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El tratado de libre comercio con EE.UU. supondrá 143.000 empleos nuevos para España

La firma del tratado del libre comercio entre la Unión Europea y los Estados Unidos supondrá para España “la creación de 143.000 puestos de trabajo y un aumento del 6,55 por ciento en la renta per cápita”.

Esas palabras las ha pronunciado Jaime García-Legaz, secretario de Estado de Comercio Exterior, en el marco de su ponencia “Perspectivas de gobernanza económica internacional post 2015”, dentro del  seminario “Después de 2015, ¿más o menos liberalismo? XXV años de Nueva Revista de Política, Cultura y Arte“, que se celebra en Santander, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

García-Legaz ha añadido que esas cifras, arrojadas por un reciente estudio de la Fundación Bertelsmann, estaban avaladas por los mejores especialistas económicos, y que a él también le parecían válidas. Ha añadido que España sería el segundo país de la Unión Europea más beneficiado por el Tratado de Libre Comercio entre la UE y USA (el llamado TTIP), y que la UE, en su conjunto, crecería un 4,9 %.

A la pregunta de por qué España sería el segundo país más benefiado, García-Legaz ha respondido que especialmente por el empujón que supondría para dos sectores en los que España es muy competitiva: el del automóvil y el agroalimentario, especialmente el aceite de oliva y el vino. Los únicos que en España tienen ciertas reticencias son los productores de carne de vacuno, donde los EE.UU. son muy competitivos. Pero para ellos habría “periodos transitorios”, como ocurrió cuando España ingresó en la Unión Europea. El secretario de Estado de Comercio español espera que el tratado de libre comercio UE-EE.UU. se firme finalmente en 2016.

Sobre el efecto de una posible irrupción del populismo tras las elecciones en España y su posible influencia en el TTIP, García-Legaz se ha mostrado confiado. “El PSOE se ha manifestado públicamente a favor, y si el PSOE y el PP están a favor, el tratado, por lo que a España se refiere, saldrá”.

En la tercera jornada también han intervenido José María de Areilza, profesor de la cátedra Jean Monnet (ESADE), y Miguel Herrero de Jáuregui, profesor de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid.

José María de Areilza ha disertado sobre “Perfiles menos y más liberales en la Unión Europea”. La idea de la que la Unión Europea se convierta en un Estado de carácter liberal (en el sentido de la separación de los tres poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial), algo que no es ahora (ni Estado ni liberal), es algo irrealizable para Areilza en este momento, una meta demasiado alta. El profesor ha propuesto que se vaya más bien por el camino de la transparencia y de las explicaciones, y que a partir de ahí, señalando lo ya conseguido, se avance, de tal  manera que la Unión Europea se convierta en un auténtico actor global más allá del libre comercio. Ya no vale simplemente el decir que “la solución es Europa” cuando Europa misma, su construcción, sus límites, sus posibilidades, están llenos de problemas.

Areilza ha criticado la “forma irresponsable” en que se lanzó el euro, sin que se tuviera en cuenta la armonía fiscal interestatal requerida ni un Banco Central con auténtica capacidad de maniobra (“un Rolls-Royce viajando por un camino de barro”). Eso ha desembocado en las lamentables turbulencias de la moneda única, que ha ejemplificado la crisis griega. En su opinión, la UE ha sido “más responsable en la manera de sujetar el euro (con la crisis) que en la manera de ponerlo en marcha”.

Miguel Herrero de Jáuregui, finalmente, ha disertado sobre “Entre ‘pax deorum’ y guerra santa: políticas sobre el conflicto religioso”. Herrero de Jáuregui ha expueso los problemas ligados al de la libertad religiosa apoyándose en las vicisitudes paradigmáticas del siglo IV, en el que nos movemos desde las persecuciones brutales contra los cristianos de Diocleciano, el edicto de Milán de Constantino y la paz con la Iglesia, pasando por el Concilio de Nicea hasta llegar a la posición cristiana como religión estatal.

Ese espejo del siglo IV le ha servido para hablar del comportamiento de las religiones dominantes, de su sometimiento o no al poder del Estado, del papel de las minorías y de la forma de afrontar la libertad religiosa según el modelo francés (laico) o el anglosajón, más liberal.

Liberalismo: ¿más o menos después de 2015?

En la segunda jornada del seminario “Después de 2015, ¿más o menos liberalismo? XXV años de Nueva Revista de Política, Cultura y Arte“, que se celebra en Santander, han intervenido Antonio Erias Rey, Vicente Martínez Pujalte, Guillermo Graíño e Ignacio Peyró.

Antonio Erias Rey, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Coruña, ha disertado sobre “Energía, calentamiento global y desarrollo”. Erias ha insistido en la importancia de que cada nación se considere como parte de un todo para abordar con eficacia los problemas relaciones con el desarrollo, la pobreza, la energía y el cuidado de la naturaleza. “A los 1.300 millones de personas que no tienen electricidad es difícil hablarles de la reducción de CO2”. Se ha manifestado a favor de que Europa conozca los recursos de que dispone, entre otras cosas para considerar técnicas como el fracking, que ha permitido a los Estados Unidos la autosuficiencia energética, sin por ello renunciar a las energías renovables.

Para convencer a la población mundial de la necesidad de combatir el cambio climático, ha recomendado el camino de la ilustración y de la explicaciones, conseguir que los argumentos hablen por sí mismos; así, las personas actuarán en “su propio interés”.

Vicente Martínez Pujalte, portavoz de Economía y Competitividad del Congreso, en su conferencia sobre “La legislación española contra la recesión (2011-2015)”, ha dado un repaso por lo que según él fueron los errores del Gobierno de Zapatero; y el por qué de las medidas del Partido Popular a partir de 2012. En su opinión, más allá de quién gane las próximas elecciones, seguiremos en “la fase ascendente del ciclo económico en el que estamos”, y que vienen “cuatro o cinco años buenos”. El PP había hecho bien la reforma financiera y la reforma laboral, aunque se podría avanzar todavía mucho en la reforma de la administración pública y en la consolidación del gasto público.

Guillermo Graíño, profesor de Teoría y Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria, en su ponencia sobre “Derecha y nuevos populismos europeos”, ha subrayado que, para los populismos, los partidos políticos son una excepción; ellos reparten la nación entre el 99 por ciento de pueblo y el 1 por ciento de las elites (“la casta”). La elite no trataría de verdad los problemas reales del pueblo, como por ejemplo, la inmigración en Francia (eso sostiene el Frente Popular de Le Pen).

Ignacio Peyró, vocal del gabinete del presidente del Gobierno, ha hablado sobre “Con y sin compasión. El partido Tory, de Churchill a Cameron”. Peyró ha empezado señalando que Gran Bretaña era un país libre de populismo. Tras hacer un recorrido por la historia británica al filo del partido Tory, ha llegado hasta el actual primer ministro Cameron para afirmar que ahora mismo es un político que se encuentra “bastante cómodo”. Cameron pone el énfasis en las necesidades de la sociedad, algo aparentemente no muy asociado a los tories. Pero precisamente esa es la fuerza de ese partido: 80 años de historia en la que siempre ha sabido adaptarse conservando sus buenas tradiciones, renovándose pero con principios. De alguna manera, Manuel Fraga quiso para el Partido Popular ese aire de los tories, de tal manera que su PP representara a las clases medias. A eso aludía Marian Rajoy el pasado 24 de abril cuando sostuvo: “Confíen en mí, les irá bien”. Peyró también ha destacado que en España el papel de los partidos visagra lo tienen los nacionalistas, y no los liberales, que se incluyen en las filas del Partido Popular por los fracasos continuados cuando han ido a las urnas con nombre propio.

La sesión de hoy, finalmente, ha sido moderada por Miguel Ángel Gozalo, editor adjunto de Nueva Revista.

José María Lassalle y el liberalismo más allá de 2015

José María Lassalle, secretario de Estado de Cultura, ha inaugurado hoy en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), en Santander, el seminario Después de 2015, ¿más o menos liberalismo? XXV años de Nueva Revista de Política, Cultura y Arte.

Lassalle, él mismo profesor universitario experto en liberalismo, ha hecho un recorrido histórico al hilo de este concepto, y lo ha aplicado a la situación española para concluir que, por supuesto, “es necesario más liberalismo”. Él lo entiende como filosofía política y de vida, basada sobre todo en los principios de John Locke (1639-1704) y de Adam Smith (1723-1790). De este segundo ha recomendado la lectura “directa y completa” de su “Investigación sobre el origen y las causas de la riqueza de las naciones”, donde también se dice que cuando se “reúnen dos o tres empresarios es para conspirar contra el mercado”. Su liberalismo, según Lassalle, es una “filosofía de la libertad” al “servicio de una política de la libertad”, en la que se “respeta la propiedad, la torelancia y la dignidad”. “Para un liberal -ha añadido-, el bien público existe, y sin ley, como defendía Locke, no puede haber libertad”.

2015, en efecto -ha continuado el secretario de Estado-, es una fecha de corte que va a marcar una nueva época en nuestro país. Estamos en un tiempo en el que “todo lo sólido parece desvanecerse en el aire”, en el que prevalece la “incapacidad para prestar atención”, y en el que nos alejamos del saludable “pararse, pensar y vivir”.

El Gobierno, ha dicho más adelante, en la situación de crisis desatada en 2007, ha tenido que dedicarse sobre todo a “controlar daños” y a “urgencias mayores”. Ahora había llegado el momento de “no caer en neurosis colectivas”, de “hacer pedagogía” y de “calcular los riesgos de las decisiones”.

Gabriel Elorriaga, diputado del PP, presidente de la Comisión de Hacienda y Administraciones Públicas del Congreso, ha hablado de “Conciencia fiscal, desigualdad y crisis política”. Según él, los españoles “no cuestionan en general ni nuestro Estado de bienestar ni el sistema tributario”, pero está claro que hay que seguir reformándolos para que sean sostenibles. En concreto ha hablado del sistema de pensiones, que surgió en una Europa en la que mucha gente joven entraba a formar parte del mercado laboral, cuando ahora hay muchas más personas que salen de él, reemplazadas en todo caso por jóvenes con menos ingresos, de los que el Estado también puede recaudar menos. Los mayores han pagado menos y están recibiendo más mientras que los jóvenes van a pagar más y no están seguros de que recibirán prestaciones equiparables. Esta disfución puede crear un conflicto generacional.

La redistribución de la renta muchas veces beneficia a los mejor situados económicamente, sobre todo a los relacionados con la función pública. El 20 por ciento más rico de la población española recibe, de ayudas públicas, el doble que el 20 por ciento más pobre.

Andrés Ollero, magistrado del Tribunal Constitucional, ha pedido más altura de miras en el Gobierno. A este respecto ha recordado: “La Constitución española se ha modificado dos veces porque Europa lo ha exigido” (control del déficit), y no porque los políticos españoles tomaran las riendas y se adelantaran a los peligros. Ha mencionado también otro caso de gran impacto de alguna manera impuesto por Europa: la destrucción del sistema de pesebre de las arcas públicas de las Cajas de Ahorro españolas.

En su original intervención, bajo el título de “Diálogo de tribunales, perdonen las molestias”, ha tratado igualmente de la necesidad de una mejora en las estructuras de la Unión Europea. Con base en el llamado “caso Menoni”, ha apuntado al problema de que el Tribunal de Luxemburgo actúa cuasi como un Tribunal Consitucional europeo, cuando no lo es, y cuando a la propia UE le falta una estructura liberal (división de poderes) en la que le ganan al menos muchos de sus estados miembros.

Juan José Güemes, profesor del Instituto Empresa, ha dado una conferencia bajo el título de “Aristoburocracia”. Con datos en la mano, ha puesto de manifiesto que mientras el sector privado “ha hecho los deberes” durante la crisis, el sector público ha incrementado el gasto, y ahora mismo “estamos en una situación en la que ya no haya margen de error”. Estaba vivo el Leviatán, el demonio de la creencia del presupuesto ilimitado del Estado, como ya denunció Bucanan. “La burocracia cuesta ya más que en 2007 y su masa salarial total es superior; y un 50 por ciento superior al salario privado medio”. Mientras que la deuda pública ha subido y supera el billón de euros, la privada ha caído. “Las empresas y las familias han hecho sus deberes”. En su opinión, es necesaria una pedagogía continuada para explicar lo que se ingresa y lo que se gasta, establecer prioridades en el gasto y ajustarse a él. “Primero hay que gastar en lo que se debe” y hay que saber “quién gasta y en qué se gasta”, con el enfoque de no endeudarse. En definitiva, ha denunciado más burocracia y más cara; administraciones públicas complacientes; y a un sector público contrario a que se mida su desempeño.

Arturo Moreno, presidente de Telemadrid, ha insistido en el enorme valor del legado de las instituciones democráticas y en la necesidad de grandes acuerdos nacionales. Ha aludido a la existencia de la verdad para combatir tanto el nacionalismo como el populismo y a la realidad de que la mayoría, el 50 por ciento más 1, tampoco estaba por encima del derecho en el contexto populista de negar la verdad y la legalidad, como se puso de manifiesto paradigmáticamente en la Alemania de Hitler.

Carlos Aragonés, diputado del PP, es, junto con Miguel Ángel Garrido, editor de Nueva Revista (una publicación de UNIR, la Universidad Internacional de la Rioja), el director de este seminario. Aragonés, en su intervención, ha aludido al espíritu liberal de Antonio Fontán, el fundador de Nueva Revista, el primer presidente del Senado tras la restauración de la democracia en España. Tanto Aragonés como Lassalle han subrayado el papel clave de las revistas culturales para explicar y reflexionar sobre lo que es el respeto a los demás y la búsqueda de la verdad. Ese “talante liberal” crea una sociedad plural y pacífica, en la que cabe además el bien material y económico de todos.

En la sesión de hoy, finalmente, también ha intervenido Eugenio Fontán. Gracias al patrocinio de UNIR -ha afirmado- es posible que Nueva Revista se siga editando, y que celebre ahora los 25 años de existencia.

Teresa de Jesús. «En las mismas vivas aguas de la vida»

Teresa de Ávila, Teresa Sánchez, Teresa de Cepeda y Ahumada o Teresa de Jesús (este último nombre fue el elegido para sí) nos dejó en herencia un legado presente en obras como Libro de la vida o Camino de perfección, todas ellas de carácter autobiográfico, meditativas, reflexivas, de búsqueda de la autenticidad y verdad del yo en la voz de Aquel y de aquello –Dios y la experiencia poética-. La obra poética, la literatura, es la tierra en donde Teresa de Jesús cultiva sus vivencias y sus inquietudes, un medio que es fin al mismo tiempo, un medio y un fin cuyo destino es la satisfacción espiritual, el sosiego y progreso intelectual en el mundo interior –religioso- de la persona: “No poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar; porque si no procuráis virtudes y hay ejercicio de ellas siempre, os quedaréis enanas; y aun plega a Dios que sea sólo no crecer, porque ya sabéis que quien no crece, descrece”.

Celebramos quinientos años de vocación espiritual y poética, de proyecto de vida religiosa en comunión con la verdad de la palabra y el convencimiento de que en la meditación y perfección de ésta hallamos la respuesta -y la consiguiente presencia- de Dios. Celebramos quinientos años del nacimiento de una mujer extraordinaria. ¿Quién fue esa mujer extraordinaria? Si me permiten, por aquí.

INQUIETUD Y EMOCIÓN

La personalidad de Santa Teresa de Jesús fue la de una mujer humanista y abierta a la reforma de las costumbres por entonces imperantes en la Iglesia. No es una figura convencional del catolicismo: su ánimo de inquietud le llevó a la reforma de la orden del Carmelo, fundando diecisiete centros y abriendo el camino a la rama descalza. Su personalidad humanista, en concordancia con las corrientes intelectuales de la época, le valió la censura en alguna que otra ocasión. Teresa de Jesús se mostraba disconforme, en actitud de antagonista, con los modos y las costumbres imperantes en la Iglesia de su tiempo, en aras de una institución más cercana a la espiritualidad y la mística, sin las tergiversaciones humanas –nepotismo, corrupción moral- que asolaban los principios de la doctrina católica. La eterna dualidad de la forma y el fondo, del parecer y el ser, dentro del seno de la Iglesia, la necesidad de una reconversión espiritual de la jerarquía como ejemplo del qué representaban –apóstoles y vicarios de un redentor-, fue una pretensión constante en la inquietudes de Teresa de Ávila.

“La lengua española pensó y sintió a Dios en Santa Teresa” escribe Miguel de Unamuno, otro autor español que trató a Dios de tú a tú en su pensamiento y en su obra poética. Quizá sea este el principal pulso que echó Teresa de Jesús: delimitar a Dios en la experiencia poética y en la palabra, abriendo así las puertas entornadas de la teología y alumbrando los caminos inescrutables de la fe. Y lo consiguió, vaya si lo consiguió. Como ejemplo, traemos episodios llenos de metáforas, íntimos, como marcaba el carácter intimista de la mística, en un tono confesional sin incurrir en el sentimentalismo, repletos de vidas, de anhelos, de riqueza en la imagen, recordamos el pasaje de la huerta y el riego, en el Libro de la vida; o el del castillo interior. Escritos autobiográficos –toda su producción literaria gira en torno a la experiencia– en que une la vivencia, la llamada a la perpetua conversión del espíritu y la doctrina de los principios morales del cristianismo. En Teresa de Jesús se condesa la emoción con la inquietud, el entendimiento y la expresión, lo inefable y lo tangible; no se equivocó Unamuno: “la lengua española pensó y sintió a Dios en Santa Teresa”.

UNA VOZ ÍNTIMA Y GENERAL

Afirmaba Jorge Luis Borges que la poesía es una confesión íntima y general; afirmaba Antonio Machado que la poesía es la conversación del hombre consigo mismo. Entre estos cauces se mueve Santa Teresa de Jesús. Según un artículo de Víctor García de la Concha “el místico consigue ese entender y comunicar al traducirlo en palabras y, en concreto, en palabras que, sin pretender ser literarias, se hacen filológica y formalmente literatura”. Los libros de la santa son, por tanto, un ejercicio de comunicación de la experiencia, de conversación en el interior del yo; una confesión en los oscuros recovecos del espíritu, pero que ha de tener la oportunidad de llegar al lector, al oyente, al otro ser ajeno a dicha experiencia, sin artificios ni hermética retórica. En esta corriente poética y literaria podríamos situar esa voz que etiquetan como “poesía de la otra sentimentalidad” o, directamente, “poesía de la experiencia”.

Santa Teresa de Jesús alcanza en plenitud, con un lenguaje transparente y directo, dos de los misterios de la humanidad: el más acá de la creación y el más allá del Creador. Todo ello sumergiéndose, como sugerimos en la primera cita, “en las mismas vivas aguas de la vida”. Por otros quinientos años más.

Zoé Valdés: “Pasará mucho tiempo antes de que vuelva a Cuba”

 

La Habana, mon amour. Zoé Valdés lo ha escrito rápidamente “Ya había empezado a escribirlo”, confiesa la novelista, sentada en el salón de su apartamento parisino. Un libro de Zoe Valdés sobre La Habana. Puede parecer un tópico, pero no lo es. De entrada, por su naturaleza: no es novela, ni ensayo ni crónica. “Es los tres a la vez. Un ensayo novelado, si se quiere. Y autobiográfico, con muchas cosas procedentes de la imaginación de la novelista”.  Y una descarga de sentimientos en toda regla. Lo admite. “Las ganas me lo pedían”. Además, coincidieron el hambre y las ganas de comer: la editorial quería hacer esta colección. La pericia de su agente literario el resto. Valdés coincide con José Luis de Vilallonga: la nostalgia es un error. “Es un libro de memorias y recuerdos; pero no de nostalgias puesto que yo no estoy lamentando haberme ido ni estoy lamentando recordar. Estoy más bien festejando recordar”.

 -Bien, pero un pequeño toque nostálgico sí que hay. “Había más cines en La Habana que en Nueva York o en París”, solo por citar una frase.

-Un poquito sí que lo hay, pues de alguna manera la memoria también es nostalgia, pero no es el principal fondo del libro.

El fondo, es la identidad de La Habana, su fisionomía, su gente, sus encantos de todo tipo, sus pesadillas, sus vaivenes -abundan-, sus olores, sus majestuosos edificios hoy destartalados o a punto de derrumbarse. En suma: todo lo que conforma una identidad, que Valdés ataca de raíz al principio del libro. “Ser habanera es una actitud ante la vida y haber nacido en Cuba después de 1959 es una actitud ante la muerte”.

-Está en ambos casos…

-…estoy en ambos casos.

-¿Qué es esa actitud?

-Es una manera de acción de ser y comportarse en una ciudad; y una actitud es estar apto para morir, al ser cubano. Así nos criaron a nosotros, por lo menos en mi generación: había que estar aptos para cualquier tipo de acción suicida. De alguna manera, ese es el fondo de esa frase y su razón.

 -Esa actitud hacia la muerte. ¿Por la Revolución?

-Sí, claro.

-Por el lado positivo: actitud ante la vida. ¿Qué es ser habanera que no sea ser neoyorquino o londinense?

-Es un estado del ser, de caminar, de deambular por las calles, de mirar la vida, de tomarse el tiempo. Todo eso es ser habanera. De caminar casi bailando o meneándose. Eso es ser habanera. A pesar de todo lo que le ha sucedido, a pesar de todo el sufrimiento, también está en un estado permanente de euforia… bueno, de desazón, más que de euforia.

 -¿Se puede decir que los habaneros son rápidos en la palabra y lentos en el caminar?

-Se puede decir que somos un látigo en la palabra y más bailadores al caminar.

 -Abofeteada Habana.

-Una adolescente abofeteada por su padrastro.

 -Lo metaforiza hacia la ciudad.

-Durante mucho tiempo, en la época de mi adolescencia, la ciudad era eso, una ciudad de violencia, Sobre todo de violencia familiar, por lo menos en el lugar en el que yo vivía. Hay una extrapolación de lo que fue mi vida en mi adolescencia y lo que era la ciudad, tal y como yo la percibía.

 -Se desprende que fue forzada a descubrir La Habana en solitario porque el destino le forzó a vivir en espacios estrechos hasta muy tarde. En los primeros años de su vida, y luego en una casa que compartías con abuelas y primas. Dedica varias páginas al espacio estrecho, donde estáis todos hacinados en un par de habitaciones. Los espacios abiertos los descubriste por ti sola.

-La calle era mi mundo, el mundo en que podía sentirme más a mi aire, más libre. En mi casa era todo muy pequeño y apenas podíamos estar tranquilos, siempre estábamos mirándonos los unos a los otros, en constante roce diario. La calle era el lugar en que podía estar a mi antojo.

 -Recorres todo: desde el Malecón hasta el Vedado, pasando por el Cerro, Cojimar, Paseo del Prado, La Alameda, Parque Habana.  ¿Le indicaron un orden o le salió del alma?

-Me ha salido, porque son los lugares de mi alma, de mi crecimiento como persona y como escritora.

-Cuanto más descubría, más le gustaba… ¿No se llevó algún disgusto?

-Hubo de todo: adoración -la hay todavía- pero también rechazo por ciertos lugares en los que viví momentos muy dolorosos. Como en el albergue situado al lado de la Casa Bacardí; los sigo recuerdo con mucha angustia. La adoración y la angustia se transmutan en los sueños de la novelista: a veces, al pasear por el Marais parisino, dobla una esquina y se topa con una calle de La Habana. “Es un sueño recurrente, y cuando lo tengo me despierto bastante angustiada, porque sé que imposible que eso suceda: va a pasar mucho tiempo antes de que vuelva a Cuba”.

-¿Seguro?

-Sí.

-La dejó el 22 de enero de 1995.

-Y no he vuelto.

-¿Qué recuerdos tienes de ese día?

-Estaba “tan en la cosa” de cómo salir, cómo irme, cómo poder resolver los trámites y marcharme de Cuba. Tengo un recuerdo vago, una especie de nebulosa.

-¿Sigue siendo esa fecha un bloqueo mental?

-Lo sigue siendo.

-Volvamos a antes de 1995. La Habana de los espacios abiertos y La Habana de los espacios estrechos. La Habana Vieja, donde iba apretada.

-Hay gente que vive hacinada, como vivíamos nosotros.

-El Malecón o el Prado, en cambio son anchísimas. Más incluso que las de algunas ciudades. ¿Cómo le ha marcado eso? Para usted el Malecón o el Prado eran como la libertad.

 -Era la libertad total, era salir a un mundo donde yo podía moverme a mis anchas, moverme siempre buscando algo, encontrando algo, un personaje, una esquina, una arquitectura. Me interesé desde adolescente por la Arquitectura. En ese sentido, era enriquecedor. Después, de los espacios estrechos, la gente vive hacinada en Cuba, en espacios estrechos, que se han ido cayendo, destruyendo, cada vez se van apilando más en los últimos espacios buenos que quedan. Una manera de vivir de la que no podíamos vivir. Pero era la única forma que teníamos de vivir.

-Se reducía el espacio al tiempo que se reducía la libertad.

-Exacto. Todo se fue desmoronando.

-Hay otros lugares que recuerda con cariño.  “Por haber, [antes de 1959] había hasta Barrio Chino en La Habana”. (El abuelo  materno de la novelista era chino, de nombre Mo Yin: en Méjico cambio su identidad por la de Maximiliano Martínez Mejía).

 -Sí, en ese barrio estuvo mi abuelo viviendo y allí murió. Era muy bello: tenía cines, bancos, restaurantes por supuesto, tenía farmacias. Ahora lo han reconstruido de la forma que turísticamente a ellos les interesa. Lo han desnaturalizado, para atraer más al turismo.

 -Otro lugar: La Bodeguita del Medio. Le fastidia que pertenezca al Estado.

-Me fastidia mucho porque conocí al dueño, Martínez, y vi cómo se ocupaba del lugar cuando ya no era suyo, porque quería que siguiera siendo cómo él lo había creado e ideado. Y lo consiguió. Hasta que murió.

 -Se lo quitaron.

 -Se lo quitaron.

 -Hay que tener ganas.

 -Pues sí. Imagínate que el restaurante ese de Madrid, Zara, se lo quitan  a la pobre Susana, que es la dueña, pero que siga yendo a diario para supervisar, sin autorización de nadie, solo porque ella quiere que todo siga como lo imaginó.

 -De nuevo la frase del principio de comienzos del libro. “Había más cines en La Habana que en Nueva York o en París”.  Iba muy a menudo. ¿Tanto le gustaba el cine como para volver a meterse en un espacio cerrado?

-No tenía más remedio. Había un lugar al que había que ir para cubrirse de la lluvia o estar en un lugar tranquilo viendo algo diferente. Había tan pocas coas que ver en La Habana de mi época, que lo diferente era el cine. Y a mí me tocó vivir durante dos años en un cine. Literalmente: me lavaba en el cine junto con otros niños. Hacíamos las tareas, los deberes, en el cine, veíamos las películas hasta el final y a veces hasta dormíamos en el cine.

 -De ahí viene su pasión por la gran pantalla.

 -De ahí viene la pasión y al mismo tiempo, a veces un especie de sentimiento de que el cine es una especie de útero materno, de que me siento protegida dentro de la sala de un cine.

 -Y sobre todo que ir al cine en La Habana, la gente habla sin parar, comenta las películas en el momento…

 -Sí, habla; incluso baila.

 -Y se hacen más cosas.

-Sí.

-Un inciso algo bestia: el sexo parece inseparable de La Habana.

-Es una manera de refugiarse en algo que no fuera la política, una manera de vivir con otros deseos.. No una forma de ser libre, pues no creo que el sexo dé libertad a nadie.

 -Otra vez el cine: lo de hablar en voz alta a pesar de los bodrios soviéticos. Sin segundas y sin querer hacer juegos de palabras, ya estabais castrados con un cine frustrante.

-Frustrante, ideologizante y que nos obligaban en las programaciones semanales. No siempre de mala calidad, había cine soviético de buena calidad, en lo tocante a la estructura de la película, montaje, fotografía, música.

 -¿Y los argumentos?

-Casi siempre eran los mismos: el comunismo.

 -Bodrios, como opinión de conjunto.

-Exacto.

-“El cine antes que la playa”.

-Era un amor. Cuando uno siente amor por algo, siempre está detrás de las posibilidades que pueda brindarle ese amor y ese era mi gran amor. Y lo sigue siendo.

 -¿Y la playa?

-Había que ser héroe para poder llegar a la playa: el transporte era malo, lo sigue siendo, y para tomar una guagua había que fajarse, horas y horas esperando. Llegar a la playa era un acto de heroicidad.

 -¿Qué tiene la playa de Cojimar que no tengan las otras en Cuba?

-Primero, la soledad, la inmensa soledad. Luego, la pesca de la aguja, el campeonato de la aguja, creado, por Hemingway; bueno, no sé si creado, pero desde luego visitado y en el que participó mucho. Después, tiene algo importantísimo: la vida de los pescadores todavía tiene un sentido. Es un lugar que se ha preservador.

– Un reducto prerrevolucionario.

-Totalmente.

Otro lugar nada revolucionario en La Habana es el Palacio de los Capitanes Generales, símbolo de la presencia española, en cuyas inmediaciones uno pudo ver que se seguían vendiendo los libros de Valdés: prueba de que no está del todo erradicada en Cuba. En el palacio sigue habiendo un capitán general, Eusebio Leal, inamovible historiador oficial de La Habana. Más que un historiador, un cacique revolucionario, perfectamente adaptado a la sociedad posmoderna. Valdés le menciona en La Habana, mon amour: escribe que impulsó una liberalización del comercio, los comerciantes se instalaron cerca del palacio, pero el régimen consideró que se habían enriquecido, por lo que fueron erradicados.

-¿Fue una trampa que les tendió Leal?

-No creo que fuera una trampa. Fue una idea que tuvo según la cual eso iba a poder desarrollarse de manera más controlada. Y se le fue de las manos. Y se le fue de las manos, porque la gente no se enriqueció como se puede enriquecer un millonario, sino que empezó a ganar dinero y eso es algo que molesta bastante al régimen, que la gente gane dinero por su cuenta.

 -Palacio sigue siendo lugar de poder, con Eusebio Leal, capaz pero cínico, que no define no como comunista pero sí  como fidelista. ¿No hay que tener caradura?

-Sí, caradura. Conocí bastante, trabajé dos años con él en el museo, y le consideraba amigo. Era una persona bastante contestataria en los círculos cerrados. Pero eso de que es fidelista, pero no comunista, no lo dice en todas partes. Probablemente lo haya dicho en entrevistas en el extranjero. Dentro de Cuba, es harto difícil que lo haya dicho. Es una personalidad interesante, puesto que ha apostado por construir algunas partes de La Habana; y al mismo tiempo, como bien dices, por encacicarse en La Habana. Eso  le ha traído riquezas. Una persona de las que más ha ganado dinero con La Habana. Con la empresa Habanaguanex, han ganado mucho dinero.

 -¿A título personal o para la empresa?

-Bueno, habría que investigarlo.

-Otro lugar que le trae recuerdos mezclados es el Vedado y el Instituto de Artes e Industrias cinematográficas, en el que Valdés trabajó; un barrio que en la actualidad también anda completamente destartalado. El Vedado, que tiene edificios al lado de los cuales, las mejores viviendas, de la Colonia del Viso en Madrid, parecen construcciones humildes.  ¿Volverá a ser el Vedado lo que fue o habrá que pensar en otra cosa?

-Creo que podrá serlo. Hay casas que se pueden reconstruir, salvar. Muchas se han destruido y muchas son insalvables, pero creo que volverá a serlo. Será más bien un barrio artístico, popular, ya no será el barrio de los ricos, lo es Miramar;  veremos en qué dirección crece La Habana, porque también La Habana Campo tiene posibilidades de convertirse en lugar importante. Este y otros.

-No habla nada de Punto Cero, la urbanización de lujo en la que moran los prebostes del régimen, empezando, por los Castro. ¿No le ha marcado?

-Para nada. No me interesa.

-Es ahí donde ocurre todo.

-De ahí sale todo. Todo el poder.

-Entonces…

-…es un lugar que, inconscientemente, repelo.

-¿Cómo quiere que sea  La Habana del futuro?

-Una ciudad esplendorosa en la que haya libertad y democracia.

-¿Buena restauración arquitectónica o bloques de cemento?

´-Las construcciones se tienen que pensar mucho en La Habana, porque es Patrimonio de la Humanidad. Es necesario construir, pero más importantes son las restauraciones.

-De la ciudad en abstracto a los los personajes que, en su libro, circulan por La Habana. Uno es la condesa de Merlín, gran dama del siglo XIX.

-Por su obra, El viaje a La Habana, y sobre todo por su personalidad. Importante, histórica. Para descubrir una Habana que no conocíamos.

 -Su primera y, quizá, su más insigne memorialista.

-Y la primera mujer que decide describir La Habana que ella vivió, porque es su vida.

 -Personaje imaginario y más histriónico, Osiris, mujer nada discreta, en quien se refunden los resentimientos de muchas.

-Es una mezcla de varias personalidades, de varias mujeres que terminaron con sus días. En mi época, el suicidio era una cosa bastante común y darse candela también. Hubo una fiebre pirotécnica en La Habana por amor, por disgustos,  gente que sencillamente no quería seguir viviendo.

 -Pero no por la libertad.

-No por la libertad. Curioso.

 -¿Cómo lo explicas?

-Creo que el cubano es un ser aparatoso, e invierte ese aparatosismo lo invierte en causas personales más que en causas comunes.

-A quien si trató fue al Farolillo, el que encendía el alumbrado.

-Existió de verdad en mi vida. Le conocí, le tengo cariño, me tocó quedarme muchas veces con él cuando mi mamá se iba para algún trabajo o alguna gestión. Me llevaba por la calle, contándome anécdotas de la ciudad. Es un personaje de novela, totalmente literario, pese a que de verdad existió. Es el más literario de todo el libro.

-Dedíquele un entero.

-Tendría que hacerlo.

-Cayó en su trampa de la novia monja y su madre le agradeció que se lo hiciera creer. Revela usted su lado más ingenuo.

-Es que hay una parte de ingenuidad y de ternura que quería, que necesitaba, que el libro plasmara.

-Premonitorio el Caballero de París, por su nombre y por sus creatividad literaria. Un poeta de apariencia desaliñada.  ¿Estimuló su vocación?

-La estimuló y, al mismo tiempo, era un personaje que me estimuló hasta el final porque su manera de desaparecer del mundo real, del mundo de todos los días, para entrar en una especie de manicomio, intrigó a todos. No solo era un poeta: era la poesía, la poesía de La Habana, que a diario se engalanaba con su presencia.

-¿Será su obra distinta sin él’

-No creo. Me marcó más su vida que su obra. Siempre busco una persona que haga las veces del Caballero de París. Y aquí lo he encontrado: es ese loco que siempre habla de Cristo y de Castro. El Caballero siempre estará presente en mis recuerdos.

-Sus recuerdos son también los más personales. Creció en el seno de un matriarcado: la madre, la abuela y la tía. Luego, tuvo una vida muy intensa con los hombres. ¿Se trataba de suplir una carencia?

-Hay algo de confusión: la confusión que he tenido en mi vida. Tendría que ir a un analista para explicar todo esto, aunque tampoco me interesa demasiado. Me lo consigo explicar a través de la literatura. Y la explicación es bastante confusa.

-¿Será la falta del padre?

-No creo que sea la falta del padre, sino más bien el deseo de sentirme protegida, de no tener que ser siempre el hombre de la casa, como tuve que serlo, entre tres mujeres y un primo pequeño. El descubrimiento de otras figuras masculinas era una forma de relajarme, de comprobar que yo también era mujer, de sentir que me tomaban en brazos.

-¿Volvió a ver a su padre?

-Sí, cuando tuve 17 años y fue una relación muy hermosa la que mantuvimos hasta que murió. Nunca hubo rechazo de la figura del padre.

-¿Algo de optimismo de cara al futuro?

-Mientras estén los Castro, es imposible. Con ellos no se puede resolver nada: cada vez se derrumban más edificios,  cada vez hay más muertos y más gente que pierde sus casas.

-Pero la gente no se rebela.

-Tiene que ver con la falta de energía a la hora de enfrentarse al régimen.

Fernando Pessoa y España: de breves y brevísimos encuentros

 

Como es bien sabido, la relación que Fernando Pessoa mantuvo con España no fue particularmente fluida ni extensa: el poeta portugués nunca cruzó las fronteras de nuestro país, apenas se interesó por nuestra literatura, incluso fue crítico con las ansias imperialistas de España en general y de Castilla en particular. Pero no es menos cierto que al creador de Alberto Caeiro siempre le interesó la cuestión del iberismo: estudios recientes, principalmente las numerosas investigaciones llevadas a cabo por el escritor y profesor extremeño Antonio Sáez Delgado, así como la aparición de Ibéria. Introdução a um imperialismo futuro, en la editorial portuguesa Ática,así lo constatan. En estas páginas, someramente y a modo de escalas en ese viaje hasta España que el genio lisboeta nunca llegó a realizar, analizaremos los principales encuentros y desencuentros que Pessoa mantuvo con algunos de los escritores españoles de su época.

 1ª escala. Miguel de Unamuno: la polémica

 No hay duda de que Miguel de Unamuno era considerado, en vida, como uno de los principales intelectuales europeos de su tiempo. También es innegable el gran interés que el escritor vasco mostró por todo lo relativo a Portugal y a su literatura: basta dar un repaso a su volumen Por tierras de Portugal y España para descubrir hasta qué punto era un fino conocedor del país vecino y de su literatura, y del gran amor que le profesaba: “¿Qué tendrá este Portugal –pienso– para así atraerme? ¿Qué tendrá esta tierra, por de fuera riente y blanda, por dentro atormentada y trágica? Yo no sé; pero cuanto más voy a él, más deseo volver”, escribirá tras uno de sus primeros viajes a tierras lusas.

 Marzo de 1915. La mítica Orpheu acaba de ver la luz. Pessoa, sabedor de la elevada reputación de Unamuno y muy orgulloso de la revista, no duda en enviarle un ejemplar. El joven Pessoa se muestra algo arrogante en la misiva, llegando a calificar a Orpheu como la publicación “más cosmopolita de cuantas han surgido en Portugal”, resaltando “la conciencia absoluta de nuestra originalidad y de nuestra elevación” y afirmando sin ningún pudor que estaban “trascendiendo las corrientes que han prevalecido en los grandes medios cultos de Europa”. Unamuno, bien por desechar de antemano todo aquello que oliese a vanguardia, bien por el desconocimiento de la mayoría de autores allí recopilados, ni siquiera acusó recibo del envío, hecho que, sin duda, debió de menoscabar el amor propio del remitente.

 Pero el asunto no termina aquí: tiempo después, Pessoa tendrá oportunidad de desquitarse de la afrenta. La polémica se fundará en las diferentes posturas de ambos en relación con el problema del iberismo. Unamuno, por su parte, siempre defendió el papel preponderante de Castilla –y del castellano– en la Península Ibérica; Pessoa, en cambio, se acercó al iberismo desde una propuesta mucho más integradora, en la que cada pueblo peninsular gozara de igual valor, e identificando a Castilla como el monstruo obsesionado por devorar a las otras regiones. Así, cuando Unamuno afirma lo siguiente: “Pienso que vale más escribir en una sola lengua, en beneficio de la propia cultura, que permanecer encerrado en una lengua inaccesible, poco divulgada. ¿Qué ganan los catalanes escribiendo en catalán? ¿Qué ganan los vascos escribiendo en su lengua? La cultura catalana, finalmente, es conocida por sus escritores que escriben en castellano. Incluso los portugueses ganarían escribiendo en castellano”, Pessoa no tarda en replicar, con una respuesta que llama la atención por su vigencia: “El argumento de Unamuno es realmente un argumento para escribir en inglés, ya que esa es la lengua más difundida del mundo. Si yo me abstuviera de escribir en portugués porque mi público es limitado, puedo escribir en la lengua más difundida de todas. ¿Por qué he de hacerlo en castellano? ¿Para que usted pueda entenderme? Es pedir demasiado para tan poco”.

2ª escala. Ramón Gómez de la Serna: el error

 El ecléctico Gómez de la Serna fue uno de los escritores españoles (junto con el propio Unamuno o Eugenio d´Ors) que más se preocuparon por Portugal y su literatura. Siempre atento a las relaciones personales y a las vanguardias, mantuvo amistad, entre otros, con Almada Negreiros, António Ferro y José Pacheco, director de Contemporânea, revista que se convertiría en uno de los principales puentes entre los escritores más vanguardistas de ambos lados de la raya. En 1915 viaja a Portugal junto a su compañera sentimental, la también escritora Carmen de Burgos Colombine, país por el que automáticamente sentirán una gran atracción, acabando por instalarse en Estoril durante una temporada; muchísimas páginas de la obra de Ramón (la novela La quinta de Palmyra, fragmentos de Automoribundia, etc.) están salpicadas de recuerdos y alabanzas de sus vivencias en el país luso.

Ramón, durante su estancia en Portugal, será parte activa en la vida literaria de Lisboa. Sabemos que Pessoa era un asistente asiduo a encuentros y tertulias en los cafés, centros neurálgicos de la intelectualidad del momento. La pregunta surge por sí sola: ¿se conocieron personalmente? No hay certeza absoluta de que así fuese, pero disponemos de un par de indicios que parecen indicar que sí llegaron a encontrarse. Por un lado, en la biblioteca personal de Pessoa se encontró el volumen La inferioridad mental de la mujer, del neurólogo alemán Paul Julius Moebius, curiosamente traducido y prologado por Carmen de Burgos; atendiendo a las características del libro, todo para indicar que fue la propia Colombine quien hizo entrega del ejemplar a Pessoa. Por otra parte, hay que tener muy en cuenta el siguiente texto de Gómez de la Serna, incluido en Pombo, en el que hace referencia a los principales autores jóvenes que conoció en su etapa portuguesa:

“Perdidos, pero frenéticos de inspiración, hay muchos jóvenes de corazón hijo del sol naciente, como Veiga Simões, como Joaquim Correia da Costa, como Mário Beirão, Afonso Duarte, Mário de Sá-Carneiro, suicida del que otro gran poeta que fue su amigo, António Ferro, ha dicho «que fue el último suicida de su obra», Fernando de Pessoa, Augusto de Santa Rita, Luís de Montalvor, Silva Tavares, Pedro Menezes, Luis J. Pinto, Augusto Cunha”.

Perdido pero frenético de inspiración: a buen seguro que Pessoa hubiera estado de acuerdo con esa definición de sí mismo. He aquí el posible encuentro, he aquí el error.  Ese impreciso sintagma, ese de accidental entre nombre y apellido, parece decirnos que el conocimiento que Ramón tuvo de Pessoa fue más bien reducido; en todo caso, tal mención, aunque incorrecta, parece indicarnos que el contacto físico tuvo lugar.

 3ª escala. Iván de Nogales: el excéntrico

 Iván de Nogales, nacido en 1884 en Ciudad Rodrigo (Salamanca), fue, según todo parece indicar, el primer escritor español que, con absoluta seguridad, trabó contacto físico con Fernando Pessoa. Pero seamos rigurosos: Iván de Nogales fue un inclasificable personaje de vida disparatada que, sin duda, aportó muchísimo más a la historia de la anécdota y del chascarrillo que a la historia de la literatura. Muy divertida y recomendable es la semblanza que Juan Manuel de Prada traza de él en la colectánea de bohemios Desgarrados y excéntricos; nos limitaremos a mencionar que, entre otras muchas actividades, fue alcalde de su localidad, marino mercante, dudoso políglota, coleccionista de vello púbico y autor del poemario Nueces eroticolíricas, heteroclitorizadas y efervescentes, primer volumen de una saga que, de haberse llevado a cabo, incluiría títulos tan fascinantes como La religión de la almeja perfumada y Conejario sentimental.

 En un diario de 1915, escrito en inglés, Pessoa escribe: “Me encontré (me reencontré, aunque mejor en esta ocasión) casualmente, en la librería Monteiro, con Juan de Nogales, el teósofo, del estilo de Orpheu, etc”. Al día siguiente añade: “Un día perezoso, más o menos sin sentido. El encuentro con Nogales, más o menos interesante”. Por lo que parece, Iván de Nogales, de entre sus múltiples máscaras, habría escogido la de la teosofía para mostrarse ante Pessoa. En cualquier caso, y como parece extrapolarse de la segunda anotación, Pessoa no quedó del todo convencido de las virtudes de su interlocutor; es más que presumible que captara con celeridad la inmensa extravagancia y la escasa iniciación del bon vivant extremeño. En cualquier caso, no es menos cierto que, en una extensa relación de 1918 escrita por Pessoa, el nombre de Iván de Nogales aparece asociado a un posible artículo sobre sensacionismo. Tampoco hay que ocultar, en beneficio del humor y la ironía, el texto de la tarjeta de presentación que Nogales entregó a Pessoa en uno de sus encuentros, y que hoy descansa en la Biblioteca Nacional de Portugal: “Amante de los hambrientos rusos y hambriento del amor de las Rusas”.

4ª escala. Adriano del Valle: el amigo

 Nacido en Sevilla en 1895, poeta, articulista, pintor, traductor y agitador cultural, Adriano del Valle es el único escritor español que mantuvo una relación de amistad, si bien breve, con Fernando Pessoa. Especialmente activo, siempre atento a los ismos de su tiempo –modernismo, ultraísmo, surrealismo–, fue redactor jefe de la revista Grecia y fundador de Papel de Aleluyas, Premio Nacional de Poesía en 1933 por Mundo sin tranvías y autor de una numerosa obra plástica en forma de collages. Discípulo y amigo de Eugenio d´Ors, quizá fue éste quien le inculcó el interés y el amor por Portugal, amor que se halla desperdigado por muchas páginas de su obra y especialmente en el largo poema Canto a Portugal, interesante y exaltado panegírico de las bondades del país vecino:

                               ¡Salve, Portugal fraterno

que, en fraterno meridiano,

tu verano es mi verano

siendo nuestro el mismo invierno!

 Adriano del Valle fue, junto a otros muchos escritores españoles, colaborador de la panibérica revista Contemporânea. Por ello, cuando en junio de 1923 decide pasar su larga luna de miel en Lisboa, tendrá oportunidad de conocer personalmente a algunos de los poetas portugueses que participaban en la publicación. Y uno de ellos será Fernando Pessoa, con quien muy pronto entrará en sintonía y que se convertirá en su principal aliado en la capital lusa, hasta el punto de verse prácticamente a diario, como afirmará en una entrevista concedida a Eduardo Freitas da Costa, primo de Pessoa: “Es evidente y baste decirle que durante el mes que pasé en Lisboa, todas las tardes Fernando me buscaba en el hotel y, juntos, conversábamos y trabajábamos dos o tres horas…”. Ese “trabajo” al que se refiere el autor español era, principalmente, la traducción de Indicios de Oiro, libro de poemas de Mário de Sá-Carneiro, reconocido autor portugués que se suicidó en París en 1916 y que fue, sin duda alguna, el mejor amigo que Pessoa tuvo jamás. Resulta interesante la gran humildad de Pessoa, pues apenas le hizo mención a del Valle de su propia obra literaria; así lo reconocerá éste último en la citada entrevista: “Pessoa era de un desinterés tal, de una humanidad, de un ensimismamiento –o como quisiera llamarlo– que raramente, durante ese mes de convivencia íntima, me habló de su propia poesía”.

 A la vuelta a España –no volverán a verse–, el contacto continuará epistolarmente desde agosto de 1923 hasta finales de 1924, momento en el que la comunicación, sin un motivo claro, toca a su fin. En estas misivas, de las que a día de hoy se conocen catorce –diez escritas por Pessoa, cuatro por del Valle– hablan de proyectos literarios, de libros de poesía, de colaboraciones en revistas, etc. Son, desde luego, unas cartas mucho más profesionales que personales. Gracias a del Valle, Pessoa tomará conocimiento de otros dos poetas ultraístas andaluces: Rogelio Buendía e Isaac del Vando-Villar. Buendía, médico y escritor nacido en Huelva en 1891, tiene el honor de ser el primer traductor español de Fernando Pessoa: el 11 de septiembre de 1923, en el diario onubense La Provincia, aparecen publicados cinco poemas de Inscriptions, conjunto de catorce epitafios escritos originalmente en inglés y publicados en 1920. Por su parte, Pessoa escribirá una reseña positiva de La rueda de color, poemario ultraísta de Buendía, que será traducida al castellano y publicada el 18 de septiembre de 1923 por Adriano del Valle en el diario La Unión de Sevilla.

Isaac del Vando-Villar, nacido en Albaida de Aljarafe (Sevilla) en 1890, tuvo una brevísima relación epistolar con Fernando Pessoa. Amigo personal de Adriano de Valle, entre ambos intentarán que Pessoa redacte una crítica de La sombrilla japonesa, libro de poemas del sevillano, para alguna publicación literaria portuguesa. Pessoa les informará de su escasísima vinculación con los principales medios culturales de su país, y les hará llegar una breve reseña con objeto de ser traducida y publicada en España. A día de hoy, y hasta donde llegan mis investigaciones, no hay constancia de que ese texto fuese publicado en medio alguno.

Karl Schlögel, Terror y utopía. Moscú en 1937

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1937 marcó un salto cualitativo en el uso del terror soviético: en solo un año fueron arrestadas cerca de dos millones de personas, y de ellas casi setecientas mil fueron asesinadas; el resto, tuvo que sufrir durante años las privaciones y las míseras condiciones de los campos de concentración. Lo terrible es que, como explica Schögel, en esta escala dramática, exclusivamente unos pocos sabían cuál era el motivo de su persecución. Generalmente, se les acusaba de sedición, de intentos de atentar contra el régimen, de tentativa contrarrevolucionaria. Pero en la mayoría de los casos las inculpaciones eran inventadas o se alegaban causas inverosímiles.

Schögel aporta una nueva visión sobre la tragedia del totalitarismo más sanguinario del siglo XX. El centro de su documentado relato es Moscú: su arquitectura, su diseño, en este ensayo que se propone como una topografía del terror. Pero no se trata solo de un exhaustivo testimonio sobre los asesinatos masivos, sino de una descripción exacta y realista del contexto en el que tuvieron lugar. Aparecen las calles de Moscú, sus edificios; las noticias de los procesos; los datos de las purgas, el cine, la cultura y la ciencia. Junto a ello, Schögel recopila la documentación oficial, las notas administrativas y las memorias de los testigos.

Moscú cambió en esta época su fisonomía. Hay que tener en cuenta que en 1937 se celebraba el vigésimo aniversario de la Revolución. Stalin pone en marcha el plan general de modernización de la ciudad, lo que se traduce en una reconfiguración de todo el espacio urbano que transforma a Moscú en una imponente metrópoli moderna. Porque Moscú reproduce geográficamente la apoteosis del poder soviético. Es significativo, en este sentido, el cuidado en el diseño de los edificios públicos y la réplica urbana de toda la maquinaria burocrática que caracterizó al estalinismo.

No es casual que el autor, reconocido historiador especializado en Rusia, haya escogido 1937 como el momento en el que coincide la celebración de la revolución con la máxima crueldad. Hay que tener en cuenta que Stalin comenzó los juicios contra la élite del partido un año antes, en 1936. Y que las grandes purgas, que afectaron a los principales órganos del partido, como del ejército, se extendieron a lo largo de los siguientes dos años. El resultado de los primeros juicios públicos fue, en realidad, la generalización de la sospecha, pues todo aquel que no estaba comprometido con el engrandecimiento del régimen podía ser acusado de subversivo.

Los juicios públicos fueron orquestados también de un modo que tenía como objetivo engrandecer al régimen. En concreto, los procesados estaban acusados de conspirar personalmente contra Stalin y, además, de hacerlo en colaboración con las naciones occidentales, enemigas de la utopía comunista. Entre otros, fueron purgados figuras históricas del partido, a los que Stalin creía capaces de hacerle sombra: Zinóviev o Kámenev. Finalmente, otro de los juicios políticos fue famoso por terminar con la vida de Bujarin, destacado miembro del Politburó y uno de los principales artífices de la política soviética.

Lo paradójico es que los primeros verdugos estaban llamados a convertirse, al cabo del tiempo, en las nuevas víctimas del infatigable y criminal sistema estalinista. Por otro lado, las grandes purgas no deben hacer olvidar que las víctimas principales de Stalin fueron personas humildes, conciudadanos sin relación con las intrigas políticas. A todos, sin discriminación, se les acusaba de espionaje o se les condenaba como quintacolumnistas. En un régimen de terror, cualquiera podía ser culpable.

Se equivocaría el lector que viera en este libro un título más llamado a engrosar la ya voluminosa biblioteca del terror totalitario. La perspectiva y el fin perseguido por Schögel son completamente distintos. Cierto es que ayuda y posibilita una mejor comprensión de los asesinatos masivos, de la psicosis persecutoria que sufría Stalin y de las consecuencias de su institucionalización. Pero pretende mostrar y captar «el momento» ofreciendo un conjunto de imágenes y una serie heterogénea de datos, buscando siempre provocar la sensación de simultaneidad y posibilitando al lector revivir aquel marco histórico.

El libro, premiado hace unos años con el galardón del «Entendimiento Europeo», puede resultar en ocasiones demasiado prolijo y fragmentario, pero es la intención confesa del autor, que ha realizado una relevante contribución al estudio del totalitarismo y que ha dado a conocer con exactitud su poderoso régimen represivo.

Amando de Miguel e Iñaki de Miguel, La percepción del tiempo

 

la_percepcion_de_los_espanoles.jpegEste ensayo es un breve estudio sobre la visión que tienen los españoles sobre el tiempo. El libro tiene dos partes: en la primera, se elabora toda una teoría acerca de la concepción del español sobre el tiempo cronológico; en la segunda, se ofrecen los resultados de una encuesta realizada a nivel nacional. La cuestión no es baladí; e incluso es más importante de lo que a primera vista pudiera parecer, teniendo en cuenta los proyectos de racionalizar los horarios españoles y la intención de adaptarlos a las costumbres europeas.

En realidad, la concepción del tiempo, cómo se vive el transcurso de las horas, es un tema capital y posee consecuencias de índole social, familiar, política y cultural. Por ejemplo, pese a que se ha intentado, todavía es frecuente la ampliación de la jornada laboral, incluso más allá de lo razonable, hasta última hora de la tarde; se afirma que las cenas o comidas son también un momento de trabajo. Por otro lado, hay un horario totalmente diferente en los días laborales que en los fines de semana.

Para los autores se constata un predominio de lo que llama «presentismo». Se trata de una actitud propia de los jóvenes, que en su concepción del tiempo cronológico están aferrados al momento, orillando el pasado pero también el futuro. De un modo preocupante, los autores considera que se está extendiendo también en un sector importante: el de los medios de comunicación. En efecto, el estar tan aferrado al momento, sin hacer referencia a un espectro temporal más amplio, es cada vez más frecuente en los analistas de actualidad, lo que impide una comprensión adecuada y cabal sobre la realidad. Pero es que además en los españoles de cualquier edad, según el famoso sociólogo, «pesa una tradición en el rechazo a otear el futuro».

La segunda parte, en la que Amando e Iñaki de Miguel dan a conocer los resultados de una encuesta nacional, es muy interesante. Ciertamente, el estudio empírico que llevan a cabo es muy amplio, por lo que no es sitio este para consignar todas y cada una de las conclusiones y datos. Pero merece la pena destacar algunas cosas. Por ejemplo, que es general la sensación de «estar acuciados por el tiempo», muy alta en la franja de edad laboral, desde los 18 a los 64 años, con niveles en torno al 60%, y especialmente acusados en el caso de las mujeres.

En la mayoría de los casos, los datos de las encuestas se analizan por género, como se ha mencionado, por edad y por clase social. Es significativo, por ejemplo, que los que más se quejan de que les falta tiempo utilizan normalmente agenda electrónica. Asimismo, el porcentaje que confiesa llevarse el trabajo a casa es más elevado en clases sociales medias y altas que en las bajas.

En definitiva, se trata de un estudio muy interesante para conocer la percepción que los españoles tienen sobre el tiempo y con qué sensación lo viven.

Josemaría Carabante