Mi cesta
Tu cesta está vacía, pero puedes añadir alguna de nuestras revistas o suscripciones.
Ver productos1 Jul 1992 - 3min.
Título: Stephen Hawking. Una vida para la ciencia.
Autores: Michael White y John Gribbin.
Editoria: lPlaza y Janés. Barcelona 1992. 315 págs.
Precio: 2.250 pesetas.
Pocos científicos de nuestra época han alcanzado la notoriedad y la fama de Stephen Hawking. Pero también el gran público desconoce por completo cuál ha sido su aportación a la ciencia. El hecho de que a los veintiún años se le comunicase que sufría una enfermedad degenerativa, conocida como enfermedad de las neuronas motoras, y el que se encuentre actualmente en una silla de ruedas en la que lleva ya varios años, es un hecho que ha contribuido, en gran manera, a su popularidad. Los biógrafos, Michael White y John Gribbin, analizan su personalidad, su vida privada y su contribución al desarrollo de la Física. La existencia comprobada de estrellas de neutrones hace probable la posibilidad de objetos más densos todavía: los agujeros negros. Alguna de las fuentes de rayos X detectadas hasta ahora, parece tener una masa lo bastante grande para no ser una estrella de neutrones, sino un agujero negro. Hawking, junto con su colaborador y amigo, Roger Penrose, han estudiado, desde un punto de vista teórico, estos objetos. Para ello, han hecho una combinación de Mecánica Cuántica, Relatividad general y un poco de Termodinámica, y así han explicado el comportamiento de estos extraños entes, que existen en el Universo. La predicción de la Relatividad general de que puede haber en el Universo puntos de densidad infinita (singularidades) no indica un fallo en esas ecuaciones. De hecho, Hawking y Penrose se dieron cuenta a principios de los años 70. En definitiva, un agujero negro es una región del espacio-tiempo en la que el campo gravitatorio es tan intenso, que ni siquiera la luz puede escapar de esa región.
Pero como la velocidad de la luz, según la Relatividad, es una velocidad límite, si la luz no puede escapar, nada puede escapar. La velocidad de escape es la velocidad que debe alcanzar un objeto para escapar de un cuerpo con masa. Por ejemplo, en la Tierra, es de 11 kilómetros por segundo, o sea 40.000 kilómetros por hora. Para Júpiter, la velocidad de escape es de 220.000 kilómetros por hora y para el Sol es de 2.200.000 kilómetros por hora. Podemos imaginar un cuerpo, tan concentrado y de tan enorme masa, que su velocidad de escape supere a la velocidad de la luz. Ese cuerpo sería un agujero negro.
Una de las opiniones, más que teorías, de Hawking, es que nos podemos encontrar en este momento histórico, a la vista del fin de la Física teórica. Ello puede significar que nos encontramos próximos a elaborar una teoría completa, en la que todas las interacciones físicas puedan ser descritas por un solo conjunto de ecuaciones. En el siglo XIX, sólo se necesitaban dos teorías: la de la gravedad de Newton, que explicaba la fuerza que mantiene a los planetas en sus órbitas y la del electromagnetismo de Maxwell, que explicaba las fuerzas entre partículas cargadas eléctricamente, o entre imanes. Estas dos teorías, aunque incompatibles entre sí, eran clásicas, en el sentido de que concebían el Universo como un continuo. No se había llegado todavía a Planck ni a la Mecánica Cuántica. Ahora sabemos que existen dos fuerzas más, la fuerza fuerte, que mantiene unidas las partículas en el núcleo y la fuerza débil, que es responsable de la desintegración radiactiva. O sea, que ahora necesitamos cuatro teorías para explicar el mundo.
Ya en otras situaciones históricas, se ha hablado del fin de la Física teórica. Como ejemplo, Max Born, que fue un pionero de la Mecánica Cuántica, afirmaba en los últimos años 20 que, en un período de tiempo de medio año, no quedaría nada importante para hacer a los físicos teóricos. Hoy cuando leemos este hecho, no podemos hacer otra cosa que sonreír. El oficio de profeta es muy difícil. Y todavía más en el campo de la ciencia y de la técnica.