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Ver productos1 Ene 1992 - 4min.
La característica básica de este PEN es precisamente la negación de lo estratégico y la consagración de la táctico, es decir, no entrar den lo estructural y hacer definiciones sólo coyunturales. A fin de cuentas, ésta tal vez sea una servidumbre de la política-marco en la que vivimos. En una definición apresurada, más que de un PEN-91 parece tratarse de una prolongación, del mantenimiento en vigor con correcciones de un plan anterior.
Las respuestas básicas, en efecto, son el gas (lo que significa un viraje total respecto a las políticas mantenidas hasta ahora y un abastecimiento más que dudoso); el carbón nacional, justo en el mismo momento en que se nos dice que es deficitario, que no tiene futuro y que debe ser seria y drásticamente reestructurado (lo que equivale a aceptar que a medio plazo estos nuevos equipos de generación consumirán carbón de importación, más barato), e importación directa desde Francia. Es decir, las tres grandes líneas de acción en generación eléctrica significan mayor dependencia exterior y, por lo tanto, mayor endeudamiento y déficit.
La renuncia a la estrategia se refleja también en nuestro subsector; no se dice sí o no a Valdecaballeros, sino que se mantiene la moratoria. En sí misma, moratoria equivale a plazo temporal y no permanente duda hamletiana, con lo que ello significa de años pagando exclusivamente el servicio de una deuda y sin resolver nada respecto al principal de la misma.
2. En primer lugar, por el factor económico señalado. No afrontar el tema nuclear de una manera decidida equivale a seguir pagando indeterminadamente un sobrecoste en la generación. En relación con este factor, es un error por las propias infraestructuras de generación nuclear en funcionamiento, que incluso en las previsiones del propio PEN representan un peso importantísimo.
Tanto el mantenimiento como la optimización de esos equipos están ligados al desarrollo tecnológico y hace falta la voluntad de mantener un esfuerzo conjunto con sistemistas, fabricantes de bienes de equipo, operadores, industria auxiliar, etc… Sin él, se reducen las posibilidades de abrir una puerta al futuro, puerta que curiosamente sí abre de par en par el propio PEN al calificar las nuevas generaciones de reactores avanzados como esperanza cierta.
Pero es que hay además dos incoherencias graves. Primera: ¿cómo se puede tener clara voluntad exportadora implícita en los actuales proyectos de investigación y mantener una realidad propia de reticencia y moratoria? Segunda: ¿cómo se puede poner en cuestión la energía nuclear dentro de unas fronteras que prácticamente ya no existen y financiarla en Francia mediante la compra directa de electricidad (a un precio sólo posible porque al 78% es nuclear)?
En este asunto somos sujetos pasivos de contradicciones teóricas y del viejo sofisma bondad-maldad nuclear. El problema para más adelante, cuando la necesitemos, está en que no se puede construir el futuro sin participar en el presente. ¡Ojalá hubiese un Maastricht energético!
3. El fuerte incremento previsto de la utilización del gas y su uso para generar electricidad pueden tener ciertas dosis de voluntarismo. Desde los supuestos energéticos se sigue pensando tozudamente en la no existencia de gravísimos problemas políticos en prácticamente todos los suministradores (Medio Oriente, norte de África y antigua Unión Soviética). Una simple ojeada muestra lo contrario, la enorme volatilidad de suministro de esta dependencia exterior.
Pero ahora esa volatibilidad está asociada a un factor coste. Hasta ahora el precio del gas se ha asociado directamente al crudo, pero ¿es prudente hacerlo con un fuerte incremento de demanda y cuando sea arma política en manos de los suministradores? Hablando de costes, ¿se introducirá de verdad en el kilowatio/hora el pago de todo el tramo marroquí del futuro gaseoducto?
Desde el punto de vista medioambiental, no todo es felicidad; tendremos menores emisiones de CO₂, pero con elevados índices de NOx, lo que no nos deja a salvo de la lluvia ácida.
Otro factor de desconfianza es que este fuerte aumento de protagonismo se basa en la apuesta por la cogeneración, hasta ahora más bien disuadida, sin que haya la menor garantía de que vaya a interesar a la iniciativa privada.