El «92» mejorará la imagen de España (Entrevista con Carlos Ferrer Salat)

Carlos Ferrer Salat, presidente del Comité Olímpico Español, campeón de España de tenis en 1953, fundador y primer presidente de la CEOE, es una de las personas más representativas de la España moderna, de la sociedad catalana y del deporte mundial. En la actualidad compagina su condición de empresario con el cargo en el COE y la presidencia de la Unión de Confederaciones de los Empresarios y la Industria Europea (UNICE) entre otras muchas actividades. En la recta final de la inauguración de los Juegos Olímpicos ha conversado con NUEVA REVISTA con aire optimista sobre los últimos retoques de esta cita mundial en Barcelona.

Isabel Martínez-Cubells.— ¿Cuál es su impresión general a pocos días de la inauguración de los Juegos?

Carlos Ferrer Salat.— Mi impresión general es buena. Aunque me parece necesario aclarar antes, que los Juegos presentan varios aspectos, entre los que podría distinguir estos tres: infraestructura, organización y deportivo. Por lo que se refiere a las obras —la cuestión que más me inquietaba— ya están prácticamente acabadas: tanto la Villa Olímpica y los Cinturones de Ronda, como el Aeropuerto, la Torre de Telecomunicación, hoteles, etc. La parte de organización que es lo más complicado, está cubierta, y en estos momentos se dedican a la tarea 65.000 personas de las cuales 35.000 son voluntarios. Hay que prepararlos para toda clase de servicios que cumplirán sólo durante 16 días. Todo esto es complicado. La tercera parte, que se refiere a la preparación de los equipos, corresponde al Comité Olímpico Español. Desde este organismo y con la colaboración del Consejo Superior de Deportes y Televisión Española, hemos elaborado un programa que no se ha realizado en ninguna parte del mundo ni ahora ni antes, tanto por el volumen y la importancia como por su magnitud. Unas 24 empresas han aportado del orden de 100 millones de pesetas cada una, durante 5 años.

Un total de 8 ó 10 mil millones de pesetas han ido a parar a la preparación de los mejores atletas. Para empezar, contamos con 800 atletas. La ADO (Asociación de Deportes Olímpicos 1992), de acuerdo con cada Federación correspondiente se propuso anualmente unos objetivos concretos. Los deportistas que cumplieron con ellos continuaron cobrando las becas, los que no, dejaban de participar en este programa y, si alguno sufría fuera del programa —como Bruguera en tenis— se sumaba a él. Actualmente preparamos unos 230, que son los mejores. Se ha hecho todo lo posible y espero buenos resultados.

No creo que beneficie a los objetivos terroristas, actuar en un momento como la celebración de los JJ.OO. Sería antipopular

I.M.C.— ¿Está garantizada la seguridad?

C.F.S.— La seguridad está garantizada. Por lo que se refiere al interior no existe terrorismo propiamente catalán. Se han tomado toda clase de medidas de seguridad en cuanto hace referencia a lo español y también en el ámbito internacional, contamos con la cooperación de la policía internacional, por si hubiera grupos extranjeros que quisieran actuar durante los Juegos. No creo que beneficie a los objetivos terroristas actuar en un momento como los Juegos Olímpicos. Sería sin duda muy antipopular.

I.M.C.— ¿Cuál es su opinión sobre lo que se denomina la catalanización de los Juegos?

C.F.S.— La catalanización de los Juegos está muy adecuadamente ubicada: el idioma catalán es uno de los idiomas oficiales, la bandera catalana y el himno catalanes, estarán insertos con toda naturalidad dentro de los Juegos, de modo que no habrá ninguna duda que son unos Juegos que se hacen en Barcelona, capital de Cataluña y dentro de España. Creo que esta combinación entre Barcelona, Cataluña y España ha encontrado el equilibrio adecuado.

El idioma, la bandera y el himno catalanes, estarán insertos con toda naturalidad dentro de los Juegos

I.M.C.— ¿Cuál es el papel de los deportistas españoles en esta Olimpiada?

C.F.S.— El papel de los deportistas españoles será el mejor que han hecho hasta ahora. Confío en que se logren más medallas que en las ocasiones anteriores.

Lo que sí hago constar es que se ha hecho un esfuerzo de preparación único y magnífico, por lo que puedo adelantar que habrá una buena representación. Donde estamos colocados en buena posición en el mundo es en vela, en tenis, balonmano, judo, piragüismo, remo, natación, waterpolo, atletismo, ciclismo entre otros. Tenemos pues, una gama de deportes bastante amplia, en la que si no se consiguen medallas quedaremos bien situados.

I.M.C.— Sobre el balance de las Olimpiadas. Las cifras de estos Juegos Olímpicos.

C.F.S.— El tema económico presenta dos vertientes. Por un lado las obras y remodelación de la ciudad, capítulo en el que se han invertido unos 700 mil millones de pesetas, aproximadamente. Un 58% que han aportado entre el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat y el Estado principalmente. Hay un 42% de inversión privada, destinada a la construcción de viviendas, Villa Olímpica, etc. Por otra parte está el Comité de Organización, el COOB’92, que tiene un presupuesto de 175 mil millones de pesetas. Esperamos en ese sector un cierto superávit, derivado naturalmente de los ingresos que proceden del patrocinio de empresas, bien sea en dinero, en bienes y equipos (automóviles, ordenadores etc.), más los derechos de televisión que aportan 40 mil millones de pesetas, y los ingresos por la venta de localidades. Tenemos unos 30 mil millones en obras que ha pagado el COOB y quedarán en beneficio de los municipios, etc.

I.M.C.— Hábleme de los beneficios a largo plazo para Barcelona, para España y para el deporte español.

C.F.S.— Barcelona, se ha beneficiado de grandes inversiones en infraestructuras, que favorecerán no sólo a Barcelona y a Cataluña, sino también a España. Lo mismo sucederá con Sevilla y La Expo, que traerá consecuencias favorables, no solamente para Andalucía, sino también para España. Pero el mejor beneficio será contribuir a modernizar la imagen de España en el mundo. Creo que esto es fundamental. La imagen que España tiene en el mundo es folklórica, de toreros y de bailaoras de flamenco. Hay otras cosas aparte de eso, pero al extranjero parece que le cuesta mucho reconocerlo.

Es fundamental dar la sensación de una España que, —aparte del tema folklórico— tiene muchos otros aspectos de país moderno, sociedad industrial, técnicamente avanzada y completamente inserta dentro del mundo contemporáneo. Japón consiguió variar su imagen con los Juegos de Tokio en el año 64 y lo mismo hizo Corea del Sur en el año 88 con los Juegos de Seúl, y tendría que conseguirlo España en el año 92 con los Juegos de Barcelona. Si se logra acertar con este cambio de imagen ante el mundo, será un enorme beneficio para todos.

Es fundamental dar la sensación de una España con muchos aspectos de país moderno, sociedad industrial, completamente inserta en el mundo contemporáneo

El fenómeno del deporte

I.M.C.— ¿Cuál es el papel del deporte en la sociedad actual?

C.F.S.— El deporte, que nace en la antigua Grecia dentro de una liturgia religiosa, en Olimpia, en honor de Zeus, desaparece cuando imperan otros criterios y otros valores. Tras un largo eclipse secular, en el siglo XVIII, en el contexto de la Ilustración y sobre todo en el XIX, empiezan a renovarse dos grandes corrientes respecto al ejercicio físico, que reciben el nombre de Educación Física y Deporte. Existía la convicción de que la Educación Física era parte de una educación completa. La primera concepción que surgió fue la de la disciplina, la jerarquía, la preparación militar: es la gimnasia sueca que todavía está hoy en plena vigencia. La otra gran corriente, la anglosajona, inspiró la educación en los colegios ingleses y americanos, basados no en grandes masas disciplinadas, sino en la competición de uno contra otro, el respeto al vencido, el triunfo del vencedor, la lucha por equipos; es el origen del deporte moderno. El Barón de Coubertin, que era un educador, recuperó los Juegos Olímpicos, como factor de estímulo para alentar, sobre todo, a la juventud. Todo esto ha prosperado bastante. A España ha llegado con retraso, a mi entender, por dos motivos: primero porque el impulso al deporte que se produce alrededor del período de la Ilustración, en España tuvo escasa vigencia y en segundo lugar, porque el deporte moderno, fruto también de la sociedad industrial, no ha aparecido en nuestro país hasta hace unos pocos años. Aquí tuvimos una serie de prejuicios, por ejemplo, el que las chicas no debían hacer deporte, porque no era bueno ni moral ni físicamente. En España hay pues un problema de mentalización. A eso hay que añadir que hasta hace poco éramos un país pobre.

I.M.C.— ¿Ha habido una política deportiva en la democracia? ¿Cómo la calificaría?

C.F.S.— Ha habido un cierto apoyo, aunque lo más interesante es el esfuerzo que se está haciendo ahora para dotar de medios a los colegios y universidades. Este esfuerzo es bastante reciente. Disponemos ya de inversiones en instalaciones, y se ha progresado mucho, aunque me parece que se puede avanzar mucho más. Particularmente importante es programar el tiempo destinado al deporte en los centros de estudio.

I.M.C.— ¿Qué precisa el deporte español para su expansión?

C.F.S.— Lo fundamental es la mentalización. Primero, de los padres, y después los profesores en los colegios. El problema depende en gran medida de las familias. En el caso de los Sánchez Vicario, Fernández Ochoa, López Zubero, los padres han sido de gran ayuda. Creo que el ambiente familiar es importante, y después, naturalmente, la educación, las instalaciones, y considerar el deporte como una parte fundamental de la formación. Se están haciendo esfuerzos por resucitar todas las competiciones entre colegios, universidades, etc. Así pues, lo primero es la mentalización, y después, disponer de medios. En ciertos sectores, por ejemplo en Cataluña, el deporte ha nacido con los clubs, y cuando hay representación de colegios y universidades, son aquellos deportistas de los clubs que van al colegio los que compiten. El deporte es una forma de disfrutar de un medio de desarrollo y de equilibrio físico, psíquico y mental. En tal sentido, estamos dando pasos adelante, pero todavía falta mucho terreno por recorrer.

España en el 93

I.M.C.— Pero tomando como referencia los Juegos Olímpicos, la Exposición Universal de Sevilla y Madrid Capital Cultural, el año 92. ¿Cómo cree que será la España del 93, y cuál serán sus retos?

C.F.S.— El reto más importante de España no es en mi opinión, Los Juegos Olímpicos con carácter general, ni La Expo, con ser importantes manifestaciones, y la capital cultural de Europa como es Madrid. Lo más importante es la Integración de España en la Comunidad Europea, y la plena participación sin proteccionismo dentro del mundo moderno. Este es nuestro gran desafío en este siglo, un desafío difícil que va a costar muchísimo. Se trata de poder llegar al nivel medio de vida de los países de la Comunidad, lo que exigirá mucho esfuerzo y tiempo. Solamente con la política adecuada y el trabajo colectivo, podremos alcanzar ese nivel medio. Para ello nos faltan al menos veinte años, puesto que hasta el año 2010 o más, no alcanzaremos el nivel de la Comunidad. Para llegar al nivel de los países más adelantados, como pueden ser Alemania, Holanda o Francia, tenemos que hacer un esfuerzo superior. Este es el gran reto.

I.M.C.— ¿Cuál es su opinión sobre el Plan de Convergencia?

C.F.S.— El Plan de Convergencia presenta, a mi juicio dos aspectos: uno se refiere a las exigencias que la Comunidad señala para pertenecer al grupo de los países ricos, o si se quiere más exactamente de los países que formen la Unidad Económica y Monetaria Europea, en el año 97 ó 99. Las exigencias para entrar en este nivel son de estabilidad (inflación, sector exterior, sector público). Sin embargo no exigen alcanzar el nivel de vida de la Comunidad para pertenecer a esta Unidad Monetaria. Esa estabilidad que exigen es la base sólida sobre la que se debe crear el desarrollo. Pero el esfuerzo para alcanzar el nivel medio de vida lo tenemos que hacer nosotros. El tema que hay que reforzar, es la convergencia del nivel de vida español con la Comunidad, ese es el tema que hay que complementar de manera adecuada, tomando las medidas necesarias para conseguirlo.

Me preocupa el espíritu de abandonismo o la falta de lucha en el mundo empresarial

I.M.C.— Y como empresario y representante de los empresarios europeos ¿cuál es el papel de las empresas españolas en la nueva Europa?

C.F.S.— Las empresas españolas tienen un doble desafío de gran importancia, de una importancia casi incalculable y no suficientemente valorada, y es el desafío de la competencia. Hay una competencia enorme en todos los sectores, que procede de Europa, y de más allá de Europa: de Estados Unidos, Japón, Asia. Esta libre competencia, exige unos cambios totales al mundo empresarial que de lo contrario podría desaparecer. El segundo gran desafío, es el desafío de la revolución científica y tecnológica que se está produciendo y que hace cambiar constantemente todo. Los productos se quedan técnicamente atrasados al poco tiempo. España está haciendo frente a este desafío del que confío que saldrá aceptablemente parada, al final. Me preocupa cierto espíritu de abandonismo, o de falta de lucha. Habría que incrementar el afán de superación y abandonar ciertos modelos que se están implantando, respecto a que lo importante es ganar dinero, si puede ser sin trabajar, en vez de valorar el fruto del trabajo y de la creación de la empresa a lo largo de los años. Este modelo social es negativo.