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Ver productos1 Abr 1990 - 3min.
Título: «El desembarco andaluz».
Autor: Víctor Márquez Reviriego.
Editorial: Editorial Planeta. Barcelona, 1990. 270 páginas.
Precio: 1.500 pesetas.
Desde que se concedió por primera vez en 1975 el Premio «Espejo de España» el galardón se especializó en obras sobre la guerra civil o sus consecuencias. Títulos como García Lorca, asesinado (1975), Juan March y su tiempo (1976), La oposición democrática al franquismo (1977), En busca de José Antonio (1980), Mi vida con Ramón Franco (1981), Por qué y cómo mataron a Calvo Sotelo (1982), 1939: Agonía y victoria (1989), marcaban, en efecto, un determinado rumbo. Para algunos este espejo era retrovisor porque miraba más hacia atrás que hacia el presente o el futuro. El siempre astuto José Manuel Lara parece haber sometido ahora al galardón a cierta reconversión tanto de forma como de fondo al haber otorgado el premio de este año a un libro singular escrito por uno de los cronistas más brillantes de la llamada «transición democrática española», Víctor Márquez Reviriego.
Cambio de contenido y de tono, en primer lugar. Márquez habla de lo que pasó ayer por la noche, o de lo que está pasando. Y lo hace en un tono distendido, amable y confiado, como si solicitara cierta complicidad en el lector que debe, obligatoriamente, tener conocimiento de los dimes y diretes de la política, sobre todo madrileña, además de andaluza. Atrás quedaron, pues, las violentas polémicas entre historiadores sobre quién mató a Calvo Sotelo o qué hizo Besteiro al final de la guerra civil. Es todo un síntoma que el pasado común y, a veces, bochornoso, tenga cada día peor venta. ¿Habrá terminado por fortuna ya la guerra fratricida en letra impresa? A más de uno nos gustaría que así fuera.
El título de este libro resulta suficientemente ilustrativo para que le ahorre al lector una prolija descripción de su contenido. El fenómeno —la «andalucización» de la política española y de su cultura— es tan obvio como conocido y Víctor Márquez no desea descubrir ningún Mediterráneo al estudiario. Su incursión por la fronda andaluza es sobre todo una excursión por la que podría denominarse la cultura «nacionalpopular del felipismo»: folklóricas, duques, tonadilleras, banqueros, andalucistas de oficio y poco beneficio, alcaldes de pueblo, clérigos, intermediarios, caballistas, peatones, «rocieros», «leperos» y una larga comitiva de diversos pícaros atraviesa estas páginas de ternura y escepticismo que se leen fácilmente y concluyen con un severo varapalo por el caso Juan Guerra.
Márquez viene a decir que todos son o somos Juan Guerra, que el «juanguerrismo» no es sólo una tentación sino, más bien, una consecuencia del «desembarco», un imponderable. «Como ves, puede leerse en el último párrafo de la obra, te has vuelto a equivocar: los de UCD fuimos mucho mejores de lo que creías y éstos del PSOE han salido peor de lo que esperabas. Esto es lo que hay.»
El jamón de Jabugo, la romería del Rocío, la moda de las sevillanas, los chistes de Lepe y otros tópicos son sometidos a inspección y escarnio por el ingenioso Márquez que, además, da prueba de un conocimiento muy serio de la genealogía mestiza del puerco ibérico y conoce por experiencia los matices gastronómicos de los diversos jamones y perniles (Trévelez, Rute, Aracena) dado que su padre, según me confesó un día, se arruinó precisamente intentando promover y popularizar el consumo del Jabugo.
No provocará este libro odios intensos ni querellas judiciales. El fiscal Leopoldo Torres no tendrá que denunciar al autor por desacato, ni el alcalde de Lepe enviarle los padrinos. «To er mundo é güeno» parece sugerir Víctor Márquez. Y añade: «Aunque no perfecto ni a salvo de cualquier sospecha». El tono es lo que vale: en un momento de cierta crispación en la vida española este tipo de textos sirven de bálsamo y solaz para los fines de semana.