos de negocio que permitan financiar la producción informativa independiente en Internet, lo que dificultará “la supervivencia del periodismo de calidad a largo plazo”.
Estándares profesionales del ciberperiodismo
En la medida en que se afiancen los estándares de la práctica periodística, el ciberperiodismo encontrará su razón de ser. Pero, ¿cuáles son dichos estándares? En esencia, descubrir la información relevante, cubrirla con exactitud y contarla de forma atractiva. Proporcionar una explicación de lo que ocurre que aporte valor añadido, con una selección inteligente. Establecer una comunicación abierta y participativa con los lectores/usuarios, regida por la transparencia y la credibilidad. Comosolía decir Eugenio Scalfari, fundador de La Repubblica, “los periodistas son gente que le dice a la gente lo que le pasa a la gente”. Quizá el periodismo tradicional ha perdido en buena medida ese contacto con los intereses de los ciudadanos y ahora el ciberperiodismo trata de recuperarlo.
Conviene subrayar que el ciberperiodismo no es un modelo de negocio, ni un trabajo, ni una industria, ni siquiera una plataforma de distribución. En vez de eso, el ciberperiodismo es una actividad. Se trata de un conjunto de prácticas a través de las cuales se recoge, se procesa y se transmite la información y el conocimiento en los medios digitales. Dichas prácticas están influidas por el tipo de empresa y la plataforma de distribución, y por los recursos económicos que las sustentan. Pero no debemos confundir ambas cosas.
Los procesos y prácticas periodísticas nunca se han mantenido estáticos; el periodismo ha ido evolucionando, afrontando los requisitos de la sociedad y tratando de obtener los recursos económicos y materiales necesarios para informar en distintas modalidades. Ya sea en su vertiente impresa, radiotelevisiva y ciberperiodística, el periodismo se ha consolidado como la actividad profesional que otorga sentido y contexto a lo que sucede en el mundo.
Los profesionales del ciberperiodismo están desarrollando una serie de prácticas y estándares de calidad en la producción de información. El público, cada vez más sofisticado, alimenta sus propias expectativas sobre la tarea de los periodistas y de los cibermedios, ya que la credibilidad no depende sólo de la exactitud y la imparcialidad de las informaciones, sino también de la percepción que alberguen los usuarios.
Charo Marcos, redactora jefe de Rtve.es defiende la necesidad de afianzar las prácticas profesionales. La web, lanzada en septiembre de 2007, ha logrado situarse como la más visitada de las televisiones españolas en 2010. Marcos explica que “en la red, el proceso de informar y aportar nunca acaba; hacemos un periodismo diferente al del papel. Tenemos nuestros estándares, que incluyen la colaboración, la transparencia, el dejar a los lectores participar en el proceso y admitir que no sabemos algo cuando todavía no lo hemos confirmado”. Según Marcos, más de cien periodistas colaboran con sus blogs en Rtve.es.
Mario Tascón es el editor de La Informacion.com, un medio nativo digital que comenzó su andadura en abril de 2009 y ha superado los dos millones de usuarios únicos mensuales. En su opinión, “los periodistas ya no pueden limitarse a contar historias, pues el verdadero trabajo ahora comienza después de contarlas, debatiéndolas, explicándolas, actualizándolas… Sólo triunfarán los periodistas y medios que desarrollen un modo de contar participativo con los lectores”.
Santiago Semitiel, editor multimedia de La Verdad, perteneciente al grupo Vocento, sostiene que muchos de los lectores del periódico usan la web para relacionarse, compartir y comunicar una variedad de temas e intereses: “Lo importante es hacer periodismo al cien por cien, en cualquier plataforma, apostando por los temas y el rigor. A la gente le llega mucho ruido y nuestro trabajo como periodistas consiste en decirle lo que es importante y significativo de todo ese ruido”.
Matthew Eltringham dirige un equipo de 23 periodistas en la sección de “Contenidos Generados por los Usuarios” de la BBC, para tres plataformas (radio, televisión e Internet). “Cada día recibimos entre diez y doce mil correos, y cientos de fotos y vídeos, de todas partes del mundo. Nuestro trabajo consiste en procesar todo este material y aprovecharlo para los espacios de la BBC”. Esta relación continuada con los usuarios les permite descubrir historias y llevar a cabo coberturas que no logran sus competidores.
En definitiva, aunque los géneros y las técnicas de elaboración de los contenidos estén evolucionando continuamente, los criterios profesionales se mantienen. Es decir, permanecen unos estándares de la actividad periodística. Como subraya el profesor González Esteban, “todo medio de comunicación que se precie, se encuentre ubicado en el formato que fuere, maneja unas rutinas y unas pautas de actuación idénticas, con los matices que conlleva el uso de las nuevas tecnologías, pero idénticas al fin y al cabo a las se han venido manejando desde hace décadas, incluso siglos”.
Hacia un ciberperiodismo “abierto”
Peter Horrocks, exdirector de informativos de la BBC, argumenta que el ciberperiodismo ha desencadenado la crisis de quienes conciben el periodismo como una “fortaleza atrincherada”, donde las noticias se consumían en medios y productos nítidamente definidos, con públicos cautivos. En la “Galaxia Internet”, todos los productos informativos están disponibles a través de una misma plataforma y espacio mental: la web. Esel entorno de la Web 2.0, donde los usuarios se implican y asumen un rol activo: agregan, intercambian, recomiendan, opinan y elaboran los contenidos que les interesan, con una facilidad pasmosa. Y pueden obtener noticias de varios medios, sin advertir siquiera de qué “fortaleza” (medio o marca) proviene cada información. El poder de los usuarios para seleccionar sus noticias preferidas (a través de Google,Digg, Twitter y otros servicios) está derribando las barreras. Y esto obliga a un cambio de mentalidad por parte de los periodistas.
Alan Rusbridger, director de The Guardian,enuncia diez principios con los que trabajan los periodistas en su redacción, como parte del proceso de transformación en el que se hallan inmersos. Según Rusbridger, un cibermedio…
1. Incentiva la participación: solicita y permite las respuestas de los usuarios.
2. Supera un tipo de periodismo basado en el “ellos y nosotros” (el papel y la web).
3. Fomenta el debate, la publicación de material y sugerencias por parte del público.
4. Contribuye a crear comunidades de intereses comunes sobre temas o personas.
5. Está abierto al resto, enlaza y se siente parte del entorno de los cibermedios.
6. Agrega y promociona el material de otros medios.
7. Reconoce que los periodistas no son la única fuente de autoridad y experiencia.
8. Intenta reflejar la diversidad, al tiempo que promociona valores compartidos.
9. Considera que la publicación puede ser el comienzo del proceso, en vez del final.
10. Se muestra transparente: incluye correcciones, clarificaciones y añadidos a sus informaciones.
Estos principios plantean un paradigma de ciberperiodismo abierto, donde las noticias pertenecen a los ciudadanos y no son el monopolio de ningún medio, y donde el periodismo se vuelve público y social, con una clara vocación de mediación.
La mayor esperanza para el periodismo reside en reconocer la oportunidad de cambio que ofrece la red, en lugar de considerar estos cambios como una amenaza. Rusbridger considera que no se debe subestimar el valor de los medios y de la labor del periodista, pero que éste debe aprovechar el potencial de sus lectores para mejorar la calidad de su trabajo. Ahora el público participa y los periodistas no deben poner barreras a esta interacción. Como ha dichoJeff Jarvis, profesor de Periodismo Interactivo en la City Universityde Nueva York, el primer mandamiento del periodista es: “Cubre lo que mejor haces. Enlaza con el resto”.
Alan Rusbridger anima a sus empleados a estar presentes en Facebook, ya que muchas empresas y lectores usan esta red para mantener el contacto. También les incita a escribir en Twitter, porque considera que resulta imprescindible comprender las oportunidades que ofrece. Por ejemplo, la sección de tecnología de The Guardiantiene más seguidores en Twitter que todos los lectores del diario.
El crecimiento de cibermedios “hiperlocales”
Algunos internautas tienden a usar Internet no para seguir lo que sucede a miles de kilómetros de distancia sino para descubrir lo que pasa en el entorno que les rodea, en el barrio donde viven. Surgen así prácticas comunicativas que conceden protagonismo a los ciudadanos y crece el número de cibermedios “hiperlocales”, que proveen información y servicios para residentes en zonas concretas. Estos medios abordan desde los asuntos sociales y políticos de la comunidad hasta el transporte, la educación, los lugares de ocio, las reseñas de restaurantes y el mercado inmobiliario en su área de cobertura. Algunos cuentan con foros de participación entre vecinos, donde discuten todo tipo de asuntos relacionados con la convivencia, como iniciativas para mejorar la situación de los parques o denuncias sobre el abandono de determinadas vías públicas. Se trata de un periodismo de proximidad muy demandado en ciertos sectores, que cobra auge con la rápida implantación de Internet.
Fernando Samaniego señala algunas recomendaciones para las empresas que quieran adentrarse en el mercado de los sitios hiperlocales de noticias. Además de destacar el papel de la innovación tecnológica, Samaniego aconseja que estos cibermedios no sigan el diseño de las ediciones digitales de los diarios y que cubran asuntos específicos de su comunidad, con enfoques cercanos, para que los usuarios adquieran un sentido de pertenencia. De acuerdo con Samaniego, “los portales hiperlocales no deben basarse sólo en noticias. Necesitan de una oferta central que les dé cohesión y evite la sensación de magma informe, especialmente hasta alcanzar una masa crítica de usuarios y contenidos”.
Como muestran algunas experiencias, los cibermedios hiperlocales pueden tener éxito si se plantean de forma profesional y con estrategias adecuadas. Es el caso de Edytor, una iniciativa vinculada al grupo polaco regional Gazeta Olsztynsk, que a lo largo de 2010 lanzó 35 cibermedios de contenido hiperlocal, dirigidos a jóvenes que “no compran los diarios pero les interesan las noticias”.Aunque el nivel de penetración de Internet aún es reducido en las zonas rurales de Polonia, esta iniciativa está consiguiendo atraer a pequeños anunciantes y a lectores jóvenes, que no encuentran en los medios tradicionales la información que necesitan acerca de su área. Cuentan con un equipo de 30 periodistas multimedia que cubren la región y elaboran noticias para los cibermedios. Con la contribución de periodistas cívicos, esperan duplicar en un año la barrera de 600.000 usuarios únicos que consiguieron en 2010.
Otro caso consolidado es el cibermedio cívico Triangle.com,del News & Observer,en el estado de Carolina del Norte (EE.UU.). Se trata de un espacio de servicios donde el ciudadano adquiere el protagonismo, participando de manera activa en la vida social y política de su región, a través de foros o creando sus propios blogs. De este modo, Triangle.com aspira a convertirse en una red social de proximidad que sea referente en la zona. Entre sus estrategias, destacan los blogs especializados que apuestan por mantener una conversación con los usuarios, donde predomina el rigor y la credibilidad. Además, las ediciones hiperlocales para nichos, como pequeños condados, cubren las necesidades informativas y de servicios de esas zonas con productos con una personalidad propia que benefician tanto al usuario como al anunciante agradecen. González Esteban asegura que este tipo de periodismo aporta “más cauces de participación en pos de conseguir medios verdaderamente cívicos o sociales, y basa toda su estrategia en el ciudadano, convertido en sujeto activo con el que estamos obligados a dialogar”.
El ciberperiodismo cobra cada vez más sentido y prestigio en el entorno local porque ha logrado atraer a una amplia audiencia, joven y educada, que busca información relevante las 24 horas. Los cibermedios aumentan su importancia y encontrarán un modelo de negocio viable siempre que sus funciones resulten necesarias para los ciudadanos y ofrezcan un producto de calidad, en un renovado “ecosistema mediático” que irá superando el dominio de los medios basados en las matrices impresas o audiovisuales. Por eso, el debate sobre la muerte del papel o el triunfo de la red como plataforma periodística nos parece estéril: lo esencial es la consolidación del periodismo, con independencia del soporte.
¿Por qué Cuéntame es una serie que puede recibir el calificativo “de calidad” y sin embargo el reality Gran Hermano no merece tal denominación? Ambos programas destacan por sus índices de audiencia y por su prolongada permanencia en las parrillas españolas (Cuéntame comenzó a emitirse en 2001 y Gran Hermano en 2000). Consciente o inconscientemente estamos teniendo en cuenta una serie de elementos que nos permiten enjuiciar por qué un programa es “de calidad” y otro no. Debemos tener en consideración que la calidad en televisión implica “discursos de juicio”, que se expresan de acuerdo a la formación, gustos y sensibilidad de las personas que los realizan. No obstante, esto no impide establecer unos criterios comunes para valorar la calidad y crear un modelo de excelencia en televisión.
La complejidad del campo de estudio viene motivada por la dificultad de definir el término calidad. El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (2001) define calidad en su primera acepción como “la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor”. Por lo tanto, para apreciar la calidad de un elemento será necesario establecer un modelo y de acuerdo al cumplimiento o no de las cualidades que conformen ese paradigma se podrá precisar si es “de calidad”.
En la apuesta por el diseño del arquetipo de la calidad televisiva deben intervenir todos los sectores implicados en la industria. En primer lugar, el Gobierno, que propone las normas jurídicas, que tras su aprobación, regularán el mercado. En este sentido, la legislación española destaca por sus incoherencias, inexactitudes y opacidades. Lo que es aprovechado por los empresarios mediáticos -que son al final quienes establecen las reglas del juego-. Es vital que quienes tienen la obligación y potestad para regir el mercado audiovisual entiendan la importancia del mercado televisivo, para así enunciar objetivos claros y factibles que las empresas televisivas puedan desarrollar y sancionen a quienes infrinjan las normas. El planteamiento de una estructura audiovisual fuerte y competitiva permitirá establecer los cimientos de la televisión de calidad.
Conjuntamente, los profesionales del sector (guionistas, productores, directores, técnicos de sonido, de iluminación, etc.) son los responsables de generar los contenidos. Muchas veces su deseo de desarrollar ideas innovadoras y contenidos de calidad choca con el único propósito de algunos empresarios audiovisuales que es el beneficio económico. Objetivo lícito que debe perseguir todo administrador, pero al que también hay que sumar el servicio público y la función social de las empresas televisivas. Por esta razón, la calidad desde el punto de vista empresarial se identifica con rentabilidad. De ahí la apuesta por contenidos de bajo coste que den como resultado una audiencia aceptable, para poderla vender al anunciante. Esta realidad no impide que los profesionales de la industria, conscientes de sus obstáculos, puedan -y deban- crear programas rentables y “de calidad”.
Todo mercado sería inexistente sin la demanda, en el caso peculiar de la televisión, con dos tipos de clientes, los anunciantes y el público, quienes también deben implicarse en la construcción del modelo televisivo de calidad. Muchos canales generalistas de televisión en abierto persiguen el propósito de conseguir audiencias masivas, ya que todavía numerosos anunciantes priman el impacto de sus inserciones y están dispuestos a pagar tarifas publicitarias más altas. Asimismo, los canales públicos buscan en los índices de audiencia su legitimación en el mercado. Y por otro lado, los operadores de contenidos de pago, principalmente se centran en satisfacer los deseos de sus abonados; sin olvidar la rentabilidad entre el pago de derechos de emisión de ciertos contenidos y los ingresos esencialmente por suscripciones.
Si los anunciantes apostaran por contenidos “de calidad” y dejaran de querer vincular sus marcas con ciertos programas, forzarían a las televisiones a desarrollar sólo aquellas ideas con una respuesta positiva en la inversión publicitaria. Al mismo tiempo, la opinión cuantitativa de la audiencia, referida al número de personas que decide ver o no un programa marca la actuación televisiva. Aunque, como luego se explicará, la cuota de audiencia no es suficiente para considerar el veredicto del público sobre los contenidos televisivos.
Por lo tanto, y como se puede apreciar la calidad televisiva es un concepto en continua evolución, en el que siempre hay que tener en cuenta el contexto histórico, socio-económico, político-legal y tecnológico. De esta manera, atendiendo a los factores externos, la dimensión empresarial del medio, la complejidad de la producción de los contenidos audiovisuales y la valoración de sus clientes, se podrá desarrollar el modelo de excelencia que permita enjuiciar la calidad en televisión.No es un reto imposible, tan sólo es una cuestión de compromiso.
Una empresa televisiva de calidad
La calidad es uno de los elementos que todo responsable de una compañía debe tener en cuenta a la hora de desarrollar su gestión. Las empresas de comunicación que apuesten por la calidad pueden beneficiarse, por ejemplo, de una marca sostenible en el tiempo, de la consolidación del negocio a largo plazo y de la generación de barreras de entrada para sus competidores.
En un principio la apreciación de la calidad en la empresa se centraba en la valoración del producto acabado. Por eso, el gran paso en la consideración de la importancia de la calidad en las empresas se produjo tras la Segunda Guerra Mundial en Japón. La calidad no sólo se centraba en el resultado final sino también en el proceso de crearlo. Los estudiosos estadounidenses en poner en marcha lo que se ha llamado la Calidad Total (Total Quality Control) y más tarde la Gestión de la Calidad Total (Total Quality Management) fueron W. Edwards Deming, Joseph M. Juran y Armand V. Feigenbaum. Lo esencial de esta teoría es la participación de todos los miembros de la organización en la mejora de la calidad.
La importancia de la calidad en las empresas se hizo evidente, por lo que en 1987, la International Standards Organisation diseñó el primer estándar internacional de calidad para las empresas, denominado ISO 9000. El objetivo es que las empresas puedan conseguir un desarrollo sostenible, el cual comprende tres ámbitos, el económico, medioambiental y social. De esta manera, si las compañías cumplen los estándares estipulados obtienen el certificado de calidad ISO 9000. Estos estándares suelen referirse a la planificación y a los procesos de producción más que a los productos acabados. De momento no hay ninguna empresa de televisión que presuma de haber recibido el certificado ISO 9000.
Desde luego, resulta más sencillo evaluar un producto tangible y su proceso de producción que un bien intangible. Pero ello no limita a la empresa televisiva para que, como cualquier otra empresa, considere la teoría de la gestión de la calidad total e intente acercarse a los estándares de la International Standards Organisation.
De nuevo, conviene reflexionar que la calidad empresarial no es un objetivo fijo, sino que tiene que perfeccionarse continuamente, teniendo en cuenta las características propias de la empresa audiovisual y de su entorno.
La diversidad programática como nota de calidad
La diversidad es tomada como nota de calidad cuando se evalúa la programación. Con el desarrollo de la tecnología, diversidad no se refiere al número de canales disponibles para el público sino a la variedad de opciones, géneros, temas y perspectivas al que la audiencia tiene acceso en un momento determinado. Este aspecto es el más fácil de establecer y de medir y el que además permite comparaciones entre las programaciones de varios países.
Las primeras investigaciones sobre la diversidad de la programación como nota de calidad televisiva fueron emprendidas en 1986. El estudio llevado a cabo por los autores, Blumler, Brynin y Nossiter, se centraba en la variedad de programas disponibles en prime-time en siete países: Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Italia, Holanda, Suecia y Alemania occidental. Concluyeron que el Reino Unido era el país que ofrecía mayor diversidad de programas en horario de máxima audiencia.
En esta línea, diez años más tarde, otro de los trabajos más sobresalientes fue el coordinado por Sakae Ishikawa, uno de los máximos expertos en este campo. Los resultados obtenidos indicaron que los emisores del Reino Unido ofrecían las parrillas más variadas, seguidos por Suecia, Japón y Canadá. Sin embargo, los canales estadounidenses tenían el índice más bajo. Ishikawa apostaba por la diversidad como elemento esencial para la calidad de las emisiones. Creía que cada persona que conformaba la audiencia, con diferentes intereses y preocupaciones, debía tener el mismo derecho de selección y por lo tanto debía tener un amplio abanico de posibilidades donde elegir. De esta manera, al promover valores heterogéneos, se contribuía a la construcción de la sociedad democrática.
En España, con la llegada de la TDT se ha relacionado el mayor número de canales a los que los telespectadores tienen acceso con la idea de una televisión más plural y diversa. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Se han permitido fusiones, que han aumentado el poder mediático de ciertas compañías (ahora controlan más cadenas de televisión) y se han concedido licencias a empresas ya existentes en otros sectores de la comunicación y que ahora prueban suerte y extienden su influencia a través de la televisión.
Contenidos de calidad
La valoración de la calidad de los programas de televisión debe contemplar varias premisas. En primer lugar, la aceptación de los distintos “juicios” provenientes de las personas que los valoran. También hay que admitir que hay aspectos de la valoración de los programas más fácilmente cuantificables, como el número de personas que ve un programa o los costes de producción. Y, sin embargo, hay otros elementos más complicados de medir, como la influencia –positiva o negativa- que un espacio televisivo puede ejercer en los espectadores.
Estas dificultades no impiden establecer una serie parámetros que se puedan tener en cuenta a la hora de valorar la calidad de los programas de televisión y dar razón de por qué un programa puede recibir la denominación “de calidad” y otro no. En este sentido, se consideran cinco elementos como fundamentales para juzgar la calidad de los programas: su género, su realización técnica, la opinión de la audiencia, los premios obtenidos y las críticas recibidas.
Y para que un programa sea considerado “de calidad” debe obtener la valoración positiva en estos cinco parámetros. No parece lógico que pueda existir un programa “de calidad” que destaque en cuatro de los elementos y en uno de ellos sea deficiente. Existe ese “algo” común en los programas “de calidad” que hace que todos los sectores (Gobierno, profesionales, anunciantes y audiencia) implicados en su valoración estén de acuerdo.
Los programas de televisión pueden ser de varios tipos: informativos, magazines, realities, series de ficción, etc. Esto nos lleva a hablar de los géneros televisivos. La referencia al género de televisión hace que cada programa se valore de acuerdo al fin para el cual fue concebido. Por ejemplo, si se quiere juzgar la calidad de un informativo se valorará la variedad de fuentes consultadas y la fidelidad a la realidad. Por el contrario, un programa de ficción será evaluado, entre otras cosas, por la verosimilitud de su guión, apuesta narrativa, desarrollo de sus tramas, construcción de personajes, etc.
Otro elemento clave en la evaluación de los programas de televisión es su realización técnica. Este campo tiene en cuenta todos los aspectos que intervienen en la producción de un programa. Por ejemplo, la iluminación, el sonido, el montaje, el vestuario, el maquillaje, los decorados, los actores, etc. En la emisión no debe haber interferencias y la iluminación, el sonido y el contenido deben estar coordinados e integrados armónicamente. Otros aspectos a tener en cuenta son los movimientos de cámara, los planos y los efectos especiales. También es importante la interpretación de los actores o la labor del presentador.
La opinión de la audiencia es importante en la industria televisiva, ya que de su respuesta depende el rendimiento económico y continuidad del programa de televisión. El parecer del público puede expresarse de diversas maneras, aunque uno de los aspectos que más se tiene en cuenta es el número de personas que decide ver un programa. Además del dato cuantitativo, el grado de estimación que la audiencia tiene de los programas de televisión es un bien muy apreciado entre los emisores (y anunciantes), ya que les ayuda a conocer con mayor profundidad las tendencias en los gustos del público, y a desarrollar estrategias de programación futuras.
Los diversos estudios realizados a los espectadores deseando conocer las valoraciones cualitativas de los programas más vistos, han revelado resultados sorprendentes. Por ejemplo, casi un 40% de los encuestados admite ver programas que considera de poca calidad.
En España, el organismo que se ha encargado de elaborar apreciaciones cualitativas de los programas de televisión ha sido el Gabinete de Estudios de Comunicación Audiovisual (GECA). Entre sus intereses se encontraban conocer al presentador de informativos o el programa de entretenimiento o la serie de ficción más valorados por el público. No siempre los mejores posicionados en el ranking se correspondían con los de mayor audiencia.
Los premios suponen prestigio y reconocimiento para el trabajo realizado. En las compañías de televisión, pueden contribuir a la rentabilidad de los programas. Por ejemplo, un programa galardonado será más fácilmente exportable, se reconocerá la profesionalidad del equipo que ha trabajado en su realización y ayudará a crear una imagen de marca fuerte y positiva de la cadena.
El valor de los premios depende de quién los otorgue (la audiencia, la crítica, los profesionales del medio o el Gobierno) y de los criterios de evaluación. Además, no hay que perder de vista que, muchas veces, alrededor de los premios se organizan ceremonias y espectáculos que contribuyen a la promoción de los programas de las cadenas.
Los premios más prestigiosos de la industria televisiva que llegan a tener una repercusión internacional son los galardones otorgados por la Academy of Television Arts & Sciences, los conocidos como Emmy Awards, y los concedidos por la Hollywood Foreign Press Association, los llamados Globos de Oro. En España, los premios más sobresalientes son los Ondas, otorgados por la cadena SER; los premios de la Academia de Televisión; la Antena de Oro, entregada por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión; los TP de Oro, concedidos por los lectores de la revista TP y los galardones de la Unión de Actores, que reconocen el trabajo de sus profesionales en la televisión.
Las críticas que un programa de televisión recibe son importantes por la influencia que pueden ejercer en el lector del medio en el que se publican y en el espectador –o futuro espectador- del programa criticado. En este sentido las críticas pueden fomentar la visión de un determinado espacio televisivo o disuadir a la audiencia de hacerlo. Generan opinión pública, aunque no se ha llegado a precisar con exactitud la relación entre crítica y audiencia en televisión. En la industria cinematográfica esta conexión sí se ha establecido.
Para atribuir el valor correcto a las críticas habría que analizar la formación de los críticos, su modelo de calidad televisiva y el objetivo de sus opiniones, ya que muchas veces van encaminadas a verter comentarios negativos sobre los programas o cadenas de televisión que no pertenecen al grupo de comunicación para el que trabajan.
Estos cinco factores se convierten en cinco desafíos por la mejora de la industria televisiva. La inversión en géneros de calidad realizados de manera sobresaliente tendrá la recompensa de una valoración positiva de la audiencia, tanto cuantitativa y cualitativamente, su reflejo en los premios conseguidos y el reconocimiento de la crítica.
Un reto posible
Una televisión de calidad es posible. Pero, como todas las cosas fundamentales en la vida implican dedicación y esfuerzo por parte de todos los sectores implicados. Es necesario un Gobierno valiente, que desarrolle un sistema legislativo claro e imparcial que realmente vele por los intereses del ciudadano. También los profesionales deben intentar superarse en cada proyecto y establecer los parámetros que rijan las opciones a las que tiene acceso el público. Por último, la audiencia, al menos en España, debería alcanzar una mayor cultura audiovisual que le permitiera apreciar el valor de los contenidos ofrecidos.
Una empresa televisiva de calidad siempre será rentable y además cumplirá con su función social y democratizadora. Además, la diversidad no vendrá determinada por el número de canales disponibles sino por la variedad de formatos, géneros y enfoques donde un espectador en un momento dado puede elegir. Las cualidades que podemos tener en cuenta para considerar si un programa es “de calidad” o no, vendrán determinadas por su género, aspectos técnicos, opinión de la audiencia, premios obtenidos y críticas recibidas.
El reto de construir una televisión de calidad merece la pena. Las cuatro horas que invertimos delante de la televisión nos podrían convertir en mejores personas.
La BBC, una televisión de calidad
Es posible encontrar un ejemplo de televisión de calidad. En el Reino Unido, los diferentes Gobiernos se han tomado en serio la tarea de establecer unos objetivos claros que rijan el sector y de esta manera se fomente la calidad en los contenidos. Los tradicionales canales generalistas –financiados por publicidad o no- deben cumplir con objetivos muy concretos de servicio público. Por ejemplo, el fomento de la diversidad cultural a través de los servicios informativos, pero también a través de la ficción. Además, se han puesto las bases adecuadas para promover la producción independiente, ya que por ley el 25% del tiempo de emisión (y no el 10% como marca la Directiva Europea) debe proceder de este sector. Con esta cuota se garantiza la pluralidad de voces y enfoques en las pantallas.
La cadena que abandera este mercado es la BBC, cuyos canales –todavía hoy- son la opción favorita de los británicos. La BBC desde su origen fue consciente de la influencia y valor de los contenidos televisivos. Los objetivos establecidos por su primer director general, John Reith, para la radio: informar, educar y entretener, también fueron los principios rectores del nuevo medio.
Gracias al sistema legislativo británico en materia audiovisual; a la responsabilidad con la que sus dirigentes gestionan los recursos económicos, provenientes en su mayoría de los ciudadanos; y a la profesionalidad de sus empleados, el operador británico puede presumir de tener un gran elenco de programas de calidad. A continuación se valorarán dos programas pertenecientes a distintos géneros como The Office y Planet Earth.
The Office es una serie cómica que comenzó en 2001 y se mantuvo en antena dos temporadas. La trama gira en torno a los trabajadores de una oficina y su jefe. La serie está caracterizada por un humor irónico, incluso, en algunos momentos, hiriente. La audiencia británica mostró su respaldo con altos índices de audiencia. Por ejemplo, el último episodio emitido en 2003, fue seguido por 6,14 millones de espectadores.
La serie fue exportada en un primer momento a Estados Unidos y debido a su éxito se creó la versión estadounidense con gran acogida por parte del público de la cadena NBC. The Office ha sido vendida a ochenta países, convirtiéndose en el mayor éxito de exportación de todos los tiempos. También a través de BBC Shop, se puede adquirir la serie en DVD.
Sus creadores han recibido diversos premios. Destacan los dos Globos de Oro en 2004 a la mejor serie de televisión y al mejor actor, Ricky Gervais. Además, la British Academy of Film and Television Arts, reconoció a The Office como la mejor comedia de situación en 2001 y 2002 y a Ricky Gervais, como el mejor actor cómico, en 2001, 2002 y 2003.
La BBC es famosa por la realización de sus documentales de naturaleza y animales. Buena prueba de ello es The Blue Planet, coproducida con Discovery Channel. La serie, compuesta por ocho capítulos de cincuenta minutos de duración, se emitió por primera vez en la BBC el 12 de septiembre de 2001. El equipo de The Blue Planet mostró el mundo submarino como antes nadie lo había hecho, con una fotografía espectacular y captando especies desconocidas hasta el momento. De hecho, The Blue Planet costó cinco años de producción y siete millones de libras. El documental fue narrado por el prestigioso presentador, David Attenborough.
La serie fue seguida en el Reino Unido por doce millones de espectadores, con un share en torno al 30%. El equipo de The Blue Planet fue galardonado en 2001 con dos premios BAFTA a la mejor música original en televisión y a la mejor fotografía. La serie fue vendida a más de 50 países. Y también se encuentra en DVD, acompañada por un libro, The Blue Planet: A Natural History of the Oceans.
The Blue Planet fue el comienzo de una apuesta por los documentales de calidad, ya que a este trabajo le siguió Planet Earth. Este trabajo documental ha sido el más caro desarrollado por la BBC, en asociación con Discovery Channel y NHK (el operador público japonés), con un presupuesto de 16 millones de libras y una producción de cinco años.
El documental se emitió en las pantallas británicas en 2006 y un año más tarde en Estados Unidos. Sus primeros cinco capítulos fueron seguidos por una audiencia media de más 11 millones de espectadores en el Reino Unido. Mientras, en Estados Unidos, los primeros tres episodios fueron vistos por casi 6 millones de personas. Sus increíbles imágenes y la valoración del público llevaron al documental a estrenarse en las pantallas cinematográficas de 130 países.
La comercialización del DVD en alta definición reportó a Discovery Channel unos ingresos de más de 3 millones de dólares en sólo dos meses, convirtiendo al documental en el DVD mejor vendido y de manera más rápida. Además, se comercializaron cuatro libros sobre Planet Earth y la banda sonora en CD.
Este trabajo excelente ha recogido numerosos premios entre los que destaca el galardón otorgado por la Royal Television Society en 2007 a la mejor serie de historia natural. También ese mismo año el documental consiguió el Emmy a la mejor serie de no ficción y otros tres Emmys en categorías técnicas.
A través de estos dos ejemplos se observa que la apuesta por la calidad es rentable, ya que un producto de calidad es fácilmente exportable y permite conseguir beneficios económicos y prestigio para la cadena.
Los coptos constituyen la mayor minoría cristiana de Oriente Próximo. En realidad, muchos no se consideran una minoría. La mayor parte de ellos son cristianos ortodoxos y pertenecen a la Iglesia Ortodoxa Copta, aunque hay también unos pocos coptos católicos y evangélicos. A pesar de que no existen estadísticas oficiales, representan aproximadamente el 10 por ciento de los 80 millones de habitantes de Egipto, el país árabe más poblado.
A su número hay que añadir su antigüedad y tradición. Desde hace siglos viven entremezclados con los musulmanes en todo el país. En palabras del escritor y premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz, los coptos preservaron el espíritu del Antiguo Egipto con lo que la era Coptaha sido el nexo de unión entre su Historia Antigua y la Moderna. Enefecto, la palabra ‘coptos’ proviene de ‘Aegyptos’, que significa literalmente Egipto, en donde según la tradición, la primitiva Iglesiacopta fue fundada por el mismo apóstol San Marcos que llevó la predicación de la fe cristiana en el siglo I d.C.
En el marco de una convivencia milenaria en general pacífica, en las últimas décadas se han producido periódicos enfrentamientos entre coptos y musulmanes. El último episodio ha tenido lugar a principios de septiembre cuando miles de devotos del Islam protestaron en El Cairo acusando a la jerarquía copta de secuestrar a la esposa de un predicador cristiano que, según ellos, se había convertido voluntariamente a la fe islámica. Antes de esto, el último suceso violento ocurrió la Nochebuena de la Navidad Copta, el 7 de enero, cuando jóvenes musulmanes dispararon y dieron muerte a seis cristianos tras acudir a una misa.
Las causas de esta violencia recurrente bien pudieran obedecer a la decisión del anterior presidente Anuar Sadat de presentar una enmienda a la Constitución para redefinir Egipto como un Estado oficialmente musulmán. Durante el régimen de su antecesor Gamal Abdel Naser, la religión no había sido tan importante en la sociedad como lo fue con Sadat porque, es probable que, después de la muerte del sueño panarabista de Naser, la política egipcia tornara sus ojos al Islam. Se ha afirmado, incluso, que tanto cristianos como musulmanes buscaron el refugio de la religión tras la humillante derrota de Egipto en la Guerra de los Seis Días frente a Israel, en 1967.
Los coptos se sienten discriminados. Perciben cierta hostilidad en la sociedad egipcia. Sienten que la policía no les protege y que el paro les afecta en mayor medida que a los musulmanes. No pueden construir sus iglesias en igualdad con las mezquitas y se dificultan los permisos para mantener los templos existentes. Se quejan de la creciente islamización de la educación en las escuelas, donde el pasado cristiano en la historia de Egipto ha sido deliberadamente obviado.
Además los coptos sufren la marginalización en el elefantiásico sector público egipcio, lo que les hace sentirse como ‘ciudadanos de segunda’. Y si bien ocupan cargos en los diferentes niveles políticos, nombres como el de Butros Butros-Ghali (ex ministro de AAEE de Egipto y posterior Secretario General de la ONU) o su hijo Yusuf Butros-Ghali (actual ministro de Finanzas) no pasan de ser sonoras excepciones. En las fuerzas de seguridad del Estado su presencia es minoritaria en extremo.
En el sector privado – donde tienen plena libertad de acción – son particularmente exitosos con sus empresas generando un cuarto de la riqueza de Egipto. Por esta razón, los coptos no pueden recluirse en sus iglesias y conformarse con cuotas. La respuesta a su aislamiento solo puede ser la de mezclarse con los musulmanes volviendo a estar presentes en todos los estratos económicos y ocupacionales, así como su plena participación en la vida pública.
Al igual que sucede con la comunidad musulmana, tampoco los coptos son una entidad socio-política cerrada y homogénea. Lo que ocurre es que en el país se ha venido evidenciando una progresiva radicalización religiosa patente en ambas comunidades. Esta tendencia es tanto más peligrosa cuanto que viene acompañada de una gran ignorancia recíproca. Los prejuicios incrementan la mutua desconfianza. Una desconfianza que en el caso copto es además alimentada por las críticas provenientes de la poderosa diáspora extranjera consideradas como una injerencia externa. Esto fue lo que en parte ocurrió con la Segunda Conferencia InternacionalCopta, convocada en Washington en 2005 al tiempo que se celebraban en Egipto las elecciones parlamentarias. En 2008 se consiguió que la Tercera Conferenciatuviera lugar en El Cairo con el título de “Conferencia para la activación de la ciudadanía en Egipto”.
Shenuda III, el jefe espiritual copto
El 117° Papa de Alejandría y Patriarca de la sede de San Marcos inició su largo papado el 14 de noviembre de 1971. Su avanzada edad lleva a plantearse preguntas relativas a su sucesión.
Su Santidad Shenuda III ha presidido la expansión mundial de la Iglesia Copta Ortodoxa, ordenando los primeros obispos de la historia para las diócesis norteamericanas, a los primeros obispos del continente australiano y la primera Iglesia Coptaen Sudamérica. También consintió la creación del Patriarcado de Eritrea en 1993, ordenando a sus Patriarcas. Es conocida su lucha para la unidad del Cristianismo y, desde los años 70, ha defendido el diálogo interconfesional entre las distintas facciones cristianas.
A finales de la presidencia de Sadat, las tensiones se intensificaron, culminando con un decreto presidencial ordenando el confinamiento del Papa Shenuda III en un monasterio. En 1985 el actual presidente Hosni Mubarak revocó el decreto iniciando una etapa marcada por una buena relación personal entre ambos y un gradual acercamiento entre las dos comunidades – con constantes retrocesos, como muestran los problemas que se repiten y no acaban de resolverse-.
En las elecciones presidenciales de 2005, el Papa Shenuda pidió el voto para el presidente Mubarak, en el poder desde 1981. La valoración de esta actitud fue distinta dentro y fuera de Egipto. Hubo quien vio en ella una simple muestra de pleitesía, mientras otros consideraron que, frente a la creciente islamización de la sociedad e inseguridad, buscaba la protección del pragmático y antifundamentalista Mubarak.
Es de celebrar la buena sintonía entre ambos pero la convivencia entre las comunidades no puede depender ni mucho menos únicamente del afecto entre sus líderes. El entendimiento entre sus sucesores – Mubarak tiene 82 años y Shenuda III es cinco años mayor que él – será básico pero más importante aun es la creación de un marco legal de convivencia efectivo y aceptado por todos.
El régimen autocrático de Mubarak
Tras el asesinato de Sadat en 1981 se decretó el estado de emergencia. Al amparo de esta situación de emergencia vigente todavía, las fuerzas de seguridad han practicado la persecución metódica de sospechosos de pertenecer a grupos terroristas, abundando en las detenciones arbitrarias y el procesamiento de civiles por tribunales de excepción militares. Esta situación ha permitido al régimen limitar los derechos civiles, la libertad de culto, la libertad de información y prensa y el juego político interno.
En sus casi treinta años en el poder, Mubarak – carente del carisma de sus antecesores en el cargo – se convirtió sin embargo en un factor de estabilidad para Occidente en el polvorín de Oriente Próximo. Y con medidas enérgicas, aunque de más que dudosa legalidad democrática, ha combatido el poder en ascenso del islamismo y, en particular, los Hermanos Musulmanes.
La organización de los Hermanos Musulmanes se fundó en 1928 y tras su ilegalización en 1954 y la fuerte represión sufrida en los años de Naser, se escindió dando lugar a algunos grupúsculos radicales que derivaron más tarde en células terroristas cuyos atentados han venido golpeando Egipto regularmente. Sin embargo, no parece que la solución sea – como hasta ahora – ilegalizar la organización como tal. En las últimas elecciones legislativas de 2005 fueron la segunda fuerza más votada, lo que consiguieron presentando sus candidatos como independientes.
Ahmed Nazif, Primer Ministro, encabeza el ejecutivo. El partido gubernamental, el Partido Democrático Nacional (NDP, por sus siglas en inglés) fue creado por Sadat. Ha introducido necesarias reformas económicas, pero creando a su vez una gran elite corrupta. Las medidas liberalizadoras – que no han venido acompañadas de las correspondientes reformas políticas – tampoco se han mostrado suficientes para reducir los altos índices de pobreza, que según la ONU afectan al 40 por ciento de los egipcios.
Sería deseable que a estas próximas elecciones legislativas de noviembre-diciembre los Hermanos Musulmanes pudieran presentarse como tal organización. Constituyen la principal fuerza de oposición en el Parlamento y en la calle. Si tienen tanto respaldo es precisamente porque se ha cerrado el espacio político a la oposición y no existen válvulas de escape para canalizar el descontento. El Islam cumple – además de la religiosa – una muy importante función social y asistencial y debe poder participar en las elecciones sin restricción si muestra su postura inequívoca en cuestiones básicas de convivencia democrática (la alternancia del poder en democracia, los derechos de la mujer, los derechos fundamentales y la libertad religiosa para todos…).
De igual manera, los coptos han de poder participar de forma plena en el proceso político y tener garantizado un total acceso a las instituciones, el sector público y el mercado de trabajo.
El peligro de un vacío de poder
Las próximas elecciones presidenciales tendrán lugar en septiembre de 2011. Las pasadas de 2005 apenas se diferenciaron de otras anteriores. Gracias a una tímida reforma constitucional, un mínimo pluralismo sustituyó la posibilidad de votar simplemente sí o no respecto a un único postulante. Y el movimiento de los Hermanos Musulmanes, con una amplia base popular, no pudo participar.
Safuat al Sharif, secretario general del NDP, ha afirmado que Mubarak es es el único candidato de la formación para los comicios presidenciales del 2011. Mubarak fue operado en marzo en Alemania. Todo apunta a que está muy enfermo aunque en los medios egipcios se prohibe hablar del tema. La constitución egipcia no regula el cargo de la vicepresidencia, una cuestión que podría resultar decisiva en los próximos meses. Una situación de vacío de poder en un país del peso demográfico y geoestratégico de Egipto puede tener nefastas consecuencias.
Entre los candidatos a suceder a Mubarak contaría con mayores posibilidades su hijo menor Gamal Mubarak. Un tecnócrata, vicesecretario general del NDP, no parece desear suceder a su padre y preferiría que éste volviera a presentarse lo que no es ya muy probable. De carácter débil no tiene como los presidentes anteriores una carrera militar. Le apoya, no obstante, el sector empresarial del partido y la plataforma “Coalición Egipcia de Apoyo a Gamal Mubarak”, que tiene libertad para recabar firmas, abrir oficinas e imprimir y pegar carteles pese a no estar todavía legalizada como organización.
No goza, en cambio, del beneplácito presidencial Omar Suleimán, jefe de los servicios secretos, favorito del ala militar del partido y gran amigo y aliado de Mubarak, si bien éste prefiere dejar la presidencia en herencia a su hijo. Es lo que indica la decisión del régimen de silenciar la campaña de apoyo a Suleimán prohibiendo a los medios de comunicación que le mencionen. Además sus 74 años lo situarían como un candidato transitorio.
De momento, el tercero en discordia es el ex director de la Agencia Internacional de Energía Atómica y Nobel de la Paz, Mohamed el-Baradei. Para salir de la dicotomía autoritarismo-fundamentalismo, la suya puede ser una alternativa creíble. Y aunque hasta ahora el-Baradei ni confirma ni desmiente su candidatura, su campaña despierta expectativas de cambio. El posible candidato pronostica que el año que viene habrá un cambio en la Jefatura del Estado y ha pedido a los electores que no voten en las elecciones legislativas próximas porque van a ser manipuladas – un boicot que deslegitimaría al régimen. Ha subrayado que la desobediencia civil es la última medida a la que se debe recurrir si las autoridades continúan ignorando a quienes exigen reformas y ha instado a sus simpatizantes a reunir entre dos y tres millones de firmas para finales de este año.
Para presionar al Gobierno, el-Baradei propone que se firme una petición que incluye siete demandas para exigir unas elecciones libres y justas y los cambios constitucionales necesarios para que cualquiera que esté cualificado pueda concurrir a las presidenciales, sin las actuales cortapisas a los independientes. Y, desde luego, que se derogue la Ley de Emergencia cuyas leyes de excepción se están usando desde hace tres décadas para reprimir la disidencia.
La mayoría de los representantes de la dispersa oposición egipcia quisieron sumarse a lo que se ha llamado ‘Asociación Nacional por el Cambio’. Para cambiar el modelo de gobierno unipersonal por uno basado en las instituciones, el-Baradei se ha mostrado abierto al diálogo con todos: los Hermanos Musulmanes, los coptos, socialistas… Pero la oposición sigue dividida. Los Hermanos Musulmanes – el principal grupo opositor – y el partido Wafd – liberal y nacionalista – han dicho que participarán en las legislativas.
La Red, campo principal de la lucha política en Egipto
Internet se ha convertido en uno de los pocos escenarios públicos donde la oposición y las voces a favor del gobierno pueden discutir abiertamente. La irrupción de el-Baradei es sintomática de la revolución en las tecnologías de la información en lo referente a la organización de la oposición y la reacción ante la violación de los derechos humanos. Los egipcios, a pesar del miedo, han abandonado la apatía y han comenzado a protestar ante los recientes excesos de las fuerzas de seguridad que, como revela en sus informes Amnistía Internacional, emplean la tortura de forma sistemática.
Se estima que 3.4 millones de egipcios están en Facebook, según Spot-On, una empresa de relaciones públicas, lo que convierte Egipto en el número uno del mundo árabe y número 23 a nivel global. Casi dos millones de usuarios egipcios de Facebookson menores de 25 años. La muerte del joven empresario egipcio Khaled Said en junio pasado, presuntamente víctima de brutalidad policial, y las imágenes posteriores en YouTube causaron una ola de protestas sin precedentes.
Internet no es una panacea, pero ha conectado a los egipcios y ha amplificado su voz. Y ha dado a la juventud del mundo árabe – una cuarta parte de la población egipcia tiene una edad comprendida entre los 18 y los 29 años – una plataforma desde la que puede hacer oir su protesta. En la Red las fuerzas de la oposición pueden conseguir los niveles de apoyo que nunca podrían tener en la calle.
Tras décadas de un control absoluto y omnímodo de las instituciones y los medios de comunicación por parte del régimen, Internet ha sido el canal que ha facilitado la movilización de los simpatizantes de el-Baradei. Su grupo de seguidores en Facebook cuenta con casi 250.000 miembros y es un instrumento crucial en las diversas movilizaciones de protesta emprendidas contra injusticias y excesos de todo tipo.
Hasta ahora el-Baradei ha conseguido reunir cientos de miles de firmas para su petición en los centros urbanos a través de Facebook yTwitter. Miles de jóvenes voluntarios llevan el mensaje por las zonas rurales donde impera el analfabetismo (30 %) y la miseria.
No está claro si esta oposición en la Red puede, a su vez, desafiar a un aparato de seguridad bien establecido. Pero lo cierto es que ha obligado también a los partidarios del gobierno a utilizar el escenario de Internet: creadores anónimos presentan una web que contiene imágenes de la hija de el-Baradei, Laila, en eventos donde sirve bebidas alcohólicas y vistiendo un bikini en una playa. El objetivo parece desacreditar la campaña de su padre a favor de un cambio político y una posible candidatura a la presidencia en un país con mayoría musulmana.
Los Hermanos Musulmanes respaldan la candidatura de el-Baradei “para el cambio” y el establecimiento pacífico de un estado islámico. En un artículo en Internet, manifestaron que la democracia era ‘más importante que el bikini de Laila el-Baradei’.
Como otra muestra de nerviosismo se puede interpretar el fotomontaje realizado por el periódico oficialista Al-Ahram, el más influyente en lengua árabe de Oriente Próximo, tanto en su edición digital como en la impresa. En el fotomontaje, y con ocasión de las conversaciones de paz entre israelíes y palestinos en la Casa Blanca, se ve a Mubarak abriendo camino sobre una alfombra roja seguido de los demás líderes. En la imagen auténtica, era el presidente de EE.UU., Barak Obama, el que encabezaba la comitiva. La manipulación fue detectada por el bloguero egipcio Wael Jalil y en seguida ha desatado en la blogosfera opositora numerosas parodias.
Ejemplo para el mundo árabe y África.
La política de Occidente hacia el mundo árabe ha sido un completo fracaso. La estabilidad se consigue con gobiernos elegidos. Hay que apoyar la democracia. Si se sustentan las dictaduras pueden obtenerse resultados a corto plazo, pero acaban generando más pobreza y extremismo.
Quizá los egipcios están empezando a perder el miedo y si es así se debe a que están viendo la relación entre la situación política y la falta de desarrollo económico y social. Hay muchas más opciones entre la simple disyuntiva autoritarismo o terrorismo. Ahora es necesaria la voluntad de actuar juntos y en libertad. Si se consigue, Egipto se convertirá en ejemplo a seguir para todo el mundo árabe así como para el continente africano.
La solución de la ‘cuestión copta’ y la legalización de los Hermanos Musulmanes, esencial para una verdadera unidad, pasa por un reconocimiento pleno y una garantía efectiva del principio de libertad religiosa. Más allá de esto, el debate ha de trascender el ámbito de la comunidad religiosa y servir para el fortalecimiento de la noción de ciudadano y de las libertades democráticas del pueblo egipcio en su totalidad.
Da la impresión de que los españoles habíamos decidido desarrollarnos con fuerza a través de aquellos sectores que no originasen muchos problemas. Como consecuencia de ello, planteamos avanzar a través de mecanismos que no nos exigiesen inmediata competencia internacional. He ahí la causa común de la prioridad que se otorgó al turismo, y, después, a la construcción. Se trata de sectores donde la cuestión de competitividad española respecto a la extranjera no iba a crear agobios significativos a nuestros empresarios. En el siglo XXI, y en relación con el sector inmobiliario eso se acentuó en grado sumo. Pronto esta última apuesta originó, inmediatamente, un problema importante: el de cómo avanzar de esa manera, poniéndonos, con una economía muy abierta, de espaldas al exterior, lo que forzosamente motivaba que con esa expansión en la industria de la construcción no creábamos una economía capaz de vender multitud de productos a otros países. Pero, de momento, los españoles parecería que no teníamos por qué preocuparnos demasiado por un problema fundamental, el de la productividad dentro de una economía activa, desarrollada, importante, como era nada menos que nuestra economía industrial. Ahí radica el fallo, porque ese, éste de la productividad, era un tema esencial, que nosotros, los españoles, no podemos soslayar y dejar a un lado. Julio Segura demostró en un estudio que ha dirigido, de qué manera la productividad total de los factores —esto es, no sólo la productividad del trabajo, que muchas veces ofrece cifras engañosas, sino, repito, la productividad total de los factores—, coloca a España en una situación internacional realmente lamentable. Nosotros parecíamos olvidar algo muy esencial. Y he aquí que para intentar obviarlo, nos dedicamos a endeudarnos. Esta actitud provocó un proceso colosal, que ha pasado a afectar al conjunto de la economía española. Progresábamos, y parecía que era fácil y que se provocaba por hallarnos en otro mecanismo que se había puesto en marcha a partir de 1959. Porque no sólo, dentro del proceso de apertura, ingresábamos primero en el GATT, la actual OMC y después pedíamos ingresar en la CEE, dando el primer paso con el Acuerdo Preferencial Ullastres en 1970, y finalmente, con la incorporación plena a partir del 1 de marzo de 1986, sino que, sucesivamente ingresábamos en el FMI, y con ello en el patrón oro-dólar, y tras quebrar éste, pasamos a ser miembros del Sistema Monetario Europeo, o patrón marco alemán, y, finalmente, tras Maastricht, decidimos participar en la creación de un área monetaria óptima, la zona del euro, que empieza a funcionar el 1 de enero de 1999, y dentro de ella perdemos el control del tipo de cambio, con la moneda única, ya que quien decide este tipo de cambio son los mercados, y su control y observación, el BCE, y lo mismo respecto al tipo de interés. Pero, simultáneamente, ni habíamos mejorado nuestra situación en la productividad ni tampoco eliminado rigideces en el mecanismo de los mercados españoles, a diferencia de lo que ocurre en el resto de esa área monetaria. Así es como se creaba una inflación más alta que la media de la Eurozona. Y al tener una inflación superior respecto al resto de países del área del euro, y sobre todo, frente a los que controlaban aspectos fundamentales del BCE, que por ello estaban dispuestos a que existiesen, para impulsar sus economías, tipos de interés bajos, esto provocó para España, al tener una inflación más alta que los tipos de interés que fijaba el BCE, que pasábamos a disfrutar de unos negativos. Así se creó el mecanismo ideal para tener unas posibilidades de endeudamiento colosales. Efectivamente, nos endeudamos en todos los sectores, y ese endeudamiento ha acabado por ser impresionante.
Los últimos datos que se han manejado alrededor de este fenómeno, concretamente los de María Jesús Fernández en su artículo El endeudamiento de los sectores institucionales en España, publicado en Cuadernos de Información Económica, julio-agosto 2010, reflejan que el endeudamiento de las familias en el año 2008 era el 83’9 % y en el 2009 del 86’2% del PIB; el de las empresas no financieras el 136’2% del PIB en 2008 y el 140’5% en 2009, y el de las empresas financieras del 358% del PIB en el 2009. En el año 2008 el sector público tenía sólo un endeudamiento del 46’5% del PIB, según Cuentas Financieras y un 61’8%, en 2009. Pero según el Procedimiento de Déficit Excesivo (PDE), muy empleado en Europa para las contabilizaciones de la deuda pública, un 39’7% en 2008 y un 53’2%, según PDE. Como señala María Jesús Fernández “la suma de la deuda bruta de todos los sectores institucionales ofrece como resultado un volumen equivalente al 646,7 por 100 del PIB en 2009. La cifra es algo superior a la media de la zona euro…, aunque en países como Japón, Holanda o Reino Unido es incluso superior”. Pero ésta es una cifra sin consolidar. De este modo, “excluyendo los depósitos, el volumen de deuda bruta total… ascendía en 2009 al 397% del PIB”. La comparación con la Eurozona muestra una cifra española ligeramente superior. Y consolidando absolutamente entre sí todos los sectores, se obtiene la deuda bruta de España frente al resto del mundo. Ésta era del 42’8% del PIB en 1995 y en 2009, supone el 166’6%. Y si pasamos a la deuda neta, esto es, descontando de la deuda de agentes españoles frente al resto del mundo la deuda emitida por el resto del mundo en manos españolas”, la cifra es del 89’7% del PIB, con un fuerte crecimiento, pues era del 5’1% en 1995. Según Eurostat sólo tienen un porcentaje ligeramente superior al español, Portugal y Grecia. Y si contemplamos el dato de los activos financieros netos frente al exterior, surge una posición española deudora neta del 90’7%. Sólo nos superan ligeramente, de nuevo, Portugal y Grecia, y se aproxima bastante Irlanda. El grupo de los PIGS es, pues, visible.
Parte de esa deuda externa estaba detrás de algo que iba a causar un trauma reflejado en un texto del director del IESE, el profesor Juan José Toribio. Éste nos dice que la fuerte crisis financiera inmobiliaria, que en nuestro caso concreto, era la que basaba la actividad económica española, estaba financiándose con el ahorro extranjero. Los bancos españoles emitían bonos fuera del país y obtenían dinero para financiar, en especial, al sector inmobiliario, con cantidades crecientes además. Y éste es el mecanismo que se utilizó, y con el que estábamos contentos, porque aparentemente íbamos creciendo sin apuros. Era un crecimiento, pues, con endeudamiento. ¿Qué ocurre inmediatamente como consecuencia de que surge una crisis financiera que azota a un conjunto de situaciones españolas: economía muy abierta, que ha abandonado las tecnologías más avanzadas, esas que generan aumento de productividad; que sólo parcialmente ha aceptado la economía de mercado, porque las autonomías y municipios han cerrado en lo que pudieron ese sendero, o que con sus disposiciones en parte notable también han dividido el propio mercado español, el cual se ha endeudado con mucha fuerza, y ha apostado a un sector que ha crecido mucho más que las posibilidades de desarrollo y de compra que pudiera tener, como era el sector inmobiliario? Pues que a lo largo del tiempo es lógico que se vayan a cortar las posibilidades de endeudamiento o sea, de financiación. Esa economía, está por ello, fuertemente frenada, porque tras el verano de 2007, quien podía prestar para continuar ese proceso, decide que no es capaz de seguir respaldándolo. A continuación, por fuerza se hunde.
¿Y cual es la característica y la señal clarísima de que prosigue la exigencia de ese endeudamiento? En primer lugar, por la situación que tenemos respecto al exterior. El déficit comercial, en el conjunto de los 12 meses que terminan, en mayo de 2010, fue de 69.500 millones de euros. Sólo nos superan, en los 42 países que significan algo en la economía del mundo, por este orden, Estados Unidos, el Reino Unido y la India.Yeso sucede en medio de una de las mayores crisis que ha tenido la economía española medida por la caída del PIB. El déficit ha sido ése y no mayor porque se cortaron las importaciones como consecuencia de la recesión. Y aun ampliamos el problema cuando pasamos al déficit por cuenta corriente, esto es, cuando incluimos todas las otras transacciones desde los envíos de intereses de capitales, a las remesas de los inmigrantes, etc., etc. El saldo negativo, en los doce meses que concluyen en mayo de 2010, era para España de 75.400 millones de euros. Y esa cifra, ¿es pequeña o es grande? En las mencionadas 42 economías, la única que tiene un déficit mayor por cuenta corriente es la norteamericana. Teniendo España un PIB muy inferior al norteamericano, porcentualmente la carga española es muy alarmante y más porque no podemos devaluar.
Además de todas las alteraciones estructurales reseñadas, España había experimentado otra muy importante en su sistema fiscal. En 1978-79, se puso en marcha, esencialmente personificando buena parte del sistema, la reforma tributaria Fuentes Quintana-Fernández Ordóñez, que sustituía al sistema impositivo anterior, que hasta entonces era el de imposición real derivado de la reforma Mon-Santillán, la de 1845. Pero, a pesar de esta mayor flexibilización, y del complemento, a causa del ingreso comunitario, del IVA, era evidente que no cabía imaginar un incremento importante del gasto, porque, desde nuestro ingreso en el patrón oro-dólar, se había cerrado el procedimiento de monetizar la deuda pública. Ésta tendría que acudir al mercado normal del ahorro que, como hemos visto, es en buena medida el exterior. Claro que esto, por sus consecuencias, no era aconsejable. De ahí que se decidiese capear el temporal, si se lograba, gracias a ayudas comunitarias mayores, y desde luego con la liquidación de activos en forma de privatización de empresas públicas y con restricciones en el gasto público. Esto es lo que se encuentra detrás del modelo Aznar-Rato. Pero, desde 2007, el camino fue otro. Al intentar mejorar la situación por el sendero del gasto público, no tener ya grandes activos que vender, y encontrarse España, en parte por la crisis general y, en parte por la ampliación de la Unión Europea, con un corte de las ayudas comunitarias, no tuvo más remedio que acudir al ahorro exterior, y esto con un déficit del sector público, que en el año 2009 alcanzó la cifra del 11,4% del PIB.
¿Esta última cifra es importante? El Instituto de Estudios Fiscales ofrece los datos de nuestros déficit desde 1850, y como también desde 1850 tenemos anualmente las cifras del PIB, podemos calcular los porcentajes. Así se puede observar que nunca, desde ese año del siglo XIX, habíamos tenido un desequilibrio del sector público tan fuerte como en 2009. Este es otro dato escalofriante, y además con un añadido: el control posible es reducido porque el conjunto del gasto vinculado directamente al Estado es del orden del 20% de todo el gasto público: las autonomías, otras instituciones dependientes del gasto público, como empresas públicas, la Seguridad Social… completan el 100%. Por tanto, controlar esto es una tarea ardua, incrementada por otro cambio estructural. A partir de 1963, y crearse el Sistema de Seguridad Social, se liquidó, para financiar las pensiones, el método de capitalización, sustituyéndolo por el de reparto. Como demostraron en un informe contundente Barea et al., al alterarse el panorama demográfico y la coyuntura económica, así se crea un coste adicional. El financiarlo recae sobre los empresarios, y provoca, por fuerza, frenos a la inversión y fomento del desempleo. Pero ¿puede llegar, por lo dicho, alguna ayuda del Presupuesto del Estado? Parece muy difícil. La crisis del Estado fiscal español, está a la vista.
Es curioso que un hombre, interesado en la dinámica del deseo que se perfila en la gran tradición de la novela realista y que más tarde examina con detalle el ritual y el potencial semántico de los mitos y tradiciones religiosas, haya cobrado actualidad y sea, si se permite la expresión, un hito importante para comprender cuestiones tan actuales como la violencia terrorista, el anhelo religioso o la raigambre ritual de las culturas. Tal vez porque lo que hace Girard es dar contestación a quienes, en la estela de cierto relativismo cultural —que se vio, en su momento, como una exigencia metodológica para todo antropólogo—afirman que el hombre de hoy no es como el de ayer. Nada ha cambiado para este pensador francés que confiesa que desde que comenzó en su tarea investigadora su propósito “ha sido encontrar lo invariante”.
Su actitud es un aldabonazo en el contexto posmoderno y ello por varios sentidos. En primer lugar, porque su búsqueda de lo común y permanente —de lo invariante- pone en entredicho la reivindicada importancia de la diferencia que tanto ha afectado a la antropología cultural, hasta el punto de que esta disciplina ha terminado conformado un collage de culturas en el que queda poco espacio para el hombre. Y, en segundo término, porque la metodología de Girard ha hecho palidecer la hybris desnortada del cientificismo, que pretende explicarlo todo, aunque sea a costa de desnaturalizar los fenómenos.
Si Girard rechaza la fría mirada del científico social no es solo porque este último cosifica aquello que estudia, sino porque considera que sus fines y temas escapan a su dominio. Lo que puede ser considerado ciertamente como impostura —acudir a fuentes literarias y religiosas—es también una de sus exigencias metodológicas:
“En lugar de interpretar las grandes obras maestras de la literatura a la luz de las teorías modernas, debemos criticar las teorías modernas a la luz de esas obras maestras una vez que se haya hecho explítica su voz teórica”.
Hacer explíticita la voz teórica de las grandes obras de la literatura: a ello se dedicó al comienzo de su obra, con unos resultados que quizá ni él mismo sospechaba. Porque lo que puede ser paradójico para la comunidad científica es para Girard una verdad insoslayable, la de que en Shakespeare, Cervantes, Proust o Dostoievesky, entre otros, se puede aprender más sobre el hombre y su cultura que en todo lo que una plétora de expertos pueda certificar en sus revistas de investigación. De esa forma, la obra de Girard es originariamente literaria y así hay que leerla si se quiere comprender su potencial teórico.
LA RIVALIDAD MIMÉTICA
Girard termina con algunos tópicos, con ciertos fantasmas que circunvalan el pensamiento contemporáneo, pero lo hace analizándolos en sus orígenes modernos y denunciando la visión constructivista de cierta ciencia social. No es casual, por ello, que en su primera obra Mentira romántica y verdad novelesca (1961), acuda a los grandes novelistas del XIX para establecer una genealogía del deseo. El deseo, se pensaba, nacía de forma independiente, era algo absolutamente subjetivo. He ahí, por cierto, la idea del individuo aislado y autónomo de la modernidad. Sinembargo, partiendo del análisis de ciertas novelas, Girard elabora una teoría realista del deseo que socava, como acertadamente ha indicado Javier Gomá, el modelo de individuo no determinado y sometido a las únicas decisiones de su libertad. El deseo se estructura en una relación triangular compuesta de dos sujetos que pugnan y se enfrentan por un mismo objeto.
La idea de Girard es que el deseo de uno se constituye en la medida en que se ve en el espejo —no importa si claro o turbio— de otro individuo que desea. Se conforma, pues, intersubjetivamente. Se trata de una relación de aguda reciprocidad, en la que cada uno se conforma para el otro en obstáculo-modelo. Aludiendo a las tramas de las grandes novelas del siglo, el pensador francés se percata de que los individuos comienzan a desear objetos porque imitan las conductas de su contra parte. Este fenómeno es posible encontrarlo en las narraciones románticas, en las que la mujer aparece como el objeto deseado —mujer deseada y dos amantes rivales—. Pero la dinámica del deseo es tan intensa que termina reemplazando el objeto. Girard concluye entonces que en la relación mimética lo de menos es, finalmente, el objeto deseado; lo que importa, a fin de cuentas, es la orientación mimética de un individuo en función de la conducta del otro, de lo que el otro desea.
Esta teoría del deseo mimético tenía que sonar novedosa en el ámbito de una cultura que, como confesaba Girard, todavía entendía la imitación en los términos en los que Aristóteles se refirió a ella en su retórica. En efecto, la mímesis era un término usual en el campo estético y también pedagógico, pero a diferencia de la acentuación envidiosa que revela Girard, en ellos mantenía un significado positivo.
La imitiación o emulación servía, en este sentido, como forma de superación del hombre ya que el otro servía como ejemplo o guía en la orientación de la conducta propia.
Girard, sin embargo, cree que aludiendo al carácter competitivo y potencialmente violento de la mímesis se recupera su sentido original, un sentido que empieza a oscurecerse en Platón y que termina ahogado en la interpretación aristotélica. En realidad, el deseo mimético es naturalmente conflictivo porque abre la espita a la violencia: “Si un invididuo, explica el autor francés, imita a otro cuando este último se apropia de un objeto no puede seguirse de ello sino rivalidad y conflicto”. De ahí que la mímesis desemboque en lo que denomina “rivalidad mimética”.
Pero ¿qué supone para la ciencia social el que Girard haya encontrado similitudes estructurales entre novelas románticas? Primero, que la regularidad con la que Girard encuentra esas relaciones triangulares le permite formular una hipótesis. Segundo, con perplejidad se percata pronto de que esa estructura triangular aparece no sólo en el siglo XIX: es común en las tragedias griegas, se muestra también en la Divina Comedia y en el Quijote, pero asimismo puede encontrarse en las grandes novelas del siglo XX. Dice Girard que “la enorme importancia asignada a la mimesis durante toda la historia de la literatura occidental no puede ser un mero error; tiene que haber una razón profunda de ese énfasis, una razón que nunca fue explicada”. Y, en tercer lugar, afirma que es la potencialidad explicativa de esa teoría la que le permite enfrentarse a las simplificaciones del estructuralismo y a la visión reduccionista del psicoanálisis. La teoría del deseo mimético se convierte, de esa forma, en una suerte de meta-teoría, tan denigrada hoy día, que permite explicar con coherencia los aspectos más importantes de la vida social.
EL CHIVO EXPIATORIO
De la teoría de la literatura, Girard abre sus intereses especulativos y se adentra en la antropología cultural. El deseo y la mímesis constituyen, en realidad, una de las motivaciones de la acción humana, si no su motivo principal. Y gracias al deseo, los hombres se ven reflejados en otros hombres, actúan en función de los otros, de forma que se conforman como seres sociales. El problema es que, como se ha indicado, el deseo mimético provoca conflicto y rivalidad. Esta rivalidad entre dos sujetos se expande a lo largo y ancho del tejido social y da lugar a la espiral interminable y brutal del conflicto.
En el fondo, esta tesis de Girard puede recordar la guerra de todos contra todos de la que hablaba Hobbes. Porque si, en efecto, el deseo mimético tiene algún sentido social (es lo que permite que las conductas de los individuos queden engranadas), es potencialmente tan violento que llega a ser destructivo. ¿Cómo conciliar la idea de sociedad, de orden pacífico, con el origen violento del deseo mimético? Para ello el pensador francés recurre a la teoría del chivo expiatorio.
Desde el momento en que Girard llegó a la conclusión de que era posible extender sus hipótesis al campo de la antropología, comenzó a estudiar culturas arcaicas, mitos y leyendas, llegando a la conclusión de que el hecho fundacional de las comunidades humanas es siempre algo que pone fin y clausura la violencia mimética y hace posible el orden pacífico. Lo que quiere indicar es que si a partir de la extensión del deseo mimético se generaliza la violencia, sólo quedan dos caminos. O bien la cólera y la rivalidad llegan a un grado tal de destrucción que consumen a la misma comunidad —y ésta desaparece—, o bien se lleva a cabo un acto radical de reconciliación. Pues bien, la reconciliación es posible si la rivalidad contenida y la violencia expresa convergen en un víctima, la víctima propiciatoria. Esa víctima, designada por el colectivo de forma unánime, concita el odio y la violencia hasta el punto de que su inmolación interrumpe la dinámica violenta del deseo mimético y salva a la comunidad de su autodestrucción.
La cultura y la sociedad, entonces, tienen un origen violento en la medida porque se fundan en una víctima sacrificada en aras de la comunidad. Al concitar los odios, no sólo permite la diferenciación pacífica entre los miembros del colectivo, sino que también asegura el mantenimiento de su continuidad existencial. Además, el chivo expiatorio adquiere una doble significación: por un lado, para acabar con la violencia, se cree que de él proviene todo mal, todo odio, todo conflicto; pero, de otro lado, al hacer posible la convivencia social, es también un bien a posteriori, porque su remembranza sacrifical se asienta la permamencia de la vida social y porque con su sacrifico adviene la paz.
No pueden separarse ni diferenciarse temporalmente las inquietudes de Girard, porque su obra revela una continuidad y coherencia sorprendente, pero su interés por el fenómeno religioso se acreditó en su estudio exhaustivo de la mitología y los ritos arcaicos, estableciendo el nexto entre la violencia y su supresión por lo sagrado. Como se ha advertido ya, Girard no sólo critica aquellos intentos de explicar el origen de la cultura y de las instituciones a partir de moldes más modernos, sino que comprende los grandes relatos fundacionales —griegos y bíblicos, por ejemplo— como respuestas a los mecanismos de la violencia mimética y del chivo expiatorio.
Resulta escandaloso afirmar, como hace Girard, que la sociedad tiene unos fundamentos rituales y religiosos y que son estos fundamentos lo que permiten la convivencia entre los hombres. Lo es hasta el punto de exclamar que “la humanidad es hija de lo religioso” y que “lo religioso es la madre de todo”. Pero también puede resultar políticamente incorrecto acercarse con una mirada tan libre de prejuicios a los rituales antiguos. Porque lo que se ha considerado como muestra y ejemplo de irracionalidad extrema —la religión, los mitos y todas sus narraciones—a la postre aparecen como elementos indispensables de la vida social, no sólo de la antigua, sino también de la contemporánea.
La revelación de la tradición judeo-cristiana
En La violencia y lo sagrado se estudiaba el mecanismo de la violencia y del chivo expiatorio en las religiones primitivas y en las narraciones míticas griegas; en su epílogo, sostenía que su teoría tenía que extenderse al complejo que forma la tradición judeo-cristiana y, a partir de ahí, generalizarse a toda cultura. Lo que no pudo prever el autor francés, en su momento, es la gran diferencia que representa esta última tradición.
Girard se educó en un contexto cristiano, pero abandonó la fe en la adolescencia. Tampocopudo prever entonces que sus intereses teóricos en el ámbito de la antropología le llevarían a la conversión ya en su madurez. En el conjunto de entrevistas que se recogen en uno de sus libros más interesantes, El origen de la cultura, Girard reconoce que la teoría literaria le condujo a la antropología, la antropología a la Biblia y ésta a la superioridad del cristianismo, lo que decidió su conversión. Este hecho le ha granjeado muchas enemistades entre los especialistas, que veían con asombro cómo Girard recurría a los Evangelios como fuente de conocimiento. En cualquier caso, a su juicio entre ciencia y fe religiosa no puede darse contradicción alguna, en la medida en que ambas tienen el mismo objetivo: comprender la realidad.
Frente a la tradición mítica, que pone fin a la violencia gracias a un chivo expiatorio, pero que asegura su eficacia negando su carácter, la Biblia representa un paso importante porque en ella se reconoce antes de su inmolación. La Sagrada Escritura constituye, de ese modo, el primer texto que denuncia no sólo la violencia que funda la sociedad y sus instituciones, sino precisamente su carácter inmoral.
De ahí que Girard en innumerables ocasiones aluda a la superioridad de la cultura judeo-cristiana. Caín mata injustamente al inocente Abel, Cristo, el Hijo de Dios, muere por todos los hombres. Las víctimas siguen concitando la violencia, siguen apagando con su muerte la rivalidad fundacional, pero la tradición judeo-cristiana desenmascara el mecanismo del chivo expiatorio o, lo que es lo mismo, da lugar a un proceso de desmitificación. Girard entiende, pues, en términos culturales lo que supuso el acontecimiento extraordinario de la muerte de Cristo, en quien converge toda violencia, quien redime todo pecado, pero que es la víctima más inocente.
Así explica: “Los mitos antiguos están contra la víctima, mientras que la Biblia está a favor de ella”. La diferencia no es baladí y no lo es, sobre todo, para el acontecer histórico. La cultura nacida de la herencia judeo-cristiana supone un avance en relación con otras visiones culturales en la medida en que nos permite tomar conciencia de nuestros orígenes, revelándonos el acto injusto que permite la vida social. Pero lo hace traspasando al hombre la responsabilidad por su propio futuro, es decir, exigiendo al hombre decidirse en una disyuntiva trágica: la que le lleva a abandonar toda forma de rivalidad y de violencia, como manda Cristo, o el camino que conduce a su propia autodestrucción. “Jesús salva a los hombres, comenta Girard, porque su revelación del mecanismo del chivo expiatorio, al privarnos cada vez más de protección sacrifical, nos obliga a abstenernos crecientemente de practicar la violencia si es que queremos sobrevivir. Para alcanzar el Reino de Dios, el hombre debe renunciar a la violencia”.
La visión apocalíptica de Girard
Sus reflexiones sobre el fenómeno religioso o, mejor dicho, sobre las funciones sociales de la religión, obligan a pensar que el porvenir de una sociedad como la nuestra, que se concibe a sí misma como secularizada, no se antoja muy halagüeño. Y, ciertamente, Girard cree que hoy mismo podemos observar un estado de extrema ruina, de violencia desmesurada y no sólo en los conflictos armados: una sociedad consumista es una sociedad de enfrentamiento exacerbado, aunque adopte la figura aparentemente más pacífica de los intercambios culturales.
En su último libro, Clausewitz en los extremos, publicado originalmente en 2007, Girard repite con insistencia que estamos presenciando una escalada de la violencia hacia los extremos, y apoyándose en las reflexiones sobre la guerra del militar prusiano Clausewitz, sostiene que hemos entrado en una edad apocalíptica. Se podría pensar que Girard se encuentra abocado por su propia teoría a un pensamiento pesimista, pero la verdad es que si sus premisas son ciertas, las conclusiones dejan poco espacio para la esperanza.
Pero ¿cuál es el problema? Para Girard está claro: no somos suficientemente cristianos, no estamos decididos a abandonar la violencia. El cristianismo desmitificó el mecanismo del chivo expiatorio, pero dejó demasiado en manos de los hombres. Y tras una modernidad que se preciaba de haber abandonado la senda de la religión, afirma Girard, ya no podemos recurrir a ninguna víctima propiciatoria que nos redima de esta rivalidad mimética, de este enfrentamiento sin final. “La violencia está desencadenada, hoy en día, a escala del planeta entero, provocando aquello que los textos apocalípticos denunciaban”. Sólo, a juicio de Girard, queda una salida: la conversión, es decir, la renuncia voluntaria a la violencia.
Imagen de encabezamiento: «El sacrificio de Caín y Abel», (hacia 1510), óleo sobre tabla de Mariotto Albertinelli. El archivo de Wikimedia Commons se puede consultar aquí.
Oleo sobre tabla.
TODA UNA AVENTURA EDITORIAL
La edición de Relatos de Kolimá es una aventura editorial digna de elogio, más todavía en un momento en el que el mundo editorial español aparece dominado por la apoteosis del best-seller y los libros lighty de encargo, muchos de ellos de usar y tirar. Una característica del mercado actual es la alta cantidad de títulos que se editan cada año, en torno a los 70.000, cifra espectacular que da mucho de sí, para lo bueno y para lo malo. Para lo malo, lo acabamos de decir, buena parte del aparato y del mundo editorial vive entregado en cuerpo y alma a la búsqueda de libros que supongan un bombazo, que vendan masivamente y con los que ganar dinero de manera inmediata.
En los últimos meses, en España, hemos asistido a un campeonato mundial para ver quién publicaba el best-seller más multimillonario y mediático: Dan Brown, Pérez-Reverte, Ángeles Caso, Julia Navarro, Matilde Asensi, María Dueñas, etc. Aunque algunos títulos pueden salvarse, otros muchos, la mayoría, van a la caza de un lector pasivo y acrítico que sólo busca en la literatura entretenimiento al por mayor. Ese lector, mayoritario, es el que salva las cuentas de resultados de las editoriales y hacia él se dirigen muchos de los títulos que se publican.
EL PAPEL DE LAS EDITORIALES PEQUEÑAS
Sin embargo, la industria editorial española no es tan uniforme como parece y ofrece también la oportunidad de acceder a la mejor literatura no comercial que se publica ahora en Europa y en todo el mundo y, también, a otros muchos libros que tuvieron su momento de esplendor hace años y que ahora se reeditan con gran acierto. Muchos de estos libros, de gran categoría, están revolucionando ligeramente el mercado editorial, pues las estadística demuestran que hay espacio para libros minoritarios, de pequeñas tiradas, que van dirigidos a un pequeño pero entusiasta grupo de lectores que no van como ovejitas detrás de las modas más comerciales, ni de los premios literarios más mediáticos, ni de los autores especializados en fabricar best-seller.
La lista de editoriales pequeñas e independientes crece sin parar, lo que es un buen síntoma para la industria editorial española; entre ellas, hay ahora mismo un buen número que ya están bien instaladas en el panorama literario y cuentan con prestigio, una generosa acogida crítica y una trayectoria avalada por títulos importantes. Sin querer ser muy exhaustivo, es lo que están haciendo las editoriales Minúscula, Acantilado, Nórdica, Libros del Asteroide, Impedimenta, Funambulista, Periférica, Barataria, Ikusager…
VÍCTIMAS Y TESTIGOS DEL GULAG
Esta introducción viene a cuento para destacar el gran trabajo que está realizando la editorial Minúscula, con su editora Valera Bergalli a la cabeza, rescatando lo mejor de las literaturas centroeuropeas y orientales. La larga lista de grandes obras y de autores rescatados durante sus diez años de existencia avala un proyecto muy consolidado: Joseph Roth, Soma Morgenstern, Franz Werfel, Marisa Madieri, Eduard von Keyserling, Víctor Klemperer, Giani Stuparich, Gyula Illyés, Marina Tsvietáieva, Bora Cosic, Friedrich Reck, Ana María Ortese, Alberto Savinio… Pero Minúscula ha llegado donde ha llegado porque se lo ha trabajado y, también, porque ha asumido riesgos. Y uno de ellos está siendo la publicación de Relatos de Kolimá, la gran obra del escritor ruso Varlam Shalámov, uno de los escritores marcados por la represión comunista y que, como Solzhenitsyn, con el que coincidió en repetidas ocasiones y compartió lecturas y proyectos, se dedicó después a escribir sobre su experiencia en el Gulag. Durante años la única obra publicada en nuestro país de este represaliado autor soviético, también poeta, fue el primero de estos volúmenes, el que también lleva por título Relatos de Kolimá.
Los libros de Shalámov, con los de Alexander Solzhenitsyn, con el que tuvo mucha relación, son los que han inaugurado la reciente tendencia de publicar libros que describen el terror comunista en la Unión Soviética. Yason muchos los estudios y testimonios publicados, que ponen los pelos de punta. Por ejemplo, el estudio de la profesora norteamericana Anne Applebaum, Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos(Debate) y también el monumental trabajo realizado por Orlando Figes, profesor de Historia en la Universidad de Londres, Los que susurran (Edhasa), una exhaustiva investigación que demuestra cómo “ningún otro sistema totalitario tuvo un impacto tan profundo en la vida privada de sus súbditos, ni siquiera el de la China comunista” y cómo vivieron su vida privada millones de rusos durante los años de terror de Lenin y Stalin.
NO HACE FALTA INVENTAR NADA
Entre los testimonios, destaco algunos títulos publicados recientemente. Por ejemplo, En tierra inhumana, de Józef Czapski (Acantilado), escritor polaco que murió en Francia en 1993 y que contó en este magnífico libro, entre otras cosas, su experiencia en un campo de concentración soviético y su periplo por la Unión Soviética para buscar a los desaparecidos en la matanza de Katyn. Otro testimonio impactante es el escrito por el polaco Janusz Bardach, El hombre, un lobo para el hombre(Libros del Asteroide), las memorias del autor durante sus años polacos y, tras ser reclutado por el Ejército Ruso, su posterior detención acusado de contrarrevolucionario y condena a muerte, pena que fue conmutada por diez años de trabajos forzados que los pasó en los campos de Kolimá, experiencia que revive sin ahorrar detalles en este durísimo testimonio vital. También el relato biográfico, muy sencillo, escrito por la polaca Esther Hautzig, La estepa infinita (Salamandra), donde cuenta su vida en el seno de una familia judía en Vilna (Polonia) hasta que fueron detenidos por las tropas soviéticas y deportados a Siberia, acusados de capitalistas (su familia tenía una joyería). Esther y su familia, en unas durísimas condiciones, pasaron cinco años en Rubstovsk, inhóspito lugar elegido por las autoridades soviéticas para castigar a los disidentes políticos y a los delincuentes comunes.
Hay muchos más libros, como El vértigo (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), de Evgenia Ginzburg; Sin inventar nada. El polvo anónimo del Gulag(Alba), de Lev E. Razgon; los ya clásicos de Alexander Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag (Tusquets), cuyo primer volumen se publicó en París en 1973 y que están basados en su propia experiencia y en la de cientos de presos con los que tuvo la oportunidad de hablar; y también la novela de Vasili Grossman, Vida y destino (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), novela reeditada recientemente en nuestro país con una gran aceptación de lectores y que ha sido calificada como una de las grandes novelas del siglo XX. También entran aquí otro tipo de libros que abordan, en clave satírica, la represión sufrida en los países comunistas, como los de Ilf & Petrov (especialmente Las doce sillas), los divertidos libros del polaco Slawomir Mrozek (como La vida difícil), los de Mijail Zoschenko, Serguey Dovlátov y Vladimir Voiónovich, autor de una divertidísima novela que ha recuperado Libros del Asteroide: Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin.
ACUSADO DE TROTSKISTA
Varlam Shalámov nació en 1907 en Vólogda, al norte de Moscú. En 1926 se traslada a Moscú, donde estudia Derecho y comienza a dedicarse al periodismo, a la literatura y también a la política, formando parte de un grupo de estudiantes de inspiración trotskista. Poco duró su vida de estudiante y de artista. En 1929 fue condenado a tres años de trabajos forzados en la región de los Urales por difundir el testamento de Lenin, en el que se criticaba la brutalidad de Stalin. En 1932, regresa a Moscú, retoma sus actividades literarias, contrae matrimonio, tienen una hija… Pero en 1937, cuando comienza la Gran Purga, es nuevamente detenido, esta vez por “actividades contrarrevolucionarias trotskistas”. Cinco años de trabajos forzados en Magadán.
En 1943, cuando está a punto de cumplir su condena, es nuevamente arrestado. Ahora le acusan de haber afirmado que Ivan Bunin, escritor emigrado y premio Nobel de Literatura, es “un clásico ruso”; por ello, le cayeron otros diez años, al aplicársele el famoso artículo 58 del código penal soviético, dedicado a las mil formas de hacer propaganda antisoviética. Por fin fue liberado en 1951, aunque, como ex preso político se le prohíbe vivir en ciudades de más de 10.000 habitantes. Además, su mujer y su hija, como hicieron otras muchas familias, habían renegado de él por contrarrevolucionario. Sobrevive gracias a los trabajos manuales.
En 1953, tras la muerte de Stalin y como se cuenta literariamente en El artista de la pala, consigue abandonar Magadán y trasladarse a Moscú, donde reemprende sus actividades literarias. Es en esos años cuando decide escribir los Relatos de Kolimá. En 1956 es rehabilitado y reanuda su actividad literaria en Moscú a partir de 1956, cuando fue rehabilitado. Hubo que esperar hasta 1972 aque sus relatos se publicasen en Londres, en ruso, sus relatos, aunque ya en la década de los sesenta circulaban en samizdat. Poco después, sin embargo, fue obligado por las autoridades soviéticas a abjurar de aquella edición, y escribió una humillante retractación, incomprensible en aquel momento, que muchos justifican por el estado de salud de Shalámov en aquellos años, ingresado ya en un manicomio. Falleció en 1982, cuando su obra empezaba a ser reconocida internacionalmente. Hasta 1987 su obra no se pudo publicar en la Unión Soviética.
HONOR Y GLORIA AL TRABAJO
Junto con los libros de Solzhenitsyn y algunos de los ya mencionados, Relatos de Kolimá son el mejor retrato de la vida en los campos de trabajo soviéticos, la mayoría en Siberia, en unas condiciones inhumanas, con unas temperaturas que, como escribe Shalámov en el primer volumen, “en medio del frío era imposible pensar en nada”. En todos los campos de trabajo, a la entrada, en un lugar bien visible, estaban inscritas estas palabras de Stalin: “Honor y gloria al trabajo, ejemplo de entrega y heroísmo”. Para Shalámov, el trabajo en esas condiciones “podía ser cualquier cosa menos motivo de gloria”.
Los títulos de los seis volúmenes que forman Relatos de Kolimáson los siguientes: Relatos de Kolimá, La orilla izquierda, El artista de la pala, Crónicas del mundo criminal, La resurrección del alerce, La manopla o RK-2, todos ellos ambientados en los campos de concentración soviéticos donde estuvo preso el autor. El primer volumen, Relatos de Kolimá, el más conocido, es, sobre todo, un testimonio literario de primera magnitud. Es cierto que tienen también, como todos los volúmenes, un componente sociológico y político de denuncia de las barbaridades y la arbitrariedad del régimen soviético, pero lo que sobresale es la calidad literaria de la prosa de Shalámov, capaz de mostrar desde diferentes perspectivas las ansias de supervivencia de los hombres en unas circunstancias tan adversas que acaban por convertirlos en despojos humanos, en mera escoria. Shalámov, como testigo, pone nombre y rostro a las víctimas, detalla las numerosas barbaridades que se cometieron, describe la vida en los barracones, las enfermedades, el imperio del hampa, la tiranía y el desprecio de los carceleros, la picaresca de los presos, la solidaridad, la diaria convivencia con la muerte…
LA SENDA DE LADESHUMANIZACIÓN
Son unos relatos que sobrecogen y que impactan, como no podía ser de otra manera cuando se asiste al espectáculo de unos hombres privados de todos los derechos y de todos los sentimientos humanos. Como escribe Ricardo San Vicente, traductor y autor del epílogo, “Shalámov observa en cada paso, en cada minuto, en cada bocanada de aire del campo de trabajo, un peldaño más en la senda de deshumanización del hombre, de una inhumanidad en la que para mayor pánico empujan al preso otros hombres”. Shalámov describe sucesivos instantes en los que el hombre es sometido a una brutal degradación. Y todo para mayor honor y gloria del comunismo.
En La orilla izquierda, el siguiente de los volúmenes, continúa Shalámov su trabajo de escribir sobre detalles pequeños, personas concretas, mínimos incidentes que transcurren dentro de la vida carcelaria, donde lo que imperaba era el desprecio más absoluto por la dignidad humana. Como escribe el autor, “a mi alrededor había muerto más gente que en cualquier frente de guerra”. Shalámov sabe poner rostros a la tragedia, contando numerosas historias personales, absurdas, surrealistas (por ejemplo, muchos de los motivos de condena de los detenidos), que demuestran a las claras la arbitrariedad de la justicia comunista y la imposición del terror como estrategia política. Un terror que tiene unas víctimas muy concretas, que son las que Shalámov rescata del olvido, pues todo lo que cuenta procede de su experiencia personal –en muchos relatos él es el protagonista– y de lo que le han contado en los campos en los que estuvo prisionero durante tantos años. Shalámov describe también el proceso de degradación de los presos, con una única obsesión: sobrevivir.
EL ARTISTA DE LA PALA
El tercer volumen y último publicado, El artista de la pala, es otra vuelta de tuerca a los mismos temas, quizás con una mayor proyección autobiográfica, pues algunas de las narraciones están directamente basadas en la propia vida del autor, que acabó ejerciendo de practicante en los campos, experiencia que le sirvió para conocer todavía más de cerca las consecuencias físicas y mentales de las duras condiciones a las que tenían que enfrentarse los miles y miles de personas que se encontraban confinadas. Sorprende también el interés de Shalámov por rescatar historias y comentarios protagonizados por personas anónimas que, en muchas casos, murieron a las pocas semanas o meses de conocerse.
Una de las narraciones de este volumen lleva por título “Oración fúnebre” y comienza con esta simple afirmación escatológica: “Todos están muertos”. A continuación recuerda a muchas de estas personas, cada una con durísimas vivencias personales para las que no había ninguna explicación, pues la lógica de los campos se mantenía gracias a la arbitrariedad con la que se tomaban las decisiones y se castigaba a los inocentes. Como escribe Shalámov, “el exterminio impune de millones de personas fue posible justamente porque se trataba de personas inocentes. Eran mártires, no héroes”. Como, por ejemplo, el economista Semión Alekséyevich Sheinin, “un buen hombre. Durante mucho tiempo no logró comprender lo que estaba haciendo con nosotros, pero al final lo entendió y se puso a esperar tranquilamente la muerte”.
AL MARGEN DE LO HUMANO
También quiere Shalámov transmitir la vida íntima de los campos para que las personas y familiares de muchos de los presos pudiesen atisbar algo de lo que allí pasaron, sabiendo que resulta casi imposible hacerse entender. Uno de los personajes de El artista de la pala, se sincera de la siguiente manera: “Hoy no querría regresar con los míos. En casa nunca me entenderían, no me podrían entender. Lo que a ellos les parece importante yo sé que es una bobada. Y aquello que es importante para mí –lo poco que me queda de importante-, ellos no podían entenderlo ni sentirlo. Además, les llevaría nuevos miedos, un miedo más, sumado a los mil miedos que inundan sus vidas. Lo que yo he visto, un hombre no debe verlo, ni siquiera conocerlo”. En repetidas ocasiones insiste Shalámov en esta idea última: “Es horroroso ver un campo, y ni un solo hombre en el mundo debería conocer qué es un campo de trabajo. La experiencia de los campos es negativa por completo, negativa hasta el último instante. Allí el hombre solo se vuelve peor. Y no puede ser de otro modo”. En los campos, escribe, “no es que estemos más allá del bien y del mal, sino al margen de todo cuanto es humano”.
La descripción con todo lujo de detalles de esta vida es lo que deja al lector paralizado. Es cierto que hay ejemplos positivos de personas que en medio de estas dramáticas circunstancias sacan lo mejor de sí mismos y se entregan abiertamente a los demás. Pero resulta muy difícil quedar inmune a los estragos del hambre (la principal obsesión), el frío, el desprecio sistemático, la injusticia, el sufrimiento gratuito, el desdén…
En los campos la escala de valores está trastocada y los presos inician lentamente una caída en su condición humana para luchar sin piedad contra los propios compañeros para mantener las pocas posesiones que se tienen y no dejarse pisotear por el resto de los presos, algunos muy organizados y totalmente animalizados. Ante este panorama, mantener la dignidad resulta muy complicado, como le sucedió a Nikoláyev, uno de los presos, quien “tras comprobar la arbitrariedad, la especulación, las denuncias, los robos, las intrigas, el acaparamiento, la corrupción, la dilapidación de los bienes públicos y todas las crueldades que llevaban a cabo las autoridades de Kolimá sobre los detenidos, Nikoláyev se dio a la bebida. Comprendióla influencia desmoralizadora de la crueldad humana y la condenó profunda e inapelablemente”. Sólo los que tienen unas arraigadas creencias religiosas supieron afrontar de otra manera aquella situación, actitud que llama mucho la atención al autor, ateo confeso: “en los campos no he visto personas más dignas que las de convicciones religiosas. La descomposición afectaba a todas las almas y sólo la gente religiosa resistía”.
Shalámov murió en 1982, apenas cuatro años después de poder publicar su obra en Londres. El paso del tiempo, sin embargo, está engrandeciendo su figura y ha convertido sus libros en uno de los más tremendos testimonios de la lucha del hombre contra la degradación y la injusticia. Enmedio del horror, Shalámov busca los resquicios de la esperanza y de la poesía.
Nota
(1) Varlam Shalámov, El artista de la pala, Minúscula. Barcelona (2010). 474 págs. 19,50 €. Traducción: Ricardo San Vicente.
Marina Abramovic ya se ha instalado en la historia de las performances: se autodefine como la abuela de este arte de acción y el MOMA acaba de realizar una impresionante restrospectiva de sus más famosas acciones junto con una nueva puesta en acción. Su larga, nutrida, mediática y agresiva trayectoria la sitúa en un puesto único, conseguido con un esfuerzo sostenido y un estilo propio. Abramovic comenzó a realizar arte de acción hace treinta años y es de las pocas –y quizá la más famosa- que aún sigue hoy haciendo performances. Recorriendo someramente algunas de ellas podemos encontrar varias claves interpretativas y sugerencias sobre el arte de acción.
A veces se apunta a la infancia de Marina como una causa del sufrimiento de carácter crudo o violento que protagoniza la mayor parte de sus performances. Así se señala en la revista Letras libres. Nació en Belgrado en 1946 y sus padres, militares, fueron héroes de la revolución y pelearon al lado del mariscal Tito, quien los recompensó con altos cargos. Abramovic se crió en la vida de modestos privilegios de la “burguesía roja” en el naciente estado socialista pero heredó el espíritu de sacrificio, rebeldía y disciplina de sus padres. Pero quizá sean sus mismas acciones las que indiquen más de sí misma. A finales de los años sesenta comenzó a experimentar en el performance. Ha utilizado su cuerpo de un modo cercano al body art, ha usado elementos del accionismo vienés y de los hapennings. Y, sobre todo, ha consolidado su propio estilo en la práctica performativa.
La serie “Rythm” realizada entre 1973 y 1974 fue quizás una de las más violentas de su trayectoria. La número 0 consistió en la total entrega de su cuerpo al público, de modo que ella les advirtió que permanecería pasiva y que su cuerpo era un objeto. A su alrededor teníaun buen número de objetos como tijeras, cadenas, hachas y un arma cargada. El público reaccionó de tal modo que alguno parecía dispuesta a herirla y otras personas del público los detuvieron pues parecía que podrían llegar a matarla. Fue la única performance en la que Marinamanifestó que hubiese estado dispuesta a morir.

La segunda de estas muestras, tuvo como objetivo experimentar con la inconsciencia y la pérdida de control. Para ello, Abramovic tomó una droga prescrita para enfermos catatónicos, la cual le provocó intensas convulsiones en el cuerpo, pero sin perder la lucidez. Diez minutos después, ingirió un remedio destinado a combatir la depresión profunda, el que la llevó a un estado de total irreflexión.
En “Rythm 5”, la artista estuvo a punto de perder la vida ahogada por la falta de oxígeno, al instalarse al centro de una estrella de cinco puntas en llamas. El fundamento de estas acciones, según Abramovic, se encuentra en la liberación mediante el dolor: “en cada una de las ceremonias tradicionales o rituales, la gente ha intentado traspasar el límite entre el dolor físico y la elevación de la mente, con el propósito de controlar el cuerpo y romper las cadenas del miedo”.
“Si te instalas frente a un público en situaciones de riesgo, automáticamente concentras con tu mente y cuerpo, la existencia en el presente, aquí y ahora. Lo mismo pasa con la gente que está presenciando tu actuación”.
¿Por qué y para qué Marina Abramovic utiliza su cuerpo hasta esos extremos? ¿ Qué quiere conseguir con esas acciones configuradas como ritos de una violencia pausada, sin histrionismos? Muchos artistas contemporáneos pretenden conmovernos o alterarnos para lograr despertar nuestra conciencia crítica. Utilizan aquello que puede molestar: imágenes agresivas, duras, blasfemas o soeces, incluso. Abramovic usa también una iconografía conocida, a menudo relacionada con el cristianismo, con el sexo o con rituales de diverso tipo. Lo inusual, aunque relacionado con el accionismo vienés, que es el protagonista es su propio cuerpo y su mente. Se autoinflige un sufrimiento con el que quiere transmitir y recibir energía de su público. Si éstas fueran, sin más, unas acciones catárticas o purificadoras de su pasado, hubiese sido suficiente con unas pocas performances, pero Marina las hace casi todas de ese modo: poniéndose en el centro del dolor. Un dolor buscado al límite de la resistencia física y psíquica. Un dolor que quiere ser observado y en el que quiere que se implique el espectador para que deje de ser tal, un mirón pasivo, un voyeur.

El crítico performista Joan Casellas, en la revista Exitde noviembre del 09, dice que: “ la energía de provocación que dadaístas y surrealistas cultivaron con entusiasmo, se asoció al arte de acción. Las acciones más reconocidas suelen tener un alto grado de riesgo, de escatología, de violencia o destrucción, acostumbran a ser “fuertes” de alguna manera que desborda los parámetros artísticos”. Abramovic usa su cuerpo como objeto y como medio, como obra y como lugar de experimentación. Precisamente las performancesnacieron como algo singular, que pretendía distinguirse del resto de las manifestaciones artísticas. Tuvieron su origen a la vez que otras vanguardias, pero se empeñaron en no producir ningún objeto, en ser una acción que ocurre y, por tanto, efímera y pues sólo puede verse en el momento de ser realizada. Por eso una performanceno es un espectáculo ni una representación, sino una verdadera acción, incluso un trozo de vida que se lleva a cabo ante unos espectadores. Eso es lo que hace Marina Abramovic.
Parece que, con cada performance, Abramovic no busca tanto una crítica o una reflexión sobre algún aspecto de ser humano, aunque los contenga; o una incomodidad a los espectadores, aunque también lo logre en numerosas ocasiones; sino la experiencia solemne y ritual, lenta y morosa, de sus límites físicos y psíquicos en comunicación energética con el espectador. Las performancesno se pueden definir, ni casi describir. Ni las de Abramovic, ni las de Esther Ferrer ni ninguna otra. Han nacido precisamente para no poder ser atrapadas conceptualmente. Su forma de ser es escurridiza y porosa: cada performeres distinto y realiza cosas imprevisibles.
En 2002, Abramovic montó “The House with the Ocean View”, considerada por la propia artista como una de sus performancesmás importantes. En ella, construyó una casa compuesta por tres plataformas unidas al suelo por escaleras con peldaños de cuchillos. Durante doce días, Abramovic permaneció ahí sin comer y sin hablar. Precisamente Jesús Carrillo –en “Tendencias del arte, arte de tendencias”- comenta que: “ante la mirada de los visitantes de la galería, la artista realizaba todas las operaciones cotidianas: vestirse, ir al baño, ducharse, sentarse, etc. Ofreciendo un campo de visibilidad absoluta (…). Sin embargo, en la performance de Abramovic no había nada de atractivo o excitante. Tras el morbo inicial de ver a una persona sin restricción alguna –un morbo ampliamente explotado por las fórmulas televisivas Gran Hermano- el espectador comenzaba a sentir una incomodidad brechtiana al observar la insignificancia de sus acciones, las mismas que cualquier persona realiza en su vida cotidiana, y la sumisa indiferencia de la artista ante el hecho ineludible de estar siendo observada. A esta sensación sucedía, finalmente, un agudo sentimiento de vergüenza y de ansiedad claustrofóbica, que hacía insoportable la continuidad de la contemplación”.
Pero ella misma explica en una entrevista que: “La idea de la pieza era ver si al purificarme completamente podía purificar también el espacio, y ver si, tras purificar el espacio, podía purificar a los espectadores hasta crear un tiempo intemporal (…) Algunas personas miraban, se echaban a llorar y se marchaban, y luego volvían. No puedo explicarlo, nunca había sentido nada igual. Tenía una sensación de calma total, y al no comer nada, sentía como si me transportara. Me gustaba toda la gente, podría ver a través de ellos, podía ver su dolor…”.

Por otra parte, en las performances se ha perdido algo de su carácter efímero original. Una acción performativa es realmente efímera si no deja rastros ni vuelve a realizarse. Si precisamente esta vanguardia quiso, en sus inicios, hacer un arte que no consistiera en materializarse en objetos, parece que ahora a Abramovic no le importa demasiado que se pierda esta originalidad distintiva. Las performanceshan olvidado su primitiva frescura e irracionalidad. Aunque también es cierto que desde sus inicios sí dejaron rastros —algunos recogidos con fervor—como los de Yves Klein, por ejemplo.
En cuanto al rastro-registro documental, Marina se resigna. Indica que los vídeos o las imágenes son como de segunda mano y que la performance es lo que vale de verdad. Precisa que los trabajos sen vídeo que ella hace no son documentos, sino que los escenifica y realiza las acciones precisamente para el video. “Si me hubieran preguntado acerca de esto en los años setenta, me hubiera declarado totalmente en contra de la repetición (…) Pero los tiempos cambian y la práctica performativa se está distorsionando. La gente las recrea pero no respeta el material original. Me veo obligada a cambiar mi punto de vista. Si quieres que la pieza viva, tienes que encontrar la manera de hacerla vivir.”
Por tanto, parece que Abramovic se ha visto obligada a defender su arte de las copias fraudulentas o, cuando menos, banales. Quiere también poder recrear sus acciones y transmitir su experiencia a los jóvenes. Aquí realmente se manifiesta más como abuela que como performance transgresora y autodidacta. Y quizá el modo de comunicarse a través de sus experiencias tal y como lo hace ella no sea imitable. Ni incluso deseable que se repita.
Por tanto, parece que la autenticidad y la originalidad de las acciones performativas ha de abordarse desde paradigmas distintos a los del espectáculo: es importante no sólo ver, estando allí, sino también conocer qué pretende el que realiza la acción o la pieza concreta si uno no es capaz de descubrirlo por sí mismo. De lo contrario podemos sacer conclusiones apresuradas. Entonces surge otro inconveniente: la performanceno habla por sí misma, es indescriptible, es ajena a toda conceptualización, es lo que pretenda el performer. La misma Marinarecuerda que nunca ha habido reglas para la prácticas performativas.
Las últimas performances de Abramovic parecen indicar que le interesa especialmente poder recrear lo que ha hecho, y afirmarlo como propio. Además de la retrospectiva realizada en el MoMa hace pocos meses, ya se había realizado otras muestras que se centran en la propia Marina Abramovic más que en sus acciones.“The Biography Remix” es un proyecto autobiográfico que desarrolló junto al director de teatro Michael Laub, y que fue presentado a mediados del 2005 en el Festival de Teatro de Avignon.
A fines del mismo, presentó “Seven Easy Pieces” en el Guggenheim de Nueva York, que consistía en la realización de performancesejecutadas en la década del ‘60 y ‘70, por grandes artistas como Bruce Nauman, Vito Acconci, Gina Pane y Joseph Beuys.
¿Acaso Abramovic se está curvando sobre sí? Ella sabe que atrae por sí misma, haga lo que haga. O aunque no haga nada: en el MOMA, la acción consistía en permanecer durante setenta y siete días sentada sin moverse, durante ocho horas al día, mirando a la persona que se le sentase enfrente. Es decir: la gente iba atraída por verla a ella, por mirarla a los ojos. Sus performances actuales son acciones adelgazadas de accion, de elementos, de mensaje. Abramovic sabe que ha logrado hacer un estilo deperformances muy personal y precisamente desea un copyrigtht desea que se conozca su autoría, su estilo personal de hacer las cosas, no la flecha de sentido hacia donde se dirige. Porque esa flecha se dirige hacia ella.
El retrato de Marina Abramovic es de Romerito Pontes y forma parte de esta galería de Flickr. El archivo se encuentra en Wikimedia Commons, tiene licencia CC-BY-2.0 y se puede consultar aquí.

En el siglo I de nuestra era, el hispano-romano Marco Fabio Quintiliano publicó un tratado de todo lo concerniente al uso eficaz del lenguaje (entonces, el latín). Se trataba de una summa o sistematización de cuanto los griegos y romanos habían descubierto al respecto hasta sus días. Se titulaba Los doce libros del arte retórica(Artis Rhetoricae Libri XII). Su actualidad ha trascendido veinte centurias.
Pues bien, quizás evocando a Quintiliano, a comienzos del siglo XXI, Miguel Ángel Garrido Gallardo nos entrega ahora la suma y sistematización de nueve obras, pertenecientes a la colección de “Teoría de la literatura y literatura Comparada” que dirigió en la editorial Síntesis durante la década de 1990. Están, corregidas y retocadas, su conocida obra Nueva Introducción a la teoría de la literatura y ocho más de otros tantos autores (Dolezel, Hernández Guerrero y García Tejera, Paz Gago, Garrido Domínguez, Pozuelo, Albaladejo, Domínguez Caparrós y Spang). El conjunto constituye una Retórica referida especialmente no ya al latín, sino al español. La principal diferencia estriba en que mientras la Retórica de Quintiliano partía de la eficacia oratoria que es necesaria en el juzgado, Garrido Gallardo parte de la especial elaboración escrita que se exige en la producción literaria. Alguien puede pensar que se trata de cosas distintas, de un lado la oratoria (Retórica) y de otra, la Literatura(Poética), pero como ya advirtió Aristóteles, los procedimientos que se ponen en práctica para hacer eficaz el discurso con vistas a la persuasión son, al menos en parte, los mismos que se utilizan para la elaboración del discurso artístico. En el límite, podríamos distinguir una Poética como disciplina de la inspiración, una Retórica como disciplina de la persuasión y, finalmente, un Poética de los procedimientos lingüísticos del texto poético (Poética lingüística) que vendría a ser lo mismo que una Retórica del discurso artístico (Retórica literaria). De esto último, en efecto, se parte.
Estos nueve libros van seguidos de un vocabulario crítico de más de dos mil términos que reenvían a su tratamiento en el texto y que constituyen un verdadero diccionario de términos literarios. Si reparamos, además, en las cien páginas de bibliografía que también contiene, salta a la vista que estamos ante una magna obra, sistemática y completa, de las que tan pocas se publican últimamente. Por lo demás, que la lengua objeto sea el castellano tiene todo el sentido del mundo para cuantos denunciamos que no es de recibo estar viviendo de las traducciones del inglés. No lo es, en efecto, en muchos campos, pero, desde luego, en uno como éste en que la materia prima es precisamente la lengua natural o idioma, desde donde se abren los círculos concéntricos de los diversos procesos de significación que integran el entramado semiótico de la cultura. La aparición de este tratado es una magnífica noticia para la cultura en español.
Desde el punto de vista ideológico, aunque con matices en algunos textos de los diversos colaboradores, la obra responde a sendos principios asentados por dos sabios del siglo XX que Garrido Gallardo invoca. Veamos.
El primer principio se contiene en la conocida afirmación que Roman Jakobson formuló en el mítico congreso celebrado en la primavera de 1958 en Bloomington (Indiana): “un lingüista sordo a los problemas de la función poética del lenguaje y un estudioso de la literatura indiferente a los problemas que plantea la lengua y que no esté al corriente de los métodos lingüísticos son igualmente un caso de flagrante anacronismo”.
El segundo viene expresado por la página inicial de la obra de George Steiner, Presencias reales (1989), que Garrido Gallardo ha glosado tantas veces y transcribe parcialmente en su libro: “Continuamos hablando de que el sol ‘sale’ y ‘se pone’, como si el modelo copernicano del sistema solar no hubiese reemplazado definitivamente el sistema de Tolomeo. Nuestro vocabulario, nuestra gramática están poblados de metáforas vacías de sentido, de figuras desgastadas del lenguaje. Éstas se perpetúan con tenacidad en la carpintería, en los recovecos de nuestro hablar de todos los días. Se agitan como viejos harapos o como espectros que merodean por el desván. Por este motivo, los hombres y mujeres bienpensantes –particularmente en la realidad científica y tecnológica de Occidente- continúan refiriéndose a ‘Dios’. Por este motivo el postulado de la existencia de Dios se mantiene en un tan gran número de giros y alusiones espontáneas. Ninguna reflexión, ninguna creencia plausible que garantice Su presencia. Ninguna prueba inteligible tampoco. Si Dios se aferra a nuestra cultura, a nuestro discurso rutinario, es bajo la forma de un fantasma gramatical, de un fósil anclado en la infancia del lenguaje racional: eso es lo que piensa Nietzsche y más de uno tras él”. (Sin duda, Derrida). Y continúa Steiner: “Este ensayo sostiene la tesis opuesta. Propone que toda comprensión coherente de la naturaleza y del funcionamiento del lenguaje, que todo examen coherente de la capacidad que tiene el lenguaje humano de comunicar sentido y sentimiento, están fundamentados, en último término, en la hipótesis de la presencia de Dios”.
Garrido Gallardo cuenta que en la sección filológica de la casa central de la librería neoyorquina de Barnes and Nobel había en 2001 tres estanterías para Christianity y una y media para Literary Criticism; cuatro años más tarde, tres de estas estanterías estaban dedicadas a Gays and Lesbian Studies, una a Christianity y media a Literary Criticism. Afirma estar convencido de que a finales del siglo XXI seguirán estando las estanterías de Christianity y Literary Criticism, haya pasado lo que haya pasado con las otras. O sea, el tratado se adscribe a la opción optimista que sustenta que el idioma es el sistema básico de comunicación y que los seres humanos estamos destinados, a pesar de los pesares, a conocer la realidad y a poder hablar más o menos inequívocamente de ella con otros. Es literalmente lo contrario de ciertos Estudios Culturales que se centran en las modas del momento, exhiben un relativismo total y se desinteresan por el rigor de la Filología.
A la literatura se le otorga, además, toda la importancia del mundo como importantísima encrucijada de sistemas de signos en los siglos XIX y XX que perdurará a partir del XXI en competencia con nuevas formas comunicativas del ciberespacio. No obstante, lejos de cerrarse en banda frente a las nuevas realidades, el presente tratado intenta dejar solventemente descrito el presente y atisbar cómo ese presente se insertará en la cultura (ya no fundamentalmente literaria) del porvenir.
En fin, creo que estamos ante un gran libro de consulta. Hace poco se ha presentado la Nueva Gramática de la Real Academia Española, cuya dirección ha llevado Ignacio Bosque. Son dos tomos de cerca de dos mil páginas cada uno, que comprenden morfología y sintaxis. Si entendemos “gramática” en su sentido amplio, faltan todavía Fonética y Fonología, Semántica y Retórica. Pues bien, el tomo de 1502 páginas que nos ha entregado Garrido Gallardo cubre el hueco del gran Tratado de Retórica del español de hoy. “Retórica” en la terminología tradicional, “Semiótica” (y “Semiótica Literaria”) o “Pragmática” (y “Pragmática literaria”) en terminología actual. Se trata de estilo, estructura, discurso, ficción, retórica, métrica y género. De Summa nos habla Garrido Gallardo no solamente, creo, por el hecho de tratarse de una suma, sino por ser lo más sustancial e importante de algo (DRAE).