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Ver productosEn estos tiempos, si hay algo evidente en el panorama musical de nuestro país, es que la figura señera y representativa es la del maestro Joaquín Rodrigo, a quien Dios ha concedido larga vida, puesto que pronto cumplirá 90 años. Desde aquí hacemos votos para que esa vida, para bien de la música española, se prolongue todavía muchos años más. NUEVA REVISTA ha querido, con este motivo, ponerse en contacto con el maestro, que, a través de su hija Cecilia, ha tenido la amabilidad de responder al cuestionario remitido, que, por su interés y significación, tenemos el gusto de reproducir a continuación. Ofrecemos también una semblanza breve del maestro, que ayudará a situarlo en el contexto musical español.
1 Sep 1991 - 6min.
El maestro Rodrigo nació en Sagunto, provincia de Valencia, el día de Santa Cecilia, esto es, el 22 de noviembre, de 1901. Marchó a París en 1927, en donde fue alumno de Paul Dukas, quien dijo de él: «He visto llegar a París a Falla, Albéniz, Rodrigo. No sé si éste último no es el más dotado de los tres». Como elogio, tratándose de quien se trata, ya está bien.
Con ocasión del estreno de su obra Cinco piezas infantiles, conoció a Victoria Kamhi, con la que se casó en España en 1933.
El matrimonio vivió durante los años de la contienda civil en París, y allí tuvo Victoria un aborto del que nació una niña muerta. La cosa tuvo verdadera trascendencia. Con este motivo, el maestro pasó unos días, lógicamente, muy mal de ánimos, y «…no pudiendo conciliar el sueño, se pasaba largas horas de la noche ante el viejo piano, y ella (una colaboradora) desde su habitación escuchaba una melodía llena de tristeza y de añoranza, que le causaba verdaderos escalofríos. Esta melodía sería el adagio del Concierto de Aranjuez, que sonaba por vez primera envuelto en tinieblas. Era una evocación de los días felices de nuestra luna de miel, cuando paseábamos por el Parque de Aranjuez, y a la vez era un canto de amor. Y por tal motivo, a partir de entonces, la obra se llamaría Concierto de Aranjuez».
De las numerosas anécdotas relativas al Concierto de Aranjuez, la más simpática en nuestra opinión es la que refiere un comerciante francés vendedor de discos: «El disco que más vendemos aquí es un concierto de Bach, luego viene uno de Brahms y el tercero es el Concierto de Aranjuez, pero como muchos clientes no saben pronunciar el título (se entiende perfectamente) y no se acuerdan del nombre del autor (esto se entiende menos), se ponen a silbarlo: re-fa-la-la-la…, etc., y enseguida se lo entregamos».
Una de las grandes obras del maestro Rodrigo es el Concierto de Estío. Surge en Benicasim en 1943. «El rumor de las olas y el grito de las gaviotas inspiraron a Joaquín una de sus obras más personales, el Concierto de Estío para violín y orquesta. En él se reflejan la alegría y la emoción que le causaban los juegos y las risas de la graciosa niña (se refiere a su hija Cecilia) corriendo sobre la arena a la orilla del Mare Nostrum. Es una música llena de luz y de amor».
Obra importante del maestro, ésta escrita para violonchelo, es el Concierto Galante, estrenado por el insigne violonchelista español Gaspar Cassadó, para quien había sido escrito en 1949, por Ataúlfo Argenta y la Orquesta Nacional de España.
La Fantasía para un gentilhombre se estrenó en 1958 en el Festival de Música de Granada por Andrés Segovia, y se oyó en Madrid, en el Monumental, los días 24 y 26 de octubre del mismo año.
Entre las obras para voz y orquesta, es curiosa la génesis del Cántico de San Francisco de Asís para coro. Fue encargado al maestro en 1981 para el franciscano Padre Merino, que, al decir de Victoria, tenía mucha erudición y era muy simpático.
Es claro que podríamos añadir muchas cosas más del maestro Rodrigo, que quizá no interesen porque todo el mundo las conoce. Por ello lo mejor es dejar ya que el lector pueda hacerse cargo de su personalidad a través de las respuestas a las preguntas propuestas por NUEVA REVISTA.
— Emilio Bonelli.— Algunas personas mayores recuerdan muy bien a aquel joven compositor que, en los años treinta, saludaba desde un proscenio del teatro en el que actuaba la Orquesta Filarmónica. ¿Qué vivencias recuerda usted de aquellos años y de su panorama musical español?
— Maestro Rodrigo.— Yo me fui a París en el año 27. Volví unos cuantos años más tarde, cerca del 40 o por ahí. Me instalé en Madrid; estrené unas cosas. La Orquesta Filarmónica la dirigía Pérez Casas, un maestro muy concienzudo, muy atento, muy afectuoso, formal. Me acuerdo que se fueron estrenando mis obras, que gustaron, que el público aplaudía amablemente. De modo que muy pronto me situé dentro de ese panorama, en el movimiento de la vida musical, aquí en Madrid.
— E.B.— La larga trayectoria de su evolución musical, ¿ha sido siempre en pura línea ascendente o ha sufrido crisis, altibajos que hayan supuesto alteraciones en su carrera? ¿Su música ha sido aceptada o despertó polémica? ¿Cómo se ha comportado la crítica con usted y su obra?
— M.R.— Creo que no se han producido crisis ni variaciones, y pienso que mis obras han venido situándose bien, en ascenso continuado. Considero que, poco a poco, me he ido perfeccionando, mejorando. He buscado siempre un camino más ancho, también más largo. Siempre tratando de perfeccionarme. Quizá por ese motivo mi música ha sido, en general, aceptada. Pero uno se critica a sí mismo con dificultad. En fin, que intento en todo momento escribir lo mejor posible, en sentido claro, directo…
— E.B.— Usted ha expresado públicamente su contrariedad por haber logrado la fama tan sólo como autor del «Concierto de Aranjuez». Esta obra ¿está considerada por usted como su obra cumbre o únicamente como la más conocida y divulgada? Y si no es así, ¿cuál considera su obra cumbre?
— M.R.— Es cierto que el Concierto de Aranjuez arrancó con gran fuerza, pero no sólo ésa, puesto que otras la han acompañado con excelente acogida, ¿no? Todas mis obras guitarrísticas, no sólo el Concierto de Aranjuez, sino muchas otras… Por ejemplo, mis canciones y músicas para piano también son apreciadas. Todos mis conciertos han sido grabados e interpretados por virtuosos… Verdad es que el Concierto es la más conocida, pero hay otras, como el Concierto de Estío, Dulcinea, el Concierto Madrigal, etc., etc. No considero que el Concierto de Aranjuez haya alcanzado la cumbre, pero sí que llegó a una cumbre muy alta, desde luego.
— E.B.— ¿Qué opinión le merecen los arreglos modernos» que se le han hecho al <<Concierto de Aranjuez, sobre todo el segundo movimiento?
— M.R.— En general no me parecen bien. No me gustan. Hay unos mejores que otros. Algunos son buenos, pero en general puedo decirle que no me gustan.
— E.B.— ¿Podría darnos su opinión sobre sus composiciones en general, temas, piezas, inspiraciones, etc.?
— M.R.— A través de mis composiciones queda en evidencia que soy un músico español actual. Mi repertorio es bastante amplio. Sobre todo he escrito bastante para guitarra; doce conciertos, muchas obras sinfónicas para piano y otros instrumentos. Canciones, obras para cine, teatro, una zarzuela, una comedia, etc. Me he inspirado sobre todo en las lecturas, en las novelas, en las obras de teatro, poesía, paisaje, etc.
— E.B.— ¿Ha formado usted escuela o se considera, hablando musicalmente, un solitario?
—M.R.— No. Pienso que no he creado escuela. Me considero más bien solitario. Quizá porque siempre tuve una personalidad algo diferente a los demás. He seguido mi aire.
— E.B.— ¿Cómo ve el panorama de la música española actual?
— M.R.— Pues bien, creo que va marchando en buena dirección. Acusa tendencias europeas, pero, dentro de eso, no ha perdido sus características particulares y su originalidad. No puedo extenderme más porque no soy crítico y no estoy muy al tanto de las últimas creaciones. Así que no me siento autorizado a opinar con suficientes garantías. Pero, en fin, mi impresión es positiva.
— E.B.— Suponemos que se siente muy satisfecho del homenaje que le van a hacer a nivel internacional. ¿Qué valor le da un hombre de su edad a este reconocimiento público?
—M.R.— Bueno, pues me siento muy agradecido, muy honrado y contento. En mi ya larga vida he tenido tiempo de hacer bastantes cosas. No todas las que me hubiera gustado, pero, en todo caso, han sido suficientes. De todas formas, me da gran alegría que se acuerden de mí, se me reconozca y atienda y que mis obras sean interpretadas ante el público. Estoy muy agradecido.
— E.B.— Pues sólo nos resta agradecer a don Joaquín Rodrigo y a su hija Cecilia su amabilidad para con los lectores de NUEVA REVISTA y desearle al gran maestro muchas felicidades y éxitos.