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Ver productos1 de febrero de 1990 - 5min.
Acaba de aparecer en librerías la primera edición íntegra del Manuscrit trouvé à Saragosse de Jean (o Jan) Potocki (pronúnciese Pototski), uno de los escritores más inquietantes del prerromanticismo europeo. Se ha hecho cargo de la edición René Radrizzani. El volumen cuenta con más de setecientas páginas y ha sido publicado por la librería José Corti de París.
La tarea de fijación textual llevada a cabo por Radrizzani resulta memorable. Basada en la totalidad de las fuentes accesibles (impresos, autógrafos y copias manuscritas de fragmentos, además de la traducción polaca de Chojecki), edita por vez primera el conjunto de la obra en francés, lengua en que originariamente fue escrita por el conde Potocki (1761-1815), quien comenzó la redacción de su novela en 1797, terminándola poco antes de su muerte.
La revelación del Manuscrit y su consagración como obra maestra, no llegaría hasta 1958, año en que Roger Caillois publicó una edición incompleta (aproximadamente una cuarta parte) de la novela. José Bianco tradujo al castellano la edición de Caillois y su prefacio a la misma (Buenos Aires, Minotauro, 1967). En España, José Luis Cano traduciría esa misma edición en 1970, esta vez con un prólogo, delicioso, de Julio Caro Baroja (Madrid, Alianza). El resto de la obra, hasta completar el material que acaba de editar críticamente Radrizzani, lo tradujo Rodrigo Escudero (¡del inglés!) en 1977, con el título de El nuevo decamerón y una introducción de Jaime Rest (Buenos Aires, Ediciones Librerías Fausto). En 1964, el director de cine polaco Wojciech J. Has filmó una extraordinaria película con el mismo título que la novela, Rekopis znaleziony w Saragossie y unos maravillosos decorados de Jerzy Skarzyński.
Los aficionados a las letras fantásticas están de enhorabuena. Sin duda, el Manuscrit trouvé à Saragosse es una de las cumbres del género fantástico. No en vano Tzvetan Todorov convirtió la novela en una de las claves de su Introduction à la littérature fantastique (1970), contribuyendo a prestigiar a Potocki y a situarlo en el lugar de excepción que le corresponde. Por fin podrá leerse con garantías el texto onírico más genial que conozco, y precisamente doscientos años después de que la Revolución Francesa hiciera posible aquella frase de Goya según la cual el sueño de la razón produce monstruos.
En 1829 se publicaron en París dos volúmenes que contenían una selección de las obras doctas del conde Potocki, al cuidado de un tal Klaproth, miembro de las sociedades asiáticas de París, Londres y Bombay. En la bibliografía potockiana que inaugura la obra, dice Klaproth del Manuscrit: «Además de sus obras doctas, el conde Jan Potocki escribió una novela muy interesante, de la que sólo algunas partes han sido publicadas. Su tema son las aventuras de un gentilhombre español descendiente de la casa de Gomélez y, en consecuencia, de extracción morisca. El autor describe perfectamente en esta obra las costumbres de los españoles, de los musulmanes y de los sicilianos y los caracteres están trazados en ella con gran veracidad; es, en suma, uno de los libros más atractivos que se hayan escrito nunca. Por desgracia, sólo existen de él algunas copias manuscritas. La que fue enviada a París, para ser allí publicada, ha quedado en manos de la persona encargada de revisarla antes de la impresión. Esperemos que alguna de las cinco copias que permanecen en Rusia y en Polonia salga a la luz tarde o temprano, porque, al igual que el Quijote y que Gil Blas, es un libro que no envejecerá jamás» (tomo I, página XVI).
De esas cinco copias sólo quedan hoy dos fragmentos: un Quatrième Décaméron (1809-1810), actualmente en Cracovia, y una copia de los dos primeros Decamerones actualmente en Poznan. De todas estas cuestiones textuales nos informa cumplidamente Radrizzani en su pulquérrima edición (págs. 659-675). La única versión íntegra de la que tenemos conocimiento (hasta esta que ahora saludamos) es la traducción polaca de Edmund Chojecki, publicada en Lipsk (Leipzig) en 1847 y en seis volúmenes. Se dice que Chojecki destruyó el manuscrito francés del que se había servido para su traslación.
La estructura del Manuscrit trouvé à Saragosse es la de las Mil y una Noches. El itinerario iniciático de Alfonso Van Worden es el motivo que enmarca una serie de historias (relatos dentro del relato-marco), que a su vez son el marco de otras historias, que a su vez lo son de otras, como esos receptáculos que al abrirse exhiben dentro de sí segundos recipientes, y éstos terceros, y así hasta siete u ocho, a la manera de las muñecas rusas. Y todas las historias resultan, a la postre, conectadas entre sí, produciendo en el lector una especie de grato repeluzno de admiración y de sorpresa (piénsese, por ejemplo, en Los tres impostores, la estupenda novela de Arthur Machen; recuérdense las New Arabian Nights de Robert Louis Stevenson).
Laberinto o caleidoscopio en que las historias y los destinos humanos se reflejan y se entrecruzan, el Manuscrit es, sobre todo, un relato fantástico, pero también una summa novelesca de todos los géneros: novela picaresca, historia de bandidos, novela negra, cuento maravilloso, novela libertina, cuento filosófico, historia de amor, etc. Todas las formas de narrativa se dan cita en sus páginas, entrelazándose en un ballet feérico exquisitamente pautado. El texto de la novela es el espejo de un universo de perspectivas múltiples en que coexisten sistemas de valores, concepciones religiosas y filosóficas, sentimientos del honor aparentemente incompatibles. Y en eso consiste la modernidad -la eternidad de una obra que, como Gulliver, el Quijote y las grandes novelas del siglo XX, trasciende por un lado su época y, por otro, el mismo género novelesco.