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Ver productos¿Cuáles son los elementos básicos del crecimiento como personas, de la educación del carácter? Considero que son tres:
– Un entorno que facilite que las personas crezcan y se cuestionen cosas.
– El contenido de las clases: asignaturas que ayuden a los alumnos a reflexionar no sobre la materia que se esté impartiendo, sino sobre su propia vida.
– La interacción personal, uno a uno, para poder ir concretando las necesidades de cada estudiante, respetando por supuesto la libertad.
Tu&Co, programa de desarrollo de competencias a través del asesoramiento, que se aplica en la Universidad de Navarra, surgió porque nos encontramos con un problema: muchos profesores a los que les encantaba el proyecto no se sentían capacitados para hacerlo, consideraban que no tenían unos conocimientos especiales, y que con bastantes alumnos es muy complicado dar el salto de lo académico a lo personal.
Si las competencias son comportamientos se pueden desarrollar; si son observables se pueden evaluar; y si son habituales son estables
Teníamos que desarrollar una metodología que facilitara el mentoring, con pautas concretas para crear un marco. Entonces encontramos el enfoque de las competencias, que Pablo Cardona define como «comportamientos observables y habituales que facilitan el desarrollo de una determinada función». A nosotros nos gustó esta definición por tres razones: Si las competencias son comportamientos eso quiere decir que se pueden desarrollar; si son observables quiere decir que se pueden evaluar; y si son habituales quiere decir que son estables, no son comportamientos esporádicos. Se podría decir que esa definición de competencia tiene una orientación profesional, pero si la función de la que estamos hablando es el gobierno de la propia vida, ahí ya nos estamos orientando hacia la educación del carácter.
Nos guiamos por la metodología Action Research, que tiene el doble objetivo de la acción y la investigación. «La acción para promover un cambio en alguna comunidad, organización o programa; y la investigación para aumentar la comprensión del fenómeno estudiado», como apunta B. Dick. Y a través de pruebas piloto desarrollamos nuestro programa de mentoring en cuatro ciclos trimestrales, con 40 profesores y 60 estudiantes.
Otro de los aspectos que analizamos en este programa es hasta qué punto esto puede ayudar a la empleabilidad futura del universitario. Aun así, nuestro foco principal es cómo facilitar el desarrollo y el crecimiento personal del estudiante.
CINCO ASPECTOS CRUCIALES
Me gustaría comentar el contenido del programa a través de cinco aspectos, que considero cruciales para no perder de vista cómo podemos ayudar a nuestros estudiantes en su crecimiento personal en la etapa universitaria.
– Convencimiento personal de que cualquier persona puede mejorar.
– Que el mentor se ilusione y que nosotros nos ilusionemos por intentar ayudar a nuestros estudiantes a que crezcan.
– Fijarse en sus fortalezas y en sus virtudes más que en sus carencias y debilidades.
– Implicación en un camino que, en ocasiones, puede resultar arduo pero que vale la pena.
– Ser conscientes de que el alumno es el protagonista de su desarrollo personal. Es él quien debe enfrentarse a la realidad de su vida y tomar decisiones que le permitan crecer.
¿Cuál es el contenido concreto del programa de mentoring? Comenzamos, en una primera fase, con las competencias. Elegimos doce, que a su vez están encuadradas en tres grandes áreas.
– Competencias interpersonales: Comunicación, habilidades sociales, trabajo en equipo, gestión de conflictos.
– Competencias de eficacia personal: Iniciativa, optimismo, gestión de tiempo, autoconocimiento.
– Y competencias de autogobierno: Toma de decisiones, capacidad de esfuerzo, equilibrio emocional, integridad.
Estas últimas están muy relacionadas con las cuatro virtudes cardinales; y son básicas para poder desarrollar el resto. Así, es muy difícil trabajar en equipo si no hay equilibrio emocional, la gestión de conflictos resulta complicada si no se posee un mínimo de integridad, etc.
RADIOGRAFÍA DE CÓMO SOMOS
A cada estudiante que participa en el programa le enviamos cuatro cuestionarios: uno para una autoevaluación de competencias y tres para que elija a personas que él conozca bien y que realicen una evaluación externa. Esto es una especie de radiografía de cómo somos. Porque, a menudo, uno cree que es de una forma determinada y otras personas no lo ven así, por eso es fundamental que sea el propio estudiante quien escoja a los evaluadores externos para que los resultados sean más impactantes.
Cuando un mentor entrega los resultados, lo mejor que puede hacer es callar y observar cómo el estudiante va reflexionando sobre su evaluación. De un modo bastante sencillo esta permite que el estudiante vaya entrando en el autoconocimiento. A partir de ahí el programa de mentoring tiene tres grandes fases: evaluación, diagnóstico y plan de mejora.
En la segunda fase, ayudamos al estudiante a que vaya analizando los resultados y conociéndose mejor. Desde el punto de vista de la autoevaluación, ¿cuáles son sus fortalezas y debilidades? Y lo mismo desde la evaluación externa. ¿Podría automatizarse este proceso? No sería complicado, pero yo creo que lo interesante no es lo que sale en el papel sino lo que va pasando por la mente del estudiante a medida que va rellenando esos apartados.
De cada una de las competencias desarrollamos una guía de trabajo para facilitar el diseño de este plan de mejora, integrando la experiencia del sentido común tanto de profesores como estudiantes
Una vez hemos identificado las competencias sobre las que vamos a trabajar, empezamos a desarrollar nuestro plan de mejora, un plan de acción que sea medible, alcanzable, realista, específico y susceptible de seguimiento.
De cada una de las competencias desarrollamos una guía de trabajo para facilitar el diseño de este plan de mejora, integrando la experiencia del sentido común tanto de profesores como estudiantes. Cada guía de trabajo tiene seis apartados: definición de la competencia; comportamientos característicos; manifestaciones conductuales que demuestran que el estudiante va bien en esa competencia; síntomas de carencia; preguntas para la reflexión; sugerencia concreta de mejora y recursos (aquí publicamos artículos, vídeos, libros, películas y ofrecemos herramientas concretas para aquellas competencias que lo necesiten).
CÓMO MEDIR LA EFICACIA DEL PROGRAMA
¿Qué otro aspecto me atrevería a afirmar que es fundamental? Cómo son las conversaciones entre el profesor y el estudiante. El gran reto que tenemos es mover a la acción. ¿Cómo conseguimos que el estudiante salga de esta conversación distinto a como ha entrado?, ¿con mayor nivel de autoconocimiento?, ¿que salga ilusionado por querer mejorar?, ¿que sepa cómo puede llevar esto a la práctica?
Lo realmente interesante es el método socrático; intentar escuchar, comprender y saber hacer preguntas que, de algún modo, incomoden, que hagan pensar al estudiante
Una tendencia bastante general es que el profesor tiende a decir tú, lo que tienes que hacer es…, cuando lo realmente interesante es el método socrático; intentar escuchar, comprender y saber hacer preguntas que, de algún modo, incomoden, que hagan pensar al estudiante, partiendo de lo observado, fomentando la reflexión sobre las causas y consecuencias de su actuación.
Uno de los grandes retos es cómo medir la eficacia del programa. Hoy en día, disponemos de dos indicadores que son más cualitativos que cuantitativos. El primero es el grado de satisfacción del estudiante y del profesorado; y el segundo el nivel de confianza, o en algunas ocasiones de amistad, que se genera entre un profesor y un estudiante. Cuando hay confianza, considero que se facilita el crecimiento personal y que es más difícil que haya aspectos negativos.
El concepto de formación permanente no es nuevo, es una idea muy extendida y desarrollada desde hace varias décadas, aunque hemos pasado de esta denominación, más tradicional, a la más actualizada de formación a lo largo de la vida LLL (Lifelong Learning).
De forma general, conviene recordar que las instituciones de la Unión Europea, en noviembre de 2017, proclamaron el pilar europeo de los derechos sociales. Su primer principio, que copio textualmente a continuación, es bastante auto explicativo:
«Todo el mundo tiene derecho a una educación, formación y aprendizaje permanente inclusivo y de calidad, a fin de mantener y adquirir competencias que permitan a las personas participar plenamente en la sociedad y gestionar con éxito las transiciones en el mercado laboral».
Muy frecuentemente cuando nos referimos a formación permanente, nos estamos refiriendo a la formación permanente para el empleo
Este principio europeo, desde el punto de vista conceptual, puede extenderse sin mucho esfuerzo a todo el planeta y refuerza la dimensión social que adquiere la formación a lo largo de la vida. En las próximas páginas abordaremos las razones de la importancia social de esta actividad, la urgencia, en estos momentos, de su despliegue de forma eficaz, los tipos en que se puede clasificar este tipo de formación y la propuesta de algunos instrumentos que potencien su desarrollo desde una perspectiva moderna.
CLASIFICACIÓN DE LOS TIPOS DE LIFELONG LEARNING
Aunque cabe orientar la idea de formación a lo largo de la vida a satisfacer necesidades diversas (mejorar las expectativas profesionales, mejorar el conocimiento desde una dimensión cultural alejada de la actividad profesional, facilitar la integración en la sociedad, facilitar el cambio de sector profesional, etc.), tal como se indica en el primer principio del pilar europeo de los derechos sociales, la Comisión Europea define el aprendizaje permanente como:
«Las actividades de aprendizaje realizadas a lo largo de la vida con el objetivo de mejorar los conocimientos, las habilidades y las competencias dentro de una perspectiva personal, cívica, social o relacionada con el empleo».
Es verdad que en muchas ocasiones se contempla exclusivamente este concepto desde la perspectiva del empleo por las implicaciones económicas directas que tiene. En este contexto, se interpreta como la necesidad de actualización y mejora de las competencias y capacidades personales mediante la formación, con objeto de adecuarlas a las demandas presentes y futuras del empleo.
Por tanto, muy frecuentemente, cuando nos referimos a formación permanente, nos estamos refiriendo a la formación permanente para el empleo. Resulta obvio que, si los empleos cambian, las capacidades y competencias de los trabajadores también cambian, y en consecuencia, es imprescindible su actualización y mejora (upskilling, reskilling), según la terminología muy extendida en lengua inglesa.
Tan solo en los próximos cinco años, ciento veinte millones de europeos precisarán de algún tipo de reciclaje profesional mediante la formación permanente
Se pueden citar numerosas referencias para apoyar la importancia de la formación permanente, pero, en mi opinión, es un concepto muy interiorizado por personas, empresas e instituciones, que no precisa ser defendido con una argumentación compleja. Otra cuestión, sobre la que existe una mayor controversia, es sobre los instrumentos más adecuados para satisfacer una demanda muy bien identificada.
Como muestra de esta orientación de la formación permanente para el empleo, sirve el documento de la Comisión de la UE «Un nuevo modelo de industria para Europa» (2020) [1], en el que hace hincapié en el impacto de las revoluciones verde y digital en la industria, sector que está sufriendo, tal como se describe en el referido documento, enormes transformaciones, que van a continuar en los próximos años.
En este documento en su apartado 3.6 se dice textualmente:
«Una industria competitiva depende de la contratación de mano de obra cualificada y de la capacidad para retenerla. A medida que la doble transición (se refiere a la transformación verde y digital) va cobrando velocidad, Europa tiene que garantizar que la educación y la formación sigan el ritmo. Hacer del aprendizaje permanente una realidad para todos será todavía más importante: tan solo en los próximos cinco años, ciento veinte millones de europeos tendrán que mejorar sus capacidades o reciclarse profesionalmente».
Emerge con fuerza el nuevo concepto de habilidades, justo a tiempo (skills, just in time), semejante a la logística just in time de los años 90 del siglo pasado
Nada menos que ciento veinte millones de europeos precisarán de algún tipo de reciclaje profesional mediante la formación permanente en empleos que actualmente todavía no existen, en capacidades todavía no definidas con precisión, pero en todo caso con la necesidad de puesta a punto de un entorno orientado a la formación a lo largo de toda la vida, capaz de formar en las habilidades necesarias a tiempo. Emerge con fuerza el nuevo concepto de habilidades, justo a tiempo (skills, just in time), semejante a la logística just in time de los años 90 del siglo pasado en el que se proporcionaban los recursos necesarios para la fabricación, justo a tiempo, evitando el acopio y los tiempos muertos, y optimizando el proceso de fabricación en su conjunto.
El concepto «justo a tiempo», que en fabricación se refería a las partes de un producto, se extiende ahora a la disponibilidad de los recursos humanos con las habilidades necesarias, «justo a tiempo», ya que de otro modo se convertirán en un cuello de botella que frenará la modernización de la industria como consecuencia de las transformaciones verde y digital, ya en marcha.
Esta realidad supone un reto para los sistemas educativos en Europa y en todo el mundo, ya que las tendencias indicadas pueden generalizarse a otras áreas económicas del planeta. Este reto implica apoyar e impulsar la formación permanente a una escala sin precedentes con la necesaria innovación en los sistemas de enseñanza y aprendizaje. El UNESCO Institute for Lifelong Learning desarrolla una intensa actividad en este ámbito y en su página web se pueden encontrar las políticas y la legislación de gran número de países en todo el mundo en relación con la formación a lo largo de la vida.
Pero seguramente, para tener éxito en esta tarea es necesario admitir que los métodos formales de formación permanente empleados de forma satisfactoria hasta la fecha, son insuficientes, ya que carecen de la flexibilidad requerida para responder a tiempo a enormes demandas bien identificadas.
La solución ha de ser más flexible, se debe instalar una cultura que reafirme la importancia de formación a lo largo de toda la vida, que permita la creación de plataformas de formación en las que puedan colaborar y actuar de forma complementaria las universidades, otras instituciones dedicadas a la formación, las empresas y las administraciones públicas. En este contexto deben resolverse de forma eficiente, cuestiones esenciales como el reconocimiento del aprendizaje previo, la conexión entre diferentes modelos de aprendizaje formal, no formal e informal, el reconocimiento de actividades extracurriculares, etc., todo ello de forma mucho más flexible.
Con objeto de aclarar algunas de las cuestiones esenciales, conviene releer un trabajo publicado en 1982 por el National Center for Research in Vocational Education. The Ohio State University [2] sobre el aprendizaje a lo largo de la vida. En este trabajo se propone un modelo, todavía vigente en mi opinión, que clasifica las actividades de formación a lo largo de toda la vida en cuatro grupos, tal y como se representa en la figura 1.
En esta figura 1 se clasifican los tipos de aprendizaje en función de quién define qué (what en la figura 1) es objeto de aprendizaje y quién define cómo (how en la figura 1) se satisface esa necesidad de formación. Entre las opciones para el qué y el cómo se establecen dos: la persona interesada (learner en la figura 1) y una organización o institución (institution en la figura 1).
De este modo, si qué y cómo es definido por una institución, empresa, etc., la persona interesada no tiene control sobre los objetivos de su aprendizaje, ni tampoco sobre los medios empleados para ello. Este tipo de aprendizaje se considera formal. Este es el sistema con el que se organiza la formación en la educación primaria y secundaria, pero también en la educación superior en las universidades.
Si por el contrario el qué es definido por la persona interesada, pero el cómo lo establece una institución, ese tipo de aprendizaje se denomina no-formal.
En tercer lugar, si el qué lo establece una institución y el cómo la persona interesada, a este tipo de aprendizaje se denomina informal.
Por último, si el qué y el cómo son definidos por la persona interesada, entonces este tipo de aprendizaje se denomina auto-dirigido.
El modelo descrito es válido con los medios actuales, y seguramente también con los medios disponibles en el futuro, ya que en el modelo no se concreta, ni sobre qué, ni sobre cómo, y en consecuencia el modelo descrito mantiene una validez prácticamente indefinida al centrarse sobre cuestiones esenciales.
Es preciso reconocer que nuevas formas de enseñanza-aprendizaje pueden modificar las formas de estructurar las estrategias de formación formal en educación superior y de formación a lo largo de la vida, de forma específica
Sin embargo, es preciso reconocer que nuevas formas de enseñanza-aprendizaje pueden modificar las formas de estructurar las estrategias de formación formal en educación superior y de formación a lo largo de la vida, de forma específica. Sirvan como ejemplo los MOOCs, los cursos masivos abiertos online ofertados por algunas plataformas, de naturaleza intrínsecamente informal, que pueden integrarse con éxito en sistemas formales como los ofrecidos por las universidades. En [3], Cha y So, estudian las diferentes posibilidades de integración de sistemas formales e informales a través del empleo de MOOCs. Las diferentes alternativas consideradas se organizan a través de dos ejes esenciales: la enseñanza online, que está directamente asociada a la naturaleza de los MOOCS, y el reconocimiento de créditos de estos cursos (de naturaleza informal) en la estructura formal de los programas universitarios.
El análisis de los autores en muy exhaustivo comparando tres estrategias diferentes: integración de los MOOCs en un sistema mixto (blended learning), integración de los MOOCs en un sistema enseñanza-aprendizaje con clase invertida (flipped classroom), integración de los MOOCs en un sistema de enseñanza-aprendizaje formal/informal. Los autores no alcanzan ninguna conclusión definitiva, pero contribuyen a un mejor entendimiento de las alternativas propuestas.
El ejemplo descrito busca subrayar el hecho de que nuevos modelos de enseñanza-aprendizaje y la disponibilidad de ciertas herramientas, caso de los MOOCs, puede afectar de manera decisiva a la estrategia seguida por las administraciones y las instituciones educativas en la organización de los planes de formación a lo largo de toda la vida, más aún si se tiene en cuenta, el extraordinario volumen de la demanda de este tipo de formación, por alguna de las razones ya apuntadas.
HABILIDADES, JUSTO A TIEMPO
Al hilo de la discusión anterior respecto del modelo de enseñanza-aprendizaje para la formación a lo largo de la vida es preciso reconocer que en las actuales circunstancias, los métodos habituales para adquirir competencias y habilidades mediante la enseñanza formal funcionan correctamente, pero deben adaptarse a una sociedad que cambia rápidamente y que requiere de personas con capacidades nuevas adquiridas en un tiempo récord, comparados con los tiempos de respuesta de la educación formal tradicional. De ahí la importancia del título que encabeza este apartado: habilidades, justo a tiempo.
Para alcanzar este objetivo resulta esencial organizar los planes de formación a lo largo de la vida mediante estructuras flexibles capaces de organizar la formación integrando actividades con estructura formal, informal, no-formal y autodirigida, de forma muy flexible.
Si nos referimos de manera específica a la formación en el ámbito de la educación superior, debemos hacer una referencia explícita a las universidades, dado el papel relevante, aunque no único, que deberían jugar. Estas instituciones, a nivel individual, deben fijar su estrategia con la formación a lo largo de la vida, pero desde una perspectiva más general, precisan buscar estructuras y mecanismos de formación más flexibles capaces de la integración de las diferentes opciones de enseñanza aprendizaje del modelo de Mocker y Spear [2].
Como resumen, cabe concluir sobre la necesidad de sistemas de enseñanza-aprendizaje más flexibles sobre los que existen muchos puntos para el debate que exceden de la extensión de este trabajo, pero no quiero con esto dejar el problema de la formación a lo largo de la vida totalmente abierto, sin analizar la importancia de una pieza esencial para la construcción de esas alternativas más flexibles a las que no hemos referido reiteradamente. Esta herramienta clave son las micro credenciales.
LAS MICRO CREDENCIALES
Naturalmente, pensando siempre en una formación permanente de alta calidad, centrada en la persona y, en este contexto, una de las piezas clave que puede ayudar en el diseño de una estructura para la formación permanente eficaz, son las micro credenciales [5], concebidas para dar flexibilidad al sistema y llenar algunos huecos que de otro modo serían insalvables en el marco de formación permanente actual.
Las micro credenciales están pensadas para rebajar la barrera de entrada a los planes de formación a lo largo de toda la vida, atrayendo nuevos estudiantes con un perfil académico bajo, que de otro modo, con las barreras actuales, no hubieran podido tener acceso a estos planes de formación. Las micro credenciales son también el punto de entrada al sistema al que se acerquen personas desanimadas con los sistemas tradicionales.
Las micro credenciales ofrecen nuevas oportunidades a las universidades y otras instituciones de educación superior de cumplir mejor con su función social
Las micro credenciales ofrecen nuevas oportunidades a las universidades y otras instituciones de educación superior de cumplir mejor con su función social, añadiendo flexibilidad y estimulando la innovación en los sistemas de formación a lo largo de la vida. De forma coyuntural, pueden jugar un papel esencial en la recuperación económica post-pandemia, en la medida que la contribución, justo a tiempo, en la formación de los recursos humanos necesarios alcanza dimensiones estratégicas.
Una micro credencial es una prueba de aprendizaje que una persona ha adquirido siguiendo una experiencia de aprendizaje corta. El resultado del aprendizaje ha sido evaluado mediante criterios estándar transparentes. La micro credencial es un documento certificado que incluye el nombre de la persona, la formación adquirida, el método de evaluación, la institución que lo acredita y, cuando sea aplicable, el nivel de cualificación y los créditos obtenidos.
La micro credencial puede ser trasladada a otras organizaciones, combinarse para obtener credenciales de mayor extensión, siguiendo estándares de aseguramiento de la calidad.
En [4] pueden encontrar un documento de la Comisión Europea en el que se analiza con detalle la aproximación europea a las micro credenciales como un instrumento para aumentar las oportunidades de formación para todos. Se afirma que esta iniciativa requiere un cambio de mentalidad, de la cultura y la estructura de la formación a lo largo de la vida. Las micro credenciales son útiles para todo tipo de profesionales que precisan adquirir nuevas habilidades, pero también sirven a los estudiantes como fórmula para la adquisición de competencias en áreas emergentes que no pueden ser satisfechas con los planes formales tradicionales. La educación a lo largo de la vida deberá ser diversa, al contemplar diferentes puntos de partida y llegada, y a la vez inclusiva, ya que nadie debe quedarse al margen de este proceso, ya sea por edad, por la cualificación de partida, etc.
Por otro lado, aunque pudiera parecer que el análisis se realiza desde la perspectiva de las demandas del mercado de trabajo y la necesidad y el derecho de las personas del acceso a la formación necesaria para adaptarse a estas demandas del empleo, no hay que olvidar que las micro credenciales pueden verse desde una dimensión social, como el instrumento que mediante técnica de enseñanza-aprendizaje innovadores prepare a las personas para el ejercicio de una ciudadanía activa.
El éxito de esta iniciativa está condicionado por varias características clave. En primer lugar, es necesario que se comparta en un entorno de referencia basado en estándares por parte de los países y entidades participantes. En este entorno debe quedar definido de forma estándar, el contenido de la iniciativa de formación, que se acredita con la micro credencial, las habilidades y competencias adquiridas, los sistemas de evaluación deben estar alineados con los entornos nacionales de evaluación, la medida de su extensión alineada con sistemas como los créditos ECTS. Se debe asegurar la calidad de las actividades mediante la adopción de estándares de garantía de calidad. En esencia, transparencia y estandarización que permitan la portabilidad de las habilidades y competencias adquiridas y su aceptación por instituciones educativas, empresas, administraciones públicas y por la sociedad en general.
Los detalles son muchos y el recorrido para el establecimiento de un entorno estándar del que todos puedan beneficiarse es todavía largo, pero de lo que no tengo duda es que las micro credenciales serán parte de la solución y nunca parte del problema.
CONCLUSIONES
De las reflexiones anteriores se pueden extraer cuatro conclusiones, a modo de resumen. La primera tiene que ver con la necesidad de disponer de una estrategia de formación permanente, de formación a lo largo de toda la vida. Esta es una necesidad, más importante, si cabe, que nunca, una necesidad asociada a las profundas transformaciones de la sociedad en general, y singularmente en todo lo relacionado con las transformaciones en el mercado de trabajo.
La segunda conclusión tiene que ver con el aumento de la diversidad en la demanda, tanto por la formación de partida, edad, ámbito temático, etc. La estrategia de formación a lo largo de la vida debe ser capaz de acometer esta diversidad, mediante sistemas flexibles e inclusivos en la que todos tengamos cabida.
La tercera conclusión tiene que ver con la imposibilidad de acometer estos retos empleando los sistemas de enseñanza-aprendizaje formales. Se deben contemplar alternativas que permitan de forma flexible la hibridación de sistemas de enseñanza-aprendizaje innovadores, que contemplen la posibilidad de hibridar, metodologías formales, informales, no-formales, autodirigidas, etc.
La cuarta y última conclusión tiene que ver el concepto de las micro credenciales en un entorno transparente y estandarizado como un instrumento esencial a la hora de disponer de la flexibilidad, dinamismo y transparencia requerida por las urgentes demandas sociales de nuestros días.
REFERENCIAS
[1] Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones Un nuevo modelo de industria para Europa. COM/2020/102 final.
[2] Donald W.Mocker, George E.Spear. Lifelong Learning: Formal, Nonformal, Informal, And Self-Directed. Center for Resource Development in Adult Education. University of Missouri-Kansas City. 1982.
[3 ]Cha H., So HJ. (2020) Integration of Formal, Non-formal and Informal Learning Through MOOCs.In: Burgos D. (eds) Radical Solutions and Open Science. Lecture Notes in Educational Technology. Springer, Singapore. https://doi.org/10.1007/978-981-15-4276-3_9
[4] Final report. a European approach to microcredentials. output ff the micro-credentials Higher Education Consultation Group. European Commission doi:10.2766/30863. December 2020.
[5] Joaquin Uríbarri, Giuseppe Auricchio. El auge de las micro credenciales y su impacto en la educación del futuro. Nueva Revista.
Después de su libro, Capitalismo: crisis y reinvención (2019), el autor, profesor, analista económico y consultor estratégico, aporta un nuevo análisis al tema con el ensayo Capitalismo Next Generation. Empresario y empresa en el mundo Post Covid-19
Este intricado puzzle del capitalismo, el empresario y la empresa es lo que forma parte de la “reinvención del capitalismo”, que nos propone el autor
El libro se divide en cuatro partes: el capitalismo; los capitalismos; el empresario; y la empresa. Se inicia con un viaje por la historia del capitalismo, desde los más relevantes hechos y sus diferentes escuelas de pensamiento económico, hasta las más recientes transformaciones ideológicas. Continúa con lo que denomina: “los capitalismos”, donde presenta las respectivas variantes. Y finaliza con el empresario y la empresa, como instituciones prominentes del capitalismo, recogiendo los impactos que han dado paso a las transformaciones organizativas, gobierno corporativo y responsabilidad social. Y todo ello, con el trasfondo del cambio climático, la distribución de la riqueza, la desigualdad y la aceleración tecnológica en el contexto de la crisis del COVID-19. Este inmenso e intricado puzzle del capitalismo, el empresario y la empresa es lo que forma parte de la “reinvención del capitalismo”, que nos propone el autor desde el inicio de lo que denomina su “aventura intelectual”.

Desde este planteamiento, reflexiona sobre la naturaleza misma del capitalismo. Para Ramón Casilda, históricamente ha sido y es, un tema que ocupa y preocupa a los economistas y por extensión al conjunto de la sociedad. Lo define como: “un sistema que la humanidad ha adoptado a lo largo de su historia, en la búsqueda de mecanismos para resolver de la manera más eficaz posible sus problemas económicos, dentro de unos valores políticos, sociales y éticos determinados, que implican un mundo de acción, comprensión e interpretación de la vida, según el contexto e intereses de cada cual que repercuten sobre el conjunto de la sociedad”.
Y llama la atención, que dé la palabra a la filosofía para definirlo según Arthur Schopenhauer: “como una forma y representación del mundo que es fruto de las manifestaciones de la voluntad humana, una representación de la condición social del hombre en una circunstancias concretas de lugar y tiempo. Una representación económica que, al igual que ocurre con las representaciones artísticas, se suceden las unas a las otras, y en las cuales no puede faltar nunca ni la imaginación ni la fantasía”.
El autor destaca que en el mundo occidental en el siglo XX se han dado dos tipos de capitalismo. De manera general, indica que el siglo pasado, comenzó con la hegemonía de las “teorías de libre mercado” que murió por los efectos de las dos Guerras Mundiales y el llamado crack de 1929. Le siguió la época guiada por las “teorías económicas más intervencionistas”, cuyo máximo representante fue John Maynard Keynes, en el marco del New Deal estadounidense del presidente Franklin D. Roosevelt y los acuerdos de Bretton Woods.
Finalmente, desde mediados de los años 1970, hemos vivido el retorno del liberalismo en una variante más desarrollada, conocida como neoliberalismo, cuyo sostén teórico/ideológico se fundamenta en las ideas de los premios Nobel de Economía: Friedrich Hayek y Milton Friedman.
Aunque con ideas muy alejadas de las de Hayek y Friedman, John Maynard Keynes, es considerado como el maestro contemporáneo y se le reconoce como “el salvador del capitalismo” (“der retterder kapitalismus”). Lo fue en su momento más álgido, cuando arreciaba la crisis de 1929 y se venía literalmente abajo. Fundador de la macroeconomía moderna, con su Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, se la considerada la obra más influyente del pensamiento económico del siglo XX, donde presenta las herramientas que hicieron posible detener la caída del capitalismo y vencer la Gran Depresión de 1930.
Con mayor intensidad desde la crisis financiera de 2008, el capitalismo está siendo sometido a una serie de cuestiones que afectan a su naturaleza más sustancial
Casilda plantea que, con mayor intensidad desde la crisis financiera de 2008, el capitalismo está siendo sometido a una serie de cuestiones que afectan a su naturaleza más sustancial y por tanto, están provocando su “reinvención”.
REINVENCIÓN (TAMBIÉN) DEL SOCIALISMO
Ahora un inciso, para dejar constancia de que el autor dedica además un amplio punto a la reinvención del socialismo, que lo sitúa a partir del 15 de noviembre de 1959, en la ciudad alemana de Bad Godesberg, cuando el Partido Socialdemócrata Alemán, aprobó oficialmente abandonar el marxismo, identificando “socialismo con democracia liberal” y en consecuencia adoptar la “economía de mercado”, lo que influyo notablemente en el cambio ideológico de la izquierda europea, que adoptó el keynesianismo como referencia económica. Algo muy parecido ocurrió en España, cuando veinte años después en el Congreso Extraordinario celebrado en Madrid en septiembre de 1979, el PSOE renunció oficialmente al marxismo en favor del “socialismo democrático y la economía de mercado”, lo que se traduce al igual que en el SPD, llanamente en socialdemocracia. Así comenzó la renovación de la izquierda europea, con la incorporación de buena parte del pensamiento liberal.
Continuando con las cuestiones que afectan a la naturaleza más sustancial del capitalismo y por tanto a su reinvención, una de ellas la encontramos en la disminución de la competencia entre las empresas en un número muy amplio de sectores, predominando especialmente el tecnológico, donde destacan las grandes plataformas que han acuñado el acrónimo de GAFA (Google, Amazon, Facebook –actualmente Meta- y Apple) y, si se incluye Microsoft, (GAFAM).
Esta tendencia para la creación de grandes monopolios, podría ser la causa de las distorsiones en el mercado de trabajo y del lento crecimiento de la productividad, que se manifiesta de manera diferente en cómo se desarrolla la competencia en China y EE.UU.
En China, prácticamente no hay una diferencia sustancial entre el Estado y las grandes empresas, porque se encuentran dominadas o participadas mayoritariamente por este, de forma que la competencia se encuentra debidamente controlada.
Lo que es bueno para los monopolios, no es bueno para el capitalismo, asegura Casilda
Por su parte, Estados Unidos lleva décadas mermando la calidad de una economía que tiene su base en la libre competencia. Hoy uno de los debates más apasionantes es el referido a la empresa y su poder de mercado. Un modelo de competencia perfecta está guiado por el precio de los bienes y servicios, sin que las acciones de una persona física o jurídica puedan alterarlo. Sin embargo, cuando nos alejamos de este modelo surge el concepto de poder de mercado, donde la compraventa de bienes y servicios se encuentra influida por las acciones individuales o de una persona jurídica. Son indudables las ventajas que proporciona una mayor competencia frente a las derivadas de formaciones monopolísticas, que resultan perjudiciales al favorecer solo a unos pocos. “Lo que es bueno para General Motors, es bueno para los Estados Unidos y viceversa”. Pues bien, lo que es bueno para los monopolios, no es bueno para el capitalismo, asegura Casilda.
Otro de los elementos es el crecimiento inclusivo e incluyente. Enfatiza el autor que no es un simple juego de palabras. La inversión socialmente responsable, la regeneración del medio ambiente, la reducción de las desigualdades, entre otras, deben dar lugar a un “capitalismo de las partes “interesadas” (stakeholders), que trasciende del esquema tradicional que tiene como referente el “principio” de maximizar la creación de valor para los accionistas.
A partir de aquí se ha producido en EE.UU. un debate que en esta ocasión, se encuentra por detrás del iniciado en Europa y Japón, que adoptaron un modelo de capitalismo más centrado en las partes interesadas.
La teoría de las partes interesadas, dice que para que una empresa o negocio tenga éxito, tiene que crear valor para las partes interesadas que concurren en el negocio: accionistas, clientes, proveedores, empleados, comunidades y financieros
La teoría de las partes interesadas, dice que para que una empresa o negocio tenga éxito, tiene que crear valor para las partes interesadas que concurren en el negocio: accionistas, clientes, proveedores, empleados, comunidades y financieros (no necesariamente en este orden). No se puede mirar a ninguno de sus intereses o partes interesadas de forma aislada. Lo que hace que la empresa funcione es que los accionistas, clientes, proveedores, empleados, comunidades y accionistas, puedan crear juntos algo que ninguno de ellos puede hacerlo por separado.
Business Roundtable (Mesa Redonda de Negocios) es la más influyente organización empresarial de EE.UU. sobre “principios de gobierno corporativo”. La singularidad, se encuentra en que, desde 1997, cada documento publicado por la organización respalda “maximizar” la creación de valor para los accionistas desde el principio de que “las empresas existen principalmente para servir a los accionistas. El deber primordial de la gerencia y de las juntas directivas es con los accionistas. Los intereses de otras partes interesadas, son relevantes como un derivado del deber para con los accionistas”. Sin embargo, esta primacía hacia lo accionistas, se ha visto alterada por la nueva declaración de principios que la organización efectuó el 19 de agosto de 2019, con la idea de redefinir las reglas de hacer negocios. Los CEOs de Business Roundtable, presentaron una agenda de políticas transversales para asegurar el liderazgo y la innovación, que proyecte una economía sólida con el objetivo de aumentar los niveles de vida de todos los estadounidenses.
El autor plantea la colaboración de un gobierno eficiente económicamente y responsable socialmente, con la capacidad de gestión y creación de riqueza por parte del empresario y la empresa, haciéndolo extensible a las alianzas no tradicionales y la cooperación internacional. Aunque pueda pensarse que esta combinación es imposible y quizás hasta indeseable, sin embargo, la considera condición esencial para conciliar y aprovechar de manera inteligente los cambios, si efectivamente queremos inaugurar una “sociedad armoniosa” o una “sociedad humana saciable”, por oposición a la que Immanuel Kant ya había calificado como “sociedad insaciable”.
Capitalismo Next Generation, cuenta con marcos de referencia que el autor pone a disposición del lector, confiando que le resulten además de prácticos, desafiantes para su propio pensamiento y aprendizaje, desde el firme convencimiento de que no vivimos una era de cambios, sino que vivimos un “cambio de era”. Por ello, concede más lugar al “pensamiento estratégico”, entendido como una forma diferente y propia de ejercer el pensar, haciéndolo como un “observador” de la “reinvención” del capitalismo y por tanto de la “vida humana”.
Para hacer frente a las dificultades, propone repensar muchos de los planteamientos que han dominado la formulación de políticas económicas en las economías de mercado durante los últimos cuarenta años. Nos dice que esto implica el desarrollo de una nueva concepción del avance económico y social al tiempo que conlleva una comprensión más profunda de la relación entre crecimiento, bienestar humano, reducción de las desigualdades y la sostenibilidad medioambiental. También sostiene, que será esencial desarrollar nuevos marcos de teorías y análisis económico
Está claro que necesitamos una base de conocimientos y evidencias más ricas sobre el funcionamiento de las economías, y nuevos instrumentos y técnicas que ayuden a los responsables de la formulación de políticas en su labor. Será necesario diseñar e implementar un conjunto más amplio de reformas políticas e institucionales basadas en nuevos marcos y análisis para lograr los nuevos objetivos económicos y sociales.
UN BRETTON WOODS 2.0
Al respecto propone organizar un “Bretton Woods 2.0”. Bretton Woods fue una creación intelectual que aparece como la pieza más importante de lo que sería el diseño de todo el sistema monetario internacional de la posguerra. Solo hay que recordar que el sistema monetario internacional de Bretton Woods, fue un componente fundamental de la edad de oro del crecimiento económico (1946-1973). Con aquellos acuerdos se consiguió un grado formidable de estabilidad de los tipos de cambio frente a la inestabilidad del período anterior y el siguiente. Se resolvieron los problemas de pagos, haciendo posible el aumento sin precedentes del comercio y la inversión internacional. Hoy nuestros tiempos piden reorganizar y actualizar el sistema monetario internacional.
Casilda nos sitúa ante un libro interdisciplinar y holístico, que nos permite un amplio y riguroso entendimiento del capitalismo con sus pros y sus contras, sus debilidades y sus fortalezas, como benefactor y como destructor. Para lo cual se sitúa en la “realidad” del Zeistgeist o espíritu del tiempo. Heisenberg, decía que no conocemos la “realidad”, sino la realidad sometida a nuestro modo de interrogarla.
Casilda aporta elementos para la comprensión de esta nueva realidad necesitada, como dice, “de hombres ilustrados: no iluminados. Justos: no justicieros. Valientes: no temerarios«
Casilda nos propone diferentes modos de interrogarla y además, aporta elementos para la comprensión de esta nueva realidad necesitada, como dice, “de hombres ilustrados: no iluminados. Justos: no justicieros. Valientes: no temerarios, para liderar los problemas políticos, económicos, sociales y culturales que todo cambio de era lleva consigo”.
El autor escribe en el prólogo que resulta útil precisar donde se sitúa el libro: “Mehr licht. Más luz”, fueron, al parecer, las últimas palabras de Goethe, en demanda de mayor claridad intelectual y más verdad. Más luz, más claridad intelectual y más verdad es lo que aporta Casilda como “libre pensador”, que como él dice, “muy afortunadamente tengo la posibilidad de pensar libremente y de poder volver a hacerlo si me equivoco, eso sí, con la condición de que sea con inteligencia y sobre todo con honestidad y responsabilidad”.
El libro cuenta con una gran fuente de referencias bibliográficas de múltiple procedencia que se completa con amplias notas y citas intercaladas como apoyo al texto.
Más raros aún que los deportistas que han jugado tanto al béisbol como al fútbol en las grandes ligas son aquellos individuos que han conseguido alcanzar una gran distinción tanto en la política como en la filosofía, las vocaciones que Aristóteles consideraba más dignas de ser elegidas. Sin embargo, Marco Tulio Cicerón ocuparía un lugar de honor en cualquier lista de superestrellas políticas y filosóficas. Si nunca hubiera llegado a la excelencia como orador, senador y cónsul romano, se le recordaría por sus aportaciones a la gran filosofía grecorromana sobre la que se asienta la civilización occidental. Y si nunca hubiera escrito sobre filosofía, seguiría siendo honrado por sus valientes esfuerzos por preservar el Estado de derecho en los últimos años de la República Romana.
Cicerón compartía la opinión de Aristóteles de que el arte de gobernar y la búsqueda del conocimiento eran las más elevadas vocaciones para aquellos que tuvieran talento y coraje para seguirlas
Cicerón compartía la opinión de Aristóteles de que el arte de gobernar y la búsqueda del conocimiento eran las más elevadas vocaciones para aquellos que tuvieran talento y coraje para seguirlas. Sin embargo, se separó del autor de la Política al considerar cuál era la opción superior. Como verdadero romano, nunca perdió su deseo de obtener el honor público y nunca renunció a su convicción de que una vida de servicio público era «el camino que siempre han seguido los mejores hombres».
Ningún discurso filosófico es tan excelente, sostenía, «que merezca ser puesto por encima del derecho público y las costumbres de un Estado bien ordenado». Siguiendo a Aristóteles, sostenía que la excelencia moral es una cuestión de práctica, pero le parecía evidente que su campo de pruebas más importante era el gobierno del Estado. Los filósofos, decía, elaboran teorías sobre la justicia, la decencia, la moderación y la fortaleza, pero los estadistas son los que realmente deben establecer las condiciones para fomentar las virtudes que son necesarias para el buen funcionamiento de la política. «No cabe duda», sostenía, «de que la vida del hombre de Estado es más admirable y más ilustre, aunque algunos piensen que una vida sosegada dedicada al estudio de las artes más elevadas es más feliz».
Para Cicerón el hombre de Estado ideal era aquel cuyas acciones estaban iluminadas por la filosofía, con lo que se refería principalmente a la ética y la teoría política. El mejor estadista de todos, al menos para Roma, sería así alguien empapado de la historia de la ciudad, alguien que combinara los valores civilizados con «el conocimiento íntimo de las instituciones y tradiciones romanas y el conocimiento teórico por el que estamos en deuda con los griegos». En otras palabras, alguien como Marco Tulio Cicerón.
Aunque la filosofía, como le dijo a su hijo, era «indispensable para todo aquel que se proponga hacer una buena carrera», esta siempre fue, para Cicerón, una servidora de la política. Incluso los filósofos, decía, tienen la obligación de ocuparse de los asuntos públicos, no solo por deber cívico, sino también por el bien de la propia filosofía, que requiere ciertas condiciones para prosperar.
En los momentos en los que se veía excluido de la vida política o superado por el dolor personal, Cicerón se sumergía en sus estudios filosóficos con una energía prodigiosa. En esas ocasiones, no podía evitar echar una mirada al camino que no había elegido. «Ahora que el poder ha pasado a manos de tres individuos incontrolados», escribió a su amigo Ático durante el Triunvirato de Julio César, Pompeyo y Craso, «estoy deseando dedicar toda mi atención a la filosofía. Ojalá lo hubiera hecho desde el principio». Y en su diálogo De Republica, el protagonista reflexiona: «¿Qué valor tiene, por favor, vuestra gloria humana, que apenas puede durar una mínima parte de un solo año? Si quisierais apuntar más alto… no os pondríais a merced de las habladurías de las masas ni mediríais vuestro destino a largo plazo por las recompensas que pudieras obtener de los hombres. La bondad misma debe atraeros por sus propios atractivos a la verdadera gloria. En ningún caso la reputación de una persona dura para siempre; se esfuma con la muerte de los oradores, y se desvanece cuando la posteridad olvida».
Para un joven ambicioso cuyo nacimiento no le garantizaba la entrada en los círculos de poder de la época, y que no sentía inclinación por la carrera militar, el camino hacia la excelencia pasaba por el derecho y la oratoria. Y los tribunales de justicia eran un campo de pruebas. Cicerón era el precoz hijo primogénito de un próspero terrateniente de la ciudad de Arpinum, a unas setenta millas al sureste de Roma. La familia pertenecía a la clase de los équites, formada por agricultores y comerciantes acomodados que aspiraban cada vez más a tener influencia política en la capital. Según Plutarco, el joven Marco Tulio adquirió fama de inteligente en cuanto empezó a recibir clases, hasta el punto de que los padres de otros niños acudían a la escuela para oírle recitar. Cuando tuvo la edad suficiente para cursar estudios superiores, su padre gozaba ya de la riqueza y los contactos suficientes como para “colocar” al talentoso niño con los mejores maestros de Roma.
Allí Cicerón estudió retórica, filosofía y derecho. Roma era una ciudad bulliciosa de unos cuatrocientos mil habitantes y estaba llena de distracciones para un joven. Una mala salud digestiva mantenía alejado a Cicerón de los excesos de comida y bebida y, aunque hacía ejercicio por el bien de su salud, no tenía ningún interés por los juegos y los deportes. En cuanto a la compañía de las cortesanas, escribió a un amigo en años posteriores que, «como sabes, incluso en mi juventud, no me atraían este tipo de cosas». Lo que sí excitaba su imaginación era la idea de una vida llena de honores. Tomó su lema de una línea de la Ilíada en la que Glauco recuerda la exhortación de su padre: «Ser siempre el mejor y superar con creces a todos los demás». Sin embargo, el joven Cicerón no podía ser calificado de “empollón rarito”. Tenía un don para la amistad y era, según Plutarco, «por naturaleza muy dispuesto a la alegría y a la diversión».
SALUD QUEBRADIZA
Al igual que muchos estudiantes de Derecho de la actualidad, Cicerón se quejaba de las largas horas que tenía que dedicar a una materia que, a menudo, era poco interesante. Lo que prefería era visitar los tribunales de justicia, donde las multitudes acudían a ver las actuaciones de los grandes oradores de la época. A los veintipocos años emprendió su propia carrera de abogado. Disfrutó de un éxito considerable a pesar de los graves ataques de miedo escénico y de cierta tendencia pedante que le valió los apodos de «el griego» y «el erudito». Por esta época –la fecha es incierta– se casó con Terencia, una rica mujer romana cuya dote y conexiones familiares favorecieron, en gran medida, sus intentos de introducirse en la política. Sin embargo, cuando parecía haber avanzado en el camino elegido, su salud se quebró por el estrés que se había impuesto a sí mismo. Como contó más tarde:
«En aquella época yo estaba muy delgado y no tenía un cuerpo fuerte, y esa constitución, combinada con el trabajo duro y el desgaste de los pulmones, se pensaba que era casi una amenaza para la vida. Cuando los amigos y los médicos me rogaron que dejara de hablar en los tribunales, pensé que correría cualquier riesgo antes que abandonar mi esperanza de alcanzar la fama como orador. Pensé que con un uso más comedido y moderado de la voz y una forma diferente de hablar podría tanto evitar el riesgo, como adquirir más variedad en mi estilo. Y, así, cuando ya tenía dos años de experiencia en la defensa de casos y mi nombre era ya bien conocido en el Foro, dejé Roma».
Cicerón viajó a Grecia y Rodas. Allí, junto con un grupo que incluía a su hermano menor Quinto y a su amigo Ático, estudió con los más famosos filósofos y oradores de la época. Cuando regresó a Roma dos años después, era, según él, «casi otro hombre». Había aprendido a controlar su voz, su estilo había mejorado y su salud se había recuperado.
LA CARRERA POLÍTICA
Ahora Cicerón estaba preparado para emprender las primeras etapas de su carrera política. En dos años fue elegido cuestor, un cargo oficial que le permitía ser miembro del Senado. El cargo de cuestor implicaba un período de servicio en Sicilia, donde se ganó el respeto por su honestidad y diligencia. A su regreso a la capital, se ganó también con rapidez la fama de ser el abogado más brillante de Roma, demostrando que su estancia en Grecia y Rodas había sido bien aprovechada. El punto álgido de su carrera jurídica fue su victoria sobre otro célebre orador, Hortensio, en un caso en el que Cicerón procesó con éxito a un tal Cayo Verres por corrupción en el cargo, mientras este ejercía de gobernador en Sicilia. La energía de Cicerón en la recopilación de pruebas, su ingenio y elocuencia en la argumentación, así como su valentía al exponer las fechorías de un hombre poderoso le valieron una amplia admiración. Siglos más tarde, el estadista, economista y filósofo Edmund Burke tomó el discurso de Cicerón Contra Verres como modelo para su propio proceso contra Warren Hastings por altos delitos y faltas como gobernador general de la India.
Durante su mandato como cónsul, prestó lo que él consideraba su servicio más importante a Roma al liderar la represión de la conspiración de Catilina, un intento de golpe de Estado por parte de un joven aristócrata con gran tirón popular
A la edad de cuarenta y tres años, Cicerón alcanzó la cima de la jerarquía política romana al conseguir la elección como cónsul en el año 63 a.C. Se trataba de un logro extraordinario para un hombre procedente de una familia de provincias de la que nunca había salido ningún senador. Durante su mandato como cónsul, prestó lo que él consideraba su servicio más importante a Roma al liderar la represión de la conspiración de Catilina, un intento de golpe de Estado por parte de un joven aristócrata con gran tirón popular. Sin embargo, en el transcurso del restablecimiento del orden, Cicerón tomó una medida que podría considerarse una violación de sus propios principios y de las tradiciones romanas. Ordenó que cinco de los conspiradores fueran ejecutados sin juicio. Las ejecuciones tenían una apariencia de legalidad, ya que habían sido aprobadas de antemano por el Senado y justificadas como necesarias para preservar el orden público en tiempos de emergencia. Pero la decisión de Cicerón le granjeó la enemistad duradera de los partidarios de Catilina, entre los que había algunos hombres poderosos.
El escenario estaba preparado para que tres líderes patricios –Julio César, Pompeyo y Craso– se hicieran con el poder, presentándose como abanderados del pueblo. En el año 60 a.C. formaron un triunvirato y comenzaron a reducir el poder del Senado, los cónsules y los tribunos. El prestigio de Cicerón era tal que los tres le invitaron a unirse a ellos como cuarto, pero este declinó formar parte de un acuerdo tan claramente inconstitucional. El Triunvirato, a su vez, se negó a apoyar a Cicerón cuando los compinches de Catilina se vengaron consiguiendo la aprobación de una ley, dirigida a Cicerón, que condenaba de forma retroactiva a la muerte o al exilio a cualquiera que hubiera condenado a muerte a un ciudadano romano sin juicio. Cicerón huyó a Grecia, sus bienes fueron confiscados y su hermosa casa de la colina del Palatino, destruida.
Pompeyo acabó indultando a Cicerón e hizo posible su vuelta a Roma, pero sus oportunidades de expresión política bajo el Triunvirato fueron restringidas. Fue en este periodo cuando escribió sus diálogos De Republica y De Legibus, inspirados en los dos diálogos platónicos que más admiraba. En el primero, Cicerón rechazaba la república ideal de Platón por ser imaginaria y poco práctica y presentó su propia visión del Estado ideal: el Estado romano, basado en una constitución no escrita desarrollada durante siglos a través de la práctica y la experiencia, con mejoras graduales realizadas como resultado de la reflexión sobre lo que había acontecido en épocas anteriores. A diferencia de las leyes de las ciudades griegas, de las que se decía que eran creaciones de legisladores legendarios como Solón y Licurgo, el sistema jurídico romano era un logro colectivo. Estaba «basado en el genio, no de un hombre, sino de muchos; fue fundado no en el trascurso de una generación, sino en un largo período de varios siglos y muchas generaciones de hombres». Prudentemente, Cicerón evitó cualquier discusión sobre el estado del régimen en aquella época; se limitó a expresiones generales de pesar por las desaparecidas virtudes y costumbres de tiempos pasados.
Ese fructífero periodo de escritura y reflexión llegó a su fin cuando el Triunvirato decretó que todos los exfuncionarios cualificados que aún no hubieran gobernado una provincia debían hacerlo. Como antiguo cónsul, Cicerón no tenía elección y hubo de aceptar un destino en el extranjero. Para su disgusto, fue enviado a la remota Cilicia, en el sur de la actual Turquía. Sin embargo, aprovechó la situación de la mejor manera posible, aplicándose concienzudamente a las tareas administrativas y consolándose con la idea de que el destino era solo por un año.
UN PERFIL BAJO
Mientras tanto, Roma se encaminaba hacia la guerra civil. César y Pompeyo se habían enemistado, ya que Pompeyo se alineaba con el Senado mientras César defendía la causa del pueblo. Cicerón tenía más aprecio personal por César, con el que compartía intereses intelectuales, pero prefería a Pompeyo pues veía en él a alguien con más posibilidades de restaurar la República y evitar el enfrentamiento abierto con su rival. Cuando, dos años después, César salió victorioso, volvió a solicitar el apoyo de Cicerón. Pero Cicerón seguía sin poder cooperar en lo que consideraba la destrucción de las instituciones republicanas.
Durante la dictadura de César, Cicerón continuó con su labor literaria, aunque manteniendo un perfil bajo. Sin embargo, echaba de menos su antigua vida. A uno de sus interlocutores le dijo: «Ahora que el Senado ha sido abolido y los tribunales aniquilados, ¿qué trabajo acorde con mi posición podría desempeñar en el Senado o en el Foro? Antes vivía rodeado de grandes multitudes a mi alrededor, en el primer plano de la opinión pública romana. Pero ahora rehúyo la vista de los canallas que pululan por todas partes». A su hermano Quinto, Cicerón le dio rienda suelta a sus sentimientos de arrepentimiento y frustración:
«Me atormenta, querido hermano, y me tortura el hecho de que ya no tengamos una constitución en el Estado ni justicia en los tribunales, y que a mi edad, cuando debería estar en la cima de mi influencia en el Senado, me tenga que entretener con el trabajo jurídico o me sostenga el estudio privado. Y la ansiada esperanza que he tenido desde que era un niño –«ser siempre el mejor y superar con creces a todos los demás»– ha sido destruida. A algunos de mis enemigos no he podido atacarlos, a otros los he defendido. No puedo dar rienda suelta ni a mis opiniones ni a mis odios».
Aunque Cicerón no participó en la conspiración para asesinar a Julio César en los idus de marzo del 44 a.C., aprobó el golpe por considerarlo necesario. En el tumulto que siguió a ese acontecimiento, se convirtió en un anciano estadista popular y ampliamente respetado y fue elegido como portavoz del Senado. Junto con Marco Antonio, el cónsul superviviente, Cicerón fue brevemente uno de los dos hombres más poderosos de Roma. Pero cuando el heredero e hijo adoptivo de César, Octavio, empezó a desafiar a Antonio, Cicerón se vio de nuevo en la tesitura de elegir a qué hombre apoyar cuando ninguno de los dos ofrecía muchas esperanzas de preservar las instituciones republicanas. Cuanto más se revelaban las ambiciones de Antonio, más lamentaba Cicerón que los asesinos no se hubieran desecho de Antonio al igual que habían hecho con César. Pero Octavio era un desconocido, un joven de diecinueve años. Al final, Cicerón se puso del lado de Octavio y comenzó a azuzar el sentimiento contra Antonio en una serie de discursos conocidos como Las Filípicas.
PERSEGUIDO, CAPTURADO Y ASESINADO
En un giro de los acontecimientos que resultó fatal para Cicerón, Octavio llegó a un entendimiento con Marco Antonio. Como relata Plutarco, «el joven, una vez establecido y en posesión del cargo de cónsul, se despidió de Cicerón, y reconciliándose con Marco Antonio y Lépido, unió su poder al de ellos y entre los tres se repartieron el gobierno como si fuera una propiedad». Uno de los primeros actos de Antonio fue ordenar la muerte de Cicerón. Cicerón se preparó para abandonar Roma, pero no se movió con la suficiente rapidez. Fue perseguido, capturado y asesinado en diciembre del 43 a.C. Su cabeza y, por orden de Marco Antonio, las manos que habían escrito Las Filípicas fueron cortadas y expuestas en el Foro.
El rico fondo epistolar de Cicerón –compuesto por más de 800 cartas– sigue siendo una de las fuentes de información más importantes sobre la vida romana en el turbulento siglo I antes de Cristo
El rico fondo epistolar de Cicerón –compuesto por más de 800 cartas, la mayoría de ellas nunca destinadas a la publicación– sigue siendo una de las fuentes de información más importantes sobre la vida romana en el turbulento siglo I antes de Cristo. Junto con los escritos de Cicerón sobre política, estas cartas también proporcionan una visión fascinante de cómo este ambicioso «hombre nuevo» pensaba sobre muchas de las cuestiones que los jóvenes con aspiraciones políticas todavía se siguen planteando hoy día.
¿Cómo debo «presentarme» para hacer carrera? Cada otoño se produce una llamativa transformación en las facultades de Derecho estadounidenses, cuando los estudiantes de segundo y tercer año se preparan para el mercado laboral. A medida que el follaje otoñal alcanza su máximo color, el atuendo de los futuros abogados se vuelve azul marino, gris marengo y negro básico. Los cambios en el modo de vestir, los peinados y, a veces, incluso en los dientes y la nariz pueden ser tan drásticos que hacen difícil reconocer a los jóvenes que uno conoció. En ocasiones, un chico o una chica con un apellido común, como Smith, o un nombre étnico inusual, adopta un nuevo nombre a tiempo para que aparezca en su título.
CAPACIDAD DE AUTOCRÍTICA
En el caso de Cicerón, muchos de sus amigos le instaron a que cambiara su apellido, ya que no lo consideraban lo suficientemente digno para un político en ascenso. Al parecer, el nombre derivaba de un antepasado que tenía una protuberancia como un garbanzo (cicer) en la punta de la nariz. El hecho de que el joven Marco Tulio rechazara los consejos de sus amigos y afirmara que pensaba hacer el nombre de Cicerón más famoso que los del célebre estadista Scaurus (tobillos rechonchos) y el comandante militar Catulus (cachorro) es un indicio de la confianza que tenía en sí mismo.
Lo que Cicerón sí decidió cambiar fue su forma de hablar. No fue solo el delicado estado de su salud, sino también una capacidad de autocrítica muy desarrollada, lo que le impulsó, tras un comienzo prometedor, a interrumpir su carrera jurídica y dedicar dos años completos a perfeccionar sus técnicas y agudizar su intelecto.
La política es un negocio sucio. En la Roma tardorrepublicana, al igual que en la América actual, muchos de los ciudadanos más capaces declinaron entrar en la vida pública. Algunos lo hacían por disgusto con el estado de la política; otros porque deseaban aprovechar las oportunidades de vivir una vida privada en la comodidad y el lujo. La filosofía epicúrea, con su enseñanza de que un hombre sabio preserva mejor su libertad evitando involucrarse en los asuntos públicos, estaba muy en boga entre los miembros de la clase dirigente tradicional de Roma. Cicerón no rebatió –de hecho, no podía hacerlo– a quienes afirmaban que la plaza pública romana estaba llena de personajes corruptos. Lo que les dijo fue lo siguiente: «¿Qué razón más poderosa podrían tener los hombres valientes y de gran altura para entrar en la política que la determinación de no ceder a los malvados, y no permitir que el Estado sea destrozado por tales personas?».
El amigo más cercano de Cicerón, Ático, fue uno de los que optó por una vida en la esfera privada. Ático era el heredero de una gran fortuna, un hombre cuya riqueza, inteligencia, amabilidad y linaje le habrían asegurado una fácil entrada en la carrera política. Estaba vivamente interesado por la política y era lo suficientemente astuto como para ser un valioso consejero de Cicerón, pero se mantuvo al margen de la participación personal en las controversias de la época, describiéndose a sí mismo como «amigo de todos y aliado de ninguno». Sobrevivió con su riqueza intacta a las guerras civiles y a los cambiantes regímenes de la Roma tardorrepublicana. Como anciano, citó las desventuras de Cicerón como ejemplos principales de la ingratitud, las traiciones y las decepciones que un hombre honesto podía encontrar en la política. Sin embargo, para el propio Cicerón, si podemos creer lo que dijo en el prefacio de De Republica, todas esas desventajas eran superadas por el honor y la satisfacción de una vida dedicada a la patria y a sus semejantes.
¿Es compatible la vida de un político con una vida privada satisfactoria? En el caso de Cicerón, la respuesta parece haber sido afirmativa, en el sentido de que tanto las satisfacciones como las decepciones de su vida personal fueron del tipo que cualquiera podría experimentar, dentro o fuera de la plaza pública. Su matrimonio de tres décadas con Terencia no parece haber sido especialmente sólido y al final terminó en divorcio. Su hijo Marco era una especie de inútil, pero Cicerón hizo todo lo posible por apoyarlo. Su mayor alegría era su hija Tulia («en el rostro, en la forma de hablar y en la mente, mi viva imagen»). Cicerón disfrutaba de su compañía y de su conversación, y estuvo a punto de volverse loco de dolor cuando murió a los treinta años por complicaciones en el parto. Cuando ocurrió esta tragedia, rechazó a su segunda esposa, Publilia, con la que llevaba casado solo unas semanas, porque al parecer no compartía su angustia.
Cicerón lamentaba la soledad de una vida vivida bajo el ojo público y se apoyaba mucho en su hermano Quinto y en su amigo Ático para obtener consejo y compañía. La carta de Cicerón a Ático en una ocasión en la que ambos confidentes estaban fuera de Roma recuerda el famoso dicho de Harry Truman: «Si quieres un amigo en Washington, consíguete un perro»:
«No hay nada que necesite tanto en este momento como el único hombre con el que puedo compartir todos los problemas que me causan alguna preocupación, ese amigo afectuoso y sabio con el que puedo conversar sin hipocresía, pretensión o reserva. Mi hermano está fuera, ¿y tú dónde estás? Estoy tan abandonado por todos que el único descanso que tengo lo paso con mi mujer, mi querida hija y mi querido hijo Cicerón, pues esas falsas amistades mías existen a la luz de la vida pública, pero carecen de las recompensas que otorga mi casa. Bajo al Foro rodeado de montones de amigos, pero en toda la muchedumbre no encuentro a nadie con quien pueda hacer una broma desprevenida o soltar un suspiro amistoso».
En su ensayo De Officiis («Sobre los deberes») reflexionó sobre la dificultad de decidir qué hacer cuando lo aparentemente correcto choca con lo aparentemente ventajoso
¿Perderé de vista mis más altas metas, traicionaré mis principios, llegaré incluso a perder mi alma al esforzarme por conseguir y mantener un cargo público? A lo largo de su carrera, Cicerón se debatió y sufrió con estas preocupaciones que impiden a muchos de los jóvenes con más principios dar el paso y entrar en política en la actualidad. Se cuestionaba constantemente si debía transigir, cuándo y hasta dónde, siempre en aras de defender su causa más preciada: la preservación del sistema tradicional que él llamaba republicano. En su ensayo De Officiis («Sobre los deberes») reflexionó sobre la dificultad de decidir qué hacer cuando lo aparentemente correcto choca con lo aparentemente ventajoso. Algunas situaciones, decía, son desconcertantes y muy difíciles de evaluar. A veces, una acción considerada generalmente como incorrecta resulta ser correcta. A veces, un paso que parece natural y correcto puede resultar no serlo después de todo.
Siguiendo a Aristóteles, que enseñaba que, en el ámbito de lo humano, por lo general, solo nos es dado llegar a conocer de forma parcial, Cicerón dice pertenecer a una escuela de pensamiento que busca el mayor grado posible de probabilidad, reconociendo que las limitaciones inherentes a la vida política hacen imposibles las certezas. El estadista, a diferencia del filósofo, debe actuar, y debe hacerlo dentro del rango de lo posible, aspirando a lo mejor pero siendo consciente de que, a menudo, debe conformarse con menos.
La carrera de Cicerón fue testigo de muchos cambios de rumbo. Algunos quisieron ver en ellos respuestas prudentes a los cambios en el entorno político y otros los tacharon de oportunistas, cobardes o hipócritas. Según su propio relato, hubo ocasiones en las que no estuvo a la altura de sus propias normas públicamente profesadas, y en su correspondencia privada se reprochaba a menudo no estar a la altura de sus propios ideales. Pero nunca abandonó sus esfuerzos por preservar los principios republicanos tanto de las invasiones de la dictadura, por un lado, como del gobierno de la muchedumbre, por otro. A menudo lo hizo con gran riesgo personal. Al final, su oposición a Antonio le costó la vida.
(Traducción: Pilar Gómez)
«El problema de nuestros tiempos es que el futuro ya no es lo que solía ser», escribió el autor de El cementerio marino. Con ese comentario Paul Valéry se refería con vaguedad poética a las dificultades que un mundo cambiante e incierto imponía al pensamiento de su época. Una idea que se aplica mejor al mundo contemporáneo, mundo más vaporoso que líquido (Bauman) e incluso torrencial, y en el que todo lo sólido se desvanece en el aire. Y que viene como anillo al dedo para hablar de la enseñanza superior. Pero tratemos de tomar distancia para poder ver la película y no solo la foto del presente.
DE DÓNDE VENIMOS
Efectivamente, cuando la moderna universidad se define allá por los comienzos del siglo XIX se trata de «aferrarse al principio de que el conocimiento… debe ser incesantemente perseguido». Así afirmaba el memorando Sobre la organización interna y externa de instituciones de enseñanza superior en Berlín que Von Humboldt redactó en 1810 y que sirvió de base para la fundación de la Universidad de Berlín, la primera universidad investigadora, la primera research university que conocemos. Con cuya fundación aparece una figura nueva, heraldo del futuro: la del trabajador, el asalariado (el white-collar), a quien se remunera para que investigue; el «trabajador del conocimiento» en definitiva (un término que será acuñado mucho más tarde1), por mucho que se tratara todavía de un funcionario prusiano el encargado de esa persecución «incesante» del conocimiento.
Berlín fue la semilla que incentivó la competitividad interna del sistema alemán de universidades, que para finales del siglo XIX era ya la meca del mundo intelectual adonde acudían los jóvenes estudiosos, ya fuera de Estados Unidos, del Japón que se occidentalizaba tras la Restauración Meiji, o becados por la española Junta para la Ampliación de Estudios. Y que se extendió pronto a los primeras joint ventures entre departamentos universitarios y empresas en la Alemania guillermina, dando lugar a la primera (y en gran medida actual) industria química, farmacéutica o eléctrica, un precedente claro de Silicon Valley. Mencionaré solo dos notorios ejemplos de esta proyección empresarial de la universidad alemana: Siemens y Bayer.
Y cuando Estados Unidos se lanza a ampliar su sistema universitario tras la desmovilización de la Gran Guerra (qué hacer con los soldados tras la paz es siempre mal problema), es el modelo alemán el que aplica y generaliza. En la segunda posguerra no será ya el modelo alemán, sino los mismos científicos y profesores alemanes a los que dará cobijo. Si hoy Estados Unidos tiene las mejores universidades del mundo y un 80 por ciento de los premios Nobel se debe a ello. Un ejemplo que ha seguido el resto del mundo.
Cuando redactamos la Ley de Reforma Universitaria copiamos a Ortega en su «Misión de la Universidad»: «el desarrollo científico, la formación profesional y la extensión de la cultura son las tres funciones básicas que de cara al siglo XXI debe cumplir esa vieja y hoy renovada institución social que es la Universidad española»
Pero hay instituciones que mueren de éxito, y la universidad puede ser una de ellas. Por supuesto para Humboldt solo una minoría podía acudir a la universidad; se estima que no más de un uno por ciento. Y todavía, cuando en 1930 Ortega se pregunta por las misiones de la universidad, su elitismo está fuera de discusión. Su tarea es formar profesionales, científicos y hombres cultos. Universidad de minorías, en buena medida separada del mundo, enclaustrada y la estructura urbana de campus refleja esa voluntad de aislamiento y distancia con la vida. Y todavía cuando en 1982 redactamos la española Ley de Reforma Universitaria (LRU) copiamos a Ortega en su Misión de la Universidad: «el desarrollo científico, la formación profesional y la extensión de la cultura son las tres funciones básicas que de cara al siglo XXI debe cumplir esa vieja y hoy renovada institución social que es la Universidad española».
Una frase con la que se sintetizaban las tres grandes tradiciones universitarias: la francesa de las Grandes Écoles, centrada en la formación técnica de cuadros; la inglesa (Oxbridge), centrada en la formación cultural de élites y la formación clásica; y la alemana que iba a dar lugar a la universidad investigadora. Crear una élite social de excelentes profesionales técnicamente cualificados y con una sólida formación humana y cultural, algunos de los cuales se doblaban como investigadores que acrecentaban el stock de saberes a impartir. Las tres funciones se armonizaban de un modo casi natural.
Pero el presente no hace justicia a esa visión.
UNIVERSIDAD UNIVERSAL
Para comenzar, es evidente que el tránsito a la sociedad del conocimiento y la consecuente exigencia democratizadora de la enseñanza superior han modificado sustancialmente ese cuadro, ya idílico y obsoleto y la función formadora adquiere un peso y una relevancia acrecentada, tanto desde el lado de la oferta (pues lo altos costes de la enseñanza exigen obtener de ella una mayor rentabilidad social), como desde el de la demanda (pues la enseñanza superior se concibe por los estudiantes más como inversión que como consumo).
Stanley Aranowitz en un libro de éxito (sobre todo por su título), The Knowledge Factory, recordaba que en 1941 no más de un 3% de los jóvenes americanos acudían a la universidad. Pero entre 1945 y 1965 la matricula creció un 300%, y para finales del pasado siglo más de seis de cada diez de los jóvenes que terminaban la educación secundaria pasaban a la universidad2. Poco después el presidente Clinton hacía suyo el proyecto de una «universalización» de la enseñanza universitaria y hoy la tasa bruta de escolarización terciaria supera ya el 80% en Estados Unidos.
Pero es una tendencia global, nada sorprendente, pues era evidente que una institución que proporcionaba poderosas oportunidades de movilidad ascendente tendría amplia demanda. Y la tuvo, imposible de frustrar en sociedades democráticas. Y poco a poco la tasa de escolarización fue creciendo, y creciendo, y en el mundo en su conjunto ha ascendido del 19% en el año 2000 a cerca del 40%, en buena medida por la creciente incorporación de la mujer. Pero en los países desarrollados se acerca o supera el 80%. Hemos pasado de la universidad de élites a la universidad de masas, pero desde esta a la universidad universal, como señalaba Martin Trow en uno de los trabajos de sociología de la educación más citados3.
La universidad es ya el equivalente a lo que era el bachillerato en las sociedades agrarias de hace un siglo; y los estudios de postgrado son el equivalente a lo que era la universidad (el grado) en tiempos de Ortega
Pero la consecuencia no es sólo la democratización de la Universidad pues tan importante o más es el dato de que, al universalizarse, pasa a formar a la práctica totalidad de los trabajadores de las sociedades modernas. Por la universidad pasan, no el 10% o el 20% de los jóvenes, sino casi todos. De modo que lo que se espera de ella es que forme buenos médicos, abogados o farmacéuticos pero también ingenieros navales, técnicos en sonido, publicistas o periodistas, traductores, fisioterapeutas, enfermeras, asistentes sociales, y un amplísimo y variadísimo catálogo de profesiones, incluidas las náuticas, las bellas artes o la podología. Una sociedad que demanda extensa formación técnica en todas sus actividades pide de su enseñanza post-secundaria que cubra esa evidente exigencia. ¿Quién va a hacerlo si no? En algún trabajo ocasional he sostenido que eso es el sentido objetivo del llamado «proceso de Bolonia»: el fin del modelo de universidad humboldtiano para sustituirlo por una formación profesional post-secundaria universalizada4.
Y así, en las actuales sociedades del conocimiento, la universidad es ya el equivalente a lo que era el bachillerato en las sociedades agrarias de hace un siglo; y los estudios de postgrado son el equivalente a lo que era la universidad (el grado) en tiempos de Ortega.
Este hecho es especialmente importante en España y merece la pena detenerse en ello. Pues por razones variadas la vieja Ley General de Educación de 1970 incorporó a la universidad española la totalidad de las variadas enseñanzas post-secundarias. Y aunque no pocas de esas incorporaciones no se efectuaron sino al amparo de la LRU de 1983, el resultado es que en España universidad y formación terciaria son casi lo mismo.
Este dato, poco comentado, contrasta la realidad española con la de otros países que tienen un sistema dual de enseñanza postsecundaria: el universitario y el técnico o profesional. Las Higher Education Institutions británicas, los Établissement public à caractère scientifique, culturel et professionnel franceses (sin mencionar los IUT), las Fachochschulen alemanas, austriacas o suizas, o los más de 3.700 colleges y universities americanos, de las que solo una mínima parte son universidades investigadoras.
¿Por qué es esto así? Porque el marco normativo e institucional que resulta sensato y adecuado para la formación de juristas, médicos, físicos o filólogos no es necesariamente el adecuado para las bellas artes, la musicología, las ingenierías técnicas, la enfermería o la podología, y pretender someter toda la variadísima gama de enseñanzas post-secundarias, a un tratamiento uniforme, es prácticamente imposible. Unas enseñanzas son extremadamente teóricas, otras extremadamente prácticas; unas forman profesionales, otras, asalariados; unas requieren años de maduración, otras se pueden cursar en poco tiempo; en algunas se necesita una presencia muy activa del profesor, en otras no; en algunas es razonable fijar numerus clausus, en otras no. Por finalizar, el profesorado de muchas de estas enseñanzas debe estudiar, y no tiene por qué investigar. Y lo digo sin ápice de menosprecio, muy al contrario, pues estoy convencido de que, incluso en la propia universidad, se debería valorar mucho más el estudio y comparativamente menos la investigación.
Por ello uno de los mejores informes sobre la universidad española: la Reviews of Tertiary Education. Spain5 de la OCDE señalaba que «en España no hay una visión de la educación terciaria como un sistema total y coherente»6. Y la conclusión es que más que reformar las «universidades» lo necesario es regular la enseñanza post-secundaria en su conjunto. Y así también se debería contemplar la posibilidad de Universidades Técnicas o Centros de Formación Superior al margen de las universidades clásicas, y mucho más vinculados a empresas o asociaciones empresariales saltando más allá del marco normativo tradicional de la universidad.
ENSEÑANZA CONTINUADA
Así pues, la enseñanza post-secundaria se amplía en el espacio para sumar a las formaciones universitarias clásicas las nuevas, demandadas por sociedades tecnológicamente avanzadas. Pero no solo se amplía en el espacio, también lo hace en el tiempo.
Efectivamente, hoy la producción tecnocientífica no es tarea de pioneros trabajando en solitarios talleres (la ciencia de artesanos), sino una producción industrial, continua y rutinaria, generosamente financiada por empresas y Estados. Y la consecuencia es el crecimiento exponencial del stock de conocimientos disponibles y, al mismo ritmo, la acelerada obsolescencia de los tenidos por ciertos en un momento concreto.
Lo que no puede dejar de incidir en la misma formación inicial, que demanda hoy un reciclaje constante, rompiendo el viejo esquema lineal de formación-trabajo para dar lugar a la formación permanente. Pues ¿cuál es el período de obsolescencia de la formación inicial recibida en una universidad? ¿Quince años, diez, cinco? ¿Cuánto tiempo tarda la formación inicial de un médico especialista en quedarse obsoleta?
De modo que, además de tener que revisar los planes de estudio con rapidez, frente al esquema lineal clásico formación-trabajo aparece otro en el que, todo trabajador intelectual (¿y quién no lo es en alguna medida?), debe dedicar parte considerable de su tiempo laboral al reciclaje. Una demanda que ha generado su propia oferta en seminarios, cursillos, congresos, etcétera, que desbordan también a la universidad clásica (y son capturados por las corporate universities; volveré sobre ello).
En 2020, hasta un 30% de la población adulta (25-65 años) ha participado en cursos de reciclaje y formación en Suecia o Finlandia
Un dato: en 2020, la proporción de personas de 25 a 64 años en la UE que participaron en educación o formación fue del 9,2%, pero hasta un 30% de la población adulta (25-65 años) ha participado en cursos de reciclaje y formación en Suecia o Finlandia. Son cifras que más que doblan el volumen de estudiantes universitarios. ¿Y quién ofrece esa formación? No las universidades sino los empleadores, que ofrecían casi un cuarenta por ciento de dichas actividades en la UE.
De modo que la enseñanza superior ya no se circunscribe a las poblaciones jóvenes sino que se extiende a lo largo de la vida activa hasta la misma jubilación (e incluso después de ella) en actividades de reciclaje y de actualización sine die. Y al final los «sistemas» de enseñanza post-secundaria estallan, pues si antes formaban a una minoría de jóvenes (varones), ahora se les pide que formen a casi todos pero que, además, lo hagan casi todo el tiempo.
ENSEÑANZA GLOBALIZADA Y DESNACIONALIZADA
Una tarea que, por fortuna, se ve facilitada por las nuevas formas de enseñanza, mucho más flexibles en cuanto al tiempo exigido a la formación y, sobre todo, en cuanto a la presencialidad. La formación online sobre todo (que ha recibido un impulso enorme e inesperado con la pandemia del COVID-19), no solo afecta al modo de enseñar pues viene a revolucionar toda la estructura de la enseñanza superior. Acaba con la clase magistral, por supuesto, lo que no siempre es beneficioso. Demanda formación muy estructurada casi como una flow chart, con definiciones claras de los objetivos del aprendizaje. Facilita la evaluación. Permite clases potencialmente inmensas. Pero sobre todo viene a «aplanar» el mundo de la formación.
Cuando Thomas Friedman hablaba de un mundo «plano» y sin barreras (físicas o políticas) como consecuencia de la globalización y, sobre todo, de la digitalización, estaba solo comenzando en la enseñanza7. Hoy cualquier universidad puede tener estudiantes en cualquier lugar del mundo. Los monopolios que los sistemas nacionales tenían sobre sus poblaciones han saltado, me temo (¿o no?) que definitivamente. Todas las universidades online carecen de centro físico y se han desterritorializado, compiten potencialmente con todas las universidades del mundo, sin más límite que el de las competencias lingüísticas. Con consecuencias sobre el mundo laboral y profesional.
REGULACIONES OFICIALES OBSOLETAS
Hasta ahora los sistemas terciarios de formación se regulaban por normas estatales que afectaban, tanto a la formación misma como a las titulaciones oficiales y, por supuesto, a las competencias profesionales vinculadas con los catálogos de títulos. Pero la formación online hace estallar los sistemas nacionales, desterritorializando y globalizando la formación. Y cuando cualquier universidad del mundo puede formar a cualquier estudiante del mundo, ¿qué le queda al Estado en la regulación de la formación, de los títulos o de sus competencias? Ciertamente puede exigir la convalidación de los títulos, como hace actualmente, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Y en qué medida la demanda de trabajadores cualificados va a respetar esas titulaciones nacionales? A final será el mercado quien tomará sus propias decisiones saltando por encima de los Estados como ha ocurrido en muchos otros campos dejando obsoletas e inútiles las regulaciones oficiales.
INVESTIGACIÓN ¿UNIVERSITARIA?
Me he centrado en la docencia pero debemos abordar también las otras dos funciones clásicas de la universidad: la investigación y la creación de alta cultura, pues también en ellas «el futuro no es lo que era».
Fue sin duda la guerra (caliente o fría), la que iba a expandir la investigación universitaria fuera de los campus, primero con el proyecto Manhattan para construir la bomba atómica, y después en el llamado Complejo Militar Industrial (CMI), denunciado por F. A. Hayek en Camino de Servidumbre8 (1944), más tarde por el sociólogo C. Wright Mills en su libro La élite del poder de 19569 y finalmente por el presidente Dwight D. Eisenhower en su discurso de despedida a la nación de 196110.
Lo que apuntaban Wright Mills y Eisenhower era la triple alianza de (1) los intereses militares y del Pentágono amparados por congresistas que defienden los puestos de trabajo de sus Estados; (2) aliados con las grandes empresas de armamento y tecnología; y (3) en intima conexión con las research universities y sus laboratorios. Todo ello orientado a la producción de ciencia y tecnología en gran escala para los más diversos usos. La llamada Big Science.
El resultado ha sido y es espectacular: el radar, los nuevos materiales, los microondas, los paneles solares, las desaladoras, el teléfono celular, el GPS, las computadoras, y tantas otras innovaciones son derivados del CMI. Hasta Arpanet, el origen de internet, es un derivado de ese complejo. Alianza que, como es evidente, no se ha interrumpido y ha continuado en Silicon Valley y otros hubs similares11.
Al tiempo que algunas universidades devienen fábricas del conocimiento, algunas fábricas de conocimiento se doblan de universidades, las corporate universities, creadas por empresas para satisfacer sus necesidades de formación de empleados o de investigación
La investigación hoy se realiza en una compleja red que integra a algunas (pocas) universidades, en íntima conexión con empresas de alta tecnología, muchas de las cuales son hoy gigantes de mundo corporativo. Recordemos a los viejos Laboratorios Bell (hoy propiedad de Nokia), una «fábrica» de trabajadores-científicos que contaba con más de 4.000 doctores en 22 países, y que obtuvieron nada menos que siete premios Nobel en Física. ¿Era esto un laboratorio, una empresa, una universidad? Todo ello al tiempo. Las «fabricas del conocimiento» no son solo las universidades, sino las propias empresas cuya investigación, no solo aplicada, sobrepasa a la universitaria.
Por lo demás, al tiempo que algunas universidades devienen fábricas del conocimiento, algunas fábricas de conocimiento se doblan de universidades, las corporate universities, creadas por empresas para satisfacer sus necesidades de formación de empleados o de investigación. Y desde Walt Disney a Boeing, Motorola, el Infosys Global Education Center de Delhi, o Gazprom, pasando por las más conocidas (Hamburger University, McDonald Corporation o Apple University) son ya más de 2.000 las corporate universities de más de 50 países, con un crecimiento espectacular12.
Se tiene tendencia a menospreciar estas instituciones pues no tienen reconocimiento oficial como tales universidades y sirven a las empresas de las que dependen. Pero realizan tareas formativas que las universidades no cubren –y por eso existen– y llevan a cabo también actividades de investigación, usualmente aplicada, que luego rentabilizan. En el fondo son una rama más del complejo sistema de formación post-secundaria, rama que complementa a las universidades a las que, eventualmente, puede llegar a sustituir al menos parcialmente, y en todo caso lo hace ya en tareas de reciclaje y actualización.
¿CULTURA SUPERIOR?
¿Y qué ha ocurrido, finalmente, con la función cultural? Detengámonos en ella pues es quizás la más afectada. De entrada porque las crecientes exigencias burocráticas de la función formadora y de la investigadora han privado a la universidad de la serenidad y la disponibilidad que demanda la creación de alta cultura. Los profesores generan («manufacturan», señala alguna socióloga de la ciencia) conocimientos, y son evaluados por ello. Los estudiantes adquieren técnicas útiles, y son evaluados por ello. Pero la producción de alta cultura exige tiempo, serenidad, disponibilidad, estudio, mucha lectura, y nadie tiene tiempo ya, atrapados como estamos por las exigencias de la rentabilidad docente-investigadora y su rendición de cuentas. Basta analizar los criterios que maneja la ANECA para acreditar profesores para darse cuenta de que la creación de cultura no forma parte de su universo.
Los conglomerados mediáticos son hoy el espacio público de oferta y demanda de cultura, con una capacidad de penetración y una presencia y visibilidad que dejan obsoleta la anticuada tecnología universitaria
Pero no solo la oferta de cultura, también la demanda. Pues la emergencia de inmensas empresas mediáticas que combinan diversos soportes (prensa, edición de libros, radio, televisión, internet, cine), que necesitan imperiosamente contenidos que soportar, «manufacturar» y vender, y para las cuales la cultura es un «contenido» más, han ido fagocitando la tarea de la crítica de la cultura, ya sea de ideas políticas o sociales, de calidad literaria, de originalidad artística o musical. Los conglomerados mediáticos son hoy el espacio público de oferta y demanda de cultura, con una capacidad de penetración y una presencia y visibilidad que dejan obsoleta la anticuada tecnología universitaria.
Cierto que quienes elaboran esos contenidos son, con no poca frecuencia, profesores de universidad y en todo caso universitarios. Cierto también que quienes «consumen» esos contenidos culturales (y soy consciente de la demoledora reificación del lenguaje que utilizo, más con ánimo de denuncia que de descripción), son ese porcentaje creciente de población activa que, por haber sido formados en la universidad, constituyen el mercado y el target group de la oferta cultural mediática, pues la nuestra es ya una sociedad repleta de intelectuales y expertos. La cultura es desde hace años (releamos a Simmel o Benjamin) industria de la cultura, con tanta importancia económica como la industria de los conocimientos, y más aún si la extendemos hasta abarcar el espectáculo (¿y no lo son la música, la ópera o el cine?). La principal industria exportadora de los Estados Unidos no es, por supuesto, General Motors, pero tampoco Apple o Microsoft, sino Hollywood.
De modo que el propio éxito de las universidades, al elevar el nivel cultural y científico de la población, ha generado un inmenso y rentabilísimo mercado de la cultura, que es hoy explotado por empresas mucho más poderosas y dinámicas que las universidades. Y a cuyas exigencias, prioridades, agendas y calendarios se someten los creadores de la cultura, en el fondo (aunque lo ignoren) trabajadores autónomos de las empresas multimedia, en la nómina de uno u otro de los grandes grupos mediáticos. Ello, mientras sueñan con ser individuos libres y creativos, cuando no un rebelde transgresor.
Por «estallido» de la formación superior entiendo un complejo proceso en buena medida derivado del hecho de que, sociedades de gran complejidad tecnocientífica, exigen niveles crecientes de formación para la totalidad de sus trabajadores, sea cual sea su campo de especialización
En resumen, por «estallido» de la formación superior entiendo un complejo proceso en buena medida derivado del hecho de que, sociedades de gran complejidad tecnocientífica, exigen niveles crecientes de formación para la totalidad de sus trabajadores, sea cual sea su campo de especialización.
La formación llamada «superior» (y hay que poner el concepto entre comillas) abarca a porcentajes crecientes de las cohortes de jóvenes, pero se proyecta en el tiempo a los adultos, lo que lleva a que sean las empresas las que asumen una gran parte de esa tarea (¿es eso formación «superior»?). Otro tanto ocurre con la función investigadora, que se dobla en «industrias del conocimiento» claramente empresariales. Y de nuevo en la creación de alta cultura, que salta desde los claustros a los acertadamente denominados «medios» de comunicación.
Y no resisto la tentación de un comentario final al hilo de la coyuntura española. No sé bien cuántas leyes universitarias (o de educación) llevamos aprobadas desde la transición democrática. Sin duda muchas, pero he perdido la cuenta. Lo que sí sé es que son leyes que derogan leyes (que a su vez derogaban leyes), sabiendo que ellas mismas serán también derogadas. Y los esfuerzos inútiles producen melancolía, al menos a quienes, desde cierta edad y experiencia, contemplamos tantas ilusiones y tantos fracasos.
De todas las leyes anteriores solo una, la LRU, era imprescindible (y no digo buena sino imprescindible): había que adaptar el sistema universitario a la nueva Constitución de 1978, y no se podía hacer sino a través de una ley orgánica. Todo lo demás pudo arreglarse mediante revisiones y/o programas específicos, sin someter al cuerpo universitario a las tensiones derivadas de reformas sobre reformas, sobre reformas, todas ellas inacabadas. Nos hemos movido mucho, nos hemos inquietado mucho, lo hemos cambiado casi todo varias veces, pero hemos avanzado poco, como muestran los rankings internacionales de universidades donde ocupamos lugares que dan sonrojo.
La reforma de la universidad española necesita, creo, no tanto leyes generales (en todo caso necesitaría deslegalizar muchas normas) como programas específicos
La reforma de la universidad española necesita, creo, no tanto leyes generales (en todo caso necesitaría deslegalizar muchas normas) como programas específicos. Menos regulación y más control a posteriori. Más transparencia y accountability y menos uniformidad. Mejores incentivos selectivos para apoyar lo bueno dejando que lo malo vaya desapareciendo por sí solo. Comparemos el éxito de las escuelas de negocios españolas, en un sector escasamente regulado, con el de las universidades, y saquemos consecuencias.
Es más, las leyes paralizan los procesos de reforma interna, e incluso la gestión ordinaria, a la espera de que se desarrollen sus previsiones, parálisis que pueden durar muchos años, y lo hemos visto recientemente. ¿No sería mejor, en lugar de pretender reformarlo todo con nuevas normativas, sin duda racionales (al modo napoleónico), abordar pequeñas reformas apoyadas por financiación en función de resultados, reformas cuya eficacia se pueda medir y revisar? ¿Por qué no probamos el humilde trial-and-error en lugar de la mirada soberbia del legislador?
Frente a la arrogancia de quienes creen que se puede arreglar una institución mediante decretos o leyes, de una vez y para siempre, lo que necesitamos es la humildad de quien sabe que solo poco a poco, con mucho tesón, tocando esto hoy y aquello mañana, con prudencia, progresan de verdad los asuntos humanos. En todo caso con serenidad y tesón, constancia y perseverancia. Como quien cuida un jardín, año a año, poco a poco; no como quien construye una autopista o un trazado de AVE. No más ingeniería social, por favor.
NOTAS
1 Por Peter Drucker, Landmarks of Tomorrow, Harper, New York, 1959.
2 S. Aranowitz, The Knowledge Factory : Dismantling the Corporate University and Creating True Higher Learning, Beacon Press, Boston, 2001, p. 2.
3 Martin Trow, Reflections on the Transition from Elite to Mass to Universal Access: Forms and Phases of Higher Education in Modern Societies since WWII, International Handbook of Higher Education Philip Altbach, ed. Kluwer, 2005.
4 La Universidad española: entre Bolonia y Berlín, en Claves de Razón Práctica, 221, abril 2012, 32- 39.
5 Puede verse en https://www.oecd.org/spain/42309226.pdf (4-8-2013).
6 Op.cit.p. 66 y101.
7 Thomas L. Friedman, La tierra es plana, Ediciones Martinez Roca, 2006.
8 F. A. Hayek, The Road to Serfdom, Routledge, Londres, 1976, p. 146, nota 1.
9 C. Wright Mills, Power Elite, New York,1956.
10 Inicialmente Eisenhower utilizo la expresión military-industrial-congressional complex, pero eliminó luego la referencia al Congreso para evitar reacciones excesivas.
11 La idea de un CMI como motor de la tecnociencia ha dormitado durante bastantes años hasta que recientemente la ha revivido un gran experto en armamento americano, el historiador Chalmer Jhonson en su magna obra The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic New York, Metropolitan Books, 2004.
12 Véase la web del Global Council on Corporate Universities: https://www.globalccu.com/
Juan Carlos Vergara Silva es director de la Academia Colombiana de la Lengua.
AVANCE
En este artículo, se presenta la situación lingüística, histórica, geográfica y política del español en Colombia y se hace mención a los logros individuales y corporativos obtenidos por quienes han cultivado el estudio de la lengua española en el territorio colombiano. De igual forma, se proponen caminos de estudio y de investigación que ahonden en el conocimiento de sus variedades regionales y de sus contactos con usos similares en otros países hispanohablantes.
El español en Colombia ocupa una extensa zona geográfica de Sur América, ubicada, estratégicamente, en el noreste de esta parte del continente. Posee zona costera en ambos océanos: el Atlántico y el Pacífico y, al dividirse la cordillera de los Andes en tres ramales, da origen a valles y zonas hidrográficas que, a la vez que dividen espacios geográficos, contribuyen a acrecentar la biodiversidad y la multiculturalidad de las regiones en que se divide política y etnográficamente.
En cuanto a la historia, debemos señalar que Colombia ocupa gran parte del antiguo Virreinato de la Nueva Granada, que fue reemplazado temporalmente por la Gran Colombia y que, finalmente, se consolidó en el actual territorio de la República de Colombia.
El carácter de zona de paso para el ingreso a los territorios de Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina por vía terrestre y, por supuesto, la decantación derivada del mestizaje de razas y culturas tan diversas, comenzando por las poblaciones indígenas, las migraciones europeas, las corrientes africanas y, en las últimas décadas, de pueblos del Oriente y el Mediterráneo que como un crisol de formas de pensamiento han conformado una mezcla compleja de cosmovisiones híbridas favorecen la heterogeneidad cultural y fomentan la diversidad y el necesario diálogo étnico y cultural que exige convivir apropiadamente en este universo geográfico e histórico.
En cuanto al cultivo de las letras en nuestro país, podemos señalar algunos mojones de prueba: la presencia de conquistadores letrados como don Gonzalo Jiménez de Quesada, la relación de episodios históricos y legendarios de los periodos coloniales en figuras como la de don Juan de Castellanos, Juan Rodríguez Freyle, la madre Castillo, don Lucas Fernández de Piedrahíta, don Hernando Domínguez Camargo o don Pedro de Solís y Valenzuela.
Con la independencia de España y la consolidación de la República, la tradición literaria colombiana ha continuado, de manera constante, hasta nuestros días. Escritores de diversa formación y procedencia geográfica, asimilaron los modelos literarios del romanticismo y del siglo XIX europeo para, poco a poco, generar voces propias como la de José Eustasio Rivera, narrador de las selvas colombianas; don José Asunción Silva, creador de nocturnos inolvidables; y, más recientemente, pensadores, creadores líricos y narradores de la talla de Álvaro Mutis, Nicolás Gómez Dávila, Manuel Zapata Olivella, William Ospina, Dora Castellanos, Maruja Vieira, María Mercedes Carranza, Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad Faciolince o Gabriel García Márquez entre otros.
En el campo filológico podemos rescatar los trabajos de traducción clásica de Miguel Antonio Caro, el monumental Diccionario de Construcción y Régimen de la lengua castellana, surgido de la pluma genial de Rufino José Cuervo o los tratados de gramática y corrección idiomática de don Marco Fidel Suárez
En el campo filológico podemos rescatar los trabajos de traducción clásica de don Miguel Antonio Caro, el monumental Diccionario de Construcción y Régimen de la lengua castellana, surgido de la pluma genial de don Rufino José Cuervo o los tratados de gramática y corrección idiomática de don Marco Fidel Suárez, que se reflejarían corporativamente en la creación de la primera Academia de la lengua española fundada en América en 1871 y, en 1942, del Instituto Caro y Cuervo, de cuyos trabajos de campo surgiría el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Colombia, pieza clave para la comprensión de la estructura y la riqueza del español en Colombia, bajo la prodigiosa dirección de don Luis Flórez, don Joaquín Montes y un grupo de jóvenes investigadores que recorrieron el territorio nacional a mediados del siglo pasado para entregarnos la mejor radiografía de la riqueza léxica, gramatical y fonológica de Colombiana, unida a una valoración de su enclave geográfico y etno-cultural.
La canción popular y la mezcla de ritmos y letras en toda la geografía colombiana recogen expresiones léxicas, giros lingüísticos y formas semánticas propias de cada región que al son de tiples, tambores, maracas, guacharacas, cuatros, requintos, arpas, flautas, bongos y un innumerable grupo de instrumentos musicales se une a la voz humana para conformar el folclor de la nación que aporta elementos invaluables para el estudio del español colombiano.
En esta enumeración, no podemos olvidar la importancia de la gastronomía ya que, en múltiples ocasiones, el léxico culinario, las formas de preparación y presentación de los alimentos requieren de formas lingüísticas diferentes en cada zona dialectal; es así, como los empaques vegetales de alimentos cocidos es un ejemplo claro de esta realidad, términos como envuelto, tamal, bollo limpio, quimbolito, reflejan no solo la diversidad gastronómica de Colombia sino también su riqueza léxica dialectal.
Las lenguas indígenas y el acervo lingüístico africano y raizal han permeado, también, de manera fundamental, los usos, ritmos y acentos del español colombiano al punto de definir, en puntos geográficos específicos, su identidad y su carácter diverso y multirracial.
En tal sentido, adelantar una presentación del español en Colombia supera la visión tradicional de los estudios léxicos, dialectológicos y de entonación y rasgos fonéticos que, sin negar su fundamento para definir los trazos esenciales de un idioma en una zona geográfica particular, deben reconocer, a su vez, los afluentes culturales, históricos y políticos que le han dado su silueta y determinan su devenir en el paso del tiempo.
En esta enumeración, no podemos olvidar la importancia de la gastronomía ya que, en múltiples ocasiones, el léxico culinario, las formas de preparación y presentación de los alimentos requieren de formas lingüísticas diferentes en cada zona dialectal
Por tal razón, iniciaré esta relación con el español del Caribe colombiano, ya que fue por este espacio por donde, desde Santa Marta se incursionó por el río Magdalena al interior del continente.
En primer lugar, se evidencia el influjo andaluz en el habla de los pueblos del Caribe, hecho observado en la insonorización de las sibilantes y en rasgos prosódicos de entonación que la hacen similar a los elementos característicos del sur de España. Cabe asociar a este influjo peninsular los asentamientos de esclavos africanos que se ubican en esta zona costera y, más recientemente, de la presencia de pobladores de origen libanés y árabe.
En relación con la costa pacífica debemos señalar que su topografía agreste y de clima tropical, requirieron un esfuerzo mayúsculo para dominar el entorno geográfico y construir poblaciones dedicadas principalmente a la minería y al cultivo de la caña de azúcar que, unidas a la fuerza de migrantes africanos y colonos hispánicos ha ido definiendo su fisonomía desde el departamento de Nariño, al sur, hasta el Chocó, al norte.
Un territorio con características dialectales propias y límites marcados corresponde al dialecto paisa o antioqueño, espacio geográfico definido por la presencia de grandes montañas de difícil acceso y que, poco a poco, fueron colonizadas por migraciones vascas, judías y de otras zonas de Colombia para conformar una de las regiones más pujantes en materia cultural, económica e industrial del país.
Al sur de esta zona, y colindando con los departamentos de la costa pacífica y las selvas del sur de Colombia, se ubican los pueblos de la zona de los departamentos del Huila y Tolima que conforman un territorio de gran fertilidad, unidos indisolublemente al río Magdalena y el Cauca, asociados también al cultivo del arroz, insumo fundamental de la gastronomía en Colombia.
En el noroccidente colombiano se localizan los departamentos de frontera norte con Venezuela, Guajira y Norte de Santander que comparten rasgos de tipo lingüístico y cultural con las culturas indígenas de la zona y con la identidad idiomática del llanero que se suma a rasgos propios de los departamentos de Arauca, Casanare y Meta.
Espacio singular poseen los departamentos de Santander y Boyacá que conforman una conjunción entre la montaña santandereana y el altiplano cundiboyacense en el centro del país, asociados en la época de la colonia al cultivo del tabaco.
Finalmente, podemos hablar de la zona central andina de Colombia en donde se ha ubicado históricamente su capital, Bogotá, y que, en un principio poseyó una identidad idiomática definida por el gentilicio de rolo o cachaco, caracterizado por la r rehilada y un purismo en el uso del idioma que, con las sucesivas migraciones de todas las regiones del país y con la vida cosmopolita que hoy la caracteriza ha perdido sus matices de provincia y se ha convertido en una koiné de acentos y formas lingüísticas de todo el país.
Los territorios de selva colombianos y los insulares de San Andrés y Providencia conservan, aún la importancia de poseer una riqueza de lenguas aborígenes en el primer caso y de un criollo sanandresano que los hace únicos en el territorio, sin desconocer la presencia de hablantes de español que se asientan en sus zonas geográficas.
Algunas características fonéticas generales de esta división dialectal son:
Dialectólogos como José Joaquín Montes Giraldo, Manuel Alvar, Luis Flórez, Mariano Lozano y John M. Lipski han ampliado este análisis somero a especificidades de cada subregión de estas divisiones dialectales complementando los aspectos morfológicos, semánticos, sintácticos y pragmáticos que registran la complejidad del estudio del español en Colombia.
En este marco, en permanente cambio, y en constante comunicación con los países limítrofes: Ecuador, Perú y Brasil al sur; Venezuela y Brasil al oriente; Panamá al noroccidente; República Dominicana, Nicaragua y Panamá en el territorio insular caribe; se desarrolla, en la actualidad, el español colombiano de frontera que asimila rasgos de los territorios vecinos e influye a su vez en los países limítrofes directa o indirectamente.
La anterior situación se refuerza con la constante migración entre los países de la comunidad andina representados por Venezuela, Colombia, Ecuador y el Perú que, por razones culturales, económicas y turísticas mantienen fuertes lazos de contacto lingüístico que favorece la conformación de diasistemas comunes de comunicación con rasgos similares que ayudan a fomentar la cohesión del sistema de diálogo internacional que caracteriza, en general, a la lengua española en el mundo.
El sistema de educación superior, en particular el sistema universitario ha sido un factor esencial en la conformación de nuestra variedad del español, sobre todo en el afincamiento del léxico científico y profesional en sus aulas y en los estudios de las variedades regionales que se adelantan en sus programas de lingüística, humanidades y educación. No podemos olvidar que los docentes colombianos se relacionan en sus clases con estudiantes procedentes de todos los puntos geográficos del país y que uno de sus retos principales es reconocer el carácter policéntrico que debe marcar su discurso pedagógico, sin negar el uso de un diasistema común que facilite la comunicación científica y la formación técnica y profesional.
De igual forma, la necesidad de conocer el uso del idioma por parte de la población rural y de zonas apartadas de los cascos urbanos es un elemento que se ha ido consolidando, no solo como un estudio lingüístico sino como insumo para facilitar la comunicación de profesionales y gestores de política pública con los ciudadanos.
En esta semblanza no podemos desconocer el influjo del inglés, como lengua franca internacional, que ha marcado una pauta de aculturación principalmente después de la Segunda Guerra Mundial y que se refleja en la presencia de neologismos en el habla popular y profesional de la población colombiana, adquiriendo carta de residencia en muchos casos en detrimento de formas propias, con igual o similar significado del español o de otras lenguas. Este hecho, también se refleja en el estudio histórico del habla colombiana a mediados del siglo XIX y comienzos del XX, en donde el francés fue la lengua extranjera de prestigio en Colombia.
En la actualidad, y dada la presencia interconectada de los hablantes en la red digital, debemos reconocer que la influencia de acentos de otros países hispanohablantes es una constante en nuestros canales de comunicación masiva y en los videos y audios que circulan en internet. Las empresas de comunicación promueven el comercio de productos audiovisuales como novelas, series televisivas y documentales de difusión global. No obstante, las variedades regionales se mantienen en sus rasgos esenciales y defienden aquellas fronteras invisibles que definen el poblador nativo del forastero.
El humor y la caricatura, como recursos de identidad regional, mantienen rasgos regionales propios que los distinguen de otras latitudes de habla hispana. Esta dimensión pragmática se refleja en concursos internacionales de humor que resaltan las peculiaridades regionales y permiten el conocimiento no solo de otras formas de habla sino de la axiología de variedades regionales en donde el humor refleja gran parte de sus patrones identitarios propios.
Un campo poco estudiado es el del uso del español por parte de colombianos en el exterior, tanto en su mantenimiento del dialecto regional como en su influjo en otras variedades del uso del español en países de habla hispana o de otra lengua. En tal sentido, es importante resaltar la presencia en Colombia de centros de contacto telefónico de grandes empresas que, por la órbita geoestacionaria del país y la percepción de buena vocalización y entonación de sus hablantes, mantiene viva una tradición de cuidado del idioma que se le reconoce a la variedad colombiana.
Finalmente, la percepción de un buen uso del español, atribuido al modelo estándar del español de Colombia, puede deberse, entre otras razones, a la necesidad histórica que debieron tener los habitantes de nuestro territorio ante las variedades de viajeros que desde el norte y el sur atravesaban nuestro país para dirigirse al corazón de Suramérica o retornar a la nativa Europa por caminos reales en la colonia y por avenidas asfaltadas en la actualidad.
En tal sentido, es tradicional el reconocimiento a la prensa colombiana, más en el pasado que en la actualidad, de promover el buen uso del idioma mediante el seguimiento de sus manuales de estilo y la presencia de editores preocupados por la calidad idiomática de sus periódicos o semanarios; no es casual que muchas vocaciones de nuestros mejores escritores hayan surgido en medio de las rotativas de diarios de circulación nacional o regional.
No podemos desconocer el influjo del inglés, como lengua franca internacional, que ha marcado una pauta de aculturación principalmente después de la Segunda Guerra Mundial y que se refleja en la presencia de neologismos en el habla popular y profesional de la población colombiana
No podemos afirmar que el estudio del español en Colombia es un tema finiquitado. Por el contrario, existen muchos vacíos que deberían llenarse con investigaciones exhaustivas que nos aporten no solo una descripción de las variedades del español colombiano, sino que nos entreguen un observatorio de la realidad idiomática sincrónica, pero en constante evolución dinámica.
De igual manera, es indispensable acometer un estudio histórico de las formas léxicas, gramaticales y semánticas que nos permitan comprender el rastro en el idioma del paso del tiempo, investigación no solo valiosa para los expertos sino para comprender los matices de forma y sentido que han construido el acervo léxico y cultural del habla colombiana.
Eventos como la Feria Internacional del Libro en la ciudad de Bogotá o el Hay Festival conforman una faceta que, en muchas ocasiones se olvida: un pueblo lector mantiene y enriquece los usos idiomáticos propios y le permite valorar, en su justa medida, los acentos externos que se entrecruzan para engalanar el mosaico de variantes lingüísticas en la nación.
Entre los retos que se derivan de esta exposición podemos señalar los siguientes:
En conclusión, debemos reconocer los avances que han tenido los estudios e investigaciones sobre el español en Colombia, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo pasado y la preocupación de investigadores nacionales y extranjeros por identificar los rasgos particulares de su variación lingüística como también los vasos comunicantes con otras variedades del español en diversas latitudes de habla hispana.
Como se ha señalado, la presencia de la comunicación digital ha permeado las fronteras políticas y lingüísticas del pasado y ha permitido un mejor conocimiento de la riqueza idiomática presente en nuestros países como un legado histórico invaluable para la humanidad.
Jorge Castañeda es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Nueva York.
AVANCE
A un año de la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, las relaciones entre Estados Unidos y América Latina permanecen en una especie de limbo. El tono y las formas han cambiado radicalmente desde la época de Trump, desde luego. Algunos casos específicos han recibido un tratamiento especial: la migración procedente de México y Centroamérica, la Cumbre de las Américas de junio 2022 en Los Ángeles, un breve intento de acercamiento con Venezuela. Pero más allá de estos detalles, la continuidad de fondo con el gobierno de Trump ha sido la regla, con independencia del cambio de formas.
ARTÍCULO
Podemos revisar los temas particulares que han concentrado la atención de Biden, con cambios y más bien sin ellos. En lo tocante a México y Centroamérica, la similitud con la postura de Trump es notable, exceptuando las patanerías y las amenazas del predecesor de Biden. El tema central es la migración; el instrumento principal para detenerla es obligar a los países emisores a controlar los flujos, y la deportación para aquellos que logran llegar a Estados Unidos. En teoría, Biden iba a acompañar esta continuidad con una reforma migratoria integral y un programa de inversión en el sur-sureste mexicano y en el Triángulo del Norte. Pero debido a la exigüidad de sus mayorías en ambas cámaras del Congreso, ninguno de estos complementos se materializó. Queda que México, Guatemala, El Salvador y Honduras sigan haciendo el trabajo sucio de los norteamericanos. Se esperaba un cambio en esta materia; a más de un año de la llegada de Biden a la Casa Blanca, no ha tenido lugar.
Lo mismo sucede en referencia a otro tema cercano a los Demócratas y a Biden, a saber, el cambio climático. Ciertamente, Estados Unidos volvió a los Acuerdos de París, y el Congreso ha aprobado algunas medidas verdes de gran trascendencia. Pero frente a América Latina, se nota una gran pasividad en dos frentes cruciales: la Amazonía y la política energética mexicana. En el primer caso, la depredación del gobierno de Jair Bolsonaro se prolongó durante todo su cuatrienio, llegando al extremo de aprovechar la guerra de Ucrania para aprobar leyes que permitan la explotación de supuestos yacimientos de potasio (para sustituir las importaciones de fertilizantes rusos) en tierras amazónicas de pueblos originarios. No obstante, las intenciones iniciales de Biden de aplicar incluso sanciones contra Brasil, o contra empresas agroindustriales brasileñas que incurren en daños a la selva amazónica, se han vuelto letra muerta. Es cierto que Washington se ha visto distraído por otras preocupaciones -internas o externas- pero la indiferencia es manifiesta.
La idea del no alineamiento activo es seductora y oportuna. Enfrenta serios desafíos, pero podría prosperar
Lo mismo ha acontecido con las posturas ambientales de López Obrador en México. Sin entrar en los detalles de los méritos y defectos de la reforma energética del gobierno en cuanto a prácticas monopólicas, violaciones a tratados suscritos, insinuaciones retroactivas y las consecuencias para el abastecimiento de electricidad en los años venideros, la reforma de AMLO contiene un innegable sesgo anti-energías renovables. Las eólicas y solares se ven penalizadas y desincentivadas, a favor del combustóleo y las energías fósiles en general. Pero la administración Biden ha sido sumamente cuidadosa, por lo menos en público, en sus críticas o preocupaciones. Se entiende la precaución, tratándose de un vecino cuya cooperación en materia migratoria es vista como indispensable, pero la discreción de Biden sorprende a la luz de la importancia del tema para su propio gobierno.
Algo parecido sucedió durante el primer año y medio de la nueva administración en lo tocante a dos asuntos críticos para Estados Unidos, uno por histórico y debido a la política interna, otro por el antagonismo de los últimos veinte años. Se trata de los frustrantes e infranqueables dilemas de Cuba y de Venezuela.
Después de la normalización parcial de las relaciones entre Estados Unidos y La Habana realizada por Barack Obama en 2016, Trump revirtió mucho de lo avanzado. Reimpuso diversas sanciones; para todos fines prácticos cerró la embajada norteamericana en Cuba; dificultó el turismo, el envío de remesas y el comercio entre ambos países. Se esperaba que Biden -un partidario de y partícipe en el acercamiento de Obama- revertiría lo revertido y profundizaría el deshielo. No ha sido así.
Por razones electorales en el estado de Florida -clave para cualquier candidato presidencial Demócrata, y donde Biden perdió en 2020- el gobierno actual decidió congelar la política hacia Cuba. Ninguna de las principales medidas puestas en práctica por Trump fue suspendida. Ni mucho menos buscó Biden ir más allá de la normalización de Obama.
La represión masiva desatada por el gobierno cubano después de las protestas del 11 de julio dificultó, sin duda, cualquier ablandamiento de Washington. Y la exigüidad de la mayoría Demócrata en el Senado le brindó a legisladores cubano-americanos como Bob Menéndez de Nueva Jersey un poder desproporcionado. Pero, de cualquier manera, la inacción de Biden en el siempre presente frente cubano ha decepcionado a muchos, empezando por las propias autoridades cubanas, que han debido lidiar con una de las peores crisis económicas del país desde el llamado período especial en los años noventa.
En el caso de Venezuela, las dificultades intrínsecas del dilema justifican en parte la continuidad de facto de la nueva administración. Fracasaron todos los esfuerzos de los gobiernos anteriores por un cambio de régimen o lograr elecciones plenamente democráticas que permitirían poner fin a la dictadura de Nicolás Maduro por una vía institucional . Tanto la prudencia de Obama como la estridencia de Trump produjeron magros resultados. El reconocimiento internacional de Juan Guaidó como presidente no trajo aparejado un fortalecimiento interno de la oposición: si acaso, lo contrario. Por lo tanto, es preciso reconocer que Biden la tenía difícil. La conducta anterior no prosperó, pero no se vislumbraba fácilmente alguna alternativa.
También es innegable que todos los esfuerzos de mediación de los años recientes no han prosperado, y han dañado a sus proponentes y partícipes. Negociar con Maduro, en lugar de procurar su derrocamiento, enfrentaría serias objeciones en el Congreso de Estados Unidos y con la oposición venezolana. Ir más allá en el enfrentamiento, endureciendo las sanciones y alentando más intentos de insurrecciones o golpes tampoco se antoja muy factible ni susceptible de tener éxito. Quizás la pasividad fue la mejor opción. La guerra de Ucrania y el disparo de los precios mundiales del petróleo, sin embargo, suscitaron un extraño esfuerzo de acercamiento en marzo de 2022 entre Caracas y Washington.
Funcionarios estadounidenses de política exterior viajaron a la capital venezolana para reunirse con Maduro. En la reunión, según informes de prensa, la parte norteamericana planteó la necesidad de celebrar a la brevedad elecciones libres y transparentes, así como un distanciamiento entre Venezuela y Rusia. A cambio, podrían levantarse las sanciones impuestas a las ventas de petróleo venezolano y lograrse un reconocimiento de Maduro como presidente del país. Este último exigió el fin de las sanciones y del reconocimiento a Guaidó, así como la eliminación de las acusaciones contra el mismo y otros jerarcas chavistas de corrupción y de narcotráfico, pero ofreció aumentar la producción de crudo y su venta a Estados Unidos. Parece difícil que este intercambio, estrechamente vinculado a la coyuntura ucraniana, pueda sustituir un nuevo enfoque de Washington hacia la crisis venezolana en el sentido más amplio de la palabra: humanitaria, de democracia y derechos humanos, geopolítica.
Por último, si bien la administración Biden se comprometió a colocar nuevos temas en la agenda con América Latina, el más interesante entre ellos ha avanzado poco. Se trata del combate a la corrupción, cuya inclusión constituye una bienvenida novedad. No obstante, sus múltiples aristas arrastran también una serie de dificultades y de contradicciones o de enfrentamientos con otros objetivos norteamericanos. En el Triángulo del Norte, por ejemplo, Estados Unidos se enfrenta a un reto complejo. Por una parte, sabe que la corrupción gubernamental representa un obstáculo casi insuperable para cualquier esfuerzo tendiente a financiar el crecimiento económico en esos países, único antídoto a la migración irregular hacia el norte. Pero al mismo tiempo, los gobiernos con los que cuenta Washington para detener los flujos migratorios son justamente los gobiernos corruptos que han azotado a la región desde tiempos inmemoriales.
El caso de México es igualmente paradigmático. La vicepresidente Harris ha ofrecido una mala broma al referirse a la cooperación mexicana contra la corrupción en Centroamérica; en cualquier caso, México le podría dar lecciones de prácticas corruptas a sus vecinos. El actual gobierno de México no parece ser ni más ni menos corrupto que sus predecesores, y combatir la corrupción en México, especialmente vinculada al narcotráfico, debiera ser una prioridad en el país. Pero simultáneamente, el régimen de Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un aliado privilegiado de Biden en su esfuerzo para contener la migración. ¿Cómo compatibilizar ambos objetivos? La Cumbre de la Américas, celebrada en Los Ángeles a principios de junio de 2022, intentó enfrentar esta contradicción, sin gran éxito.
La parálisis en las relaciones entre Estados Unidos y América Latina proviene de un reto más profundo. Hoy América Latina pesa menos que antes en el escenario mundial -tanto económico como político. Al mismo tiempo, dicho escenario se caracteriza por una inestabilidad creciente, comprobada no solo por la crisis en Ucrania, sino sobre todo por las tensiones en aumento entre Estados Unidos y China, y por fuerzas centrífugas en varios continentes. Para América Latina, ser pasivos en la arena internacional no es una alternativa atractiva, y tomar un franco partido por Washington o por Beijín, tampoco lo es. La tesis de un no alineamiento activo, propuesta por varios autores chilenos, entre otros, encierra la ventaja de responder a estas inquietudes que muchos internacionalistas latinoamericanos han detectado desde hace algunos años.
Ahora bien, el no alineamiento activo también encierra algunos retos. Veo tres desafíos iniciales. El primero es la división geopolítica y económica de América Latina en dos partes distintas, en buena medida determinadas por su relación con Estados Unidos y con China. En segundo lugar, se trata de la dificultad de ser simétricos o equidistantes en el acercamiento o alejamiento y crítica de ambas superpotencias. No son iguales en muchos sentidos. En tercer lugar, es evidente que para que América Latina pueda desarrollar una postura internacional no alineada y activa, tendría que abrazar causas que para muchos países son todavía ajenas, o que para muchos gobernantes hoy en América Latina resultan incluso anatema.
La división en dos subregiones de América Latina se da fundamentalmente a través de la manera de los distintos países de insertarse en la economía global. Sin embargo, por razones históricas y geográficas, esa división también se sobrepone a otras. Por un lado, existe la Cuenca del Caribe: México, Centroamérica, las islas del Caribe y en su caso tal vez Colombia y Venezuela, aunque más bien pertenecen a América del Sur. Dichos países se relacionan más estrechamente con Estados Unidos que los países de América del Sur. Su principal forma de inserción en la economía mundial es con Estados Unidos a través de la exportación de manufacturas, de servicios -turismo, migración- y de otras ventas ilícitas como las drogas. Para ellos, en muchos casos carentes de commodities que podrían exportar a Estados Unidos, las remesas son mucho más importantes que las ventas de materias primas; el turismo es una fuente de ingreso mucho más importante que la exportación de alimentos o minerales; y la exportación de manufacturas se ha convertido a lo largo de los años en la principal fuente de divisas. Es el caso notablemente de México. La inversión extranjera en estos países suele ser principalmente norteamericana y dirigirse a los sectores mencionados: manufacturas, turismo, otros servicios. Existen desde luego excepciones. México le vende algo de petróleo -cada vez menos- a Estados Unidos. Algunos países centroamericanos aún exportan café o algodón o banano. Pero en términos generales, la relación económica privilegiada es con Estados Unidos, y no se basa en commodities.
La relación con China de estos países es limitada, principalmente por la falta de commodities para satisfacer la insaciable demanda china. Como esos países no poseen commodities para exportar, las empresas chinas estatales o privadas no invierten en ellos, justamente porque gran parte de la inversión extranjera china en general y en particular en lo que era antes el “tercer mundo”, se dirige a commodities y a las obras de infraestructura que las acompañan: ferrocarriles, carreteras, puentes, puertos, almacenes, etc.
México es un país que ha buscado activamente la inversión extranjera china desde hace un par de decenios; en los últimos 20 años apenas ha recibido 500 millones de dólares de inversión de esa nación. Algunos de los países de Centroamérica o el Caribe, establecieron relaciones diplomáticas con Beijing y rompieron con Taiwán apenas en los últimos años. La República Popular China los compensó con algunas obras de infraestructura -estadios de futbol, centros de convenciones, mejoras en un puerto o un canal – pero nada sustantivo. Para estos países, ser equidistantes de China y de Estados Unidos representa un reto complejo.
Tan complejo que especialistas o investigadores periodísticos sospechan, desde unos diez años para acá, que, en diversas ocasiones, las autoridades de Washington han intervenido ante gobiernos de la Cuenca del Caribe para pedirles que se desistan de otorgar contratos a grandes empresas chinas. De ahí que el primer reto para un no alineamiento activo de América Latina es que toda la parte norte de la región vive relaciones mucho más estrechas con Estados Unidos que con China y que esto durará un buen tiempo.
En cambio, los países de América del Sur se encuentran en una situación distinta. Debido a una diversificación preexistente en muchos casos y a la interminable demanda china de materias primas, la gran mayoría de las naciones sudamericanas han reorientado buena parte de su comercio exterior y por lo tanto también de la inversión extranjera directa procedente de China. En algunos casos se trata de exportaciones tradicionales, antes dirigidas a otros países. Ahí está el ejemplo del cobre chileno y peruano. Para ambos países, China ya es hoy el principal destino de sus exportaciones. Otros casos son el petróleo, desde luego de Venezuela, en menor medida de Colombia, o el mineral de hierro brasileño.
Pero también se ha producido una diversificación de commodities, no solo de destinos. El ejemplo más conocido es desde luego la soja brasileña, argentina, uruguaya, boliviana y paraguaya. Debido a este conjunto de exportaciones de materia primas, muchos de los países de América del Sur tienen ya a China como primer o segundo socio comercial. Gracias a sus propios incentivos, pero también al interés del gobierno y de las empresas chinas, la inversión extranjera directa de ese país ha llegado a muchas de estas naciones.
Existe una gran semejanza en la sustancia de los nexos hemisféricos entre los gobiernos de Trump y de Biden: el trato es amable, en lugar de majadero, pero el fondo es el mismo
Es cierto que en algunos casos se trata de compras directas de tierras o minas productoras de los commodities ya citados. Así ha sucedido en la Argentina, en Chile, en Perú y en menor medida en Brasil. Pero también han fluido las inversiones chinas hacia objetivos de infraestructura para acelerar o volver más eficiente la entrega de los commodities en los puertos para embarcarse hacia China. De ahí los proyectos chinos de carreteras, ferrocarriles, puentes, puertos, almacenes, etc. La inversión en manufacturas, al igual que en los países de la Cuenca del Caribe, sigue siendo minúscula; incluso es pequeña la inversión en el procesamiento de las materias primas que China importa. Pero, de cualquier manera, todo esto, aunado a la distancia, y a grados de integración menor con Estados Unidos, hace que muchos de los países de América del Sur se encuentren o más cerca de China que de Estados Unidos o no tan lejos de China como de Estados Unidos.
La segunda reflexión involucra condiciones distintas de acercamiento, integración o no alineamiento frente a ambas potencias: Estados Unidos y China. De la misma manera que existen diferencias importantes entre los dos bloques de América Latina, existen diferencias importantes entre China y Estados Unidos. En lo que se refiere a la relación económica con China, a pesar de la persistente “desideologización” y despolitización insistente de Beijing en cualquier vínculo con América Latina, los temas “no económicos” inevitablemente se filtran a la relación global entre países. Aunque muchos gobiernos de América del Sur prefieren obtener préstamos de China o inversiones chinas o créditos a la exportación de China que del Banco Mundial o del Fondo Monetario o incluso de bancos gubernamentales de Estados Unidos o de Europa, este tipo de relación económica no carece de inconvenientes. En muchos casos se trata de una forma de esquivar una condicionalidad positiva procedente de Occidente e inexistente en Oriente.
Las consideraciones no estrictamente económicas penetran en la relación comercial o de inversión y adquieren connotaciones económicas. Muchos gobiernos de América Latina prefieren tratar con bancos o inversionistas o terratenientes o mineras chinas que norteamericanas, canadienses, europeas o con las instituciones financieras internacionales. Los chinos, en efecto, no imponen el mismo tipo de condicionalidad que de manera cada vez más frecuente establecen las empresas y los bancos de los países ricos o los organismos multilaterales.
Los dos temas más conocidos son desde luego el ambiental y el laboral. El Banco de Inversión en Infraestructura asiático puede prestar a países latinoamericanos, muchos de los cuales son miembros del mismo, sin la misma condicionalidad ambiental o laboral que el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Los créditos chinos a países como Venezuela, Argentina, y Ecuador, entre otros, no entrañan los mismos requisitos de política macroeconómica que existen por parte del Banco Mundial o del Fondo Monetario o del BID. Los estudios de impacto ambiental o de consulta social que exigen muchos organismos multilaterales de los países ricos y Estados Unidos en particular, no figuran en las condiciones impuestas por las instituciones chinas.
Más aún, en muchos casos, las empresas, las mineras, y productores de soja chinos, son justamente los principales depredadores del medio ambiente de las selvas y de las comunidades, en muchos de los países de América del Sur. Pero además, resulta prácticamente imposible movilizar a la opinión pública china contra una empresa estatal que pudiera o no estar violando normas laborales o ambientales en otro país. Por definición, el sistema político chino es todo menos que transparente, poroso, abierto a la sociedad civil.
Ciertamente, las empresas y los bancos norteamericanos también imponen otro tipo de condiciones, y en ocasiones, mucho más severas, intrusivas y agresivas, que las chinas. Estas pueden encubrir afanes proteccionistas o contrarios a otros países, por ejemplo, en temas como trabajo infantil, o la utilización de ciertos químicos, o la utilización de determinados productos en la minería. Pronto surgirán exigencias en materia de energía renovable. La diferencia es que si existen grupos en algún país latinoamericano que se oponen al comportamiento de una minera norteamericana o canadiense, o de una constructora japonesa, o de una empresa automotriz alemana, dichos grupos, de una manera u otra, directa o indirecta, tienen la posibilidad -en algunas casos remota- de influir en la opinión pública del país, en el parlamento o Congreso respectivo, en la sociedad civil organizada, entre grupos ambientalistas o sindicatos, para corregir los daños que las empresas de estos países puedan estar generando en diversas naciones sudamericanas. Simplemente eso no es posible con la empresas estatales o incluso realmente privadas de la República Popular China.
Entonces, la simetría entre las dos fuentes de financiamiento, o los dos destinos de exportación, o las dos fuentes de importaciones, desaparecen. En el caso de China, se puede negociar muchas cosas con el gobierno, pero no se puede entrar en conflicto con él. En el caso de Estados Unidos, todo es negociable y se puede influir dentro de Estados Unidos y en distintas instituciones norteamericanas. Pero en cambio, sigue siendo extraordinariamente difícil logar que Estados Unidos despolitice o desideologice sus relaciones económicas con naciones que puedan ser gobernadas por regímenes poco afines a Washington. En ese sentido, puede ser más atractiva la relación con China que con Estados Unidos; en el otro sentido que ya mencionamos, lo es menos. De tal suerte que la asimetría vigente durante la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos y que le complicó la vida al Movimiento de los Países No Alineados desde la Conferencia de Bandung, persiste. Y he aquí un segundo desafío de gran complejidad para la tesis del no alineamiento activo.
El tercer reto es el siguiente. América Latina pesa cada día menos en la economía mundial y así va a seguir. No existe razón alguna para suponer que en el comercio internacional, en las manufacturas, en los servicios, en otros ámbitos nuevos o antiguos del que hacer económico, los países de la región puedan todos juntos o en lo individual, adquirir un mayor peso. Lo mismo es obvia y afortunadamente cierto en lo que se refiere al poder militar o de seguridad. Por fortuna, ningún país latinoamericano posee un ejército o armamento que ´pueda ser realmente significativo en la arena mundial, ni tampoco existen serias posibilidades de ocupar un espacio en la ciencia y tecnología o la innovación en las décadas que vienen. Por lo tanto, para que Latinoamérica pueda figurar o pesar en el ámbito mundial, tendría que hacerlo apoyando unida a ciertas causas que por distintas razones otras regiones del mundo no pueden fácilmente abrazar. La región tendría que convertirse en una Suecia o un Canadá grandotes -en términos de habitantes y de superficie- más que en una Unión Europea (inconcebible) o incluso en una América del Norte integrada comercial y financieramente. ¿Cuáles podrían ser algunas de esas causas, y que posibilidades hay realmente de que un número pertinente de países latinoamericanos pudieran respaldarlas? ¿Qué implicaciones tendría este apoyo en lo que se refiere a la rivalidad entre Estados Unidos y China?
El agravamiento de las tensiones y de la rivalidad entre Washington y China coloca a la región frente a un gran desafío, pero también ante una gran oportunidad
Una primera bandera evidente al día de hoy, incluso por razones geográficas, es el combate al cambio climático. Aunque América Latina ha tenido un papel relevante en algunas de las negociaciones de la COP, del Acuerdo de París o incluso de las anteriores conferencias de la ONU sobre medio ambiente -recuérdese Río 1991- no ha sido una causa fácil para la región. Los grandes países, sobre todo Brasil y México, más bien han sido depredadores del medio ambiente, dependiendo de cada gobierno, y también de los actores de la sociedad civil que limitan o en algunos casos alientan la depredación. Sin Brasil, cualquier respaldo al combate al cambio climático es absurdo. No obstante, ni gobiernos de izquierda ni de extrema derecha de ese país aceptarían fácilmente un requisito inevitable: aprobar algún tipo de universalización ambiental de la Amazonía. En el caso de los otros países importantes como México, por su tamaño, Perú y Colombia y Venezuela, por sus recursos naturales y dimensiones, o incluso la Argentina, los compromisos en materia minera, de pesca, de utilización de químicos para combatir las drogas, etc., no se ve fácil que pueda producirse un compromiso vigoroso con esta agenda.
No es imposible sin embargo que suceda con paso del tiempo. Todo parece indicar que la inercia a favor de posiciones pos-Acuerdo de París es cada vez más poderosa, no solo en Estados Unidos ahora con el nuevo gobierno, sino también en Europa Occidental y en Japón. El problema desde el punto de vista del no alineamiento activo yace en que por lo menos en las condiciones actuales y quizás en el futuro mediano, este tipo de posiciones acercaría mucho más a América Latina a Estados Unidos que a China.
Ciertamente China se mantuvo dentro de los Acuerdos de París durante el tiempo que Estados Unidos permaneció afuera. Aunque el gobierno chino esté haciendo lo posible para cumplir con los compromisos asumidos, sigue siendo un hecho que existe una gran disparidad entre Estados Unidos y China en esta materia: histórica, social y cultural. Una de las razones desde luego es la que ya mencionábamos: en Estados Unidos existe una activa y potente sociedad civil, organizada precisamente en torno a estos temas, que presiona al gobierno federal, a los gobiernos estatales, y a las empresas norteamericanas en sus actividades dentro o fuera de Estados Unidos. Nada de esto realmente rige para China. El gobierno de Beijing puede ser más o menos sensible a presiones internacionales, a las necesidades de su población, a ciertos reclamos de la sociedad china en torno a la contaminación del aire, del agua, etc., pero lo es como único actor. No sería sencillo para América Latina adquirir una voz única y protagónica en esta materia y ser equidistante de Estados Unidos y de China.
Una segunda causa para la América Latina activamente no alineada consiste en la defensa de los derechos humanos y la democracia representativa. Hoy en día, con la excepción de Cuba, Nicaragua, Venezuela y cada día más El Salvador, todos los países de América Latina caben en la definición jurídica-política de ser democracias funcionales, dónde se respetan los derechos humanos, o cuando se violan, dónde existen recursos, denuncias, castigos por hacerlo. Es evidente que nada de todo esto es perfecto ni constante; hay retrocesos y crisis lamentables. En ocasiones los desenlaces no son los que se quisieran. Pero en términos generales, la región cuenta con esa ventaja frente a otras en el mundo. Además, es un hecho que las luchas a lo largo de los últimos 40 años por consolidar democracias representativas y perfeccionarlas, así como contra las violaciones a derechos humanos y evitarlas en el futuro, han generado una consciencia extendida en la mayor parte de los países sobre la importancia de estos temas.
En el ámbito internacional, es evidente que América Latina tiene antecedentes para ello. Ha habido dos latinoamericanos que ocupan el cargo de Alto Comisionado para Derechos Humanos en Naciones Unidas. La Carta democrática Interamericana de 2001 es un documento sólido y duradero, aunque no siempre aplicado como debiera; y las instancias de derechos humanos como la Comisión y la Corte Interamericanas le otorgan cierto peso a la región en esta materia. No sería aberrante que hiciera de esta causa una de sus banderas en la arena internacional.
Sin embargo, al igual que con el cambio climático, existen obstáculos significativos. En primer lugar, la tradición latinoamericana de no intervención es un problema. Es difícil ser activistas en materia de derechos humanos o de respaldo a los regímenes de democracias representativas, y al mismo tiempo mantener con vigor el principio de no intervención. Existen fórmulas de derecho internacional para hacer compatibles estás tesis, pero para muchos países latinoamericanos, la idea misma podría parecer una herejía. Esto es especialmente cierto para naciones como México y Brasil, aunque México en algunos momentos pudo alejarse de posiciones retrógradas al respecto.
Para que Latinoamérica pueda pesar en el ámbito mundial, tendría que hacerlo apoyando unida ciertas causas que por distintas razones otras regiones del mundo no pueden fácilmente abrazar
El otro reto consiste evidentemente, y de nuevo, en la asimetría entre Estados Unidos y China en este ámbito. Sin aceptar a ciegas las declaraciones en ocasiones histriónicas de muchos norteamericanos sobre su manera de defender los derechos humanos y la democracia representativa a lo largo del último siglo en América Latina y en el mundo, es un hecho que la situación en Estados Unidos es muy diferente a la que impera en China hoy en día. De manera inevitable, una postura pro activa, enérgica, de América Latina al abordar estos temas, llevaría a enfrentamientos ideológicos y políticos con China y a encontrarse más seguido que no, en cercanía a Estados Unidos. Esto es especialmente cierto ahora, con el gobierno de Biden.
Una última causa que podría permitirle a América Latina poner en práctica la tesis del no alineamiento activo en la actual agenda internacional sería la de la jurisdicción universal o la construcción de un régimen jurídico internacional más robusto y que abarcara más temas que en el pasado. Este proyecto podría concordar más con la tradición latinoamericana de derecho internacional, y como construcción de regímenes jurídicos importantes: el derecho del mar y el desarme, por ejemplo. Tal vez la construcción de un régimen jurídico universal en materia de corrupción podría ser uno de los enfoques posibles de América Latina en esta materia. No porque la región tenga una tradición de anticorrupción (más bien lo contrario) pero porque, en primer lugar, en tiempos recientes, sí se han dado casos importantes de avances en la lucha contra la corrupción secular en América Latina con gran resonancia internacional. Y también porque América Latina, como pocas regiones del mundo, ha padecido en carne propia el carácter internacional de la corrupción. Los países latinoamericanos saben a ciencia cierta que es prácticamente imposible combatir la corrupción si no se libra la lucha en un contexto regional o internacional. Es una de las conclusiones desde luego del caso de Odebrecht, y de varios otros escándalos que han estallado en la región a lo largo de los últimos 10 o 15 años.
Otro ejemplo podría ser el de tratar de construir un régimen jurídico para el intercambio de información fiscal entre los países, un poco siguiendo los lineamientos del GAFE, de la OCDE y el General Reporting Standards, o de los acuerdos de FATCA firmados por varios países y Estados Unidos y Suiza. Esto está vinculado al tema de la corrupción, pero no se limita a eso. Al contrario: es bien sabido que uno de los obstáculos principales ante cualquier reforma fiscal ambiciosa en América Latina -indispensable en todos los países salvo tal vez Brasil- consiste en poder limitar la evasión fiscal a través de la internacionalización. Y uno de los instrumentos para ello justamente han sido estos acuerdos FATCA, o los esquemas del General Reporting Standards de la OCDE. Esto también podría aplicarse a temas como el lavado de dinero, los impuestos sobre transacciones financieras internacionales, y otros flujos ilícitos.
En resumen, la idea del no alineamiento activo es, repito, seductora y oportuna. Enfrenta serios desafíos, pero podría prosperar en la medida en que los gobiernos, los sectores de la sociedad civil y de la clase política latinoamericanas que quisieran promoverla, tomaran en cuenta esos retos, las diferencias importantes dentro de la región, y también la necesidad de ir dejando atrás ciertas visiones del área y del mundo que por definición son difícilmente compatibles con esta idea.
Como se ve, las relaciones entre América Latina y Estados Unidos conviven hoy en un contexto de continuidad y de cambio. Por un lado, existe una gran semejanza en la sustancia de los nexos hemisféricos entre los gobiernos de Trump y de Biden: el trato es amable, en lugar de majadero, pero el fondo es el mismo. Por otro lado, el agravamiento de las tensiones y de la rivalidad entre Washington y China coloca a la región frente a un gran desafío, pero también ante una gran oportunidad. Como lidiar con una administración norteamericana carente de iniciativa en Latinoamérica -por buenas y malas razones- y con el advenimiento de algo que se parece mucho a una nueva guerra fría es la gran tarea que se le presenta a regímenes regionales en su gran mayoría democráticos, sin duda, pero también carentes de imaginación y de visión del mundo.
Enrique Vargas es Coordinador del Espacio Cultural Iberoamericano en la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB).
AVANCE
Grandes cambios se han vivido en América Latina en los últimos años. El autor destaca una continuidad democrática, un crecimiento económico, unas exportaciones, una movilidad social y un acceso a bienes y servicios desconocidos hasta ahora. Pese a que sigue siendo la región con más desigualdad del mundo, Colombia ha conseguido hacerse un hueco en el ámbito internacional, gracias, en buena parte, a su cultura.
Se cumplen cuarenta años desde que Gabriel García Márquez pronunciará su discurso “La Soledad de América Latina” al recibir el Premio Nobel de literatura. Gabo, en su profunda reflexión de entonces, afirmaba que, “Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado” (…) “los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo”.
Cuarenta años han pasado también, desde que en México, país donde vivía el autor de Cien años de soledad, se llevará a cabo, convocada por la UNESCO, la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales Mondiacult. Para el sector de la cultura ese año define el cambio de paradigma y, América Latina, desde esa soledad sentenciada encontró una nueva veta por dónde reconducir sus destinos institucionales para el fomento y desarrollo de las artes y la cultura; fue entonces, en los años de la “década perdida” que, paradójicamente, bajo el lema de la integración regional, supo hacer una apuesta de largo plazo, una manera de cohesionar a sus sociedades y de emprender un nuevo diálogo multidireccional en aras de construir respuestas ante los enormes desafíos y desigualdades.
Colombia, por su lado, diez años después, en un tiempo marcado por el dolor y la sinrazón, lograría un entendimiento y pacto social reflejado en su nueva Constitución y con ello dar paso pocos años después a la creación del Ministerio de Cultura con Ramiro Osorio como su primer titular.
América Latina no es la misma desde entonces, la continuidad democrática, el crecimiento económico, las exportaciones, la movilidad social y el acceso a bienes y servicios no tiene precedentes, sin embargo, a pesar de esto, sigue siendo la región del mundo con mayor desigualdad. En ese contexto, Colombia ha reafirmado su lugar en el mundo y eso se puede atribuir en buena medida a su cultura. País que dialoga con el mundo desde las claves, símbolos y productos culturales. En los últimos años son ejemplo en el diseño y aplicación de sus políticas culturales y su capacidad de innovación, que permiten una buena convivencia entre las tareas de rescate y preservación del patrimonio, la participación ciudadana, la cohesión social, el vínculo entre economía y cultura, el fomento a las artes, el protagonismo de los territorios y la proyección internacional de las expresiones culturales en su conjunto.
La comunidad internacional es testigo de cómo Colombia ha logrado paulatinamente insertarse con innovadoras políticas culturales en amplios circuitos y en los mecanismos multilaterales
A Colombia en los años recientes, se le identifica en el contexto internacional por ser capaz de gestionar alianzas estratégicas con otros países, organismos y mecanismos multilaterales y entidades privadas nacionales e internacionales, con el fin de fortalecer las políticas públicas culturales a través de la oferta y recepción de cooperación técnica y financiera. Esas políticas se identifican como articuladoras con otros sectores para contribuir en el posicionamiento de la cultura colombiana en la escena mundial.
Se logran identificar en ese marco de acciones para el desarrollo cultural, dos estrategias de trabajo en el actual gobierno, la primera sobre la gestión de recursos económicos provenientes de diversas fuentes y la segunda sobre la internacionalización de sus expresiones culturales.
En el actual gobierno, el ministerio de cultura de Colombia, ha recibido más de 15 millones de dólares en aportes de los cuales más de cinco millones y medio han sido destinados a promover la integración socioeconómica y la inserción laboral y social de 1.500 jóvenes y migrantes en las Escuelas Taller con un enfoque de formación en oficios, sostenibilidad, emprendimiento e innovación. También se anunció la creación de tres nuevas Escuelas Taller en los departamentos de Guajira, Antioquia y Atlántico, así como fortalecer la Escuela Taller de Villa del Rosario en Norte de Santander.
El gobierno japonés es un donante muy destacado en Colombia ya que ha invertido en los años recientes más de un millón trescientos mil dólares para la construcción y adecuación de bibliotecas públicas municipales, a través de las cuales se busca fomentar los hábitos de lectura y así poder garantizar mayor acceso de toda la población a procesos culturales y artísticos, lo que contribuye a la mejora de la calidad de vida en los municipios de Samaniego – Nariño, El Tambo – Cauca, Cajibío – Cauca, San Lorenzo – Nariño, Santo Domingo – Antioquia, Morelia – Caquetá, Toluviejo – Sucre, Sotará – Cauca, Montelíbano – Córdoba, Suesca – Cundinamarca y Belén – Boyacá, entre otros.
Por su parte, el Fondo de Embajadores de EE.UU. y el gobierno colombiano definieron una agenda de trabajo en el año 2018 que permitió ejecutar un proyecto de restauración de los dos principales monumentos del Puente de Boyacá, el Obelisco y el Monumento al Libertador, con aporte del Fondo $200.000 dólares, también se han llevado a cabo acciones entre el Museo Nacional de Colombia y el Hirshborn Museum de Washington.
Podemos encontrar que la estrategia de internacionalización del Ministerio de Cultura de Colombia ha implicado alianzas públicas y privadas que tienen incidencia en el campo cultural como receptores u oferentes de cooperación técnica y financiera para construir respuestas a intereses compartidos.
Colombia es muy dinámica en sus relaciones multilaterales, prueba de ello es que en septiembre de 2019, en el marco de la VIII Reunión Interamericana de autoridades de cultura de la Organización de Estados Americanos (OEA), llevada a cabo en Barbados, Colombia fue designada para ejercer la presidencia para el periodo 2019-2022. Como resultado tangible se identifica la aprobación del plan de trabajo con 5 áreas prioritarias: 1) Fortalecimiento de la economía creativa: creatividad, innovación e inclusión; 2) Diversidad cultural y desarrollo sostenible; 3) Información e indicadores para la toma de decisiones; 4) Patrimonio cultural: identidad, inclusión y productividad y 5) Reconocimiento del Patrimonio Cultural Afrodescendiente en las Américas.
En el marco del Grupo Técnico de Cultura de la Alianza del Pacífico, en el que Colombia asume su coordinación endiciembre de 2020, los países definieron un plan de trabajo enfocado en tres componentes: 1) Promover la participación de la Alianza del Pacífico en espacios de promoción e intercambio de bienes y servicios culturales, que permitan potenciar la circulación y la generación de redes e intercambios monetarios y no monetarios de los bienes y servicios culturales; 2) Impulsar la generación de capacidades, el intercambio de experiencias y saberes y la cualificación de ocupaciones de los agentes culturales independientes en los sectores: editorial, música, artes escénicas, audiovisual, patrimonio cultural y otros oficios culturales y creativos y, 3) Priorizar el sector editorial y, de manera paulatina, las artes escénicas, la música y el sector audiovisual.
De igual manera, Colombia asumió la coordinación del Comité Andino de Asuntos Culturales y logró también la definición y aprobación de un plan de trabajo con tres líneas estratégicas: 1) Desarrollo de las industrias culturales y creativas; 2) Gestión Integral del Patrimonio Cultural y, 3) Protección y recuperación de bienes patrimoniales de los países andinos.
Colombia, en su calidad de Estado asociado al Mercosur, forma parte activa del Mercosur Cultural y participa y apoya el desarrollo de distintos proyectos e iniciativas a través de las Comisiones y grupos de trabajo: Patrimonio, Diversidad, Economía Creativa, Museos, Teatros y en el Sistema de Información Cultural del Sur (SICSU).
«Colombia es IBER» con esta frase se puede resumir el compromiso que las instituciones culturales, artistas, gestores y promotores de ese país han asumido con el sistema de cooperación en el marco del Espacio Cultural Iberoamericano (ECI) de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB). Colombia participa activamente en nueve de los catorce Programas e Iniciativas de Cooperación Cultural, IberCocinas, IberBibliotecas, IberCultura Viva, IberArchivos, IberMemoria Sonora y Audiovisual, IberMuseos, Ibermedia, Iberescena e Ibermúsicas. A través de éstos se han beneficiado más de setenta proyectos colombianos por un monto superior al millón doscientos mil dólares. Adicionalmente, Colombia preside el Consejo Intergubernamental de Ibercocinas durante el período 2021-2023. Los países que lo integran han trazado objetivos estratégicos para promover la gestión de conocimientos de las cocinas iberoamericanas y para impulsar políticas y acciones de cooperación integrales de la cadena de valor agroalimentaria, que promuevan la economía creativa, la cultura gastronómica, la seguridad y la soberanía alimentarias.
Con relación al proyecto de indicadores culturales de la Agenda 2030, Colombia será el único país de América Latina que participe en el programa piloto
Asimismo, se diseñó y puso en marcha la Estrategia de divulgación #ColombiaesIber, la cual tiene como objetivo visibilizar y poner en valor la participación de Colombia en los programas Iberoamericanos de cooperación cultural, así como transmitir de manera articulada y con mayor impacto los beneficios y atributos que trae para el sector cultural la participación en el espacio cultural iberoamericano. La estrategia permitió que en los dos últimos años se haya aumentado la participación de los agentes culturales en las convocatorias de cada uno de los programas de cooperación. Además, ha logrado motivar el interés de otros países para replicar este ejercicio.
Finalmente, Colombia destaca por ser sumamente participativa en los mecanismos de gobernanza y gestión de las Convenciones de cultura de la UNESCO y en otras áreas de trabajo sustantivo de esa organización, logrando con ello un claro reconocimiento de las políticas públicas y la cultura colombiana.
Colombia fue sede, en diciembre de 2019, del Comité Intergubernamental de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003 de la UNESCO y debemos resaltar que es la primera vez que se lleva a cabo en un país de América Latina y el Caribe. Participaron las delegaciones de los veinticuatro países miembros del Comité, asistentes de ciento ochenta países, setenta ONGs de los cinco continentes.
El país andino tiene integrados varios expedientes de postulación a las listas de la Convención: a) Sistema de Conocimiento Ancestral de los Cuatro Pueblos Indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta; b) Cuadros Vivos de Galeras: compromiso de Construyendo País, ambos expedientes han sido presentados a la UNESCO en marzo de 2021.
Colombia se adhiere en 2013 a la Convención 2005 sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, a partir de esa fecha, y a raíz de esa adhesión se ha logrado divulgar las medidas y normas adoptadas por el país, especialmente sobre economía creativa, así como identificar avances y retos para el cumplimiento de los objetivos de dicha Convención. Como principales resultados se encuentran:
La elaboración, con el apoyo de la Agencia Sueca de Cooperación, del Informe Periódico cuatrienal: sobre la implementación de la Convención en Colombia; el desarrollo de un estudio con enfoque de género del análisis de la participación de la mujer en el segmento audiovisual y editorial del país y con el Fondo Internacional para la Diversidad Cultural se han ejecutado dos proyectos: Cartografía y fortalecimiento de las capacidades para las industrias culturales en Bogotá, y, la apropiación, fortalecimiento y promoción del cine latinoamericano a través de la plataforma digital Retina Latina.
Colombia ha reafirmado su lugar en el mundo y eso se puede atribuir en buena medida a su cultura. País que dialoga con el mundo desde las claves, símbolos y productos culturales
Con relación al proyecto de indicadores culturales de la Agenda 2030, que busca medir la contribución de la cultura al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Colombia será el único país de América Latina que participe en el programa piloto, gracias al apoyo financiero y Técnico de la Agencia de Cooperación Española AECID.
En el marco de la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, Colombia logró, en los años recientes, la incorporación de Valledupar por sus expresiones musicales; Cali por las artes digitales; Ibagué, que es reconocida como la capital musical de Colombia, y que promueve dos Áreas de Desarrollo Naranja; Pasto, por el talento de sus artesanos y por acoger dos manifestaciones reconocidas como patrimonio inmaterial de la Humanidad: el Carnaval de Negros y Blancos y el Barniz de Pasto (Mopa-Mopa). Esta es una muestra de articulación entre la Cancillería y el Ministerio de Cultura y esas Alcaldías Colombianas.
Podemos notar la activa participación de Colombia en la escena de la política cultural y la cooperación internacional y en este sentido viene trabajando con distintos organismos y agencias de manera constante en los años recientes. Son de resaltar las acciones con la Organización Internacional de las Migraciones (OIM); el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); ONU Mujeres; la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (OEI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
A partir de la definición colombiana sobre economía de la cultura, Economía Naranja, se ha desarrollado la Escuela Internacional de Economía Naranja con el apoyo de la Agencia Presidencial de Cooperación APC-Colombia, la participación de la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur (UNOSSC) y el PNUD, con el objetivo de compartir las mejores prácticas y políticas públicas implementadas por Colombia con otros socios regionales y del sur global, así como una iniciativa muy relevante, la Alianza para la Recuperación y Modernización de la Economía Creativa -CERMA, para la reactivación y modernización de las industrias culturales y creativas en un escenario de post pandemia.
La comunidad internacional es testigo de cómo Colombia ha logrado paulatinamente insertarse con innovadoras políticas públicas culturales en amplios circuitos y en los mecanismos multilaterales, siendo hoy un país que ejerce su influencia y el poder suave de la cultura. En septiembre de 2022, tendrá lugar una segunda edición de Mondiacult en México, habrán pasado cuarenta años desde la adopción de la Declaración de México 1982, los países que forman parte de la UNESCO se enfrentan a nuevos desafíos y asimetrías globales, un mundo en el que el protagonismo de la cultura es diferente, su institucionalidad, financiación y la participación ciudadana en la era digital marcan, entre otras, las nuevas rutas y los esquemas de negociación.