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Ver productos1 Ene 1992 - 3min.
1. Si nos referimos al Sector Eléctrico, que es el que más interesa desde el punto de vista de las ingenierías, el hecho fundamental es que se ha elegido una solución de bajo perfil inversor para las nuevas necesidades de generación, lo que trae consigo un volumen de trabajo reducido en las áreas de ingeniería, construcción y bienes de equipo. La contrapartida a la baja inversión en equipamiento es que la componente en el coste final del Kw/h relativa al combustible va a ser muy elevada. Esta circunstancia incide negativamente en la balanza exterior, al haberse previsto aumentar el consumo de carbones de importación y sobre todo de gas natural. Es obvio que el sector de ingeniería, importante como apoyo a la industria para competir en el exterior en grandes proyectos, no se ha visto favorecido por el PEN. En definitiva, la carencia que encontramos es que no se utilicen las inversiones necesarias en infraestructura energética para apoyar a sectores estratégicos que contribuirían, además, a reducir la creciente dependencia exterior.
2. Digamos que es opinable. Se ha puesto difícil definir una política energética a corto y medio plazo que no plantee problemas reales o contestación pública. El gas tiene la ventaja de un menor impacto que otros combustibles fósiles sobre el medio ambiente, instalaciones no muy intensivas en capital y menores plazos de ejecución de los proyectos. Es una buena solución para vivir al día posponiendo otras opciones más polémicas y por ello en las circunstancias actuales se ha puesto de moda, y no sólo en España. Evidentemente, participa de todos los problemas del mercado mundial de hicrocarburos y algunos más. A este respecto va a proceder en gran proporción de áreas inestables, si bien los que defienden esta política argumentan que el que fluya el gas será tan importante para el suministrador como para el receptor. La cuestión está en si eso nos ofrece una garantía suficiente.
3. En el momento actual existe un problema de opinión pública, no sólo en España sino también en otros países, que desaconseja forzar un relanzamiento decidido de los programas nucleares. No obstante, la mayor parte de los expertos están de acuerdo en la necesidad de la energía nuclear a medio y largo plazo. En ese sentido se viene trabajando en fórmulas de colaboración internacional, orientadas a preparar la siguiente fase de construcción de centrales nucleares. Estos hechos se reconocen expresamente en el PEN, y también la necesidad de que España colabore en los desarrollos que se están llevando a cabo en otros países. Lo que no es consistente con lo anterior es que el PEN mantenga la paralización de Valdecaballeros. Se trata de una central nuclear de tecnología actual, con fuertes inversiones ya realizadas y cuya producción se requiere hacia el año 95-96, que es precisamente cuando podría estar terminada. Adicionalmente, la continuidad de Valdecaballeros sería un balón de oxígeno para nuestra industria nuclear.