Severo Sarduy o el paradigma de las constelaciones

Alfredo Taján

Prolongándose como un maremoto que invade una frondosa jungla, destaca de los autores cubanos en el exilio, aunque cada vez menos en ese trance, el inefable Severo Sarduy (Camagüey, 1937).

Sarduy voló desde La Habana castrista al París telqueliano de principios-mediados de los sesenta, hizo amistades de premier (Roland Barthes, Michel Foucault, François Walh) que le empujan como un ciclón al centro del pensamiento moderno, desde las alturas de un Lezama caracol en un rectángulo de agua a las diversas realidades que provocan los nuevos símbolos literarios y la tercera vía política, hoy tan inútiles como se ha comprobado.

Expansión, explosión, gran fuego artificial, textos generadores de otros textos: la creación artística de un óptimo estudiante receptor de diversas tentaciones estilísticas, armador plenipotenciario de la palabra, esa creación imparable es sobrepasada por el propio genio de un Sarduy que destruye los departamentos estancos, las tradiciones contrapuestas, y se pone a investigar con la lentitud de la velocidad de la luz.

Si Lezama, su padre espiritual, había explorado la metapoesía sobrepasando esa cantidad hechizada en sus testamentos Paradiso y Oppiano Licario, Sarduy, mandarín en ritmo sabrosón, asciende a la montaña lezamesca y se lanza a diseccionar -brazo de mar abierto, picazón de formas con ron y azúcar- un nuevo espacio creativo globalizador. Al margen de su poesía, diamantino espejeo donde el dominio de la regularidad métrica es subvertido en su raíz, la erudición en Sarduy encuentra un eco estelar encerrado en el estuche de plata de piedras preciosas y osamentas de nácar o marfil que son sus novelas: transgresión y perturbación de los signos históricos de la literatura.

En este escritor barroco no hay esquema puro operante. Sarduy utiliza la retombée, la vuelta, el círculo, la elipsis, para definir un discurso radical acerca de la realidad. Aclaremos aún más: Sarduy reproduce ciertos modelos científicos de explicación del origen de la vida, véase teorías del Big-bang o del Steady state, en la producción no científica, o sea, artística.

Su obra traspasa el corpus de fusión de la percepción barroca para añadir el análisis estructuralista más valioso, el budismo -¿quién puede olvidar el diario indio y los funerales tibetanos de Cobra?- y una lectura-pasión personal de ámbitos pictóricos en Rubens, Caravaggio, Rothko o Wilfredo Lam.

Algunos críticos aseguran que en el territorio cultivado por Sarduy se advierte un dominio en miniatura. Ideas, personajes, tramas, ejes, ofrecen un teatro de muñecas enanas y asesinas, por cierto nada endebles, que viven una agenda exhaustiva muy a lo Copi, pero mundo inverso investigado sistemática rigurosamente. Un techo epistemolótico donde los espías se pierden y la contrarrevolución no puede tramar ningún complot. De ahí que el valor universal -aun siendo universo en miniatura- de Sarduy es incuestionable.

En razón a la actualidad editorial, quisiera hacer hincapié en la última entrega del escritor cubano, Cocuyo, Tusquets Editores, Barcelona 1990, de la que se prepara una segunda edición. Cocuyo, personaje trastornado y traicionado, es una extravagancia autobiográfica, una mascarilla depurada donde se radiografía una impostura, un desacato, la del niño Cocuyo, infante de orinales y edictos, emblema y volcán de enano cabezón que vaga por una galería de orquídeas mustias -bajo la dictadura de Batista- e intenta envenenar a su familia, y que al final llega a la conclusión de que el hombre es la mierda del mundo.

En Cocuyo el texto de Sarduy es menos hermético y se abre a la fluidez incontinente de su palabra, pero sin verborrea, exacto, diametral y simétrico.

Flor de fuego, pues, tratado de rabia y alcoholemia, Sarduy-Cocuyo, transparente, fluido, histriónico y, otra vez, provocador y misterioso.

Si la obtención de los premios Medicis, Paul Gibson e Italia, y sus lecturas multitudinarias en México D.F. junto a otra cumbre, Octavio Paz, y en distintas universidades americanas, han convertido a Sarduy en un personaje peculiar, entrañable, el legado viviente de Lezama, esperemos que, a partir de Cocuyo, su estela se consolide y extienda en la constelación de los autores hispanoamericanos de primer orden.

Bibliografía de Sarduy

Prosa

  • Gestos, Seix Barral, Barcelona 1963.
  • De dónde son los cantantes, Joaquín Mortiz, México 1967 (reed. Seix Barral, Barcelona 1980).
  • Cobra, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1972 (reed. Edhasa/Ficciones, Barcelona 1980).
  • Maitreya, Seix Barral, Barcelona 1978.
  • Colibrí, Argos Vergara, Barcelona 1984.
  • El cristo de la rue Jacob, Edicions del Mall, Barcelona 1987.
  • Cocuyo, Tusquets Editores, Barcelona 1990.

Poesía

  • Big-bang, Tusquets Editores, Barcelona 1974.
  • Un testigo fugaz y disfrazado, Llibres del Mall, Barcelona 1985.

Ensayo

  • Escrito sobre un cuerpo, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1969.
  • Barroco, Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1974.
  • La simulación, Monte Ávila Editores, Caracas 1987.
  • Ensayos generales sobre el barroco, Fondo de Cultura Económica, 1987.

Teatro

  • Para la voz, Espiral/Fundamentos, Barcelona 1987.