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Ver productos1 Sep 1990 - 3min.
Título: El huerto del asistente. La irresistible ascensión del clan Guerra.
Autor: Ignacio Camacho.
Editorial: Planeta. Colección Espejo de España Hoy. Barcelona, 1990. 236 páginas
Precio: 1.200 pesetas.
Era inevitable, ineluctable, casi obligatorio. El escándalo de «los Guerra», la «guerra de los Guerra», «la irresistible ascensión del clan Guerra» tenían que motivar uno o varios volúmenes, además de haber desencadenado previamente una verdadera riada de «exclusivas» periodísticas, portadas, dossiers, informes confidenciales y hasta cassettes. He aquí el primer libro, producto del gran zafarrancho. Y no de los peores.
El periodista Ignacio Camacho ha escrito «una crónica» para «ser leída hoy». ¿Tal vez nos hallamos ante un libro de circunstancias, un texto amarrado a la oportunidad, coyuntural, «de consumo»? No completamente. Era difícil, tratándose de un tema de ardiente actualidad, prescindir de las anécdotas, evitar los chascarrillos y la guasa con que popularmente se asumió la increíble historia de Juan Guerra y sus enjuagues. El autor quiso ir más lejos y sin renunciar a esta crónica de situación, ha hecho historia de algunas cosas e incluso ha intentado la «digresión sociopolítica». Ni la anécdota ni el chascarrillo resultan, sinceramente, divertidos a fuerza de haberlos escuchado a todas horas y en todas partes durante meses. La digresión sociopolítica tiene, en cambio, más ambición y el análisis de una realidad proclive al enchufe y al compadreo me parece en muchos momentos memorable. La historia íntima y mal conocida del «clan sevillano» que hoy gobierna España, la biografía (también poco aireada) de Alfonso Guerra hasta llegar a la Moncloa, los hechos y dichos de los múltiples hermanos Guerra y, finalmente, la saga, tremenda de cómo un parado se convierte en millonario, tienen incomparablemente más interés que el nombre y ubicación de todos los negocios del «asistente» algo que, por cierto, tal vez nunca se llegue a conocer en su totalidad. Que nadie busque, pues, revelaciones sensacionales en estas páginas.
«La teoría más inteligente y sutil —escribe Camacho al final del libro— que los socialistas lanzaron desde el primer momento fue que Juan Guerra era un pícaro. Evidentemente, el personaje representa una de las más vivas versiones de esta figura en el mundo contemporáneo y la idea encajaba con espléndido atractivo en el marco de una Andalucía todavía tópica, a medio camino entre el siglo XIX y el XXI, entre la «Expo» y el subdesarrollo, entre el desempleo agrario y la más sofisticada industria agroalimentaria, una comunidad contradictoria, donde se da la peste equina y el PSOE gobierna mediante el voto sumiso de pensionistas y subsidiarios, una región donde aterrizan los especuladores al amparo del negocio fácil y los más listos medran, ejerciendo de exploradores y traficantes de influencias. En ese panorama encajaba de forma providencial la figura de un pícaro listo y hábil, tosco pero populista, que hacía favores gratis a los pobres y gestiones caras a los ricos.»
La cita anterior es larga, lo sé. Pero refleja a la perfección términos físicos y químicos. las intenciones del libro y del autor. A veces, la pasión política, cierto maniqueísmo, cierto moralismo desvirtúan estas intenciones y el cronista se convierte en predicador, profesión esta un tanto ingrata en la sociedad española. O se arriesga en previsiones, tan peligrosas como inútiles. Por ejemplo cuando escribe (como han hecho, ay, tantos colegas) que «en la historia reciente de España habrá ya un antes y un después del caso Juan Guerra». ¡Qué más quisieran muchos ciudadanos inocentes! Pero los comicios de Andalucía han extendido dudas razonables sobre el carácter «histórico» de esta comedia de costumbres. La historieta del «asesor» y su omnipotente hermano corre el riesgo de haber sido apenas una aurora boreal en el clemente invierno y la soleada primavera del año 90. Vinieron después los «naseiros» y los traficantes gallegos tomar el relevo en el interés público. ¿Quién se acuerda ya de Juan José Guerra González y sus apaños? Ni siquiera libros como el presente, que pretenden ante todo rescatar la memoria de un tiempo inglorioso, podrán evitar el olvido satisfecho y voluntario de la gran mayoría.