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El ayuntamiento de Valencia recupera la obra de J.L Vives

«La conmemoración de lV centenario del nacimiento del más universal de los valencianos, Juan Luis Vive s (1492-1540), ha supuesto un esfuerzo editorial sin precedentes», afirmaba la Alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, en una de las muchas presentaciones de libros sobre el humanista que se han celebrado en esta ciudad en los últimos años. Las siguientes líneas quieren mostrar ese esfuerzo, inusitado en una institución municipal, que está mereciendo el elogio de lo perdurable.

Desde 1992, en el que se cumplía el quinto centenario del nacimiento de Vives en Valencia, el Ayuntamiento de la ciudad se propuso recuperar la figura del humanista como parte importante de su propia historia. Gracias al buen hacer de la Delegada de Acción Cultural y Patrimonio Histórico, María Dolores García Broch, y de su equipo, se celebró en el último trimestre del año una exposición -«Juan Luis Vives, valentinas, y su tiempo»- que rebosó los propios límites del bello edificio gótico de la Lonja, en la que se alojaba. El Catálogo temático refleja la amplitud de los diversos aspectos recogidos: el contexto urbano, las artes plásticas, el entorno musical, literatura, la indumentaria y la documentación histórica de la época sirvieron para realzar la amplia muestra bibliográfica de la obra y del pensamiento de Vives. Una idea del éxito de esta iniciativa, que contó también con otras actividades paralelas que llenaron las calles en recuerdo del humanista valenciano, la da el elevado número de personas -372.000- y de escolares -50.000 alumnos de 400 colegios, repartidos en 1.340 grupos- que la visitaron.

Al mismo tiempo, el Ayuntamiento decidió llevar a cabo la edición crítica de las obras completas de Vives. Este reto ha sido seriamente asumido por Manuel Tarancón, Tte. Alcalde responsable del Servicio de Publicaciones, consciente de que «para recobrar a Vives hay que poner al alcance de todos ediciones críticas de su obra, posibilitar la realización de estudios y editar los de reconocida calidad que no estén al alcance del lector español». Esta ha sido la intención de la Colección J. L. Vives que viene ofreciendo, en números dobles, traducciones críticas y estudios sobre cada una de las obras editadas.

De Anima et Vita

Abrieron la colección dos obras, publicadas durante la celebración del quinto centenario, con una impresión limitada de los facsímiles de sus primeras ediciones para conmemorar esta ocasión histórica. La primera fue «De Anima et Vita» («El alma y la vida»), aparecida por vez primera en Basilea en 1538. Se trata de una obra de carácter filosófico-antropológico, en la que el autor analiza las operaciones del alma basándose en la reflexión y en la observación empírica. Su original estudio de las operaciones mentales le ha hecho precursor de la psicología moderna. La traducción crítica, realizada por el profesor Ismael Roca, es un trabajo riguroso con más de 370 notas, que viene completado por una introducción sobre el estilo y las fuentes que inspiraron la obra de Vives. Acompaña este volumen un estudio de Carlos García Noreña, profeso r de Filosofía de la Universidad californiana de Santa Cruz, titulado Juan Luis Vives y las emociones, que publicó por v e z primera en USA, en 1989. Inédita hasta ahora en nuestra lengua, ofrece un análisis del De Anima et Vita, precedido por lo que se podría llamar una psico biografía del humanista valenciano.

El segundo número de la colección presenta la obra de Vives De Europa dissidiis et República (Las disensiones de Europa y el Estado) publicada en 1526. Es un conjunto de seis escritos que el profesor Antonio Fontán ha denominado «Summa politica vi vista». En ellos, Vive s acuña el concepto de Europa como una identidad cultural y política, se muestra como un hombre apasionado por la paz, incansable mediador y realista consejero de príncipes. El tono personal de algunos de los escritos desvela n la humanidad de este profundo defensor de la dignidad de cada ser humano. La traducción crítica ha sido realizada por los profesores Francisco Calero y Mana José Echarte, que han aplicado con rigor los últimos estudios de la crítica filológica. Completa el volumen de esta traducción un estudio realizado por el profesor Fontán, titulado «Juan Luis Vives (1492-1540). Humanista, Filósofo, Político», en el que va desgranando de un modo magistral las diversas facetas del pensamiento político de Vives. Ofrece también una visión del conocimiento del mundo clásico, de la elegancia como latinista, el estilo y la personalidad literaria de Vives, así como de sus fuentes y orígenes universitarios.

Autobiografía

El tercer número aparecido de la Colección J. L. Vives, presenta su Linguae Latinae Exercitatio (Ejercicios de lengua latina), publicados en 1538 y conocidos universalmente como los Diálogos. Su carácter marcadamente autobiográfico se ve influenciado por la finalidad de esta obra, escrita para la enseñanza del latín del Príncipe Felipe, el futuro Felipe II. En las diversa s escena s que la componen, Vive s recuerda, dos años antes de su muerte, vivencias de su infancia y juventud en Valencia. La profundidad de su pensamiento parece ocultarse tras lo intrascendente a través de sus páginas. La traducción, de los profesores Francisco Calero y María José Echarte, ofrece además un abundantísimo apartado crítico que da noticia de las referencias de Vive s a personas, lugares y costumbres de la época. Es también de Francisco Calero el detallado estudio -Los Diálogos de Juan Luis Vives- que completa la edición. Ese estudio tiene dos partes; la primera, de carácter histórico, traza un panorama del género de los diálogos escolares, que encuadra el escrito por el humanista valenciano; la segunda es un análisis de los aspectos más interesantes de la obra, que culmina con un minucioso estudio sobre el número de sus ediciones, ahora fijadas por el profesor Calero de modo exacto en 322.

Pero la labor del Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Valencia para rescatar a Vives del olvido no acaba ahí. El año 93 veía la luz un volumen de la colección «Estudis» titulado Juan Luis Vives y su tiempo urbano, escrito por Vicente L. Simó Santonja, como aproximación a la figura del humanista a través de su espacio vital. Mese s después, aparecía una obra destinada al gran público, especialmente a los jóvenes: Joan Lluis Vives, un valenciano universal, coordinada por los profesores Pablo Pérez García y Antonio Mestre, en la que han colaborado también María Luz Mandingorra, León Esteban, José María Cruselles, Pedro García y Angel Gómez-Hortigüela, especialistas en Vives y su época. Es un trabajo de contenido general, que se entrelaza e integra en el proyecto de edición de las obras completas del humanista. Atractivo por su cuidada impresión y por sus abundantes y bien escogidas ilustraciones, recoge las recientes investigaciones históricas sobre el humanismo renacentista, sus raíces, desarrollo y diversificación intelectual. Analiza el panorama cultural europeo en los años de transición entre el Cuatrocientos y el Quinientos, situando en su contexto la obra de Vives.

El interés por poner a disposición de los valencianos su propio patrimonio cultural, reiterado por la Alcaldesa Rita Barbera, ha llevado también a la adquisición de los dos volúmenes que componen la primera recopilació n de las obras de Juan Luis Vives, editada en Basilea en agosto de 1555. La localización de este ejemplar inédito -pues sólo hay constancia de otros 4 6 ejemplare s en todo el mundo, 9 de ellos en España- se ha debido también al empeño de Manuel Tarancón.

Dos años después de la celebración del V centenario del nacimiento de Vives en Valencia, su presencia se ha hecho más viva y profunda. Sólo resta desear una continuación feliz a la Colección comenzada, cuyos próximos títulos podrían ser los De Institutione faeminae christianae y De officio mariti, en un mismo número, y los De Disciplinis y Bucolicarum Vergilii interpretati.

Beethoven y Weber

La obra de Beethoven que mayor popularidad alcanzó en vida de su autor, el Septimino, nunca fue considerada muy en serio por él. Ya desde su estreno en 1800 tuvo una acogida tan calurosa que eclipsó el interés muy superior de otras obras como la Primera Sinfonía que se dio a conocer en aquella misma ocasión.

Su fama continuó aumentando tras la publicación y se convirtió pronto en la partitura más celebrada de Beethoven, pero mientras el interés del público aumentaba, disminuía el del compositor. Convertido en el autor del Septimino, según contaba su alumno Karl Czerny, cualquier mención a esa obra le enfurecía y podía soportar aún menos su audición.

Para Beethoven era una obra muy tradicional y poco innovadora y no poseía tanto valor artístico como algunos Cuartetos, Sonatas o Conciertos de piano de mayor profundidad y hondura musical. Pero el público no era capaz de entenderlas, mientras que el Septimino, tan ligero, alegre y tan clásico en su forma, resultaba con sus preciosas melodías sencillamente encantador.

Diez años separan la composición del Septimino de Beethoven del Quinteto para clarinete Op. 34 de Cari María von Weber, que está concebido para un grupo similar de cuerda y viento. Mientras la obra beethoveniana pertenece a la tradición de la Serenata clásica en varios movimientos, la de Weber ya se enmarca en la estética del romanticismo, con el clarinete en la voz solista y un grupo de cuerda que se limita al papel de acompañante.

El Quinteto de Weber fue escrito para su amigo Heinrich Bármann, un virtuoso clarinetista que fue el destinatario de otras obras de Weber. La partitura manifiesta claramente que la intención del compositor era poner de relieve las grandes dotes de su amigo Bärmann como solista, más que componer una obra de estilo concertante en la tradición del Quinteto para clarinete de Mozart.

Pero tampoco es una obra de circunstancias escrita a toda prisa, a juzgar por los cuatro años que tardó en componerla. Algo apresurado en el último momento, pues al día siguiente de terminar el Rondó, se estrenó en la Corte de Viena, por cierto, con éxito.

Dos deliciosas obras se reúnen en este disco, similares en su instrumentación y proporciones, pero bien distintas en su estilo. A la jovialidad y ligereza del estilo concertante del Septimino, tan agradable de escuchar, se opone el Quinteto de Weber con su aliento romántico y resonancias casi operísticas en las melodías cantabile encomendadas al clarinete.

The Academy of Ancient Music con instrumentos de la época, recrea con fidelidad estas preciosas partituras consiguiendo un disco delicioso para el amante de la música de cámara.

Autores y editores

No pueden vivir separados, pero se entienden con dificultad: los autores aspiran a entrar en un reino de inmortalidad literaria cuya llave guardan los editores.

Pese a estar condenados a entenderse y a no concebirse separadas sus respectivas existencias, no puede decirse que, en líneas generales, la relación entre los escritores y los difusores de su obra sea muy cordial. Sin duda, son más numerosos los motivos que empujan a una buena sintonía entre autor y editor que los opuestos; pero los elementos que conspiran a introducir la discordia en su diálogo son más poderosos e influyentes. El dinero, el muchas veces legítimo afán de ganancia y lucro, anda, naturalmente, metido en ello. La actitud en que se colocan ante él uno y otro agente del proceso literario es diferente.

Por esta causa y también, desde luego, por otras, como las diferencias estéticas o de planteamientos y objetivos, son raros los ejemplos que la historia muestra una perfecta identidad de propósitos y metas entre ambos. Siempre hay reservas, penumbras y disfuncionalidades entre sus respectivos papeles. Un genio como Schopenhauer vio cómo el editor de su primera y más importante obra, «El mundo como voluntad y representación», se cerró en banda a publicar veinte años más tarde su «Parerga y Paralipomena» por la escasa audiencia de aquélla, y al fin pudo topar con uno que se arriesgó con los Parerga, aunque con la sola retribución de diez ejemplares en buen papel, de una tirada de setecientos cincuenta, que, en esta ocasión, sí se agotaron casi instantáneamente… Cuántos grandes libros en la crítica, el ensayo o la narrativa anduvieron huérfanos y errantes de editor, y encontraron cerradas a cal y canto todas las puertas del arte de imprimir. Un novelista vasco con fama de gafe, y miembro de la Real Academia más que por sus méritos no escasos, ciertamente, por la siempre poderosa presión de los clanes norteños en Madrid, escribió una obra El Premio con el exclusivo fin de quemar en efigie a uno de los editores más célebres de toda la centuria, refractario a incluir en sus catálogos la producción incesante de su flagelador. Galdós llegó casi a arruinarse a fines del siglo pasado repetiría la experiencia… por un famoso pleito con su primer editor, y ello pese a poner su contencioso en manos de Maura, que lo defendió con inteligencia y calor extremos. Y durante varias décadas del pasado más reciente, se ha arrastrado la disputa jurídica entre los herederos de D. Gregorio Marañón y un afamado editor andaluz avecindado en Barcelona, siendo, por otra parte, el cuento de nunca acabar los conflictos producidos por el enfrentamiento casi ineluctable entre los descendientes de las figuras literarias y sus editores más habituales o consagrados.

Esto sucede en España y también en todos los países. Sin embargo, en naciones como Alemania, Inglaterra o Francia, los puños suelen estar más enguatados y funcionar mejor la organización editorial. Un pensador de prestigio internacional y escritor de raza, Jean Guitton, nos ha hablado en un precioso libro «Portraits et circonstances» de sus experiencias editoriales. No han podido ser mejores, por el profesionalismo y la viva conciencia del editor galo de que la cultura es el principal producto de exportación de su patria y el que más ha contribuido y contribuye aún a su presencia e irradiación internacionales. En uno de los pasajes de sus atípicas memorias, relata Juan Goytisolo, con indisimulable admiración, los usos y maneras así como la acogida recibida en el templo máximo del mundo editorial del país vecino: Gallimard, patricia mansión hodierno sacudida por fuertes vendavales a consecuencia de las condenadas herencias y legados testamentarios. De la misma y mítica editorial nos traza también un vívido cuadro un escritor todavía poco conocido en España, no obstante la calidad de su trabajo y la magia de su pluma. El aristócrata Jean d’Ormesson, coincide en lo sustancial con el novelista catalán, pero no sin que al desgaire, deje de insertar en sus cuadros algunas lobregueces y sombras; y no faltan en los anales literarios franceses de este siglo y del anterior, los antagonismos y luchas entre editores y autores, como vienen a recordarlo, entre otros muchos, los casos de Chateaubriand, Gide o Claudel. En otros países, como Italia, la politización ha estragado el campo, a menudo con mayor responsabilidad del lado de los editores que de los poetas, novelistas o eruditos. Las aduanas ideológicas han funcionado y aún funcionan allí con rara perfección, en particular, si se piensa que es una nación latina de la que hablamos.

Pero, con todo, las hostilidades no reinan siempre por doquier. Una casa solariega de la producción literaria hispana enriquece sus estancias con las fotos de sus autores más acreditados. Pilotada por Carlos Barral, controvertido personaje, gran poeta y mejor memoriógrafo, Seix Barral fue lugar de encuentro e impulso para las tendencias más renovadoras de los años centrales del novecientos. Algunas otras editoriales barcelonesas las más importantes hasta tiempos muy próximos de todo el panorama nacional, gozaron de fama bien merecida de focos culturales de primera magnitud, alejados de la imagen legada por tantos escritores presentes y pretéritos de unas empresas leoninas y atentas tan solo al negocio. Este, por supuesto, no es incompatible con la amistad e incluso fraternidad de escritor y editor. Otro barcelonés, muy conocido por sus señas de identidad fenicias, piloto de la revista y la editorial Destino en su época aúrea, sostuvo un trato cordial y confiado con Delibes, Cunqueiro y otros autores geográficamente periféricos, colaborando en su promoción inicial. El mismo editor se caracterizó también en la historia de este capítulo de la literatura española por el culto idolátrico y la afección nunca desmentida que demostró hacia Josep Plá, defendiéndole a capa y espada de las insidias del catalanismo cavernario, según viene a confirmarlo un libro reciente que pretende, sin conseguirlo, enlodar la memoria de uno de los prosistas más universales y egregios de las letras hispanas contemporáneas.

En la entrada de una nueva civilización las relaciones entre escritores y editores se llevarán a cabo probablemente con procedimientos y, sobre todo, con técnicas distintas a las que se han conocido durante varias centurias. Sin embargo, seguirán condicionadas por las premisas de siempre. El autor seguirá representando el papel de demandante y eterno pedigüeño y el editor tendrá en sus manos el sortilegio de su triunfo o fracaso, pues, como dijera un escritor que supo mucho de estas cosas, Ramón Gómez de la Serna, el verdadero autor aspirará, ante todo y sobre todo, a la inmortalidad, cuyas primeras y decisivas llaves están y estarán in aeternum en poder de los editores…

El libro, cosa de todos

¿Hacia una sociedad más torpe e ignorante?

¡Esos libros son vida, señores, son vida!

Witold Gombrowicz-Ferdydurke

Parece ser que la Feria del Libro de Madrid se cerró con una nueva marca de ejemplares vendidos que sorprendió a todos, incluso a los turistas extranjeros. Es una buena noticia para la cultura española. Ahora viene lo difícil: que el rumbo iniciado se mantenga y, de ser posible, se incremente en el tiempo.

Si cuestionamos su duración es porque las encuestas realizadas últimamente sobre el hábito de lectura de los españoles ofrecen un panorama desolador. Con motivo del Liber 94 se apuntó que la media nacional de consumo de libros al año es de… ¡3,3 ejemplares! Produce sonrojo tal cifra. A mayores, en el Informe sobre la sociedad española 19931994, dirigido por el profesor Amando de Miguel, se señala la pertinacia de la sequía lectora: el 28% de los hogares no compró un libro en 1992 y el 13% adquirió más de 20 libros. Dicho informe vino en señalar, además, que existe una gran confusión en nuestra sociedad por cuanto que se mezcla la cultura con entretenimiento y la comunicación con diversión. Y añadía que en el año 9091 el gasto en libros fue de 627 pts.año y el dispendio en bares y revistas sumó las 8.130 pts.año. ¡Aviados estamos con una realidad tan tozuda!

Por otra parte, los editores catalanes Beatriz Moura y Antonio López levantaban su voz, en diciembre de 1992, contra la enorme profusión editorial de las instituciones públicas estatales, autonómicas y locales, produciendo alegremente libros inservibles e inalcanzables en escandalosa competencia desleal con el sector editorial y a costa de los contribuyentes. Y aportaban datos concretos: el 25% de la producción editorial de España 8.000 títulos se asigna a este concepto. De añadidura, facilitaban una serie de tendencias perversas, alertando así de lo que, realmente, está sucediendo: el número de lectores se estanca; las librerías de fondo desaparecen; los editores bajan sus producciones; los costes de producción se elevan, como también suben los precios de venta de los libros. El panorama, pues, se presenta complicado.

Inmersos como estamos en una «imaginitis aguda» hinchazón visual y mental que deteriora impunemente la sensibilidad y paraliza el latido del corazón no es de extrañar que todas estas cosas ocurran. También que los espectaculares resultados de la Feria del Libro de Madrid sean más bien un efecto no pretendido de la brujería al uso de las tribus urbanas. Los rasgos de éstas podrían perfilarse así: coleccionistas de pins y otras nimiedades; se realizan intelectualmente mediante las técnicas del Karaoke; y subliman, es un decir, su peculiar realidad en la ruta del bacalao, cuajada de alcohol, velocidad, espasmódicos bailongos y palabrería vana. Tengo para mí que una sociedad sin lectores se coloca al borde de la nada, que es una enfermedad grave y casi incurable. A estas alturas del siglo me pregunto: ¿es posible que la sociedad española haya tomado partido por la ignorancia?

Lógicamente, la percepción del escritor en esas cuestiones es crítica y un pellizco pesimista, puesto que el medio ambiente que le rodea está colmado de soledad, egoísmo y hedonismo. La vida del escritor, como dijo Burgess, hierve por dentro, no por fuera: y cuando se enfrenta a la realidad ignara su alma se aflige y compunje. La lectura es una convivencia sutil entre el escritor y el lector, es una experiencia compartida que enriquece a pesar del empeño que conlleva: no hay lectura de un libro sin esfuerzo del lector.

La obra literaria se define como una creación del espíritu, en donde el escritor es un elemento más y decisivo de la realidad nueva que elabora estéticamente. Leer las palabras escritas con paciencia es inventarlas, como diría Borges. Por eso, el escritor debe escribir los libros que lleva dentro y sin concesiones al lector, puesto que si el escritor intenta gustar acabará por rebajarse, como señaló Epicteto hace mucho tiempo. En la ponencia presentada por el apócrifo Doctor Eduardo Torres al Congreso de todo el Continente latinoamericano, en mayo de 1967, en el pueblo de San Blas, se afirmaba: escribir es vivir. Efectivamente, escribir es, para el escritor, la única manera de vivir. Y para el lector ocurre lo mismo, pero al revés: no se puede vivir sin leer. Es por eso que el que lee tiene el derecho, por lo menos, a la honradez del que escribe, afirmó la cubana Dulce María Loynaz.

De todas formas, y ante tantas pesadumbres y asechanzas antiliteratura, la potencia editorial de España es un hecho incuestionable… y eso que el 42% de los conciudadanos mayores de edad no lee un solo libro al año. Doce grupos editoriales facturan el 75% del total editado 46.000 títulos más 11.365 títulos de traducciones, ocupando el segundo lugar de los socios comunitarios. Las exportaciones del sector editorial continúan a buen ritmo crecen al 9,05% pero la tirada media oscila entre 3.000 y 5.000 ejemplares, es decir, estamos en los niveles de lectura de mediados los años sesenta… cosa que no debe extrañar porque los jóvenes los lectores potenciales sólo dedican catorce minutos diarios a la lectura, frente a los ciento veintiún minutos diarios que dedican a ver la televisión. Estos últimos datos, proporcionados por el Ministerio de Cultura, me llevan a realizar una serie de reflexiones literarias a fin de encandilar el rezago de lectura que nos frecuenta.

A una ilustre escritora argentina, Victoria Ocampo, le pesaba sobremanera el fardo de la melancolía y para superarlo se refugiaba de continuo en el silencio embriagador de su biblioteca. Rodeada de libros sentía una fuerte y siempre renovada necesidad de coleccionar almas, las de los seres admirados y queridos. Y cuando se ponía a escribir, esta bella dama se dejaba arrebatar por la idea de que era la mejor manera de aprender y ordenar su peculiar mundo interior. Aquí y ahora, las bibliotecas domésticas parecen servir únicamente para exhibición ante las visitas: se ven los libros pero no se tocan; menos aún se leen.

A pesar de los progresos técnicos y económicos de toda suerte, uno considera que los ruidos nos ensordecen y acartonan la sensibilidad, y el paisaje interior de cada cual se reduce a su desafortunado afán de verse sumergido en la marejada de trastos, más o menos inútiles, huyendo del libro y del placer sosegado de la lectura como si del mismísimo diablo se tratara. Mi escalofrío lo comparte un colega uruguayo cuando pone en boca de uno de sus personajes el pensamiento siguiente: y el tiempo iba pasando y yo lo perdía, lo perdíamos todos. ¿No perdemos paso a paso la vida rodeándonos de cachivaches que tanto lucen y tan poca intimidad otorgan?

Ciertamente, espanta ver cómo masas amorfas e indefensas de teleadictos se dejan narcotizar por bazofias burdamente montadas para destacar los más primarios instintos de la persona humana. Resulta estremecedor el modo aberrante el de la meningitis aguda en que se están conformando las mentalidades y los comportamientos uniformes y acríticos, con la supuesta pretensión de construir un futuro mejor del que nos ha tocado en suerte.

Dos frases esperpénticas, pero cotidianas, sirven para describir el mal generalizado, casi endémico. Una Mi Manolo no me lee dice la santa esposa a sus amigas en una merienda, a propósito de su marido, Y dos: ¡Niños, a vuestro cuarto que os pongo un vídeo o si no a entretenernos con los vídeojuegos! grita la mamá a sus hijos desde la cocina al regreso del colegio. Entiendo que para tal vividura no hemos hecho tan largo viaje. Parecería que se ha abierto la veda de nunca acabar contra la palabra escrita. ¿Es que acaso, a los escritores se nos condena a ejercer de dineros en los semáforos menos transitados? ¿Somos una especia a extinguir? ¿Es el libro una peligrosa pieza a abatir?

La adicción a la pequeña pantalla en sus distintas modalidades pero en color está causando estragos en la cultura literaria de la sociedad española. Ante panorama tan ralo repaso, una y mil veces, la sabia frase de la andariega monja abulense: Las palabras llevan a los hechos. Preparan el alma, dejándola lista, y la conducen hacia la ternura. Aquí y ahora, sobra crispación, violencia y sexo duro y sin amor, echándose en falta la beatífica sonrisa tras la lectura de un buen libro.

«Hay que levantarse de la tierra. Aférrate al libro», aconsejaba el angustiado Kafka a su novia, en 1916, desde Marienbad. Creo que una sociedad que no lee se sitúa al borde de la total indefensión. Al contrario, con la lectura el ser humano se hace entero, se completa, hasta con la parte muda, silenciosa e inaprensible de la palabra escrita. Gracias al libro, a los libros, la imaginación amplía nuestra realidad cotidiana y nuestra personalidad se potencia y enriquece. Con la lectura se descubre el silencio, un silencio sin rencor y promisorio, donde, a través de las palabras, revolotean los recuerdos y el paso de los días ya gastados. Leer es sacudirse la pereza del alma y adentrarse por los senderos de la imaginación, siempre cuajada de aventuras impensables.

Mis palabras, por tanto, abogan por la construcción de un nuevo espacio interior que amplíe y diversifique nuestro horizonte vital. Por dignidad y por principio rechazo el reduccionismo, la manipulación y el sesgamiento de una realidad, conflictiva sí, pero dinámica y apasionante. Mis palabras aspiran a que todos, sin distinción ni exclusiones predeterminadas, puedan encontrar un hueco en su agenda para que, con la lectura de libros, destierren de su lado la vulgaridad alienadora y sean capaces de escuchar los auténticos latidos del corazón humano.

Parafraseando al escribiente borgeano me permito prevenir a los lectores que mi preocupación y mi vanidad se sobreponen a mi lástima. También que rehuso, con toda la fuerza que puedan tener mis palabras, a dejarme encandilar por el viento rabioso de la frustración para que no me introduzca en la espesa bruma de la nostalgia. Escribo y leo, luego existo. El libro es cosa de todos; hay que salvarlo de las piras invisibles y siniestras que se organizan a nuestro alrededor, tan inútilmente agitado.

Cuenta Edith Wharton en sus memorias que, siendo una niña, su regreso al viejo Nueva York significó el reencuentro con la biblioteca de su padre. Era de roble y contaba con ochocientos títulos bien seleccionados. Y confesó tras el hallazgo: Ahora disfrutaba por primera vez de un hartazgo de libros. Y un poco más adelante señalaba: nadie de mi edad me resultaba tan cercano como las excelsas voces que me hablaban desde los libros. Sí, los libros producen emociones, amplían la sensibilidad y fortalecen el espíritu para encarar el futuro ignorado. Sí, los libros son cosa de todos. Estamos todos comprometidos para salvarlos: los libros son vida.

En ruta por las autopistas de la informacion

La red de televisión está empezando a ser considerada una pieza de museo. El futuro es el cable: las autopistas de la información transformarán de modo radical nuestra sociedad.

Hasta hace no muchos años aparecían como sectores distintos y absolutamente diferenciados la televisión, la informática y las telecomunicaciones. Además, nuestras tecnologías eran analógicas. Pero hoy ha irrumpido una nueva técnica en la que se fusionan televisión, telecomunicaciones e informática y en la que va a predominar, con carácter prácticamente exclusivo, lo digital.

Este giro, este nuevo punto de vista, es lo que ha dado lugar a esa feliz expresión autopistas de la información, debida al actual vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore. Pero no se trata, y esto es lo verdaderamente importante, de una tecnología más, surgida como consecuencia del desarrollo científico, sino que se trata de algo que va a cambiar, de forma radical, nuestra organización social, desde las diversiones al trabajo, pasando por la sanidad y la enseñanza. Las autopistas de la información son comunicaciones en banda ancha. Actualmente, la mayoría de las comunicaciones están basadas en impulsos eléctricos enviados a través de cables de cobre. Por el contrario, la banda ancha actúa enviando impulsos de luz a través de filamentos de cristal o de fibras ópticas. La luz permite la transmisión de mucha más información que la corriente eléctrica y permite, además, una gama mucho mayor de frecuencias. De aquí proviene el término banda ancha. Pero, junto con estas innovaciones, se ha producido, en los últimos años, una nueva tecnología, que consiste en comprimir la información, lo que abre una nueva serie de posibilidades que apenas podemos vislumbrar. El futuro reside en el cable, de fibra óptica, y en el satélite. La red de televisión está empezando a ser considerada como un objeto arcaico.

Y, ahora, vamos a exponer algunas posibilidades, de las muchas que van a tener las autopistas. Uno de los primeros servicios puede ser el de las cadenas de televisión por cable, con la misma calidad de imagen que ofrece el cine y con la posibilidad de elegir el idioma de doblaje de la banda sonora. Además, la televisión se convertirá en un medio interactivo.

Otra aplicación puede residir en el teletrabajo. En muchos casos, no será necesario desplazarse a la oficina. Disponiendo de una terminal adecuada se podrán enviar gráficos, datos, textos o imágenes, por medio de la línea telefónica. Y se podrán igualmente recibir. Y todo ello tanto en el ámbito nacional, como continental y mundial.

En cuanto a la sanidad, un médico podrá asesorar a un paciente, una vez recibidos una serie de datos a través del satélite o de la fibra. Y lo mismo en el campo de la enseñanza.

¿Y los puestos de trabajo? Desde la primera revolución industrial este tema está sometido a debate. Recordamos ahora a los ingenuos ludites, aquellos obreros que destrozaban los telares, porque pensaban que les quitaban puestos de trabajo. A éstos se les podría recordar que, cuando llegaron los primeros ingleses a Norteamérica, aquella enorme extensión de terreno que daría lugar, siglos más tarde, a la nación más poderosa del mundo, albergaba tan sólo a unas pocas tribus indias. Hoy da trabajo y sustento a millones de personas. Y con unas condiciones de vida muy superiores a las que tenían los indios. Si es discutible que una tecnología quite, a la larga, puestos de trabajo, parece claro que, a corto plazo, produce una distorsión del mercado laboral. Hay que acomodar masas de trabajadores a nuevos empleos, que exigen distintos conocimientos y diferentes aptitudes. Y todo ello no es fácil cambiarlo en un plazo de tiempo relativamente breve.

Las autopistas de la información se van a desarrollar, entre otras razones, para crear puestos de trabajo. Al menos, eso se pretende. Así, el Libro Blanco sobre crecimiento, competitividad y empleo, presentado en 1993 por Jacques Delors, concede un lugar muy importante a la creación de grandes redes de infraestructuras de energía, transportes y telecomunicaciones para poner el progreso al servicio del empleo y la mejora de las condiciones de vida. Y, además, afirma que el enorme potencial de nuevos servicios en los ámbitos de la producción, el consumo, la cultura y el ocio creará gran número de puestos de trabajo. Y añade: El único interrogante es si se tratará de una creación estratégica de toda la Unión o de una amalgama mucho más fragmentaria y mucho menos eficaz de iniciativas individuales de los Estados miembros. También alude a que, si Europa llega tarde, nuestros proveedores de tecnologías y servicios carecerán de potencia comercial para hacerse con una parte de las enormes oportunidades que se avecinan a escala mundial. Se afirma que el mercado llevará la dirección… La primera tarea de los gobiernos consistirá en proteger las fuerzas competitivas. De todos modos, se trata de una apuesta a nivel mundial, a la que los distintos países se encuentran forzados a dar soluciones coordinadas.

Red Universal de Información

Esta Red Universal de Información tiene la ambiciosa idea de poder suministrar información a cualquier persona, en cualquier momento, sin ningún tipo de límites o restricciones. O sea suministrar servicios multimedia interactivos (voz, datos, textos e imágenes). Se constituye de esta forma un macrosector que, según todas las previsiones, tendrá un efecto locomotora sobre las restantes actividades industriales y de servicio.

Ha sido Estados Unidos, una vez más, el iniciador de estas actividades. En 1989, se estableció un programa dirigido por la Corporación para las Iniciativas Nacionales de Investigación, asociación de empresas sin ánimo de lucro, para unir por fibra óptica los centros de proceso de información. En 1991, el presidente Bush firmaba un Plan de Actuaciones e Informática y Comunicacioens, que incluía la creación de una Red Nacional de Educación e Investigación. Más tarde, en 1993, Clinton proponía un plan de ayuda a las nuevas tecnologías, que concedía incentivos fiscales por valor de 17.000 millones de dólares. En los presupuestos de 1998, se alcanzarán los 36.600 millones, lo que significa un crecimiento del 100 por ciento a lo largo de cinco años.

Como ha sucedido siempre o casi siempre, los problemas tecnológicos acaban teniendo solución. Son más complicados los problemas económicos y políticos. La Unión Europea se ha enfrentado al reto de las autopistas de la información bajo dos principios políticos: una progresiva liberalización de las comunicaciones y conseguir un aumento del grado de competitividad entre los distintos operadores. Pero hasta este momento, pese a los esfuerzos de la Unión, los distintos países que la integran tienen unas políticas de telecomunicación claramente diferenciadas. Y no resulta fácil compatibilizarias. Además, no lo olvidemos, la idea de una Europa de dos velocidades, o de geometría variable (nuestros tiempos se encuentran tan dominados por lo tecnológico que hasta en política se utilizan términos de la mecánica) está tomando cuerpo, cada día más. Probablemente, la Europa de primera velocidad será la que consiga agruparse en torno al eje BerlínParís, en donde se cobijarán los tres países del Benelux.

El problema de los contenidos

Una de las características de los tiempos que vivimos es la continua aparición de nuevos productos tecnológicos. Nos encontramos en los antípodas del pensamiento de Bacon, el hombre que entregó su vida a una sola idea: estimular la afición a la ciencia como la mayor fuerza transformadora del hombre y de la Naturaleza. Ahora nos encontramos en el polo opuesto. Los avances tecnológicos empiezan a no interesar, a no saber qué hacer con ellos. Si tenemos una autopista de la información capaz de transmitir simultáneamente 500 canales de televisión o 5.000 conversaciones telefónicas, el grave problema que se presenta es cómo llenar de contenido todas esas posibilidades. Ahí reside el meollo del problema. Si programar los seis canales de televisión existentes en Madrid es una tarea ardua y difícil, ¿qué será programar 500 canales? Y el receptor, ¿cómo asimilará, o qué asimilará, de toda esa información? Un escritor italiano, Alberto Moravia, ha denunciado que una enorme cantidad de información acaba produciendo el efecto opuesto, el de la desinformación. La guerra entre las multinacionales de lo audiovisual va a residir en los contenidos, no en la infraestructura tecnológica. Hasta ahora, en la industria de los contenidos, Estados Unidos ha estado a la cabeza. Hoy se prepara, para seguir conservando esa superioridad. El que domine los contenidos habrá dominado al mundo. Lo demás es tramoya, por muy sofisticada que pueda parecer.

El jardin, donde la naturaleza se convierte en arte

Los jardines no son producto ni parte de la naturaleza, porque en ella no existen jardines: el jardín es un logro humano.

El mal tratado concepto de jardín y su esquivada consideración artística están consiguiendo que el error y la confusión se adueñen de muchos que hacen jardines y de casi todos los usufructuarios. La remota existencia del jardín no puede achacarse a una necesidad del hombre primitivo de rodearse de verde, ni de naturaleza, en la que estaba ya inmerso. Actualmente naturaleza es un término abusivamente utilizado, como si sólo la vegetación lo fuera. Lo primordial para la existencia del jardín fue la existencia del hombre. Antes del hombre no había jardines, y sin él no los hubiese habido. Los jardines no son producto ni parte de la naturaleza. No existen jardines en la naturaleza. El jardín es un logro humano. Lo que el hombre realizó no fue un sucedáneo o una repetición de su entorno, ni una continuidad, sino una diferenciación y hasta una sublimación. Por la voluntad creadora a la consecución de la obra, no como un fin sino como un medio de enaltecer, de reverenciar, de alcanzar un más alto destino, el contentamiento de su espíritu.

El hombre, ser pensante, fue manifestando en el jardín sus deseos tanto como sus temores y transformó un lugar elegido que protegió como un bien mayor que el circundante.

Esta catarsis tuvo lugar en el huerto neolítico, productor de alimentos, fijador de hombres y propulsor de la civilización: el sedentarismo y el conservadurismo, la domesticidad y la utillería provocaron el nacimiento de las tradiciones. El sentimiento religioso y el sentimiento estético, el huerto sacralizado fue el antecesor del jardín. La utilidad del huerto fue aventajada por un valor superior, más allá de lo atendido por los cinco sentidos, la conexión con el intelecto.

El jardín donde lo invisible trata de hacerse visible, aún parcialmente, y donde incluso lo no visible puede transformarse de la manera más absoluta. El jardín, paisaje creado por la mente humana, es expresión de la infinitud del espíritu y de su libertad. De la búsqueda de aquello que enaltece, de lo bello y lo sublime.

El jardín no fue nunca un instrumento para, dónde o con qué. Es una plasmación de lo mental que volverá a ser interiorizado en cada nueva persona y en cada momento nuevo. La materialidad del jardín es el medio de su idealidad, que viene de la razón y del sentimiento.

En el transcurso de la historia los hombres han realizado jardines, y los que han subsistido, o sus referencias, son el mejor documento del pensamiento humano.

El triunfo de Asurbanipal se celebró en un jardín y no en una sala aúlica. Música, vino, sombra, perfume, carecían de sentido sin la cabeza del enemigo colgada frente a los ojos del rey tendido bajo un emparrado, efímera arquitectura creada por el hombre. Dosel formado de pámpanos, hojas de vid y racimos de uva. Espacio de privilegio destinado al vencedor.

El Bosque Sagrado de Bomarzo, con sus restos escultóricos y arquitectónicos, de estructura difuminada y de plantación desaparecida, si es que la hubo alguna vez, transmite con la mayor fuerza, con una fuerza impactante incluso hasta el trastorno físico, el pavor, el rencor, el odio, la venganza, la lujuria, el fracaso, la burla, el estupor, resaltados por la presencia sutil del orden, la medida, la proporción y el símbolo.

Los jardines de Versalles son el más claro exponente de un régimen político y su más eficaz colaborador. El absolutismo, el poder centrado en una persona y la grandeza de una mente. Del rey al infinito en el horizonte sin fin, punto perdido entre las brumas. Sol forzado a incendiar horizontalmente el espejeante trazo de agua y el rigor geométrico que prolonga en Versalles la línea de la razón, entre la verticalidad verde de las rígidas pantallas que enmarcaban la desmesura del egocentrismo.

Hacer creer que el fin de un jardín, su excelencia, sea la paz, la oxigenación, la crianza vegetal, es tratarlo con ignorancia y menosprecio.

Cada jardín tiene elementos y características superiores a los bienes generales, repetitiva y trivialmente nombrados, y un propósito exclusivo e incomparable, una composición única, insustituible, para transmitir una idea en un sitio específico, en abierta comunicación con el universo.

Los jardines no existen para la función social de la expansión higiénica o la utilidad recreativa, fines a los que se prestan mal, a menos que se les agreda para hacerlos compatibles para esas funciones. Los jardines no son zonas verdes instrumentalizadas, no son áreas de servicios ni lugares suceptibles de recibir objetos heterogéneos e inconexos sin relación con la composición y ajenos a su esencia.

El uso del jardín debe ser tan leve que no sea abuso, que no haya explotación. El jardín no debe ser distraído de su propia esencia: la de ser jardín. Los jardines no son espacios para utilizar; eso comporta su desfiguración, la negación de su figura, el paso importante para su desaparición. El jardín, expresión del espíritu, no requiere de los múltiples servicios con que se les quiere dotar a posteriori tantas veces, ni es campo de cultivo ni de salubridad.

La razón de ser de un jardín, el lugar donde el arte supera a la naturaleza, lo importante, es ese mensaje único que transmite en plenitud de matices no estáticos, de lecturas innumerables y lenguaje recíproco.

La idea genera la forma, el contenido, la expresión. Entre lo real y lo ideal habita lo bello y lo sublime. En la contemplación, el mirar para reflexionar, mirar fuera y ver dentro, se recrean la memoria y la imaginación. En el instante que es el presente, el pasado y yo, el futuro y yo. Lo que ya no es, pero está. Lo que aún no está pero será.

Si se tuviera en cuenta que determinados elementos son componentes de una idea estética no se les cambiaría, no se les suprimiría no se les añadirían otros objetos, extraños a la intención original. La alteración de estructuras básicas que borran el trazado expresivo elegido o la sustitución de calidades llevan a la destrucción de la pura emoción estética.

Convertir un bien de fruición en un bien de consumo es asolar un jardín. El utilitarismo aplicado a un jardín es heraldo de la destructividad.

Los silencios entre los sonidos son indispensables para la música, son partes del orden compositivo de la misma manera que son los espacios de la obra de arte no se pueden llenar, porque la destruirían; la medida de esos espacios, aparentemente vacíos, aunque no de contenido, es el contrapunto de los volúmenes, elementos dispuestos de un modo determinado en un jardín: intervenir en ellos es romper su armonía. Los jardines no son espacios de acumulación, sino de selección.

Dedicarse sólo a describir y enumerar las especies vegetales de un jardín sería como contabilizar sólo las corcheas y las fusas de una partitura. No se llegaría a oír, no se podría sentir y por lo tanto no se podría pensar y repensar en ese flujo y reflujo que hay entre el yo y la obra.

Hay que esperar que los visitantes de un jardín se compenetren con él, sea cual fuere su condición. No se selecciona al público de una ópera o de una muestra plástica. El acontecimiento es la comunicación entre las partes en este caso personajardínpersona. Con la ventaja de que el jardín es un espacio para ser, no solamente el espacio con que se convive sino el espacio en el que se vive, donde se alcanzan vivencias superiores.

Hay que defender los jardines por su belleza. Cuanto más antiguos con mayor empeño.

Esta compleja creación de idea, espacio, tiempo, luz y vida, el arte de los jardines, no puede confundirse con la técnica de realización, la jardinería.

La arquitectura del paisaje, responde al país o al entorno, a lo que se ve alrededor, que no es algo caótico sino algo ordenado, hecho sabio (pays sage, país sabio). Este largo aprendizaje especializado carece de respaldo en algunas partes del mundo, aunque lo realmente incomprensible es que los jardines no figuren en los tratados de historia del arte.

El abastecimiento de agua en las grandes ciudades

Los países industrializados y en vías de desarrollo deben hacer esfuerzos para resolver las necesidades de agua de las ciudades.

Desde mediados de este siglo existe una fuerte tendencia migratoria desde las zonas rurales a las zonas urbanas. Desde 1960 a 1990 la población urbana pasó de 1.000 millones a 3.500 millones y es previsible que esta tendencia continúe en los próximos treinta años. Entre las diversas causas de esta emigración hay dos especialmente significativas. La primera es el desarrollo tecnológico agrícola, que ha permitido aumentar considerablemente la producción por unidad de superficie cultivada y por trabajador agrícola; por tanto hace falta mucha menos mano de obra para producir los alimentos necesarios para la humanidad. La segunda, radica en que la mayor parte de la riqueza en todos los países se produce, principalmente, en las zonas urbanas. Esto es un hecho claro en los países industrializados en los que la población activa dedicada a la agricultura rara vez alcanza el 10% del total. En los países en vías de desarrollo en las zonas urbanas se suelen producir dos tercios de la riqueza del país, aunque en esas zonas urbanas sólo vive un tercio. Es, pues, poco probable que vaya a cambiar la tendencia de la población a emigrar a las zonas urbanas desde las rurales. Por ello, tanto esos países en vías de desarrollo, como los industrializados, deben hacer un esfuerzo no despreciable para garantizar un adecuado abastecimiento de agua y un saneamiento de sus zonas urbanas en constante expansión.

En conjunto, a nivel mundial, puede decirse que el problema del abastecimiento de agua para las zonas urbanas no es un problema de escasez del recurso, sino de una deficiente gestión. Basta quizá recordar que el principal uso del agua a nivel mundial es el regadío, con un 6070% de los usos totales. En España, según la Memoria del Plan Hidrológico Nacional (versión de abril 1993), los usos urbanos suponen aproximadamente el 12%, el regadío el 8085% y el resto son usos industriales independientes, es decir, no unidos a un sistema urbano. La problemática del agua urbana varía de modo muy considerable de una región a otra, en función, principalmente, de sus condiciones climáticas, pero también influyen notablemente sus circunstancias económicas, políticas y culturales. Incluso dentro de España hay cambios notables. El uso urbano supone sólo el 4% en la cuenca del Ebro; en cambio, llega al 53% en el Pirineo Oriental.

En cualquier caso, los problemas de abastecimiento y saneamiento urbano no son científicos o tecnológicos, sino económicos y políticos. De acuerdo con el espíritu del reciente Manifiesto de Heidelberg (1992), pensamos que no hay motivos para actitudes catastrofistas en relación con el aumento de la población, ni con su concentración urbana.

Como antes se dijo, el uso del agua para abastecimiento urbano en España es una pequeña fracción del total de los usos de agua. Parece, pues, que no deberían existir en España problemas de restricciones de agua para usos urbanos. Sin embargo, ha habido restricciones en épocas recientes; y las hay todavía. En la última década ciudades tan importantes como Madrid, Cádiz, Sevilla y Bilbao, han tenido restricciones de agua que, en el caso de las tres últimas ciudades, han sido o son muy serias. Cabe preguntarse cuáles pueden haber sido las causas de esta situación: ¿Una sequía anómalamente severa? ¿Un desfase entre el crecimiento de la demanda y la construcción de infraestructuras? ¿Falta de trasvases entre cuencas hidrográficas excedentes y deficitarias? ¿Despilfarro de agua por parte de los usuarios? ¿Mala gestión?

Además, largos tramos de nuestros ríos están contaminados y sus aguas no reúnen los mínimos de calidad necesarios. Para superar esta situación se ha anunciado hace ya más de dos años un magno programa de construcción de Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) con una inversión del orden de 1 a 2 billones de ptas. en los próximos 10 a 15 años.

¿Cuánta agua necesitan nuestras ciudades?

Con motivo de la preparación del Plan Hidrológico Nacional, este tema ha sido ampliamente debatido. El MOPT señaló a las Confederaciones Hidrográficas las dotaciones máximas por persona y día que deberán utilizarse para el cálculo de las demandas de agua urbana en la preparación de sus respectivos Planes Hidrológicos de cuenca. A modo de regla sencilla y aproximada, cada ciudad necesita unos 100 m3 por habitante y año. En esa cifra van incluidos no sólo los usos domésticos, sino también otros usos urbanos (riego de parques y jardines, limpieza viaria, etc) y los usos industriales y comerciales dentro de la propia ciudad; y, por supuesto, las pérdidas que inevitablemente se producen en la red urbana de distribución de agua. Estas pérdidas rara vez son inferiores a un 10% y, en abastecimientos antiguos o mal gestionados, pueden fácilmente alcanzar el 50%, es decir que la mitad del agua traída a la ciudad no tiene un uso útil, sino que se pierde por fugas en las tuberías de distribución.

En España actualmente, el uso total de agua para usos urbanos es de unos 4.300 Mm3año. En cambio, los usos para el regadío ascienden a casi 25.000 Mm3año. Esta desproporción todavía es mayor si se tiene en cuenta que la mayor parte del agua utilizada para usos urbanos vuelve a un río o al mar. En cambio, el agua utilizada para regadíos en su mayor parte vuelve a la atmósfera en forma de vapor.

La desproporción que existe entre el uso de aguas superficiales y subterráneas en nuestro país es muy notable. Solamente Noruega, entre los países europeos, hace un menor uso relativo de las aguas subterráneas que España. Esta situación anómala no se debe a nuestras circunstancias climáticas y geológicas, sino a un conjunto de factores culturales y administrativos catalizados por la tradicional oposición a utilizar aguas subterráneas para el abastecimiento de Madrid, mantenida desde hace muchas décadas por el Canal de Isabel II, la entidad responsable del abastecimiento de la capital desde el siglo pasado. Actualmente el Canal de Isabel II es responsable del abastecimiento de agua de prácticamente toda la Comunidad de Madrid (unos 5 millones de habitantes). Afortunadamente la actitud del Canal de Isabel II hacia una mayor utilización de las aguas subterráneas durante las sequías parece estar cambiando. Ahora bien, este cambio es tan lento que está ocasionando perjuicios económicos y ecológicos a los habitantes de Madrid.

En resumen, la cantidad de agua utilizada para usos urbanos en España (4,3 km/año) no alcanza ni el 20% de la cantidad utilizada en regadíos (25 km/año); además, los usos urbanos necesitan menos del 4% de los recursos hídricos renovables anuales, que son unos 110120 km/año, según los datos oficiales del Ministerio de Obras Públicas.

A pesar de estas optimistas macrocifras, durante períodos de sequía ha habido y hay todavía problemas de restricciones de agua en algunos núcleos urbanos. Casi sin excepción, esas restricciones se han debido a fallos técnicos o administrativos, mucho más que a la severidad de la sequía. Uno de los casos más típicos de esta situación fueron las severas restricciones que tuvo la ciudad de Sevilla a las pocas semanas de clausura de la Exposición Universal en el Otoño de 1992. Pues bien, esas restricciones de 12 horas al día sin agua no se hubieran dado si en el año anterior se hubieran realizado unas obras hidráulicas relativamente simples cuyo coste era del orden del 1% de lo invertido en las obras de la Expo; en otras palabras, las restricciones postExpo de Sevilla respondieron al viejo dicho medieval post festum, pestum. El año largo de restricciones que padeció Madrid (mayo 92 a junio 93) no se debió a la pertinaz sequía, sino al pertinaz rechazo de la utilización de las aguas subterráneas del gran acuífero terciario de Madrid por parte de los directivos del Canal de Isabel II.

En conjunto, el abastecimiento de agua de las ciudades españolas no tendría que plantear problemas si se tomaran las medidas adecuadas a su debido tiempo. Esas medidas no deben continuar siendo simples acciones estructurales, es decir, de construcción de nuevas obras (presas, canales, depósitos, plantas de potabilización, etc). Está todavía por estrenar en España una política efectiva de actuación sobre la demanda de agua, que ha sido muy eficaz en otros países y, singularmente, en California. Esa política consiste en disminuir la demanda de agua mediante diversas técnicas que van desde la elevación de tarifas, el empleo de las aguas usadas para ciertos menesteres urbanos, la instalación de aparatos sanitarios que den el mismo servicio con menos consumo de agua, los cambios en los estilos de jardinería o las campañas educativas.

El problema de las aguas residuales procedentes de los núcleos urbanos

Así como la escasez de agua para el abastecimiento de las ciudades españolas no debería ser un problema de difícil solución, no se puede ser igual de optimista en lo que se refiere al deterioro del medio ambiente causado por el crecimiento urbano. El principal impacto causado por las grandes ciudades en el medio acuático se debe al vertido de las aguas residuales. Estas aguas salen de la ciudad casi con el mismo caudal que entraron, pero muy degradadas en su calidad.

Desde hace bastantes años se conocen aceptablemente bien las técnicas para tratar esas aguas residuales de modo que no perjudiquen sensiblemente la calidad de las aguas de los ríos, lagos o costas a las que se vierten. El coste de esos tratamientos para las ciudades medianas y grandes no es excesivo, como se ha demostrado en los últimos años en Madrid y en Barcelona.

Así pues, la tecnología está disponible, el coste parece asumible y, sin embargo, la mayor parte de las ciudades españolas no tratan o tratan inadecuadamente sus aguas residuales. De modo concreto, según la versión de abril de 1993 del Plan Hidrológico Nacional, solamente reciben algún tipo de tratamiento las aguas de ciudades que albergan el 56% de la población. La directiva 91271 de la Unión Europea sobre tratamiento y vertido de las aguas residuales exige que en todos sus Estados miembros las ciudades de más de 15.000 habitantes-equivalentes estén dotadas de colectores y de estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) para el año 2000 y todas las ciudades de más de 2.000 habitantes-equivalentes para el año 2005.

Lamentablemente, no parece que el cumplimiento de esta Directiva esté siendo muy impulsado en España. Quizá porque se ha pensado que la mayor parte de los fondos para construir esas EDAR iba a provenir de Bruselas y esos fondos parecen remisos a llegar. En cualquier caso, provenga de donde provenga el dinero, es una tarea urgente el que las aguas residuales de las ciudades sean tratadas al menos a nivel secundario. Esto exige la existencia de EDAR, pero sólo con construir esas obras no se arregla casi nada. En 1993 el anterior Secretario de Estado para el agua y medio ambiente declaró que en España más del 90% de las EDAR construidas no funcionaban o funcionaban mal. La versión de 1993 del Plan Hidrológico Nacional dice lo siguiente: Es preciso considerar además, para tomar conciencia de la verdadera situación actual, que existen deficiencias de diseño o funcionamiento… Es asimismo frecuente que las depuradoras construidas en particular las correspondientes a pequeños Municipios, no hayan funcionado correctamente e incluso no lo hayan hecho nunca; tales disfunciones suelen ser el fruto de las dificultades presupuestarias de los respectivos Municipios….

Por ello, tan importante como construir nuevas EDAR es instrumentar los medios para que las ya construidas funcionen bien. Antes que una gran campaña de construcción de nuevas obras, parece necesario sensibilizar al gran público y a los municipios de la necesidad de cumplir con su obligación de tratar adecuadamente sus aguas residuales.

La reutilización de aguas residuales

En un país semiárido como España no pocas veces se habla de la oportunidad de utilizar las aguas residuales en usos agrícolas o forestales, en vez de enviarlas al río o al mar.

La reutilización de aguas residuales para agricultura o acuicultura es una vieja tradición en muchos sitios del mundo, especialmente en ciertos países orientales. En Madrid, tradicionalmente, los huertos del Jarama se regaban con las aguas de este río que recibía todas las aguas residuales de la Capital. Esto hizo que en Madrid hubiera tifus endémicos hasta que esta enfermedad fue prácticamente erradicada hace ya medio siglo. Muchos países avanzados prohiben hoy el uso de aguas residuales urbanas para el cultivo de productos que se puedan comer crudos. Se dedican especialmente a la producción de forrajes o a otros usos como riego de parques y jardines, campos de golf, etc.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que los volúmenes de aguas residuales reutilizables son y continuarán siendo por mucho tiempo pequeños en relación con las demandas hídricas totales. El Plan Hidrológico Nacional (versión de 1993), considera que el volumen de aguas reutilizadas en el año 2002 será del orden de 160 Mm3 y en el año 2012 del orden de 220 Mm3. Estas cifras han sido algo aumentadas en la nueva versión del PHN presentada en Julio de 1994 pero, aún así, son cantidades irrelevantes en la política del agua nacional. En ningún país la reutilización de las aguas residuales tiene un papel importante. Por ejemplo, suponen sólo el 0,2% en los EEUU y el 6% en Israel; no hay que olvidar que Israel utiliza el 100% de sus recursos renovables y España sólo el 3035%. La reutilización de aguas residuales puede ser, de momento, una solución antieconómica en comparación con otras soluciones clásicas. Tal es el caso de Madrid y de otras ciudades próximas, donde el uso de las aguas subterráneas resulta mucho más económico y seguro que el uso de las aguas procedentes de las EDAR con el fin de regar los parques y jardines.

El problema principal (o único) del abastecimiento y saneamiento de las ciudades españolas

En España, como en casi todos los países del mundo, el principal problema para que los abastecimientos y saneamientos de las ciudades funcionen adecuadamente es que las tarifas correspondientes sean las adecuadas y permitan cubrir no sólo los costes de operación y mantenimiento del sistema, sino también los costes de capital y los costes de oportunidad. Es decir, debe repercutir en las tarifas del agua lo que haya que compensar a otros usuarios legales, por lo general agricultores, a los que se prive de modo temporal o permanente del agua para abastecimiento urbano.

Existe hoy una tendencia hacia la privatización de los servicios de abastecimiento y saneamiento. El Reino Unido ha ido en cabeza en este proceso. Es todavía pronto para decir si esa privatización ha sido un éxito o un fracaso. El agua no puede, de hecho, ser tratada como un puro bien de libre comercio dadas sus obvias implicaciones sociales y ecológicas; además, los abastecimientos funcionan, de hecho, en régimen de monopolio.

En España, la tendencia hacia la privatización de los servicios urbanos del agua parece imponerse. Probablemente, en nuestro país el sistema de privatización inglés funcionaría adecuadamente, a juzgar por la experiencia de compañías como Aguas de Barcelona. No obstante, ese funcionamiento requiere un eficaz control gubernamental para evitar unas tarifas excesivas; ese control requeriría una intervención más activa de las Asociaciones de consumidores. Si sirve de ejemplo, en julio de 1994, las Asociaciones de consumidores de Inglaterra y Gales consiguieron que el Gobierno del Reino Unido obligara a rebajar notablemente las tarifas del agua que habían propuesto las correspondientes compañías privadas.

Conclusión

Las restricciones de abastecimiento de agua que se han dado en algunas grandes ciudades de España en los últimos años no se han debido principalmente a sequías extraordinarias, sino a problemas de gestión, principalmente a retrasos en planes de obras, a alergias al uso conjunto de aguas subterráneas y superficiales, y a la inexistencia de una política de ahorro de agua urbana.

En cambio, el impacto ambiental de las aguas residuales sin tratar o insuficientemente tratadas constituye un serio problema en la ecología de nuestros ríos y exige una solución adecuada y urgente. Esa solución no consiste en volver a construir monumentos a la inutilidad, es decir, estaciones depuradoras de aguas residuales que luego no funcionen. Lo más importante es conseguir que los Municipios cumplan con su obligación de devolver sus aguas residuales al río con el debido nivel de tratamiento. Esto, más que nuevos programas de construcción de obras, exige programas de incentivación económica y de concienciación ecológica del público general.

La reutilización de las aguas residuales de las ciudades es una opción adecuada pero es casi irrelevante para el conjunto de la política del agua española. En algunos casos, como Madrid, parece una solución económicamente cara cuya aplicación, de momento, debiera limitarse a pequeños ensayos experimentales.

El factor más importante para que el abastecimiento y saneamiento de las ciudades españolas funcione bien es que las tarifas del agua permitan cubrir no sólo los gastos de gestión y mantenimiento, sino también los de capital y, en su caso, las compensaciones económicas a las regiones o personas a las que se prive del agua en beneficio del abastecimiento urbano.

La contaminacion en el medio urbano, control y medidas correctiras

La principal causa de contaminación de la atmósfera madrileña es la actividad urbana y doméstica de sus cuatro millones de habitantes. Algunos contaminantes se han reducido satisfactoriamente; otros, aún no.

Madrid, por suerte (o en ciertos aspectos desgracia) para sus habitantes, es una gran ciudad relativamente poco industrial; en consecuencia, la contaminación de la atmósfera madrileña deriva principalmente de la actividad propiamente urbana y doméstica de cuatro millones de personas. Las calderas para abastecimiento de calefacción y agua caliente sanitaria y los vehículos para transporte público y privado son, por tanto, los focos generadores de la mayor parte de los contaminantes que respiramos. De ellos el dióxido de azufre ha sido el que, históricamente y a nivel mundial, ha concitado más preocupaciones y esfuerzos de reducción, tanto por haber sido protagonista de accidentes sanitarios con importante tasa de mortalidad asociada (smogs de Londres, etc.), debido a su toxicidad a baja concentración, como por su contribución primordial a la acidificación de las precipitaciones y su capacidad para originar problemas de contaminación trasfronteriza a larga distancia. Como contaminante, se origina en la combustión de materias que contengan azufre, es decir, carbones, petróleo y sus derivados, e incluso ciertos tipos de gas natural; la cantidad que se genere depende directamente del porcentaje de azufre, en peso, que contenga el combustible utilizado.

A nivel general de los países desarrollados, las estrategias para su reducción se han basado en:

La fijación legal de unos valores límites, a no superar en ningún caso, para sus concentraciones atmosféricas (valores de inmisión).

El establecimiento legal de unos valores límites para las emisiones de S02 en función del tipo de instalación emisora (límites de emisión).

El establecimiento de normas en cuanto a tipos y calidades de combustibles a utilizar en ciertas zonas o países.

La desulfuración parcial de los combustibles líquidos para calefacción o automoción, que se va llevando a cabo cada vez más estrictamente, encontrándonos en este momento con que a partir del próximo otoño, en España, el contenido de azufre máximo será del 0,2% para los gasóleos de calefacción y automoción.

La declaración de Zonas de Protección Especial o Zonas de Atmósfera Contaminada ( Madrid fue declarada como tal en 1977), en las que las acciones reductoras y otras actuaciones gozan de un régimen particular.

Los inventarios de emisiones confeccionados (Ayuntamiento de Madrid en 1979 y MOPT en 1990), indican que para el caso concreto de Madrid, se estima que el 50% de las emisiones de dióxido de azufre son generadas por las calderas domésticas, el 20% por la actividad industrial y el 30% restante por el tráfico de vehículos con motor Diesel, ya que las gasolinas no contienen azufre.

Ante esta situación específica, el Area de Medio Ambiente ha venido actuando:

  1. Sobre las calderas domésticas, en dos aspectos. Uno de ellos es la vigilancia del adecuado funcionamiento de todas ellas, para que su combustión sea correcta y de este modo se ahorren combustibles y se contamine menos. El segundo aspecto es la promoción, mediante subvenciones, del cambio de calderas de carbón por otras que utilicen combustibles más limpios (por este orden, gasóleo, gases natural, propano o butano, electricidad o energía solar). Puesto que el carbón usado en Madrid contiene actualmente del orden de diez veces más azufre que el gasóleo, y, el resto de los combustibles o energías citados no contiene nada, es evidente la idoneidad de este tipo de actuaciones para reducir el S02 en la atmósfera de la capital.
  2. Sobre las industrias, vigilando el cumplimiento de los límites de emisión aplicables y, en el caso de algunas, especialmente significativas, llegando a acuerdos para que depuren y vigilen sus emisiones, aunque éstas estuviesen por debajo de los citados límites.
  3. Sobre los vehículos Diesel, obligándoles a pasar un control anual con objeto de que el funcionamiento de sus motores sea lo más correcto posible y, así, minimicen sus emisiones.

Los resultados ya conseguidos permiten pensar que, simplemente con perseverar en las acciones emprendidas, el dióxido de azufre no volverá a constituir un problema que deba preocupar a los madrileños.

Parte de lo expuesto para el dióxido de azufre es aplicable para el segundo enemigo tradicional de la buena calidad atmosférica: las partículas en suspensión. Con esta designación estamos refiriéndonos a un conjunto de partículas de muy diferentes orígenes, composición química y estado físico, cuya característica común es que su pequeño tamaño (inferior a unas 15 mieras de diámetro) y levísimo peso, les permiten permanecer flotando en suspensión en la atmósfera durante largos períodos de tiempo.

Esta misma característica común es la causante de la preocupación sanitaria que comporta su presencia, ya que debido a ese pequeño tamaño pueden penetrar hasta el fondo del árbol respiratorio, entrando en íntimo contacto con el propio tejido pulmonar, sobre el que ejercerán una acción simplemente obstructiva o también tóxica o cancerígena, si su composición química así lo determina.

Por otra parte, algunas de ellas actúan en el aire como núcleos de condensación yo catalizadores, para la actuación química del S02, produciéndose en este caso una acción sinérgica de ambos contaminantes, cuyos efectos individuales se potencian. Por este motivo, la legislación de la UE y los decretos que la trasponen al derecho español establecen límites asociados para estos dos contaminantes.

Según los inventarios de emisiones de partículas en suspensión se estima que, en Madrid, el 80% proceden del tráfico, el 15% de la diversa actividad industrial y el 5% restante de los generadores de calor domésticos.

Este reparto ha condicionado la actuación municipal, que se ha ejercido en dos vías:

  1. Reducción de las emisiones de partículas por los motores Diesel (que suponen la aportación mayoritaria dentro de las procedentes del tráfico) mediante las revisiones obligatorias anuales, anteriormente comentadas.
  2. Vigilancia de las industrias, para garantizar el respeto de los límites de emisión y verificar el correcto funcionamiento de los dispositivos de depuración existentes.

La situación atmosférica de Madrid, en cuanto a este contaminante, es también bastante satisfactoria.

Por lo que respecta al monóxido de carbono, contaminante que se genera en toda combustión de materia carbonosa que se lleva a cabo con aportación insuficiente de oxígeno, hay que indicar que no existe normativa europea en cuanto a valores de inmisión, por lo que éstos continúan regulándose en España por el Decreto 83375.

Su presencia en la atmósfera madrileña tiene como causa, en un 98%, el tráfico de vehículos con motor de gasolina, repartiéndose el 2 % restante de las emisiones de forma equitativa entre la industria y las calderas domésticas.

Puesto que, por su propia concepción y diseño, los motores de gasolina funcionan con poco oxígeno presente, la única vía para reducir las emisiones de CO es la utilización de un dispositivo catalítico que trate los gases de escape. En el momento actual todos los vehículos nuevos de motor a gasolina deben de estar obligatoriamente equipados con catalizador, por lo que las emisiones de CO a la atmósfera han de reducirse sustancialmente en los próximos años, a medida que se vaya produciendo la renovación del parque.

Para asegurar esta mejora es preciso, no obstante, garantizar una adecuada conservación y renovación de los catalizadores, por lo que el Área de Medio Ambiente tiene en estudio un plan de inspecciones periódicas del estado de los mismos.

Este mismo plan servirá de herramienta en la lucha contra los óxidos de nitrógeno, que constituyen actualmente el más claro problema para la calidad atmosférica de nuestra capital. La aparición de este tipo de compuestos tiene lugar al llevarse a cabo en la atmósfera cualquier proceso a alta temperatura, por reacción del oxígeno y el nitrógeno del aire en esas condiciones. Así se produce fundamentalmente monóxido de nitrógeno (NO), que por posterior oxidación con el propio oxígeno atmosférico se transformará en dióxido de nitrógeno (N02). De los dos compuestos mencionados, que constituyen la práctica totalidad de los óxidos de nitrógeno presentes en la atmósfera de las grandes urbes, el N02 es el auténticamente tóxico, por lo que todas las reglamentaciones legales en cuanto a concentraciones de inmisión se refieren a él (R.D. 7171987).

Las emisiones en Madrid se originan en un 75% por el tráfico (todo tipo de motores), en un 15% por los generadores de calor y en un 10% por la industria en general.

En la lucha contra este contaminante la iniciativa municipal tiene un campo más restringido. En efecto, como política de restricción de emisiones, a esta escala de la administración, sólo es abordable la vigilancia del cumplimiento de la normativa nacional, en cuanto a emisiones de las instalaciones industriales significativas que ya se efectúa y el ya anteriormente comentado plan de vigilancia de los catalizadores en los escapes de vehículos a gasolina, que se piensa poner en marcha.

  • Las restantes vías para la reducción deben plantearse, por el momento, fuera del ámbito de actuación municipal y comprenden:
  • Diseño de calderas y procesos específicos con baja producción de óxidos de nitrógeno.
  • Adaptación de catalizadores o dispositivos de retención de óxidos de nitrógeno a los vehículos con motor Diesel o de gas.

Más eficientes dispositivos de depuración de óxidos de nitrógeno, para procesos industriales con importante generación de los mismos.

Promover e incentivar estas tres líneas de actuación debe de ser política a realizar a nivel estatal y comunitario.

Al margen de estas soluciones, las únicas restantes serían: limitar (¿aún más?) la velocidad de circulación en la ciudad, lo que es un arma de dos filos, pues disminuiría algo la producción de óxidos de nitrógeno, pero a velocidades muy reducidas aumentaría la de monóxido de carbono e hidrocarburos; o bien cortarle la cabeza al tráfico, prohibiéndolo en ciertas zonas, más o menos amplias. En principio entendemos que esta especie de soluciones restrictivas, tanto de la actividad económica como de la libertad individual, sólo deben emplearse cuando fallan las restantes, y, la seriedad de la situación las hace indispensables. Por el momento, la posibilidad de prohibir el tráfico se halla contemplada en la O.G.P.M.A.U. como medida transitoría a adoptar en situaciones de alerta atmosférica de determinada gravedad.

Dentro del grupo de importantes contaminantes primarios, que estamos comentando, los hidrocarburos, o hablando más adecuadamente, los compuestos orgánicos volátiles (C.O.V.), constituyen un conjunto tan heterogéneo que, aún en el presente, la normativa, cuando existe, tanto en lo que respecta a valores de inmisión como a límites de emisión, resulta inadecuada e incompleta.

A falta de legislación comunitaria, en España, los límites de inmisión continúan siendo fijados por el R.D. 83375, en el que únicamente se habla de hidrocarburos, sin especificar más.

Por lo que respecta a las emisiones, sólo existe regulación en cuanto a las producidas por los vehículos a motor, tanto en España como a nivel comunitario. Este vacío normativo es particularmente sensible a la hora de valorar las repercusiones ambientales que puede producir el funcionamiento de ciertas plantas industriales, por lo que en los Servicios de Inspección de Contaminación del Ayuntamiento de Madrid, viene siendo práctica habitual comparar, a nivel indicativo, las emisiones del C.O.V. de que se trate, con la normativa alemana al respecto, o bien con los valores de inmisión fijados por el R.D. 83375.

A despecho de lo que podría parecer a la vista de las circunstancias expuestas, el problema planteado por los C.O.V. es importante por los siguientes motivos:

  • El potencial tóxico e incluso cancerígeno de algunos de ellos individualmente considerado.
  • Su contribución al efecto invernadero.
  • Su característica fundamental de precursores de los episodios de smog oxidante, durante los cuales aparecen en la atmósfera concentraciones importantes de contaminantes secundarios altamente irritantes, como el ozono y los P.A.N. (nitratos de peroxiacetilo).

Respecto a la contaminación por ozono, se ha promulgado recientemente la Directiva Comunitaria 9272CEE de 210992, que además de fijar las características de las mediciones a realizar, establece valores umbrales, a) para la protección de la salud, b) para la protección de la vegetación, c) para la información de la población y d) para la alerta al público. Asimismo, se recomienda en ella, la medición de los C.O.V. como compuestos precursores del ozono. Esta recomendación resulta básica si se tiene en cuenta que en los países o zonas con fuertes problemas de smog, la herramienta de elección para luchar contra ellos es la reducción de las emisiones de C.O.V. Por supuesto sin perjuicio de practicar simultáneamente la de los otros precursores, los óxidos de nitrógeno, en razón a su toxicidad.

En medio de la relativa descoordinación que acabamos de reflejar, y, hasta tanto el marco normativo y las actuaciones específicas respecto de algunos C.O.V. estén claras a nivel nacional y europeo, el Ayuntamiento de Madrid además de la medición de los C.O.V. en dos fracciones (metano y distintos del metano) que ya se efectúa en la Red Automática de medición, está planteando para un futuro inmediato dos actuaciones: una en el campo del análisis y otra en el de la reducción de emisiones. La primera es un estudio que permita el conocimiento pormenorizado de cuales son los C.O.V. existentes en la atmósfera de Madrid y el rango de concentraciones que presentan. La segunda, ya ampliamente comentada anteriormente, es la inspección periódica del estado de los catalizadores de los vehículos, pues no hay que olvidar que éstos reducen también las emisiones de C.O.V., además de las de monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno.

Para no alargar más esta exposición obviaremos el ocuparnos de las emisiones de otros contaminantes que plantean preocupaciones de otro alcance, como ciertos metales pesados, los C.F.C. y el propio dióxido de carbono (C02), aunque, a pesar de no ser este un problema específico de Madrid, sí queremos lanzar desde aquí un llamamiento al ahorro energético en los procesos de combustión, como única forma de detener la escalada del efecto invernadero.

En esta línea de pensamiento, el considerable esfuerzo humano y económico que el Área de Medio Ambiente viene realizando para conservar y multiplicar el arbolado y en general las plantas verdes en la ciudad, además de sus fines ornamentales, constituye también una herramienta para absorber cantidades de C02 y estimular la limpieza del aire por retención de ciertos contaminantes, que realizan los vegetales, aunque sea a expensas de un cierto deterioro propio.

Para completar esta exposición es preciso comentar los aspectos relativos a la medición de estas sustancias en la atmósfera de Madrid; tal y como se lleva a cabo, persigue dos finalidades. Una es el conocimiento completo y perfecto de la situación de cada uno de los contaminantes medidos, de modo que se puede contrastar el cumplimiento de la normativa aplicable a los valores de inmisión y también analizar la evolución a largo plazo de la calidad del aire, valorando así la eficacia de las distintas estrategias de reducción que se van poniendo en práctica.

La segunda finalidad, no menos importante, es disponer de un sistema de alarma, en tiempo real, frente a posibles períodos de alta contaminación, que permita adoptar a tiempo las medidas de emergencia que correspondan al caso.

Estos períodos vienen presentándose siempre en Madrid durante los meses de noviembre a febrero, no sólo porque en esas etapas el volumen de emisiones es mayor, sino porque durante las mismas, caracterizadas por la escasa insolación propia del invierno, se presentan más frecuentemente situaciones de alta estabilidad meteorológica con velocidades de viento casi nulas e importantes inversiones de temperatura próximas al suelo.

Las razones que comentamos han hecho que la labor de medición haya sido la prioritaria desde la creación, en 1968, del Departamento de Contaminación Atmosférica, no regateándose medios ni esfuerzos presupuestarios para que se lleve a cabo con todo tipo de garantías.

Hasta 1978, esta tarea se realizó con una Red de Captadores manuales, sustituyéndose luego ésta por una Red Automática que funcionó correctamente durante doce años.

Recientemente, en 1990, se llevó a cabo una remodelación de la red existente, actualizando las técnicas utilizadas por sus distintos componentes, y ampliándola, tanto en el número de contaminantes que mide, como en el número de puntos en los cuales controla los niveles.

En definitiva, la Red Automática de Control consta, en el momento actual, de 24 estaciones remotas conectadas por línea telefónica con una estación central, situada en el Departamento de Contaminación Atmosférica.

Todas las estaciones remotas están dotadas de inteligencia. Un ordenador tipo PC instalado en cada una de ellas, controla su funcionamiento, suministra información sobre el estado de los equipos y atiende las comunicaciones. Además, su capacidad le permite almacenar datos e incluso las posibles incidencias durante un período muy superior a los cinco años, en caso de fallo en la transmisión o mal funcionamiento de la estación central.

La estación central es el centro neurálgico de la Red de Control. En ella, no solo se reciben los datos procedentes de las veinticuatro estaciones remotas, sino que además se controla el funcionamiento correcto de la totalidad de la red, mediante la recepción de multitud de señales que identifican la causa del posible mal funcionamiento de cualquier tipo de componente.

La pérdida de datos es prácticamente imposible; un sistema casi dual impide que cualquier fallo del ordenador principal repercuta en el correcto proceso de adquisición o almacenamiento de los mismos.

Un potente software permite un tratamiento amplísimo de los datos y, en consecuencia, una gran variedad en la forma de presentarlos. Todo este proceso asegura, en cada momento, el conocimiento de los términos en que se está produciendo la evolución de la contaminación atmosférica en nuestra ciudad, así como la situación relativa en que se encuentran los valores registrados, con respecto a los límites de calidad que establecen las legislaciones de las distintas administraciones.

Las técnicas que se utilizan para la determinación de los contaminantes son las más modernas y están universalmente aceptadas. Pero, aunque los monitores son robustos y de una gran Habilidad, el punto crítico y, en definitiva, la causa del tradicional buen funcionamiento de la Red de Control de este Ayuntamiento es el cuidadoso mantenimiento que se hace de la totalidad de la instalación.

En conjunto, la Red de Control se encuentra entre las mejores y más completas de las existentes en el mundo. Recientemente, tras un completo estudio por parte de técnicos del Laboratorio Central de Contaminación Atmosférica, del Centro de Investigación de las Comunidades Europeas, la red ha sido homologada con todos los pronunciamientos favorables, en lo que a su funcionamiento se refiere.

La evolución de los niveles de contaminación correspondientes al dióxido de azufre y a las partículas en suspensión no ha podido ser más satisfactoria, sobre todo a lo largo de los últimos años. Concretamente, los valores medios anuales de estos dos contaminantes para 1992 han sido los más bajos de la historia.

En este momento, el contaminante que más nos preocupa es, sin duda, el dióxido de nitrógeno. La situación ha mejorado con respecto a 1990 y ningún valor medio mensual ha vuelto a superar la cota de los 100 pm.