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Ver productos1 Oct 1991 - 4min.
Obra: «Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos⟫,
Teatro: Reina Victoria.
Dirección: Domingo Lo Giudice.
Reparto: Elisa Montés.
Precio: 1.800 pesetas.
Es José Luis Martín Descalzo uno de los más característicos testimonios de simbiosis entre la vocación de escritor y el ejercicio de la profesión periodística. Jefe de la sección religiosa durante años en el periódico ABC, reconocido por sus habituales comentarios sobre religión en las páginas del diario, fue también un brillante novelista, que ganó tempranamente el Premio Nadal (cuando todavía no figuraba el Planeta como competidor) en 1956 con La frontera de Dios. También cultivó el teatro, con una obra no muy extensa pero sí intensa, suficiente para demostrar su dominio de la carpintería teatral y su capacidad fabuladora y escenográfica. Aunque no frecuentó las salas comerciales ni fue reconocido como cultivador de un teatro experimental y vanguardista, la obra de Martín Descalzo tiene un sello característico que inspira toda su labor literaria y que podría resumirse en la intención de servirse de las técnicas y formas narrativas, novela y drama principalmente, para difundir su inquietud y su inspiración, fundamentalmente religiosas.
En lo que a mi conocimiento alcanza, lo principal de su obra dramática se encuentra en A dos barajas, donde trata el conflicto interior de los sacerdotes secularizados, y que, si no recuerdo mal, es su primera pieza estrenada. Sigue, después, Magdalena y, sobre todo, Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos, que constituye su principal éxito en los escenarios comerciales. La prematura muerte de este escritor, periodista y sacerdote indujo al teatro Reina Victoria a reponer esta última obra, la más conocida y popular de su autor y donde se concentra su gran calidad dramática, su originalidad y capacidad comunicativa.
Toda la obra literaria de Martín Descalzo gira en torno a este tipo de temas. Podría, por eso, encuadrársele entre los denominados escritores «católicos» si no fueran anteriores a su generación, como Bernanos, Cesbron, Green o Mauriac, en los que sin duda se ha inspirado y que forman parte constitutiva de su formación literaria. Pero Martín Descalzo no convierte la religión en tema de un drama existencial, sino más bien en materia de conflicto humano y en signo de contradicción entre la religión oficial y la religión vivida.
Las prostitutas os precederán en el reino de los cielos es un bello exponente de este tipo de preocupaciones del malogrado Martín Descalzo. No dejaba de ser estimulante que una sala comercial madrileña la ofreciera en su cartelera hasta mediados de septiembre, sin necesidad de ayudas oficiales, y valiéndose nada más que del propio prestigio de un éxito ininterrumpido durante ocho años de representación, o sea, de los valores que la pieza pueda proporcionar al juicio del público. La verdad es que la historia interior de Rosa, la prostituta encarnada por Elisa Montés, conserva y conservará su fuerza dramática original. Porque lo que más interés tiene en esta pieza de Martín Descalzo es la verosimilitud, dentro de la radicalidad, de la trama. El autor asegura que se trata de una historia real, que le fue contada, y cuyo patetismo le embargó hasta decidirle a adoptarla como materia para un texto literario. Verdadera o no, la habilidad del dramaturgo ha conseguido presentar el monólogo de la prostituta ante un Cristo escultural y abandonado, que constituye su único compañero de verdadera intimidad, en una escena patética, natural y emocionante. El espectador asiste a la vida de Rosa a través de su diálogo con el Cristo mudo. No hay trucos en el método seguido por el autor para evocar, a través de las incidencias del presente, las desventuras del pasado, y recomponer así la historia de ese desventurado personaje que es la protagonista solitaria de la escena.
Desde hace muchos años, Elisa Montés encarna la personalidad de Rosa, la desvalida prostituta, casi tan solitaria y tan mal tratada como el Cristo encadenado a la columna que reside, desde que fuera desalojado de su aposento religioso para salvaguardarlo del salvajismo bélico, en la misma buhardilla a la que ha ido a parar la infeliz protagonista. Es una obra, pues, para una actriz que sepa encarnar y vivir su personaje, explorar su mundo interior para manifestarlo ante el público. La dirección y la representación no tienen complicaciones, pero han de orientarse a potenciar al máximo la expresividad de la protagonista. Naturalmente, estos efectos dependerán en gran medida de ese ejercicio expresivo. Pero la obra tiene fuerza por sí misma y es independiente del testimonio que de ella se haga.
Lo más importante es que Martín Descalzo consiguió situar sobre la escena un personaje vivo, humano, trágico, verosímil, a través del cual profundizó en las contradicciones de la sociedad humana y consiguió enaltecer el mundo interno de la persona, en este caso de un ser marginado por los ritos sociales, pero más humano y verdadero que los oficiantes de los ritos.