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Ver productos1 Nov 1990 - 3min.
Autor: Juan José Alonso Millán.
Obra: «El guardapolvo».
Teatro: Alcalá Palace de Madrid.
Precio: 1.500 pesetas.
Dirección: Juan José Alonso Millán.
Compañía: Pepe Rubio y cuadro de actores.
Califica Juan José Alonso Millán su obra El Guardapolvo como «vodevil» y «comedia de enredo». Más exacto todavía lo segundo que lo primero. El Guardapolvo es un enredo típico, en el sentido más pleno de la tradición. Y también es una comedia en su clásica acepción de la palabra. Como autor de una comedia de «enredo» Juan José Alonso Millán pretende distraer al público, hacerle pasar un rato agradable. Como autor de una «comedia» cumple Alonso Millán con el objetivo catártico inherente a la función misma de la comedia. El espectador puede limitarse a divertirse con el enredo, pero puede también, profundizar tras el ropaje de vodevil, para identificar los contenidos propios de la comedia.
Retrata Alonso Millán una sociedad aparentemente estrafalaria: el ambiente de la denominada jet set, designación recientemente intercambiable con la de beatiful people. Lo de «recientemente» tiene su importancia. Por jet set se ha entendido normalmente el círculo social de la aristocracia y la alta burguesía adineradas, punto de mira de las revistas gráficas y objeto de curiosidad cuando no de la envidia de los innumerables lectores no sólo lectoras de la «prensa del corazón». Alonso Millán retrata, y no tan caricaturescamente como el espectador tendería a creeer en un primer momento, las circunstancias en que se desenvuelven estos grupos sociales, cuyas formas de vida, reproducidas en reportajes ilustrados, pasan a ser modelos de conducta. Pero la jet set de ayer ha evolucionado, en parte al menos, hasta asimilar la beatiful people de hoy es decir, la clase ascendente de la alta burocracia política principalmente socialista, que, al socaire del tráfico de influencias y de los redondos negocios encubiertos bajo el Boletín Oficial del Estado, se incorpora a esos modos de conducta, cuyos rasgos distintivos, ambición de riqueza y falta de inhibiciones morales, retrata la obra.
No hay en El guardapolvo ningún conflicto moral explícito, pero la propia situación descrita sirve como espejo para reflejar humorísticamente un ambiente que se desautoriza por sí solo. No es posible, sin desvelar los trucos de la trama, referirse a las circunstancias de la narración. No hay en El guardapolvo, como no lo había en las comedias clásicas del género, una situación estable, sino una intriga que evoluciona al ritmo con que las sorpresas de la trama modifican la trama misma. El equívoco, el disparate, el juego de palabras, basado principalmente en el chiste fácil, trasunto de la situación política, constituyen parte principal del atractivo de la comedia.
Se mantiene El guardapolvo en los límites característicos del teatro de Alonso Millán. Escrita con agilidad, con la ligereza y facilidad de quien domina los mecanismos de la escenificación y posee la necesaria agudeza literaria para vivificar las situaciones descritas, la comedia o el «vodevil» no defrauda en sus elementales pretensiones de pasatiempo entretenido y humorístico. «Elementales pretensiones» que, en todo caso, formaron siempre parte del género de la comedia ligera. Porque lo importante es que El guardapolvo es comedia en el sentido literal de la palabra, o sea, es plena y literariamente teatro. Lo es por la situación «teatral» que retrata, por la moralista caricaturización de los personajes, por el artificioso «enredo» narrativo y por la habilidad con que el autor desenvuelve todos estos elementos sin caer en la astracanada fácil aunque se permita algunas concesiones.
Ni que decir tiene que el éxito de la comedia se basa en una dirección ágil y eficaz del propio Alonso Millán, en la naturalidad a veces excesiva de Pepe Rubio, actor principal, cuya dicción debería quedar más modulada para facilitar la comprensión del espectador, y de la activa colaboración de Flavia Zarzo, Nené Morales y Marisol Ayuso y el resto de actores.