El origen de la familia humana

Alberto M. Arruti

Título: «En busca de Eva».
Autor: Michael H. Brown.
Editorial: Planeta, Barcelona, 1990, 396 páginas.


En estos últimos años, muchas ciencias han cambiado sus hipótesis y sus métodos de trabajo. La antropología ha sido una de ellas. La imagen del científico en lugares más o menos difíciles e incómodos de nuestro planeta ha dado paso a la del antropólogo trabajando, tranquilamente, en su laboratorio. Y es aquí donde comienza nuestra historia. Un grupo de antropólogos convenció a una serie de mujeres para que les donaran la placenta de sus recién nacidos. De ella extrajeron un líquido que contenía ADN puro. Como es sabido, el ADN es la materia genética fundamental. Su estructura fue descubierta por Crick y Watson, lo que ha constituido uno de los más importantes acontecimientos científicos del presente siglo. Ha transformado por completo la bioquímica. Y ahora, según nos explica este libro, está transformando la antropología.

Su autor, Michael H. Brown, es un periodista que se ha especializado en temas científicos, en particular los relacionados con problemas de contaminación. A base del ADN extraído se pudo construir un árbol genealógico cuyas raíces nos llevan a África, donde una sola mujer de la región subsahariana podría ser nuestra más remota tatarabuela.

Esta Eva constituye un tema de apasionante interés científico. Sus genes parecen encontrarse en la mayoría de los seres humanos que hoy viven, o sea, que puede tener 5.000 millones de parientes. Además, según estos estudios, nuestra capacidad para hablar pudo iniciarse con una mutación genética que tuvo lugar hace 200.000 años en una mujer africana.

Todas las teorías acerca de la evolución son estudiadas en este libro. Muy lejos, en el horizonte, se nos aparece la figura de aquel inglés, Charles Darwin, cuyo libro Origen de las especies fue una de las obras más leídas y más discutidas en el pasado siglo. El hombre tiene tras él una larga historia. Los escasos miles de años de historia conocida no son nada comparados con el millón de años que el hombre lleva en la tierra y con los miles de millones de años que, según los astrónomos, esperan todavía a nuestra especie y en los cuales ésta podrá evolucionar hacia cotas que hoy ni tan siquiera vislumbramos. Esta visión sobre el pasado del hombre nos hace reflexionar sobre su futuro. Si bien algunos opinan que es poco probable que el hombre del futuro sea más inteligente o más fuerte que el de hoy, no debemos olvidar la certera observación de Rof Carballo cuando afirma que «mientras pensamos en mecanismos genéticos todavía creemos comprender… Cuando nos entra el vértigo es cuando aplicamos a estos mecanismos los principios de la biología submolecular. Entonces lo insondable de los espacios infinitos abiertos ante nosotros nos sobrecoge como la contemplación del firmamento».

La evolución, la vida, su origen, son problemas eternos ante los cuales cada época da su respuesta. La nuestra, como las demás. Y estas respuestas acumuladas a lo largo del tiempo van explicando, de alguna manera, el profundo secreto que encierran estas últimas realidades. La respuesta de nuestros tiempos es de tipo bioquímico. Porque esta ciencia se ha convertido en la reina de las ciencias biológicas. Su desarrollo conformará, en gran medida, nuestro inmediato futuro. Y es ésta una de las claves de nuestro tiempo.