El vértigo del best-seller

Alberto Míguez

Título: Inshallah.
Autora: Oriana Fallaci.
Editorial: Plaza y Janés. Barcelona, 1992, 697 págs.
Precio: 3.750 pesetas.


La última novela de la periodista italiana Oriana Fallaci apareció en su versión original hace dos años y fue, naturalmente, lo que suele llamarse «un acontecimiento literario». Ahora, por razones que ignoro, se publica al fin la versión española correctamente traducida aunque, hay, con alguna falta de ortografía.

La Fallaci fue un ejemplo de periodismo de influencia y de calidad en los años sesenta y setenta. Sus reportajes y entrevistas las leíamos en la ya fenecida Gaceta Ilustrada los jóvenes periodistas de la época con una mezcla de admiración y envidia. Recuerdo, por ejemplo, una entrevista con Santiago Carrillo (naturalmente, prohibida en España) y otra con Cunhal, el secretario general vitalicio del partido comunista portugués. Era la época en que los marxistas lusos estaban decididos a convertir Lisboa en Praga. Cunhal se despachó a gusto con la Fallaci sobre la «democracia burguesa», la toma del poder por el proletariado y su partido de vanguardia, la reforma agraria y el futuro radiante de Portugal. Fue un verdadero toque de atención para quienes creían inocentemente que en el país vecino no pasaba nada, apenas se había producido un cuartelazo. La reacción en Estados Unidos y Europa occidental fue tremenda. Y eso, tal vez ayudó a que los demócratas portugueses y sus amigos del extranjero reaccionasen ante la aventura totalitaria de Cunhal y sus aliados de las fuerzas armadas revolucionarias.

Aquella entrevista y lo que después siguió, fueron un ejemplo de lo que puede ser el periodismo en nuestra época aunque no estoy seguro de que las cosas se procesaran exactamente igual ahora.

En los años ochenta, la Fallaci prefirió compatibilizar periodismo y literatura. O dedicarse por entero a la literatura. Su novela o testimonio Un hombre constituyó un gran éxito «de crítica y público», como suele decirse. Había allí calidad literaria, emoción, oficio y, sin duda también, una visión de mundo original.

Oriana Fallaci tardó bastantes años en escribir la obra que ahora comento. Sinceramente, es un libro decepcionante: aburrido, interminable, reiterativo, mediocre. El lector debe hacer esfuerzos sin cuento para concluir las casi setecientas páginas de texto dividido en cuatro «actos» o partes.

Inshallah pretende ser un retrato apasionado y amoroso de una ciudad en guerra (Beirut) a través de un grupo de soldados, oficiales y suboficiales italianos destacados en la antaño luminosa capital libanesa como fuerzas de interposición o de pacificación. La intención tal vez fuese buena, el resultado resulta decepcionante aunque haya momentos de cierta intensidad literaria e indiscutible brillantez. Lo que Tom Wolfe hizo sobre Nueva York en su inolvidable Hoguera de las vanidades no lo consigue la Fallaci por mucho que se empeñe.

La intención tal vez fuese buena, el resultado resulta decepcionante.

El libro pese al retraso de la traducción, su precio y extensión, pese a que la guerra del Líbano es, afortunadamente, un recuerdo o está a punto de serlo, será, a no dudarlo, un éxito de ventas, uno más de cuantos se incluyen semanalmente en las listas que publican diarios y semanarios. Ha sido presentado y lanzado como un «best-seller» y seguramente lo será. Pero el vértigo y la ambición del «marketing» no aseguran la calidad del producto. A veces, por el contrario, lo degradan irremediablemente.