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Julio Pascual: «El emprendedor es simplemente un empresario»

La formación económica deja mucho que desear en nuestros planes de enseñanza. Por eso, libros como los que publica Pascual y Vicente (Economicina es el último) vienen muy bien a todos aquellos que no se conforman con quejarse por lo que ocurre, sino que buscan actuar antes de que llegue la catástrofe. Si se escucharan voces como la suya a tiempo, quizá el caos económico de España no se habría producido, al menos, con esta crudeza que padecemos.

Julio Pascual, en un momento de la entrevista

–¿Ponen las dificultades económicas de España, y de otros países occidentales, en tela de juicio el sistema de mercado?

–No. Lo que pone en tela de juicio es la falta de sentido crítico de las autoridades. No olvidemos, por ejemplo, que el sistema bancario actual crea dinero de una manera casi ilimitada, porque la reserva fraccionaria está sujeta a un coeficiente de caja muy pequeño. Vivimos en un sistema de reserva fraccionaria. El negocio de un banco no está en que usted le dé un dinero al banco por un tipo de interés y luego el banco lo preste a otro a un tipo de interés más alto. El banco puede prestar veinte, treinta, cuarenta, cincuenta veces la cantidad de dinero que usted le ha depositado. El Estado ha hecho dejación de sus responsabilidades de controlar la cantidad de dinero en el sistema. Por tanto no es culpa de la economía de mercado.

–¿Es solo un problema de controladores políticos y económicos?
–Sí. De ambos, y del propio sistema de reserva fraccionaria que está establecido en todo el mundo, sujeto a estas vicisitudes si no se ejerce un control estricto del coeficiente de caja por parte de las autoridades bancarias. ¿Lo hemos hecho? No. La teoría económica explica perfectamente lo que ha ocurrido. Además, en España ha habido un tumor que se ha estado incubando durante los «años de esplendor». Una de sus manifestaciones es el derroche de un sector público disparatado. ¿Tiene sentido que la Coca Cola mundial posea un consejo de administración de quince personas y la asamblea de la comunidad autónoma equis de una provincia, solo de una provincia, cincuenta miembros en la asamblea? Así en todo… Gabinetes de asesores…Esto es lo que produce el déficit público. Dejémonos de bromas. Hay que reducir el gasto público drásticamente. Drásticamente.

–El gran protagonista de la economía es el emprendedor, ¿pero qué hacemos cuando los verdaderos emprendedores se pueden contar con los dedos de la mano?
–La palabra emprendedor a mí me molesta enormemente, me parece que se usa porque en vez de volver a acreditar la palabra empresario y quitar las corruptelas en que se ha podido incurrir, nos inventamos otro término. El emprendedor es un empresario.

–¿Qué hacer cuando hay tan pocas personas capacitadas para ser verdaderos empresarios?
— No es un problema de capacidad. Yo creo que es un problema de vocación. Un empresario es sobre todo una persona que quiere ser independiente, que quiere ser dueño de su propio futuro. Y entonces tiene un sentido del riesgo, controlado. Pero no es fácil ser empresario, claro. Tampoco es fácil ser un buen médico, o un buen sacerdote. Ser un médico malo e ir tirando, es fácil. Lo que pasa es que un empresario se arruina y desaparece. Ser escritor, teóricamente es muy fácil. Pero ser un gran escritor, reconocido, y que la gente compre sus libros masivamente es muy difícil. Ser un magnífico cirujano ocular, y que se reconozca , también es muy difícil. Todo es muy difícil haciéndolo bien. Y la clave es tratar de hacerlo todo bien.

–Pero el papel del empresario es más decisivo en la creación de riqueza, y hay pocos buenos.
–Insisto: lo que sucede es que el empresario no se puede ocultar: si lo hace mal, se hunde. En otras profesiones, se puede uno tapar más. El empresario tiene que estar todos los días ganándose el puesto. El empresario que se instala en el éxito, sucumbe. Si eres empresario, tienes que estar todos los días como si estuvieras empezando. Todos los días. Eso es muy estresante.

–Es una actitud vital importante en cualquier profesión.
–En efecto, y para un país muchos así es magnífico.

–¿Cómo se forman a esas personas?, ¿cómo se crea el clima para que surjan? ¿Es la educación? Porque probablemente ahí está el caldo de cultivo para que un país salga adelante.
–Yo creo que la cultura de un país es un factor muy importante: que valore el esfuerzo, el trabajo bien hecho, el mérito.

–El clima cultural alemán, inglés, estadounidense… no se diferencia mucho del español, y esos países tienen, sin embargo, más y mejores empresas, sí que crean más que nosotros.
–Esta última década para España ha sido ominosa, de pérdida de valores. Aquí no ha contado ni el esfuerzo, ni el trabajo, ni el mérito.

–¿Cómo es la defensa de la competencia en España?
–Creo que es bastante eficaz, está entre las mejores del mundo, reconocido.

–Usted es un gran defensor de la economía de mercado, del respeto de los pactos voluntarios. Pero la búsqueda del crecimiento económico a toda costa lleva al consumismo, a veces a la destrucción del medio ambiente.
–Eso no es atribuible al mercado, es atribuible a las personas que intervienen en él. En el mercado se intercambia lo que las personas quieren.

–Algunas empresas crean falsas necesidades.
–Si usted tiene claras sus prioridades, ya le pueden ofrecer el oro y el moro. Usted no comprará si no le hace falta.

–¿Es un problema entonces de formación personal?
–Sí. El problema es el de la moral imperante y el de cada una de las personas que intervienen en los mercados. Si la gente tuviera unos principios éticos más altos, no se intercambiarían algunas cosas que se intercambian hoy. Si usted analiza los bienes que ahora se intercambian en el mercado con los de hace años, cincuenta años, se dará cuenta de que es así. Echar la culpa al mercado es evadir la responsabilidad personal. El mercado es un mecanismo impersonal donde se intercambia lo que se ofrece y lo que se demanda. El mercado es amoral, no inmoral ni moral. Igual que la ley de la gravedad.

–¿No tenía razón el economista Ernst Friedrich Schumacher, cuando pedía conformarse con poco, cuando pedía que no se trate a los recursos naturales como hacen muchas empresas ahora?
–Yo relativizaría su visión icónica de «lo pequeño es bello», de lo próximo. El gran beneficio que la humanidad obtiene de la globalización, que es lo contrario de lo pequeño, es inapreciable, y beneficia más al poble que al rico. Un lapicero, un sencillo lapicero, reúne el esfuerzo de miles de personas de los cinco continentes. Uno plantó el árbol, otro obtuvo carbón de las minas en otro continente… Es una cooperación máxima multinacional.

–Pero no creo que Schumacher estuviera contra eso, sino más bien contra un consumismo irresponsable.
–Lo que señalo sobre todo es que no nos podemos quedar solo con su máxima de «lo pequeño es bello».

–¿No lleva la división del trabajo tal y como se entiende y se practica a puestos de trabajo aburridos y a la insatisfacción personal generalizada en los puestos de trabajo?
–Probablemente la división del trabajo puede llevar, no necesariamente, pero puede llevar a que uno haga cosas que no le divierten nada. Pero sin ella no se habría elevado el nivel de vida de todas las personas.

–¿Considera que es un mal menor?
–Sí, ante los enormes beneficios que ha traído. Está muy bien que tratemos hoy de ayudar a los que lo pasan mal, pero los que lo pasan mal ahora están mucho mejor que antes de que empezara el principio de la división del trabajo. Hay que seguir en la línea del perfeccionamiento y la mejora, más que en la de buscar otra alternativa. La alternativa sería empobrecedora.

–¿Por qué se habla tanto de globalización y luego hay trabas enormes al comercio libre?
–Por los grupos de presión. ¿Por qué Europa tiene una protección agraria como la que tiene? Pues porque el lobby agrario en Europa es muy fuerte. Los políticos piensan que si cambian el criterio igual pierden votos, apoyos, y ya no gobernarán. Así de sencillo. Mientras proclamamos en los parlamentos que hay que dar ayudas al Tercer Mundo tenemos unos aranceles que impiden que el Tercer Mundo nos pueda exportar lo que produce. Eso es una fechoría. Es una cosa escandalosamente perversa. Lo que habría que hacer, si de verdad queremos ayudar a esos países, y beneficiarnos nosotros mismos, es suprimir todos los aranceles. Pero no se hace.

–¿Está justificado el sueldo de algunos altos ejecutivos?
–Hay aquí una mezcla de populismo y razón. Por una parte es populismo porque si el mercado demanda los servicios de unas personas para dirigir empresas y la oferta es tan pequeña en relación con la demanda que los precios tienen que ser altos, habrá que pagar esos precios altos. Pero ocurre que el sistema está bastante viciado. Cuando las grandes compañías tienen el accionariado muy repartido, al final, si uno se fija, en los consejos de administración siempre están los mismos. Hay empresas, como Apple, en las que el consejero delegado puede ganar mil millones bien ganados, y en otras no se justificaría ni cien mil euros. Piense en las cajas de ahorros en España. Sus consejos se habían mimetizado en la fijación de sueldos con las grandes compañías que ganan mucho dinero. Y eso es de cárcel. Está el caso Steve Jobs y el caso Bankia. No confundamos.


Julio Pascual: Economicina. Unión Editorial, 2012.

«Religión, racionalidad y política», la nueva obra de Andrés Ollero

Los que no conocen esta casa pensarán que aquí, en el Tribunal Constitucional (TC), los miércoles presentamos libros, y no hay nada más ajeno a esa realidad”, afirmó ayer Andrés Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho y magistrado del TC, con su buen humor habitual, hablando de su último libro: Religión, racionalidad y política.

En realidad, como él mismo explicó, se trataba de un hecho inédito. “En el TC, algunos de mis compañeros tienen la teoría un poco funeraria de que, en todo caso, hay que presentar libros de quien se haya muerto”, sostuvo el magistrado. Afortunadamente, “el presidente ha sido magnánimo y ha permitido esta celebración del  libro sin morirme primero”.

Ollero aprovechó para agradecer a Pascual Sala, presidente del TC, y ponente también anteanoche, “no solo porque este acto se celebre en esta casa, que ya les digo que es una novedad”, sino también por “lo muchísimo que he aprendido de él desde que llegué aquí, desde el punto de vista jurídico y desde el punto de vista humano”.

Encarnación Roca, como Ollero catedrática y magistrada del TC, recomendó a los juristas españoles que tengan más en cuenta el derecho comparado. Recordó en su intervención la jurisprudencia estadounidense. En concreto, apuntó al ensayo American Constitutional Law (1978), de Laurence Henry Tribe, de donde mencionó los casos Abington School District contra Schempp, de 1963, el de Zorach contra Clauson, de 1952, y el de McCollum contra Board of Education, de 1948. Su cierta discrepancia con Ollero se manifestó en frases como esta: “La doctrina de estos casos lleva al tribunal a decir que cuando el gobierno permite a una religión formar parte o utilizar las instalaciones de una escuela en las horas lectivas, ello implica en realidad la promoción oficial de esta religión”. Y en esta otra: “Las algunas veces vehementes opiniones del autor proporcionan un amplio marco de debate que pienso que es lo que él pretende al presentarnos sus ideas”.

Pero lo anterior no fue obstáculo para que Roca terminara su intervención citando a Montaigne y alabando a Ollero: “Cuesta más interpretar las interpretaciones que interpretar las cosas. Hay más libros sobre libros que sobre ningún tema. Nos comentamos entre nosotros. Hay un hormigueo de comentaristas y una escasez de autores. Yo paro aquí porque no quiero encontrarme entre las hormigas, pero sí creo que Ollero se encuentra entre los autores“.

Rafael Navarro Valls, catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad  Complutense, destacó “el buen humor, la brillantez y la flexibilidad de Ollero”. El buen humor es “la típica nota de la tolerancia”, algo “muy importante sobre todo si se combina con su gran intelecto”. Navarro Valls mismo hizo gala de su propio buen humor, y, hablando de la flexibilidad, se quejó de los que “quieren hacer la voluntad de Dios, lo quiera Dios o no lo quiera”. Después, trajo a colación una anécdota de Mahatma Gandhi. Un colaborador suyo le dijo que un determinado político no hacía nada sin antes consultar a Dios. Ghandi respondío: “¿Y por qué cree usted que Dios le aconseja tan mal por sistema?”

Para Navarro Valls, la brillantez de Ollero es fruto de un trabajo de muchos años, y su libro Religión, racionalidad y política no se olvidará “nada más ser presentado”, como ocurre con tantos otros.

El profesor Pedro Serna Bermúdez, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de La Coruña, que tiene a su cargo la colección en la que el libro de Ollero ha visto la luz, lo elogió sobre todo como “un universitario, en el más hondo sentido de la expresión, con una gran producción también durante los diecisiete años que fue diputado”. Ollero, subrayó, es “un gran pensador, que ha ido más allá del derecho y de la ciencia del derecho, si es que la ciencia del derecho existe”, y se ha adentrado en “la búsqueda de respuestas que solo la filosofía puede dar”.

Finalmente, el presidente del TC, Pascual Sala, sostuvo que le había gustado mucho el que Ollero se decantara por la racionalidad, no por el racionalismo, por la laicidad, y no por el laicismo, porque a él le convencen “los aspectos más objetivos, las situaciones objetivas, no los subjetivismos”.


Andrés Ollero: Religión, racionalidad y política. Editorial Comares, 2013.

La democracia como el mentís radical al relativismo

Andrés Ollero (Sevilla, 1944), catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid), magistrado del Tribunal Constitucional, presenta mañana en Madrid su nueva obra: Religión, racionalidad y política, de la que habla en esta entrevista.

Estamos ante un profundo pero a la vez ameno estudio, por el gracejo e ironía andaluza del autor. Una conclusión central a la que llega Ollero desde una perspectiva jurídica es que el fenómeno religioso debe ser considerado como algo “positivo”, no como una “fuente de perturbaciones”.

La libertad religiosa es un derecho fundamental. Pero a veces se le aplican planteamientos más propios de la tolerancia que del respeto a un bien básico recogido en la Constitución. “El fenómeno religioso es comparable al deporte o a la música”, repite Ollero. Corolario: “La gente no tiene por qué vivirla solamente en su casa. La solución no es prohibir el deporte, sino que haya pluralidad y que la gente elija”.

–¿Para ser racionales hay que aparcar toda presencia de lo religioso?, ¿lo religioso no va con lo racional?

–El libro que presento mañana, que en el fondo recoge lo que ha sido mi tarea académica en los años anteriores a mi incorporación al Tribunal Constitucional, pone particular énfasis en el problema de la racionalidad. Habla de religión, racionalidad y política. De religión y política se ha hablado y se ha escrito mucho, pero yo creo que el aspecto de la racionalidad es decisivo. En primer lugar para evitar el planteamiento, que estudio en la figura de Augusto Comte, de entender que la religión es la infancia de la humanidad, y que la madurez exige un planteamiento “racional”, entendido de modo positivista, basado en la experimentación empírica y en la constatación de hechos. Y, por otra parte, hay otro trabajo que me parece que es también de lo más relevante del libro. Pone de manifiesto precisamente cómo dos figuras muy distintas, como son Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger, antes de convertirse en Benedicto XVI, critican ese concepto de la racionalidad por considerarlo demasiado estrecho e incapaz sobre todo de captar el sentido de la realidad. Porque el método científico positivo es enormemente útil. Sin duda ninguna, véanse los avances tecnológicos. Pero se limita a contar, a pesar, a medir. No puede decir nada sobre el sentido de la realidad. Ayuda a conocer mejor la realidad pero ignora su sentido completamente, con el peligro de que se acabe identificando su sentido con el resultado de esa visión tan estrecha de la realidad.

–En Suiza vetan construir mezquitas… al parecer, un minarete no es paisaje adecuado en Europa. ¿Prohibimos la circuncisión? ¿La ablación? ¿El velo?

–Partiendo de la racionalidad, si lo que abordamos son preguntas éticas, morales, políticas, jurídicas, entra en juego una cuestión que me parece decisiva y que también es trasfondo del libro, y es la importancia de la ley natural. Ese problema se planteó en Europa ya, hace siglos, en una Europa dividida por guerras de religión, en la que el ciudadano tenía que tener, el ciudadano por llamarlo de alguna manera, el súbdito, tenía que tener la religión del príncipe, y con una continua tensión que llevaba al enfrentamiento, incluso al enfrentamiento bélico. Entonces, ¿cómo se resolvió aquello? Hugo Grocio planteó: dejemos al margen el asunto religioso, y busquemos una vía de entendimiento a través de la razón, captando las exigencias naturales, éticas. Entonces surge, en el fondo como herencia de Francisco de Vitoria, de quien Grocio toma todo esto, el derecho internacional, para que se entienda gente distinta, que además tiene derecho a ser distinta. Lo que es una pena es que Europa, siglos después, parezca incapaz de resolver la misma situación, es decir, la de personas que tienen culturas distintas, que tienen religiones diversas. Si captan racionalmente lo que como humanos les une, podrán convivir sin ningún problema. El problema está, como dijo Benedicto XVI ante el Bundestag (Congreso de los Diputados alemán), en que el derecho natural se ha convertido en una especie, paradójicamente, de doctrina confesional, como si fuera un derecho sobrenatural. Así nos complicamos bastante. Lo que es absurdo es un multiculturalismo entendido como una especie de yuxtaposición de guetos. Para que haya un interculturalismo hace falta distinguir con claridad entre lo que son elementos naturales comunes y lo que son peculiaridades culturales diversas. Hay que acentuar precisamente el papel del derecho natural. Yo, por ejemplo, no sé qué inconveniente puede haber, cosa que ha ocurrido, no en Suiza, sino aquí en España, en que una chica vaya con el velo islámico a la escuela. No acabo de entender en qué puede consistir ese problema. Y que se equipare un velo islámico a una gorra para convertir en límite de un derecho fundamental un reglamento escolar de orden interno, me parece un desconocimiento de lo que es nuestra Constitución bastante aparatoso.

No sé qué inconveniente puede haber en que una chica vaya con el velo islámico a la escuela

–¿El asunto de la ablación sería diferente, imagino?

–Claro, ahí es donde entra en juego el derecho natural, precisamente: en qué medida son compatibles determinadas prácticas culturalmente asentadas con la dignidad de la mujer, con la integridad física y moral. Ahí es donde hay que trabajar con elementos de derecho natural que en el fondo son los que están detrás de cualquier constitución, como el propio Benedicto XVI dijo ante el Bundestag también, y como han dicho antes y después tantos otros.

–¿Por qué no le gusta a usted una sociedad independiente o ajena a las confesiones religiosas?

–Es que nuestra Constitución, y España es un estado laico, pero con laicidad positiva, según ha dicho este Tribunal, nuestra Constitución no piensa en modo alguno en un estado ajeno a la religión de la sociedad. Dice textualmente, en el artículo 16.3, que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias de la sociedad española. Eso demuestra claramente que ese concepto laicista está claramente fuera de nuestra Constitución. Al que no le guste, que cambie la Constitución, pero eso es así.

–Imponer a una parte de la sociedad lo que otra parte de la sociedad considera verdadero, ¿es esclavizar la conciencia de esos otros?

–El derecho existe no para que cada cual haga aquello de lo que está convencido. El derecho existe para, se quiera o no, imponer determinadas conductas. El problema, desde el punto de vista jurídico, no es imponer o no imponer, el problema es qué imponemos y a través de qué procedimientos. Indudablemente no existe, salvo alguna idílica comunidad ácrata, ninguna sociedad donde cada cual pueda hacer solo aquello de lo que está convencido sin límite alguno. Muchas veces nos veremos obligados a realizar conductas de las que no estamos demasiado convencidos. Para eso existe el derecho, fundamentalmente. Para que cada uno haga aquello de lo que está convencido, para eso no hace falta el derecho en absoluto. Por eso en el cielo no habrá derecho, ni siquiera derecho canónico.

–¿Hay algún núcleo no relativista en la democracia? ¿Cuál tendría que ser el núcleo no relativo que sirviera para todos?

–La democracia es el mentís más radical al relativismo. La democracia, cuyo origen histórico, y sobre eso no hay ninguna duda, está en el derecho natural de la modernidad precisamente, y en el fondo en el derecho natural clásico griego, de la democracia aristotélica, se apoya precisamente en la existencia de unas exigencias de la naturaleza humana, en clave moderna, la dignidad humana, que tiene que servir de fundamento, de legitimación y posteriormente control del ejercicio del poder. Si nada es verdad ni mentira, ¿por qué la democracia va a ser verdad? Si somos demócratas es porque partimos de la idea de que hay unos valores y unas exigencias éticas y políticas que están fuera de discusión.

–Pero eso no se percibe así. Desde luego tampoco personas bien posicionadas. Lo que se ve es que el consigue la mayoría en un momento determinado, está capacitado para llevar a cabo cambios y puede armar un lío enorme en asuntos fundamentales, que otros defienden como verdades y valores intocables al margen del juego democrático.

–Eso lo pueden defender personas tan bien posicionadas como incoherentes. Porque con gran frecuencia, y en política lo sé por experiencia, con especial frecuencia se reflexiona poco. Los derechos humanos tienen un fundamento natural, de lo contrario no sé de qué estamos hablando. Hablar de derechos humanos es hablar de derechos que tiene el hombre y que puede exigir que se le reconozcan, aunque no estén reconocidos todavía. Por eso deslegitimamos determinados regímenes políticos, porque no los reconocen. No esperamos a que los reconozcan para decir que existen. Si actualmente Siria está cuestionada es porque se entiende que hay unos derechos humanos que allí no se respetan, si no, no estaría cuestionada. Hemos convertido a los derechos humanos, afortunadamente, en la quintaesencia de lo políticamente correcto. A la vez, sin embargo, y lo sé bien, en términos académicos se ha convertido en académicamente incorrecto decir que esos derechos tienen un fundamento. Entonces, yo no sé de qué estamos hablando.La gente suele tener la idea de que la democracia es hacer lo que diga la mayoría. En absoluto. Esta casa, el Tribunal Constitucional, existe precisamente para que no se pueda hacer todo lo que diga la mayoría. Hay determinidas cuestiones que diga la mayoría lo que diga, esta casa está en condiciones de anular: son los derechos fundamentales. De lo contrario pasaríamos a una democracia en la que la mitad más uno puede pasar a cuchillo a la mitad menos uno.

En la política se reflexiona poco. La filosofía no suele ser la lectura diaria de los políticos. Tampoco de los periodistas

–Pero esta casa también podría desaparecer, con una serie adecuada de cambios legislativos.

–Sí, pero entonces estaríamos ante un régimen político no constitucional, y precisamente la experiencia europea de la Segunda Guerra Mundial es la que lleva a generalizar un sistema constitucional que se considera elemental y vinculado a la democracia. Ese sistema constitucional consiste fundamentalmente en entender la democracia no como imposición de la voluntad de la mayoría, sino como respeto racional a las exigencias fundamentales de la naturaleza humana, que quedan plasmadas, reconocidas, no establecidas, reconocidas en las constituciones. Precisamente por eso esta misma casa ha dicho que los derechos fundamentales de los que habla la Constitución no son un numerus clausus. Pueden surgir otras exigencias racionalmente captadas como de la naturaleza humana, aunque no se utilice esta expresión porque está prohibido, que entendamos también que son fundamentales. Por ejemplo, y yo dediqué a eso mi discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, el derecho fundamental de protección de datos. No está en nuestra Constitución explícitamente recogido. Pero a partir del artículo 18.4, que habla no de derecho, sino de amenazas de la informática a derechos, en general a todos, surgió un derecho específico de protección de datos.

–¿Todo esto no está muy olvidado actualmente en el debate político?

–Absolutamente olvidado porque, no nos engañemos, la filosofía no suele ser la lectura diaria de los políticos, suelen ser los periódicos, y tampoco la filosofía es la lectura diaria de los periodistas. Yo, que me he dedicado modestamente a leer filosofía del derecho, me considero como ciudadano obligado a recordar estas cosas en mis publicaciones y cuando tengo la privilegiada posibilidad de hablar.

–¿Está usted de acuerdo con las distinciones semánticas últimas que se hacen entre laicidad (bueno, aceptable por la Iglesia, para la Iglesia católica) y laicismo (malo, denostado por la Iglesia)?

-Yo soy magistrado constitucional, por lo tanto me interesa lo que dice la Constitución. Si el Tribunal Constitucional ha hablado, interpretando nuestra Constitución, de laicidad positiva, cabe, a contrario, que dirían los clásicos, dar por hecho que existe una laicidad negativa. La laicidad negativa es la que se basa en la idea, laicista, que antes ha salido a relucir, de la separación drástica entre ámbito público y convicciones religiosas. A veces en plan de broma he dicho que hemos pasado, lo cual es cierto progreso, de la religión como opio del pueblo, por lo tanto de la religión como droga cuyo tráfico hay que perseguir, en la variante marxista, porque entontece a la gente y la anula como deseables revolucionarios, a la religión como tabaco del pueblo: fume usted en su casa, poquito y en su casa. El ámbito público libre de humos, sobre todo de incienso. Esa laicidad negativa no tiene nada que ver con nuestra Constitución. La laicidad positiva, ¿en qué consiste? En entender que la religión, como el deporte, como la música, como una serie de actividades a las que una serie de ciudadanos entusiasma más, a otros no les entusiasma nada, se consideran positivas en la sociedad. Eso justifica que los poderes públicos tengan una actitud de atención y de fomento de ese tipo de actividades. Y lo mismo que se fomenta la música e incluso la ópera, que para mucha gente es una castaña, o lo mismo que se fomenta el deporte, aunque hay gente a la que el fútbol le pone nervioso y lo considera entontecedor, a nadie le extraña que el rey vaya a ver un partido de fútbol o que la reina vaya a la ópera. Bueno, pues igual. A nadie le debe extrañar que los reyes vayan a una ceremonia religiosa, sobre todo si es además la expresiva de la inmensa mayoría del país. Eso es lo normal, cuando se entiende que la religión es un aspecto más del paisaje social y que incluso es enriquecedor. Y esto está muy presente en el libro y es muy interesante, es enriquecedor precisamente de los valores democráticos: eso lo dicen dos autores recogidos en el libro que no tienen nada que ver con la Iglesia católica. El ya citado Habermas, que se declara de muy mal oído para la religión, sordo para la religión, y John Rawls, norteamericano, que no tiene nada que ver con la religión católica. Ambos entienden que los elementos religiosos son alimentadores de lo que Rawls llama razón pública. Y Habermas subraya que las grandes religiones mundiales pueden y deben aportar razones al debate democrático; que el estado liberal se empobrece contradictoriamente si pone freno a esa aportación de razones. Así pues, para empezar, se elimina la identificación entre religión e irracionalidad, como si la religión fuera algo irracional, perturbador, y creador de problemas, para por el contrario, y son personas que no son creyentes en un caso, y en el otro, si lo es, que yo creo que no, desde luego no católico, pasan a entender la religión como algo que puede ser una fuente de razón que no va a salir de otro sitio. Por lo tanto, el estado liberal se empobrecería. Habermas, que es un alemán muy sensible a problemas eugenésicos, porque la experiencia de su país le ayuda, está convencido de que estos intentos actuales de biotecnología poco respetuosa con la vida humana, incluso con lo que él llama vida humana prepersonal, porque para él la persona es un tema jurídico que no le interesa demasiado, eso, los criterios éticos para frenar la biotecnología irrespetuosa con la vida humana, no van a venir de Wall Street. Está convencido de eso claramente, y aunque él no sea creyente, entiende que de donde sí pueden venir es de la religiones.

Hemos pasado, lo cual es cierto progreso, de la religión como opio del pueblo, por lo tanto de la religión como droga cuyo tráfico hay que perseguir, en la variante marxista, porque entontece a la gente y la anula como deseables revolucionarios, a la religión como tabaco del pueblo: fume usted en su casa, poquito y en su casa

-¿Por qué tanta gente opina lo contrario, es decir que la religión es perturbadora, negativa para la sociedad?

–Por el papel de la cultura predominante, y de los medios de comunicación que se alimentan de esa cultura y ayudan a configurarla.

–¿Y por los errores del pasado? ¿Por la relación entre las religiones y las guerras?

–No, no. Es como ha sucedido siempre en la historia de la humanidad. A pesar de que estamos muy autosatisfechos, la ignorancia no ha desaparecido. Ni la sabiduría sigue siendo una característica de la inmensa mayoría de la humanidad. Lo mismo que yo de física atómica no sé nada, hay otras personas que a lo mejor tienen grandes responsabilidades y que no se han parado a estudiar estos asuntos y a darse cuenta de en qué medida su discurso es coherente o incoherente. Les basta con ser seguidos y aplaudidos por otros que tampoco los estudian.

–Un estado que no se guía por verdades, por valores si se quiere, ¿se puede convertir en una banda de ladrones, como decía San Agustín, o ya se encarga la democracia de evitarlo?

–Mire a Hans Kelsen. Es una figura muy característica que expresa, y en este libro se refleja, la insuficiencia de la racionalidad positivista para captar el sentido de la realidad. Porque además Kelsen es un autor de una envidiable honestidad, de una envidiable coherencia. No le importa quedar en evidencia. Él dice: yo manejo este concepto de razón, y con este concepto de razón llego hasta donde puedo llegar. El resultado es para asustar a cualquiera, porque claro, cuando él luego habla de la democracia, es fuera de su método. Él tiene un método científico que le lleva a hacer una teoría del derecho que es incapaz de ir más allá de donde va. Kelsen no admite que haya unos derechos fundamentales que puedan condicionar al legislador. Estamos en una cultura postbélica totalmente distinta de la de Kelsen, que fue precisamente una víctima del nazismo y tuvo que emigrar, y una víctima de la debilidad de Weimar y de su relativismo, y se tuvo que ir a Estados Unidos para que no acabaran con él. Estamos en la cultura que estamos, afortunadamente. Hemos llegado, después de una dolorosísima guerra mundial y de un genocidio, a una cultura que entiende que hay valores humanos verdaderos, por supuesto, porque esa distinción entre verdades y valores es primeramente estratégica, valores humanos que hay que respetar, diga lo que diga la mayoría.

–Parece que eso se está olvidando otra vez. La impresión es que hemos entrado en una fase social nueva en la que eso se está olvidando.

–En efecto, como consecuencia de un déficit de derecho natural, o sea, de un déficit de racionalidad. Cuando la política, el poder, se desvincula de la racionalidad, estamos perdidos. Hasta ahora, a lo que se daba por desvinculado de la racionalidad era a la religión. Pero el problema es que la política se desvincula de la racionalidad. Si negamos que existan unas exigencias éticas objetivas racionalmente cognocibles, que eso es el derecho natural, si eso se niega, tenemos una democracia que flota en el vacío, y a la hora de la verdad los derechos fundamentales acabarán siendo lo que diga el que manda. Lo cual es falsear el sistema.

Solamente con un laicismo confesional se entiende que una capilla en una universidad pública se considere una profanación

–“Las creencias religiosas no se pueden imponer a nadie, eso es el integrismo”. Cuando usted oye eso, que se dice mucho hoy en día, ¿en qué piensa en primer lugar?

–Ya hemos dicho antes que el derecho existe, nos guste o no, de alguna manera para imponer. Porque incluso cuando protege, protege imponiendo a quien pueda amenazar aquello que protege. En lo que entramos simplemente es en un ámbito de discriminación religiosa, sin más. Porque, por ejemplo, ¿qué dice Rawls a esa pregunta? Rawls dice: para mí, lo religioso es absolutamente equivalente a lo filosófico y a lo moral. Sostener que si algo es religioso no se puede imponer equivale a decir que no se puede imponer nada que tenga algo filosófico, lo cual es absurdo, porque todo tiene algo filosófico. O no se puede imponer algo que tenga una relevancia moral, lo cual es sencillamente absurdo porque entonces el derecho no existiría, porque el derecho, sus exigencias fundamentales, generan obligaciones morales. El no matar es jurídico y genera una obligación moral. A Rawls eso le parecería un absoluto disparate. El propio Habermas habla, y en el libro queda reflejado, de una sociedad postsecular, entendiendo por postsecular a una sociedad postlaicista, lo cual viene a decir: el estado liberal se ha metido en un callejón sin salida con el tema del laicismo porque se obliga a sí mismo a empobrecerse al vetar una serie de aportaciones que vienen de las religiones sin tener ningún tipo de garantía de que las puede sustituir por otras. En el fondo lo que acaba ocurriendo, y la figura de Augusto Comte es muy clara al respecto, es que el positivismo, y el laicismo, que es su traducción política, se convierte él mismo en religión y en confesional. Solamente con un laicismo confesional se entiende que una capilla en una universidad pública se considere una profanación, cosa que ocurre entre nosotros. Solamente convirtiendo el laicismo en confesional se entiende que se prohíba a un profesor universitario dar una conferencia en una universidad por ser Papa, como ocurrió en La Sapienza en Roma. Eso es el confesionalismo más estúpido que cabe imaginar. Porque además es tramposo. Está hecho basándose en una presunta aconfesionalidad y en una presunta neutralidad que es la neutralización de lo que con todo derecho fundamental piensa la sociedad.

–Educación laica, no a la religión en la escuela pública. ¿Sí o no?

–Artículo 27.3 de la Constitución española: los padres tienen derecho a elegir la formación religiosa y moral de sus hijos, en el mismo artículo en que se dice que la educación básica es obligatoria y gratuita. Por tanto, si hay una educación obligatoria se entiende que incluye las ideas morales y religiosas. Ahora bien, cómo eso se articulará depende un poco de la realidad social en la que nos encontremos. Si el 70 por ciento de la población se declara libremente católica, lo lógico es que haya enseñanza de la religión católica en la escuela. Si hay otra confesión, como puede ser el caso alemán… ¡donde hay facultades de Teología! Recuerde la broma que Benedicto XVI expresa en Regensburg, la de un catedrático que decía: aquí en esta universidad tenemos dos facultades dedicadas a algo que no existe, que es Dios. Bueno…la cultura es la que es y la democracia funciona como funciona. Sigamos: entonces, si hay otra confesión religiosa que tenga en su momento un arraigo social efectivo y constatable, lógicamente habrá también enseñanza de ese tipo en la escuela. ¿Por qué no la va a haber? Y como es lógico, si unos padres eligen para sus hijos la enseñanza de determinada confesión, pues querrán tener la garantía de que quien enseña está enseñando esa confesión, y por tanto la jerarquía de esa confesión tendrá que ser la que acredite a ese profesorado. Eso es elemental y en nuestro caso está articulado a través de un tratado internacional dada la dimensión de la Santa Sede en el ámbito internacional. Pero en otros casos se podría hacer a través de las leyes que existen: con la comunidad islámica, con la judía y con la evangélica. Ahora bien, lógicamente, si el número de alumnos es mínimo, entonces se buscarán otras fórmulas. Hay muchas sentencias del Tribunal Constitucional en concreto acreditando la enseñanza de la religión en la escuela, en la escuela pública, por supuesto.

— “Las calles podrán rebosar de símbolos y manifestaciones religiosas, pero la escuela ha de mostrarse aséptica. Por lo visto tales símbolos han de considerarse deseducadores”; “rezar por la conversión de Rusia tendría ya mucho que ver con lo de la paja en el ojo ajeno”; “no deja de resultar surrealista que cuando, por fin, se integran en la ansiada Europa de las libertades hubieran de ceder a Estrasburgo lo que no concedieron a Moscú”. Como bien sabe, son frases literales de su nuevo libro. ¿Tiene que ver este tono irónico, humorístico, con la reacción, exacerbada en un sector de la prensa, que hubo contra usted cuando le nombraron magistrado del Constitucional hace un año?

–Tiene que ver con mi manera de ser que afortunadamente no es fruto de ninguna réplica a ningún medio de comunicación. Sin considerarme ningún genio, me parece que mi biografía tiene una mayor complejidad. Lo que sí quiero es no engañar a nadie. En el libro hay trabajos muy dispares. Lo digo porque muchas de esas afirmaciones es fácil que se hayan hecho en contenidos del libro que podríamos considerar divulgativos, aunque alguien benévolamente los calificaría de alta divulgación. Porque la capacidad de un profesor de ser divulgativo siempre suele frustrarse un poco. Entonces, por ejemplo, si se trata de una conferencia, como hay una ahí, sobre el relativismo, pues lógicamente habrá expresiones mucho más sueltas que si se trata de un artículo sobre Comte que me temo que no tenga cuestiones tan chistosas. Y sin duda puede deberse a que el autor es sevillano y tiene una cultura que le hace expresarse de una manera determinada.

–¿Para cuándo la ponencia sobre el recurso del PP a la ley del aborto de Zapatero, o lo cambia todo la actual reforma en curso de Gallardón?

–El orden del día de los plenos, y esto irá al pleno, se va resolviendo, y lógicamente lo resuelve el presidente del Tribunal Constitucional en contacto con los magistrados. Lo que yo encontré al llegar hace un año, puesto que se había anunciado ya la ley, es que parecía más sensato esperar un poco a que esa ley se conociera. Por un lado, ante la posibilidad de que pudiera hacer perder objeto al recurso que se había presentado, o que incluso que los que presentaron el recurso se plantearan retirarlo. Y sobre todo, me parece, para evitar cualquier asomo de intromisión política en un anuncio legislativo, como el que se había hecho. La verdad es que ha ido pasando el tiempo y no sé. Yo creo que habrá que volver a plantearse qué hacemos, porque el recurso sigue aquí y la ley no llega a salir. Con lo cual, yo no descarto que se plantee la posibilidad de un pronunciamiento, que ya digo, que se ha ido demorando por esa tesitura. Estamos a punto de cambiar de presidente del Constitucional, como es bien sabido. Supongo que el nuevo consultará al resto de los magistrados a ver cuál sería la actitud más oportuna. Yo, como ponente, en cuanto me digan que es el momento de llevar al pleno, pues llevo al pleno una ponencia. Eso no me va a costar mucho trabajo porque entre otras cosas, entre mi actividad académica, he dirigido un máster de bioderecho durante años. O sea, que no me va a costar mucho trabajo, y además lo he hecho lógicamente comentando la doctrina de la Constitución española sobre el particular expresada por su propio tribunal, de manera que no me va a costar mucho trabajo continuar esa doctrina. Pero estamos en esa tesitura.

Que algo sea inconstitucional es bastante difícil. Hay muchísimas estupideces que son perfectamente constitucionales, afortunadamente

–O sea, que va a tardar todavía

–No lo sé. Dependerá del nuevo presidente y de sus consultas.

–¿Ve justificada la objeción a su nombramiento como magistrado del Constitucional, que cito a continuación en forma de pregunta?: “¿Es razonable que quien ha dedicado dos décadas tan decisivas de su vida a hacer una interpretación en clave política de la Constitución se convierta en el máximo intérprete de la Constitución en clave jurídica”? 

–Si no conociera a Javier Pérez Royo [el autor de la crítica] me sorprendería mucho eso. Pero yo a Javier Pérez Royo lo conocí cuando él tenía 16 años y jugaba al ping-pong en las congregaciones marianas, yo iba al Cineclub Vida. Luego, en la facultad, iba un curso por debajo del mío, y tuve un trato amistoso con él. Pero él dijo algo más, dijo una cosa que me llamó relativamente la atención, porque lo conozco bien. Es que yo, como diputado, había votado contra muchas leyes, y que por tanto cómo ahora podría enjuiciarlas constitucionalmente. Es algo parecido a lo que me ha citado. Claro, con esa afirmación ignoraba algo que a mí me sorprende en un catedrático de Derecho Constitucional. Y es que parece que el único motivo que tendría que tener un diputado para votar contra una ley es que fuera contraria a la Constitución. Yo estoy de acuerdo con alguien que fue vicepresidente de este tribunal. Después de su paso por aquí llegó a esta conclusión: que algo sea inconstitucional es bastante difícil. Yo, cuando siendo diputado oía a un congresista argumentar: “Esto que dice esta ley es inconstitucional”, como si fuera la única razón para rechazarla, siempre pensaba que eso era bastante absurdo. Alguien también ha dicho, no es fuente personal: “Hay muchísimas estupideces que son perfectamente constitucionales, afortunadamente”. Tenemos una Constitución muy abierta en la que caben muchísimas cosas razonables y muchísimas tonterías porque, diríamos, lo que está prohibido es muy poco. Conclusión: es absurdo entender la política como si fuera decir sí o no a la Constitución. La Constitución lo único que nos hace es establecer un mínimo del que no cabe prescindir. Nada más. A partir de ahí empieza el debate político. ¿Y un señor que ha intervenido en el debate político puede establecer ese mínimo? Pues claro que sí. ¿Por qué no? Si pusiéramos esa exigencia aquí tendrían que venir profesores de matemáticas desinteresados por la política, digo yo, pero me parece que no es esa la función que se busca, precisamente. Estoy seguro de que los que van a elegir, espero, ya dentro de unos días, no sean profesores de matemáticas ajenos a todo interés político.


Andrés Ollero: Religión, racionalidad y política. Editorial Comares, 2013.

El Enrique VIII de Rakatá: una función para recordar toda la vida

Van a recordar esta sesión toda su vida, la van a recordar». Con esas palabras Ignacio Amestoy, director de UNIR Teatro, presentó y epilogó el Enrique VIII de William Shakespeare, interpretado anoche por la compañía Rakatá en el Teatro Cofidis/Alcalá, en Madrid.

Eran las 20:30 y el aforo completo: unas setecientas personas, muchas de ellas ligadas a UNIR. Al terminar la función, como pronosticó Amestoy, los comentarios de alabanza resultaron unánimes, al estilo de una señora que declaraba: «He disfrutado mucho porque he visto grandes actores, grandes artistas, jóvenes, llenos de creatividad. Me voy muy contenta».

Con tres puertas y dos columnas, es decir, con una escenografía espartana, se gozó de gran arte dramático. La clave estaba en la maestría de los actores y en la profundidad de los diálogos y de lo que se representaba. No fueron necesarios más adornos.

Ernesto Arias, director de Enrique VIII, declaró: «Quiero agradecer a la UNIR esta sesión, y también felicitarla por producir Tomás Moro, una utopía, que se estrenará el 5 de julio en el Festival de Almagro. De la misma manera que a la reina Catalina se le hace justicia en esta obra que hemos visto de Enrique VIII, a Tomás Moro se le honra en esa otra obra de Shakesperare y demás autores isabelinos».

En Enrique VIII, que de alguna manera es «un acto conmemorativo de homenaje al régimen», Shakespeare evita a ciertos personajes conflictivos para la monarquía de entonces, como Tomás Moro, Thomas Cromwell, o el padre de Ana Bolena. De hecho, en Enrique VIII, el nombre de Tomás Moro solo aparece una vez.

El actor Jesús Fuente, que interpreta magníficamente al cardenal Wolsey, afirmó: «En Enrique VIII se vive la problemática de una época, un momento clave en la historia de Inglaterra y en la historia de Europa. El personaje de Catalina (Elena González) es el único verdaderamente honrado, verdaderamente sincero y verdaderamente valiente, sin mácula».

Según Fuente, «Enrique VIII explica el carácter compasivo de William Shakespeare», porque expone la caída de tres personajes, pero deja que se justifiquen ante el público. El primero que se hunde es Buckingham, al que se le tiende una trampa, un noble de una importancia grande. El segundo es Wolsey, que representa la ambición. Wolsey quería ser Papa. En torno a su palacio vivían ochocientos nobles. Poseía más riquezas que el propio rey. La tercera es Catalina. Shakespeare permite que exprese todos sus sentimientos sobre unos hechos y en una tierra que no era la suya.

Arias abundó más: «La versión original duraría tres horas y media o cuatro. Shakespeare quiso condensar en esas tres horas y media o cuatro toda la transformación el país, todo el cambio social, y sobre todo religioso, de Inglaterra, el paso del catolicismo al anglicanismo«. De algún modo, «Enrique VIII es una alegoría donde el catolicismo está materializado por el cardenal Wolsey, un cardenal corrupto, y por la reina Catalina, que es una reina devota. En muchas de las puestas en escena que se han hecho en Londres, se ríen de ella, la retratan como una suerte de bufón, siempre la suele interpretar alguna actriz británica, con acento español e inglés deficiente. Pero a nosotros nos interesaba hacer justicia a la reina Catalina», con base a lo que ofrece el mismo texto de Shakespeare. José Padilla, el autor de la versión española, completó: «Básicamente, lo que tratamos de hacer fue rescatar a Catalina y sacarla a primer plano. Sabíamos que la cara dramática estaba ahí. Es un personaje a la altura de los grandes de Shakespeare. Catalina de Aragón es un personajazo».

A la pregunta de cómo había vivido la noche, Elena González (la reina Catalina) respondió: «Es difícil. Para mí, ahora, es un poquito más fácil, pero cuando leí el texto y luego cuando empecé con los ensayos, ¡madre mía, no sabía si llegaría a la altura de esa mujer!».

Fernando Gil estuvo soberbio en su papel de Enrique VIII, con su gesto de barbilla subida y explosiones de cólera. Al igual que Rodrigo Arribas, Northfolk en la ficción, Sara Moraleda (Ana Bolena), Jesús Teyssiere (Thomas Cranmer), vestido de franciscano y con miradas fulgurantes, y el resto del reparto.

En efecto, una noche para no olvidar. Véase:

http://tv.unir.net/videos/3954/32/UNIR-TEATRO-coloquio-sobre-Enrique-VIII

Y véase también:

Tamzin Townsend: «Tomás Moro, una utopía» engancha y tiene fuerza

El drama «engancha y tiene fuerza para los espectadores de 2013», ha comentado a Nueva Revista Tamzin Townsend, directora de Tomás Moro, una utopía. Esta es la obra que UNIR presentará en el Festival de Almagro. Townsend ha comenzado esta mañana los ensayos.

La directora, británica asentada en España, confía en que llegará al estreno de Almagro, el próximo 5 de julio, con su pieza perfectamente a punto. «El equipo es fabuloso, he trabajado ya con todos ellos menos con uno. Con este elenco es muy fácil», ha declarado.

La obra original, Sir Thomas More, está escrita en el inglés del siglo XVI, difícil incluso para los nativos del hoy. Pero el «contexto se entiende muy bien» y el trabajo de adaptación desactiva el problema del idioma. Sobre las diferencias entre la redacción de Shakespeare, Munday, Chette…, y la versión española, de Ignacio García May, afirma Townsend: «Ha querido introducir un personaje nuevo, el historiador, que es un tipo de narrador. Es como un toque a lo Brecht«. Pero «Ignacio es muy respestuoso y mantiene la esencia del texto». El historiador, interpretado por Richard Collins-Moore, se convierte en «el hilo conductor». 

Townsend replica inmediatamente, casi alterada, cuando se le pregunta sobre si la figura de Tomás Moro sale bien en esta obra. «Claro. Absolutamente. Absolutamente». ¿Y cómo se explica ese hecho en una Inglaterra que ya era anglicana cuando Shakespeare y coautores querían llevar su Sir Thomas More a las tablas? Responde: «Tomás Moro, para los británicos como yo, que han recibido toda la educación anglosajona desde primaria hasta la universidad, es una figura que no se relaciona en primer lugar con su decisión de no firmar los papales de repudio a Roma, lo que le exigía Enrique VIII. Así es como se le asocia en España. En Inglaterra se le ve como a una figura metida en el gran lío, de la misma manera que WolseyCromwell, etc. Yo sabía que Moro estaba a favor de Roma y de la Iglesia católica, y contra Enrique VIII, pero en Inglaterra no se aprende la historia acentuando tanto eso, como aquí en España. Yo no sabía que Tomás Moro era un santo».

Según Townsend en Inglaterra ahora Moro es una figura atractiva. «La gente le tiene aprecio. Mucho aprecio». ¿Y a Enrique VIII?. «Enrique VIII está más allá de la estima o el desprecio. Es un personaje que cambió la historia de la religión. Depende mucho de si eres anglicano o católico. Pero los ingleses más que nada conocen a Enrique VIII por haber tenido seis mujeres y por haber decapitado a dos; no por su relación con la Iglesia. Las cosas como son, Inglaterra es así».

José Luis Patiño interpreta a Tomás Moro. «Estoy buceando mucho ahora en él, y es complicado, es complejo», sostiene. «Es un personaje muy a reivindicar  porque pone de manifiesto una serie de valores muy necesarios: la coherencia, el sentido de la justicia… no venderse, no dejarse vencer por las circunstancia; todo eso creo que son virtudes muy a reivindicar en el mundo de hoy».

Patiño, como Townsend, señala el papel central del historiador, que incluso «en el vestuario marca una diferencia porque llevará ropa actual… Tomás Moro es Tomás Moro, pero el historiador es el otro gran personaje de la obra».

Enrique Navarro: «Sabremos por qué algunos son más inteligentes que otros»

Enrique Navarro (Alicante, 1980) es pedagogo y profesor de Metodología de Investigación en el Máster de Neuropsicología y Educación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR). Antes de incorporase a la UNIR, investigó en el “Northwest Evaluation Association” (Portland) y en el “Center for the Study of Testing, Evaluation, and Educational Policy” (Boston).

El 2 de abril, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, lanzó un plan para descifrar el enigma del cerebro, el proyecto llamado “Investigación del cerebro a través de neurotecnologías innovadoras avanzadas” (Brain). El profesor Navarro nos pone en contexto con ocasión de este ambicioso plan.

— ¿Cuáles son los grandes retos de la neurociencia?
–La neurociencia trata de aclarar los procesos cognitivos; más en general, trata de saber cómo funciona el cerebro, de cuyos secretos estamos aún en una etapa muy inicial. Todavía no se ha trazado un mapa cerebral completo. Esa es la base que falta para que la neurociencia se convierta en la rama fundamental que será en la solución de tantos problemas médicos, psicológicos y educativos, desde el alzheimer hasta el autismo.

–¿Qué quiere decir con “mapa cerebral”?
–¿Recuerda la investigación que también lanzó EE.UU. para descifrar el genoma humano?, ¿para individualizar todos los genes que hay dentro de ADN humano? Pues lo del mapa cerebral es algo parecido. Hay que desentrañar el funcionamiento neurológico del cerebro, neurona por neurona. Hay casi cien mil millones de neuronas en el cerebro. Se trata de levantar un mapa que dibuje el funcionamiento de esos cien mil millones de neuronas.

–¿Y es posible, con tantas neuronas?
–En principio, sí, con la ayuda de la nanotecnología. Hasta ahora se han detectado áreas concretas dentro del cerebro que determinan el funcionamiento de algún tipo de proceso cognitivo, por ejemplo, la función del habla está en la llamada área de Broca, pero aún no existe ese mapa general de todo el funcionamiento del cerebro.

–¿Qué podemos esperar del plan de Obama?
–Que se dé, con el mapa cerebral, un gran impulso para descifrar el misterio del cerebro humano. Se va a formar un equipo multidisciplinar muy amplio y se van a invertir 100 millones de dólares al año, empezando en 2014. Habrá sorpresas. Sabemos que nos parecemos más a determinado grupo de personas en función de nuestro mapa genético común. Con el cerebro pasará algo parecido. Se podrá determinar por qué algunos seres humanos son más inteligentes que otros, se sabrá más y mejor sobre problemas visuales, de lateralidad, de procesos cognitivos en el aprendizaje, de conducta, etcétera.

–¿Llega el determinismo?
–No creo que todo el comportamiento sea cien por cien biológico. El contexto también está ahí. Influye en cómo aprendemos. El cerebro es un músculo y se puede entrenar. Lo que sí se sabrá mejor es qué área del cerebro está determinando el comportamiento de una persona… por lo tanto, se puede abrir la posibilidad a la manipulación, con medicinas u otro tipo de tratamientos.

–Ahora se habla siempre de inteligencias múltiples. ¿Hay alguna que sea más relevante?
–La importancia depende del campo al que se quiera aplicar esa inteligencia. Está claro que un científico necesita una inteligencia lógico-matemática más desarrollada. La inteligencia emocional, la capacidad de empatía, está más de moda. Lo políticamente correcto es que todas son igual de importantes, pero no todas sirven para lo mismo.

–¿Cómo se desarrollan las inteligencias? ¿Leyendo? ¿Estudiando? ¿Memorizando? ¿Por qué hay personas que “de forma natural” son más inteligentes que otras?
-Hay personas que de forma natural son más inteligentes que otras porque existe ese componente genético y cerebral. Hay temor a decir que los resultados académicos son producto de la inteligencia y vincularlos directamente a la genética. Pero lo que ocurre realmente es que sí que hay cierta gran parte de componente genético y cerebral en la inteligencia de una persona, aunque la inteligencia se pueda entrenar.

–¿Sabemos qué tenía de partida, por ejemplo, Einstein, para ser tan inteligente?
–Su cerebro pesaba más que el resto.

–Eso es una apreciación demasiado básica.
–Sí. Es algo muy elemental. Aunque un mayor volumen cerebral sí que podría estar vinculado con una mayor inteligencia. En cualquier caso, hay individuos que desarrollan algún área del cerebro más que otros, como podría ser Mozart y la zona cerebral vinculada a la música. Probablemente no sea tanto el tamaño como el número de conexiones neuronales.

–Pero esto tampoco está demostrado.
–No. De ahí que se quiera trazar el mapa cerebral, para tratar de averiguar cómo las conexiones entran en juego en el aprendizaje.

–¿Y está demostrado que quien memorice más, llega a ser más inteligente?
–No más inteligente. Pero si uno entrena su memoria, tendrá más memoria, si uno lee mucho, su capacidad de compresión lectora, aumentará. Lo que ocurre es que a lo mejor ese mayor interés ya es también un signo de mayor inteligencia. Pero no se conoce en detalle la relación causa-efecto. Memoria e inteligencia pueden tener cierto grado de correlación, pero tampoco determina una a la otra. La inteligencia está más vinculada a la capacidad para resolver situaciones nuevas. Se puede tener una capacidad de memoria brutal, aprender el número pi con mil dígitos, y ser incapaz de reaccionar ante un problema vital nuevo. Una de las características principales de la inteligencia es que resuelve situaciones nuevas con los aprendizajes adquiridos. En las evaluaciones de PISA, no se pregunta por fechas, autores…, sino que son pruebas para aplicar lo aprendido a situaciones nuevas. Por eso se dice que PISA, más que conocimientos escolares, lo que evalúa es la inteligencia de los niños.

–¿Qué relación hay entre la inteligencia y escribir bien, en el doble sentido de escribir bien, caligráfico y de claridad y estilo?

— Hay estudios que vinculan tanto la compresión lectora y la capacidad de expresión escrita con el nivel intelectual. Son pocos, porque hay cierta reticencia, sobre todo en España, a publicar en revistas científicas estudios que vinculen los resultados académicos con la inteligencia, por aquello de lo políticamente correcto. Pero de alguna manera un mayor interés por la lectura, un mayor interés también por la escritura, está relacionado con una mayor capacidad intelectual. Lo que ocurre es que también aquí influye el contexto. Por ejemplo, los padres pueden desarrollar capacidades de sus hijos si fomentan que lean no de una manera obligada como si fueran deberes para casa, sino por propia iniciativa.

La neurociencia, un arma contra el fracaso escolar

El profesor Navarro trabaja con la profesora Martín Lobo en la UNIR en el máster en Neuropsicología aplicada a la Educación. Aquí aplican los avances científicos del conocimiento del cerebro para enriquecer y actualizar las metodologías en el aula. Así dan respuesta educativa a todos los alumnos. No solo a los que tienen dificultades en el aprendizaje. También a aquellos con altas capacidades.

–¿Cuál es la relación entre la neurociencia y la psicología y la educación?
–Hay problemas de aprendizaje que no se sabía que podían ser cerebrales, como el de déficit de atención. Un niño puede que no aprenda a escribir a una determinada edad porque tiene a lo mejor un problema de dificultad de visión de carácter no tan sencillo de detectar.

–El fracaso escolar, ¿tiene relación con lo que hablamos?
–Sí, hay una relación clara. Hay muchos niños y niñas que fracasan escolarmente porque no están bien diagnosticados. En un aula puede haber entre 25 y 25 alumnos y un solo profesor para todos esos alumnos es imposible que sea capaz de detectar problemas tan concretos. Pilar Martín Lobo, que es la coordinadora del Máster en Neuropsicología y Educación en UNIR, es pionera en aplicar la Neurociencia a niños con problemas escolares. De lo que se trata ahora es de generalizar eso.

— La neurociencia estudia también el influjo de cierta literatura, como “Crepúsculo”, y de los videojuegos, el cine, las redes sociales, etc., en los adolescentes.
–Lo de “Crepúsculo” no lo sabía. Lo miraré. Pero desde luego sí que ya hay muchos estudios sobre cómo afectan las redes sociales al comportamiento de los usuarios. Por ejemplo, los los usuarios de redes sociales tienden a comportarse de una manera más grupal que otras personas que no las utilizan.

A propósito de Tomás Moro, una utopía: Sir Thomas More en los teatros ingleses

En el Sir Thomas More que se conserva en el British Museum intervino la pluma de William Shakespeare. Una versión en español de esa obra, titulada «Tomás Moro, una utopía», la estrenará UNIR el próximo 5 de julio en el Festival Internacional de Teatro de Almagro.

El «Sir Thomas More» es una joya escondida por varios motivos. En primer lugar por su origen oscuro, hasta que la crítica, a mediados de los años veinte del siglo pasado, con Alfred Pollard a la cabeza, presentó argumentos sólidos sobre la autoría de Shakespeare. Ahora «Sir Thomas More» se incluyen en el canon de las ediciones modernas más importantes de la obra completa del maestro inglés, como The Oxford Shakespeare y la Arden Shakespeare.

En segundo lugar, «Sir Thomas More» ha sido escasamente representado. No se sabe si llegó a ser estrenada en la época del teatro isabelino. Hasta 1922, con la producción estudiantil del Birkbeck College (Universidad de Londres), tampoco se conoce compañía alguna que se interesara por ella. Tras el Birkbeck College, más de cuarenta estudiantes del King’s School (Canterbury) la recuperaron del 4 al 6 de November 1938.  Pero hubo que esperar hasta 1954 para que la llevaran a las tablas actores profesionales. Fue del 22 al 29 de junio de 1954 en el London Theatre Centre for the Advance Players Association. Por radio, entera o alguna parte, la han retransmitido dos veces el tercer programa de la BBC (1948, 1956), una vez la Radio Pública de Austria (ORF), en 1960, y de nuevo la BBC en 1983.

Finalmente, en 2005, Nigel Cooke encarnó a Moro, con la Royal Shakespeare Company, y cosechó un gran éxito. En aquella ocasión, el crítico Christopher Hoile recordaba que la obra, en su momento, había sido prohibida, lo cual ya suponía una distinción. Era un «vívido relato» de los altercados contra los inmigrantes habidos en Londres en 1517. Además, dejaba en buen lugar al «católico Tomás Moro», que no podía dar por bueno el divorcio de Enrique VIII. «No deja de ser significativo que el mismo Enrique VIII no sea un personaje de esta obra», añadía.

Pero el drama no es solo valioso por todas estas curiosidades, según Hoile. El asunto de la refriega contra «los extranjeros» que «quitan» puestos de trabajo a los nativos es de gran actualidad. «Sir Thomas More» está tan bien estructurada, que no se puede sospechar que haya varios autores.  Moro, en su papel de agente del orden, calma a los levantiscos y pide que se imponga la ley. De la misma manera que defenderá que la ley vale también para el rey, aunque eso le traiga la muerte. Según Hoile, puesto que revela «más del mundo de Moro antes de su ascenso a las altas cumbres del Estado», este drama ofrece un retrato «más redondo» que el de Robert Bolt, “A Man for All Seasons”, «Un hombre para la eternidad», según la versión en castellano de la misma obra llevada al cine.

Nigel Cooke, en el papel de Moro con la Royal Shakespeare Company, había conseguido encarnar a un hombre que era no solo un santo, sino también una persona corriente, con «un sentido inviolable de la justicia, popular del humor, y con una empatía real con la gente de la calle». Había hasta teatro dentro del teatro en la segunda parte de la pieza («El matrimonio del ingenio y la sabiduría»). Y tensión en la escena en que instan a Moro y al obispo de Rochester a que se adhieran a los deseos de Enrique VIII.  En resumen, concluía, «un espectáculo memorable».

Julio Artieda: «Para formar redes neuronales tiene que haber aprendizaje»

Julio Artieda dirige el área de Neurociencias del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra. El doctor Artieda es autor de más de 150 artículos en revistas internacionales, 8 libros y monografías y de casi 400 ponencias y comunicaciones a congresos.

Artieda dirige en su Universidad un máster en Neurociencia y Cognición con un perfil más clínico que el máster de la UNIR, orientado a la Educación. En esta entrevista para Nueva Revista explica de forma clara el panorama del apasionante trabajo donde se mueve.

–¿Podría concretar qué es la Neurociencia, cuáles son los últimos avances terapéuticos y sus grandes retos?

–La Neurociencia es el conjunto de disciplinas científicas que estudian la estructura y la función, la bioquímica, la farmacología y la patología del sistema nervioso. Intenta abordar multidisciplinarmente el sistema nervioso, estudiándolo en su globalidad. En las últimas dos decadas ha habido grandes avances en el conocimiento del cerebro desde el punto de vista molecular, celular o de sistemas. Esperemos que en la próxima década todos estos conocimientos que se han acumulado permitan encontrar nuevas dianas terapéuticas y diseñar nuevos tratamientos para tratar las enfermedades neurológicas que tanto incapacitan a nuestros pacientes.

–¿Qué alcance le da al anuncio del presidente Obama, el pasado 2 de abril, sobre el Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies (Brain), Investigación del Cerebro a través de Neurotecnologías Innovadoras Avanzadas?

–La iniciativa del presidente Obama es estupenda.  Espero que tanto la iniciativa privada como la pública, en España y otros países, se unan y apoyen la investigación en Neurociencia aumentando y no recortando los fondos de investigación. Apoyar el conocimiento es imprescindible para enfrentarse al futuro.

–¿Podremos llegar a entender a fondo cómo el cerebro humano es capaz de hacer funcionar la mente y generar la conducta, o habrá algo intangible, algo que se puede llamar “espíritu”, “alma”, que lo complique o impida? ¿Se sabe ya mucho sobre las bases biológicas de la conducta?

–La Neurociencia nos permitirá llegar a entender cómo funciona el cerebro. Es decir, nos permite profundizar en el plano orgánico. Entender la mente u otros aspectos más elevados pienso que se escapa de las herramientas de las que disponen las neurociencias, y es mejor recurrir a otras áreas de conocimiento como la Psicología, la Filosofía, la Teología, etc.

–¿Cuál es la relación entre la Neurociencia y otras disciplinas, en concreto la Educación y la Psiquiatría?

–Es una relación muy íntima. Muchas de las grandes enfermedades psiquiátricas tienen una base orgánica, es decir, son debidas a alteraciones funcionales de estructuras del cerebro. Por eso cada día los psiquiatras deben tener una mayor preparación en Neurociencia, y es más, formar parte de la Neurociencia. Lo mismo podriamos decir de la Educación.

–Ahora se habla de inteligencias múltiples. ¿Hay alguna que sea más relevante?

–Estas clasificaciones son un poco artificiales. Todas son importantes. Lo fundamental es saber desarrollarlas adecuadamente y escoger el ámbito de trabajo que más se adecue a sus capacidades y competencias.

–¿Cómo se desarrollan la inteligencia? ¿Leyendo? ¿Estudiando? ¿Memorizando? ¿Por qué hay personas que “de forma natural” son más inteligentes que otras?

–La inteligencia no la da el mayor tamaño o peso del cerebro. Para las funciones cerebrales son muy importantes las redes neuronales, es decir, las conexiones entre los distintos circuitos. Para formar redes neuronales adecuadas es necesario que el cerebro esté sano y que exista un aprendizaje, por repetición, estudio, lectura, etc. En cada tipo de aprendizaje será mejor una determinada estrategia.

–La memoria y la repetición para memorizar han sido denostadas muchas veces como métodos pedagógicos. ¿Es un error? ¿Es una mayor o mejor memoria un signo de más inteligencia?

–Memoria e inteligencia son importantes. Aunque diferentes, están íntimamente relacionadas. Pero una persona con poca memoria puede ser más inteligente que otra que tenga más.

–¿Hay bases neuropsicológicas del fracaso escolar?

–Indudablemente en muchos casos puede haber un trastorno neuropsicológico como base del fracaso escolar. Un déficit de atención, dislexias, problemas del lenguaje pueden favorecer el fracaso escolar.

-¿Cuáles son los mecanismos biológicos del aprendizaje?

–Es complicado explicar en pocas palabras un tema tan complejo desde un punto de vista neurobiológico. El aprendizaje se fundamenta en la creación de nuevas conexiones ente neuronas con el fin de generar redes neuronales.

–¿Qué aproximación tiene la Neurociencia ante un problema como el autismo, para el que no hay hoy día cura de ningún tipo?

–Cada día se va definiendo mejor todo el espectro del autismo, que es bastante amplio. Existe una abundante investigación del autismo desde un punto de vista molecular, genético, estructural,  funcional, y conectiológico entre distintas areas cerebrales.  Aunque se han descrito alteraciones a muchos de estos niveles, todavía no se han encontrado resultados que permitan comprenderlo al completo o definir una diana terapeútica eficaz.

–¿Es cierto que la Neurociencia estudia también el influjo de cierta literatura como “Crepúsculo”, y de los videojuegos, el cine, las redes sociales, etc., en los adolescentes? ¿Llega a alguna conclusión?

–Puede ser que haya algunos estudios neurocientíficos sobre el tema, pero es algo completamente colateral en la Neurociencia.