Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productosLa reflexión sobre la libertad y el libre albedrío como aspectos centrales de la dignidad humana vertebraron la ponencia de David Torrijos

8 Oct 2026 - 6 min.
David Torrijos Castrillejo. Sacerdote diocesano. Licenciado en Teología por la Universidad San Dámaso de Madrid, donde se dedica a la docencia. Licenciado y Doctor en Filosofía por la Pontificia Università della Santa Croce de Roma. Ha traducido obras de san Alberto Magno y Franz Brentano. La metafísica, la teología filosófica y la figura de Aristóteles y el aristotelismo antiguo y medieval están entre sus líneas de investigación.
Avance
La concepción de dignidad humana de Francisco de Vitoria en la Segunda Escuela de Salamanca fue el tema elegido por David Torrijos para participar en la mesa redonda celebrada el pasado 2 de octubre en el marco del Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana.
Las jornadas se celebraron del 1 al 4 de octubre en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban, y fueron organizadas por la Fundación Universidad Villanueva y por la propia facultad.
Torrijos compartió mesa redonda con Idoya Zorroza Huarte y Santiago Leyra-Curiá, moderados por Jorge Machín Mezher. Nueva Revista les ofrece aquí una versión reducida de su intervención.
ArtÍculo
«La cuestión de la dignidad humana en la Escuela de Salamanca está ligada con la visión cristiana del ser humano. El cristianismo introduce una idea poderosa en la Antigüedad: la dignidad no procede de la sangre, ni siquiera de los méritos de manera primaria, sino sobre todo de un don: la filiación divina». Con esa afirmación inició su ponencia David Torrijos en el Congreso Internacional Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca: Humanismo cristiano y dignidad humana. Se celebró del 1 al 4 de octubre en Salamanca, en el Aula Magna de la Facultad de Teología San Esteban, y fue organizado por la Fundación Universidad Villanueva, de Madrid, además de por la propia facultad.
David Torrijos participó en una mesa redonda dedicada a la concepción de la dignidad humana en la Escuela de Salamanca, compartiendo sesión con Idoya Zorroza Huarte y Santiago Leyra-Curiá, bajo la moderación de Jorge Machín Mezher. En concreto, el título de su ponencia era La concepción de la dignidad humana de Francisco de Vitoria en la Segunda Escuela de Salamanca.
La intervención de Torrijos se adentró en uno de los elementos que, dentro de la tradición cristiana y escolástica, permiten explicar esa dignidad: la libertad. Subrayó que «este aspecto de la dignidad humana tendrá importancia ya desde el principio en la Escuela de Salamanca, pero se tornará incluso más importante con el paso de los años».
A continuación, centró su explicación en la «libertad de arbitrio», según la concepción tomista, ya que «la explicación sobre el libre albedrío de los autores de la Escuela de Salamanca se enmarca en la noción desarrollada en la tradición de pensamiento cristiana, especialmente en periodo medieval, cuya expresión paradigmática es la de Tomás de Aquino. El Aquinate proporciona un esquema común sobre el que debatir: el libre albedrío sería una propiedad del entendimiento y de la voluntad, por la cual se puede obrar o no obrar, hacer una u otra acción». Esa dinámica moviliza tanto el entendimiento como la voluntad, lo que dio lugar a dos grandes corrientes dentro de la propia Escuela de Salamanca: «Una más intelectualista, defendida por los dominicos, y otra más voluntarista, sostenida por los jesuitas. Aunque Tomás de Aquino es el autor de referencia para todos, la tendencia voluntarista indica una predominancia del influjo escotista dentro de la escuela. Esta oposición se va a percibir sobre todo en la comprensión de la “indiferencia” del libre albedrío, es decir, en qué consiste la indeterminación que hace libre a la voluntad».
Autores como Luis de Molina y Francisco Suárez se inclinan a volcar el peso de la esa libertad sobre la propia voluntad. Frente a ellos, la tradición intelectualista, representada por Domingo Báñez y Antonio de Córdoba entre otros, concedía un papel esencial al entendimiento. La postura de Vitoria, según recordó el ponente, defendía que «el juicio de la razón es esencial para la libertad y no un mero requisito previo».
Siguiendo con el protagonista de las jornadas en Vitoria, según afirmó el ponente, «la libertad de arbitrio implica que el ser humano sea dueño de sus acciones. El que sea capaz de gobernar su propia vida le hace apto para tener también dominio sobre otras cosas y personas (dominium). La libertad de arbitrio es un indicio de la peculiar dignidad humana, expresada teológicamente a través de la noción de la imagen de Dios (imago Dei) que, de acuerdo con la teología cristiana, caracteriza al ser humano».
La reflexión, las diferentes posturas alrededor de la libertad y el libre albedrío no han cesado de preocupar a todas las personas a través de los siglos, en debates que superan disciplinas como la filosofía o la teología.
La intervención desembocó así en dos consecuencias que enlazan la tradición salmantina con interrogantes contemporáneos. La primera es que libertad y bien no son realidades separadas: la libertad alcanza su plenitud cuando permite al ser humano conducirse conscientemente hacia aquello que reconoce como bueno. En palabras del propio Torrijos: «La libertad no es indiferente respecto del bien y del mal. Tomás de Aquino enseñó que la libertad no es pura fuerza de autoafirmación, como ha acabado siendo vista en el pensamiento contemporáneo. La libertad está precedida de la necesidad, pues la voluntad necesariamente quiere el bien. La búsqueda del bien es el fundamento último y la razón de ser de la libertad. La dignidad del ser libre es dirigirse por sí mismo hacia el bien, sabiendo que lo hace».
Derivada de esta, la siguiente conclusión es que aunque «la libertad consiste en buscar el bien por nosotros mismos, eso no implica lograrlo solo por nosotros mismos. No somos más libres por obrar solos. La libertad no consiste de suyo en independencia de los demás». Tanto Aristóteles como posteriormente la Escolástica enseñaron que la amistad nos permite ver al otro no, o no solo, como un extraño con el que competir. El ponente recordó la conocida frase «Lo que hacemos por nuestros amigos es como si lo hiciéramos por nosotros mismos» y la versionó: «También se podría decir que lo que hacemos para el bien de nuestros amigos es como si lo hiciéramos por nosotros mismos».
La experiencia la tenemos todos: cualquier reunión hace que enseguida surjan diferencias y conflictos entre las personas, «olvidamos demasiado pronto cómo se engrandece nuestra libertad precisamente colaborando unos con otros para hacer algo más grande», recordó Torrijos. Y concluyó: «Por mí mismo puedo elegir hacer muchas cosas y tengo la ventaja de no tener que consultar con nadie, pero solo no puedo hacer algo así como erigir una catedral. Las cosas más grandes, más hermosas, se realizan con otras personas».
La imagen que ilustra este texto se ha tratado con ChatGPT. El archivo original se puede consultar aquí, en Wikimedia Commons y tiene licencia CC-BY-SA-4.0. Muestra la estatua de Francisco de Vitoria, obra de Francisco de Toledo en 1975, en Salamanca. La foto la tomó Lmbuga (Luis Miguel Bugallo Sánchez).