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Ver productos1 Mar 1992 - 2min.
Programa de Ibermúsica. Ciclo actual.
La Orquesta Filarmónica de Munich fue creada en 1893, y desde sus primeras andaduras fue una gran orquesta que a través de su —prácticamente— siglo de vida, ha sido dirigida por muchas de las más famosas batutas. El director rumano Sergiu Celebidache se hace cargo de ella con carácter titular en 1979, y la convierte en una de las mejores.
En la Suite Francesa, su autor Darius Milhaud nos describe paisajes de diversas provincias de su Francia natal. Celebidache nos lo va mostrando, más bien explicando, con puntilloso orden, que tiene primorosa respuesta de ejecución por parte de la orquesta.
Una de las obras preferidas de Pérez Casas, primer maestro titular de la Orquesta Nacional, al que tuve la suerte de escuchar, fue la Sinfonía de César Frank. Celebidache la interpreta dentro de su concepto altamente analítico, extrayendo con la máxima claridad todos los detalles, de los mil que ésta gran partitura contiene, a la vez que alcanza de la orquesta plenitudes sonoras de primer rango.
Pero donde el arte interpretativo de este mago de la dirección orquestal llegó a las más altas cotas, fue en el poema sinfónico El Mar de Claude Debussy; sonoridades del más raro refinamiento, matices de orfebre, únicos, que nacen de esa original sensibilidad de artista que permanece intacta en Celebidache. Este monumento de la música impresionista, El Mar, suele durar unos veintidós minutos, aunque el maestro rumano lo alarga hasta media hora, es decir unos siete u ocho minutos más: Aquí se produce el milagro. Prolonga las notas y no rompe el sentido, desvanece en poéticas delicuescencias el sonido, y no desaparece. Por el contrario, nos llega en toda su grandeza sonora, repite acordes y ritmos sin que sintamos la menor morosidad, porque el gran dramaturgo de la batuta nos sume en la genialidad de su arte. En el movimiento que el autor titula «diálogo del viento con el mar» escuchamos pianísimos absolutamente inverosímiles.
Ya hemos dicho que se trata de una buenísima orquesta; en los primeros flauta y oboe tiene magníficos timoneles de inmaculado sonido, una cuerda brillantísima de entregados remeros, pendientes, como toda la orquesta, de la menor indicación del capitán de la nave. Posiblemente no exista en toda la música, una paleta con más colorido orquestal que la de esta página debussyana. Debussy-Celebidache, me devuelven un tiempo pasado, horas, días y noches de contemplación del mar… azules emblanquecidos en los amaneceres, verdes esmeraldas en las playas y en los rompientes, o los oros envejecidos de los crepúsculos. Y vuelvo a escuchar su misteriosa canción, su eterno y ronco bramido, y a sentir su infinita y amada inmensidad.