Para leer (bien) a Harari

Este libro es un compendio de las cerca de 1.500 páginas de la trilogía de Harari para quienes no quieran atenerse a una lectura políticamente correcta

Foto: Meranda Evan / Pixabay
Miguel Ángel Garrido Gallardo

Avance

A principios del tercer milenio, una serie de circunstancias históricas, técnicas, filosóficas han llevado a la humanidad a tomar conciencia de que nos encontramos no solo en un momento de cambio cultural, sino ante una cultura enteramente nueva, la cultura posmoderna. Eso explica, por ejemplo, el nuevo género historiográfico de la Gran Historia de la Humanidad (David Christian) y el enorme éxito de la obra de divulgación prehistórica y paleontológica de Harari.

En efecto, al finalizar el  primer cuarto del siglo, aparece Sapiens, debida a la pluma del historiador judío Yuval Noah Harari (n. 1976),  exponente del nuevo género y que vende millones de ejemplares. Junto con sus dos secuelas, forman la trilogía publicada en español por Debate en 2019: Sapiens. De animales a dioses. Breve historia de la humanidad; Homo Deus. Breve Historia del mañana21 Lecciones para el siglo XXI. Interrogantes del presente. Cerca de mil quinientas páginas de gran formato que cuenta la historia de la humanidad en un mundo sin Dios. Nueva Revista me encargó las reseñas de estos volúmenes, que aparecieron en los siguientes números: 11/2022; 21/02/2023; 12/07/2023 y 22/09/2023

            Allí di cuenta de la quintaesencia de las obra. Harari plantea que los seres humanos, «grandes simios», «algoritmos bioquímicos», seríamos los responsables de la creación de este mundo horrendo y cruel. Con todo, ¿cómo contar la historia de la humanidad en un mundo sin Dios? En el fondo, la obra parece proporcionar a muchas personas de la «sociedad líquida» (Bauman) unas ciertas explicaciones para rellenar la pérdida de sentido. Quienes sienten cierta necesidad de escapar de la superficialidad, pero no pueden admitir la trascendencia, se entregan en los brazos del cientificismo y buscan explicaciones en la biología, la antropología, la paleontología, la economía, la historia, etc. No importa que las hipótesis hayan resultado inconsistentes muchas veces en todas las ciencias. Empleadas como se hace aquí, esas disciplinas entran de lleno en el género fascinante de la ciencia-ficción. Todo vale.

ArtÍculo

Harari solo admite los datos empíricos e hipótesis científicas que serán confirmadas o sustituidas por nuevas hipótesis. Todo es relativo, menos la existencia de Dios, el alma humana o cualquier realidad sobrenatural, que, todo esto sí, se niega abiertamente. O sea, se impone la dictadura del relativismo. Todo puede encontrar un lugar en el debate social menos defender cualquier absoluto.

Sapiens expone las tesis sobre la evolución y revisa la concepción de la revolución cognitiva y el papel de los «mitos compartidos» (el dinero, la religión, las naciones) que habrían permitido  la cooperación a gran escala, propia de la especie humana.

Homo Deus, segundo tomo, pronostica que en el siglo XXI los humanos intentarán alcanzar la inmortalidad, la dicha y la divinidad. Se continúa con el supuesto materialista de que todo se cifra en una evolución de los animales que somos los sapiens, según unas leyes, desconocidas a priori, de la selección natural. ¿Cuáles son las perspectivas que se abren?, ¿cuál es la agenda humana de este mundo sin Dios?

21 Lecciones para el siglo XXI es el tercer tomo. Como no se puede predecir el futuro y dando por supuestos que somos unos animales más, se pregunta ¿qué está pasando?, ¿y cómo nos las arreglaremos mientras llega ese futuro incierto?

Olvidados de las grandes narrativas, el relato humanista-liberal triunfante se afana en conseguir la excelencia, el bienestar y el crecimiento económico, según se cree, directamente conectado con lo anterior. La atención sanitaria, el acceso a la educación y la consecución de bienes de consumo completan la trinidad de aspiraciones humanas. Pero ahora, parece que las nuevas generaciones padecen el síndrome del cambio de milenio: recelan de poder vivir como sus padres y abrigan temores apocalípticos sobre el cambio climático, anuncio que ha sucedido a las profecías demográficas del Club de Roma en el siglo XX o las predicciones del clérigo anglicano Thomas Malthus en el siglo anterior.

Pues bien, habida cuenta de la complejidad de lo expuesto y el interés que suscitaron las reseñas de la trilogía, he insistido con un intento que pueda satisfacer a los lectores que no tuvieron bastante con la pura noticia, un libro breve que, a la vez, intenta ser completo en lo fundamental.       

Miguel Ángel Garrido Gallardo: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué está pasando? Las profecías de Yuval Noah Harari. Amazon, 2026

El librito es una reseña de los tres tomos de Harari, que pone de relieve sus claves, más unos resúmenes de sus textos, frecuentemente apostillados a tenor de las claves previamente expuestas. Se trata de ofrecer un compendio breve, pero completo de las cerca de 1.500 páginas de gran formato que componen la trilogía y que pueda suministrar una suficiente información para quien no quiera leer obra tan enorme y servir para encontrar pistas alternativas a quienes ya la han leído y no quieren atenerse solamente a lo políticamente correcto.

El libro se divide en tres apartados que dan a conocer el contenido de los respectivos tomos.

I: ¿De dónde venimos?

El relato de Harari se ha montado al hilo de la visión bíblica (realista/optimista). Los seres humanos (mujer y varón) hemos sido creados por Dios, tenemos el mismo origen, poseemos inteligencia y voluntad libre. Sabemos distinguir el bien de mal. Nuestro desarrollo histórico va acompañado de sucesivos logros que hemos de utilizar con libertad y responsabilidad para gloria de Dios y bien de toda la humanidad. Sin embargo, individual y colectivamente, nos complacemos en la ley de Dios, pero advertimos otra ley que lucha contra la ley de la razón (Cfr. Romanos, VII, 22-23). El relato bíblico sobre los orígenes que cuenta la historia de Dios, los primeros padres (Adán y Eva) y la serpiente parlanchina, revela la catastrófica consecuencia para la humanidad de querer convertirse en origen del bien y del mal, sin dar cuentas a nadie, con solo la física como único acompañante (Cfr. Génesis III, 1-24).

La conclusión sobre la historia a la que llega la visión atea de Harari acerca de la humanidad a las puertas del tercer milenio (que he transcrito en el libro) y la revelación bíblica (que he resumido aquí) coinciden en cierto modo, pero las causas y consecuencias que cabe extraer de una y otra, como se verá, no pueden ser más antagónicas.

II: ¿A dónde vamos?

Para los interrogantes que plantea Harari, cabría una respuesta optimista: a pesar de los pesares, es absurdo que los seres humanos hayamos sido pensados para equivocarnos en nuestras intuiciones más inmediatas e importantes. De aquí, mis respuestas que, como digo, no son precisamente las que insinúa la obra de Harari.

La vida humana no es solo procesamiento de datos. Más allá de las reacciones espontáneas que nos mueven a hacer sin pensar actividades como limpiarnos los dientes, responder a un saludo o recitar una canción; más allá de que un deterioro cerebral deje en suspenso en este mundo nuestra actividad cognitiva; más allá de que una situación estimule el sistema neuronal o que una estimulación química de las neuronas provoquen un estado de ánimo, hay, en último término, un yo, un ser humano, con alma.

Memoria, inteligencia y voluntad unificadas en el yo no son susceptibles de ser clasificadas por importancia. Naturalmente, un robot, cualquier algoritmo de IA, por poderoso que sea, no es consciente, en último término, por mucho que sea inteligente y que sus acciones y reacciones den resultados aparentemente semejantes a los que produce una conciencia de verdad.

Cuando algoritmos nos «conozcan mejor que nosotros mismos», tendremos los humanos una formidable ayuda. ¿Qué temores no nos suscitaba hace nada un mundo con internet? Claro que tan formidables poderes entrañan peligros, porque todo puede ser usado para el mal. Ya la Biblia advertía de que «la creación entera sufre dolores de parto en tanto espera ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rom. VIII, 20-22).

¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Entretanto, ¿cómo nos las arreglamos? Se han desmoronado los relatos antiguos y los modernos están en trance de desaparición. Esta es precisamente la cuestión del tercer tomo.

III: ¿Qué está pasando?

En este siglo XXI, producen estupor en general la magnitud y rapidez de los cambios que se pueden vislumbrar, tales que lo puedan cambiar a uno mismo. Resulta algo terrorífico.

Según lo que se nos dice de la biotecnología y el aprendizaje automático, Coca-Cola, Amazon, Baidu o el Gobierno, por ejemplo, podrían llegar a manipular las emociones y deseos íntimos de las gentes. Y, entonces, ¿podré distinguir entre mi yo y el que me fabrique el correspondiente especialista en marketing?

Para escapar del peligro, Harari recuerda el consejo socrático: «conócete a ti mismo» Dice que seguirlo es más urgente que nunca. Lao-Tsé o Sócrates  no podían «hackearte» como Amazon, Baidu o el gobierno. No todo es cuestión del móvil, del ordenador o de la cuenta bancaria. Eres tú mismo la cuestión.

Tampoco es lo mismo relato y vida. Harari no es un lingüista, sino un historiador, pero debería saberlo. Relato es el modelo operativo automático que tienen los humanos para comunicar y autoaclararse. Los relatos son realistas o ficcionales, verdaderos o falsos. Por cierto, «ficcional» no es igual a «falso», porque la metáfora es otro modo automático del que dispone el ser humano para aclararse y comunicar significado.

Pero cuando uno es nominalista («posmoderno» se le llama ahora), da igual que sea historiador u otra cosa, acepta el dogma de que, frente a toda evidencia espontánea, el ser humano no está dotado para conocer y dar a conocer lo que conoce, sino que está condenado a no saber, porque cada término remite a otro y este al siguiente en serie abierta, sin anclaje alguno en la realidad. Por eso, Harari repasa y descalifica la construcción de relatos de la cultura humana que, según nuestro autor, llega al colmo con el relato cristiano.

En cuanto al cristianismo, dice que sus fundamentos «son los más endebles de todos», que no hay pruebas de que el hijo de Dios naciera como «una forma de vida basada en el carbono hace unos dos mil años»,  que fuera en Galilea, que su madre fuera virgen… Y, sin embargo, constata, se  han erigido grandes instituciones globales que dependen de ese relato y que alcanzan un peso tan grande que las mantienen en su lugar por siglos y siglos.

Espero que el historiador Harari no esté poniendo en duda la historicidad del galileo Jesús de Nazaret que aparece alrededor del año quince del «imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato, procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias, tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás (Lc. 3, 1-2)». Otra cosa es que un ateo, mientras lo sea, se pueda plantear la posibilidad de que en Jesús de Nazaret se manifieste la “plenitud de Dios corporalmente» (Colosenses, III, 9) o algún otro hecho milagroso. Por supuesto que no.

En resumen, no se trata de historiar tal o cual época. Harari trata de buscar respuestas desde el Big Bang a las preguntas del ser humano que he consignado como epígrafes: ¿Qué soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy? Y como la primera pregunta se da por contestada  en la posmodernidad (un animal más), se sustituye por la más inmediata de ¿qué está pasando ahora mismo? Un cierto aire milenarista recorre el proyecto. En el libro, todo lo que dice Harari y mis apostillas.


La imagen que ilustra este artículo se encuentra en el repositorio de Pixabay. La firma Meranda Evan y se puede consultar aquí.