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Ver productos1 Oct 1993 - 7min.
En esta nueva colección de Philips se destaca la importancia de las Grandes Salas de Concierto del mundo en la producción del hecho musical. No sólo poseen un valor arquitectónico intrínseco, sino también sentimental al convertirse en el símbolo del devenir musical de una ciudad y punto de encuentro de creadores e intérpretes a lo largo de su historia.
Algunos de ellos sufrieron los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y fueron destruidos totalmente, como la Gewandhaus de Leipzig o la Philarmonie de Berlín. Sin embargo los auditorios de nueva planta que se construyeron en su lugar son hoy los depositarios de esa larga tradición de las orquestas que cobijan y de la vida musical de sus ciudades.
Las cinco salas elegidas —Musikverein de Viena, Symphony Hall de Boston, Philarmonie de Berlín, Gewandhaus de Leipzig y Concertgebouw de Amsterdam— son en efecto grandes salas de concierto y centros musicales de primera magnitud. Constituyen la sede de orquestas muy importantes y por ellas pasan y han pasado como titulares y como invitados los directores e intérpretes más importantes del momento.
Las salas de conciertos para un público amplio surgen con la pérdida del monopolio de la música por parte de las clases poderosas. El hecho musical se democratiza y sale de los palacios y las iglesias para dirigirse al sector social de la burguesía que lo respalda, lo financia y disfruta de él. Al mismo tiempo los músicos se profesionalizan y son contratados libremente o forman sus grupos y orquestas con plena libertad. Y es a lo largo del siglo XIX cuando estas circunstancias propician la construcción de edificios dedicados a la música sinfónica con exclusividad. Los auditorios que se crean en las postrimerías del siglo XIX han de satisfacer diversas demandas: amplio aforo para un público cada vez más numeroso, la mejor acústica para una óptima audición, un espacio capaz para las grandes magnitudes y sonoridades de las orquestas postrománticas y una sede fija que asegure temporadas regulares de conciertos.
De todos ellos el edificio más antiguo conservado es la magnífica sala del Musikverein vienés. El emperador Francisco José I, en 1857, emprendió la expansión urbanística de la ciudad tras la demolición de la muralla que la rodeaba, construyendo el célebre Ring, un espléndido bulevar lleno de jardines y parques, entorno al cual se edificaron los monumentos que siguen dando hoy un esplendor imperial a la ciudad.
Theophil Hansen fue el encargado del proyecto, que llevó a cabo entre 1867 y 69, y sirvió como sede de la Sociedad de Amigos de la Música que existía desde 1812, y con la que habían mantenido contacto músicos afincados en Viena como Beethoven o Schubert. Para este edificio Hansen eligió el estilo helénico aunque no lo siguió de modo muy estricto. Destaca su magnífica decoración interior que se nos muestra a través de la difusión universal de los conciertos de Año Nuevo que han alcanzado gran popularidad. La Orquesta Filarmónica de Viena que ya existía en 1842, se asentó en el edificio y con esa excelente acústica actúa con regularidad compaginando los conciertos con su actividad en el Teatro de la Ópera.
El Concertgebouw de Amsterdam surgió por iniciativa y suscripción popular, contribuyendo el ayuntamiento a la construcción final del edificio. El lugar para su emplazamiento fue elegido cuidadosamente junto al Rijksmuseum que estaba entonces en construcción y el estilo, que podría llamarse Renacimiento holandés conjugaba con otros inmuebles de la época.
Fue inaugurado en abril de 1888 con la Novena Sinfonía de Beethoven, obra muy adecuada para este tipo de eventos, pero con una orquesta constituída eventualmente para la ocasión, ya que la Real Orquesta Concertgebouw sería fundada siete meses después tomando su nombre de este auditorio que la ha albergado hasta nuestros días.
La historia de esta orquesta está indisolublemente unida a su sala de conciertos. Allí durante cincuenta años (1895-1945) trabajó incansablemente Willem Mengelberg hasta conseguir que la orquesta ocupara un puesto relevante entre las mejores de Europa. Empeño éste con el que Bernard Haitink más recientemente la ha dirigido con numerosas giras y grabaciones.
Comenzando el nuevo siglo abrió sus puertas el Symphony Hall de Boston para servir de sede a la orquesta sinfónica de la ciudad creada en 1881. Entre los más grandes auditorios estadounidenses es el más antiguo, y fue construido en un estilo neoclásico muy cercano a algunos edificios monumentales europeos de la época.
La actual sala de la Gewandhaus de Leipzig es totalmente moderna pues fue inaugurada en 1981. Una fuente con un enorme obelisco preside la fachada principal, detalle arquitectónico muy frecuente en las construcciones monumentales de los sistemas políticos totalitarios. Hoy, tras la caída del muro de Berlín y la unificación alemana, este símbolo en piedra sobrevive al régimen que lo construyó y permanece integrado en la ciudad como parte de su historia.
Su larga tradición muy ligada a la obra de J. S. Bach cuando era organista de la Iglesia de Santo Tomás, pero también a nombres como Mendelssohn, Brahms o Schumann que compusieron y estrenaron allí muchas de sus obras. La primera sala que dió nombre a la orquesta, databa de 1781 y estaba ubicada en los altos de un almacén textil. Un siglo más tarde y coincidiendo con la tendencia general a levantar grandes auditorios, fue erigida la Gewandhaus. Aquel edificio que iba a servir como modelo arquitectónico para los holandeses cuando proyectaban el Concertgebouw, no quedó en pie tras los bombardeos a la ciudad en 1944. La orquesta ha mantenido su excelente actividad y con Kurt Masur como director, ha logrado situarse en el primer plano de la escena internacional gracias a una actividad incesante de giras y grabaciones discográficas.
La Philarmonie de Berlín es también un edificio nuevo. La antigua sala databa de 1882, la misma fecha en que comenzó su andadura la legendaria Orquesta Filarmónica. Una larga lista de importantes directores, desde Hans von Bülow (1887-93), entre los que ostentaron la titularidad, hasta Wilhelm Furtwängler (1922-45 y 1948-54) hicieron de ella un instrumento de una cohesión y calidad difícilmente igualables. El imperio de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín ha sido de una enorme resonancia, gracias al impulso de las numerosas grabaciones discográficas y audiovisuales que realizaron juntos. La gran compenetración lograda a lo largo de 34 años (1955-89) entre Karajan y la orquesta, hizo muy difícil su sucesión, que finalmente recayó en Claudio Abbado.
Cuando se edificó la actual Philarmonie de Berlín fue decisivo contar con la opinión de Karajan, y especialmente en lo referente a la acústica y a la visibilidad que rozan la perfección.
La larga historia de la orquesta, su extraordinaria calidad y la leyenda que han ido dejando los grandes directores e intérpretes, hacen de esta sala el santuario de la música sinfónica por excelencia, y punto de cita obligada al menos una vez en la vida.
Los discos de esta colección presentan un pequeñísimo panorama de lo que estas grandes salas de concierto significan. Es difícil resumir tanta historia y tantas horas de música en tan sólo cinco sencillos compactos. Criterios fundamentalmente comerciales habrán impuesto esta reducción.
Cada una de estas cinco grandes salas de concierto merece un libro, aunque también sonoro si ésto fuera posible, por la historia musical que representan. Importantes estrenos, algunos polémicos, jalonarían sus páginas, así como los grandes creadores, algunos ya míticos, que trabajaron intensa o asiduamente en ellas, y fundamentalmente las orquestas que no habrían llegado a ser lo que son de haberles faltado una sede permanente adecuada.