Tekstura. Russian Essays on Visual Culture

Por VV. AA. Ed. y trad. de Alla Efimova y Lev Manovich The University of Chicago Press (Chicago, 1993), 232 págs.

María José Fontán

Un ciego, un invidente al que diéramos a palpar una hoja de papel de lija experimentaría una perplejidad apenas menor que la que nos produce a los occidentales el contacto con Rusia. La diferencia vendría después: es seguro que nuestro ciego no reconocería Braille alguno sobre la extraña superficie, así que se desprendería del papel como de algo sin sentido. Es casi seguro, en cambio, que el tacto de cualquier lector de culturas occidental reconoce en Rusia algo a la vez lejano y cercano, algo desconocido y sin embargo familiar. Una extrañeza salpicada con algún déjà vu —algo que no nos sucede con la India o China, puros orientes lejanísimos. Tocar lo ruso es tocar algo a medio camino entre oriente y occidente.

Este libro, cuyo título —Tekstura— está tomado de un término ruso que puede significar la textura de una pintura, pero también la de los escritos y la de la vida, facilita ese contacto de modo directo: es una antología de artículos escritos por autores rusos que ofrece la posibilidad de tocar a los rusos directamente: mientras pasan inquisitivamente la mano por su literatura, su arte, su cultura reciente, mientras se palpan a sí mismos. Trece artículos sobre temas tan diversos como la teoría de la cultura, el arte contemporáneo, la literatura, la arquitectura, el cine, la vida ordinaria en la época soviética, las conexiones entre el arte y la política o entre la religión y el reciente sistema. Destacan los artículos de autores de la talla de S. Eisenstein, Mijail Bajtin (The Spatial Form of a Character), V. M. Voloshinov (The Study of Ideologies and Philosophy of Language), B. Groys (Stalinism as Aesthetic Phenomenon) o A. Rappaport.

Al leerlos se tiene la sensación enriquecedora de estrechar la mano de un pariente lejano y distinto, alguien que tiene rasgos comunes con nosotros pero se los ha lavado en experiencias y libros que desconocemos y queremos imaginar. Alguien al que hace siglos que no vemos y cuya historia reciente ha sido tan distinta de la nuestra. Gente que tiene mucho que decirnos: Rusia nos interesa porque nos interesa lo que conocemos, pero también lo que desconocemos y presumimos que tiene con nosotros algo en común: algo que, al mismo tiempo, es muy poco común.