El socialismo del futuro

Redacción NR

Cuando Menéndez y Pelayo escribió su monumental Historia de los heterodoxos españoles no imaginó que con el tiempo podría nacerle un rival que pusiera a prueba su colosal trabajo. El enciclopédico polígrafo apenas llegó a considerar al socialismo como una de las distintas variantes de la heterodoxia, pero el cambio de los tiempos siempre deja un margen a la sorpresa. El socialismo del futuro será un socialismo heterodoxo, según aseguró Felipe González durante el acto de presentación de una nueva revista socialista titulada precisamente con ese rótulo que invita a pensar en el inquietante porvenir del socialismo.

La nueva revista viene a sumarse a una larga ristra de publicaciones socialistas, de cuya difusión en el mercado no se cuenta con datos fiables. Sistema, Leviatán, Cuadernos de Alzate, otras publicaciones de la fundación Pablo Iglesias, son parte de ese repertorio que responde al desafío de mantener en estado de vigilia las ideas socialistas. El enorme despliegue de medios y energías aglutinado en torno al proyecto del denominado Programa 2000 es la máxima expresión de ese gran esfuerzo de los socialistas que ahora descubren la «heterodoxia» como el camino más seguro de su porvenir. No tan heterodoxos, sin embargo, que en lo que a El socialismo del futuro se refiere, renuncien al recurso a la publicidad pública como vía más idónea de financiación.

El esfuerzo por mantener vivas las ideas socialistas, aunque sea a través de alentar la heterodoxia, no debe menospreciarse. Sólo el Programa 2000, iniciado en 1987, ha motivado más de medio millón de personas, de entre las cuales más de 60.000 ponentes han intervenido en más de 10.000 encuentros. Fruto de esa impresionante actividad es un Manifiesto del Programa 2000 que en 70 páginas resume en una prosa de ligereza difícilmente emulable el resultado de esa gran confrontación que a su vez servirá de «borrador» y punto de referencia para nuevos debates. El camino de la heterodoxia debería, con todo, asegurarse mediante la publicación de una nueva revista que viniera a sumarse a esa producción intelectual.

El sociólogo Werner Sombart, profesor de la Universidad de Berlín antes de la Primera Guerra Mundial, enumeró más de dos centenares de especies de «socialismo», un género que, en su gran variedad reproductora debió ser previsto por el infatigable Linneo, y cuyo olvido demuestra que hasta las más minuciosas clasificaciones no están aseguradas contra el error. No incluyó Sombart la nueva variedad prevista para El socialismo del futuro, que es el «socialismo heterodoxo», destinada a dar muchas nuevas variedades, porque la «heterodoxia» es el camino seguido por los discrepantes de un pensamiento original.

Para colmo, a esa numerosa especie de socialismos, hay que añadir la ya clásica acuñada por el ingenio propio de los «brasileiros», versión ortodoxa, del «socialismo o izquierda festiva», más la reciente del politólogo francés Jean-François Revel, muy propia de nuestra época y de España, a saber, «la gauche-caviar».

No estaba Ricardo García Damborenea entre los participantes en el acto aunque el porvenir de esa «heterodoxia» estuviera asegurada con la presencia del vicesecretario del Partido Socialista, Alfonso Guerra, a cuya pluma se debe una de las principales aportaciones de la nueva revista.

Por los vericuetos de la heterodoxia el socialismo puede llegar a comprenderse a sí mismo y producir frutos que cooperan a sedimentar la felicidad espiritual y material de los hombres mejor que hasta ahora lo había venido haciendo por el camino de la ortodoxia, como lo demuestra el gran cambio experimentado en los países socialistas del Este. El capitalismo, por lo demás, como es sabido es una actitud en sí misma ortodoxa, razón por la cual Felipe González aseguró en el acto de presentación de la nueva revista que «dejemos la ortodoxia para la derecha que se cree en posesión de la verdad». Se le olvidó añadir que no sólo lo cree sino que además la tiene para confirmar que el nuevo socialismo es tan consecuentemente heterodoxo como merece serlo.