El espía jubilado

Mª Pilar de Cecilia

Título: «El Manipulador».
Autor: Frederick Forsyth.
Editorial: Plaza-Janés, Barcelona 1991, 601 pp.
Precio: 1.900 pesetas.


Los acontecimientos políticos ocurridos en Europa durante los años 1989-1991 han variado sustancialmente el curso de la historia del mundo. Aunque los cambios parecen limitarse al terreno de las cuestiones internacionales, tensiones entre bloques, áreas de influencia económica, etc., la verdad es que su influjo llega mucho más lejos. Tanto como para alcanzar el ámbito de la ficción literaria, y de modo particular al género de espionaje, que tantos éxitos conquistara en los años de guerra fría o caliente, según se mire.

Cambio de rumbo

Frederick Forsyth, como John Le Carré y otros, supieron encontrar en las tremendas luchas de agentes dobles, topos, informadores y espías aguerridos, motivos de inspiración para novelas muy notables, muchas de las cuales fueron llevadas tambien al cine con el mismo éxito. Pero la época dorada del espionaje parece haber llegado a término. Acabada la fase anterior, es evidente que las estructuras de los servicios secretos, léase KGB y CIA, si no van a desaparecer, sí habrán de variar lo suficiente como para adaptarse a las nuevas circunstancias. Y este cambio traerá como consecuencia la jubilación forzosa y anticipada de tantos veteranos de viejos tiempos gloriosos, entrenados en operaciones de intoxicación y revuelta, por un lado, o de control y neutralización, por el otro.

Memorias de un veterano

Forsyth, dando una vez más muestras de su inteligencia y capacidad fabuladora ha tomado en su última novela buena nota de todos estos detalles, creando un nuevo personaje, al que llama «El Manipulador», perfectamente asimilado a las circunstancias actuales. El citado «Manipulador» ocupaba hacia 1983, antes de la «perestroika» de Gorbachov, un alto cargo dentro del espionaje británico que desempeñaba con eficacia y sagacidad. Sin embargo, fue «licenciados en 1990 en vista de los cambios políticos operados en la Europa del Este y en la URSS. Pero el agente, antes de presentar su forzada dimisión, exige que se celebre una asamblea con el fin de exponer en ella las misiones desarrolladas por él durante los últimos años y señalar los posibles errores y fallos, si los hubo.

Con este planteamiento, asistimos al relato de cuatro casos protagonizados por San McCready, «El Manipulador», que acreditan sus cualidades de inteligencia, valor, astucia y eficacia, aunque se perciba igualmente una tendencia clara al empleo de medios poco escrupulosos que justifica en función del logro de sus fines patrióticos. Cada uno de los casos narrados resultan muy diferentes no sólo en cuanto a su temática sino también en sus planteamientos y desenlace final, permitiendo así a Forsyth mostrar sus ya reconocidas dotes de narrador capaz de suspender repetidamente el ánimo y el interés del lector.

Genio improvisador

McCready se convierte en el anexo de unión personal y humana de los distintos episodios, ya que, en las más variadas situaciones, se observa su capacidad para improvisar respuestas rápidas e ingeniosas con las que salir airoso de los más peligrosos enredos. La prosa de Forsyth aparece esta vez más depurada que en otras ocasiones, con lo que facilita la lectura y mantiene el clima de intriga a lo largo del relato, que no llega a hacerse fatigoso en ningún momento. La historia del Manipulador a quien sus superiores pretenden finalmente manipular no puede considerarse dentro de una literatura comprometida de altos vuelos, sino como narración destinada a relajar la mente y revivir emociones que todos guardamos en nuestro interior.

Como único fallo a destacar, no imputable al autor, hay que lamentar la torpeza de la traducción, en la que se observan repetidas incorrecciones gramaticales y léxicas, fruto, o bien de falta de cuidado en el estilo o del desconocimiento de las normas y usos idiomáticos propios del español actual.