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Ver productos1 Jun 1992 - 5min.
Autor: Oliver Messiaen (1908).
Obra: Sinfonía Turangalila.
Intérpretes: Ivonne Loriod (piano), Jeanne Loriod (Ondas Martenot).
Orquesta: Orquesta de la Bastilla.
Director: Myung-Whung Chung.
Sello y referencia: Deutsche Grammophon 431781-2. DDD.
La gigantesca Sinfonía Turangalila es una de las obras más destacadas y divulgadas del autor. Oliver Messiaen, nacido en Avignon en 1908, es uno de los compositores más importantes de este siglo. Su obra es muy amplia y variadísima. Varios elementos son los que influyen en el lenguaje de este autor: la herencia de la escuela musical francesa, su gran religiosidad y su afán investigador en el terreno del ritmo y en aspectos tan pintorescos como el canto de los pájaros y la música hindú. Su amor hacia la naturaleza le llevó a observar y apreciar todos los ruidos que hay en ella. «Son para mí la verdadera música», ha manifestado, «si he escogido a los pájaros por maestros es porque la vida es corta y el anotar los cantos de los pájaros es siempre más fácil que la transcripción de armonías del viento o del ritmo de las olas».
Aunque el trabajo de Messiaen está profundamente elaborado en sus aspectos técnicos, ritmos y armonías complejas —él mismo se ha ocupado de exponerlos en su Técnica de mi lenguaje musical—, en sus obras están igualmente presentes aspectos más instintivos y espontáneos. Así, creía firmemente en la primacía de la melodía y en la fuerza de la inspiración.
La Sinfonía Turangalila es una de sus obras maestras. Por su dilatada extensión y su estructura en seis movimientos con núcleos temáticos recurrentes, responde al espíritu de la sinfonía. Pero al mismo tiempo es tan destacado el papel del piano, que podría ser considerado como el solista del conjunto. Sobresale también el sonido de las Ondas Martenot, claro antecedente de la actual música electrónica, y que desde su invención en 1928 por Maurice Martenot, tuvieron una importante resonancia entre los compositores franceses de su tiempo.
Turangalila es una palabra sánscrita que significa al mismo tiempo canto de amor, himno a la alegría, tiempo, movimiento, ritmo, vida y muerte. Pero la sinfonía de Messiaen es ante todo un canto de amor. Cuando la compuso en 1948 por encargo de Sergio Kussevitzky para la Orquesta Sinfónica de Boston, se encontraba en una situación vital particularmente sensible. Su mujer, la también compositora Claire Delbos, padecía una seria enfermedad que le mantenía hospitalizada desde hacía nueve años, y por la que hubo de ser internada hasta su muerte. Oliver Messiaen, separado materialmente de ella, se enamoró de su alumna Ivonne Loriod. Como era un católico ferviente sabía que su amor era imposible, y sólo en 1962, tres años después de la muerte de Claire, Messiaen contrajo matrimonio con Ivonne. Las obras escritas en este período reflejan la sublimación de estos sentimientos.
Ha sido prácticamente siempre Ivonne Loriod, extraordinaria pianista, la encargada de interpretar la Sinfonía Turangalila, junto a Jeanne Loriod a cargo de las Ondas Martenot. Y así fue en su estreno madrileño en 1974 al cual tuvimos la suerte de asistir, con la interpretación de la orquesta de RTVE. Son estas mismas solistas las que aparecen en la última grabación de la Sinfonía Turangalila de Messiaen. Según explica su autor, en los últimos años ha incorporado algunas modificaciones que sólo se han registrado en esta versión dirigida por Myung-Whung Chung y la orquesta de la Opera de la Bastilla.
A juicio del maestro, es ésta la mejor ejecución de su obra, estos son los mejores tempi, las más ajustadas intensidades, los sentimientos más verdaderos y la verdadera alegría.
Para Messiaen, muy satisfecho de su colaboración con el prodigioso director coreano Myung-Whung Chung, actualmente director musical de la Opera de la Bastilla de París, esta versión es la que hasta el momento actual debe ser considerada como la interpretación de referencia. Sin duda es una magnífica versión de esta atractiva partitura.
Autor: Jean Sibelius (1865-1957).
Obra: Sinfonía n.º 1 en Mi menor, Op. 39.
Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Viena.
Director: Leonard Bernstein.
Sello y referencia: Deutsche Grammophon 435351-2. DDD. Grabada en directo en el Musikverein de Viena.
Sibelius en Finlandia. Su música es un canto a su tierra, a su pueblo y a los paisajes nórdicos que tanto amaba. Sus obras más directamente descriptivas están inspiradas en leyendas e historias populares de su país, y sus partituras más abstractas son la plasmación en música de los sentimientos que le inspiraban la inmensidad de los paisajes finlandeses, sus lagos y bosques, el silencio y la soledad de sus llanuras.
La figura de Sibelius ocupa un lugar muy singular en la música escandinava. Sin apenas tradición musical, alejada de los centros de actividad musical de Europa, Finlandia no había tenido hasta entonces músicos sobresalientes. Aunque Sibelius poseía un estilo entre romántico y nacionalista más propio del siglo anterior, se convirtió en pleno siglo XX en el músico nacional por excelencia. A través de su música, los finlandeses experimentaron un despertar nacional y el compositor fue aclamado como un verdadero héroe.
Heredero de la tradición romántica, dos músicos ejercieron una poderosa influencia sobre él: Grieg y Tchaikowsky, cuya obra conocía en profundidad y a los que admiraba mucho. De hecho, en la Primera Sinfonía (1899) son claras las resonancias tchaikowskianas, pero también evidentes sus dotes en el dominio de la forma y de la orquesta.
Al igual que las otras seis sinfonías compuestas con posterioridad, la Primera es una obra fácil de escuchar, esto es, es fácilmente digerible para un gran público. Sin embargo la obra de Sibelius no ha llegado a tener en los países latinos la misma entusiasta acogida que le ha dispensado el público anglosajón, especialmente en Estados Unidos, donde ya en vida el compositor obtuvo muy buen recibimiento.
La Sinfonía n.º 1 en Mi menor es muy clásica en la forma y romántica en la expresión, algo manierista en su desarrollo pero también muy finlandesa.
Leonard Bernstein grabó esta Sinfonía en un concierto en directo en el Musikverein de Viena en febrero de 1990. Muchos críticos han señalado que en el último año de su vida, Bernstein ha realizado algunas de sus mejores interpretaciones y en esta grabación pone de manifiesto una gran madurez en la ejecución de esta serena y grandiosa obra.