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Ver productosUna biografía destaca la gran pregunta que se hizo el influyente periodista: ¿hasta qué punto el ciudadano, mediatizado por la propaganda, posee suficiente conocimiento para ejercer su libertad en una democracia?

27 Oct 2026 - 10 min.
Walter Lippmann. (Nueva York, 1889-Nueva York, 1974). Periodista, politólogo y estudioso de la opinión pública. Asesor de varios presidentes de Estados Unidos. Columnista de New York World, The Washington Post y The New York Herald Tribune. Ganó dos veces el Premio Pulitzer. Autor de una veintena de ensayos, entre los que destacan Opinión pública, Libertad y prensa y La guerra fría.
Tom Arnold-Forster. Historiador especializado en pensamiento político estadounidense. Investigador en el Instituto Rothermere (Universidad de Oxford). Ganó el Premio Dorothy Ross, otorgado por la Sociedad para la Historia Intelectual de los Estados Unidos, por un artículo sobre Lippmann y la opinión pública.
Avance
En una época dominada por la proliferación de noticias falsas y la desconfianza hacia los medios de comunicación, resulta sorprendentemente actual un pensador que hace más de un siglo se preguntaba hasta qué punto los ciudadanos conocen realmente el mundo sobre el que deben pronunciarse. Walter Lippmann, uno de los intelectuales más influyentes de Estados Unidos durante en el siglo XX, fue asesor del presidente Wilson en la Primera Guerra Mundial; escribió discursos para John F. Kennedy; fue crítico con Lyndon B. Johnson por la intervención en Vietnam; acuñó el terminó guerra fría; y ganó dos veces el premio Pulitzer, por su columna Today and Tomorrow, que aparecía en The New York Herald Tribune, y por una entrevista que le hizo al líder soviético Nikita Kruschev.
Dedicó su obra a estudiar cómo se forma la opinión pública, el papel de los medios en la percepción de la realidad y las consecuencias de todo ello para el funcionamiento de la democracia, cuestiones que han adquirido una nueva dimensión con la revolución digital, pero que Lippmann formuló cuando la radio apenas comenzaba a convertirse en un medio de masas. Su ensayo Opinión pública, publicado en 1922, sigue siendo un texto clásico en los estudios de comunicación y ciencias sociales.
Tan influyente personaje mereció en 1980 una primera biografía, escrita por Ronald Steel, El periodista y el poder: una biografía de Walter Lippmann, que mostraba sus dos caras: el periodista independiente que estudiaba el poder a distancia y, al mismo tiempo, el consejero, crítico y admirador de varios presidentes norteamericanos.
El historiador Tom Arnold-Forster examina esas contradicciones en el libro Walter Lippmann: An Intellectual Biography. Las enmarca en un contexto en constante evolución. Y sostiene que Lippmann fue un pensador poliédrico a fuer de complejo, que transitó desde el socialismo al liberalismo conservador.
ArtÍculo
Cómo puede funcionar una democracia liberal en una sociedad de masas, caracterizada por la complejidad económica, la expansión de los medios de comunicación y la creciente importancia de las instituciones administrativas. Y cómo puede ejercer su teórica libertad el ciudadano, cuyo conocimiento le llega filtrado por los medios y la propaganda. Estos fueron algunos de los dilemas que Walter Lippmann trató de resolver a lo largo de su dilatada trayectoria. Y este es el hilo conductor de la biografía escrita por el historiador Tom Arnold-Forster.

Nacido en Nueva York en 1889, en el seno de una familia judía acomodada de origen alemán, Lippmann estudió en Harvard. Allí entró en contacto con representantes de la filosofía y las ciencias sociales como William James, George Santayana y Graham Wallas. Este último, uno de los líderes de la Sociedad Fabiana y de los fundadores de la London School of Economics, tuvo destacada influencia en su formación.
En sus primeros libros, A Preface to Politics (1913) y Drift and Mastery (1914), examinó las posibilidades de una acción política capaz de orientar conscientemente los cambios sociales. En 1914, Lippmann participó en la fundación de The New Republic, que se convirtió en uno de los principales órganos del progresismo intelectual. Durante la Primera Guerra Mundial se aproximó al presidente Woodrow Wilson y participó en los trabajos preparatorios de su programa de paz, incluidos los Catorce Puntos de 1918.
La experiencia de la guerra, la propaganda y la movilización de la opinión pública contribuyeron a desplazar sus intereses hacia un problema que dominaría sus escritos durante la década siguiente: las condiciones necesarias para que los ciudadanos pudieran formarse juicios políticos informados.
En Liberty and the News (1920), Lippmann examinó las deficiencias de un sistema informativo sometido a intereses comerciales, rutinas profesionales y presiones políticas. Junto con Charles Merz, había estudiado la cobertura que de la Revolución rusa hizo The New York Times y había detectado las distorsiones ideológicas de los periodistas.
Lippmann consideraba que la democracia representativa dependía de la disponibilidad de información fiable. El consentimiento ciudadano perdía buena parte de su significado cuando las representaciones públicas de los acontecimientos estaban condicionadas por la propaganda.
En Liberty and the News formuló una de sus afirmaciones más conocidas: «La crisis actual de la democracia occidental es una crisis del periodismo»; un aserto que se podría aplicar casi al pie de la letra, cien años después.
Estas preocupaciones adquirieron una formulación sistemática en Public opinion (1922), probablemente su obra más influyente. Lippmann partía de una dificultad elemental: el mundo sobre el que deben pronunciarse los ciudadanos es demasiado amplio y complejo para ser conocido mediante la experiencia directa. Buena parte de lo que cada individuo cree saber sobre política, economía o relaciones internacionales procede de imágenes y relatos elaborados por terceros.
Para describir esa mediación, recurrió al concepto de pseudoenvironment, (pseudoentorno). Las personas reaccionan ante representaciones del mundo que pueden guardar una relación imperfecta con la realidad. Esas representaciones influyen en sus opiniones y, a través de ellas, en su comportamiento político.
El concepto de estereotipo desempeñaba un papel fundamental. Los consideraba imágenes mentales (pictures in our heads) de aquellos acontecimientos sobre los que no tenemos una experiencia directa. De manera que los individuos clasifican la información mediante categorías previas que simplifican la experiencia. Tales categorías facilitan la comprensión, pero también pueden producir interpretaciones rígidas o equivocadas.
Aunque Lippmann no acuñó el término agenda-setting (formulado por McCombs en 1968), su obra anticipó cómo los medios determinan los temas que ocupan la atención de la ciudadanía y, por lo tanto, resultan condicionantes.
En The Phantom Public (1925) cuestionó la imagen de una ciudadanía permanentemente informada y capaz de dirigir de manera continua los asuntos colectivos. La participación política debía entenderse teniendo en cuenta los límites reales del conocimiento y de la atención de los individuos.
Arnold-Forster revisa aquí una interpretación historiográfica habitual: la existencia de un gran debate entre Lippmann y el filósofo John Dewey sobre la democracia. Aunque ambos desarrollaron respuestas diferentes al problema de la opinión pública, el supuesto enfrentamiento intelectual entre ellos fue construido retrospectivamente por estudios posteriores.
El autor discute la identificación automática de Lippmann con la tecnocracia. Su reconocimiento de la importancia del conocimiento especializado convivió con un interés constante por la legitimidad política y el control democrático de las decisiones. Durante las primeras décadas del siglo XX, la psicología aplicada y los procedimientos de medición de capacidades individuales adquirieron creciente influencia en la administración y la educación.
El periodista reconocía el valor del conocimiento experto, pero alertaba acerca de los riesgos de atribuir a determinadas disciplinas una capacidad de decisión política que excedía sus competencias.
Nueva York y a la transformación de la sociedad urbana, le brindó a Lippmann la oportunidad de estudiar la gran ciudad como escenario privilegiado para observar los cambios de la modernidad: inmigración, diversidad cultural, nuevas formas de convivencia y expansión de las instituciones públicas. El periodista participó en las discusiones sobre el liberalismo urbano y las posibilidades de organizar políticamente sociedades cada vez más heterogéneas.
La Gran Depresión de 1929 alteró las condiciones del debate sobre el capitalismo, la intervención pública y las competencias del Estado federal. En 1931, Lippmann comenzó a publicar su famosa columna Today and tomorrow en The New York Herald Tribune. La columna estaba sindicada en más de 250 periódicos de EE. UU. y se publicó durante casi cuatro décadas. Su posición como comentarista de alcance nacional le permitió intervenir regularmente en las controversias sobre las respuestas políticas a la crisis. Arnold-Forster le dedica dos capítulos: uno referido la política de la emergencia económica y otro a los conflictos constitucionales provocados por el New Deal de Franklin D. Roosevelt.
El pensamiento de Lippmann combinó la aceptación de determinadas formas de intervención estatal con una preocupación creciente por los límites del poder político y la preservación del orden constitucional.
En 1937, publicó The Good Society, que contribuyó a estimular los debates sobre la renovación del liberalismo frente al colectivismo, el fascismo y las distintas formas de planificación económica.
En 1938 se celebró en París el Coloquio Walter Lippmann, reunión de intelectuales y economistas precursora de la sociedad de Mont Pelerin y del neoliberalismo contemporáneo. Entre sus participantes figuraban Friedrich Hayek, Ludwig von Mises y Wilhelm Röpke. La relación de Lippmann con este movimiento ha dado lugar a una interpretación que lo presenta como uno de sus fundadores intelectuales. Arnold-Forster lo matiza.
La defensa lippmanniana del liberalismo económico respondía a circunstancias históricas específicas y no desembocó en una adhesión permanente al programa que desarrollarían posteriormente algunos de los participantes en aquellos debates.
La Segunda Guerra Mundial volvió a modificar sus posiciones. La movilización estadounidense demostró la capacidad del Estado para coordinar recursos económicos a una escala extraordinaria. Lippmann contempló esa experiencia como una prueba de las posibilidades de acción pública en una sociedad industrial avanzada.
La política exterior fue otro de los focos de interés de Lippmann, como se expone en la segunda mitad de la biografía. Lippmann intervino en los principales debates internacionales de su tiempo, desde las consecuencias de la Primera Guerra Mundial hasta el enfrentamiento entre EE. UU. y la URSS.
Arnold-Forster sostiene que el realismo de Lippmann estaba vinculado a una determinada concepción del papel imperial de EE. UU. y de la defensa de la civilización occidental. En 1947, el periodista publicó The Cold War, (La guerra fría) obra que contribuyó a popularizar la denominación del conflicto emergente entre las dos superpotencias. Discutió en sus páginas la doctrina de contención de la expansión soviética defendida por el diplomático George F. Kennan y cuestionó las implicaciones de una estrategia estadounidense comprometida con la resistencia global frente a la URSS.
Una política de contención del gigante soviético obligaría a EE. UU. a derrochar ingentes recursos, aliándose con regímenes dictatoriales en el Tercer Mundo en nombre de una cruzada ideológica. Y Lippmann consideraba que la política exterior debía tener en cuenta los límites del poder norteamericano y las posibilidades de alcanzar acuerdos diplomáticos con la Unión Soviética.
En su concepción del orden mundial, Lippmann concedía prioridad a Europa occidental, la defensa de determinadas jerarquías internacionales y la confianza en el papel histórico de las grandes potencias.
Convertido en la posguerra una de las voces más influyentes del periodismo político estadounidense, Lippmann abordó en Essays in the Public Philosophy (1955), la crisis de las democracias occidentales y la necesidad de recuperar principios capaces de orientar el ejercicio del poder. La obra expresaba su recelo ante las limitaciones de una política reducida a la competencia entre intereses y opiniones cambiantes. Arnold-Forster sitúa este libro dentro de la evolución hacia lo que denomina un liberalismo conservador estadounidense.
Durante los años sesenta, la guerra de Vietnam volvió a situarlo en el centro de una controversia nacional. Tras haber confiado inicialmente en las explicaciones de la Administración de Lyndon B. Johnson, Lippmann se convirtió en un crítico destacado de la intervención norteamericana. EE. UU. llegó a tener más de medio millón de soldados desplegados en Vietnam, reclutados de manera obligatoria, lo que provocó protestas ciudadanas en todo el país.
La oposición de Lippmann a la guerra recuperaba inquietudes presentes en sus escritos anteriores: los límites del poder, los riesgos de los compromisos internacionales excesivos y la distancia entre las representaciones políticas de un conflicto y sus condiciones reales.
En los últimos años de su vida, Lippmann estaba profundamente desalentado por la evolución política de su país. La guerra, las tensiones internas y la crisis de las instituciones liberales parecían poner en cuestión muchas de las expectativas que habían acompañado su actividad pública durante más de medio siglo. Sus intercambios con intelectuales de generaciones posteriores, como Hannah Arendt y Noam Chomsky, muestran la persistencia de los problemas que habían ocupado sus primeros escritos.
El libro concluye en 1974, año de su muerte, después de haber recorrido buena parte de la historia política e intelectual estadounidense del siglo XX a través de uno de sus comentaristas más influyentes.
Crédito de la imagen: Walter Lippmann en su escritorio, (1936). Colección fotográfica de Los Angeles Times en la biblioteca de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Archivo en Wikimedia Commons con licencia CC-BY-4.0